Alistan paro nacional por la educación en Chile
Fuente: Prensa Latina
Codelco y Anglo American, llegaron finalmente a un acuerdo que pone término al litigio judicial entre ambas empresas. Este parece un buen acuerdo en el sentido que pone fin a un litigio judicial que podía extenderse por muchos años. Sin embargo, Codelco prácticamente poco o nada obtiene puesto que solo adquiere el 24,5% de la Ex Disputada en U$S 1.800 millones, que es el mismo valor que tendría que pagar en virtud del contrato entre ambas empresas. Pero el que realmente gana con este acuerdo en Anglo American, porque Codelco debe pagar otros U$S 1.000 millones, por otro 5% de Disputada cedido por Mitsubishi, y que Codelco deberá ceder posteriormente a Mitsui. En suma, solo Anglo American se beneficia de este acuerdo puesto que obtiene U$S 7.190 millones (5.390 de Mitsubishi y 1.800 de Codelco) por la venta del 49,9% de las acciones, pero con el 50,1% del capital conserva el control absoluto de esta minera. Negocio redondo.
Propuesta para construir oposición al neoliberalismo con la movilización social y las demandas populares.
La irrupción de los movimientos sociales con sus demandas propias y de carácter antisistema ha generado un escenario político donde las correlaciones de fuerzas necesarias para implementar los cambios se construyen en los espacios de la llamada sociedad civil. En otro términos, en el seno del pueblo ciudadano. Las instituciones del sistema político dominante obstruyen los cambios políticos y económicos necesarios para que las mayorías puedan vivir bien. El parlamento binominal es un lastre y toda la institucionalidad amarrada desde la dictadura es un peso muerto. Los medios son altoparlantes de los intereses y opiniones de los pocos dueños de la riqueza y el poder. El potencial de transformación está en la consciencia que surge en las calles, territorios, campus, oficinas, liceos, fábricas, regiones, barrios, poblaciones. La debilidad de este movimiento con potencial de cambios estructurales del sistema de dominación es la falta de unidad, convergencia y articulación de demandas y movimientos surgidos de la acción colectiva. Falta un programa unitario de movilizaciones. Faltan jornadas unitarias con perspectivas rupturistas. Hay que construir oposición antineoliberal en la calle porque las demandas están claras.
La política de los sectores reformistas, socialdemócratas y progresistas es diluir el potencial aglutinador de las demandas y domesticar a los movimientos ciudadanos, de trabajadores y estudiantes, para así poder maniobrar dentro de la institucionalidad postdictadura actual. Lo sabemos. Ya lo ha dicho el llamado frente de izquierda dirigido por Girardi que con la participación del PC, MAS, MAIZ , PPD, PRSD le quieren presentar un programa de cambios a Bachelet. La presidenta que depositó toda su confianza en un neoliberal como Andrés Velasco. Imposible separar la ideología del dirigente con la elección de sus ministros. El objetivo de los reformistas del frente de izquierda es desviar los objetivos de la lucha social hacia la eterna negociación entre las elites dominantes. Para vaciar de su contenido transformador las demandas de los movimientos sociales. De eso estamos hartos.
Una política de cambios estructurales o una alternativa de poder de los de abajo es obra de las organizaciones populares, ciudadanas y de los trabajadores mismos. Sin embargo, los encuentros, asambleas e instancias convocados por los reformistas reúnen pueblo. Si es así debemos participar activamente en ellas. Sabemos lo que pretenden. No es crear poder por abajo. Pero en ciertos procesos y dinámicas las demandas y formas organizativas rebalsan la lógica reformista. Hay una especie de salto cualitativo de la consciencia. En este proceso, los que exigen igualdad, democracia y mejores condiciones para la vida buena acentúan las dinámicas anticapitalistas y unitarias y de enfrentamiento con los poderes de la institucionalidad postdictadura.
Ahora bien, en el campo reformista hay sectores que en una dinámica de movilización social de las demandas levantadas por sectores avanzados ambientalistas, estudiantes, pobladores, pueblos (mapuche sobre todo), trabajadores (cuya intervención comienza a ser recurrente) pueden radicalizarse y adoptar autonomía y sobrepasar a las cúpulas del concertacionismo reformista de izquierda o Frente de Izquierda. Es la lógica sociopolítica que debemos apoyar; acentuar y profundizar las dinámicas antisistema (son reformistas de izquierda porque quieren reformas graduales /cosméticas y no estructurales y su política de alianza es con sectores burgueses que representa el ala hegemónica de la DC.).
Debemos, entonces, resolver el problema de las alianzas tácticas con este sector reformista y otros para construir alternativa. Por eso debemos estar ahí. Se puede avanzar, en una dinámica de movilización social en la calle. Obligar a los reformistas y progresistas a enfrentarse con sus contradicciones. Empujarlos. Es una táctica. Nada más. Es clara y de cara a los ciudadanos y movimientos sociales. Convocar al movimiento sindical y a los trabajadores a las mujeres por sus demandas y derecho al aborto libre. Es proponer actividades conjuntas que rebalsen el estrecho marco electoralista e impedir que las manejen y amañen las elites binominales y sus satélites.
Tendríamos que preparar con el máximo de organizaciones de base un programa de movilizaciones en la calle y una gran jornada de protesta; la que nosotros debemos impulsar en sus encuentros. Los del llamado "frente de izquierda" de Girardi, Martner, Aguiló y otros, no lo harán. Eso permite demostrar que caminan enmascarados. Si lo hacen, tanto mejor para impedir que las bajen como ya ha ocurrido. Esta táctica se inspira en la metodología de hacer frente en torno a reivindicaciones o demandas unificadoras de los movimientos sociales. Ejemplo: educación gratuita, renacionalización del cobre, nueva Ley laboral, Asamblea Constituyente (nosotros tendremos que explicar qué es la Via popular y de los pueblos a la Constituyente; ese contenido clasista que hay que darle no se entiende todavía, pero se hace generando correlación de fuerza en la calle. No en encuentros alejados de la lucha de masas. Esto no era posible hace tres años. La política de alianzas, táctica, la hacemos en ciclo de alza de luchas y no de estancación o reflujo).
Debemos proponer que Igualdad vaya allí a explicar su política. Qué es ser herramienta política de los movimientos sociales. Si allí va sólo militancia cupular de los partidos, de igual manera hay que plantearles que la única forma es de llamar a preparar grandes jornadas de protestas en la calle para imponer las demandas. A convocar y sumarse. En esa dinámica el pueblo manda. El proceso se radicaliza y potenciamos convergencia de luchas articulando demandas.
Por ultimo, tener política no significa encerrarse en su política. Sino confrontarla permanentemente con la realidad. Hacer el análisis concreto de la situación concreta. Para acumular fuerza sin bajar principios. Percibir los deslizamientos e inflexiones en las correlaciones entre el bloque reformista-progresista y nosotros. La Vía Popular a la Constituyente no debe impedirnos ir a a proponer movilizarse en torno a Asamblea Constituyente a secas. Ahí se explica qué es la Vía del Poder Constituyente ciudadano con contenido de clase. Ahí se convence. Ahí se potencian las dinámicas revolucionarias y anticapitalistas. Ahí se irradian convicciones.
La otra posibilidad es llamar a construir una instancia de unidad (frente, coalición, comité, poco importa el nombre) donde se reagrupen todos y todas, los y las anticapitalistas y antineoliberales y llamar a los reformistas del autoproclamado frente de izquierda a que se pronuncien por la unidad en la acción con un calendario conjunto de acciones para impedir que una vez más falsas ilusiones pudran la lucha, se suban por el chorro, manchen la política de izquierda como en el 1989-1990 y posterguen la satisfacción de las demandas que esperan hace más de 22 años.
¡Que el pueblo mande!
Ignacio Ariel Salinas
Fuente:Movimiento Generacion 80
Los familiares de Manuel Gutiérrez, el estudiante chileno muerto de un disparo policial durante una jornada de protesta hace un año, exigieron sea concluida la investigación del caso y se haga justicia.
Fuente: Prensa Latina
Editorial de Punto Final
Cuando la política aparece preocupada de cosas que tienen poca importancia relativa frente a cuestiones efectivamente de fondo, la “reforma” tributaria constituye un buen ejemplo de ese desbalance. La esencia del proyecto constituye una burda caricatura de la reforma tributaria que Chile reclama para comenzar a cerrar la brecha de la desigualdad. Esta reformita de probeta no recauda de manera equitativa y suficiente los recursos que se requieren para implementar la reforma educacional que el país necesita para poner a su capital humano al nivel científico y técnico que exige este milenio. El costo de una reforma educacional de esa naturaleza es mucho mayor de lo que plantean los ajustes tributarios que propone el gobierno. Alcanza a unos cinco mil millones de dólares anuales y la “reforma” del gobierno cubre apenas la vigésima parte de esa suma. A la vez, como de costumbre, la “reforma” la financian básicamente los sectores más modestos de la población. Los ricos, las grandes empresas y las transnacionales que se han adueñado del país, no se verán afectados. No estarán obligados a contribuir a mejorar las condiciones de un país al que están sometiendo a una sistemática explotación. La desigualdad social, por lo tanto, se profundizará. Chile seguirá siendo uno de los países más injustos del mundo.
Un nuevo mecanismo que establece la “reforma” favorece a los más ricos. Propone una norma que permitirá a las personas que financian la educación de sus hijos recuperar una parte significativa de lo que pagan por impuesto a la renta. Como ese impuesto lo paga un porcentaje pequeño de la población, los de mayores ingresos, se producirá una especie de doble desigualdad. Por una parte, beneficiará a los que pagan más impuesto a la renta y, por otra, los del tramo inferior podrán descontar menos. Se trata de aquellos que ganan poco más de 500 mil pesos mensuales y que pertenecen a la clase media empobrecida. Con toda razón los estudiantes universitarios y secundarios han rechazado con energía esta falsa “reforma” tributaria. Las organizaciones estudiantiles, que han asumido la pesada responsabilidad de encabezar la protesta social, consideran que la “reforma” tributaria es un objetivo principal a derrotar en esta lucha por la igualdad y la justicia social. Cabe esperar que las adormiladas organizaciones sindicales y gremiales de los trabajadores y pobladores se hagan presentes en este escenario.
El financiamiento de la “reforma” que plantea el gobierno mantiene la estructura regresiva del régimen tributario de la dictadura que prolongaron los gobiernos de la Concertación. La caja fiscal es poderosa. El año pasado tuvo ingresos récords que alcanzaron a 41.600 millones de dólares. Pero la mayor parte de los ingresos se consiguen por la vía de impuestos indirectos, sobre todo del IVA, que grava con 19% los consumos y servicios. En los sectores pobres esto representa comparativamente una parte mayor de los ingresos que en una familia de los sectores ricos. Otro porcentaje importante de los ingresos de las arcas fiscales proviene de impuestos específicos al tabaco y -sobre todo-, a los combustibles. El IVA y los impuestos específicos representaron el año pasado el 53,5 por ciento del total de los ingresos del Fisco, mientras el impuesto a la renta el 42.8%, con la salvedad que una parte de ese impuesto grava a sectores que deberían estar exentos de pago. Parte de la estrategia del Ejecutivo es forzar los plazos de tramitación legislativa para conseguir la aprobación de esta “reforma”, mediante un chantaje encubierto. Esa maniobra se apoya en los intereses de clase comunes que existen entre la derecha y la Concertación. La componenda permanente entre ambos bloques, dominados por la oligarquía financiera, se encubre con el ropaje de un presunto “espíritu republicano” que se invoca como denominador común para atenuar las repercusiones de ese contubernio. En un periodo electoral la comedia se acentúa a extremos grotescos. La Concertación, que ha devenido en “Oposición” para cazar votos incautos, finge rechazar la “reforma” tributaria pero bajo cuerda prepara la transacción que reclama su “espíritu republicano”.
En definitiva, la “reforma” tributaria sacará más dinero a los sectores empobrecidos y los ricos seguirán disfrutando sus privilegios. Las transnacionales continuarán gozando del paraíso tributario en que se convirtió Chile a partir de 1973. Las mineras seguirán exportando montañas de concentrados de cobre (más otros minerales que van gratis) eludiendo el pago de los derechos del país dueño de esas riquezas. Entre 2004 y este año las mineras se han llevado más de 130 mil millones de dólares, suficientes para financiar seis reformas educacionales. Los bancos y el retail a su vez continuarán acumulando ganancias exorbitantes. Incluso haciendo trampas inmorales como la de Endesa España para aumentar el capital de Enersis, su filial en Chile. Era una maniobra tan escandalosa que obligó a las AFPs, accionistas de Enersis manejadas por conspicuos representantes del empresariado nacional, a rechazar el “lanzazo” que habría costado miles de millones de dólares a los fondos de pensiones de los trabajadores chilenos, convertiéndolos en salvavidas de empresas europeas en crisis. No caben, pues, ilusiones. La “reforma” tributaria es un eslabón más de la cadena que se quiere imponer al pueblo trabajador. Los acuerdos privados en nombre del “espíritu republicano”, no resolverán el problema de la educación pública y -por el contrario- agravarán la desigualdad e injusticia social. Ante esta realidad sólo cabe empeñarse en construir una alternativa que represente realmente los intereses del pueblo y que no alimente espejismos como el de una “oposición” que a fin de cuentas sólo pretende resucitar a la Concertación y sus fracasadas políticas.
PF
Editorial de “Punto Final”, edición Nº 764, 17 de agosto, 2012
Cómo no haber tenido la edad suficiente para ser como ellos, los estudiantes de la Enseñanza Media de este tiempo que han dado un ejemplo maravilloso de valentía, decisión y dignidad.
Representan mejor que nadie el espíritu rebelde de esta época dominada por quienes han hecho de la codicia una religión.
Palpita entre los estudiantes de nuestro tiempo el rumor decidido de quienes, en otros tiempos, se jugaron por sus derechos y dignidad sin detenerse a mirar las consecuencias.
Nuestros muchachos son los herederos de las mejores tradiciones de lucha. Descienden de quienes en el origen de los tiempos dieron la lucha entre explotados y explotadores, de los débiles contra los poderosos
Enarbolando la dignidad de las causas que valen la pena, son capaces de renunciar a beneficios y comodidades. Su decisión es mucho más alta que las dádivas. Y mucho más inexpugnables que la amenaza cobarde. Quizás entre la algarabía de sus marchas vayan formándose los profesionales del futuro. No se sabe. Pero, con certeza, por ahí van los hombres y mujeres dignas e íntegras para quienes vale más la hermandad de sus compañeros, que la riqueza cobrada en la miseria de la soledad.
Enorgullecen estos muchachos que no trepidan en enfrentar la cobardía y el miedo. Sus gritos y consignas mantienen en alto la dignidad humana, esa que no tiene precio, pero todo el valor humano.
Pocas cátedras enseñarán tanto de esta época como la majestuosidad de los muchachos y muchachos que se abren a la vida de la manera más dura: enfrentando a un sistema que viene maltratando a los pobres desde que el mundo es mundo. Pocos episodios de la historia mostrarán un momento más digno que éste.
Resistan, muchachos. Dispongan lo mejor de sus vidas para esta pelea que no es corta ni fácil. No se detengan hasta convertir su país en un lugar digno o sus vidas en ejemplos que el futuro tendrá en cuenta. Hagan ciertas las consignas. Vivan las canciones. Enarbolen la poesía en el combate. No se conformen con la oferta mezquina. Amen, rían y canten. Pero por sobre luchen siempre.
Ríndanse sólo ante el amor y la victoria.
A la misma hora y al otro lado de Santiago, Pablo, tercero de cuatro hijos de una familia campesina ahora afincada en esta ciudad, está desde el amanecer en faenas de carga y descarga de reses en un frigorífico en el que debe cumplir nueve e inamovibles horas diarias.
Carlos gana en promedio el equivalente a 6.000 dólares por mes, casi 17 veces más que el salario mínimo que percibe Pablo, igual a 364 dólares.
Ambos son ciudadanos de Chile, un país sudamericano que lleva décadas declarado como el "milagro latinoamericano" por la pujanza de su economía y la reducción de la pobreza, pero donde la brecha entre ricos y pobres sigue siendo una de las más amplias de América Latina, que, a su vez, es la región más desigual del mundo.
Eso explica por qué el gobierno de Sebastián Piñera celebró las cifras de ingresos de ricos y pobres, publicadas el 24 de julio en la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen).
Los datos sostienen que la diferencia entre lo que perciben los sectores más ricos y más pobres cayó de 46 veces en 2009 a 35 veces en 2011. Si a eso se agregan las ayudas estatales, como bonos y subsidios para los más vulnerables, "esta desigualdad se achica: en 2009 era 25 veces la diferencia, y en 2011 se redujo a 22 veces", dijo el mandatario.
Así como el dinero está lejos de ser la respuesta única al bienestar humano, la diferencia de salarios no alcanza para explicar la desigualdad.
Carlos vive en una casa amplia de cinco dormitorios y tres baños en la acomodada comuna de Las Condes, al oriente de Santiago.
Pablo habita una pequeña vivienda en la comuna de Lo Prado, al poniente de la capital. En dos ambientes construidos y otros dos prefabricados con madera y algunos materiales aislantes se apiñan él, su madre, una hermana menor, su pareja y sus dos hijos, de uno y cuatro años de edad.
En estos días del invierno austral, la familia se calienta con braseros improvisados, la manera más económica de evitar el frío, pero también peligrosa por los frecuentes incendios que causa.
El producto interno bruto de Chile creció más de 20 por ciento entre 2006 y 2011; la pobreza afecta a 14,4 por ciento de sus 17 millones de habitantes y la indigencia a 2,8 por ciento, según la Casen, principal instrumento de medición para el diseño y evaluación de la política social del país.
Pero, a la alegría oficial, se oponen voces calificadas.
"La Casen ha perdido toda credibilidad respecto de la medición de la pobreza y la desigualdad. Es una encuesta que se maneja con parámetros que no se condicen con el Chile de hoy, por lo que es un ejercicio estadístico en base a ciertos supuestos que en realidad poco dicen de los niveles reales de pobreza y desigualdad que existen", dice a IPS la economista Gloria Maira.
La línea de indigencia y de pobreza de la Casen se determina por el valor de la Canasta Básica de Alimentos, equivalente a unos 146 dólares, que determina una medición unidimensional, pues no contempla otras necesidades como salud, vivienda, educación o transporte. Además, el sistema de evaluación utiliza patrones de consumo de 1987, desfasados de la realidad actual.
Si se adoptaran los parámetros de hoy, la pobreza aumentaría considerablemente, un costo político que ningún gobierno quiere asumir. Un "sinceramiento" de esos parámetros dispararía las cifras de pobreza y desigualdad, agrega Maira.
"Estamos atrapados en los números y tenemos poca mirada en cuanto a calidad de vida", señala a IPS el antropólogo Mauricio Rojas. Hay que considerar las posibilidades de la gente de vivir con dignidad, apunta.
Antes de llegar a su oficina, Carlos tiene tiempo de llevar a sus hijas al colegio privado, que cobra mensualidades de unos 500 dólares.
Como trabaja desde tan temprano, Pablo no puede darse el lujo de acompañar a sus hijos a la guardería, controlada por la gubernamental Junta Nacional de Jardines Infantiles, donde los niños y niñas permanecen desde las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde y reciben leche, almuerzo y merienda gratuitos.
Semejante cobertura de enseñanza suena encomiable. Pero en la educación fragmentada en tres sistemas –uno público descentralizado, uno particular subsidiado y otro privado y pago– está enterrada una de las raíces de la desigualdad chilena.
La Constitución no consagra el derecho a la educación, y el sistema de enseñanza se rige por el principio de lucro. Además, ni siquiera las universidades públicas son gratuitas en este país.
"Donde se refleja la pobreza es en el acceso a la educación, la salud, la previsión, que deberían ser los roles esenciales del Estado", explica Rojas.
Carlos es usuario de una institución de salud previsional, sistema privado creado en 1981 por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Por el pago de una importante suma, él y su familia pueden acceder a las mejores clínicas y médicos.
Pablo, gracias a su trabajo, es usuario del estatal Fondo Nacional de Salud, que opera principalmente con hospitales y consultorios públicos, donde la atención es lenta y precaria.
Cuando toca ir al hospital, "es triste y humillante. Hay que esperar horas por la atención, incluso cuando se trata de uno de mis hijos, que son pequeños. Cuando por fin te atienden, apenas te explican qué le pasa a tu hijo, te tratan mal y te mandan para la casa. A los pocos días hay que volver porque tu hijo está peor. Es así todos los inviernos", describe.
Su familia soporta la crisis sanitaria que, sobre todo en invierno, ataca a los más pobres. La gran contaminación atmosférica de Santiago, una urbe rodeada de montañas, se combina con el frío y genera una explosión de enfermedades respiratorias: 4.200 personas mueren por año a causa de la polución del aire santiaguino.
La sociedad de consumo no es capaz de satisfacer esas necesidades de las personas. Sin embargo, hay una tolerancia ciudadana hacia la desigualdad, describe Rojas.
En su opinión, "hay una sociedad de consumo que es exitosa, que da un cierto espejismo de integración social a través de los objetos, y que esconde los verdaderos derechos sociales que están restringidos", afirmó.
A horas distintas, Carlos y Pablo terminan sus jornadas laborales. Al ponerse el sol, Pablo retorna a casa en el atestado transporte público Transantiago. Carlos ya disfruta de un vino tinto templado en la terraza de su apartamento con vista al mar.