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Opinion

La Cumbre de las guayaberas

La Cumbre de las guayaberas

Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y Martin Luther King.

Hace cinco siglos una Bula Papal, aplicando conceptos de la época, asignó alrededor de 40 millones de kilómetros cuadrados de tierra, aguas interiores y costas a dos pequeños y belicosos reinos de la península Ibérica.

Ingleses, franceses, holandeses y otros importantes Estados feudales fueron excluidos del reparto. Interminables guerras no tardaron en desatarse, millones de africanos fueron convertidos en esclavos a lo largo de cuatro siglos y las culturas autóctonas, algunas de ellas más avanzadas que las de la propia Europa, fueron deshechas.

Hace 64 años fue creada la repudiable OEA. No es posible pasar por alto el grotesco papel de esa institución. Un elevado número de personas, que tal vez sumen cientos de miles, fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas como consecuencia de sus acuerdos para justificar el golpe contra las reformas de Jacobo Árbenz en Guatemala, organizado por la Agencia Central de Inteligencia yanki. Centroamérica y el Caribe, incluida la pequeña isla de Granada, fueron víctima de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA.

Más grave todavía fue su nefasto papel en el ámbito de Suramérica.

El neoliberalismo, como doctrina oficial del imperialismo, cobró inusitada fuerza en la década del 70 cuando el Gobierno de Richard Nixon decidió frustrar el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. Una etapa verdaderamente siniestra en la historia de América Latina se iniciaba. Dos altos jefes de las Fuerzas Armadas chilenas, leales a la Constitución, fueron asesinados y Augusto Pinochet impuesto en la jefatura del Estado, tras una represión sin precedentes en la que numerosas personas seleccionadas fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.

La Constitución de Uruguay, un país que se había mantenido durante muchos años en el marco de la institucionalidad, fue barrida.

Los golpes militares y la represión se extendieron a casi todos los países vecinos. La línea de transporte aéreo cubana fue objeto de brutales sabotajes. Un avión fue destruido en pleno vuelo con todos sus pasajeros. Reagan liberó al autor más importante del monstruoso crimen de una prisión en Venezuela, y lo envió a El Salvador a organizar el intercambio de drogas por dinero para la guerra sucia contra Nicaragua, que costó decenas de miles de muertos y mutilados.

Bush padre y Bush hijo, protegieron y exoneraron de culpa a los implicados en estos crímenes. Sería interminable la lista de fechorías y actos terroristas cometidos contra las actividades económicas de Cuba a lo largo de medio siglo.

Hoy, viernes 13, escuché valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena. El tema de los derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y marítimos de esas islas-, fue abordado con firmeza. El canciller venezolano Nicolás Maduro, al finalizar la reunión de hoy, declaró con profunda ironía que “del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.

Ahora tenemos la Cumbre de las guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a la historia.

Fidel Castro Ruz

Abril 13 de 2012

9 y 40 p.m.

¿DE QUE HABLAMOS CUANDO SE DICE LA PALABRA TERRORISMO?

¿DE QUE HABLAMOS CUANDO SE DICE LA PALABRA TERRORISMO?

Fueron las usinas intelectuales que laboran incansablemente para la reacción y el imperio las que crearon la imagen del enemigo como auténtica encarnación del mal absoluto. La revolución rusa y el movimiento comunista- aún antes de la guerra fría- desempeñaban el papel antedicho que le permitía a las fuerzas del poder moderar la percepción del conflicto social en el interior de sus propias formaciones nacionales y galvanizar a casi toda la opinión pública bajo la hegemonía de la derecha, cierto es que además debían realizar concesiones económicas de importancia para los sectores populares.
Al producirse el derrumbe del bloque soviético, los creadores de ideas al servicio imperial no tardaron en edificar una nueva bestia negra: el fundamentalismo musulmán y su alter ego, el terrorismo global, bajo la batuta omnipresente de Al-Qaeda. En las elaboraciones más sutiles fue presentado bajo la forma de choque de civilizaciones. Así el mundo occidental- de patadas con una interpretación mínimamente abarcadora de su historia de sangre y fuego- era presentado como la verdadera exaltación de todas las virtudes. Y el orbe musulmán como sede de todas las iniquidades. En tal idea se basaron las especies difundidas por la apabullante maquinaria de difamar de los massmedia. Hace poco más de un año, la “primavera” árabe demostraba a azorados consumidores de basura mediática que los pueblos islámicos ni eran fundamentalistas ni despreciaban la democracia. Por otra parte, es preciso frecuentar la historia y la política internacional para comprender en que medida algunas orientaciones en los países árabes reñidas con los derechos humanos fueron impulsadas, alentadas, inducidas o toleradas por las potencias imperiales del sacrosanto occidente.
En las dos últimas décadas, el combate contra el “terrorismo” fue desarrollado por los máximos terroristas de la historia universal. En efecto, se denomina terrorismo a la pretensión de imponer ciertas posiciones aplastando las contrarias por medio del terror más salvaje y descarnado. Perdón por la repetición, pero nos parecía imprescindible. ¿Qué otra cosa que terrorismo es el bombardeo sistemático de población civil realizado por E.E.U.U. en Irak, Afganistán o cualquier territorio invadido? O las torturas aplicadas de modo sistemático contra detenidos sin proceso o la orientación genocida de los criminales sionistas contra el heroico pueblo palestino. Se pueden citar cientos de ejemplos; pero nada agregaríamos a lo que es conocido por demás. Mucho más perentorio es enunciar algunas pautas necesarias. Desde ya denunciar el terrorismo como orientación profundamente reaccionaria y favorable al imperialismo. O es el terrorismo de los ejércitos o de los escuadrones de la muerte en dictaduras militares o pseudo democracias. Y si no es la inflación, mecanismo de introyección del terror económico tendiente a legitimar los planes impulsados por organismos multilaterales y el poder globalizado. Y luego demostrar al mundo que el nuestro es un proyecto de autonomía para las naciones y bienestar para sus pueblos. No ayudan en tal sentido prácticas como las de las F.A.R.C. colombianas que mantenían capturados durante años en su poder, contribuyendo así muy a su pesar a legitimar a la mafia gobernante en el país caribeño. Nada casualmente la gran mayoría de los grandes teóricos del movimiento revolucionario fueron extremadamente críticos con el fenómeno de la violencia practicada por pequeños grupos. Mucho más lo es en la actualidad diferenciar nuestras prácticas de los oponentes de las derechas. Lo dicho, el terrorismo no es otra cosa que una práctica consustancial al imperio y la reacción.

Argentina: A las puertas de grandes desplazamientos políticos

Argentina: A las puertas de grandes desplazamientos políticos

Por Marcelo Ramal 

 

En sólo cuatro meses, las especulaciones de los analistas políticos pasaron de la reforma constitucional releccionista a un eventual adelanto de las elecciones de 2013. Un giro semejante, que ya ocurrió en 2009, daría al traste, por razones de tiempo, con la muy publicitada ‘reforma política’ que dio lugar a las primarias. Las razones, igual que hace tres años, serían la necesidad de anticiparse a un fuerte deterioro en la situación de la economía.

Los asesores del oficialismo aseguran que la ‘imagen’ de CFK no fue afectada por la tragedia de la estación Once ni por el derrumbe energético o el ataque presidencial a los maestros y los luchadores ambientales, pero que todo esto podría potenciarse si se combina con recesión y despidos. Confían neutralizar esta posibilidad con la nueva caja del Banco Central y la de la Anses; con préstamos internacionales negociados por las provincias y la Ciudad, y por un éxito en el control de las paritarias.
Los límites del jolgorio
Sin embargo, la caja tampoco puede operar milagros. Reabierto el grifo del Banco Central, los fondos buitres y los que ganaron juicios contra Argentina en el Banco Mundial, han redoblado la presión para cobrar. Para apoyarlos, Obama resolvió aplicarle sanciones comerciales a Argentina. Lo mismo ocurrirá en breve con los acreedores del Club de París. La reforma del Central ha colocado a los especuladores en la cola de cobro.
Otro tanto ocurre con los subsidios y tarifas. El desastre del Sarmiento puso en un impasse a los tarifazos. Pero los monopolios eléctricos y petroleros amenazan con agravar la penuria actual -o congelar los sueldos de sus trabajadores- si no reciben mayores precios o tarifas. El gobierno está estudiando un aumento sustancial del precio del petróleo. Por otro lado, crece el gasto en subsidios, por ejemplo en el transporte, para pagar el aumento de salarios acordado con la burocracia de la UTA. La política oficial navega entre el tarifazo y el aumento indefinido de los subsidios, que serán financiados con la emisión de moneda que autoriza la reforma del Banco Central.
Una cabeza sin cuerpo
Los rumores sobre un adelantamiento electoral tienen ese telón de fondo. Pero esta vez, las listas de diputados de 2013 no pueden cobijarse detrás de un árbitro presidencial único, como ocurrió en 2011. Los armados de cada provincia, por lo tanto, van a sacar a la luz la inmensa fragilidad del frente oficial. Esto ya se vio allí donde hubieron elecciones desdobladas el año pasado. La mayoría de las provincias están en cesación de pagos, sin socorro del gobierno nacional, el cual, por el contrario, depende de las provincias para conseguir dólares a cambio de nuevas deudas internacionales. El ‘centralismo porteño’ ya no tiene bases económicas para controlar provincias.
Scioli encabeza el pelotón con 1.000 millones de dólares, seguido por Macri, De la Sota, Urtubey y el gobierno de Mendoza, entre otros. Los Estados petroleros -como Salta o Río Negro- garantizarán estas operaciones con las regalías. O sea que mientras rescinden concesiones sobre pozos inactivos, los gobernadores atan su destino al de los pulpos petroleros. Un reciente informe de Página/12 -con el contundente título de “Los gobernadores las prefieren privadas”- revela que su “intención no es reestatizar, sino (avanzar) hacia un cambio de operadores y de condiciones contractuales” (25/3), o sea que van por la entrega para salir de la cesación de pagos. En este cuadro, comienzan a sonar candidaturas “con portación de apellido” para 2013 -Alicia o Máximo Kirchner en los principales distritos. ¿CFK pretende convertir a la elección intermedia de 2013 en un pseudo plebiscito, por la vía del apellido? La maniobra podría pulverizar al PJ y hasta forzar una ruptura, que algunos juzgan suicida, con Scioli.
Oposición
Lo único que supera al declive oficial es el de la ‘oposición’. La UCR se encuentra dividida entre los que aspiran a un acuerdo con el PRO y los que lo impulsan con el FAP. En el debate por la transferencia del subte, el Peronismo Federal desairó al PRO, agravando el aislamiento de Macri con vistas al 2015. El FAP ha votado y actuado dividido en el Congreso, en todas las cuestiones recientes. El gobernador santafecino del FAP, Antonio Bonfatti, se arrima al kirchnerismo. Gerardo Morales (UCR) no cuestionó el “manotazo” a las reservas, sólo exigió “criterios” o “topes” para los adelantos del Tesoro. Lozano se abstuvo con argumentos similares, o sea que prestó un semi aval al “manotazo” para pagar la deuda. Mario Blejer, un representante de los acreedores, apoyó la reforma del Banco Central. El debate sobre el uso de las reservas del Banco Central para pagar la deuda externa, y sobre los adelantos al Tesoro para seguir con los subsidios, puso de manifiesto que la oposición no tiene una alternativa a las medidas desesperadas del gobierno.
Frente de Izquierda
El “enfrentamiento” entre los ‘nacionales y populares’, de un lado, y los ‘destituyentes’ del otro, ha quedado caduco. Pasó mucha agua desde la ‘crisis del campo’. Nunca tan vigente como ahora aquello de que no los une el amor sino el espanto -es decir, una bancarrota provocada por la crisis mundial que no da respiro. Transitamos un periodo de alumbramiento de un nuevo cuadro político, en el cual la izquierda revolucionaria puede convertirse en uno de sus polos. Esta tendencia se expresó, en el plano subjetivo, en la colosal demostración de fuerzas el sábado pasado, el 24 de marzo. La agenda política inmediata del Frente de Izquierda está determinada por estas circunstancias, que tienen un relieve cada vez más excepcional.

 

La izquierda debe construir su propio molino de agua…

La izquierda debe construir su propio molino de agua…

Por Pablo Varas
La foto del Chile actual tiene siempre aspecto de vieja, y desde el lado que se la tomen y como se ponga… no cambia.
 

 
 
Los mismos rostros de pobreza, siempre en los mismos sectores instalada, en los mismos lugares el hacinamiento, la falta de agua potable y también el pan duro. Chile un país con tantos miles de lugares donde la miseria se mantiene para sencillamente poner al servicio de algunos pocos… un país entero.

 
La poca dignidad de los presidentes, la falta de respeto con los ciudadanos, hace que solo se hagan públicas las grandes cifras que muestran lo bien que funciona  el modelo. NUNCA en un discurso oficial se ha conocido a una autoridad mostrando una foto del Chile/país concreto, a este país con foto color sepia, donde se reparten “mediaguas”, “soluciones temporales”, que solo prolongarán la pobreza para sus futuras generaciones.

 
Chile un país con eternas poblaciones de emergencia…

 
Las verdaderas cifras de los millones de chilenos con salarios bajos, trabajos precarios, chilenos viendo pasar los remedios para sus enfermedades por la vereda del frente. Los dueños de la comida vendida en supermercados instalados en las nubes. Un país con kilómetros de caminos sin pavimentar, los miles de kilómetros sin luz eléctrica, esas cifras no  aparecen en los informes pero son la gran realidad, la foto real de Chile pobre.

 
Chile es un territorio que se construye sobre la diferencia social extrema, entre los sectores ricos y pobres. Esto sucede sencillamente porque los sectores que son dueños de una parte enorme de la riqueza del país, que les/nos pertenece a todos, así lo condicionan, así lo exigen.

 
Nada debe asombrar en la derecha, especialmente su servilismo para con las grandes transnacionales, para las empresas extranjeras que son dueñas de los recursos que posibilitarían repartir de mejor manera los beneficios entre los millones que aparecen en la foto color sepia… que es Chile….

 
Salir por los cuatro puntos del planeta mostrando cifras y cuadros estadísticos, repartiendo mentiras, porque de eso se trata, esa es la verdad, cuando la realidad del Chile real es dura y violenta. Nada tiene que ver las cifras con los agredidos por el hambre y la falta de perspectivas. Es un duro insulto condenar a los que pasan por esta vida sin poder llegar al mínimo exigido.

 
Chile es un país donde constantemente se le dice a miles de una generación, que hasta aquí no más…. se puede llegar.

 
La derecha sostiene majaderamente que el actual modelo institucional asegura la estabilidad política y la democracia. Nada más alejado de la realidad. Justamente es la derecha política UDI/RN, los que menos conocen los naturales caminos de la participación popular. La derecha actual batalló sola durante los años de la dictadura. No tuvieron que defender sus ideas, sencillamente dejaban que a los opositores se les reprimiera, se les condenara, se les asesinara y sean hasta hoy detenidos desaparecidos. Esos fueron los caminos de la mayoría UDI/RN en el escenario político chileno. Esa es la estabilidad de la que hablan regular y permanente, y esa estabilidad es la que justamente más contradicción genera. No logran comprender que los pasos hacia caminos nuevos se construye con participación, y si las condiciones de participación son coartadas, cercenadas por largos periodos, entonces los pasos deberán retomar iniciativas que el tiempo no borra, que se han aprendido y conocen perfectamente los mecanismos de la multiplicación.

 
La derecha equivocó el camino no en el momento en que gana las elecciones del 2010, equivocó cuando engañó con su discurso de cambio a una población aburrida y que también fue engañada durante veinte años. Los dos bloques usando la mentira, el engaño, sumando páginas tras páginas de traición y abuso de poder.

 
Y hoy irrumpe el Chile real con su pobreza eterna sin respuestas, y claro empiezan lentamente a mostrarse los responsables de la postergación. Aparecen los que claudicaron, los que pasaron de inspirados a mendicantes del modelo, serviles a la mano ajena, lobos con zapatos de plásticos.

 
Todo hace asegurar que el actual bloque no pasará a la historia con dos periodos continuados, pero tampoco se asegura que al destrozado bloque 1990-2010 se les estén dando todas las condiciones. No son las manifestaciones regalos y agua para sus viejos molinos, con todos los dientes gastados.

 
No son relevantes los pasos que está dando la izquierda tradicional antigua. Lo que debe ser prioritario es empezar a dar pasos en la construcción de un bloque, de un frente o de una plataforma, que coloque los grandes problemas que tiene a Chile amarrado a un modelo que genera justamente causales de justas protestas, que hace cada vez mas profunda la diferencia entre los tantos y tantos de este lado y los pocos exclusivos de la vereda del frente.

 
Se debe tomar nota de las verdaderas aspiraciones en las nuevas generaciones. El mundo de indignados que son solamente la nueva izquierda. Los justos indignados no nacen solamente haciendo la justa crítica al modelo, sino que se construyen conspirando para el poder, de ser y convertirse en los actores indispensables para los nuevos tiempos. Los opositores al modelo neoliberal, los que sostienen de manera correcta que es el actual sistema el generador de miseria y responsable que futuras generaciones se queden en mitad del camino, no teniendo las posibilidades y alternativas, continuarán exigiendo y protestando en el tiempo, al margen de quienes sean los posibles nuevos inquilinos en La Moneda.

 
Justamente de eso se trata, es allí donde radica el poder que se está construyendo en los nuevos actores sociales, los protagonistas en las manifestaciones, los encuentros en el debate y las propuestas para el Chile que se necesita. Un país como Chile, vestido constitucionalmente estrecho, está recibiendo la mejor lección de democracia conocida en muchos años…y en la calle.

 
Se acercan tiempos en que hay que juntar las nuevas voluntades, las nuevas corrientes de propuestas, construcción y anhelos, desde el pensamiento progresista hasta los herederos de las viejas luchas de pobladores, estudiantes, el volver a incitar a los pobres del campo y de la ciudad. Es verdad también que hay aspectos que no se pueden abandonar, que no se pueden olvidar. No se le puede permitir la eterna alegría de la derecha y… sus serviles.

 
Si la clase política hace la lectura que en el siguiente periodo se puede llegar para hacer lo mismo, las mismas prácticas, con los mismos de siempre, o con algunos rostros nuevos, se equivoca. Para confirmarlos en su error, en los próximos tiempos, no tan lejanos,  comprenderán que en ciertas ocasiones no se puede vivir sacando cuentas alegres, ni hacer sacar las castañas con las manos del gato, política/ejercicio concertacionista, o como se llamen.

 
Y este listado de urgencias no se olvida…nueva constitución, energías renovables, nuevo sistema previsional, nuevo modelo educativo, con memoria, renacionalización de las riquezas básicas, y hacer de Chile un país más cercano, y esto… para empezar.

 

Argentina: Por qué ‘reforman’ el Banco Central

Argentina: Por qué ‘reforman’ el Banco Central

Por Jorge Altamira 

 

 

La reforma de la carta orgánica del Banco Central no solamente autoriza el uso de una proporción mayor de las reservas para pagar la deuda externa, sino que permite contabilizar como tales a los títulos públicos en dólares en su poder, adquiridos con la emisión de pesos. Así, el Banco podrá crear reservas ilimitadas, porque le bastará convertir la emisión de moneda en bonos del Estado nominados en dólares, sin que haya mediado un solo dólar en el camino.

Propios y ajenos admiten que se trata de una práctica corriente de los bancos centrales ‘ortodoxos’. Los activos de esos bancos, creados con la compra de deuda pública de Estados en default virtual, son naturalmente ficticios. Entre esos ‘activos’ hay también deuda privada incobrable de bancos privados y de empresas. En general, la proporción de esos activos ‘basura’ sobre el oro y las divisas extranjeras en los balances de la banca central es de 80 a 20. La reforma en cuestión ‘eleva’ a Argentina a los países del ‘primer mundo’.
El interrogante es por qué el gobierno ha demorado tanto tiempo en ‘actualizarse’. La respuesta es que el Estado nacional no tiene los recursos para pagar la deuda externa y mucho menos la parte de la misma que transfirió a la Anses, el Central y el Pami, ni para financiar su gestión corriente. El Estado federal (Nación y provincias) ha vuelto a una situación de quebranto, como la que ha llevado a esos ‘reputados’ bancos (no incluyen al de China y muchos otros) a emitir, desde 2007, unos diez billones de dólares. Argentina no tiene los 15 mil millones de dólares para pagar los vencimientos e intereses de la deuda exterior, en momentos en que asoma el déficit en cuenta corriente y la presión de la salida de capitales. Esto explica la reglamentación extrema impuesta a las importaciones. Estamos ante un recurso último para evitar la cesación de pagos.
El otro aspecto de la ‘reforma’ es que autoriza una duplicación del porcentaje del dinero que el BCRA puede ‘adelantar’ al gobierno, en relación con la recaudación impositiva y la circulación monetaria, para financiar el déficit del Tesoro. Se calcula un adicional de 50 mil millones de pesos. El balance del Banco Central se poblará de Letras, papelitos de improbable cobro futuro. Este financiamiento echará más leña al fuego de una inflación que ya es del 25%. La ‘reforma’ obliga a los bancos a integrar en el Banco Central el efectivo que tienen sus cajas, con la finalidad de contener el multiplicador de la emisión. Pretende así emitir menos deuda propia para absorber los ‘excesos’ de la base monetaria.
Algunos medios oficialistas sostienen que una emisión de moneda a cambio de papeles o títulos ficticios o de quiebra, no sería inflacionaria, como lo demostrarían los precios ‘planchados’ en Europa y Estados Unidos. El argumento supone que la emisión se evapora, ya que no financiaría la producción (que en Europa y Estados Unidos no crece) ni el aumento de los precios. En realidad, va a la especulación inmobiliaria, a la de materias primas, a la deuda pública de los países ‘emergentes’ e incluso a las Bolsas. ¡Por algo sube el oro! La depresión económica contiene el alza de los precios de los medios de consumo y de producción, pero no de los activos financieros y del sistema de crédito y deuda mundiales -el combustible de los estallidos capitalistas. En Argentina, el impacto es mayor: ha ido, además, a los precios de medios de consumo y de bienes intermedios y de capital. Las provincias y la Ciudad están contrayendo deuda en dólares por encima del 10% anual -entre ochocientos y mil puntos por encima de la de Estados Unidos o Alemania. Es también un medio para que los inversores saquen capital al exterior.
Marcó del Pont, presidenta del Central, ensayó una justificación: “o esto o el ajuste”, pero ya estamos aquí, porque los tarifazos e impuestazos son corrientes. Los K están improvisando una economía reglamentada, para lo cual carecen de medios y de apoyo. La desaceleración de la economía ya está en curso.
El combate al ‘ajuste’ es un pretexto. La calificadora Moody’s acaba de revelar que las empresas argentinas tienen “un elevado riesgo de liquidez” y una “fuerte dependencia del crédito bancario, sin el cual no podrían cancelar gran parte de sus compromisos pendientes” (Clarín, 8/3). Alude a un lote de empresas de primera línea -como YPF, Loma Negra, Aluar o Garbarino, entre otras- que tienen un nivel de deuda privada “mucho más elevado que el resto de los países del mundo”. Una parte importante de ella “es en moneda extranjera”. Es, precisamente, lo que ha ocurrido en el conjunto de la economía mundial, incluida la humillada Grecia, donde la llamada deuda privada superaba, en las vísperas de la bancarrota, a la deuda pública. Que los K no contrajeran deuda externa nueva, no significa que no lo hiciera su burguesía nacional, cuando afuera el interés es del 1-3 por ciento y en Argentina del 16 al 20 (tasa Lebac). Bajo el “modelo productivo”, la película de Cavallo y Martínez de Hoz no dejó de rodar. Ahora el Central necesita las reservas y la emisión para rescatar a capitales privados, ¡como ocurre en el “anarco-capitalismo”! Esta operación de rescate explica la simpatía con que recibió la reforma un sector de economistas de la oposición, y que “todos los bloques terminarán tomando puntos del kirchnerismo” (Ambito, 9/3). Hasta el PRO sugirió que el Central debería asegurar “el pleno empleo de los factores productivos” (ídem), el rescate de los capitales endeudados.
La crisis capitalista ha producido en todos los países un revivir de los ‘sentimientos nacionales y estatales’ en materia de moneda y de bancos. Pero la capacidad del Estado y de los bancos centrales para rescatar al capital sólo puede ser puntual -no para el capitalismo en su conjunto. Los bancos centrales agotaron hace tiempo su función histórica: regular la anarquía del crédito (emisión privada de moneda) y concentrarlo en grandes conglomerados. El capital, bajo la forma de reclamos electrónicos (mercado de derivados), supera en más de veinte veces las reservas mundiales netas de los bancos centrales. Estos se han convertido en el funcionariado de ese capital ficticio. El empeño regulatorio de los bancos centrales fue barrido por la especulación financiera. Sólo un súbdito ideológico del capitalismo puede sostener que las crisis pueden ser superadas con ‘reformas monetarias’ o con una ‘autonomía’ cargada de deuda pública y privada.
El capitalismo no puede prescindir de bancos centrales, históricamente agotados, porque sirven para pasar la factura de la crisis a los asalariados. Para superar esta situación es necesaria una banca única, cuya función no puede ser ya la de asegurar el valor monetario del capital y la gestión del crédito a cuenta de la ganancia capitalista, sino que, bajo un gobierno de trabajadores, la orientación de los recursos, que seguirán siendo monetarios en una transición, cumpliría con los objetivos económicos de una planificación obrera y popular.
Es el capital el que ha destruido la moneda, el crédito y los ahorros, y el que ha precipitado una inutilización gigantesca del patrimonio social y la desvalorización de la fuerza de trabajo.
Las fuerzas productivas de la humanidad no toleran más el envoltorio en que las encierra el capitalismo.

Desarrollo a la Chilena. El caso de la región de Atacama

Desarrollo a la Chilena. El caso de la región de Atacama

 

Por Raúl H. Contreras Román

 

 

Las contradicciones económicas que hacen nata en la realidad chilena, parecieran confirmar las teorías que la euforia globalizante neoliberal y su ortodoxia, expulsaron de las universidades y borraron de los libros y del lenguaje político, académico y social. Es necesario volver a entender la riqueza en relación con la pobreza y viceversa. Pensar la desigualdad no como un detalle o una posible contraindicación de nuestro modelo, sino que como un fenómeno intrínsecamente relacionado con éste y su éxito macroeconómico.

 

Lejos de representar un modelo de desarrollo, el patrón de acumulación chileno, que ha posibilitado alcanzar elogiadas cifras en el ámbito macroeconómico, tiene como principal puntal a la desregulación laboral y la desprotección ambiental, junto a la baja carga impositiva al gran empresariado, en especial a la “inversión extranjera”. Este patrón ha permitido que varios chilenos se empinen en las selectas listas de los mayores multimillonarios a nivel mundial y que las más grandes compañías multinacionales proyecten en Chile grandes negocios en todos los rubros. La simbiosis de un sistema profundamente liberal en lo económico con uno extremadamente conservador en lo político, asegurará además la estabilidad política en el marco de todas las garantías brindadas al empresariado en dictadura, ratificadas y ampliadas en la eterna transición.
Basta echar una miradita al centro sur para ver que el mentado crecimiento y dinamismo económico, aportados por el sector agroindustrial, forestal y salmonero, ha convivido con la pobreza y la pauperización de gran parte de la población; en especial en la región de la Araucanía que, concentrando parte importante de la producción forestal en sus territorios, continúa siendo la más pobre del país. Ir un poco más al sur y mirar lo que quedó después del auge de la empresa del salmón que tanto transformó los paisajes, las normas de propiedad y las relaciones socioculturales de la gente de la X Región, pero que en nada aportó a transformar su carencia. Escuchar a la gente de Aysén, la región con mayor crecimiento económico regional del 2011, pero con una de las cifras más altas de desigualdad del país, donde los trabajadores tienen un ingreso promedio menor al nacional en un contexto de alto costo de la vida, que reduce de manera significativa la capacidad de compra de sus salarios.
La región de Atacama, que durante los últimos dos años muestra un sostenido crecimiento que ha repercutido en un aumento de la actividad económica sobre el 10% y de la construcción en más del 30%, es también evidencia de la contradicción. Para cualquiera que desconfíe un poco de las cifras y que tenga ojos para mirar más allá del parque automotriz y la expansión del retail: Chañaral, Diego de Almagro, Huasco, Tierra Amarilla o el propio Copiapó; son comunas pobres o por lo menos de pobreza equipada, aquella maquillada por el acceso al consumo especialmente de mercancías tecnológicas para emular el american way of life, aunque sea mediante la compra de imitaciones chinas. En esta región cerca de 20 mil personas viven en situación de indigencia, mientras tanto que el porcentaje de los que viven en la calle es casi dos veces el promedio nacional.
El boom del alto precio del cobre, no sólo ha ayudado a aumentar el número de 4x4 que circulan por las polvorientas calles de la Región de Atacama, sino que ha cubierto con el velo del éxito económico a la región, volviéndola atractiva para la migración interna y transformándola en la niña bonita del modelo chilensis de desarrollo. Probablemente, la aplicación de la próxima CASEN revierta las cifras de pobreza e indigencia de la región, mas esto será transitorio tal y como lo es el crecimiento de los últimos dos años.
La pobreza de la región es y será proporcional a la desmesurada extracción de riqueza de las empresas mineras transnacionales y de sus asociados nacionales. Los salarios que reciben hoy los trabajadores y todos los asalariados de la minería (incluidos técnicos, profesionales, administrativos y gerentes), pese a ser elevados si se les compara con el sueldo mínimo, representan en Chile en general, menos del 7% de las ganancias del sector. La desigualdad entre lo que se llevan y lo que queda, se reproduce con más crudeza si tomamos el caso de los trabajadores de la región no directamente relacionados con la minería, los pescadores artesanales, los pequeños agricultores o los temporeros de la uva, que además de recibir ingresos muy por debajo del promedio regional ($613.392, el segundo más alto de Chile), tienen que asumir un alto costo de la vida, en especial en los alimentos y en el sector inmobiliario, inflados por los ingresos mineros.
El desarrollo de la región de Atacama, al igual que la de gran parte del norte minero de Chile, es definido como un desarrollo no durable. Esto no es dado únicamente por la vocación primaria exportadora de la economía, basada en la minería, sino que también y sobre todo por la importancia trascendental del capital extranjero en la economía regional. La nula diversificación de la producción y la ausencia de valor agregado a la exportación, repercuten en que la participación de los actores locales sea secundaria y pocas veces trascienda al trabajo o a la prestación de servicio. El velo de éxito económico que actualmente cubre a la región, es aquel que le muestra como un enclave minero moderno, en que gran parte del equipamiento responde a las necesidades específicas del sector y a su sobre explotación del recurso, ligado a la entrada desregulada de capital privado transnacional y al alto precio del cobre. Pero ¿qué parte del velo quedará cuando la minería deje de mostrar el dinamismo que hoy muestra? ¿Qué quedará en las ciudades de la región, si gran parte de los servicios están pensados en la minería transnacional y son de propiedad de actores no regionales?[i].
La contradicción se profundiza si pensamos que el desarrollo regional no sólo no es durable, sino que tampoco es sustentable. Será esta la primera región del país que no tendrá agua para el consumo humano, además de tener gran parte de su litoral contaminado con las termoeléctricas y con los relaves mineros que se acumulan, como en la costa de Chañaral, desde hace casi ya un siglo. Probablemente, en un tiempo más podrán decir que la región ha mejorado en sus niveles de pobreza e indigencia, pero después de eso no quedará más que el recuerdo del auge minero, la silicosis, las costas contaminadas y las cuencas secas de cordillera a mar.
Si Chile en general representa un caso perfecto de crecimiento empobrecedor, el caso de la región de Atacama, pareciera ser el mejor ejemplo para comprobar en tiempo real el auge y la caída de un modelo agotado, que no sólo se extingue así mismo sino que puede extinguir todo a su paso.
Nota:
1) Para más antecedentes sobre desarrollo durable y enclave minero moderno, ver Cademartori, J. (2007) El Impacto de la Inversión Extranjera 1990-2000 sobre el Desarrollo Durable de la Región Minera de Antofagasta (Chile)

Manuel F. Cortès Alfaro es Pdte. Chadenatur

 

Argentina: De la sintonía fina a la economía del diablo

Argentina: De la sintonía fina a la economía del diablo

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

 

Uno.

 

Pasada la primera noche del carnaval, y buscando infructuosamente una cuerda RE para la guitarra, en la calle Talcahuano, a un centenar de metros del Obelisco en Buenos Aires, dos adolescentes almuerzan los desperdicios de la fiesta que fueron a dar a un basurero derramado.

Y en Gascón, pisando avenida Corrientes, permanece abierta y vacía una tienda que vende ropa usada a cuotas.

Sin cuerda no hay sintonía. Y la vieja camisa escolar a crédito ni siquiera fue fina en su juventud. 

 

Dos.

 

“Sintonía fina” –expresión oficialista multiplicada hasta más allá de la comprensión y la paciencia- , en los hechos significa ajuste económico bajo receta imperialista. Esto es, jibarización de los salarios ya pulverizados por una  inflación de números misteriosos; recaudación desesperada de dólares ante el déficit fiscal; contracción de los programas sociales; extinción de los subsidios al capital que empina los precios de todo; aceleramiento de la reprimarización económica. La cuenta es cancelada por la mayoría de siempre-todavía. Ni forma nacional, ni contenido popular.  

 

Ahora bien, en rigor, “Sintonía Fina” es una creación de la macroeconomía keynesiana puesta en circulación en Estados Unidos en la década del 60 del siglo XX (P.A. Samuelson, Garnerd Ackley, James Tobin) como una manera de administrar la relación entre ocupación (empleo) y variación de los precios (inflación). Estados Unidos y Europa en su conflicto con la Unión Soviética y el campo denominado socialista, formulaban el mantenimiento de un alto índice de crecimiento del PBI, bajas tasas de desocupación e inflación. Pero pasó que como el capitalismo tiene un patrón de conducta cíclica (crisis recurrentes) y aun cuando por esa época el ciclo estaba controlado, se daban trieños o cuatrieños en los que, a altas tasas de crecimiento y de incrementos salariales, advenían impactos inflacionarios en alza también. Ello se conoce como "recalentamiento económico”. Y concluía en etapas posteriores de "enfriamiento" porque las tasas de ganancia se contraían y las tasas de interés se elevaban, con lo que surgía el efecto contrario al esperado: bajaba el crecimiento, subía el desempleo, y bajaba la inflación a veces a tasas más elevadas que las de las otras variables. Así pues, se diseñó una política llamada de "sintonía fina" que consistía en establecer metas de ocupación y metas de inflación simultáneas, pero en sentido opuesto. Si se quería mantener bajas tasas de desocupación había que soportar altas tasas de inflación. Por ejemplo, 4 % de desocupación con 8-10 % de inflación. Y si se buscaba "reprimir la inflación" a 3-5 %, había que estar dispuesto a ver tasas de desocupación del 8-10 %. En  Estados Unidos  pudo manejarse más o menos en esos términos, pero en Europa la alquimia "se desbordó": cuando las tasas de desocupación eran bajas, la inflación superaba los dos dígitos (Italia y Francia tuvieron inflaciones en los 70’ de un 13-16% anual y aún más). Se agregó que el PBI no crecía suficientemente (2-3 %) y hubo años de no crecimiento. Entonces empezaron a llamar a esa situación la "economía del diablo". Esto es,  recesión con inflación y baja desocupación (había seguros de desocupación y estabilizadores sociales automáticos). Allí fue que arribó la ortodoxia, la Escuela de Chicago, el imperio del liberalismo financiero, el ahora.

 

¿Qué tiene que ver la “sintonía fina” original de los Estados corporativos imperialistas de hace medio siglo con Argentina actual? ¿Cómo se homologan las relaciones de fuerza de entonces, la historia colonialista, las formas de apropiación del capital originario que nunca terminan, los procesos de acumulación capitalista centrales del planeta respecto de una sociedad periférica y dependiente, desindustrializada, con empobrecidos a granel, primario extractiva y con indicadores en rojo, por mencionar sólo algunos datos de la realidad?

 

Tres.

 

Según las estadísticas de La Rosada (materia de sorna mundial), el 76 % de los trabajadores asalariados se desempeña en condiciones de dependencia, y un 35 % de la fuerza laboral se encuentra informalizada, ‘en negro’, sin beneficios ni obras sociales, sin vacaciones ni descanso, sin ahorros previsionales, sin salario mínimo. Presa de la explotación a discreción del empresariado, no hay ‘derecho’ ni a endeudarse con plástico ni hipotecariamente. A las cifras oficiales se añaden los trabajadores ‘en gris’, que en un empleo están contratados y en otro no. Estudios universitarios independientes ubican el trabajo ‘en negro’ en la mitad de la fuerza laboral existente en Argentina. Entonces, esa es una de las condiciones nucleares para mantener, garantizar e incrementar la tasa de ganancia del capital a través de la vieja vía de la intensificación de la libre explotación de millones. Los expoliados, cómo no, son mujeres, jóvenes, trabajadores menos calificados, migrantes. Invisibles y peligrosos.

 

En tanto, ya cursan las negociaciones colectivas o paritarias de los docentes y de los funcionarios públicos. Los primeros exigen un reajuste de alrededor de un 30 % y los segundos, de un 35 %, y reivindican la eliminación del ‘impuesto a la ganancia’ de los que viven de una remuneración (¡impuestos primermundistas en un país del tercero!). Si bien resulta probable que la demanda remuneracional esté bajo la inflación real, los dueños y el gobierno de turno presionan aun por menos. De lo contrario, uno de los pilares del ajuste se desmoronaría. Todo depende de la organización y disposición de lucha por sus intereses de los trabajadores. Como siempre-todavía.

 

Cuatro.

 

Cuando desde arriba se apela al histrionismo nacionalista más destemplado con el fin de sostener la subjetividad precaria de la ‘unidad patriótica’ (patria, pater, padre, patrón), la transnacional Glencore, especialista en la explotación y venta de materias primas, fundirá sus capitales con la suiza Xstrata. Glencore es dueña en Argentina de Oleaginosa Moreno, y Xstrata de la Minera Alumbrera de Catamarca.

 

Por otra, las amenazas de la renacionalización de Yacimientos Petroleros Fiscales (YPF), propiedad mayoritaria de la hispana Repsol desde 1999, se extraviaron en algún capítulo inconveniente del ‘relato’ gubernamental. El psicodrama económico acabó con compromisos de mayores inversiones de Repsol ante la mermada producción energética que impuso la compra de 9 mil millones de dólares de combustible en el exterior el 2011. Y con una concepción de lo ‘público’ por parte de las autoridades que ya no tiene que ver con la propiedad de los recursos, sino con la ‘vocación pública’ de sus propietarios privados. Como si este fuera el mejor de los mundos posibles, no existieran intereses ni excedentes apropiados privadamente. Como si el capitalismo fuera la síntesis del amor al prójimo.

 

En los reflejos previsibles de la nobleza partidocrática, de no tener la fuerza para reformar la Constitución y no poder repostularse por tercera vez la actual mandataria; los precandidatos presidenciales al ruedo para el 2015, serían el vicepresidente de la nación Amado Boudou (golpeado recientemente por un escándalo ‘en construcción’); el jefe del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri; y el hombre de consenso con el peronismo más rancio y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.

 

Lo anterior, por arriba, que desde la calle, desde los intereses de los trabajadores y el pueblo, asalariados, estudiantes, desocupados, mujeres en lucha, ambientalistas consecuentes, originarios, migrantes, comienzan a alterar el panorama real, unen sus luchas ante el mismo enemigo de la humanidad y, en lo inmediato, se movilizarán el 23 de febrero por el derecho a la vida y contra las consecuencias probadamente nefastas en las personas que provoca el patrón de acumulación primario extractivista, y especialmente megaminero a tajo abierto. Todo ambientalismo consecuente es anticapitalista.

 

 

Febrero 20 de 2012      

La precariedad laboral, símbolo de nuestros días

La precariedad laboral, símbolo de nuestros días

Por Marcelo Colussi 

El mundo moderno basado en la industria que inaugura el capitalismo hace ya más de dos siglos ha traído cuantiosas mejoras en el desarrollo de la humanidad. La revolución científico-técnica instaurada y sus avances prácticos no dejan ninguna duda al respecto. Las relaciones laborales que se constituyen en torno a esta nueva figura histórica igualmente condujeron a adelantos en el ámbito del trabajo.

 

Si bien es cierto que en los albores de la industria moderna las condiciones de trabajo fueron calamitosas, no es menos cierto también que el capitalismo rápidamente encontró una masa de trabajadores que se organiza para defender sus derechos y garantizar un ambiente digno, tanto en lo laboral como en la vida cotidiana. El esclavismo, la servidumbre, la voluntad omnímoda del amo van quedando así de lado. Los proletarios asalariados también son esclavos, si queremos decirlo así, pero ya no hay látigos.
Ya a mediados del siglo XIX surgen y se afianzan los sindicatos, logrando una cantidad de conquistas que hoy, desde hace décadas, son patrimonio del avance civilizatorio de todos los pueblos: jornadas de trabajo de ocho horas diarias, salario mínimo, vacaciones pagas, cajas jubilatorias, seguros de salud, regímenes de pensiones, seguros de desempleo, derechos específicos para las mujeres trabajadoras en tanto madres, derecho de huelga. A tal punto que para 1948 -no ya desde un incendiario discurso de la Internacional Comunista decimonónica o desde encendidas declaraciones gremiales- la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama en su Declaración de los Derechos Humanos que “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.” Es decir: consagra los derechos laborales como una irrenunciable potestad connatural a la vida social.
Mal o bien, sin dudas con grandes errores no corregidos en su debido momento pero al menos no olvidándolos en sus idearios, los socialismos reales desarrollados durante el siglo XX -los Estados obreros y campesinos- impulsaron y profundizaron esas conquistas de los trabajadores. En otros términos: hacia las últimas décadas del pasado siglo esos derechos ya centenarios podían ser tomados como puntos de no retorno en el avance humano, tanto como cualquiera de los inventos del mundo moderno: el automóvil, el televisor o el teléfono. Por cierto no sólo en los países socialistas: las conquistas laborales son ya avances de la humanidad. Pero las cosas cambiaron. Y demasiado. Cambiaron demasiado drásticamente, a gran velocidad en estas últimas décadas.
Con la caída del bloque soviético y el final de la Guerra Fría el gran capital se sintió vencedor ilimitado. En realidad no fue que “terminaron la historia ni las ideologías”, como el triunfalista discurso del momento lo quiso presentar: en todo caso, ganaron las fuerzas del capital sobre las de los trabajadores, lo cual no es lo mismo. Ganaron, y a partir de ese triunfo -la caída del muro de Berlín, vendido luego en fragmentos, es su patética expresión simbólica- comenzaron a establecer las nuevas reglas de juego. Reglas, por lo demás, que significan un enorme retroceso en avances sociales. Los ganadores del histórico y estructural conflicto -las luchas de clases no han desaparecido, aunque no esté de moda hablar de ellas- imponen hoy las condiciones, las cuales se establecen en términos de mayor explotación, así de simple (y de trágico). La manifestación más evidente de ello es, seguramente, la precariedad laboral que vivimos.
Todos los trabajadores del mundo, desde una obrera de maquila latinoamericana o un jornalero africano hasta un consultor de Naciones Unidas, graduados universitarios con maestrías y doctorados o personal doméstico semi analfabeto, todos y todas atravesamos hoy el calvario de la precariedad laboral.
Aumento imparable de contratos-basura (contrataciones por períodos limitados, sin beneficios sociales ni amparos legales, arbitrariedad sin límites de parte de las patronales), incremento de empresas de trabajo temporal, abaratamiento del despido, crecimiento de la siniestralidad laboral, sobreexplotación de la mano de obra, reducción real de la inversión en fuerza de trabajo, son algunas de las consecuencias más visibles de la derrota sufrida en el campo popular. El fantasma de la desocupación campea continuamente; la consigna de hoy, distinto a las luchas obreras y campesinas de décadas pasadas, es “conservar el puesto de trabajo”. A tal grado de retroceso hemos llegado que tener un trabajo, aunque sea en estas infames condiciones precarias, es vivido ya como ganancia. Y por supuesto, ante la precariedad, hay interminables filas de desocupados a la espera de la migaja que sea, dispuestos a aceptar lo que sea, en las condiciones más desventajosas. ¿Progresa el mundo? Visto desde la lógica de acumulación del capital: sí, porque cada vez acumula más. Visto de las grandes mayorías trabajadoras: ¡definitivamente no! Por el contrario, se vive un claro retroceso.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alrededor de un cuarto de la población planetaria vive con menos de un dólar diario, y un tercio de ella sobrevive bajo el umbral de la pobreza. Hay cerca de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI -se habla de cerca de 30 millones en el mundo-) o la explotación infantil continúan siendo algo frecuente y aceptado como normal. El derecho sindical ha pasado a ser rémora del pasado. La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más todavía por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas. Definitivamente: si eso es el progreso, a la población global no le sirve.
¿Qué hacer ante todo esto? Resignarnos, callarnos la boca y conservar mansamente el puesto de trabajo que tenemos, o pensar que la lucha por la justicia es infinita, y es un imperativo ético no bajar los brazos. Si optamos por lo segundo, podemos:
• Informar pormenorizadamente de lo que está pasando aprovechando todos los canales alternativos, contar las cosas desde otra perspectiva, ya que los medios de comunicación oficiales presentan la noticia según los intereses políticos y económicos del poder.
• Crear foros de debate para discutir sobre las injusticias y el reparto de la riqueza en el mundo, para ver cómo sensibilizar y hacer tomar conciencia a las grandes masas respecto a estas problemáticas.
• Movilizar a la gente por medio de la manifestación y huelga en protesta por los recortes sociales.
• Conocer y hacer conocer en detalle, exigir y reivindicar la Tasa Tobin para redistribuir mejor la riqueza mundial.
• Globalizar las resistencias, unir nuestras fuerzas, apoyarnos mutuamente en nuestras reivindicaciones y denuncias.
• Retomar banderas históricas de la lucha sindical, hoy caída prácticamente en el olvido, desvalorizada y cooptada por un discurso patronalista.

Si es cierto -siguiendo el análisis hegeliano- que “el trabajo es la esencia probatoria del ser humano”, hoy, dadas las actuales condiciones en que vivimos, ello no parece muy convincente. De nosotros, de nuestra lucha y nuestro compromiso depende hacer realidad la consigna que “el trabajo hace libre”. 

 

Fuente: Argenpress