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Opinion

El sismo y sus réplicas (sociales)

El sismo y sus réplicas (sociales) Oscar Taffetani (APE)

Privatizar las ganancias y socializar las pérdidas es una regla de oro del capitalismo y especialmente de este capitalismo periférico que nos toca, en donde la institucionalidad y ciertos pactos mínimos acerca del funcionamiento del Estado son puestos en cuestión a cada paso, sea por un terremoto o tormenta fuerte, sea por una diferencia en la liquidación de regalías, o bien por el descubrimiento de algún tesoro ignorado en las entrañas de la tierra (digamos, un yacimiento de petróleo) y por la discusión subsiguiente sobre quién habrá de quedarse con esa riqueza.


La matriz de la injusticia se reproduce en cualquier situación, con lluvia o con sol, con terremoto o sin él. Por eso la reconstrucción de Nueva Orléans, después de que una crecida del mar dejara al descubierto la (planificada) imprevisión de las casas mal fundadas y las defensas nunca construidas, favoreció a los mismos consorcios e inmobiliarias que habían sido causantes del desastre. El casco histórico se libró de los pobres excedentes (es decir, ésos que no son pintorescos y no le sonríen al turista) y la cuadrícula urbana fue replanteada desde cero, con créditos blandos que otorgó el Estado.


Así va a pasar en Haití (país que lleva a cuestas la tragedia de haber sido la cuna de la libertad en América, sin haber logrado nunca la institucionalización de esa libertad). Así va a pasar –al menos, en el corto plazo- en el querido Chile, devastado por terremotos y maremotos que se suceden al ritmo, cada vez más intenso, del calentamiento global.


Salvo los yacimientos chilenos de cobre, que fueron nacionalizados y estatizados para siempre por el gobierno de Salvador Allende (quien consiguió que la ley se votara por unanimidad en el Congreso), el resto de las riquezas y la infraestructura productiva de Chile fueron concesionadas o enajenadas durante la dictadura de Pinochet, e incluso durante los gobiernos de la Concertación. Ya lo dijo el ex presidente Ricardo Lagos, durante un debate en el Senado: “En el país existió un robo, el efectuado a las empresas públicas que ahora son privadas" (29/06/2005). Y lo dijo también la candidata -y hoy presidente saliente- Michelle Bachelet: "El país sabe que las privatizaciones durante la dictadura no fueron transparentes y que hay un juicio histórico que los chilenos tienen sobre ese oscuro proceso" (30/06/2005). Tras esas breves ráfagas de verdad y memoria (sin que se ejecutara una política en consecuencia), volvió a soplar el viento del olvido y Chile reeditó el “borrón y cuenta nueva” que tanto le gusta al capitalismo.


Claro que al producirse una catástrofe como esta última, quien deberá, una vez más, hacerse cargo de los muertos y de los vivos, de la infraestructura de transporte y de las comunicaciones, de la educación y de la salud de los chilenos, será el Estado. Y las concesionarias del agua potable y la electricidad, de las autopistas viales y las autopistas informáticas, de los fondos previsionales y las prepagas de la Salud, entre otras, se limitarán a hacer donaciones, efectistas donaciones, en los recitales a beneficio de las víctimas, en la Quinta Vergara.


Habrá créditos, nuevos créditos, para la “reconstrucción de Chile”. El primero de ellos, ya calculado por organismos internacionales, será de 1.200 millones de dólares, anticipando el Ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, cómo va a ser distribuido: “unos mil millones de dólares son de gasto para el Estado y el resto es por obras concesionadas…”


La deuda más antigua


“El terremoto dejó al desnudo la deuda social de Chile”, titula el diario argentino La Nación, acompañando un comentario de su corresponsal en Santiago, Carlos Vergara. “Las imágenes del espanto posteriores a la catástrofe –escribe el corresponsal- no parecen coincidir con las de un país ejemplar que tantos elogios ha cosechado en Washington y en el resto del mundo por la continuidad de un modelo económico que impulsó el desarrollo del país”.


“Las estadísticas son elocuentes. Pese a sus más de 20 tratados de libre comercio, a sus 25.870 millones de dólares en reservas internacionales y a las auspiciosas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), de que el país lideraría el PBI per cápita a nivel regional hasta 2014, con casi 15.000 dólares, la otra cara del espejo es desoladora (…) Es un país en el que hay casi dos millones de pobres y más de 500.000 personas en estado de indigencia, que al mismo tiempo posee carreteras que permiten llegar de la precordillera al aeropuerto en menos de 15 minutos”.


Nada que agregar a las palabras de Carlos Vergara. Salvo que el mismo medio para el que trabaja, y otros muchos, hasta hace unas pocas semanas, eran parte del coro que elogiaba sin retaceos el “modelo chileno”.


Vidas paralelas


Más allá de las diferencias, que son muchas, Chile y la Argentina llegan a sus respectivos bicentenarios con dolorosas coincidencias: ambos son países en donde se planificó y ejecutó un diseño de “economía social de mercado” en el que la razón de los lobbies empresarios fue más importante y más atendible que cualquiera de las razones del Estado. Un darwinismo social reciclado se impuso como doctrina, consagrando la desigualdad, el poder del más fuerte y una arrasadora amnesia sobre las conquistas populares.


La foto, patética, de ese Chile transculturado y amnésico, es Pelotón VIP, una versión televisiva y militarizada de Gran Hermano, cuyas cámaras se quedaron filmando sin sonido ni respuestas el temblor de la noche del 27 de febrero. En la Argentina, una foto equivalente sería la del impúdico empresario Ricky Fort, paseando en un Rolls Royce por la calles de Miami y poniendo en pantalla una interminable serie de imbecilidades.


Hubiéramos deseado un terremoto que se tragara a un tiempo a los reclutas del Pelotón VIP chileno, a Ricardo Fort y a su fábrica de chocolates. Pero no llegó. Tal vez, más adelante. Mientras tanto, debemos convivir con la injusticia, con la maldita injusticia, tan sólo apostando a muchachas como Martina Maturana, la niña-héroe de Juan Fernández, que puso en práctica (así lo hubiera escrito Don Milani) el sagrado deber de no obedecer.


Fuente imagen: APE

Chile neoliberal: Sálvese quien pueda

Chile neoliberal: Sálvese quien pueda Vicky Peláez

Las sociedades deben juzgarse por su capacidad para hacer
que la gente sea feliz.
Alexis de Tocqueville

El terremoto y posterior tsunami del pasado 27 de febrero, no sólo devastaron a Chile, sino pusieron en evidencia, igual como en el caso del huracán Katrina en los Estados Unidos en el 2005, todos los defectos del neoliberalismo, en especial la incapacidad de proteger a sus ciudadanos, tanto, durante la recesión económica como en desastres naturales.


Fue un terremoto de magnitud 8.8 en la escala de Richter y un potente tsunami que desnudaron la imagen de un Estado "prospero, democrático, uno de los más desarrollados y organizados en América Latina", y que representaba, de acuerdo a la declaración de Hillary Clinton unos días antes en el Brasil, un "ejemplo para seguir en Venezuela y el continente". Pero resultó que este país, el "más europeo" en la región, según la prensa globalizada, estaba cercano en la capacidad del Estado a responder al desastre, a la nación más pobre de América Latina: Haití, también envuelta en el modelo neoliberal.


Tan "organizado" esta el gobierno chileno, y tan "eficientes" son sus fuerzas armadas con satélite y sofisticada tecnología militar, que tardaron 32 horas en comunicarse por teléfono con las regiones más devastadas de Maule y Bío Bío. Y eso no es nada. La primera ayuda consistente en víveres llegó a Concepción, 72 horas después de producida la tragedia. Hubo total descoordinación entre la Armada y la Oficina Nacional de Emergencia. La Defensa Civil era prácticamente inexistente, el Sistema de Comunicaciones de Emergencia colapsó y nadie sabía nada de la magnitud de la tragedia, ni la misma presidenta Bachelet quien, horas después del terremoto, declaró que Chile no necesitaba ninguna ayuda porque estaba 'bien preparado y organizado para los desastres'.


Cuando se enteró del desastre, lo único que le quedó al gobierno fue maquillar la cifra de muertos y desaparecidos y mandar al ejército a la zona del desastre, no para ayudar a los damnificados, sino declarar toque de queda de hasta 18 horas para proteger la propiedad privada de los saqueos, por los más marginados de la sociedad. La población entró en pánico por las turbas saqueadoras en las tiendas, transmitidas permanentemente en la televisión. Cada ciudadano tenía que valerse por si mismo y no esperar ayuda, porque durante los últimos 40 años, los chilenos conviven con un golpe de Estado, masacres, terror, crisis económica, injusticia social y el neoliberalismo que destruyeron redes sociales y la solidaridad.


Este Chile del 2010 ya no es el de 1971 sacudido por un terremoto de 7.75 grados, en la escala de Richter, cuando todos ayudaban a todos y no hubo saqueo. Ahora sólo vale el individualismo. Ni siquiera los ciudadanos formaron en los barrios los comités de defensa, como se hizo en el paupérrimo Haití para encontrar y trasladar a sus muertos, enterrarlos, protegerse mutuamente y conseguir alimentos. En el país llamado "ejemplo del desarrollo", donde un 60 por ciento de la población tiene trabajo precario, el 50% no puede pagar seguro médico privado, la desocupación juvenil supera el 25%, donde el número de "huachos" (niños abandonados) crece, y donde el Estado se limita principalmente al mantenimiento del orden, el neoliberalismo mostró su verdadero rostro rapaz y despiadado, al servicio del dios dinero.


Foto: Chile - Milton Friedman y Augusto Pinochet

Pobre chilito nuestro, tan lejos de dios y tan cerca y rodeado de fascistas.

Pobre chilito nuestro, tan lejos de dios y tan cerca y rodeado de fascistas. Escrito por René Dintrans

miércoles, 10 de marzo de 2010

Sabido es por todos la fábula esa (1) en que el sapo se decide finalmente transportar al escorpión al otro lado del lago. Mucho me temo que ésta se reproduce genuinamente en los últimos momentos políticos que nos ha tocado observar. No parece razonable en un país que posa como un candidato seguro al primer mundo, el que su presidenta tuviera a su disposición un helicóptero recién a las 9:00 a.m., cuando maremoto y terremoto ocurrieran a las 3:30 a.m.


El punto conflictivo parece ser el no haber declarado “estado de sitio” en el primer momento, es decir, dejar a los militares con poderes plenipotenciarios. El permitir que la larga y penosa transición de 20 años, desde una dictadura a una “democracia”, terminara con el traspaso del poder con el ejército campeonando en todo del país terremoteado.


Como no resultaba presentable tal escenario, al parecer, las cosas se demoraron; tardaron los aviones, los helicópteros, los teléfonos satelitales, puesto que, los famosos teléfonos satelitales los tienen hace mucho tiempo en su poder las FFAA.

Entonces es comprensible que existieran los obscenos saqueadores, que en vez de leche en caja o arroz o azúcar, robaran un plasma de TV, una bicicleta o una lavadora automática.


Y sigue siendo comprensible que la presidenta, rodeada por las más altas autoridades policiales, pasara revista, a una no menos obscena muestra de evidencias sustraídas, que según propia impúdica declaración de la mandataria, alcanzaba a una cifra cercana a los 1000 millones de pesos.


Era conmovedor, ver en vivo y en directo, a un niño devolviendo un colchón, ver a militares cargando cajas de leche y sopas en polvo recuperadas. Ver a los propios delincuentes devolviendo el botín que habían capturado días antes (es algo verdaderamente inédito).


Esto sólo puede ocurrir en nuestro surrealista país, el que mercaderías que estaban aseguradas, sean recuperas con un celo ejemplar.


Se les aplicará todo el rigor de la ley, aseguró la mandataria.


De las constructoras que saquearon a los cándidos compradores de la clase media emergente y “aspiracional” , que compraron confiados departamentos de 50 millones con mucho esfuerzo y encalillamiento, nadie quiere hablar, a pesar que ese saqueo es infinitamente superior en millones de pesos constantes y sonantes que la de todos los saqueadores flaites. Se sabe que ellas operan bajo la protección de alcaldes y ex-alcaldes que tienen intereses en esas inmobiliarias, si hasta don Francisco, el héroe de la Teletón tiene negocios con una de las directamente involucradas.



Pero no, el pueblo que eligió al presidente Piñera, espera confiado que él encabece la reconstrucció n nacional. Él ha nombrado a sus intendentes; en Valparaíso por ejemplo, nombró al representante de las inmobiliarias. Nada mejor para reconstruir que sobre la base de la demolición del patrimonio de la ciudad, de Chile, del mismísimo patrimonio de la humanidad.


Nada mejor que seguir construyendo en el borde costero, tapándole la vista al mar a todo el mundo, nada mejor que seguir burlando la norma, cuando quien la fiscaliza, es privada, y la mayoría de las veces, con directa vinculación con la inmobiliaria.

Piñera ha quedado en una posición inmejorable, nadie puede exigirle que cumpla con sus demagógicas promesas de campaña. Dispone de una caja repleta de dinero, ningún presidente en toda la Historia de Chile ha dispuesto de tanta plata. El mundo entero le ha ofrecido su ayuda.


Nadie puede hacerle una oposición cerrada. La Concertación cerró filas para colaborar en la reconstrucció n nacional.


Las leyes que sean necesarias aprobar, pasarán sopladas por el parlamento. Y bien sabemos cual es el propósito inmediato de la Derecha ( y de no pocos concertacionistas)

i) Congelamiento del salario mínimo o su eliminación si hay ánimo para ello. En suma, flexibilizació n laboral, su frase mágica

ii) Enajenación de Codelco, formación de Codelco S.A. y venta de sus acciones a capitalistas privados pero nacionales.

iii) Término de los juicios a los militares implicados en crímenes del pasado reciente. Tal como se los prometió en campaña.


La cosa viene movida, la réplica será equivalente al terremoto, el pueblo debe estar alerta, no debe por ningún motivo dejar que le pasen gato por liebre.


La sociedad chilena tiene un daño estructural irreparable.


Atte. René Dintrans

erredintran@ yahoo.es
http://blogdintrans .blogspot. com/



La discriminación de la mujer en materia de trabajo

La discriminación de la mujer en materia de trabajo Mirta Sofia Brey

I - La mundialización ha producido cambios en las relaciones sociales y, en particular, en las relaciones de trabajo, una de cuyas características es la irrupción masiva de la mujer en el mercado de trabajo. Entre 1973 y 1990 la tasa de participación masculina en el empleo bajó del 88% al 83% mientras la femenina aumentó del 48% al 60%.(1) La incorporación de la mujer al mercado de trabajo se produjo por dos razones: la primera, su deseo de ser reconocida como individuo y como ciudadano en una sociedad en la que tal reconocimiento depende sobre todo de los aportes financieros que procura un ingreso; la segunda, por la ineludible necesidad de trabajar frente al desempleo de los miembros masculinos de la familia. Pero esta incorporación se produjo en condiciones tan discriminatorias como las preexistentes, con el agravante de que la mujer fue utilizada como mano de obra de reserva para disminuir la retribución y ofrecer condiciones de trabajo desfavorables.


Si bien álgunas mujeres eligen trabajar en lugar de permanecer en el hogar, la gran mayoría, especialemte en los países de menor grado de desarrollo, no lo hacen por elección sino por obligación. Cuando permanecen en el hogar se hacen cargo de una serie de tareas domésticas y de cuidado de personas y bienes, que a menudo son pesadas. Estas tareas las dejan fuera de la esfera del mercado de trabajo y se las califica de “económicamente no activas” aunque realicen actividades indispensables para la supervivencia y desarrollo de la familia y contribuyan, a veces, en industrias o artesanías destinadas al mercado. Las tareas domésticas, el cuidado y atención de personas (salud, educación, vestido, higiene) y de cosas que constituyen el patrimonio familiar es subvalorado. Esta subvaloración determina asimismo los bajos salarios que perciben las que trabajan como maestras de niños pequeños, enfermeras o empleadas domésticas.
La incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha reducido el tiempo que ellas dedican a las tareas de reproducción (no sólo dar a luz sino también criar, alimentar, educar, cuidar de la salud y ayudar a la socialización de los hijos) y domésticas, pero ha reducido sobre todo su tiempo libre. La falta de tiempo libre obstaculiza no sólo su derecho al descanso y al esparcimiento sino también a la educación y a la participación en la vida cultural y científica. Cuando la mujer carece de tiempo para realizar todas las tareas de que está a cargo suele descargar una parte de ellas en sus hijas mujeres, lo que a menudo obliga a las niñas a abandonar la escuela. De este modo se encadena el círculo vicioso en que la mujer carece de la formación necesaria y debe aceptar los puestos de menor jerarquía, peor remunerados y de condiciones más duras.
II - La contracción del papel que desempeñaba el Estado en la economía, particularmente la drástica disminución del gasto social, perjudica más a las mujeres que a los hombres porque muchos de los servicios reducidos o eliminados las ayudaban a aliviar una parte de sus tareas familiares y a hacer compatible el empleo con la maternidad. La falta de servicios de guardería las obliga a aceptar empleos de tiempo parcial o a dejar a sus hijos al cuidado de otras personas, generalmente mujeres, lo que aumenta la carga de estas últimas. La privatización de los servicios de salud obliga a las mujeres de condición modesta a cuidar ellas mismas a sus enfermos. Como lo indica un documento de las Naciones Unidas:” hay cada vez más pruebas de que al aumentar la pobreza, el desempleo y el desamparo, las políticas de ajuste estructural llegan a exacerbar la violencia contra la mujer, ya que reducen su poder económico y aumentan su carga debido a la disminución o a la pérdida de servicios sociales.”(2)
Las altas tasas de desempleo funcionan como factor de coerción en la negociación en que las empresas lograron disminuir los costos salariales con el fin, alegan, de resultar más competitivas. En las zonas industriales francas, en Mauricio, trabajaban hasta 1984 un 80% de mujeres. Ese año, el Gobierno decidió eliminar el salario mínimo para los hombres y el porcentaje de mujeres empleadas en esas zonas disminuyó al 66%., puesto que los hombres aceptaron salarios similares a los de las mujeres(3)
Desde el decenio de 1970 las tasas de desempleo no han dejado de crecer incluso en los años de mayor crecimiento económico. En 1998 había unos 165 millones de desocupados mientras en 2008 se estimaba esa cifra en 193 millones. La tasa total de desempleo era, en 2008, de 5.9% para los hombres y de 6.3% para las mujeres (4) La diferencia en materia de desocupación entre hombres y mujeres es un indicador de discriminación. Pero lo es aún más la del acceso al mercado de trabajo. En todas las regiones del mundo la tasa de acceso al empleo de las mujeres es inferior a la de los hombre en relación con la población. En América Latina la tasa de mujeres con empleo era, en 1998, de 44.2% contra 82% para los hombres y en 2008 era de 52,6% contra 81,9% para los hombre. En Asia del Sur era de 36,7% para las mujeres contra 89,1% para los hombres en 1998 y en 2008, de 37,6% contra 86,2% para los hombres. En los países más desarrollados era de 48,3% para las mujeres contra 69,8% para los hombres en 1998 y de 50,4% contra 67,5% en 2008. Aunque la brecha parece haberse achicado tímidamente, la diferencia sigue siendo importante. Algunas mujeres de los países más ricos pueden haber elegido permanecer fuera del mercado de trabajo, pero en los países menos desarrollados no lo hacen por la falta de puestos de trabajo o por las presiones culturales. Las que permanecen en el hogar realizan infinidad de tareas domésticas y de cuidado de personas o de participación en industrias u otras actividades familiares, todas ellas no remuneradas, que a menudo cubren jornadas laborales más largas y pesadas que las del trabajo asalariado, pero que relegan a la mujer a la categoría de “fuera de la fuerza de trabajo” y realizando actividades no económicas.(5)
III - La flexibilidad y la inseguridad en el empleo han reemplazado al pleno empleo con remuneración regular y de tiempo completo. Esta tendencia, conjuntamente con el desempleo, ha hecho que muchas mujeres con escasas calificaciones hayan sido empujadas al trabajo ocasional, temporal, doméstico o “independiente”, así como al trabajo a domicilio o a otras formas de trabajo (venta callejera, tratamiento de basura) o de servicios (atención de enfermos o ancianos a domicilio, etc.) generalmente no declarado, es decir, dentro del sector informal, no estructurado, fuera del control de las leyes y las instituciones. El trabajo informal carece de beneficios sociales (seguros por enfermedad o accidentes, licencias por maternidad, vacaciones pagas, etc.), de estabilidad (el empleador no está obligado a pagar indemnización por despido) y del derecho a una jubilación.
La situación de los trabajadores independientes en el sector no estructurado ha sido descrita en un informe sobre Burkina Faso donde se indica que el sector informal proporciona el 20% del producto bruto del país y permite vivir al 80% de la población urbana económicamente activa:” No tienen ningún tipo de seguridad social, no tienen maquinarias, les faltan las materias primas y otros productos necesarios, los canales de distribución son caóticos y tienen bajos niveles de educación, todo lo cual quita a sus productos la calidad para poder competir, por lo que a menudo tienen que dedicarse a varias ramas de actividad al mismo tiempo. No tienen acceso ni al capital ni a las garantías, por lo que les cuesta mucho obtener créditos...”(6) El informe agrega que las mujeres son una impresionante mayoría en ese sector.
Las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura suplantaron la mano de obra femenina en el campo y redujeron la participación de la mujer en la llamada población activa agrícola. En África al Sur del Sáhara, donde la mujer había tenido una situación favorable comparada con la de otros países subdesarrollados, según los indicadores de mortalidad, nutrición y salud, gracias a su importante función en el sistema agrícola, las nuevas tecnologías han desplazado esa función. También han contribuido a deteriorar la situación de la mujer los cultivos de exportación, que emplean mano de obra esencialmente masculina. Su acceso a la tierra ha disminuido, pues la adjudicación de tierras como consecuencia de los programas de ajuste estructural a menudo le han hecho perder sus tradicionales derechos de usufructo sobre tierras cultivables disminuyendo, en consecuencia, sus ingresos. La introducción de la propiedad individual y la reducción de los derechos comunales sobre la tierra han reducido el acceso de la mujer a recursos productivos también en Asia meridional.(7)
IV - Como consecuencia del desempleo industrial y agrícola, muchos trabajadores se han visto obligados a migrar. Se calcula que la cifra de migrantes en el mundo asciende a 214 millones. Los migrantes representan el 3,1% de la población mundial y las mujeres representan el 49% de los migrantes. El 75% de los migrantes están en el 12% del total de los países.(8) Ninguno de esos países, entre los que se encuentran los europeos y los Estados Unidos, ha ratificado la Convención de la ONU sobre Trabajadores Migrantes establecida para asegurar que los migrantes tengan iguales derechos que los trabajadores nacionales y para proteger también a los trabajadores indocumentados no sólo como entidades económicas sino como seres humanos con derechos.
Según un informe reciente del BID, los migrantes se han convertido en un elemento integral de los mercados laborales de los países industrializados (en Estados Unidos representan el 23% de los trabajadores del sector manufacturero y el 20% de los del sector de servicios). Pero la migración, a veces, está asociada con una reducción de las remuneraciones de los trabajadores de baja calificación en los países más desarrollados.(9) Según este mismo documento “la mayoría de los trabajadores de la región que emigran a los países desarrollados se inserta en las franjas menos calificadas de la estructura ocupacional”...pero “los países más pequeños y menos desarrollados son los que padecen más el éxodo de profesionales.” La cantidad de mujeres que emigran es impresionante. Para las migrantes, se trata de una estrategia de supervivencia concebida para elevar los ingresos del grupo familiar, reduciendo al mínimo el vínculo que se efectúa a través del cabeza de familia varón con la desfalleciente economía nacional. Uno de los efectos más importantes de las migraciones es el flujo de remesas enviadas por los migrantes a sus familias y comunidades de origen. En 2008 los flujos de remesas mundiales superaron los 444.000 millones de dólares de los Estados Unidos, de los que 338.000 millones se destinaron a países en desarrollo.
Muchas mujeres van al servicio doméstico. Por ejemplo, en las Filipinas, que es el mayor país asiático de emigración, el número de mujeres que emigran supera al de sus compatriotas varones en la proporción de 12:1. La disminución de los servicios sociales ha generado, por parte de las familias acomodadas de los países desarrollados, un alza de la demanda de servicio doméstico. Los trabajadores domésticos inmigrantes que se alojan en el domicilio del empleador están particularmente expuestos a diversas formas de malos tratos ( verbales o físicos) en el lugar de trabajo que, en el peor de los casos han llegado a causar la muerte del empleado. Los malos tratos contra el empleado migrante incluyen insultos de tipo racista, que generalmente tienen por objeto humillar al trabajador y exigir su sumisión. El acoso y abuso sexual parecen ser corrientes, con graves repercusiones a largo plazo sobre la salud de los trabajadores, especialmente cuando las víctimas son niñas.(10)
V - El trabajo forzado, a veces en condiciones de esclavitud, parece ser admitido en varios países receptores de migrantes para el servicio doméstico. En muchos otros, es una práctica corriente el trabajo infantil forzado siguiendo tradiciones consistentes en confiar niños de corta edad a adultos para que realicen tareas domésticas, en muchos casos demasiado pesadas y durante todo el día, sin salario ni derecho al descanso.(11) Las mujeres, que son mayoría en este sector, y en particular las niñas, son las principales víctimas de la falta de normas que caracterizan a este servicio, pues varios países, al ratificar los respectivos convenios de la OIT, han excluido a los trabajadores domésticos del ámbito de aplicación de los mismos, por ejemplo, del Convenio sobre seguridad y salud de los trabajadores, 1981(núm. 185), del Convenio sobre la fijación de salarios mínimos, 1970, (núm.131) y del Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm.138)(12) .
Otra de las plagas que afecta principalmente a las mujeres y a los niños es el de la trata de personas para someterlas a trabajos forzados y a la explotación sexual, que existe en casi todos los países del mundo y es tolerado en muchos, entre ellos los más desarrollados. La nueva Confederación Sindical Internacional (CIS), resultado de la fusión de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) publicó, en febrero de 2007, un informe sobre las normas fundamentales del trabajo reconocidas en la Unión Europea, donde dice:”Todos los Estados miembros de la UE han ratificado los dos Convenios fundamentales de la OIT sobre trabajo forzoso. Con todo, la trata de personas, esencialmente mujeres y niñas para destinarlas a trabajos forzosos y a la explotación sexual, es un problema, en cierta medida, en prácticamento todos los países.”(13)
VI - Uno de los aspectos en que la discriminación contra la mujer se hace más evidente es el de la retribución y las condiciones de trabajo. Aparte de otras razones que influyen para agravar esta discriminación (migrantes, menores, baja calificación por falta de oportunidades para educarse o por provenir de zonas agrícolas) las mujeres sufren discriminación por el sólo hecho de serlo. Estudios recientes en Europa y Asia Central han demostrado que los avances en este terreno son muy lentos. Las mujeres ganan, como término medio, el 15% menos por hora de trabajo que los hombres. En Estados Unidos, varios estudios del National Committee on Pay Equality revelaron que la brecha entre los salarios de ambos sexos se estrecha muy lentamente. Un estudio de 2008 del International Poverty Centre proporciona indicadores de esas diferencias entre trabajadores adultos urbanos de Argentina, Brasil, Chile, El Salvador y Méjico que muestran que las mujeres perciben remuneraciones equivalentes al 80% de las de los hombres, menos en Argentina, donde perciben el 92%(14) . Según datos oficiales de Argentina, las madres son las que sufren mayor discriminación, pues perciben remuneraciones que son casi un 20% menores que las de las mujeres sin hijos(15) .
En febrero de 2007, la nueva Confederación Sindical Internacional (CIS) dijo en un informe: “En los Estados Miembros de la Unión Europea sigue habiendo una profunda brecha entre la legislación y la práctica con respecto a la iguadad entre hombres y mujeres. En Europa las mujeres ganan hasta un 40% menos que sus colegas masculinos, registran índices de desempleo más elevados y están escasamente representadas en los cargos directivos. La discriminación económica que sufre la mujer es particularmente grave en algunos de los Estados Miembros de Europa Oriental, donde las diferencias en el sector público suelen ser incluso mayores que en el sector privado.”(16)
La discriminación contra la mujer tiene lugar no sólo en los niveles más bajos de la escala social, sino también en los más elevados. Las mujeres están subrepresentadas en los Consejos de Administración de las grandes empresas. Encuestas realizadas en once países europeos revelaron que, como término medio, las mujeres representan sólo el 14% de los miembros de dichos consejos. El promedio se eleva gracias a países como Noruega (41%) y Suecia (27%), pero otros países como Francia (9%), España (8%) y Portugal (3%) muestran que las mujeres son discriminadas en las promociones y sobre todo, en los cargos de dirección.(17)
De los 3.000 millones de personas empleadas en el mundo en 2008, 1.200 millones eran mujeres. Sólo una pequeña proporción de las mujeres con empleo trabajan en la industria (en 2008, 18.3% contra 26,6% de hombres). La gran mayoría están en la agricultura y cada vez más en los servicios (en 2008 el sector servicios cubría un 46,3% del total del empleo femenino contra 41,2% para los hombres). Hay importantes diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a las condiciones de trabajo. A nivel mundial, las mujeres en empleos vulnerables (los que, según la OIT reciben retribuciones ínfimas, carecen de protección social y de la seguridad que los ponga a cubierto de la falta de trabajo y que no pueden ahorrar lo suficiente para los períodos de desempleo) incluye no sólo el trabajo informal sino también a quienes, teniendo empleo, no alcanzan a cubrir sus necesidades elementales, era el 52,7% contra 49,1% para los hombres.
Es característico de este período la creación de empleos remunerados por debajo de las necesidades mínimas de subsistencia. El derecho a tener un trabajo estable y a condiciones de trabajo dignas (o decentes, como lo reclama la OIT, atenuando la reivindicación de un derecho humano esencial) no tiene vigencia en la sociedad actual. Para incrementar sus beneficios, las empresas recurren a la extorsión, obligando a sus trabajadores a aceptar condiciones de trabajo y remuneraciones inferiores a las que tenían, cerrando lugares de producción (con el consiguiente desempleo) para trasladarse a países con mano de obra retribuida mínimamente e invirtiendo beneficios en el mercado financiero en perjuicio de la inversión productiva que les permitiría mantener las fuentes de trabajo. La carrera hacia la acumulación de riquezas parece no tener fin.
En el sector agrícola, las sociedades transnacionales (STN) tienen generalmente repercusiones negativas, tanto para la población como para las prioridades nacionales, pues están orientadas hacia la exportación y suelen desvastar los cultivos de subsistencia. Como a menudo invierten en tecnología destinada a optimizar la explotación, eliminan los métodos y cultivos tradicionales. En cuanto a la mujer, la privan de su papel tradicional en la agricultura y la obligan a emigrar, como ha sido dicho precedentemente. El empleo que ofrecen en el campo se caracteriza por ser estacionario y de tiempo parcial y se violan a menudo los derechos de los trabajadores a una retribución equitativa. En el caso de trabajadores migrantes sin documentos, se los hace trabajar en condiciones deplorables y reciben salarios ínfimos. En las plantaciones de las STN se emplea a niños que realizan tareas arduas y peligrosas. También es común el uso de productos agroquímicos como los PCB, el DDT y las dioxinas, que son contaminantes orgánicos persistentes.(18)
VIII - Una parte de las inversiones directas de las STN en el extranjero se efectúa en las zonas francas de exportación. A mediados del decenio de 1980 había unas 176 zonas francas en 47 países en desarrollo, donde la STN empleaban 1.300.000 personas y 600.000 más en sitios similares a las zonas francas(19) . Veinte años más tarde se estima que en el mundo hay 2000 zonas francas que emplean a 27 millones de trabajadores, de los cuales entre el 60 y el 90 por ciento son mujeres(20) Es difícil establecer la influencia de las inversiones directas de las empresas transnacionales en los diversos países a raíz de la actual tendencia a subcontratar, que prevalece en la gran mayoría de esas inversiones. La subcontratación suele fomentar el trabajo informal, que proporciona beneficios directos no sólo al subcontratista, sino también a las STN. El trabajo informal abarata los costos de mano de obra para dichas empresas porque la subcontratación (sea por empresarios locales o inversores extranjeros) libera a las STN de responsabilidad con respecto a los trabajadores, los que pierden los pequeñas ventajas que les daba el hecho de tener un empleo legal con ciertos beneficios sociales. En algunas industrias, la amplitud de la subcontratación es tal que las sedes de las STN suelen ser meras oficinas administrativas.. En Malasia, por ejemplo, se subcontrata más de un tercio de la producción electrónica, textil y del vestido; en Tailandia el 38% de la ropa industrial es producida por trabajadores a domicilio y en las Filipinas del 25 al 40%.
Entre las ventajas económicas de que gozan las STN no está solamente la mano de obra de bajo costo, sino también una serie de beneficios que los gobiernos otorgan a los inversores. Por ejemplo, en Guatemala, la ley les otorga una suspensión temporaria del pago de los derechos arancelarios e impuestos a la exportación de materias primas, productos semielaborados, etc. hasta por el plazo de un año prorrogable por un año más y las exonera del impuesto sobre la renta por un plazo de diez años. Al cabo de ese período las empresas aparentan cerrar, pero en realidad cambian de nombre o trasladan su domicilio para seguir operando con esa ventaja(21) . De este modo, los beneficios percibidos por los Estados receptores de las inversiones directas son pequeños y los que llegan a la sociedad mucho menores. Por otra parte, logran eliminar a las empresas nacionales que no pueden competir con ellas y hieren de muerte a los pequeños productores e industrias nacientes.
A pesar de las ventajas otorgadas a las STN, los trabajadores de las zonas de producción para la exportación o zonas francas no gozan de condiciones de trabajo dignas. Si bien en el pasado percibían salarios mejores que los ofrecidos por empleos locales, parece haber una tendencia hacia la nivelación de los salarios de las empresas transnacionales y los nacionales. La única ventaja de que gozan es una relativa estabilidad si están empleados en la industria directamente por la STN y no por uno de sus subcontratistas.(22) .Por otra parte, están sujetos a una serie de violaciones a sus derechos, como las descriptas en un estudio sobre las maquilas en Honduras: despidos arbitrarios y a veces masivos (por cierre o para castigar a los participantes en actividades sindicales), suspensión de los contratos con el pretexto de falta de materia prima o de mercados para las exportaciones, incentivos a la producción cuyos premios no se cumplen, campañas de hostigamiento antisindical y maniobras para impedir que los delegados cumplan su función, malas condiciones de higiene y de seguridad laboral, contratos temporarios (se despide a los trabajadores al final del período de prueba), malos tratos psicológicos y morales (insultos, trato hiriente, gritos por parte del personal intermedio), horas extras obligatorias (bajo la amenaza de castigos o despido), falta de asistencia médica e incumplimiento de las obligaciones legales por incapacidad, enfermedad y maternidad; no pago de indemnizaciones por accidentes de trabajo (incluso por muerte), discriminación en la selección del personal por causa de edad, incapacidad o embarazo.(23)
Las mujeres, ampliamente mayoritarias en algunas maquilas como la textil y del vestido, están sujetas a duras condiciones de trabajo, entre ellas, la discriminación sexual, las pruebas de que no están embarazadas para obtener un empleo, la violación de las leyes de maternidad y el acoso sexual por parte de sus superiores jerárquicos, además de los factores de orden general como el uso restringido de los baños, la carencia de agua potable, las jornadas excesivamente prolongadas, los ritmos de trabajo exigidos, la falta de ventilación y las humillaciones verbales sobre todo provenientes del personal encargado de la vigilancia.(24)
IX - En la publicación de la OIT “Tendencias Mundiales del empleo” se dice que en los países en desarrollo continúa la tendencia hacia el empobrecimiento de los trabajadores, como ya se había observado en años anteriores. Los trabajadores que perciben 1,25 dólares de los Estados Unidos por día constituyen, en el mundo, el 19,4% del total de las personas con empleo y los que perciben 2 dólares por día son el 40,5%. La situación es particularmente grave en África al Sur del Sáhara, donde los primeros forman el 58.3% de los trabajadores y los segundos el 82,2% y en el Sur de Asia, donde esas cifras son de 39,5% y de 79,7%. Aunque los indicadores de la pobreza por sexo son escasos, existen pruebas de la diferencia entre los sexos. En la India, por ejemplo, la última encuesta sobre la fuerza de trabajo (2004-2005) reveló que sólo una de cada tres mujeres mayores de 15 años está clasificada como económicamente activa contra 83% de los hombres. Las mujeres que trabajan están sujetas a una incidencia de la pobreza más alta: 36% de esas mujeres ganan un dólar por día contra 30% de los hombres. El 86,4% de las mujeres que trabajan viven con su familia con menos de dos dólares por persona y por día contra 81,4% de los hombres. Pero las niñas sufren una carga desproporcionada: mientras las mujeres de más de 15 años constituyen el 27% de las personas con empleo en India, las niñas constituyen el 42% del total de niños con empleo.(25)
Las mujeres se encuentran entre las principales víctimas de la pobreza, según la regla general de que, cuanto más bajo en la escala social están los individuos o los grupos, más graves son para ellos las consecuencias de las políticas o de las crisis económicas. Según la OIT “varios estudios han demostrado que la distribución flexible del tiempo de la mujer ha sido uno de los aspectos que forman parte de la adaptación a la pobreza creciente; las mujeres han aumentado el tiempo que dedican a las actividades productivas y comunitarias, con frecuencia a expensas del trabajo en el hogar, del cuidado de la familia y de su propio tiempo libre”(26) Como se dijo en un documento de las Naciones Unidas “hay cada vez más pruebas de que al aumentar la pobreza, el desempleo y el desamparo, las políticas de ajuste estructural llegan a exacerbar la violencia contra la mujer, ya que reducen su poder económico y aumentan su carga debido a la disminución o a la pérdida de servicios sociales.”(27)
Notas:
1) OIT, “El trabajo en el mundo-1993”, pág.23
2) ONU, “Paz: Medidas para eliminar la violencia contra la mujer en la familia y en la sociedad”, informe del Secretario General a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en su 38º período de sesiones, E/CN.6/1994/4, Nueva York, 7 al 18 de marzo de 1994, párr.54.
3) Luchmun, Dev, “Women in trade unions in the Mauritius export processing zones”
4) OIT, “Global Employment Trends for Women, marzo de 2009, pág 8.
5) Op.cit. En 3, págs. 9 y 10
6) Cissé,M., “Trade unions and workers in teh informal sector in Burkina Faso” en Women in trade unions, organizing the unorganized, OIT, Ginebra, 1994
7) Klansen, S., “Gender inequality and development strategies: lessons from the past and policy issues for the future”, OIT, World Employment Programme, WEP 2-46/ WP.41, Ginebra, 1993.
8) OIM, “Previsiones y tendencias mundiales” en mhtml://C:/Users/Utilisateurs/MIGRACIONES7OIM-Previsiones y T...
9) Levaggi, Virgilio, Director General Adjunto de la OIT para América Latina y el Caribe, “Panorama de las migraciones laborales en la región”, que cita al BID, Dinero a casa. Cómo apalancar el impacto de desarrollo de las remesas”, 2006
10) OIT, Conferencia Internacional del Trabajo 2010.”Trabajo decente para los trabajadores domésticos”, pág..9
11) Op. cit. pág.23
12) Op. cit. págs.26 a 28
13) CIS, “Normas fundamentales del trabajo reconocidas internacionalmente en la Unión Europea, informe para el examende la política comercial de la Unión Europea por parte del Consejo General de la OMC”, Ginebra,26-28 de febreo de 2007.
14) Op. cit. en 3, págs. 17 y 18
15) Véase http://www.ieco.clarin.com/economia/nivel-laboral-madres-ganan_0_10140029.html de 8 febrero 2010
16) Op. cit. en 13
17) Revista “Le Point”, Francia, 28 de enero de 2010.
18) Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos en Centroamárica, documento escrito presentado por esta organización no gubernamental ante la Comisión de Derechos Humanos de las Ncaciones Unidas (E/CN,4 Sub. 2/1997/NGO/5) 23 de julio de 1997.
19) Kreye, Henrichs y Fröbel, “Multinational Enterprises and Employment”, Working paper Nº55, OIT, 1988, pág.15
20) CINTERFOR, Centro Interamericano de Investigación y Documentación sobre Formación Profesional. .Véase http://www..cinterfor.org.uy/public/spanish/region/ampro/cinterfor/temas/gender/doc/cinter/pacto/cue_gen/zom_fra.htm
21) “La realidad de las maquilas”.Estudio realizado dentro de la campaña de sensibilización sobre las condiciones laborales de la mujer en Centroamérica. Fundació Pau i Solidaritat, Cataluña, 2002
22) Braunstein, Elissa, “Foreing Direct Investment, Development and Gender Equity: A Review of Research and Policy”. United Nations Institute for Social Development (UNRISD), occasional paper 12, Ginebra , 22 de marzo de 2006
23) Op. cit. en 21, págs.45 a 51.
24) Op. cit. en 21, pág. 59
25) Op. cit.en 4, pág.19
26) OIT, Consejo de Administración, Comisión de empleo y política social (GB 261/ESP/2/2), 261º reunión, Ginebra, noviembre de 1994, párr. 54
27) “Paz: Medidas para eliminar la violencia contra la mujer en la familia y en la sociedad”, informe del Secretario General a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en su 38º período de sesiones, E/CN.6/1994/4, Nueva York, 7 a 18 de marzo de 1994, párr.54.

Chile: Las “fuerzas del orden” que no puede ocultar la naturaleza

Chile: Las “fuerzas del orden” que no puede ocultar la naturaleza Marcelo Padilla (MDZOL)


Sin decirlo (en eso consiste la función de la ideología) se asimila la desigualdad estructural de un modelo social altamente injusto, a “causas naturales” como las de un terremoto.


El “orden” fue la preocupación que dio origen a las ciencias sociales, en particular a la “sociología académica” conservadora, luego de las transformaciones industriales que sucedieron con el inicio del capitalismo europeo a fines del siglo 18 y principios del siglo 19.


¿Cómo restablecer el imaginario de valores colectivos, por entonces anómico, sin reglas, erosionado por las consecuencias del salto de una sociedad basada en relaciones cercanas y cohesionadas por la religión y una economía feudal, a otra que perfilaba por entonces anárquica y caótica, focalizada en el desarrollo de la ciencia y la técnica, bajo la egida de la burguesía como nueva clase dominante?


Fue una transformación radical de las estructuras sociales, políticas y económicas que, revolución industrial y revolución francesa mediantes, nada sería igual en el mundo. Fue entonces cuando “el orden” se constituirá como problemática dominante de los cientistas sociales. Mientras que para algunos había que volver al orden viejo, otros propugnaban “ajustar” el desorden inevitable e irrefrenable. Por ello muchos de los sociólogos que dieron inicio a la disciplina en términos científicos construyeron teorías explicativas que dieron un sentido a todo lo que ocurría, y, forjaron, modelos de funcionamiento social para los nuevos tiempos.


En fin, sean Augusto Comte o el Conde de Saint-Simón; o los conservadores religiosos Bonald y Maistre quienes propugnaban en Francia la contrarrevolución; todos, se ajustarán a la misma problemática: el restablecimiento del orden social. De allí vienen entonces, con fuerza histórica, nociones como orden, cohesión, valores. Todo lo que en aquel entonces había sido trastocado por la aparición de un nuevo modo de producción denominado “capitalismo”.


Más de 200 años pasaron de aquellas formulaciones que dieron origen a la ciencia social tal como se la conoció en la academia universitaria. Sin embargo, serán los alemanes Max Weber y Karl Marx quienes elaborarán las teorizaciones más solidas para explicar lo que sucedía con el nuevo orden fundante. El primero atribuirá al espíritu protestante y la ética del ahorro el origen del capitalismo en los países centrales, atributos motores para el desarrollo; mientras que para Marx, serán las fuerzas productivas las que llevaron a la creación o imposición de un nuevo mundo basado en la extracción de plusvalía de una clase sobre el trabajo de la otra. Burguesía y proletariado como dos caras de una nueva moneda, en continuo e incesante antagonismo. Es decir, para Marx, el proceso revolucionario de la clase burguesa para instaurar el modelo capitalista en todas su dimensiones, se detendrá y se hará conservador cuando los campesinos y proletarios pugnaban por profundizar el cambio. El capitalismo vigente, no hace más que corroborar aquellos inicios.


Hoy en Chile se vive una especial situación por todos conocida, pero no por ello mejor explicada. La catastrófica realidad por el terremoto, claro está, responde a “causas naturales” en apariencia inmanejables. Un terremoto, según dicen los que saben, no puede predecirse con exactitud, mucho menos dónde ni cómo será su dimensión. Eso no lo discuto. Lo que sí puede predecirse es una sociedad desigual, dividida, entre ricos y nuevos ricos, y pobres y nuevos pobres. A los pobres y nuevos pobres siempre les toca lo peor (el Katrina fue un ejemplo en los EEUU, muy bien retratado en un documental por Spike Lee).


A la situación de desastre por la precariedad de las construcciones de las viviendas en las poblaciones chilenas, y en los edificios de la “emergente” clase media chilena, se le suma el penoso trasfondo social, donde la pobreza y el hambre no pueden esperar. Ahí es donde las noticias ponen el foco y desvían “otra” realidad, no menos importante, haciéndola aparecer como “realidad natural”. Sin decirlo (en eso consiste la función de la ideología) se asimila la desigualdad estructural de un modelo social altamente injusto, a “causas naturales” como las de un terremoto. Una especie de “darwinismo social” donde se homologan aquellas causas a los mismos efectos (pobreza y terremoto deben asumirse desde la resignación social para el discurso del poder).


Por ello, la nominación de saqueo, pillaje, delito, robo, con que se titulan la noticias sobre las consecuencias del terremoto, siembran el caldo de cultivo para que se restaure “el orden”, las fuerzas del orden (represivas contra la población pobre) naturales en apariencia, más bien “construidas” como naturales. Y allí están los toques de queda, las detenciones, la fuerza represiva del Estado en todo su esplendor. A la desesperación se le responde con la necesaria puesta en orden del “caos” reinante, que no es más que instaurar un nuevo orden fundante. Justo, a pocos días en que asumirá el gobierno, “explícitamente”, la derecha empresarial chilena; un remedio conocido para una enfermedad mal diagnosticada. Se espera entonces que de ocurrir una tragedia natural, se eliminen con el mazo sus consecuencias sociales, lo que no puede ocultar la naturaleza.

Los que perdieron la guerra

Los que perdieron la guerra Santiago Escobar
Abogado y Cientista Político.

La Presidenta de la República y su gabinete de seguridad conformado esencialmente por el Ministro del Interior y el Ministro de Defensa; el Alto Mando de las Fuerzas Armadas; y los civiles que sostienen que la seguridad de la nación es un asunto militar y no una concepción estratégica global del país son los que perdieron esta guerra.

Seguramente existen matices sobre quien tiene más responsabilidad, pero en esencia, es el núcleo que deberá explicar por qué decisiones que debieran haberse adoptado hace años no han ocurrido hasta ahora. Es efectivo que las respuestas llevan una temporalidad que supera al actual gobierno y al alto mando de las Fuerzas Armadas y las de seguridad en ejercicio, pues se trata de una política de Estado. Pero cuando se habla de responsabilidades políticas y estratégicas las preguntas primero se hacen al mando actual, bajo la premisa que en estos temas, además, no existe ni olvido ni prescripción.

Esa es información cruda de inteligencia para eventuales adversarios derivada de la incompetencia de esos niveles: Chile se quedó sin mando estratégico real entre 48 y 72 horas.

Se ha comparado la fuerza del cataclismo del 27 de febrero con los efectos devastadores de un ataque militar masivo y por sorpresa hecho de manera indiscriminada sobre el territorio. En la práctica se trató de una fuerza natural incontrolable e impredecible, cuya acción debe empezar a contarse desde el minuto cero en que empiezan a manifestarse sus efectos. Es a partir de ahí que se cuenta la capacidad de reacción político-técnica sobre los sucesos. Y esta fue simplemente desastrosa.

El país quedó incomunicado desde el primer momento. El conductor político estratégico – en este caso la Presidenta de la República y los Ministros del Interior y Defensa- recurrieron a sistemas eventuales de comunicación, evidenciando que carecen de un mecanismo estratégico para situaciones de emergencia. El relato de la Presidencia sobre su comunicación con la Isla Juan Fernández es sencillamente desolador para el Estado y su gobierno, pese a lo emocionante que pueda resultar.

La Presidenta y su gabinete de Seguridad, en especial ella y el ministro Pérez Yoma, tienen vasta experiencia en materia de seguridad a nivel integral por haber sido ministros de Defensa en su época. Más aún, todos recuerdan a la Ministra Bachelet vestida de militar arriba de un carro Mowag del Ejército en las calles de Santiago y sus promesas sobre el tema seguridad al asumir su gobierno. El resultado es menos que poco.

Quienes desarrollan sus capacidades profesionales como lo hacen los militares en simulaciones de escenarios de guerra, saben que la comunicación es una variable clave para efectivamente ejercer las otras dos funciones críticas que son el comando de la fuerza propia y el control máximo de los recursos y los daños.

Es el famoso 3C-I (Comando, Comunicación y Control más Inteligencia) que hace racionales y eficientes los medios militares. En este caso, en las primera 48 o 72 horas no hubo nada de eso. Más aún, si bien lo militar no era la línea de responsabilidad inmediata, ante la magnitud de lo ocurrido y por las funciones de la Armada a través del SHOA en los mecanismos de emergencias, el dispositivo de comunicación estratégica militar debiera haberse activado de inmediato. Al menos para evitar la orfandad de medios de comunicación de la Presidencia.

La conclusión es que si no se activó es porque no existe o simplemente está montado sobre los mismos canales que usa la población y que dejaron al conductor estratégico y a la fuerza de tarea tan incomunicados como cualquier persona del país.

No se puede improvisar un sistema de comunicación estratégica. Se requiere un criterio político y una acción sostenida en materia técnica y financiera de años. Es eso lo que no han hecho ni los gobiernos de la Concertación ni hicieron los militares, considerando que ellos gobernaron de facto 17 años, y que además terminaron privatizando la única base técnica sobre la cual se había estado trabajando muchos años antes.

El terremoto y maremoto de 1960 generaron en el país la convicción de que la incomunicació n de las zonas devastadas no podía volver a producirse. A raíz de ello, el presidente de la época, Jorge Alessandri Rodríguez, creó el Comité Consultor de Telecomunicaciones al amparo de CORFO para dar una solución al tema. De esa iniciativa en 1964 surgió ENTEL (Empresa Nacional de Telecomunicaciones) que emprendió una tarea con estándares técnicos para enfrentar catástrofes. Es decir, la infraestructura de comunicaciones debía ser capaz de enfrentar siniestros, terremotos o situaciones de guerra como bombardeos, sin que el país quedara incomunicado.

Cuando los militares privatizaron ENTEL en 1986 ese impulso se perdió, y lo hecho fue absorbido por una lógica de mercado cuya principal preocupación no era precisamente la comunicación estratégica para el gobierno. Las transmisiones de TV sobre el siniestro desde Talca y Concepción han sido posibles gracias a los restos de esa antigua infraestructura, las que todavía no experimentan el total desmantelamiento de la lógica de mercado precisamente por la manera en que fue construida.

La deficiencia de concepto del gobierno en esta materia ha quedado al desnudo. Los sucesivos gobiernos de la Concertación han terminado por politizar los altos mandos cuya carrera termina ahora como parlamentario o candidato a ministro o subsecretario, y la incompetencia de sus autoridades sectoriales ha hecho que se pierda un tiempo precioso para trabajar seriamente en la agenda profesional de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Los mandos militares a su vez, han vivido en la defensa de sus fueros corporativos y en la autonomía funcional de las instituciones. La forma como se resolvió el Estado Mayor Conjunto mediante una reciente ley es el mejor ejemplo de la nada misma y la cosa ninguna, mientras del automatismo de la Ley Reservada del Cobre sirve para comprar cosas que nunca vamos a usar.

En la oposición, que ahora es gobierno electo, la situación no es mejor. Se ha dedicado a cabildear desde septiembre del año pasado la posibilidad de designar un alto mando militar en ejercicio en la Subsecretaria de Defensa recién creada. El criterio de quienes impulsan la idea es que la delicada situación estratégica amerita devolver la defensa a los profesionales.

Luego de lo ocurrido la pregunta para ellos sería ¿a cuáles profesionales? pues ha quedado en evidencia que aquí nadie ha hecho la tarea. Organismos como el Centro de Estudios e Investigaciones Militares (CESIM) o la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), parte de cuyo elenco profesional habría estado en los cabildeos mencionados, debiera abocarse a la agenda profesional y no a la política contingente.

La enorme cantidad de problemas que deberemos resolver como país no debe cegarnos de la obligación de dejar desde ya ciertas cosas en claro. Aquí se perdió una guerra que tiene dimensiones objetivas a partir de la ineficiencia y falta de liderazgo civil, y el mal enfoque y los errores profesionales en el diseño de los mecanismos técnicos.

Tenemos aviones F-16, submarinos y carros de combate (que esperamos estén intactos después del siniestro) que no sirven para nada en esta emergencia porque están diseñados para otra cosa, y porque no hubo comunicación estratégica. Esa es información cruda de inteligencia para eventuales adversarios derivada de la incompetencia de esos niveles: Chile se quedó sin mando estratégico real entre 48 y 72 horas.

Pero hay también un problema de imagen país y autoestima. La fotografía de la Presidenta Bachelet recibiendo un celular satelital de la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton podría ser el ejemplo de alguien que sale en las páginas sociales porque compra vehículos Mercedes Benz para ir a la feria pero no tiene plata para pagar las lechugas. ¿Nunca alcanzó para 500 teléfonos satelitales que es la red básica para cubrir todo el país?

Tenemos Teletón en marcha y una cadena de solidaridad a la cual todos concurriremos bajo el lema Arriba Chile o similares. Y seguramente saldremos adelante y cumpliremos las metas. Nadie puede vivir entre escombros ni menos dejar que el espíritu del despojo se apodere de nuestra sociedad.

Pero responsabilidades políticas y técnicas hay, y los que saben que las tienen debieran tener la valentía de afrontarlas de la manera que corresponde. Es obvio que tienen que seguir trabajando y tratar de hacerlo mejor, para eso les pagan y bien. Pero cuando se está en la cadena civil-militar de mando hay responsabilidades mayores que se afrontan de inmediato, como el relevo del mando. No todo son juegos y simulaciones con soldaditos de plomo. Aquí se perdió una guerra y punto.

Un favor a propósito del terremoto en Chile

Un favor a propósito del terremoto en Chile Andrés Figueroa Cornejo

Mi pueblo arde en las plazas públicas y las veredas, aterido por la inclemencia telúrica que cayó como una maldición en medio de la noche del 27 de febrero.


Mi pueblo es noble y sencillo. Como todos los pueblos del mundo. Sus madres persiguen el alimento para sus hijos. Así la noche agazapada huele a calor y hace invisible los terrores infantiles.
Es cierto, mi pueblo no está organizado como el ángulo matemático de las estructuras. Pero paulatinamente de despereza de tantos años de gorilas, primero, y luego de los administradores del egoísmo y la competencia y la concentración de la riqueza.
En medio de mi pueblo hay delincuentes, gente sin salida que busca el dinero perverso con el deseo secreto de ser rica un día –en el sentido de acumular muchas más mercancías que las precisas para vivir decorosamente y también ser famosa y dominar a otros-. Pero mi pueblo, los millones que trabajan sin contrato por un salario que alcanza apenas para endeudarse, son la mayoría. Mi pueblo no es sinverguenza, ni ladrón, ni asesino. Y los que delinquen son una fracción fabricada por la miseria y la ignorancia.
Los medios de comunicación de masas en Chile, especialmente la televisión, están bajo control absoluto de la minoría privilegiada que manda en la economía, en la política y que es dueña del Estado. Por eso mi pueblo siempre aparece en las pantallas como víctima sin vuelta o victimario, y los poderosos como gente de bien. Y la televisión -la recreación más barata que tiene mi pueblo- es el modo de domesticar, construir temor ambiental y opinión pública siempre favorable a la visión de las cosas que tienen los que poseen todo. Al respecto, la iglesia oficial y la educación formal no se quedan atrás.
En Chile los militares son la guardia armada de los intereses del capital y de la propiedad privada. Por eso en la hora de la desgracia y el terremoto, la oficialidad y la tropa ordenada por la oficialidad, es destacada para custodiar los supermercados y no para ponerse al servicio de los dolores de mi pueblo. Siempre resulta una paradoja extraña que la tropa, que es tan pueblo como el que más, se ponga del lado de la minoría.
Chile no es un país desarrollado. El terremoto devastó también el avisaje publicitario edificado por los poderes para el turismo financiero y el inversionismo transnacional. Chile sólo es exportador de cobre, un poco de madera, pecado, uvas y plataforma de negocios para la región. Es despojado de sus recursos naturales por fuerza y decreto. En Chile ni siquiera queda industria textil. El 60 % de los trabajadores vende algo para vivir y está subcontratado o simplemente no tiene contrato, ni seguridad social. El 80 % se atiende en el espanto de los hospitales públicos –cuyos trabajadores son mártires-, y educa a sus hijos, pagando lo que no tiene, a una enseñanza particular privada pobremente subvencionada por el Estado, la cual sólo repite hasta el hartazgo, las distancias de clase. Porque Chile es una sociedad de clases, y una de las más desiguales del planeta.
Pero mi pueblo también apura su armadura cuando las crisis económicas y naturales le golpean el pecho. Entonces se solidariza, se encuentra en la calle, se reconoce de a poco otra vez, se esperanza, se conduele y de tanto buscarse, comienza a espejearse en el otro como un igual.
Mi pueblo tiembla de ternura cuando está en apuros y entonces sus trozos empiezan a reunirse. Mi pueblo es noble y sencillo. Como todos los pueblos del mundo. Y aunque la televisión ensucie su pantalla con saqueos editados convenientemente para los intereses de los pocos, e incluso, aunque una fracción de mi pueblo habite la puerta mugrosa e individual de la delincuencia, hoy estuve en la calle viendo con gente que acampa en las calles de Santiago viejo a cantores populares y aplaudimos un documental proyectado contra una pared sobre unas mujeres colombianas y pobres que se autoorganizan ejemplarmente en ese territorio tan vasto y dolido.
Cuando usted observe o tenga noticias de mi pueblo no olvide, y es un pedido colectivo, que ha sido muy magullado por asuntos bien conocidos, pero que está hecho de materiales sensibles, amorosamente desordenados, igual que el pueblo suyo.

La arrogancia de un inutil, Viera-Gallo: “El orden se va a imponer por la razón o la fuerza”

La arrogancia de un inutil, Viera-Gallo: “El orden se va a imponer por la razón o la fuerza”

Aquí se refleja que el gobierno sigue demostrando que no
es capaz de anticipar las necesidades del pueblo,
especialmente en situaciones tan dramáticas como este
brutal terremoto. El que varios miembros del gobierno hayan
demostrado preocupación, incluso afectuosa, queda nublado
por esta actitud.

Si hubiesen tomado el peso de lo que sucedía, de no
pretender que no se necesitaba ayuda y hubiesen reconocido,
como lo iban mostrando paso a paso los periodistas, que el
pueblo estaba realmente sufriendo de hambre, de sed, de
falta de luz, de protección adecuada, no habría sidonecesario recurrir, en números masivos a las fuerzas
militares para ir, como dice el aún Ministro Viera-Gallo, a
poner orden "por la razón o la fuerza" con tanquetas que
recuerdan otros tiempos. Nótese que para esas fuerzas sí
se preocuparon, desde el primer momento, de alimentarlas,
hidratarlas, protegerlas de la intemperie y de trasladarlos,
lo que no sucedió con los damnificados, heridos y
sufrientes. De haber respondido a lo que todos veíamos en
el eficiente trabajo de los medios, esto no habría
sucedido. En su error y frivolidad han caido en el error
permanente de poner en riesgo la vida de muchos chilenos.
Preferir reprimir a prevenir. Pretenderse infalible hasta
en la muerte de los desprotegidos no es aceptable. En ese
momento no eran esos presos sino individuos aterrados cuyas
vidas estaban en peligro y que actuaron como cualquiera lo
hubiese hecho.

Militarizar y criminalizar es una tendencia perniciosa que
no corresponde. Las declaraciones actuales del Ministro
Viera-Gallo (de usar un lema caduco y retrógrado, de "que
lo harán por la razón o la fuerza"), quien jamás ha
pedido disculpas por otros muertos "en democracia" -como el
caso de los comuneros mapuche- son reflejo de una muy
particular y errada visión de la democracia, de la justicia

y del respeto por la vida.


En un país en el que no hay pena de muerte debemos saber
respetar ese principio. Cuando los presos de la cárcel de
Chillán, a las 3:34 hrs del 27 de febrero vivieron lo que
nadie jamás podrá olvidar, ellos "tenían que salvarse" de
una muerte que para todos nos parecía inminente. Más para
ellos que viven en condiciones tan dramáticas y donde no se
les proveía la seguridad de sobrevivir, ellos vieron una
luz de vida en el muro derrumbado por el terremoto. Era
lógico, humano, legítimo y legal permitirles "salvarse" en
vez de dispararles dando muerte a tres de ellos. Doscientos
se fugaron y "tres fueron abatidos" -como si fuesen animalos
hidrófobos- según tranquila y lógicamente, sin
remordimiento alguno, lo explicó el Subsercretario del
Interior, Patricio Rosende. Y no vengan a justificar esos
muertos con el saqueo que se produjo por la falla de
prevision en las primeras 48 horas del terremoto. Eso no lo
justificaría jamás.

Todo esto sucede en un país que se permite encarcelar
"preventivamente" y donde se ha demostrado que las
detenciones y acusaciones en muchos casos no están basadas
en evidencia -a menudo, en realidad, provienen de montajes-
es una manera de mantener una pena de muerte que no podemos
tolerar.

¿Este acto de lesa autoridad, error con consecuencias
irreversibles, será, como tantos otros, escondido en la
impunidad acostumbrada, olvidado? Ningún preso tenía una
condena de muerte pero el sistema fue demasiado rápido para
ejecutarlos. Si no son capaces de proveer un lugar seguro
para sus vidas no es con la muerte de dichos presos, -sometidos a la inminencia de una muerte segura-, los
responsables de dichos presos no tienen derecho alguno a
matarlos.

¿Tomará el Estado, el Ministerio de Justicia y el nuevo
gobierno esta tarea de investigar y juzgar, importantísima
para avanzar por caminos genuinamente democráticosy
responsables? ¿Quedará todo en el silencio porque los
muertos "bien muertos están" y son, después de todo, seres
aberrantes de esta perfecta sociedad chilena? Los
presidentes, saliente y entrante, tienen la responsabilidad
en sus manos.

José Venturelli, Médico
Portavoz del Secretariado Europeo de la Comisión Ética contra la Tortura