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Opinion

El congelamiento de precios no les servirá para limitar a las paritarias

UJUY AL DIA - ACTA

José Del Frari, Secretario General de la CTA Jujuy, se refirió al acuerdo de precios y su influencia en las negociaciones paritarias, señalando que no deberían afectará el pedido sindical.

Al respecto, José Del Frari manifestó que “esta medida no podrá limitar las paritarias ya que vamos a insistir en las negociaciones en base al aumento de precios del año pasado, eso ya está definido, ya que por dos meses estén detenido el aumento de precios no afecta porque lo que ya aumento, aumento”.

Para Del Frari “el querer esgrimir que ahora no va a haber aumentos es un elemento importante para una discusión de ahora hacia adelante, porque sería muy importante que se cumpla porque no es la primera vez que hace el anuncio que se van a congelar los precios y los elementos de primera necesidad siguen aumentando a pesar de los acuerdos que lleva adelante Moreno”.

“Moreno con los acuerdos empresariales no funcionó, puede haber funcionado con acuerdos internacionales pero a nivel nacional cada vez que firmó un acuerdo con el sector de la economía al otro día los precios siguieron subiendo como si nadie hubiese firmado nada”, expresó.

Sobre las circunstancias en las que se tomó dicha medida, el secretario General de la CTA Jujuy explicó que “acá lo primero que hay que ver es si se puede cumplir, ojalá que se cumpla y que el gobierno logre durante dos meses que no haya aumentos y allí van a empezar una serie de interrogantes como por ejemplo: si lo han podido hacer ahora ¿por qué no lo hicieron antes?, ¿por qué no han recurrido a la ley de abastecimiento? ya que esta ley le da la posibilidad de control de los excesos y sobreprecios y todas las rarezas que los oligopolios están haciendo en el país”, y añadió que “si esto llega a buen puerto, que ojala sea así, habrá que decir que ya tenemos un mecanismo para controlar los aumentos injustificados de los sectores empresariales argentinos que no quieren apostar a favor de la gente sino a favor de su bolsillo.

Además, debería tomarse una política para mejorar los salarios y la posibilidad de compra de la gente y a partir de esa mejora el crecimiento de los empresarios viene garantizo sin que haya proceso inflacionario que castigue al trabajador”.

En relación a las razones por las cuales considera que este tipo de medidas no han sido tomadas antes por el estado nacional, José Del Frari mencionó que “como dijeron en cierto momento algún gobierno radical ‘algo de inflación en el manejo de la economía siempre es bueno’, pero cuando ese manejo inflacionario se empieza a ir de las manos evidentemente deja de ser bueno para la supuesta economía del Estado y pasa a ser malo para todos. Tal vez se están dando cuenta que estamos en una estación de peligro hacia un posible desborde que después quizás no se pueda contener”.

¿Bachelet 2014?

Por Alejandro Lavquén

 

Si Michelle Bachelet fuera la solución a todos los males que aquejan a la sociedad chilena sin duda que, en las próximas elecciones presidenciales, yo también votaría por ella, pero la realidad es muy distinta, pues dadas las circunstancias ideológicas de la ex presidente, más cercanas a la centroderecha en lo político y económico, ella no es garantía de ser la solución a las injusticias sociales y económicas que sufre la población, y menos es solución a la corrupción política y empresarial. Con toda seguridad Michelle Bachelet será la próxima presidenta de Chile, y la dirigencia de la Concertación pasará de su actual discurso crítico al sistema, por lo menos públicamente, a apoltronarse nuevamente en los cargos públicos, exhibiendo la arrogancia e inconsecuencia que demostró durante los veinte años que gobernó bajo la férula de la Constitución de 1980 y fortaleciendo, además, el modelo neoliberal.

Quienes diciéndose de Izquierda (en cualquiera de sus manifestaciones), pero que aún dudan del camino propio, ya sea por pusilanimidad política, candidez u otros motivos guardados bajo siete llaves, sin duda que darán su voto a Bachelet, argumentando que ésta opción es mejor que cualquier gobierno de derecha. Y claro, es su opción, absolutamente válida, de votar por quien estimen conveniente hacerlo, pero, por favor, no le mientan a la gente planteando que las cosas cambiaran por el solo hecho de ser electa presidenta Michelle Bachelet. 

La única manera de que ese discurso pudiera ser creíble es que la ex presidenta firmara un documento público donde se compromete, con urgencia, a: 1) Recuperar todas las empresas privatizadas desde la dictadura a la fecha. 2) Acabar con las AFP e ISAPRES. 3) Enviar a todos los militares condenados por atropellos a los derechos humanos a cárceles comunes y corrientes. 4) Modificar el sistema educacional de las escuelas militares. 5) Cambiar la Constitución de 1980 mediante una Asamblea Constituyente e instaurar el plebiscito como herramienta fundamental de la democracia para zanjar diferencias. 6) Implantar la educación pública gratuita y de calidad, lo mismo para la salud. 7) Dar curso a todas las peticiones del pueblo Mapuche y los demás pueblos originarios. 8) Volver a las antiguas leyes laborales y de previsión vigentes antes del golpe militar. 9) Acabar con el sistema binominal y además con la partidocracia, iniciando un proceso que permita que las organizaciones sociales, sindicales, culturales, vecinales, profesionales, etcétera, tengan los mismos derechos de los partidos políticos para presentar candidatos a elecciones de todo tipo, sin mayor traba que los candidatos sean mayores de edad. 

Para empezar, esto sería suficiente para creerles a la señora Bachelet y a sus partidarios. Sólo para empezar. 

 

 

Chávez de los indispensables (o el “nosotros” de un pueblo)

Chávez de los indispensables (o el “nosotros” de un pueblo)

Por Juan Carlos Monedero


Nosotros somos los pobres, nosotros somos con Chávez“. Lo canta Gino, con textos sacados de conversaciones populares. En el video de la canción, esos chavistas pobres (que no pobres chavistas) empiezan, muy a la venezolana, riéndose de sí mismos, burlándose de su mal comportamiento ciudadano, “mamando gallo”, que es la expresión criolla del castellano “tomar el pelo”. Bromeando, como tantas veces ha hecho Chávez en sus intervenciones. Luego, la prensa mercenaria sacaba de contexto ese momento para intentar descalificar al Presidente. Un “loco”, un “dictador”, un “autoritario”. Pero nunca han podido evitarlo, en comunicación directa con su pueblo. “Somos pa los poderosos/chusma,turba, lumpen, monos/malandros, zarrapastrosos/borrachos, vagos y flojos/los sarnosos, las cachifas/los macacos, el perraje/ nosotros somos chavistas/nosotros somos la calle“. Uno de los protagonistas de esta canción plural resume por qué Chávez: “Porque Chávez es el hombre”. No hace falta más. ¿Se entiende?

Anda ahora la oposición intentando leer entre las líneas de la Constitución para invalidar la decisión máxima ritual de cualquier democracia liberal: las elecciones, en este caso, por añadidura, unas elecciones que votaron a Chávez como Presidente con más del 80% de participación y en donde el líder bolivariano sacó 11 puntos al representante de la derecha. No es extraño que la oposición siga con sus caminos torticeros. Ahora, queriendo aprovechar la enfermedad de Chávez. Tanta es su impotencia. Ni siquiera en Estados Unidos se ven comportamientos tan rastreros (puede verse ahora mismo con la enfermedad de Hillary Clinton). La derecha venezolana es arrogante de piel y clase, y eso embrutece. Por eso siguen sin entender casi nada.

En agosto de 2004, estaba en el aeropuerto de Maiquetía viendo intranquilo chocar bien tranquilas las olas contra la costa. Andaba esperando, con los demás observadores internacionales, volar a Barcelona, en el oriente de Venezuela, para hacer seguimiento de las votaciones en el referéndum revocatorio presentado por la oposición para intentar sacar de su magistratura al Presidente Chávez. Desde el año 2001, el gobierno había invitado a la oposición a utilizar ese mecanismo constitucional (corrector de la democracia representativa, basado en la Comuna de París de 1871 y sobre el que insistió Chávez para que se incluyera en la Constitución de 1999). Era el espacio ideal para que los opositores expresaran su ira ante el Presidente, pudiendo dejar así el resto de actividades ajenas a la Constitución en las que estaban enredados.

Si en verdad eran tantos los que pensaban que la gestión era un desastre ¿qué mejor que votar y echar al responsable del desastre? Pero la oposición no hizo caso. Sólo después de fracasar todos y cada uno de sus intentos tradicionales de desestabilización -manifestaciones, paros patronales, sabotajes, movilizaciones armadas imitando a la Contra antisandinista, cortes de carreteras, iniciativas judiciales, intentos médicos de inhabilitación, presiones internacionales y, por fin, un golpe de Estado- vinieron a razones y presentaron el revocatorio.

Esperando en el aeropuerto frente a la costa caribe -en una espera desesperante propia del desastre burocrático arrastrado desde la colonia-, vimos cómo, en ese tiempo, llegaron tres avionetas particulares desde Miami. Nos informaron también que no había un solo pasaje Caracas-Miami. Toda la comunidad venezolana venía a depositar su voto. Conversando con los pasajeros -hay que reconocerlo, muy bien bronceados-, nos contaron que habían venido a votar contra Chávez. “Es nuestro deber como patriotas”, dijo una de las señoras mientras se retocaba en su esférico espejo la curva perfecta de sus cejas.

Además, estaban plenamente convencidos de que iban a arrasar en la elección: “No conozco absolutamente a nadie que vaya a votar por Chávez. Ni siquiera la mujer que limpia en casa de mi madre ni siquiera su conductor que vive en un barrio pobre pobre van a votar por ese gorila”, afirmó un rubio musculado mientras una rubia plastificada movía la cabeza, arrobada, con el mismo convencimiento.

Por fin y con con considerable retraso, salimos rumbo a Barcelona (algunos de los Presidentes de Tribunales Electorales latinoamericanos que estaban de observadores no salían de su asombro ante la mala organización. Una tormenta estaba impidiendo que llegara el avión para recogernos. Pero nadie sabía nada. Macondo se hizo presente en un momento épico. Cuando la intranquilidad arreciaba y nadie sabía nada, todos mirábamos al responsable del operativo. De pronto, el enlace con el mundo exterior nos miró con resignación y afirmó lacónico: “se me ha agotado la batería del teléfono”). Esa es también Venezuela.

Problemas con el censo electoral

Cuando alcanzamos destino, vimos que nos tocó un centro electoral en una zona rural. Allí fuimos en unas camionetas bien calurosas, bien tranqueantes y bien amenazantes de desfallecimiento. Al llegar, y como guinda, nos encontramos un tumulto. Había mucha gente que quería votar y no aparecía en el censo. Todos eran humildes, todos mostraban un profundo enfado, todos querían votar por Chávez. Un error los había censado en un centro de votación que no les correspondía. El suyo estaba a unas decenas de kilómetros y no había forma de trasladarlos hasta allí, ni siquiera en las camionetas que nos habían llevado hasta ese lugar. Los observadores, además, sólo debían observar, no ayudar a que la gente votara.

Una señora descalza, con todas las edades escritas en cada surco de su cara hermosa, se me acercó: “Señor, ayúdeme. Vengo andando desde mi casa y no me dejan votar”. Miré sus pies, que también tenían todas las edades. “¿Dónde está su casa, señora?”, le pregunté. Señaló a lo lejos y dijo: “A veinte kilómetros de aquí. Quiero votar a mi Presidente, yo quiero votar a mi Presidente”, y me enseño encerrada en su mano de uñas de tierra, arrugada y con la tinta fugitiva sobre el papel por el sudor, la comunicación del censo donde decía que tenía que votar en ese centro.“Quiero votar por mi Presidente, señor”. Ahí entendí tres cosas: que renunciaba a ser observador y me iba a encerrar con esos electores hasta que les solucionaran su problema; que había más gente que estaba yendo a votar caminando que gente que iba a votar en avioneta particular; y que Chávez se había hecho uno con su pueblo y por eso iba a ganar esa y todas las demás elecciones que vinieran.

Un misterioso satélite soviético

Chávez ganó seis a cuatro el referéndum revocatario. La oposición andaba consternada. Pude escuchar aún otra vez cómo gente de la oposición decía que había sido un fraude porque no conocían a nadie que hubiera votado por Chávez. Al día siguiente de las elecciones, montándome en un taxi (pirata, para más señas) en Parque Central camino de una radio comunitaria, el taxista se reía mientras me acomodaba entre más hierros que asiento. Sin perder la sonrisa, el conductor me compartió la historia que le hacía enseñar sus dentadura indisciplinada: “¿A qué no sabe qué me ha contado el señor ese que se ha bajado del taxi? Que venía de una reunión precisamente con el ingeniero contratado por el gobierno para cambiar los resultados electorales. Me contaba que habían quedado con él para otras cosas porque también es ingeniero y tienen negocios juntos. Después, ya en confianza, les había contado cómo lo habían hecho. El truco estaba en el satélite soviético que trasladaba los datos desde cada centro de votación al Consejo Nacional Electoral. Ahí, me ha dicho todo serio, es donde van a cambiar el resultado”.

Me sonreí aunque me estaba clavando un muelle y le pregunté: “¿Un satélite soviético? Si ya no hay Unión Soviética”. “Pues para que usted vea” -me dijo. “¿Y entonces?”, pregunté curioso. “Pues yo le he dicho: mire, nosotros los taxistas de Caracas somos bien chismosos. A nosotros nos encanta echar cuentos a los clientes para entretenerlos. Y a mí me encantaría que me echase usted algún cuento para que yo lo repita estos días, además ahora que hay tanta gente de fuera y les gusta que les contemos cosas secretas. ¿Pero no tendrá usted una historia un poco menos pendeja? Es que si cuento ésta se van a reír de mí y me da así como pena contarla”.

Entonces empezó a reírse de nuevo el taxista. “Y va el tipo y me dice: pare que me bajo aquí. Y le he dicho: bájese que ni le cobro. Diga que le invitamos los chavistas. O el satélite, diga que le invita al viaje el satélite”. Y seguimos riéndonos. Luego entendí que, en ese momento, había una alta proporcionalidad entre el tipo de auto en el que te montabas y el apoyo a Chávez o a la oposición. Todo seguía indicando que Chávez había conectado con los más, y los más eran los sectores populares. “Soy lo que dejaron. Soy toda la sobra de lo que se robaron”canta Calle 13. “Soy América Latina. Un pueblo sin piernas pero que camina“.

Sol y sombra del chavismo

Luego vendrían más años de gobierno, clases medias incorporándose al chavismo, misiones sociales avanzando, errores de cálculo y de gestión, el peso de los lastres del pasado pesando, como dijo Marx,”como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos” (corrupción, ineficiencia, clientelismo, rentismo, un Estado débil), tres comidas al día para todo el mundo, acceso a la salud de los que nunca tuvieron acceso a la salud (junto a los lastres del pasado cebándose en no pocas ocasiones en los hospitales públicos), una comunión cada vez más fuerte entre Chávez y su pueblo, más elecciones, más victorias para el bolivarianismo, nuevos políticos con un discurso y una práctica transformadora (y algunos nuevos políticos sinvergüenzas a la vieja usanza), una oposición siempre torpe y obediente a los Estados Unidos, con demasiada frecuencia envilecida y sin una idea alternativa de patria y de país, el fin del analfabetismo, viejos por fin con pensiones, militares codo a codo con el pueblo (y también algunos militares sinvergüenzas), trabajadores recibiendo las deudas que el Estado tenía con ellos, nuevas líneas de metro, puentes, teleféricos llegando a donde sólo llega el pueblo más humilde, paramilitares colándose por la frontera y una gran ineficiencia para solventar los problemas de violencia (que afectan, sobre todo, a los pobres), nuevos sindicatos y nuevos sindicalistas alejados de la corrupción de la IV República (y también, como no parece que pudiera ser de otra manera, algunos sindicalistas sinvergüenzas), enormes esfuerzos económicos y los consiguientes problemas con la inflación (pero que están cuatro veces por debajo de la de muchos ejercicios de la IV República), la promesa del socialismo, un discurso latinoamericano que ha ido cuajando por todo el continente, nuevas formas de integración regional, libros gratuitos, universidades gratuitas, viviendas gratuitas y, en definitiva, las bases, poco a poco, de una nueva manera de pensar, claramente en lucha contra la tradición rentista de un país petrolero cuya cultura política viene de lugares bien alejados del socialismo y hace todo tan difícil.

El cemento contra todas esas contradicciones se llama Chávez. Chávez hecho pueblo. Con toda la exageración de esta expresión. Porque Chávez es mucho más que Chávez. Fue su pueblo, armado con una Constitución, el que se lanzó a la calle a rescatarlo cuando fue secuestrado en 2002. Esas comuniones no se olvidan. Chávez que, incluso en su ausencia, dejaría un país sembrado de su nombre (en la Constitución, en la integración latinoamericana, en los derechos sociales, en el respeto a los pobres, en el respeto a la crítica). Podríamos contarlo en muchas letras, pero es buen momento para dejárselo a los poetas. Así lo canta Gino con esas palabras del lenguaje popular, de la gente que está con Chávez, de la gente que ahora anda tan triste. Debiera bastar mirar los rostros de la gente. Pero entonces ¿para qué íbamos a servir los intelectuales? Chávez de los indispensables. ¿Se quiere entender?

Los que han trabajado somos
Para que los ricos coman
Los que si dejamos solo
A este mundo se desploma
Nosotros somos la sangre
Somos la respiración
Somos los indispensables
Pa que haya revolución
Nosotros somos los pobres
Todos nosotros con Chávez
Patria o patria venceremos
Ya esta escrita la victoria
En el corazón del pueblo
Que es el motor de la historia
Porque aquí en este proceso
Nosotros somos la leña
También somos la candela
El agua y el condimento
Pero no estaría completo
Si faltara el comandante
Porque es el alma y el cuerpo
Y aliño más importante
Nosotros somos los pobres
Todos nosotros con Chávez

* El autor es profesor titular de Ciencia Política en la Universidad Complutense y fue asesor del presidente de Venezuela.

Fuente: http://www.lamarea.com/2013/01/06/chavez-de-los-indispensables-o-el-nosotros-de-un-pueblo/

 

2013: Un abrazo directo al porvenir

2013: Un abrazo directo al porvenir

 “Claro es que no tengo en las manos
el derecho a morirme
ni siquiera en las abandonadas tardes de los domingos.”

Roque Dalton

 

 

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

Como es de público conocimiento, el 21 de diciembre de 2012 no se acabó el mundo sino que comenzó el ciclo final del capitalismo. Asunto de los hombres de maíz, problema cardinal de la humanidad.

 

El modo de producción basado en la explotación de trabajo asalariado, la apropiación privada de la riqueza y la exclusión de los muchos por una minoría -que bien podría habitar alguno de los fiordos desarticulados del sur de Chile, un barrio cercado de los países centrales, o una luna diminuta del cosmos-, y  sus históricas contradicciones internas, ya resulta insoportable hasta para un buen número de villanos. Como ese mismo puñado que concentra como nunca lo que pertenece al conjunto de la sociedad y, pobrecitos, no lo convence la realidad, el dolor de tantos ni nuestras nobles razones, el 2013, una vez más,   tendremos que organizarnos creativa y disciplinadamente para precipitar su caída a la prehistoria de nunca jamás.

 

Como la mayoría sobrevivimos al día o  morimos por minuto a causa de las crisis cada vez más profundas y sin retorno del capitalismo en su fase madura, esclerotizada y que asesina niños por hambre y munición, y ya no tiene nada más que ofrecer salvo superiores infortunios, patologías sociales y existenciales sin remedio, e irreparable destrucción planetaria, no nos va quedando otra cosa que reunirnos, destronar el miedo y la incertidumbre, hinchar los pulmones e intensificar la indignación. Silenciando nuestras distancias doctrinarias, escrúpulos fomentados por el enemigo y rencillas bíblicas.

 

Si bien los rebeldes, de acuerdo a las cifras de la historia oficial, hemos sido y estado siempre en la crónica de la lucha de clases, pero insuficientemente como para diluir las sociedades de clase, no va quedando más alternativa que imaginar con los pies en la tierra las tácticas particulares, locales y nacionales capaces de subordinarnos a la estrategia de la emancipación integral (no uniforme, lamentablemente no al mismo tiempo, no bajo la misma fórmula).  Cada pueblo con sus peculiaridades y todos los pueblos contra el enemigo común: los imperialismos de los Estados corporativos.

 

El 2013 (y no es fatalidad ni predicción malsana, falsa conciencia o puro deseo), ya contiene un variopinto acumulado de experiencias y prácticas transformadoras de los desheredados. Que ya el desarrollo de las fuerzas productivas, la ciencia, la tecnología, el saber humano están en su punto para alimentar, abrigar, cultivar, educar y sanar a la totalidad sin necesidad de los pocos especuladores que organizan la miseria –la insufrible y la llevadera con 15 días de vacaciones al año-. Que por todos los medios a nuestro alcance podemos confundir al egoísmo, desbaratarlo colectivamente, apuntarlo con el dedo en la calle e ir arrojándolo al tacho de la basura histórica. Que no importa de dónde vengas sino a dónde vas. Que sabemos bien qué no hacer para esquivar horrores andados y ahí mismo encontrar las pistas de lo que sí sabremos qué hacer.  Que quien se equivoque o lastime a un igual pida disculpas y enmiende con el ejemplo. Que aunque sea con necesaria rabia, bronca, emputecimiento, los de abajo somos primeramente un corazón, un puente, una cabeza que busca a los compañerxs, un complejo de contradicciones que sólo quiere vivir en paz. Que los niños y los viejos primero.

 

No es delirio ni alcohol ni cóctel medicamentoso. El 2013 se viene duro y fuerte, doloroso y transformador. Se viene armado con trabajadores y empobrecidos, mujeres, indígenas, juventud rebelde, palestinos unidos a como dé lugar, cristianos que ponen el pecho del que caminó sobre el mar, gente con dudas, guerrilleros y secretarios de acta de junta vecinal, presidentes y parlamentarios que no pierden la memoria ni canjean compromisos por acomodo o posibilismo; chinos haciendo huelgas, huelgas fabricando vocación de poder, poder popular tejido a punta de asamblea y combate, territorios liberados, redes sociales al servicio de la praxis y la organización blindada. Campesinos, viejos luminosos que ya se pusieron al día o jamás dejaron de alumbrar, niños azules. Canciones de antes y canciones del futuro. Modos combinados y la justicia como condición de la libertad. El patriarcado en bancarrota y la Banca rota. Reunión, alianza, fuerza social que despeja ecuaciones y las cosas de orden cambia.

 

El 2013, a interpretación contemporánea de los anuncios de los hombres de maíz, significa el principio del fin del capitalismo. Cuando sea 1° de enero, no importa dónde estés ni por qué ni con quién. Abraza directo al porvenir.        

 

 

Venezuela sin Chávez

Venezuela sin Chávez

Por Marcelo Colussi 
 

 

 

 

Plantearse cómo sería, por ejemplo Estados Unidos sin Barack Obama, o Alemania sin Angela Merkel; o si se quiere, extremando las cosas, cómo serían Bourkina Fasso o Turkmenistán sin sus actuales mandatarios (que seguramente los lectores de este opúsculo ni sabremos quiénes son), ya nos da una pista: lo más probable es que cualquiera de estos países, ricos y poderosos o pobres y olvidados, no sufrirán ninguna alteración con los jefes de Estado que sucederán a los actuales. No es lo mismo en el caso del país caribeño. Venezuela sin Chávez puede implicar cualquier escenario: guerra civil, guerra interna en las filas del PSUV, retroceso en las conquistas populares, quizá avance y profundización en el proceso socialista. Pero de lo que podemos estar seguros es que, sin Chávez, las cosas no van a continuar sin cambios.

Lo que viene sucediendo en la República Bolivariana de Venezuela desde hace casi una década y media no admite parangón; el proceso en marcha –una transformación de las relaciones político-sociales que, sin ser una revolución al estilo de los socialismos conocidos, permite un nivel de vida sustancialmente mejorado para las grandes mayorías populares–, sin que entremos a evaluarlo aquí en relación a otras experiencias socialistas conocidas, todo ello se liga indisolublemente a la figura de Hugo Chávez.

Sin la menor duda, la figura de Chávez es ya un ícono de fines del siglo XX e inicios del XXI. Fue él quien, luego de los terribles años en que se implementaron los planes de capitalismo salvaje eufemísticamente llamados “neoliberalismo” o “globalización neoliberal”, volvió a poner en agenda un actitud de protesta, desaparecida para entonces en cualquier gobernante. Fue él quien, a su muy particular modo, trajo nuevamente a escena las ideas de socialismo. Fue él quien, con sus políticas redistributivas, volvió a dar protagonismo a los sectores populares de su país natal, contribuyendo así, directa o indirectamente, a un resurgir del campo popular latinoamericano. Negar o subestimar su papel en todas estas nuevas dinámicas es imposible.

Es por todo ello, por su protagonismo, por su discurso contestatario e irreverente contra el imperialismo, por su apelación al socialismo, a un nuevo socialismo que tomara distancia de los errores del socialismo burocrático y centralista de muchas de las experiencias del siglo pasado, pero socialismo al fin –término que había sido anatematizado por el discurso oficial dominante–, es por todo esto, por haber contribuido a devolver las esperanzas en transformaciones sociales y desempolvar ideales que se suponían terminados, que su peso específico no es similar al de ninguno de los presidentes que mencionáramos más arriba. Si desaparece el primer mandatorio de Bourkina Fasso o de Estados Unidos, sin dudas nada de base va a cambiar, ni a lo interno de sus respectivos países, ni en la arena internacional. La desaparición de Chávez como figura central de la política venezolana por supuesto que va a traer cambios. En su país y, seguramente, también en la región (¿seguirán el proceso de paz las FARC en Colombia, por ejemplo? ¿Qué harán ahora los países del ALBA?)

¿Por qué tantos son los cambios que se avizoran entonces? El protagonismo de Hugo Chávez en el proceso en curso en Venezuela es total. Lejos está de ser un autócrata, un dictador, como la prensa de la derecha quiere presentarlo maliciosamente; pero sin dudas su presencia es omnímoda. “No puedes ser el alcalde de Venezuela”, fueron palabras de sana advertencia que le diera en alguna ocasión Fidel Castro; definitivamente, no se equivocaba. La vida política del país petrolero comenzó a depender cada vez más de la figura absoluta del comandante. Sin dudas, eso le confería una autoridad moral increíble, pero abría dudas que el proceso nunca se encargó de despejar: ¿puede una revolución asentarse enteramente en las espaldas de una sola persona? ¡Absolutamente no! Eso es un peligro, una terrible bomba de tiempo que, tarde o temprano, tiene que estallar.

Y lamentablemente parece que ahora está llegando ese momento. Ojalá el comandante Chávez supere este amargo trance de su enfermedad, que se reponga y que siga al frente de la Revolución Bolivariana. Vayan mis más profundos deseos en ese sentido. Pero al mismo tiempo de este acompañamiento moral, entiendo que es imprescindible abrirnos una genuina y profunda autocrítica en el campo de la izquierda. ¿Podemos seguir callados ante los mismos errores de siempre? ¿No es necesario plantearse los procesos de transformación social aprendiendo de las faltas cometidas anteriormente?

Quizá Chávez regrese pronto al ejercicio de su cargo de presidente. Lamentablemente, las cosas no parecen apuntar en esa dirección. Por lo pronto, ya ha nombrado “sucesor”. El solo hecho de esa designación debería abrirnos una pregunta: ¿sucesor? Pero, ¿no suena a monarquía eso? En Corea del Norte sucedió lo mismo, y por eso justamente, desde la izquierda, criticamos este tipo de cosas: ¿y el poder popular, el poder de las bases?

Puede entenderse la designación de Nicolás Maduro como un intento de aglutinar las fuerzas tras una persona nombrada por el líder a quien, por simple respeto, todos los sectores afines deberán apoyar. Podríamos entenderlo como estratégico quizá (beneficio de la duda, para ser bondadosos). Sin entrar en el análisis de los pormenores de los juegos de poder posibles a lo interno de las filas chavistas, esto mismo de un “sucesor” ya debería prender las alarmas: ¿se trata de recomposiciones palaciegas, de ver quién cuenta con más cuotas de poder, si Nicolás Maduro o Diosdado Cabello, de ver qué papel juegan las Fuerzas Armadas? ¿Y dónde está entonces la construcción de lo que se suponía debe ser la savia de una revolución socialista: el poder popular, desde abajo?

Hay quien dice, quizá desde un pronunciado optimismo, que ahora se abren las puertas para la verdadera profundización de la revolución socialista. Otros, por el contrario, avizoran un desmoronamiento del proceso como castillo de naipes. La derecha, por supuesto, se ha de estar restregando las manos, muy feliz, esperando la caída estrepitosa del “régimen”. Como sea, lo que se avecina no augura sino luchas, más sacrificios para el campo popular, probablemente situaciones de alta conflictividad.

Me sumo a las fuerzas que apoyan el pronto restablecimiento de Chávez y, en el peor de los casos, una continuidad del proceso sin su figura dentro de los marcos de la actual democracia, en paz, sin reaccionar a las provocaciones que vendrán de la oposición. Pero no dejo de mencionar que no podemos seguir repitiendo el mismo esquema de culto a la personalidad que puede llegar a resultar nefasto, aunque aparentemente pueda verse como una garantía de avance.

Quizá la angustia que en las filas del proceso bolivariano pueda estar provocando el probable alejamiento del líder dejan al desnudo las debilidades de un proceso que tenía mucho de montaje: una revolución genuina, aunque llene masivamente plazas con adeptos uniformados de rojo, no puede depender de un solo personaje. ¿Será cierto que, sin Chávez, se abren las posibilidades para comenzar a construir el socialismo?.

 

Fuente: Argenpress

Argentina: Arrabal amargo

Argentina: Arrabal amargo

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

1. El movimiento del capital  se expresa como concentración privada del excedente socialmente producido, las desigualdades, las relaciones de poder en todo el orden sistémico,  y el malvivir de las clases subalternas. La destrucción de fuerzas productivas -es decir, la sobrecapacidad productiva que no se realiza por fines gananciales y, a la vez, para provocar el exterminio, subordinación o subsunción de aquel capital incompetente- impide, porque está en su condición, que el capitalismo planetario termine con el hambre, los horrores y guerras sociales en sus diversos formatos, y la alienación. Pero sienta las bases objetivas para una nueva civilización de humanidad de iguales libremente asociados en la cual no exista el trabajo asalariado.

 

2. El movimiento del capital y su triunfo histórico -por tanto, finito- multiplica sus crisis de manera ampliada y para reproducirse en su estadio crepuscular  está obligado a elaborar más o menos planificadamente estrategias de acumulación radicalizadas (de la raíz del liberalismo) ante el agotamiento e insuficiencias de sus formas tradicionales para mantener la tasa de ganancia convenida por la minoría dominante. De este modo, genera sus propios límites y contiene dinámicamente las condiciones para su superación necesaria.

 

3. La actual fase se caracteriza por el predominio del momento del capital financiero y especulativo como control de mandos de los demás momentos del capital; la acumulación originaria, no ya como un episodio diacrónico del capitalismo, sino como propiedad de su dinámica general a través del despojo sin vallas y la conversión en mercancía de la totalidad ecosistémica; y la súper explotación del trabajo asalariado mediante la tercerización, la aniquilación de las leyes laborales, la liquidación de las relaciones contractuales devenidas tanto de viejas conquistas del trabajo, como de políticas  contenciosos socialmente, etc.

 

4. La división internacional del trabajo sitúa a Latinoamérica como territorio dependiente de los Estados corporativos centrales, y de Estados Unidos, en particular. Por medio de la demanda china se ha provocado un boom de los precios de los commodities y un reimpulso del primario extractivismo. Ello causa contingentemente la sensación ideológica entre ciertos sectores, de que el expansionismo chino es 'mejor' e incluso una 'alternativa' al imperialismo norteamericano. China, en tanto no sólo compra materias primas y exporta mercancías baratas y de calidad, sino que su propia emergencia es resultado de la expoliación de su pueblo y la subsecuente intensificación de la lucha de clases en su interior. Asimismo, compra deuda e instala bancos y financieras en Latinoamérica mientras sufre una eventual burbuja inmobiliaria. China no es un fenómeno que renueva al capitalismo. Ingresa inmediatamente a su movimiento en el momento y lugar en el que se encuentra. Tal cual, América, con la espada y la cruz, fue incorporada desde la conquista española a la fase más avanzada de mercantilización y desposesión que demandaba el capitalismo en ciernes.

 

5. Mientras, en el Continente de Bolívar y Martí, la producción industrial consolida su atraso e incapacidad de abastecer soberanamente sus propios mercados internos, y menos puede competir en el mercado mundial, salvo anécdotas inestables y acotadas, sentadas sobre la explotación humana más salvaje. De hecho, su fuerza laboral mayoritaria se desempeña en el sector servicios y en la micro, pequeña y mediana empresa donde escasean los créditos, las leyes laborales y que permanecen supeditadas a los intereses e imposiciones de las megacorporaciones. En el campo la situación es aún más cruda, no existen reformas agrarias consistentes (donde las hubo), el campesinado está sujeto a la industria del extractivismo y hace tiempo que su condición es de trabajador asalariado agrario: el peor rentado, en vías de extinción y arrojado a las ciudades para engordar la miseria y desnutrir el precio del salario en la urbe. Las únicas manifestaciones de resistencia no capitalistas, con un costo social, cultural y político difícil de describir, están en los pueblos y comunidades indígenas, castigadas por la nueva ola de usurpación territorial y condenadas a economías de sobrevivencia, a la represión y el exterminio.

 

6. En términos gruesos, políticamente Latinoamérica está dividida en dos grandes bloques: el de países como Venezuela (más clara y ofensivamente), Ecuador y Bolivia que mediante nacionalizaciones significativas, economías mixtas y una incuestionable redistribución del excedente, constituyen sociedades menos desiguales y ricas en procesos político-populares incluso  independientes de los propios gobiernos progresivos, o con su bendición, o a pesar de sus intentos de control por arriba. Lo cierto es que estos gobiernos pro-populares, fruto de grandes luchas sociales concretas y el descrédito del sistema de partidos políticos tradicionales, han liberado fuerzas sociales y potenciado organización popular. Por otro lado, se encuentra el bloque de países que nítidamente, es pura extensión de los intereses del imperialismo norteamericano y su programa ultraliberal para naciones capataces. Allí están México, Panamá, Colombia, Chile, Perú y se candidatea sin temblores Uruguay.

 

7. Argentina es un dechado de contradicciones. Políticamente de apariencia nacional-populista, económicamente liberal y culturalmente progresista e inofensiva. Vive del agroextractivismo y particularmente de la soja mientras  sostiene a duras penas remanentes de la industria alimenticia, textil y otras aún menores. Su fuerza de trabajo se desempeña en zonas de servicios y pymes en un 70 %, y más de la mitad de ella labora sin contratos de ningún tipo, por tanto la previsión y obras sociales les están prohibidas. Se trata de un Estado burgués subsidiario y concesionista del capital (término para edulcorar las privatizaciones) con el compromiso con las corporaciones de servicios básicos de rebajas tarifarias cada vez menos extendidas entre la población.  

Decrece económicamente con una inflación estructural que destruye salario y empleo. Instaura cargas impositivas a los trabajadores medios como si el salario fuera ganancia y arrebata derechos laborales (ART). No cobra impuestos a la renta financiera y alienta la megaminería con importantes resistencias de la población afectada, en tanto las inversiones transnacionales se comportan como capitales golondrina y cierta cautela debido a la  calificación de país relativamente riesgoso frente al pago de sus compromisos, la inflación y el cambio de las 'reglas del juego' según los vientos. Independientemente de que el Banco Mundial aprueba la gestión del kirchnerismo y comprende para su tranquilidad que algunas políticas proteccionistas sólo persiguen la recaudación de dólares para cancelación de deuda externa, 'fondos buitres' y hacer y ser caja y aval para el capital cuando lo precise. Por lo demás, su deuda pública se torna interna, tomada del ahorro previsional de los trabajadores y mediante la emisión con críptico respaldo del Banco Central.

Un país cuyo gobierno se caracteriza por sus vacilaciones, golpes mediáticos, improvisación, agotamiento y descomposición. Legal y formalmente cuenta con más libertades y derechos civiles que Chile, por ejemplo, pero también rankea en las cifras de violencia de género y femicidios, narcotráfico y red de trata.

Los medios de comunicación -tanto los estatales en manos del gobierno de turno, como los privados en poder de concentrados grupos económicos-, la justicia, la burocracia sindical, los líderes de opinión y políticos tradicionales, la alta jerarquía de las iglesias, la industria de la entretención, entre otras,  funcionan como un complejo de alienación social que colabora eficientemente en la construcción de un sentido común patriarcal, racista, corporativista, especulativo y egoísta, y alimenta los mitos de una 'fuerte clase media', la movilidad social, el europeísmo. En la realidad, la pobreza en Buenos Aires y en las provincias llega al menos, al 50 %; los niveles de deserción escolar y universitaria alcanzan  las mismas cifras que la pobreza; y las últimas y masivas oleadas migrantes provienen de países fronterizos. Comunidades indígenas en lucha, como los qom, son avasalladas y sus miembros asesinados por el sicariato rentado o la policía.

Sin desmedro de lo anterior, la actividad cultural independiente y profesional ligada a la producción teatral, cinematográfica y después literaria, como la existencia de polos de investigación científica y vinculados a las Ciencias Sociales, se mantienen con rigurosidad, enorme sacrificio y vocación. Así también se aprecia el brote y organización de un buen número de radioemisoras comunitarias,  y la ocupación de empresas y fábricas de talla mediana que operan como cooperativas de trabajadores producto de la crisis de 2001. Sin contar con medios para evaluar su funcionamiento, su sola existencia prueba en los hechos  que los asalariados pueden autogestionar su trabajo con criterios solidarios, sin más patrón que estar plenamente insertos en las relaciones sociales capitalistas. No podría ser de otro modo. Lo importante es que hace añicos con su ejemplo la naturalizada idea de que los trabajadores son incapaces de conducir y administrar democráticamente el excedente de su labor.

Pese a que resulta evidente una crisis de representatividad del sistema de partidos políticos y de la propia democracia representativa, la caída de la adhesión a la administración del Estado nacional, y la ausencia de consultas populares o plebiscitos respecto de ámbitos relevantes, todavía no se advierte la sólida constitución de una alternativa política, al menos antiimperialista y con un proyecto sustentado por fuerzas sociales suficientes. Tampoco se observa una eventual alternancia desde los descalcificados bloques y partidos sistémicos opositores. Es decir, si las cosas comienzan a moverse de manera ascendente desde el mundo ancho de la demanda social, es posible el advenimiento de una crisis institucional sin cabecera.

En Argentina las luchas sociales son pan de cada día, pero carecen de unidad política por razones vinculadas a la sobreideologización, el sectarismo, la desconfianza, el economicismo cortoplacista acompañado de una retórica revolucionarista; la disputa estéril de 'quién dirige' y la falta de renovación generacional y política de sus direcciones, tanto sociales como partidarias. De hecho, suele confundirse la unidad del pueblo y los trabajadores con la sola unidad de la izquierda. Como si Marx hubiera escrito 'Izquierdistas del mundo, uníos', en vez de 'Trabajadores del mundo, uníos'. Al respecto, el peligro consiste en que en el marco de una agudización del empeoramiento de las condiciones de vida de las grandes mayorías y un período nuevo y abierto de lucha de clases, las izquierdas no vean o no coticen el protagonismo de los sujetos sociales emergentes distintos (que no sustitutos) al del obrero industrial -que representa una minoría en caída vertical y cuyo tonelaje objetivo es absolutamente insuficiente cualitativa y cuantitativamente para cambiar la vida- y entonces,  una oportunidad no logre cuajar en una conducción revolucionaria amplia y unitaria, según la realidad de la segunda década del siglo XXI, y no del industrialismo del siglo XIX y parte del XX en los países centrales de Europa. Esto es, las agrupaciones con convicción de poder y transformación radical aún no cuentan con un proyecto convenido desde el movimiento real que enfrenta al capital en su actual fase crepuscular y de acuerdo a las particularidades del país. La mayoría continúa haciendo 'presentismo' y testimoniando las injusticias sobre programas, propaganda, formas organizativas y categorías de análisis provenientes del capitalismo en su hora más pujante, muy lejos en el tiempo y en el espacio de América Latina y Argentina actuales.                   

La combinación de colaborar con la formación de fuerzas sociales estratégicas por abajo y aprovechar los intersticios de la legalidad burguesa, en ese orden, es una fórmula impuesta por las propias relaciones de fuerzas en Argentina. Si no hay empate, hay audacia, construcción a largo plazo, inteligencia y resistencia.

La política, al decir del líder chileno del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Miguel Enríquez, caído en combate contra la tiranía en 1974, continúa siendo el arte de acumular fuerzas.

Gaza, el diluvio de fuego como manera de mantenerse en el poder

Gaza, el diluvio de fuego como manera de mantenerse en el poder

Por Moisés Saab 

El diluvio de fuego sobre la atormentada Franja de Gaza y sus habitantes aparece como la conjunción de un grupo de factores, a saber, el expansionismo israelí, la necesidad de su actual Gobierno de asegurarse en el poder y una limpieza étnica de largo aliento.

Tregua o no tregua, el genocidio quedará como otro hito de los extremos a que puede llevar una ideología con claros tintes racistas como la de Israel para lograr sus objetivos expansionistas.

Para fines de la primera quincena de noviembre, la relación de civiles muertos por el diluvio de fuego desatado por las tropas israelíes de aire, mar y tierra se aproximaba a los 200, la mitad de ellos mujeres y niños que no tuvieron donde refugiarse y fueron sorprendidos en sus hogares.

La esencia genocida de la agresión, escalada desde el miércoles 14 de noviembre, pero que comenzó hace tres semanas de manera esporádica, se enlaza con insinuaciones en octubre pasado del ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, en el sentido de que Tel Aviv sopesa la reocupación de Gaza.

Y propósitos electorales del primer ministro israelí, Benyamin Netannyahu, quien convocó semanas atrás a comicios adelantados con el pretexto de que necesita más apoyo para lograr la aprobación parlamentaria de su propuesta de presupuesto nacional.

El anuncio propició asimismo la formalización de una alianza de los sectores más agresivos de la ultraderecha israelí, personalizados en la Coalición Likud, de Netanyahu, y su aliado, el canciller Avidor Lieberman, quien encabeza el partido Yisrael Beitenu.

Resulta evidente que ambos políticos se complementan por sus presupuestos ultra sionistas y encabezan un gabinete cuya misión inmediata parece estar a punto de cumplirse: invalidar los acuerdos alcanzados en Oslo en 1993 basados en el inicio de negociaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), asentadas en la existencia de dos estados.

Ese objetivo final puede haber sido la causa de la inexplicada muerte en 1995 en un atentado del ex primer ministro Yitchak Rabin, signatario de esos acuerdos con el extinto líder palestino Yasser Arafat y el único jefe de Gobierno israelí muerto de manera violenta en el ejercicio de su cargo y en su país.

Rabin cayó en un inédito atentado a manos de un hombre nombrado Yigal Amir, descrito en las versiones oficiales como "un colono derechista radical"; Arafat falleció de una misteriosa enfermedad mientras estaba sitiado por tropas israelíes en la Mukata, la sede del Gobierno autonómico palestino en la localidad cisjordana de Ramala.

Aunque resulta evidente que los nombres de los verdaderos responsables de la muerte de Rabin permanecerán encerrados en los pechos de quienes planearon el misterioso atentado que terminó con su vida, las causas del fallecimiento de Arafat pueden salir a la luz en breve tiempo.

Pesquisas científicas iniciadas por denuncias de que puede haber sido envenenado con sustancias radiactivas, complican aún más el misterio que rodea las causas del fallecimiento del líder palestino, iniciado desde el momento que los patólogos del hospital francés en que fue atendido rehusaron certificar una razón aceptable.

Un resultado que incrimine a Tel Aviv o a su policía política en el magnicidio del líder palestino revelaría otra faceta tenebrosa de la cúpula dirigente israelí, cuyos máximos y más peligrosos exponentes, al menos en la actualidad, son Netanyahu y su aliado Lieberman.

A este conjunto de hechos debe añadirse la anunciada decisión del presidente en ejercicio de la ANP, Mahmud Abbas, de solicitar a la Asamblea General de la ONU el 29 de noviembre la elevación de su actual estatuto de entidad observadora, a la de estado no miembro.

El Gobierno israelí reaccionó ofreciendo a los palestinos el reinicio incondicional e inmediato de negociaciones y, después, ante la insistencia de Abbas de dar el paso, con la amenaza de liquidar a la entidad autonómica y denunciar los Acuerdos de Oslo.

En fecha reciente Netanyahu, en declaraciones a la prensa reconoció que el conjunto de la Asamblea General de la ONU es adverso a la política de su país, un análisis basado en el cambio de la opinión pública mundial respecto a Israel, devenido un Estado paria por su conducta en los territorios palestinos ocupados.

De prosperar su iniciativa, la ANP estará en capacidad de poner a Israel en la posición de potencia ocupante de un estado reconocido por la Organización de Naciones Unidas, además de tener derecho a acceder a los organismos pertinentes de la ONU para denunciar los crímenes de guerra de las tropas de Tel Aviv en la Palestina, que dejará de ser un territorio en disputa.

Todo ello implica un cambio por completo del paisaje y de las reglas de juego que Tel Aviv quiere evitar a toda costa, no importa si ello implica la muerte de centenares de civiles, como ocurre en Gaza.

Peor aún, con la evidencia del magnicidio de Arafat, es obvio que Tel Aviv tendrá dificultades para seguir presentándose como el pequeño país agredido, una visión que explotó con éxito durante décadas.

Ante ese complejo y desfavorable paisaje, nada mejor que una agresión masiva como la de Gaza para distraer la atención de una opinión pública mundial harta de los desmanes de los Gobiernos de Israel y preocupada por las consecuencias de su belicosidad, carente de límites como evidencian los bombardeos indiscriminados contra Gaza.

En el frente interno, que es el que interesa ahora a Netanyahu, los resultados le favorecen: un creciente apoyo de los votantes de inclinación más sionista, cuyas demandas inmediatas son barrer lo que queda de la Franja de Gaza y, si surge la coyuntura, obligar a su población a emigrar hacia la Península de Sinaí.

Lo único que falta es que pidan encerrar a los palestinos en los campos de concentración y eliminarlos, como "solución final", para utilizar una descripción empleada por el III Reich hitleriano durante la II Guerra Mundial, aunque con diferentes víctimas.

Fuente:Prensa Latina

Apuntes, reflexiones y utopías: Ante la creciente polarización social y política

Apuntes, reflexiones y utopías: Ante la creciente polarización social y política

Por Bernardo Veksler 

Cuando las opciones que se plantean parecerían ser dos discursos únicos y existe una fenomenal presión para que te definas por una u otra postura. Cuando los argumentos de los que se encolumnan toman en cuenta sólo la parte de la realidad que más les sirve para sostener sus posiciones e ignorando todo aquello que puede debilitar o contradecir su prédica. Cuando veo como se reduce la realidad a simples ecuaciones donde el debate queda en el terreno del intercambio de epítetos y descalificaciones. Además de desaliento siento que cada vez estamos más lejos de encontrar un camino como sociedad para afrontar las verdaderas discusiones que pongan los problemas de las mayorías en primer plano y nos lleve a resolver las contingencias impostergables y dramáticas que afectan a millones de personas.

1- No soporto el discurso único de Clarín y sus adláteres, la distorsión descarada y amañada de la realidad. No creo en la convergencia entre el derecho a la información y el objetivo de maximizar el lucro empresario sin ningún tipo de escrúpulos, sin respeto a las leyes, en la búsqueda permanente de la connivencia con todo aquel que le resulte funcional, ya sea tránsfuga, corrupto, asesino o dictador.

Creo que la importancia que han adquirido los medios de comunicación debe plantear más tarde o más temprano que estos pulpos mediáticos deberán ser expropiados y puestos bajo administración de sus trabajadores, con la participación de distintos representantes sociales en los consejos editoriales. Además, se debería alentar la constitución de cooperativas y el desarrollo de organizaciones sin fines de lucro que brinden la mayor cristalinidad posible al tratamiento informativo y a la libertad de expresión.

Esto también debería hacerse extensivo a los medios públicos, para que en ellos puedan expresarse la mayor diversidad de opiniones y se produzca la tan saludable confrontación de ideas sin ningún tipo de restricciones, deberían funcionar fuera de la órbita de los gobiernos de turno y con un consejo editorial representativo de la sociedad.

Entonces los medios de comunicación van a estar al servicio de los grandes debates nacionales y el intercambio estará definitivamente despojado de intereses subalternos y será un vehículo por demás enriquecedor de la sociedad.

2- Tampoco me satisface el discurso único oficial, donde el monopolio excluyente y la única corporación a la que hay que atacar es al Grupo Clarín. Siento que mientras invertimos nuestras energías en estos enfrentamientos nos quedan en el camino infinidad de monopolios y corporaciones que siguen usufructuando sus posiciones dominantes alegremente sin que ni siquiera les prestemos interés al condicionamiento cotidiano que ejercen sobre la mayoría de los argentinos.

¿No se debería poner en el centro del debate a las multinacionales que controlan las exportaciones cerealeras y se quedan con la parte del león del negocio? ¿No se debería debatir sobre los pulpos que dominan la telefonía celular y que aplican aumentos e imponen condiciones desmesuradas a todos los habitantes que la utilizan crecientemente? ¿No se debería prestar más atención a la minería a cielo abierto y a considerar con mayor respeto a las poblaciones que resisten su instalación y desenvolvimiento? ¿No sería interesante poner en el debate al régimen de tenencia de la tierra y a los terratenientes que son los herederos del despojo a los pueblos originarios, y considerar el interés social que esas enormes extensiones puedan cobijar a cientos de miles de familias que hoy no encuentran un futuro digno en los márgenes de las grandes urbes? ¿No debería ponerse en el centro del debate el sistema de transporte, luego del desquicio consumado por el menemismo, la pasividad de sus sucesores y la desidia del tándem de funcionarios y empresarios que acumularon riquezas manchadas de sangre? ¿No sería prioritario que se abra un espacio para el esclarecimiento, el intercambio de opiniones y la búsqueda de un perfil industrial para nuestro país, que parece condenado a exacerbar el consumismo sin tomar en cuenta lo pernicioso del predominio de la industria automotriz y de electrodomésticos?

3- El desarrollo de los juicios a los genocidas y el espacio que se ha instalado para que la conciencia social incorpore a sus convicciones el reclamo no retórico de “Nunca Más”, es un saludable cambio que no se puede dejar de reconocer. Esta conquista de nuestra sociedad tiene como resultante que los que se atreven a cuestionar los procesos en curso, queden entre los más recalcitrantes elementos de la sociedad, cada vez más aislados y repudiados.

La incorporación de la agenda de los derechos humanos es una conquista incuestionable, como también lo han sido los cambios operados en la aceptación de ciudadanos que vivían marginados por sus inclinaciones sexuales. Resta aún que se impulse el tratamiento de la legalización del aborto y del consumo de marihuana, para que se termine de castigar a las mujeres pobres con la muerte por un embarazo no elegido y de dejar a merced del narcotráfico o de la persecución policial a quien quiera consumir.

No digiero tampoco la aprobación de la denominada ley antiterrorista.

A pesar de avances y contrastes, no se puede consentir la represión descargada contra los docentes santacruceños por el simple hecho de haber decidido traer su reclamo a Buenos Aires, a los camioneros por el hecho de haber dejado de ser oficialistas, a las poblaciones que se rebelan ante la instalación de la minería a cielo abierto en las inmediaciones de sus viviendas, a los muertos ocasionados por las habituales represiones a los Qom de Formosa o a los reclamantes de tierras para viviendas en Jujuy, y, sobretodo, la barbarie de someter a los trabajadores que cortaron la Panamericana por sus demandas a la inaceptable angustia de ser detenidos en Campo de Mayo, donde miles de argentinos fueron desaparecidos por la dictadura.

4- Si bien significaron avances considerables la asignación universal por hijo, la expropiación de las AFJP, el funcionamiento regular de las paritarias y la entrega de notebook a los estudiantes, a todas luces deben ser consideradas insuficientes para lograr condiciones de vida que permitan recuperar la cultura del trabajo y sacar de la marginalidad a millones de personas que no logran su inserción social. Ante los cientos de miles de jóvenes que no trabajan ni estudian, ¿no sería imprescindible que se dedique el Estado a desarrollar en las barriadas obreras una política de inclusión que logre capacitarlos, integrarlos a actividades deportivas y culturales, mejorar su autoestima y que puedan evitar la resignación de repetir las historias familiares?

Ante los miles de conciudadanos que tienen su hogar en calles, plazas y puentes; los que encuentran la subsistencia en la recolección de desechos y cartones, y en la mendicidad; ¿no sería imprescindible implementar un plan de emergencia para que no pasen una noche más en el desamparo?

El desarrollo de la inclusión y la cultura del trabajo son inversamente proporcionales a las magnitudes de violencia y delincuencia. Cuantas más personas se incorporen a la posibilidad de obtener un sustento regular y la posibilidad de poder planificar un futuro, mayores son las certezas que tiene nuestra sociedad para alcanzar una ciudadanía madura, politizada y participativa. Poder avanzar en esos caminos, sería una formidable herramienta para que millones puedan encontrar un camino que los aleje de las adicciones y de la delincuencia.

Una política de seguridad no puede pasar exclusivamente por la represión. Cada avance en lograr revertir estos nocivos índices sociales alumbraría una posibilidad cierta de mejorar las condiciones de vida de esos jóvenes, de los marginados e indigentes y de sus prójimos. Pero no abordar esa problemática, significa que para los miles de afectados por el delito, sólo surge la opción de los castigos, del aumento de las condenas y de la población carcelaria, y del gatillo fácil. ¿No debería hacerse una gran convocatoria a toda la sociedad, en primer lugar a los que se quejan de la inseguridad, a los universitarios y todos los que comprendan esta imperiosa necesidad de resolver con un criterio humanitario y racional estos dramas angustiantes, para que se sumen a una campaña solidaria que aporte soluciones a los jóvenes y a los marginados sociales? ¿No debería constituirse un fondo solidario con el aporte de los privilegiados para resolver esta acuciante problemática?

5- ¿No debería ponerse en debate cómo compaginar el perfil urbano de las ciudades de nuestro país para lograr condiciones de vida saludables? Hasta el momento las concentraciones humanas en las ciudades ha sido un proceso tan espontáneo como irracional. ¿Es ese el tipo de vida deseada por nuestra civilización con sus coquetos barrios cerrados linderos con la precariedad y el hacinamiento? ¿No debería comenzar a planificarse la constitución de unidades donde las familias puedan emprender una actividad productiva de autoabastecimiento, cooperativo, sostenido técnicamente y solventado por el estado, que permita la descompresión de las grandes ciudades y un poblamiento más racional del campo?

6- La expropiación de Repsol puso nuevamente el tema de la energía en el tapete. El desquicio patrocinado por los españoles, con la vista gorda oficial, ha llevado casi a la liquidación de las riquezas del subsuelo. También, el sistema eléctrico nacional entra periódicamente en crisis y el costoso paliativo al que se ha recurrido en los últimos años constituye una pesada mochila sobre las cansadas espaldas de la sociedad. Todo esto hace necesario tratar cómo resolver la dependencia cada vez más absoluta de la vida moderna con el suministro energético y, al mismo tiempo, la instrumentación de una salvaguarda para el ambiente que nos contiene.

El desarrollo de las energías limpias pasa a ser cada vez más una condición para preservar la vida futura. ¿No debería plantearse su impulso, teniendo las enormes extensiones de la Puna y de otras regiones semidesérticas aptas para la energía solar, o la meseta patagónica barrida por los vientos como un lugar excepcional para la energía eólica?

7- Si bien es un hecho positivo la ampliación del número de jubilados y los aumentos periódicos de sus remuneraciones, la situación angustiante a que se los condena con sus módicos ingresos, sus deteriorados servicios sociales y sus coberturas médicas afectadas por la enmarañada burocracia, hacen que la vida para los que dependen del sistema previsional sea cada vez más ingrata y su supervivencia más angustiante. Esta porción de la sociedad, que se merece el mayor de los respetos luego de una vida cargada de sacrificios, debe motivar el debate de cuáles son las propuestas que puedan revertir estos padecimientos para los actuales y los futuros beneficiarios del sistema previsional?

Estos puntos no pretenden ser una plataforma de gobierno ni de una nueva fuerza política, simplemente, son las preocupaciones que están más allá de la coyuntura. Creo que merecen ocupar un espacio mucho más voluminoso en las agendas cotidianas de funcionarios, políticos y comunicadores para lograr salir del fórceps que ha polarizado a la sociedad de una manera tan irracional como necia.

No voy a participar de movilizaciones con contenidos difusos y convocatorias dudosas, siempre terminan siendo un caldo de cultivo de oportunistas que cosechan desencantados para ponerlos al servicio de los mas poderosos.

Pero tampoco voy a descalificar en bloque a los que se movilizaron. una parte de sus demandas tienen su raiz en el desenvolvimiento de nuestra sociedad. si no se les brinda una respuesta, si se los desprecia, se facilita que sean convertidos en la base social de los enemigos del pueblo.

Me siento mas cerca de los que toman como hechos positivos las respuestas a las demandas populares y los que se esfuerzan por encontrar soluciones para los que sufren el desamparo. pero, frente a la magnitud de los problemas que continúan afectando a los seres humanos de este país, no me siento satisfecho, no puedo conformarme con la comparación con momentos desgraciados del pasado reciente, no me resigno a la logica posibilista ante la injusticia ni ante la desigualdad, que no ha cambiado radicalmente y sigue afectando a los que tratan de vivir de su trabajo.

Estos puntos, simplemente plantean una temática casi tan ausente como imprescindible de abordar para proyectarnos hacia una sociedad mejor. los escribí con la esperanza de que sean una humilde contribución a lograr una agenda que ponga a las necesidades humanas insatisfechas en la prioridad de nuestras preocupaciones. 

Fuente:bernardoveksler.blogspot.com/