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Opinion

Comandante Salvador: y los que nunca traicionaron.

Comandante Salvador: y los que nunca traicionaron.

Por Roberto Tello

Con estupor leí hace unos días atrás, las declaraciones del compañero Rafael Araya Masry, sobre Galvarino Apablaza realizadas en defensa  del pedido de refugio otorgado por el gobierno argentino que cerró definitivamente el caso en cuestión.

Quisiera plantear algunas dudas relacionadas con los argumentos esgrimidos por Araya sobre la actuación de algunos dirigentes  del PS chileno y sus posiciones frente a estos hechos. Aclaro, que concuerdo con los dichos de Araya respecto de la legitimidad de la decisión soberana que el gobierno Argentino tomo a este respecto y sobre las maniobras netamente revanchistas que la derecha chilena pretende simular bajo ardides legales netamente fascistas, como los contenidos de la ley antiterrorista, que pretenden aplicar a los luchadores sociales chilenos, como lo están haciendo con los compañeros mapuches.

El foco de mis dudas, esta relacionado con el carácter de enfermos que Araya le otorga a los traidores del PS chileno, que pedían vociferantes, que el compañero Apablaza fuera extraditado a Chile. La osadía del argumento de Araya, esta puesta en este preciso punto, en donde los traidores del PS, pasan a ser unas pobres victimas del engranaje institucional de facto que los tiene cautivos (¿?) y les provoca esta alteración sicológica denominada “Síndrome de Estocolmo” que los lleva a actuar en complicidad con los que en teoría serian sus captores. Lo que Araya nos intenta decir, es que la cúpula del PS chileno, sigue secuestrada por la derecha política que tiene como jefe de la banda al actual presidente de Chile y que no pueden hacer otra cosa que votar en consonancia con los intereses de esta derecha por encontrarse bajo los efectos de este síndrome. Es decir,  que cuando estos delincuentes votan o legislan en contra de los intereses de los trabajadores y el  pueblo chileno y Mapuche, en realidad, no lo están haciendo por que sean traidores, sino, porque están enfermos.

Para Araya, el cautiverio de la cúpula del PS a manos de la derecha  continua, ya que estos, siguen actuando bajo  los efectos del  síndrome de Estocolmo, si estuvieran libres, la patología se dejaría de expresar y tendríamos quien sabe; a los Escalonas, shilling, Andrade, etc. etc., corriendo por las poblaciones obreras de Chile, organizando a los proletas para combatir a la derecha chilena que entrega nuestro patrimonio nacional a las multinacionales extranjeras.

¿Quien puede ser tan ingenuo de creer que los actuales y anteriores dirigentes del PS chileno actúan contra su voluntad en esta relación carnal que tienen con la derecha chilena heredera del pinochetismo?  Esta es, la  condición básica necesaria para que hablemos de Síndrome de Estocolmo. Para Araya, los acuerdos cupulares realizados a espaldas del pueblo chileno para garantizar un retiro ordenado de los militares golpistas a los cuarteles, firmados allá por la década de los ochenta, entre civiles y militares, no existen y no constituyen un factor de alineamiento político  espontáneo. Así, la traición, es desplazada por una patología de orden psicológico que coloca a los traidores en calidad de victimas y justifica su travestismo y todo su accionar político.

En un hecho reciente, Gonzalo Matner, otrora conspicuo adalid de los acuerdos espurios entre socialistas y fascistas, intenta constatar como un hecho repudiable, la desviación “ideológica” de los postulados que emergieron de los acuerdos secretos entre civiles y militares, culpando a Escalona de persistir - ¿en su cautiverio, según Araya?-  Y perder la brújula (¿?) en una pirueta felina con la cual pretende caer parado, para seguir dando zarpasos desde algún otro vericueto institucional, ahora como traidor reciclado.

Las verdaderas victimas del cautiverio neoliberal, son los miles de chilenos que son afectados por esta institucionalidad de facto regenteada ex profeso y a plena conciencia por sus ejecutores de la derecha política y la concertación. Cantar la Marsellesa a vos en cuello para luego hacer todo lo contrario de lo que esta postula, es una muestra que se estrella contra los fundamentos clínicos del síndrome de Estocolmo. Existe una lucida perversión en los dirigentes PS que han apoyado esta institucionalidad de facto y la aplicación de las leyes represivas que ellos mismos han invocado, por ejemplo; para castigar la lucha de los Mapuches y del resto de los luchadores sociales.

La realidad es mucho más potente que simples especulaciones, y la afirmación de Araya, respecto de los deseos de parte de la dirigencia PS, de que Pinochet muriera en el atentado realizado por las fuerzas del FPMR, fueron demolidas en oportunidad de la captura del tirano asesino en Inglaterra por orden del juez Garzón, que lo recluyo para ser juzgado por crímenes contra la humanidad. La dirigencia socialista fue la  más perseverante defensora para que el dictador fuera liberado y regresado a Chile. Pinochet fue para los que traicionaron, el garante de su integridad física e intelectual. Desaparecido este, se apoyan para resguardar esta integridad, en la constitución de facto que les garantiza impunidad y seguridad para seguir lucrando de la política  a cambio de prestar consenso para la entrega del patrimonio nacional. Lo hacen en plena potestad de sus facultades mentales, libres de todo cautiverio y ajenos a toda presión ideológica

Apablaza, es un ejemplo de coherencia, para los miles de luchadores chilenos, que con armas en la mano, con libros o pinceles, combatieron, combaten y combatirán, contra las fuerzas del capitalismo de dentro y fuera de Chile. Ninguna tentación burguesa perturbo su incluadicable y  férreo pensamiento  y su más reciente  batalla la dio con la dignidad y entereza que lo caracteriza; la de un hombre integro.

 

Roberto Tello

Lo que quieren es el petróleo de Venezuela

Lo que quieren es el petróleo de Venezuela

Ayer dije lo que haría si yo fuera venezolano, expliqué que los pobres eran los que más sufrían con las catástrofes naturales y razoné por qué. Más adelante añadí: “…donde el imperialismo domina y la oligarquía oportunista recibe una parte jugosa de los bienes y servicios nacionales, las masas no tienen nada que ganar o perder y, al imperio, no le preocupa un bledo las elecciones” y que “En Estados Unidos, ni siquiera las elecciones presidenciales movilizan más del 50% de los que tienen derecho a votar.”

Hoy añadiría que, aún cuando en las mismas se elige la totalidad de la Cámara de Representantes, una parte del Senado y otros importantes cargos, no logran superar esa proporción.

Preguntaba por qué, en cambio, emplean sus enormes recursos mediáticos para tratar de hundir al Gobierno Revolucionario Bolivariano en un mar de mentiras y calumnias. Lo que los yankis quieren es el petróleo de Venezuela.

Todos hemos visto en estos días electorales a un grupo de bastardos personajes que, en compañía de mercenarios de la prensa local escrita, radial y televisiva, llegan a negar incluso la libertad de prensa en Venezuela.

El enemigo logró una parte de sus propósitos: impedir que el Gobierno Bolivariano contara con el apoyo de las dos terceras partes del Parlamento.

El imperio tal vez crea que obtuvo una gran victoria.

Pienso exactamente lo contrario: los resultados del 26 de septiembre constituyen una victoria de la Revolución Bolivariana y su líder Hugo Chávez Frías.

En estas elecciones parlamentarias la participación de los electores se elevó al record de 66,45 por ciento. El imperio con sus inmensos recursos no pudo impedir que el P.S.U.V., faltando 6 por adjudicar, obtuviera 95 de los 165 miembros del Parlamento. Lo más importante es el ingreso en esa institución de un elevado número de jóvenes, mujeres y otros militantes combativos y probados.

La Revolución Bolivariana tiene hoy el Poder Ejecutivo, amplia mayoría en el Parlamento y un partido capaz de movilizar a millones de luchadores por el socialismo.

Estados Unidos no cuenta en Venezuela más que con fragmentos de Partidos, hilvanados por el miedo a la Revolución, y groseras apetencias materiales.

No podrán acudir al golpe de Estado en Venezuela como hicieron con Allende en Chile y otros países de Nuestra América.

Las Fuerzas Armadas de ese hermano país, educadas en el espíritu y el ejemplo del Libertador, que en su seno incubó los jefes que iniciaron el proceso, son promotoras y parte de la Revolución.

Tal conjunto de fuerzas es invencible. No lo vería con tanta claridad sin la experiencia vivida durante más de medio siglo.

Fidel Castro Ruz

Septiembre 27 de 2010

3 y 24 a.m.

La lucha por una patria para todos

La lucha por una patria para todos

por Esteban Silva Cuadra

El Bicentenario nos encuentra con un país profundamente desigual, con una impactante concentración de la riqueza en manos de unos pocos. Un Chile privatizado cuya soberanía económica se encuentra enajenada y restringida, consagrada por una democracia binominal y oligarquizada ante un pueblo desmovilizado bajo la influencia del pensamiento único y la hegemonía cultural dominante neoliberal .

A dos siglos de nuestra independencia, la tierra de Caupolicán, Guacolda y de Lautaro sigue siendo esquiva con sus pueblos originarios y se profundiza el histórico desencuentro con más represión y la aplicación draconiana de una aberrante Ley Antiterrorista que materializa el despojo del pueblo mapuche protegiendo la “sacrosanta propiedad privada”.

En este bicentenario debemos volver a reconocernos en la larga lucha del pueblo chileno por su emancipación y verdadera independencia. Historia protagonizada por millones de hombres y mujeres anónimos que a lo largo de estos dos siglos han luchado por construir una patria para todos sin exclusiones por conquistar el derecho a edificar una República de hombres y mujeres libres, iguales y soberanos.

Reconocemos a las y los patriotas que soñaron construir una patria para todos en la lucha por nuestra independencia del dominio español en hombres y mujeres como Bernardo O’higgins, José de San Martín, Javiera Carrera y el guerrillero Manuel Rodríguez. Los reconocemos luchando juntos “a paso de vencedores” en la batalla de Ayacucho en 1824 asegurando definitivamente la independencia de nuestra América.

Los encontramos en Santiago Arcos y Francisco Bilbao, pregoneros de la sociedad de la igualdad y en el Presidente Balmaceda en su lucha para terminar con el monopolio salitrero. Nos inspiramos en los patriotas que encabezaron las grandes luchas y movilizaciones de los trabajadores y mineros de Chile, marcadas a sangre y fuego en masacres obreras ocurridas en 1907 en el norte en la Escuela de Santa María de Iquique o en el extremo sur con el brutal incendio de la Federación Obrera de Magallanes en Punta Arenas en 1920. Luchas que tuvieron continuidad en Luis Emilio Recabarren, patriota de la construcción infatigable de la organización obrera, de su conciencia y cultura. Las encontramos volando en el avión Rojo del Comodoro Marmaduque Grove, militar socialista y masón, quién en 1932 asumiera durante 12 días la Presidencia de Chile proclamando una República Socialista. Reconocemos la patria en la lucha por la tierra y la dignidad que unió a mapuches y campesinos pobres asesinados en 1934 en la matanza de la Ranquil en Lonquimay.

Nuestro bicentenario debe verse con los ojos de los miles de rostros anónimos que participaron con coraje en las luchas de los pobladores sin casa, organizando las primeras tomas de terrenos como la acontecida en 1957 en la Población la Victoria o en los sucesos de 1969 en Pampa Irigoyen en Puerto Montt. La patria para todas y todos se proyecta en el combate por los derechos de la mujer que impulsaron luchadoras y visionarias como Belén de Zegarra, Amanda Labarca, Elena Caffarena, Julieta Campusano, Laura Allende y Julieta Kirwwood. Lucha que se proyecta en Jóvenes patriotas insurrectos frente a la injusticia y la desigualdad como Héctor Barreto, José Domingo Gómez Rojas, Ramona Parra, Rodrigo Ambrosio, Miguel Enríquez y Carlos Lorca junto a Jecar Neghme de la generación de la resistencia y las protestas anti dictatoriales de la década de los ochenta

Identificamos la patria en las luchas de las primeras organizaciones de los trabajadores hasta las de hoy simbolizados en Clotario Blest. Los encontramos en la creación para un país más justo de Violeta Parra, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Víctor Jara y Nemesio Antúnez. La reconocemos en 1938 en el Frente Popular y el gobierno del maestro Pedro Aguirre Cerda.

La lucha por nuestra segunda independencia económica y cultural la reconocemos en el triunfo de la Unidad Popular encabezada por el Presidente Salvador Allende. El primer intento de ruptura real en un territorio gobernado durante 400 años por una minoría.


Para continuar la lucha por una verdadera patria para todas y todos, consideramos prioritario ensanchar la izquierda y su vinculación con los trabajadores y movimientos sociales.

El Chile del bicentenario requiere recuperar su memoria histórica y popular, necesita de una izquierda unida y movilizada con un claro sello allendista con alternativa antineoliberal de futuro. Por ello, compartimos la invitación de trabajar juntos Por Más izquierda.

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Esteban Silva Cuadra, Coordinador del Partido del Socialismo Allendista

Chile: Bicentenario, historia y memoria

por Alvaro Cuadra

La conmemoración del Bicentenario de Chile se ha convertido en un fasto mediático que despliega los signos de la historia: personajes y batallas nimbados por el heroísmo o construidos sobre el anecdotario. Cada relato histórico que se nos ofrece por estos días de febril patriotismo - convertido en representación audiovisual o en “programa educativo” - exhibe y oculta, presenta y escamotea acontecimientos y circunstancias. Se trata de una historia que nos niega la memoria. En suma, se trata de una historia canónica destilada como ideología de los triunfadores.

La memoria va más allá de la mera referencia a los hechos, con obstinada insistencia reclama la comprensión cabal de aquella gesta fallida, la tradición de los vencidos. Sólo de este modo es posible pensar un presente histórico, restituyendo su plenitud al Ahora. Aquello que se vio frustrado es, precisamente, lo que desautoriza el relato histórico de los vencedores. Salvo contadas excepciones, los historiadores nos han negado la memoria, convirtiendo nuestra historia bicentenaria en una narración interesada.
El Chile que habitamos ha sido construido por sueños y utopías que han quedado en el olvido, miles de muertos anónimos durante doscientos años. Sin embargo, hoy se pretende erigir un país de espaldas a todas aquellas víctimas que dieron sus vidas por lo que no llegó a ser. Recuperar la memoria, es apropiarnos de nuestra historia de siglos, plagada de violencia, olvidos e injusticias. Esta memoria ha sido escrita por miles de anónimos mineros, en los paisajes resecos del norte o en los húmedos socavones del sur, pero también por valientes campesinos acribillados tantas veces, por comunidades mapuches reclamando su dignidad, por tantos compatriotas torturados o asesinados cruelmente por la codicia de unos pocos.
A dos siglos de vida independiente la sociedad chilena se organiza en pos del progreso económico para unos cuantos, generando con ello desigualdad con su secuela de violencia, sufrimiento y miseria. Los intereses económicos, revestidos de razón científica, ponen lo humano al servicio del “progreso” y no a este “progreso” al servicio de lo humano. La historia oficial, entre nosotros, se ha convertido en aquel relato que legitima y justifica el actual estado de cosas, el enriquecimiento de una minoría y la pobreza material y espiritual de las mayorías, sometidas no sólo al despojo sino a la ignorancia promovida por los medios y el consumismo.

El sentido del Bicentenario de Chile, para las nuevas generaciones, es en primer lugar restituir plenamente nuestra memoria, pues en las cenizas de aquellos sueños laten los anhelos profundos de un pueblo que se han expresado de muy diversas maneras a lo largo de nuestra vida republicana. Este despertar a lo que hemos sido no es una tarea fácil, mucho menos en estos tiempos de frivolidad y fantasmagorías, pero, del algún modo es un desafío permanente e ineludible que compartimos con otros pueblos de nuestra América. Reclamar y promover este despertar es un imperativo de nuestro tiempo histórico, tanto frente a las nuevas generaciones como frente a aquellas voces acalladas por centurias.

Chile: Por qué Piñera no es Pinochet

Chile: Por qué Piñera no es Pinochet

 
Por Andrés Figueroa Cornejo
 
 
1. En esta entrega, quien suscribe, no se referirá a las tendencias generales del capitalismo en Chile, como la concentración monopólica del capital; la ampliación precarizada del trabajo; la alienación comandada por el sobreendeudamiento, los medios de comunicación, la programación de contenidos escolares obsecuentes con el actual estado de cosas y  la dirección general de la iglesia católica; la acumulación por despojo –sin cuya comprensión resulta imposible explicar la tasa de ganancia del capital, más allá del solo plusvalor devenido de la sobreexplotación del trabajo-; y de la contradicción esencial resumida en la apropiación privada a escala superlativa de la producción social de la riqueza y de la propia naturaleza, como jamás nunca.
 
Más bien el objetivo de este pobre artículo es determinar por qué Sebastián Piñera no es Pinochet, ni el gobierno de la derecha en los marcos de la democracia burguesa –por más estrecha y antipopular que sea- no es la dictadura militar. Y por qué existen sectores a los que sí les interesa que lo anterior parezca la realidad.
 
2. Estratégicamente –y adelante con los lugares comunes- desde  la mitad de los 70 del siglo pasado el patrón de acumulación capitalista, la organización del trabajo y el campo de las subjetividades en todas las clases sociales fue conmovido estructuralmente por un estadio del capitalismo caracterizado ya no sólo por la destrucción del previo Estado desarrollista, redistributivo y de relaciones más compensadas entre capital y trabajo, sino por la apropiación privada de aquello que suele denominarse propiedad pública y social (industrias, derechos y recursos naturales). Lo que terminó con Pinochet fue una de las formas políticas que demandaba el capital para su reproducción en un momento dado. Los 20 años de Concertación, simplemente, garantizaron de mejor manera los mismos intereses de clase que la tiranía. De hecho, estimando que Chile es, por sobre cualquier partida vitivinícola o de harina de pescado, un paisito exportador de materias primas y en particular, de cobre, vale recordar que a 1990, las concesiones mineras a privados correspondían sólo a un 30 % de lo extraído por la gran minería. Al final del último gobierno de la ex presidenta Bachelet y  candidata de la Concertación para el 2013, las cifras se habían invertido. Es decir, un 72 % de la producción del metal rojo y sus ricos minerales adosados ya estaba en manos privadas, mientras el 28 % era estatal. Es cierto, durante la larga transición hacia ningún lado de los Ejecutivos concertacionistas ya no se asesinaba, ni desaparecía ni se torturaba gente como en el horror de la dictadura. Pero también es cierto, que durante esos gobiernos, para los dueños de todo, ya no había mucho que reprimir. La paz social se volvió el orden de las cosas, se desmantelaron las organizaciones populares, se domesticaron los rebeldes, y buena parte de los luchadores antifascistas se fueron para la casa propia o para la casa de La Moneda. Todo lo anterior matizado por excepciones estadísticas. Y, cómo no, por la extraordinaria revuelta estudiantil de 2006, y la huelga contundente de los mineros del cobre subcontratados en 2007.  Sin embargo, no ha habido huelgas generales, ni conatos de huelgas generales, ni protestas multitudinarias, ni crecimiento de la izquierda que represente  los intereses históricos de los siempre vilipendiados, ni un foco guerrillero, ni un “caracazo”, ni una guerra del agua, ni una crisis catastrófica de la partidocracia, ni disputas intercapitalistas que den pie a vacíos de poder o inestabilidad cierta. Salvo franjas del pueblo mapuche que vienen peleando por su territorio desde cuando el paisito no tenía ni nombre; una cultura libertaria emergente y multiforme; rémoras de los destacamentos de inspiración revolucionaria más resueltos; y ahora último, la sorpresiva –y feliz- aparición de un movimiento espontáneo de sólida sensibilidad ambientalista. En general, todo ha resultado muy marchoso para los que mandan. Esto es, para el capital transnacional e imperialista que subordina al nativo y cuya hegemonía descansa en el capital financiero. Su naturaleza especulativa se entrama y engorda a costa de los abultados ahorros de los trabajadores administrados por el sistema previsional de capitalización individual, la propia industria del cobre, la madera, y un par de exportaciones folclóricas. Se entiende, cómo no, que la mundialización capitalista ubica a Chile como exportador neto de minerales sin elaboración y plataforma de negocios para la subregión. Agregándose, sobre todo en los últimos tiempos y a propósito de la última crisis, la exportación no tradicional del programa económico fundado sobre ajustes estructurales y las líneas matrices –a toda carta y a gusto del consumidor- de las leyes laborales, el sistema previsional y de educación y salud privadas que las grandes mayorías chilenas han tenido la oportunidad de padecer por más de tres décadas. Esta pedagogía de la expoliación y el despojo más brutal, en rigor, es de origen anglosajón, pero la experiencia también tiene su valor y no son pocos los especialistas criollos que hoy asesoran al FMI, al Banco Mundial, a la OMC y a Estados y gobiernos que desean conocer los detalles de la aplicación de las fórmulas mencionadas.
 
3. Ocurre que políticamente -y porque aún no existe movimiento popular-, en la apariencia de los discursos y las componendas, tanto de la derecha tradicional, como de la Concertación, como comparten el mismo proyecto estratégico y sus  distancias son accesorias, le tocó el turno a Sebastián Piñera. La misma gente se percató que Piñera no era Pinochet, y, de la que fue a sufragar ese día, el 29 % de los habilitados para votar, le dio el triunfo pírrico al sujeto, hostigado por Frei Ruiz Tagle, el peor de todos. El multimillonario es un personaje que quiere ser mediático, quiere ser populista, quiere ser estadista, quiere que su alianza política al menos se extienda un turno más, quiere que lo quieran. Al pobre, como pretende demostrar cierta autonomía populista y tecnócrata, le han dado sus buenos jalones de pelo desde El Mercurio, La Tercera y el gremio empresarial (Confederación de la Producción y el Comercio). ¿Por qué? Porque es relativamente “chúcaro”, llevado a sus ideas, gerente general, caudillito, nervioso, impulsivo, teledramático, y rencoroso con parte de la dirección de la UDI –el partido más derechista, integrista, católico conservador y pinochetista que existe en el teatro político nacional de los de arriba y de donde viene Joaquín Lavín, candidato presidencial del sector para el 2013-. Quiso poner técnicos y no políticos en su gabinete, y lo golpearon por la derecha. Para paliar las consecuencias del terremoto, quiso subir impuestos, y lo golpearon por la derecha. Quiso crear una superintendencia de bancos, y lo golpearon por la derecha. Clausuró la construcción de una termoeléctrica en un santuario natural debido a protestas ambientalistas, y lo golpearon por la derecha. ¿Será un marxista tapado que le dará la espalda a su clase y un buen día, sin aviso, estatizará las industrias estratégicas, condonará todas las deudas, promoverá el poder popular, los comandos comunales y lo que va quedando de cordones fabriles? Como es difícil creer en un paisito tan flaco donde todo se sabe rápidamente que haya logrado convencer a la oficialidad de las Fuerzas Armadas, muy pentagonista para aventuras de ese estilo, lo más probable es que Piñera, de cuando en cuando, le haga una desconocida a sus hermanos de clase y salga con alguna pachotada de la cual debe arrepentirse al día siguiente, en portada y a todo color. Por lo demás, continúa ofreciendo palo y duro al trozo de pueblo que asoma la cabeza, encarcela mapuche –igual que la Concertación-, reprime estudiantes en lucha –igual que la Concertación-, continúa precarizando el trabajo y privatizando los derechos sociales y la naturaleza –igual que la Concertación-, detiene sin pruebas a los libertarios –igual que la Concertación- y es, nacional e internacionalmente, un remedo a escala de Uribe, y ahora de Santos en Colombia.
 
¿Pero por qué, entonces, la Concertación extendida hasta el PC quiere mostrarlo como un Pinochet de los nuevos tiempos y a su gobierno como si fuera la dictadura en versión de baja intensidad, descafeinada? Porque esa es la única manera –por el momento- que tiene la Concertación de crear las condiciones subjetivas para derribarlo en las próximas elecciones presidenciales. Todos contra la derecha, todos contra el fascismo, dice la Concertación. Todas las perversiones del capitalismo más cruento que se aplicaron durante los 20 años de Concertación, ahora implementadas por Piñera, se vuelven horrores apocalípticos.
 
4. Ese es el juego de los de arriba que, con mano ajena, empleando la desgracia organizada de los de abajo, busca capitalizar la mal llamada oposición. El asunto es que si las fuerzas político sociales de los desheredados, de los trabajadores y los pueblos, por escasas y desrumbadas que estén (aunque no tanto, ni tan poco), no logran en un tiempo relativamente breve encumbrarse a estadios superiores de unidad política y orgánica, es decir, no alcanzan a constituirse disciplinada e inteligentemente en una alternativa que tercie entre las dos componendas dominantes, sus esfuerzos dispersos, su alta vocación solidaria y de lucha, se convertirán en disgusto amplio contra Piñera y electorado dispuesto para una Bachelet de retórica progresista e ilusoriamente, más popular y democrática política y económicamente. Toda vez que 20 años es suficiente en política para saber que intereses representa la Concertación, sea el nombre que se le ocurra ponerse para edulcorar el mismo capitalismo.
 
La independencia política de los intereses históricos de los trabajadores y las grandes mayorías no es una receta larvada por soñadores de brújula descompuesta. Es la condición sin la cual, una vez más, el empeño de tantos puede echar abajo a un derechista de cualquier tipo, pero resulta insuficiente para prologar la caminata contra la tiranía del capital, de los malos gobiernos, de la pésima vida de los más.

Escalona contra los medios alternativos

Escalona contra los medios alternativos

por Roberto Tello

Tratar de caracterizar a personajes tales como Camilo Escalona, resulta una tarea ardua y dificultosa, no por que este sea algo especial como sujeto político, sino que mas bien, por lo contrario; su pertinaz y destacable imbecilidad. Quizás para su consuelo, valga decir que no es el único socialista que se expone ante la realidad política chilena, como un elemento que trastoca esa realidad política, con poses vanas y vulgares, que acreditan por demás, esa imbecilidad. Escalona como  ariete contra la inmoralidad – concepto este, tan amplio como su antónimo-  seguramente no resistiría un segundo un análisis sobre su propia moral y unas cuantas décimas de segundo sobre su honra, sencillamente por que no la tiene, y si alguna ves tubo un gramo de alguna de estas dos virtudes, el las prostituyo en el frenético cambalache neoliberal.

 

Además, y que esto quede claro; la moral no es un concepto  estándar que puede aplicarse a cualquier sujeto o situación, esta visión, es una concepción elitista del valor moral  impuesta desde  la supremacía de clases, que termina convirtiéndose en una inmoralidad para quienes están ajenos al ejercicio de una moral única, exclusiva y excluyente.  La explotación, por caso, es una inmoralidad secular y aceptada por la clase dominante como un hecho natural, asociado incluso a una sicología social fasistoide, que promueve la supremacía sobre el otro sujeto, como un acto de signo positivo para el desarrollo del hombre. Escalona, que alumbro como sujeto político en las antípodas de esta concepción, cometió la inmoralidad de aceptar ser subalterno de este principio dominante y el pecado de traicionar sus originarios ideales.

                                                                                                                        

Ahora para mostrar en plenitud su imbecilidad, se arroja en custodio de la moral y la honra de las personas, en medio de  dos acontecimientos sociales del  mayor interés político de este año; la huelga de hambre de los compañeros Mapuches y la tragedia de los mineros sepultados bajo tierra en la mina San José. Cualquier aprendiz de político, sabe que detrás de estos dos hechos, existe una incuestionable responsabilidad institucional de parte del Estado chileno – que también lo incluye a Escalona –  que pretende aplicar una legislación de facto y discriminatoria, para caratular como terroristas a los luchadores Mapuches y por que, en el caso de los mineros, relajo los controles de seguridad que permitieron que la tragedia ocurriera; la mina debía estar cerrada, sin mediar mas argumentos.

 

Para este socialista, la corrupción política, instalada en chile desde que el asesino dictador arrebatara la libertad de los chilenos y continuara en los sucesivos gobiernos de la concertación, y que se ha perfeccionado con la llegada de Piñera al poder, no es un hecho que implique  una autocrítica de la baja calidad moral de la clase política, y de su honra. La práctica de los políticos, es un ejercicio cada vez mas alejado de los parámetros morales que permitirían honrarlos como sujetos  necesarios para el desarrollo de la vida en sociedad de los chilenos, por el contrario, estos caminan a contra marcha de cualquier intento virtuoso que pueda corregir la inmoralidad que domina la época actual.

 

Chile; especialmente Chile, es el epicentro de la injusticia social, una inmoralidad que se refleja en cada estadística que contenga datos sobre, la desigualdad social; la explotación de los trabajadores, la criminalizacion social, el despojo de tierras a sus auténticos dueños, el apartheid educacional, el inducido endeudamiento social, los bajos salarios, el robo a los jubilados y tantos otros males que reproducen un escenario imposible de ser catalogado como auspicioso para desarrollar aptitudes concomitantes con la moral.

 

Escalona, que debería dirigir su accionar político como senador socialista para corregir este escenario, utilizando los resortes de su investidura como senador, para justificar incluso que, desde ese lugar que conquisto junto a sus electores, se puede  transformar la brutal realidad social política y económica que nos impone la burguesía como clase dominante; se distrae atacando la única fuente que sirve a los mas comunes sujetos sociales tener voz para denunciar y opinar sobre esta bárbara realidad, la Internet. La única herramienta con la que cuentan los cada vez más numerosos mortales que padecen los efectos traumáticos de los medios de comunicación monopólicos, que ocultan la inmoralidad del sistema y promueven como virtuosos sus lacerantes efectos sociales.

 

¿Recordara Escalona, como rebajaba y vilipendiaba esta prensa monopolica al servicio del gran capital la gestión del compañero Salvador Allende como legitimo presidente de la Republica de Chile? ¿Que hizo Escalona, cuando el ahora presidente de Chile lo deshonro tratándolo de vago? No lo demando, solo ensayo un cacareo principista sobre su “abnegado rol político” una especie de pésame a su propia honra.

 

Tanto la libertad de expresión como la democratización de los medios audio visuales son un requisito indispensable para la construcción de una sociedad que promueva valores éticos y morales conducentes a reemplazar la actual decadencia de los mismos. Escalona debería proponer al parlamento una ley que promueva el desmantelamiento de los monopolios comunicacionales, que les devuelva la voz al pueblo y, a  los que utilizamos los medios alternativos - como un simple Blog en la Internet – para denunciar lo que los grandes medios como El Mercurio callan o tergiversan en favor del poder económico. La libertad de expresión, es un principio sin el cual la moral, no es más que un ornamento discursivo para ser utilizado por los corruptos en defensa de su hueca honradez.

 

Roberto Tello www.tribunachilena.blogia.com

Mineros, Mapuches y el Papa

Mineros, Mapuches y el Papa

por Roberto Tello

La incapacidad de la política como instrumento para delimitar el orden institucional, que regula la actividad social en la que también se haya  inserto el sistema que regla la actividad laboral, es de una escandalosa ineficiencia. Todos los instrumentos de esta política, llámese; poder ejecutivo, poder judicial  o el mismo parlamento chileno, forman parte de una estafa cotidiana conque la burguesía chilena enfrenta a las clases subalternas, en este caso a los trabajadores.  El drama de los 33 mineros atrapados en la mina San José, emerge del descontrol y el no cumplimiento de las leyes que el estado chileno como supremo administrador de la cosa publica, debería observar y hacer cumplir.

 

Aquí, lo que queda establecido no es la desaprensión con la cual  los organismos del estado chileno hacen cumplir la legalidad existente, sino que, más bien; se demuestra la vigente corrupción que los responsables políticos de estos organismos, utilizan como método para asignar faenas que producirán enormes ganancias aun a costa de la seguridad física, en este caso, de los mineros chilenos. La política, es entonces funcional a las corporaciones empresarias y a los monopolios que explotan los recursos naturales, sin importar si las leyes vigentes, son  respetadas o vistas como premisas necesarias de un orden democrático que debe subordinar políticamente el poder de estos grupos económicos que operan en la fase de explotación de nuestros recursos naturales, como si fueran los dueños de ellos.

 

La historia política chilena de estos últimos 35 años, esta plagada de hechos que muestran a un Estado complaciente y colaborador con los intereses del capitalista chileno y extranjero y brutalmente cruel e indiferente, con los intereses y derechos de los trabajadores. En los 20 años que gobernó la concertación, el Estado chileno, fue utilizado, solo para dosificar la pobreza que el sistema de explotación capitalista vigente crea como resultado de su abrumadora desigualdad en el reparto de los beneficios que esta  produce. La fuerza de trabajo, se convirtió en una mercancía capaz de reproducir riqueza a costa de una maximización de la explotación y a la gran perversión del discurso político que explica como necesario para un mejor rendimiento y competitividad de nuestra economía, los mayores grados de explotación de las fuerzas del trabajo.    

 

No es casual entonces, que los 33 mineros chilenos atrapados bajo tierra en la mina San José, se hayan convertido en los rehenes de esta perversa forma de concebir la política. La actitud de Piñera tratando de  utilizar la tragedia de los mineros y sus familiares como si esto fuera un acto político de campaña, deja trascender la manifiesta perversión de este millonario que hoy ocupa la Moneda. Ahora ya se sabe; cada minuto que dure la tragedia de los mineros, será un  minuto más de show montado en torno a este tragico hecho por el actual gobierno.

 

Esta lógica de hacer  política, se repite en el caso de los Mapuche en huelga de hambre en contra de la aplicación de la maldita ley contra el terrorismo con la cual la justicia chilena los pretende juzgar y condenarlos. Aquí, se hace clara esta contradicción de la justicia chilena,  que enarbola el sagrado cumplimiento de la ley en favor de los latifundistas y corporaciones mineras y forestales en desmedro del indefenso y subyugado pueblo  Mapuche. El punto que une estos dos acontecimientos sociales, se encuentra en el omnipresente poder del capital sobre los derechos y libertades del chileno común, de los trabajadores y de los pueblos originarios, en los que el conflicto con los Mapuche, es el de  mayor relevancia.

 

La concertación se mostró inútil para limitar el poder del capital, en favor de los trabajadores, es más, una larga lista de claudicaciones y concesiones al capital chileno y extranjero llevan su sello. También cargan con una pesada carga de responsabilidades  en hechos de represión que costaron la vida de manifestantes a manos de la fuerza represiva con la que el Estado chileno pretende asegurarle al capital el sagrado orden institucional.  

 

En recientes declaraciones, el Papa Benedicto XVI, dedico a los 33 mineros chilenos atrapados en la mina San José, parte de su discurso para sugerirles “A ellos y a sus familiares los encomiendo a la intercesión de San Lorenzo...” Nada más apropiado, si tenemos en cuenta que todos los trabajadores chilenos se encuentran en la parrilla. Del Papa, no salio ni una sola palabra condenando la actitud empresaria, por corrupta e inmoral. Tampoco Benedicto XVI, se ha manifestado en favor de los Mapuche en huelga de hambre,  ni pidiéndole a los millones de católicos que habitan en Chile, se movilicen para exigirle al Estado chileno el fin de las fiscalias militares y la ley antiterrorista.

 

Como vemos, la fe del Papa Benedicto XVI, esta puesta en que la providencia haga, lo que los políticos no quieren hacer; salvar a los mineros y liberar a los presos Mapuche.

 

 

Hace 70 años asesinaron a Trotsky

Hace 70 años asesinaron a Trotsky
Olmedo Beluche (ARGENPRESS.info)

El 20 de agosto, hace 70 años, asesinaron a León Trotsky, pero no pudieron liquidar su herencia. Lo mataron de la manera más atroz, destrozaron su cerebro con un pico, pero no destruyeron sus ideas. Una gran alianza inconfesada de enemigos (agentes de la burocracia soviética, gobiernos imperialistas, socialdemócratas) lo persiguieron hasta el último rincón del planeta que se atrevió a darle asilo, el México de Lázaro Cárdenas.

Sus compañeros de lucha, sus copartidarios bolcheviques con los que dirigió la Revolución del 17, sus hijos y familiares, su generación casi completa, fue exterminada en la Unión Soviética de José Stalin. Y, sin embargo, setenta años después su legado sigue ahí, iluminando como un faro.
De Trotsky se ha escrito mucho, y se podría decir mucho más. Sin duda fue una personalidad de rango histórico. Muy joven se hizo revolucionario y marxista. Arrestado, forjó su carácter en las cárceles del zarismo, como tantos otros por aquella época en Rusia.
Huido al exilio, completó su educación política junto a los viejos fundadores de la socialdemocracia rusa, como Plejanov. Y con Lenin, que ya dirigía la generación intermedia, al principio bien y luego a los trompicones, en especial luego del Congreso de 1903, donde permaneció en un limbo intermedio entre bolcheviques y mencheviques. En Viena bebió de las fuentes del marxismo austríaco, cuya influencia en la personalidad más occidental de los revolucionarios rusos tal vez no se haya ponderado suficientemente.
A los 25 años fue elegido por los obreros como presidente del Soviet de Petrogrado, durante la Revolución de 1905. Juicio, cárcel y nuevo exilio. Tuvo el acierto de ser el primero, incluso que Lenin, en atisbar que la revolución rusa sería esencialmente obrera, que la burguesía rusa era ya incapaz de librarse de los resabios feudales del zarismo, y que le tocaría a un gobierno encabezado por los trabajadores combinar las tareas democráticas y socialistas. Había nacido su legendaria Teoría de la Revolución Permanente.
Estuvo entre los pocos, al igual que Lenin y Rosa Luxemburgo, que denunciaron la traición de la Segunda Internacional socialdemócrata, cuando apoyó la guerra imperialista, la Primera Guerra Mundial. Y estaría entre los fundadores de la tercera Internacional Comunista, en 1918.
De vuelta en Rusia gracias a la Revolución de Febrero de 1917, rápidamente zanjó las diferencias que le separaban de Lenin y entró al Partido Bolchevique. Al igual que en 1905, pronto destacó como el principal dirigente, orador y organizador de los Consejos (Soviets) de Obreros, Soldados y Campesinos, tocándole ser el ejecutor concreto, de una revolución que Lenin dirigía desde la clandestinidad, la Revolución de Octubre de 1917, bajo las consignas de “paz, pan, tierra y libertad”.
Octubre inauguró una nueva época histórica. La Unión Soviética que nació de esa revolución dio forma concreta a la aspiración de millones de trabajadores en todo el mundo de construir una nueva sociedad, libre de la explotación capitalista, de miseria, en que la economía fuera racionalmente puesta al servicio del bienestar colectivo. La predicción de Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto se había hecho carne.
Pero el estado obrero soviético estaba lejos todavía del anhelado socialismo. Nació bañado en sangre de la guerra civil y la agresión extranjera y, como no, ahí estuvo Trotsky nuevamente en la primera línea de combate, como organizador del Ejército Rojo, derrotando a los invasores externos y a los insurgentes internos.
Luego de cuatro años de cruenta guerra civil vendrían los años de “cansancio” de la revolución. La revolución alemana, en la que habían afincado sus esperanzas los rusos, quedaba postergada. Los años de la NEP , una especie de capitalismo de estado, el proceso de burocratización del estado soviético, advertido por el propio Lenin y, finalmente, la muerte de éste en 1924.
A partir de allí se instala una lucha a veces soterrada y a veces pública por el poder, entre quienes defendían los postulados de democracia socialistas del 17, y una élite cada vez más burocrática y autoritaria, encabezada por José Stalin. Lucha en la que él sería la primera víctima. Lucha primero ideológica, entre un supuesto “marxismo leninismo” en confrontación con el “trotskismo”, la falsificación histórica y la difamación.
En 1927 sería arrestado y deportado, marchando a su último y definitivo exilio. Diez años después tendría que luchar desde lejos para defender a los bolcheviques del 17, quienes fueron juzgados como “traidores” y pasados por las armas por parte del régimen totalitario de Stalin. No se salvó ninguno. Ni Bujarin, ni Zinoviev, ni Kamenev, por mencionar a algunos. “La revolución se traga a sus hijos”. Era el Termidor soviético, parodiando a la Revolución Francesa.
Frecuentemente cuestionado respecto a cómo el segundo hombre en prestigio de la revolución, después de Lenin, el jefe del Ejército Rojo, había sido desplazado del poder sin pegar un tiro, él respondía que el proceso de burocratización era objetivo, es decir, no dependía de su voluntad personal, sino de la situación política mundial. Sólo un nuevo ascenso revolucionario en occidente podría revitalizar la revolución socialista soviética.
Este argumento es el segundo corolario de su Teoría de la Revolución Permanente : no puede haber socialismo en un solo país, aislado. El socialismo es un proceso internacional, afirmaba, contrariando la tesis de Stalin y la burocracia, que sostenía que la Unión Soviética podía dar la espalda a la revolución en el resto del mundo y construir una sociedad modelo del socialismo completamente aislada.
Y no era una discusión meramente teórica. Stalin deformó y prostituyó la II Internacional al convertir a los Partidos Comunistas en sucursales de la política exterior de la URSS , quitándoles su papel de vanguardia en la lucha por el socialismo, y conduciendo a derrotas sucesivas de los procesos políticos en China (1925), Alemania (1933), España (1936-39).
A esta lucha política por salvar para un método marxista y revolucionario a la vanguardia obrera mundial dedicaría Trotsky su vida en su tercer exilio. Esa lucha política le obligaría, por un lado, a rescatar la verdad histórica del proceso revolucionario ruso de las mentiras y deformaciones de Stalin. Sus mejores libros saldrían de este debate: Historia de la Revolución Rusa y Mi Vida.
Por otro lado, sería el primero en analizar en profundidad la degeneración burocrática del estado soviético, siendo el primero en pronosticar que la casta social que se había adueñado del poder llevaría irremediablemente a la restauración del capitalismo en Rusia, salvo que un proceso revolucionario socialista en Europa occidental se produjera. La revolución traicionada, sintetiza la pila infinita de documentos producidos por Trotsky al respecto.
Paralelamente, León Trotsky siguió el día a día de la política internacional, en especial de los procesos revolucionarios abiertos en otros países, procurando agrupar y educar a la vanguardia socialista en un método correcto que asegurara el triunfo de nuevas revoluciones obreras.
Respecto a Alemania, a inicios de los años treinta, le tocó denunciar la política impuesta por Stalin (el llamado “tercer período) que privilegiaba el ataque contra los socialdemócratas facilitando el triunfo del fascismo de Hitler. A partir del 36, Trotsky se concentra en la guerra civil española, y denuncia la traición stalinista de apoyo al gobierno del Frente Popular (con la “sombra de la burguesía”) que impidió a los obreros españoles tomar directamente el poder y abrir un proceso de revolución socialista. Llamaría a Stalin “el gran hacedor de derrotas”.
De todo lo vivido por este hombre, que bastaría para llenar más de una vida memorable, su principal legado, según su propio juicio, fue su esfuerzo por legar a la generación siguiente la organización y el método del marxismo revolucionario, rescatándolos de la degeneración política (de la II y la III Internacionales ) y del exterminio físico de su generación, atenazada entre el totalitarismo stalinista y el fascismo que campeaba por Europa, en la infame década de los años treinta.
Ese legado se materializó en la fundación de la IV Internacional (1938) y en su plataforma política, El Programa de Transición.
Pese a que sus críticos le señalaban que no se debía fundar una internacional en medio de una época de derrotas, él insistió en ello, pues comprendía que su final estaba cerca y era imprescindible que no se rompiera el hilo de la memoria histórica, para que la siguiente generación pudiera seguir los pasos revolucionarios de la anterior.
Hoy, iniciado el siglo XXI, 70 años después de su asesinato, cuando reina cierto desconcierto y confusión ideológica en la vanguardia socialista, incluyendo al propio movimiento trotskista, no hay como releer el Programa de Transición para encontrar el camino:
“ La Cuarta Internacional ha surgido ya de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en toda la historia. La causa de estas derrotas está en la degeneración y la traición de la vieja dirección. La lucha de clases no admite interrupción. Para la revolución, la Tercera , después de la Segunda , ha muerto. ¡Viva la Cuarta Internacional !”
“… La Cuarta Internacional , respondemos, no necesita “proclamarse”. Existe y lucha. ¿Qué es débil? Sí, sus filas no son numerosas porque todavía es joven. Por ahora hay principalmente cuadros. Pero estos cuadros son prendas del futuro… Si nuestra Internacional es débil numéricamente, es fuerte por su doctrina, su programa, su tradición, el temple incomparable de sus cuadros…”
“Su tarea: la abolición del dominio capitalista. Su objetivo: el socialismo. Su método: la revolución proletaria…. Sin democracia interna no hay educación revolucionaria. Sin disciplina no hay acción revolucionaria. La estructura interna de la Cuarta Internacional se basa en los principios del centralismo democrático: plena libertad de discusión, unidad completa en la acción”.
“La crisis actual de la civilización humana es la crisis de la dirección revolucionaria. Los obreros avanzados, unidos en la Cuarta Internacional , muestran a su clase el camino para salir de la crisis. Ofrecen su programa basado en la experiencia internacional de la lucha liberadora del proletariado y de todos los oprimidos del mundo. Ofrecen una bandera sin mancha”.

miércoles 11 de agosto de 2010