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Opinion

Assange: ¿Hacker o comunicador social?

Assange: ¿Hacker o comunicador social?

Por Guillermo Navarro Jiménez 

 

En sus esfuerzos por desprestigiar la decisión del gobierno ecuatoriano de conceder asilo a Julian Assange, los medios de comunicación social privados, no tienen reparo alguno en acudir a dos de sus armas predilectas: la conformación de matrices de opinión y el uso de titulares, que les permitan avanzar en su propósito político.

La estrategia de las matrices de opinión tiene dos objetivos:
 
1. Instituir en el imaginario ciudadano que Julian Assange es un "hacker", esto es un delincuente informático, por lo que y en consecuencia no cabe la concesión de asilo, puesto que en el marco jurídico de las Américas, éste no se aplica en los casos de delincuentes; y,
 
2. Impedir se recuerde que la difusión de los cables del servicio diplomático de los Estados Unidos de América fue un hecho comunicacional, en ejercicio del derecho a la libertad de expresión.
 
Para el logro de esos propósitos, como es común a toda matriz de opinión, se reitera en forma constante y uniforme el calificativo de hacker y se omite toda referencia a la difusión de los cables como un ejercicio de la libertad de expresión. Actitud que nos obliga a analizar los dos objetivos en forma separada.
 
Assange, ¿delincuente informático?
 
Todo iniciado en el lenguaje informático sabe bien que el calificativo de hacker se limita hoy a aquellos que efectúan intrusiones en los sistemas informáticos de terceros, esto es sin autorización legal para ello, en el objetivo de obtener información útil para alcanzar sus objetivos ilegales. Igualmente, los comunicadores sociales están enterados que bajo esa concepción lo utilizan todos los medios de comunicación social desde hace más de 30 años. En consecuencia, cuando los medios privados del Ecuador asignan a Assange el calificativo de 'hacker' su propósito es instituir en la opinión pública, en el imaginario ciudadano que Assange es un delincuente informático, lo que presupone que Assange que robo la información de los cables del servicio exterior de los Estados Unidos de América, para luego difundirlos, como lo afirmó, por ejemplo, taxativamente y muy suelto de huesos Emilio Palacio el día de hoy, lunes 20 de agosto, en el programa de entrevistas de Radio Democracia, en el que igualmente participaron Francisco Rocha y Mauro Cerbino.
 
Acusación absolutamente falsa si se recuerda que fue el soldado norteamericano Bradley E. Mannig, analista de inteligencia del Ejercito de los Estados Unidos, quien filtro a Wikileaks más de 200.000 cables diplomáticos de las embajadas estadounidenses de todo el mundo, que luego fueron difundidos Wikileaks y por varios medios de comunicación social, entre ellos el diario El Comercio de la ciudad de Quito y El Universo de la ciudad de Guayaquil. Filtración de cables a los que adicionó el soldado Manning un video del ejército de los Estados Unidos en el que se ve cómo un helicóptero estadounidense mata a un grupo de civiles en Irak, entre ellos dos periodistas iraquíes de la agencia Reuters, y otros documentos clasificados acerca de las guerras de Afganistán, conocidos como los Diarios de la Guerra de Afganistán, y de Iraq[1].
 
Por lo antes expuesto, es irrebatible nuestra aseveración de que Julian Assange no cometió un acto intrusivo para acceder a la información, puesto que ésta le fue proporcionada por el soldado Bradley Manning, como incluso lo sostienen las autoridades militares de los Estados Unidos en la acusación formulada en contra Bradley Manning[2], sobre la base de la cual procedieron a confinarlo en varias prisiones de los Estados Unidos en condiciones infrahumanas y sin respeto al debido proceso, como ha sido denunciado[3]. Como también lo es nuestra afirmación de que los medios de comunicación social privados del Ecuador, en forma premeditada, han conformado una matriz de opinión para tratar de imponer en la opinión pública ecuatoriana la convicción de que Assange es un delincuente informático. El reiterado uso del calificativo "hacker" o del calificativo "delincuente informático" del que han abusado en los últimos días lo comprueban la información y las opiniones difundidas por el diario El Comercio, así como los titulares a los que acudieron, en sus ediciones del 18 y 19 de agosto del 2012, ejemplos de los cuales se exponen inmediatamente:
 
Información:
 
1. 18 de agosto, página 2: "El anuncio del 'hacker' australiano de leer mañana un comunicado desde el balcón de la embajada ..."
 
2. 19 de agosto, página 1: "El gobierno británico ha desplegado una ofensiva para justificar el no otorgamiento del salvoconducto al 'hacker' ".
 
3. 19 de agosto, página 5: "Sin embargo, pocos días después, las cosas se complicaron para el 'hacker'."
 
Opinión:
 
1. 18 de agosto, página10, José Ayala Lasso: ""El asilo concedido a Assange. Hemos visto, con sorpresa y desagrado, como el gobierno 'compró pleito ajeno' desde el momento en que Assange hizo públicos los wikileaks, cometiendo un acto ilegal, cargado de implicaciones políticas".
 
2. 19 de agosto, página 10, Jorge Ribadeneira: "Claro, si el asilado es nada menos que Julian Assange, el 'hacker' y personaje de los wikileaks ..." no hay
 
3. 19 de agosto, página 13, Gonzalo Ruíz Álvarez: "Si Assange acude a ese Tribunal (Corte de la Haya. La nota es nuestra) no hay garantía de celeridad ni un fallo favorable al pirata informático".
 
Títulos y subtítulos:
 
18 de agosto, página 3: "Al 'hacker' ya lo esperaban en la embajada"
 
18 de agosto, página 2, subtítulo: "Los amigos del 'hacker' lo encuentran deprimido".
 
18 de agosto, página 2, subtítulo: "De un momento a otro, el asilo al 'hacker' australiano se volvió primera plana mundial".
 
19 de agosto, página 5, subtítulo: "Dos suecas que admiran la labor del 'hacker' australiano son quienes lo acusan de supuestos delitos sexuales en el verano 2010".
 
19 de agosto, página 12: "Assange, el pirata sin puerto",
 
Citas que nos eximen de cualquier comentario adicional para demostrar que los grandes medios privados de comunicación del Ecuador han conformado una perversa matriz de opinión que incluye información falsa, en el sólo propósito de que la opinión pública ecuatoriana adhiera a la falacia que han construido: Julian Assange es un delincuente informático, un hacker, por lo que y en consecuencia, no procedía la concesión del asilo por parte del gobierno ecuatoriano en el marco jurídico americano. Para ello, por cierto olvidaron u ocultaron deliberadamente, que la concesión del asilo en el marco jurídico europeo, en donde se decide el salvoconducto, el asilo también se otorga cuando se presume que podrían afectarse los derechos fundamentales del solicitante. Derechos fundamentales entre los que se incluyen el derecho a la vida y el debido proceso, causales invocadas por el gobierno ecuatoriano para la concesión del asilo a Julian Assange, lo que a más de descubrir el falaz comportamiento de los medios privados explica el por qué de la ineficiencia mediática de su matriz de opinión.
 
Assange y la libertad de expresión
 
Toda mentira que pretende manipular la opinión pública exige incluir en la información proporcionada por lo menos una parte de la verdad, afirma el filosofo alemán Hanz Magnus Enzenberger. La manipulación, entonces, sobre esa base de veracidad, despliega todo su arsenal: mentiras a medias, mentiras abiertas, subinformaciones, desinformaciones, etcétera. Sea cual sea el medio de manipulación utilizado, el objetivo es siempre el mismo, adecuar la opinión pública para que se allane al objetivo de la manipulación. En el caso que nos preocupa, la manipulación de los medios de comunicación social no podía abstraerse a la premisa antes mencionada. Por ello, los coautores de la matriz de opinión, para tratar de revestir de veracidad su segunda falacia, a saberse que Assange no es un defensor de la libertad de expresión, no pudieron dejar de negar la condición de periodista, de defensor de la libertad de expresión que caracteriza a Assange, como ilustran los textos producto de la traición del subconsciente de los detractores de Assange que se citan a continuación:
1. Marco Aráuz, editor general del diario El Comercio, en su columna "¿Gracias amigo Julian? publicada en la edición del l9 de agosto, expresa: "Hay razones para pensar que fue una estrategia trabajada con anticipación y dirigida a aprovechar lo mejor de Assange: : su supuesta aura de defensor de la libertad de expresión".
 
2. Jorge Ribadeneira columnista del diario El Comercio, por su parte en la misma edición del 19 de agosto no puede dejar de mencionar: "... Todo mientras Assange se siente bien al ser considerado en Carondelet como periodista venerado y proclama que "fue un triunfo"....".
 
Citas que vuelven importante advertir como Julian Assange obtuvo la información de los cables de las embajadas de los Estados Unidos y si tenía o no derecho a difundirlos. Respecto a su fuente de información, como quedó ya mencionado, supuestamente le habría sido entregadas por el soldado Manning, si damos fa a las aseveraciones del (Buro Federal de Inteligencia (FBI por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos.
 
Para juzgar si tenía o no derecho Assange para difundir la información recibida, recurriremos a lo que dispone la Convención Americana de los Derechos Humanos, en su artículo 13, numeral 1, texto en el que indica que: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística o por cualquier otro procedimiento a su elección". En consecuencia, de acuerdo a esa disposición hemos de coincidir que el señor Assange tenía el derecho a recibir la información sobre los cables de las embajadas de los Estados Unidos y a difundirlos, directamente a través de la página web de su organización, de medios de comunicación impresos o por cualquier otro medio. En consecuencia, la pretensión de los medios de comunicación social del Ecuador de no considerar su acción como una labor comunicacional ejercido sobre la base del derecho humano a la libertad de expresión es improcedente, insostenible, cuanto más que los diarios El Comercio y El Universo intervinieron en esa cruzada, escamoteando, por cierto, parte de ella.
 
Siendo ello así, resulta evidente que los medios de comunicación social privados no podían reconocer que Julian Assange ejerció su derecho a la libertad de expresión, puesto que ello los obligaba a respaldarlo, si optaban por guardar coherencia con las acidas posiciones asumidas por estos medios en los últimos tiempos en el campo de la libertad de expresión. Razón a la cual debemos agregar un segundo elemento, el ineludible reconocimiento de que fueron esos medios los que validaron la información proporcionada por Assange, cuando la difundieron, información que hoy la califican como de ilegal procedencia. Ilegalidad que proponen para evitar se recuerde que tanto el diario el Comercio como el Universo habían escamoteado a la opinión pública muchos de los cables que les había entregado la organización Wikileaks, sin mediar restricción contractual alguna como lo demostró el diario público ecuatoriano El Telégrafo; y, para tratar de deslegitimar los contenidos de los cables que habían ocultado a la opinión pública, por ser contrarios a sus intereses.
 
Lo anteriormente expresado, a más de explicar las razones que incidieron para que los medios impresos del Ecuador conformen una matriz de opinión que trata inútilmente de ocultar la condición de defensores de la libertad de expresión de Wikileaks y Julian Assange, permite también reconocer la necesidad imperiosa que tienen directivos y comunicadores sociales de deslegitimar la información proporcionada por wikileaks, dado que ésta permite identificar a los recaderos de la embajada norteamericana que dirigen y laboran en los medios de comunicación social del Ecuador y varias ONG's, entre éstas FUNDAMEDIOS, hoy, enemigos acérrimos de quien puso al descubierto sus actividades, por cierto, poco consecuentes con el país que dicen defender.
 
Es por ello y por su afán de servir al imperio y a sus objetivos políticos en contra de la decisión del gobierno del Presidente Correa, que los grandes medios de comunicación privados pusieron en marcha la falaz matriz de opinión con la que pretenden negar el derecho a recibir información y a divulgarla a Julian Assange. Conducta reprochable que debe ser rechazada por todos los ciudadanos que hemos sido objeto de esa burda manipulación.
 
¿A quién verdaderamente defienden los medios de comunicación social privados?
 
Lo antes expresado vuelve pertinente formularnos esta interrogante, puesto que los medios de comunicación social privados ni remotamente plantean como problema central la defensa de la soberanía nacional amenazada por la "ayuda memoria" remitida por la embajada de Gran Bretaña en Quito, y peor la defensa de la soberanía nacional. Se limitan a cuestionar abierta o solapadamente la concesión del asilo a Julian Assange, bajo el argumento falaz de que no se trata de un perseguido político, sino de una persona judicialmente indiciada por presuntos delitos sexuales, que, además es un delincuente informático. En suma, se suben al carro del agresor, no obstante lo cual proclaman un supuesto amor a la Patria. ¿Será que son ingleses?.
 
Notas:
1) http://es.wikipedia.org/wiki/Bradley_Manning
2 ) Véase:http://www.publico.es/internacional/318413/detenido-un-militar-de-eeuu-que-colgo-en-la-red-documentos-secretos
3 ) Véase: http://www.salon.com/2010/12/15/manning_3/

Del peronismo al chavismo

Del peronismo al chavismo

 

Por Marcelo Colussi 

Dar a conocer estas reflexiones puede traerme más problemas que otra cosa. Más aún en un contexto pre-electoral como el que ahora vive Venezuela. De todos modos las considero imprescindibles. En definitiva, debatir críticamente con altura y honestidad buscando alternativas y soluciones a lo que se entrevé como problema es lo mejor que podemos hacer quienes aportamos desde este siempre mal definido e incómodo papel de la “intelectualidad”. Siendo quizá ampuloso, podría decir que la pretensión aquí presente no es sino la de Martín Fierro: “Y si canto de este modo / por encontrarlo oportuno / no es para mal de ninguno / sino para bien de todos”.

I
La derecha podrá encontrar esto como “muy pro Chávez, muy de izquierda”. Alguien de izquierda lo podrá ver quizá como “reaccionario, haciéndole el juego al imperialismo”. Y un consumado chavista (en Venezuela) o peronista (en Argentina) lo podrá juzgar como “antipopular”. Pero, insisto: esto no pretende ser más que una visión crítica de un fenómeno que, además de despertar esperanzas en todo el campo popular, al mismo tiempo también puede ser peligroso para quienes aún conservan ideales de transformación social. Una vez más, pecando de ampulosos y tomando el título de un trabajo del Ricardo Galíndez, de la organización venezolana Corriente Socialista Revolucionaria - El Topo Obrero, la idea es que “Alguien tiene que decírselo al presidente Chávez”.
Pero, ¿qué tiene que decirle? Que la historia pasa facturas. Expresado de otro modo: hacer la invitación a ver el proceso venezolano en el espejo del peronismo argentino, salvando las distancias del caso, por supuesto, pero conservando las notas definitorias.
Cuenta la historia que alguna vez venía por un camino el vehículo de Lenin, cuando de pronto llega a una bifurcación. El chofer, entonces, le pregunta al camarada presidente para dónde seguir; la respuesta fue inequívoca: “ponga la luz de giro a la izquierda y doble a la izquierda, camarada”. Instantes después llega a la misma bifurcación Ronald Reagan; preguntado por su chofer qué camino tomar, la respuesta fue igualmente contundente: “ponga la luz de giro a la derecha y, por supuesto, doble a la derecha”. Llegado a ese punto Juan Domingo Perón, ante la pregunta del chofer la salida fue “ponga la luz de giro a la izquierda y doble a la derecha”. El chavismo está haciendo eso mismo.
II
El peronismo representó una enorme transformación político-social en la Argentina de mediados del siglo XX. Sin lugar a dudas cambió la fisonomía del país, llevándolo de nación agroexportadora a potencia industrial regional, desarrollando una enorme clase obrera urbana con políticas de beneficio social inobjetables. De hecho, para la visión conservadora de la oligarquía argentina y para Washington, que para ese entonces ya manejaba los hilos de toda Latinoamérica, el peronismo resultaba una piedra en el zapato. Por eso terminaron cortando de cuajo la experiencia con un cruento golpe de Estado que intentó descabezar al movimiento popular y sindical. El exilio de Juan Domingo Perón por décadas no hizo más que engrandecer su figura de líder indiscutido y referente para las grandes masas argentinas, que siguieron siendo “peronistas”, y lo continúan siendo al día de hoy, más de medio siglo después de terminado el proyecto popular de los 40/50, momento de mayor participación de los sectores populares en la apropiación de la riqueza nacional. Hoy, siendo peronistas también, participan cada vez menos del producto nacional; en otros términos: están cada vez más pobres.
Sin ningún lugar a dudas ese movimiento (“Justicialista” en términos oficiales, pero “peronista” en los hechos, asumiendo así que la figura clave en todo ello era la presencia omnímoda del general Perón) dejó huellas indelebles en la historia argentina. Con el peronismo creció la organización popular, la participación sindical, los beneficios a las grandes masas de trabajadores. Pero había límites: el peronismo no fue una propuesta de transformación social de raíz. No tocó nunca -no pretendió hacerlo, por supuesto- la estructura económica de base: no había un proyecto de expropiación de los medios de producción, control obrero de la producción, reforma agraria, construcción de una sociedad socialista. El ideario peronista bien puede resumirse en el ejemplo del vehículo ante la bifurcación: un discurso medianamente popular (o populista), elementos de antiimperialismo, pero jamás una crítica real de la estructura económica de base con propuestas de cambio revolucionario. Utilizando un lenguaje actual podría llamársele una socialdemocracia.
Salido de escena Juan Domingo Perón, sus “herederos” entraron en una disputa interminable. ¿Quién es el verdadero heredero de ese legado peronista? “El pueblo”, como un tanto ampulosamente dijo el mismo Perón en alguna oportunidad, no. Eso no pasa de un discurso efectista, mediático. La capitalización política del enorme potencial que creó el movimiento peronista en varias décadas de dominio de la escena argentina dio lugar a controversias, duras luchas internas -muchas veces dirimidas a balazos- y ninguna participación de las grandes mayorías, a no ser con la emisión de un voto cada cuatro años en el famélico esquema de las democracias representativas. Hay peronismo de izquierda, incluso de vía armada, como fue la organización Montoneros en los años 70 del pasado siglo. También son peronistas grupos abiertamente fascistas, neonazis, profundamente anti-judíos y con un lenguaje anticomunista visceral. Son peronistas las burocracias sindicales de corte mafioso, ligadas a negocios cuestionables, así como también un empresariado nacional modernizante. En nombre del peronismo un personaje como Carlos Menem (“¡Síganme. No los voy a defraudar!” decía en su campaña) introdujo las reformas neoliberales más profundas de la historia Argentina, ahondando de manera monstruosa la destrucción del Estado nacional y llevando al paroxismo el capitalismo salvaje iniciado por la dictadura militar instaurada en 1976. ¿Qué dejó el peronismo entonces? Las últimas administraciones de los esposos Kirchner han sido peronistas, y sin la virulencia explícita de las medidas neoliberales de años atrás, continúan con un proceso de polarización social empobreciendo más a los pobres, enriqueciendo más a los ricos y aceptando sin críticas el papel de monoproductor sojero que los grandes poderes mundiales asignaron al país para los próximos años en su inserción en un mundo global, más allá de mantener un discurso con tinte social. De hecho, la actual presidente peronista Cristina Fernández habla explícitamente de un “capitalismo serio” (¿cuál será el contrario?), mientras el descenso de vida de las grandes mayorías continúa sin parar.
En definitiva, el peronismo fue un muy intenso proceso político-social que abrió expectativas de cambio, pero que por sus límites ideológicos no pudo pasar de ser un huracán que, considerado históricamente, no cambió nada en la estructura de base. Sin dudas que la historia reciente de Argentina no puede entenderse por fuera del peronismo, pero eso en sí mismo no dice mucho en relación a los ideales de transformación. El capitalismo salvaje está ahí, más allá del discurso reformista que pueda alentar.
III
Terminada la experiencia de socialismo soviético y derrumbado el muro de Berlín, para la década de los 90 del pasado siglo se produjo un enorme retroceso en el campo popular a nivel global. Se perdieron conquistas sociales conseguidas con esfuerzo en décadas de lucha, el capital avanzó triunfante sobre los trabajadores, las condiciones de vida de las grandes masas del planeta empeoraron y la globalización financiera fue abriendo un nuevo escenario donde parecía que ya no quedaba lugar para la esperanza de transformación, de un mundo no-capitalista. El descenso en las luchas populares fue enorme. En medio de ese mar de desconcierto y desesperanza apareció un movimiento renovador: la Revolución Bolivariana de Venezuela.
En realidad surgió más como sorpresa para propios y extraños, como rebelión palaciega proviniendo de la casa de gobierno, desde arriba hacia el pueblo, que como genuino proceso popular desde abajo. Pero ello no impidió que rápidamente fuera tomando aceptación masiva, y cuando la derecha -local e internacional- intentó sacarla de en medio, fue justamente la espontánea y masiva movilización de las masas populares la que la defendió a capa y espada. En pocos años el proceso abierto por el presidente Hugo Chávez fue consolidándose como una nueva opción de izquierda. Con un programa de gobierno amplio, difuso, contradictorio en cierta forma, apoyándose en el Che Guevara así como en la Biblia, se comenzó a hablar de socialismo del siglo XXI como una forma de superar los errores del socialismo real, burocrático y autoritario conocido hasta la fecha. Las esperanzas estaban de regreso. El campo popular y la mayor parte de la izquierda del mundo saludaron este movimiento como una buena noticia.
Sin dudas, igual que el peronismo en su momento, las mejoras sociales se dejaron sentir rápidamente. Sin plantearse como un proyecto de transformación revolucionaria -el socialismo del siglo XXI sabe lo que no quiere ser, pero no tiene un programa concreto que lo defina- fueron apareciendo beneficios para la población que llevaron el proceso bolivariano a una aceptación muy grande, con alrededor de un 60% de la población venezolana siguiéndolo con pasión. Esos beneficios eran, en realidad, el resultado de una más justa repartición de la histórica renta petrolera del país. Todo el proceso comenzó a girar en torno a la figura cada vez más omnipresente de Chávez.
14 años después de iniciada la Revolución Bolivariana, el proceso en curso abre muchos interrogantes. En realidad no hay un ideario socialista genuino, ni del siglo XXI ni de ningún tipo. Es cierto que se han dado importantes mejoras en las condiciones de vida de la gran masa de venezolanos, pero siempre desde una óptica socialdemocrática y reformista. La propiedad privada de los grandes grupos de poder, nacionales y multinacionales, no se ha tocado, ni nada indica que se vaya a tocar. No ha habido proceso de reforma agraria. El capital financiero hace sus negocios tranquilamente, y luego de unos años de relativa bonanza para las mayorías populares, las condiciones generales de vida no siguen mejorando porque la acumulación capitalista las frena. En forma creciente la participación de los sectores más desposeídos en la renta nacional baja, en tanto los sectores económicamente más poderosos, en cuenta el sector financiero, se tornan más beneficiados. La producción nacional no se ha diversificado, siendo excesivamente grande la dependencia de las importaciones (70% de los alimentos, por ejemplo). Se llegó a hablar, incluso, de “socialismo petrolero”. Sabiendo que los procesos de transformación del Estado en una revolución socialista nunca son fáciles (el siglo XX dio varios y ricos ejemplos), en Venezuela, después de 14 años, no hay una clara ideología socialista que vaya barriendo con los vicios y prácticas culturales del capitalismo. Por el contrario, la corrupción y el autoritarismo siguen estando a la orden del día. En muy buena medida el Estado petrolero sigue siendo un botín para sectores que, amparados en un discurso chavista vacío, no se dedican sino a hacer negocio.
Todo el proceso depende exclusivamente de la figura del comandante, lo cual es una debilidad tremenda. No hay opciones de recambio; no se ha construido un verdadero y genuino poder popular de base. Si faltara Chávez todo indica -aunque nadie lo reconozca en voz alta- que el proceso muy probablemente se vendría abajo (¿castillo de naipes?). Distinto a lo que sucedió en Cuba, donde salió de escena la figura carismática de Fidel Castro y pese a ello la revolución socialista siguió incólume, en el actual proceso venezolano todo indica que ello no sería así. Quizá en las próximas elecciones vuelva a triunfar Chávez con todo su aparato electoral; pero eso debe abrir importantes cuestionamientos. Siempre “se está yendo hacia el socialismo”, pero parece que nunca se llega. ¿Cuánto faltará? ¿Se llegará alguna vez? Los marcos de la democracia representativa son una camisa de fuerza para transformaciones profundas en la estructura de poder. Más allá que la derecha presente la Revolución Bolivariana como un “demonio comunista”, la realidad indica que, igual que el peronismo en sus mejores momentos, no se va más allá de un planteamiento reformista.
IV
Si bien los momentos históricos del peronismo y del chavismo son distintos, hay muchos factores comunes que pueden permitir vincularlos. En ambos casos todo el proceso político-social-cultural en juego se vertebra en torno a la figura exclusiva del conductor. Sin caer en la simplificada y maniquea visión de la derecha que ve en ellos “autócratas peligrosos”, lo cierto es que esa estructura denota, básicamente, una debilidad estructural. Un proceso político de transformación profunda no puede asentarse sólo en las espaldas de un líder. Eso no es revolución popular. Un líder puede ser importante, imprescindible incluso; en muchos casos la posibilidad de un proceso masivo asienta en la presencia de un conductor que puede llevar la dirección correcta. Ese es un proceso que hay que entender, inclusive, en clave de Psicología Social. Pero la edificación política de una nueva sociedad derrumbando viejos esquemas muestra sus límites cuando todo depende de una única cabeza. Eso es lo más contrario a la idea de revolución socialista. Un genuino pensamiento revolucionario no puede aceptar la idolatría de un mito, el culto a la personalidad. Y, aunque no lo vayan a aceptar nunca sus seguidores, eso es lo que ha sucedido tanto en Argentina como en Venezuela. Es más: en la Venezuela actual con una elección presidencial a la vuelta de la esquina, podría parecer inadecuado decir esto justo en este momento. Pero ¿y la autocrítica? ¿Debemos seguir dejando las cosas importantes en nombre de las urgencias?
La izquierda argentina no estuvo con el peronismo en el momento de su explosión popular en la década del 40-50 del siglo pasado. Por eso mismo fue considerada -al menos desde las filas peronistas- como “antipopular, reaccionaria, gorila”. Esto no quita, por supuesto, el análisis crítico del papel que jugó esa izquierda, que no fue el de promover el avance popular precisamente; en Argentina la izquierda no apoyó nunca al peronismo. Algo distinto sucede en la Venezuela actual: la izquierda, en términos generales, apoyó el surgimiento del movimiento bolivariano y se ha sumado al proceso. Pero, al igual que lo sucedido en la historia del peronismo, al surgir voces críticas al chavismo provenientes de genuinos planteamientos de izquierda, se corre el riesgo de ser consideradas -desde el chavismo, claro está- como reaccionarias y haciendo el juego a la derecha. Y ahí radica un problema mayúsculo. La fuerza pasional de estos movimientos es tan grande que divide las aguas irremediablemente en “seguidores” y “enemigos”. La construcción de alternativas a los modelos sociales vigentes es algo infinitamente más compleja que “amor” u “odio” por el líder. Pero en esas dicotomías sin salida cayeron ambos movimientos: “o están conmigo o están con el imperio”, llegó a decir Chávez. Eso puede ser tan cuestionable (¿peligroso?) como aquel “¡Viva el cáncer!” pintado con odio visceral en alguna pared de Buenos Aires cuando la enfermedad mortal de Eva Duarte.
Sin dudas la movilización masiva de tantas voluntades es algo que inquieta a la derecha, a las posiciones conservadoras, a todo aquel que teme a los pueblos en movimiento. Por eso ambos procesos despertaron inmediatamente grandes temores en las clases dirigentes. Si bien ninguno de ambos -más allá de declaraciones más pirotécnicas que reales: “socialismo nacional” pudo llegar a decir el peronismo, “socialismo del siglo XXI” el chavismo- se planteó como verdadero proceso de transformación radical del modelo social vigente, los dos fueron vistos como potenciales enemigos de clase para los sectores dominantes. Lo curioso es que en los dos se dieron procesos ambiguos, confusos, “perversos” si se lo quiere ver de otro modo (luz de giro para un lado doblando en realidad hacia el otro): con discursos que llaman a la movilización popular, permitieron al mismo tiempo la continuidad del sistema capitalista, y más aún, el surgimiento de empresariados afines: burguesía nacional industrial en Argentina, empresas bolivarianas en Venezuela. Pero más allá de retruécanos y crípticos juegos de palabra, el capitalismo es capitalismo, no importa de qué siglo, y es siempre capitalismo, no importa si “serio” o poco serio. La explotación del trabajo de los verdaderos productores de riqueza, los trabajadores, siguió inalterable.
Buenos, regulares o malos programas de asistencia social pueden ser útiles en algún momento, pero no cambian la situación de base. Y si bien para posiciones conservadoras ver las plazas llena de “cabecitas negras” o “tierrúos” felices y contentos por ser tenidos en cuenta puede producir escozor, lo que cuenta en términos políticos finalmente es el lugar real de esas masas en la estructura socioeconómica. Una cosa es la plaza llena de gente vitoreando al líder (que es lo que pasó en ambos movimientos); otra es el control obrero y campesino de la producción, las asambleas de base, las milicias populares armadas.
V
Ambos procesos, en su momento, significaron grandes posibilidades para iniciar procesos profundos de cambio social. El peronismo, sin dudas, transformó la historia de Argentina. Pero al día de hoy, muchas décadas después de esa explosión popular que barrió la sociedad argentina a mediados del siglo XX, su influencia como fermento transformador es absolutamente inexistente. Se podría preguntar si se perdió una gran oportunidad histórica para cambiar el país y caminar hacia una sociedad más justa. La respuesta no es fácil; en realidad, el movimiento justicialista daba para todo: para desarrollar un empresariado nacional con aspiraciones de potencia regional (Argentina, por décadas, jugó el papel de potencia en Latinoamérica, con una considerable producción industrial), para cobijar grupos pro nazis visceralmente anticomunistas, para alzar planteos de tinte socializante y antiimperialista, para desplegar negocios mafiosos a la sombra de la estructura estatal. Qué habrá tenido en su cabeza Juan Domingo Perón es difícil de decir. Y el solo hecho de plantearlo así ya marca un límite insalvable: ¿acaso todo el proceso político-social en Argentina dependía de lo que pensaba el líder? Los procesos políticos de cambio tienen que incluir a las mayorías como actor efectivo, no sólo para llenar plazas. Confiar ciegamente en un líder no es, precisamente, el fomento de la mejor ética posible.
La Argentina, años después de haberse visto dividida tajantemente entre peronistas y antiperonistas, retrocedió en términos socioeconómicos. De ser la primera economía regional con una producción que representaba el 50% del producto interno bruto de Latinoamérica para la década de los 60 del pasado siglo, hoy es la cuarta economía, viviendo un proceso de pauperización que no para, habiendo perdido la gran mayoría de los logros sociales obtenidos en años de lucha. Y lo más dramático: mucho de ese retroceso se hizo también en el marco de administraciones peronistas. Decir que “eso no era peronismo” es, también, un juego de palabras. ¿Qué fue (o es) el peronismo entonces? El paso a la revolución socialista, al poder popular, a la sustantiva mejora de las condiciones de vida de la población, parece que no. ¿Un partido más que entra en el juego de la democracia representativa? Quizá eso, y no más. Hoy, en el contexto actual de descenso de las luchas populares, de pavorosa presencia neoliberal y achicamiento de los Estados nacionales, podría llegar a decirse que es… “¿lo menos malo?”.
Difícil precisar qué es lo “menos malo”, pero si así fuera (cosa que no aseguramos, por supuesto, y que nos llevaría por otros derroteros igualmente complejos, o quizá más complejos aún), eso no hace más que marcar el retroceso fenomenal que ha tenido el campo popular. ¿Apoyar lo menos malo? Triste, patético, bochornoso. ¿Ese podría ser acaso el programa de acción de un auténtico planteamiento socialista de transformación social? Por supuesto que no.
¿Qué es -y qué podrá terminar siendo- el chavismo? ¿También lo “menos malo” dentro del panorama político de Venezuela? Una vez más: ¡terrible, patético! ¿Cultura de la resignación entonces?
Definitivamente las ideas de cambio social por vía revolucionaria, con el pueblo en la calle movilizado -caso Rusia, China, Cuba o Nicaragua en sus respectivos momentos- hoy parecieran haber salido de escena. A nadie se le ocurre plantearlas. Es más: parecen rémoras de un pasado remoto, lejano, ido para no volver. En todo caso, las izquierdas -en muy buena medida al menos- están dedicadas hoy a las prácticas electorales. Sin quitarles a esa instancia su relativa importancia como un posible frente más de lucha, todo indica que la vía electoral dentro de los estrechos marcos de las democracias formales no lleva muy lejos. Experiencias al respecto sobran. ¿Pretenderá la Revolución Bolivariana cambiar las estructuras de base de esa manera? Si la apuesta es sí, parece que las cosas no van muy viento en popa, pues se pueden ganar elecciones, pero dentro de esos marcos hay límites insalvables para construir alternativas novedosas. “Es una locura hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”, nos enseñó Einstein. Por cierto: no se equivocaba.
En el momento político actual, a muy pocos meses de las elecciones, levantar críticas en relación al proceso venezolano podría entenderse como peligroso, no pertinente. Más aún, no faltará quien diga que eso es “antirrevolucionario, hacerle el juego a la derecha y al imperialismo”. ¡Una traición a la causa! en definitiva. Sería, según cierto criterio al menos, “darle servida a la derecha una posible derrota”. Sin embargo, valen aquí más que nunca las palabras de una genuina revolucionaria como Rosa Luxemburgo cuando decía que una revolución es como una locomotora cuesta arriba: mientras el motor siga funcionando, aunque sea con esfuerzo, avanza. Pero en el momento en que el motor se detiene, irremediablemente comienza a descender. Y la única posibilidad real de seguir construyendo alternativas en un proceso revolucionario es siendo autocrítico, avanzando hacia adelante. El “¡Ordene mi comandante!” no puede servir para esto.
Es probable que el chavismo (que no es lo mismo que la revolución socialista) vuelva a triunfar en octubre. Todo indica que, de hacerlo, se seguirá manteniendo el histórico 60% de adeptos contra el 40% de antichavistas. Saludamos ese posible triunfo, y eso sin dudas mantiene la posibilidad de seguir haciendo avanzar la locomotora. Pero viendo que ese avance es demasiado lento, que no llega nunca, que llega muy mediatizado, con tremendos problemas -no sólo por los ataques reales de una derecha conservadora y profundamente antipopular-, que a 14 años de iniciado el proceso hacia el socialismo no se pasa de declamaciones, en tanto el gran capital sigue haciendo felizmente sus negocios, se hace necesaria una genuina visión autocrítica. ¿Todo depende sólo del ataque del imperialismo?
La Revolución Bolivariana aún puede ser una esperanza para el campo popular, para los venezolanos por supuesto, y para todos los que se quieran/puedan mirar ahí un ejemplo a seguir. Por eso mismo, para rescatar ese espíritu revolucionario que por allí aún puede andar, es necesario no dejar de mirarse en el espejo del peronismo argentino. ¿Para dónde va la revolución en Venezuela: para el poder popular o para las maletas cargadas de dólares pasadas de contrabando? ¿Para dónde camina el proceso: hacia la profundización de ideales socialistas -que no tienen calificativo de siglo: XIX, XX o XXI, no importa- o hacia un “capitalismo serio”? (empresas bolivarianas, boliburguesía). ¿Es realmente esperanzador aceptar la postura de “lo menos malo”? Pensar que los líderes (Perón o Chávez) son los super héroes infalibles y los atrasos en la construcción del paraíso se deben a sus entornos obstaculizantes, corruptos y malignos es, cuanto menos, ingenuo.

 

Si es cierto que la historia debe servir para aprender de ella y no repetir errores, sería muy pertinente mirarse en el espejo del peronismo argentino: mirar la movilización popular que rescató a Juan Domingo Perón en aquel heroico octubre de 1945, similar al ferviente abril de 2002 en Caracas y la movilización que evitó el golpe de Estado, pero no en los políticos “profesionales” que hicieron una acto de fe aquello de “de la casa al trabajo y del trabajo a su casa”. Si el peronismo tuvo algo de revolucionario, fue por el llamado a la movilización de los “descamisados”, por los “cabecitas negras” tomándose las plazas, así como en Venezuela el chavismo significa que el país “ahora es de todos”, por lo que las fuerzas conservadoras tiemblan, porque con eso huelen revolución. Pero cuidado: el peronismo pudo terminar avalando el “capitalismo serio”. ¿En eso terminarán las “empresas bolivarianas”? No dejemos nunca de tener presente el relato con el que empezó este escrito: ¿para dónde ponemos la luz de giro y para dónde giramos realmente?.

Fuente: Argenpress

La división sexual del trabajo y las estrategias del capital (Parte I)

La división sexual del trabajo y las estrategias del capital (Parte I)

 

Por Ester Kandel 

¿Es posible lograr la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito laboral dentro de este sistema?.

Las ganancias, la competitividad fueron desde su inicio el motor del desarrollo de los capitalistas. La versión neoliberal intentó barrer los logros conquistados durante décadas, mediante las luchas e incluso perdiendo sus vidas, como las 129 obreras carbonizadas en la fábrica Cotton de Nueva York, los mártires de Chicago y Sacco y Vanzetti.
Para acercarnos al tema enunciado nos remitimos a describir los rasgos del sistema capitalista, en sus orígenes. De este modo lo planteamos en La opresión de las mujeres tiene historia. (1)
La Revolución Industrial
En el siglo XVIII se sucedieron dos revoluciones en países europeos que modificaron la organización política en uno y fundamentalmente la organización económica en el otro. Hacia la década del 40 de ese siglo, Inglaterra contaba con grandes ciudades fabriles, con una industria desarrollada, que abastecía con sus artículos a todo el mundo y una población numerosa, dos tercios de la se ocupaba en la industria. Se intensificó el dominio económico de la ciudad sobre el cambio. Entre el pueblo inglés aparecieron otras costumbres y otras necesidades.
Nos centraremos en este proceso a través de la palabra de un observador directo, Federico Engels (2), quien volcó al papel las transformaciones que se hicieron en el uso de la maquinaria, la organización de las ciudades y las condiciones de vida de hombres y mujeres.
La propiedad: “la industria centraliza la propiedad en manos de unos pocos. Ella exige grandes capitales con los que se levanta colosales establecimientos, arruina así a la pequeña burguesía artesana y hace suyas las fuerzas de la naturaleza para la conquista de mercados y de obreros aislados. La división del trabajo, la utilización de la fuerza hidráulica y especialmente la del vapor y la mecánica, son los tres grandes palancas con que la industria, desde la mitad del siglo pasado, trabaja para desquiciar el mundo. La pequeña industria creó la clase media, la gran industria creó la clase trabajadora. (...)
La mujer, la incorporación a este sistema productivo
En medio de la abundancia, el lujo y la riqueza creados por el trabajo de los pobres, la situación de éste se volvió catastrófica.
La pobreza y el cambio industrial están unidos, “toda gran ciudad tiene uno o más ‘barrios feos’ en los cuales se amontona la clase trabajadora” y los ricos se construyen palacios.
En los diversos informes aparecen dos figuras recortadas las mujeres y niños, hambrientos y andrajosos, enfermizas, viviendo en sótanos.
En la parroquia de Sr John y St. Margaret en Westminster vivían, en 1840, según el Diario de la sociedad de Estadística, 5.466 familias de obreros en 5.294 habitaciones. Vivían todos juntos, hombre, mujeres y niños. De los 26.830 individuos, las tres cuartas parte de las familias tenían una sola pieza. Este tipo de informes se replican en numerosas parroquias.
La brecha entre los que no tenían vivienda, los que poseían una pieza, los que vivían un poco mejor y los ricos era muy grande. Engels comenta que en Londres, cada mañana se levantan cincuenta mil personas que no saben donde podrán reposar la noche siguiente.
Times de octubre de 1843: “De nuestras informaciones de policía de ayer, resulta que un promedio de cincuenta seres humanos duermen cada noche en los parques, sin otra protección contra la intemperie que los árboles y alguna cavidad en los diques. En su mayor parte son muchachas seducidas por los soldados, llevadas a la capital y arrojadas al mundo en el abandono de la miseria, en una ciudad desconocida, en el salvaje abandono del vicio precozmente maduro.
Sintetizando la descripción sobre lo nuevo en las ciudades leemos: “La sociedad ha caído, en estos lugares, en un estado de miseria indescriptible. Las habitaciones de las clases más pobres son, en general, muy sucias y evidentemente no han sido nunca limpiadas; constan en la mayoría de los casos, de una sola pieza, que por su pésima ventilación y a causa de las ventanas rotas e inadecuadas, es fría, muchas veces húmeda y se encuentra en parte bajo tierra mal amueblada y, por lo tanto, inhabitable. A menudo, un montón de paja sirve de lecho a una familia entera; sobre él yacen hombres y mujeres, viejos y jóvenes en una promiscuidad repugnante. El agua se obtiene sólo de pozos públicos, y la fatiga requerida para bombearla justifica, naturalmente, todas las suciedades posibles. A esta descripción hay que agregarle la epidemia de cólera en Manchester.
Salario inferior para mujeres y niños
Salario concebido para una familia
Se concebía que en la familia en que todos trabajan, el individuo tiene necesidad de ganar mucho menos y dice Engels, que la burguesía aprovecha la coyuntura que le presentaba el trabajo mecánico para rebajar brutalmente el salario, con la ocupación y explotación de mujeres y niños. El salario (3) se fija en un término medio, con el cual, a la familia que es capaz de trabajar toda entera, le va bastante bien , y a aquella cuyo número de miembros hábiles para el trabajo es menor le va bastante mal.
Sustitución de varones por mujeres
La flexibilidad en los dedos es el argumento que utilizaron los empresarios para sustituir la mano de obra masculina por la femenina. “el trabajo en las máquinas, tanto en el hilado como en el tejido, consiste principalmente en anudar los hilos rotos, porque todo el resto es hecho por la máquina, este trabajo no requiere ninguna fuerza, sino solamente una gran flexibilidad en los dedos. Los hombres, por eso, no sólo no son útiles, sino que a causa de sus músculos más fuertes y del desarrollo de los huesos de las manos, son menos diestros que las mujeres y los niños, y así suplantados, casi del todo, en esta especie de trabajo. El otro argumento que acompaña es que las mujeres son más baratas.
En 1806, los tejedores hombres recibían 24 chelines por semana, las mujeres tejedoras recibían 14 chelines y los niños solamente 4 ½ chelines. Es decir que las mujeres recibían la mitad del salario de los hombres y los niños tres o cuatro veces menos que las mujeres.
Aquí algunos datos estadísticos: “del discurso con que lord Ashley hizo, el 15 de marzo de 1844, en la Cámara baja, la moción de las diez horas; estos datos no han sido referidos por los fabricantes y se relacionan solamente con una parte de la industria inglesa. De los 419.560 obreros industriales del imperio británico (1839), 192.887, es decir, casi la mitad eran de menos de 18 años y 242.296 de sexo femenino, de los cuales 112.192 debajo de 18 años. Quedan todavía 80.695 obreros varones, menores de 18 años y 96.569 obreros varones adultos, o sea el 23 por ciento, es decir, no menos de la cuarta parte de toda la cifra. En las fábricas de seda 56 ¼ , en las fábricas de lana el 69 ½, en las fábricas de seda el 70 ½, en la hiladuría de lino el 60 ½ por ciento del número total de obreros, eran del sexo femenino.”
Estas cifras confirman la sustitución de los obreros adultos varones. La otra idea que circulaba a la que Engels adhería que el trabajo de las mujeres disuelve, antes que nada, la familia; porque si la mujer está en la fábrica todo el día, doce o trece horas y el hombre trabaja en este o aquel lugar ¿qué será de los hijos?
Son abundantes los datos sobre chicos abandonados, accidentados y narcotizados, responsabilizando a las mujeres. Hay que agregar los juicios morales pues las mujeres que trabajaban en las fábricas no aprendían las tareas domésticas, compartían el lugar de trabajo con los hombres y consideradas como propensas a “mujeres públicas”.
Es conocida la opresión que sometía el patrón a las mujeres, al reservarse el jus primae noctis.
Efectos en la salud
Epidemias de cólera y tifus. F. Engels, analiza esta situación teniendo en cuenta también los informes médicos (4):
“Si se recuerda la condición en que viven los trabajadores, se piensa cómo están repletas sus viviendas, cómo cada rincón está lleno de hombres; que enfermos y sanos duermen en la misma pieza, en un solo sitio, se maravilla uno de que una enfermedad infecciosa, como esta fiebre, no se extienda todavía más. Y si se piensa cuán escasos son los auxilios medicinales a disposición de los enfermos, que muchos de los auxilios medicinales a disposición de los enfermos, que muchos de los consejos de los médicos no se siguen y que permanecen desconocidos los más elementales preceptos dietéticos, la mortalidad nos parece todavía poca”.
También se hace referencia a las fallas de la alimentación y alimentación apropiada para los niños. De ahí, dice Engels, proviene la costumbre, muy difundida, de dar a los niños aguardiente y también opio, y de esto, junto con otras condiciones de existencias nocivas al desarrollo físico, derivan enfermedades que dejan el rastro para toda la vida.
También hace referencia al raquitismo (enfermedad inglesa, excrecencias nudosas en las articulaciones), se encuentran frecuentemente entre los hijos de los obreros. La falta de calcio produce distintos tipos de deformaciones en los huesos.
Mortalidad
Según el informe del encargado del registro general,, G. Graham, la mortalidad en Inglaterra y en Gales es, anualmente, en poco inferior al 21/2 por ciento; esto significa que de cuarenta y cinco personas muere al año una. (cifras de 1839-40).
Descripción del físico de la mujer
“Las desfiguraciones de la cadera se producen a menudo, en parte por la falsa posición y el desarrollo mismo de los huesos de la pelvis, y en parte por la lesión de la parte inferior de la columna vertebral. (...) Las obreras de las fábricas dan a luz con mayor dificultad que otras mujeres, y esto ha sido probado por muchas parteras y obstétricos, así como los frecuentes abortos. (...)
Sucede, a menudo, que las mujeres que todavía trabajan una noche, paren a la mañana siguiente y no es nada raro que el parto se realice en la misma fábrica, entre las máquinas. (...)
Yo oí una vez cómo interrogaba un fabricante a un capataz:
- La tal y la tal, ¿no están todavía aquí?
- No
- ¿Cuánto hace que han dado a luz?
- Ocho días
- Verdaderamente, podrían haber vuelto hace mucho tiempo. Fulana suele quedar en casa sólo tres días.
Naturalmente el temor de ser despedida, el temor de la desocupación, la arrastra, a pesar de su debilidad, a pesar de los dolores que le produce el trabajo de la fábrica; el interés del fabricante no permite que sus obreros permanezcan en su casa a causa de la enfermedad”
En síntesis, en el estudio de la situación de las mujeres partimos de concebirlas como seres humanos que ocupan posiciones en el entramado de relaciones sociales. De ahí que partimos de la base material, actores y relaciones establecidas, en las dos revoluciones producidas en el siglo XVIII. Coincidiendo con S. N., desde esas posiciones las personas tienen posibilidades de ejercer el poder, acceder a determinados recursos, reinterpretar ideologías, en definitiva elaborar estrategias personales al tiempo que recrean o contribuyen a transformar una estructura social determinada.
Esta perspectiva implica cuestionar la visión jural del matrimonio, como quedó expuesto en el derecho romano donde la mujer aparece como un objeto de intercambio. Los sistemas de parentesco, la dote y la herencia son parte de la reproducción social en su conjunto.
Finalizamos con un interrogante de S. Narotzky que puede guiarnos en los próximos estudios:
¿En qué condiciones y por qué razones, determinadas relaciones sociales asumen funciones de relaciones de producción y controlan la reproducción de estas relaciones y con ello la reproducción de las relaciones sociales?
Ester Kandel es autora de:
- División sexual del trabajo - Ayer y hoy - Una aproximación al tema -Duken, 2006.
- Ley de Trabajo de mujeres y menores -Un siglo de su sanción -La doble opresión: reconocimiento tácito. Dunken, 2008.
Notas:
1) Kandel, Ester, La opresión de la mujer tiene historia. Revista Periferia, agosto de 2010.
2) Engels, Federico. La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1845. Ediciones Diáspora, Argentina (1974)
3) Engels explica el concepto de salario mínimo de este modo: “es establecido por la competencia entre los burgueses, porque la competencia existe también entre ellos. El burgués puede engrosar su capital sólo mediante el comercio y la industria y, para los dos dines tiene necesidad de los trabajadores. Igualmente, si pone su capital a interés, necesita una vía indirecta de obreros, porque sin comercio e industria nadie le podría dar los intereses, nadie podría dar utilidad al capital. Así, la burguesía necesita, ciertamente, de los proletarios, pero no directamente para vivir –no podría consumir su capital- sino como se necesita un artículo de comercio o una bestia de carga, para enriquecerse. (...)
4) F. E. Menciona a los médicos: Dr. Soutwood Smith y al Dr. Alison.

Fuente: Argenpress

 

El desafío hoy es luchar por el socialismo

Por Nico Fuentes


Dada la profundidad de la crisis actual del capitalismo, que trasciende desde lo económico a los ámbitos político, alimentario, energético y ambiental, ¿es posible continuar planteando una alternativa dentro del sistema, “aggiornando” el modo de producción capitalista, como lo ha venido haciendo la izquierda sistémica, incluido el Partido Comunista chileno?

Si observamos el carácter de la crisis en todas sus dimensiones, parece evidente que no sólo es necesario, sino un deber moral y de sobrevivencia del planeta y la especie humana, acometer el desafío de cambiar el actual modo de producción. 

Si la alternativa es la construcción del socialismo, es importante definir de qué socialismo estamos hablando. El burocrático de los socialismos reales, está descartado. El socialismo en China tiene cada vez menos de socialismo y más de capitalismo, y aunque tras ello, exista una apuesta estratégica para preservar el socialismo, cabe preguntarse si el pueblo chino y sus dirigentes serán capaces de sustraerse al influjo de los desvalores del capitalismo. 

¿Qué rescatamos del proceso cubano o de la experiencia de Venezuela, Bolivia y Ecuador?. En éstos últimos países se impulsa un socialismo, dentro del capitalismo, que no obstante ello, ha aportado importantes mejoras en la calidad de vida de esos pueblos (salud y educación gratis, nacionalización de los recursos naturales y empresas estratégicas e importantes avances en la consolidación de una política antiimperialista e impulso de la integración regional).

¿Cuál es la contradicción fundamental hoy? ¿es entre capitalismo y socialismo? o asistimos a una contradicción de carácter intercapitalista? ¿Es la contradicción entre capitalismo y socialismo, la que determina la oposición entre Estados Unidos y China, y en menor grado Rusia? O es la lucha por nuevos mercados, recursos naturales, energía y un crecimiento económico basado en la mano de obra barata, en la sobreexplotación humana.

Si la contradicción es de carácter intercapitalista, ¿cómo se expresa en América Latina y fundamentalmente en Chile? Las grandes empresas y grupos económicos constituyen monopolios absolutos en las distintas áreas productivas y controlan el mercado. Las micro, pequeñas y medianas empresas, conformadas por trabajadores devenidos en “emprendedores”, que se ven a sí mismos no como trabajadores, sino como empresarios, luchan a duras penas por sobrevivir. ¿Cuál es la contradicción aquí? ¿Se plantea el trabajador disfrazado de microempresario, pero con mentalidad de empresario, una lucha irrenunciable contra el capital? ¿O la contradicción está fundada también en este caso por un carácter intercapitalista?

¿No ocurre lo mismo a nivel de los trabajadores sindicalizados y en general? ¿La clase obrera chilena hoy, lucha por destruir el capitalismo y por la construcción del socialismo o su lucha es de un marcado carácter economicista? 

En los procesos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, al igual que en la unidad popular, la vía ha sido la electoral. En Chile, ¿es posible plantearse la vía electoral como proceso de construcción, creación de conciencia y acumulación de fuerza para avanzar a un cambio de carácter estructural?

Si no se actúa en el ámbito electoral, ¿cuál es la alternativa? ¿la lucha armada? ¿irse a la montaña? ¿Continuar estimulando e impulsando de manera horizontal y espontánea la resistencia al modelo, desde una indignación y frustración crecientes, que no alberga en sus alas (si es que las tiene) alternativa alguna? 

Si nos planteamos como fin estratégico el socialismo, es esencial considerar el hecho que si bien las condiciones objetivas están dadas, las condiciones subjetivas son las peores. Los niveles de despolitización, desinformación, ignorancia y de derrota subjetiva del pueblo son enormes. Porque una cosa es que la gente se rebele contra las injusticias evidentes del modelo y se organice, la mayor parte de las veces de manera espontánea, para protestar y lograr mejoras económicas específicas, y otra muy distinta es lograr la organización consciente del pueblo. Un pueblo con conciencia de clase no lucha por mejoras parciales dentro del sistema. Se constituye en protagonista de la construcción de su propio destino, y ese destino no puede ser de ninguna manera el capitalismo. 

Es importante tener muy claro que ese proceso de conciencia jamás es espontáneo y la realidad demuestra que en Chile el pueblo en general - y fundamentalmente los trabajadores -, están muy lejos de alcanzar ese estado de conciencia.

Entregar el protagonismo de la lucha contra el modelo a los movimientos sociales, como plantea el historiador Gabriel Salazar, que actúan de manera horizontal y espontánea, es limitar el carácter de esa lucha al ámbito sistémico. Los movimientos sociales podrán jugar un papel importante de denuncia y de lucha contestataria contra el neoliberalismo, pero jamás serán capaces por sí mismos de construir una alternativa al capitalismo. Lo hizo el Movimiento 26 de Julio en Cuba, pero fue gracias a la conducción de un líder revolucionario de la estatura política y moral de Fidel Castro, a quien Salazar denosta gratuitamente, evidenciando una vez más su individualismo arrogante y su carácter vacilante (no olvidar que apoyó a Ricardo Lagos), en momentos en que no puede haber claudicaciones de ninguna índole al enfrentar al imperialismo. 

Hoy es fundamental superar las visiones oportunistas que por largo tiempo han escabullido lo central: no existe derrota del capitalismo y construcción del socialismo sin una organización revolucionaria. El socialismo no es natural, y por lo tanto, sin una organización o partido revolucionario – que en la actualidad no existe en Chile -, es imposible que el pueblo de un salto cualitativo en términos de conciencia. Se requiere el partido, un proyecto y un accionar político permanente, que tenga como objetivo estratégico la derrota del capitalismo y la construcción de una sociedad sin clases. La sociedad dividida en clases, es el origen de todas las miserias de la humanidad. No reconocer este hecho concreto y actuar en consecuencia, es simple oportunismo. 

Por ello, en la actual crisis del capitalismo, hay una sola cosa que no podemos permitirnos: no actuar políticamente. Somos responsables de lo que hacemos, y en este caso particular, seremos especialmente responsables de lo que dejemos de hacer. 

Cualquiera sea el camino elegido, lo central es tener claro el objetivo estratégico, que es el socialismo. Cuando se tiene principios férreos, se puede ser flexible en la táctica, eso sí, poniendo especial énfasis en cautelar los principios ideológicos, políticos y la moral revolucionaria. 

Si se actúa en el ámbito electoral, es esencial comprender que la democracia, como planteó el Che, es la dictadura de las clases explotadoras. “Luchar solamente por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa sin plantearse el problema del poder revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes. Es luchar por el establecimiento de unos grilletes que tengan en su punta una bola menos pesada para el presidiario”. La transición chilena desde la dictadura a la democracia concertacionista, es una muestra elocuente de ello. 

También el Che expresó en forma premonitoria que el socialismo no puede ser un vulgar método de repartición económica. “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación". 

Esta reflexión es fundamental para aquellos que limitan la lucha contra el capitalismo al logro de determinados objetivos económicos, dentro del propio sistema, y mucho más importante aún para quienes luchamos por el socialismo.

Fuente: Rebelion

A la carrera, acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya

A la carrera, acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya

Por Homar Garcés 

 

 

Ningún revolucionario -o quien pretenda serlo- puede confiar ciegamente en las estructuras verticalistas y burocratizadas del Estado, las cuales han sido moldeadas -desde siempre- por los designios de las clases dominantes, aun cuando éstas se guíen aparentemente por principios y procedimientos democráticos. En este sentido, Marx y Engels expresaron: “Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que rige los intereses de la clase burguesa”.

Por ello no debe asombrar a nadie lo acontecido en Paraguay con la destitución del presidente Fernando Lugo por parte de sus opositores en el Parlamento. Los contrarrevolucionarios ya lo hicieron antes con el Presidente Salvador Allende en Chile, torpedeando su gestión de gobierno desde el poder legislativo hasta consumar el golpe de Estado en su contra y, más cercanamente en el tiempo, con Presidente Manuel Zelaya en Honduras, aplicándole una formula leguleya similar a la sufrida por Lugo; sin dejar de mencionar la exoneración por parte del Tribunal Superior de Justicia de los responsables del derrocamiento militar del Presidente Hugo Chávez y las muertes causadas el 11 de abril de 2002 al dictaminar que hubo un “vacío de poder”, un absurdo jurídico jamás visto en el mundo entero.
Por eso no resultará suficiente que cualquier gobierno tildado de revolucionario o de progresista muestre un apego estricto y notorio a la institucionalidad ni haga concesiones permanentes u ocasionales a la contrarrevolución, creyendo que así podrá ganarse su buena voluntad y cumplir con su plan de gestión en favor de los sectores populares. Nada más alejado de la realidad. Es lo que acaeció en Paraguay y, así, a la carrera, los grupos conservadores acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya. Otra hubiera sido la conducta del Presidente, pero no supo o no quiso responder a las expectativas puestas en su mandato. La derecha sí supo y sí quiso responder a sus propios intereses.
Como bien lo apuntara Atilio Borón, este acontecimiento es “una lección para el pueblo paraguayo y para todos los pueblos de América Latina y el Caribe: sólo la movilización y organización popular sostiene gobiernos que quieran impulsar un proyecto de transformación social, por más moderado que sea, como ha sido el caso de Lugo”. Algo que se ha evidenciado en los casos de Ecuador, Bolivia y Venezuela, por citar los países más emblemáticos de nuestra América donde los grupos derechistas -pese a su poder económico y al respaldo indiscutible de Washington- han fracasado en sus planes de desestabilización. Sin embargo, es necesario aclarar que hace falta llevar a mayores niveles dicha movilización y organización popular mediante la formación crítica y permanente de una conciencia indudablemente revolucionaria, capaz de impulsar los diferentes cambios que se requieren en los campos político, económico, social, militar y cultural para consolidar la revolución, más aun si ésta se define como socialista. Esto es algo que no debe obviar jamás ningún revolucionario, a menos que esté dispuesto a claudicar ante la clase dominante y defraudar la voluntad popular, olvidando su compromiso histórico.
Fuente: Argenpress

Ya van siete cumbres del G-20 y ninguna solución a la crisis

Ya van siete cumbres del G-20 y ninguna solución a la crisis

Por Emilio Marín (LA ARENA)

 

 

Hoy culmina la reunión del G-20 en el centro de convenciones de Baja California, México. Entre otros participa la presidenta argentina. Ya van siete de estas cumbres pero la crisis mundial no tiene soluciones.

El Grupo de los 20 (G-20) reúne al mismo número de países, más algunos invitados que no son parte formal del mismo, como España. Conviene repasar la lista para ver de quiénes se trata. Un primer bloque de participantes son los antiguos miembros del Grupo de los 8 (G-8): Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Federación Rusa, Reino Unido y Estados Unidos. Otro subgrupo del G-20 son México, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía y la Unión Europea.
¿Son todos iguales? Y "algunos son más iguales que otros". No son iguales. No vale lo mismo la opinión y las proposiciones del representante del imperio norteamericano que las de la presidenta argentina o el premier de Turquía. Que nadie se ofenda, por favor, diría Cristina Fernández de Kirchner, pero es así. Cuando detonó la crisis capitalista global en setiembre de 2008, fecha en que se desploma el Lehman Brothers, las potencias nucleadas en el G-8 decidieron abrir un poco el juego a otros países importantes. Los más ingenuos creen que esa apertura fue para hacerlos partícipes de las discusiones de alto nivel y la toma de decisiones. Los mal pensados sospechan que la maniobra fue para hacerles creer que jugaban "en primera" y evitar que se fueran en otra dirección, anticapitalista. Y de paso les hacían pagar un cierto costo del crack financiero internacional.
Recetas de ajuste
Algo de eso sucede, porque la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, declaró en México, en la reunión empresaria del B-20 (Bussiness-20), que los organismos internacionales de crédito hoy están concentrados en "ayudar" a los países desarrollados. No es que los países en vías de desarrollo deban quejarse de que la "ayuda" fondomonetarista los deja de lado, porque quizás sea una circunstancia favorable; sus recetas de ajuste les provocaron tanto daño...
Pero la declaración de la sucesora de Dominique Straus-Khan blanquea que hoy los planes de salvataje de su entidad, el Banco Central Europeo y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera quieren favorecer a los países centrales. Una confesión reveladora para que los países del Tercer Mundo sepan que no deben aguardar ayuda alguna de esos organismos financieros y de las principales potencias. Tendrán que apoyarse en sus propias fuerzas y en el comercio, inversiones y acuerdos básicamente Sur-Sur, para sortear la crisis mundial y dar respuestas a sus problemas económicos. Los apologistas del G-20 dirán que aquella mirada sobre el grupo es demasiada crítica y que todavía hay muchos timbres por tocar. Este cronista se limita a exponer la secuencia de reuniones de este grupo para sacar una conclusión basada en hechos.
Van siete
La I Cumbre del G-20 fue en noviembre de 2008 en Washington, convocada por George Bush. La II se hizo en Londres, en abril de 2009, organizada por Gordon Brown. La III fue en Pittsburg, EEUU, bajo la batuta de Barak Obama, en septiembre del mismo año. La IV fue en junio de 2010 en Toronto, Canadá. La V en Seúl, Corea del Sur, en septiembre
de ese mismo año. La VI se realizó en noviembre de 2011 en Cannes, Francia, con Nicolas Sarkozy como anfitrión. Y la VII es la que cierra hoy en Los Cabos, México, con Vicente Calderón como organizador.
La sola enumeración de los apellidos de los gobernantes que fueron preparando esos eventos da cuenta de los cambios, porque a muchos los devoró la crisis económica internacional y de sus naciones. Si llegó Obama a la Casa Blanca fue precisamente porque el candidato del partido de Bush fue visto como corresponsable de la catástrofe bancaria y social. En la residencia de Downing Street 10 también hubo mudanzas porque lo corrieron al laborista Brown y entró el conservador Cameron. Sarkozy fue por la reelección pero los franceses prefirieron a Francois Hollande. Angela Merkel viene perdiendo las elecciones regionales y su futuro es incierto.
Y ni qué hablar de México, donde Calderón se está despidiendo porque habrá elecciones dentro de poco y la presidenciable de su partido, PAN, figura tercera en las encuestas, detrás de la coalición "Compromiso por México" liderada por el viejo PRI y Enrique Peña Nieto, y del hombre del PRD, Andrés Manuel López Obrador.
Sin soluciones
Cada una de estas Cumbres llevó títulos rimbombantes acerca del comercio internacional, la reestructuración del capital financiero y la creación de empleo, con reducción de la pobreza en el mundo. Pero difícilmente podía llegar a soluciones efectivas, siendo parte dirigente de la organización aquellos gobiernos que provocaron la crisis y permitieron su durísima continuidad, en contubernio con el mundillo de los banqueros internacionales y grandes empresas ligadas.
O sea, el capital industrial fusionado con el bancario, integrados por mil vínculos con las administraciones políticas del viejo G-8.
¿Qué puede aportar al mundo el jefe de gobierno italiano, Mario Monti, si es un ex banquero que viene haciendo ajuste tras ajuste luego de suceder a Silvio Berlusconi? ¿De qué creación de empleo puede hablar el español Mariano Rajoy, si tiene 24,2 por ciento de parados, unos 5,6 millones de españoles? Ni qué decir de David Cameron, que puso en marcha un ajuste multimillonario del gasto público, con recortes en salud, educación y cambios regresivos en el sistema jubilatorio.
Incluso México, que presume de ser una potencia económica internacional, está despidiendo a Calderón con un aumento de la pobreza, que fulmina a 60 millones de mexicanos. Lo dicho. Esta es la séptima cumbre del G-20, pero sin una solución a la crisis. Ni una.
Crecimiento verde
La VII Cumbre no es diferente a las seis anteriores, pues tiene previsto tres sesiones donde los presidentes discutirán temas muy pomposos. Ayer el lema era "La Economía global. Marco para el crecimiento vigoroso, sostenido y equilibrado". Hoy se debatirá sobre "El fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional y el sistema financiero, y promoción de la inclusión financiera". Y en el cierre el tercer eje de discusión girará sobre "Desarrollo: crecimiento verde, infraestructura y seguridad alimentaria".
Esa agenda refleja las apetencias o preferencias de las grandes potencias. Por ejemplo, hablar de un crecimiento vigoroso, sostenido y equilibrado suena a mentira, pues no sólo Lagarde sino también su colega del Banco Mundial, Robert Zoellick, declararon ante el B-20, que no saben si la crisis está terminando o comenzando.
Poner en el temario el fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional es otra falta de respeto por la inteligencia humana. Ese fue el primer punto de la I Cumbre, en 2008, y todavía estos líderes no han sido capaces de anunciar e implementar un sistema de límites al accionar especulativo del capital financiero mundial. Apenas saben decirle a países como España, "te presto tantos millones de euros pero estas son las condiciones draconianas y punto".
Y lo del crecimiento verde, tercer tema en debate, es otro plato servido para las multinacionales como Monsanto, Cargill, Dupont, Bayer, etc. Estas contaminan en los países del Tercer Mundo y por el otro, de acuerdo con sus gobiernos de EEUU y la Unión Europea, se resisten a abrir sus mercados a productos agropecuarios argumentando que no cumplen con los estándares sanitarios, de calidad y respeto medioambiental. ¿Monsanto "verde"? Es el mundo patas para arriba...
¿Lugar de Argentina en el mundo?
En este último punto puede que Argentina se acerque a las posiciones de los países más desarrollados, teniendo en cuenta que Cristina Fernández de Kirchner pavoneó ante el Consejo de las Américas, el 15 de junio, con el prospecto que le habían entregado los capos de Monsanto anunciando inversiones en Córdoba y Tucumán.
Lino Barañao en Ciencia y Técnica y Débora Giorgi en Industria, de donde depende el INTI, son funcionarios cercanos al agro-bussiness y los subsidios generosos del Estado van en esa dirección. Con cierto egoísmo, las autoridades argentinas se oponen cuando en reuniones de alto nivel de la FAO o la OMC se trata de poner algunos controles al
aumento del precio de los alimentos.
De cualquier modo, en cuanto a los asuntos generales de la VII Cumbre, CFK tiene bastante línea política y experiencia para criticar al FMI y las recetas de ajuste, para hablar bien de los planes de reactivación del consumo y la producción, para exhibir el aumento del empleo con políticas opuestas a la "austeridad", etc.
Difícilmente le lleven el apunte Obama, Merkel, Monti, Cameron y Rajoy, entre otros, pero ella podría recordarles lo dicho en Nueva York: o cambian de recetas o el enfermo podría cambiar de médicos. Quizás la Argentina debería cambiar su lugar en el mundo, que no está en el G-20 sino en el BRICS con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y otros ámbitos del Tercer Mundo, incluso Angola, de la que tanto se burló Clarín.

Chile: La izquierda, el izquierdismo y las elecciones

Por Sebastián farfan Salinas

 

El despertar de nuestro pueblo permite que las organizaciones de izquierda tengan un radio mayor de acción. Sin embargo no son solo las formas orgánicas las que crecen y se desarrollan. Con el avance popular, vuelven a la palestra debates urgentes y tareas no asumidas que deben volver a plantearse.

Ad portas de una elección municipal, surge de manera espontanea la opinión y las posiciones desde la izquierda en torno al problema de la institucionalidad y las elecciones.

Recientemente la ACES emitió un comunicado público en el que llama explícitamente a no votar en las próximas elecciones municipales, denunciando a la “clase política” y su institucionalidad. Estas posiciones son compartidas por otras organizaciones, individuos y corrientes.

Si bien confiamos en la buena voluntad de los compañeros al plantear sus posturas, esto no anula el que podamos iniciar en la izquierda un debate sobre este tipo de líneas. Creo que la posición expresada por los compañeros no logra hacerse cargo de varios de los desafíos que hoy tenemos que enfrentar. En conjunto caracterizan una izquierda a la defensiva y que no logra romper sus tabúes para apuntar al gran objetivo que tenemos hoy que no es sino despertar la voluntad de millones para que levanten la conciencia, organización y lucha.

1)  Derrota Política e ideológica de la izquierda

La izquierda chilena ha vivido un proceso de deterioro interno prolongado, que ha tenido repercusiones ideológicas profundas y que han hecho más difíciles las condiciones para un rearme. A nivel mundial la izquierda vivió el gran golpe que significo la caída de los “socialismos reales” y que significo un avance sin precedentes de las ideas neoliberales con una ofensiva que se mantiene hasta hoy. A nivel latinoamericano las derrotas de los sandinistas y salvadoreños significaron un cierre a esperanzas forjadas a nivel continental. A nivel nacional la transición pactada entre la Concertación y la Dictadura, permitió para la burguesía el dar un sustento “democrático” a su proyecto, logrando cerrar el paso a alternativas de izquierda que quedaron marginadas y por fuera de la institucionalidad.

Esta triple derrota trajo consigo consecuencias ideológicas que aun no se logran superar.

Por una parte el proyecto comunista se vio en cuestión y en constante asedio por parte de la burguesía. Se anuncio a los cuatro vientos el fin del marxismo. Se busco dar un sustento a la debacle y caída de los socialismos reales buscando en las ideas de Lenin y los bolcheviques el autoritarismo natural que contenían.

Por otra parte en la izquierda, la critica a los socialismos reales y al autoritarismo de los regímenes burocráticos, dio el espacio para que surgieran de manera reciclada algunas ideas que con anterioridad habían perdido la hegemonía. Formas de neo anarquismo y ultra izquierdismo proliferaron a nivel mundial. De estas quizás el autonomismo sea la corriente que mas adquirió protagonismo y fuerza en el mundo.

En Chile a esto se suma el hecho de que diversas orgánicas militarizadas siguieron generando influencia y acciones en el país, dejando alguna influencia entre los jóvenes.

Se cuestiono la noción de revolución y de poder, tomando prestados en muchos casos de manera extemporánea la experiencia zapatista, señalando que la revolución era imposible y que la noción de “anti-poder” era la norma. John Holloway apareció como pastor.

Se cuestiono el autoritarismo bolchevique y el marxismo de distintas tradiciones, lo que llevo un desprecio hacia la construcción organizativa de un partido o una organización.

Diversas tendencias académicas post estructuralistas divulgaron la idea de la descentralización del poder y la difuminacion de la contradicción capital-trabajo.

Hemos sido testigos de formas recicladas de corrientes anarquistas como la de “Propaganda por el hecho” de comienzos del siglo pasado, que han vuelto a tomar fuerza y se han hecho con un espacio. En Chile se ha denominado popularmente como “pone-bombas”.

La critica a la noción de sujeto revolucionario encarnado en el proletariado, realzo la idea de los movimientos sociales y la fragmentacion de lo político, a la vez que se hacia una separación entre historia social y política tomando prestados conceptos de la escuela inglesa de historiadores.

La lucha en la población, elemento característico de los años 80, paso a ser un fetiche de muchos grupos y colectivos que lo elevaron a la categoría de sujeto. El autonomismo como corriente logro tener adeptos en el país, con su crítica a los partidos y su lógica destructiva hacia el comunismo, etc.

La derrota política de la izquierda a nivel mundial, con su correlato nacional, ha generado un retroceso ideológico sin precedentes. Muchos de los debates que pareciera que comenzamos a asumir, tienen su historia y su desarrollo práctico y teórico. No se trata de tomar moldes para copiar y pegar experiencias, pero tampoco se trata como hace John Holloway en su libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder”, de tomar toda la historia del movimiento obrero y tirarla a la basura. La historia y experiencias nos sirven para desarrollar lo que Daniel Bensaid denomina “hipótesis- estratégicas” o, en otras palabras, “guías para la acción”. Justamente uno de los temas ampliamente debatidos en la izquierda ha sido el de la institucionalidad y las elecciones. “El izquierdismo…” de Lenin se inscribe en este debate. 

2)  Dogmatismo de Izquierda

El izquierdismo es un fenómeno histórico y debe comprenderse como tal. Asume protagonismo en diversas épocas históricas y se manifiesta políticamente con diversas posturas características. En Chile, producto de la dimensión de la derrota vivida, este fenómeno asume características particulares más allá de las que analizo Lenin. Diversos colectivos surgen en las Universidades con una desconexión manifiesta con el sentir de las masas y como espacio de reflujo para la izquierda revolucionaria. El contexto de su surgimiento ira determinando en muchos casos las características de sus posiciones. Un culto a la población y el trabajo a desarrollar ahí, un constante “oposicionismo” a toda otra corriente organizada, un fetiche hacia la violencia, cultivar un trabajo marginal, etc.

En Chile muchas de estas tendencias cuentan con algún grado de protagonismo. Fuera de lo ya señalado quizá uno de los aspectos centrales que definen a estos grupos es la incapacidad de comprender la táctica como un hecho político. Lenin llamaba a estas concepciones “dogmatismo de izquierda”, en la medida que no lograban salir del ámbito ideológico para enfrentar la realidad y plantear medidas concretas. La incapacidad de generar maniobras, por dogmatismos, lleva finalmente a la impotencia política y a la derrota.

Los bolcheviques pactaron con potencias imperialistas en Brest-Litovsk y eso no los hizo menos revolucionarios, Recabarren participo de elecciones al parlamento burgués y eso no limito su accionar político, Karl Liebknecht no dejo de denunciar la guerra imperialista por estar en el Reichstag, la revolución checoslovoca del 48 se desarrollo por dentro de los márgenes parlamentarios, etc.

Las posibilidades de la acción política y su desarrollo dependen de una línea estratégica y táctica coherente y firme que maximice las posibilidades de alcance de determinada línea.

La política es una guerra y en esta se deben usar diferentes armas. Si se enfrentan dos enemigos y uno de ellos no usa la pistola por estar contra la violencia, seguramente caerá muerto al instante. La política es así e incluso más cruenta, pues no es solo una vida la que está en juego, sino miles, millones los que se levantan tras un proyecto político.

Quizás el mejor ejemplo en el acto de este dogmatismo de izquierda es en el caso de la acción institucional. Desde la vereda del marxismo todos compartimos el análisis sobre el Estado. El estado no es sino un instrumento de opresión de una clase sobre la otra, que no basta con que el estado cambie de manos para que cambie su carácter (como Marx se dio cuenta con la comuna de Paris), sino que lo que hace falta es que los trabajadores levanten sus propios órganos de poder que enfrenten el poder del estado y que logren triunfar y levantar su propio “estado” si se puede llamar así. Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Perry Anderson, Gramsci, Nicos Poulantzas y otros han analizado este tema en profundidad.

Sin embargo cuando se pasa al terreno de lo real y concreto y el análisis no cuadra con ella, no basta con repetir formulas aprendidas. El análisis al que se llega es que no se debe participar en elecciones porque cualquier participación en el Estado burgués no está dentro del marco ideológico formado. De esta manera se desecha por dogmatismo, la posibilidad de mostrar una alternativa y un programa a miles o más bien millones de personas cuya única lógica de lo político es ir a votar. No se piensa en los millones a los que tenemos que llegar, sino en ser fieles al catecismo y cumplirlo al pie de la letra.

Decíamos que todas estas formulas son recicladas pues ya se han planteado en diversos momentos. El comunismo holandés con Pannekoek a la cabeza planteo la estrategia antiparlamentaria y el consejismo hace ya muchos años.

El espacio de las elecciones y la acción institucional ¿pueden ser usadas dentro de una estrategia revolucionaria que se plantee el tema del poder y el socialismo como una tarea actual? La historia del movimiento obrero nos muestra que han sido repetidas las ocasiones en que se ha hecho.

3)  La izquierda y las elecciones

Sobre este punto se debe desarrollar un debate abierto y aclarar posturas de todos los sectores. Pienso sobre esto que si bien el tema de lo electoral es importante, asume un planteamiento táctico. Hay una serie de debates que debemos abordar en conjunto a esta tarea. Necesitamos una análisis concreto sobre el capitalismo y su desarrollo contemporáneo en Chile y el mundo, pensar, además, que proyecto es el que levantaremos o que Socialismo planteamos como tarea actual, que clase es la vehiculiza el proyecto que planteemos, que forma orgánica asumiría la organización política de la clase, que programa se plantea hoy a todo nivel, que estrategias y que tácticas. Si no se abordan en conjunto esto planteamientos y si no se levanta un proyecto histórico desde los sectores populares, las elecciones y posibles victorias en este ámbito perderán sentido y no serán constitutivo de algo más importante que la elección en sí.

Se debe participar en elecciones allí donde se den, analizando las condiciones y capacidades. Estas deben estar supeditadas a un programa y a las lógicas organizativas que se dé el pueblo. Deben actuar como facilitadores y no como fetiches. Deben servir como plataformas para llegar con nuestras ideas y despliegue a los miles de chilenos que siguen teniendo su marco de acción política en torno al voto. Todo candidato electo debe ser una fisura dentro del aparato de la burguesía, denunciando, dando espacios, moviendo el tablero hasta donde se pueda.

Aparte de esto debemos estar claros de que los límites de la acción electoral y de que sea una ayuda dentro de la capacidad de generar el poder desde abajo para enfrentar a los de arriba. Se debe tener en claro de lo que se busca no es que el estado asuma un rol o que permita un capitalismo, pero con rostro humano. El estado es una herramienta para los poderosos y debemos prepararnos fisurando adentro y generando el poder que lo destruya desde abajo.

En las actuales condiciones de deterioro de la “clase política”, se han generado las condiciones después de muchos años, para que se mueva el tablero de la política tradicional. Se han generado fisuras. Quizás la primera muestra de eso fue la irrupción en la última elección presidencial del fenómeno MEO. La gente comienza a vislumbrar la necesidad de una alternativa. La izquierda chilena tiene la responsabilidad de mostrar una alternativa anticapitalista que presente un programa alternativo. No hacerlo es una irresponsabilidad histórica y, como ha pasado muchas veces, veremos que el carro de la historia pasa frente a nosotros. De todas maneras, no tengamos dudas que la burguesía se prepara para cerrar el ciclo, cambiando de rostro, ofreciendo hasta lo que no puede, arriesgando un poco.

Ante eso, la izquierda debe ser audaz y rápida, lograr plantear una alternativa, disputar la mente y los corazones de nuestro pueblo, eso quiere decir, no llegar a miles, sino a millones de personas. Para eso debemos romper nuestros propios tabúes, atrevernos y comenzar a disputar a la burguesía en toda la cancha.

El señuelo del “progreso”

El señuelo del “progreso”

Por Homar Garcés 

 

 

En numerosas circunstancias en la historia, las clases dominantes y sus representantes intelectuales y políticos han logrado enganchar a los sectores populares en el logro de sus objetivos, atrayéndolos con ofertas de igualdad de oportunidades, libertad política y progreso económico. Así, se ha hablado de vías y de “alianzas para el progreso” (como la sugerida por el presidente John F. Kennedy para afianzar la hegemonía estadounidense sobre nuestra América y evitar una nueva experiencia revolucionaria como la de Cuba en alguno de sus países), el recetario neoliberal del Fondo Monetario Internacional y los Tratados de Libre Comercio con los países industrializados.

Sin embargo, la misma historia se ha encargado desmentir contundentemente la “sinceridad democrática” de la clase dominante, incluso de aquellos que, proclamándose socialistas (como en España), le hacen el juego. Esto último ya lo habían advertido Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista cuando escriben que “los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren perpetuar la sociedad actual sin los elementos que revolucionan y descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado”. De ahí que el señuelo del “progreso” sea una constante cada vez que la clase dominante pretende extender su potestad sobre la sociedad, explotando las necesidades básicas y creadas de una vasta porción de la población que no halla mejor forma de satisfacerlas que secundarla, producto de la alienación inducida en la misma durante décadas.
Esto ha logrado que, en la mayoría de las veces, los grupos revolucionarios caigan en semejante trampa, tratando de captar las simpatías populares, pero sin plantearse contribuir sostenidamente a darle al pueblo las herramientas ideológicas y políticas que lo hagan superar este ciclo de dependencia que sólo profundiza su malestar y su impotencia, haciéndolo presa fácil de todo tipo de demagogia. Por ello es fundamental que quienes enarbolan las banderas revolucionarias tengan presente que el objetivo primordial de la revolución socialista es la transformación radical del orden imperante, de otro modo se estarían ubicando en el campo común del reformismo liberal-burgués, sin producir cambio socialista alguno. Por lo tanto, la promesa de progreso de la clase dominante tiene que combatirse con el respaldo de la historia de aquellos acontecimientos que pudieron resolverse a favor de los intereses populares y fueron frustrados, combatidos y distorsionados por quienes ocuparon las posiciones de poder en su nombre. Demás está afirmar que es necesario esclarecerle al pueblo cuáles son los verdaderos intereses que persigue dicha clase social al convidarlo a “compartir” este “progreso”. Para muestra, bastaría recapitular lo vivido en Chile, Argentina y México, por citar algunas de las naciones de nuestra América donde se “modernizó” la economía, según la tesis neoliberal muy en boga durante las dos últimas décadas del siglo XX.
Es difícil creer que la lógica capitalista podría resolver los graves problemas estructurales que padecen nuestros pueblos. Sólo quienes legitimen el individualismo (el patrón se queda con la mayor parte del fruto del esfuerzo productivo de los trabajadores), la economía del mercado (maximización del lucro, la ganancia y la rentabilidad a través de la explotación indiscriminada de la fuerza de trabajo asalariada), la responsabilidad individual y la libertad empresarial sin control alguno del Estado, estarán de acuerdo en que dicho “progreso” es posible. Lamentablemente, dicha fábula sólo ha engendrado mayores niveles de desempleo, pobreza, miseria y exclusión social que no pueden reducirse ni eliminarse únicamente con buenos deseos. No se puede obviar, por consiguiente, que “el mercado sin restricciones -como lo refiriera David Korten- tiende a funcionar como una institución profundamente antidemocrática. En tanto que la democracia confiere derechos a las personas vivientes, el mercado sólo otorga reconocimiento al dinero, no a la gente”. En tal sentido, se debe desenmascarar tal “progreso” e impulsar, contrariamente, el desarrollo integral de las personas, al mismo tiempo que se crean las condiciones para la construcción del socialismo revolucionario.