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Opinion

Catástrofe en Chile: La política de la naturaleza

Catástrofe en Chile: La política de la naturaleza Juan Francisco Coloane

Los desastres naturales son precisamente los que permiten ver con mayor claridad en las naciones, donde funciona y no funciona el desarrollo, y también donde funciona y no funciona la política y una parte importante de ella la solidaridad.


Lo hemos visto repetidamente y últimamente desde India pasando por Haití, Estados Unidos, Argentina y ahora Chile.


Porque el desastre, al no tener causal política y ser un simple aunque brutal test, se convierte quizás en el único mecanismo de evaluación del desarrollo, descontaminado de la matriz política. Golpea e indica qué funciona y qué no.


También es una oportunidad de medir el funcionamiento de la cobertura mediática del desastre, especialmente aquellos que llevan la información al límite de la distorsión y de la ética, sin preservar con más sigilo la información como un preciado bien público, ha sido notorio.


Por mucho que los medios, especialmente los más atractivos y competitivos, hayan tenido la predisposición para entrar en la óptica del show noticioso que asegura la fórmula rating=rentabilidad, el tema central de este terremoto, sus consecuencias y el manejo, sigue siendo el nivel del desarrollo en Chile expresado en su capacidad de respuesta al desastre físico y el drama humano.


A juzgar por la prensa extranjera de mayor jerarquía y menos ideologizada, como The New York Times, The Guardian, Le Figaro, Corriere della Sera, por mencionar algunos periódicos, con este terremoto y tsunami se presentó en Chile el fenómeno de un devastador desastre natural y el manejo institucional más que adecuado de la emergencia.


“Este manejo chileno destacado por la prensa internacional, se produce en un país con años desarrollando instituciones, que son probadas y que no surgen de la noche a la mañana para enfrentar una emergencia”, dice Marta Maurás, la socióloga chilena con una vasta experiencia en emergencias trabajando para la ONU.


Ella apuntaba a esa cualidad institucional en Chile como un gran patrimonio que se expresa justamente en las circunstancias posteriores al duro golpe de la madrugada del viernes.


“Esta cualidad se observó con claridad en la Directora de la ONEMI, Carmen Fernández, cuando en su primer contacto con la prensa se veía que había una persona a cargo” agrega Marta Maurás.


La cautela del comienzo para declarar oficialmente el fenómeno del Tsunami que algunos círculos han reclamado, responde también al mecanismo de no causar un pánico anticipado en la población, y forma parte del manejo institucional.


También hubo una demostración de esa cualidad, en las primeras declaraciones del encargado comunicacional de la empresa distribuidora de electricidad Chilectra, Juan Pablo Larraín, informando, explicando y aconsejando.


No se observó la misma diligencia en el consorcio comunicacional de VTR que escondió la cabeza como el avestruz según muchos usuarios.


Esa solvencia institucional que se ha impuesto afortunadamente en el manejo de la emergencia, coexiste en un país excesivamente politizado y de una temperatura mediática tendiente a grados superiores.


Estos dos últimos factores distorsionan porque tanto medios como intereses políticos, funcionan sobrecargados por sus propias agendas que les obstruye la visión para lograr los objetivos del bien público.


Es así que este desastre natural se cruza con el momento que político que vive el país a 10 días del cambio de mando presidencial.


Todo parecía muy quieto en el frente político, extrañamente calmo. De repente la catástrofe en el verano.


La transición de un gobierno con una pretendida ideología hacia otro con otra pretendida ideología, se observaba como el ejercicio de una colegiada disputa política de las dos fuerzas que han monopolizado el sistema democrático post dictadura.


Divergencias e historias aparte, esas fuerzas mal que mal montaron un sistema político con muchos defectos, pero aceptado por la mayoría de los que votan.


A 13 días del cambio de mando, el peor terremoto en 50 años obligaba a las dos coaliciones que se desgañitaban 45 días atrás para derribar al otro, a funcionar unidos en pos de la reconstrucción.


En la “hermandad política” de coadministradores del sistema, cualquier divergencia anterior pasaba a segundo plano.


La naturaleza con su terremoto se convertía en el agente más político, sin diseño previo y como factor inesperado. Es la especial política de la naturaleza que no está en los manuales políticos.


A pesar de ese buen manejo institucional, a pesar de la buena intención política de dos fuerzas antagónicas a unirse en la desgracia nacional, ese estilo mediático una vez más incita a que el debate esquiva los puntos centrales, aunque las desigualdades sean patentes y estimulen la misma pregunta: “Por qué será siempre igual, que el desastre golpea peor a los más pobres”.


Entonces la premisa de que “la política de la naturaleza es apolítica” no es cierta.


Foto: Chile, Terremoto. / Autor: XINHUA

El terremoto en Chile, una experiencia para la crisis mundial del futuro

Rómulo Pardo Silva


El país sudamericano sufrió un sismo de grado 8,3 de la escala de Richter que ha provocado la muerte de más de 700 personas, inmensos daños materiales y una intensa alteración social. La respuesta nacional al cataclismo ha sido la del sistema capitalista votado por el 90% de los electores.


Es importante tomar el doloroso hecho como una demostración de lo que puede hacer la burguesía en estos casos. Sabiendo que se acaba el petróleo, cambiarán los climas, faltarán el agua, las tierras cultivo, los recursos materiales… es vital tener conciencia de si habrá una respuesta en bien de todos o de una clase.


En el país capitalista se percibe la falta de una autoridad firme que conduzca sin vacilaciones la gestión necesaria. Es compresible. Los políticos de la burguesía en los cargos del estado comparten con los empresarios las decisiones. Ése es su compromiso. Paralelamente el estado carece de los medios propios necesarios para operar.


Falta agua potable para los afectados en la zona del terremoto, la empresa es privada y no se ha dotado de los medios para producir la electricidad que necesita para bombearla. Miles de personas no tenían dónde comprar alimentos, los supermercados son privados y sus dueños decidieron no abrir. Las comunicaciones han fallado, las empresas son particulares y no instalaron generadores a petróleo para emergencias. No se puede viajar a la zona ni desde ella, los dueños de los buses no permiten que den servicio aunque hay vías con problemas pero disponibles. Se necesita reparar las carreteras, el ministro ruega a los concesionarios que lo hagan pronto…


Todo lo anterior en una sociedad de mala educación y sin lazos de vida colectiva, debido al modelo individualista que se ha impuesto, con las consiguientes consecuencias de adaptación a las circunstancias de emergencia. Dentro de un sistema de comunicación empresarial que en lugar de estimular la comprensión objetiva del drama busca lo espectacular mostrando una y otra vez las mismas escenas escogidas aunque no sean representativas de la situación general y lo que se requiere. Un periodismo capaz de inducir a culpar al estado pero que no nombra a los negociantes que han construido mal o se niegan a vender lo indispensable a una población estresada. Ni menos decir que los servicios básicos faltantes son responsabilidad de capitalistas.


El compromiso de las fuerzas armadas en la situación llega al extremo de afirmar que no habría maremoto cuando en realidad ciudades costeras ya estaban semidestruidas varias horas antes.


La comprensión popular de estas deficiencias es muy importante, especialmente por lo que viene. El caso chileno no difiere de lo que pasó después de huracán Katrina de Estados Unidos. La gente debe saber que la respuesta cubana socialista sí fue diferente durante los huracanes que azotaron gran parte de la isla, una conducta colectiva casi sin muertes.


Lo importante para salvar vidas y dar seguridad es tener un poder político democrático con medios, dispuesto a planificar racionalmente adelantándose a los problemas, un estado no amarrado a poderes fácticos minoritarios.


En la ciudad de Concepción el pueblo obligó a abrir la venta de comida, no otros, mientras los medios condenaban el saqueo de la propiedad privada.


Capitalismo y socialismo son muy distintos a la hora de salvar la vida de los pobres.

A Chile le llueve sobre mojado: tras la catástrofe natural, el desastre social

A Chile le llueve sobre mojado: tras la catástrofe natural, el desastre social Clase contra Clase

1.- Aproximadamente a las 3.30 hrs. de la madrugada del día de ayer, se produjo uno de los desastres naturales más grandes de la historia del país y el quinto en la historia mundial, solo comparable en Chile al terremoto de Valdivia de 1960. Este desastre, con un terremoto de casi 9 grados en la zona centro-sur de la V a la IX Región, tsunamis e innumerables réplicas posteriores, ha llevado a decretar a estos sectores como “zonas de catástrofe” por parte del gobierno, y ha movilizado a todos los efectivos gubernamentales empezando a evaluar un plan de “reconstrucción nacional” porque tras la catástrofe natural, emerge la crisis social en la que se encuentran millones de familias trabajadoras y pobres.

2.- Según palabras del Ministro del Interior, el DC Raimundo Pérez Yoma, la situación que se está viviendo en gran parte del país es un “cataclismo con proporciones bastante históricas”. Ya van más de 300 muertos como cifra oficial y más de un centenar de desaparecidos y en las próximas horas se contabilizarán muchos más. Es que la situación es verdaderamente catastrófica para los sectores obreros y populares como muestra la cifra de damnificados. La ministra de Vivienda, Patricia Poblete, sostuvo que preliminarmente se maneja una cifra de “1,5 millones de viviendas con algún nivel de daño y 500 mil con daños severos”. Se habla de cerca de 2 millones de familias del pueblo trabajador damnificadas.

3.- Cientos de miles de casas, edificios y departamentos se han derrumbado, y otros tantos miles de las comunas más pobres se encuentran con riesgos estructurales y en situación de derrumbe. La situación en los hospitales no es menor: el hospital del Maule se encuentran en una crisis estructural por el desastre. El hospital regional de la Araucanía ha sido desalojado ante el peligro de derrumbe. La situación es parecida en los hospitales públicos de Concepción, Tomé y en las provincias del centro-sur del país. En Lampa se incendiaron 3 industrias de plásticos formando un nubarrón químico que llevó a la municipalidad de Lampa a intentar evacuar la comuna, y que se está expandiendo a otras comunas como Quilicura. El metro de Santiago estuvo cerrado. Múltiples locales comerciales también. El suministro eléctrico y de agua potable mientras se restableció en unas horas para la clase patronal, aún no llega a numerosas comunas obreras y populares que se mantienen en desabastecimiento de estos servicios.

4.- Si bien toda la prensa nacional y mundial tiene sus ojos puestos en el terremoto y las calamidades sociales que éste provocó, mostrando las palabras de ayuda del imperialismo norteamericano y una serie de países de Europa y América Latina y la movilización del gobierno, silencian con total complicidad con las clases patronales y sus políticos, que las consecuencias sociales que están golpeando caóticamente a los trabajadores y al pueblo pobre, no son en ninguna medida cuestiones “naturales”, sino el subproducto de los múltiples negociados urbanos e inmobiliarios de la clase capitalista con los partidos patronales del gobierno concertacionista y la oposición derechista que se iniciaron desde la dictadura y se han profundizado en los 20 años de la transición pactada.

5.- Gran parte de los derrumbes de edificios habían sido entregados el año pasado o en estos años anteriores. Lo mismo ocurre en comunas populares de Santiago y hacia el sur del país. Durante la dictadura y 20 años de democracia para ricos, el desarrollo inmobiliario fue a costas de financiamiento desde el Estado a los empresarios. Destinaron gran parte del presupuesto del Ministerio de Obras Publicas al financiamiento de las grandes empresas constructoras e inmobiliarias a través de innumerables subsidios. Con la carestía de vivienda de los trabajadores y del pueblo pobre hicieron millonarias ganancias a costa de programas de vivienda como las viviendas PET a trabajadores, o el fraude de las casas “Copeva”. A esto se suman las franquicias tributarias que permiten la evasión de impuesto vía construcción de “viviendas sociales” –verdaderos fraudes de uso y habitación- además de las rebajas impositivas a las grandes empresas. Estos pulpos capitalistas aprovecharon además junto al negocio con los bancos privados –en complicidad con el Banco Central- los préstamos crediticios, las hipotecas y otros instrumentos de sobreendeudamientos de las masas trabajadoras para tener viviendas donde residir, y pagando tasas de interés totalmente usurarias para viviendas en mal estado, como demuestra la lucha año a año de los deudores habitacionales endeudados con los bancos y empresas constructoras e inmobiliarias. Es ya conocida la situación de las viviendas sobretodo en la zona centro-sur ante los meses de invierno de la lluvia, donde año a año los gobiernos de turno deben destinar complejos deportivos y otros inmuebles como “vivienda temporaria” de miles de casas llovidas y con inundaciones. Este verdadero negocio de la vivienda no es una causa natural, es el usufructo de los capitalistas sobre las masas trabajadoras garantizado por la Constitución pinochetista y por el derecho patronal para el aprovechamiento del suelo, o el derecho de “uso y habitación”. Incluso, mientras hicieron millonarios negocios las constructoras, no dudaron en despedir cientos de miles de trabajadores de la construcción desde el inicio de la crisis mundial.

6.- Desde Clase contra Clase creemos que la situación catastrófica que están viviendo las masas trabajadores y del pueblo pobre, solo podrá ser resuelta íntegramente por los trabajadores mismos. La Concertación que se muestra ahora preocupada de estas calamidades sociales fue la cómplice de estos negociados que permitieron estas consecuencias. La derecha fue la inventora directa de los estos planes en la dictadura. El discurso de Piñera de enfrentar esta calamidad “con unidad nacional”, intenta esconder esta cuestión que está detrás de las graves consecuencias sociales. Además, el vocero de la derecha, El Mercurio y Piñera han salido a denunciar situaciones de “pillaje y delincuencia” en sectores donde se han producido saqueos y llaman a “restablecer el orden público”. Los trabajadores deben denunciar esta maniobra de la derecha, además de denunciar su rol junto a la Concertación como responsables de la calamidad social que están viviendo cientos de miles de trabajadores y del pueblo pobre.

La alcaldesa UDI de Concepción, capital de la Región del Bio Bio, una de las zonas más afectadas, advierte que se producirán saqueos, y reclama mayor presencia policial e incluso del Ejército. Ante el hambre, y la desesperación, muchos se vieron empujados a ingresar a supermercados para abastecerse. No es represión lo que se necesita: en lugar de pedir más policía y ejército, la obligación era proveer soluciones a las dramáticas necesidades sociales.

7. La CUT debería encabezar esta lucha, peleando por un plan de reconstrucción gestionado directamente por los trabajadores y financiado por el Estado y por impuestos progresivos a las grandes empresas que se han beneficiado de este negocio a costa de la miseria de los trabajadores. Además, este plan de reconstrucción debe estar unido a la gestión obrera y popular del racionamiento de toda la ayuda y comida hacia las familias damnificadas así como de hospitales y servicios. Para ello es necesario un Encuentro encabezado por la CUT y organizaciones obreras, donde sindicatos, organizaciones del pueblo pobre, del movimiento estudiantil y de la izquierda discutamos este plan, y que esta tarea se lleve a cabo bajo Comités obreros y populares.


Fuente: Clase contra Clase

Chile: Cuestión de trabajo

Andrés Figueroa Cornejo

1. En Chile, vanguardia experimental del capitalismo mundial desde la contrarrevolución pinochetista, la organización del trabajo impuesta por el capital resulta determinante en los nuevos formatos y contenidos del programa y las plataformas de lucha de los asalariados y el pueblo, y en las maneras más adecuadas para enfrentar orgánicamente la embestida antisocial de la burguesía desde el mundo de los trabajadores.

En general, la informalidad y precarización del empleo, son los modos y tendencias predominantes de la organización del trabajo en el país. Ello es parte de la estrategia de los que mandan para aumentar su tasa de ganancia, y es manifestación de las relaciones descompensadas del capital sobre el trabajo.

Los datos que existen no resultan lo suficientemente actuales ni abundantes, pero ofrecen los números elementales para caracterizar su estado y movimiento.

2.
De acuerdo al estatal Instituto Nacional de Estadísticas, a diciembre de 2009, en Chile la fuerza de trabajo está compuesta por más de seis y medio millones de personas. La cesantía supera el 9 %.

Según la Universidad de Chile –la casa de Estudios Superiores de mayor trayectoria y prestigio- del 100 % de los trabajadores, sólo un 40 % tiene contrato indefinido. El 60 % labora por cuenta propia, son empleados sin contratos, a honorarios, a plazo fijo o por faenas; tienen bajos sueldos, carecen de previsión, salud y capacitación. El 30 % restante tiene una calidad de empleo “más o menos decente”; y sólo el 10 % de “alta calidad”.

Respecto del fenómeno creciente del subcontratismo, en 1999 el 43 % de las empresas subcontrataban, porcentaje que el 2004 ya llegaba al 50, 5 % (Dirección del Trabajo). Sin embargo, desde 1999 hasta el 2004, la subcontratación en actividades económicas principales (ya no en funciones indirectas al servicio o producto eje de la empresa) aumentó del 14,5 % al 20,7 %. Estimaciones hablan de que el subcontratismo corresponde a 1 millón 200 mil trabajadores; esto es, alrededor de un 18 % de la fuerza laboral total. Es preciso hacerse de las cifras de 2009, toda vez que las relaciones de subcontratación viven una ampliación que junto y como parte también de la precarización del trabajo, constituye la tendencia hegemónica de la actual fase del patrón de acumulación de la minoría propietaria.

Es por ello que, más allá del empresarial Código Laboral, el sindicalismo convencional cae debido a que responde a una organización del trabajo que ya no es la predominante en Chile. Hasta entre los empleados públicos, la consolidación del trabajo a honorarios y el contrato no indefinido, limita persistentemente la capacidad de agrupamiento y negociación del sector de trabajadores que cuenta con mayor tonelaje orgánico en el país, y es base de sustentación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la multisindical más numerosa de Chile, pero que está muy lejos de llegar a los dos dígitos de la fuerza laboral existente. Ello sin contar que la composición política de su conducción está en franca colaboración con el capital y sus expresiones políticas.

En esta línea, la defensa de la indemnización por años de servicio de los trabajadores es una demanda que es preciso cautelar, pero que tiene su rostro hermano en la lucha y organización de los asalariados precarizados. Es decir, se liga indisolublemente con la lucha por el contrato indefinido y regulado, con todas las garantías sociales que él comporta. De lo contrario, sólo responde a una conquista mordida sistemáticamente por los gobiernos de la Concertación que beneficia a una fracción cada vez menor de trabajadores. Asimismo, el seguro de cesantía, también debe ser parte de la plataforma de los trabajadores, y su composición debe estar financiada sustantivamente por los empleadores y el Estado. Otra pieza del mismo conjunto, es el fin del subcontratismo, y la formulación de un sistema de seguridad social amplio y que cubra mucho más que una pensión que alcance para vivir adecuadamente. Ninguna de estas reivindicaciones –en tránsito a convertirse en propuestas terminadas- puede pelearse por separado. Son momentos de un todo programático interdependiente.

El movimiento del capital sin restricciones ni regulaciones en Chile desde hace casi 40 años, radicaliza y revela con brutalidad la contradicción sintetizada en la apropiación privada y concentrada de la producción social de la riqueza. Asimismo, la asociación simbiótica, pero dominada por el capital financiero de los distintos momentos del capital, multiplica las relaciones salariales flexibilizadas del conjunto social; concentra la población en las ciudades; y acumula por despojo en materia de recursos naturales, “destruyendo creativamente” fuerzas productivas.

3.
De acuerdo a un informe del Banco Central (2009), los chilenos endeudados alcanzan entre el 60 % y 70 %, y en promedio, deben 3 millones de pesos (5.700 dólares, toda vez que el salario promedio es de 660 dólares). La mayoría de los endeudados provienen de sectores medios y medios empobrecidos y sus deudas son con casas comerciales. Emplean las tarjetas en el supermercado, para comprar ropa o pagar cuentas de servicios básicos, “no para lujos ni viajes”. En la misma línea, la deuda total de consumo (bancaria y no bancaria), a fines de 2008 totalizó más de 22 mil millones de dólares, lo que equivale a una deuda per capita de alrededor de 1.300 dólares (este número no considera las deudas hipotecaria, sólo consumo, y distribuye la deuda entre 17 millones de personas).

Por otro lado, según la III Encuesta de Previsión Social (2006, antes de la crisis económica), poco más de un 20 % de los chilenos tenía capacidad de algún tipo de ahorro. Sobre el ámbito, la encuesta Casen –también de 2006- indicó que el 40 % más pobre de la población destina casi el 70 % de sus ingresos para pagar deudas. Aquí el dinero líquido está en extinción.

La sexta Encuesta Nacional de la Juventud realizada el 2009 informó que más de dos millones de jóvenes están endeudados. El 57 % está moroso con tiendas comerciales y el 33 % con tarjetas bancarias. Los créditos universitarios se encuentran en el cuarto lugar. En tanto, el 17 % de los adolescentes entre 15 y 19 años ya poseen deudas y no salarios, lo que daña directamente el ingreso familiar.

Si bien Chile, los últimos días, ha sido considerado el país menos financiarizado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la industria del crédito y la deuda (en manos de la banca y el retail más capitalizado) disciplina el régimen laboral en dos sentidos: por un lado, resuelve a cuotas infinitas lo que no alcanza con el salario, y por otro, ubica al desempleo en un plano superior a la peor catástrofe de los chilenos. El fenómeno, naturalmente, explica la mansedumbre de importantes sectores de trabadores, funciona como arma antisindical, domestica y convierte al puesto de trabajo en una suerte de graciosa dádiva de los propietarios. Casi un favor que hay que agradecer soportando la no reajustabilidad de las remuneraciones, las horas extras impagas, la multifuncionalidad, la inexistencia de relaciones contractuales, y, en general, las malas condiciones de pago y de trabajo.

Al respecto, la regulación del crédito y la deuda camino a la estratégica nacionalización de la banca (la “estatal” que existe opera de igual forma que la comercial privada), es otro territorio programático para los asalariados y los pueblos. Los límites a la usura devenida de la deuda generalizada (tanto de consumo, como hipotecaria) y una industria crediticia únicamente al servicio de las utilidades de sus dueños chocan invariablemente contra cualquier proyecto de desarrollo que ponga a las grandes mayorías en el centro del movimiento económico. Y junto con el fin del trabajo informal, sin contrato y del subcontratismo, son materiales cardinales, comprensibles, y altamente sensibles para la inmensa mayoría chilena. A ello se agrega que las mujeres obtienen por el mismo trabajo realizado por un hombre un tercio menos de remuneración, y los jóvenes, dos tercios menos; la parte de la renta variable (con metas imposibles) respecto de la fija va en aumento; y la flexibilidad laboral pone al sueldo mínimo como una cifra de llegada y no de partida. He aquí entonces, otras piezas esenciales de las plataformas de lucha, del programa y proyecto de los intereses de los trabajadores y los pueblos, y de los contenidos y formas que los asalariados deben encarar orgánicamente en la actualidad.

Piñera, Plutocracia y Chile S.A.

Ricardo Salcedo Mettroz

Como bien se decía desde antes de ser elegido Piñera, los votantes eligieron un gerente general de un país llamado Chile y no un presidente de la república.


Esto queda ratificado al analizar la nomina de 22 ministros que fueron presentados, con bombos y platillos el viernes pasado. Más de alguno lo ha denominado el gabinete de los gerentes y no es una mala descripción. Lo malo de ello es que un país es muy diferente a una empresa por muy grande que esta sea y la principal diferencia radica en la participación ciudadana que no solo es de votar cada cierto numero de años, sino que esta debe ser escuchada y tomada en cuenta en sus mas diversas expresiones organizacionales, llámense estos sindicatos, asambleas, clubes, juntas de vecinos etc.


Lo que se avecina son imposiciones de parte de la autoridad electa, quien cree o mejor dicho tiene la certeza que el votante le dio un “cheque en blanco”, para que haga a su antojo lo que él a su libre arbitrio crea conveniente, según ellos entienden el bien común.


Queda al desnudo un aspecto patético de parte de la Concertación en sus 20 años de gobierno y esto no es otra cosa que Sebastián Piñera gobernara, con las leyes que hay, intentando bypasear al parlamento, sin cambios sustanciales en la estructura legislativa, intentando llevar la mayoría de su agenda por el filo de la legalidad, en interpretaciones mañosas, como ha sido característica de toda su vida empresarial en el sector financiero especulativo. Para ello es que necesita de gerentes y no de políticos en los puestos ministeriales.


La Concertación se farreo en 20 años, de generar cambios estructurales, como era establecer una Constitución democrática, que reemplazara a la constitución espuria en sus orígenes que hoy nos gobierna y que servirá para que la derecha económica termine de ponerle ruedas al país. Fuera que ella dio paso a la elección de un gobierno como este, elegido bajo el sistema binominal, en que la participación ciudadana es absolutamente distorsionada. Chile es el UNICO país del mundo que aplica este sistema. Tenemos el caso que un candidato, con una determinada corriente de descontento ( MEO ) con un 20 % de la votación, no obtiene la mas mínima representación parlamentaria y otros partiditos, que participan de las migajas que otorgan los dueños del circo, tienen con el 4 % de los votos, cinco diputados e intentan transformarse en partidos bisagras.


El autoritarismo se viene encima de las grandes masas, para imponer una filosofía de sociedad y ello queda en claro al escuchar a Piñera las alabanzas que hace de Uribe en Colombia y sus formas de controlar el país, mediante la represión mas sanguinaria que se tenga memoria y el entreguismo mas grande jamás visto de un país latinoamericano al imperialismo de USA, al aceptar cinco bases militares norteamericanas dentro de su territorio, poniendo en peligro la estabilidad de toda el área.


Los pueblos se dan los gobiernos que merecen y Chile cumplirá su destino, empujado en ello por los sectores Concertacionistas que traicionaron las jornadas épicas de lucha contra la dictadura y que terminaron siendo absorbidos por la derecha económica, que los integro a sus negocios en todas las formas posibles. Dirigentes corruptos, en que el Dios dinero lo fue todo y que hoy esperan seguir haciendo pingües ganancias, aunque sean furgón de cola del próximo gobierno.
(Argenpress)

La concertación y Piñera: Los matices invisibles

La concertación y Piñera: Los matices invisibles Andrés Figueroa Cornejo

Ahora ocurre que el gobierno concertacionista, a un mes de su partida de La Moneda, luego de que Piñera diera a conocer la composición de su primer gabinete, ha bautizado a la próxima administración, como “el gobierno de los gerentes”, comparándolo con el mandato del derechista Jorge Alessandri de 1958.


El mote acuñado por la Concertación para el multimillonario no es incorrecto; lo falso es el intento de la componenda derrotada en las últimas elecciones de representarse así misma como la alternancia popular, toda vez, que las políticas anunciadas por Piñera no resultan estratégicamente antagónicas a las implementadas durante 20 años por Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos y Bachelet. Por el contrario, son complementarias y continuistas. No por nada, el democratacristiano, ex presidente de esa tienda, y con un abundante prontuario de cargos públicos los últimos 20 años de gobiernos civiles, será el ministro de Defensa de Piñera.


Como el Imperio norteamericano (en aprietos por el acoso chino e hindú), tanto la Concertación, como la Alianza por Chile (tanto, la nueva derecha, como la antigua) forman el marco de gobernabilidad para dicha del capital y condena de los pueblos, y está garantizada por dos agrupaciones de representación política cuyos proyectos jamás resultan excluyentes, sino que siempre siameses. Como los demócratas y los republicanos en EEUU.
En el capitalismo otoñal –destructivo de fuerzas productivas, de trabajo precario, de despojo de recursos naturales; belicoso, alienante, estructuralmente desigual, regido por el capital financiero especulativo; inhumano, que concentra la riqueza y democratiza la miseria-, Chile no sólo es cobre, madera, pescado y racimos de uva para la exportación. También es el sitio donde se experimentan de manera fundamentalista y como vanguardia, las fórmulas más radicales y de última generación del capitalismo. Lo que en Chile ocurre primero, se replica en el vecindario mundial, de acuerdo a las resistencias y variantes moduladas por la lucha de clases en cada territorio o país en particular. Basta darle un vistazo a la privatización ampliada de los ahorros previsionales, la salud, la educación, el mar, los recursos naturales, la tierra, los barrios, las carreteras, el borde costero, y las obras “públicas”. Por eso el planeta capitalista y sus polos centrales, colocan a Chile como paradigma económico y político, a través de sus instituciones-industrias de la deuda mundial, como el FMI, el BM, la OMC y las calificadoras de riesgo.
En la misma línea, La Nación de Argentina bautizó como “el gobierno de los técnicos” al inminente mandato de Piñera en el país. Asimismo, El Clarín trasandino relevó el rol de consultor del Fondo Monetario Internacional del que será ministro de Hacienda, Felipe Larraín; mientras el Financial Times de Londres señaló que la designación de Larraín es un signo de “continuidad macroeconómica”. La BBC, por su parte, aseguró que la misión de la nueva cartera ministerial deberá “Centrarse en impulsar el crecimiento económico y la creación de empleos, junto con continuar con las políticas sociales de la Presidenta saliente, Michelle Bachelet.” En buenas cuentas, se impone la sugerencia de que la administración de la derecha vieja no debe dejar de implementar los procedimientos de contención y control social inaugurados por la Concertación por medio del asistencialismo a los quintiles más pobres de la población. Asimismo, el discurso piñerista de ubicar a tecnócratas en los ministerios cumple los objetivos de ofrecer la impresión de “neutralidad” y “eficiencia” por sobre la partidocracia de las carteras; y refleja el mito burgués de que un país se puede manejar “con éxito” igualmente que una empresa cualquiera. Naturalmente, y del mismo modo que la Concertación a lo largo de sus 2 décadas en el Ejecutivo, los “especialistas” son cualquier cosa menos neutrales.
Sin embargo, el economista, analista y académico de la Universidad de California, Sebastián Edwards, al conocer el gabinete y los criterios de su formación, señaló que “Me temo que muchos de estos ministros no durarán mucho tiempo en sus puestos” debido a “la ausencia de experiencia política”. La campaña del diario La Tercera (derechista como el que más) también ha “tirado las orejas” a Piñera en el mismo sentido que Edwards. Esto quiere decir simplemente, que la inteligencia de la vieja derecha, permanentemente irá supervisando los pasos de Piñera con el fin de que la alianza que representa gane también las próximas elecciones de 2013. Tomando nota, Sebastián Piñera, rápidamente, se contactó con el UDI (ultra conservador), Pablo Longueira, para reordenar el loteo partidista del nuevo gobierno. Todavía hay que repartir la piñata de las subsecretarías, intendencias y otros sabrosos bombones. Pero para ello hay tiempo suficiente.
Al ex candidato presidencial de la UDI, Joaquín Lavín (quien estuvo a unos cuantos miles de votos de ganar las elecciones contra Ricardo Lagos en 1999), le “tocó” encabezar el ministerio de Educación. Aquí no es extraño hipotetizar que procurará cambiar el pago de la deuda histórica con los profesores por la eliminación del Estatuto Docente (que es una suerte de carrera profesional que ofrece cierta seguridad laboral a los educadores). Es el mismo trato generalizado de los empresarios al enfrentar una negociación colectiva con los trabajadores: cambian los reajustes salariales y el mejoramiento de las condiciones de trabajo por un bono de fin de conflicto. Ya la educación particular y particular subvencionada en Chile raya en un 60 % respecto de la pública y gratuita. Ello es una tendencia impulsada por la Concertación que ya tiene un movimiento propio. En este ámbito, Lavín ya tiene “la pega” hecha. En el mismo sentido, las políticas del ministerio del Trabajo consagrarán la flexibilidad laboral, el casi inexistente poder negociador de los asalariados; el fin de la indemnización por años de servicio canjeado por un ridículo seguro de cesantía; y la consolidación del subcontratismo y la tercerización. Todo ello también es una tendencia pavimentada por los gobiernos concertacionistas.
El resto de los ministerios está liderado por probados empresarios, gerentes y tecnócratas del capital. Se desploman las máscaras “ciudadanistas” de los gabinetes de la Concertación (donde también había empresarios) y los trabajadores y el pueblo enfrentarán el rostro puro y duro de los intereses corporativos que rigen la estrategia burquesa para Chile. Al respecto, la Concertación –con ingentes recursos y lengua bipolar- intentará reconquistar al electorado ofreciendo mayor regulación económica, más y mejor trabajo, más democracia, y criticando las mismas políticas que ellos implementaron sin asco durante los 4 gobiernos consecutivos que capitanearon.
Mientras tanto, la izquierda anticapitalista prepara sus luchas y propuestas, cautelando su independencia política respecto de la Concertación. En este ámbito, el anticapitalismo en Chile amplía su plataforma de lucha, tonificándola con las nuevas formas de expoliación del capital contra el despojo de los recursos naturales; propiciando un nuevo sindicalismo acorde a la actual organización del trabajo; incorporando sinceramente al ambientalismo consecuente; y las luchas ancestrales de la mujer y de los pueblos originarios a su carta de navegación estratégica. Es cierto; estos días son opacos y enemigos de la emancipación. Sin embargo, la fatalidad de la coyuntura comenzará a destruirse combinadamente, con ideas y en la calle, en los lugares de trabajo, en las aulas y en las poblaciones; arruinando el sectarismo, exudando unidad popular. Las maneras del anticapitalismo sólo pueden desenvolverse en un solo movimiento que sintetice la protesta con la construcción del proyecto político de los pueblos y los trabajadores.

Cuba: Reflexiones del Compañero Fidel. La Revolución Bolivariana y Las Antillas

Cuba: Reflexiones del Compañero Fidel. La Revolución Bolivariana y Las Antillas Me gustaba la historia como a casi todos los muchachos. También las guerras, una cultura que la sociedad sembraba en los niños del sexo masculino. Todos los juguetes que nos ofrecían eran armas.


En mi época de niño me enviaron para una ciudad donde nunca me llevaron al cine. Entonces no existía la televisión y en la casa donde vivía no había radio. Tenía que usar la imaginación.


En el primer colegio adonde me llevaron interno, leía con asombro sobre el Diluvio Universal y el Arca de Noé. Más tarde consideré que era quizás un vestigio que la humanidad guardaba del último cambio climático en la historia de nuestra especie. Fue, posiblemente, el final del último período glacial, que se supone tuvo lugar hace muchos miles de años.


Como es de suponer, más tarde leí con avidez las historias de Alejandro, César, Aníbal, Bonaparte y, por supuesto, todo cuanto libro caía en mis manos sobre Maceo, Gómez, Agramonte y demás grandes soldados que lucharon por nuestra independencia. No poseía cultura suficiente para comprender lo que había detrás de la historia.


Más adelante centré mi interés en Martí. A él le debo en realidad mis sentimientos patrióticos y el concepto profundo de que “Patria es humanidad”. La audacia, la belleza, el valor y la ética de su pensamiento me ayudaron a convertirme en lo que creo que soy: un revolucionario. Sin ser martiano, no se puede ser bolivariano; sin ser martiano y bolivariano, no se puede ser marxista, y sin ser martiano, bolivariano y marxista, no se puede ser antiimperialista; sin ser las tres cosas no se podía concebir en nuestra época una Revolución en Cuba.


Hace casi dos siglos, Bolívar quiso enviar una expedición al mando de Sucre para liberar a Cuba, que mucho lo necesitaba, en la década de 1820, como colonia azucarera y cafetalera española, con 300 mil esclavos trabajando para sus propietarios blancos.


Frustrada la independencia y convertida en neocolonia, no se podía en Cuba alcanzar jamás la dignidad plena del hombre, sin una revolución que pusiera fin a la explotación del hombre por el hombre.


"…yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.


Martí, con su pensamiento, inspiró el valor y la convicción que llevó a nuestro Movimiento al asalto de la fortaleza del Moncada, lo que jamás habría pasado por nuestras mentes sin las ideas de otros grandes pensadores como Marx y Lenin, que nos hicieron ver y comprender las realidades tan distintas de la nueva era que estábamos viviendo.


Durante siglos, en nombre del progreso y el desarrollo, se justificó en Cuba la odiosa propiedad latifundista y la fuerza de trabajo esclava, que había sido precedida por el exterminio de los antiguos habitantes de estas islas.


De Bolívar, Martí dijo algo maravilloso y digno de su gloriosa vida:


“…lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía.”


“Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.”


En Venezuela, como en las Antillas hicieron otras, la potencia colonial sembró caña, café, cacao, y llevó también como esclavos a hombres y mujeres de África. La resistencia heroica de sus indígenas, apoyándose en la naturaleza y extensión del suelo venezolano, impidió el aniquilamiento de los habitantes originales.


Con excepción de una parte al Norte del hemisferio, el inmenso territorio de Nuestra América quedó en manos de dos reyes de la Península Ibérica.


Sin temor puede afirmarse que, durante siglos, nuestros países y los frutos del trabajo de sus pueblos han sido saqueados, y continúan siéndolo por las grandes empresas transnacionales y las oligarquías que están a su servicio.


A lo largo de los siglos XIX y XX, es decir, durante casi 200 años después de la independencia formal de la América Ibérica, nada cambió en esencia. Estados Unidos, a partir de las 13 colonias inglesas que se rebelaron, se expandió hacia el Oeste y el Sur. Compró Luisiana y Florida, le arrebató más de la mitad de su territorio a México, intervino en Centroamérica y se apoderó del área del futuro Canal de Panamá, que uniría los grandes océanos al Este y el Oeste del continente por el punto donde Bolívar deseaba crear la capital de la mayor de las repúblicas que nacería de la independencia de las naciones de América.


En aquella época, el petróleo y el etanol no se comercializaban en el mundo, ni existía OMC. La caña, el algodón y el maíz eran cultivados por esclavos. Las máquinas estaban por inventarse. Avanzaba con fuerza la industrialización a partir del carbón.


Las guerras impulsaron la civilización, y la civilización impulsó las guerras. Estas cambiaron de carácter, y se hicieron más terribles. Finalmente se convirtieron en conflictos mundiales


Por fin éramos un mundo civilizado. Incluso, lo creemos como cuestión de principios.


Pero no sabemos qué hacer con la civilización alcanzada. El ser humano se ha equipado con armas nucleares de inconcebible certeza y aniquiladora potencia, mientras desde el punto de vista moral y político, ha retrocedido bochornosamente. Política y socialmente, estamos más subdesarrollados que nunca. Los autómatas están sustituyendo a los soldados, los medios masivos a los educadores, y los gobiernos empiezan a ser sobrepasados por los acontecimientos sin saber qué hacer. En la desesperación de muchos líderes políticos internacionales se aprecia la impotencia ante los problemas que se acumulan en sus despachos de trabajo y las reuniones internacionales cada vez más frecuentes.


En esas circunstancias, tiene lugar en Haití una catástrofe sin precedentes, mientras en el lado opuesto del planeta continúan desarrollándose tres guerras y una carrera armamentista, en medio de la crisis económica y conflictos crecientes, que consume más del 2,5% del PIB mundial, una cifra con la que podrían desarrollarse en poco tiempo todos los países del Tercer Mundo y tal vez evitar el cambio climático, consagrando los recursos económicos y científicos que son imprescindibles para ese objetivo.


La credibilidad de la comunidad mundial acaba de recibir un duro golpe en Copenhague, y nuestra especie no está mostrando su capacidad para sobrevivir.


La tragedia de Haití me permite exponer este punto de vista a partir de lo que Venezuela ha hecho con los países del Caribe. Mientras en Montreal las grandes instituciones financieras vacilan sobre qué hacer en Haití, Venezuela no vacila un minuto en condonarle la deuda económica, de 167 millones de dólares.


Durante casi un siglo las mayores transnacionales extrajeron y exportaron el petróleo venezolano a ínfimos precios. Venezuela se constituyó durante decenios en el mayor exportador mundial de petróleo.


Es conocido que cuando Estados Unidos gastó cientos de miles de millones de dólares en su guerra genocida de Vietnam, matando e invalidando millones de hijos de ese heroico pueblo, también rompió unilateralmente el acuerdo de Bretton Woods suspendiendo la conversión en oro del dólar, como estipulaba el acuerdo, y lanzando sobre la economía mundial el costo de esa sucia guerra. La moneda norteamericana se devaluó y el ingreso en divisas de los países caribeños no alcanzaba para pagar el petróleo. Sus economías se basan en el turismo y las exportaciones de azúcar, café, cacao y otros productos agrícolas. Un golpe anonadante amenazaba las economías de los Estados del Caribe, con excepción de dos de ellos exportadores de energía.


Otros países desarrollados eliminaron las preferencias arancelarias a exportaciones agrícolas caribeñas, como el banano; Venezuela tuvo un gesto sin precedentes: le garantizó a la mayoría de esos países suministros seguros de petróleo y facilidades especiales de pago.


Nadie se preocupó, en cambio, por el destino de esos pueblos. De no haber sido por la República Bolivariana una terrible crisis habría golpeado a los Estados independientes del Caribe, con excepción de Trinidad-Tobago y Barbados. En el caso de Cuba, después que la URSS colapsó, el Gobierno Bolivariano impulsó un crecimiento extraordinario del comercio entre ambos países, que incluía el intercambio de bienes y servicios, que nos permitió enfrentar uno de los períodos más duros de nuestra gloriosa historia revolucionaria.


El mejor aliado de Estados Unidos, y a la vez el más bajo y vil enemigo del pueblo, fue el farsante y simulador Rómulo Betancourt, Presidente electo de Venezuela cuando triunfó la Revolución en Cuba en 1959.


Fue el principal cómplice de los ataques piratas, los actos terroristas, las agresiones y el bloqueo económico a nuestra patria.


Cuando más lo necesitaba nuestra América, estalló finalmente la Revolución Bolivariana.


Invitados a Caracas por Hugo Chávez, los miembros del ALBA se comprometieron a prestar el máximo apoyo al pueblo haitiano en el momento más triste de la historia de ese legendario pueblo que llevó a cabo la primera Revolución social victoriosa en la historia del mundo, cuando cientos de miles de africanos al sublevarse y crear en Haití una República a miles de millas de sus tierras natales, llevaron a cabo una de las más gloriosas acciones revolucionarias de este hemisferio. En Haití hay sangre negra, india y blanca; la República nació de los conceptos de equidad, justicia y libertad para todos los seres humanos.


Hace 10 años, en instantes en que el Caribe y Centroamérica perdieron decenas de miles de vidas durante la tragedia del huracán Mitch, se creó en Cuba la ELAM para formar médicos latinoamericanos y caribeños que un día salvarían millones de vidas, pero en especial y por encima de todo, servirían como ejemplo en el noble ejercicio de la profesión médica. Junto a los cubanos estarán en Haití decenas de jóvenes venezolanos y otros latinoamericanos graduados en la ELAM. De todos los rincones del continente han llegado noticias de muchos compañeros que estudiaron en la ELAM, que desean colaborar junto a ellos en la noble tarea de salvar vidas de niños, mujeres y hombres, jóvenes y ancianos.


Habrá decenas de hospitales de campaña, centros de rehabilitación y hospitales, donde prestarán servicios más de mil médicos y estudiantes de los últimos años de la carrera de Medicina, procedentes de Haití, Venezuela, Santo Domingo, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Chile y los demás países hermanos. Tenemos el honor de contar ya con un número de médicos norteamericanos que también estudiaron en la ELAM. Estamos dispuestos a cooperar con aquellos países e instituciones que deseen participar en estos esfuerzos para prestar servicios médicos en Haití.


Venezuela aportó ya casas de campaña, equipos médicos, medicamentos y alimentos. El gobierno de Haití ha brindado toda su cooperación y apoyo a este esfuerzo por llevar los servicios de salud gratuitamente al mayor número posible de haitianos. Será para todos un consuelo en medio de la mayor tragedia que ha tenido lugar en nuestro hemisferio.


Fidel Castro Ruz
Febrero 7 de 2010
8 y 46 p.m.

¿Punto de inflexión política? ¿Evo o Piñera?

¿Punto de inflexión política? ¿Evo o Piñera? Julio C. Gambina

En varias conversaciones sostenidas en los últimos días me reiteraron una constante: con el resultado electoral de segunda vuelta en Chile hay un punto de inflexión en la tendencia política que se presentaba en la última década en América Latina y el Caribe. Confieso que no bastaba mi alusión al fenómeno simultáneo dado por la asunción en el gobierno de Bolivia, del dúo Evo Morales y Álvaro García Linera por un segundo periodo.


No deja de ser un interrogante saber porqué pesa más en algunas reflexiones la impronta que asumirá el millonario pinochetista Piñera en el gobierno del país trasandino, que la renovación con aires de radicalización que impondrán los vecinos del altiplano, ahora que definen su rumbo por el “socialismo comunitario”. En todo caso me pregunto que pesará más en el debate político e ideológico regional, en el clima de época, si el capitalismo exacerbado del derechista chileno, o la opción socialista del gobierno popular boliviano.


Pero volvamos al argumento inicial y que me inquieta. Si hay punto de inflexión es que la tendencia se modifica. ¿Hay o habrá cambio de rumbo? ¿Hay o habrá restauración conservadora? Para responder los interrogantes hay que trasladarse en el tiempo y pensar en periodos más largos, precisamente el que determina el origen de las políticas hegemónicas de las últimas cuatro décadas. Es en Chile con el golpe genocida de 1973 que se hace manifiesta la gigantesca ofensiva del capital sobre el trabajo, la sociedad y la naturaleza. Es un proceso potenciado con la caída del este de Europa y la obstaculización en la subjetividad popular para pensar en la posibilidad socialista. El mundo se hizo capitalista por excelencia, al punto de habilitar teorizaciones como las del “fin de la historia”.


La resistencia a la iniciativa política del capital (neoliberalismo) construyó la expectativa latinoamericana del primer decenio del Siglo XXI y habilitó hace apenas un lustro la reivindicación del socialismo como propuesta de solución para los problemas de los pueblos. Primero en Venezuela se habló de “socialismo del siglo XXI” y ahora en Bolivia de “socialismo comunitario”. Convengamos que ello se explica en buena medida por el medio siglo de la experiencia socialista en Cuba. El caso es que los tres países protagonizan junto a otros cuatro (Nicaragua, Honduras (1), Dominica y Ecuador) una interesante y desafiante experiencia de integración, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA. Son estos los protagonistas destacados de la Cumbre de Copenhague que no reclamaron un lugar en el productivismo capitalista, sino que identificaron como responsable de la crisis climática al capitalismo. Más allá de los adjetivos (“del siglo XXI” ó “comunitario”) con que se califiquen los rumbos sociales definidos, el socialismo vuelve a la agenda de la región y del mundo de la mano de los que hacen el ALBA.


Si la realidad es la crisis de la economía mundial y la respuesta que explica la recuperación económica de los principales países capitalistas (EEUU anuncia un crecimiento del 5,7% para el IV trimestre de 2009) se sustenta en 10% de desempleados estadounidenses y cifras alarmantes de desempleo, empobrecimiento y hambre en todo el planeta, nos queda claro que la salida capitalista de la crisis se sustenta en mayor explotación de la fuerza de trabajo mundial. Alguien sostendrá que no es novedad. Es verdad, la explotación es la sempiterna forma de funcionamiento del régimen del capital, tal como lo explicó Carlos Marx en 1857/58 en sus estudios previos a la publicación de su máxima obra: El Capital en 1867. Lo novedoso no resulta del reconocimiento de la plusvalía en el 2010, sino la expresión, por ahora minoritaria, de experiencias sociopolíticas que se pronuncian por una salida anticapitalista y por el socialismo.


Contraofensiva del capital


Quiero enfatizar que la inflexión fue el golpe pinochetista, pues la tendencia de aquellos tiempos era favorable a la necesaria construcción de otro sistema internacional de relaciones sociales. El mundo era bipolar y con contradicciones se manifestaba una fortísima acumulación de poder popular con el imaginario socialista, las luchas de los trabajadores y los pueblos que estaban en las movilizaciones de los 60´ y 70´, en el triunfo del pueblo vietnamita y en la caída de la tasa de ganancia del capital ante el gigantesco nivel de resistencia y organización de los trabajadores en los países capitalistas de todo el mundo. Desde ese punto de apoyo y amparado en el terrorismo de Estado, la tendencia global mutó hacia las políticas reaccionarias hegemónicas de los 90´, donde las ideas de la “escuela de Chicago” se impusieron. Solo para incorporar un matiz local, recordemos a los “Chicagos boys” de estas tierras, entre los que se destacó por los noventa un joven que llegaría a titular del BCRA y que hoy motiva múltiples análisis de coyuntura política: Hernán Martín Pérez Redrado.


¿Hay cambio de tendencia ahora? Sí, lo hay y deviene de la acumulación de poder popular, que reivindicadora del No (al ALCA, a la deuda externa, a la militarización, entre otros) supo construir alternativas políticas que desafiaron la hegemonía discursiva del neoliberalismo en Latinoamérica y el Caribe. Hay quienes solo se quedaron en la crítica a las políticas hegemónicas en los 90´ y otros fueron más allá. Algunos se animan a criticar al capitalismo, incluso a desandar ataduras al sistema mundial, sus instituciones y convenciones subjetivas de que es lo que se puede hacer. Ecuador llevó adelante una auditoría de la deuda externa que le permitió desconocer parcialmente obligaciones con acreedores que demandaban privilegio de cobro por sobre las necesidades sociales internas. El gobierno de Bolivia nacionalizó los hidrocarburos y se retiró del CIADI, instrumento del Banco Mundial para defender los intereses de los capitales transnacionales. Hemos mencionado ya la integración en el ALBA, y adicionemos la innovación propositiva de una “nueva arquitectura financiera internacional” que se abona con la creación del Banco del ALBA y el SUCRE con pretensión de moneda regional, pero incluye también el demorado Banco del Sur y otras iniciativas de articulación económica regional.


La expectativa mundial que genera la región latinoamericana y caribeña está sustentada en la movilización y resistencia a las políticas regresivas y reaccionarias de salida capitalista a la crisis de los años 70´ (década perdida en los 80´ y medio perdida en los 90´ según la CEPAL). Entre las campañas sociopolíticas de movilización popular, los cónclaves globales tipo FSM desde 2001 y los nuevos gobiernos emergentes contra el neoliberalismo se gestaron las esperanzas de cambio más allá del propio continente. América Latina y el Caribe se transformaron en laboratorio de estudios para el pensamiento crítico y el movimiento popular mundial. Claro que la tendencia fue a la igualación de las experiencias, sin percibir que en un proceso de una década, Venezuela pasó de una concepción de “tercera vía” (2) (1999 a 2004) a sostener su “socialismo del Siglo XXI” (desde diciembre del 2004); y Bolivia que esbozó una propuesta de “capitalismo andino” al comienzo del primer gobierno, propone actualmente el “socialismo comunitario”. Ecuador y Bolivia incluyen novedades jurídicas importantes en sus renovados regímenes constitucionales, donde la categoría del “buen vivir” sorprende, cuando menos, a los intelectuales neoclásicos de la corriente principal (el mainstream) hegemónica. En otros casos, el discurso no fue más allá de la crítica al neoliberalismo, para sostener la perspectiva capitalista. La importante quita de la deuda pública argentina en el canje de 2005 se esteriliza en la actual reapertura del canje, el pago anticipado al FMI en 2006, la voluntad negociadora con la espuria deuda reclamada por el Club de París, mayoritariamente contraída en tiempos de la dictadura genocida de 1976-83. Brasil asume con China, India y otros el camino del desarrollo capitalista del sur, tal como se evidenció en la Cumbre de Copenhague, reclamando un lugar en la división internacional capitalista del trabajo. ¿Y Chile? Bastaría leer el reciente artículo de Atilio Boron (3) argumentado que en lugar de votar la copia se optó por el original, pero más aún los importantes estudios económicos de los intelectuales chilenos Graciela Galarce y Orlando Caputo que vienen denunciando hace más de una década sobre la funcionalidad capitalista de los gobiernos de la concertación. (4)


Crítica al capitalismo y propuesta socialista


La inflexión empezó con la visible acción colectiva de los pueblos que construyen, con limitaciones enormes, la práctica del “otro mundo posible”. ¿Es una realidad irreversible? La caída del socialismo real nos enseña que no existe irreversibilidad, que la lucha de clases existe más allá de la voluntad y que vencer la ofensiva capitalista lanzada en la crisis de los 70´ requiere mucho más que voluntad o discurso de transformación social. Para ello se necesita potenciar sujetos conscientes que luchen por dar una salida anticapitalista a la crisis de la economía mundial en nuestro tiempo. En esta definición radican los límites de proyectos políticos que al no proponerse la superación del capitalismo, condenan sus intentos transformadores (en el caso que los hubiera) a la lógica del régimen del capital en tiempo de transnacionalización. En todos los países de la región en que se generó expectativa de cambios progresistas se discutió y discute como asegurar una herencia política transformadora en el plano institucional. Fueron los temores de discontinuidad de gobierno en Uruguay, desmentidos con el reciente triunfo del Frente Amplio, y es parte del debate actual en Brasil. Fue hipótesis verificada en Chile. ¿Qué pasará en Argentina? Se trata de un escenario agravado con la contraofensiva militarista puesta de manifiesto con la reinstalación de la IV Flota; las leyes de seguridad nacional; el golpe en Honduras y sus amañadas elecciones; la potenciación de la presencia estadounidense en Colombia con las nuevas bases militares; el grosero desembarque de 10.000 marines en Haití, adicionando fuerza armada a la ocupación incrementada en estas horas de las tropas de Naciones Unidas. Toda una respuesta del poder global al desafío de una perspectiva emancipadora en la región latinoamericana y caribeña.


En síntesis, no hay inflexión hacia la derecha en la región con el triunfo de Piñera, aunque si es obvio que triunfó en los comicios el proyecto explícito de la derecha política chilena. Es bueno interrogarse y profundizar en las causas que motivaron ese resultado e incluso en el carácter de los gobiernos de la concertación. Salvando distancias, pero en situación parecida, en 2007 nos opusimos al simplismo de considerar que la ciudad de Buenos Aires se había derechizado con el voto a Mauricio Macri para el gobierno local. El voto había sido de protesta ante los límites de los gobiernos “centristas” (si así se puede considerar a las administraciones de De la Rúa e Ibarra) que le precedieron, y si, se orientaron hacia un proyecto de derecha con pretensión de representación nacional. No hubo restauración conservadora en la ciudad por la resistencia a todos los intentos por hacer avanzar un proyecto de derecha. A causa de ello es que a dos años del aquel pronunciamiento electoral se reabre la potencia de un proyecto de izquierda en la ciudad, en el que aportamos para que se alimente con organización popular de sujetos conscientes para una política que parta de reconocer que no hay solución para los pueblos en el marco del capitalismo. Ello no supone pensar en construcciones de “socialismo mágico”, de la noche a la mañana. Como dice Álvaro García Linera, la perspectiva puede llevar años ó siglos. Pero lo que no puede hacerse es escamotear la perspectiva anticapitalista y por el socialismo. Es una cuestión más allá de la disputa institucional y se asocia al poder popular.


La inflexión viene por la reinstalación de la crítica al capitalismo y la formulación del objetivo socialista. No es un rumbo irreversible y menos mayoritario, pero es una realidad. Por eso, y en el debate coyuntural de la Argentina argumentamos contra la “autonomía” del BCRA y el pago de la deuda, con reservas o con fondos fiscales. La deuda no debe pagarse ante la enorme deuda con los empobrecidos. La lista de acreedores de una deuda social interna es tan inmensa que no se puede proponer cancelar antes las deudas con otros acreedores. En todo caso es un debate en el que debiera participar el conjunto de la sociedad. ¿Qué deuda se debe cancelar antes? Hace tiempo se demostró que los llamados deudores somos los acreedores, que es hora de poner fin a la transferencia de riqueza e ingresos desde los pueblos al capital más concentrado del capitalismo transnacionalizado.


Es cierto que en Argentina y probablemente en la mayoría de los países de la región se encuentre silenciado el debate por el socialismo. Pero insistamos en que si no existen quienes lo promuevan y luchen por su materialización, nunca se logrará. Si pretendemos transformar la realidad de un capitalismo en crisis, lo primero es pensar en cómo se construye una salida anticapitalista, ya que los que piensan la continuidad capitalista ejercen el poder en todas sus dimensiones. Hablamos de inflexión para una salida popular porque la novedad al final de la primera década del Siglo XXI es la crisis del capitalismo y la existencia, por ahora minoritaria, de un proyecto socialista.


Julio C. Gambina es Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.


Notas:
1) Incorporada en tiempos de Manuel Zelaya.
2) Concepción elaborada por Anthony Giddens, sociólogo británico, asesor de Tony Blair en el gobierno inglés y que sostenía un camino entre el conservadurismo de Thatcher y Reagan y la tradición socialdemócrata europea.
3) Chile: el original y la copia. En: http://www.atilioboron.com/
4) Publicados en Libros de Clacso. Pueden consultarse en http://www.clacso.org.ar/