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T r i b u n a c h i l e n a

Opinion

ENTRE LEYES Y DERECHOS

Roberto Tello

Una ves mas los chilenos en el exterior, vemos como la clase política chilena, agita el debate sobre el derecho a voto para los chilenos de la diáspora. Piñera, el eterno obstaculizador del derecho a voto, arremete con un proyecto de ley, tan reaccionario, como ineficaz para la reparación del daño que causa el Estado chileno a todos los chilenos radicados fuera de Chile.  

 

Ahora, la iniciativa parece entrar en tierra de definiciones desde lo formal institucional, dado que los actuales promotores, cuentan con la sumatoria del poder político para votar un proyecto que sostiene serios cercenamientos al natural derecho de los chilenos en el exterior, de poder votar, elegir autoridades, o en el mejor de los casos, ser elegido autoridad.

 

Esta conculcación del derecho a voto, afecta a los chilenos en el exilio desde que se tranzo la salida de los militares con los civiles hace ya 20 años atrás. El pacto secreto, firmado a espaldas del pueblo chileno, que ha sido denunciado en numerosas ocasiones, incluso; develado por la misma realidad política y la praxis de los dos conglomerados –Alianza, Concertación-  que han concurrido en fortalecer los libelos jurídicos de facto con el que mantienen atada la voluntad popular y el desarrollo democrático de los chilenos de dentro y de fuera de Chile.

 

La ley antiterrorista y las fiscalias militares, son dos engendros jurídicos de neto corte reaccionario, que posesionan a Chile en el nivel mundial mas bajo de las garantías constitucionales que un Estado debe preservar para sus ciudadanos. La misma constitución de facto que los contiene, es un obstáculo para el desarrollo de la democracia y la participación de los chilenos en la actividad político social del país; falencia que acentúa, por otro lado,  la presencia de una convivencia social entre débiles, cada ves mas débiles,  y poderosos, cada ves mas poderosos. El estado, en manos de estos últimos, es una fortaleza de acceso inalcanzable para que los más débiles accedan a los instrumentos que este Estado debería otorgarles, con el fin de equilibrar las relaciones sociales, injustas de por si, por la naturaleza misma del sistema económico que les da forma, el capitalismo.

 

La concertación, es culpable de dar legitimidad a esta institucionalidad. La dirigencia socialista chilena, no ha disputado ni un palmo de esta institucionalidad de facto promoviendo los valores del socialismo como una forma de estructura política, social y económica, mas justa y mas solidaria, en reemplazo de esta caricatura de democracia; ni hablemos de arremeter contra el sistema capitalista, retomando el camino trazado por Salvador Allende, que aun en su romántica idea de construcción socialista de la sociedad chilena, permitió los avances sociales mas sustanciales que conozca nuestra siempre desigual historia política.

 

Es mas, lo que predomina como contexto estético cultural en la sociedad chilena, son los valores del consumismo irrefrenable, del arribismo mas indolente, del sálvese quien pueda, de la insolidaridad. Los más débiles estamentos de la sociedad, son arrastrados por esta estética y puestos en un plano de aparente igualdad de consumo con los sectores más poderosos económicamente, para establecer la perversa idea de que los chilenos, frente al mercado, somos todos iguales. Los chilenos que logran superar el timbre de época, buscan las formas de organizarse para llevar a cabo una lucha contra estos perniciosos efectos de la institucionalidad de facto heredada del pinochetismo.

 

Quienes han zafado del ataque de los mass media, son recapturados y entrampados por esta ley  antiterrorista, que es tan ambigua como efectiva para los intereses de los poderosos. Los sectores mas afectados por esta ley, son el pueblo Mapuche y las organizaciones populares en lucha contra el modelo; su institucionalidad, y porque no, el sistema económico por el que estos  se desplazan. Elena Varela, es un caso paradigmático de la aplicación de esta ley que, cuando resuelve incluso en favor de los procesados, deja una impronta de miedo social, al que cualquier chileno bien nacido teme se le caiga encima.

 

Este, ha tenido que ser el mandato de la dirigencia socialista en estos 20 años de estar en el poder; ayudar al pueblo chileno a desentramar toda esta legislación y su impronta estético cultural, promoviendo otros valores humanos relacionados con la construcción de un mundo diferente al actual.

 

Estos 20 años de gobierno concertacionista, desgastaron la esperanza de los mas pobres, que fueron atrapados por la lógica de la estructura política, que los coloco frente a al falso dilema de los dos males, uno mas perverso que el otro; así y todo, gano el peor de ellos, demostrando tanto la efectividad del método, como la miseria de sus ejecutores. No existe ninguna posibilidad, de derrotar la institucionalidad de facto en chile, sin la concurrencia de las masas populares. Los verdaderos socialistas chilenos, deben ayudar a la organización del campo popular fortaleciendo sus instituciones; sindicatos, movimientos sociales, ONG, centros vecinales, círculos profesionales y demás estamentos sociales, en función de ayudarlos a recrear un nuevo paradigma político,  social y económico, que garantice una sociedad realmente igualitaria.

 

Entonces, la lucha por el derecho a voto para los chilenos en el exterior, en el marco de las actuales relaciones sociales, constituye también, un inevitable enfrentamiento contra este modelo institucional de facto; la clase política que le da sustento y toda la estética cultural que los poderosos despliegan para mantener cautiva la subjetividad social de los chilenos en general. Por otro lado, debemos reconocer como imperioso, el hecho de ayudar a la construcción de la organización popular y reconocer en esta organización, la única y más poderosa herramienta para desterrar la  secular injusticia social en Chile, incluida aquella que recorta los derechos de los ciudadanos, se encuentren donde se encuentren.

Eric Toussaint: “Considero absolutamente necesario una estrategia europea del movimiento obrero y de los movimientos sociales”

Eric Toussaint: “Considero absolutamente necesario una estrategia europea del movimiento obrero y de los movimientos sociales”

Pepe Mejía

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Primera parte: Las experiencias en curso en Ecuador, Bolivia y Venezuela.

- Pepe Mejia: En América Latina estamos viviendo un cambio de las relaciones de fuerza con movimiento sociales ofensivos, radicales y transnacionales que han combinado reivindicaciones democráticas como las asambleas constituyentes, reconocimiento del Estado plurinacional y con orientación claramente antiimperialista, antineoliberal e internacionalista. ¿Se puede decir que los Gobiernos de Ecuador, Venezuela y Bolivia están realizando procesos de ruptura anticapitalista y de enfrentamiento global a las élites locales?

- Eric Toussaint. La respuesta es claramente negativa. No hay, en el verdadero sentido de la palabra, un proceso de ruptura anticapitalista si hablamos de medidas estructurales que cambian las relaciones de propiedad de manera determinante, que cambia la naturaleza del poder. En estos tres países tenemos sociedades capitalistas. Los grandes sectores de la economía están todavía en manos del gran capital nacional o extranjero. Una excepción parcial es el sector del petróleo en Venezuela donde la mayor empresa es pública y produce dos tercios de petróleo pero el Estado sigue un Estado burgués. No se han constituido órganos de poder popular basado en la autoorganización de los trabajadores de las empresas o de los sectores campesinos o indígenas. Son sociedades capitalistas que viven procesos muy importantes debido a sublevaciones sociales populares en los últimos veinte años. El “caracazo” en febrero del 89 en Venezuela, la enorme movilización en Venezuela contra el golpe del 11 de abril de 2002 o grandes movilizaciones populares en Ecuador que tumbaron a cuatro presidentes de derecha. Las grandes movilizaciones en Bolivia que derrumbaron a un presidente y que lograron renacionalizar, por ejemplo, el agua en Cochabamba en abril del 2000. Si se trata de caracterizar a estos tres gobiernos se diría que son gobiernos nacionalistas y antiimperialistas. Por ejemplo, en el gobierno de Rafael Correa en el Ecuador hay representantes directos de los grandes sectores privados. Hay una izquierda del Gobierno y claramente un sector orgánico con la burguesía ecuatoriana. Mientras que en Venezuela y Bolivia no hay representantes tradicionales del capital. Pero nace, al interior del aparato político del chavismo, lo que se llama la boliburguesía. Es decir, un sector del gobierno y del partido del gobierno que se está enriqueciendo de una manera muy acelerada y puede transitar, hasta lo que hemos conocido, en otras experiencias históricas como fue la revolución mexicana -a partir del Estado mexicano- en el nacimiento de una nueva burguesía dentro de un capitalismo de Estado.

- Pepe Mejia: Entonces, ¿estamos asistiendo a la gestión del gobierno y no tanto a ejercer el poder?

- Eric Toussaint. Lo que falta para mi es que existe una debilidad en el nivel de autoorganización de los sectores que podrían realmente cambiar de manera definitiva la correlación de fuerzas. Es decir, los asalariados industriales, los campesinos, los pueblos indígenas. Hay una falta de autoorganización y politización. Aunque hay logros, por supuesto, los movimientos y las sublevaciones populares de los últimos años han permitido acumular experiencias. La CONAIE en Ecuador, las organizaciones sindicales e indígenas de Bolivia, la Central Obrera Boliviana, que ha sido muy debilitada por el modelo neoliberal, pero que sigue con una cierta fuerza y en Venezuela, la Unión Nacional de Trabajadores y las experiencias incluso de ocupación de empresas, algunas experiencias de control obrero. No quiero tampoco decir que estamos en países donde solamente en el nivel del discurso es su apuesta en el socialismo Está claro que hay grandes sectores populares que quieren cambios socialistas. Pero desde gobiernos no hay una clara voluntad para hacer cambios estructurales de fondo. Si la presión no viene de las bases estos cambios no se darán.
Segunda parte: ¿Que pasa en el Norte?

- Pepe Mejia: Los mismos mercados financieros que han sido salvados gracias a los planes de rescate están ahora en pie de guerra contra el aumento de la deuda pública que esos planes han provocado. ¿Cómo va a incidir, en nuestra vida diaria, el aumento de la deuda pública y a cuánto asciende?

- Eric Toussaint. Ya estamos viviendo un viraje histórico dentro de un tren con una tendencia histórica que son las políticas neoliberales a partir de final de los setenta e inicios de los ochenta. Es decir, dentro del marco de una ofensiva del capital contra el trabajo tenemos una aceleración de esta ofensivo debido a la crisis del capitalismo que, como no encuentra una movilización social suficiente, decide profundizar la ofensiva. Vamos a tener en todos los países del norte una reducción del gasto social. Es decir, degradación de la situación en la enseñanza pública, en la salud pública, despidos masivos o no reemplazar a los funcionarios públicos que vayan a la jubilación, reducción de gastos en obras públicas, aumento de impuestos que pagan los asalariados y todos los sectores populares, aumento del IVA, aumento de la parte del presupuesto del Estado que va hacia el pago de la deuda pública que, a su vez, va a los tenedores de los bonos de la deuda pública que son los grandes bancos internacionales o fondos de pensiones privados, los grandes seguros. La población se verá afectada de manera muy directa. Lo vemos aquí en España con el ataque contra los jubilados, con la supresión del cheque bebé. Estas medidas son sólo el inicio porque este no será el último paquete con el que se saneará la economía.

- Pepe Mejia: ¿Y esto provocará tensiones sociales graves en Europa como estamos viendo en Grecia?

- Eric Toussaint. Bueno, primero, esto se va a generalizar. No se va a limitar a Grecia, España o Portugal. El FMI ya impuso medidas a Rumanía y Hungría en 2009. No habrá ningún país europeo exentos de estas medidas. Esto va a producir huelgas. La pregunta es si estas huelgas se producirán solamente en el marco nacional o si lograremos en los meses que viene o en el año que viene hacer converger huelgas a nivel europeo contra las políticas de la Comisión Europea y para conseguir otro modelo. Considero absolutamente necesario una estrategia europea del movimiento obrero y de los movimientos sociales. Pero la verdad es que la dirección sindical de la Confederación Europea de los Sindicatos no está dispuesta a lanzar un plan de movilización europeo. Estas direcciones sindicales siguen con la lógica de acompañar a los Gobiernos y tratar de aliviar un poco los aspectos más antisociales de los planes del Gobierno.

Tercera parte : La Cumbre Alternativa de los Pueblos Enlazando Alternativas celebrado del 14 al 17 de mayo 2010 en Madrid

- Pepe Mejia: ¿Cuál es su valoración de la Cumbre Alternativa de los Pueblos Enlazando Alternativas celebrado del 14 al 17 de mayo en Madrid, la cumbre/mitin Anticapitalista celebrado el pasado viernes 14 de mayo y la manifestación que recorrió las calles de Madrid el pasado domingo 16 de mayo?

- Eric Toussaint. A las mesas redondas y talleres de la Cumbre Alternativa acudieron unas dos mil quinientas personas y a eso hay que añadir los que hayan ido el lunes 17 de mayo a la reunión con los presidentes latinoamericanos. En la manifestación hubo seguramente más de seis mil personas y un excelente nivel de organización de los eventos. A nivel de contenidos pienso que una parte de las organizaciones que convocaron siguen con una orientación que evita pronunciarse sobre medidas anticapitalistas. Hay todo un sector que incluso consideran que los gobiernos de Lula o de Múgica en Uruguay o de Fernández en Argentina son gobiernos amigos, mientras que hay otro sector -que imagino que serán la otra mitad- consideran de manera muy crítica la orientación de estos gobiernos. Pienso esto porque en el Foro Social Mundial de Belem -celebrado en enero de 2009- hubo una apuesta más radical porque era evidente la amplitud de la crisis del capitalismo y había la esperanza de ver grandes movilizaciones sociales. Pero bueno, esas grandes movilizaciones tardan. No se vislumbra realmente una alternativa muy radical. En la manifestación del domingo 16/05/2010 en Madrid me impresionó el nivel de organización del grupo de Izquierda Anticapitalista, la presencia sindical de la CGT que se movilizó a favor de una huelga general. Se combinó el rechazo a la Cumbre Oficial con el rechazo al plan de Zapatero. Había una combinación de las dos cosas. El tema de la deuda pública y el tema de la política del FMI, que se está extendiendo tanto a todo el continente europeo y se mantiene en América Latina, ha hecho que se constituya una base de lucha común de todos estos movimientos populares para rechazar al FMI y abogar por una salida anticapitalista a la crisis capitalista internacional.

La represión por sospecha en Chile

La represión por sospecha en Chile

Andrés Fogueroa Cornejo

 

1. La delincuencia en Chile, al igual que en el resto del planeta, es resultado esencialmente de la miseria y la ignorancia. Salvo insignificantes porcentajes de patologías asociadas a comportamientos criminales, en cualquiera de sus formas, son las precarias condiciones materiales y culturales las que subyacen al fenómeno delincuencial. Al mismo tiempo, el fetiche de la mercancía, lejos ya de su condición puramente instrumental para la vida, y convertido en un fin en sí mismo, es reificación objetiva de la mercancía alentada obligatoriamente por el capital para la reproducción de sus relaciones sociales donde el hombre es un mero agente productivo o de consumo; asalariado, cliente y sujeto de deuda. Y  la condensación de la mercancía, o la mercancía de las mercancías, es el dinero. Esa demanda del capital –que se sostiene sobre la contradicción incontrarrestable que contiene la apropiación privada de la riqueza socialmente producida- es fomentada de manera totalizante y multidimensional a través de la incesante y ampliada construcción simbólica a través de las instituciones que mantienen el capitalismo y los medios de comunicación, en particular. Es decir, el innegable fenómeno de la delincuencia, también es provocado por el Estado y la clase que domina cuando convierte la mercancía en objeto de deseo, materia de satisfacción alienada, felicidad momentánea que compensa la realidad concreta de la mala vida, las relaciones de injusticia y desigualdad que gobiernan el movimiento del capital y sus expresiones en la cotidianidad de las grandes mayorías.
Por supuesto, la delincuencia amplificada, y la edificación del sentido común de habitar en medio de la delincuencia, son ámbitos nucleares del programa de la burguesía y sus partidos políticos. Al respecto, tanto en Chile como en casi todo el planeta, la delincuencia significa cualquier forma de perturbación del orden de las cosas. Delincuencia es cantar en la calle a todo pulmón; sustraer alimentos de un supermercado; ser joven y vestir y conducirse como tal; hacer una huelga; defender territorios originarios usurpados; cuestionar, incluso moderadamente, la propiedad privada; marchar por la calle por derechos sociales y contra abusos de toda índole; o vivir en una casa abandonada.
 
2. Los gobiernos de la Concertación dieron trágicas pruebas del empleo policial para reprimir al movimiento de trabajadores, al pueblo mapuche y al mundo poblador. Asesinatos de trabajadores en huelga (como Rodrigo Cisterna); de comuneros mapuche (Jaime Mendoza Collio,  Alex Lemún Saavedra, Matias Catrileo Quezada y Juan Collihuin Catril, entre otros); y jóvenes estudiantes y pobladores (como Claudia López), fueron hechos que conmovieron a la opinión pública y permanecen en la memoria profunda de los siempre castigados. Los operativos policiales, con renovado arsenal, realizaron allanamientos a discreción en casas ocupa, comunidades mapuche, locales sindicales, domicilios particulares; y reprimieron con nuevas tecnologías (el ex sub secretario del Interior, Felipe Harboe, el 11 de septiembre de 2008  estrenó    un carro policial que emite ondas de ultrasonido para disolver la protesta social en Lo Hermida), y nuevos formatos paramilitares. El actual paradigma policíaco-militar  post dictadura, se originó en los gobiernos de la Concertación. Tras el terremoto-maremoto del 27 de febrero, fue el gobierno de Michelle Bachelet quien dispuso el toque de queda y la militarización en las regiones del Maule y el Bío-Bío, epicentros de la tragedia, con fines de resguardar la gran propiedad privada. En términos de disciplinamiento jurídico antisocial, basta contar los más de 50 presos políticos mapuche, encarcelados en  el marco de la lucha por la recuperación de sus tierras.
 
3. Por eso, la nota aparecida en un matutino chileno donde se afirma que según fuentes de La Moneda –ahora tutelada por Piñera- estaría en curso una “nueva estrategia”  gubernamental para contener manifestaciones sociales y asfixiar conflictos rápidamente, no es del todo reciente y menos novedoso. El plan habría debutado “en el Día del Combatiente (29 de marzo), el 9 de marzo (Día de la Mujer), lo que se repitió el 1° de mayo y en el conflicto de la mina Collahuasi”. Las características esenciales del “nuevo” plan de represión por sospecha, es la combinación de la policía con fuerzas militares a la hora de contener eventuales o reales incidentes propiciados por el movimiento social en su madrugada.  Al parecer, la idea es abarrotar de uniformados los escenarios de concentración de trabajadores y pueblo; emplear “precautoriamente” –antes de que nada ocurra- gases lacrimógenos y detenciones arbitrarias. La intimidación busca amedrentar “por presencia”, por un lado, e incertidumbre popular, por otro. El último Primero de Mayo, locales sindicales y políticos fueron cercados y allanados, y alrededor de 150 personas fueron arrestadas antes de llegar siquiera a la marcha histórica de los asalariados, y sin más motivo que el criterio gratuito de fuerzas especiales de carabineros. De hecho, los aprehendidos fueron liberados horas después, sin cargo alguno. En la huelga de los mineros contratistas de Collahuasi (minera  todopoderosa del norte grande que produce el 3,3 % del cobre mundial), los trabajadores sufrieron la represión a través de el arribo, en un avión Hércules, de más de 300 efectivos policiales, el 12 de mayo y a más de 4 mil metros de altura. En Calama, ocurrió otro tanto, al día siguiente. El objetivo, en estos últimos casos, es volver irrepetible la gran movilización de los contratistas cupríferos de 2007 que abrió un nuevo ciclo de lucha de los trabajadores tercerizados. Por ello, el presidente del Consejo Minero (gremio patronal de la industria del cobre) afirmó al respecto que “Valoramos  y agradecemos que el gobierno haya ejercido su rol, tomando las medidas correspondientes, para exigir que se respete la legalidad vigente”.
La estrategia es sencilla y antigua. Primero represión por sospecha; y luego palo y duro contra los trabajadores y el pueblo; criminalización de la protesta y organización social; establecimiento de un Estado policíaco y militarizado; y defensa a ultranza de los intereses de los grandes capitales en desmedro de la vida de la gente.
Sin embargo, el capital y su gobierno de turno, no deben olvidar que en las peores condiciones de represión política, durante la década de los 80, amplias franjas de pueblo destruyeron el miedo e hicieron frente con creatividad de gigantes la peor dictadura militar de la historia de Chile. Y que Pinochet también trataba de delincuentes a sus opositores.
 

La Unión Europea rescata el proyecto neoliberal

Hace tres semanas, la Unión Europea decidió rescatar a Grecia, que estaba ahogándose en el mar de la deuda. Se autorizó un paquete por 110 mil millones de euros (80 de la UE y el resto del Fondo Monetario Internacional) para enfrentar los vencimientos más urgentes de su deuda soberana. El precio para el pueblo griego será una recesión profunda y larga por haber caído en la trampa de una prosperidad que nunca existió.

Con tanto jaleo, el barco de la Unión Europea se ladeó y comenzó a hacer agua. Los tripulantes vieron el peligro del efecto cascada que podría arrastrar a Portugal y España. Los arrecifes no estaban lejos: el desplome del euro se había convertido en una posibilidad real. Había que tomar medidas para evitar el hundimiento.

El 9 de mayo los dieciséis países de la eurozona se comprometieron a proteger al euro con un paquete de más de 500 mil millones de euros (mmde). Junto con otros 220 mmde provenientes del FMI, el blindaje alcanza la portentosa suma de 720 mmde. Por supuesto, esto significa que la condicionalidad de los paquetes del Fondo será el precio a pagar para los países rescatados.

Los medios bautizaron a la medida como un ejemplo del shock y espanto de la doctrina Powell al arrancar la triste guerra de Irak. La idea de esa doctrina era, recordarán los lectores, abrumar con un despliegue militar al enemigo para aniquilar rápidamente sus defensas y desmantelar sus centros de poder.

La metáfora es más que desafortunada. La guerra en Irak es un desastre, así que hay que preguntarse a quién está rescatando esta iniciativa. Para responder, hay que hacer un poco de historia.

El proyecto original de una Europa unida fue concebido como heredero del pacto social de la posguerra. Era el momento de la reconstrucción y la reconciliación, pero también el de la distribución mediante una política de ingresos que permitió una demanda agregada robusta. Ese era, a grandes trazos, el proyecto original de Jean Monnet para el Tratado de Roma de 1957.

Quince años más tarde, el derrumbe del sistema de Bretton Woods cambió las reglas de juego y al final, la Unión Europea alcanzó su plenitud en medio del frenesí neoliberal de los años noventa. Su creación más espectacular, la unión monetaria, nació al abrigo de la teología macroeconómica neoliberal cristalizada en el Tratado de Maastricht (1992): política monetaria obsesionada por la lucha contra la inflación, política fiscal comprometida con el dogma del presupuesto equilibrado y una política de contención salarial que llevaría a serios desequilibrios estructurales en toda Europa.

Aunque el esquema de Maastricht y del Pacto de estabilidad y crecimiento se descompuso antes de que estallara la crisis, los políticos y financieros jugaron a no darse cuenta. Y hoy que la crisis financiera y económica ha roto el paradigma de la economía neoliberal, los centros de poder político y financiero se resisten a abandonarlo.

Según Christine Lagarde, ministra de economía francesa, es sumamente útil tener al FMI participando en esta iniciativa de la UE debido a su experiencia en aplicar programas de estabilización y ajuste. Para Lagarde, el análisis del Fondo en los casos de Lituania, Hungría y Grecia fueron muy preciosos. Caray, qué bueno que a Sarkozy le da por reflexionar sobre las alternativas al capitalismo.

Al igual que la Reserva Federal, la Unión Europea sacó su maquinita de imprimir billetes. Ahora podrá comprar deuda soberana, pero la hipocresía del poder es ilimitada: esas operaciones sólo se llevarán a cabo en los mercados secundarios. Pero los países rescatados recibirán el trato que acostumbra otorgar el FMI. Ahora queda claro no sólo a quién van a rescatar, sino también a quién van a destruir: esta maquinaria quiere desmantelar los últimos vestigios del proyecto original de la Europa solidaria y próspera en el espíritu del Tratado de Roma.

A dos años de haber explotado la crisis neoliberal no se ha prohibido ni una de las transacciones financieras que sirven para especular, incrementar riesgos e intensificar la volatilidad. En cambio, se inicia la última ofensiva en la guerra para desmantelar lo que queda de una etapa en la vida del capitalismo en la que la solidaridad social y una norma salarial que permitía hacer frente a la deficiencia de demanda agregada importaban un poco. ¡Arriba la flexibilidad laboral!

Hoy el pueblo griego se retuerce en un asador en el que los sueños de una generación morirán. Es la misma suerte de la generación que fue sacrificada en México desde 1982 para poder pagar una deuda interminable. Veinticinco años de no invertir en salud, educación, vivienda o medio ambiente. Tiene razón el pueblo griego en rebelarse.

No hay que ser ingenuos. La crisis no es una patología que esporádicamente afecta al capitalismo. En el capital, la crisis no es un episodio del que uno se recupera para regresar a la norma. La crisis es el estado normal del capitalismo. El capital disfruta, vive y se nutre en la crisis.

Chile: Security Kids, controlados desde chiquitos

Chile: Security Kids, controlados desde chiquitos

Luisa Bustamante

En la edición del domingo 9 de Mayo el diario “El Mercurio”, en su sección “Economía y Negocios” página 2, informa que dos conocidos empresarios están trabajando en un negocio “que promete dar seguridad, pero además, información relevante sobre el comportamiento de los consumidores”. Este nuevo negocio consiste en proveer a los malls de una tecnología que permitirá a “un centro de monitoreo” tener a los niños vigilados en todo momento a través de una pulsera que se les colocaría. El proyecto se implementaría en Chile a partir del año 2011 en cinco malls que no se especifican. Sin embargo si se señala que la idea es extenderlo a otros lugares masivos.

Hasta aquí la noticia parece casi inofensiva y disponible para la “tranquilidad de padres”, pero en seguida se agrega que esta tecnología es un buen mecanismo para conocer el comportamiento del consumidor. Al entrar al mall, la persona queda conectada al centro de monitoreo por medio del bluetooth y así la pueden seguir en su recorrido. Uno de los socios dice: “Vamos a poder ver el comportamiento de los consumidores y así vincular productos o promociones a las necesidades de cada uno. Queremos llegar al consumidor con lo que busca”. La idea es que se pueda ver qué tiendas y pasillos son los más visitados y en proporción a esto efectuar la oferta y el precio de los arriendos.

Esta gozosa noticia mercurial, no se puede dejar pasar sin los comentarios que requiere la relación establecida entre vigilancia y consumo en una sociedad en que sus componentes son considerados, cada vez más, como clientes y no como ciudadanos.

Se trata de la apropiación en su totalidad del individuo para su rol de consumidor además de ser otra muestra de lo incorporados que están los niños como nicho atractivo de consumo para el mercado

El ensamblaje que se ha producido entre seguridad y mercado no es nuevo. Se viene intensificando desde las últimas décadas del pasado siglo, perfeccionándose en el joven siglo XXI. Se trata de un control ejercido sobre los individuos, encubierto por las necesidades del consumo y la tranquilidad social.

Vivimos en una sociedad panóptica

El panóptico fue el paradigma por excelencia de la vigilancia y control. Diseñado por Bentham a fines del siglo XVIII da una nueva estructura a la vigilancia y a la prisión, pero fundamentalmente a la relación de poder entre vigilante y vigilado. El mayor efecto del panóptico fue la funcionalidad de su principio ya que no sólo servía para vigilar a los detenidos, en su arquitectura de torre central-ojo-vigilante sino también para observar a los enfermos, los trabajadores o los escolares, por la versatilidad de su aplicación. Es la primera forma de invisibilidad del poder de control, que hoy, en nuestro siglo, ha sido perfeccionada por la cámara omnipresente.

Lo que fue una idea arquitectónica para vigilar y aislar locos y presos a fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX se ha transformado en una necesidad en el siglo XXI que, a diferencia del panóptico original, cuenta con la aceptación de los modernos vigilados. El Mall, el espacio que en las sociedades de consumo consagra la proyección de lo privado en lo público necesita de la cámara-vigilante, de los guardias observantes y de los detectores contra robos. La ciudadanía plácidamente sometida, los requiere. No hay cuestionamiento para los que observan en la impunidad de la sala de control. El voyerismo protector está asimilado y aceptado.

Se ha establecido una subjetividad positiva en torno a la vigilancia-seguridad por parte del cuerpo social, donde sólo se percibe la relación de seguridad de las que son beneficiarios, produciéndose una desmaterialización de la situación de poder ejercida sobre ellos, desvinculándola de los efectos de inteligencia y control subyacente detrás de ese imaginario pasaporte a la tranquilidad y protección. El temor-siempre-presente a la agresión, a la privación de sus pertenencias, a la “inseguridad familiar” impide que se focalice la mirada en la invasión a la privacidad que se lleva a cabo paulatinamente. Se produce una invisibilidad del poder: Si bien el ojo vigilante que lo re–produce está presente, la percepción del poder mismo no la está.

En una era donde los medios de comunicación, se han vuelto masivos, especialmente la televisión, el discurso de estos, refleja siempre la sensación de algo que está pendiendo sobre la sociedad. El relato, ya sea global o local, subjetiva este miedo indeterminado que toma diferentes formas sean estas posibles atentados desbaratados oportunamente por la policía, o fármacos peligrosos que deben ser retirados apresuradamente del mercado, dando cuenta de una latencia del temor dialéctica, en tanto las políticas de gobierno atemorizan, pero ofrecen la seguridad para esos temores.

Se percibe una manipulación del temor para asegurar el cumplimiento de los mandatos legales y el mantenimiento de las normas, pero al mismo tiempo se enfatiza en el estado de bonanza que permite a la sociedad desarrollar su quehacer cotidiano y al mercado desarrollarse sin turbulencias exógenas a las de su propia actividad. Así, las políticas de seguridad no sólo reprimen o prohíben, también producen tranquilidad y placer, y es esta cualidad la que dilucida porque se puede obedecer al poder y encontrar aceptación a políticas de control cada vez más restrictivas.

Esto es lo que el discurso legitima publicitando un sistema seductor que a través de su modelo imperante ofrece como compensación a las angustias las virtudes del consumo. Este, pilar fundamental del sistema, atrapa transversalmente a los distintos actores del cuerpo social quienes ven en la inseguridad un impedimento para la realización de sus deseos en el terreno del consumo y la entretención plegándose a los planes de control exigiendo mayor vigilancia, control y métodos represivos para los que amenazan la paz social. Se ha producido una apología del autocontrol. El propio cuerpo social se auto- vigila, se encapsula y se auto-controla.

Un poco de historia permite dar cuenta de la evolución que han tenido las políticas de seguridad y las diferencias entre las sociedades disciplinarias y las sociedades de control.

La disciplina va produciendo cuerpos dóciles que habilitados para la obediencia conforman un bios interactivo de un cuerpo social de asimilable docilidad; un ejemplo de ello fue el toque de queda o la rebaja de los sueldos y salarios en la dictadura militar. Así la disciplina se ha convertido en mecanismo eficaz de dominación. La acción disciplinaria actúa acondicionando el pensamiento y la sumisión. Su práctica asegura el comportamiento y la inteligibilidad en función del poder. Sin embargo, en el naciente siglo XXI, las sociedades disciplinarias han dado paso a las sociedades de control donde el cuerpo dócil e inteligible se ha convertido en un cuerpo aceptador, que por medio del deseo se convierte en unidad integrada de una estructura no sólo coercitiva sino también seductora que lo moldea y lo atrae al mismo tiempo para una deseada asimilación; en este caso un ejemplo es la publicidad que dice: “…Para todo lo demás existe la tarjeta Xcard.” Es esta posición de aceptación, casi gozosa, del cuerpo social lo que presupone la dificultad del desmontaje de las políticas coercitivas que entrecruzan la sociedad.

Estos dos dispositivos, tanto el disciplinario como el controlador o regulador no son excluyentes, se articulan uno sobre otro. En la sociedad del consumo ambos se cruzan transitando desde los cuerpos disciplinados hasta la población in-segurizada y por lo tanto sometida al control. Las técnicas disciplinarias se insertan en la multiplicidad del cuerpo social en la medida en que este necesita de los cuerpos individuales para controlar y vigilar. No obstante, hay que hacer notar que si bien es cierto, son los individuos los que se auto controlan, ya no se trata de desarrollar una disciplina o un autocontrol sobre un cuerpo individual; no es el individuo tratado en detalle, ahora se trata de intervenir con dispositivos globales que produzcan resultados también globales.

Tomando en consideración lo anteriormente expuesto, no es de extrañar que el “nuevo negocio tecnológico” tenga una entusiasta aceptación y no se prevean los insospechados usos que en el transcurso del tiempo, este pueda tener. Tampoco sabemos cómo pueda afectar el acostumbramiento desde niño a llevar una pulsera de control, similar al mecanismo que llevan los presos en los talones. Lo que si sabemos o por lo menos sospechamos, es que el control se ha posesionado de nuestra sociedad con nuestro permiso. Es nuestro deber impedir que las palabras de George Orwell en su libro 1984, se hagan realidad:

"En el pasado, ningún gobierno había tenido el poder de mantener a sus ciudadanos bajo una vigilancia constante. Ahora la Policía del Pensamiento vigilaba constantemente a todo el mundo".

¿Será muy tarde?

Luisa Bustamante es egresada de Sociología, Universidad de Arte y Ciencias Sociales, ARCIS. Diplomada en Estudios griegos y Bizantinos. U de Chile.

Chile: El descrédito popular de Piñera y la Concertación

Chile: El descrédito popular de Piñera y la Concertación Andrés Figueroa Cornejo

1. A casi un 11 % llegó el desempleo en el Gran Santiago durante el primer trimestre de 2010, de acuerdo a la medición del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile. Antes de la crisis económica de 2009, la cesantía en la Región Metropolitana alcanzaba el 8 %. Sin embargo, la investigación realizada por la principal y más confiable Casa de Estudios Superiores del país, no evalúa el empleo en el resto de Chile, donde se ubica la zona sur, devastada económica, social y materialmente por el terremoto-maremoto del pasado 27 de febrero.
Por su parte, el gubernamental Instituto Nacional de Estadísticas, INE, en su último informe comunica que “Del total de población del país (17.031.440 personas), la población en edad de trabajar (15 años y más) se estima en 13.198.890 personas, de las cuales 7.613.820 forman parte de la fuerza de trabajo en un sentido estricto. Adicionalmente se identifican 1.099.940 inactivos potencialmente activos y 87.860 iniciadores de alguna actividad productiva futura, mientras que 4.397.280 son personas inactivas de manera más habitual”. Ahora bien, el INE cuenta como empleadas a “Aquellas personas que hayan realizado algún trabajo durante la semana de referencia, de al menos 1 hora de duración y hayan percibido al momento o posteriormente algún tipo de pago (dinero o especies)”. Con ese criterio es entendible que esa institución estatal hable de un 9 % de cesantía a nivel nacional en el primer trimestre del año, enterrando sus cifras y metodología en la fosa de las cosas inútiles para comprender la vida real.
En otro sentido, esta vez el estudio de la Universidad de Chile, señala que los principales problemas que advierte la ciudadanía corresponden a la seguridad, “la falta de empleo”, y los efectos de la catástrofe sísmica (que continúa con sus réplicas). Resulta evidente que existe una relación sistémica entre la percepción de la preocupación sobre la delincuencia y el miedo a perder el trabajo. Más allá, de la propaganda programada por todos los medios de que dispone el poder con objetivos de control social e inmovilismo a toda escala, la delincuencia, de tener un aumento objetivo, se liga estructuralmente con la contracción de las plazas de trabajo. Ello es histórico y socialmente vinculante con la alta cesantía.

2. La patronal Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) informó una caída productiva de un 19,4 % en marzo, respecto del mismo mes de 2009. Es la peor baja industrial desde julio de 1982, cuando se desplomó un 20,5 %, en el marco de la recesión económica que creó las condiciones para la ampliación de la protesta social en plena dictadura pinochetista. El presidente de la SOFOFA, Andrés Concha, indicó que “La producción industrial es hoy un 25 % más baja que el 2008”. Asimismo, Concha afirmó que, según los números, el Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) será de -4 % en marzo. En Chile, la industria corresponde a, más o menos, el 16 % del Producto Interno Bruto (PIB). En este sentido, el economista jefe de Banchile, Rodrigo Aravena, dijo que la debacle del Imacec “Implica que entre la crisis subprime y el terremoto se habría deshecho todo el crecimiento acumulado desde 2007 en adelante.”
Pese a lo anterior, la industria financiera registró un 53 % de crecimiento de sus utilidades el primer trimestre de 2010 en relación al trimestre anterior; mientras el retail creció casi un 40 %. Es decir, la industria del crédito para personas y empresas amplificó sus ganancias a expensas de un aumento del endeudamiento y sus intereses.

3. En otro ámbito, de acuerdo al informe de Aduanas, las exportaciones chilenas a China alcanzaron los 4.008 millones de dólares el primer trimestre de 2010. Las cifras comparadas con el mismo período del año pasado hablan de un aumento de un 98 %. Los envíos a Estados Unidos cayeron un 14 %, quedando como el segundo país, luego del gigante asiático, en el plano exportador. Mientras el 65 % de los productos egresados de Chile corresponden a cobre y derivados, los embarques de uva se hundieron un 31 % en relación al primer trimestre de 2009 debido a las prácticas proteccionistas de esa industria en Estados Unidos.

4. La administración Piñera presentó los detalles de su agenda “corta” en materia laboral. Se trata de una Bolsa Nacional del Empleo que será organizada por la página www.trabajando.com, que ganó la licitación y que comenzará a funcionar en septiembre del presente año. Se continuará con las políticas de capacitación -inauguradas por la Concertación el 2009- que ofrecerán las empresas, subsidiadas por el Estado por medio de franquicias. Es así que los empresarios que adopten los cursos podrán descontar de los salarios de los propios trabajadores un 1, 25 % anual. Finalmente, con fines eminentemente ideológicos, el gobierno impulsará escuelas sindicales. En rigor, la bolsa de trabajo vía Internet no garantiza empleo y se agrega al listado de páginas de búsqueda y ofertas laborales que ya existen hace años, cuya utilidad no es distinta que el avisaje convencional de los periódicos. Las capacitaciones las pagarán los propios trabajadores dos veces: una a través del subsidio estatal (es decir con recursos de los impuestos de todos los chilenos), y otra mediante el descuento directo a sus propias remuneraciones. Y las escuelas sindicales se reducirán a exposiciones tendientes a la domesticación de la organización de los asalariados y su subordinación al capital.

5. La política, por arriba, ha estado marcada por los tira y afloja del Plan de Reconstrucción de Piñera para enfrentar las consecuencias trágicas del terremoto. La Concertación aprobó la insuficiente e inofensiva Ley de Donaciones de la derecha histórica y el impuesto al tabaco, pero se resiste a dar su visto bueno al aumento “de macetero” de los impuestos al gran capital, que, en rigor, serán retornados a través de beneficios tributarios. Asimismo, mientras los asesores de Piñera cabildean la posibilidad de aumentar el royalty a las empresas privadas del cobre entre un 5 % a un 8 % de manera voluntaria (!) y según rangos de utilidades; el gobierno de Australia estudia la aplicación de un impuesto de un 40 % a las ganancias de las compañías de recursos naturales, entre ellas, las mineras. De hecho, la gigante BHP, que también tiene fuerte presencia en Chile, considera que los impuestos sobre sus operaciones en el país de Oceanía se incrementarán de un 43 % a un 57 %.
Ahora bien, que la derecha histórica adopte medidas antipopulares, privatizadoras respecto del cobre y los servicios públicos; que su vocación de servicio se reduzca a la caridad feudal; que reprima con celeridad de relámpago la movilización (el miércoles 28 de abril impidió con volúmenes insoportables de gases lacrimógenos la concentración estudiantil contra el alza del pasaje del trasporte público, y el 1 de mayo, Santiago estuvo sitiado por fuerzas especiales de carabineros); y que haga de los medios de comunicación, de los cuales son dueños, el modo privilegiado de “sensación participativa e informativa”, no tiene nada de extraño. Está en su naturaleza. Lo que resulta del todo paradójico y poco creíble, es el mea culpa permanente de los personeros de la Concertación, hoy convertidos en novísimos “críticos” más o menos constructivos, de las iniciativas de la derecha histórica. El socialista Arturo Martínez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, amenazó con un llamado a paro nacional de ingresar al Congreso la ley que limita los años de indemnización por años de servicio. Pero esa propuesta de ley fue realizada hace años por el ex senador socialista Carlos Ominami, padre y mentor político del ex candidato a la presidencia, Marco Enríquez-Ominami. Además, la actual ministra del Trabajo ha sacado de la agenda el tema para no enrarecer sus relaciones con la opinión pública. Es decir, Martínez –utilizado concientemente por sectores de la Concertación para “abuenarse” con los trabajadores- realiza amenazas peregrinas que no alcanzan siquiera para golpear mediáticamente. Ahora la Concertación se interesa por el tema de los impuestos al gran capital que opera en Chile, cuestión que jamás hizo de manera significativa durante los 20 años en que ocupó el Ejecutivo. Lo que ocurre es que hoy procura instaurarlo Piñera; independientemente de que el impuesto resulte inocuo, acotado y mínimo; y de que, en general, la política impositiva en Chile es una de las más bondadosas con el capital en todo el planeta y no toca una sola pieza de los aspectos estructurales que determinan las relaciones de desigualdad extrema que gobiernan la sociedad desde hace tres décadas. La Concertación, a casi dos meses de su desalojo de La Moneda, continúa dando palos de ciego, mientras el pueblo trabajador arroja monedas a sus líderes. Su reordenamiento se ve distante y opaco. Es cierto que la UDI muerde permanentemente los tobillos de Piñera; pero también es cierto que el desprestigio y falta de credibilidad pública de la componenda concertacionista aumentan junto a su escasez de claridad y coherencia política. Frente a la gente común y silvestre, la que mal vive de un sueldo y todavía aguza preocupadamente los sentidos ante las réplicas del terremoto, tanto la derecha tradicional, como la Concertación y sus rencillas de comedia descafeinada, corresponden a pesares que hay que sufrir en el noticiero antes del deporte. La casta política que legitima fotográficamente la democracia sin pueblo para la reproducción legalizada del capital contra el trabajo, pierde interés y autoridad popular cada día que pasa.

Andrés Figueroa Cornejo (Tribuna chilena)

Mayo 4 de 2010

Otra vez se trata de cobre. Los trabajadores contra la privatización del Cimm T & S

Otra vez se trata de cobre. Los trabajadores contra la privatización del Cimm T & S Andrés Figueroa Cornejo

“…mantener en el futuro bajo el alero estatal a (empresas)…como Cimm T & S…no parece ya tener justificación suficiente, por lo que convendría abrir un debate amplio sobre la conveniencia de enajenarlas.” Editorial de El Mercurio, sábado 17 de abril de 2010.


Los trabajadores del Centro de Investigación Minero Metalúrgico –Tecnología y Servicios, están en pie de guerra ante la eventual privatización de esa empresa ligada al Estado.
¿Las causas? La voluntad política del actual gobierno de echar mano a propiedad fiscal asociada al cobre, como el caso de la Empresa Eléctrica del Norte Grande S.A. (Edelnor); una larga historia de intentos por liquidar Cimm T & S desde la dictadura, pasando por los gobiernos de la Concertación; y hasta por las señales mediáticas que ha ofrecido la prensa vinculada a los grandes intereses privados para presionar sobre su posible enajenación.


EL ORIGEN


Ramón López es Presidente de la Federación Nacional de Trabajadores de Cimm T & S. En la empresa laboran actualmente “1.800 trabajadores que rentan entre 350 a 400 mil pesos mensuales. El 85 % está sindicalizado, y el promedio de permanencia en la institución es de 12 años.”
La nave nodriza de Cimm T & S es Cimm, un centro de investigación cuprífero que nació a finales del gobierno de Frei Montalva. Su creación fue iniciativa del entonces, ministro Sergio Molina, en el contexto de la “Chilenización” del metal rojo (51 % propiedad estatal, 1969).
Cimm surgió como una corporación de derecho privado con fuerte respaldo estatal, con el objetivo de realizar investigación tecnológica al servicio de la explotación cuprífera del país. Durante el gobierno de la Unidad Popular cobró mayor fortaleza ante la nacionalización del cobre.
El consejo de la empresa está conformado por personas ligadas al gobierno central, más el Instituto Chileno Minero.
Ramón López señala que Cimm “Lo administra el Fisco, pero nunca ha estado en el presupuesto de la nación. Sin embargo, antiguamente los aumentos de salario de los trabajadores pasaban por tres ministerios: Justicia, Minería y Hacienda.”


EL AUTOFINANCIAMIENTO OBLIGADO


A mediados de la década de los 80’ del siglo pasado, el ortodoxo neoliberal, Hernán Büchi, era ministro de Hacienda de Pinochet y comenzó a desabastecer de financiamiento estatal a Cimm. En 1988 la corporación ya carecía de todo recurso fiscal y, por tanto, se vio condenada al autofinanciamiento a través de la venta de servicios en los ámbitos de la hidrometalurgia, análisis químico, muestreo, etc. Paulatinamente, la empresa comenzó a abandonar las labores de investigación por razones de costos.


LA CONCERTACIÓN SIGUE EL MISMO CAMINO


En el gobierno de Patricio Aylwin llegó a presidir la institución Ricardo Badilla. Bajo el brazo traía 4 millones de dólares del Estado para recomponer la empresa. En la madrugada de los 90’ había alrededor de 700 personas trabajando en el Cimm. Badilla –que hoy se desempeña en el área privada- quiso concentrarse sólo en la investigación a costa de cientos de puestos de empleo. Sin embargo, la medida fue detenida por los propios trabajadores.
Más tarde, en 1995, las autoridades decidieron organizar un holding a partir de Cimm: servicios; capacitación; e Instituto Tecnológico. Pero ni el Instituto, ni la capacitación tuvieron éxito. Codelco absorbió el Tecnológico y lo convirtió en el Instituto de Innovación en Minería y Metalurgia en 1998. Con el tiempo, el Cimm fue orientándose a estudios de impacto ambiental relacionados con la industria del cobre. La única rama que quedó del holding fue Cimm Tecnología y Servicios, independiente ya del Cimm “madre”.


EL NACIMIENTO DEL CIMM T & S


Cimm T & S se transformó en una Sociedad Anónima en 1997, y el presidente del directorio fue Ernesto Tironi (hermano de Eugenio).
El Presidente de la Fenatracimm explica que “el objetivo de Tironi era vender la empresa. Pero mucha gente que se formó en el Cimm histórico, pasó a Cimm T & S. Se trata de una columna de técnicos y profesionales con gran sentido de identidad y equipo. Esa columna, junto a los trabajadores y al gerente general, Leopoldo Contreras, se resistieron a la venta.”
De este modo, se vive un nuevo impulso de la empresa. Llega a haber 2.400 trabajadores. Es la época dorada de Cimm T & S. Se realizan servicios a las mineras Escondida, Collahuasi, Codelco, Andina, Pelambres, El Teniente, y otras. Bajo esa administración se alcanzaron utilidades de 2.500 millones de pesos.
López afirma que “El apogeo duró hasta el 2008, cuando despidieron al gerente Leopoldo Contreras. Entonces la columna del Cimm histórico que se dedicaba a conseguir los proyectos para la institución, empieza a descomponerse”.
Leopoldo Contreras (que era partidario de Adolfo Zaldívar) cayó en desgracia cuando el “Colorín” perdió la presidencia de la Democracia Cristiana.
Entonces aterrizó en la empresa Cristian Nicolai, otro democratacristiano, junto a miembros del Partido Radical en 2008.
“Nosotros advertimos que tras la llegada de Nicolai hay una jugada claramente privatizadora”, dice Ramón López. “Los trabajadores dimos una fuerte lucha y exigimos participar en el futuro de la empresa, pero Nicolai siempre se negó a ello.”


ÚNICO OBJETIVO: VENDER LA PRENDA


Hasta ahora, los trabajadores han logrado detener la privatización de la corporación, mientras las amenazas de su venta aumentan.
Durante el 2008, “los trabajadores planteamos que nosotros mismos fuéramos los dueños de la empresa. Pero el directorio de Cimm T & S avaluó la empresa en inalcanzables 18 mil millones de pesos. Logramos una victoria transitoria: detuvimos la venta y ganamos un 2009 de paz. Hasta ahora.”, indica el dirigente sindical.
En la actualidad, el Gerente General de Cimm T & S es Yanco González, que no garantiza la no privatización. Con la asunción de Piñera al gobierno se multiplican los temores para los trabajadores.
“Nosotros queremos saber qué va a suceder. Hemos buscado el diálogo, pero Yanko González se niega a darnos una respuesta. Hemos solicitado desde hace un mes una reunión con el Presidente del consejo del Cimm madre, Luis Riveros, ex Rector de la Universidad de Chile; pero no hemos obtenido contestación. También pedimos una cita con el subsecretario de Minería, Juan Antonio Coloma (hijo del Senador y Presidente de la UDI del mismo nombre). Tampoco hay respuesta.”

-¿Qué pasa si se privatiza Cimm T & S?

“Se pierde organización de trabajadores, empleo, industria nacional. Chile se vuelve menos soberano y más dependiente del capital extranjero y los privados. Se pierde país.”
Los trabajadores no duermen. Y están convencidos de dar la pelea por defender, tanto los servicios nacionales dispuestos para la explotación del principal recurso natural de Chile, como sus fuentes de trabajo.

Andrés Figueroa Cornejo

En relación al Día Internacional de los Trabajadores: El papel del trabajo en la transformación del hombre en mono

En relación al Día Internacional de los Trabajadores: El papel del trabajo en la transformación del hombre en mono Marcelo Colussi

En el año 1876 Federico Engels presentaba su ensayo "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre". Explicaba ahí cómo el trabajo cumple la histórica misión de ir creando un ser cualitativamente nuevo a partir de una especie anterior. Es decir: el trabajo como actividad creadora comenzaba a transformar la naturaleza y abría un capítulo novedoso en la historia. .

Nunca hasta ese entonces –dos millones y medio de años atrás según lo que hoy día las ciencias arqueológicas pueden establecer– un animal había modificado consciente y productivamente su entorno. La actividad de las hormigas, de las abejas o de los castores, grandes "ingenieros" por cierto, no puede ser considerada una acción laboral en sentido estricto. Todas estas especies repiten desde tiempos inmemoriales su carga genética, no inventan nada nuevo, no se "desarrollan" y jamás, desde hace millones de años, evolucionaron en la forma de realizar su producción (los hormigueros o los panales son iguales desde siempre). Fue cuando nuestros ancestros descendieron de los árboles y comenzaron a tallar la primera piedra cuando puede decirse que hay "trabajo" en sentido humano, como actividad creadora, como práctica que transforma el mundo natural y va transformando al mismo tiempo a quien la lleva a cabo. Y desde que arrancó esa primera actividad con el primer homo habilis –en África, en lo que hoy es el norte de Tanzania– la evolución ha sido continua y a velocidades cada vez más aceleradas. En esa perspectiva, entonces, el papel del trabajo –como lo afirmara Engels– ha sido fundamental: fue la instancia que "creó" al ser humano. Pasamos de monos a seres humanos por el trabajo.


Es en esa lógica que tiene sentido entonces lo dicho por Hegel: "el trabajo es la esencia del ser humano". Gracias al trabajo dejamos de ser monos, nos civilizamos, dejamos atrás el mundo animal y fuimos construyendo un ámbito enteramente simbólico: fue quedando superado el instinto reemplazándose por la cultura.


La historia del ser humano, en definitiva, es la historia en torno a cómo fue organizándose ese acto tan especial, tan fundamental y definitorio que es el trabajo. Desde que nuestra especie pudo producir más de lo que necesitaba para sobrevivir, desde que hubo excedente, empezaron los problemas. Alguien –el más fuerte, el más listo, el más sinvergüenza, no importa– se apropió del excedente y surgieron las diferencias de clase social. Y así venimos hace ya varios milenios, a los tropezones, entre luchas a muerte entre poseedores y desposeídos, entre guerras y violencia ("la violencia es la partera de la historia" dijo Marx). Los que quedaron como propietarios en esta lucha de clases –sean amos esclavistas, casta sacerdotal, señores feudales, o más recientemente burguesía industrial, accionistas, banqueros, etc.– no ceden ni un milímetro de sus privilegios. Por otro lado, las grandes mayorías perjudicadas, que son los verdaderos productores de la riqueza social, los auténticos trabajadores –esclavos, campesinos pobres, obreros industriales, asalariados de toda laya (inclúyanse ahí los trabajadores intelectuales), etc.– arrancan beneficios y mejoras en sus condiciones de vida sólo a través de una lucha denodada contra sus opresores. Esa es la dinámica de la vida social. Si el trabajo es la esencia de nuestra existencia, tal como están las cosas lo menos que puede decirse es que sea placentero para las enormes mayorías trabajadoras. Mientras el trabajo siga siendo explotado por alguien –enajenado, para decirlo con el término de los clásicos, alienado– seguirá siendo una pesada carga para quien lo hace.


Esa es la historia de los trabajadores a través de estos 12.000 años desde que podemos reconstruir medianamente la historia: quien realmente produce, quien trabaja y crea la riqueza de las sociedades, está excluido de su aprovechamiento. Parece mentira que pequeñas minorías sean las que se apropian del producto del trabajo de enormes mayorías, pero esa es nuestra historia como especie. Hasta ahora no parece muy cierta esa máxima de "el trabajo hace libre", perversamente instalada en el campo de concentración de Auschwitz donde miles y miles de judíos fueron forzados a trabajar como esclavos hasta su muerte por los nazis. En estas condiciones de sociedad con clases sociales, ¿de qué nos libera el trabajo?


El mundo moderno basado en la industria que inaugura el capitalismo hace ya más de dos siglos ha traído cuantiosas mejoras en el desarrollo de la humanidad. La revolución científico-técnica instaurada y sus avances prácticos no dejan ninguna duda al respecto. Si bien es cierto que en los albores de la industria moderna las condiciones de trabajo fueron calamitosas, no es menos cierto también que el capitalismo rápidamente encontró una masa de trabajadores que se organiza para defender sus derechos y garantizar un ambiente digno, tanto en lo laboral como en la vida cotidiana. El esclavismo, la servidumbre, la voluntad omnímoda del amo van quedando así de lado. Los proletarios asalariados también son esclavos, si queremos decirlo así, pero ya no hay látigos.


Ya a mediados del siglo XIX surgen y se afianzan los sindicatos, logrando una cantidad de conquistas que hoy, desde hace décadas, son patrimonio del avance civilizatorio de todos los pueblos: jornadas de trabajo de ocho horas diarias, salario mínimo, vacaciones pagas, cajas jubilatorias, seguros de salud, regímenes de pensiones, seguros de desempleo, derecho de huelga. A tal punto que para 1948 –no ya desde un incendiario discurso de la Internacional Comunista decimonónica o desde encendidas declaraciones gremiales– la tibia Asamblea General de las Naciones Unidas proclama en su Declaración de los Derechos Humanos que “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.” Es decir: se consagran los derechos laborales como una irrenunciable potestad connatural a la vida social.


Vemos así que hacia las últimas décadas del pasado siglo esos derechos ya centenarios podían ser tomados como puntos de no retorno en el progreso humano, tanto como cualquiera de los inventos del mundo moderno: el avión, el televisor o la computadora. Por cierto estos avances sociales no son sólo patrimonio socialista: las conquistas laborales son ya mejoras de la humanidad toda. Pero las cosas cambiaron últimamente. Cambiaron en forma demasiado drástica, a gran velocidad. Y cambiaron a favor de las pequeñas minorías que manejan el mundo perjudicando a la mayoría de la población mundial, al amplio campo de los trabajadores.


Con la caída del bloque soviético hacia fines del siglo XX el gran capital se vio triunfador. En realidad no fue que terminó la historia ni las ideologías: ganaron las fuerzas del capital sobre las de los trabajadores, lo cual no es lo mismo. Ganaron, y a partir de ese triunfo comenzaron a establecer las nuevas reglas de juego. Reglas, por lo demás, que significan un enorme retroceso en los avances sociales que mencionábamos. Los ganadores del histórico y estructural conflicto –las luchas de clases no han desaparecido, aunque no esté de moda hablar de ellas– imponen hoy más que nunca las condiciones, las cuales se establecen en términos de mayor explotación, de pérdidas de conquistas por parte del mundo de los trabajadores. En otros términos, a fines del siglo XX y comienzos del XXI se llegó a condiciones de vida como en el XIX. La manifestación más evidente de este retroceso es la precariedad laboral que vivimos, la que se presenta disfrazadamente con el oprobioso eufemismo de "flexibilización" laboral.


Todos los trabajadores del mundo, desde una obrera de maquila latinoamericana o un jornalero africano hasta un consultor de Naciones Unidas, graduados universitarios con maestrías y doctorados o personal doméstico semi analfabeto, todos y todas atraviesan hoy el calvario de la precariedad laboral ("flexibilización", para usar el término de moda).


Aumento imparable de contratos-basura (contrataciones por períodos limitados, sin beneficios sociales ni amparos legales, arbitrariedad sin límites de parte de las patronales), incremento de empresas de trabajo temporal, abaratamiento del despido, crecimiento de la siniestralidad laboral, sobreexplotación de la mano de obra, reducción real de la inversión en fuerza de trabajo, son algunas de las consecuencias más visibles de la derrota sufrida en el campo popular. El fantasma de la desocupación campea continuamente; la consigna de hoy, distinto a las luchas obreras y campesinas de décadas pasadas, es "conservar el puesto de trabajo". A tal grado de retroceso hemos llegado, que tener un trabajo, aunque sea en estas infames condiciones precarias, es vivido ya como ganancia. Y por supuesto, ante la precariedad, hay interminables filas de desocupados a la espera de la migaja que sea, dispuestos a aceptar lo que sea, en las condiciones más desventajosas. Así las cosas, no se ve por ningún lado que el trabajo "nos haga libres".


Según datos de Naciones Unidas 1.300 millones de personas en el mundo viven con menos de un dólar diario (950 en Asia, 220 en África, y 110 en América Latina y el Caribe); hay 1.000 millones de analfabetos; 1.200 millones viven sin agua potable. En la sociedad de la información, la mitad de la población mundial está a no menos de una hora de marcha del teléfono más cercano. Hay alrededor de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI: la Organización Internacional del Trabajo reporta cerca de 30 millones), la explotación infantil o el turismo sexual continúan siendo algo frecuente. El derecho sindical ha pasado a ser rémora del pasado. La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más aún por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas. Según esos datos, también se revela que el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares –que pueden caber en un Boeing 747– supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial. Trabajar, pareciera, no libera de mucho. Por eso, ante ese trasfondo patético, resalta como una más que apetecible salida ser deportista profesional, o narcotraficante. Ser mafioso ya no queda tan mal; se gana bien y no se trabaja…


En definitiva: en las condiciones en que el gran capital ha comenzado este nuevo milenio con un triunfo a escala planetaria que lo hace sentir imbatible, el trabajo, en todo caso, más bien nos transforma en monos, nos torna más animales. Y ante ello se ofrece como una salida infinitamente más atractiva para cualquier trabajador el negocio del narcotráfico: se gana mucho más trabajando muchísimo menos.


Pero la historia no está terminada.


Estas últimas décadas fueron de retroceso para los trabajadores, ello es evidente. Pero la lucha sigue. Nadie dijo que la lucha fuera fácil. Si miramos la historia queda claro que sólo con enormes sacrificios se van cambiando las cosas. Y sin dudas, aunque hoy pareciera que nos acercamos más al mono debido a estos retrocesos sufridos, de nosotros, de nuestras luchas depende recuperar el terreno perdido y seguir avanzando más aún como trabajadores, y como especie en definitiva. Recordemos las palabras de Neruda: "podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera".