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T r i b u n a c h i l e n a

Opinion

Argentina: El ajuste de cuentas

Argentina: El ajuste de cuentas

Por Andrés Figueroa Cornejo

Uno.

¿Por qué, con fatalidad abstracta y atávica y como si la historia no fuera un movimiento permanente y contradictorio, en Argentina hay quienes homologan “lo popular” con “peronismo”, inexorablemente? ¿Por qué hay gente de buen corazón, que aspira a la justicia social, la igualdad y la libertad, el fin de la explotación, el gobierno planetario de una sociedad sin inequidades ni discriminaciones de ninguna especie, profundamente humanista, que piensa que el capitalismo expansionista chino es mucho mejor y una alternativa al imperialismo capitalista norteamericano o europeo? ¿Por qué muchas personas que quieren cambiar el mundo se concentran en los fenómenos y los síntomas, la fachada y la anécdota, y no en las relaciones sociales, de clase y de poder, que organizan la infamia?

Dos.

Unilateralmente, el pre candidato a la presidencia de Argentina para el 2015, el ultraliberal y millonario gobernador de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio “Veto” Macri, dictó la no realización del Congreso Pedagógico porteño que debía debatir, puertas abiertas a la sociedad, los aspectos más relevantes de la enseñanza en la metrópolis. Macri -admirador del  políticamente fallecido primer mandatario chileno, Sebastián Piñera-, sujeto de discutible capacidad neurolingüística, mediante un decreto intentó argumentar que discutir para corregir el proceso educativo democráticamente, “atenta contra la agenda educativa y el cumplimiento de los 190 días de clases previstos”. Si incluso ese pretexto fuera cierto, de todos modos Macri privilegia peregrinamente la contabilidad administrativa sobre el mejoramiento real de la enseñanza. ¿Olvida el señor gobernador que los docentes son, además de formadores estratégicos de mujeres y hombres, líderes de opinión de la comunidad? ¿Cuánto gasta en asesorías que le agujerean los pies con municiones imborrables?

Tres.

El sistema financiero que opera en Argentina (representante del “anarco-capitalismo”), obtuvo  utilidades por casi 3 mil millones de dólares entre enero y noviembre de 2011 (21 % más que en el mismo período de 2010).

En tanto, la Presidenta de Argentina realizó una alocución pública para referirse  a su visión de las cosas. Ante la ocurrencia y advenimiento de las paritarias o negociaciones colectivas por sector económico entre dueños y trabajadores, desmintió que el gobierno haya colocado un límite a los reajustes salariales de un 18 %, toda vez que ministros del Ejecutivo (como el de Educación) así lo afirmaron a fines de enero.  Al respecto, CFK  dijo que “”Quiero que sepan todos, empresarios y trabajadores, que van a poder negociar libremente  sus paritarias, pero según la rentabilidad de cada sector”. Lamentablemente, Salomón dirimía casos particulares entre iguales y contaba con la inspiración divina. La inflación –de acuerdo a diversos estudios no gubernamentales- se encuentra en alrededor de un 30 %. Ello impacta en todos los índices macroeconómicos, en todas las cifras oficiales que se ofrecen opaca y nominalmente, y, más que nada, en la vida real de los alrededor de 17 millones de trabajadores activos (donde la mitad se desempeña informalmente o “en negro” –sin vínculo contractual, sin seguridad social, precaria e infrahumanamente-, obteniendo mucho menos del salario mínimo (que para buena parte de la fuerza de trabajo formal, es el máximo) y donde también tiene su lugar un territorio no establecido del más de un millón y medio de niños y adolescentes que realizan labores de adulto). La fórmula gubernamental –que poco tiene que envidiarle a la voceada por el peronista de derecha, peón de los que mandan y líder inestable de la Central General de Trabajadores, Hugo Moyano, que habla de “repartición de utilidades”- resulta de un corporativismo peligroso. Si se lograran superar los escollos contables de los propietarios y sus clásicos “lavados” para sortear impuestos, empleo y remuneraciones según sus ingentes tasas de ganancia; de cualquier forma un método de esa naturaleza simplemente consolidaría las desigualdades no sólo entre capital y trabajo, sino también entre los propios trabajadores. Y, en general, no sobre un mejoramiento de la base salarial.

Los obreros textiles ya alcanzaron un 28 % de reajuste y a mitad de año van por más; mientras los educadores a nivel nacional demandan un 32 %, es decir, 700 dólares. Un arriendo habitacional, aun más barato que el promedio, cuesta 350 dólares (en los barrios exclusivos de Buenos Aires, el precio del metro cuadrado de vivienda es de 3 mil a 4 mil dólares). Las paritarias docentes se han postergado por parte del gobierno con el fin de que al borde del inicio del año lectivo, los profesores se vean arrojados a la eventualidad de una huelga. Y las huelgas del magisterio son el argumento tradicional que usa la enseñanza privada para liquidar a la pública ante las madres, padres y apoderados.

Lo anterior es sólo una parte del programa de ajustes económicos post electoral del gobierno, frente a la propia inflación, el déficit fiscal y la colección de divisas. La retirada de subsidios al capital, lejos de los discursos, paulatinamente ha liberalizado al alza las tarifas de los servicios públicos, la telefonía, el transporte. Porque en el capitalismo, independientemente de sus variantes –que desde abajo apenas se distinguen-, el Estado se encuentra al servicio del capital y su reproducción ampliada. Y Por más fútbol y carreras de autos que compre para ser transmitidas por televisión abierta; haga bravatas patrióticas, o reajuste las pensiones de miseria bajo los números de la inflación (17 %). En el marco de una crisis económica global, cuando nunca antes en la historia del trabajo asalariado, el capital había estado más transnacionalizado, más mundializado y sus flujos financieros y especulativos fueron más hegemónicos, el Ejecutivo adopta medidas pseudo autárquicas en vez de impulsar decidida y no sólo teatralmente la relación complementaria sur-sur, a escala continental, para empezar. Porque la contradicción esencial de la actual fase no es capitalismo nacional versus capitalismo mundial. Es simplemente capitalismo versus proyectos de sociedad no capitalistas; capital versus trabajo, capitalismo versus humanidad. 

Desde la Casa Rosada se dice que se creará una comisión  “para que evalúen la competitividad de cada área. Porque para nosotros la competitividad lo es sólo con respecto a la inclusión social, si no no lo es. En ese caso es explotación”. Pero donde se afirma “inclusión social”, debe ir pacto social de intereses irreconciliables de los pocos que concentran privadamente el excedente que produce la mayoría. ¿O sentar a la servidumbre mal pagada en la misma mesa de su propietario resuelve la falsa conciencia del que administra la opresión? ¿Y la explotación del hombre por el hombre, el despojo de los recursos naturales, la destrucción de los pueblos originarios, el patriarcado y las relaciones de poder se acaban con la capacidad de endeudamiento de los empobrecidos? Lo trabajadores y el pueblo son objeto de explotación o sujeto protagónico de la historia. Subordinados o hegemonía libertaria. En el trance dinámico y complejo de ese combate antiguo se dirime el porvenir.

Los nudos de lucha anticapitalista no pueden distraerse con el corporativismo ni el cooperativismo funcional o “de mercado”. El anticapitalismo y su organización nuclear, hace su día en el continente del pueblo trabajador. Desde las luchas espontáneas, primeramente económicas; desde el ambientalismo consecuente y las demandas genuinas de la mayoría; desde la resistencia de los originarios, la emancipación de la mujer, los migrantes expoliados. Así  adquiere su forma y su táctica, multiplica sus fuerzas y precipita, como una alternativa proveniente del movimiento real y no desde afuera, la convicción de poder político sin mediaciones de las clases subalternas y sus particularidades. De lo contrario se transforma en puro decorado que legitima el orden impuesto por arriba. En el “niño terrible” que testimonia la injusticia, pero no la trueca; que se emborracha con manuales inútiles, pero es impotente cuando se trata de rimar y remar junto a los tiempos y modos de los desheredados. 

 

Febrero 5 de 2012

Cuba. Reflexiones del compañero Fidel Castro: La fruta que no cayó

Cuba. Reflexiones del compañero Fidel Castro: La fruta que no cayó

Cuba se vio forzada a luchar por su existencia frente a una potencia expansionista, ubicada a pocas millas de sus costas, que proclamaba la anexión de nuestra isla, cuyo único destino era caer en su seno como fruta madura. Estábamos condenados a no existir como nación.

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En la gloriosa legión de patriotas que durante la segunda mitad del siglo XIX luchó contra el aborrecible coloniaje impuesto por España a lo largo de 300 años, José Martí fue quien con más claridad percibió tan dramático destino. Así lo hizo constar en las últimas líneas que escribió cuando, víspera del rudo combate previsto contra una aguerrida y bien pertrechada columna española, declaró que el objetivo fundamental de sus luchas era: “… impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.
Sin comprender esta profunda verdad, hoy no se podría ser ni patriota, ni revolucionario.
Los medios de información masiva, el monopolio de muchos recursos técnicos, y los cuantiosos fondos destinados a engañar y embrutecer a las masas, constituyen sin duda obstáculos considerables, pero no invencibles.
Cuba demostró que ―a partir de su condición de factoría colonial yanki, unida al analfabetismo y la pobreza generalizada de su pueblo―, era posible enfrentar al país que amenazaba con la absorción definitiva de la nación cubana. Nadie puede siquiera afirmar que existía una burguesía nacional opuesta al imperio, tan cercana a este se desarrolló que incluso poco después del triunfo envió catorce mil niños sin protección alguna a Estados Unidos, aunque tal acción estuvo asociada a la pérfida mentira de que sería suprimida la Patria Potestad, que la historia registró como operación Peter Pan y fue calificada como la mayor maniobra de manipulación de niños con fines políticos que se recuerde en el hemisferio occidental.
El territorio nacional fue invadido, apenas dos años después del triunfo revolucionario, por fuerzas mercenarias, ―integradas por antiguos soldados batistianos e hijos de terratenientes y burgueses― armadas y escoltadas por Estados Unidos con buques de su flota naval, incluidos portaaviones con equipos listos para entrar en acción, que acompañaron a los invasores hasta nuestra isla. La derrota y la captura de casi la totalidad de los mercenarios en menos de 72 horas y la destrucción de sus aviones que operaban desde bases en Nicaragua y sus medios de transporte naval, constituyó una derrota humillante para el imperio y sus aliados latinoamericanos que subestimaron la capacidad de lucha del pueblo cubano.
La URSS frente a la interrupción del suministro de petróleo por parte de Estados Unidos, la ulterior suspensión total de la cuota histórica de azúcar en el mercado de ese país, y la prohibición del comercio creado a lo largo de más de cien años, respondió a cada una de esas medidas abasteciendo combustible, adquiriendo nuestra azúcar, comerciando con nuestro país y finalmente suministrando las armas que Cuba no podía adquirir en otros mercados.
La idea de una campaña sistemática de ataques piratas organizados por la CIA, los sabotajes y las acciones militares de bandas creadas y armadas por ellos, antes y después del ataque mercenario, que culminarían en una invasión militar de Estados Unidos en Cuba, dieron origen a los acontecimientos que pusieron al mundo al borde de una guerra nuclear total, de la que ninguna de sus partes y ni la propia humanidad habría podido sobrevivir.
Aquellos acontecimientos sin dudas costaron el cargo a Nikita Jruschov, que subestimó al adversario, desoyó criterios que les fueron informados y no consultó su decisión final con los que estábamos en la primera línea. Lo que pudo ser una importante victoria moral se convirtió así en un costoso revés político para la URSS. Durante muchos años las peores fechorías continuaron realizándose contra Cuba y no pocas, como su criminal bloqueo, se cometen todavía.
Jruschov tuvo gestos extraordinarios con nuestro país. En aquella ocasión critiqué sin vacilación el acuerdo inconsulto con Estados Unidos, pero sería ingrato e injusto dejar de reconocer su extraordinaria solidaridad en momentos difíciles y decisivos para nuestro pueblo en su histórica batalla por la independencia y la revolución frente al poderoso imperio de Estados Unidos. Comprendo que la situación era sumamente tensa y él no deseaba perder un minuto cuando tomó la decisión de retirar los proyectiles y los yankis se comprometieron, muy secretamente, a renunciar a la invasión.
A pesar de las décadas transcurridas que suman ya medio siglo, la fruta cubana no ha caído en manos yankis.
Las noticias que en la actualidad llegan de España, Francia, Iraq, Afganistán, Pakistán, Irán, Siria, Inglaterra, las Malvinas y otros numerosos puntos del planeta, son serias, y todas auguran un desastre político y económico por la insensatez de Estados Unidos y sus aliados.
Me limitaré a unos pocos temas. Debo señalar según cuentan todos, que la selección de un candidato republicano para aspirar a la presidencia de ese globalizado y abarcador imperio, es a su vez, ―lo digo en serio― la mayor competencia de idioteces e ignorancia que se ha escuchado nunca. Como tengo cosas que hacer, no puedo dedicarle tiempo al asunto. De sobra sabía que sería así.
Ilustran más algunos despachos cablegráficos que deseo analizar, porque muestran el increíble cinismo que genera la decadencia de Occidente. Uno de ellos, con pasmosa tranquilidad, habla de un preso político cubano que, según se afirma, murió tras huelga de hambre que duró 50 días. Un periodista de Granma, Juventud Rebelde, noticiero radial, o cualquier otro órgano revolucionario, se puede equivocar en cualquier apreciación sobre cualquier tema, pero jamás fabrica una noticia o inventa una mentira.
En la nota de Granma se afirma que no hubo tal huelga de hambre; era un recluido por delito común, sancionado a 4 años por agresión que provocó lesiones en el rostro a su esposa; que la propia suegra solicitó la intervención de las autoridades; los familiares más allegados estuvieron al tanto de todos los procedimientos que se emplearon en su atención médica y estaban agradecidos por el esfuerzo de los especialistas médicos que lo atendieron. Fue asistido, afirma la nota, en el mejor hospital de la región oriental como se hace con todos los ciudadanos. Había muerto a causa de fallo multi-orgánico secundario asociado a un proceso respiratorio séptico severo.
El paciente había recibido todas las atenciones que se aplican en un país que posee uno de los mejores servicios médicos del mundo, los cuales se brindan gratuitamente, a pesar del bloqueo impuesto por el imperialismo a nuestra Patria. Es sencillamente un deber que se cumple en un país donde la Revolución tiene el orgullo de haber respetado siempre, durante más de 50 años, los principios que le dieron su invencible fuerza.
Más valdría realmente que el Gobierno español, dadas sus excelentes relaciones con Washington, viaje a Estados Unidos y se informe de lo que ocurre en las cárceles yankis, la conducta despiadada que aplica a los millones de presos, la política que se practica con la silla eléctrica y los horrores que se cometen con los detenidos en las cárceles y los que protestan en las calles.
Ayer lunes 23 de enero, un duro editorial de Granma titulado “Las verdades de Cuba” en una página completa de ese órgano explicó detalladamente la insólita desvergüenza de la campaña mentirosa desatada contra nuestra Revolución por algunos gobiernos “tradicionalmente comprometidos con la subversión contra Cuba”.
Nuestro pueblo conoce bien las normas que han regido la conducta intachable de nuestra Revolución desde el primer combate y jamás mancillada a lo largo de más de medio siglo. Sabe también que no podrá ser jamás presionado ni chantajeado por los enemigos. Nuestras leyes y normas se cumplirán indefectiblemente.
Es bueno señalarlo con toda claridad y franqueza. El Gobierno español y la destartalada Unión Europea, sumida en una profunda crisis económica, deben saber a qué atenerse. Produce lástima leer en agencias de noticias las declaraciones de ambas cuando utilizan sus descaradas mentiras para atacar a Cuba. Ocúpense primero de salvar el euro si pueden, resuelvan el desempleo crónico que en número creciente padecen los jóvenes, y respondan a los indignados sobre los cuales la policía arremete y golpea constantemente.
No ignoramos que ahora en España gobiernan los admiradores de Franco, quien envió a miembros de la División Azul junto a las SS y las SA nazis para matar soviéticos. Casi 50 mil de ellos participaron en la cruenta agresión. En la operación más cruel y dolorosa de aquella guerra: el cerco de Leningrado, donde murieron un millón de ciudadanos rusos, la División Azul formó parte de las fuerzas que trataron de estrangular a la heroica ciudad. El pueblo ruso no perdonará nunca aquel horrendo crimen.
La derecha fascista de Aznar, Rajoy y otros servidores del imperio, debe conocer algo de las 16 mil bajas que tuvieron sus antecesores de la División Azul y las Cruces de Hierro con las que Hitler premió a los oficiales y soldados de esa división. Nada tiene de extraño lo que hace hoy la policía gestapo con los hombres y mujeres que demandan el derecho al trabajo y al pan en el país con más desempleo de Europa.
¿Por qué mienten tan descaradamente los medios de información masiva del imperio?
Los que manejan esos medios, se empeñan en engañar y embrutecer al mundo con sus groseras mentiras, pensando quizás que constituye el recurso principal para mantener el sistema global de dominación y saqueo impuesto, y de modo particular a las víctimas cercanas a la sede de la metrópolis, los casi seiscientos millones de latinoamericanos y caribeños que viven en este hemisferio.
La república hermana de Venezuela se ha convertido en el objetivo fundamental de esa política. La razón es obvia. Sin Venezuela, el imperio habría impuesto el Tratado de Libre Comercio a todos los pueblos del continente que lo habitan desde el Sur de Estados Unidos, donde se encuentran las mayores reservas de tierra, agua dulce y minerales del planeta, así como grandes recursos energéticos que, administrados con espíritu solidario hacia los demás pueblos del mundo, constituyen recursos que no pueden ni deben caer en manos de las transnacionales que le imponen un sistema suicida e infame.
Basta, por ejemplo, mirar el mapa para comprender el criminal despojo que significó para Argentina arrebatarle un pedazo de su territorio en el extremo sur del continente. Allí emplearon los británicos su decadente aparato militar para asesinar bisoños reclutas argentinos vestidos con ropas de verano cuando ya estaban en pleno invierno. Estados Unidos y su aliado Augusto Pinochet le dieron a Inglaterra un desvergonzado apoyo. Ahora, en víspera de las Olimpiadas de Londres, su Primer Ministro David Cameron también proclama, como ya lo hizo Margaret Thatcher, su derecho a usar los submarinos nucleares para matar argentinos. El gobierno de ese país desconoce que el mundo está cambiando, y el desprecio de nuestro hemisferio y de la mayoría de los pueblos hacia los opresores se incrementa cada día.
El caso de las Malvinas no es único. ¿Conoce acaso alguien cómo terminará el conflicto en Afganistán? Hace muy pocos días soldados norteamericanos ultrajaban los cadáveres de combatientes afganos, asesinados por los bombarderos sin pilotos de la OTAN.
Hace tres días una agencia europea publicó que “el presidente afgano Hamid Karzai, dio su aval a un negociado de paz con los talibanes, subrayando que esta cuestión debe ser resuelta por los ciudadanos de su país”, luego añadió: “…el proceso de paz y reconciliación pertenece a la nación afgana y ningún país u organización extranjera puede sacarles a los afganos este derecho.”
Por su parte, un despacho publicado por nuestra prensa comunicaba desde Paris que “Francia suspendió hoy todas sus operaciones de formación y ayuda al combate en Afganistán y amenazó con anticipar el retiro de sus tropas, luego de que un soldado afgano ultimara a cuatro militares franceses en el valle Taghab, de la provincia de Kapisa […] Sarkozy dio instrucciones al Ministro de Defensa Gérard Longuet para trasladarse inmediatamente a Kabul, y avizoró la posibilidad de un retiro anticipado del contingente.”
Desaparecida la URSS y el Campo Socialista, el Gobierno de Estados Unidos concebía que Cuba no podía sostenerse. George W. Bush tenía ya preparado un gobierno contrarrevolucionario para presidir nuestro país. El mismo día que Bush inició su criminal guerra contra Iraq, solicité a las autoridades de nuestro país el cese de la tolerancia que se aplicaba a los cabecillas contrarrevolucionarios que en esos días demandaban histéricamente la invasión a Cuba. En realidad, su actitud constituía un acto de traición a la Patria.
Bush y sus estupideces imperaron durante 8 años y la Revolución Cubana ha perdurado ya más de medio siglo. La fruta madura no ha caído en el seno del imperio. Cuba no será una fuerza más con la que el imperio se extienda sobre los pueblos de América. La sangre de Martí no se habrá derramado en vano.
Mañana publicaré otra Reflexión que complementa esta.
Fidel Castro Ruz
Enero 24 de 2012
7 y 12 p.m.

La lucha armada: ¿un derecho exclusivo de la derecha?

La lucha armada: ¿un derecho exclusivo de la derecha?
Decididamente, la clase política de derecha renuncia a la más mínima expresión de dignidad al levantar, con una  caradura sin parangón, polvareda y escándalo por la referencia de Camila Vallejo a la  descartada estrategia de la lucha armada en nuestro país. Lo que indigna a cierta gente de la Alianza es la referencia a una cuestión principal en todo partido de izquierda, cual es, que la lucha armada nunca puede ser descartada absolutamente, pues su posibilidad está intrínsecamente ligada al nivel de opresión, de exacción y de aniquilamiento instituido por los dueños del poder. Se trata en este caso de una lucha por la sobrevivencia de los sectores mayoritarios  de la sociedad y por tanto de políticas y acciones de autodefensa. No está determinada por la voluntad de los oprimidos, sino por las medidas políticas y de fuerza ejercidas en contra de la vida de los ciudadanos, en contra de los derechos humanos, en contra de la libertad y la democracia. Por tanto, el único “pecado” de Vallejo, al hablar con el diario “El País”, es haber hecho una constatación sociológica indiscutible. Punto.

 

La desvergüenza aliancista pretende que ignoremos (!) que la lucha armada  es el concepto que la derecha chilena hizo suyo en 1973  para abolir la democracia y que ésta es el instrumento que hizo posible su actual posición de predominio económico y político en la sociedad chilena.  Pues, la lucha armada fue desarrollada en nuestro país a partir de 1973, justamente por la clase política derechista que ahora hace escándalo y pretende ruborizarse, cuando el concepto “lucha armada”  es  mencionado por parte de otros. Dicha lucha armada fue iniciada sin que existiera ninguna justificación política ni social para ello. Digo, justificación, no pretextos. En un ambiente de plena democracia, de plena libertad y constitucionalidad, de intentos de ampliación y profundización de la democracia hacia la mayoría ciudadana,  la derecha terrateniente, empresarial y política advirtió que sus privilegios de siglos y el  - para ellas-  sagrado derecho de propiedad, estaban siendo afectados por las medidas sociales y democratizadoras de la Unidad Popular. Para aquellas , esto era un atrevimiento insoportable de la coalición política representativa, entre otros grupos sociales, de los “rotos” del país. Había que pararlo a sangre y fuego. Y así se hizo.

La s fuerzas armadas derechistas se adueñaron del escenario político nacional y dieron comienzo a una guerra unilateral contra la población desarmada y sin organización ninguna. Algunos grupúsculos que intentaron ofrecer resistencia armada pronto fueron aniquilados por los soldados profesionales. En ningún momento de aquellos largos años de persecución y muerte, la derecha armada se encontró con algún tipo de resistencia de consideración. Sin embargo, ella insiste en llamar “guerra”, lo que nunca fue más que una sostenida campaña de persecución y aniquilamiento contra civiles.

Esta lucha de la derecha nacional, ejecutada por las fuerzas armadas y carabineros, en contra de la población civil, duró 17 largos años, y sus métodos fueron -como sabemos-  el terrorismo de Estado, la liquidación de la democracia, la abolición de los derechos humanos, la suspensión del Estado de derecho, el robo al patrimonio nacional, desigualdad económica extrema, el desempleo y la miseria, et. etc. La presunta justificación de tales políticas y hechos fueron  -y siguen siendo- la fábula de que el Gobierno de la Unidad Popular se preparaba para abolir la democracia e instaurar un régimen de corte estalinista y que, había que adelantarse a tales hechos.

En aquellos tiempos de la Unidad Popular, ante las embestidas de la derecha, de la CIA y del Departamento de Estado norteamericano al unísono, traducidas en desabastecimiento empresarial organizado,  bloqueos parlamentarios, asesinatos de personajes públicos, asonadas callejeras, campañas mediáticas internacionales, atentados dinamiteros, paros patronales, etc. vibraba en el aire la consabida interrogante: ¿puede ser transformada la sociedad chilena en condiciones de democracia? ¿Es indispensable la lucha armada?  Las respuestas eran dispares, pero La Unidad Popular y el gobierno de Allende nunca dejaron de apostar por los cambios en democracia y a esta convicción adhirieron masivamente los adherentes de la coalición democrática de gobierno.

Por cierto, había sectores dentro del partido socialista que opinaban que la única vía para el cambio era la armada. Lo que era sin duda una secuela del congreso del dicho Partido del año 1967  que había optado por la lucha armada y además, de la influencia de la Revolución Cubana. Sin embargo, esta estrategia fue dejada de lado al integrarse el partido a la Unidad Popular y adherir al programa de gobierno de Allende. El partido comunista era contrario a la tesis de la lucha armada. El único adherente claro y decidido por la lucha armada, era el MIR, que no formaba parte de la Unidad Popular ni del gobierno.

Las fantasías propaladas por la derecha entonces como ahora, acerca de las intenciones de Allende de pasar a la lucha armada, eran sólo eso: fantasías deliberadamente inventadas, recursos propagandísticos propicios para  el golpe que se preparaba. No había ninguna concordancia sobre la materia entre el partido comunista y el socialista, por tanto, tampoco acuerdo alguno. No existía ninguna política propicia para la lucha armada en la Unidad Popular.  Allende jamás apoyó ni apoyaría ninguna idea alguna en tal sentido. No existía en la Unidad Popular la más mínima preparación teórica ni fáctica para algo parecido a una lucha armada.  Las bravatas belicistas de políticos izquierdistas, no eran nada que eso: bravatas sin contenido.

Las fuerzas armadas estaban perfectamente informadas de la carencia de una política proclive a la lucha armada en la Unidad Popular. La oportuna infiltración de los partidos de izquierda por el servicio de inteligencia militar, les aseguraba una intervención sin graves complicaciones. Es  decir, sabían que el “enemigo” era civil, sin significación alguna de carácter militar. Ello no fue impedimento para que los “valientes soldados” desencadenaran –desde el día 11 de septiembre de 1973- una llamada “guerra” sin cuartel contra los partidarios de la Unidad Popular y  de otros, fuera de ésta, pero partidarios de la democracia.

El golpe de Estado de 1973 vino a probar rotundamente que aquellos que  -aun dentro de la Unidad Popular-  eran motejados como los “cabeza de pistola”, es decir, que adherían a la tesis de la lucha armada, tenían toda la razón. Toda la razón. Realmente, no era posible modificar la realidad política y social del Chile de entonces, por medio de la vía pacífica, como sostenía Allende. La derecha estaba dispuesta a recurrir incluso a la lucha fratricida con el objetivo de resguardar sus intereses e impedir la instalación de una conciencia ciudadana democratizadora.

De manera que la lucha armada no es un invento de organizaciones malvadas de izquierda   que quieren construir democracia, sino que es preferentemente,  el recurso rabioso de quienes desean suprimirla. La derecha chilena recurrió a la lucha armada cuando advirtió que la conciencia política nacional proclive a la profundización de la democracia, sólo crecía, a pesar de todas las acciones desestabilizadoras, de sabotaje y de caos que organizaba en contra del gobierno de Allende. Permitir el afianzamiento y predominio de una conciencia crítica y liberadora, podía significar el fin del predominio social, político y económico de 150 años de la derecha sobre la República.

La derecha política chilena carece de todo derecho y de toda moral para cuestionar a quienes se refieren a la lucha armada como un recurso, aún extremo y nunca deseable, de la lucha política. Ella misma nos ha probado que su actual y falsa aversión a la lucha armada no obedece a principios humanitarios ni éticos, sino fundamentalmente a sus intereses y pragmatismo, por tanto, está condicionada sólo por objetivos y resultados. Su actual posición en el espectro político y en el panorama social y económico de Chile es el resultado directo y expreso de la lucha armada desarrollada por ella en contra de la  democracia, de los derechos humanos y del interés nacional.

También lo es, “el Mandato General de Servidumbre y Expoliación del Reyno de Chile”, más conocido como Constitución Política de la República de Chile de 1980, el cual no es más que la prolongación de la dictadura armada, iniciada en 1973, traspasada ahora a una adecuada terminología jurídica. 

 

Chile: La Patagonia en llamas y otros acertijos

Chile: La Patagonia en llamas y otros acertijos

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

 

1. Por lo menos 15 mil hectáreas patagónicas del  Parque Nacional Torres del Paine (declarado Reserva de la Biósfera por la UNESCO en 1978) anclado en la Región de Magallanes y Antártica Chilena y riquísimo en bosque nativo, han sido destruidas desde el 27 de diciembrede 2011 por un incendio atribuido, hasta ahora, al militar del Estado de Israel, Roter Singer.

 

Al respecto, el senador por La Araucanía, Eugenio Tuma, señaló que “No es normal que el gobierno israelí envíe contingente militar de casi 10 mil individuos, supuestamente licenciado, para hacer turismo en la Patagonia. Una cosa es el libre tránsito de los turistas, pero otra es que un Estado financie y organice a sus ex reclutas y disponga su traslado a un te­rritorio al parecer como terapia frente al estrés”, y agregó que Roter Singer “Llega a Chile, se hospeda en un hostal exclusivo para israelíes, su abuelo nos notifica que es un buen muchacho que viene de formar parte de una unidad de combate del ejército israelí y sus únicas declaraciones a la prensa las hace a una radio militar de Tel Aviv”.

 

¿Pero resulta tan extraño el ‘incidente’ que gatilló la tragedia, el tipo de personaje que la habría ejecutado y el lugar?

 

En 1895, Theodor Herzl escribió “El Estado judío”, manifiesto matriz del sionismo que, según interpretaciones expansionistas posteriores, en la actualidad fundamenta el crimen colonialista contra el pueblo de Palestina. En la época, una de las alternativas alentadas por el entonces imperio británico era, precisamente, establecer a los isrelíes en la Patagonia argentina. Y el Parque Torres del Paine  limita al norte con el Parque Nacional Los Glaciares de Argentina. ¿Pura casualidad?

 

Según el abuelo del militar  Roter Singer que habría originado el incendio, el sujeto “sirvió en una unidad de combate en el Ejército de Israel". Es decir, Singer es parte de uno de los ejércitos mejor armados del planeta (y nada menos que por EE.UU., que produce ella sola la mitad de la tecnología militar del globo), y que adiestra a sus tropas en la soberbia de la ocupación, en la sorna de su dominio súper apertrechado por el imperialismo norteamericano, en el ejercicio concreto y psiquiatrizado de pretender doblegar cotidianamente a un pueblo empobrecido mediante la militarización, puntos de control  contra la población civil, encarcelamientos, torturas y asentamientos invasivos crecientes; la asfixia económica y el racismo del  que irónicamente alguna vez fueron víctimas los  mismos judíos en su punto más atroz, por la Alemania nazi.

 

Basta citar la Operación Plomo Fundido y su saldo ominoso de 1400 palestinos asesinados, entre ellos más de 300 niños, ejecutada, justamente, un 27 de diciembre de hace tres años. Si cuando los marines   llegan al puerto de  Valparaíso, sus ciudadanos deben encerrarse en sus casas debido a la prepotencia y ‘excesos’ de la Armada imperial, resulta sencillo imaginar la ‘disposición combativa’ de un militar israelí proveniente de similar escuela, de la parte que oprime y castiga impunemente, en medio del fin del mundo, ‘en tierra de nadie’, con poder, alojamiento y recursos.

 

¿Por qué se comunica informal, no oficial,  pero frecuentemente de presencia y propiedades (suelo, comunidades y edificaciones) israelíes en la Patagonia tanto argentina, como chilena? ¿Se trata de una posición geomilitar estratégica para el Estado sionista? ¿Puro placer turístico? ¿Y qué han hecho los gobiernos de Chile y Argentina al respecto en las últimas tres décadas? ¿De dónde viene el silencio? ¿Es sólo mito del “palestinismo internacional”, otra teoría de la conspiración, paranoia, azar, o dinero, influencia y relaciones de poder?

 

 

 

2. Si bien toda encuesta o ‘investigación de mercado’ resulta interesado, el Centro de Estudios Públicos (CEP) se ha caracterizado por dar pie en bola en asuntos relevantes, más que cualquiera otra empresa de esta naturaleza en Chile.

 

Tal como se proyectara hace casi un año atrás (http://alainet.org/active/43639&lang=es), la administración de Sebastián Piñera nació con los días contados. De acuerdo a la recolección de datos que se efectuó entre el 11 de noviembre y el 11 de diciembre de 2011 por el CEP, el presidente chileno se hundió como plomo hasta las honduras de la opinión pública con un 23 % de aprobación. Sólo un 22 % de los encuestados confía en su gobierno; y apenas el 20 % estima que el Ejecutivo ha hecho “bien o muy bien” las cosas en el plano económico, un 18 % en el empleo, un 14 % en la salud, y un 8 % en la pobreza.

En otros ámbitos, únicamente un 16 % de los consultados considera que la democracia chilena funciona “bien o muy bien”; un 18 % confía en la empresa privada, un 13 % en el Congreso (ambas cámaras), y un 7 % en los partidos políticos existentes. El 20 % se identifica con la Concertación, el 13 % con la Coalición por el Cambio (en el gobierno); y el 4 % con el Juntos Podemos. El 60 % de la gente con nadie. Y de los políticos más importante de la Coalición por el Cambio, campea Ninguno con un 22 %, y lo sigue Laurence Golborne con un 20 %, Andrés Allamand con 5 %, Pablo Longueira con 4 %, y Joaquín Lavín  con 2 %.

 

Los números no hacen más que confirmar la crisis estructural en materia de credibilidad que sufre, tanto la democracia representativa y encorsetada del país,  como el sistema de partidos políticos y las instituciones centrales del Estado. Naturalmente, no todo ello es producto del movimiento estudiantil, ecológico y mapuche que marcó la agenda social el 2011. Más bien, ocurre a la inversa. Las componendas políticas larvadas antes del mismo retorno pactado de los gobiernos civiles hace más de dos décadas simplemente ya no son hegemonía político-cultural. Ello no comporta por sí solo una crisis de gobernabilidad que demandaría, al menos, una alternativa política madura que proveniente del movimiento concreto de los trabajadores y el pueblo (en su sentido más amplio e inclusivo), insubordinado por abajo, por el medio y por arriba, pero sustantivamente por abajo, ya hubiera hecho temblar los sostenes precarios del mero rito electoral del capitalismo ultraliberal que conduce Chile desde mediados de los 70’. La democracia de papel combinada con el capitalismo de vanguardia se expresa como negación de las reivindicaciones de las grandes mayorías y la lucha abierta por sus intereses históricos.

 

Por eso, las elecciones municipales de 2012 no son una báscula cierta de las relaciones de fuerza de nada, y la aprobada ley de inscripción automática y votación voluntaria tampoco garantizan una calcificación de la decadencia institucional de las clases mandantes, ni de los ‘grupos de interés’ que se ofrecen una vez más, como mejores administradores de un sistema que evidencia que el crecimiento económico, control de la inflación, políticas monetaristas ‘equilibradas’ y desempleo ‘a raya’, en caso alguno significa mejor vida para la inmensa mayoría nacional. Es falso que las variables macroeconómicas mencionadas amortigüen las desigualdades extraordinarias, la precarización y explotación intensiva del trabajo, la proliferación de enfermedades mentales, la delincuencia salida del empobrecimiento y la alienación, la lucha de clases, y la inestabilidad potencial de la gobernabilidad. A diferencia de ayer, de llegar hasta las elecciones generales de fines de 2013, esta vez, Michelle Bachelet sólo podría ganar como ‘el mal menor’. Ello pospondría por tiempo breve la intensificación de las luchas sociales ante facciones de la ciudadanía, del pueblo trabajador, cuando ahora son millones quienes han perdido la inocencia. Es  altamente probable que la carta del imperialismo norteamericano –Bachelet- para el 2013 obtenga más votos que el ministro Laurence Golborne. Pero ello no cambia radicalmente en nada la acumulación de descontento sistémico y su eventual organización superior.

 

Si se concede que sólo fracciones del movimiento estudiantil que estremeció el 2011 alcanzaron estadios de politización más que significativas -independientemente de cierto corporativismo universitario basado en la desactualizada creencia de que la educación por sí sola contiene el mejoramiento de la situación económica y social individual, toda vez que la tendencia habla, salvo excepciones, de la proletarización pura y dura de los profesionales universitarios-, ya ese fenómeno escenifica la irrupción objetiva de nuevas fuerzas sociales con convicción de poder. Resulta casi una paradoja que los estudiantes secundarios más que un gran porcentaje de  universitarios, que los ‘pinguinos’ que comenzaron el movimiento del año pasado, sean el sector más resuelto y claro en los objetivos estratégicos del combate social (http://rebelion.org/noticia.php?id=122795). Por eso no es extraño que la represión estatal se haya ensañado especialmente contra ellos, no sólo mediante la armadura policial directa, sino en estos mismos días, cancelando arbitrariamente matrículas, clausurando a la fuerza establecimientos, abriendo sumarios en período de vacaciones. La clase que todavía ordena (y que es un tramado de intereses corporativos transnacionales, y en particular, financieros) sabe bien dónde golpear.

 

En este sentido, y más allá de los intentos de instrumentación orgánica de esa franja joven –desde el poder, por derecha, centro e izquierda, como se dice “en antiguo”- fabricada de estudiantes y trabajadores con poco tiempo en el mundo laboral y menos sindical, son la fuerza mínima necesaria para la creación de un proyecto societal y político que, con audacia probada,  abarque los intereses y la materia en acción del conjunto del pueblo. A muchos de los políticos especialistas de todo el arco existente les llegó la hora de jubilarse (lamentando de paso las condiciones en la que lo harán con las pensiones de miseria que ofrecen las Afes). Y los viejos-jóvenes, y no tan viejos-jóvenes, rehabilitados de las derrotas, la melancolía y de los paradigmas trágicos de la guerra fría a nivel nacional e internacional, les cabe ganarse en la práctica y la voluntad de rehacerse, edificar el puente dinámico entre los períodos de lucha de clases que jamás han dejado de existir en Chile y el mundo; actuar con modestia y mirando el reloj (que las transformaciones sociales y la historia no tienen necesariamente que ver con la edad biológica de los sujetos); y colaborar en la nueva arquitectura política que requieren las presentes relaciones de fuerza y las complejidades de la realidad concreta de la segunda década del siglo XXI. Continuidad y ruptura, permanencia y revolución, lectura correcta de la actual fase y período, estado de la lucha de clases, ampliación de la vista política y cada mujer y hombre en el lugar donde caben sus habilidades, talentos y pericias. No es una fórmula. Apenas economía de recursos.    

 

 

3. En el 2012 –de acuerdo a analistas conservadores, moderados, catastrofistas, ortodoxos y heterodoxos- recrudecerá la crisis económica mundial, con énfasis en el  sur de Europa y Estados Unidos. Naturalmente, las llamadas ‘economías emergentes’, pero sobre todo China, ya presenta un enfriamiento debido a que las poblaciones del planeta a las que exporta sus mercancías han inclinado a la baja su demanda hace rato e incluso sus gobiernos han aumentado las medidas proteccionistas. En consecuencia, China, con una fuerza de trabajo que ya puja por mejores salarios y condiciones laborales (menos excedente y producción más cara, por tanto), y la invalidez de su propia población para comprar y consumir lo que vierte su sobrecapacidad productiva, ya no necesitará adquirir los mismos niveles de materias primas y recursos naturales de cuya compra se explica cierta estabilidad macroeconómica de América Latina, Rusia, y países asiáticos y africanos. La crisis que atraviesa el capital descubre los límites de la genuina división internacional del trabajo, y de la falsa retórica neo desarrollista, en tanto las economías de Latinoamérica ya no se fundan sobre la industrialización y sustitución de importaciones (fase capitalista que antecedió al predominio superlativo del momento financiero en la reproducción del sistema y que respondía a otras relaciones de fuerza mundiales), sino sobre la reprimarización o patrón primario exportador, sea mineral, petrolero, soyero, agroalimenticio, maderero, etc. Algunos gobiernos de países de América Latina que se autoperciben ‘más blindados’ para hacer frente a la peor crisis capitalista desde hace alrededor de 90 años, únicamente queman recursos en propaganda para encantar inversiones. Lo cierto es que las relativas y cada vez más deprimidas reservas fiscales son fruto casi exclusivo de la transitoria alza de la demanda  de commodities de China y los Estados corporativos centrales.  

 

Chile es una economía que además del ahorro previsional de sus asalariados administrado privadamente y jugado en el casino especulativo de las bolsas clave y en crisis del mundo,  alimenta sus reservas privadas y públicas de la exportación de materias primas, y principalmente del precio del cobre y mucho después, de la celulosa. Y las exportaciones chilenas están dirigidas en un 50,4 % a Europa, China y Japón, según la CEPAL. El 2012, de acuerdo a los optimistas, Europa crecería un 0,5 % (si dicen 0 % es recesión); China un 8 % y Japón un 2 %. De hecho, el 2011, el cobre chileno, respecto de 2010, vio desplomado su precio en casi un 22,5 % (US$3,42 la libra comparado con US$4,41 del cierre de 2010, de acuerdo a la Comisión Chilena del Cobre).

 

Pero eso no es todo. El IPSA (Índice de Precio Selectivo de Acciones, principal indicador bursátil de Chile diseñado por la Bolsa de Comercio en 1977, en pleno despliegue del ultraliberalismo) cayó un 15,7 % en 2011, en relación a 2010. Es decir, lo que desfallece es el precio de las acciones de las empresas que intrigan en la bolsa. Y las bolsas son el lugar donde se le pone precio a las mercancías. Por eso cuando se habla de mercado, quiere decirse ‘mercado financiero’. Y el movimiento especulativo determina las ganancias, el precio del trabajo e impone las reglas de la producción en general, o ‘economía real’, como algunos señalan. Las causas, según los gigantes de la especulación que operan en Chile,  se encontrarían en la ausencia de confianza en la economía europea, y nativamente, en la estafa y situación al borde del precipicio de la venta al detalle de La Polar que ha contaminado a todo el retailer o grandes tiendas minoristas que hace tiempo arrancan sus utilidades de los créditos de consumo, que no de la venta de sus mercancías tradicionales.

 

2012 se presenta bravo e incierto, como un acertijo donde la variable política y social de los trabajadores y el pueblo -nacional, regional e internacionalmente- tendrá su hora y su plaza en la marcha concreta de la realidad, de acuerdo a su tonelaje, composición y dirección política unitaria, al menos tácticamente.

 

 

Enero 4 de 2012

El reformismo del PC chileno derrotó a Camila

El reformismo del PC chileno derrotó a Camila

 

Por Nico Fuentes  (Portal Rodriguista)

Si analizamos las consecuencias de un determinado hecho o fenómeno en el que hemos tomado parte, aislando esas consecuencias de nuestro propio accionar en el hecho, jamás conoceremos las causas que generaron esos efectos. Sin análisis cualitativo, no existe crítica y autocrítica, y sin ello no hay posibilidad alguna de avanzar, de transformar la realidad. Detrás de toda visión idealista se esconde una concepción y una actitud reaccionaria, que convive con la cobardía y el oportunismo.

 

Por ello cuando Guillermo Tellier, presidente del Partico Comunista de Chile, señala que la derrota de Camila Vallejos en las elecciones de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), se debió a una campaña anticomunista, sitúa las causas de la consecuencia – en este caso la derrota – fuera del ámbito de acción del propio partido y de él como su máximo dirigente. Esta actitud, claramente antimarxista – el marxismo es el análisis concreto de la realidad concreta -   explica la vocación reformista de un partido que negocia con la derecha y la Concertación en el Parlamento y rehuye el deber irrenunciable de todo partido comunista: construir una alternativa al capitalismo.

Lamentablemente, Camila Vallejos repitió la tesis de Tellier de la “conspiración anticomunista” para explicar el triunfo del recién electo presidente de la Fech, Gabriel Boric, quien según indicó habría contado con el apoyo de la derecha. La interpretación de ambos dista mucho de una realidad que al parecer prefieren no advertir, y que nada tiene que ver con la teoría autorreferente del anticomunismo. ¿Recurrirán al mismo argumento para explicar la reciente derrota de la lista continuista del actual presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile (FEUSACH), Camilo Ballesteros?

Lo cierto, es que el revés electoral en la FECH y la FEUSACH, marca una tendencia clara de rechazo a las políticas de conciliación del PC con sectores de la Concertación y del gobierno. Si Camila Vallejos hubiese mantenido su postura inicial de avanzar hacia cambios estructurales en educación y en el sistema económico y político, se habría conformado una sola lista con Creando Izquierda y otros sectores. La unidad les hubiera permitido superar incluso el 60 por ciento de los votos, fortaleciendo al movimiento estudiantil y al resto de las fuerzas sociales.

Asimismo, el triunfo de la propuesta que lideró Boric, constituye no un rechazo al PC en sí mismo, sino al sectarismo y a la soberbia histórica de los “comunistas”. A su opción de negociar las demandas estudiantiles en forma aislada en el Parlamento, vaciando de sentido un movimiento, cuyo valor radica justamente en apuntar a la necesidad de cambiar un sistema donde todo - incluida la educación - es simple mercancía.

Los dirigentes del partido, y en especial su presidente, no hicieron un correcto análisis de la realidad y apostaron todo al carisma de Camila Vallejos. No fueron capaces de comprender que el actual no es momento para claudicaciones y reformas. Que en un contexto donde los pueblos del mundo exigen el fin de un sistema de acumulación amoral, que amenaza la supervivencia de la humanidad y del planeta, cualquier intento de conciliación sería castigado.

Lo anterior fue claramente expresado días antes de la elección por un grupo de dirigentes de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), que cuestionó la actitud del PC: “Por un lado, levanta a sus dirigentes estudiantiles y del magisterio con pseudo discursos radicales y populistas, mientras sus operadores y parlamentarios negocian día a día directamente con la derecha y la Concertación, todo esto a espaldas del movimiento estudiantil”, sentenciaron. Si bien Tellier se apresuró a negarlo, la desconfianza estaba instalada y el efecto en las elecciones fue evidente.

 

En la dirección correcta

A pesar de los intentos de desacreditar el triunfo de Gabriel Boric, el nuevo presidente de la FECH en sus primeras declaraciones ha dejado claro que apunta en la dirección correcta. Reafirmó su compromiso con el movimiento de protesta que recorre las calles del país y dijo estar conciente de la necesidad de un proyecto, “que no sólo quiere cambiar la educación, sino cambiar Chile”. Lo mismo que había planteado Camila Vallejos en Europa hace dos meses, antes de las presiones de su propio partido: “Ahora, hay que mirar enfrente y construir una alternativa para el país. Hay que proyectar políticamente este movimiento, porque por primera vez, una demanda sectorial pasó a ser un movimiento social que incluye a muchos sectores", indicó entonces.

Además, Boric sostuvo que no van a delegar la vocación transformadora del movimiento, que universitarios y secundarios levantaron durante el año, en “sectores del parlamento que hoy día no nos representan”. Lo anterior, en clara alusión a los intentos del PC de trasladar el conflicto estudiantil al Parlamento y negociar con la Concertación y la derecha a cambio de prebendas para fortalecer su participación en las elecciones municipales, y con ello continuar apuntalando el actual sistema en bancarrota.

También aclaró que “nosotros tenemos diferencias políticas con el Partido Comunista, pero entendemos que los adversarios del movimiento estudiantil y de la educación pública no están en la federación sino en los sectores de la elite económica y empresarial que hoy día gobierna Chile. Sabemos que hay trabajar unidos”, puntualizó.

Pero lo más relevante, y que ciertamente preocupa a la derecha y a los sectores que aún aspiran a lograr soluciones parche dentro del modelo, es la voluntad que expresó Gabriel Boric de trabajar junto a los demás sectores sociales para elaborar un proyecto político y perfilar un liderazgo para las elecciones presidenciales de 2014, que permita extender la lucha más allá del ámbito de la educación, lo que implica necesariamente avanzar hacia la construcción de una alternativa al neoliberalismo.

Un claro eco de la preocupación y desconsuelo del reformismo, fue reflejado en artículo de Richard Sandoval, publicado en Cubadebate, donde plantea que “con la derrota de Camila Vallejos pierde el materialismo histórico, gana Foucault y su estilo francés”. Explica el traspié de la dirigenta comunista con argumentos tan superficiales y oportunistas como la supuesta ingratitud de Chile hacia ella y al temor que - según su particular visión - generaría el poder social verdadero del PC en la derecha. Reproduce de manera mecánica la tesis del anticomunismo, con el propósito de ocultar toda huella de conciliación del PC.

Sin embargo, la realidad es muy distinta a las elucubraciones de Tellier y Sandoval, porque lo que existe es un abandono de los principios del comunismo, del socialismo científico y el materialismo histórico. Prevalecen en la política del PC el pragmatismo postmodernista donde predominan las visiones efímeras y de corto plazo. Esa política ayer como hoy es rechazada de manera férrea por las fuerzas más concientes.

En este contexto, es de esperar que Camila Vallejos, dirigenta inteligente, carismática y valiosa, asuma una actitud de independencia y se sume a la lucha estudiantil y social desde la vicepresidencia de la FECH. Es hora de impulsar los cambios estructurales que ella encarnó, porque el proyecto colectivo a construir es lo verdaderamente importante.

Sin duda, resistir las presiones y actuar con independencia no es un ejercicio fácil dentro del PC. Pero la historia demuestra que no sólo es posible, sino un deber hacerlo cuando hay que enfrentar la claudicación y el reformismo. La actitud de Raúl Pellegrín, jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y de la mayoría de los dirigentes rodriguistas en 1987, es un claro ejemplo de ello. En plena dictadura pinochetista rechazaron el abandono que hizo el partido de la política de rebelión popular de masas para sumarse como vagón de cola, a la salida pactada por el imperialismo norteamericano con la derecha y con quienes conformaron posteriormente la Concertación.

Del fragor de la discusión que encabezó Pellegrín con los dirigentes del partido, que intentaron sin éxito terminar con el frente, es necesario extraer parte de sus planteamientos. Sin duda, constituyen un aporte político y moral para quienes lideran la lucha hoy. "Me declaro convencido, de verdad, de la importancia de la unidad del Partido como algo que se funda, antes que nada, en la unidad ideológica, de principios y en torno a la política de clases. También pienso que en torno a la Dirección, pero en primer lugar en lo otro”.

Ante la ruptura definitiva, señaló con claridad que “existen responsabilidades personales que la historia del movimi en to revolucionario en Chile no podrá olvidar”.

Es importante precisar que más allá de las responsabilidades personales, que ciertamente existen, la claudicación es parte del origen e historia del PC chileno. La condena a la lucha guerrillera de Ernesto Che Guevara en Bolivia, siguiendo las directrices del revisionismo soviético y su entusiasta y temprano apoyo a la Perestroika de Gorbachov, hoy rostro publicitario de Louis Vuitton, son un claro ejemplo de ello.

Impulsó la política militar en dictadura, pero jamás la asumió en su dimensión estratégica. Por el contrario, la utilizó para negociar con las fuerzas de la burguesía manejadas por el imperialismo, que finalmente legitimaron y administraron el modelo impuesto por la dictadura. Lo mismo intentó hacer con el movimiento estudiantil, pero las derrotas del reformismo y la claudicación, en el contexto de las elecciones en la FECH y la FEUSACH, constituyen un duro revés.

En el balotaje en la FEUSACH, disputarán la presidencia la lista D “Seguimos en Pie”, liderada por Javiera Márquez de postura claramente antineoliberal, que plantea cambios de fondo al sistema político del país y la lista C “Impulsa USACH” de Sebastián Donoso en representación de la Concertación.

En este escenario, la futura presidencia de la FEUSACH dependerá de los votos comunistas, que tendrán que optar por cambios estructurales o simples reformas dentro del sistema.

En los próximos días conoceremos cuál será el camino definitivo elegido por el Partido Comunista y las consecuencias que ciertamente tendrá esa elección.

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¡Marx Tenía Razón!

¡Marx Tenía Razón!

Por 
Alan Woods  

Tribuna Popular - Debate/Alan Woods.- La crisis del capitalismo va acompañada por una crisis del pensamiento burgués: la filosofía, la economía, la moral… Todo está en un estado de efervescencia. En lugar del anterior optimismo que manifestaba confiadamente que el capitalismo había solucionado todos sus problemas, hay un estado de ánimo que todo lo impregna de tristeza. No hace mucho tiempo, Gordon Brown proclamó confiadamente "el fin del ciclo de auge y recesión". Después de la crisis de 2008, se vio obligado a comerse sus palabras.


El último episodio de la crisis del euro muestra que la burguesía no tiene idea de cómo resolver los problemas de Grecia e Italia, que a su vez, amenazan el futuro de la moneda común europea, e incluso de la propia UE. Este es un catalizador potencial de un nuevo colapso a escala mundial, que será aún más profundo que la crisis de 2008.


La crisis actual se supone que no tenía que haber sucedido. Hasta hace poco la mayoría de los economistas burgueses creían que el mercado, si se lo dejaba solo, era capaz de resolver todos los problemas, equilibrando por arte de magia la oferta y la demanda (la "hipótesis del mercado eficiente"), de modo que nunca podría darse una repetición del crack de 1929 y de la Gran Depresión.



La predicción de Marx de una crisis de sobreproducción había sido relegada al basurero de la historia. Aquellos que todavía se adherían a la visión de Marx de que el sistema capitalista estaba desgarrado por contradicciones insolubles y de que contenía dentro de sí las semillas de su propia destrucción eran considerados como simples excéntricos. ¿Acaso la caída de la Unión Soviética no había demostrado finalmente el fracaso del comunismo? ¿No había terminado la historia con el triunfo del capitalismo como el único sistema socio-económico posible?


Eso fue entonces. Pero en el espacio de 20 años (un período no muy largo en los anales de la sociedad humana) la rueda de la historia ha dado un giro de 180 grados. Y ahora los antiguos críticos de Marx y el marxismo están entonando una melodía muy diferente. De repente, las teorías económicas de Carlos Marx se están tomando muy en serio. El Capital es ahora un best seller en Alemania. Un número creciente de economistas está estudiando detenidamente sus páginas, con la esperanza de encontrar una explicación a lo que ha ido mal.


Crisis de la economía burguesa


La razón de esta extraña conversión no es difícil de entender. Todas las teorías de los economistas burgueses oficiales han sido falsificadas por la marcha de los acontecimientos. Los economistas fueron incapaces de predecir ninguno de los grandes acontecimientos económicos de los últimos treinta años. No predijeron la recesión actual (de hecho, negaron su posibilidad), pero tampoco predijeron el auge febril que la precedió.


La teoría económica burguesa ha sido puesta a prueba y ha fracasado. Ninguna persona seria la toma en serio. No es de extrañar que algunas empresas grandes tengan que consultar astrólogos profesionales antes de decidir dónde invertir su dinero. Éstos, probablemente, sean más útiles que los economistas universitarios y, de todas maneras, el grado de éxito de sus predicciones no sería peor.


En julio de 2009, tras el comienzo de la recesión, la revista The Economist realizó un seminario en Londres para discutir la siguiente cuestión: ¿Qué aqueja a la economía? Esto puso de manifiesto que para un número cada vez mayor de economistas la teoría convencional no tiene ninguna relevancia. El ganador del Premio Nobel, Paul Krugman, admitió que "los últimos 30 años de desarrollo de la teoría macroeconómica ha sido, en el mejor de los casos, espectacularmente inútil o, peor, directamente perjudicial".
Esta opinión es un epitafio adecuado para las teorías de la economía burguesa. Nada de lo que ha sucedido desde entonces nos da ninguna razón para dudar de ella. La crisis griega que ahora amenaza con arrastrar al conjunto de Europa, hundir al euro e incluso romper la Unión Europea ha servido para subrayar la total incapacidad de los economistas y de los políticos para ofrecer una solución.


En realidad no tienen ninguna salida. Hagan lo que hagan estará mal. Incluso si (como es muy probable) deciden invertir más dinero en Grecia, los mercados volverán su atención a otros países: Irlanda, Portugal, España, Italia, Bélgica, e incluso Francia. Angela Merkel retuerce en vano las manos y se queja de las "irresponsables" agencias de crédito. Este es el funcionamiento del "libre mercado" que todos aceptan. No se puede aceptar la economía de mercado y luego quejarse de las consecuencias inevitables.


Cuatro años después de la primera crisis, el mundo va de cabeza a un nuevo colapso y no hay nada que pueda impedirlo. Millones de personas van a sufrir las consecuencias. El desempleo se disparará a niveles no vistos desde la década de 1930. Los niveles de vida caerán en picada. Y el resultado inevitable será una intensificación de la lucha de clases en todas partes.


Naciones enteras en bancarrota


La primera fase de la crisis que comenzó en el año 2008 se caracterizó por el impago de los grandes bancos. Todo el sistema bancario de los Estados Unidos y del resto del mundo se salvó sólo por la inyección masiva de miles de millones de dólares y euros por parte de los Estados. Pero la pregunta que debe hacerse es: ¿Qué queda de la vieja idea de que el libre mercado, si se le deja solo, va a resolver todos los problemas? ¿Qué queda de la vieja idea de que el Estado no debe interferir en el funcionamiento de la economía?


La inyección masiva de dinero público no resolvió nada. La crisis no ha sido resuelta. Simplemente se ha desplazado a los Estados. Todo lo que ha ocurrido es que, en lugar de un déficit masivo de los bancos, tenemos un enorme agujero negro en las finanzas públicas. ¿Y quién va a pagar por esto?


No los banqueros adinerados que, habiendo presidido la destrucción del orden financiero mundial, se han embolsado con calma el dinero público y ahora se están concediendo a sí mismos fastuosas bonificaciones de dinero. ¡No! Los déficits de los que los economistas y los políticos se quejan tan amargamente deben ser pagados por los sectores más pobres e indefensos de la sociedad. De repente no hay dinero para los ancianos, los enfermos, los desempleados…, pero siempre hay de sobra para los banqueros. Esto significa un régimen de austeridad permanente. Pero esto sólo genera nuevas contradicciones. Con la reducción de la demanda, se reduce aún más el mercado, y por lo tanto se agrava la crisis de sobreproducción.


Ahora los economistas están prediciendo un nuevo colapso, con divisas y gobiernos cayendo y amenazando el tejido mismo del sistema financiero mundial. Y a pesar de lo que dicen los políticos sobre la necesidad de reducir el déficit, las deudas han alcanzado un nivel que no se puede pagar. Grecia ofrece un ejemplo gráfico de este hecho. El futuro que se avecina es de una crisis aún más profunda, una caída de los niveles de vida, ajustes dolorosos y un creciente empobrecimiento de la mayoría. Esta es una receta acabada para la agitación y la lucha de clases a un nivel aún más alto. Se trata de una crisis sistémica del capitalismo a escala mundial.


Dudas


Ahora que los acontecimientos han hecho bajar a tierra por lo menos a algunos pensadores burgueses, estamos viendo todo tipo de artículos que a regañadientes reconocen que, después de todo, Marx tenía razón. Tomemos como ejemplo un reciente artículo de John Gray en la revista de noticias de la BBC, con el título Un punto de vista: La revolución del capitalismo, BBC News, 4 de septiembre de 2011. En él dice:


"Como un efecto colateral de la crisis financiera, cada vez más gente está empezando a pensar que Carlos Marx tenía razón. El gran filósofo, economista y revolucionario alemán del siglo XIX creía que el capitalismo era radicalmente inestable. Tenía una tendencia intrínseca a producir cada vez más grandes auges y recesiones, y a largo plazo estaba destinado a destruirse a sí mismo".


Ahora bien, esto es algo que gente como John Gray en el pasado hubiera ridiculizado. Ahora, sin embargo, se ven obligados a tratarlo en serio. Así que el Sr. Gray ahora acepta lo que se está volviendo cada vez más evidente: que el capitalismo contiene en sí las semillas de su propia destrucción; que es un sistema anárquico y caótico caracterizado por crisis periódicas que echa a la gente del trabajo y provoca inestabilidad social y política.


El Manifiesto Comunista es el libro más relevante que se puede leer hoy en día. Es realmente extraordinario pensar que un libro escrito hace más de 150 años pueda presentar una imagen del mundo del siglo XXI tan vívida y objetiva. Gray ahora reconoce que fue sorprendentemente clarividente:


"En aquel momento nada parecía más sólido que la sociedad en cuyos márgenes vivía Marx. Un siglo y medio después nos encontramos en el mundo que él previó, en donde la vida de cada persona es experimental y provisional, y la ruina súbita puede ocurrir en cualquier momento".


Aunque niega que el socialismo sea la alternativa lógica al capitalismo decadente, Grey se ve obligado a admitir que Marx comprendió el funcionamiento de la economía capitalista mucho mejor que la burguesía y sus "expertos" economistas:


"Más profundamente, Marx comprendió que el capitalismo destruye a su propia base social –el estilo de vida de la clase media–. La terminología marxista de burguesía y proletariado tiene un tono arcaico". "Sin embargo, cuando argumentó que el capitalismo hundiría a la clase media en un tipo de existencia precaria como la de los trabajadores de su tiempo, Marx previó un cambio en nuestra forma de vivir que sólo ahora estamos luchando para hacer frente".


Condena devastadora


Hay un sentimiento creciente entre todos los sectores de la sociedad de que nuestras vidas están dominadas por fuerzas que se escapan a nuestro control. La sociedad es presa de un corrosivo sentimiento de miedo e incertidumbre, como lo admite Gray:


"Pero tenemos muy poco control efectivo sobre nuestras vidas, y la incertidumbre en que nos toca vivir está siendo agravada por políticas diseñadas para hacer frente a la crisis financiera. Unas tasas de interés de cero, junto con el aumento de precios significa que usted está consiguiendo un rendimiento negativo de su dinero y, conforme avanza el tiempo, su capital se está erosionando".


La situación de muchos jóvenes es aún peor. La crisis del capitalismo produce sus efectos más terribles entre los jóvenes. El desempleo entre los jóvenes está aumentando en todas partes. Esta es la razón de las protestas estudiantiles y motines en Gran Bretaña, del movimiento de los indignados en España, de las ocupaciones de las escuelas de Grecia y también de los levantamientos en Túnez y Egipto, donde alrededor del 75% de los jóvenes están desempleados. Toda una generación de jóvenes está siendo sacrificada en el altar de los beneficios. Muchos que buscaban la salvación en una educación superior han encontrado esta avenida bloqueada. En Gran Bretaña, donde la educación superior era gratis, ahora los jóvenes a fin de adquirir una educación tendrán que incurrir en deudas.


En el otro extremo de la escala de la edad, trabajadores cercanos a la jubilación descubren que deben trabajar más tiempo y pagar más para obtener pensiones más bajas, que condenarán a muchos a la pobreza en la vejez. Para jóvenes y adultos por igual, la perspectiva a la que se enfrentan hoy en día es una vida de inseguridad.


Toda la vieja hipocresía burguesa sobre los valores de la moral y la familia ha sido desenmascarada. La epidemia de desempleo, de falta de vivienda, de aplastante deuda y la desigualdad social extrema que ha convertido a toda una generación en parias ha socavado la familia y ha creado una pesadilla de pobreza sistémica, desesperanza, degradación y desesperación. Una vez más, en palabras de Gray:


"Para muchos, las mujeres y los pobres por ejemplo, estos valores victorianos pueden ser muy sofocantes en sus efectos. Pero el hecho más importante es que el libre mercado funciona para socavar las virtudes que mantienen la vida burguesa". "Cuando los ahorros están desvaneciéndose, ser ahorrativo puede ser el camino a la ruina. Es la persona que toma prestado y no tiene miedo a declararse en quiebra la que sobrevive y prospera. (…)" "En una sociedad que está siendo continuamente transformada por las fuerzas del mercado, los valores tradicionales son disfuncionales y cualquier persona que trata de seguirlos se arriesga a terminar mal".


El argumento que tanto gusta a los sociólogos burgueses de que la clase obrera ha dejado de existir, se ha caído por su propio peso. En el último período, capas importantes de la población activa que antes se consideraban a sí mismos como clase media se han proletarizado. Profesores, funcionarios, empleados de banca, etc. han sido empujados a las filas de la clase obrera y del movimiento obrero, donde se han vuelto en algunos casos los sectores más militantes.


Gray admite que los viejos argumentos de que "todo el mundo puede prosperar" y "todos somos clase media" han sido falsificados por los acontecimientos. Él dice:


"De hecho, en Gran Bretaña, los Estados Unidos y muchos otros países desarrollados en los últimos 20 o 30 años, ha estado sucediendo lo contrario. La seguridad en el trabajo no existe, los oficios y profesiones del pasado han desaparecido en gran medida y carreras de toda la vida son apenas recuerdos". "Si la gente tiene alguna riqueza, ésta está en sus casas, pero los precios de las casas no siempre aumentan. Cuando obtener crédito es difícil como pasa ahora, pueden estar estancados durante años. Una minoría decreciente tendrá una pensión con la que podrá vivir cómodamente, y no muchos tienen ahorros significativos"."Cada vez más gente vive día a día, con poca idea de lo que el futuro puede depararle. La gente de clase media solía pensar que su vida se desarrollaba en una progresión ordenada. Pero ya no es posible mirar la vida como una sucesión de etapas en las que cada una es un paso adelante respecto a la anterior". "En el proceso de destrucción creativa, la posibilidad de escalar ha sido eliminada y para un número creciente de gente una existencia como clase media ya no es siquiera una aspiración".


Estas palabras representan una condena devastadora del sistema capitalista. Muestran también que las reservas sociales de la reacción se han reducido considerablemente, porque un gran sector de los trabajadores de cuello blanco se acerca a la clase obrera tradicional. En las recientes movilizaciones de masas en España y, en particular en Grecia, estas capas se encontraban en la primera línea de la lucha de clases.


Marx y el mercado


Marx predijo que el desarrollo del capitalismo conduciría inexorablemente a la concentración del capital: una inmensa acumulación de riqueza por un lado, y una acumulación igual de pobreza, miseria y trabajo insoportable en el otro extremo del espectro social. Durante décadas, esta idea fue desechada por los economistas burgueses y los sociólogos universitarios que insistieron en que la sociedad se estaba volviendo cada vez más igualitaria y que todo el mundo se estaba convirtiendo en clase media. Ahora todas estas ilusiones se han disipado.


Businessweek recientemente publicó un artículo con el título Marx y el mercado y advirtió que Marx podría haber tenido razón en algunas cosas, pero en realidad estaba equivocado y era peligroso. Expresa su preocupación porque "el pesimista y combativo filósofo parece encontrar adeptos en cada nueva generación". Y continúa:


"Incluso se podría decir que el Barbudo nunca ha tenido mejor aspecto. La actual crisis financiera mundial ha dado lugar a un nuevo contingente de insólitos admiradores. En 2009 el periódico oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, publicó un artículo elogiando el diagnóstico de Marx sobre la desigualdad de ingresos, lo cual es un gran reconocimiento, considerando que Marx declaró que la religión es ‘el opio del pueblo’. En Shanghái, el centro archicapitalista de la supuestamente comunista China, en 2010 el público se agolpó para ver un musical basado en El Capital, la obra más famosa de Marx. En Japón, El Capital ha salido en una versión cómic".


Y añade: "El que Marx esté en boga debería verse natural en un momento en que los bancos europeos están al borde del colapso y en que la pobreza en los Estados Unidos han alcanzado niveles nunca vistos en casi dos décadas". “A pesar de que Marx estaba equivocado acerca de muchas cosas, y de que su influencia fue muy perniciosa en lugares como la URSS y China, hay áreas de sus (voluminosos) escritos que son increíblemente perceptivas. Uno de los argumentos más importantes de Marx es que el capitalismo es intrínsecamente inestable. Uno sólo tiene que mirar a los titulares de Europa –la cual está siendo perseguida por el fantasma de una posible moratoria griega, un desastre bancario y el colapso de la zona del euro como moneda única– para ver que tenía razón. Marx diagnosticó la inestabilidad del capitalismo en un momento en que sus contemporáneos y predecesores, tales como Adam Smith y John Stuart Mill, estaban mayormente cautivados por su capacidad para satisfacer las necesidades humanas".


George Magnus


Hasta aquí Businessweek. Ahora vamos a leer lo que George Magnus, analista económico del banco UBS, escribió recientemente en un artículo con el título intrigante: Demos a Carlos Marx la oportunidad de salvar la economía mundial.


Con sede en Suiza, UBS es uno de los pilares del mundo financiero, con oficinas en más de 50 países y más de 2 billones de dólares americanos en activos. Sin embargo, en un ensayo de Bloomberg View, publicado el 28 de agosto, Magnus escribió que "la economía global de hoy tiene algún parecido asombroso a lo que Marx había previsto".En su artículo empieza describiendo a los responsables políticos como "tratando de entender el aluvión de pánico financiero, las protestas y otros males que afligen al mundo" y sugiere que haríamos bien en estudiar la obra de "un economista muerto hace mucho tiempo, Carlos Marx":


"Consideremos, por ejemplo, la predicción de Marx de cómo se manifestaría el conflicto inherente entre el capital y el trabajo. Tal y como escribió en El Capital, la búsqueda de beneficios y productividad de las empresas, naturalmente, les lleva a necesitar cada vez menos trabajadores, creando un ‘ejército industrial de reserva’ de pobres y desempleados: ‘Por tanto, la acumulación de riqueza en un polo representa, al mismo tiempo, la acumulación de la miseria en el otro polo’".


Y continúa: "El proceso que él [Marx] describe es visible en todo el mundo desarrollado, particularmente en los Estados Unidos. Los esfuerzos de las empresas para reducir costos y evitar la contratación han aumentado las ganancias corporativas de Estados Unidos como porcentaje de la producción económica total al más alto nivel en más de seis décadas, mientras que la tasa de desempleo se sitúa en el 9,1 por ciento y los salarios reales están estancados".

"Mientras tanto, según algunos cálculos, la desigualdad de ingresos de Estados Unidos está cerca de su nivel más alto desde la década de 1920. Antes de 2008, la disparidad en los ingresos estaba disimulada tras factores tales como el crédito fácil, que permitió a los hogares pobres disfrutar de un estilo de vida más próspero. Ahora el problema está saliendo con toda su crudeza".


Magnus cita con aprobación el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859) de Marx:


"Al llegar a una fase determinada de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí".


Magnus dice que estas líneas tienen una especial relevancia en la situación actual:


"La cita anterior refleja la importante idea de conflicto o turbulencia cuando ocurren eventos que conducen a desafíos al poder, autoridad y legitimidad del orden político y económico existente. Durante los últimos meses, hemos visto una serie de tales desafíos en la zona del euro, en los Estados Unidos, e incluso, en forma embrionaria, en China. El nerviosismo reciente en los mercados financieros y el aumento de las primas de riesgo no sólo reflejan un aumento de la ansiedad sobre el deterioro de la salud de la economía global, sino también el agotamiento de la confianza de que las élites políticas sean capaces de hacer frente a la situación".


Magnus reconoce que la crisis actual es una crisis de sobreproducción, a pesar de que confunde esto con la noción keynesiana de subconsumo –una idea completamente diferente (y falsa) –. "Marx también señaló la paradoja de la sobreproducción y el bajo consumo: la gente, cuanto más se quede relegada a la pobreza, menos capaz será de consumir todos los bienes y servicios que las empresas producen. Cuando una empresa reduce los costos para aumentar los ingresos, es inteligente, pero cuando lo hacen todos, socavan la formación de los ingresos y la demanda efectiva de los cuales dependen para ingresos y beneficios". "Este problema también es evidente en el mundo desarrollado de hoy. Tenemos una capacidad sustancial para producir pero, en los estratos de ingresos medianos y bajos, nos encontramos con una inseguridad financiera generalizada y bajas tasas de consumo. El resultado es visible en los Estados Unidos, donde la construcción de nuevas viviendas y las ventas de automóviles siguen siendo alrededor del 75% y 30% por debajo de sus puntos más altos en 2006, respectivamente. "Como decía Marx en El Capital: ‘La razón última de todas las crisis reales sigue siendo la pobreza y el consumo restringido de las masas’".


Naturalmente, Magnus aboga por soluciones keynesianas para la crisis: si tan solo los capitalistas (o el Estado) dieran un poco más dinero a los trabajadores, si tan solo aliviaran la carga de la deuda de los hogares, si tan solo reestructuraran la deuda hipotecaria, si tan solo hubiera alguna condonación de la deuda, si tan solo los bancos prestaran más dinero a las pequeñas empresas, si tan solo los gobiernos y bancos centrales gastaran dinero en programas de infraestructura, si tan solo los acreedores europeos fueran más buenos con los griegos… entonces todo estaría bien.


Si tan sólo, si tan sólo… Si los cerdos tuvieran alas… ¡Volarían! ¡Y estos economistas acusan a los marxistas de ser utópicos! Todo lo que el Sr. Magnus está pidiendo es que los capitalistas se comporten menos como capitalistas y más bien como San Francisco de Asís. Es como pedirle a un tigre que coma ensalada en lugar de carne. Sabemos cómo el tigre reaccionaría ante esta agradable propuesta. Y también sabemos cómo los banqueros y capitalistas reaccionarían. Huelga decir que esta estupidez keynesiana no tiene absolutamente nada en común con las ideas de Carlos Marx.


Como señala Magnus, Marx predijo que las empresas necesitarían menos trabajadores a medida que mejorara la productividad, creando así un "ejército industrial de reserva" de los desempleados, cuya existencia mantendría la presión a la baja sobre los salarios de los empleados.


Como el artículo anteriormente citado de la revista Businessweek ha señalado:


"Es difícil argumentar contra eso en estos días, dado que la tasa de desempleo en los Estados Unidos sigue siendo de más de un 9 por ciento. El 13 de septiembre, la Oficina del Censo de los Estados Unidos dio a conocer datos que muestran que el ingreso medio, ajustado a la inflación, para los hombres a partir de 15 años de edad y a tiempo completo, cayó entre 1973 y 2010. La condición de los trabajadores de cuello azul en los Estados Unidos está aún muy lejos de los salarios de subsistencia y de la ‘acumulación de la miseria’ que Marx previó. Pero las cosas no están tan brillantes en los Estados Unidos tampoco".


Nouriel Roubini


El 11 de agosto The Wall Street Journal publicó una entrevista con el economista Dr. Nouriel Roubini, conocido por sus colegas economistas como el "Dr. Agorero" por su predicción de la crisis financiera de 2008. Hay un video de esta entrevista extraordinaria, que merece ser estudiada cuidadosamente, ya que muestra el pensamiento de los estrategas del Capital más perspicaces.


Roubini es totalmente escéptico acerca de la capacidad de los gobiernos y bancos centrales para evitar un nuevo colapso económico, y mucho menos para salir de la recesión actual. Él no cree que un nuevo brote de flexibilización cuantitativa, tasas de interés más bajas, o cualquiera de las otras medidas propuestas, vayan a suponer ninguna diferencia: "Si la gente no quiere pedir prestado", se pregunta, "¿para qué va a servir bajar las tasas de interés?"


Argumenta que la cadena de crédito se ha roto y que el capitalismo ha entrado en un círculo vicioso en el que el exceso de capacidad (sobreproducción), la caída de la demanda de los consumidores, los altos niveles de deuda… todo genera una falta de confianza en los inversionistas que a su vez se reflejará en fuertes caídas en la Bolsa de valores, caída de precios de los activos y un colapso en la economía real.


Llega a la conclusión de que la economía de mercado no puede evitar una recesión, porque "no hay suficiente demanda final". También relaciona esta falta de demanda a un largo período en que el capital ha exprimido a la mano de obra, y la proporción de los beneficios ha aumentado a expensas de los salarios. Destaca la intensificación de la explotación, los salarios reales estancados o en descenso, y los niveles sin precedentes de la desigualdad como un elemento central para el estado turbulento de la economía en el mundo.


Al igual que todos los demás economistas, Roubini no tiene solución real a la crisis actual, a excepción de más inyecciones monetarias de los bancos centrales para evitar otra crisis. Sin embargo, admitió con franqueza que la política monetaria por sí sola no será suficiente, y que las empresas y los gobiernos no están ayudando.


Europa y los Estados Unidos están llevando a cabo programas de austeridad para tratar de arreglar su endeudada economía, cuando deberían estar introduciendo un mayor estímulo monetario, dijo. Sus conclusiones no podrían ser más pesimistas: "Carlos Marx tenía razón, en algún momento el capitalismo podría destruirse a sí mismo", dijo Roubini. "Pensábamos que los mercados funcionaban. No están funcionando".


Al recortar los salarios, han recortado el mercado, reducido la demanda final y causado una sobreproducción (exceso de capacidad) a escala mundial: "No se pueden seguir desplazando los ingresos de los trabajadores a los capitalistas, sin provocar un exceso de capacidad y una falta de demanda total. Y eso es lo que está pasando", indicó el economista.


Roubini predijo que hay más de un 50% de posibilidades de que todo el mundo se sumerja en otra recesión global y los próximos dos o tres meses revelarán la dirección de la economía: "Estamos a velocidad de punto muerto en este momento, y no sabemos si vamos a ir arriba o abajo ", dijo.


Roubini dice que está convirtiendo su dinero en metálico, apostando principalmente en bonos del Tesoro de los Estados Unidos "Ahora no es el momento para los activos de riesgo", dijo. El entrevistador del Wall Street Journal, a este punto totalmente alarmado, preguntó a Roubini si pensaba que la caída del capitalismo era inminente. Éste respondió: "No estamos ahí todavía", pero dejó claro que él pensaba que estábamos de camino hacia una "segunda edición de la Gran Depresión".


¿Estaba equivocado Marx acerca de la revolución?


Contrariamente a la imagen reconfortante que se solía presentar del sistema capitalista ofreciendo un futuro seguro y próspero para todos, vemos la realidad de un mundo en el que millones de personas sufren de la pobreza y el hambre, mientras que los súper ricos se enriquecen cada día más.


Volvamos el artículo de John Gray:


"Una pequeña minoría ha acumulado una enorme riqueza pero incluso eso tiene una cualidad evanescente, casi fantasmal. En la época victoriana los verdaderamente ricos podían permitirse relajarse, siempre y cuando fueran conservadores en la forma en que invertían su dinero. Cuando a los héroes de las novelas de Dickens por fin les llega su herencia, no hacen nada el resto de su vida". "Hoy no hay un paraíso de la seguridad. Los giros del mercado son tales que nadie puede saber qué va a tener valor, incluso unos pocos años por delante". "Este estado de agitación perpetua es la revolución permanente del capitalismo y creo que va a estar con nosotros en cualquier futuro que sea realísticamente imaginable. Sólo hemos recorrido una parte del camino de una crisis financiera que pondrá muchas más cosas patas arriba".


¿Qué conclusión saca Gray de todo esto? Sólo que el capitalismo está destruyéndose a sí mismo: "El capitalismo ha conducido a una revolución, pero no a la que Marx esperaba. El apasionado pensador alemán odiaba la vida burguesa y miraba hacia el comunismo para destruirlo. Tal y como él predijo, el mundo burgués ha sido destruido".


Pero luego añade: "No fue el comunismo quien lo hizo. Es el capitalismo el que ha matado a la burguesía". Esta es una conclusión de lo más peculiar. La burguesía no ha sido "matada" en absoluto, por usar la terminología melodramática de Gray. Está muy viva. Tiene en sus manos la tierra, los bancos y las grandes corporaciones. Toma todas las decisiones fundamentales que afectan a la vida y el destino de millones de personas en el planeta.


Gente como Gray se ve obligada a admitir lo que no se puede negar. Sí, el sistema capitalista está en crisis. Todo el mundo sabe esto. Pero, ¿cuál es el antídoto a la crisis? Si el capitalismo es un sistema anárquico y caótico que desemboca inevitablemente en situaciones de crisis, entonces hay que concluir que con el fin de eliminar las crisis, es necesario abolir el sistema capitalista. Si dices "A", también se debe decir "B", "C" y "D", pero esto es lo que los economistas burgueses se niegan a hacer.


Lo que Gray y gente como él no pueden aceptar es que la crisis del capitalismo puede y va a terminar en la revolución socialista:


"Marx dio la bienvenida a la autodestrucción del capitalismo. Estaba seguro de que se produciría una revolución popular que instauraría un sistema comunista que sería más productivo y mucho más humano. Marx estaba equivocado sobre el comunismo. Donde fue proféticamente correcto fue en su comprensión de la revolución del capitalismo. No es sólo la inestabilidad endémica del capitalismo lo que él entendió, aunque en este sentido era mucho más perspicaz que la mayoría de los economistas de su época y la nuestra".


Pero ¡espere un minuto, señor Gray! ¿De verdad se imagina que una crisis que está arrojando el mundo al caos, que condena a millones de personas al desempleo, la pobreza y la desesperación, que le roba a la juventud su futuro y destruye la salud, la vivienda, la educación y la cultura… que todo esto puede ocurrir sin que se produzca una crisis social y política? ¿No puede ver que la crisis del capitalismo está preparando las condiciones para la revolución en todas partes?


Esto ya no es una propuesta teórica. Es un hecho. Si tomamos sólo los últimos doce meses, ¿qué vemos? Los movimientos revolucionarios se han producido en un país tras otro: Túnez, Egipto, Grecia, España… Incluso en los Estados Unidos tenemos el movimiento "Ocupa Wall Street" y antes que éste tuvimos las protestas masivas de Wisconsin.


Estos dramáticos acontecimientos son una clara expresión del hecho de que la crisis del capitalismo está produciendo una reacción masiva a escala mundial, y de que un número creciente de personas están empezando a sacar conclusiones revolucionarias. Esto fue resumido por Michael Moore en el programa de TV BBC Newsnight, cuando llegó a decir que "hay que acabar con el capitalismo". "Las naciones occidentales están ahora maduras para la revolución".


Esto es reconocido al menos por algunos de los estrategas del Capital, como Andreas Whittam Smith, un periodista financiero y fundador de The Independent. El jueves 20 de octubre, escribió un artículo con el título: Las naciones occidentales están ahora maduras para la revolución, donde dice:


"Si va a haber un estallido revolucionario, uno no recibe mucho aviso. Escribiendo de las revoluciones europeas de 1848, por ejemplo, un historiador [Peter N Staerns] señaló recientemente: ‘A principios de 1848 nadie creía que la revolución fuera inminente’.Ahora la razón por la que he vuelto a 1848 se debe a que esta fecha se repite continuamente en mi cabeza según se extiende la oleada de protesta contra el capitalismo contemporáneo por todo el mundo". "Ni París en 1968, ni tampoco 1917 a 1921 cuando, en el caos que siguió a la Primera Guerra Mundial, se estableció el dominio de los trabajadores temporalmente en algunas ciudades alemanas. En lugar de eso, he dirigido mi atención a 1848, cuando gran parte de Europa continental salió a la calle en lo que se hizo llamar la Primavera de las Naciones, o la Primavera de los Pueblos o el Año de la Revolución".


Whittam Smith, quien admite que estaría "horrorizado ante la perspectiva de la revolución o nada que se le parezca", sin embargo, cree que hay "una buena razón por la que debemos tener miedo": el intolerable abismo que se ha abierto entre ricos y pobres. Cita la consigna de "Ocupa Wall Street": "Lo único que todos tenemos en común es que somos el 99 por ciento que no tolerará más la codicia y la corrupción del uno por ciento" y continúa:


"Durante los últimos 25 años, el abismo entre los ingresos de los ricos y los pobres se ha ido profundizando. La disparidad que comenzó a desarrollarse en los Estados Unidos y el Reino Unido a finales de la década de 1970 se ha ido extendiendo. Un estudio de la OCDE publicado en mayo mostró que países como Dinamarca, Alemania y Suecia, que tradicionalmente han tenido una baja desigualdad, ya no se escapan". "El resultado es que en el Occidente industrializado el ingreso promedio del 10 por cien más rico de la población es de aproximadamente nueve veces mayor que el del 10 por ciento más pobre. Esa es una diferencia enorme. Y si la comparación se hace entre, por ejemplo, la paga de los directores de las grandes empresas en comparación con la de su personal, la diferencia es asombrosa. En muchos casos, los directores ganan 200 veces más que sus trabajadores peor remunerados. En algún momento, esta diferencia excesiva va a causar problemas. ¿Ha llegado ese momento?". "Para volver de nuevo a 1848, en otro relato, el profesor Stearns escribió que la mayoría de las revoluciones de 1848 estallaron sin orden ni concierto. ‘Normalmente, solía haber un período breve y confuso de reivindicaciones y manifestaciones, durante el cual la incertidumbre del gobierno contribuyó a prolongar la tensión’".


Hay un claro paralelismo entre esto y lo que vemos ahora. Que el movimiento de protesta actual es confuso en sus objetivos es evidente. Pero refleja un estado de ánimo general de ira que se está acumulando bajo la superficie y que tarde o temprano tiene que encontrar una salida. Una encuesta de la revista Time mostró algunos resultados interesantes:


 "Estados Unidos: 54% tiene una opinión favorable del movimiento ‘Ocupa Wall Street’, el 79% cree que la diferencia entre ricos y pobres ha crecido demasiado, el 71% cree que los altos directivos de las instituciones financieras deben ser llevados a juicio, el 68% piensa que los ricos deberían pagar más impuestos, sólo el 27% tiene una opinión favorable del movimiento Tea Party (33%desfavorable)".


Por supuesto, es demasiado pronto para hablar de una revolución en los Estados Unidos Pero está claro que la crisis del capitalismo está produciendo un creciente ambiente de crítica entre amplias capas de la población. Hay un fermento y un cuestionamiento del capitalismo que no existía antes. Se puede decir que estos movimientos de masas carecen de un programa claro, y eso es ciertamente el caso.


Pero son sin duda movimientos anticapitalistas, y tarde o temprano, en un país u otro, la cuestión del derrocamiento revolucionario del capitalismo se va a plantear.


¿No hay alternativa?


Los economistas burgueses son tan miopes y estrechos de miras que se aferran al anticuado sistema capitalista, incluso cuando se ven obligados a admitir que está en un estado terminalmente enfermizo y condenado al colapso. Imaginar que la raza humana es incapaz de descubrir una alternativa viable a este sistema podrido, corrupto y degenerado es francamente una afrenta a la humanidad.


¿Es realmente cierto que no hay alternativa al capitalismo? No, no es cierto. La alternativa es un sistema basado en la producción para las necesidades de la mayoría y no para beneficio de unos pocos; un sistema que reemplaza el caos y la anarquía con la planificación armoniosa, que sustituye al dominio de una minoría de parásitos ricos con el dominio de la mayoría que produce toda la riqueza de la sociedad. El nombre de esta alternativa es socialismo.


Uno puede discutir acerca de palabras, pero el nombre de este sistema es el socialismo –no la caricatura burocrática y totalitaria que existía en la Rusia estalinista, sino una verdadera democracia basada en la propiedad, control y gestión de las fuerzas productivas por la clase obrera–. ¿Es esta idea realmente tan difícil de entender? ¿Es realmente utópico sugerir que la raza humana puede apoderarse de su propio destino y gestionar la sociedad sobre la base de un plan democrático de producción?


La necesidad de una economía socialista planificada no es un invento de Marx o de cualquier otro pensador. Fluye de la necesidad objetiva. La posibilidad del socialismo mundial se deriva de las condiciones actuales del capitalismo mismo. Todo lo que se necesita es que la clase obrera, que constituye la mayoría de la sociedad, se haga cargo del funcionamiento de la sociedad, expropie los bancos y grandes monopolios y movilice al colosal potencial productivo no utilizado, para resolver los problemas de la sociedad.


En su Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx escribió lo siguiente:


"Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos se están gestando, las condiciones materiales para su realización".


Las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos ya existen. Durante los últimos 200 años, el capitalismo ha creado una fuerza productiva colosal. Pero es incapaz de utilizar este potencial al máximo. La crisis actual es sólo una manifestación del hecho de que la industria, la ciencia y la tecnología han crecido hasta el punto en que no se pueden contener en los estrechos límites de la propiedad privada y el Estado nacional.


Hace veinte años, Francis Fukuyama habló del fin de la historia. Pero la historia no ha terminado. De hecho, la verdadera historia de nuestra especie sólo se iniciará cuando se ponga fin a la esclavitud de la sociedad de clases y comencemos a establecer el control sobre nuestras vidas y destinos. Esto es lo que el socialismo realmente es: el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad.


La crisis actual no es más que una manifestación de la rebelión de las fuerzas productivas contra estas limitaciones sofocantes. Una vez que la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología sean liberadas de las restricciones sofocantes del capitalismo, las fuerzas productivas serían capaces de satisfacer inmediatamente todas las necesidades humanas sin ninguna dificultad.


Por primera vez en la historia, la humanidad estaría libre para desarrollar todo su potencial. Una reducción general del tiempo de trabajo constituiría la base material para una auténtica revolución cultural. La cultura, el arte, la música, la literatura y la ciencia se elevarían a alturas inimaginables.

 
 
http://lalineadefuego.info/2011/12/09/marx-tenia-razon-por-alan-woods/

Derrotar el capitalismo implica superar el individualismo en la izquierda

Por Nico Fuentes  (Portal Rodriguista)
En la carta de despedida que Ernesto Che Guevara escribió a sus hijos, les dice: “Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada”. Sus palabras cobran hondo sentido hoy cuando la humanidad despierta de un letargo de 20 años de oscurantismo neoliberal, donde el individuo es el centro de todas las cosas y lo colectivo es negado de manera absoluta.

Pero cuando uno se refiere a ese despertar es importante aclarar que la pesadilla del dominio capitalista, sin contrapeso alguno aún está lejos de terminar. Si bien, la realidad demuestra que el sistema avanza hacia una crisis terminal, es fundamental no sacar cuentas alegres y apresuradas. El fin del capitalismo sólo será una feliz realidad si la humanidad asume una lucha conciente y colectiva, que sitúe en el centro la construcción de un modo de producción alternativo al actual, que reduce al ser humano y a la naturaleza a nivel de simple mercancía.

Avanzar en ese proceso en las últimas dos décadas ha sido infructuoso debido al inmovilismo y a la profunda dispersión de la izquierda. La caída de los socialismos reales y la tesis absurda del Fin de la Historia y las Ideologías, pregonada por el totalitarismo ideológico capitalista, generaron las condiciones para imponer un proceso expansivo de explotación y acumulación de riqueza sin precedentes. El nuevo orden impulsado por el imperialismo norteamericano, fue rápidamente aceptado por amplios sectores de la izquierda en el mundo, en algunos casos por una evidente debilidad ideológica y de principios, y en muchos otros, por simple oportunismo.

La ideología capitalista en su versión neoliberal, anunció en forma hipócrita el fin de las ideologías y caló hondo en la subjetividad de los pueblos. Los medios de comunicación en manos del imperialismo, impusieron a través de un bombardeo mediático continuo la idea falaz del neoliberalismo como única alternativa. El “cacareo” permanente de los agoreros del capital, las demostraciones de fuerza de Estados Unidos en Panamá, Afganistán e Irak y la progresiva descomposición política y social en los países socialistas que abrieron de par en par sus puertas al dogma neoliberal, sumieron a vastos sectores de la humanidad en una derrota de carácter subjetiva.

No obstante, ya en la década de los 90 comenzó a emerger de manera espontánea un movimiento de resistencia que expresó en diversas partes del mundo, su rechazo al proceso de globalización neoliberal impulsado por Estados Unidos y sus aliados. El clímax de esa resistencia se vivió en Argentina en 2001, producto de la grave crisis económica, política y social a la cual condujo el recetario económico del Fondo Monetario Internacional (FMI). Si bien, la rebelión popular tumbó consecutivamente a los gobiernos de Fernando De La Rúa y de Adolfo Rodríguez, el carácter espontáneo del movimiento y la falta de conducción política, impidieron que la furia contestataria de los descontentos se transformara en una fuerza capaz de liderar un proceso revolucionario.

Diez años más tarde, en el contexto de una nueva crisis del capitalismo que estalló en 2008 en Estados Unidos con la “burbuja” inmobiliaria, asistimos a una ola de protestas que expresan un rechazo visceral al sistema en Grecia, España, Francia, Inglaterra, Japón, Israel, Estados Unidos, Chile y recientemente en Colombia, los estudiantes también han salido a la calle a luchar contra la privatización y el lucro en la educación. La diferencia con el movimiento anti globalización de los noventa radica no sólo en el carácter masivo de las protestas de los “indignados”. Esta vez la crítica va dirigida a la estructura del modelo: lucro excesivo, creciente desigualdad social, aumento de la pobreza, concentración ilimitada de la riqueza, incremento de la explotación y deterioro ambiental progresivo, entre otros aspectos.

Sin embargo, la similitud con los movimientos anti globalización y con el proceso de Argentina en 2011, es preocupante. El carácter espontáneo y reactivo, la falta de conducción política y de un proyecto de construcción alternativo al capitalismo, son el talón de Aquiles de los indignados. La rabia y la indignación son claramente insuficientes para derrotar al capitalismo, porque jamás existirá tal derrota sin un proyecto y una fuerza política que permita construir una sociedad superior desde el punto de vista productivo y moral. Mientras en la lucha contra el sistema primen el espontaneísmo y visiones individualistas propias del anarquismo, el capitalismo sobrevivirá.

El caso chileno

En Chile, el movimiento estudiantil ha liderado y sentado las bases para un cambio estructural, que sin duda requiere de la participación activa del resto del pueblo, principalmente de los trabajadores, que deben asumir el rol histórico que les corresponde. Los estudiantes en su lucha contra el lucro y por una educación pública gratuita y de calidad, han apuntado al corazón de un modelo fracasado, que hace de la ganancia y la especulación un fin en sí mismo. La realidad es elocuente: el 70 por ciento de la población no cuenta con los medios para que sus hijos accedan a la educación superior. La salud digna y de calidad es un privilegio de la minoría y la previsión de los chilenos ha sido esquilmada por las Administradoras de Fondos de Pensiones ( AFP). Sólo entre abril y septiembre de 2011, dilapidaron $ 25 mil millones, asegurando para sí millonarias ganancias con el fruto del trabajo de los chilenos. Los ingresos escandalosos de la banca ($ 1.170 millones) y de las isapres ($ 45 mil millones) en el primer semestre de 2011, completan el cuadro de descomposición profunda del modelo de acumulación impuesto por el imperialismo en 1973, legitimado y administrado por La Concertación.

En este marco, el apoyo a las demandas estudiantiles ha sido masivo. Los chilenos comprenden progresivamente que no se trata de un problema de carácter sectorial. El lucro, la explotación y la especulación son consustanciales a un sistema fracasado que ya no resiste soluciones de parche. Los estudiantes tienen clara la profundidad y proyección que puede tener un movimiento, que a diferencia de otros procesos similares en el mundo, no es espontáneo. La dirigenta Camila Vallejos lo expresó claramente en Europa al señalar que “el movimiento estudiantil chileno no es espontáneo, sino un proceso largo basado en un análisis profundo de lo que sucede en Chile, de la injusticia, indicó. “Ahora, hay que mirar enfrente, construir una alternativa para el país y proyectar políticamente este movimiento, porque por primera vez, una demanda sectorial pasó a ser un movimiento social que incluye a muchos sectores”, concluyó.

Por ello, resulta central comprender que la derecha pinochetista y la Concertación, que en forma oportunista radicaliza sus posturas y hace denodados esfuerzos de último momento para subirse al carro del descontento popular, nada tienen que ofrecer al país. Son el águila bicéfala que gobernó el país los últimos 38 años, a través del genocidio, la traición, la apropiación indiscriminada de los recursos naturales de los chilenos y de una sumisión pusilánime a los intereses del imperialismo. Es de esperar, que los estudiantes profundicen el movimiento y efectivamente, junto a otros sectores sociales como los trabajadores, lo proyecten políticamente. Para lograrlo, deberán actuar con firmeza frente a las presiones del Partido Comunista que pretende bajar la intensidad del movimiento para negociar migajas electorales de corto plazo y continuar actuando en el marco de un sistema espurio.

Hoy es importante dar un salto cualitativo en la lucha. Pasar de la resistencia contestataria a la construcción de un proyecto socialista, que asuma el desafío de representar los intereses del pueblo, sin ambigüedades de ninguna índole. Una democracia popular de carácter participativa que nos permita avanzar en la nacionalización de los recursos natulares, empresas de servicios básicos y la banca. Es fundamental estatizar las Isapres y las AFPs, para terminar con el robo institucionalizado a millones de trabajadores chilenos. La Presidenta Cristina Kirchner estatizó las AFPs en Argentina, entre muchas otras medidas que contravienen el ideario neoliberal, y ha sido reelegida por abrumadora mayoría.

También es esencial realizar un cambio estructural en las fuerzas armadas y expulsar a los golpistas, a quienes participaron directa o indirectamente en violaciones a los derechos humanos. La misma suerte deben correr los miembros de Carabineros que reprimen de manera brutal las movilizaciones estudiantiles y del pueblo mapuche. Es fundamental eliminar la Doctrina de Seguridad Nacional impuesta por Estados Unidos durante la Guerra Fría, que organiza y prepara a los ejércitos latinoamericanos, entre ellos al chileno, para reprimir al pueblo y cautelar los intereses del imperialismo. El carácter de la seguridad nacional debe supeditarse directamente a los intereses del pueblo y de la región, donde los países hermanos avanzan en la construcción de una alternativa al neoliberalismo y hacia una integración plena.

Lo anterior, involucra necesariamente el fin de la constitución pinochetista y la redacción de una nueva carta fundamental que exprese y al mismo tiempo sea resultado de un cambio estructural real. Quienes pretenden modificar la constitución para luego cambiar la realidad, no comprenden que toda constitución es síntesis y expresión de los cambios materiales concretos que imponen las clases en pugna, organizadas como fuerzas políticas, en un determinado momento histórico. Esta imposición puede ser a través de elecciones o por la vía violenta. El imperialismo, de acuerdo a sus intereses, utiliza ambas de manera permanente con la destreza del mejor de los prestidigitadores.

Lo importante es entender que en Chile están dadas las condiciones para avanzar en la conformación de una fuerza de izquierda capaz de acometer los desafíos antes señalados. Para ello, es esencial contar con un proyecto político que aglutine a una mayoría amplia y perfilar un liderazgo que represente a quienes apostamos por construir una alternativa al capitalismo. Ello nos permitirá acumular fuerza y actuar en distintos ámbitos del quehacer político nacional, incluidas las elecciones presidenciales.

Si por el contrario, permanecemos aferrados a los límites estrechos de la lucha reivindicativa, apostando al logro de prebendas económicas específicas de carácter sectorial, prevalecerá el sistema aún en crisis. El individualismo instalado a nivel social - además del poder de fuego del imperialismo, que en plena crisis se prepara para la guerra - ha jugado un rol central en la reproducción del modelo. De la superación de ese individualismo consustancial al capitalismo, que hasta ahora también predomina en el accionar de la izquierda, dependerá la construcción de una alternativa.

Tal como planteó el Che a sus hijos, no hay que olvidar que lo importante es el proceso colectivo a construir y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada.

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La desmovilizacion de los combatientes de las FARC-EP es imposible

La desmovilizacion de los combatientes de las FARC-EP es imposible

 

Por Sergio Camargo

 

 

El mundo que dirigen los fascistas esta de fiesta y no es para menos, pues un país rico en petróleo y otras riquezas acaba de ser destruido y sus principales líderes y una parte de su pueblo asesinados, mientras otros gobiernos de África, Asia y América obedecen los designios del imperio sin pestañear, agudizando aun mas el empobrecimiento de sus pueblos y la pauperización de la cultura de la honorabilidad y de la dignidad.

 

Con respecto a la guerra civil colombiana que lleva aproximadamente 191 años y que se declaro con mas nitidez a partir de 1960 cuando los comandos guerrilleros tomaron forma y se convirtieron en grupos político-militares con ideología comunista, -excepto un caso- para enfrentarse al poder oligárquico imperante para tratar de recuperar ese poder que el bipartidismo, liberal y conservador, habían logrado arrebatarle al pueblo colombiano mediante el crimen, la barbarie, la corrupción y el engaño a mediados del siglo XIX.
Hombres y mujeres, bravos, gloriosos honestos y decididos empuñaron el fusil creando las dos guerrillas mas importantes del país y del continente americano para combatir esa lumpen oligarquía colombiana, pues esta clase dominante representada en el bipartidismo, no dejaba otra opción. Su susodicha democracia apestaba a sangre, a violaciones de toda índole, a corrupción, a exclusión y racismo. Nacían entonces, los movimientos político-militares llamados: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y Ejército de Liberación Nacional.
La violencia impuesta por la clase dominante después de casi un siglo a todo un pueblo, era esta vez confrontada por una parte de esa clase explotada y vilipendiada que ya no tragaba entero, que ya no admitía tanta villanía y tanta felonía. Ese apestoso bipartidismo rodeado de una minoría de colombianos y sostenido por una fuerzas armadas y de policía enteramente entregadas al bandolerismo y al crimen sin limites, sintió miedo, sintió terror y como monstruo herido corrió al abismo de la guerra sucia y desenfrenada como solución expedita para salvaguardar sus enormes intereses y en ningún momento pensó racionalmente detener la confrontación matando sus errores, dando cabida a las mayorías y abriendo y extendiendo un dialogo productivo para beneficio de todas y todos.
Pero no solo esa apestosa clase colombiana en el poder, desde siempre y para siempre, sintió terror del despertar de una parte de pueblo en armas, sino que el imperio en su inmensa suciedad y codicia, en su eterna lucha por someter a sus semejantes que cree inferiores, se aterrorizó y quien dijo miedo, la “democracia” colombiana debería ser armada, asesorada y aconsejada una vez mas y con mas asiduidad, para que enfrentara y eliminara el comunismo que llegaba al continente para robarle su “libertad”, su democracia” y su “paz”. No se permitiría otra Cuba. No Señores!
La incruenta guerra en Colombia continuaba, pero ya no esta vez entre grupos armados pertenecientes al partido liberal y escuadrones de la muerte a sueldo del partido conservador, incluidas fuerzas militares y de policía. No, esta vez era entre un régimen bipartidista, conformado por los liberales y conservadores, que había hecho la paz militar, para así repartirse el poder y las gabelas que da estar en el poder, contra una guerrilla de izquierda que hablaba y se expresaba en nombre de los millones de colombianos y colombianas excluidos y sin voz, y que el corrupto poder oligárquico jamás quiso escuchar. ¿Y es que los ha escuchado alguna vez?
A falta de una reforma agraria el régimen dictatorial reforzaba sus fieras fuerzas de represión, a falta de soluciones a los problemas sociales y económicos de las mayorías, el régimen –que es la misma oligarquía- reprimía asesinando y encarcelando lideres populares y opositores, a la falta de empleo, el régimen atizo la creación y mantenimiento de escuadrones de la muerte, camuflados en grupos privados de vigilancia (Convivir), para que cuidara y protegiera terratenientes, empresarios, banqueros, transnacionales y sus vastos intereses. A falta de educación gratuita y de calidad, la oligarquía político-económica y militar siguió dejando en manos de la oligarquía eclesiástica la manera de someter al pueblo y volverlo mas creyente, pacifico y pendejo, así el hambre y la miseria siguiera su desbastador camino, pues es mejor ver a un pobre y hambriento con la Biblia bajo el brazo, que con un fusil defendiendo sus derechos. A falta de una información sana y veras, la oligarquía ha sabido imponerle al pueblo mediante sus propios medios de comunicación la mentira, la morbosidad, la bajeza y el porno. Haciéndole creer que la guerra es buena y conveniente cuando ellos matan y destruyen y es horrible e injusta cuando los revolucionarios de verdad la aplican como única solución a los grandes males.
Los diálogos o negociaciones en el Caguan entre la oligarquía y las FARC-EP, solo sirvieron para que esta podrida elite, se fuera alistando para endurecer la guerra, que por orden imperial estadounidense, iría a ser con modernidad, mas feroz y mas democrática, pues ya no solo los rebeldes en armas serian asesinados con la tecnología de punta proveniente del imperio, sino que los lideres populares, lideres campesinos e indígenas, sindicalistas, periodistas alternativos y honestos opositores políticos entre otros, caerían ante las balas de las fuerzas de represión y los escuadrones de la muerte, ambos al servicio de este régimen dictatorial, y todo lo anterior en la mas completa impunidad y el silencio cómplice de la comunidad internacional –Estados Unidos, Inglaterra y Francia-.
Hoy en día, Colombia esta dirigida por la mafia. Una mafia entregada al comercio de las drogas, la prostitucion y el crimen. El país dirigido por esa oligarquía mafiosa esta entregada a los intereses imperialistas, que a su vez la protege con armamento moderno y le ayuda a eliminar a los rebeldes de todo orden. Esta oligarquía no sabe que es un dialogo, no tiene esa cultura ni la busca. La elite colombiana posee la cultura de la guerra, y engañando chantajeando o sobornando logran sus objetivos, es por esto que la mayoría de sus conciudadanos se resignan, se someten o en su defecto desaparecen.
La guerrilla de las FARC-EP y también el ELN, son concientes que una desmovilización es una condena a desaparecer físicamente. Los miles de combatientes serian procesados peor que a criminales y condenados sin piedad y con parcialidad y los muchos que pudieran salvarse de condenas vengativas y asesinatos, pasarían a engrosar esa enorme masa de miserables sin empleo, sin vivienda, sin derecho a la salud ni a la educación y a ser perseguidos eternamente por los políticos, empresarios, terratenientes y sus escuadrones de la muerte.
Los comandantes, salvo algún caso de sumisión extrema, serian enjuiciados, -si están con vida- y sus actos de guerra revolucionarios, puestos en la palestra publica como hechos criminales y tratados de terroristas sin ninguna ideología y, pobre de aquellos que defendieran su causa revolucionaria, pues inmediatamente les seria fabricados expedientes en los cuales se “comprobaría” su participación en el narcotráfico, y el imperio con toda su moral que le es debida, los pediría en extradición para condenarlos por trafico de estupefacientes.
Y como en el caso del comandante Simon Trinidad (condenado en Estados Unidos a 60 años por secuestro) a quien no pudieron comprobarle este delito de narcotráfico, a los comandantes se les acusaría de atentar contra los intereses de los Estados Unidos y serian condenados a sesenta, ochenta o quizás doscientos años, por ser verdaderos revolucionarios socialistas, a pesar de que la guerrilla colombiana jamás ha puesto en peligro la seguridad de ningún país del mundo, como tampoco la de los cuarenta millones de colombianos y colombianas que viven en la pobreza y el abandono.
Nota:
La democracia colombiana es sui generis, el noventa y cinco por ciento de sus políticos están asociados a la mafia y al crimen organizado; sus fuerzas armadas y de policía se comportan con la población civil peor que un ejército de ocupación y los sucesivos gobiernos obedecen al pie de la letra las ordenes emanadas del régimen estadounidense. La prensa es libre… de copiar y publicar diariamente todo lo que “informa” la prensa imperialista.

Sergio Camargo, es autor entre otros de los libros Democracia Real Universal y El Narcotraficante N° 82 Álvaro Uribe Vélez. Ha sido director de la revista Universo Latino y autor de numerosos artículos sobre la realidad latinoamericana y mundial.