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T r i b u n a c h i l e n a

Carta de Elena Varela luego de su liberación

Carta de Elena Varela luego de su liberación

por Elena Varela López (Chile)
domingo, 17 de agosto de 2008

Estimados compañeros, me dirijo a todos los audiovisualistas, a los artistas, a los actores, a los músicos, a los intelectuales. A la plataforma audiovisual, a la plataforma ciudadana por la libertad de expresión y creación, a las organizaciones de derechos humanos, a las organizaciones populares, a las organizaciones juveniles, a las organizaciones de mujeres, a las organizaciones que luchan por la libertad de expresión.

A todos los hermanos de otros pueblos de América latina, y también a los hermanos de otros pueblos que también luchan por su propia  libertad, a los documentalistas del mundo, al pueblo mapuche principalmente.

Quiero hablarles y expresarles toda mi gratitud en este momento, en este momento que estoy gozando de una pequeña libertad, una libertad que ha sido ganada gracias a la lucha de nosotros, de ustedes, es una lucha que me ha permitido en este momento estar en mi domicilio con mi familia, es un momento muy doloroso y a la vez muy feliz de poder compartir con ustedes.

La libertad es un valor muy grande, es un valor muy fuerte; yo creo que un país democrático no puede faltar a la libertad, a la libertad de expresión; hacen falta leyes que nos apoyen, que apoyen al artista en su expresión, que no nos limite de poder decir nuestros valores, nuestra cultura, el derecho a expresarse, el derecho a poder construir una sociedad más justa. Es por eso que he sido perseguida, porque he tratado de alguna manera de mostrar este tipo de valor en mis trabajos, y allí es que yo quiero y deseo…y a la vez agradezco a todos ustedes… que levantan este discurso y esta bandera, la bandera de libertad.

Es increíble que en un país democrático en el cual varios y muchos han caído, muchos han sido encarcelados, muchos han sido desterrados, aún no se goce esa libertad de expresión, aún tengamos que estar en cárceles, aún no podamos disfrutar de verdad lo que significa.

Quiero que sepan que los llevo en mi corazón  y quiero…envío desde acá, desde mi casa un saludo fuerte, van a pasar algunos meses de lucha todavía que tengo que dar…en los tribunales y también con ustedes compañeros para que pueda gozar de la libertad, de la libertad real, de la misma libertad que gozamos todos pero que vivimos con temor, con un temor a poder decir estoy en libertad y yo pienso esto.

Desde acá les envío un fuerte abrazo y quiero decirles principalmente que hay valores que a los artistas, que a los creadores, a los intelectuales del planeta nos hacen dignos. Y uno de esos es la libertad. Tenemos que hacer que todas estas expresiones…expresiones que nosotros vamos teniendo día a día, vayan haciendo que nuestra vida sea más digna, más justa; para que al final de toda esta historia la dignidad se haga costumbre, en nuestro país, en nuestra tierra latinoamericana.

Un respeto grande y un abrazo a nuestro pueblo mapuche que sufre día a día este mismo problema, a todos los marginados de este país, a todos aquellos que han sido reprimidos y han tenido que emigrar incluso.
Un abrazo fuerte para ustedes que están construyendo –y estoy segura- una sociedad más justa. Gracias compañeros

* Fuente:
El Ciudadano

La ofensiva de la derecha histórica y la respuesta necesaria de los trabajadores y el pueblo

por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
jueves, 14 de agosto de 2008

1.
La inflación en Chile -que oficialmente bordea el 10 %, pero que de acuerdo a estudios independientes, supera el 12 %-, golpea con crudeza especial a los trabajadores y al pueblo, es decir, a las grandes mayorías nacionales. El origen del alza inflacionaria está, por una parte, en la crisis económica recesiva de los países centrales (USA, UE, Japón) ligada a la especulación irracional del capital financiero parasitario, fracción hegemónica del capital en el actual período, y al aumento mundial estructural del precio de los alimentos por razones vinculadas a la especulación de los precios en las bolsas de los estados imperialistas; el uso de amplias extensiones territoriales en la producción de agrocombustibles ante la crisis petrolera; y el cambio climático causado por el desarrollo y organización no planificada de la producción económica.

Según el último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), desde el 2006 hasta ahora, en Latinoamérica los alimentos han aumentado su precio en un 68 %. En Chile, en el último año, la comida subió un 17 %, en general; el pan (clave nutricional en el país) un 37 %; la carne un 20 %; y el arroz un 89 %. De acuerdo al BID, la extrema pobreza (término sociológico organizado a través de tramos arbitrarios) en Chile crecerá de un 12 % a un 17 % (casi 3 millones de personas).

Como si fuera poco, durante el último año, para una familia de 4 personas, el gas aumentó su precio en un 53 %, la electricidad un 34 %, y el agua un 4, 2 %. Sin embargo, el promedio salarial del trabajador chileno se ha congelado nominalmente en  $ 260 mil pesos (500 dólares), y el promedio de endeudamiento de un trabajador es de 12 meses de labor remunerada.

Ante las cifras dramáticas, el gobierno trata de insistir sin convicción en la contención de la crisis en virtud de mantener “la casa ordenada”, y contar con un superávit fiscal millonario debido a la demanda provisional del cobre por China. Sus grandes planes se reducen a promover más programas sociales (vinculados a la generación de mal empleo con el propósito de acotar la cesantía que, en promedio, se aproxima al 10 %), disminuir el gasto fiscal, e incrementar las tasas de interés para destruir la inflación (y de paso, sueldo y trabajo).

El patrón de acumulación capitalista horneado por la ultra liberal anglosajona, impuesto materialmente por la dictadura pinochetista y luego optimizado por los gobiernos civiles de la Concertación, expresa sus límites históricos y produce con su agotamiento sus posibilidades objetivas de superación.

2.
Desde el plebiscito entre el Sí y el No de 1988, el padrón electoral chileno no ha variado sustantivamente. A 20 años del evento político agendado en el calendario del Pentágono para el término de la dictadura militar y el comienzo de las administraciones concertacionistas, más de 2 millones de jóvenes en edad de votar no se han inscrito en los registros electorales debido, fundamentalmente, al rechazo del ejercicio de la política por arriba, su descrédito consensuado, y escasez de confianza en eficacia de la rutina electoral de la democracia de los de arriba. Al respecto, sectores del gobierno propusieron una reforma resumida en la inscripción automática y el voto voluntario. Sin embargo, el martes 12 de agosto, la derecha histórica en pleno votó contra la iniciativa, argumentando de fondo que los jóvenes, de votar, se inclinarían mayoritariamente por la izquierda (en todo caso, para la derecha histórica chilena, todo lo que no es UDI o RN, es izquierda). Ni hablar de que puedan votar los chilenos en el extranjero, ni los extranjeros residentes en Chile por más de 5 años. De este modo, las encuestas de opinión política que, a poco más de un año de las elecciones presidenciales, dan como ganador al empresario de la derecha histórica, Sebastián Piñera, con algo más de un 50 % (última encuesta CERC) y aprueban la gestión de Bachelet sólo en un 44 %, cobran mayor relevancia. En la misma encuesta, el ex Presidente Ricardo lagos Escobar sigue a Piñera con un 27 %, el porcentaje más alto de los pre candidatos (tapados o no) de la Concertación. No obstante, únicamente un 50 % de los encuestados se pronuncia por una preferencia política sobre la oferta actual del sistema de partidos políticos.

Esto quiere decir, en rigor, que el manto de legalidad formal necesario para los rostros de ambos conglomerados del bloque en el poder (Alianza por Chile y Concertación), pierden consistencia de manera explícita. Si bien, ciertamente, el Estado chileno desmantelado y tutelado por el gran capital y sus expresiones corporativas transnacionalizadas, han convertido al Ejecutivo y al Parlamento en extensiones de sus intereses, la crisis concreta de las instituciones  teóricamente representativas o con algún grado de participación popular, destruyen la autoridad y el  mito liberal de la democracia chilena.

A lo anterior, se agrega el fracaso parcial del acuerdo electoral para los comicios municipales que se realizarán en 2 meses más entre la Concertación y el Partido Comunista, debido a la oposición en los hechos de la Democracia Cristiana, situación que posterga indefinidamente la demanda del PC por terminar con el sistema binominal, antesala a la estrategia de modificar cualitativamente la Constitución de 1980 a través de asambleas constituyentes u otras fórmulas jurídicas.

Pero la ofensiva de la derecha histórica contra el proyecto neocapitalista pobremente matizado por la Concertación no se detiene desde la expulsión de la ministra  de Educación, Yasna Provoste,  en abril de 2008. El golpe de fuerza originó la tesis derechista de la construcción de una “nueva mayoría” en el Legislativo, soporte y prolegómeno de las posibilidades de hacerse del Ejecutivo en las próximas elecciones de 2009, mediante el candidato presidencial, Sebastián Piñera. Ahora, el líder de la fascista Unión Demócrata Independiente (UDI), Hernán Larraín, habla de la “ley de los turnos”, es decir, la legitimidad del recambio en La Moneda y el mentado “desalojo” de la Concertación.

La estrategia de la derecha histórica sigue su curso con el apoyo cada vez más acerado de desprendimientos de la Democracia Cristiana, el engendro político denominado Partido Regionalista de los Independientes (PRI) y el pragmatismo burgués del Partido Chile Primero, escisión a la derecha  del concertacionista Partido Por la Democracia.

El miércoles 13 de agosto, la Cámara Baja del Congreso aprobó por un voto (“comprado” por el Ejecutivo), el subsidio fiscal para el sistema de transporte público, Transantiago, uno de los proyectos en acción peor evaluados por las encuestas. Sin embargo, en septiembre, el subsidio millonario a los privados que administran el sistema de locomoción colectiva será votado en el Senado, donde la mayoría ultraderechista probablemente puede voltear el virtual empate en el parlamento en desmedro del subsidio. Una “victoria” del campo más reaccionario y liberal extremista en el área chica de los senadores, podría iniciar la sentencia definitiva del fin de los gobiernos concertacionistas, toda vez que, sin subsidio estatal, el pasaje del Transantiago aumentaría sustantivamente su precio y el descontento de los santiaguino de a pie. En la forma, la derecha histórica propone el fin de los subsidios y alienta el término de los impuestos a los combustibles; en el fondo, sienta las bases del derrumbe político concertacionista.

Por primera vez, en casi 20 años de gobiernos civiles post dictadura, los hijos del pinochetismo más duro, con tanta antelación, han sido capaces de elaborar una estrategia meridianamente coherente y francamente ofensiva contra la Concertación; primero concentrándose en un candidato único; aprovechando los errores y la desestructuración creciente y, aparentemente, sin retorno del pacto político que administra el Estado hoy; y procurando constituirse en alternativa “viable”, en un contexto de crisis económica, malestar de la comunidad nacional, visible agotamiento concertacionista, y a través del control mediático unidimensional reproductor de sus intereses. A lo anterior, es preciso agregar las próximas elecciones de la dirección de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, gremio patronal en Chile), titiritero protagónico de las políticas económicas, sociales, políticas, y represivas del país. El alejamiento de Alfredo Ovalle, su actual presidente, por un líder menos negociador y aún más derechista, construirían un escenario político aún más promisorio para los objetivos de la ofensiva burguesa de sus fracciones más radicalizadas y antipopulares.

3.
La burguesía aprende con celeridad sorprendente. Luego de la experiencia de la Unidad Popular tronchada por el golpe de Estado de 1973, las clases dominantes digitadas por el imperialismo norteamericano, construyeron una matriz material, ideológica, legislativa, burocrática y militar altamente refinada y que cautela con mano de hierro la arquitectura política para la reproducción de las condiciones tendientes a perpetuar sus intereses de clase.

En este sentido, los borradores de proyectos emancipadores y los quehaceres de las diversas iniciativas políticas de los intereses de los trabajadores y el pueblo, se juegan en un campo complejo. Más allá de las debilidades propias de los empeños progresistas (que bregan por políticas redistributivas genuinas; medidas impositivas al gran capital y a la explotación extranjera de los recursos naturales, e implementación  de paradigmas de economías sustentables y de impronta desarrollista) y anticapitalistas (que apuestan a transformaciones estructurales del modo de producción dominante), resulta imperativo establecer puntos de confluencia por abajo capaces de construir fuerzas que de la pura resistencia y testimonio de las injusticias del actual modelo, primero sean capaces de contener la ofensiva burguesa, y luego comiencen a dibujar cualitativa y cuantitativamente el continente social y político capaz de dar saltos hacia delante, hacia la disputa contra los enclaves patronales y sus expresiones multidimensionales.

En la actualidad, se está en presencia de un conjunto de episodios reactivos de fracciones de los trabajadores y el pueblo que, paulatinamente y de manera todavía desarticulada, han demostrado, pese a las dificultosas condiciones impuestas por el poder, contar con la conciencia y organización para manifestar su descontento y apresurar sus demandas. Son los estudiantes secundarios contra la educación de mercado; sectores de trabajadores por mejoras económicas; nudos de lucha mapuche por reivindicaciones históricas; pobladores por la vivienda digna. A todos ellos, sin excepción, se les ha reprimido con saña clasista desde el estado y sus inquilinos coyunturales. El presente período de reconstitución de las expresiones por la lucha de los intereses de los trabajadores y el pueblo se ofrece aún de modo desordenado, parcial, sin la frecuencia suficiente.

Al respecto, es preciso apuntar que, tanto los réditos de la decisión política de participar en el ordenamiento político representativo fundado y, en general, organizado en función de los intereses del capital y la burguesía, como la eventual edificación de instrumentos político orgánicos anticapitalistas capaces de intervenir significativa y compartidamente en procesos concretos de lucha de clases con posibilidades de bascular la hegemonía burguesa, serán fruto de amplios continentes de trabajadores y pobres en lucha. He aquí un núcleo de sentido unitario que, de salvar instrumentalizaciones pequeñas y cortoplacistas, abriga las condiciones de la  agrupación necesaria de extensos territorios populares para enfrentar la embestida ultraderechista.

Las posibilidades del éxito de los proyectos emancipatorios de las clases subalternas no son tanto producto de la suma aritmética de “todas las formas de lucha”, al mismo tiempo y con la misma relevancia. Debe situarse el eje dinámico popular que ordene el conjunto de tácticas en juego. Y ese eje, hasta ahora y por un largo tramo, está asociado al impulso de las luchas sociales en creciente politización, intencionada confluencia, convenida reunión de sentidos. Unos pondrán la lucha electoral como tarea inmediata; otros se concentrarán en la recomposición popular paralela a las reglas del modelo dominante. Estos aspectos, no necesariamente son contradictorios si la reunión de los trabajadores y el pueblo, la lucha social, y la agrupación por abajo se convierte en punto de convivencia, construcción y proyecciones principales. De todas maneras, los proyectos liberadores, sus tácticas y estrategias, históricamente se juegan en caliente y de acuerdo a un conjunto de variables asociadas a la sintonía popular de los distintos empeños, la política más justa para el período, la construcción de liderazgos en comunión con el pueblo profundo. Lo cierto, es que sin pueblo organizado y en lucha, ningún proyecto que aspire a la hegemonía de los intereses de las grandes mayorías expoliadas, cuenta con posibilidades de victoria.

- El autor es Miembro del Polo de Trabajadores por el Socialismo
  Agosto de 2008

Georgia, la guerra de Putin

por Antoni Segura (Barcelona, España)
viernes, 15 de agosto de 2008

El 9 de noviembre de 1989, la caída del muro de Berlín preludiaba un nuevo mundo. El 31 de diciembre de 1991, la desaparición de la URSS confirmaba que había llegado a su fin el sistema de bloques y que las relaciones internacionales ya no dependían del equilibrio de poder entre las dos grandes potencias. El mundo bipolar se había extinguido y todos nos sentíamos más seguros. Pero el fin de la guerra fría creaba un vacío de poder en los antiguos satélites de Moscú que invitaba a nuevos movimientos geoestratégicos, a menudo relacionados con el control de las reservas de hidrocarburos, en regiones que hasta la fecha habían resultado impenetrables para las grandes multinacionales occidentales. Estados Unidos y la UE se afanaron en llenar estos vacíos de poder en la Europa Oriental, Cáucaso y Asia Central. Pocos podían pensar hace solo unos años que las repúblicas bálticas, Polonia o Bulgaria formarían parte de la UE y la OTAN, o que una prooccidental Georgia llamaría también a las puertas de la alianza atlántica pidiendo su admisión.

A principios de los 90, todo parecía fácil, y ante nosotros se abría un mundo de ingenua felicidad y esperanza en el progreso. Las guerras de los Balcanes deberían haber sido el aviso de que no todo sería tan fácil y que el futuro podía albergar nuevas crisis difícilmente superables.

El conflicto de los Balcanes puso en evidencia que la UE no tenía una política exterior común ni capacidad de intervención en la implosión de Yugoslavia, y que era Washington quien debía acabar con los conflictos (1995, Acuerdo de Dayton; 1999, intervención de la OTAN en Kosovo). Rusia aceptaba de mala gana la situación pero tenía que rehacer la situación interna: necesidad de reconstruir la cohesión social y de identidad y de construir un nuevo sistema político estable ahora que ya no era una gran potencia, aunque sí la gran potencia del corazón del continente euroasiático.

ADEMÁS,la integración de las antiguas democracias populares en la UE y la OTAN, el acercamiento de Bruselas a Georgia, Ucrania, etcétera, y la creciente presencia occidental en Asia Central y el Cáucaso eran una doble amenaza para Moscú. De un lado, limitaban su capacidad de influencia en países que formaban parte del imperio ruso, duramente conquistado a lo largo del siglo XIX, y en los que, sobre todo, vivían importantes minorías rusas. Del otro, perdía el control político y el monopolio del transporte de una parte de los yacimientos de hidrocarburos de la región del mar Caspio, donde Kazajistán, Uzbekistán y Azerbaiyán concentran el 3% de las reservas mundiales de petróleo y extraen 2,4 millones de barriles diarios, que ahora salían al mar Negro por Georgia.

En este contexto, enclaves como los de Chechenia, Osetia del Sur, Abjasia, etcétera, toman una importancia estratégica que no se corresponde con sus recursos, sino con su ubicación, ya que permiten controlar el paso de los hidrocarburos. La presencia de una mayoría rusa (Osetia del Sur y Abjasia) son el caballo de Troya que utiliza Moscú para intervenir en Georgia y advertir que la aproximación a Occidente tiene unos límites que conviene no ultrapasar; la presencia de un movimiento independentista (Chechenia) sirvió a Putin para consolidarse en el poder.

EN DEFINITIVA, el conflicto de Georgia muestra las limitaciones del mundo forjado tras la guerra fría. En primer lugar, el nuevo terrorismo internacional no es, probablemente, la principal causa de desestabilización que amenaza la paz mundial. En segundo lugar, la humillación de los 90, cuando la población rusa pasó de ser la segunda potencia mundial a hacer colas de racionamiento, la ha combatido Putin alimentando un nuevo orgullo ruso, de fuerte contenido nacionalista, que se afana por recuperar el papel de la antigua URSS en el concierto mundial, ya sea con golpes de efecto como el Pacto del Caspio (16 de octubre del 2007), en el que los países la orilla del Caspio, bajo el liderazgo de Moscú, se comprometían a coordinar sus intereses energéticos; ya sea con la interesada protección de las poblaciones secesionistas de Osetia del Sur y Abjasia y, en sentido contrario, utilizando la liquidación de la resistencia chechena como mecanismo de consolidación en el poder y aviso para navegantes secesionistas.

EN OTRAS palabras, Putin se ha cobrado la factura de Kosovo --Moscú se oponía a su independencia-- poniendo límites a la expansión de la UE y de EEUU, y demostrando la impotencia de Bruselas y Washington para contrarrestar las operaciones militares rusas en países vecinos. En tercer lugar, el expansionismo ruso siempre encontrará aliados en presidentes iluminados que, como el georgiano Mijail Saakashvili, creen que la alianza con la UE y EEUU les permite desafiar a Moscú, cuando, en realidad, alejan a sus países de la OTAN y la UE --Georgia lo tendrá mucho más difícil a partir de ahora-- y ponen al descubierto las miserias del poder comunitario, feudatario de los hidrocarburos rusos, y de la Casa Blanca, sin capacidad para intervenir militarmente en las fronteras de Rusia. Por último, resulta paradójico que la Rusia pos-soviética se juegue la hegemonía regional en la cuna de Stalin, un georgiano que fue proclamado padre de todos los rusos pese a haber sido uno de los mayores verdugos de la historia. Pero la UE puede hacer ver a Putin que será la política y no la fuerza lo que dará a Rusia el papel que le corresponde en el mundo global. Aunque George Bush ha tardado dos guerras y seis años en entenderlo.

- El autor es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona

* Fuente: El Periódico.com

DE LOS SENTIDOS, LA SUBJETIVIDAD Y LA CREACIÓN DE VALOR.

De la creación de sentido y la subjetividad.

 

“Una de las características más genuinas de la ilusión es la de tener su punto de partida en deseos humanos, de los cuales se deriva.”  (“El porvenir de una ilusión”, Sigmund Freud)

 

Una viejo tema existencial gira en torno al sentido de la vida al que se puede incorporar, por semejanza, el que se refiere al sentido de la historia. Este último de significación política pues la interpretación de la historia es parte de la lucha simbólica que abarca las ideas, los sentimientos, los intereses y las ilusiones. Y sobre ese entramado se asienta la producción de subjetividades colectivas, terreno en disputa por imponer el imaginario de la sociedad.

Para las personas la ilusión constituye un sostén de su existencia y es un importante motor de las energías psíquicas ligada a sus deseos  (el hombre como sujeto deseante). Y los sentimientos junto a la racionalidad, intervienen en la construcción de sentido. Valga un ejemplo proveniente del arte para ilustrar lo que queremos decir. En la “Dolce Vita”, un hito cinematográfico debido al genio de Fellini, aparece un intelectual en el período de posguerra que,  descreído de todo, decide acabar con su vida y también con la de sus pequeños hijos pues así imagina ahorrarles el negro futuro que le dicta su angustiante pérdida de ilusiones. Y por más que “psicoanalizar” a la sociedad configura una transpolación errónea e impropia, no hay que desestimar el papel que juegan las ilusiones en la praxis política. Sobre todo por su influencia en la potencialidad de los movimientos colectivos.

Conste que no hablamos de ilusión como fantasía. Tampoco del polémico concepto de utopía. Nos referimos a la asociación entre ilusión y deseo como fuente energética que nutre a la actividad humana. Señalemos también que no correspondería hablar de “el sentido” sino de “los sentidos”, ya sea por simultaneidad o por eventuales cambios a lo largo del tiempo. Pero al margen de ese carácter plural, importa el papel que cumple  la construcción de sentido en la lucha política,  mediada por la cultura en la que se desarrolla y el momento histórico que se vive. Por ejemplo, el sentido existencial que promueve el sistema capitalista es la figura del hombre exitoso que exalta la habilidad para ganar dinero y fama.

Ahora bien, la disputa por el poder gira en torno a quién logra la hegemonía en la conducción del conjunto social y en ella se inscribe su capacidad para que prevalezca el o los sentidos de su política. Y una característica perdurable relacionada con el ejercicio de la dominación, es crear el sentimiento de la imposibilidad del cambio, o sea, despojar a los dominados de toda ilusión que cuestione el orden existente. Así, cuando se impone en la sociedad el imaginario de los sectores hegemónicos, éstos alcanzan la llamada “legitimidad” al obtener el “consenso” de los sometidos. Y si no lo consiguen, surge un período de inestabilidad donde los conflictos tienden a resolverse por vía violenta.

El empleo de los términos legitimidad y consenso integran la construcción de sentido que portan ciertas palabras cuando se hallan inscriptas dentro de un discurso de poder. La potencia que encierran las palabras claves es tal que funcionan como modeladoras socio-políticas de las subjetividades individuales y colectivas. Y aquí juegan su rol los medios de comunicación que hoy son la más gravitante fuente de producción de sentido por su masividad e incidencia como “formadores” de opinión pública. Medios que,  fundamentalmente, pertenecen al gran capital.

Recurramos otra vez al rico pensamiento de Freud para situar la problemática que nos interesa: “la cultura humana…muestra… al observador dos distintos aspectos. Por un lado, comprende todo el saber y el poder conquistados por los hombres para llegar a dominar las fuerzas de la Naturaleza y extraer los bienes naturales con que satisfacer las necesidades humanas, y por otro, todas las organizaciones necesarias para regular las relaciones de los hombres entre sí  y muy especialmente la distribución de los bienes naturales alcanzables.” (Ibid., op.cit.)

El párrafo citado delimita dos campos distintos. El relativo a la producción, la ciencia y la tecnología y el que se refiere a las relaciones sociales y políticas. Las características propias de esos campos no suponen su divorcio pero sí le otorgan particularidades que, deliberadamente o no, tienden a ser mezcladas y confundidas.

La fortaleza del sistema capitalista se basa en su potencia económica, tanto en sus logros reales como en su capacidad de trasladar los mismos al lenguaje cultural-político. Luego, su discurso y creación de sentido se afinca en ese terreno y uno de sus principales recursos ha sido y es ocultar, tras las grandes transformaciones científicas y productivas que engendró, su naturaleza explotadora y opresora que sigue depredando a los humanos y al planeta. Fenómeno  vigente a pesar del profundo cuestionamiento que produjeron las grandes revoluciones del siglo XX. Es que éstas portaron semejanzas en la subjetividad que contradijeron el empeño por liberarse de la herencia cultural y de las ataduras de carácter mercantil del capitalismo. Veamos dos del ámbito económico que influyeron en la subjetividad que se desarrolló en los Estados socialistas y también  en múltiples corrientes afines.

Un nexo en la construcción de sentido pivotó sobre el concepto de progreso que asumieron los fundadores del “socialismo científico”, desde Marx en adelante. Y ese ambivalente concepto se tradujo en un determinismo que abrazó la idea de la linealidad ascendente de la historia. El capitalismo, como proceso revolucionario económico (algo real), sería la antesala del socialismo que lo sucedería cuando aquél hubiera agotado su potencialidad (algo imaginado). Mas, la  implosión del campo socialista contradijo esa ilusión de cuño mecanicista en tanto que la concepción productivista del socialismo, al quedar pegada al desarrollo económico, se hizo tributaria del imaginario capitalista. El que hoy exalta el salto tecnológico como el símbolo del progreso mientras oculta su costo depredatorio y su móvil, la voracidad del capital. Luego, las relaciones humanas que debía subvertir el socialismo, fueron vulnerables al sesgo economicista que formó parte de su legado. Problema irresuelto entre las bases materiales, el poder político y la creación de subjetividad capaz de socializar ambos planos. Y esto remite a los límites del socialismo llevado a la práctica que, no obstante  mejorar las condiciones de vida de la población, nunca superó el capitalismo de Estado, con su régimen asalariado, intercambio mercantil y centralización de las decisiones. 

Indudablemente, otro orden social más justo y equitativo tiene que sustentarse en el nivel científico-tecnológico y productivo alcanzado. Pero las relaciones sociales, las instituciones y la organización de la producción, no son formas únicas ni “naturales”, como no lo son las formas mercantiles. Devienen del antagonismo entre los dominados y los dominadores y de los efectos de sus luchas. Las causas invariantes de tal oposición radican en la apropiación del fruto del trabajo ajeno (la explotación) y en la apropiación de las decisiones de la sociedad (la dominación). Y asumiendo su íntima ligazón, deben gestarse las políticas que las enfrenten simultáneamente.

Una muestra de la crisis interna de la subjetividad socialista es que no llegó a cortar el cordón umbilical que la ligaba al capitalismo. Ejemplo de ello surge del debate que libró el Che en Cuba en los 60: incentivo moral versus incentivo material. El cual trascendía lo económico y se proyectaba a la construcción de una nueva subjetividad.

Otro aspecto cuestionable del imaginario socialista fue el carácter científico que se atribuyó a la política revolucionaria pues dicho “patrimonio” supuso una garantía ilusoria ajena a la política. Desde esa matriz también se tomó a la historia como ciencia soslayando el papel de las interpretaciones y la lucha política que implica, más allá de su valor documental. Así el triunfo del socialismo fue visto como inexorable y el mundo marchando hacia él. Esa doble ilusión enraizada en la subjetividad revolucionaria la dotó de una enorme energía capaz de las mayores proezas y sacrificios. Pero también inoculó un alto grado de impunidad a quienes medraron a su sombra. Léase los aparatos de poder que se abroquelaron en el Estado y que fueron erosionando lo mejor de las tradiciones revolucionarias.

En el mismo sentido operó la concepción vanguardia-clase-Estado que resultó una construcción afín a lo que se quería desmontar y que no funcionó de acuerdo a los presupuestos previos. ¿Y cuál fue el resultado real? La vanguardia devino en un factor clave del retroceso conservador; la clase, en los hechos, cedió su protagonismo revolucionario que fue transferido a la vanguardia; y el Estado, que debía desaparecer, se fortaleció como dispositivo de dominación.  

Semejante proceso contenía genéticamente los gérmenes de su descomposición. Y la subjetividad revolucionaria opuesta al capitalismo que se gestó a lo largo de por lo menos un siglo y medio al calor de múltiples luchas, batallas y guerras, alimentada por ideas creativas e innovadoras, fue languideciendo hasta colapsar simbólicamente con la caída del muro de Berlín. Y luego de dicho colapso, surgió la incertidumbre política actual derivada del imperio del capitalismo en el mundo. Pero este hiato que afecta a la emancipación, a su vez, da cabida a otros modos de pensar y de hacer política que abren nuevos rumbos. En el campo de las ideas y de las luchas comienzan a germinar experiencias originales dentro de la resistencias de los oprimidos que no cesan por más que el sistema las silencie cuando no alcanza a cooptarlas.

El eclipse del socialismo plantea entonces la cuestión de una nueva construcción de sentido lo que supone un lento proceso de gestación de otro tipo de subjetividad que se desprenda de lastres del pasado lo que remite a las polémicas actuales. Y aquí emerge el tema de los tiempos vinculado a lo que ocurre hoy en Latinoamérica. Luego, corresponde hacer una distinción entre dos aspectos que se prestan a equívocos y a posiciones encontradas. Aludimos a lo sistémico y a lo coyuntural.

Una construcción de sentido que no cuestione lo sistémico queda atada al orden existente. Luego, es ilusorio promover una subjetividad anticapitalista si se actúan las coyunturas con una metodología similar a la que se pretende superar y se emplea su mismo instrumental. Por lo tanto, resulta estéril sujetarse a la razón de Estado y reproducir construcciones jerárquicas tal como se han dado y se siguen dando en la conformación de los partidos políticos. Éstos representan la modalidad instituida que canaliza la mayoría de las luchas políticas actuales, por lo que gestar otras formas de organización implican un esfuerzo continuado y un tiempo de realización impredecible  toda vez que quienes lo impulsan aún configuran un espectro ampliamente minoritario.

Pero la oposición al sistema debe conjugarse con lo coyuntural que es el ámbito de la acción en el presente donde toda política  debe encarnarse en los hechos que produce en cada contexto. Es lo que el leninismo designó como “el momento actual” que se materializa en las prácticas donde se interviene. Las diversas praxis emancipatorias  tienen que articularse sumando energías buscando confluir para oponerse a los intereses de tan poderosos enemigos.    

Ergo,  no resignarse a la dominación que impuso el capitalismo en el mundo supone, por un lado, una postura antisistémica y por otro, su aplicación a las situaciones que tensan las contradicciones del orden establecido. Y en este nivel, hoy en Latinoamérica se reabrió una instancia de corte popular que fue soterrada en los 90. En ella se expresan desde un variopinto abanico de gobiernos cuya resistencia al “neoliberalismo” es tan relativa como disímil, hasta una multiplicidad de movimientos sociales y políticos mucho más radicalizados. Que ahora surja un cuestionamiento al discurso único, por tibio que fuere, favorece a las tendencias emancipatorias que buscan crecer con independencia de  las políticas estatales. Y para dichas tendencias una de las cuestiones pendientes es reformular el significado del socialismo unido a la producción de nuevas ideas capaces  de nutrirlo.

Asimismo, pensamos que no hay proyectos viables si no se va construyendo una subjetividad colectiva  que le dé sostén. Proceso lento y difícil pues debe germinar al interior de la sociedad conformada por la cultura dominante que exhibe el señuelo de sus conquistas tecnológicas y económicas. Éstas estimulan el deseo y la fiebre de consumo que alimentan la realización de las mercancías. Comportamiento social adictivo, en especial en los sectores de mayores ingresos y que alcanza también a los pobres a nivel deseo. En síntesis, el capital se apropia de la mercancía más preciada: el ser humano que se consume consumiendo, ya sea por exceso o por defecto. Fenómeno inseparable de la subjetividad que engendra.

 

De la creación de valor, la política y la subjetividad.

 

Abordar la producción de subjetividades propias  del capitalismo demanda, entre otras cuestiones, reflexionar en torno al núcleo constitutivo de la valorización del capital por su incidencia en la sociedad y por la gravitación que tiene en el funcionamiento del sistema. Es que la dinámica de los cambios económicos generan vectores socio-políticos que es preciso  evaluar para poder caracterizar la presente etapa, con sus condicionamientos y posibilidades emergentes. Y si bien el conocimiento no determina ni le otorga garantías a la política que es objeto de creación, le provee herramientas necesarias para su desarrollo.

Referido a esa cuestión, el disparador inicial de las siguientes reflexiones es el artículo “Inventar lo común” de Judith Revel y Toni Negri aparecido en la revista Ñ de Clarín del 26/06/08. A tal fin, comenzamos haciendo un breve rodeo.

En el Nuevo modelo de acumulación capitalista (en adelante Numac), el trabajo incorpora una creciente incidencia del factor intelectual a partir de la Revolución Tecnológica que lo diferencia de etapas anteriores.

En el maquinismo el capital se apropia de la habilidad manual del obrero y su correspondiente saber, o sea, se apropia de los oficios de base artesanal aunque se mantiene la importancia de la especialización.

En el Numac el capital logró superar la limitación que suponía la especialización como importante soporte para las demandas del proletariado. Surgió entonces la polivalencia y la “flexibilización” que menguaron la capacidad de negociación de la clase obrera supeditada a la conservación de la fuente de trabajo debido a la precarización de sus condiciones de acceso. Es que la elevada tecnificación de la producción generó la ampliación de lo que Marx designó como ejército de reserva del capital provocando un alto grado de inestabilidad laboral. Además, produjo en los sectores más vulnerables un sensible aumento de la población marginada, los llamados excluidos.

El salto tecnológico originado por los logros de la ciencia volcados al proceso productivo, acrecentó sensiblemente su componente intelectual. Y de éste se apropiaron las grandes corporaciones cuyo poder económico y político creció enormemente en función del notable proceso de concentración del capital que protagonizaron.

Ahora bien,  juzgamos erróneo el planteo de Negri de desplazar la creación de valor de su fuente, la fuerza de trabajo aplicada a la producción, trasladándola a lo que designa como “red de subjetividades”.

La determinación del valor hoy es más compleja por la creciente importancia del factor cognitivo incorporado al ciclo del capital, pero su creación se plasma en la esfera de la producción. El valor aportado por la inteligencia humana, gestora de la “inteligencia artificial”, se incorpora al producto como trabajo cognitivo pretérito y/o presente y se integra a los nuevos medios de producción asistidos por la cibernética. Y por más sofisticados que sean, transfieren valor al nuevo producto pero no lo crean. El valor que se agrega en cada ciclo de la producción de mercancías, brota del trabajo vivo manual e intelectual que usufructúa el capital apropiándose de parte del mismo.

El efecto de la mayor sofisticación en los medios de trabajo se refleja en la pérdida del peso tradicional del proletariado industrial que en cierta medida absorben los laboratorios que financian las grandes corporaciones y el Estado cuando está al servicio de ellas. Y también porque la computarización de la cadena productiva no sólo reduce mano de obra, sino porque simplifica su operatoria trasvasando su complejidad a la inteligencia artificial. A la vez, crecieron en importancia los sectores de servicios y del transporte, indispensables para la circulación de las mercancías y la realización del capital. Esto crea condiciones diferentes a las de la etapa fordista pues la clase obrera industrial se vio debilitada como protagonista central de la contradicción capital-trabajo emergiendo una pluralidad mayor de actores de diversa composición social.

Que la fábrica no tenga las mismas características a las de la etapa fondista, con la consiguiente pérdida de protagonismo del proletariado clásico, no implica que no sea en la esfera de la producción donde se crea valor. Otra cosa son las nuevas modalidades que asume el ciclo del capital, que comprende desde la producción hasta su realización, y en el cual sus distintos momentos tienden a ser controlados por las grandes corporaciones. Mas, la creación de subjetividades afines al orden capitalista surge de las “usinas” político culturales del régimen que imponen el sentido común dominante. Sólo que el sistema al abarcar la extensa gama de culturas existentes en el mundo con su enorme multiplicidad de expresiones, debe librar un combate permanente para suturar semejante variedad que se renueva en función de las contradicciones y conflictos que continuamente engendra este régimen de explotación y de dominación mundial.   

En rigor, la red de subjetividades que menciona el artículo citado, remite principalmente a la esfera política ideológica vinculada a las disputas hegemónicas y al momento histórico que se vive. Por ello afirmar que “lo que produce valor ahora es la producción común del las subjetividades”, nos resulta una confusión de campos. Se transfiere la creación de valor, propia de las relaciones económicas, a la esfera político ideológica donde se gestan las subjetividades colectivas, diferenciación que como es obvio no excluye la interrelación de campos. Pero mientras la transformación en la organización del trabajo y la revolución tecnológica en los medios de producción no modificaron la fuente de valor, sí hubo importantes cambios en las subjetividades colectivas. Lo que por un lado se liga al desarrollo capitalista con sus portentosos avances en las comunicaciones, la telemática y la genética y por otro, al eclipse del socialismo de cuyo cono de sombra aún no se ha salido.

De lo anterior se desprende que las luchas por la gestación de nuevas subjetividades opuestas al orden existente deben librarse en el ámbito cultural político y que las redes que las articulen tienen que abarcar a una pluralidad de actores cuyo hilo conductor es la política. Y ésta, para prosperar, tiene que combatir mancomunadamente las relaciones de explotación y las de dominio.

Aquí corresponde considerar una doble falencia del socialismo que fue el movimiento anticapitalista más importante de la historia. Para lo cual haremos hincapié en un término común que facilita la relación entre lo económico y lo cultural político: la producción, tomada en ambos planos.

En el campo de la producción económica, las relaciones sociales en los países socialistas no cambiaron sustantivamente. Luego de la revolución, los obreros asalariados siguieron siendo tales. Sólo que el patrón pasó a ser el Estado regenteado por los partidos comunistas que desplazaron a la burguesía de su control. Sí cambió la distribución del ingreso a favor de la mayoría de la población pero se mantuvo el mismo tipo de organización económica: la separación de los productores directos de quienes dirigían el proceso. Asimismo, los productos no perdieron su carácter de mercancías al quedar sujetos al intercambio a través  del dinero conservando la circulación mercantil no obstante las regulaciones estatales. Esto fue planteado como período de transición  que se perpetuó y se transformó en lo contario de lo previsto, el retorno al capitalismo. Ciertamente otro era el contexto histórico, pero desde el presente es injustificable no asimilar la experiencia.

En cuanto a la subjetividad que se fue plasmando hay que hacer una distinción. La del período prerrevolucionario y los primeros tiempos del triunfo de la revolución, respecto de la etapa posterior donde debía consolidarse. En la primer etapa, las luchas y movilizaciones populares inspiradas por el anhelo de justicia y la fuerte convicción de producir una transformación profunda en las relaciones sociales, gestaron  una subjetividad revolucionaria que se extendió a la mayoría de la sociedad.

En la etapa de consolidación, la subjetividad fue virando en un doble sentido. El del partido de vanguardia y el del resto de la población. En la medida en que aquél se fundió con el Estado, se transformó en rector único de las decisiones sobre el conjunto, algo inherente a su estructura piramidal. Así, el peso burocrático de su política lo fue distanciando paulatinamente de sus destinatarios y razón de ser, la masa del pueblo. Simétricamente, ésta se sintió enajenada en cuanto a sus posibilidades de intervenir en el destino común y fue siendo ganada por la indiferencia y el desinterés replicando los comportamientos burocráticos del Estado. El impulso revolucionario se fue trocando en desencanto popular, y la dirigencia política en gestora de un aparato centralizado cada vez más distante del aporte y del ingenio colectivo. Este proceso fue produciendo la erosión del aparato productivo junto al manifiesto deterioro de la subjetividad socialista.

No es casual entonces que la ética socialista que impulsara los sentimientos de solidaridad fuera siendo carcomida por el interés individual enquistado en sociedades que emergían de la tradición capitalista. En el desarrollo de esa contradicción, la herencia cultural gravitó en las  dirigencias que, abroqueladas en el ejercicio del poder, fueron perdiendo sensibilidad revolucionaria. Fenómeno acentuado por los recambios generacionales con el ascenso de quienes no fueron protagonistas de la revolución. Y en la mayoría de los casos, lo que fuera abnegación y sacrificio de los que expusieron su vida en aquellos acontecimientos, se fue convirtiendo en un discurso oficial académico donde la potencia del marxismo y la fidelidad a los principios del imaginario socialista devinieron en la letra muerta de los manuales.

Otra cuestión no zanjada, fue la característica común de todas las grandes revoluciones que se produjeron en países donde la necesidades elementales de sus poblaciones estaban insatisfechas, o sea, en las que se verificaba un sensible retraso en el desarrollo capitalista. Luego, el nivel generalizado de pobreza e inequidad motorizó el cambio pero la escasez de recursos, a su vez, condicionó a la política haciéndola tributaria de una transformación económica que no pudo deshacerse de las relaciones de producción capitalista. Esta contradicción irresuelta, ahora tan evidente en la trayectoria de los ex países socialistas, se vio reflejada en dos formulaciones encontradas. La de Marx, previendo que la revolución debía tener origen en las naciones de alto desarrollo capitalista y la de Lenin, con su tesis de signo contrario, la del “eslabón más débil”. La primera, formulada de acuerdo a la lógica económica; la segunda, proclamada desde la política. Y ambas desembocaron en una negación: en los países del “primer mundo” no triunfó ninguna revolución; en los del “tercero” y casi sin excepciones, el triunfo inicial concluyó en el retorno al capitalismo. En consecuencia, la explotación y la dominación reinan en el mundo y subsisten como una herida abierta en el corazón de la causa por la emancipación.  

Es que la explotación y la dominación se retroalimentan e interactúan. En la fábrica se materializa la explotación, su aspecto determinante, y está organizada según una estructura jerárquica que la controla. En la política, las decisiones son patrimonio de círculos estrechos que ejercen su dominación promoviendo sus intereses económicos. Y sobre esa base, el capitalismo demostró que es el régimen de explotación más eficaz de la historia y que no parece tener límites en cuanto al desarrollo de “las fuerzas productivas”. Sin embargo, sus límites provienen de la depredación del planeta y sobre los seres humanos, tanto física como psíquicamente (su interrelación varía según los casos). Mientras que el socialismo, gestor de la revolución política del Siglo XX, venció a la burguesía apropiadora del excedente económico pero no socializó los dispositivos de poder. Y a partir de ese agujero negro, se podría decir que el socialismo de Estado resultó una imprevista vía para la acumulación primitiva del capital.

Semejante fenómeno nos pone frente a los desafíos que presenta el recrudecimiento del individualismo y la hegemonía del gran capital en esta época. Desafíos que debemos situar en nuestro contexto. Dentro del cual, las necesidades elementales insatisfechas de gran parte de la población latinoamericana contrastan con la riqueza apropiada por los sectores privilegiados encabezados por las corporaciones.

Toda conquista que la lucha popular le arranque a los dueños del capital es un paso adelante respecto de las necesidades de los sectores explotados. A todo esto, el Estado sigue siendo el principal dispositivo de poder en la esfera pública y su control parcial puede favorecer el logro de dichas conquistas si de las luchas sectoriales emergen gobiernos más comprometidos con las demandas populares. Pero éstas tienen un techo dentro del orden capitalista pues el poder real brota del gran capital. Y aunque éste pueda perder en parte el control estatal debido a derrotas políticas circunstanciales, mientras siga conservando los resortes fundamentales de la economía estará en condiciones, llegado el momento, de revertir políticamente esa situación.

En estos últimos años en algunos países de Sudamérica, incluido el nuestro, el llamado neoliberalismo ha experimentado un retroceso político de variable tenor. Y aquí comienza la problemática  que trasciende lo coyuntural. Porque los gobiernos actuales de signo popular resultan opciones débiles frente al poder capitalista que estructura a la sociedad y que juega a su desgaste. Tarea erosiva que aumenta proporcionalmente al grado de radicalización que presentan. Cuyo caso extremo es el de Bolivia donde el gobierno está seriamente jaqueado por la reacción que amenaza derribarlo alentando la secesión territorial o la guerra civil si es que no logra generar un golpe de Estado tradicional. En ese sentido, el reciente referendum donde Evo obtuvo un contundente triunfo a nivel nacional, no ha despejado el panorama pues los sectores oligárquicos conservan casi todos sus reductos (la media luna de oriente) y desde allí sostienen toda su agresividad. Área donde los grandes terratenientes disponen de sus fuerzas de choque y practican su política intimidatoria y prebendaria que arrastra a una considerable masa campesina. Recurriendo a un léxico clásico, la nación hermana presenta una situación de “dualidad de poder” cuya resolución trasciende sus fronteras.   

Es que Latinoamérica y Argentina en particular, es el ámbito específico de nuestra praxis dentro del marco mundial. Y en esta coyuntura, las contradicciones entre varios gobiernos y los sectores que expresan inequívocamente los intereses del gran capital, abrieron una instancia que puede favorecer a nuevas construcciones políticas donde la participación real de los de abajo se vaya desarrollando. Y de la lucidez de estos movimientos dependerá si se aprovechan o no dichas contradicciones.   

Esta situación exhibe viejas y nuevas expresiones antisistema. Las primeras, la de los clásicos partidos de izquierda, reproducen características similares a las que condujeron al eclipse del socialismo. Las segundas, que alimentan nuestras ilusiones, ensayan formas de organización más participativas, menos jerárquicas y promueven una construcción independiente del Estado. Mientras aquéllas no tienen nada nuevo que aportar, las últimas deben aprender de sus propios errores incursionando en un terreno desprovisto de antecedentes.

Convengamos que una política independiente del Estado al menos tropieza con una doble dificultad. De un lado y por afuera, la incuestionable vigencia del Estado en la estructuración institucional de la sociedad. De otro y en interioridad, las dificultades en torno a la construcción de sentido de los movimientos emancipatorios que exige una renovada concepción del socialismo y un debate amplio, profundo y sin prejuicios. Esto se liga al arduo problema de la gestación de una subjetividad anticapitalista que sostenga y vaya acompañando las luchas populares para acrecentar su caudal de energía y sus proyecciones. Lo que no constituye una meta pues no tiene punto de llegada, sino que es parte de un incierto proceso de cambio.

Hoy el campo de batalla en el que se dirimen los enfrentamientos es mucho más complejo que en los períodos de la primer y segunda revolución industrial donde los comportamientos clasistas emergían con mayor nitidez dado el carácter del antagonismo burguesía-proletariado de entonces. Y aunque esta oposición mantiene su  base real, ahora la burguesía, no obstante sus distintas fracciones, ha alcanzado mayor cohesión de mando producto del alto grado de concentración del capital. Mientras que el lugar clásico de la clase obrera industrial, como surge de lo que señaláramos antes, ha sufrido un debilitamiento y fragmentación que aún transita por el andarivel de la constitución de nuevos sujetos plurales que impulsen la emancipación. Los que, desde sus particularidades, deberán  articular la multiplicidad de praxis opuestas al capitalismo.

Para ir construyendo nuevas políticas no existen recetas aunque sí atisbos que inducen a pensar que se está engendrando un tiempo de profundos cambios en orden a la emancipación. Los cuestionamientos a la representación tradicional, a la concentración de poder y la reconsideración de los límites del papel del Estado en los procesos liberadores, asocia nuevos interrogantes junto a inéditas perspectivas.

Seguramente persistirá durante mucho tiempo la tensión entre la iniciativa y capacidad política de las vanguardias respecto de las masas, originadas en los diferentes niveles de desarrollo cultural político. Pero el compromiso de aquéllas hoy suma otras exigencias. Entre ellas, una vanguardia de nuevo tipo debe asumir las diferencias existentes en lucha consigo misma, o sea, auto inmunizándose frente al riesgo de erigirse en un nuevo amo, para lo cual la socialización del poder es un mandato indeclinable. Y quizás hayamos aprendido que terminar con la explotación recreando otras formas de dominación es un combate perdido de antemano.---   

 

Jorge Luis Cerletti

Agosto 11 de 2008

Discurso de Evo Morales tras ser ratificado como Presidente con más del 60% de los votos

por Evo Morales (Presidente de Bolivia)
jueves, 14 de agosto de 2008

Pueblo de Bolivia: Saludar a nuestras autoridades nacionales, departamentales, municipales, a los movimientos sociales, del campo y la ciudad. Saludar a todas las bolivianas y a todos los bolivianos por su participación en esta fiesta democrática del pueblo boliviano. A ustedes hermanas y hermanos presentes en esta histórica Plaza Murillo.

Hoy quiero decirles, hermanas y hermanos, compañeras y compañeros, bolivianas y bolivianos, hoy Bolivia ha vivido un día histórico, por su participación tan espontánea en esta etapa de profundización de la democracia boliviana, que es el referendo revocatorio. Primera vez en esta historia del pueblo boliviano que hubo un referendo revocatorio, con la participación masiva del pueblo boliviano.

Saludamos esa decisión democrática, pacífica, de renovar y mejorar inclusive esos espacios democráticos donde el pueblo boliviano ahora no solamente pueda elegir sus autoridades sino también pueda ratificar o revocar.

Lo que hoy ha expresado el pueblo boliviano con su voto es para consolidar este proceso de cambio. Por eso quiero decir al pueblo boliviano, con mucho respeto, estamos acá para seguir avanzando en la recuperación de nuestros recursos naturales, en la consolidación de la nacionalización, en la recuperación de nuestras empresas del Estado.

Pero también, hermanas y hermanos, ese mandato del pueblo boliviano será respetado, será aplicado en los distintos niveles, de los distintos sectores, y las distintas regiones de todo el país, para que de esta manera Bolivia cambie, Bolivia tenga igualdad y dignidad de todas las bolivianas y bolivianos, en Bolivia y en el exterior.

Pero también quiero decirles hermanas y hermanos, estamos convencidos que es importante unir a los bolivianos, y la participación del pueblo boliviano es para unir a los distintos sectores del campo y la ciudad, de oriente y de occidente. Y esa unidad se hará juntando la Nueva Constitución Política del Estado Boliviano con los estatutos autonómicos. Es la mejor forma de unir a todas las bolivianas y bolivianos. Respetando las normas existentes, respetando las leyes vigentes.

Hermanas y hermanos, lo que hoy día ha pasado en Bolivia es algo importante no solamente para los bolivianos sino para todos los latinoamericanos. Y destacar, marcando como siempre procesos de cambio, desde acá, marcando cómo reivindicar la lucha de todos los pueblos revolucionarios. Quiero decirles, hermanas y hermanos, este triunfo de la revolución democrática y cultural del pueblo boliviano lo dedicamos a todos los revolucionarios de Latinoamérica y del mundo. Por eso quiero decirles felicidades, hermanas y hermanos, por su gran participación democrática.

Aprovecho esta oportunidad para saludar, expresar nuestro respeto también a los prefectos ratificados, respetaremos la legitimidad que tienen. Y quiero convocarlos a trabajar de manera conjunta. Quiero decirles, hermanas y hermanos, de una pequeña experiencia, cuando nos juntamos a trabajar con alcaldes, con algunos prefectos, fácilmente se pueden resolver las demandas de tantos años, a sectores y regiones del el país.

Por eso, con esa pequeña experiencia de trabajo conjunto con casi todos los alcaldes de Bolivia, ahora convoco a todos los prefectos de Bolivia a primero trabajar por la unidad de los bolivianos. Y trabajar respetando las normas bolivianas. Pero también quiero decirles, que es una obligación del Presidente, del Vicepresidente, de ministros y ministras, de manera conjunta con autoridades departamentales y municipales garantizar este proceso de cambios. No es garantizar por garantizar.

Ahora que el pueblo boliviano con su voto expresó el cambio del modelo económico vigente antes, el neoliberalismo, quiero convocar a todos los alcaldes, a todos los prefectos a sumarse a esta revolución democrática, a sumarse para garantizar la nacionalización de otros recursos naturales. Eso ha pedido el pueblo boliviano con su voto.

Pero también en este proceso de cambios, que no solamente es importante cambiar temas estructurales, sino atender fundamentalmente las demandas sociales. Y quiero decirles, hermanas y hermanos presentes y oyentes de toda Bolivia. Hay que empezar a terminar con la extrema pobreza de los bolivianos y bolivianas. En abierta convocatoria a la gente solidaria, especialmente de las ciudades, a los empresarios patriotas, solidarios que trabajan con el gobierno que apoyan a la gente pobre.

Saludo a esa gente que está dispuesta a participar con esta política social para que en Bolivia no haya extrema pobreza. Compañeras y compañeros presentes, quiero hoy expresar la gran movilización de los distintos sectores del pueblo boliviano para garantizar este proceso de cambio. A los hermanos dirigentes sindicales, de cívica de toda Bolivia, a los compañeros parlamentarios, a los compañeros dirigentes del MAS, a los ministros y ministras, a todos los que participaron para garantizar este triunfo de la revolución democrática y cultural.

Hermanas y hermanos, cuando todos nos movilizamos para crear una conciencia del pueblo boliviano, estoy seguro que con esa conciencia del pueblo boliviano se consolidará este proceso de cambio.

Saludar a ustedes, hermanas y hermanos, por su gran participación. En el departamento La Paz, como siempre movilizados para defender esta revolución democrática y cultural. Saludar también a los compañeros de Oruro, en Potosí, Tarija, en Santa Cruz, en Beni, en Chuquisaca y en Pando, en toda Bolivia, hermanas y hermanos.

En alguna concentración, en algún acto les decía --espero que el compañero vicepresidente y los ministros no se molesten--, les decía, aquí no va a haber ningún chapulín colorado que salve al pueblo boliviano. Yo estoy convencido ahora, nuevamente, que sólo la conciencia del pueblo boliviano le va a salvar al pueblo boliviano. Que es el resultado de la participación tan democrática, hoy 10 de agosto, en el referendo revocatorio.

Hermanas y hermanos, esto me compromete más, quisiera que el día tuviera 26 o 27 horas de trabajo. Lamentablemente el día tiene sólo 24 horas de trabajo. Seguiremos trabajando como hicimos, por la patria, por el pueblo boliviano, sin intereses personales, sin intereses mezquinos. Por eso es importante pensar en la Patria y en el pueblo boliviano, y no solamente en regiones, ni en sectores.

Para terminar, hermanas y hermanos, nuestro compromiso es con Bolivia, nuestro compromiso es con todos los revolucionarios del mundo, nuestro compromiso es con esa gente que busca la igualdad entre los bolivianos y entre las bolivianas. Y un compromiso de seguir dignificando a todas las bolivianas y bolivianos. Yo siento que es importante la dignidad de todos los bolivianos y hoy con el voto se ha impuesto.

Bolivia lucha primero por su dignidad, por su unidad, por su identidad. Que esperamos que esa voluntad tan soberana, tan voluntaria del pueblo boliviano sea escuchada por algunos sectores opositores, para que juntos podamos trabajar por la dignidad, la unidad y la igualdad de todos los bolivianos y bolivianas.

Hermanas y hermanos, quiero que me ayuden a decir: ¡Que viva Bolivia Unida!

Manifestantes:¡Que Viva!

Evo: Quiero que también me ayuden a decir: ¡Patria o Muerte!
Manifestantes: - ¡Venceremos!

- Texto publicado por gentileza de Gustavo Ruz

Libre documentalista Elena Varela: acusó "razones políticas"

Libre documentalista Elena Varela: acusó "razones políticas"

Tribunal de Rancagua concedió la libertad, con arraigo y arresto domiciliario, a la realizadora detenida el 7 de mayo y formalizada por asalto perpetrado por ex miristas.

En libertad, pero con arresto domiciliario y arraigo nacional, quedó la documentalista Elena Varela, detenida el 7 de mayo por su supuesta participación en un asalto perpetrado por ex miristas, de acuerdo a lo resuelto esta mañana por el Tribunal de Garantía de Rancagua.

La realizadora, a la salida de la audiencia en que obtuvo el beneficio, reiteró su inocencia e insistió que su caso "es muy extraño". "De alguna manera se trata de decir que aquí no hay razones políticas, y que se hicieron otras cosas por razones políticas, pero sí hay", apuntó.

Varela fue capturada mientras trabajaba en el documental “Newen Mapu Che”, referido a la lucha por la recuperación de tierras que mantienen sectores del pueblo mapuche y por el que mantenía filmaciones en comunidades de esa etnia las que fueron requisadas.

La artista, que desarrollaba este documental con aportes del Fondo de Fomento Audiovisual 2007, permaneció hasta hoy en el módulo de Alta Seguridad de la Cárcel de Rancagua por decisión de la jueza de Garantía Andrea Urbina.

El 7 de mayo, Elena Varela López y otros cuatro individuos fueron detenidos por su presunta participación en dos asaltos, cometidos en 2005 en Loncoche y Machalí; en esta última ciudad, murieron cuatro personas.

Su caso generó inmediatas protesas de parte de sus colegas documentalistas, periodistas y otras organizaciones sociales que incluso recurrieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para cautelar su libertad de expresión y la entrega del material incautado.

La dictadura de las directivas de los partidos políticos

por Rafael Luís Gumucio Rivas (Chile)

El caso del nombramiento, por parte de la directiva del Partido Socialista, para reemplazar al fallecido diputado, Juan Bustos, en el distrito de Quilpue-Villa Alemana,  que recayó en el secretario general del Partido, Marcelo Schilling, no puede ser más burocrático y autoritario. La directiva, presidida por Camilo Escalona no consultó, ni siquiera, a los militantes socialistas del distrito, lo que constituye un nombramiento por voluntad regia; para nada importó la válida opinión del senador de la zona, Carlos Ominami, y para qué preguntarle a los ciudadanos que, en teoría democrática, son los verdaderos detentadores del poder, y se supondría que los diputados son sus representantes. Al parecer, para ser diputado actualmente hay que ser bien visto o válido del senador Escalona.

En la fenecida república el Partido Socialista se caracterizaba por la vehemencia de sus debates, incluso algunos, burlonamente, lo llamaban una federación de fracciones; hoy, el disenso y la crítica apenas se puede desarrollar, pues hay del que manifieste su crítica u oposición, pues es condena a las penas del infierno. La directiva de Escalona, que hace homenaje a los métodos de los servicios secretos de la antigua RDA, hace uso del poder absoluto para amenazar a sus diputados y senadores con la prescindencia de su presentación a la reelección, pues según él, el solo hecho de presentar una reforma constitucional que reponga la representación de los ciudadanos, en base a la soberanía popular, por medio de elecciones extraordinarias, constituye una ofensa al poder absoluto de los partidos para llevar candidatos de representación popular; equivaldría, llevando el argumento al absurdo, que la soberanía no reside en el cuerpo electoral, sino en la directiva de los partidos políticos.

Por las razones anteriores y otras de similar peso, es evidente que los jóvenes se nieguen a inscribirse en los registros electorales, y cada día sean menos los militantes de los partidos políticos que, en fondo, constituyen un mero adorno, que deben seguir, con o siervos de gleba a los señores feudales, dueños de los partidos; afortunadamente, ya pasaron los tiempos de los corderos, salvo que quieran postular a un cargo estatal, es completamente tonto militar en un partido político. Como los basileos griegos, a los militantes y a los demás ciudadanos sólo les resta, como recurso, aplaudir o reprobar.

El caso chileno no está lejos de constituir una crisis de representación política, que no se expresa por el famoso “peso de la noche” portaliano: una larga fiesta que evita la explosión del rechazo ciudadano a las castas en el poder.

Estas crisis de representación, en Chile, no son nuevas: por ejemplo, en 1910, Valdés Canje, Recabarren, Tancredo Pinochet y tantos otros, denunciaron la decadencia del parlamentarismo plutocrático, pero fueron necesarios más de diez años para que explosionara definitivamente con el “cielito lindo” de Alessandri, en 1920, y el ruido de sables, 1924. La historia marcha más lentamente de lo que se como la visualizan sus contemporáneos: las crisis de representación no explotan en lo inmediato, sino  que se incuban y, con el tiempo, llegan a su maduración; es por esto que ninguna casta en el poder se da cuenta del polvorín en que se encuentra.

Las Constituciones y los sistemas electorales constituyen las claves explicativas de la reproducción de las castas políticas: De 1833-1891, el nombramiento de senadores y diputados a dedo, por parte del presidente de la república; 1891-1925, el cohecho y la compra de cargos parlamentarios; 1925-1973, la monarquía presidencial, regulada por los partidos políticos; hasta 1964, el universo electoral correspondía a un porcentaje ínfimo de la población capacitada para votar; sólo la reforma de los años 70 hizo posible que el universo electoral representara el 80% de los ciudadanos habilitados para sufragar.

La Constitución de 1980 es, por esencia, antidemocrática: sus principios fundamentales son el desprecio a la soberanía popular y la tiranía del mercado neoliberal. En el fondo, la Concertación no ha cambiado nada fundamental de esta herencia envenenada. Para usar términos de Weber, nuestro sistema político es una verdadera jaula de hierro burocrático: separa radicalmente el sistema político de la soberanía popular; entre los políticos y los ciudadanos hay una fosa irremontable. En el fondo, las instituciones se encuentran en una pecera que no se alimenta de la ciudadanía y subsisten por sí mismas.

Una monarquía presidencial, por un lado, con mucho más poder que el que daba la Constitución de 1925, un parlamente casi decorativo, con limitadas facultades fiscalizadoras y, sobretodo, un sistema electoral binominal que asegura la subsistencia de dos castas políticas y la exclusión de todo aquel que disienta de la dictadura de las directivas de los partidos políticos. No es cierto que la izquierda sea antisistémica, lo que ocurre es que el binominalismo le impide tener una justa representación.

Se han presentado, en algunos los partidos políticos, rupturas importantes, en la mayoría de los casos, por expulsión de parlamentarios disidentes; la única solución que tienen las directas para acallar el debate interno y la crítica ha sido el recurso a coerción.

Es posible que la Concertación haya pagado y lo siga haciendo altos costos por esta solución facilista de sus conflictos internos, sin embargo, por el sistema electoral, las directivas de los partidos políticos finalmente terminarán reduciendo a la nada estos nuevos partidos heterodoxos. La jaula de hierro no puede ser traspasada sin un reemplazo de la Constitución de 1980 y de un nuevo sistema electoral.

El caso Schilling es la expresión más cínica del autoritarismo partidario: es evidente, para cualquier persona que tenga dos dedos de frente y un mínimo espíritu democrático, que es una aberración que el autoritario presidente socialista Camilo Escalona, pueda nombrar a su real gana, a un representante popular. ¿ A quién representa Marcelo Schilling? Hasta ahora, solo a Camilo Escalona y a contados miembros de la directiva de su partido. Es posible en que épocas antiguas de la historia de Chile, el director supremo nombrara al senado conservador, y en el siglo XX, Carlos Ibáñez nombrara, a su gusto, al parlamento termal de Chillán; el General decía: “a este no lo nombro porque tocó camioneta…”

Si lleváramos al absurdo este método sería más fácil que cada una de las combinaciones nombrara un candidato en cada distrito, y  así evitaríamos el gasto en las elecciones. Así ocurrió, en la última elección, en Valdivia, con Andrés Allamand y Eduardo Frei.

La propuesta de reforma constitucional, presentada por los diputados Marcos Enríquez-Ominami y Álvaro Escobar es de un sentido común indiscutible: si los diputados son representantes el pueblo, es al cuerpo electoral al que corresponde elegirlos y, en el caso del fallecimiento de un parlamentario, es de lógica común que se llame a elecciones extraordinarias, como se hacía en la época republicana. 

¿Dónde está la raíz de este absurdo, que un presidente de partido pueda nombrar por sí y ante sí a un diputado? Se encuentra en la mentalidad de absoluto desprecio a la soberanía popular, a la cual adherían los constituyentes de 1980. Lo absurdo es que demócratas, como el senador Escalona, se presten para defender y utilizar, sin ningún pudor, una institución autoritaria. Al parecer, cada día le gustan más algunos métodos del innombrable.  

 

 

 

Javiera, vocera secundaria: “a desarrollar rebeldías porque este sistema apesta”

por Victoria Aldunate Morales (Chile)
miércoles, 13 de agosto de 2008

..."Se lo estamos cuestionando todo a fondo. Cuando seamos trabajadores también se los vamos a cuestionar. Porque nos interesa la política, pero sin la clase política dominante"... 

Javiera Campos Meneses, es estudiante secundaria, vocera de ACEUS (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Universitarios y Secundarios) y llama  “a desarrollar rebeldías porque este sistema apesta". 

Defiende sus ideas con verdadera pasión. Sorprende su capacidad de hablar fuerte y claro porque en otro contexto es dulce y empática. También es irónica e inteligente y cuando cree que la están ignorando dice cosas como: “¡Claro, si yo hablo en chino mandarín!”. 

No muestra ningún temor de plantársele delante a cualquier macho adulto dirigente de algún partido, que pretenda usar la lucha estudiantil para sus propios dividendos, y subrayarle: “¡Ey, yo soy la vocera, acá!”…

Así se muestra Javiera, una joven de 17 años que está en cuarto medio de un colegio particular. Es una de las pocas jóvenes que no llama “tía” o “tío” a medio mundo adulto (con esa manía familista que surgió en Chile después del golpe de estado). Nos trata por nuestros nombres colocando así la horizontalidad que exige en las relaciones. Le molestó sobre manera quedar en un reportaje del diario masivo y derechista “La Segunda” como la novia de… Y es que Javiera, con o sin novio, es ella por ella misma. Todo en su actitud lo demuestra, especialmente cuando responde enojada a cualquier sugerencia o chiste machista.

¿Crees que la opresión sexual es otra más de las opresiones existentes?
Sí. A los jóvenes se nos oprime sexualmente desde el mundo adulto que quiere decidir por nosotros y nos niega hasta los espacios para el goce sexual. A las mujeres también se nos oprime de una manera grosera. Basta ver la publicidad: se nos usa por un lado para vender lo que sea y por otro se nos sataniza, terminamos siendo las culpables de todo, siempre. Y cuando se trata de temas supuestamente más serios, se nos coloca en segundo plano. A mí en un reportaje de “La Segunda” me dejaron como “la polola de un vocero”…Mira, yo creo que las mujeres hoy tenemos muy claro que vivimos numerosas formas de opresión patriarcal.

¿Qué piensas del discurso de género de los gobiernos de la Concertación?
Me da vergüenza que utilicen mi género para justificar a una presidenta que permite reprimir a todo aquel que se manifieste. A las calles salimos mujeres también. En el movimiento estudiantil, vamos de igual a igual con los hombres. Pero cuando se trata de la represión, con nosotras el abuso de los pacos es machista: manoseos, doble castigo por ser mujeres y andar metidas en política, porque el machismo y el patriarcado no nos quiere voceras, revolucionarias, ni libres, entonces nos tratan peor. ¿Y eso lo justifican con el género de la presidenta? ¡Es una vergüenza! Creo que Michelle Bachelet no se debe escudar en ser mujer. Nosotras no somos frágiles, débiles o tontas. Nosotras, cada una, somos responsables de las opciones que tomamos y ella tomó esa, permitir y legitimar la represión y la criminalización de quienes no están de acuerdo con las políticas de su coalición. Por otra parte, me molesta que las feministas institucionales que hablan contra el femicidio, no digan nada contra los abusos policiales a estudiantes y mapuche.

¿Qué piensas del fenómeno del Femicidio y la Violencia contra las Mujeres?
Creo que esta sociedad permite el asesinato de las mujeres por ser mujeres y que nosotras somos criadas para ser dóciles y aguantar, y que cuando nos rebelamos –y bien hecho que lo hagamos- muchas veces sufrimos el femicidio. Pasa lo mismo que con el manejo de la información con nosotras, nos ponen a competir por quién tiene más pechugas y la otra imagen de nosotras en la TV son mujeres políticas hablando tonteras, eso también es como matarnos, los medios nos anulan. Creo que a las mujeres se nos cosifica igual que a los jóvenes. O sea, se nos trata como objetos, como si estuviéramos en el mundo para cumplir con las expectativas de otros. En el caso de las mujeres, las de los hombres y en el caso de los jóvenes, las de los adultos. 

“ME INTERESA LA POLÍTICA, SIN LA CLASE POLÍTICA”

En una de las tantas marchas Javiera declaró: “somos hijas e hijos de trabajadores y queremos llevar adelante una lucha social, más que una lucha gremial. Porque la Derecha ha querido imponer una lucha parcial, y no es así, las temporeras, los obreros, las pobladoras, los estudiantes, todos tienen que ver con esta lucha porque ya entendimos que este sistema está en crisis y hay que cambiarlo de raíz”. 

¿Hablas entonces de una radicalidad que no hubo en el Movimiento 2006?
Sí. La nuestra hoy es una lucha cualitativa, tiene que ver con derrocar a un sistema total, político, económico, social. No queremos rostros ni caudillismo en el Movimiento actual.

Nuestras reivindicaciones no sólo son en el plano educacional. Queremos unirnos a otros sectores sociales. Los estudiantes que no quieren eso son de derecha. En los cordones territoriales estrechamos lazos con pobladores, dueñas de casa, etc.

¿Qué otros temas trabajan en los cordones además de la Educación?
En los cordones hemos trabajado temas como las alzas en los servicios y la alimentación, porque todo nos importa. Para estudiar necesitamos que nuestros padres puedan mantenernos y cada vez es más difícil para ellos sostener los hogares… el cordón Peñalolén por ejemplo, ha impulsado asambleas con pobladores y estudiantes. Estamos evaluando acciones concretas como ir a comprar organizados a la Vega donde es más barato… no es puro hablar, es también accionar y construir el cotidiano de una manera distinta aunque todo el sistema quiera otra cosa de nosotros.

¿Qué crees que quiere el sistema de ustedes?
Consumo, individualismo, perpetuarse a través de nosotros, que los pobres sigan sirviendo a los ricos, que no nos preocupemos de lo que les pasa al pueblo mapuche y al pueblo chileno. Que vayamos al mall, que obtengamos sólo la información que a ellos les conviene, que cada vez nos idioticemos más… Todo el sistema está hecho para eso…

¿Por eso la lucha de ustedes “contra el sistema”?
Sí, por eso nuestras demandas son transversales. Qué me importa que nos regalen más computadores como anunció Bachelet el 21 de mayo. Muchos jóvenes que incluso no son de los más pobres, sino de la llamada “clase media”, tampoco saben si van a poder seguir estudiando, por más que les regalen un computador, eso no cambia la realidad de que la educación es una mercancía y que a los pobres los quieren seguir teniendo como mano de obra barata. ¿Y qué con los estudiantes mapuche, si tienen computadores van a ser menos perseguidos? Esos anuncios son pan y circo, y ni se avergüenzan de discursos tan demagógicos. Creen que somos unos tontos que se tragan lo que sea. Nosotros entendemos que si la Educación está en crisis, es por culpa de un Sistema que mercantiliza nuestros derechos básicos; salud, educación, vivienda. No es sólo un par de leyes, es el Neoliberalismo que permite la cosificación de los sujetos. 

¿Y si derogaran la LGE, Ley General de Educación?
No la van a derogar, a lo mejor la van a volver a maquillar, pero van a seguir con lo mismo porque les conviene una educación mediocre, que nos haga unos tontos incapaces de cuestionar el sistema. Y si derogaran la LGE, de poco servirá, porque quienes participen en el proceso de creación de una nueva ley, van a ser los mismos de siempre: los poderosos, los ricos, los que oprimen día a día a las mayorías. Lo que es nosotros, se lo estamos cuestionando todo, y a fondo. Y cuando seamos trabajadores también se los vamos a cuestionar. Yo voy a seguir cuestionándoselos porque me interesa la política, pero sin la clase política dominante. 

QUÉ ES SER DE IZQUIERDA

Como sus compañeros y compañeras coloca a raya también a los partidos políticos de izquierda: “No trabajamos con ningún partido político, tampoco con los de izquierda porque no queremos manipulaciones de nadie”.

Actualmente mucha gente radical niega la definición “de izquierda”. ¿Tú que dices a eso?
Yo soy de izquierda, jamás lo negaría. Soy parte de las mayorías explotadas y si eso no es ser de izquierda… ¡Rayos!... ¿Entonces qué lo es? No estoy sola en esta postura, muchos de nosotros creemos en las ideas revolucionarias.

¿Hay anarquistas entre los estudiantes movilizados?
Sí, pero cuando nos reunimos no hablamos de nuestras diferencias, no queremos una suerte de Guerra Civil Española, que triunfe la dictadura gracias a que nos pongamos a pelear entre nosotros. Hoy, importa organizarnos como estudiantes, como pueblo. No cómo si va a existir estado o no, primero debemos articularnos.

¿Cuál es la diferencia de ACEUS con CNEP, Coordinadora Nacional de Estudiantes Populares?
No hemos hecho un análisis a nivel de asamblea sobre nuestras diferencias con CNEP. Los identificamos como nuestros compañeros y compañeras a pesar de no estar en la misma instancia. Mi apreciación personal es que miramos diferente el tema de las vanguardias. Esto de reconocer o no una vanguardia.

¿Tú crees en las vanguardias?
No, no creo en las vanguardias. Creo que podemos tener y trazar líneas de acción, pero no creo en el discurso de la vanguardia y por eso no creo en los partidos políticos. No quiero sus verticalismos. La política que quiero se hace entre todos. Son las bases las que tienen que llevarla. Creo en construir poder desde las bases: construcción de poder popular.

“NO TRAICIONO MI HISTORIA”

En 2006, la prensa masiva colocó énfasis en dejar a voceros y voceras como “rostros” de farándula. En 2008, ante una postura, a todas luces más dura de los nuevos movilizados, busca qué reprocharles, y sale con un discurso que dice algo así como que son hijos e hijas de una generación derrotada políticamente que supuestamente querría realizarse a través de ellos…

¿Qué dices de esas insinuaciones que han hecho periodistas de TV y otros medios masivos, desde lo del jarrazo?
Que esta es mi lucha, y que a mucha honra soy parte de una familia inteligente y crítica que me enseñó que si hay alguien que sufre, ese dolor también es nuestro. Creo firmemente, y no es que repita como papagayo, que es un deber moral hacerse cargo de los problemas de las grandes mayorías explotadas. Veo la realidad y la interpreto como injusta. No pienso idéntico a mis padres, no todo lo comparto, pero sí lo fundamental, la necesidad de cambiar este mundo porque apesta.

Vas a un colegio privado. ¿Eso no te ha hecho arribista?
No podría ser arribista. Soy nieta de obreros y trabajadores. Mis abuelos pasaron hambre. Mi madre y mi padre se han esforzado mucho para que mi hermano y yo vayamos al colegio y tengamos lo mínimo que necesitamos. Soy hija de gente trabajadora explotada. Mi mamá es profesora de Historia y mi papá es mecánico, un hombre que no pudo estudiar lo que quería, no por falta de talento, sino por falta de plata. Yo soy parte, por un asunto de historia, de la pobreza y no me interesa negarlo.

Javiera, claramente, no es una joven “manipulable”, y a juzgar por su convicción quien se atreva a tratar de hacerlo, va perdido.

Luego de una marcha masiva en junio, cuando organizadores del acto central intentaron acallar el discurso de Rodrigo Soto de la Universidad de Valparaíso, también vocero de ACEUS, muy enojada declaró: “Es patético que nos corten el discurso porque nos referimos críticamente a la CUT –Central Unitaria de Trabajadores-”. Y también dijo: “En mi personal opinión en la CUT, con el elemento de los partidos políticos interviniendo, se pierde el objetivo, ya no responde a los trabajadores, sino a cúpulas partidistas”. 

No tiene pelos en la lengua esta joven vocera, ni miedo a decir verdades en las que cree porque su objetivo, señala al final de nuestra conversación, más que cualquier otro, es “desarrollar y organizar la rebeldía de los y las explotadas del mundo”. 

- La autora pertenece a Memoria Feminista, feministas autónomas