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Opinion

Chile: El zapato chino del sistema…

Chile: El zapato chino del sistema…

Por Andrea Dufournel

Desde que se instaló en la agenda política la discusión sobre la calidad de la educación que los jóvenes chilenos tienen a su alcance, a la clase política, como suelen autodenominarse quienes nos gobiernan y otros que han logrado llegar al parlamento, se le ha crispado los nervios. Unos porque sus intereses económicos en la entrega de opciones académicas podrían ser discutidos y otros porque, sin aparecer nombrados, solapadamente tienen participación en el “negocio” de la educación. Los estudiantes, jóvenes que hasta hace algunos años eran indiferentes a todo lo que “ellos” hacían o deshacían comenzaron a moverles los bolsillos y el piso a todo el tinglado que, desde la dictadura a esta parte, por medio de un acuerdo tácito, lograron imponer.

El gobierno ha entregado propuestas a los estudiantes, pero, que en el fondo y en la forma, son intentos por cambiar todo para que al final todo quede igual, subestimando la inteligencia de los movilizados. Pero el asunto va más allá, ahora han entrado a tallar los parlamentarios que, luego de más de dos meses de paros, tomas, marchas, cacerolazos, no sólo de los principales actores, que son los estudiantes, sino que de la sociedad toda, sienten que es tiempo de buscar una salida lo más honrosa posible a este zapato chino, y deben buscar la manera de que sus intereses económicos no sean tocados, en lo posible, ya que no están dispuestos, aunque no lo digan, a perder este tan lucrativo negocio. Ministros, parlamentarios, amigos de los que tienen el poder, sus familiares, tienen colegios o acciones o inmobiliarias que les arriendan la infraestructura a estas entidades educacionales.

Durante la dictadura se logró instalar la reforma educacional que hoy nos moviliza, pero durante los veinte años en que gobernó la concertación hicieron poco o nada para cambiar las cosas, se han formado verdaderas fortunas lucrando con las subvenciones educacionales entregadas por el estado, los millonarios aportes que se les entregan, se sabe, no van a mejorar la educación de los niños y jóvenes, van a parar directamente a las cuentas corrientes de los sostenedores. Pero a la vez se dice que el estado no puede manejar la educación y le entregaron esa responsabilidad a los municipios, que sin lugar a dudas no han cumplido y no han sabido administrar esta compleja e importante tarea.

El gobierno ha apostado por el desgaste del movimiento, pero lejos de lograrlo éste ha ido en ascenso, sumando, como lo decíamos anteriormente, a padres, trabajadores, organizaciones sociales, quienes han sido sometidos a las más brutales de las represiones, han sido gaseados, apaleados y detenidos. Lejos de amedrentarlos ha inyectado más fuerza al movimiento.

Las posibilidades de lograr los cambios que se piden han sido descartadas de plano por Piñera, cuando dijo: “todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas más fueran gratis para todos, pero quiero recordar que al fin y al cabo nada es gratis en esta vida, alguien lo tiene que pagar”, declaraciones esperables y que no nos sorprenden, al parecer Piñera no está gobernando, no es el presidente que supuestamente representaría a muchos chilenos, es solamente una marioneta que tiene en su esencia la especulación y el amor incondicional por el dinero, que la están manejando los partidos que conforman su coalición , tal cual como ha ocurrido con los anteriores gobiernos , ¿quién lo podría poner en discusión? .

Los partidos políticos dirigidos por los dinosaurios que aún quedan, han contagiado a todos los demás y como aún ninguno de estos personajes se ha atrevido a proponer, en serio, reformas de fondo a ese hijo tarado de la dictadura que es la Constitución Política del Estado, la siguen usando a su favor, en desmedro del pueblo y resguardando con ella sus intereses. Ese es el espíritu de este esperpento: favorecer a quienes tienen el poder económico entregándonos el mayor gesto “democrático” de votar cuando se nos llame y sería todo, hasta las próximas campañas donde prometerán una verdadera hemorragia de soluciones a todos nuestros problemas.

Es ahora, es el momento de plantarnos de frente, como lo han hecho los estudiantes, todos los chilenos y no darles tregua, no aceptar soluciones cosméticas, debemos lograr poner en la discusión la instalación de una Asamblea Constituyente que logre los cambios profundos que requiere la sociedad chilena y termine así con las políticas con que nos han engañado por mucho… por demasiado tiempo. 

Fuente: Argenpress

La mecha de la historia

La mecha de la historia

Claudia Rafael (APE)

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“Son aves que no se asustan
de animal ni policía,
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría.
Caramba y zamba la cosa,
¡que viva la astronomía!”
(Violeta Parra)
Los jóvenes en las calles sacuden al mundo. Inquietan. Conmueven. Llenan de interrogantes. Despiertan miedos al tiempo que van tajeando con libertades nacientes las grietas del sistema. Destrozan certezas con su paso danzante mientras rappean no tengo mucha plata pero tengo cobre aquí se baila como bailan los pobres. Echan luz con el desparpajo de los años sobre el camino calcificado por adultos que tejieron un mundo que desprecian.
Hoy es Chile como ayer y mañana Francia, Túnez, Inglaterra, Libia, Egipto o Puerto Rico. La vida es hoy. El futuro llegó a mí. Es subirse al puente de la insurrección o quedarse a esperar que la vida transcurra.
Chile sigue ofreciéndose –en tiempos de promesas electorales- como el lugar paradisíaco de destino. El espejo en el que quieren que nos reflejemos como utopía trasandina. Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial sitúan el crecimiento económico de Chile próximo al 6%. E indican además que “el país seguirá a la cabeza en PIB (Producto Bruto Interno) en Sudamérica hasta al menos 2014. Su posicionamiento se mantendría hasta 2014, cuando su PIB per cápita alcanzaría a US$ 18.659”.
Andrés Zahler Torres, investigador y profesor del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Diego Portales, de Santiago publicó en la web del Centro de Investigación e Información Periodística (Ciper) que “el 10% de los chilenos tiene ingresos promedio que superan los de Noruega, mientras que los ingresos del 10% más pobre son similares a los de los habitantes Costa de Marfil. La gran mayoría tiene, en promedio, menos ingresos que los angoleños. Pese a que el PIB de Chile superó los 200.000 millones de dólares el año pasado, los niveles de desigualdad demuestran que no basta con el crecimiento para alcanzar el desarrollo”.
En detalle plantea: “El 10% más rico de los chilenos vive de hecho como en un país muy rico. El ingreso promedio de este grupo (más de $60.000 dólares per cápita, en términos comparables) es superior al promedio de Estados Unidos, Singapur y Noruega. El segundo grupo vive levemente mejor que Hungría, con ingresos similares a Eslovaquia y Croacia, países de ingreso medio-alto. Este 20% es el Chile que vive bien o muy bien”.
Pero qué pasa con el otro Chile. El de cobre y mineral que suda en las minas y se desangra sin techos ni libros entre las manos. “El tercer 10% de la población vive como el promedio de Argentina y México. El cuarto grupo como Kazajstán. Todavía nos queda el 60% de la población. Allí nos encontramos con ingresos equivalentes al de Perú en el 5º grupo; similar a El Salvador en el 6º grupo; Angola en el grupo 7; Bután y Sri Lanka en el 8º; similar a la República del Congo (9º); y, finalmente, similar a Costa de Marfil en el 10º grupo. En la práctica, el 60 % del país vive con ingresos promedio peores que Angola”.
Que los jóvenes estudiantes salgan a las calles y arremetan con su rebeldía descarnada, que griten que quieren hoy su porción de futuro y no en un mañana inasible y lejano, nació de semillas que fueron asomando desde las entrañas de la tierra.
“Le digo a los magallánicos que no hay nada que temer, porque hay buenas razones para que el precio del gas, que es un elemento tan vital en una región que tiene tantas dificultades y frío, se mantenga en condiciones más favorables para la gente de Magallanes que para el resto del país”. Así les había hablado a fines de 2010 Sebastián Piñera a los pobladores que en 2009 le habían entregado el 55 % de sus votos.
Tres meses más tarde les anunció que las tarifas para la distribución del hidrocarburo aumentarían en un 16.8 %. Apenas unas horas bastaron para que los magallánicos llenaran los caminos de rebelión y de rabia.
En mayo los chilenos salieron a las calles a rechazar la construcción de HidroAysén: cinco centrales hidroeléctricas en el sur de Chile con impacto directo en la naturaleza y en las comunidades.
Hoy son los jóvenes los que toman los espacios públicos dispuestos a redoblar la apuesta. Sus voces se adueñan de veredas y calles con su utopía de humanidad: educación gratuita, re-nacionalización del cobre y la caducidad de la constitución que Pinochet perpetró en 1980.
Carabineros pertrechados para la guerra, gases lacrimógenos, tanquetas de batalla militar, 10, 36, 150, 500, 800 jóvenes engullidos como trofeos.
Lluvia de represión que ellos responden con pancartas que claman “agitá tus alas y habrás ganado el derecho a volar. No es sólo elevarte al cielo sino también traer el cielo a tu interior”. Interpelan. Cuestionan. Exigen.
A miles de kilómetros de distancia, meses atrás los jóvenes franceses habían gritado a su vez “no queremos que nuestros padres se mueran trabajando, y nosotros no nos queremos secar bajo el sol buscando casa y trabajo”.
Derriban certezas al sistema. “Estamos hartos del cinismo, de la arrogancia del gobierno, de las injusticias permanentes, de ver cómo hacia arriba se viola la ley y hacia abajo nos ponen presos por cualquier insignificancia”, decían.
40.000 estudiantes y docentes ingleses a fines de 2010 rugían “¡Impuestos a los ricos, no a los estudiantes! ¡La educación es un derecho! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas no los estudiantes! ¡Universidad para todos! ¡Educación gratuita, ya!”.
Indignados. Rebeldes. Utópicos. Destructores de un presente de inequidades. “Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo”, vociferaron los jóvenes italianos ante los aumentos a las cuotas educativas.
La prosperidad capitalista deja demasiados heridos. Cicatrices que no cierran. Lujos que tienen contracaras de violencia. Una violencia que desnuda hambrientos, desposeídos, saqueados.
Jóvenes aquí y allá lanzan su insurrección al viento. Se alzan, ganados por la desilusión y el hastío de un mundo que no eligieron. Que sienten que no les pertenece. Que es necesario destruir y sabotear para empezar de nuevo.
Desprecian un sistema vetusto y exclusor. No quieren etiquetas. Desean sacudirse las telarañas que la historia les asestó, que sedujo a otros jóvenes como ellos para prometerles paraísos vacíos.
Ellos nacieron a la vida en un país que despreció la vida con cementos y estadios opresores. Bebieron de esa miel amarga de un sistema que no lanzó por ellos cohetes y serpentinas. Deglutieron los venenos de la inequidad.
Y hoy asoman sus cuerpos con la certeza de que cada corazón es una célula revolucionaria. Que hay que sacudir el sopor del aplastamiento. Y con la convicción de que apenas son la mecha que –el tiempo lo dirá- podrá encender la historia. 

Chile: Los estudiantes ponen al régimen contra las cuerdas

Chile: Los estudiantes ponen al régimen contra las cuerdas

Por Ángel Guerra Cabrera

El presente año ha visto un florecimiento infrecuente de los movimientos populares por el número, dimensiones, diversidad de sus integrantes y veloz propagación geográfica transcontinental. Estos movimientos, casi siempre con gran participación juvenil no se sienten representados por las instituciones y los partidos políticos del sistema ni creen que estos puedan ofrecer solución a sus aspiraciones.

Lo que expresa este sentimiento es el agotamiento del capitalismo, en especial del capitalismo neoliberal en su etapa agónica; no únicamente como modelo económico sino como régimen político capaz de mantener con la democracia representativa un mínimo de consenso social. Al igual que en la puerta de El infierno de Dante, en la del modelo se anuncia: “abandonad toda esperanza”. Es la horrible tragedia a la que son arrojados millones de seres humanos, ahora en los países ricos como en los pobres, entre ellos infinidad de jóvenes, grupo con frecuencia educado pero sin apenas perspectiva de lograr una vida digna.

¿Pero no era Chile el ejemplo del éxito económico y social neoliberal, a seguir por América Latina? ¿El país más estable de la región? ¿El que mejor había hecho la tarea? Pues a las protestas sociales de los últimos años -la del pueblo mapuche destaca por no haber cejado un día en la pelea-, se añade un potente y prestigioso movimiento estudiantil que ya dura cuatro meses. Demanda la educación pública de calidad, con cabida para todos los niños y jóvenes, independientemente de su condición económica, sin fines de lucro, multicultural, bajo la responsabilidad del Estado y reconocida como un derecho en la Constitución.
La dictadura pinochetista asesinó a miles de luchadores sociales, aplastó a las organizaciones populares y conculcó los derechos alcanzados en siglos de brega por el pueblo y la clase obrera chilenos. Pero no pudo asesinar las ideas, la memoria histórica, las tradiciones de lucha. Para no ir más lejos, este gigantesco movimiento lo antecedió en 2006 el de los memorables pingüinos, estudiantes secundarios que, además de las demandas económicas también enarbolaron la defensa de la educación pública. Una gran virtud de la actual movilización es agrupar con la misma demanda fundamental a virtualmente todo el estudiantado de secundaria, enseñanza técnica y universitaria, tanto de centros estatales como privados y llevar a cabo su lucha de la mano con el reconocido Colegio de Profesores y el apoyo de varios de los más importantes rectores. También haber ganado a los padres de familia, sindicatos y organizaciones populares, de modo que cuenta con un 80 por ciento de apoyo nacional según encuestas, ratificado por las cada vez más nutridas marchas que han organizado. Más de 100 000 personas en la última de ellas el martes 9 en Santiago acompañada de movilizaciones en todo el país. Los jóvenes han tenido un capaz liderazgo en Camila Vallejo, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile y los dirigentes de otras instituciones de educación superior y han procesado sus demandas y respuestas a las propuestas del gobierno a través de un sistema asambleario de consulta con las bases que asegura su unidad y firme respaldo a los líderes. Por su parte el presidente Piñera ostenta la más baja popularidad de un gobernante posterior a la dictadura -26 por ciento- y más bajos andan su partido y la oposición.

Bajo Pinochet y gobiernos posteriores la educación se convirtió en un suculento negocio: un universitario debe 30 mil dólares en créditos cuando egresa. Ahora bien, la demanda estudiantil implica un cambio radical al neoliberalismo a rajatabla chileno no sólo en el campo educacional. Reconocer la educación como un derecho humano en la Constitución y no un “bien de consumo”, como la califica Piñera, exige un vuelco conceptual en el Estado, que tendrá que financiarlo. Para lo que deberá elevar exponencialmente los impuestos a las empresas del cobre, o renacionalizarlo, como ya se reclama en pancartas levantadas en las manifestaciones. Los estudiantes han sido duramente reprimidos y amenazados ominosamente sus dirigentes. Visto que el gobierno no los escucha, ahora proponen un plebiscito sobre su demanda. Hay una amenaza no tan velada de recrudecer la represión pero los estudiantes no olvidan su historia, el luminoso gobierno de Salvador Allende, acervo con el que concurren a una cita decisiva con la historia latinoamericana.

Fuente: Argenpress 

En agosto los de arriba vagan sin rumbo en Chile

En agosto los de arriba vagan sin rumbo en Chile

Por Andrés Figueroa Cornejo
 
 
1. Desde alrededor de 1975, luego y facilitado por el golpe de Estado que envió al traste a la llamada ‘experiencia chilena al socialismo’ (es decir un proyecto nacional desarrollista con miras a construir las condiciones del socialismo sin los costos de una guerra civil y a través de elecciones dentro de los marcos de la ley burguesa), el país se convirtió paulatinamente en el laboratorio del ultraliberalismo en el mundo. La Escuela de Chicago, capitaneada por Milton Friedman y la vanguardia de jóvenes economistas chilenos por él formados, ejecutó su programa económico y político en una pequeña nación latinoamericana caracterizada por un poderoso rol de partidos políticos de raigambre popular y de masas, una central sindical de trabajadores única y altamente politizada, el desarrollo creciente en materia cultural y hegemonía ideológica de las clases históricamente subalternas, y brotes concretos de poder dual que jaquearon a la burguesía de la época mediante formas donde la violencia organizada de los trabajadores y el pueblo jamás tuvo la extensión y tonelaje de la Revolución Mexicana, la Cubana,  posteriormente la Sandinista, y las guerras de liberación en Centroamérica pocos años después.
 
El pueblo chileno, castigado brutalmente una y otra vez por la tiranía pinochetista, fue el conejillo de Indias donde la ideología ultraliberal consiguió su mejor plaza, la mejor situación para hacerse de la prueba, el botín y el dominio. La desnacionalización y privatización delincuencial de los recursos naturales, la banca, la industria productiva, la distribución; la flexibilización del empleo, la cesantía estructural, y, sobre todo, la reformulación de los modos y contenidos del Estado hasta convertirlo en mero actor subsidiario, aval financiero y garante militar de la clase gran propietaria, fueron los pasos iniciales y radicales de un modelo de sociedad desconocido hasta ese momento en el planeta. Entonces ni siquiera existía la palabra ‘neoliberalismo’. Es decir, en Chile, antes fue la contrarrevolución del capital y después el Verbo.
 
Desde 1975, pasando por la resistencia antidictatorial de los 80’,  luego de 20 años de administraciones civiles de la Concertación y menos de un año y medio de la derecha tradicional, Chile ha sido el paradigma y caramelo precioso del ultraliberalismo a escala internacional, la conversión de todo en mercancía, la experiencia más usada por los manuales de la confianza plena en el mercado como núcleo de la reproducción de la vida, donde se conjuga crecimiento económico, Estado policial y sin facultades reguladoras, democracia representativa y privatización extraordinaria de los derechos y servicios sociales a escala nunca vista en los países desarrollados o menos desarrollados que Chile.
 
Por eso el movimiento estudiantil por la recuperación de la Educación Pública gratuita y estatal que ha sacudido al país desde hace más de dos meses es portada en los tabloides y noticieros del mundo.
 
 
2. La crisis  de la hegemonía global del momento financiero sobre los otros momentos del capital, estalló localmente a través de la deuda universitaria y la pésima y abandonada enseñanza escolar pública que resta en el país.
 
El pueblo de Chile, el más triste de América Latina según las encuestas, luego de casi 40 años desde el golpe de Estado -tal como señala lúcidamente el Premio Nobel del la Paz Alternativo, el paraguayo Martín Almada- vuelve por sus fueros, destruye el temor, golpea al mal gobierno. Porque si la lucha contra la dictadura fue de resistencia civil y armada, la presente lucha es ofensiva y aplasta con su curso la peste del olvido, la discontinuidad histórica rota por el Pentágono y la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas y la clase mandante en sus dos formatos.
 
Cruzada la crisis de la deuda universitaria –apenas un botón de la angustiada industria crediticia en general- con una administración gubernamental que, cumpliendo con el programa de los órganos tutelares del capital imperialista (FMI, BM, OMC, OCDE, BID) tal como lo hiciera la Concertación, descubre con mayor nitidez sus verdaderos intereses de clase, por un lado, y subjetivamente opera en la opinión pública como un pinochetismo de civil, por otra, desplomándose en las encuestas inéditamente. A un año cuatro meses de asumir la primera magistratura nacional, Sebastián Piñera apenas tiene un cuarto de aprobación de la población a julio de 2011. Pero eso no es todo: el sistema de partidos políticos sufre una crisis vertical de representatividad donde las tiendas que conforman la Concertación tienen un apoyo del 17 % y los de la Coalición por el Cambio, un 24 %. Es decir, entre ambas componendas apenas superan el 40 % de credibilidad ciudadana. En buenas cuentas, el sistema de partidos políticos vigente simplemente ya no está vigente. Son instituciones, grupos de interés sin posibilidad de crédito popular. Por eso el movimiento social actual funciona con autonomía del poder, expresando francamente la fractura entre el Estado, sus extensiones y partes, y la sociedad civil. Y como no hay control por arriba, por abajo se extiende la protesta y la represión policial acude a sus maneras más ilegítimas y desenfadadas para intentar poner coto al movimiento estudiantil. Los copamientos uniformados, las detenciones en masa, el endurecimiento de las penas por ‘desórdenes’, la prohibición al derecho de reunión y de manifestarse en lugares públicos; la intercepción de las comunicaciones (telefonía, Internet, redes sociales); la multiplicación de los heridos, las amenazas y los seguimientos a los dirigentes sociales; e incluso la concurrencia de extraños sin uniforme que secuestran estudiantes por horas, dejándolos abandonados más tarde son pan cotidiano. De hecho, ya existe una orden municipal para que el lunes 8 de agosto, los liceos de la comuna de Santiago en toma sean desalojados por la fuerza.
 
Pero la administración del Estado es, además, capaz de masticar chicle y caminar al mismo tiempo. Mientras golpea al movimiento estudiantil, por una, el 5 de agosto baleó comuneros mapuche de Ignacio Queipui –niños y jóvenes incluidos- de la zona de Temucuicui, por otra.
 
 
3. El movimiento estudiantil no es revolucionario ni socialista, no es anticapitalista ni parte de una insurrección en ciernes. En su momento real, es un movimiento de cientos de miles de estudiantes que, en general, buscan la reconquista de la educación pública como un derecho, un bien común, y no como una mercancía. Son jóvenes que aspiran a una educación pagable y de excelencia que les ofrezca movilidad social. Los estudiantes de secundaria quieren ser universitarios y los universitarios quieren ser profesionales con trabajo estable y pago justo. Naturalmente existen núcleos politizados que cuentan con una mirada más estratégica, que mañana quieren ser gobierno, que combaten porque cambie radicalmente el orden de las cosas. Pero en la fotografía ampliada, resultaría sólo un deseo que miles y miles de jóvenes de un día para otro, como conciencia que cae del cielo, se hayan deshecho de los aspectos más eficaces de la alienación capitalista. Se está frente a un enorme avance al respecto, pero queda largo trecho, variables y sujetos sociales ausentes aún  para dislocar la lógica perversa acunada durante tantas décadas por la clase en el poder. Sin embargo, también es sabido que las luchas sociales capaces de terminar en victorias de los intereses profundos del pueblo suelen comenzar por reivindicaciones económicas inmediatas, y que en períodos breves alcanzan niveles superlativos de autoconciencia y politización.
 
 
4. ¿Por qué las administración de la Concertación el 2006 durante el movimiento de los secundarios y ahora el gobierno de la derecha tradicional no desmunicipalizaron la enseñanza, terminaron con la privatización casi absoluta del sistema educativo, no aumentaron el PIB en Educación y, en definitiva, no volvieron estatal, gratuito y único el sistema escolar y terciario como todos los países de la OCDE?  ¿Por qué si el movimiento estudiantil no lucha centralmente por un cambio sustantivo en la dirección de los contenidos curriculares, es decir, no es disfuncional al trabajador que requiere el capital para su reproducción, Piñera no cede?  Es cierto que los intereses individuales de un conjunto de capitalistas pueden resultar contradictorios a los intereses del movimiento general del capital. ¿O la desprivatización de la educación en todos sus niveles destruiría estratégicamente el programa modelo del ultraliberalismo impuesto a sangre y fuego en Chile? ¿O los grupos de interés que han amasado fortunas con la enseñanza las últimas décadas son demasiado fuertes, están en la médula del poder? ¿O simplemente la clase dominante teme que una victoria parcial de los de abajo resultaría el prólogo ascendente de un movimiento social que arrancara en la educación, pero no terminara hasta la conquista de todos los derechos conculcados? ¿Todas las anteriores?
 
Oportunistamente, la Concertación ha ofrecido incluso que cuando vuelva al Ejecutivo, con otras palabras, hasta implementaría la fórmula del pago universitario a través del arancel diferenciado. Después de 20 años de profundización de la privatización y de hacerse parte del negocio educativo.
 
 
5. A diferencia del movimiento secundario de 2006, hoy se han agregado los estudiantes universitarios. Pero algo más importante ocurre. Al igual que en la dictadura, la población, que en más de un 80 % aprueba la demanda estudiantil, desde la noche del jueves 4 de agosto ha comenzado a hacer sonar cacerolas a modo de protesta y solidaridad con los jóvenes. Y el ‘caceroleo’ es diario y se propaga en comunas de sectores populares y medios. También se multiplican las fogatas en las poblaciones y barrios no tan empobrecidos. Hay estudiantes, claro, pero también están los padres, los trabajadores. Aún se trata de fenómenos cuasi espontáneos y donde la violencia siempre proviene de la policía, siempre es represión.
 
El gran ausente todavía es el trabajador organizado, los sindicatos y los asalariados imposibilitados por ley o fuerza a sindicalizarse. Y pasa que el movimiento estudiantil por sí solo evidencia y encara la demanda, pero sin trabajadores, es más, sin un paro y protesta general de trabajadores se amplifican los obstáculos para conseguir el objetivo.
 
Al respecto, el Presidente de la Confederación de la Gente del Mar (pescadores artesanales y portuarios), Jorge Bustos, señala con vehemencia que  “De no asumir la responsabilidad política de unirnos (los trabajadores) para cambiar nuestra patria, entonces nuestra generación será conocida por la historia como ‘cagona e inútil’. Los dirigentes de los trabajadores tenemos una  responsabilidad”, y añade que “No se trata de hacerlo mañana, pero deberemos construir una gran y única central de trabajadores de Chile. Ahora, por lo menos, debemos unirnos en la acción. El primer paso se dará este mes (agosto). Los trabajadores de diferentes estadios y afinidades ideológicas nos reuniremos para dar ese costoso, pero necesario paso. Sin nosotros será más  complicado lograr la profunda y necesaria democracia que anhelamos. Así como los jóvenes están haciendo su sacrificio, nosotros tenemos la responsabilidad histórica de poner nuestra parte”.
    
Por su costado, la vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), Laura Ortiz, que ha sido víctima de detenciones y amenazas y cuya organización fue la chispa que inició el movimiento, dice que todo comenzó con la educación, “pero lo que hay detrás es mucho más grande. Cada vez se están sumando más ciudadanos. Hay muchachos que llevan más de 20 días en huelga de hambre. Y las respuestas del gobierno no tienen nada que ver con nuestras exigencias. Todavía no se da por enterado de que el pueblo es el que manda. No bajaremos las tomas hasta que no exista una solución satisfactoria”. 
 
-¿Y los trabajadores, Laura?
 
“Nosotros hace tiempo que buscamos la unidad con los trabajadores, más allá de la educación, sino también por todos los derechos que no tenemos garantizados en Chile. Sabemos que los trabajadores son los más afectados, como sabemos que asimismo, para ellos es más difícil paralizar el país. Ya se están tocando cacerolas en las noches. El paso que sigue es el paro de los trabajadores.”
 
-¿Bastaría con que Piñera renunciara?
 
“Para nosotros no. Queremos cambios de fondo. La alternativa de la Concertación no nos representa, no representa los intereses del pueblo. Y la renacionalización del cobre es una urgencia.”
 
 
6. En tanto, el ex Presidente de la República, el democratacristiano Eduardo Frei Ruiz Tagle, declaró en Argentina que existe una “crisis de gobernabilidad en el país”. Otros ya exigen la renuncia de Piñera. Se trata de algunos concertacionistas que ven una vía rápida para retornar al Ejecutivo. La clase en el poder y la embajada norteamericana observan con hastío y preocupación el modo en que ha cautelado sus intereses Sebastián Piñera. Michelle Bachelet es la única carta que les queda antes de que continúe bajando en las encuestas. Con una alta movilización social y los resultados de las encuestas, Piñera podría ser conminado a ser objeto de un plebiscito para llamar rápidamente a nuevas elecciones.
 
El movimiento social en Chile tiene un cierto parecido al de “Los Indignados” de España y al de los “Que se vayan todos” de Argentina ocurrido a comienzos del milenio. Pero si bien, el curso de los acontecimientos en el país se presenta como un horizonte incierto, efectivamente los trabajadores deben acelerar motores para su congregación y lucha, ahora, en caliente. Y del mismo modo, los polos políticos que aspiran legítima y necesariamente a representar los intereses de los trabajadores y el pueblo, con la misma celeridad y desde el movimiento real, en la participación conciente, audaz, de acuerdo a las relaciones de fuerza y al período concreto de lucha de clases, con vocación de poder, amplia y unitaria, y como una síntesis del mismo movimiento y no desde fuera del movimiento, tienen el deber histórico de constituirse para ser alternativa política. Las oportunidades históricas no llueven para los que saben que solamente un otro mundo y un otro Chile son posibles. El tiempo corre en contra. Y es preciso conducirse como si las cosas fueran para hoy, aunque este no sea más que el comienzo, un episodio maravilloso de la promesa de la socialización del poder, la economía, la vida.
 
 
Agosto 7 de 2011

Mina San José, a un año de la tragedia…

Mina San José, a un año de la tragedia…
Por Andrea Dufournel

El próximo 5 de agosto se cumple un año desde el fatídico “accidente” que afectó a 33 mineros que trabajaban en la mina San José, en el norte de Chile. La tragedia no dejó indiferente a nadie y pudimos ver en vivo el rescate de nuestros 33 trabajadores mineros, pero entre la tristeza, la angustia, la alegría de los familiares y de quienes nos sensibilizamos con su dolor nadie, en el momento, cuestionó el show mediático montado, ex profeso, la utilización enfermiza de las autoridades de gobierno con la finalidad de capitalizar la desgracia de quienes estuvieron por 69 días a 700 metros de profundidad.

Arriba eran esperados por su excelencia y sus ministros, el presidente con la euforia propia del momento histórico que sabía estaba viviendo, se comprometió a que nunca más en Chile morirían mineros y que los responsables de esta tragedia serían castigados con todo el rigor de la ley…hasta hoy no han pagado, ni siquiera las indemnizaciones, ni han pasado un día en la cárcel… siguen muriendo trabajadores sin que nadie se sorprenda, los medios ya los olvidaron.
Fueron llamados “los héroes de Atacama”, obviando su calidad de víctimas de un sistema perverso y de la irresponsabilidad de los empresarios que ponen por sobre la vida de los trabajadores su interés por el dinero. Se les invitó al palacio presidencial, jugaron un partido de fútbol con el presidente y algunos de sus ministros, por supuesto que todo cubierto por los medios de comunicación. La cápsula, medio por el cual fueron izados hasta la superficie, fue paseada de la mano de Lorence Golborne, ministro de minería del momento, de norte a sur del país, hasta se podían sacar fotos para la posteridad, se hicieron réplicas para pasearla por el mundo. Los más “curioso” fue y es que hasta hoy el papel escrito por el minero José Ojeda en el que puso: “estamos bien en el refugio los 33” Piñera lo tomó, lo leyó, se lo guardó, lo paseó por Europa sacándolo de su bolsillo a cada minuto, con su pecho inflado de orgullo a tal extremo que su mujer le rogaba “no lo muestres”. Llevó a modo de regalo a sus anfitriones, incluida la reina Isabel y el Papa, pequeñas piedras comentándoles al momento de entregarles el suvenir, que: “es una piedra que viene desde las profundidades de la tierra” y una copia, enmarcada, por supuesto, del papelito, recibiendo la mirada con extrañeza de su interlocutor.
José Ojeda que escribió el mensaje desde la profundidad de la mina, ha manifestado que: "han pasado meses, me dijeron que pidiera una audiencia, que mandara una carta a La Moneda (...), pero no pasa nada. Yo creo que está bien tenerlo un par de meses, pero no puede hacerse dueño de algo que yo hice", se quejó el minero rescatado José Ojeda. El mensaje no se le devolverá y quedará en un museo.
Luego de tanta exposición mediática, de invitaciones al extranjero, de palmaditas en la espalda a los 33, de promesas realizadas, de palabras de buena crianza y compromisos adquiridos para que “nunca más”, el romance con el gobierno terminó con la demanda ante los tribunales por 31 de los 33 mineros, pidiendo una millonaria indemnización al estado por la nula fiscalización de Sernageomin, organismo encargado de supervisar que las normas de seguridad se cumplan en los yacimientos chilenos, que no realizó su trabajo, la buena acogida de la demanda sería una forma de hacer justicia para ellos y sus familias.
Seguramente en este primer aniversario de la tragedia, nuevamente pretenderá el gobierno utilizar a estos hombres, en una exposición mediática con la sola y única intención de tratar de recuperar los índices de popularidad obtenidos con el rescate, que hoy llega a duras penas al 30% y de pasadita catapultar al ministro de minería de la época, hoy ministro de obras públicas, a la candidatura presidencial del 2014. Espero que esta vez ellos sepan diferenciar entre el agradecimiento y la utilización. Se encarguen de exigir que los compromisos asumidos por el presidente se cumplan, que los dueños de la mina sean castigados, que no sigan muriendo en las faenas más trabajadores.
Debemos tener presente que este desastre minero en Chile nos muestra el verdadero rostro de las relaciones laborales en nuestro país. El rostro del capital, la cara de unas relaciones laborales esclavizantes y con una autoimagen de modernidad y desarrollo que dista mucho de concordar con la realidad.

Chile: Siguen robándonos con las alzas del Transantiago

Chile: Siguen robándonos con las alzas del Transantiago
Por Celso Calfullán (SOCIALISMO REVOLUCIONARIO)

En la mañana de este miércoles 27 de julio cientos de trabajadores se tomaron la calle 11 de Septiembre con la esquina de Luis Thayer Ojeda, en la comuna de Providencia e impidieron que la locomoción se moviera, generando un taco de tres kilómetros, todos ellos usuarios del sistema de locomoción pública que cansados de esperar y ser maltratados por este pésimo servicio, espontáneamente decidieron protestar contra la infrecuencia de la línea C-10, que con suerte pasa cada media hora.

La gente ya esta cabreada de que los pasan a llevar, una usuaria reclamaba diciendo "gastamos un disparate en locomoción, para recibir un mal servicio, las autoridades basurean a los trabajadores". La única respuesta que recibieron estos trabajadores de parte del gobierno fue una rápida represión, varios recordaron que cuando tú llamas por un asalto o robo, los carabineros no llegan nunca, pero cuando se trata de reprimir la respuesta es prácticamente automática.
La rabia contenida por años, ahora esta explotando, no podemos olvidarnos que llevamos prácticamente cuarenta años de abuso patronal, incluyendo los asesinatos cometidos bajo la dictadura, que defendía los intereses de los patrones, al igual que la Concertación y lo mismo ocurre ahora con la vuelta de los boys de Pinochet a La Moneda, todos ellos defienden los intereses patronales, contra de los trabajadores.
Este 31 de Julio nuevamente subirán el pasaje de transporte público.
Este domingo 31 de julio, el pasaje del Transantiago nuevamente sufrirá un aumento, que viene a ser la tercera alza durante este año, los buses alcanzaran los $ 550 y el Metro llegara a los $ 630 pesos. Si comparamos las alzas del Transantiago con el aumento de $ 10 mil pesos del salario mínimo, nos daremos cuenta que sólo para pagar el alza de la locomoción ya estamos gastando más que esa cifra.
El Transantiago además de caro es de mala calidad, un sistema nefasto que ha afectado la calidad de vida de los trabajadores, que ahora debemos emplear más horas para llegar a nuestros lugares de trabajo y además pagar la tarifa más cara de toda Latinoamérica.
Los chóferes del Transantiago tienen pésimas condiciones de trabajo.
Los sindicatos de conductores del Transantiago tienen cientos de denuncias presentadas en la Dirección del Trabajo, entidad que no hace nada por impedir el abuso patronal, solo un ejemplo para demostrar el nivel de abuso, es que los chóferes ni siquiera cuentan con baños para realizar sus necesidades biológicas más básicas, lo que demuestra las pésimas condiciones de trabajo con las que deben convivir.
Fuera el lucro privado del transporte público.
Miles de millones de pesos de los recursos del Estado (que son de todos nosotros) están pasando directamente a los bolsillos y las cuentas bancarias de los grandes empresarios del Transporte y lo que no cubren los subsidios del Estado lo tenemos que pagar nosotros con el valor del pasaje. Llego la hora de decir basta de robos, no podemos permitir que el gobierno de los empresarios siga metiendo sus manos en nuestros bolsillos.
El transporte público debe ser de propiedad estatal.
Pero si queremos frenar las alzas, tenemos que organizarnos y luchar por nuestros derechos, el transporte público debe ser de propiedad social, bajo el control y gestión de los trabajadores y usuarios del sistema, para que este sea de bajo costo, limpio, eficiente y para que se respeten los derechos de todos los trabajadores, tanto operadores, como usuarios del sistema.

Chile: Sin trabajadores, imposible

Chile: Sin trabajadores, imposible

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

 

1. Toda expresión de lucha social es el resultado de la acumulación histórica de un viejo combate que se actualiza de manera enriquecida. Así como  es hija de las relaciones de fuerzas de intereses en pugna, condicionadas por el estadio del modo de producción dominante. Esto es, por la manera concreta en que se reproduce la vida material e ideológica de la totalidad social.

 

La lucha social, en cualquiera de sus formas, siempre es manifestación explícita o más o menos mediatizada de la lucha de clases. La acumulación histórica es el conjunto de relaciones y hechos concretos dinámicamente realizado por grupos humanos que adoptan el continente y el contenido, la cantidad y la calidad, la altura y profundidad, como momentos únicos, sintéticos, de la combinación de determinaciones objetivas políticamente –en tanto resumen de la economía- y el estado de conciencia de las fuerzas en lucha.  Las relaciones de fuerzas son la manera contradictoria en que se expresan mediante el ejercicio del poder y la capacidad de provocar transformaciones sobre la plataforma de los  intereses irreconciliables entre los pocos que tienen todo por perder y las grandes mayorías que tienen todo por conquistar en un momento dado. Y bajo el capitalismo, la lucha, en sus huesos irreductibles, es entre la minoría que se apropia del excedente socialmente producido, y los productores concretos, es decir, los trabajadores asalariados, sean manuales o intelectuales, sean operarios de grúas, como doctores universitarios de astrofísica.

 

Por tanto, si bien la historia no se repite, la humanidad y los grupos humanos contemporáneamente divididos en clases sociales, están supeditados a ese devenir, por un lado, y al ejercicio de la libertad y voluntad colectiva de protagonizar nueva historia. Ni fatalismo de ninguna especie, ni libre albedrío abstracto y sin contexto.

 

 

2. Jamás ha dejado de haber lucha de clases bajo el modo de producción capitalista. Ella se ilustra, por ejemplo, tanto en la discriminación racial, las representaciones de la realidad, el patriarcado, como en la huelga general, las reformas y las revoluciones sociales. Sobre todo porque la lucha de clases no es una categoría analítica, un concepto, parte de una doctrina o un dogma de fe. Sino, simplemente, porque existe de modo objetivo, independientemente de las ideas, de los deseos o de la propaganda de una u otra clase y de uno u otro grupo de interés. Todas esas  variables pueden influir en la lucha de clases y, por tanto, en las relaciones de poder y fuerzas sociales en pugna, pero si no existieran, de igual modo la lucha de clases se exhibiría inexorablemente. ¿Por qué? Porque en una sociedad de clases resulta imposible obstruir sus manifestaciones multidimensionales. La clase más fuerte en un momento determinado puede descalcificar a su clase enemiga. Contener, reprimir y, en último término, destruir mediante la aplicación de una violencia superior las formaciones orgánicas condensadas más concientes de los intereses de la clase antagónica y que pudieran poner en riesgo  su sobrevivencia y el orden dominante hasta ese momento. Pero ello sólo termina temporalmente con una de las formas más avanzadas de la lucha de clases, nunca con la lucha de clases. Sólo sin clases sociales de intereses irremediablemente controvertidos acabaría la lucha de clases. De los presupuestos anteriores surgen los proyectos de dominación, las estrategias de poder, la política concreta y las posibilidades, por una parte, de que la clase que provisoriamente manda continúe haciéndolo, y, por otra,  de que las clases subordinadas dejen de serlo. Por eso la política es relaciones de fuerzas. Y ocurre de manera ampliada y dinámica, oscilante, fuera y dentro de los marcos jurídicos. Por ejemplo, los cordones industriales en la última parte de la Unidad  Popular en Chile; la reforma agraria acotada del DC Eduardo Frei Montalva como política imperialista para neutralizar el ejemplo de la Revolución Cubana; la Guerra de Vietnam; la Primavera de Praga; o el reciente triunfo electoral de Ollanta Humala en Perú corresponden a resultados o productos políticos formateados por las relaciones de fuerzas de clases a escala mundial, continental y nacional. El modo de la lucha, incluso si el objetivo estratégico es el mismo, está más que subordinado por esas relaciones de fuerzas ampliadas. Las dictaduras militares ultraliberales, como las revoluciones sociales con fines de socialización de la riqueza y proyectos antiimperialistas y anticapitalistas, sólo cobran su explicación en el análisis concreto de la realidad concreta. Y si el análisis de coyuntura es una fotografía, el análisis de las relaciones de fuerzas es un largometraje.   

 

 

3. La acumulación histórica del antiguo combate de intereses antagónicos de la sociedad de clases capitalista, obró y obra sobre la voluntad de los hombres como proceso objetivo de maduración subjetiva. La suma dialéctica de insurrecciones espontáneas, actos de rebeldía, la creación de mutuales, sindicatos, fueron insuficientes históricamente para que las clases explotadas y oprimidas se hicieran del poder político, por abajo y por arriba. Como el Estado es la forma de dominación de una clase sobre otra, es hegemonía –por fuerza o consenso alienado-, es burocracia que administra los intereses de la clase propietaria bajo el dominio del capital, leyes y fuerzas armadas; entonces por insuficiencia y necesidad, surgieron los instrumentos políticos capaces de hacer frente (más allá de las derrotas y las victorias), teórica y prácticamente a semejante adversario sin sustituir al movimiento real, sino como herramienta complementaria, pero indispensable. Y los instrumentos políticos de los desheredados son la condensación altamente organizada y especial que, devenidos del movimiento real de la lucha de clases –preexistentes apenas como propaganda y lucha ideológica-, desde y con el pueblo trabajador, se transformaron en una adquisición histórica sin la cual y según las formas condicionadas por pasajes concretos de las relaciones de fuerzas, no es posible realizar la hegemonía política, acceso al poder del Estado para re-crearlo o transitoriamente  del gobierno, de los intereses de la mayoría expoliada.  Al respecto, los hechos reales hablan con voz propia.

 

 

4. ¿Y qué pasa en Chile hoy, entonces? Más allá de todo daltonismo, que donde hay verde ve rojo, efectivamente se atraviesa por un período de malestar social, por una, y expresiones de lucha directa, por otra, de sectores sociales y grupos de interés que han dado un paso hacia delante respecto de un reflujo explícito de la lucha de clases, amañadas por el imperialismo norteamericano a través de las administraciones de la Concertación. La recuperación limitada de libertades civiles burguesas –de asociación y de aparente libertad de información y expresión-, la rutina en franco agotamiento de la democracia  representativa, y el premeditado disciplinamiento social por medio de la industria de la deuda, la artillería comunicacional para garantizar la paz social demandada por el capital, y el miedo, comportan una estrategia que cada día que pasa hondura su fractura e ineficiencia. Tanto la derecha tradicional inaugurada a mediados de los 70 con la imposición del programa ultraliberal y sobreideologizado de la Escuela de Chicago, el Pentágono y las instituciones del crédito, los ajustes estructurales y los programas sociales del imperialismo (FMI, BM, OMC, OCDE, BID), y su Lenin en Chile, Jaime Guzmán; como los partidos de la Concertación, aprovecharon las condiciones ambientales –tanto las nativas propias de la cruenta lucha contra una tiranía brutal, como la caída desmoralizadora del denominado ‘socialismo real’ para que el descontento social se mantuviera dentro de los límites permitidos por el propio capital. No es verdad que bajo un gobierno de la Concertación hubiera menos represión. Lo que hubo fue menos lucha de clases al descubierto. Y cuando hubo lucha bajo las administraciones concertacionistas sí existió represión y muerte. Porque la Concertación ejecutó lealmente el programa más dogmático del liberalismo: políticas antipopulares; aumento de la explotación y del empleo informal; incremento del cuentapropismo empobrecedor; la explosión del subcontratismo y la precarización del empleo; la agudización del abismo social en la distribución de los ingresos; la privatización aguda de los derechos y servicios sociales; el despojo de los recursos naturales  y materias primas; la consagración de la dependencia económica; y la manga ancha para la hegemonía del momento financiero del capital. La Concertación y hoy Piñera han conseguido lo que no logró Pinochet por desconfianza imperialista a su capacidad de control social: convertir todo en mercancía y deuda.

 

 

5. Mientras no se construya una alternativa política que desde y al servicio de los intereses de las grandes mayorías nacionales tercie sin vacilaciones ni cabildeos palaciegos entre la Concertación y la derecha tradicional, el actual movimiento social devendrá en el regreso de Michelle Bachelet al Ejecutivo el 2013, junto a un abstencionismo superior al de la última elección que fue de un 40 %.  Ungida por el imperialismo norteamericano, Bachelet –que es sólo una persona que sintetiza los intereses de los grandes capitales y garantiza, aparentemente a estas alturas, una superior gobernabilidad que la derecha tradicional-, con mano ajena se ‘meterá al bolsillo’ las demandas sociales mediante compromisos de mesas de trabajo eternas e inútiles, modificaciones cosméticas, y programas sociales mejor financiados. Incluso si congelara el proceso de privatización de la educación, ya el sistema escolar y de enseñanza superior privado es mayor al público. Y ni hablar de sus contenidos de estudio. En otro ámbito, si promulgara, por ejemplo,  cualquier legislación laboral que alentara la negociación colectiva, resultaría inofensiva y extraordinariamente discriminatoria en un país donde sólo puede negociar colectivamente alrededor de un 7 % de la fuerza laboral, sin contar sus magros resultados. Ante la violencia ultraliberal en un Chile donde campea la vanguardia capitalista mundial, casi cualquier medida de carácter social brilla por contraste.

 

 

6. ¿Qué ocurre con el actual movimiento social? La vaga y abstracta consigna de ‘fin al lucro’ que enarbolaron los estudiantes de secundaria el 2006, se ha convertido en una demanda de ‘Enseñanza gratuita y estatal’ para todo el sistema educativo, tal como existe en los países de la OCDE. La movilización hasta el momento llevó a la calle, en su punto más alto, a 500 mil personas (la inmensa mayoría estudiantes) el 1º de julio pasado. El gobierno juega al desgaste, reprime a los dirigentes como a la vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), Laura Ortiz –que días después de ser amenazada directamente por extraños de civil, fue desnudada y maltratada en una detención por carabineros-, y apresa con violencia y cargos falsos al Secretario General de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, Recadero Gálvez. Lo demás son arrestos constantes y criminalización mediática de la lucha estudiantil, y la creación falsa de caos en el país para justificar la judialización, descrédito y represión por sospecha contra la causa de los jóvenes. Un grupo de mapuche de Temucuicui se colgó de las ventanas de La Moneda para denunciar la balacera policial contra niños y jóvenes con un saldo de varios heridos, en el marco de sus demandas históricas. Han ocurrido un par de incidentes espontáneos contra el mal servicio del transporte colectivo privatizado en Santiago (cuyo precio continúa en alza); y los trabajadores de la estratégica minera La Escondida (de capitales privados) llevan una huelga calificada de ‘ilegal’ por la compañía.  En tanto, las organizaciones que agrupan a los asalariados de la explotación cuprífera estatal y privatizada no descartan un paro general del sector por despidos masivos, la ofensiva privatizadora del Estado y las malas condiciones de trabajo. En tanto, el anunciado paro portuario, que tuvo importantes movilizaciones preparatorias, no se realizó porque Piñera echó atrás las medidas para enajenar los puertos todavía no vendidos.

 

Lo cierto, es que la táctica del desgaste del gobierno contra el movimiento estudiantil ha logrado revelar los intereses corporativos de las universidades tradicionales y algunas privadas, separando a las autoridades máximas de esos planteles  de sus estudiantes, con quienes al principio marcharon juntos. En todo caso, eso era cuestión de tiempo. Las rectorías lo que quieren es más poder y financiamiento. En las universidades tradicionales estudian, en general, aquellos que lograron mayores puntajes en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y que, no por accidente, provienen en buen número de la educación particular privada. Al respecto, podría leerse como un avance que sectores de izquierda que desde los tiempos de la Unidad Popular y hasta hace poco acariciaban el proyecto de Arancel Diferenciado para la educación superior con el fin de terminar con el subsidio a quienes podían pagar su arancel, hoy comprendan que la enseñanza es un derecho social. Tal vez por razones de clase, los estudiantes de secundaria, que han puesto duramente el pellejo en esta lucha, no han cobrado el protagonismo representativo y formal correspondiente a la profundidad y urgencia de la recuperación de la educación pública en Chile, cuestión que es de mayor relevancia incluso que la reivindicación universitaria, considerando la enorme segmentación, discriminación y reproducción de la pobreza sobre la cual opera la enseñanza primaria y secundaria en el país que luego se expresa en el siguiente escalón educativo. De todos modos, el movimiento en general tiene el consentimiento ciudadano mayoritario e incluso ha organizado a importantes franjas de padres y apoderados de la mano con sus hijos. Asimismo, los tramos más avanzados de universitarios y secundarios han intentado ligar su demanda con la renacionalización del cobre. Al respecto, aún esa asociación fértil carece de determinaciones significativas, como que la nacionalización del cobre debería terminar con el patrón puramente extractivista exportador, sostener una eventual industrialización ampliada; y que sin un sistema financiero, al menos parcialmente, al servicio del desarrollo del conjunto de los trabajadores y el pueblo, la pura nacionalización del cobre es una medida insuficiente. En este sentido, no por capricho Salvador Allende ató la nacionalización del cobre con la nacionalización de la banca.

 

 

7. Los trabajadores y las centrales sindicales no han tenido la estatura para un combate  de carácter nacional. La Central Unitaria de Trabajadores, la multisindical más grande e importante de Chile, tanto como confederaciones, federaciones y sindicatos, sólo han participado marginalmente en el movimiento por la recuperación de la educación pública. Sin embargo, no todos duermen. Dirigentes de diversas áreas de la producción y los servicios, dentro y fuera de las centrales, ya cuentan con varias convergencias en la idea y objetivo de refundar el sindicalismo en Chile y ponerlo ‘a la hora’. Los asalariados son el soporte estratégico, retaguardia y vanguardia social y condición política para los cambios principales en la sociedad. Si la economía es el lugar donde ocurren las cosas, sólo los trabajadores son la fuerza autorizada concreta y simbólicamente para conducir al movimiento popular con una dirección que cautele los intereses de las clases subordinadas y sus diversas expresiones. Los estudiantes, por cierto, son fuerza dinamizadora, son anticipación del porvenir. Pero la concurrencia de los trabajadores, organizados y no organizados, bajo la égida de la independencia de los intereses de clase respecto de la burguesía y el Estado, son el sujeto central, el aseguramiento y la potencia para la materialización de un paro general que hiciera temblar los cimientos del imperio del ultraliberalismo. El capital impone las condiciones de lucha y las nuevas formas en que se organiza el trabajo porque tiene la fuerza todavía. Y ese todavía no terminará hasta que la unidad más amplia y única de los explotados se vuelva una realidad. Ya muchos representantes de los trabajadores están actuando en ese curso. Su responsabilidad trasciende los personalismos, los corporativismos, la mirada baja, la cortedad de audacia y voluntad colectiva. Otros tendrán que jubilar por fuerza o decoro. Y sólo de ese soporte de clase estratégico podrá surgir genuinamente la conducción política con convicción de poder que, de acuerdo a las relaciones de fuerzas a todo nivel y mediante las formas que determine el estado de conciencia de los trabajadores y el pueblo, sea, por fin, la alternativa política al duopolio Derecha-Concertación.

 

 

Julio 29 de 2011    

 

La empresa educativa K

Andrés Sarlengo (CONTRAPUNTOS)

 

Daniel Filmus fue siempre claro: “Estamos trabajando con grupos empresariales en distintas líneas en educación básica, superior, en la escuela técnica y en ciencia y tecnología (1)”.