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Opinion

REFORMA PREVISIONAL: NEOLIBERALISMO Y ESTADO SUBSIDIARIO. Por Paul Walder

REFORMA PREVISIONAL: NEOLIBERALISMO Y ESTADO SUBSIDIARIO. Por Paul Walder La reforma previsional, presentada como la piedra angular de la red de protección social que impulsa el gobierno de Michelle Bachelet, es también uno de los proyectos de mayor profundidad social inducido por un gobierno de la Concertación. No es anodina una iniciativa que de la noche a la mañana [a decir verdad, de aquí a dos años] permitirá que las personas mayores de 65 años que no consiguieron durante su vida reunir fondos para una jubilación gocen de una pensión de 75 mil pesos, lo que se duplicaría en el caso de una pareja.

La nueva pensión debiera comenzar a regir a partir de julio del 2008, para alcanzar el valor completo al año siguiente. Esta demora ha sido, en principio, el único rechazo hallado por algunos parlamentarios –por cierto, la oposición de derecha-, por lo que el proyecto es altamente probable que no halle mayores obstáculos en su proceso legislativo. Tal como ha dicho el gobierno, será el gran proyecto de ley del año entrante.

El Sistema de Pensiones Solidarias, que es la cara no sólo más atractiva, sino la más valiosa del proyecto, es una red protectora, una especie de renta mínima universal, para las personas que han quedado fuera del sistema de pensiones, como son las dueñas de casa, muchos de los trabajadores independientes o las temporeras. Pero la reforma también ayudará a los que han cotizado de manera insuficiente. En estos casos, el Estado otorgará un subsidio proporcional a todos aquellos jubilados con pensiones menores a los 200 mil pesos, aspecto de la reforma que debiera estar operativo hacia el 2012.

Una iniciativa de esta naturaleza no ha tenido referente alguno en nuestra historia reciente, por lo cual prácticamente ningún grupo social ni gremial ni político se ha opuesto a esta cara del proyecto. El Estado, tal vez a la manera de un Estado neoliberal subsidiario [que ha de atender por distintas razones a los excluidos del mercado], tal vez como un Estado activo que recupera atribuciones propias del wellfare state [como desea creer y desea verse la Concertación], ha ido en rescate de sus ciudadanos más debilitados, en este caso los más ancianos y empobrecidos. Una acción que sin embargo es paralela, acaso tangencial, al sistema previsional. La reforma previsional, y aun cuando parezca una paradoja, no ha tocado el sistema de fondos de pensiones administrados por el sector privado.

El subsidio es grande, y por su volumen tiene ribetes similares a las políticas de un Estado benefactor. Posiblemente lo parezca, pero su inspiración no puede estar más lejos de aquello. La vocación de la reforma es la cristalización del modelo de libre mercado y del estado subsidiario. Si en este caso son muchos, tal vez demasiados los que han quedado fuera del mercado, la obligación, a cargo del Fisco, de los ingresos del cobre, de los impuestos que pagan todos, incluso los más pobres como es el alto IVA, se traspasará al futuro y pesará sobre los otros cientos de miles de problemas sociales que arrastra nuestro pequeño país.

La “crema” del negocio

El proyecto de reforma, que es una importante transformación en las políticas públicas orientadas a los extremos sociales, es sin duda un subsidio a los más pobres, pero también es necesario constatar que es la validación del sistema de capitalización individual, al que ha dejado intacto. Al no tocarlo, al tomar el Estado la carga social del sistema, de los márgenes del mercado – de los cuales ha liberado a este negocio- lo que también hace es consolidar el sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones [AFP] como sistema único de previsión y como puntal financiero de la economía chilena. El Estado, el gobierno en este caso, asume los costos y premia a las administradoras con lo que los analistas denominan la “crema” del negocio. Bajo la lógica del mercado, lo que hace no es sólo subsidiar a los más pobres, sino también subsidiar a las administradoras. Neoliberalismo en su versión más vulgar, o “capitalismo entre compadres”, como alguna vez le llamó Stiglitz.

La reforma a la previsión se adapta de manera estricta a las bases libremercadistas diseñadas durante la dictadura. El sistema elaborado hacia los inicios de 1980 por sus creadores, José Piñera y Miguel Kast, el que ha demostrado su absoluto fracaso en cuanto sistema previsional, queda hoy reforzado por el Estado al certificarlo como el único administrador de los ahorros de los trabajadores. Del mismo modo como la salud y la educación han pasado a ser áreas clave para la inversión y el comercio- en ambos casos también con el subsidio del Estado en aquellos márgenes del mercado no rentables-, la administración privada de la previsión [y pese a haber demostrado su completa ineficiencia, es necesario repetirlo] continúa, ahora liberada de su más pesado lastre, como un gran negocio para el gran capital y como la brújula de la economía chilena. A fin de cuentas, son las administradoras en acuerdo con los gobiernos las que deciden dónde, cómo y en qué condiciones invertir. En suma, el poder que les ha otorgado el capital de los trabajadores, le da poder sobre las decisiones y, claro está, sobre los propios trabajadores. El sistema previsional chileno, como muchos observadores han constatado, fue diseñado no para generar buenas jubilaciones a los trabajadores, sino para entregarle poder al sector privado sobre la conducción económica.

Reformar sin cambiar

Habrá subsidio a los más pobres, pero ello no significa que el sistema previsional cambiará. El resto de la población trabajadora, aquella que obtendrá pensiones superiores a los 200 mil pesos [¿serán los afortunados?], no recibirá ningún apoyo del Estado y tampoco tiene certeza de ver mejoradas sus rentas en el futuro. Para este gran volumen de futuros jubilados, calculado en dos tercios del total, si bien el horizonte no es la indigencia extrema, sí será una certera pobreza.

El gobierno ha legitimado el legado de la dictadura, señala Raúl de la Puente, presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales [ANEF], “el sistema, en su conjunto, independientemente de la entrega del subsidio estatal, se ha legitimado, se ha reforzado. Se legitima un sistema injusto, que no da pensiones decentes a los trabajadores en su vejez. Es un pésimo negocio para los dueños del capital, que somos los trabajadores, y un gran negocio para sus administradores”.

“El legado de Pinochet –agrega De la Puente- está en el sistema previsional y en esta reforma. Se pretende una reforma pero se mantiene la estructura, basada en una capitalización individual administrada por privados en la cual pasa al mercado un derecho para que sea un negocio. No dista de la educación, que basa en el mercado el derecho a una educación de calidad, la salud, con la creación de las isapres, las que se han tenido que corregir con el Plan Auge. Todo ese legado no ha sido cambiado. Veremos qué pasa en la educación, y ya hemos visto qué ha pasado en la previsión. Se ha perfeccionado el sistema, ya sea para abaratar costos, para mejorar competencia, para ampliar las inversiones”.

Así también lo ha observado recientemente el ensayista Jorge Vergara Estévez, quien relaciona la privatización de todos estos servicios con la mala distribución de los ingresos. En un artículo titulado Una dictadura exitosa, Vergara señala que las “modernizaciones” de los ochenta [educación privada, AFPs, Isapres, legislación laboral, etc.] “se mantienen casi sin variación, pese a todas las fundadas críticas que se han hecho. La concentración en la distribución del ingreso ha aumentado los últimos años, y sigue siendo una de las peores del mundo. Las políticas sociales son básicamente asistenciales, de acuerdo al modelo neoliberal del Estado subsidiario. La educación pública primaria y secundaria, y la subvencionada son de muy bajo nivel. Los servicios públicos de salud presentan numerosas falencias por la falta de recursos. Y, por más que insistan las elites de poder, es una ilusión o un engaño presentar como superación de la pobreza lo que no es más que su disminución”.

Desde Cenda, [Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo], entidad que ha realizado sólidas evaluaciones y proyecciones sobre el sistema previsional privado, se advierte que la reforma tiene dos áreas. Una es la pensión universal, la que, pese a no constituir el monto que este organismo había propuesto, la evalúa como un gran avance social. La otra cara de la reforma es la mantención de la capitalización individual. Las administradoras no han sido tocadas –salvo algunos detalles- en el proyecto, lo que tendrá graves consecuencias futuras.

Tal como otros varios sectores políticos y sociales han consignado, Cenda tampoco comprende los motivos que ha tenido Hacienda para postergar por varios años la plena puesta en marcha de esta medida, la que perfectamente podría entrar en vigencia a partir del 2007 ya que existen hoy recursos más que suficientes.

Pero la mayor falencia de esta reforma está en la otra cara de la moneda. El economista investigador de Cenda Manuel Riesco afirma que no se ha tocado el sistema de capitalización individual, el que se mantiene como el único mecanismo de pensiones para los sectores medios. A diferencia de los sectores de menores recursos, la clase media, dice Riesco, continúa igual que hasta ahora, con pensiones inciertas y de montos muy por debajo a los que todavía entrega el sistema de reparto, en tanto las mujeres siguen como las mayores perjudicadas.

Cenda hace un cálculo. Según lo demuestra la estimación de una AFP, “una mujer que ha cotizado sin pausa a partir de 1981, por la remuneración tope imponible de 60 UF, puede aspirar al cumplir 60 años a una pensión de $460.000 al mes. De haber permanecido en el sistema antiguo, dicha mujer habría jubilado con la pensión pública tope, que actualmente es de $880.000 mensuales. Por lo tanto, el daño previsional inferido por el cambio al sistema de AFP es considerable. Si este es el caso de una persona que ha cotizado sin pausas y por el tope - menos del uno por ciento de los afiliados se encuentra en esta situación -, es fácil imaginar cuál es el daño de quienes han cotizado por montos inferiores y con algunas lagunas”.

Costos para el Estado; ganancias para los privados

La Anef a través de Raúl de la Puente también observa la reforma en sus dos caras. “Es muy importante que más de un millón de personas vaya a tener una pensión básica universal. Eso lo valoramos. No era lo que nosotros esperábamos, porque propusimos que la pensión básica universal sea equivalente a un ingreso mínimo, pero valoramos que aquella persona que hoy es dueña de casa, temporera o temporero, tenga una pensión universal. Eso significa que se ataca al sector de mayor pobreza en nuestro país. Pero también decimos que eso no lo ha hecho el sistema de AFPs, los empresarios, sino que esto ha sido inducido, entregado, por el Estado, con el impuesto de todos los chilenos. Una vez más los empresarios van a obtener utilidades y no van a pagar costos. Nuevamente es el Estado el que debe acudir para poder suplir estas brechas y estas carencias que presenta el sistema”.

“También hemos dicho –agrega- que este sistema de capitalización individual administrado por privados es un buen negocio, pero bueno para los que administran las AFPs. Porque no le garantiza a ningún trabajador una jubilación similar a la renta que percibe. Si uno observa detenidamente, en ninguna parte el sistema le garantiza al trabajador, por mucho que cotice regularmente, una jubilación ni siquiera cercana a la renta percibida. Ni un 70 por ciento. Según la comisión que presidió Mario Marcel, los estudios señalan que los trabajadores jubilan con un 45 por ciento a la renta percibida. Lo pierden durante la etapa más vulnerable de la vida”.

La situación es aún peor para los empleados públicos. Ese porcentaje de pérdida, que se denomina tasa de reemplazo [porcentaje entre pensión versus remuneración], se reduciría a un 33 por ciento. “El empleado fiscal pierde un 67 por ciento”, dice De la Puente. “Por eso que nosotros rechazamos el sistema de capitalización individual administrada por privados, que es la base del sistema económico chileno. Los fondos de los trabajadores forman parte de un alto porcentaje de inversión que los empresarios usan para sus empresas o para invertir en el extranjero, con los cuales obtienen grandes ganancias. Las AFPs controlan hoy en día el 70 por ciento del PIB, pero los trabajadores tienen tasas de reemplazo de un 45 por ciento en el sector privado y de un 33 por ciento en el público”.

Sin voz ni voto

“La presidenta se comprometió con la ANEF el 7 de enero del 2006 en cuanto habría una profunda reforma previsional –comenta De la Puente- en la que seríamos un actor protagónico. Pensamos que con esa declaración dentro de la comisión Marcel iban a haber sectores que tendrían representación. Sin embargo, de los 15 miembros de la comisión, once eran economistas, dos abogados y dos sociólogos. Creímos que formaríamos parte de aquella comisión, como también creímos que estarían presentes sectores con otros pensamientos, que creen que la previsión no sólo es un negocio para el sector privado, sino también un sistema de reparto administrado por el Estado. No fuimos parte de la comisión a pesar que la presidenta se había comprometido con nosotros. Fuimos sí recibidos por la comisión Marcel, a la que llevamos una propuesta que consistía en un pilar solidario, pero también que el sistema fuera mixto. Que existiera un pilar basado en un componente individual pero también un sistema solidario de reparto como existe en todos los países del mundo. No fuimos escuchados en nada”.

El proyecto considera algunas modificaciones al actual sistema de capitalización individual. Entre éstas, es posible observar una serie de medidas para ayudar a las mujeres trabajadoras en su cotización [bonos por cada hijo], una mayor cobertura para los trabajadores jóvenes [subsidio a las cotizaciones de los trabajadores jóvenes de bajos ingresos] y mayor cobertura para trabajadores independientes [medidas que, en principio, incentivarán la cotización de los no contratados]. Otros cambios anunciados apuntan a incentivar la competencia del sistema con el ingreso de nuevos actores, como los bancos, lo que, en teoría, reduciría las comisiones y otros cobros. Otras medidas incorporadas en el proyecto son abrir aún más las posibilidades de inversión de los fondos, tanto en Chile como en el exterior y, cómo no, fomentar el ahorro previsional voluntario.

El catálogo de modificaciones no sorprende a nuestros observadores. No es la primera vez que este tipo de modificaciones se ha incorporado al sistema, las que no han generado cambios sensibles en las pensiones. Así es: estudios anteriores de Cenda, que tienen hoy su vigencia, han concluido que un 20,3 por ciento de los afiliados cotizan menos del diez por ciento de las veces, y sólo un 11,4 cotiza el 100 por ciento de las veces. Los promedios de densidad de cotización son de 41,4 por ciento para los afiliados en general, lo que sube a 43,8 en el caso de los hombres y baja al 38,2 en las mujeres. Aplicados estos porcentajes sobre los doce meses del año, resulta que el promedio de los afiliados cotiza 4,96 meses por año, lo que sube a 5,25 en el caso de los hombres y baja a 4,54 meses en el caso de las mujeres.

La errática participación en las cotizaciones conduce a unas magras cuentas individuales. La estadística de saldos en la cuenta de capitalización individual indica que en promedio los fondos acumulados son de 3.353.000 pesos para los afiliados en general, de 4.183.000 para los afiliados de sexo masculino y de 2.246.000 para las afiliadas de sexo femenino. Es más,
existe un 2,43 por ciento de afiliados con saldo cero en su cuenta [hoy serían sujeto de subsidio] lo que equivale a 163.013 personas, y en el otro extremo hay 279 afiliados que tienen un saldo superior a 100 millones de pesos y 1.207 en el tramo que sigue hacia abajo, que va de 80 a 100 millones de pesos.

La reforma no hace sino reconocer este enorme déficit. “El establecimiento de la pensión básica, y la estimación de sus beneficiarios en más de un millón de personas, significa que el Estado reconoce que el sistema de AFP no es capaz de otorgar pensiones mínimas a la abrumadora mayoría de los adultos mayores, los cuales son en la actualidad un poco más de un millón y medio de personas”, señala Riesco.

La privatización del sistema previsional, ha significado que a partir de 1981, el Estado ha debido asumir, con sus propios recursos, el pago de todas las pensiones, incluyendo aquellas pocas pagadas por las AFP, las que se han financiado íntegramente con subsidios públicos. La reforma asume que esta situación se prolongará en buena medida, indefinidamente en el tiempo.

Los chilenos deben recordar cual ha sido el balance de la privatización del sistema previsional, dice Riesco, apoyado en un reciente documento de Cenda. “Entre 1990 y 2005, se les han descontado 23 billones de pesos [millones de millones de pesos del 2005] a sus salarios con este objeto. Ello equivale a un 40 por ciento del PIB del 2005. En el mismo lapso, las AFP pagaron algunas pensiones y otros beneficios, por un monto total de 4.4 billones de pesos, sin embargo, los financiaron íntegramente con subsidios fiscales, principalmente bonos de reconocimiento, los que sumaron esa misma cantidad. Una quinta parte de los 23 billones cotizados, es decir, más de 5 billones de pesos, fueron a parar a los bolsillos de las AFP y sus compañías de seguros relacionadas, en forma de comisiones. El resto, más los intereses ganados en el período, conforman los fondos de pensiones. Sin embargo ¿dónde se encuentran hoy día estos fondos? Más de la mitad de los mismos, están en manos de doce grandes conglomerados privados - entre ellos los dueños de las propias AFP -, que operan en el país, y de 8 fondos de inversión en el extranjero. Los han recibido en préstamo, o como capital accionario, y no existe garantía alguna que los restituyan, como no sea su solvencia, la cual, como se sabe, es siempre relativa”.

“Estos conglomerados, y las propias AFP, han sido los reales beneficiarios del ahorro forzoso de los chilenos”, concluye el economista.

Fuente:Revista Punto Final

Ateos del mundo entero, uníos contra el bushevismo

Lucio Manisco
Sin Permiso

La semana del 7 al 14 de enero ha sido la décimoquinta que registra la presencia de The God delusion [La ilusión de Dios], de Richard Dawkins en los primerísimos puestos de la lista de best sellers del New York Times. Un éxito extraordinario, si se tienen en cuenta la finalidad y el contenido de la obra del científico de Oxford: en síntesis, el recurso a la racionalidad científica del evolucionismo para demostrar la inexistencia de un ser sobrenatural, la réplica sin concesiones al neocreacionismo en versión “diseño inteligente” y la no menos contundente denuncia de las religiones judeo-cristianas por su impacto nocivo y represivo en el desarrollo social y en la libertad de los individuos y de los pueblos a lo largo de la historia occidental, sobre todo en nuestros días.

Dados los tiempos que corren, uno de los desafíos más ambiciosos y a contracorriente. Pero son precisamente los tiempos que corren los que motivan y explican el vasto eco alcanzado y la excepcional difusión lograda en EEUU y Europa por La ilusión de Dios (la editorial Bantam Press sigue lanzando nuevas ediciones cada dos meses, sin conseguir satisfacer la creciente demanda del mercado librero). No estamos frente a majaderías como El Código Da Vinci o el último thriller de John Grisham, The Innocent Man, basado en un suceso real, sino frente a un ensayo rigurosamente científico, aun si de un carácter divulgativo y de contracruzada menos frecuente en la amplia obra anterior del catedrático de comunicación de la ciencia de Oxford. Bien conocido en Italia por las traducciones de obras como El gen egoísta, El relojero ciego, El arco iris de la vida, A la conquista del Monte Improbable, y más recientemente, El cuento de los ancestros, Richard Dawkins ha sido honrado con la medalla de honor de la Presidencia de la República [italiana]: hay que esperar que el retraso en la publicación italiana por Mondadori de La ilusión de Dios, ya traducido a otras cinco lenguas, se deba sólo a razones técnicas o de oportunidad editorial. Más sospechoso, o acaso para nada sospechoso, es el silencio de nuestros medios de comunicación respecto del enorme eco despertado en el mundo anglosajón, y luego en Francia y en Alemania; aquí se cuentan con los dedos de una mano las reseñas aparecidas en periódicos nacionales, críticas, todas, basadas en lo que le falta a la obra, y no en lo que la obra es. Verbigracia: falta de un análisis antropológico de la religiosidad, substituida en Richard Dawkins por una denuncia del lavado de cerebros y del abuso de la infancia habituales en las religiones constituidas.

Ninguna mención al debate en curso desde mayo de 2006, que aún hoy prosigue en las páginas del New York Times, del New York Review of Books, del Financial Times o del Washington Post. Ninguna mención de laportada que le dedicó el semanario Time, ni del espacio y de las entrevistas dededicadas a Richard Dawkins en los mayores canales televisivos británicos y estadounidenses, en todos los demás medios de comunicación y en internet. Por consiguiente, no se ha hablado ni se ha escrito en Italia de las rabiosas polémicas de los teocons de EEUU, ni de las más cautas y racionales contestaciones de los expoentes de la cultura laica que han animado los seminarios credaos ad hoc por universidades y centros de cultura científica como el Salk Institute for Biological Studies de la Jolla, en California, el Science Network o la ultraconservadora Templeton Foundation.

El llamamiento de Dawkins a los ateos de todo el mundo para que hagan oír su voz, a fin de hacer de contrapeso del obscurantismo y el fundamentalismo religioso que están abismando a la civilización occidental en la violencia y en la barbarie ha sido silenciado en nuestro país: baste pensar en el éxito de otras obras del mismo tenor aparecidas en los últimos meses en los EEUU. Mencionemos Romper el espejo de Daniel Dennett, la Carta a una nación cristiana de Sam Harris, Dios no es grande, de Christopher Hitchens, o Dios, hipótesis refutada, de Victor Stanger.

No es, obviamente, la primera vez en la historia moderna que las oleadas del pensamiento ateo se levantan contra los ataques de la Iglesia a la Ilustración, desde la reviviscencia del dios-rey-patria en el Congreso de Viena que abrió el camino al positivismo de Auguste Compte y luego a los textos de David Friedrich Strauss, de Joseph Ernest Renan, hasta la “muerte de Dios”, unas pocas décadas después. La diferencia está hoy en el ascenso al poder de los “busheviques” (no sólo en los EEUU), en el impío apoyo poco recatado que le ofrece la Iglesia de Roma, que condena la guerra como pecado, pero no a los pecadores, y en la cada vez más difundida resolución a no seguir soportando la opinión pública las devastadoras repercusiones en la sociedad civil, en la paz y en la misma supervivencia del planeta, de las interferencias eclesiásticas en la gestión racional y laica de la cosa pública: un sondeo de opinión efectuado antes del solsticio de invierno en el Reino Unido ha puesto de manifiesto que el 82% de los ingleses considera que dañinas las religiones judeo-cristianas como causas primarias de las tensiones y las divisiones entre los pueblos.

Joseph Ratzinger (su definición como “Pastor alemán” por parte de Il Manifesto no es nada comparada con el calificativo de “Rottweiler de Dios” con que le obsequia la prensa británica) contribuye masivamente a esa hostilidad de la opiión pública y al éxito de las contracruzadas de los Dawkins y compañía: con estupefacta zozobra se acogieron fuera de nuestro país las declaraciones de Ratzinger a favor de la decisión del G-8, pávidamente resuelto a no exigir el cese del devastador ataque de Israel al Líbano, y los vaticanistas que asolan nuestros esquemas televisivos esperaron cuarenta y ocho horas a las reacciones de los medios de comunicación de otros países europeos y del mundo musulmán, antes de mencionar la grosera pero deliberada cita del Palelogo en el discurso de la Universidad alemana.

El nombramiento del arzobispo de Varsovia Stanislaw Wielgus ha sido la postrera guinda en el pastel de esa disfuncional gestión de la santa Iglesia romana.

Y de cualquier modo, su ingerencia continua, repetitiva, obsesiva, en la actividad de las fuerzas políticas, del parlamento y de las instituciones de una República como la italiana, nominalmente laica, tiene que desatar preocupación y alarma, también y sobretodo por la obsequisidad de los llamados teodems, y en general, de las instituciones.

“El vaso está colmado –ha escrito Vera Pegna en Il Manifesto del pasado 6 de enero—. Por foruna, el rechazo de las dobleces y de las ingerencias vaticanas se prolonga y se suma. Es de esperar que nuestros políticos lo tengan en cuenta”.

Sin embargo, los enfoques y los comportamientos de nuestros medios de comunicación no se condicen con tal auspicio.

Lucio Manisco es un crítico cultural italiano que colabora regularmente con el cotidiano comunista italiano Il Manifesto.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

El nuevo progresismo

escrito por René Dintrans   
sábado, 13 de enero de 2007
Leí en el Mercurio (1), la publicación de un documento exclusivo, en el cual dos connotados políticos de la alianza de gobierno, nos ponen sobre aviso, sobre la síntesis de dos corrientes políticas antaño irreconciliables adversarias y que hoy, Dios mediante + el exitoso experimento político llamado Concertación de Partidos Por la Democracia, bien podría significar en el breve plazo, una sólida corriente que pudiera materializarse en un partido que recoja lo mejor de cada uno. El Partido Concertación.

La fotografía que ilustra la publicación, muestra a la pareja de exponentes en pantalones cortos. Van sentados sobre una lancha con motor fuera de borda. Se siente el ruido de muchos caballos de fuerza revoloteando sobre el mar azul que tenemos como fondo. Sus rostros, aparte de reflejar una larga amistad, tienen sonrisas apenas insinuadas de satisfacción, de saberse políticos serios y sistemáticos en su desempeño, conocidos por sus aportes a la construcción del Chile que hemos visto en estos años de gobierno, de la más exitosa alianza que haya tenido jamás en toda su historia republicana.
 
Es de sinceridad reconocer, que no entendí nada a la primera lectura. Ya en la segunda, comprendí que por ese camino no iba a encontrar la síntesis de esa visión que quería en ese momento a toda costa entender. Como es mi costumbre en estos casos, me fui derechito a las frases estructuradas, para desde esa posición, descubrir las claves y luego proyectarlas o inferirlas, de modo de dibujar el eje de esta curiosa propuesta, exclusiva por lo demás, y que nos las entregan en bandeja de plata, bajo el patrocinio del decano de los diarios de Chile.
 
Recogí los siguientes grupos de frases:
 
“En la era de la globalización y la posguerra fría, ambas ( social democracia y social cristianismo) están llamadas a converger en una síntesis superior, para dar respuesta a los nuevos desafíos del siglo XXI.”
 
“Ambas corrientes filosóficas y políticas tienen en común una profunda raíz humanista, la una de origen laico y la otra de origen cristiano. La colaboración y la convergencia entre ambos humanismos aparecen como una de las claves para hacer frente a la gran tarea de comienzos del siglo XXI: humanizar la globalización y favorecer el entendimiento entre civilizaciones y culturas diversas.”
 
“¿No es acaso la "Concertación de Partidos por la Democracia" la anticipación de esta nueva convergencia entre socialismo democrático y democracia cristiana, en la realidad de Chile y América Latina?”
 
“Nos mueve, sin embargo, una profunda convicción en torno al tremendo potencial de esta nueva concertación, a partir de nuestras propias historias: historias personales y colectivas...”
 
“Los nuevos desafíos de una sociedad más moderna y abierta exigen una permanente renovación del ideario político para interpretar el mundo que viene y que nosotros mismos hemos contribuido a formar. Debemos no sólo perseverar en el camino que estamos siguiendo, sino profundizarlo y proyectarlo con audacia.”
 
“...buscar nuevas formas de representar a la ciudadanía que no quiere el conservantismo ni el neoliberalismo.”
 
 
 
¿Y ahora, qué podré hacer con estas tremendas verdades, cómo barajo el naipe?
 Nada mejor que reconstruir un diálogo:
 
- ¿José Antonio, te das cuenta que hemos hecho historia? –
 
-  Desde luego Ignacio, hemos hecho lo que nadie mejor que nosotros podría haber hecho. Hemos posibilitado el desarrollo revolucionario del capital, lo que el propio Marx admiraba tanto del capitalismo que sí que conocía, y lo hicimos, sin olvidarnos del énfasis en lo social –
 
-Tenís razón José Antonio, en Chile la Izquierda es fuerte y la Concertación ha tenido la virtud de controlarla. –
 
-Tanto es así Ignacio, que los tipos grandes confían más en nosotros que en los infantes de Chicago. Paradójicamente, les damos más confianza. Aunque te aseguro que nos respetan, nos respetan. –
 
- Obvio, Harvard ha hecho la diferencia. Eyzaguirre y Velasco, son sólidos y nosotros debemos encargarnos de que la gente entienda este tremendo esfuerzo. –
 
- No solamente la gente, hay un sinnúmero de inversionistas que se viene con la globalización, ellos cuentan con la capacidad nuestra de gestionar,
 con nuestra experiencia, ellos no arriesgan así nomás. –
 
- Ciertamente, tenemos el deber de ser lúcidos. Debemos tener el ánimo de gestionar este nuevo Chile. –
 
- Claro, tenemos posicionada la marca Concertación, no hay para qué meterse en las patas de los caballos, la gente seguirá votando por nosotros aunque hagamos de la noche, el día. Lo que importa es la gestión.
 
- Hacer algo diferente José Miguel, sería ser pendejo desde la pé hasta la o. –
 
- Buena, ja, ja.

Abogada alemana acusa a Farías de comparar a Allende con Goebbels

por Jorge Escalante (Chile)   
martes 09 de enero de 2007
La abogada alemana residente en Berlín y ex colaboradora en el apoyo germano a la oposición a la dictadura de Augusto Pinochet, Petra Schlagenhauf, manifestó a La Nación que en un programa de la televisión berlinés, el profesor Víctor Farías “comparó a Salvador Allende con el nazi Joseph Goebbels”, que fue ministro de propaganda de Hitler.

La abogada, que participó en un foro realizado el año pasado en Berlín organizado por académicos para que Farías explicara sus dichos contra Allende, tratado como un antijudío y pronazi en el libro “Salvador Allende: antisemitismo y eutanasia”, afirmó que “yo personalmente vi y escuché eso dicho por Farías en el canal de la Rundfunk Berlin Brandenburg (RBB)”.

Entrevistado el profesor Farías por el canal para consultarlo por qué se había reunido con el alcalde del municipio de Treptow-Köpenick para pedir que se les quitara el nombre de Salvador Allende “a un colegio, a un barrio y a una Kaufhalle (supermercado)”, la abogada manifestó que “Farías respondió a la periodista con otra pregunta y le dijo: si en Berlín hubiese una calle que se llamara Joseph Goebbels, ¿no desearía usted que los lugares que lleven ese nombre se cambien?”.

En el mismo sentido, la abogada desmintió que el nombre de Allende se hubiese quitado ya a esos lugares. “Eso es totalmente falso. Sé que en Chile ha circulado esa información, pero es absolutamente falso. Yo vivo en Berlin y eso es una vil mentira”, expresó.

De la misma manera, Schlagenhauf dijo que “fui personalmente al Bundesarchiv (Archivo Federal) para verificar una información de Farías en su libro donde dice que, según documentos hallados por él en ese archivo, Allende viajó a la RDA (ex Alemania Oriental) para entrevistarse con un miembro del SED (Partido Socialista Unificado de Alemania Oriental), donde pidió dinero para montar una imprenta en Chile que se pondría a su nombre y con la que haría negocios. Pero el texto alemán original de ese documento dice que en esa conversación se planteó abrir una imprenta en Chile para sacar un diario de izquierda y que, por razones de seguridad, se tendría que poner la imprenta a nombre de una persona, que no era el suyo. Eso fue falsear el documento original”.

Refiriéndose al foro que académicos organizaron invitando a Farías para que se debatiera sobre su libro, la abogada relató que “Farías se negó a debatir con la gente que se iba a invitar. En principio quiso dar sólo una charla y no aceptar preguntas del público, porque, supuestamente, no tenían la calidad académica para hacérselas, lo que no se le aceptó y se organizó un foro para debatir. En el foro participaron el catedrático Urs Müller-Plantenberg y Joan Garcés, de la española Fundación Allende, pero Farías se negó a ir”.

Respecto de la repercusión que tuvo en Alemania el libro de Víctor Farías donde acusó a Allende de antijudío y pronazi, la abogada recordó que en un comienzo “la prensa le dio bastante cobertura por la trascendencia de lo que se planteaba, pero luego hablamos con los periodistas y les dijimos que chequearon la información del libro, que chequearan los originales de los documentos del Bundesarchiv que Farías citaba, y entonces empezaron a relativizar la información que Farías entregaba”.

Sin entrar a calificar el motivo ni plantear que la salida de Farías de la Universidad Libre de Berlin se debió a sus acusaciones contra Allende, la abogada recordó que “efectivamente, Farías ya no es profesor de la Universidad Libre de Berlin y no vive más en Berlin”.

Además, negó información que circula en internet que dice que “Joan Garcés y grupos estalinistas en Berlín, intentaron solicitar a la universidad la expulsión de Víctor Farías como profesor”.
La Nación, Martes 9 de Enero de 2007
www.lanacion.cl

Farias sobre Allende: el mito de la desmitificacion

por Pablo Oyarzún (Chile)   
martes 09 de enero de 2007
Presentación del artículo:
La noticia, recientemente conocida en Chile, de que la FUNDACION SALVADOR ALLENDE, de España, dirigida por Joan Garcés, ha entablado ante el Juzgado de Primera Instancia No. 59 de Madrid, una demanda en contra del profesor Chileno Víctor Farías, autor de dos libros sobre el Presidente, "por menoscabar su honor", hace necesario dar a conocimiento público a alguna información que permita entender el carácter y propósitos de aquellos libros; el más reciente de los cuales, titulado Salvador Allende: el fin del mito, fue publicado en Santiago en el 2006. De allí que a continuación reproduzcamos una reseña crítica escrita por el profesor Pablo Oyarzún, que precede al texto de la edición chilena de la memoria de tesis de Allende para optar al título de médico, titulada: HIGIENE MENTAL Y DELINCUENCIA, escrita en 1933. Esta edición, cuya lectura completa recomendamos fervientemente, fue publicada bajo el sello editorial del CESOC en el 2005, habiendo sido patrocinada y financiada por la FUNDACION SALVADOR ALLENDE, de España, como se indica en la misma portada,"en respuesta al libro difamatorio de Victor Farías", que comenta aquí Oyarzún.  
Hermes Benítez


En las últimas semanas ha empezado a circular en Chile un libro del doctor Víctor Farías, profesor de la Universidad libre de Berlín, con el contundente título Salvador Allende. Antisemitismo y Eutanasia (Santiago, Editorial Maye Ltda., 2005, 115 pp.) Las publicaciones de Farías suelen levantar polvareda. La mayor de todas, y la que instaló el nombre de nuestro coterráneo en los medios internacionales, fue la que provocó su célebre Heidegger y el nazismo, que apareció en 1987, no lejos de la víspera de los cien años del natalicio del filósofo alemán. Este otro tampoco dista mucho del centenario de Allende, como tampoco estuvo demasiado lejos su trabajo sobre Borges del centenario de este mismo.

En cuanto a aquel primer libro (en más de una ocasión me he referido a él), se debe decir que todo o casi todo lo que dice el doctor Farías se sabía; no en vano éste había sido sometido a un tribunal de des-nazificación después de la guerra, y los antecedentes siguieron acumulándose posteriormente. El principal aporte de Farías habría sido probar que la filosofía de Heidegger era intrínsecamente nazi, pero eso se quedó en el amago. Hubo una coyuntura histórica, quizá motivada también por cierta decantación que hacía del pensamiento de Heidegger un lugar de referencia obligada de toda la reflexión filosófica contemporánea (el postestructuralismo francés, el pragmatismo norteamericano, etc.), y que volvió a preparar al público para el escándalo, sin perjuicios de los correctivos categóricos que le inflingieron a los dictámenes de Farías varias de las figuras internacionales mas relevantes de la filosofía.            

Con el doctor Allende es distinto. El caso que pretende construir Farías, visto en conjunto y en perspectiva, haría de Allende una especie de sorprendente cripto-nazi, convicto de racismo y antisemitismo (y quizá no huelgue recordar que Gossen es un apellido sefaradí[Nota: nombre que le da a los judíos españoles]), impulsor de planes que no distan mucho del exterminio.

Farías funda su caso en tres pilares. Uno es la memoria que redactó el joven Allende para obtener el título de Médico-Cirujano (Higiene mental y delincuencia, Universidad de Chile 1933), otro un proyecto de ley que una comisión de médicos elaboró al alero de su Ministerio en 1939 y que Allende no aprobó y, por consiguiente no llegó al Parlamento, el tercero, que se evoca al comienzo del libro, la situación del criminal de guerra nazi Walter Rauff, avecindado en Chile. A ello se agregan algunas oscuras insinuaciones sobre los vínculos económicos que habrían comprometido a Allende con capitales nazis.

Sobre Rauff, cuya extradición fue negada por el pleno de la Corte Suprema en 1963, se tiene, creo, suficiente claridad. Según consta en las memorias de Simon Wisenthal, éste escribió una carta al presidente Allende en agosto de 1972 solicitando nuevamente la extradición, la cual motivó una respuesta del mandatario argumentando que, aunque compartía sus razones, era improbable reabrir el proceso ya sentenciado y [que] no estaba dentro de sus facultades acceder a la petición; una segunda carta, un año más tarde, que pedía la expulsión de Rauff, no alcanzó a ser contestada por Allende.

No hace mucho el historiador Gonzalo Vial dedicó una de sus amplias páginas de la sección editorial del periódico La Segunda a comentar el libro de Farías. El comentario, si mal no recuerdo, era entre elogioso y matizado; lo último se refería a la necesidad de ponderar el contexto en el que fue redactada la memoria, y es oportuna prevención historiográfica a la hora de emitir juicios, sobre todo si son del calibre de los que nos ocupan.

He leído la memoria del doctor Allende, y me parece evidente que Farías traza una fisonomía con líneas gruesas que confunde todo lo que en ella se dice. Un cúmulo de citas, paráfrasis y referencias a la literatura médica y médico-antropológica de la época, que el candidato a doctor incorpora las más de las veces a título de debate, son imputadas (en todos aquellos casos en que contribuyen a la indeseable fisonomía) derechamente al autor de la memoria. Pongo sólo un par de ejemplos que atañen al baldón de racista y partidario de 'soluciones' radicales, pero pido al benévolo lector creerme si le digo que se los puede multiplicar varias veces.

En la introducción de la memoria, Allende manifiesta las motivaciones humanistas que lo inspiraron a recoger el tema de la higiene mental y delincuencia, que no son más que el 'anhelo de días mejores' para los delincuentes con los que tuvo 'largas horas de charla' en la Casa de Orates, y cuyas vidas estaban 'salpicadas de sangre, dolor y miseria', esperanza ésta que está mejor alentada porque '... frente a los problemas de la mente y a los problemas de la delincuencia, la Humanidad ha recorrido y está recorriendo un largo y accidentado camino. El loco y el delincuente han dejado de ser escarnecidos, despreciados, aherrojados. Una amplia comprensión, basada en hechos científicos, ha puesto fin a su martirio; y ese complejo humano, ilimitado, variable y oscuro, que forman locos y delincuentes, se ha iluminado, en gran parte, a la luz de estudios científicos.' El doctor Farías lee esa misma introducción suponiendo que Allende formula la eugenesia como 'solución' a ese martirio, empleando un término que Allende no ha mencionado, y que tiene resonancias ominosas a causa del uso que el nazismo le dio años después, construyendo así, una asociación donde no la hay.

En cuanto a la raza, en desmedidas páginas Farías imputa a Allende un paroxismo antisemítico que cualquier lectura sensata no podría discernir ni en un instante de supina obnubilación. Hay en la memoria una breve sección que, en el contexto de los factores exógenos de la criminalidad, discute el posible influjo de las razas sobre la conducta delictual, apelando a teorías en curso, en la cual Allende concluye diciendo: 'carecemos de datos precisos para demostrar este influjo en el mundo civilizado'.

(Dicho sea de paso, en entrevista del pasado 24 de mayo [del 2005], el doctor Farías anuncia que se prepara para una invitación que dice haber recibido de Köpenick, una pequeña ciudad al sudeste de Berlín, para cambiar el nombre de plazas, calles, escuelas, barrios, puentes y clubes que llevan el nombre de Allende: 'Y le he solicitado que el nombre que lo reemplace sea el de la mayor mujer de Chile: Gabriela Mistral'.La verdad es que es Farías quien ha hecho esta petición, y el edil le ha contestado, en entrevista radiofónica, que antes de dar fe a su versión de la memoria de Allende, debe el alcalde conocer el juicio que la misma merece a otros historiadores. En todo caso, sólo cabe hacer votos que Farías no lea antes, en su peculiar estilo, las muchas páginas que Gabriela Mistral, nuestra mayor pensadora de la raza, le dedica al tema.)

Lejos de promover iniciativas discriminatorias, y peor, de fundarlas en una sedicente y muy dudosa 'ciencia médica', de la cual él mismo se precave expresamente, en su trabajo Allende parece más bien preocupado de establecer principios educativos, de salud pública, de prevención y de organización social de las instituciones clínicas con vistas a la mejor administración de patologías que tiene, precisamente, gravitación social. Pero el punto es que el doctor Farías cita y entresaca con sistemático desapercibimiento del sentido y del contexto.

Si se compara este caso con aquel otro de Heidegger, salta a la vista la diferencia. Cuando se encendió aquella otra polémica, empezó a parecer evidente que el doctor Farías hacía un uso bastante tendencioso de los textos del filósofo alemán. Desde el punto de vista de las acusaciones ello podía tener un efecto, puesto que les aportaban énfasis, y aunque muchas manipulaciones eran flagrantes, no se apartaban del todo de la verdad masiva de los hechos; pero claro, mirando desde la perspectiva de la seriedad historiográfica la cosa dejaba mucho que desear. En el caso de Allende -y esta es la diferencia-el asunto raya en la calumnia.

En cuanto al proyecto de esterilización, permítaseme referir un recuerdo de pubertad. Escuché una vez conversar sobre Allende al doctor Gustavo Vila con mi padre, doctor también, amigo de Vila, el cual era a su vez amigo de Allende, respecto del cual mi padre, que lo conocía de largos años, guardaba cierta reticencia. El doctor Vila trataba de convencerlo de que la vocación y la agudeza política eran la medida de Allende, y lo hacía con argumentos y con la evocación de ciertos incidentes. Llegó al punto que me interesa mencionar: '¿Te acuerdas de aquellas sesiones de la Sociedad de Neurología? En una de ellas se discutió una redacción del proyecto sometido a nuestra consideración por Allende, entonces Ministro de Salud, y que traía una presentación del doctor Brücher' (Ambos conocían bien a Brücher y no tenían muy buena opinión de él). 'Allende me llamó para advertirme del envío y me pidió que hiciera un comentario según mi mejor parecer. Entendí que quería deshacerse del proyecto. Probablemente hizo lo mismo con su amigo el doctor Cubillos, que también trajo un comentario demoledor. El proyecto feneció rápidamente y nunca más volvió a hablarse de él'.

El problema con el doctor Farías es que sostiene realizar una contribución señera a la historiografía nacional, con propósitos de desmitificación. Estos son buenos propósitos, nobles propósitos, pero es indispensable que tenga buenas bases. El alegato que el mismo profiere a favor de 'la historiografía seria, esto es, la que se funda en fuentes primarias', y que cualquiera de nosotros suscribe sin reservas, no se ve bien servido por su realización. Un estudio que cifra sus fortalezas en el uso arbitrario de las fuentes y la lectura metódicamente sesgada no es el mejor modo de ofrecer un modelo de rigor y de verdad histórica."

El autor es Decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile

Política: A LOS TRIBUNALES LA JUSTICIA NO LLEGA

Política: A LOS TRIBUNALES LA JUSTICIA NO LLEGA Enviado el Lunes, 08 enero a las 09:59:47
Una vez más los tribunales de justicia emiten un pronunciamiento que atenta en contra de todo principio de reparación a las víctimas en casos de derechos humanos. Suprema establece que responsabilidad civil del Estado ya prescribió.


El pasado viernes 5 de enero de 2007, la Tercera Sala de la Corte Suprema dictó un fallo donde estima que para presentar demandas por daños morales sufridos por los familiares de las víctimas de violaciones a los derechos humanos, se extingue a los cuatro años de haberse producido la desaparición. De este modo, el máximo tribunal busca cerrar las causas civiles en contra del Estado chileno.

Este pronunciamiento de la Corte Suprema fue producto de un recurso de casación interpuesto por los familiares de la militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), María Isabel Gutiérrez Martínez, quien fuera detenida y desaparecida por agentes del Estado, el 24 de enero de 1975, desde el Regimiento Militar Maipo de Valparaíso.

Pero su caso no es el primero, antes los tribunales se habían pronunciado respecto a la demanda civil presentada por la familia de Luis Manríquez Wilden, donde también la Corte negó el derecho de solicitar indemnización por crímenes de lesa humanidad ocurrida durante la dictadura militar.

De esta forma los tribunales han comenzado a acoger la posición del Consejo de Defensa del Estado, quienes han sostenido que los familiares de las víctimas de crímenes del régimen militar no tienen derecho a solicitar reparación civil, aduciendo la prescripción de los delitos.

Ante todo sentido común la actitud del máximo tribunal de justicia atenta en contra de los derechos que tiene todo ciudadano de perseguir civilmente a los responsables de los asesinatos y desaparición de cientos de chilenos en manos de los organismos represivos del Estado como fue la DINA, la CNI y los aparatos de inteligencia de las Fuerzas Armadas.

Hoy intentan los Tribunales establecer un precedente jurídico que reinstala la impunidad al señalar que sólo se puede perseguir judicialmente, la responsabilidad civil, a los cuatro años de haberse producido el delito y, olvidan que ellos mismos negaron por años los recursos de amparo o de habeas hábeas a favor de las víctimas, lo que sin duda habría evitado la muerte, la tortura o el asesinato de niños, jóvenes, mujeres y hombres durante los 16 años que gobernó el ex general Pinochet.

Sin duda hoy los Tribunales de Justicia deniegan lo que ellos dicen defender. Por ejemplo: ¿Cómo solicitar indemnización civil al Estado de Chile por María Isabel Gutiérrez en 1979 si en ese momento ni la Corte la reconocía como detenida desaparecida?, Resulta un absurdo el solo pensar hacerlo. En ese momento la familia buscaba rescatarla con vida de alguna mazmorra secreta que ningún juez quiso visitar.

El tiempo es un mero tecnicismo jurídico utilizado para aplicar prescripciones y dejar impune delitos que hasta hoy se mantienen sin respuesta. Los criminales y agentes del estado siguen caminando libres por las calles de Chile y, el Estado, como responsable jerárquico del actuar de sus funcionarios se lavan las manos.

Fundamentar que los pactos internacionales sobre crímenes de lesa humanidad no pueden ser aplicados en estos casos por que no existían o no estaban en vigencia como instrumento jurídico cuando se produjeron los crímenes, a todas luces es una barbaridad quizás no jurídica pero si moral, ya que una vez más, ampara al delincuente y deniega la justicia para con las víctimas.


Por Roberto Portilla. El autor es periodista y Editor General de Crónica Digital.

Ideologías de la corrupción

Si se dispone de fondos propios, es posible usar el propio bolsillo. Pero si es la única alternativa, no estamos hablando entonces de una democracia, sino de una plutocracia encubierta, que llamamos de otra forma para apaciguar nuestra conciencia.



Álvaro Ramis

Centro Ecuménico Diego de Medellín

Existen variadas y diversas ideologías de la corrupción. Por ello, es necesario una fina disección para distinguirlas unas de otras. La más perniciosa de todas es la que convierte a la corrupción ajena en un insumo al servicio de la conveniencia personal.La mejor manera de acabar con la ética política es convertirla en un arma en el combate por el poder, porque en ese momento el discernimiento ético de la conducta de los dirigentes públicos se torna imposible, se hace fácil intuir que las acusaciones cruzadas que se lanzan no tienen otro propósito que saldar disputas y confrontaciones palaciegas.

En los viejos días de las monarquías, las cortes hervían de intrigas, donde insidias y calumnias servían para indisponer a un cortesano ante el rey. Obviamente, los delitos de entonces eran diferentes: se podía acusar a un consejero indeseado de ser hereje, o revelar sus amoríos con alguna sirvienta, o incluso sus incursiones en las tabernas frecuentadas por la plebe. En nuestros días, bajo nuevas formas y estrategias, este recurso sigue siendo usado con amplitud, porque suele redituar en la lucha por los cargos o las posiciones de autoridad. Es obvio: en esta guerra nada tiene que ver la sincera búsqueda de restablecer la moral y la ética pública, eventualmente dañadas.Se trata, de modo simple, de la utilización retórica de palabras como probidad y transparencia. Detrás de los gestos de calculada indignación, surge el dedo acusador que busca cabezas para hacer rodar ante una muchedumbre vociferante.

Y después de estas escenas de estudiada afectación, lo que nunca aparece es el debate sobre las estructuras corruptoras que permiten que los corruptos pasen, pero las prácticas perversas se mantengan.

Las publicitadas acusaciones de Jorge Schaulsohn parecen ser un ejemplo muy evidente de este empleo utilitarista de la moralidad pública. No obstante, su acusación dejó en el aire un debate que es necesario recoger: la existencia de otra “ideología de la corrupción”, que consistiría en un argumento legitimador basado en la lógica de las compensaciones: dado que la derecha dispone de tanto dinero en sus campañas electorales, eso habilitaría a la Concertación a abusar del erario fiscal. Obviamente, esta “ideología” cumple la función de apaciguar y legitimar el sistema, mediante la subordinación de los recursos ilícitos a los fines superiores.

El problema parece éticamente muy simple de resolver: como el axioma afirma que nunca un objetivo justo permite el uso de un medio injusto, esta ideología de las compensaciones electorales se cae por su propio peso. Pero, lamentablemente, no es tan fácil el fondo del asunto. El ex diputado y ex presidente del PPD no profundiza en su análisis, ya que da por sentado que un hipotético triunfo electoral de la derecha no constituiría un problema: “Yo no quiero ver a la oposición en el Gobierno no porque crea que sería malo para Chile, sino porque no comparto sus ideas. Si no fuera así, querría decir que es una mentira la democracia que decimos que hemos construido”, dijo de modo categórico. El tema es saber si esta democracia, donde el dinero es un factor tan determinante y crucial, es posible reconocerla como una democracia de verdad.

Cuando las elecciones se resuelven a punta de millones, en una compleja red de financiamientos oscuros, que entrecruzan los intereses de empresas y candidatos, es difícil establecer el lugar de la libre elección de la ciudadanía. Más importante parece ser el padrinazgo de las trasnacionales, o los compromisos adquiridos a priori por el candidato ante sus financistas. Entonces, no es tan claro lo que es peor: un candidato que no incurre en prácticas formalmente corruptas, pero subordinado a los intereses de quienes le financian, o un candidato que logra zafarse de las presiones privadas echando mano a los fondos públicos.

Esta discusión hace que nuevamente tengamos que discutir sobre medios y fines. No se trata de aceptar el mal menor, sino de reconocer que mientras las estructuras corruptoras se mantengan la única diferencia que separa actos igualmente repudiables es la intencionalidad que los motivó. ¿Qué se puede hacer cuando no existen medios lícitos para alcanzar nobles y justos fines? Ésa parece ser la paradoja de nuestra democracia, que castiga a los honestos y premia a quienes “aprovechan las oportunidades”.

La existencia de mecanismos y estructuras corruptas imposibilita que un ciudadano honesto pueda llegar a ocupar un puesto de representación pública sin que de una u otra forma se manche las manos: o se subordina a sus donantes particulares o utiliza recursos del Estado. Para el ex diputado Jorge Schaulsohn es fácil resolver esta paradoja: si se dispone de recursos propios, es posible usar el propio bolsillo. Pero si es la única alternativa, no estamos hablando entonces de una democracia, sino de una plutocracia encubierta, que llamamos de otra forma para apaciguar nuestra conciencia.

¿Termina mi libertad donde empieza la tuya?

por Leonardo Boff (Brasil)   
viernes 05 de enero de 2007
Muchas veces escuchamos esta frase, considerada casi como un principio. Nunca vi a nadie cuestionarla. Pero pensando en los presupuestos subyacentes y en las posibles consecuencias debemos ponerla en cuestión seriamente. Es la típica libertad propugnada por el liberalismo como filosofía política.

Con el derrocamiento del socialismo realmente existente se perdieron algunas virtudes que, bien o mal, él había desarrollado, como el sentido del internacionalismo, la importancia de la solidaridad y la prevalencia de lo social sobre lo individual. Con la ascensión al poder de Thatcher y de Reagan volvieron furiosamente los ideales liberales y la cultura capitalista con la exaltación del individuo, la supremacía de la propiedad privada, la democracia delegaticia y la libertad de los mercados. Como consecuencia cabe constatar que actualmente hay mucha menos solidaridad internacional y preocupación por los cambios en favor de los pobres del mundo que antes.

Este es el telón de fondo sobre el cual debe entenderse la frase «mi libertad termina donde empieza la tuya». Se trata de una comprensión individualista, del yo solo, separado de la sociedad. Es la libertad «del» otro y no «con» el otro. Para que tu libertad empiece, la mía tiene que acabar. O para que tu empieces a ser libre, yo tengo que dejar de serlo. Consecuentemente, si la libertad del otro no comienza, por la razón que sea, entonces mi libertad no tiene límites y puede expandirse como quiera porque no encuentra la libertad del otro. Ocupa todos los espacios e inaugura el imperio del egoísmo. La libertad «del» otro se transforma entonces en libertad «contra» el otro.

Esta comprensión subyace al concepto vigente de soberanía territorial de los estados nacionales. Hasta los límites de otro estado es absoluta. Más allá de esos límites es nula. La consecuencia es que ya no hay lugar para la solidaridad. No se promueve el diálogo ni la negociación, buscando convergencias y el bien común supranacional. En la crisis del gas entre Brasil y Bolivia hemos visto la vigencia de este concepto de libertad neoliberal y de soberanía individualista, exigida por muchos. Normalmente cuando este paradigma entra en funcionamiento se instaura un conflicto que se resuelve por la fuerza. La soberanía de uno aplasta a la soberanía del otro, sacrificando la libertad. Ha sido sabiduría del Presidente Lula no guiarse por esta lógica y no haber desistido —para irritación de la gente del viejo paradigma de la fuerza y del trueque—, de dialogar incansablemente y de buscar convergencias con el presidente Evo Morales. Lo que dio, efectivamente, buenos resultados.

Por eso, la frase correcta debe ser ésta: mi libertad solamente comienza cuando empieza también la tuya. Es la perenne lección dejada por Paulo Freire: jamás seremos libres solos; sólo seremos libres juntos. Mi libertad crece en la medida en que crece también la tuya y gestamos conjuntamente una sociedad de ciudadanos libres y solidarios.

Por detrás de esta comprensión de libertad solidaria se encuentra el principio humanista: «haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti». Nadie es una isla. Somos seres de convivencia. Todos somos puentes que se unen unos a otros. Por eso nadie es sin los otros y libre «de los» otros. Todos estamos llamados a ser libres «para» los otros y «con» los otros. Como dejó escrito el Che Guevara en su Diario: «solamente seré verdaderamente libre cuando el último hombre haya conquistado también su libertad».
2006-07-21