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Opinion

El poder de la Iglesia en España

El poder de la Iglesia en España Marcos Roitman Rosenmann

En España, durante el franquismo, la Iglesia jugó un papel relevante en la consolidación del régimen. Hoy su protagonismo no ha disminuido y su poder se mantiene intacto a pesar que la Constitución de 1978 en su artículo 16.3 señala el carácter aconfesional del Estado.

Durante la transición, la Iglesia católica no estuvo dispuesta a perder ninguno de los privilegios ganados durante 40 años de dictadura. Para sus miembros fue mejor reconocer el carácter aconfesional que pasar a una fórmula de Estado laico. Fue una solución de compromiso de los constituyentes que dejaba claro el papel de la Iglesia y los límites de la reforma política. No se ponía en cuestión su función garante de la moralidad de los españoles. Lo que Franco ató, siguió atado.

Así, la Iglesia católica podría seguir gozando de un trato de favor a la vez que se marginaban otras confesiones. La enseñanza de la religión en los colegios públicos se dejó en manos del clero. Así, el Estado paga la educación católica de los colegios privados concertados, cuya cifra de alumnos supera el millón. La ley franquista de 1970 que lo avala no ha sido derogada. Igualmente, el episcopado confecciona sus programas de estudio y contrata a sus profesores pagados por el Estado.

En otro orden de cosas, los hospitales públicos mantienen en su plantilla sacerdotes y las universidades cuentan con una capilla. Ni que decir que no hay ni mezquitas ni sinagogas, ni templos budistas. Los rituales políticos utilizados por el poder civil para asumir los cargos de representación popular están sometidos a ceremonias donde el crucifijo preside las ceremonias.

No menos importante es su presencia en los medios de comunicación social públicos. Televisión Española transmite todos los domingos una misa, amén de un programa llamado Pueblo de Dios. Tampoco debemos pasar por alto que la mayoría de los días festivos forman parte del credo católico. Semana santa, la inmaculada, los reyes magos, la Almudena, etcétera.

Asimismo, el episcopado posee una radio de ámbito estatal, la cadena COPE, utilizada como medio para arremeter contra el poder político y dar rienda suelta a sus campañas contra el aborto, los homosexuales, el uso del preservativo y la asignatura educación para la ciudadanía donde se apoya una visión progresista de las relaciones sexuales, de la inmigración, de la tolerancia religiosa o de los matrimonios gays. En este caso han llamado directamente a la objeción de conciencia. Un sin sentido.

No menos importante es su poder económico. Y no me refiero al patrimonio cultural atesorado en los monumentos de interés nacional, hago mención a los terrenos urbanos y rurales, los edificios, las casas, mansiones y el conjunto de propiedades cuyo origen es la donación testamentaria. Sin menospreciar las empresas subsidiaras y sus inversiones en la bolsa. El uso de su capital para fines especulativos ha quedado al descubierto con los escándalos de Afinsa, entre otros. Sus turbios negocios han salido a la luz cuando los imputados han debido declarar quiénes eran sus principales inversores.

La Iglesia desde 1993 controla 40 por ciento de las universidades privadas. Jesuitas, dominicos, escolapios, Opus Dei, legionarios de Cristo o franciscanos gozan de los fondos públicos para sus proyectos. Mientras tanto la enseñanza aconfesional y pública sufre los envites del clero cuando se trata de subvenciones.

Su poder es tan grande que ningún gobierno del PSOE, hasta la fecha, quiere tomar el toro por los cuernos. Incluso algunos destacados militantes como el ex ministro de Justicia y creador de jueces para la democracia Alberto Belloch, hoy alcalde de Zaragoza, ha considerado ejemplar dedicar una calle al fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, amén de obligar a los concejales del consistorio a participar del rosario y las misas cantadas en honor a la patrona de la ciudad en la catedral el día 12 de octubre. Sus actos no son sino otra manera de poner en cuestión el carácter aconfesional del Estado.

Pero sin ir más lejos, la próxima visita del papa Benedicto XVI a España será sufragada en 50 por ciento por Hacienda. Desde la seguridad, el transporte, una parte de la publicidad, la estancia y el conjunto de la parafernalia, tanto como ser considerada una visita de Estado. Son muchos millones de euros los que se invertirán en apoyar a la Iglesia católica. En contrapartida, sus máximos responsables deciden bajar los decibelios en la crítica a la nueva ley de aborto.

Si hacemos memoria, los orígenes de su actual poder están ligados al golpe de Estado contra la Segunda República, en 1936. Para los alzados, el gobierno del Frente Popular fue una suma de políticos masones, judíos y comunistas interesados en destruir la unidad de España, era necesario combatirlos y la iglesia se convirtió en la mano derecha de Franco. Éste gobernó con la Iglesia y la Iglesia gobernó para el régimen. La guerra civil se consideró parte de una cruzada, y su objetivo consistió en aniquilar al enemigo. Ellos avalaron los fusilamientos de miles de republicanos, socialistas, anarquistas y comunistas.

La Iglesia aupó a Franco a la categoría de caudillo por la gracia de Dios y desde esa atalaya lució una aureola cercana a la santidad. Un enviado del Señor cuya tarea consistía en blandir su espada contra los comunistas, representantes del demonio en la tierra. Su triunfo se consideró por la Iglesia católica la primera derrota del comunismo internacional y el renacer de España como la reserva espiritual de Occidente. Era un enviado y no podía renunciar a su tarea, los obispos se encargaron de recordárselo siempre. Él hubiese preferido llevar una vida sencilla y en familia.

Pero los hechos lo situaron en el papel de salvador de la patria. Se transformó en un martillo de herejes bajo la mano férrea de una Iglesia católica, apostólica y romana que hasta hoy no ha perdido ningún ápice de su poder real. La España actual sigue teniendo miedo a realizar una reforma que relegue a la Iglesia católica a su única función, ser un refugio para sus creyentes a título de fe y al margen de la esfera de lo público.

www.jornada.unam.mx/ - Sábado 21 de noviembre de 2009

EL CONSUMIDOR DESAMPARADO POR LA CLASE POLÍTICA.

Por Finn R. Samsing A.

Hace exactamente un año atrás expuse a los miembros de la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados el tema relacionado con los problemas sociales, económicos y político que se derivan del endeudamiento de los consumidores chilenos Se destacó en esta ocasión el desmesurado costo de este crédito y el alto nivel de endeudamiento del consumidor chileno.
Por otro lado es interesante señalar que las encuestas de opinión pública indican que los mayores problemas que enfrentan los chilenos están relacionados con la seguridad personal, la salud pública, la educación, etc., donde los problemas causados por el endeudamiento no se hacen presente como problema destacado de las personas encuestadas.Si tanto la agenda de los políticos, como la opinión pública están fuertemente determinadas por los medios de comunicación social, como es la televisión, la prensa escrita y las radioemisoras; vemos la trascendencia que estos medios tienen en el devenir del país.Siendo los graves aprietos que generan el alto nivel y los costos del endeudamiento, como es posible explicar que los medios de comunicación social se mantienen ajenos a esta problemática que afecta a millones de chilenos.

La respuesta la encontramos en la sublimada capacidad de veto que pueden ejercer los anunciadores de los medios de comunicación sobre la línea editorial de estos. Si los ingresos más importantes de los medios de comunicación son de aquellos anunciadores involucrados en el negocio de las tarjetas de crédito, es de toda lógica pensar la razón por la cual los medios de comunicación no se refieren a este flagelo que afecta a gran parte de la población chilena.

En Chile las casas comerciales han entregado aproximadamente 30.000.000. de tarjetas de crédito, con un país con una población activa de 7.000.000. de habitantes, lo cual estaría indicando la magnitud del problemaSi a esto agregamos el financiamiento que hacen las empresas involucradas en el negocio de las tarjetas de crédito para algunas campañas políticas, es que podemos explicarnos las razones por la cual el mundo político se abstiene de enfrentar los problemas del azote que significa para la población chilena el alto costo del crédito de consumo (tarjetas de crédito).La exclusión del tema del endeudamiento de los consumidores en la agenda política es una de las razones que explican el bajo prestigio que goza nuestra clase política.

En Chile se dedican cuantiosos esfuerzos por mejorar los ingresos de loa trabajadores, pero llama la atención los pocos esfuerzos dedicados por la clase dirigente chilena para evitar la expropiación de estos ingresos a través de mecanismos como las tarjetas de crédito de las casas comerciales

Santiago, noviembre 2009.

Obama, una presidencia en crisis

Obama, una presidencia en crisis Luis Oviedo (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)


Desde el manejo del Congreso a las elecciones locales; del Medio Oriente a Afganistán y Honduras, las condiciones de la crisis mundial parecen revelarse superiores a las fuerzas políticas de Obama. A diez meses de su asunción, el balance de una presidencia en crisis.


Barak Obama pierde ‘lustre’ presidencial luego de que su partido fuera derrotado en las elecciones a gobernador celebradas en Nueva Jersey y Virginia a comienzos de noviembre. La derrota habría obedecido a un traspaso “importante, en estampida” de votantes “independientes” y de una pequeña fracción de “demócratas” al partido republicano (The Wall Street Journal, 6/11).


En The Wall Street Journal (6/11), el editorialista Daniel Henninger dice que “el votante norteamericano está absoluta, total y de manera constante disgustado con los dos partidos políticos (...) el votante está desesperado por un liderazgo político”. El autor asigna la “desesperación del votante” a una crisis de fondo del régimen político y del aparato estatal en todos sus niveles (militar, diplomático, económico e institucional).


Los traspiés de Obama no revitalizaron, sin embargo, al Partido Republicano, otra manifestación de la crisis.


Algunos medios señalan la importancia del rápido crecimiento del desempleo en estos resultados: “En nueve meses” (entre la quiebra de Lehman Brothers y la de GM), “la estructura económica de los Estados Unidos implosionó” (The Wall Street Journal, 6/11).


Desempleo


En octubre, la tasa de desempleo alcanzó el 10,2% (la más alta desde 1983). Si se contabilizaran categorías más amplias de trabajadores (los que dejaron de buscar empleo o los obligados a aceptar empleos de tiempo parcial), alcanzaría el 17,5%. En algunos estados decisivos (California, Illinois, Michigan), ya supera el 20%.


De acuerdo a un estudio del ‘Centro de Prioridades Presupuestarias’, con tasas de desempleo del 11% a comienzos de 2010, demanda récord para ayuda alimentaria y asistencia para calefacción y vivienda (...) “un conjunto de Estados con una población combinada de 100 millones de habitantes y que representan un tercio del PBI norteamericano (...) quedarían al borde de la quiebra” (wsws.org; 12/11). Otro millón de trabajadores (docentes, estatales) terminaría entonces en la calle.


Para Jeffrey Sachs, “Obama perdió la iniciativa económica (...) perdió el rumbo en la cuestión del empleo” (Financial Times, 11/11).


Palestina, sin política


Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y principal aliado palestino de Washington, anunció que no se presentará a la reelección presidencial. Abbas es el principal abogado de la llamada “solución de dos Estados”, un eufemismo. La renuncia de Abbas significa el agotamiento de esta perspectiva como ‘salida’. Cuando asumió, Obama exigió a Netanyahu (primer ministro israelí) el congelamiento de esos asentamientos. Netanyahu nunca dejó de ‘ampliar’ las colonias existentes, y recibió felicitaciones de la secretaria de Estado, Hillary Clinton.


“Lo peor de todo es que los norteamericanos han vacilado sin ninguna visión ni plan. Repentinamente, luego del más brillante de los comienzos, Obama parece estar haciéndolo picadillo” (The Economist, 12/11).


“¿Israel es demasiado fuerte para Obama?”, preguntaba hace un tiempo una revista (The Economist, 5/11). La división del régimen político norteamericano – respecto de Israel e Irán– es violenta y abierta. Apenas Obama reclamó el congelamiento de los asentamientos, Elliot Abrams –uno de los ‘halcones’ del establishment de la defensa– le exigió que actuara como ‘un estadista’ y reconociera los compromisos asumidos por anteriores gobiernos norteamericanos (demócratas y republicanos) en la extensión y mantenimiento de los asentamientos sionistas en Cisjordania y Jerusalén (The Wall Street Journal, 26/6).


La prensa ‘seria’ dice que la victoria de Netanyahu sobre Obama “amenaza en el largo plazo la propia existencia de Israel” (The Economist, 12/11). Esconde su origen en la crisis del régimen político norteamericano.


Afganistán, sin aliados ni gobierno


En ningún otro lugar, la crisis de Obama es mayor que en Afganistán.


Desde hace varios meses, el alto mando militar y la Casa Blanca no logran llegar a un acuerdo acerca del pedido del general McChrystal –máxima autoridad militar norteamericana en Afganistán– de que se envíen 40.000 soldados adicionales para impedir que Estados Unidos sea derrotado. Bastó que Mc Chrystal pidiera más soldados, para que el principal funcionario diplomático norteamericano en Afganistán –Karl Eikenberry, ex comandante militar en ese país– pidiera públicamente a Obama que no mandaran a nadie. No vale la pena pelear, dice Eikenberry, porque no se puede ganar.


Mientras, la retirada ya está siendo preparada en la prensa, con cargo a la cuenta política de Obama.


John Mearsheimer escribe que “como en Vietnam, no importa si Estados Unidos gana o pierde. No tiene sentido para el gobierno de Obama gastar más sangre y recursos presupuestarios para vencer al talibán. Estados Unidos debe aceptar la derrota e inmediatamente comenzar a retirar sus fuerzas de Afganistán” (Foreign Policy, 14/11).


Honduras, con la política de los republicanos (desconocer a Zelaya)


Obama puede mostrar una única ‘victoria’. Después de seis meses, logró que el senador republicano Jim DeMint –representante político de los golpistas hondureños en Washington– levantara su veto a la designación de Arturo Valenzuela como secretario de Estado adjunto para América Latina.


Pero la crisis hondureña no está cerrada. La OEA sigue exigiendo la restitución de Zelaya y adelantó que no reconocerá las elecciones si ello no ocurre; es, también, la posición de Brasil, Argentina y otros países.


Los republicanos reclaman enfrentar abiertamente al chavismo y a sus variantes más al sur. Por eso impulsan la penetración militar en Colombia y agitan contra Morales, Lugo y Mauricio Funes.


Obama en la tormenta


Obama ha sido llamado a tomar la posta de un presidente (Bush hijo) que ya había fracasado en todos los terrenos. Obama está obligado a defender los mismos intereses sociales, políticos e históricos de Bush y a darles una ‘salida’ con métodos democratizantes.


En este terreno, el principal “logró” de Obama fue “comprar tiempo” (Stratfor, 2/11).


Autor foto: Pete Souza – White House

Parálisis estratégica de Chávez-Correa-Lula ante Declaración de Guerra de Obama

Parálisis estratégica de Chávez-Correa-Lula ante Declaración de Guerra de Obama Heinz Dieterich

1. De facto declaración de Guerra de Obama y del Congreso
La justificación del Pentágono de la base militar colombiana de Palenquero, la autorización de los fondos respectivos por el Congreso estadounidense (Fiscal Year 2010 Military Construction Program budget estimate, Congress, May 2009) y el sostenimiento de la dictadura militar en Honduras constituyen una de facto declaración de guerra a los gobiernos latinoamericanos.
El Comandante Supremo (Commander-in-chief) de las Fuerzas Armadas estadounidenses y del Pentágono, Barack Obama, sostiene en dicho documento que Palenquero “es esencial” para la misión de Estados Unidos “en todo el Área de Responsabilidad (AOR) del Comando Sur (USSOUTHCOM)” y que provee una “oportunidad única para todo tipo de operaciones (full spectrum operations)” en una “subregión crítica” de nuestro hemisferio donde la seguridad y estabilidad están sometidas a la amenaza constante de, entre otras, "narco-insurgencias” y “gobiernos anti-estadounidenses”. No financiar Palenquero “limitará severamente la capacidad del Comando Sur para apoyar la Estrategia de Defensa Global (Global Defense Posture, GDP, Strategy) de Estados Unidos”.
2. Parálisis presidencial latinoamericana
El Blitzkrieg (guerra relámpago) de Washington, ejecutado mediante el golpe militar en Honduras y las bases en Colombia, les ha arrebatado la iniciativa estratégica a los Presidentes latinoamericanos, hundiéndolos en una parálisis estratégica. Desde hace cinco meses (sic) han sido incapaces de enfrentar la ofensiva estratégica imperial con una contraofensiva estratégica propia, limitándose a una política confusa de reacciones aisladas y tácticas.
3. Cero coordinación defensiva ante la agresión
Su desunión y appeasement (conciliacionísmo) ante la política monroeista de Obama-Uribe se puso nuevamente de manifiesto en la última semana, cuando Hugo Chávez convocó a prepararse “para la guerra”; Ecuador, en una decisión incomprensible e incalificable, restableció relaciones bilaterales con Uribe, reactivó la Comisión Binacional de Frontera (Combifron) y anuló las órdenes de detención contra el ex Ministro de Defensa Santos y el general Padilla, mientras que Brasil propuso la creación de una “comisión de vigilancia fronteriza” (rechazada por Chávez). ¡Cero sintonía, cero coordinación ante una Declaración de Guerra del Imperio!
4. Golpe militar: instrumento fundamental para destruir al Bolivarianismo
El golpe militar, con su coadyuvante mediático, se ha convertido en el instrumento predilecto imperial para destruir el Bolivarianismo. Tan solo en los últimos siete años ha habido cuatro: 2002, en Venezuela; 2006, dos intentos en Bolivia; 2009, en Honduras. Los futuros golpes están planeados para Paraguay y Venezuela. Su ejecución en Venezuela está orgánicamente vinculada a las bases militares en Colombia.
5. Tres escenarios de destrucción de Chávez a partir de las Bases
5.1 El primer escenario para la destrucción de Hugo Chávez se ilustra mejor con una experiencia sandinista. En una noche de conversación con Daniel Ortega y Miguel d´Escoto, hablamos de los aciertos y errores de la estrategia militar sandinista, para contener las hordas de 16.000 paramilitares “contras”, armadas por el criminal de guerra Ronald Reagan, en Honduras. En cierto momento de la guerra, el Ejército Popular Sandinista (EPS) persiguió a los “contras” a Honduras, para destruir su logística de retaguardia. Fue entonces, cuando Daniel recibió una llamada de Washington en la cual se le decía lo siguiente: “En este momento, la 82ª División Aérotransportada está abordando los aviones. Si ustedes no se retiran de inmediato a Nicaragua, en pocas horas aterrizará en Honduras.”
Esta es la principal función de las bases colombo-estadounidenses para la destrucción de Hugo Chávez: proporcionar el paraguas militar, debajo del cual los paramilitares pueden destruir la infraestructura venezolana, sin que la Fuerza Armada venezolana pueda golpear su retaguardia en Colombia.
5.2 El segundo escenario es el del golpe o la insubordinación militar. Las bases significan que cualquier conflicto bélico entre Colombia y Venezuela, aún los “sembrados” por Obama-Uribe, implican un posible choque directo con fuerzas militares gringas en una guerra convencional que, obviamente, no se puede ganar. Los expertos militares, desde Cuba hasta China, coinciden en que una agresión convencional de Washington contra un pequeño país significa la destrucción inmediata de su fuerza aérea y naval, y la destrucción posterior de su ejército convencional de tierra.
La amenaza de un conflicto convencional, basado en la doctrina militar estadounidense de pos-guerra fría (1996), shock and awe, dividiría a la Fuerza Armada Bolivariana, con una fracción dispuesta a combatir y otra, a no-inmolarse. La fracción no-dispuesta a inmolarse, apoyada masivamente por la Iglesia, los medios privados, el 40% de la población que está en contra de Hugo Chávez y la derecha mundial, procuraría un golpe de Estado o se declararía en rebeldía. Las únicas Fuerzas Armadas latinoamericanas, que tienen la conciencia política y la cohesión interna para frustrar ese ardid de guerra psicológica, son las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y, hasta hace veinte años, el glorioso Ejército Popular Sandinista (EPS), nunca derrotadas ni intimidadas por el monstruo militar del Norte.
5.3 El tercer plan destructivo, el “Plan A”, que Washington prioriza en la implementación paralela de los tres, es conocido en la doctrina militar gringa como “decay y default” (descomposición y colapso). Esa estrategia de largo plazo trata de producir el colapso social, sin destrucción militar masiva. Esto significa en el contexto actual, procurar la derrota de Chávez en las contiendas electorales del próximo año y 2012, mediante una campaña de humillaciones fácticas (tipo Zelaya-Aristide-Manley: “impotencia” ante Washington; “incapacidad mental”, H. Escarrá), amenazas militares, sabotajes y asesinatos paramilitares, sincronizados con errores endógenos del gobierno.
6. Hugo Chávez perderá el poder si no cambia su modelo de gobierno
El “Plan A” de Washington tiene posibilidades de ser exitoso por las siguientes razones: hay un bloque opositor social que abarca el 40% de la población; sobre esa plataforma Washington tratará de aprovechar las crecientes fallas gerenciales del Estado, como los racionamientos de electricidad y agua; la incontrolable inflación de 30%; la rampante delincuencia; la impunidad de 400 asesinatos de líderes campesinos; la corrupción e ineficiencia del Estado y el discurso oficial cada vez más vacío. Si a este panorama se agrega la posibilidad de una guerra con Colombia-Estados Unidos, ¿Que sectores del electorado indeciso y centrista votará el próximo año por el partido del Presidente?
7. ¿Quién puede convencer a Hugo Chávez de la necesidad del cambio?
Hay dos aspectos trágicos en este proceso: 1. Washington ha adecuado su estrategia subversiva decay y default tanto al modelo de gobierno presidencial 2003-8, que este modelo hoy le es funcional; b) el Presidente no escucha las voces de alarma, tal como no las escuchó antes del golpe de Estado del 2002.
El sujeto por excelencia para convencer al Presidente de la urgente necesidad de evolucionar su modelo de gobierno, es, por supuesto, el partido de gobierno (PSUV). Pero, este Partido, afirmó en agosto de este año el Gobernador de Portuguesa, Teniente Coronel Wilmar Castro, revolucionario bolivariano de muchos años ---tres de ellos en la cárcel--- está controlado por “una elite que le tiene culillo (miedo-HD) al pueblo”, impidiendo la crucial conversión de “poder popular en gobierno popular”. Esa elite no solo tiene miedo al poder popular, sino también al presidencial, hecho por el cual no cumple ninguna función de vanguardia o colectivo deliberante crítico frente al poder presidencial.
Cooptada la nomenclatura, sería pensable que líderes históricos revolucionarios, como Wilmar Castro, José Vicente Rangel, Jorge Giordani, Alí Rodríguez et al, hablen en grupo con el Presidente para hacerle ver que el Titanic va otra vez hacia el iceberg.
Los movimientos sociales serían otro interlocutor político posible del Presidente; pero, al no tener una coordinación nacional, no pasan el umbral de poder necesario para ser aceptado como interlocutores. Y lo mismo sucede con los intelectuales. Agotado el escenario interno queda un solo actor externo capaz de convencer a Hugo Chávez; el decano de la Revolución latinoamericana: Fidel.
8. Las tres opciones del futuro latinoamericano
Ante la de facto Declaración de Guerra de Obama, los presidentes y pueblos latinoamericanos tienen tres opciones estratégicas. 1. Resignarse ante la Doctrina Monroe, encubriendo con discursos antiimperialistas la sumisión. 2. Aceptar por ahora la imposición con el argumento de que hay que esperar una correlación de fuerza más idónea para enfrentar a Washington. 3. Jugarse el todo por el todo y organizar un frente militar entre Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia, que implemente un sistema integral de inteligencia electrónica y defensa aérea en las tres fronteras terrestres de Colombia.
Tal medida tendría tres ventajas: a) constituye una fuerza de disuasión militar real ante Uribe y Obama; b) es la expresión fáctica más fuerte posible de la doctrina romana del qui desiderat pacem, praeparet bellum (quién quiere la paz, prepárese para la guerra, Vegetius: Epitome rei militaris); c) es el único poder real de negociación político-militar con Obama que tiene América Latina.
Esas parecen ser las disyuntivas del futuro. Como los presidentes posiblemente no las pueden explicar con la claridad necesaria, por razones de Estado y, por otra parte, los pueblos necesitan conocer sus alternativas para tomar decisiones adecuadas a sus intereses y valores, es tarea de los intelectuales independientes fomentar este transcendental debate.
Lo que no es aceptable es que continúe el silencio sobre la descoordinación y parálisis estratégica en las filas de los presidentes. Sin la unidad entre los Estados, y entre los Estados y los pueblos, sobre la base de la conciencia, no se puede ganar esa guerra.

Berlin 1989 La “caída” del Muro y la Revolución latinoamericana

Berlin 1989 La “caída” del Muro y la Revolución latinoamericana por Heinz Dieterich

1. La entrega del Muro de Berlín
La versión políticamente correcta de Occidente sobre “la caída del muro” es la siguiente. Guenter Schabowski, periodista de profesión y miembro del Buró Político del Partido Socialista Unificado de la Alemania socialista (SED), anunció en una conferencia de prensa televisada del 9 de noviembre de 1989, una liberalización de los viajes de ciudadanos de la RDA a Occidente. Al terminar la conferencia, un periodista le preguntó: ¿Cuando entra en vigor esa ley?” Schabowski dijo, “de inmediato”. Y, de inmediato, muchos ciudadanos de la RDA fueron al muro para pasar a Berlin Occidental, a la Alemania capitalista (RFA). Las tropas fronterizas que no estaban informadas, no las dejaron pasar. Cuando sus sorprendidos oficiales consultaron con autoridades superiores, les dijeron que sí, que era un nuevo decreto del Politbuero dado a conocer por Schabowski hace unos cuantos minutos en la televisión. Entonces los dejaron cruzar. Todo espontáneo y democrático: un pueblo buscando la reunificación.

La verdad histórica, que empieza a abrirse paso, es diferente. El entonces alcalde de Berlin-Occidental (RFA), Walter Momper, acaba de revelar que se reunió unos diez días antes de la apertura del muro clandestinamente con Schabowski. En esas reuniones, el funcionario de la SED le informó que se iba a abrir la frontera y que las autoridades de la RFA debían prepararse para un éxodo. De la misma manera, la pregunta del periodista acerca de la entrada en vigor de la ley liberalizadora, no fue más que una finta para ocultar la conspiración de la entrega de la RDA, organizada por sectores de la elite política de la SED. El periodista que hizo la pregunta era el italo-alemán Riccardo Ehrman quién trabajaba para la agencia noticiosa italiana ANSA. Ehrman había recibido una llamada de Guenter Poetschke, director de la ADN, agencia de noticias de la RDA, en la cual Poetschke le solicitó que hiciera la pregunta sobre las nuevas leyes de transito. Ehrman llegó tarde a la conferencia, pero logró hacer la pregunta ---con Schabowski pasando por alto a un periodista estadounidense--- y obteniendo la consabida respuesta. A pocos minutos de haberse terminado la conferencia, a las 19:31, ANSA distribuyó por el mundo la noticia intitulada: “Ha caído el Muro de Berlín.”

2. La moraleja para la Revolución latinoamericana
El análisis de la capitulación de la clase política socialista de la RDA es de enorme actualidad para el proceso revolucionario latinoamericano, aun cuando mencionamos solo dos de las razones principales que la hicieron posible. Egon Krenz, el penúltimo Presidente de la RDA, ha dado dos de las respuestas más sintéticas a la pregunta sobre el porque del colapso del Estado socialista alemán, refiriéndose a un componente objetivo y otro subjetivo. El objetivo es que “El destino de la RDA siempre estuvo vinculado al destino de la URSS”, porque fue un “producto de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría. Terminada la Guerra Fría y desaparecida la URSS, “¿cuál podía ser su destino?”

Ese argumento de Krenz se refiere al papel de las alianzas estratégicas en las guerras de liberación anti-imperiales, por ejemplo, las intervenciones pro-independentistas de Francia y Gran Bretaña en los triunfos de las Guerras de Independencia norteamericana y latinoamericana, o también, de la URSS y China en el triunfo de Vietnam. Es un argumento de suma importancia ante el hecho, de que en los próximos meses la agresión de Washington contra Venezuela entrará en su fase abiertamente agresiva y que la ausencia de alianzas estratégicas de Venezuela es una debilidad de suma preocupación. El gobierno bolivariano tiene, sin duda, el apoyo de Rusia, Irán y China, pero tales relaciones bilaterales no alcanzan el status de alianzas estratégicas.

El componente subjetivo de la implosión de la RDA se encontró en la falta de vanguardia operativa, capaz de implementar las innovaciones necesarias para la renovación del Partido, Estado y de la sociedad, en las condiciones del Siglo XXI. Desde 1985, revela Krenz, había sectores de la alta clase política socialista que vieron la necesidad de sustituir a Erich Honecker y darle un salto cualitativo al “Socialismo realmente existente”, resolviendo, entre otras cosas, el problema del cambio generacional a tiempo. Sin embargo, el inmovilismo del sistema fue tal, que hasta el 18 de octubre, 1989, la vieja guardia inmovilista seguía controlando el SED.

Cuando se sustituyó a Honecker el 18 de octubre, 1989, fue demasiado tarde para la necesaria recuperación de la “iniciativa estratégica” (Krenz) por parte de los reformadores y de la credibilidad en la población, porque el 9 de octubre, una muchedumbre de 70.000 manifestantes en Leipzig le había arrebatado pacíficamente esa iniciativa estratégica al Estado y al Partido, pese a que el director de las “milicias fabriles” (Betriebskampfgruppen) había amenazado tres días antes con el uso de la fuerza. Ante la ausencia de una vanguardia real en la clase política socialista de la RDA, la perdida de la iniciativa estratégica del 9 de octubre, nunca pudo ser revertida por el Partido de Estado.

3. Fin del Socialismo del Siglo XX, cambio de la historia mundial
El 9 de noviembre, sin un solo disparo, el imperialismo reconquistó en una noche lo que con todas sus armas nucleares no había podido reconquistar en 44 años: el territorio del país más avanzado del Socialismo del Siglo XX. La importancia histórica de este acontecimiento se puede comparar a la Toma de la Bastilla en la Revolución Francesa que inició el derrumbe del antiguo régimen (ancien régime) a nivel francés, consumado posteriormente a nivel europeo por la espada de Napoleón, el “gerente general” de la burguesía europea. Y con el control de Europa, el capitalismo tenía asegurado la conquista del globo.

La caída del Muro, a su vez, terminó con el antiguo régimen del Socialismo del Siglo XX en el corazón de Europa. En consecuencia, el orden bipolar de posguerra desapareció para evolucionar hacia el Nuevo Orden Mundial cuatripolar ---Estados Unidos, Unión Europea, China, India--- pasando por el interregno de tres lustros de dominación unilateral global de Washington. La incapacidad de los partidos del Socialismo del Siglo XX para evolucionar hacia el Socialismo del Siglo XXI abrió las puertas a la restitución euroasiática del régimen del capital. Pero, su caída también quitó del camino de la evolución los infranqueables obstáculos materiales y dogmáticos del estancado modelo stalinista, incapaz de toda innovación necesaria para adecuarse a las condiciones del Siglo XXI.

El trágico triunfo de la contrarrevolución de 1989/90 ha devuelto la dialéctica evolutiva a la humanidad, recordándoles a los revolucionarios del futuro una eterna verdad. Sin vanguardia no hay muros ni fusiles, capaz de sostener una revolución.

Las condiciones de la lucha electoral para el anticapitalismo en Chile

Las condiciones de la lucha electoral para el anticapitalismo en Chile

por Andrés Figueroa Cornejo

Aspectos centrales de la estrategia anticapitalista en Chile, como punto de llegada para la posibilidad de la construcción genuina de una sociedad de iguales y libres, están ligados a formas combinadas y complejas de sublevación popular y huelga general. Aunque la distancia parezca hoy sideral, de perder de vista la creación del poder popular y propiciar el conjunto de luchas tácticas necesarias para la superación del capitalismo subordinados a los fines estratégicos mencionados, es fácil terminar fortaleciendo a fracciones de la burguesía; siendo perfectamente funcionales al orden de la minoría mandante; o representando franjas testimoniales de “buena conciencia”, pero carentes de convicción de poder y mayorías para transformar la vida radicalmente. La lucha de clases para el anticapitalismo, en último término, sólo tiene sentido estratégico si se conduce sobre fines eminentemente políticos.
La política, en general, es el arte de acumular fuerzas y establecer alianzas. Para el movimiento anticapitalista chileno, los pueblos y los trabajadores resumen -desde la independencia política de los intereses históricos de las clases subalternas, plebeyas, explotadas y oprimidas- las alianzas posibles. El pueblo mapuche en lucha contra el Estado y el capital es, por ejemplo, el aliado estratégico de los asalariados y los pobres de la ciudad, así como el proletariado rural y el campesinado tradicional que aún no ha sido transformado en obrero agrícola por el desarrollo de las fuerzas productivas, y los sectores medios precarizados. Esto es, todas las clases, pueblos y láminas sociales castigadas por el capitalismo.
La pugna entre capital y trabajo se expresa multidimensionalmente entre la hegemonía actualmente estructural de la clase propietaria mundial (cuya matriz es financiera y parasitaria) y la composición, de menos a más, de la hegemonía de los intereses históricos de los pueblos y los trabajadores. La realización de los intereses históricos de las grandes mayorías dominadas se refiere sobre todo, a la construcción y conquista del poder político de la sociedad. A diferencia de la burguesía, que destruyó el modo de producción feudal a través de su hegemonía económica antes que política, las clases subalternas sólo pueden cobrar posición hegemónica desde la política hacia la economía. Es decir, los trabajadores y los pueblos deben desmantelar los fundamentos políticos del capitalismo como predeterminación para el nacimiento de una sociedad socialista, camino a la extinción de la propiedad privada, sin explotados, ni explotadores, sin clases sociales.
Las actuales relaciones de fuerzas mundiales, regionales y nacionales presentan un panorama inmediato extraordinariamente complejo de revertir a favor de las clases dominadas. Aunque la actual crisis capitalista adquiere carácter de crisis de civilización y expone a diario sus límites y estadios de madurez destructivos, no ha provocado mecánicamente la rebelión triunfante de las clases subalternas en ningún lugar del mundo. Ello no significa que el capitalismo es el modo de producción definitivo de la humanidad. Simplemente significa que los desafíos políticos para las fuerzas anticapitalistas del mundo y de Chile resultan mucho más arduos que en otros períodos de la historia. Los sofisticados medios de alienación y los poderosos argumentos militares de la minoría que ordena el naipe mundial y chileno demandan una dirección política rebelde lúcida, creativa, despojada de dogmas y capaz de crear fuerzas y orientación a la luz de la síntesis del conocimiento político atesorado por la historia y la producción esencial de la lucha de los pueblos de la Tierra.
Los trabajadores y los pueblos tienen el deber político de emplear todas las formas de lucha existentes para la realización de sus intereses históricos, de acuerdo a las correlaciones de fuerza nativas e internacionales, los contextos dinámicos, la densidad de la lucha de clases, la conciencia de los dominados. Las formas de lucha, sin olvidar las cuestiones estratégicas al respecto, se resuelven en tácticas que conjuntan coherencia política y construcción de fuerzas. En este sentido, la lucha electoral, es decir, la participación en la arquitectura de representación y gobernabilidad política de los intereses de la clase dominante, es una táctica que, sin condiciones claras, se convierte en cretinismo, desesperación, ilusionismo y despeñadero seguro. A veces trágico, a veces ridículo.
¿Cuáles son las condiciones para que un instrumento anticapitalista como el MPT participe en las elecciones del formato democrático burgués reinante?
Si bien la sola existencia del MPT (Movimiento del Pueblo y de los Trabajadores) manifiesta ya una voluntad política y fuerza mínima de arranque, todavía queda un trecho no breve de consolidación, crecimiento incesante, fortalezas y unidad políticas, territorialización auténtica y luchas sustantivas en el cuerpo. El movimiento real de la lucha de clases condiciona la voluntad política de conducir-participando del MPT. Ni observador analítico, ni voluntarista desesperado. La cohesión estratégica y sin fisuras de fondo de las clases que dominan –más allá de las reyertas mediáticas de sus expresiones políticas- corresponde a una variable significativa a la hora de imaginar la construcción de la crisis “por arriba”, además de la organización blindada de la indignación social “por abajo”.
Sin discutir la naturaleza y devenir exactos de los gobiernos de impronta desarrollista, redistributiva y francamente progresista de Venezuela, Bolivia y Ecuador, es preciso constatar que tras cada una de estas experiencias que hoy aprovechan hasta sus límites las coordenadas aún no destruidas del Estado burgués y del propio capitalismo, existieron enormes movimientos populares, por un lado, y profundas crisis de gobernabilidad y legitimidad de la partidocracia tradicional, por otro. El “Caracazo” en Venezuela; las guerras del agua y el gas en Bolivia (además del poderoso movimiento social cocalero e indígena); y los movimientos sociales y originarios en Ecuador; por una parte, más el descrédito generalizado de las políticas antisociales representadas por sistemas de partidos políticos en estado terminal, por otra, crearon las condiciones necesarias para el éxito electoral de Chávez, Morales y Correa. En buenas cuentas, fueron las luchas sociales -verdaderas rebeliones de millares- y la acentuación, por tanto, de la lucha de clases junto a las crisis de gobernabilidad de las viejas componendas políticas, los fundamentos que propiciaron el arribo al gobierno, que no al poder, de proyectos políticos de inspiración popular y antiimperialista. En Chile, en tanto, nada de ello ha ocurrido todavía. Largo resultaría extenderse aquí sobre sus causas.
El empleo táctico de la lucha electoral tiene sentido toda vez que preexiste una fuerza social amplia, altamente organizada y con una dirección política acerada en luchas relevantes y aciertos populares. La representación de los intereses históricos de las clases subalternas en cualquier escala de la arquitectura del orden gubernamental burgués funciona como amplificador y facilitador para los objetivos estratégicos de las mayorías explotadas y oprimidas, siempre y cuando se mantenga en sintonía y subordinada a un movimiento popular realmente existente, y como parte de un complejo estratégico de poder. De lo contrario, los riesgos de cooptación, impotencia y desorientación política concurren inexorablemente, como lo ilustra la historia de Chile y del mundo.
Sobre las condiciones precedentes, los cargos de representación político electoral deben ser fruto del ejercicio democrático y poliético más amplio de la organización de los pueblos y los trabajadores. Los liderazgos sociales y políticos de las clases subalternas en el escenario de la representación burguesa deben ser refrendados, avalados y sujetos a la democracia popular. La revocación, la supervisión permanente e, incluso, los sueldos devenidos de los cargos de un concejal, un alcalde, un diputado, un senador, tienen, necesariamente, que estar bajo control popular. Las experiencias trágicas de corrupción de gobiernos de inspiración popular dañan imborrablemente las buenas iniciativas y sus sostenes políticos.
Los trabajadores y los pueblos no continúan votando por las expresiones políticas del poder por el hecho exclusivo de que “no hay más alternativas”. Eso es creer que la izquierda anticapitalista estaría perdiendo por “vocover” simplemente, desatendiendo el conjunto de variables profundas –asociadas a la megaindustria del consenso, el miedo, la alienación y el fatalismo, y al estado actual de las relaciones de fuerza en todo sus niveles- que explican la realidad planetaria y criolla transitoriamente debilitada de las fuerzas emancipatorias.
Si el MPT crece, cobra fuerzas, protagonismo popular, aun a escala local solamente, no debe desdeñar la táctica de la lucha electoral, por ejemplo en el 2011, en las elecciones municipales. Naturalmente, en aquellas comunas donde exista fuerza social auténtica y bajo las condiciones arriba anotadas. El anticapitalismo y el nuevo proyecto socialista para Chile debe armarse de paciencia, de unidad política y trabajo infatigable. Los tiempos políticos de los pueblos no siempre coinciden con los deseos justicieros de los revolucionarios. Hoy es la hora de organizar el voto nulo con contenido. Pero sólo es una táctica coyuntural, jamás un fundamentalismo dogmático. Y la precaución no es temor cuando el MPT se empeña cotidianamente en que un buen día las grandes mayorías se tomen definitivamente el cielo por asalto.

Educación en Chile y lecciones del ajuste estructural del Banco Mundial (Parte1)

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El debate sobre la educación en Chile sale del receso, esta vez con la huelga de profesores por la deuda histórica a sus remuneraciones por más de 20 años.


El paro docente que se prolonga desde hace más de diez días, comienza a provocar un impacto mayor en la presión para que el Gobierno resuelva el pago de la deuda histórica, al obtener el apoyo de la organización nacional que agrupa a los municipios y los alcaldes.


Por primera vez un organismo público de esta magnitud y naturaleza reconoce que “la deuda histórica es un conflicto del magisterio con el Estado chileno y es una condición indispensable a resolver para el bien de la educación pública".


El personal afectado por esta deuda estatal es más ochenta mil docentes y se estima que el monto alcance US $14 mil millones. La intermitencia en la descentralización del gobierno militar causó un caos de desigualdad convertido en un virtual rompecabezas administrativo y financiero en más de 330 municipalidades.


Es un tema local con repercusión global por el rol del Banco Mundial en la reforma a la educación en Chile y en otros países. La educación chilena ya estuvo conmocionada por el movimiento estudiantil que estremeció por un mes al país en 2006.


Chile ha sido como el “modelito” en varias áreas de acción del Banco Mundial y la crisis educacional nacional expresada en el continuo malestar del personal docente no debería pasar inadvertida como fenómeno internacional.


Educación ha sido el “Caballito de Troya” del sistema económico sobre el cual se edifican las desigualdades del sistema, que a estas alturas del análisis se concordará que le son funcionales. Además como dice Eduardo Bustelo, el cientista político argentino: “Hace tiempo que la batalla de “esta educación” con la televisión y las nuevas tecnologías de comunicación está perdida”.


El modelo educacional chileno actual surge de los programas de reforma sectorial implementados a escala mundial por el Banco Mundial.


Forman parte del llamado Ajuste Estructural de los años 80 implementado para enfrentar la crisis financiera de los 70. Como es sabido, la privatización de los servicios públicos -educación un punto clave- forma parte de la tríada de pilares del ajuste, con desregulación y apertura de mercados.


El proceso de gestación de la reforma educacional como un componente vital del ajuste, parte con el gobierno militar, que se implementa con una medida de fuerza: privatizar la enseñanza. El foco es que el sector educacional funcione acoplado a un sistema de rentabilidad y gradual autofinanciamiento, donde familias, apoderados, alumnos, y profesores forman parte de un conjunto empresarial. El colegio es el lugar físico, las personas son sus productores.


No hay una jerarquización precisa y refinada de actores en el foco, de allí que las demandas salariales del personal docente quedaron extraviadas en el objetivo central del diseño de privatizar y descentralizar, un eufemismo esto último para des-estatizar.


La reforma comienza en 1980, y continúa en los años 90. Tanto el soporte técnico como financiero de la reforma educacional chilena que no resolvió los problemas de fondo -como ha quedado demostrado por el movimiento estudiantil, por la llamada “deuda histórica” de remuneraciones al personal docente, y el registro político hasta 2009-, provienen de una estrecha asociación técnica y política entre el Banco Mundial y el gobierno de Chile, tanto en el período militar como en el democrático.


El Banco Mundial ha elogiado el resultado global de la reforma educacional chilena y el rendimiento de sus componentes principales, descentralización, financiamiento, Jornada Escolar Completa (JEC), Ley Orgánica Constitucional para la Enseñanza (LOCE) y los sistemas de evaluación.


“El resultado es uno de los sistemas educacionales más innovadores, costo eficiente, y comparativamente equitativos entre los países en vías de desarrollo”. Así está señalado en el informe de Francois Delannoy, “Education Reforms in Chile: A lesson in pragmatism” (http://www.google.es/url?sa=t&ct=res&cd=3&url=http://siteresources.worldbank.org/EDUCATION/Resources/278200-1099079877269/547664-1099080026826/Ed_reforms_Chile_EN00.pdf&ei=-0aSRLivHL-AQ7O96e4D&sig2=ds2k0hAy7yT4u-1BFwITFQ). (Banco Mundial 2000).


Las conclusiones también expresan que: “ La mayor parte de los instrumentos de un sistema educacional moderno – transparencia, evaluación de los estudiantes-flexibilidad curricular, población objetivo, inversión en la calidad de los insumos y contenidos, atención a los procesos de salas de clases, desarrollo profesional continuo y autonomía de la escuela- están presentes en el sistema chileno y han estado presentes por más tiempo que la mayoría de los otros países incluyendo algunos de los que forman la OECD. Y el sistema continúa avanzando”.


Las observaciones de F. Delannoy forman parte de un detallado estudio emanado de una investigación de 18 meses en Chile, donde la autora agradece la colaboración de los profesionales chilenos que han sido protagonistas en el proceso de la reforma educacional.


Si el estudio más que favorable al estado de la educación en Chile, que cubre 1980 –1998, se toma al pie de la letra, significa que desde 1999, al momento en que estallan las protestas en 2006 y continuaron con intermitencia hasta ahora, el deterioro de la educación ha sido acelerado y considerable.


A juzgar por el volumen y la unanimidad del reclamo colectivo, hay algo significativo que no cuadra. Este es el desfase entre el informe del Banco y la realidad.


Por el desarrollo de los acontecimientos, se ha estampado una brecha gruesa entre una “evaluación positiva con recomendaciones para mejorías” y el diagnóstico de “desastre educacional en Chile” que emerge del registro político que generó el movimiento estudiantil, y si toma en cuenta este “descubrimiento” de la deuda histórica con el personal docente.


Esto sin duda merece especial atención, y es notable que en los informes que se han hecho públicos, esta brecha entre la evaluación positiva a la reforma educacional en el informe del Banco y los diagnósticos posteriores no es parte del debate, o de planes de evaluaciones futuras.


La evaluación del Banco Mundial llevada a cabo a mediados de los años 90, que analiza positivamente la municipalización de la educación como forma de descentralizar la gestión y el financiamiento no profundiza en el impacto del gradual incumplimiento de una política de estado respecto a las remuneraciones de los docentes.


Si se destapa en 2009 un problema de la magnitud del que se arrastra por 25 años, no es concebible que los equipos ministeriales que colaboraron en la evaluación publicada el año 2000, no hayan advertido de su dimensión futura y su impacto en la reforma.


Sin embargo, la aparente omisión del estado de las remuneraciones en la descentralización, está revelando un elemento intrínseco en el concepto de privatizar y hacer que el espacio de la educación adquiera el nivel de mayor costo-beneficio posible. Como que las remuneraciones del personal docente no consistieran en un tema central en el desarrollo de la educación.


De esta forma se confirma el corazón de la oscuridad del Ajuste Estructural con el ejemplo de la educación (el otro claramente es salud), y el modelo chileno como un caso paradigmático.


El movimiento de 2006, y ahora la huelga de docentes, son indicadores de que la aplicación de dos décadas de reforma educacional y ajuste estructural en Chile no ha funcionado.

Las condiciones de la lucha electoral para el anticapitalismo en Chile

Andrés Figueroa Cornejo

Aspectos centrales de la estrategia anticapitalista en Chile, como punto de llegada para la posibilidad de la construcción genuina de una sociedad de iguales y libres, están ligados a formas combinadas y complejas de sublevación popular y huelga general. Aunque la distancia parezca hoy sideral, de perder de vista la creación del poder popular y propiciar el conjunto de luchas tácticas necesarias para la superación del capitalismo subordinados a los fines estratégicos mencionados, es fácil terminar fortaleciendo a fracciones de la burguesía; siendo perfectamente funcionales al orden de la minoría mandante; o representando franjas testimoniales de “buena conciencia”, pero carentes de convicción de poder y mayorías para transformar la vida radicalmente. La lucha de clases para el anticapitalismo, en último término, sólo tiene sentido estratégico si se conduce sobre fines eminentemente políticos.
La política, en general, es el arte de acumular fuerzas y establecer alianzas. Para el movimiento anticapitalista chileno, los pueblos y los trabajadores resumen -desde la independencia política de los intereses históricos de las clases subalternas, plebeyas, explotadas y oprimidas- las alianzas posibles. El pueblo mapuche en lucha contra el Estado y el capital es, por ejemplo, el aliado estratégico de los asalariados y los pobres de la ciudad, así como el proletariado rural y el campesinado tradicional que aún no ha sido transformado en obrero agrícola por el desarrollo de las fuerzas productivas, y los sectores medios precarizados. Esto es, todas las clases, pueblos y láminas sociales castigadas por el capitalismo.
La pugna entre capital y trabajo se expresa multidimensionalmente entre la hegemonía actualmente estructural de la clase propietaria mundial (cuya matriz es financiera y parasitaria) y la composición, de menos a más, de la hegemonía de los intereses históricos de los pueblos y los trabajadores. La realización de los intereses históricos de las grandes mayorías dominadas se refiere sobre todo, a la construcción y conquista del poder político de la sociedad. A diferencia de la burguesía, que destruyó el modo de producción feudal a través de su hegemonía económica antes que política, las clases subalternas sólo pueden cobrar posición hegemónica desde la política hacia la economía. Es decir, los trabajadores y los pueblos deben desmantelar los fundamentos políticos del capitalismo como predeterminación para el nacimiento de una sociedad socialista, camino a la extinción de la propiedad privada, sin explotados, ni explotadores, sin clases sociales.
Las actuales relaciones de fuerzas mundiales, regionales y nacionales presentan un panorama inmediato extraordinariamente complejo de revertir a favor de las clases dominadas. Aunque la actual crisis capitalista adquiere carácter de crisis de civilización y expone a diario sus límites y estadios de madurez destructivos, no ha provocado mecánicamente la rebelión triunfante de las clases subalternas en ningún lugar del mundo. Ello no significa que el capitalismo es el modo de producción definitivo de la humanidad. Simplemente significa que los desafíos políticos para las fuerzas anticapitalistas del mundo y de Chile resultan mucho más arduos que en otros períodos de la historia. Los sofisticados medios de alienación y los poderosos argumentos militares de la minoría que ordena el naipe mundial y chileno demandan una dirección política rebelde lúcida, creativa, despojada de dogmas y capaz de crear fuerzas y orientación a la luz de la síntesis del conocimiento político atesorado por la historia y la producción esencial de la lucha de los pueblos de la Tierra.
Los trabajadores y los pueblos tienen el deber político de emplear todas las formas de lucha existentes para la realización de sus intereses históricos, de acuerdo a las correlaciones de fuerza nativas e internacionales, los contextos dinámicos, la densidad de la lucha de clases, la conciencia de los dominados. Las formas de lucha, sin olvidar las cuestiones estratégicas al respecto, se resuelven en tácticas que conjuntan coherencia política y construcción de fuerzas. En este sentido, la lucha electoral, es decir, la participación en la arquitectura de representación y gobernabilidad política de los intereses de la clase dominante, es una táctica que, sin condiciones claras, se convierte en cretinismo, desesperación, ilusionismo y despeñadero seguro. A veces trágico, a veces ridículo.
¿Cuáles son las condiciones para que un instrumento anticapitalista como el MPT participe en las elecciones del formato democrático burgués reinante?
Si bien la sola existencia del MPT (Movimiento del Pueblo y de los Trabajadores) manifiesta ya una voluntad política y fuerza mínima de arranque, todavía queda un trecho no breve de consolidación, crecimiento incesante, fortalezas y unidad políticas, territorialización auténtica y luchas sustantivas en el cuerpo. El movimiento real de la lucha de clases condiciona la voluntad política de conducir-participando del MPT. Ni observador analítico, ni voluntarista desesperado. La cohesión estratégica y sin fisuras de fondo de las clases que dominan –más allá de las reyertas mediáticas de sus expresiones políticas- corresponde a una variable significativa a la hora de imaginar la construcción de la crisis “por arriba”, además de la organización blindada de la indignación social “por abajo”.
Sin discutir la naturaleza y devenir exactos de los gobiernos de impronta desarrollista, redistributiva y francamente progresista de Venezuela, Bolivia y Ecuador, es preciso constatar que tras cada una de estas experiencias que hoy aprovechan hasta sus límites las coordenadas aún no destruidas del Estado burgués y del propio capitalismo, existieron enormes movimientos populares, por un lado, y profundas crisis de gobernabilidad y legitimidad de la partidocracia tradicional, por otro. El “Caracazo” en Venezuela; las guerras del agua y el gas en Bolivia (además del poderoso movimiento social cocalero e indígena); y los movimientos sociales y originarios en Ecuador; por una parte, más el descrédito generalizado de las políticas antisociales representadas por sistemas de partidos políticos en estado terminal, por otra, crearon las condiciones necesarias para el éxito electoral de Chávez, Morales y Correa. En buenas cuentas, fueron las luchas sociales -verdaderas rebeliones de millares- y la acentuación, por tanto, de la lucha de clases junto a las crisis de gobernabilidad de las viejas componendas políticas, los fundamentos que propiciaron el arribo al gobierno, que no al poder, de proyectos políticos de inspiración popular y antiimperialista. En Chile, en tanto, nada de ello ha ocurrido todavía. Largo resultaría extenderse aquí sobre sus causas.
El empleo táctico de la lucha electoral tiene sentido toda vez que preexiste una fuerza social amplia, altamente organizada y con una dirección política acerada en luchas relevantes y aciertos populares. La representación de los intereses históricos de las clases subalternas en cualquier escala de la arquitectura del orden gubernamental burgués funciona como amplificador y facilitador para los objetivos estratégicos de las mayorías explotadas y oprimidas, siempre y cuando se mantenga en sintonía y subordinada a un movimiento popular realmente existente, y como parte de un complejo estratégico de poder. De lo contrario, los riesgos de cooptación, impotencia y desorientación política concurren inexorablemente, como lo ilustra la historia de Chile y del mundo.
Sobre las condiciones precedentes, los cargos de representación político electoral deben ser fruto del ejercicio democrático y poliético más amplio de la organización de los pueblos y los trabajadores. Los liderazgos sociales y políticos de las clases subalternas en el escenario de la representación burguesa deben ser refrendados, avalados y sujetos a la democracia popular. La revocación, la supervisión permanente e, incluso, los sueldos devenidos de los cargos de un concejal, un alcalde, un diputado, un senador, tienen, necesariamente, que estar bajo control popular. Las experiencias trágicas de corrupción de gobiernos de inspiración popular dañan imborrablemente las buenas iniciativas y sus sostenes políticos.
Los trabajadores y los pueblos no continúan votando por las expresiones políticas del poder por el hecho exclusivo de que “no hay más alternativas”. Eso es creer que la izquierda anticapitalista estaría perdiendo por “vocover” simplemente, desatendiendo el conjunto de variables profundas –asociadas a la megaindustria del consenso, el miedo, la alienación y el fatalismo, y al estado actual de las relaciones de fuerza en todo sus niveles- que explican la realidad planetaria y criolla transitoriamente debilitada de las fuerzas emancipatorias.
Si el MPT crece, cobra fuerzas, protagonismo popular, aun a escala local solamente, no debe desdeñar la táctica de la lucha electoral, por ejemplo en el 2011, en las elecciones municipales. Naturalmente, en aquellas comunas donde exista fuerza social auténtica y bajo las condiciones arriba anotadas. El anticapitalismo y el nuevo proyecto socialista para Chile debe armarse de paciencia, de unidad política y trabajo infatigable. Los tiempos políticos de los pueblos no siempre coinciden con los deseos justicieros de los revolucionarios. Hoy es la hora de organizar el voto nulo con contenido. Pero sólo es una táctica coyuntural, jamás un fundamentalismo dogmático. Y la precaución no es temor cuando el MPT se empeña cotidianamente en que un buen día las grandes mayorías se tomen definitivamente el cielo por asalto.


Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.