Blogia
T r i b u n a c h i l e n a

Opinion

Cuba: Reflexiones del compañero Fidel. Haití pone a prueba el espíritu de cooperación

Cuba: Reflexiones del compañero Fidel. Haití pone a prueba el espíritu de cooperación Las noticias que llegan de Haití configuran el gran caos que era de esperar en la situación excepcional creada por la catástrofe.


Sorpresa, asombro, conmoción en los primeros instantes, deseos de prestar ayuda inmediata en los más apartados rincones de la Tierra. ¿Qué enviar y cómo hacerlo hacia un rincón del Caribe, desde China, India, Vietnam y otros puntos ubicados a decenas de miles de kilómetros? La magnitud del terremoto y la pobreza del país generan en los primeros instantes ideas de necesidades imaginarias, que dan lugar a todo tipo de promesas posibles que después se tratan de hacer llegar por cualquier vía.


Los cubanos comprendimos que lo más importante en ese instante era salvar vidas, para lo cual estábamos entrenados no sólo frente a catástrofes como esa, sino también contra otras catástrofes naturales relacionadas con la salud.


Allí estaban cientos de médicos cubanos y, adicionalmente, un buen número de jóvenes haitianos de humilde origen, convertidos en bien entrenados profesionales de la salud, una tarea en la que hemos cooperado durante muchos años con ese hermano y vecino país. Una parte de nuestros compatriotas estaban de vacaciones y otros de origen haitiano se entrenaban o estudiaban en Cuba.


El terremoto superó cualquier cálculo; las casas humildes de adobe y barro ­­─de una ciudad con casi dos millones de habitantes­─ no podían resistir. Instalaciones gubernamentales sólidas se derrumbaron, manzanas completas de viviendas se desplomaron sobre los moradores, que a esa hora, al iniciarse la noche, estaban en sus hogares y quedaron sepultados bajo las ruinas, vivos o muertos. Las calles repletas de personas heridas clamaban por auxilio. La MINUSTAH, fuerza de Naciones Unidas, el Gobierno y la Policía quedaron sin jefatura ni puesto de mando. En los primeros instantes, la tarea de esas instituciones con miles de personas fue saber quiénes quedaban con vida y dónde.


La decisión inmediata de nuestros abnegados médicos que laboraban en Haití, así como de los jóvenes especialistas de la salud graduados en Cuba, fue comunicarse entre sí, conocer de su suerte y saber con qué se contaba para asistir al pueblo haitiano en aquella tragedia.


Los que estaban de vacaciones en Cuba se dispusieron de inmediato a partir, así como los médicos haitianos que se especializaban en nuestra Patria. Otros expertos cubanos en cirugía que han cumplido difíciles misiones se ofrecieron para partir con ellos. Basta decir que antes de 24 horas ya nuestros médicos habían atendido a cientos de pacientes. Hoy 16 de enero, a sólo tres días y medio de la tragedia, se elevaba a varios miles el número de personas afectadas que habían sido ya asistidas por ellos.


En horas del mediodía de hoy sábado, la jefatura de nuestra brigada informó entre otros datos los siguientes:


“…realmente es encomiable lo que están haciendo los compañeros. Es opinión unánime que Pakistán ha quedado pequeño -allí hubo otro gran terremoto donde algunos laboraron-; en aquel país muchas veces recibían fracturas incluso mal consolidadas, algunos aplastamientos, pero aquí ha sobrepasado todo lo imaginable: amputaciones abundantes, las operaciones prácticamente hay que hacerlas en público; es la imagen que habían imaginado de una guerra.”


“…el hospital Delmas 33 ya está funcionando; el mismo tiene tres salones quirúrgicos, con plantas eléctricas, áreas de consulta, etcétera, pero está absolutamente repleto.”


“…12 médicos chilenos se han incorporado, uno de ellos anestesiólogo; también ocho médicos venezolanos; nueve monjitas españolas; se espera la incorporación, de un momento a otro, de 18 españoles a los cuales la ONU y Salud Pública haitiana les había entregado el hospital, pero les faltaban recursos de urgencia que no habían podido arribar, por lo que decidieron sumarse a nosotros y comenzar de inmediato a trabajar.”


“…fueron enviados 32 médicos residentes haitianos, seis de ellos iban a ir directo a Carrefour, un sitio totalmente devastado. También viajaron los tres equipos quirúrgicos cubanos que llegaron ayer.”


“…estamos operando las siguientes instalaciones médicas en Puerto Príncipe:


Hospital La Renaissance.


Hospital del Seguro Social.


Hospital de la Paz.”


“…funcionan ya cuatro CDI (Centros de Diagnóstico Integral).”


En esta información se transmite sólo una idea de lo que están haciendo en Haití el personal médico cubano y de otros países que laboran con ellos, entre los primeros que llegaron a esa nación. Nuestro personal está en disposición de cooperar y unir sus fuerzas con todos los especialistas de la salud que han sido enviados para salvar vidas en ese pueblo hermano. Haití podría convertirse en un ejemplo de lo que la humanidad puede hacer por sí misma. La posibilidad y los medios existen, pero la voluntad falta.


Cuanto más tiempo se dilate el entierro o la incineración de los fallecidos, la distribución de alimentos y otros productos vitales, los riesgos de epidemias y violencias sociales se elevan.


En Haití se pondrá a prueba cuánto puede durar el espíritu de cooperación, antes de que el egoísmo, el chovinismo, los intereses mezquinos y el desprecio por otras naciones prevalezcan.


Un cambio climático amenaza a toda la humanidad. El terremoto de Puerto Príncipe, apenas tres semanas después, nos está recordando a todos cuán egoístas y autosuficientes nos comportamos en Copenhague.


Los países observan de cerca todo lo que ocurre en Haití. La opinión mundial y los pueblos serán cada vez más severos e implacables en sus críticas.


Fidel Castro Ruz
Enero 16 de 2010
7 y 46 p.m.

Chile al borde del balotage

Chile al borde del balotage Andrés Figueroa Cornejo

1.
El sábado pasado, en Avenida España con Salvador Sanfuentes, en Santiago viejo, hubo un accidente de tránsito –de los cientos que se producen a diario-, que afortunadamente, no terminó en tragedia. Lo cierto es que, azarosamente, fui el primero en llegar a la ventana abierta del chofer del taxi, cuyo automóvil fue detenido por un frenazo efectivo y un árbol añoso que soportó dignamente el impacto. El conductor, que para el caso, no tuvo la culpa, amortiguó el golpe con el manubrio acolchado. Su frente y nariz ya se tornaban violeta cuando insistentemente le pregunté su nombre para cerciorarme de que estuviera conciente. Sin embargo, en vez de su nombre y sin mirarme, comenzó a decir “estoy arruinado, debo 8 cuotas del auto, estoy arruinado.” Insistí sobre qué día era, cuántos años tenía, y el taxista continuó con la cantinela de la deuda del taxi.

Me despedí cuando llegó la ambulancia y revisé mentalmente las lecturas adolescentes de Freud y sus famosas pulsiones y principios de vida como motor existencial, oscuro y último del ser humano. ¿Freud refutado ese sábado, en Chile de 2010? El conductor no estaba preocupado de su integridad inmediatamente segundos luego del accidente, sino de las cuotas impagas del auto vuelto acordeón de lata. La incertidumbre económica y el miedo laboral por sobre el principio de vida. Una fotografía de la miseria social que hay que detener de una vez y la confirmación de que el ser social –su lugar en las relaciones sociales y materiales de sobrevivencia- determinan la conciencia. ¿La industria comercial del día de las madres será la sublimación capitalista del complejo de Edipo?

2.
El brillante autor de Conversación en La Catedral y La Guerra del Fin del Mundo, de origen peruano y nacionalizado español –por voluntad propia-, Mario Vargas Llosa, estuvo en Chile, alojando en la casa del archimillonario y candidato de la vieja derecha a las elecciones presidenciales, Sebastián Piñera. Muchas de sus novelas están tan cerca de la perfección, como sus posiciones políticas de la elite gobernante, antisocial y minoritaria mundial. También, como tira de humor del más negro, fue extrañamente invitado por la presidenta Bachelet a la inauguración del Museo de la Memoria, una obra arquitectónica que pretende monumentalizar, y, por tanto, petrificar como fetiche del olvido invertido, parte de las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura pinochetista. Allí Vargas Llosa fue ampliamente pifiado por varios de los presentes, por razones obvias (pese a los resguardos policiales y las entradas contadas). Quien escribiera Pichula Cuéllar representa a la plétora de intelectuales bien premiados por defender a rajatabla los intereses del imperialismo norteamericano y atacar sistemáticamente a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Bolivia, gobiernos que, sin duda, los detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y torturados de la tiranía abrazaron y abrazarían si estuvieran aún entre nosotros (aunque, a decir verdad, están siempre entre nosotros, como incendio amoroso que ilumina la futura emancipación de los pueblos). En entrevista para el órgano oficial de los patrones en Chile, El Mercurio, Vargas Llosa, consultado sobre la evolución de la derecha chilena, respondió que “hay una actitud de gran sensatez prácticamente en todo el cuerpo político, de la derecha a la izquierda, de comunistas a conservadores. En este sentido, creo que es muy importante el triunfo de Sebastián (Piñera). Es una manera de mostrar una derecha moderna, democrática y liberal.” Por moderna, debe referirse a la idea piñerista de precarizar aún más el trabajo; por democrática, a la promesa populista de dar un millón de empleos (¿Habrá que pavimentar la Antártica?); y liberal por el discurso unidireccional y ultrareaccionario del canal televisivo de propiedad del candidato de la antigua derecha. El escritor afirmó que el eventual triunfo de Piñera “va a marcar un hito en la historia (…) Porque los latinoamericanos empezarán a entender que los empresarios no son los enemigos de los pobres.” Es efectivo, los empresarios, los grandes capitales, el capitalismo no es enemigo de los pobres. Es enemigo de la humanidad en general. Si en la actualidad, el movimiento del capital se agencia utilidades desesperada y vorazmente a costa de la sobrevivencia del planeta y sus habitantes; si nunca en la historia de este asterisco azul que nos tocó por suelo el trabajo asalariado había sido tan amplio y mal pagado, y la propiedad de la riqueza tan concentrada en los menos; si jamás se había tenido conocimiento de un imperio con una capacidad militar misteriosamente criminal; entonces el capitalismo es enemigo de la humanidad, no sólo de la mayoría pobre. Finalmente, alguien debería haberle recordado a Vargas Llosa que en Chile, una lengua amenazada vertiginosamente por el Pacífico, con miles de kilómetros de costa, hay mucha gente, niños y adultos, que todavía no conocen el mar salvo por panfletos de turismo para extranjeros.

3.
El Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores ha llamado a anular a las dos derechas que se presentan al balotage del 17 de enero. Las razones han sido expuestas profusamente. Asimismo, son muchos otros chilenos y chilenas, trabajadores, intelectuales, pobres y mapuche que han manifestado organizadamente que harán lo mismo. La brigada histórica de la izquierda tradicional pega en las paredes que “los nazis votan nulo”. Pero, en realidad somos la negación del nazismo o el fascismo. La Concertación no puede emplear como chivo expiatorio de su posible fracaso electoral, resultado general de sus políticas antipopulares, a segmentos de pueblo que comienzan a construir una nueva alternativa de izquierda anticapitalista, independiente de los intereses de las clases dominantes y sus partidos y agrupaciones. Para los de abajo las cosas siempre han sido difíciles. Y el miedo se destruye con claridad política. Anular a los representantes del capitalismo brutal que gobierna Chile desde hace 37 años, es apenas un gesto –que no la gesta- del prólogo de un nuevo bloque que persigue un gobierno de trabajadores y pueblos, un sistema que colectivice los beneficios del trabajo, renuncie firmemente al desarrollismo destructivo y se concentre en el género humano y su felicidad plena. Durante el último debate televisivo, Piñera reconoció poseer 2 mil millones de dólares y Frei 4 millones de dólares en sus arcas personales. Ellos no son de los nuestros, de la mayoría. Es cierto, todavía no es la hora nuestra. Pero se acerca como un punto de luz después de una larga noche cerrada.
Enero 13 de 2010

En defensa del voto nulo… Mi respuesta a la carta de Carmen María Swinburn y Malucha Pinto

En defensa del voto nulo… Mi respuesta a la carta de Carmen María Swinburn y Malucha Pinto

escrito por Hernán Montecinos
lunes, 11 de enero de 2010

Circula por Internet una carta firmada por Carmen María Swinburn, dirigida a “mis compañeras y compañeros que piensan votar nulo o blanco, para aquellos y aquellas de las luchas de siempre” y a quienes “les duele, como a mí, votar por una Concertación que no ha sabido refundarse, ni renovarse”.
La misiva es acompañada por una introducción de la actriz Malucha Pinto, en que dice recordar un viaje a Canadá después que “el pueblo canadiense, cansado de los errores y desaciertos de sus gobiernos socialdemócratas, votó por la derecha (...) Los canadienses estaban arrepentidos y la aplanadora derechista avanzaba de manera sutil pero categórica”. Tanto Swinburn como Pinto dicen no sentirse representadas por la Concertación, pero así y todo creen que hay que seguir votando por ésta, ante una encrucijada que estiman no tiene otra salida.
-----------------------------------------------------------------------

A decir verdad, existen varias cartas de este tenor que andan circulando por los distintos correos y medios informativos. Si he querido dar respuesta a ésta, ha sido atendiendo a que, a los que hemos anunciado nuestra voluntad de anular nuestros votos, se nos ha querido, anticipadamente culpabilizar de que seríamos los responsables en caso lograra triunfar el candidato de la derecha.

Y si bien, ésta es una respuesta a dicha carta, por extensión, también lo es a varias otras que he recibido desde las más diversas fuentes, para tratar de convencerme que votar nulo sería igual a votar por Piñera. Sin duda, una extraña forma de sacar las cuentas: NO VOTAR por Piñera sería igual a votar por éste (¿)

Lo curioso de todo, es que a falta de argumentos para promover los supuestos méritos del candidato Frei, se nos siga insistiendo, majaderamente, votar por él, bajo el sólo expediente “para que no salga la derecha”. Se nos dice, al respecto, que es preferible elegir el mal menor antes que ninguna otra cosa; algo así como sacarnos un premio de consuelo para llevarlo a la casa. Sin embargo, pasan por alto que, para nosotros, no resulta ser ésta una elección que particularmente nos motive ni interese, toda vez que decidir votar entre dos candidatos que no nos interpretan en lo absoluto, no nos deja otra opción que anular nuestros votos.

Así, como quiera que sea, nada hay en esta elección que nos pueda atraer, no tan sólo por ser ambos candidatos los mejores exponentes representativos del neoliberalismo en nuestro país sino, fundamentalmente, porque el llamado que se nos hace, desde la Concertación, lleva el escondido propósito de amedrentarnos y también de chantajearnos. En efecto, si no votamos por Frei, se acaba Chile, es lo menos que se dice. Por cierto, una amenaza que no nos amedrenta, en tanto convencidos que votar por el demonio, o por el diablo, viene a ser la misma cosa. En ambos casos, nos seguiríamos quemando en la misma hoguera neoliberal, aquella que encendió la dictadura, y cuya llama la Concertación ha sabido mantener plenamente viva.

Llama la atención, particularmente, aquella parte de la carta que, a manera de pregunta, nos interpela: “votar nulo o blanco, ¿a quién castigas? ¿A quién perjudicas?

Confieso que no sabía, -como se desprendería de estas dos preguntas- que uno tiene que ir a votar para “castigar” o “perjudicar” a un determinado candidato. Si así fuera, quiere decir que Carmen María Swinburn y Malucha Pinto nos estarían dando a conocer un sistema de elecciones mucho más malsano y perverso de lo que pudiéramos imaginarnos. Digo esto, porque hasta donde yo sepa, - y la práctica política de años así me lo han hecho saber- uno vota por aquello con lo cual tiene más afinidad. Es decir, un voto de consciencia que esté en correspondencia con nuestro pensamiento ideológico, entendiendo este último como el modo que tenemos de concebir el tipo de sociedad que queremos. No me cabe en la cabeza aquello de votar por conveniencia, por comodidad, ni menos por temor. Las elecciones no pueden quedar supeditadas simplemente a una especie de juego maquiavélico, haciéndole perder su intrínseca naturaleza, aquella que está en la piel de sus valores fundacionalistas que le dieron origen.

En este marco, parto de la base, que si no hay un candidato que represente genuinamente nuestras aspiraciones, no tendríamos por qué estar obligados a votar por éstos. Si existiera inscripción obligatoria y votación voluntaria, la cosa sería más simple, no nos molestaríamos en ir a votar y hasta ahí no más llegaría la cosa. Pero es el caso que las próximas elecciones son obligatorias para los que estamos inscritos en los registros electorales, y por tal, obligados a ir a votar así sea no haya ningún candidato que genuinamente nos interprete.

Ahora bien, sabemos que en Chile el sistema político binominal impuesto, se ha arraigado muy fuertemente en la piel de los chilenos. Este ha sido, entre otros, el hecho fundamental para que la izquierda en nuestro país no haya podido levantar cabeza, amén de sus errores propios. Resulta muy difícil desplazar en las elecciones a estos dos grandes bloques, y cuando así ha sucedido, ello lo ha sido sólo a modo de excepción. Para más peor, el sistema de elecciones que nos rige no nos deja “elegir”, sólo nos deja la posibilidad de votar, cosa que resulta ser muy distinta.

En efecto, los ciudadanos (¿) en Chile, no elegimos a nadie, sólo votamos por aquellos que han sido previamente “designados“ por las cúpulas políticas. Por eso resulta falso aquello que los senadores designados habrían sido eliminados. Eso no es verdad, más aún, no sólo los senadores siguen siendo designados - antes por Pinochet, ahora por las corruptas cúpulas políticas- sino también los diputados. En resumen, ningún ciudadano elector “elige”, sólo “vota”, lo cual de suyo nos pone ante un sistema de elecciones que viene ya desnaturalizado y viciado, tanto en su forma como en su origen. De ahí que cada candidato a diputado tenga que disponer de una caja de 50 millones de pesos y un senador de 150 millones, hacen el resto para constatar el grado de inutilidad que tienen estas elecciones para que esté en correspondencia con un verdadero y efectivo ejercicio democrático. Ahora, preguntarse del por qué en nuestro parlamento hay puros empresarios y profesionales y no hay ningún obrero o campesino, o ningún representante sindical o de las etnias, etc., se entenderá también el inequívoco carácter clasista que tiene la composición de nuestro Congreso. Es decir, más allá de que para nada Frei ni Piñera, nos interpreten a los de la izquierda, hay demasiadas otras razones para que, sin más pensarlo, anulemos nuestros votos.

Ahora bien, y ya lo dije en un artículo anterior: “aún pese al sistema político binominal que nos rige, nunca han dejado de estar presentes en el imaginario colectivo, tres corrientes de opinión cuyos principios políticos e ideológicos son muy diferentes entre sí”.

Primero, una corriente de derecha liberal/conservadora (Alianza), que no postula cambios al sistema neoliberal, al contrario, pretende dejarlo tal cual, e incluso, profundizarlo.

Segundo, una corriente socialdemócrata (Concertación) que todavía cree, ingenuamente, que el neoliberalismo, por naturaleza explotador y depredador, se puede humanizar con meras “reformas”.

Tercero, una corriente de izquierda (¿Junto Podemos?) que postula no reformar, sino “transformar” las actuales estructuras del sistema neoliberal que nos rige.

Bajo este marco debe entenderse, en esta nota, que cuando hago referencia a la izquierda, es en el sentido de aquellos que nos identificamos con el tercer grupo.

Claro está que algunos desde la izquierda, a falta de candidatos que genuinamente los representen, terminan por plegarse a opciones que no son las suyas propias. Buscan ciertas cercanías que traten de interpretarlos de algún modo más a lo que son. Sin embargo, en esta elección, Piñera y Frei, no tienen nada que ofrecer a los de izquierda, considerado desde el punto de vista de poder promover cambios estructurales profundos en la sociedad chilena; al contrario, ambos seguirían aplicando políticas meramente reformistas como se ha estado haciendo hasta ahora.

Las compañeras de la carta, nos han recordado ciertas políticas de la Concertación que han derivado a favorecer ciertas condiciones mínimas de supervivencia de los sectores más pobres. Pero es el caso que un “bono” por aquí y otro “bono” por allá, en nada alcanzan a dar cuenta de los principales trastornos que trae aparejado un sistema social y económico que por su génesis es intrínsecamente perverso (neoliberalismo). En este sentido, la presidenta Bachellet más que una estadista se ha mostrado como una simple asistente social. No ha podido ir más allá de una política meramente asistencialista, y eso es insuficiente para ir a la solución de los grandes y graves problemas que hay que resolver en nuestra sociedad. Sin ir más lejos, la señora presidenta, que quiso vendernos la pomada que el suyo iba a ser un gobierno ciudadano, acaba de enviar un proyecto de ley para privatizar ahora, ni más ni menos, que las aguas de nuestros mares.

Sobre el particular, insisto, la solución a los graves problemas de nuestro país no pasa por otorgar bonos más o bonos menos, lo que necesita nuestro país son transformaciones estructurales profundas (renacionalizar el cobre y nuestras aguas, asamblea constituyente, término del estado represivo en contra de los mapuches y los movimientos sociales, educación pública gratuita para aquellos que no tienen las condiciones económicas para pagarla; cambiar las estructuras y sentido de las AFPs e Isapres, limitar los intereses usureros que cobran las financieras, la banca y grandes centros comerciales, política social que favorezca a la clase media, pymes y masa de jubilados, etc.)

En otro orden, la compañera Malucha Pinto ha señalado que en Canadá, después de los errores y corrupción de la socialdemocracia, la llegada de la derecha al poder había suscitado inmediatamente una ola de derechización en todos los ámbitos de la sociedad canadiense. Terminaba este juicio señalando que los canadienses hoy se encontraban sumamente arrepentidos de haberle entregado su aval para que la derecha gobernara. Nos hacía ver, a modo de comparación, que de llegar la derecha de nuestro país al poder, sucedería algo similar o lo mismo de lo que sucedió en Canadá.

Sin perjuicio de concordar que de triunfar la derecha sería nefasto para nuestro país, la analogía que trata de establecer no tiene relación con la realidad de lo que ha estado sucediendo en nuestro país. En efecto, es cierto que cuando salió la derecha en Canadá de inmediato empezó a privatizar todo lo que encontraba a su paso. Una situación que sería imposible se repitiera acá en Chile, por la sencilla y obvia razón que la Concertación ha privatizado ya casi todo, dejándole muy reducido espacio a la derecha en caso quisiera seguir con dicha política privatizadora. En efecto, todo aquello que la dictadura no privatizó, la Concertación terminó de privatizarlo, incluido el cobre, algo que ni la propia dictadura se atrevió a tocar, lo cual es ya bastante decir. De otra parte, a no olvidar, que nuestro país con la Concertación se ha transformado en el país más neoliberal de la región, y si me apuran un poco - agregaría yo- de todos los países del mundo.

Como sabemos, después de 20 años de Concertación, la derecha nunca había estado tan presente y entronizada en nuestra sociedad como ahora. Derecha por todos lados: en la Banca, en las AFPs, en las Isapres, en los Malls, en los Supermercados, en las cadenas de cine, en la política de los acuerdos, en las instituciones, en los programas pueriles y burdos de la televisión, en la mayor concentración monopólica nunca jamás vista en los medios de comunicación, mayoría en el parlamento, presidencia de ambas cámaras en manos de la UDI, presidencia del Tribunal Constitucional en manos de un connotado pinochetista, Fuerzas Armadas provista de un insultante poder bélico gracias a los grandes recursos destinados por la Concertación, y lo que ha sido peor, esa especie de cooptación que el sistema político, ideado por la derecha, ha logrado hacer recaer sobre las cúpulas de la clase política. Una especie de efecto dominó: una Concertación, cooptada por la derecha, y ahora el Partido Comunista cooptado por la Concertación.

En fin, la mayor presencia de la derecha en todos los ámbitos de la sociedad chilena es en forma innegable una herencia patente del legado que la Concertación nos ha dejado en forma inequívoca (Nosotros los empresarios amamos a Lagos… ¿se acuerdan?). Es decir, los que nos acusan que votar nulo es votar por la derecha, son precisamente, los que han facilitado la actual presencia de la derecha en todos los ámbitos de la sociedad chilena dejándole, de paso, el camino pavimentado para que sea ésta la que pudiera triunfar el próximo domingo.

La Concertación al acusarnos que seríamos los responsables de la llegada de la derecha, gracias al voto nulo, no hace otra cosa que hacer la política del avestruz, o para decirlo en lenguaje más castizo, haciendo la típica del chileno: culpar a otros de sus propios errores y responsabilidades. Se nos quiere hacer cargo de una imputación tartufa, o si se quiere, gatopardista; la típica cobardía del chileno expresada notoriamente en esta ocasión en su corrupta clase política. Una frescura, un doblez, una actitud impúdica que rompe todos los moldes de la lógica y la ética en política.

Por eso, estimadas compañeras firmantes de dicha carta, en mi opinión ya es demasiado tarde para llorar sobre la leche derramada. Y si bien es cierto, votar por la derecha resulta todo un asco, habría que agregar también, que no es menos cierto que habría que tener demasiado estómago para votar por el candidato de la Concertación Eduardo Frei Ruiz Tagle. No necesito extenderme demasiado para particularizar en detalle lo que ha sido y significado el largo prontuario político del candidato Frei, incluyendo su evidente sesgo anticomunista y anti izquierda y, sin perjuicio de que corrió aplaudir a la Junta Militar asesina, y más encima, corrió a rescatar al dictador de las garras de la justicia internacional. Para que decir del famoso caso de los Pinocheques, o los largos años transcurridos para no recibir en la Moneda a Sola Sierra, respetable figura vinculada a los derechos humanos. También de haber sido el único que envió un proyecto de ley para decretar una virtual amnistía a los genocidas. Y para no redundar, la guinda de la torta, su famosa nota 4 al querido presidente Allende, un bofetón en la misma cara para esa izquierda que se anda arrastrando sumisa junto a él, bajo el inconfesado propósito de seguir obteniendo prebendas en caso fuera el elegido. En mi opinión, si fuera tan sólo por ese sólo agravio que públicamente le hizo a nuestro querido presidente Allende, ningún comunista, ni ninguno que se precie de izquierda ,debiera de votar por Frei. Los que así los hacen, una vergüenza y una suma cobardía también.

Por último, durante 17 años vivimos bajo el temor de la dictadura y 20 años viviendo bajo el temor para que no salga la derecha. 37 años andando de temor en temor. Un pueblo no puede vivir toda una vida bajo el signo del temor. Es el corolario de uno de los signos más perversos que el sistema neoliberal ha logrado imponernos. Para el caso, por temor, arrinconarnos y obligarnos a votar por aquellos con los cuales no tenemos afinidades. Un cuento repetido ya demasiadas veces… ¿hasta cuándo?

Ha llegado el momento de poner coto a esta especie de cárcel en vida que estamos viviendo con un permanente temor. Ha llegado el momento de rebelarnos contra este estado de cosas acostumbrándonos, de aquí en adelante, a decir QUE NO... Definitivamente, … ¡NO MÄS AL PLEGAMIENTO DE LOS DESIGNIOS DE OTROS!

En tal virtud, en las actuales circunstancias, el único voto digno y ético que vale es el VOTO NULO. Es decir, votar de acuerdo a nuestras propias consciencias haciendo expresión de lo que somos y anhelamos para nuestro país.

Por todo esto, y mucho más, es que el VOTO NULO en las próximas elecciones va a tener una muy alta significación, un voto nulo desde donde comience nuestra verdadera autonomía y liberación.

Ahora bien, si el precio para la izquierda es volver a empezar de cero, así tendremos que hacerlo y no debemos de temer a ello. Quizá sea necesario para aventar de una vez por todas a toda una clase política indigna y corrupta que nos ha mal representado. La historia ha demostrado, no pocas veces, que después del desastre viene el florecimiento y la reconstrucción. Quizá éste sea el momento para que así empiece a suceder.

Frei y Piñera: dos empresarios que defienden este modelo económico antihumano

Frei y Piñera: dos empresarios que defienden este modelo económico antihumano

Andrés Figueroa Cornejo

Eduardo Frei y Sebastián Piñera son dos empresarios que se beneficiaron del modelo económico implantado en la dictadura militar y que fue continuado y legitimado por los sucesivos gobiernos de la Concertación.

Durante todos estos años se ha consolidado, especialmente con las privatizaciones y las concesiones, un tipo de sociedad en nuestro país con habitantes de primera y segunda clase: los salarios injustos y miserables, la educación, la salud y la vivienda desigual para ricos y pobres. La destrucción de la naturaleza, observando los campos, lagos, ríos y mares de nuestro país por los apetitos de lucro sin límite es una constante. En Chile se ha generalizado el trabajo precario sin contrato, con boletas de honorarios y subcontratación. La negociación colectiva es cada vez un derecho de un puñado de trabajadores mientras la mayoría no puede ejercerlo. La actual legislación laboral, en lo sustantivo no ha cambiado bajo la Concertación desde la dictadura.

Aunque puede haber matices secundarios, los dos candidatos representan la continuación del mismo modelo de sociedad capitalista. Nosotros, por el contrario, representamos los intereses, sueños y necesidades de la gente que vive de su trabajo y sus familias, y por lo mismo no nos sentimos representados por ninguno de ellos.

¿Parar a la derecha?
Nos dicen que hay que parar a la derecha en su desesperación por recuperar el terreno perdido. El gobierno ha mandado a última hora proyectos que no presentó durante años. Habla incluso de reformar la Constitución, cosa que no han intentado seriamente en 20 años, más allá de cambios cosméticos y de la firma, en que con acuerdo con la Alianza UDI-RN modificaron la firma de Pinochet por la de Lagos. Pero además ya tenemos la experiencia pasada del gobierno de derecha de Frei.

No nos vendan cuentos de ‘progresismo’
Eduardo Frei fue el que privatizó el agua en su anterior gobierno. Eduardo Frei nunca quiso recibir durante su anterior gobierno a las organizaciones de derechos humanos de los familiares de las víctimas de la dictadura y fue él quien movió todo el aparato del Estado para evitar que Pinochet fuera juzgado en Londres por las violaciones de los derechos humanos. Fue Frei quien extendió el sistema de concesiones a los bienes nacionales de uso público, como las autopistas, las aguas del mar. En su gobierno se iniciaron megaproyectos destructores del medio ambiente, como Ralco y Pascua Lama.

Durante su mandato, la reforma educacional profundizó la segregación de la enseñanza en Chile, con una educación para quienes la pueden pagar y otra, con pésimos resultados, para los más pobres. Fue durante el gobierno de Frei que el desempleo pasó de 7.6% a 9.1%, (la cesantía juvenil varias veces más) y allí se quedó, cuando la crisis asiática había concluido hacía tiempo.

En cuanto a Piñera, tenemos claro que el ‘cambio’ que propone no beneficia a la mayoría del país, si no a los grandes empresarios. Si alguien tiene dudas, basta algunas “perlas” de sus propuestas para “cambiar Chile”.

Disminuir las indemnizaciones por despido.


Aumentar el aporte de los apoderados en el financiamiento de la educación.


Profundizar la privatización en curso de la Salud, impulsando la atención en centros privados, mediante un seguro de salud. Disminuir el pago de impuestos de las empresas a través de donaciones a instituciones sin fines lucro.


Flexibilidad salarial para pagar sueldos menores a jóvenes entre 18 y 24 años, lo que finalmente repercutiría en una presión a la baja de todos los sueldos.


Continuar con la especulación aumentando los límites de inversión de las AFP, sin resguardos.


Privatizar la empresa pública como Codelco, Enap, etc. Entregar la reserva de la explotación de los hidrocarburos sólidos y gaseosos a grandes empresas.
Ciertamente los trabajadores tenemos que parar a la derecha.

Estos dos bloques han cogobernado Chile por tres décadas. Nosotros llamamos a luchar para cambiar las cosas de verdad, a favor de la gente de trabajo, gane quien gane las elecciones presidenciales.

La derecha está representada por los dos candidatos, Frei y Piñera. Hay que pararlos manteniendo nuestra independencia política sindical, recuperando y reorganizando a los sindicatos desde la completa honestidad, sin componendas con políticos desprestigiados.

Cualquiera sea electo, hay que parar a las dos derechas, Frei y Piñera, desde la organización, preparando las movilizaciones y luchas que se vienen.

Por ello llamamos a votar NULO en esta segunda vuelta electoral.

Porque los trabajadores aún no podemos recuperar las condiciones laborales y económicas alcanzadas antes del golpe del 73.

Porque la normativa laboral vigente ha sido apoyada, modificada y santificada para servir, los intereses de los grandes inversionistas chilenos y extranjeros.

Porque el sueldo mínimo que negocia años tras años los gobiernos de la Concertación con la burocracia de la CUT, sólo ha servido para perpetuar la pobreza.

Porque la conculcación del derecho al descanso dominical para los trabajadores del comercio y servicio se consolidó bajo los gobiernos derechistas de la Concertación.

Porque el nuevo parlamento, especialmente el Senado, responderán como siempre al servicio de los grandes capitalistas

Por todo y mucho más, los dirigentes no podemos tener confianza en ninguno de los dos candidatos. Ni Frei ni Piñera representan a los trabajadores.

V O T A N U L O

Ya han adherido a esta convocatoria dirigentes sindicales del cobre, la banca y servicios.

Si usted es dirigente sindical y concuerda con esta declaración, le solicitamos remitir su adhesión al correo periodistafigueroa@yahoo.es

La primera semana de Enero en Chile.

La primera semana de Enero en Chile. Andrés Figueroa Cornejo (especial para ARGENPRESS.info)


1. Valeska Vilches tiene 17 años y vive en la Roberto Parra, un barrio miseria arrinconado en la pobre comuna de Pudahuel, en Santiago de Chile. La droga, el trabajo informal de venta de chucherías, las mujeres potentes que tratan de organizarse, y la propia Valeska y sus amigos resumen parte de la realidad feroz de un sitio que en poco o nada se diferencia de un paisaje haitiano o de África.


Naturalmente, las cien familias hacinadas en lastres de madera y cartón mal cocido, no aparecen en los catálogos turísticos y deben haber sido muy bien ocultadas a la hora de candidatear a Chile para integrar la Organización para la Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE), esa propaganda agitada por el gobierno de Bachelet, pero que nadie entiende para qué sirve y no cambia la vida para bien de nadie de los siempre desheredados. Valeska, acostumbrada a los episódicos allanamientos policiales en las casitas mal atornilladas en medio de las callejuelas rotas, desbalanceadas y puestas sobre un basural, ahora participa en un taller de comunicación y se indigna cada vez que la Roberto Parra y su gente aparece en los programas televisivos sobre la delincuencia espectacularizada. Valeska sabe perfectamente que los medios de comunicación y, en especial, la televisión, sólo usan a los suyos para aterrorizar gente menos pobre, justificar gastos policiales, para que prospere la industria del miedo, las alarmas y las rejas, para condenarla a ella y a sus amigos a los peores empleos. Para Valeska la desigualdad es la piel de las cosas. “Nunca aparece en la tele este taller de comunicación que estamos haciendo en la Roberto Parra, o las mujeres de aquí, que madrugan para rebuscarse honradamente la manera de parar la olla, y ahora están tratando de mirarse y tratarse como seres humanos y no aguantar más las golpizas y las humillaciones. Siempre viene la tele cuando hay asaltos en la comuna, nunca cuando se nos ocurren actividades que mejoran la vida de la Roberto Parra.” Valeska nunca ha pisado la universidad y probablemente jamás lo hará. Pero sus palabras, de una plumada, explican la teoría de la comunicación, las relaciones de poder, el problema de la propiedad de los medios y la lucha de clases.


2. Un bono de más de 12 millones de pesos (24 mil dólares) y un reajuste de un 4 % obtuvieron cerca de 7 mil mineros de la estatal cuprífera Codelco Norte luego de dos días de paro. Con habilidad incuestionable, los trabajadores impusieron sus condiciones aprovechando que en un par de semanas más es la segunda vuelta electoral presidencial y el gobierno de la Concertación camina con pies de plomo.


Antiguamente, los trabajadores del cobre (cuando el mineral era 100 % propiedad social, y no como ahora, que más del 70 % está privatizado) eran llamados despectivamente “la aristocracia obrera”. En la actualidad, en el marco general de un porcentaje de sindicalización nacional de poco más de un 12 %, del cual apenas un 4 % tiene posibilidad de negociar colectivamente, con fortuna, un bono de fin de conflicto, podrían denominarse “trabajadores privilegiados”. Ello en un escenario marcado por la precarización del empleo, la subcontratación empobrecedora, la extinción de las relaciones contractuales clásicas (contrato indefinido, garantías sociales básicas garantizadas, beneficios, etc.), la fragmentación de la organización del trabajo que destruye la capacidad de agrupamiento y negociación y un Código Laboral antisindical.


En rigor, lo obtenido por los mineros del cobre –el principal recurso natural de explotación y exportación de Chile- es apenas un porcentaje irrelevante respecto de las ingentes utilidades de la industria del metal rojo. Incluso el año 1999, en medio de la crisis mundial de bajos precios del cobre, los trabajadores congelaron sus sueldos en la negociación colectiva de entonces, cuando “optaron” por su empleabilidad. Y, por otra parte, de hecho, $9 mil millones 500.000 dólares han aportado desde Chuquicamata hacia las arcas fiscales en los últimos 4 años; esto es, la suma de bonos ganados en la última negociación, corresponde apenas a un 1.8 % de esa suma. Sin embargo, debido a las causas arriba señaladas y a la mala prensa derechista (que es, prácticamente, la única existente en el país), parte de la opinión pública, de los propios trabajadores de otros sectores, no representó ninguna empatía explícita por la huelga minera. Algunos, por el contrario, reaccionaron agriamente, mientras revisaban sus propias boletas salariales.


¿Por qué los mineros y sus dirigentes –que no son, claro está, los trabajadores subcontratados del cobre cuyos sueldos están muy por debajo de los directamente contratados por la Corporación del Cobre- no incorporan como demanda país, la renacionalización del cobre, o al menos, un aumento de la propiedad social sobre el mineral? Y lo planteado, naturalmente, no se trata de una estrategia publicitaria de abuenamiento con la opinión pública, sino para convertir una lucha meramente corporativa y estrictamente económica en la posibilidad de instalar desde abajo, masivamente, un anhelo del conjunto de los chilenos. ¿Cuántos no habríamos salido a las calles de Chile, convocados por esa demanda extraordinariamente sentida y hecha ya un lugar común construido históricamente, primero con la chilenización del cobre propiciada por Frei Montalva en los 60, y luego con su nacionalización prácticamente total, llevada adelante por el gobierno de la Unidad Popular pocos años después? ¿Qué ocurre con las dirigencias de los mineros contratados de Codelco que nunca dan el paso estratégico que los pondría sobre intereses puramente sectoriales, a una altura que reuniría el afecto político y con sentido de todos los trabajadores? ¿Economicismo, cortoplacismo, cooptación? ¿Se expresan así los límites corporativos del propio sindicalismo que queda con vigor en Chile? ¿Es preciso presionar por fuera y desde abajo a la nomenclatura minera del cobre para que se llame con fuerza, de manera ampliada, a la extensión de la propiedad social del mineral cada vez más jibarizado por los mordiscos del capital transnacional? ¿Escasez de politización? Porque, reconociendo las condiciones duras de trabajo de los mineros, en ningún caso son cualitativamente superiores a la de la mayoría explotada. La cuestión es que se trata de cobre y no de comercio ambulante. Entonces Chile no crece, simplemente, si la generosidad de un sector clave de los trabajadores no se abre camino entre los desperdicios del corporativismo sindical, sin estatura de país, sin más afán que un bono y un reajuste para saldar las deudas inmediatas.


3. Si la primera vuelta electoral contó con la indolencia generalizada de los chilenos, la segunda vuelta se torna más opaca mientras más se aproxima el 17 de enero. ¿Frei o Piñera? ¿Coca Ligh o Coca Zero? La franja política que pocos, muy pocos, ven por televisión, y la papelería de los propagandistas pagados o de parte de los funcionarios estatales (valga la redundancia), ponen a un Frei vestido con la popularidad coyuntural de la presidenta Bachelet y a un Piñera que, una vez más, representaría “el cambio” (¿De qué?). Frei ofrece por goteo y a diario concesiones programáticas a los electores de Marco Enríque-Ominami –que son puro liberalismo cultural limitado e iniciativas económicas progresistas, pero para los que mandan-, continuidad, y “seguridad” de que las cosas permanecerán tal cual. En resumen, un discurso de compromisos históricamente incumplidos por la Concertación, dirigido a la clientela concertacionista que envejece en un padrón electoral casi intacto desde fines de los 80 del siglo pasado. Mientras tanto, Piñera trata desesperadamente de quitarse la fama auténtica de archimillonario, y vitrinearse como estadista y “servidor público”, imitando la campaña del plebiscito del NO a la dictadura (fórmula con más de 20 años de vida en el cuerpo) y una retórica populista, emocional, vacía.


Los primeros días de enero de 2010 en Chile, desde abajo, son el mismo calor de siempre, la misma desigualdad oprobiosa, ampliada y repetida, los sueldos enanos, las jornadas extenuantes, las ganas de vacacionar, hundiéndose en una siesta popular, cuyo despertar puede ser sorprendente. Y, claro, los topos rebeldes –que siempre los hay, mal que les pese a los dueños de todo- se reúnen, hacen su trabajo sin fatigarse y con la esperanza en ristre.

Elección presidencial en Chile. El gran tropiezo de la tercera vía

Elección presidencial en Chile. El gran tropiezo de la tercera vía Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)


Si finalmente la Concertación es derrotada este 17 de enero, podría interpretarse como el gran tropiezo de la tercera vía, para no llamarlo fracaso.


La derrota concertacionista, de producirse, no es menor porque Chile representaba la joya de ese “imperio teórico” construido sobre una alternativa política que permitía introducir o alterar en pos del bien común, algunos espacios y estructuras en el sistema mayor, que continuaba siendo fundamentalmente capitalista.


Y esa posible derrota de un ejemplo privilegiado de la tercera vía, como el que ha producido la nación chilena, se gesta en medio de una coyuntura política mundial tendiente a un nuevo tipo de polarización.


No existen dudas que el sendero de la política global, por más que Barack Obama le haya colocado todo el esfuerzo mediático y político, es hacia la polarización.


El caso del terrorista nigeriano contenido antes de hacer explotar un avión de pasajeros en un vuelo a Detroit, vuelve a colocar la guerra contra el terrorismo en el rol protagónico de la era Bush, muy a pesar de Obama.


Afganistán, Irán e Irak están distantes de ser situaciones resueltas, y los problemas atingentes a los desequilibrios en el plano internacional revelan una vez más que la tendencia es a reconstruir antiguas bipolaridades.


Al menos una se hace bien visible, y es aquella de Occidente versus Oriente, y el ánimo propenso a la confrontación no se convierte en tema clave de un debate en los pueblos de las naciones.


La tercera vía, en varias oportunidades mencionada por la Presidenta de Chile Michelle Bachelet, constituyó en el fondo ese camino del “entremedio” que bien describe el teórico Homi K Bhabha.


Con el “entremedio”, el se refiere a la cultura pos colonial que intenta deprenderse de la matriz del antagonismo insoluble y la cultura dicotómica de la beligerancia, donde se sustenta la cultura occidental de dominación.


La polarización de la guerra fría, digámoslo en todas sus letras, fatigó todo incluso a la teoría.


Se llegó a un punto en los años 70 y mitad de los 80, en que los esfuerzos por encontrar un término medio a esa polarización llevada a los extremos, desde el equipo J.Nehru/ I.Gandhi su hija, pasando por Willy Brandt, y los socialistas y comunistas mediterráneos, se veían infructuosos.


Es así que nace la “tercera vía”, como un producto estrictamente teórico en el sentido de haber surgido del ejercicio académico más que de la práctica del político.


El invento de variada paternidad, consistía genuinamente en la búsqueda de esa estrategia del entremedio político que no hace añicos el sistema y que permanece constante en la ambición del bien común.


El sensor del “romanticismo político”, como diría Carl Schmitt, preveía que el socialismo operativo de la URSS se desbarrancaba, y obligaba a encontrar otra fórmula para que el socialismo rescatara al menos un espacio de funcionalidad en el sistema.


La tercera vía fue el gran descubrimiento o invención, y que empezó a practicarse con los socialistas y comunistas del mediterráneo, con los laboristas en las islas británicas, liberales y demócratas en Canadá, en EEUU, y en cualquier parte en que el socialismo se sentía como un término dañino en la estrategia de obtener el poder político del estado.


El socialismo en sí, ya ni siquiera era una estrategia. Recuerdo la célebre frase del senador chileno Carlos Ominami a mediados de los años 90 cuando propone que el socialismo no forme parte de los elementos constitutivos del partido socialista, y sostenía el cambio de nombre del partido.


Los respetables comunistas italianos arrancaron casi despavoridos de la palabra comunista como que estuviera quemando las entrañas políticas. Se refundaron como partido democrático de la izquierda.


En Chile hubo propuestas similares porque la palabra comunista quemaba. Hay una canción irónica de Lucio Dalla en compositor y cantante italiano que se llama Comunista que es un crónica de los tiempos.


Es cuando el neoconservadurismo ideológico que muchos se resisten a reconocer como fenómeno, arrecia y se instala como la agenda triunfadora. El término neoconservadurismo es mucho más significativo y explica con mayor profundidad los fenómenos, que el término reduccionista de neoliberalismo que confina todo el armazón político e ideológico al sistema económico.


En cambio en Chile comenzaba sí a funcionar la tercera vía.


Sobre todo en la década de los años 90, mientras que en otras partes se derrumbaba, especialmente en Francia e Italia.


En el Reino Unido está a punto de sucumbir si es derrotado el laborismo este año, y donde sobrevive a duras penas aunque con respetable dignidad es en España con R. Zapatero.


Lo de Chile era la excepción, más que “la joya del imperio”, porque la tercera vía nunca se instaló universalmente como una alternativa de obtener el poder del estado.


El constructo teórico funcionaba más en la academia que en el coliseo romano de la política, en que se despedazan los argumentos al borde de la validez del humanismo.


Por eso que lo de Chile, con todos los errores a cuesta, con toda la crítica despiadada de todos los sectores, era el milagro de la tercera vía.


Era en la práctica en el único país del mundo en que se practicaba hasta intuitivamente. Y muy probablemente en Chile, los que la practicaban, habían perdido la noción de la importancia universal de lo que estaban haciendo.


Era el único lugar donde el experimento había funcionado, con defectos y todo lo que sabemos.


Por eso es más grave lo que está sucediendo de lo que uno pudiera imaginar respecto a esta supuesta derrota que se anticipa.


Los que verdaderamente se sienten responsables deben decirlo por esa importancia.


De salvarse de este temporal adverso, esta tercera vía estaría viendo realmente otro milagro. Me da la impresión que en el registro milagrero no hay dos milagros tan seguidos.

Invisibilizando golpes de estado: Lo que la teoría hegemónica en la ciencia política no quiere ver

Invisibilizando golpes de estado: Lo que la teoría hegemónica en la ciencia política no quiere ver Atilio A. Boron


La Corporación Latinobarómetro, basada en Santiago de Chile, publica todos los años un informe resumiendo sus investigaciones comparativas sobre el estado de la opinión pública en dieciocho países de América Latina y el Caribe.[1] Para estupefacción del lector el Informe 2009 se abre, en su página 3, con una cita que dice textualmente lo siguiente: “En el año 2009, América Latina sufre por primera vez un golpe de estado después de 31 años, desde que se inaugurara la democracia en lo que ha sido llamado ‘la tercera ola de democracia’ ”.


¡El primer golpe en 31 años! Esta increíble afirmación no es tan sólo un notable error historiográfico sino un síntoma de algo mucho más profundo, revelador de las insanables limitaciones de la concepción teórica y metodológica hegemónica en las ciencias sociales de nuestros días, de inspiración anglosajona. Las páginas que siguen tienen por objeto traer a la memoria lo que el saber convencional aparta convenientemente a un lado. En este caso, los golpes de estado. A los efectos de corregir tan distorsionada visión de la realidad política regional ofrecemos a continuación un breve racconto sobre los golpes de estado que se perpetraron en América Latina y el Caribe en estos últimos 31 años.


11 de Abril del 2002: golpe de estado en la República Bolivariana de Venezuela.


Luego de que se mintiera a la población anunciando que Chávez había renunciado (cosa que también se hizo en el caso de Mel Zelaya durante el golpe hondureño), siendo que, en verdad, aquél se rehusó valerosamente a firmar la carta de renuncia que los golpistas le habían preparado, se convocó de urgencia a una reunión en el Palacio de Miraflores para ungir como presidente de Venezuela al líder de la organización empresarial Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga (alias “Pedro el Breve”). Allí se procedió a dar lectura al Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional, nombre tan pomposo como mendaz con el que se pretendía disimular al golpe de estado presentándolo como una rutinaria sucesión institucional ante la misteriosa ausencia del primer mandatario. Ese despótico engendro, pergeñado por los inmaculados custodios de la democracia venezolana y aplaudido por Bush, Aznar y compañía, ponía en manos del efímero usurpador amplísimos poderes que no demoró en llevar a la práctica: de un plumazo Carmona derogó la constitución bolivariana, disolvió al Poder Legislativo y destituyó a todos los diputados a la Asamblea Nacional, suspendió a los magistrados del Poder Judicial, al Fiscal General, al Contralor y al Defensor del Pueblo y concentró la suma del poder público en sus manos.


Una vez que fuera leído tan ignominioso documento se invitó a los concurrentes a refrendar el triunfal retorno a la democracia. Entre los firmantes sobresalen los nombres –hundidos para siempre en irredimible deshonor- del Cardenal Ignacio Velasco, santo varón que para desgracia de los cristianos presidía los destinos de la Iglesia Católica en Venezuela; Carlos Fernández, vicepresidente de Fedecámaras; Miguel Angel Capriles, en representación de los medios de comunicación privados (que engañaron a la población desinformando sistemáticamente lo que estaba ocurriendo, con total impunidad); José Curiel, secretario del la democracia cristiana venezolana (COPEI); Manuel Rosales, por ese entonces Alcalde de Maracaibo (prófugo de la justicia acusado de numerosos delitos de fraudes y estafas, amparado y protegido en estos días por el gobierno de Alan García en el Perú); Julio Brazson, presidente de Consecomercio; Ignacio Salvatierra, presidente de la Asociación Bancaria; Luis Henrique Ball, presidente del Consejo Empresarial Venezuela-Estados Unidos; el general retirado Guaicaipuro Lameda, ex presidente de Pdvsa. Luego de la firma se procedió a tomar juramento a Carmona Estanga, dándose así por constituido el nuevo gobierno robustecido por el pleno respaldo de la “sociedad civil”, supuestamente congregada en la sede del gobierno venezolano y representada por ilustres personeros como los arriba nombrados.


Es decir, allí hubo un golpe “con todas las de la ley” que, tiempo después y con Chávez ya repuesto en el Palacio Miraflores, fue convalidado por el Tribunal Supremo de Justicia en una insólita decisión en la que se señalaba que Carmona Estanga había asumido el cargo debido a que en Venezuela se había producido un “vacío de poder”. Claro que esta curiosa teoría tenía un efecto práctico nada desdeñable: gracias a ella se eximía a los implicados de ser procesados por su participación en el golpe de estado, su impunidad consagrada gracias a una sentencia emitida por el más alto tribunal de justicia del país. Por otra parte, si la palabra “golpe” no apareció en el discurso político de esos días fue por otras dos muy convenientes razones. Primero, porque siempre y en todo lugar los golpistas rehúsan a reconocerse como tales, como violadores de la legalidad institucional y la legitimidad política: prefieren autocalificarse como “gobiernos provisorios” surgidos de la necesidad de restaurar un orden supuestamente destruido (o amenazado) por un líder demagógico o por la movilización popular. En la Argentina de 1955 el golpe de estado que acabó con el gobierno de Juan D. Perón se autoidentificó como “Revolución Libertadora”; por su parte, la dictadura genocida de 1976 se refería a sí misma con el pomposo nombre de “Proceso de Reorganización Nacional.” En otros casos, los golpes se ocultan bajo nobles y patrióticas consignas como “Gobierno de Reconciliación Nacional”, “Gobierno de Salvación Nacional” u otras por el estilo. En segundo lugar, porque si se caracterizaba a lo ocurrido como un golpe se erigía un serio obstáculo para lograr el reconocimiento internacional del nuevo gobierno, debido al repudio generalizado que los golpes de estado suscitan en las nuevas democracias latinoamericanas y, en menor medida, al peso que había adquirido en nuestra región la Carta Democrática Interamericana. O sea, se optó por montar una farsa (como luego se haría en el caso hondureño) al hablar de un “gobierno de transición” o un “interinato”, eufemismos utilizados para no llamar al golpe de estado por su verdadero nombre.


De hecho, esta tergiversación semántica facilitó que el nuevo gobierno fuese inmediatamente reconocido por George W. Bush y José María Aznar, dos personajes que, parafraseando a George Bernard Shaw, tienen tanta relación con la democracia como la música militar con la música. No sólo eso: apenas producido el golpe el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, señaló que la causa de la crisis era la polarización política y la conflictividad social inducida por las políticas de Chávez y que en las semanas previas al golpe funcionarios estadounidenses se habían reunido con Pedro Carmona (“el empresario que sucedió a Chávez”, según la tramposa caracterización de Fleischer) y con numerosos conspiradores civiles y militares para conversar sobre este asunto. El colofón de todas estas artimañas se conoció el mismo 12 de Abril, apenas unas horas luego de concretado el golpe, cuando Bush y Aznar dieron a conocer una insólita declaración conjunta en la que sostenían que “los gobiernos de Estados Unidos y de España, en el marco de su diálogo político reforzado, siguen los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela con gran interés y preocupación, y en contacto continuo”. Ambos mandatarios además manifestaban “su rechazo a los actos de violencia que han causado una cantidad de víctimas” a la vez que expresaban “su pleno respaldo y solidaridad con el pueblo de Venezuela y su deseo de que la excepcional situación que experimenta ese país conduzca en el plazo más breve a la plena normalización democrática”. Es más, poco antes de que Carmona prestara juramento, la Presidencia española de la Unión Europea -anteponiendo sus afinidades con los golpistas a los principios democráticos de los que la Unión Europea se reclama fiel representante- emitió una declaración oficial en la que “manifiesta su confianza en el gobierno de transición en cuanto al respeto de los valores e instituciones democráticos, con el fin de superar la crisis actual”.[2] Este autor, asesor parlamentario de Izquierda Unida en España, también asegura que Madrid y Washington habían reconocido que sus representantes en Caracas mantuvieron contacto continuo y una estrecha coordinación en los días previos y durante el golpe. El 13 de abril, el embajador de España en Caracas, Manuel Viturro de la Torre, junto al embajador de Estados Unidos, Charles S. Schapiro, acudieron juntos para entrevistarse personalmente con el presidente del así llamado “gobierno provisional” después que éste disolviera la Asamblea y avasallara la Constitución. Fueron los únicos diplomáticos que se entrevistaron con Carmona, avalando sin tapujos todo lo actuado por los golpistas.


El golpe ahora desaparecido de la vista de los lectores del Informe Latinobarómetro 2009 no sólo contó con el apoyo de Estados Unidos y España. También obtuvo la aprobación de algunos otros gobiernos: Colombia, presidido entonces por Andrés Pastrana, y El Salvador, por Francisco Flores. El golpe se produjo mientras tenía lugar en San José, Costa Rica, la XVI Cumbre del Grupo de Río. Los presidentes allí reunidos consensuaron una tibia declaración en donde se condenaba la “interrupción del orden constitucional” (falaz argumento que años después utilizaría la Secretaria de Estado Hillary Clinton para referirse a lo ocurrido en Honduras) cuidándose con esmero de emplear la expresión “golpe de estado”.


Si no se esperaba otra cosa de Bush y Aznar, la desagradable sorpresa la produjo la reacción del gobierno chileno ante los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Venezuela. El presidente Ricardo Lagos declaró en San José que “lamentamos profundamente los hechos de violencia y la pérdida de vidas humanas. Instamos también a la normalización de la institucionalidad democrática, pero al no tener el cuadro completo de situación le pedimos a la OEA que sea la encargada de hacer una evaluación del asunto”, al paso que agregaba que “tal como se ven las cosas hasta el momento "sería apresurado hacer declaraciones concluyentes”. [3] Pero la Canciller chilena, Soledad Alvear, de rancia prosapia demócrata cristiana, vio las cosas de otra manera y atolondradamente emitió un venenoso comunicado que, siguiendo puntualmente la línea establecida por la Casa Blanca, acusaba de los hechos de violencia y alteración de la institucionalidad al depuesto presidente Hugo Chávez. De este modo, el supuesto “gobierno modelo” de las transiciones democráticas de América Latina reprendía a la víctima y se alineaba claramente con el victimario. El vergonzoso mensaje de Alvear –¡jamás repudiado o desautorizado por Lagos!- decía textualmente que “el gobierno de Chile lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad”.


En otras palabras, la cancillería chilena culpaba al gobierno de Chávez de violar la institucionalidad democrática y cargaba las tintas sobre un pasaje de la declaración del Grupo de Río que condenaba la “interrupción del orden institucional en Venezuela generada por un proceso de polarización”, proceso que se atribuía exclusivamente al gobierno bolivariano. El propio Lagos declaró, todavía en San José, que “se condena el hecho porque hubo una interrupción del orden constitucional. Ese es un hecho. Pero, por otra parte, nos parece muy importante la capacidad que tengamos de colaborar con las nuevas autoridades para salir adelante”, una manera muy sutil de reconocer a los golpistas. Y ese era el otro hecho: el golpe de estado. Pero de ese hecho Lagos no habló. Obediente a ese llamado a la colaboración formulado por su presidente, el embajador de Chile en Venezuela, Marcos Álvarez, no se demoró en hacer explícito su respaldo a los golpistas destacando que “el nuevo Presidente tiene una excelente relación con Chile”. En línea con las declaraciones de sus superiores se negó a calificar a la destitución de Chávez como un golpe de estado. Apenas unas horas después del arresto de Chávez dijo textualmente a varios medios de su país que “aquí no se ha hablado de golpe de estado. No lo ha habido (...) Hoy me asombra la tranquilidad y civilidad de este pueblo empapado de democracia durante 40 años. Las democracias, sabemos, también son imperfectas, pero son democracias al fin y al cabo”. Tiempo después Santiago procuraba despegarse de los dichos de su embajador y le solicitaría a Álvarez su renuncia al cargo. Pero el daño ya estaba hecho. [4]


Cabe preguntarse: ¿por qué los redactores de Latinobarómetro pasaron por alto un golpe de estado como el que efímeramente triunfara en Venezuela? No tenemos elementos para dar una respuesta definitiva aunque sí podemos arriesgar una conjetura, que es la siguiente: porque en la visión ofuscada e ideológicamente sesgada del pensamiento convencional de las ciencias sociales, pensamiento al cual adhieren los redactores del Informe, en Venezuela no hubo un golpe de estado sino una breve escaramuza institucional que fue resuelta en 48 horas. Claro que esta opción no es inocente porque al interpretar las cosas de esta manera se vela el accionar de la derecha, los golpistas, y la coalición reaccionaria que no vaciló en engañar al pueblo, asesinar a inocentes en la masacre de Puente Llaguno y quedar a un paso de producir un magnicidio, con las imprevisibles consecuencias que esto podría haber acarreado para la sociedad venezolana. Se oculta también un hecho que la historia confirma una y otra vez: que si la democracia logró consolidarse fue siempre y en todas partes a pesar de la oposición –a veces pacífica pero en muchos casos violenta- de la burguesía y la derecha política. Y que cuando aquella amenaza desbordar los muy estrechos límites de la democracia burguesa aún la derecha “más institucional y legalista” -caracterización que con harta ingenuidad se le atribuía a la derecha chilena a comienzos de los años setentas- no vacila en arrojar por la borda todos sus escrúpulos y apuesta todas sus cartas a la recomposición violenta del orden amenazado. Tal como Marx lo apuntara en un célebre pasaje de El 18 Brumario de Luis Bonaparte , la burguesía siempre preferirá “un final con terror al terror sin fin” materializado en el constante avance de los plebeyos y la amenaza a sus riquezas y privilegios. Esa fue la opción de la derecha chilena (incluyendo, obviamente, a la hipócritamente centrista y legalista Democracia Cristiana) el 11 de Septiembre de 1973 y esa fue también la opción de la derecha venezolana el 11 de Abril del 2002. Sólo que en este último caso la reacción popular le quebró la mano a los golpistas. Cosas como estas no pueden ser dejadas de lado en ningún análisis riguroso sobre la vida política de nuestros países. En estos casos, el silencio tiene un insoportable olor a complicidad.


La larga saga del golpismo latinoamericano


Pero, ¿fue el que se produjo en la República Bolivariana de Venezuela el único golpe que ignoraron los redactores del informe? Un breve recuento, sumario in extremis, indica que no. Que en realidad en los últimos 31 años hubo varios más.[5] Entre ellos, sobresalen los siguientes, también olvidados, y que apenas mencionaremos aquí.


El Salvador 1979


El 15 de Octubre de 1979 se produce el golpe de estado que depone al gobierno conservador del general Carlos Humberto Romero e instala una autotitulada Junta Revolucionaria de Gobierno. La creciente represión del depuesto presidente no lograba contener el impresionante crecimiento de la protesta social que a falta de canales institucionales de expresión se inclinaba cada vez con mayor decisión hacia la lucha armada, engrosando los cuadros del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Ante ello la respuesta oficial fue intensificar las operaciones represivas y dar rienda suelta a los paramilitares de la ultraderecha. Esto produjo el estallido de una guerra civil que se prolongaría entre 1980 y 1992 y que enfrentaría a las fuerzas armadas salvadoreñas con el FMLN hasta que, ante la imposibilidad de que alguna de las dos partes pudiera triunfar, se firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec en Enero de 1992. En los meses iniciales de la guerra civil se produjo el asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, ultimado mientras celebraba misa por un comando paramilitar de ultraderecha. Cabe señalar que el proceso político salvadoreño estuvo fuertemente influenciado por lo que estaba ocurriendo en otros países del área, muy especialmente Nicaragua, donde la prolongada lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional acababa de derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en Julio de 1979.


Bolivia 1978, 1979, 1980


El 24 de Noviembre de 1978 un golpe de estado comandado por el general David Padilla derrocó al también general Juan Pereda Asbún. El golpe declaraba su intención de democratizar la vida política del país convocando a elecciones generales, mismas que se efectuaron en Julio de 1979 consagrando el triunfo de Hernán Siles Zuazo. Dados los antecedentes del candidato y su gestión presidencial en 1956-1960 en la fase final de la Revolución Boliviana de 1952, tanto Estados Unidos como las dictaduras del Cono Sur presionaron fuertemente para evitar que el Congreso lo designara como presidente dado que en las elecciones no había alcanzado la mayoría absoluta de los votos. Ante la imposibilidad de lograr una mayoría parlamentaria que lo instalara en el Palacio Quemado el Congreso optó por designar provisoriamente a Walter Guevara Arce con el mandato de convocar a nuevas elecciones presidenciales en 1980.


No obstante, el 1º de Noviembre de 1979 un sangriento golpe militar -que dejó por lo menos un centenar de muertos y más de treinta personas desaparecidas- derrocó al gobierno. No obstante, la enconada resistencia popular hizo que el jefe de los golpistas, Alberto Natusch Busch, tuviera que presentar su renuncia un par de semanas después, ocasión en la que el Congreso designó como presidenta interina a Lidia Gueiler, fijándose además la fecha de la próxima elección presidencial el 29 de Junio de 1980. Realizadas las elecciones, luego de un fracasado intento de asesinar a Siles Zuazo mediante la voladura del pequeño avión que debía transportarlo durante su campaña electoral, el resultado de la misma lo consagró una vez más como ganador. Esto precipitó un nuevo golpe de estado, perpetrado el 17 de Julio de 1980, liderado por Luis García Meza y Luis Arce Gómez, dos políticos estrechamente vinculados al narcotráfico y a la dictadura militar argentina. El régimen encabezado por García Meza hizo del terrorismo de estado su principal instrumento de gobierno, dejando un luctuoso saldo de víctimas en todo el país. Acosado por las grandes movilizaciones populares debió ceder el poder el 4 de Agosto de 1981, abriéndose un período de transición que culminaría el 10 de Octubre de 1982 con la asunción de Hernán Siles Zuazo a la presidencia de la república, reconociéndose como válido el resultado de los comicios que tuvieran lugar en 1980.


Paraguay 1989


Un golpe de estado perpetrado el 3 de Febrero de 1989 bajo el liderazgo del general Andrés Rodríguez puso fin a la dictadura del general Alfredo Stroessner que había gobernado durante 34 años con mano férrea y haciendo gala de un rabioso anticomunismo que le valió el constante apoyo de Washington. Entre las principales medidas tomadas por Rodríguez se cuentan la legalización de los partidos de oposición (antes el único reconocido legalmente era el Partido Colorado), el encarcelamiento y posterior exilio de Stroessner, la abolición de la pena de muerte y la derogación de la ley marcial, en vigencia durante unos treinta años. Poco tiempo después convocaría a elecciones y su candidatura triunfaría por estrecho margen sobre sus competidores, dando inicio a un proceso de institucionalización democrática que, pese a sus limitaciones, continúa hasta el día de hoy. Las razones profundas que pudieron haber motivado su golpe en contra de quien era no sólo su socio comercial sino también su consuegro son aún desconocidas, pero con el derrocamiento del stroessnismo se abrió una nueva página en la vida política del Paraguay.


Haití 1988, 1990, 1991, 2004


Es bien conocida la inestabilidad que caracteriza la vida política de la primera nación en conquistar su independencia en América Latina y el Caribe. Haití pagó muy cara su osadía: emanciparse del yugo francés y abolir la esclavitud desencadenó una serie de represalias de su antigua metrópolis y sus aliados en el “mundo libre” que convirtieron a una de las más valiosas joyas coloniales del Caribe en el país más pobre del hemisferio occidental.


En Junio de1988, un golpe de estado derrocó a Leslie F. Manigat, quien había triunfado en las primeras elecciones libres del país organizadas una vez concluida la dictadura de Jean-Claude Duvalier. El autor del golpe fue a su vez derrocado por otro golpe, perpetrado por Prosper Avril en Septiembre de ese mismo año. En Marzo de1990 Ertha Pascal-Trouillot es designada presidenta provisional, para ser a su vez derrocada por un golpe en Febrero de 1991. Jean-Bertrand Aristide, que había triunfado en las elecciones es derrocado el 30 de Septiembre de 1991. Exiliado por unos años, regresa en 1994 para concluir su mandato. Re-electo en 2001, un nuevo golpe lo desaloja del poder en 2004.


Conclusión


El pensamiento hegemónico en el mundo de las ciencias sociales idealiza no sólo los procesos económicos al proponer falsas y absurdas teorías sobre el “efecto derrame”, por ejemplo, según la cual en un cierto momento la acrecentada riqueza de los más ricos tropezaría con un límite que haría que proporciones crecientes de aquélla comenzaran a “derramarse hacia abajo” aliviando de este modo la pobreza de los más pobres. El saber convencional también hace lo propio con la política, al postular una concepción igualmente errónea de la democratización que nada tiene que ver con los violentos y complejos procesos que en el mundo real hicieron posible que un reducido grupo de naciones construyeran un estado y una sociedad democráticas.


Entre otras cosas el paradigma hegemónico en la ciencia política convencional persuade a sus cultores que sólo lo que se puede contar cuenta, y que se puede hacer un buen análisis político prescindiendo del estudio de los condicionantes estructurales y el influjo de los factores históricos. Errónea visión que, dado el colonialismo cultural que prevalece en la periferia del imperio, va de la mano con la aceptación acrítica de los presuntos “desarrollos teóricos y metodológicos” procedentes de la academia norteamericana a la vez que rechaza, con similar enjundia, los aportes que el pensamiento crítico ha realizado para el análisis de los grandes temas de la realidad latinoamericana


Esta radical distorsión ocasionada por una teoría que es poco más que la codificación de las ideas dominantes en la sociedad actual -que, como Marx y Engels lo señalaran en La Ideología Alemana, son las ideas de la clase dominante- ha propiciado la proliferación de visiones idílicas sobre los “avances democráticos” en América Latina y el Caribe, concebidos como una flecha ascendente e irreversible hacia la democracia liberal definida según el ejemplo del bipartidismo norteamericano. Componentes centrales de este modelo democrático son el presuntamente virtuoso “corrimiento hacia el centro” del espectro político y la exaltación de la buena gobernanza entendida, claro está, como la congruencia entre las políticas públicas del estado “democrático” y las preferencias de los amos del mercado. Se comprende que a la luz de estas premisas ideológicas fenómenos como el chavismo o la experiencia gubernativa de Evo Morales y Rafael Correa, para no hablar de la Revolución Cubana, no sean otra cosa que aberrantes desvíos o francos retrocesos del “correcto” rumbo de la historia.


Una concepción como esa no puede sino ignorar los grandes conflictos sociales y la violencia que signaron los progresos democráticos en el mundo desarrollado, conflictos y violencia que también se despliegan en los países de la periferia como producto de la tenaz resistencia que las clases dominantes oponen a las luchas populares por la democracia. Una visión idílica, que concibe a la democracia como el terso despliegue de una voluntad democratizadora al margen de reacciones, restauraciones y contramarchas -es decir, al margen de la lucha de clases- es igualmente inepta para dar cuenta de las reiteradas tentativas de revertir los avances democráticos, por imperfectos que sean, y para restaurar por la vía autoritaria del golpe de estado un orden predemocrático congruente con los intereses dominantes. [6] Al idealizar a las muy imperfectas “democracias realmente existentes” de la región (repetimos: en su mayoría, plutocracias travestidas) el golpe de Honduras apareció ante los ojos de los redactores del Informe Latinobarómetro 2009 como un insólito rayo caído luego de treinta y un años de cielos serenos. Los golpes de estado en Bolivia, El Salvador, Haití, Paraguay y Venezuela tanto como las turbulentas sucesiones presidenciales experimentadas por varios países fueron ignorados en medio del desaprensivo entusiasmo generado por los avances de lo que Samuel P. Huntington (paradojalmente, uno de los teóricos más enconadamente adversarios de la democracia) denominara la “tercera ola democrática”. Con esas anteojeras teóricas los numerosos golpes de estado de las tres últimas décadas simplemente se invisibilizaron, y los redactores del Informe cayeron víctimas de este engaño.


Notas:
1] Cf. Informe Latinobarómetro 2009, http://www.latinobarometro.org/
2] José Manuel Fernández , “Sobre la participación de España y de EEUU en el golpe de estado de Venezuela”, en http://www.nodo50.org/plataformabolivariana/Documentacion/Documentos/GolpeParticipEsp.htm
3] Luis Moreiro, “Condenó el Grupo Río la ruptura democrática”, en La Nación (Buenos Aires) Sábado 13 de Abril de 2002.
4] Cf. Sergio Ramírez S., “Plena coincidencia con los golpistas venezolanos”, 22 Abril 2002, en http://www.rodelu.net/ramirez/ramire82.htm
5] Conste que estamos excluyendo de esa caracterización de “golpe de estado” a los recambios presidenciales que tuvieron lugar como consecuencia de grandes movilizaciones populares que se resolvieron al interior de los mecanismos de sucesión institucionalmente establecidos. Casos de De la Rúa, Argentina 2001; Sánchez de Lozada y Mesa, en Bolivia 2003 y 2005; Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, en Ecuador en 1997, 2000 y 2005; Collor de Mello, en Brasil 1992; Carlos Andrés Pérez, Venezuela 1993 y Cubas, en Paraguay 1999 entre otros. Tampoco tomamos en cuenta casos como los del “autogolpe” de Alberto Fujimori, ocurrido el 5 de Abril de 1992 en el Perú. Si tuviéramos que contar todos estos casos la cronología de la inestabilidad política en esta “tercera ola democrática” en América Latina sería mucho más extensa de lo que el saber convencional de la ciencia política está dispuesto a reconocer.
6] Sobre las “democracias realmente existentes” en América Latina ver nuestro Aristóteles en Macondo. Notas sobre el fetichismo democrático en América Latina (Córdoba: Espartaco, 2009) y “La verdad sobre la democracia capitalista”, en Socialist Register en Español (Buenos Aires: Centro Cultural de la Cooperación y CLACSO, 2006), pp. 45-78. El hilo conductor de estos trabajos es un análisis crítico del uso (y abuso) del término “democracia” para referirse a gobiernos que, salvo contadas excepciones, son apenas oligarquías o plutocracias apenas disimuladas bajo los ropajes exteriores de la democracia.

Elección presidencial en Chile. Regreso a los años 80

Elección presidencial en Chile. Regreso a los años 80 Juan Fancisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)


El probable triunfo del candidato de la oposición Sebastián Piñera – algunos medios lo dan por vencedor en segunda vuelta - es solo el comienzo de un largo proceso político que tendrá implicancias no solo locales en Chile, sino internacionales.


El “cambio” que fue también el slogan del PAN en México para derribar al PRI, de Alvaro Uribe para continuar otro período en Colombia y que es ahora el de Piñera en Chile, es un regreso al pasado en la región.


Como en los años 80, el neoconservadurismo conquista el poder.


A EEUU le interesa la supremacía en la región, y esto se logra con autoritarismo económico y político en los países, un mantra de la ideología neoconservadora.


El eje comienza de Norte a Sur con Felipe Calderón en México, pasa por un par de presidentes en Centro América, continúa con Alvaro Uribe en Colombia y concluye con Alan García en Perú.


De vencer Piñera el 17 de enero, Chile se incorporaría a esta agrupación. El candidato de la Alianza ha manifestado sentirse más cómodo con las concepciones políticas de esta liga.


Aunque no es numerosa, comienza a trascender con el apoyo de EEUU, y tiene mucha vocería esparcida en la región en medios importantes de largo alcance.


El fortalecer ese eje de neoconservadurismo ideológico, disfrazado de un liberalismo confinado a la expansión de mercados, es una apuesta arriesgada, no porque ahora exista Hugo Chávez o Evo Morales gobierne hasta 2015, o porque Lula ostente su “juego de cintura”.


El riesgo consiste en que el sistema político que generó el ajuste estructural a las economías aplicado en los años 80, es basado en la coerción dura o el militarismo a secas, encubierto en democracias rigurosamente vigiladas.


El ajuste (privatización, desregulación, y apertura de mercados indiscriminada), que está diseñado para su aplicación permanente, no ha permitido formar un sistema político que le entregue una gobernabilidad “natural” a partir de derechos ciudadanos al sistema mayor.


El esquema consiste en ordenar “finanzas y seguridad”, como llave de la gobernabilidad desde la cúpula.


Es así que cuando se habla de la unidad en la región y su gobernabilidad, es un eufemismo para evitar el término estabilidad política.


En la base, la estabilidad política en esta parte del hemisferio occidental, es escasa o no existe y se ha deteriorado por la aplicación de un ajuste que No tiene un sistema político abierto y democrático que lo respalde.


Existe una acumulación de inconmensurables contradicciones que aparecen sin solución. Especialmente aquellas que redundan en la pobreza y el desencanto de los que hasta ahora son sirvientes desfavorecidos del sistema.


Si bien el gobierno de Barack Obama ha reconocido la contradicción política del ajuste, en la región se cruza con la hegemonía histórica que EEUU debe ejercer por sus responsabilidades en la Alianza Transatlántica, y por los apetitos de supremacía que todavía predominan.


Siguiendo al pie de la letra la doctrina del realismo duro, a EEUU en la coyuntura le “sirve” más en Chile un gobierno con línea neoconservadora que se agregue al elenco de países que en la suma le proteja sus intereses estratégicos.


Esta situación es conflictiva para la sanidad política interna de Chile, especialmente en aquellos grupos - en ningún caso una minoría- que piensan que con Piñera la transición hacia un régimen con plenos derechos democráticos se prolonga y se complica. Al menos no se le pone fin como algunos “gurúes” sostienen.


Al centro reside el tema de los Derechos Humanos y las violaciones a las que han estado asociados numerosos gobiernos patrocinados históricamente por EEUU.


Curiosamente, por el cruce de las variables de intereses internacionales y procesos locales, el “cambio” es un regreso al autoritarismo económico y político de los años 80, aunque algunos persistan en que al decirlo es otra bagatela para apoyar a Frei.


En diversos tonos, EEUU ha manifestado su inconformidad con los gobiernos que se han opuesto cada cual en sus posibilidades, a su tradicional hegemonía.


EEUU en cambio ha mantenido una sintonía más funcional con los gobiernos que forman este eje y que en gran medida respetan el canon habitual de su supremacía.


El rol histórico de EEUU por mantener liderazgo y supremacía en la región, ha comprometido la estabilidad política de una zona del hemisferio occidental con profundas divisiones. Antes fue el forzado alineamiento con los bandos de la guerra fría, ahora son las diputas del presente.