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Opinion

Abstención

Abstención

Por Juan Diego García 

La enorme abstención electoral registrada en recientes elecciones en Chile y Galicia (España) igual o superior al 60% no parece ya un fenómeno anecdótico y si bien no alcanza siempre cifras tan elevadas si constituye una tendencia que amerita un análisis serio, en contraste con la actitud de minimizar o simplemente ignorar el fenómeno, tan común en analistas y medios de comunicación.

El elevado porcentaje de abstención registrado en ambos casos pone de manifiesto, en primer lugar, la enorme crisis de credibilidad en la llamada “clase política” y en no menor medida la insatisfacción ciudadana y el desencanto creciente respecto al sistema de representación. No se trata tan solo del desgaste de unos políticos profesionales a los que se otorga poca o ninguna credibilidad sino del deterioro de la misma legitimidad del sistema. Lo acontecido en Chile y en España resulta muy llamativo por sus dimensiones pero en manera alguna puede considerarse un asunto excepcional.

En efecto, diversos estudios comprueban que los políticos son vistos como personajes en los que no se puede confiar. Se los asocia (no siempre con acierto) a la corrupción galopante que infecta las instituciones o sencillamente se los considera figuras inanes, simples marionetas utilizadas para dar sustento a la fachada de una democracia cada vez más apartada de los problemas reales de la población. Una democracia representativa cada vez más deteriorada e inoperante. Crece la sensación de que quien manda realmente y decide no son aquellos a quienes la voluntad ciudadana delega para tal fin sino oscuros grupos minoritarios de grandes capitalistas que gobiernan desde la sombra (y de manera creciente también de forma abierta y sin tapujos). Si el voto de un banquero vale en la práctica mil veces más que el voto de los ciudadanos del común no sorprende que éstos empiecen a manifestar su indignación, entre otras cosas, absteniéndose de acudir a las urnas, un acto considero la mayor expresión del orden democrático.

Y la decadencia de los políticos es al propio tiempo la decadencia de los partidos. El total abandono de los proyectos reformistas por las mayores corrientes ideológicas en Europa (de mucha maneras proyectadas también al mundo periférico, en especial a América Latina) y su plena claudicación ante el pensamiento neoliberal explicarían la crisis profunda de estos partidos (especialmente de la socialdemocracia). Desterrada por completo la idea del consenso social y de la gestión civilizada de las tendencias dañinas del capital (un ideario compartido en su día con las corrientes socialcristianas), abandonada la intención de establecer controles al funcionamiento del capitalismo, no queda espacio apenas para la acción política en una democracia burguesa; no al menos de la manera institucional. Quedan entonces la protesta en calles y plazas, la acción directa, la búsqueda desesperada de soluciones a cualquier precio, y cómo no, la abstención. En tales condiciones sobran partidos, políticos y parlamentos, más aún cuando se entrega abiertamente del manejo de los asuntos públicos a banqueros sin escrúpulos y a técnicos al servicio del capital (a los que nadie ha elegido). ¿Qué sentido tiene entonces participar en los eventos electorales?.

El actual modelo de capitalismo salvaje - con su expresión más patológica, el capitalismo de casino de la especulación a escala mundial- sin el lastre de incómodas pretensiones reformistas coincide plenamente con el viejo ideario de los partidos liberales del Viejo Continente (por lo general minoritarios clubes de banqueros). No hay mayores contradicciones entre la prédica a ultranza de la libertad individual y las expresiones más groseras de la intolerancia, el racismo y la xenofobia. De esta suerte, se hace compatible el neoliberalismo económico, el fundamentalismo conservador en lo social y el extremismo de derecha en lo político; todos caben todos sin mayores dificultades en la fórmula actual del capitalismo sin controles.

Por supuesto que una abstención tan clamorosa (60%) no es aún la norma. Sin embargo es muy significativo que porcentajes inusuales de abstención aparecen con mayor frecuencia y que el fenómeno se produzca en el marco de una crisis económica general de evolución impredecible. Ya no es posible ocultar o minimizar el descontento y la indignación de la ciudadanía; menos aún si un número creciente de ciudadanos se niega a ratificar con su voto la legitimidad del orden social. El aumento de la abstención resulta significativo porque inclusive en países en donde este fenómeno siempre ha sido marginal empieza a producirse el distanciamiento del electorado, en particular de las nuevas generaciones y de los colectivos más golpeados por la crisis. Crece el porcentaje de quienes renuncian al voto pero también de quienes optan por alternativas nuevas (incluyendo expresiones muy preocupantes de extrema derecha) conformándose un bloque de descontento social, de contestación al sistema político del Viejo Continente, que pone en entredicho la democracia burguesa considerada más desarrollada y sólida.

En los Estados Unidos los altos índices de abstención constituyen la regla y una participación significativa, la excepción. En parte el fenómeno se explica por la misma conformación social de una país que tiene grandes colectivos de inmigración reciente cuya escasa o relativa integración no incluye el derecho al voto. Más aún, el voto ni siquiera es un derecho constitucional para sus propios ciudadanos quienes deben solicitarlo expresamente y no son pocas las situaciones en las cuales parece existir interés en impedir la participación de determinados colectivos, condenados así al ostracismo político. (Sin detenernos a examinar otras causas como el funcionamiento de los partidos, su dependencia grosera de los grandes centros del poder económico y la masiva manipulación de la opinión pública, algo que ya afecta en gran medida a los partidos políticos de las democracias europeas). En contraste, tales anomalías no parecen afectar la opinión de tantos que consideran a los Estados Unidos como el mayor modelo de la democracia representativa.

El panorama en las regiones periféricas del sistema -el mundo pobre- es aún más desolador. La abstención es mayoritaria en muchos países, algunos de los cuales como “correctivo” establecen la obligatoriedad de votar so pena de diversas sanciones (sobre todo económicas, algo que se convierte en un severo castigo habida cuenta de la pobreza generalizada de su población). La reciente abstención en las elecciones chilenas (en algunas mesas electorales no votó nadie) es aún más destacable porque, por primera vez, la votación no era obligatoria.

La participación electoral en estos países es casi siempre muy pobre, un mal endémico que solo se rompe cuando ciertas coyunturas permiten una expresión auténtica del sentir de las mayorías. En Colombia, por ejemplo, prácticamente no se registra una votación que supere el 40% del censo electoral al menos en el último medio siglo. Sus instituciones, deterioradas en extremo por la corrupción, la ineficacia y unos vínculos ya imposibles de ocultar con las prácticas de la guerra sucia, tienen entonces una legitimidad bastante menguada. Para muchos políticos sin embargo la abstención es bienvenida: de esta forma se asegura su elección con inversiones menores en un país en el cual se practica masivamente la compra del voto. En el actual proceso de paz entre el gobierno y la insurgencia, la reforma del sistema político debe buscar que ese 60% de colombianos y colombianas que no creen en las urnas cambien de opinión y acudan entonces masivamente a dar a las instituciones la legitimidad de la que hoy carecen.

En medio de este panorama, el contraste con otros países del área es bastante llamativo. Acaban de realizarse elecciones presidenciales en Venezuela y Hugo Chávez ha sido reelegido con más del 60% de los votos y una participación superior al 80% del electorado. Prácticamente todo mundo -incluyendo al candidato derrotado- reconoce la limpieza y transparencia de estos comicios. Mover a la ciudadanía a las urnas parece entonces que tiene una relación directa con el cumplimiento de las promesas electorales y con la promoción de una democracia efectiva.

Fuente: Argenpress

Grecia: Un frente de izquierda y los sindicatos contra el fascismo

Grecia: Un frente de izquierda y los sindicatos contra el fascismo

Por Jorge Altamira 

El diario Financial Times no se incomoda al advertir “sobre un alarmante ascenso de la violencia de ultraderecha” en Grecia, ni en citar la admisión del ministro de Orden Público y Protección Civil, de “que algunos oficiales podrían tener simpatías hacia el neo-fascista Amanecer Dorado”, que obtuvo el 7% de los votos en junio pasado y continúa ascendiendo en los sondeos de opinión. En realidad, el propio ministro es un encubridor del fascismo y un promotor de la colaboración de la policía con los fascistas.

Así lo testimonia él mismo cuando dice que “si la policía fuera efectiva, Amanecer Dorado no tendría razón de existir” (Financial Times, 19/10). O la policía ejecuta en forma cabal los objetivos del fascismo o éste encuentra justificación para llevar hasta sus últimas consecuencias los propósitos represivos de la policía. Los nazis griegos se han ido entrenando en la golpiza y el asesinato de inmigrantes y homosexuales, para impulsar el camino hacia la etapa superior de la guerra civil contra la clase obrera. Toda esta circunstancia delata la ficción democrática que representa el gobierno de la ‘doble Troika’ en Grecia: ‘doble’ porque de un lado tiene a la coalición de la derecha con el partido socialista y la Izquierda Democrática (esta última, una escisión de Syriza), y del otro al verdadero gobierno de Grecia, que forman el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

La lucha incansable para derrocar al gobierno del ‘ajuste’ feroz y de la entrega, y reemplazarlo por un gobierno de trabajadores, es obviamente la prioridad de los revolucionarios griegos. Grecia está siendo sometida a la mayor ‘reingeniería social’ capitalista de su historia, y sin precedentes en la de Europa. El objetivo es transformarla en una ‘zona franca’ del capital internacional, sin impuestos al capital y sin protección laboral. A diferencia de Irlanda, que ha servido al capital norteamericano para desarrollar una ‘competencia desleal’ al capital europeo, Grecia debería convertirse en una plataforma del capital europeo para disputar al capital norteamericano el Medio Oriente y parte de Asia -neutralizando las veleidades que alberga Turquía en esa dirección. Cuando la obra se encuentre completada, Grecia sería retirada de la zona ! euro (pero no de la Unión Europea), para que pueda financiar las exportaciones europeas con una moneda devaluada.

La lucha para aplastar al fascismo es, sin embargo, inseparable del objetivo estratégico, porque de paso quebraría a los aparatos de represión que se apoyan en los fascistas. Las fuerzas armadas de Grecia son las tutoras reales de las fuerzas policiales, con la bendición (activa) de la Iglesia ortodoxa. Esas fuerzas armadas son una sucursal de la Otan. El aplastamiento del fascismo plantea una lucha consecuente de las masas contra el gobierno, o sea la huelga indefinida y la formación de comités de huelga y de fábrica, por un lado, y una acción armada definitiva contra las bandas fascistas, por el otro, apoyada en esas masas en lucha. O sea, un frente único de los partidos de izquierda y de los sindicatos, para organizar batallones y milicias obreras. El desarrollo concreto de este planteo ofrece la posibilidad de atraer hacia la izquierda revolucionaria a los miembros m! ás enérgicos y combativos de la izquierda democratizante y del aparato sindical. La debilidad histórica del Estado en Grecia y los golpes mortales que le asesta la bancarrota capitalista, la privan del ‘lujo’ de una fuerza de represión socialmente satisfecha. De acuerdo con el mismo Financial Times: “como ocurre con el resto del sector público griego, los efectivos de la policía están siendo disminuidos en número. Menos de la mitad de los 52 mil oficiales del país ganan más de mil euros por mes y están enfrentando cortes salariales en aumento”.

Cinco meses después de las elecciones, las encuestas ponen en la cabeza de la opinión pública a Syriza -el partido de la izquierda ex estalinista, que plantea la formación de un “Gobierno de Izquierda”, con un programa de anulación del programa de ‘ajuste’, por un lado, incluido el rechazo a las privatizaciones, y, del otro, contradictoriamente, una firme defensa de la participación de Grecia en la Unión Europea. Esos mismos sondeos sellan el derrumbe colosal del Pasok, que se alternó en el gobierno de Grecia durante los últimos cuarenta años y puso a su servicio a la burocracia sindical y a la intelectualidad democratizante (una secta, El Militante, que reivindica para sí el ‘verdadero marxismo’, se ha visto obligada a transferir su ‘entrismo’ en Pasok a Syriza, evidenciando que es una marioneta de cola de la historia). Los observadores políticos coinciden en caracterizar que la dirección de Syriza busca adaptarse o acomodarse a las presiones del imperialismo -se cita como ejemplo de ello la reunión que mantuvo su líder, Alexei Tsipras, con el presidente sionista, Shimon Peres, en medio de la continua ocupación de territorios palestinos y el bloqueo a los barcos humanitarios a Gaza por parte de la armada sionista; así como sus repetidos viajes a Bruselas y París, para obtener de los adversarios del ajuste que insiste en imponer Angela Merkel, como serían el francés Hollande y el italiano Monti, un frente común por el ‘crecimiento’. No puede producir una sombra de sorpresa que Syriza se afane por ser aceptada por el capital mundial como “partido de gobierno”, porque ése ha sido su objetivo fundacional desde que inició el tránsito del estalinismo al eurocomunismo -en l! os ’70. La defensa del bloque imperialista que constituye la UE, forma parte de los genes del eurocomunismo. Esto no modifica un ápice, sin embargo, la importancia de un llamado a Syriza y a los sindicatos para organizar milicias para acabar con los fascistas, porque es precisamente una consigna de autodefensa, que permite, de paso, desnudar todas las contradicciones de la política democratizante y apaciguadora de aquéllos, y a los revolucionarios ir por la vía “del armamento del proletariado”. Syriza desearía poder realizar en Grecia un gobierno políticamente ‘viable’, como el de Lula o Chávez, y así lo dice en forma continua, pero es claro que se trata de ‘un sueño mediterráneo’. Lo único ‘viable’ en Grecia es un gobierno de trabajadores -se trata de desarrollar las condiciones políticas de esa viabilidad.

Es claro, para el lector de Prensa Obrera, que nuestro seguimiento apasionado de la lucha de los explotados de Grecia y de los duros desafíos que tiene la suerte de enfrentar la izquierda revolucionaria de Grecia (EEK), obedece a la enorme necesidad de aprender de su experiencia, para desarrollar mejor el partido revolucionario en las condiciones de Argentina, y las posibilidades que debería seguir ofreciendo el Frente de Izquierda.

Como internacionalistas, estudiamos todas las huellas que deja el proletariado en su lucha por la revolución socialista mundial.

Fuente imagen: CSMONITOR. 

Chile: Una nueva constitución

Por Eduardo Contreras 

Aunque nadie debe suponer que una nueva Constitución, por sí sola y por arte de magia, resuelva los problemas de la sociedad toda vez que lo principal sigue siendo la lucha del pueblo y, en definitiva, el control del poder político, lo cierto es que la exigencia de una nueva Constitución para Chile y la convocatoria para lograrlo son asuntos que están planteados a la orden del día en nuestro país.

Tiene pleno sentido si se considera que Chile es el único país de la región en que tras una dictadura que impuso mediante el terror un sistema institucional, político y económico en favor del gran capital, continúe hasta hoy en los estrechos marcos de ese modelo y se mantengan esas mismas normas constitucionales con levísimas reformas.

Consecuentemente, los únicos que no se suman a la exigencia del cambio institucional son los partidarios a ultranza del neoliberalismo. Se sienten a gusto con un texto que es esencialmente antidemocrático, autoritario. Lamentablemente también se ubican en ese campo conservador algunos que en el pasado reciente posaban de izquierdistas. Hoy se autodenominan “emprendedores” y, con exagerada audacia, se sienten “hombres de Estado”.

La Constitución del 80, dijeron sus autores, consolidaría un modelo social y económico exitoso para chilenas y chilenos. No ha sido así. Sólo se trataba de favorecer a los poderosos. Nada la justifica porque hoy los pobres son mucho más pobres y los ricos inmensamente más ricos. La encuesta Casen reveló que casi el 7% de los chilenos vive de allegados en otras viviendas y se mantienen altas cifras de hacinamiento en los hogares del pueblo mientras que 67 mil niños menores de 13 años comparten con otros las camas en que duermen. La realidad echa por tierra los argumentos de los partidarios del statu quo.

Lo concreto es que la inmensa mayoría ciudadana está hace años empeñada en lograr un ordenamiento jurídico superior claramente democrático, sin exclusiones, a la par de construir un modelo económico y social más justo, sin marginados.

Hasta la reciente carta pastoral de la conferencia episcopal de la iglesia católica llama a “escuchar el clamor de nuestro pueblo” y denuncia las profundas desigualdades; condena el lucro desregulado, exige humanizar y compartir con equidad los recursos y se solidariza con estudiantes y trabajadores. Tal como en dictadura exigieron Pierre Dubois, el inolvidable cura de la Victoria, y otros sacerdotes como Jarlan, Aldunate, Puga, en fin tantos que sumaron su voz a la del movimiento sindical y de pobladores.

Hace pocos días un grupo de senadores encabezado por José Antonio Gómez presentó un proyecto de reforma constitucional a objeto que en las elecciones de noviembre del 2013 se agregue una cuarta urna en la que la ciudadanía decida si se convoca o no a una asamblea constituyente. Puede discutirse la viabilidad del proyecto a la luz de la actual normativa y puede discutirse diversos otros aspectos de la iniciativa. Pero eso no es lo central, porque lo importante es que se suma a una exigencia colectiva que se desarrolla hace muchos años. Su mérito es sumar esfuerzos, no arriar banderas. Por eso hay que valorar toda propuesta que contribuya al propósito democrático de una nueva Carta Magna, para lo que lo fundamental sigue siendo la movilización de las masas.

La tarea del cambio institucional es tarea de todos. Conocemos de los esfuerzos de la Izquierda chilena y de diversas organizaciones ciudadanas que hace años trabajan en esta dirección así como de los empeños de diversos dirigentes sociales de todos conocidos. Es también deber de las universidades en tanto ellas son centros de pensamiento. Hay que estudiar las constituyentes de otras latitudes. Conocer y estudiar las experiencias de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, que han llevado a cabo interesantes procesos de cambio institucional.

Hay quienes creemos que lo óptimo sería una constituyente elegida con un sistema electoral democrático, universal, que elabore un proyecto que luego se someta por un largo período al debate público de las organizaciones de trabajadores, estudiantes, pobladores, centros de investigación, institutos culturales, escuelas de Derecho de las universidades etc., en fin que no se excluya a nadie de la difusión y discusión del proyecto y que, sólo luego de ese debate de masas, se someta a plebiscito.

Se requiere una Constitución para las grandes mayorías, no para unos pocos privilegiados. Que establezca la absoluta imposibilidad de que aquellos que fueron parte de una dictadura puedan ser designados funcionarios de gobierno y para que no puedan postular jamás a cargos de representación popular, como se estableció en países en situaciones semejantes. Se requiere un parlamento unicameral y en el que los parlamentarios no tengan privilegios especiales, que vivan del sueldo que tenían a la fecha de ser elegidos. Parlamentarios que estén obligados a rendir cuenta periódicamente de su desempeño a sus electores y que, además, puedan ser removidos de sus cargos por quienes les eligieron.

Que el Estado recupere su papel fundamental en la economía, que regule adecuadamente el funcionamiento de la actividad económica privada, y desarrolle áreas de propiedad mixta. Que garantice efectivamente el derecho de todos a la vivienda, la salud, el trabajo, el salario digno, la educación, al trabajo y la salud.

Que sancione todo tipo de discriminaciones y garantice los derechos del pueblo trabajador a participar en los principales aspectos de la vida nacional. Que recupere las riquezas naturales, nunca más el fraude del litio. Que prohíba la intromisión de militares y policías extranjeros en los temas de seguridad nacional y no sea permitido que preparen a los policías chilenos para reprimir al pueblo como hoy sucede y ha sido reconocido.

Una Constitución opuesta a toda forma de neocolonialismo y que de consiguiente no permita la flagrante intromisión del Comando Sur del ejército norteamericano en las instituciones chilenas con operaciones del tipo “Fuerzas Comando 2013” que ya se prepara en Fuerte Aguayo en Concón.

Una Constitución en fin que permita hacer realidad que el ejército y demás ramas de las Fuerzas Armadas sean efectivamente instituciones al servicio del conjunto del pueblo chileno, independientes y soberanas. Una Constitución que sea producto de un serio y profundo debate de masas, sin excluir a nadie.

El reciente proceso de elecciones presidenciales en Venezuela, la amplísima participación ciudadana que tuvo, el orden y tranquilidad en que se desarrolló, pese a los agoreros de todo pelaje, es una fiel expresión de que el cambio social puede iniciarse y es posible en los marcos de un sistema auténticamente democrático y participativo.

Hay pues que estudiar y buscar en nuestra propia historia constitucional, desde los primeros reglamentos hasta hoy, analizar su contenido de clase, la forma en que se establecieron y sus modificaciones. Ninguna ha sido fruto de un proceso constituyente democrático y participativo y es hora ya que el denominado “soberano” –que se supone que es el pueblo todo– sea quien imponga las reglas del juego.

Una nueva Constitución no nos caerá del cielo ni se establecerá en tiempo breve. Será el producto de muchas nuevas batallas al final de las cuales el pueblo, de nuevo en posiciones de poder, terminará sin duda fijando las reglas de su propio futuro como siempre debió ser y no ha sido hasta ahora. 

Venezuela: OTRA VERDAD INCOMODA

Venezuela: OTRA VERDAD INCOMODA

Por Héctor R. Jara Paz 

 

¿Se puede avanzar desde el Estado hacia la una sociedad más justa e igualitaria?

¿Se puede redistribuir la riqueza y asegurar los servicios básicos de educación, salud y condiciones sanitarias al pueblo, respaldados en un proceso democrático?

Allende intentó realizarlo en Chile, sin embargo hasta hoy, incluso sus antiguos partidarios, navegan en la ambigüedad para justificar posturas acordes al modelo neoliberal en una política “dentro de lo posible”, esto es postergar las necesidades reales de los más pobres, en espera de la anhelada redistribución, producto del rebalse en las utilidades de los actuales actores del mercado.

Venezuela, al margen de la simpatía o desagrado que nos causa su Presidente reelecto y, sin privaciones de las libertades básicas con que se descalifican otras experiencias por los medios de comunicación mundial en favor del modelo neoliberal, en un proceso electoral reconocidamente transparente y altos niveles de participación, ha dicho SÍ, SE PUEDE.

¿Cuál ha sido la receta de Chávez para mantener su proceso revolucionario? Dar al pueblo lo que es del pueblo y generar las condiciones para que esas multitudes, históricamente marginadas, pasen a ser actores y protectores del proceso democrático. Esas multitudes han salvado la “revolución bolivariana” activamente, en la calle y en las urnas, enfrentando todos los intentos y acciones contrarias al modelo, provenientes tanto del interior como exterior del territorio venezolano.

Respetando las condiciones internas de cada país, que cada vez se homologan más en medio del proceso de globalización, en Chile tenemos al pueblo en la calle, reivindicando esos derechos ciudadanos, esos servicios públicos que otrora fueran parte de la responsabilidad de un Estado comprometido con los más vulnerables, sin embargo, nuestros políticos “progresistas” no confiaron ni en la fuerza de un discurso socialista, ni en la movilización del pueblo.

Los actuales dirigentes del “progresismo” que temen que el liderazgo natural de la ex presidenta Bachelet  se “izquierdice” en su discurso, se encuentran con una verdad incómoda…porque si se puede.

La consecuencia en la búsqueda directa de mejorar las condiciones y calidad de vida del pueblo chileno, de recuperar el sentido natural de un ESTADO activo y responsable de una Educación pública de calidad y laica; De un sistema de salud pública que no discrimine en su calidad por el bolsillo del paciente y de un marco constitucional que se adecue a la realidad de esta nueva era…se puede. La consecuencia y transparencia del discurso siempre encontrará la respuesta adecuada del pueblo, pero esta vez, esta próxima vez, deberemos entender que además debemos gobernar junto al pueblo, considerando a las organizaciones sindicales, gremiales, profesionales…debemos aprehender a gobernar desde la base social, junto a las organizaciones comunitarias, junto a los estudiantes, que han demostrado la consecuencia entre el decir y el actuar.

Chávez aprehendió de la experiencia de Allende, nosotros debemos aprehender de la experiencia del modelo venezolano, no para parecernos a Chávez, como querrán muchos caricaturizar este comentario, sino, para volver a confiar en un proceso de cambios reales y efectivos que se sostengan en las columnas de una sociedad organizada, consciente y activa, más que en una clase política de iluminados, que se acomodan a los sillones del palacio y recurren cada cuatro años al pueblo, vociferando nuevas promesas que los mantengan en sus situaciones de privilegio.

Una nueva verdad incomoda….pero al fin y al cabo, una verdad.

Mi saludo fraterno y consecuente al pueblo venezolano.

 

La derecha argentina viaja a Venezuela a empujar contra Chávez

La derecha argentina viaja a Venezuela a empujar contra Chávez

Por Néstor Kohan 

La derecha argentina viaja a Venezuela a empujar contra Chávez. El PRO, partido liderado por el empresario Mauricio Macri, que aglutina lo más rancio del viejo videlismo, junto con todo lo "nuevo" del empresariado capitalista que supo promover el neoliberalismo de los últimos 20 años, se juega abiertamente a voltear a Chávez.

¿Hacen mal? ¡No! Hacen muy bien. De forma transparente admiten públicamente que en Venezuela se juega una batalla internacional. La derecha es nítida, definida y no se confunde. La izquierda del continente debería hacer exactamente lo mismo en un sentido opuesto. No perder el rumbo ni paralizarse ante lo borroso de la letra chica o confundirse con las limitaciones del proceso bolivariano. La disyuntiva es clara y no es válido mirar para el costado. Hay que apoyar a Chávez y el proceso bolivariano profundizando las transformaciones en dirección al socialismo.

Pero la urgencia de las elecciones de octubre y la necesidad imperiosa de la victoria electoral no deben confundirnos. El combate en Venezuela no es sólo electoral. El imperialismo estadounidense (bajo el disfraz sonriente y "multicultural" del presidente Obama, igual de guerrerista que los anteriores mandatarios yanquis), la gran burguesía venezolana y sus socios políticos están desplegando un plan extra-electoral destinado a sabotear el proceso y/o desconocer los resultados. Planean desestabilizar hasta lograr los mismos objetivos intervensionistas que en Libia o en Siria. Por ello mismo, la solidaridad con la revolución bolivariana debe expresarse en todos los escenarios de lucha hasta garantizar la derrota definitiva de esos esfuerzos sediciosos y la profundización y extensión definitiva del tránsito hacia el socialismo.

Los dilemas de octubre se inscriben en un condensado nudo geopolítico. El imperialismo y sus burguesías serviles quieren barrer completamente del mapa la insolencia de un militar latinoamericano, mestizo y bolivariano, antimperialista y admirador del Che Guevara, que los desobedece y los desafía desde hace dos décadas. Necesitan imperiosamente recuperar la renta petrolera y "ordenar" el norte de Sudamérica, desplazando a Chávez, neutralizando y desarmando de una buena vez a las FARC-EP y regando el continente de nuevas bases militares que garanticen su monopolio sobre los recursos naturales. Frente a esa ofensiva imperial, la geopolítica bolivariana no debería quedar satisfecha con el UNASUR y la unidad institucional de los estados.

A largo plazo, lo que definirá la pulseada será la unidad de los pueblos (incluyendo a sus expresiones sociales e insurgentes), no sólo los pactos entre los estados. Los apretones de mano con Santos, presidente corrupto y asesino, no frenarán el paramilitarismo y el lumpenaje de la burguesía colombiana ni garantizarán una estabilidad duradera en la región mientras las fuerzas armadas colombianas sigan manteniendo medio millón de soldados criollos -dirigidos en vivo y en directo por generales yanquis y asesores israelíes- que amenazan con invadir Venezuela si se profundiza el camino al socialismo. Que siga existiendo el bolivarianismo de las FARC-EP como punta de lanza del movimiento popular colombiano es la mejor garantía para que Venezuela no sea invadida por Estados Unidos a través del vecino ejército colombiano.

La unidad continental de los pueblos es la clave del triunfo bolivariano a escala internacional (ninguna revolución puede triunfar aislada, en un solo país). En lo nacional, en cambio, la lucha de clases se expresa en todos los terrenos, no sólo en lo electoral (sin duda el más visible). La segura victoria de Chávez en octubre no debe hacernos olvidar que al interior del proceso bolivariano también hay conflicto. Un segmento que apoya al líder histórico de la revolución bolivariana, aun manteniendo la retórica oficial, hace todo lo que puede (y más) para retardar o esquivar la opción socialista.

Día a día pretende "inventar" seudo alternativas, siempre calificadas como "populares", "autogestionarias" y "bolivarianas" para no profundizar el camino al socialismo. Como si se pudiera marchar al socialismo siendo amigo de todo el mundo y socializando sólo los márgenes de la sociedad (aquellos que no molestan al mercado ni interesan a las grandes empresas porque no son rentables). Como si se pudiera construir la transición al socialismo sin confrontar con los millonarios de la burguesía y el empresariado.

Uno de los grandes desafíos del presidente Chávez y de todo el proceso bolivariano, posterior al seguro triunfo electoral de octubre, consiste en apoyarse en la organización política de las clases populares, explotadas y sulbalternas (su principal y más leal fuerza de lucha) e ir encontrando formas concretas de gestión de la propiedad estatal o nacionalizada que debiliten socialmente el enemigo escuálido y sienten las primeras bases económicas de la transición socialista.

Hay que golpear y debilitar a los escuálidos no sólo en la retórica, en la comunicación, en las urnas y en la sensibilidad cultural (algo fundamental e imprescindible) sino también en las columnas vertebrales del mercado capitalista de la economía venezolana. Para vencer al tigre hay que animarse a ponerle sal en la cola. O se enfrenta a la burguesía debilitándola socialmente o la burguesía terminará por devorarse al proceso bolivariano como le ocurrió a la revolución sandinista en 1990. No se puede "civilizar a la burguesía" (expresión poco feliz de Tomás Borge en 1986). ¡Hay que enfrentarla y derrotarla!

Chávez lo puede hacer. Le sobra energía, proyecto, valentía y decisión política. Incluso puso en riesgo su propia vida (recordemos el golpe de estado y la digna actitud que entonces asumió, tan distinta de la pusilanimidad y la cobardía de la mayor parte de la elite política de América Latina). Su decisión personal no es lo único que aquí juega. La revolución bolivariana se apoya en muchos logros que van más allá del liderazgo carismático de un individuo:

* Internacionalizó la disputa política y cultural al punto de involucrar a todo un continente en cada una de las peleas sociales internas de Venezuela.

* Politizó completamente a la sociedad: hasta el más indiferente o distraído hoy debe pronunciarse (a favor o en contra). Quedó atrás la era del "pragmatismo eficientista" y la despolitización posmoderna de las masas populares que recorrió no sólo Venezuela sino toda Nuestra América en los años 90.

* Recuperó una mirada histórica (bolivariana) de nuestra identidad popular poniendo en crisis el individualismo cínico del posmodernismo que nos invitaba tramposamente a desconfiar de "los grandes relatos" y a vivir al día, pensando únicamente en consumir, sin ideales, sin historia y sin proyectos colectivos.

* Relegitimó los símbolos, la cultura y la tradición política del socialismo, que eran una mala palabra demoníaca en los años '90.

* Redistribuyó la renta petrolera en los sectores populares y en proyectos políticos regionales, cuando antes era un botín de guerra de la burguesía venezolana destinado a su consumo frívolo y suntuario.

* Reinstaló una opción antimperialista a nivel regional y continental, incluso diríamos mundial, estableciendo vínculos con muchos pueblos y gobiernos del mundo (los "malos" en el lenguaje hollywoodense de las administraciones norteamericanas), desde América Latina hasta África y Asia.

Por todo eso, resulta vital apoyar resueltamente la continuidad del proyecto encarnado por Chávez al mismo tiempo que se torna impostergable la profundización de la revolución bolivariana apuntando a la expropiación de las grandes fortunas, las grandes firmas, los grandes bancos y las grandes empresas (nacionales y extranjeras).

Si la revolución bolivariana no marcha al socialismo de una vez por todas -socializando en serio las grandes empresas, nacionalizando las palancas fundamentales de la economía y estableciendo, contra la regulación mercantil, una planificación socialista de gran escala, más allá incluso del ámbito nacional hacia lo regional a través del ALBA-, necesariamente retrocederá y será derrotada por sus enemigos históricos, internos y externos.

No será tendiéndole la mano al presidente Santos, vecino perverso, hipócrita y siniestro, ni poniendo nuevamente la mejilla a las amenazas golpistas escuálidas de la derecha venezolana que amagan con patear el tablero si no ganan las elecciones, como se profundizará la revolución. No es hora de prestar la oreja a los mansos y tramposos socialdemócratas que en nombre del «realismo» siempre aconsejan aminorar la marcha -como hicieron en Chile en 1973, en Nicaragua en 1990 y así de seguido- para terminar, invariablemente... en la derrota. No. El comandante Chavez y la revolución bolivariana deben aprovechar esta crisis mundial del capitalismo y la actual debilidad de los EEUU y de Europa occidental para apretar el acelerador. No sólo el pueblo venezolano sino todos los pueblos del mundo estamos atentos. Lo que se juega en esta disputa tendrá sin duda repercusiones mucho más allá de la tierra natal de Simón Bolívar. 

Fuente: AGENCIA WALSH

Colombia: Tregua o Ceasefire

Colombia: Tregua o Ceasefire

Por Alberto Pinzón Sánchez 

Todos hemos visto la misma película molida en Hollywood y repetida infinidad de veces en nuestros cines tercermundistas, en la cual un ladrón de bancos gringo armado con una pistola, está rodeado completamente en una casa por policías con sus patrullas, que le intimidan rendición inmediata. El Ladrón hace un disparo (como al aire) e inmediatamente una verdadera tormenta interminable de balas y fuego destruyen la casa. Los espectadores respiran profundo, y entonces, el sheriff de la policía, como si hubiera oído estos resuellos, con el megáfono alzado grita varias veces, para ser oído en el estruendo: - ¡Ceasefire! ¡Ceasefire!. Mientras se ve la casa humeante y en silencio. Ese es el tan generalizado concepto gringo de cese al fuego.

Muy otro es el concepto de Tregua, vocablo castellano derivado del gótico “Trigwa” que quiere decir tratado para suspender o cesar hostilidades por un determinado tiempo. Y que este 27 de septiembre, tuve oportunidad de presenciar en su divergencia conceptual , cuando Piedad Córdoba en la gira de la Marcha Patriótica por Europa, fue recibida en el Parlamento Alemán (Bundestag) por los parlamentarios del partido de la Izquierda alemana (die Linke) y al tratar, entre otros, el tema de la tregua bilateral inmediata para desarrollar los acuerdos alcanzados en la Habana entre la Farc y el gobierno Colombiano; el muy eficiente traductor simultaneo después de titubear unos segundos y preguntar, tradujo Tregua por “Waffenstilstand” (parar o detener las armas) que es bastante semejante al “Ceasefire” inglés, desechando el de “Waffenruhe” (quietud o silencio de las armas) que tiene un sentido de permanencia.

A pesar de que el tan conocido diccionario Oxford del idioma ingles, tiene en la página 1497 la palabra “Truce, definida como un acuerdo temporal para cesar hostilidades”, el “Ceasefire” bien manipulado ha terminado por remplazar o anticuar el de “Truce”, que entre otras cosas se deriva de la palabra “True” que significa verdad. La duda del traductor y la aclaración solicitada, me han llevado a hacer estas consideraciones, un tanto idiomáticas y un tanto políticas.

El concepto de Tregua bilateral inmediata, que Piedad Córdoba planteó correctamente como una suspensión temporal de hostilidades (tanto militares como sociales y políticas) de ambas partes enfrentadas en el largo conflicto social armado colombiano, con el fin de generar un ambiente democrático y distendido que permita avanzar hacia la finalización del conflicto interno tal y como se pactó este agosto en la Habana, se enraíza en la larga experiencia política de los colombianos en la búsqueda de la paz, como en el buen uso del castellano universal , e implica varios aspectos:

1 - El aspecto espacio -temporal limitado de la tregua, mientras se llega a la finalización definitiva del conflicto o cese de hostilidades.

2 - La necesaria separación conceptual de los aspectos militar, social y político que forman un todo constitutivo del conflicto colombiano, según fue nuestra experiencia con el magistrado y constitucionalista Vladimiro Naranjo en al comisión de las personalidades que se conformó en el 2001, durante el anterior proceso de paz del Caguán. Hay que cesar el fuego militar, pero también hay que cesar la estridencia anti-paz de los medios de comunicación adictos al Poder. Cesar la motosierra, las desapariciones y en fin la guerra sucia que continúa y es muy silenciosa o casi no se ve porque no es publicitada. Cesar las detenciones de dirigentes populares, las persecuciones políticas y la criminalización de la protesta social que tampoco es muy ruidosa. Así como las demás formas de hostilidades sociales y políticas, por ejemplo, respetando la Marcha Patriótica y en general a toda la oposición, brindándoles garantías reales para su actividad política y sus movilizaciones masivas que se avecinan.

3 - La necesidad imperiosa de crear un ambiente social optimista y democrático, de que no solo es posible pactar una Tregua bilateral por tiempo limitado en territorios demarcados y verificable, sino que el conflicto tiene y debe llegar a su fin definitivo y ser superado. Sin amenazas. Con claridad conceptual y sin tinieblas ni mentiras oficiales, como las del prevaricador (procurador) Ordoñez, quien valido de su cargo como ministro público y encubierto en una legalidad santanderista, le ha mentido al país en materia grave, anteponiendo sus creencias religiosas y fobias sexuales personales por sobre la constitución (que todos los demás fariseos dicen defender hasta con las armas) en medio de un ambiente pugnaz en contra del proceso de paz que se inicia.

Quizás de esta manera, pudiéramos superar ese anacrónico impase del Siglo XVIII, entre la Luz y las Tinieblas, aún vigente como conflicto social armado en la actual sociedad colombiana. 

¿Van a negociar las FARC con asesinos? ¿Cómo garantizar que el gobierno respetará lo que acuerda?

¿Van a negociar las FARC con asesinos? ¿Cómo garantizar que el gobierno respetará lo que acuerda?

Por Pedro Echeverría 

 

1. Se ha señalado que Cuba, Chile, Noruega, Venezuela, apoyarán la ronda de negociaciones de paz que se harían en La Habana, entre las FARC y el Gobierno de Bogotá en las próximas semanas, según se ha publicado. El presidente Santos y el máximo comandante de la guerrilla colombiana de las FARC Rodrigo Londoño, alias Timoleón Jiménez o "Timochenko", dijeron que se llega "a la mesa de diálogos sin rencores ni arrogancia". No se olvida que las anteriores negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC se registraron durante el gobierno de Andrés Pastrana y se extendieron entre 1999 y el 2002; sin embargo fracasaron por la intensidad de la ofensiva militar y las acciones de la FARC como respuesta. Así que las “negociaciones” no son nuevas ni se sabe a qué resultados se llegará. Todavía hay mucha incertidumbre.

2. En varias ocasiones se ha publicado que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fundadas en las selvas colombianas en 1964, están dispuestas a negociar con el gobierno de Colombia encabezado por Manuel Santos. Que se busca un país o espacios con neutralidad para que se inicien conversaciones y se lleguen a acuerdos. Pero hay que subrayar que los guerrilleros han estado siempre por la paz, porque los pueblos puedan producir para comer con libertad y gozar su vida viviendo en democracia. La guerrilla colombiana surgió por la propia voluntad de los campesinos y demás trabajadores que ante la explotación y represiones del gobierno no encontró más salida que la guerrilla. Hoy, después de 48 años, los explotados no han encontrado políticas positivas a favor del pueblo.
 
3. Las FARC durante casi cinco décadas han sido respetadas, aunque también perseguidas y asesinadas por los diferentes gobiernos de Colombia con el apoyo total del imperio de los EEUU. Por su presencia y presión esos gobiernos se han visto obligados a realizar reformas en beneficio del pueblo, pero también –por ello mismo- han convertido a Colombia en una gran base militar de los EEUU. Podría demostrarse que Colombia se convirtió –junto con México, Perú y Panamá- en los países ejes de propagación de la política yanqui en América Latina. Sin embargo las FARC, ese magnífico núcleo de rebeldes que durante casi cinco décadas –según se ha publicado- parece que buscará acuerdos con el gobierno de Manuel Santos. ¿Los venció el cansancio o las esperanzas?
 
4. No se puede criticar con autoridad desde la cómoda casita a un gran grupo que durante casi medio siglo se ha jugado la vida combatiendo a los asesinos. No sólo ha batallado contra las inclemencias del tiempo, las enfermedades y por la búsqueda de comida, sino bajo la constante amenaza de los aviones, helicópteros y las traiciones. Ser guerrillero no es solamente acosar a los enemigos de clase, sino también caminar cientos de kilómetros, arrastrarse en el piso y esconderse. Por eso en México no puede dejar de reconocerse el gran valor de los que lucharon encabezados por Gámiz y fueron asesinados en Chihuahua en 1965; de los guerrerenses que estuvieron luchando con las armas, junto a Genaro Vázquez y Lucio Cabañas; tampoco dejar de reconocer a los integrantes y dirigentes del EZLN y del EPR.
 
5. El EZLN lleva en las selvas de Chiapas, México, 18 años de haberse levantado en armas, aunque 10 años antes ya venía construyéndose el grupo rebelde. Al parecer es el más antiguo grupo rebelde en las selvas mexicanas. Y aunque es un grupo que sólo hizo uso de las armas 12 días y, aunque ha continuado armado, en la selva y se ha declarado pacífico, los dos gobiernos del PRI y dos del PAN no han dejado de perseguirlo, agredirlo, calumniarlo, robarles productos y quitarles tierras. El EZLN sólo ha exigido al gobierno respeto a los zapatistas que han implantado gobiernos autónomos, así como a los miles de simpatizantes dispersos en el país. En Colombia la guerrilla ha estado activa porque de manera permanente el gobierno y los EEUU han querido destruirla enviando aviones, helicópteros, soldados y policías.
 
6. En América Latina se han registrado acuerdos de “pacificación” entre guerrillas y gobierno que no han traído resultados positivos para el pueblo. Por ejemplo en El Salvador en 1993 se firmaron acuerdos de desmilitarización del Estado y cese a la represión, de protección de los derechos humanos, reforma electoral, que convirtieron al frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de guerrilla armada en partido político legal. Han pasado ya 19 años y El Salvador –a pesar de saltos electorales adelante y de saltos para atrás- sigue siendo uno de los países con más delincuencia y asesinatos y donde –con el gobierno de Mauricio Funes- todavía se sigue pensando en que “El Salvador atraviesa un momento particular de su historia, en el cual "lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer". ¿Cómo garantizar que los gobiernos cumplan su palabra?
 
7. La realidad es que en política no hay nada fijo ni definitivo, a pesar de que los llamados “poderes fácticos” son cada vez más fuertes por la enorme acumulación de riquezas en sus manos. No puede haber alguien que conozca más la realidad de las FARC que sus mismos integrantes, pero quienes desde fuera la admiramos tenemos la obligación de recordarles las experiencias de otros “procesos de paz” que han fracasado por las traiciones de la clase poderosa, e inclusive de fuerzas amigas que cuando deben apoyar no lo hacen. ¿Puede olvidarse las terribles campañas de desprestigio que realizan los medios de información contra cualquier lucha social, particularmente contra la luchas armadas que –según ellos- amenaza sus intereses y los de la sociedad? No puede olvidarse que negociar con el gobierno colombiano es negociar también con los poderosos yanquis que buscan mantener sus siete u ocho bases militares en ese país.

Fuente: https://pedroecheverriav.wordpress.com/.

Para llegar al socialismo revolucionario se deben trascender los límites de la democracia restringida

Por Homar Garcés 

 

Los fundamentos de una nueva estructura económica postcapitalista y de una nueva organización política de la sociedad a través del socialismo revolucionario requieren de una nueva orientación teórica y cultural, lo que debiera redundar -sin duda- en el desarrollo integral de los sectores populares, concibiéndose al mundo de una manera radicalmente distinta.

Sería, además, poner en movimiento la adopción de una nueva clase de ciudadanía, activa y no contemplativa, cuyos valores éticos y morales conviertan a cada persona en generadora de los cambios políticos, sociales, económicos, militares y culturales que definirán la transición definitiva hacia el socialismo, haciendo posible la combinación de teoría y acción política, como también la superación de las contradicciones, las inconsistencias y las desviaciones a las cuales estuviere propenso el proceso revolucionario en cualquier momento. Ello exigiría trascender los límites de la democracia restringida, tan del uso en la mayoría de los países, incluidos aquellos donde tienen lugar cambios bajo la advocación del socialismo. Esto contrastará enormemente con lo afirmado por Samuel Huntington en el Informe sobre la gobernabilidad de las democracias para la Comisión Trilateral, publicado en 1975, en el sentido que “la operación efectiva del sistema político democrático usualmente requiere mayor medida de apatía y no participación de parte de algunos individuos y grupos. En el pasado, toda sociedad democrática ha tenido una población marginal, de mayor o menor tamaño, que no ha participado activamente en la política. En sí misma, esta marginalidad de parte de algunos grupos es inherentemente no democrática, pero es también uno de los factores que ha permitido a la democracia funcionar efectivamente”. En la actualidad, la globalización económica neoliberal busca mantener inalterable esta realidad, resistiéndose a las demandas de los sectores populares de una mayor participación política y de una efectiva redistribución de la riqueza, por lo que sus auspiciadores y beneficiarios directos no escatiman ningún método, sutil o violento, para lograrlo.

De ahí que, siendo el socialismo la antípoda política, social y económica del sistema capitalista, debe desprenderse de los esquemas que caracterizan a este último, facilitando el escenario para que se pongan en funcionamiento mecanismos de participación y de protagonismo popular, capaces de producir acuerdos -en medio de la diversidad de intereses e ideas de sus integrantes- que reflejen la unidad de acción y de pensamiento respecto al tipo de socialismo revolucionario que se espera construir, sin que prevalezca la tutela del Estado. Esto pasa por incluir también la definición de las formas de propiedad de los medios y de organización de la producción, además de las relaciones que existirían entre el poder político y la democracia socialista, entendiendo ésta como un ejercicio cotidiano y vinculante por parte de los sectores populares que no podrá ser obviado por el estamento gobernante, invocando para ello razones de Estado, como es habitual en los regímenes de la democracia representativa.

Es preciso, por tanto, asegurar las condiciones objetivas y subjetivas que permitan una retroalimentación de la revolución socialista, de modo que haya una continuidad y una profundización de la misma que la haga totalmente irreversible, sin el titubeo ni la manipulación demagógica característicos de quienes nada más aspiran a una mera reforma cosmética del orden vigente en su propio beneficio. Para alcanzar dichos objetivos es vital inculcar entre los sectores populares la necesidad de la formación teórica y del debate crítico y propositivo, algo que impone el activismo de una dirigencia política compenetrada con los ideales del socialismo revolucionario que, más que representante, sea vocera de los intereses colectivos; de tal forma que no exista posibilidad alguna de una restauración de la sociedad capitalista que se pretende reemplazar por otra de nuevo tipo, es decir, por una definitivamente socialista.