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T r i b u n a c h i l e n a

La ausencia de un poder constituyente democrático en la historia de Chile

Difícilmente podría la Ciencia Política considerar
democrático un país en el que nunca se hubiese realizado un debate
nacional acerca de las normas esenciales que deben regir su vida en
comunidad. Un Estado cuyas cartas constitucionales más importantes
siempre hubiesen sido el fruto de las discusiones, conciliábulos,
consensos o imposiciones por la fuerza de pequeños grupos. Una sociedad
cuyas Constituciones más duraderas fueran el resultado de la presión
ejercida por la fuerza militar. Mal podría definirse dicha sociedad
política como democrática y a sus habitantes como ciudadanos de derecho
pleno. A lo sumo se diría que se trata de un país semidemocrático con
una ciudadanía restringida*.



Chile es un país de ese tipo: ninguno de sus textos constitucionales ha
sido producido democráticamente. Aunque la historiografía chilena ha
sido generalmente esquiva a abordar esta cuestión (porque las
evidencias históricas contradicen los supuestos de la mitología
“patriótica democrática” en los que se ha basado el consenso político
nacional), una breve revisión de la gestación de las cartas
constitucionales en el Chile republicano basta para ratificar la
hipótesis de la ausencia de procesos constituyentes de carácter
democrático, como podrá apreciarse a continuación.



LOS PRIMEROS ENSAYOS CONSTITUCIONALES


Para entender el carácter que tuvieron los primeros ensayos
constitucionales, realizados durante los años de la lucha por la
Independencia, es necesario tener presente que la emancipación política
de Chile fue un acto eminentemente aristocrático. Por su riqueza,
poder, intereses, instrucción y el conjunto de sus características que
la habían convertido en la clase dirigente de la vieja sociedad
colonial, solo la aristocracia criolla estaba en condiciones de liderar
la lucha independentista y echar las bases para la construcción de un
Estado nacional. Y lo hizo de acuerdo con sus intereses y concepción
del mundo, implementando los mecanismos que aseguraran su plena
hegemonía en la vida social y política de la nueva era histórica que se
iniciaba en el primer cuarto del siglo XIX en Chile1. Uno de estos
dispositivos –vigente hasta comienzos de la década de 1870- fue la
ciudadanía censitaria, que excluyó de la vida política legal a la
inmensa mayoría de la población, acordando solo a los hombres más
pudientes los derechos políticos de elegir, ser elegidos y, por ende,
de debatir sobre el destino de la nación.


Por eso, en las deliberaciones sobre los primeros reglamentos
constitucionales solo participó una ínfima minoría de personajes
“ilustrados”. El primer Congreso Nacional ordenó en agosto de 1811
poner en vigencia un Reglamento constitucional que consagró al mismo
órgano legislativo como “único depositario de la voluntad del reino” e
instituyó una Junta denominada “Autoridad ejecutiva provisoria de
Chile” destinada a funcionar hasta que se dictara una Constitución
política definitiva. Pero la comisión encargada de redactar el texto
constitucional no alcanzó a cumplir su misión ya que las rivalidades
entre dos poderosas familias aristocráticas del bando patriota –los
Larraín y los Carrera- derivaron en noviembre del mismo año en un
segundo golpe de Estado del general José Miguel Carrera quien ordenó la
clausura del Congreso Nacional a comienzos del mes siguiente2.


El Reglamento Constitucional de 1812, que estableció una “Junta
Superior Gubernativa” de tres miembros a la espera de la elección de
representantes que elaboraría una Constitución definitiva, fue
preparado por una comisión nombrada por el gobierno y luego fue
sometido a la ratificación exclusiva de los vecinos (de alcurnia) de
Santiago por medio de firmas recaudadas mediante el sistema de
“suscripciones”, reservado exclusivamente para quienes recibían una
invitación a manifestar su opinión3. Igualmente restringida a una
ínfima cantidad de personas fue la preparación, discusión y aprobación
del Reglamento Constitucional de 1814, que solo alcanzó a estar vigente
menos de siete meses4.


La “Reconquista española” (1814-1817) puso fin a estos primeros
ensayos constitucionales de la elite patriota. Pero su triunfo en
Chacabuco y Maipú y la instauración de la dictadura del general
Bernardo O’Higgins en el inicio de la llamada “Patria Nueva”, colocaron
nuevamente a la orden del día la cuestión de las normas esenciales que
debían regir la vida política del emergente Estado republicano. Aunque
O’Higgins logró concentrar en su persona y círculo más cercano la
plenitud de los poderes dictatoriales, muy pronto las tendencias
“frondistas” de la aristocracia se hicieron sentir. El historiador
conservador Jaime Eyzaguirre cuenta que en 1818:


“[…] la noticia del fusilamiento de los hermanos Juan José y Luis
Carrera en Mendoza, en el que se atribuyó concomitancia a O’Higgins,
precipitó en Santiago la reunión de un Cabildo abierto que exigió de
O’Higgins la convocatoria de un Congreso y la dictación de un
reglamento constitucional provisorio. O’Higgins rehusó de inmediato
todo lo que se le pedía, pero un mes después nombró una comisión
encargada de redactar una carta política, que al fin fue sometida a la
aprobación popular por el sistema de ‘suscripciones’”5.


El mismo historiador sostiene que la Constitución provisoria de 1818
resultante de este procedimiento, “no vino sino a dar apariencia legal
a la dictadura” ya que entregó el Poder Ejecutivo en manos de un
Director Supremo, “cuya designación se daba por verificada y al que no
se le fijó término para su mandato”. Además instituyó un Senado de
cinco miembros y un Supremo Tribunal Judiciario, todos nombrados por el
Director6.


No obstante el origen no democrático de sus cargos, muy pronto los
senadores designados expresaron la arraigada tendencia de la
aristocracia a gobernarse por sí misma y resistieron a la omnipotencia
de O’Higgins. La prueba de fuerza concluyó en 1822 con la clausura del
Senado y la convocatoria a elecciones para una nueva asamblea. La
Constitución de 1822 fue finalmente aprobada por una Convención
Preparatoria en cuyo nombramiento intervino activamente O’Higgins por
medio de las autoridades locales designadas por él mismo. De tal modo
que el texto constitucional fue un instrumento adecuado a sus
ambiciones: el Poder Ejecutivo quedó confiado a un Director Supremo
elegido por seis años y reelegible por cuatro más. El historiador
Eyzaguirre –de escaso fervor democrático- no pudo ser más lapidario
respecto al origen espurio de esta nueva Constitución, al sentenciar
pertinentemente que:


“La circunstancia de haberse generado en una asamblea gubernativa y
al ser redactada por el impopular favorito Rodríguez Aldea, quitaron
todo prestigio a la nueva Carta y aceleraron el derrumbe del régimen”7.


La caída de O’Higgins abrió un nuevo escenario político, más abierto
y dinámico, en el que era posible un debate más amplio e inclusivo
sobre las cuestiones constitucionales y el futuro del país. Bajo el
mando del general Ramón Freire en el cargo de Director Supremo, el
Congreso de 1823 tuvo también un carácter constituyente. El reglamento
electoral elaborado ese año significó una ampliación importante del
cuerpo electoral por cuanto acordó el derecho a voto a todos los
hombres mayores de 23 años que supieran leer y escribir y que
cumplieran alguno de los siguientes requisitos: tener una propiedad de
más de $2.000; o un negocio de más de $3.000; o un título profesional:
o una pensión de Estado de más de $300 anuales: o un empleo público
(aunque no tuviera sueldo); o haber sido miembro de un Cabildo; o ser
un eclesiástico secular; o tener un grado militar superior a alférez; o
ser maestro mayor de un oficio, y/o tener un capital superior a $3.000
sumando todos sus bienes. De este modo, contrariando al Senado que
propiciaba derechos políticos (votar y ser elegidos) solo para los
propietarios de bienes raíces (la clase de los grandes terratenientes),
el gobierno de Freire amplió ese derecho incluyendo –en el decir del
historiador Gabriel Salazar- a quienes componían la clase media de la
época: “letrados pobres, sacerdotes, oficiales de bajo rango, empleados
públicos, mineros y otros empresarios”. Pero el “bajo pueblo”
(inquilinos, peones y otras categorías que constituían la mayoría de la
población) siguió excluido del país legal8. Según Salazar, esas fueron
las “primeras elecciones libres realizadas en Chile desde 1811”9, pero
agrega más adelante, que el texto constitucional propuesto por encargo
del gobierno por el jurisconsulto Juan Egaña, además de confuso y
engorroso, representó una clara opción por un sistema político
centralista, europeizante, elitista y aristocrático (ya que la
soberanía popular electoral debía ser calificada por un sindicato
“ilustrado” compuesto por el Senado y la Cámara). Contando con el apoyo
de los diputados santiaguinos, que abreviaron el plazo de discusiones,
se aprobó con pocos debates el proyecto de Egaña. Pero esta
Constitución –que reflejaba casi exclusivamente los intereses de
Santiago y la región central- nació muerta por la fuerte oposición de
las provincias de Coquimbo y Concepción, del propio Freire y de
diputados como Camilo Henríquez y Manuel de Salas, de reconocida
filiación liberal10.


La llamada “Constitución de 1826” fue, en realidad, un conjunto de
“leyes federales” propuestas por José Miguel Infante y sancionadas por
el Congreso entre julio y octubre de ese año, pero el proyecto
constitucional nunca fue aprobado ya que el Congreso se disolvió pocos
meses más tarde a causa de la inestabilidad política11. Lo que no
impidió la realización de un breve ensayo de federalismo que no
prosperó debido, principalmente, a la férrea oposición de la
aristocracia santiaguina.


La Constitución de 1828 fue la más avanzada de aquella época de
ensayos constitucionales. Su sello fue liberal-democrático por los
amplios derechos individuales que garantizaba, el igualmente amplio
poder electoral de los ciudadanos y porque para ser ciudadano no se
requería contar con cierto patrimonio sino solo un mínimo de edad: 21
años los hombres casados y 25 años los hombres solteros. Solo quedaron
excluidos de los derechos políticos los sirvientes domésticos, los
deudores al Fisco y los viciosos reconocidos. En teoría, hasta los
analfabetos que no estuvieran en estas categorías gozarían del derecho
a sufragio, algo poco común para los cánones de la época, incluso en
Europa12. Desde su óptica conservadora, Jaime Eyzaguirre comentaría
este avance democratizador diciendo que:


“El derecho a sufragio era tan amplio que podía ejercerlo cualquiera
que se inscribiese en las milicias, lo que iba a generar un poder
electoral en su mayoría analfabeto, entregado al control de los
audaces. El Ejecutivo radicaba en un Presidente y un Vicepresidente
nombrados por votación indirecta y cuya gestión dependía casi por
entero de la voluntad de un Congreso bicameral. Por añadidura la gran
autonomía de las provincias, que conservaban sus asambleas con derecho
a general los senadores, a formar ternas para el nombramiento de los
Intendentes y supervigilar a las municipalidades, reducían aún más las
atribuciones presidenciales”13.


La génesis de esta Constitución –al igual que la de 1823- fue
semi-democrática ya que el Congreso Nacional que la aprobó había sido
elegido en base a un electorado masculino que incluía a las capas
medias, más precisamente, hasta el estrato superior de los sectores
populares representado por el artesanado-, pero no al “bajo pueblo”.


Ese fue el punto más alto de democratización alcanzado en Chile en
el período que siguió la Independencia. Pero muy luego vino la
virulenta reacción aristocrática centralista contra los proyectos
liberales, dirimiéndose el conflicto entre ambos bandos en la guerra
civil de 1829-1830.


EL PODER CONSTITUYENTE DE LAS BAYONETAS: LA CONSTITUCIÓN  “PORTALEANA” DE 1833


El triunfo conservador (estanquero-pelucón) en la batalla de Lircay
en abril de 1830 puso término a la guerra civil e inauguró una larga
etapa conocida como el “régimen portaleano” o el “Estado en forma”14,
cuya fase inicial fue la más clara expresión del dominio sin contrapeso
de la aristocracia, especialmente de Santiago y la región central.


La célebre Constitución portaleana de 1833, inspirada y redactada
principalmente por el ultraconservador Mariano Egaña, fue el fruto
directo de la victoria militar estanquero-pelucona en la guerra civil
de 1830. Aunque el artículo 133 de la Constitución de 1828 establecía
que esta no podía reformarse hasta 1836, los vencedores de Lircay
pasaron por encima de esta disposición y, recurriendo a diferentes
argucias, impusieron su reforma. Poco después de instalado el régimen
dirigido por el comerciante Diego Portales y el general José Joaquín
Prieto, el Cabildo de Santiago (controlado por el bando vencedor) pidió
al gobierno que autorizara al próximo Congreso a emprender la reforma
constitucional a través de una “Gran Convención” convocada
exclusivamente con ese objeto. Aunque este organismo estaría en
principio compuesto por dieciséis diputados elegidos por el Congreso
Nacional (ya depurado de los liberales más prominentes) y veinte
ciudadanos “de reconocida probidad e ilustración” nombrados por el
mismo cuerpo legislativo (mediante el envío de “esquelas de
invitación”), en la práctica fue una hechura completa del Congreso ya
que a los dieciséis diputados del bando vencedor se sumaron catorce más
en ejercicio para llenar los cupos reservados a los hombres de
“reconocida probidad e ilustración”15.


A estas libertades tomadas con las formas legales se sumaba algo aún
más grave y decisivo: la instauración de una verdadera dictadura
aristocrática resuelta a barrer con cualquier obstáculo que se le
antepusiera. Muchos opositores fueron encarcelados u obligados a partir
al destierro; el Ejército sufrió una severa purga de oficiales
sospechosos de simpatizar con los liberales; se generalizó y fortaleció
una red de espionaje de la policía secreta y se estableció una férrea
censura de prensa que impidió cualquier debate de fondo del texto
constitucional que se preparaba, a no ser el intercambio de ideas que
podía darse entre los partidarios del nuevo régimen. Gabriel Salazar
sintetiza de esta manera algunos de los aspectos del clima represivo al
que estaba sometido el país cuando se desarrolló el proceso
constituyente portaleano:


“[…] centenares de funcionarios públicos no adictos al nuevo régimen
fueron exonerados, se eliminaron con el mismo objetivo establecimientos
como la Casa de Moneda de La Serena, becas para estudiantes como las
del Liceo de Chile […], se clausuró la Sociedad Médica de Chile
(establecida por Blanco Encalada y encabezada por un médico español),
mientras se cerraban o aplicaban grandes multas a los periódicos de
oposición y se creaban nuevos cuerpos de ‘guardias cívicas’16.


La afamada Constitución de 1833 no fue sino un texto destinado a dar
legitimidad jurídica a un régimen con características dictatoriales
resultante de la victoria militar del bando conservador en 1830. El
nuevo texto constitucional fue un traje a la medida de la facción
dominante de la aristocracia, que concentró de manera excluyente el
poder durante varias décadas. El centralismo, autoritarismo y elitismo
fueron sus rasgos principales. La inmensa mayoría de la población
resultó excluida de la vida política activa a través del sufragio
censitario. El derecho a elegir y ser elegidos para cargos
representativos quedó reservado solo a los hombres casados mayores de
21 años o solteros mayores de 25 años, que sabiendo leer y escribir
fueran dueños de una propiedad inmueble o un capital invertido “en una
especie de giro o industria” cuyo valor sería fijado para cada
provincia cada diez años por una ley especial, o que en su defecto,
ejercieran “una industria o arte”, o que gozaran de algún empleo, renta
o usufructo, cuyos emolumentos o productos guardaran proporción con la
propiedad inmueble o capital, de que se hablaba en la disposición
anterior. Los sirvientes domésticos estaban expresamente excluidos de
los derechos políticos17.


Un comentario del historiador conservador Fernando Campos Harriet,
admirador de Portales y su régimen, nos ahorra más acotaciones sobre el
sistema político consagrado por esta Constitución:


“El cúmulo de atribuciones del Presidente de la República,
reforzadas por la ley electoral, hicieron de este el gran elector
durante 60 años. El Presidente tenía veto absoluto: un proyecto vetado
no podía iniciar sus trámites constitucionales hasta el año siguiente.
Declarado el estado de sitio, se suspendía en ese punto el imperio de
la Constitución […].


El sufragio limitado y controlado por el Ejecutivo, el veto, la
ausencia de responsabilidad efectiva en el Jefe de Estado, las
facultades extraordinarias, la organización del Consejo de Estado, la
preponderancia de la Cámara de senadores con su comisión conservadora,
manifiestan claramente el espíritu aristocrático y oligárquico de esta
Constitución”18.


Durante casi un siglo Chile no vivió otro proceso constituyente19,
solo reformas y reinterpretaciones a la Constitución portaleana que
recortaron poderes del Presidente de la República, aumentaron los del
Parlamento e instauraron –en la década de 1870- el sufragio universal
masculino con el solo requisito de saber leer y escribir.


POPULISMO Y FUERZA MILITAR EN LA GESTACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DEMOCRÁTICO-LIBERAL DE 1925



Cuando en 1925 se planteó la discusión en torno a una nueva
Constitución, el contexto político y social era muy distinto al que
había existido al imponerse la carta de 1833. La “cuestión social”
había cambiado la relación entre las clases sociales y alterado el
debate político nacional. El movimiento obrero se encontraba en pleno
desarrollo y las tendencias más radicales (anarquistas y comunistas)
gozaban de una notoria influencia en su seno, llegando a controlar las
principales organizaciones sindicales. Como respuesta al malestar y
rebeldía de “los de abajo”, un sector de la burguesía había levantado
un programa reformista de marcado corte populista, logrando instalar a
su líder, el liberal Arturo Alessandri Palma, en la Presidencia de la
República a fines de 1920. Pero sus planes se habían estancado debido a
la crisis económica y la cerrada oposición de la oligarquía
parlamentaria20.


El sistema parlamentario impuesto por los vencedores de la guerra
civil de 1891 se encontraba profundamente desprestigiado y la crisis de
la economía salitrera, reiterativa desde 1918, tenía sumido al país en
un clima de permanente agitación social y fuertes tensiones políticas.
Por su parte, la oficialidad joven del Ejército, luego de constatar el
fracaso del populismo civil, desde septiembre de 1924 había ocupado el
escenario político enarbolando programas de reforma social. La entrada
activa en política de los militares con dos irrupciones sucesivas
–septiembre de 1924 y enero de 1925- había cambiado los parámetros del
juego político. La crisis era general. El país se aprontaba a una
refundación política en base a un nuevo texto constitucional. Entonces,
por primera vez en la historia de Chile, otros actores, los sectores
populares, especialmente el movimiento obrero organizado, intentaron
hacer oír su voz en el debate constitucional.


El movimiento obrero y popular llevaba varios años interesándose por
este tipo de cuestiones. Las gigantescas movilizaciones impulsadas
durante el bienio 1918-1919 por la Asamblea Obrera de Alimentación
Nacional habían puesto en el tapete de la discusión entre vastos
sectores de la clase obrera y de las capas medias la necesidad de un
nuevo orden social y político. Poco después, en 1923, durante el
gobierno de Arturo Alessandri Palma, un organismo denominado Asamblea o
Comité de Obreros, Estudiantes y Profesores, empezó a pensar en
reformas estructurales, pero la reflexión no avanzó mucho, diluyéndose
la iniciativa sin trascender mayormente en esa coyuntura. No obstante,
por iniciativa del Partido Comunista y de la Federación Obrera de
Chile, pocos días después del golpe de Estado de los militares jóvenes
que llamaron de vuelta a Alessandri al gobierno, el 25 de enero de 1925
numerosas organizaciones obreras junto a la Asociación General de
Profesores, la Federación de Estudiantes y la Unión de Empleados de
Chile, decidieron crear un organismo denominado Comité Obrero Nacional
que convocó a la realización de un Congreso Constituyente de
Asalariados e Intelectuales21.


Lo que más distinguió esta iniciativa de los proyectos
constitucionales de la clase política tradicional fue la exigencia de
una Constituyente de base gremial. Uno de sus promotores, el dirigente
comunista Salvador Barra Woll, lo precisó en estos términos:


“La Juventud Militar nos ha ofrecido ahora una Constituyente. No
queremos dudar que vendrá esa Constituyente. Hemos adherido nuestra
cooperación a ese propósito para encarnar más ese deseo en las masas.
Pero cuando llegue el momento de llamar a la Constituyente se verá que
las bases no consultarán la representación obrera sindical
revolucionaria porque la burguesía le impedirá su resguardo de sus
privilegios de clase […]


Hay pues que no olvidar este detalle, tenerlo muy presente: Queremos una Constituyente; pero a base gremial.


Si no se nos da una Constituyente en esa forma la burguesía habrá 
traicionado una vez más al proletariado, de quien se ha servido para
fines propios”22.


De acuerdo con estos postulados, la convocatoria para la reunión de
la Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales (conocida también
como la “Constituyente chica” ya que sus impulsores la concebían como
un “preludio de la futura Constituyente fundamental” en la que estarían
representados todos los sectores de la nación23), fijó como objetivo la
presentación de un proyecto de Constitución Política de Chile que
contendría las aspiraciones inmediatas del proletariado y de los
intelectuales que simpatizaban con los “modernos principios de justicia
y solidaridad”24. El comité de iniciativa estableció los siguientes
porcentajes de congresales para cada una de las categorías socio
profesionales llamadas a participar en la “Constituyente chica”:
proletarios, 45%; empleados, 20%; profesores, 20%; profesionales e
intelectuales, 8%; y estudiantes, 7%25.


Rápidamente las fuerzas comprometidas en esta iniciativa se
desplegaron por distintos puntos del territorio nacional para difundir
su propuesta. El Comité Obrero Nacional (al que se incorporaron
dirigentes de distintas tendencias incluidos los anarquistas) mandó a
algunos de sus miembros en gira al sur del país a explicar la
convocatoria26.


La Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales inauguró sus
sesiones en el Teatro Municipal de Santiago el domingo 8 de marzo de
1925 en medio de un clima de gran expectación. Los mil doscientos
cincuenta delegados provenientes de distintos provincias eran el
reflejo de las tendencias políticas que actuaban en el seno del
movimiento popular y de las clases medias asalariadas: comunistas,
fochistas (militantes de la Federación Obrera de Chile, que por esos
días casi se confundían con los comunistas), demócratas, laboristas sin
partido, anarquistas, radicales, feministas y distintas expresiones del
“alessandrismo popular”. Los debates entre estas corrientes fueron
apasionados, a ratos muy duros. El obrero anarquista Alberto Baloffet
logró hacer aprobar por amplia mayoría una moción en la que se sostenía
que los proletarios no debían proponerse la redacción de una
Constitución que reglamentara los poderes del Estado, sino limitarse a
fijar principios generales que orientaran la acción de las autoridades
hacia los productores. Un fuerte enfrentamiento se produjo entre el
Presidente de la Federación de Estudiantes, y Vice-Presidente del
Centro de Propaganda del Partido Radical, Enrique Rossel, y la mayoría
de los delegados obreros claramente alineados con las posiciones del
Partido Comunista27. Algo menos virulentos fueron los debates entre el
sector comunista-fochista (alrededor de 300 delegados, esto es,
alrededor del 25% del total) y los representantes de los profesores, de
los intelectuales y de los empleados, entre los que se contaban
personas de distintas filiaciones, especialmente anarquistas,
demócratas y radicales28.


Las divisiones internas le restaron fuerza a la “Constituyente
chica”. Durante cuatro días los delegados aprobaron distintas mociones
en las que se formularon una serie de demandas a los poderes públicos y
aprobaron varios “principios constitucionales”, que debían servir de
base para la discusión nacional cuando se convocara a la “Constituyente
grande”. El primero y más importante de estos principios fue el reclamo
de una Asamblea Constituyente compuesta de delegados de las “fuerzas
vivas de ambos sexos”, y en cuyo seno los elementos asalariados
tuvieran la mayoría de la representación para asegurar el cumplimiento
de sus postulados de redención social. Como principios específicos se
inscribieron, entre otros: la socialización de la tierra y de los
medios de producción; la forma federal del gobierno; el deber del
Estado de coordinar y fomentar la producción y asegurar la distribución
de los productos; el sistema colegiado de gobierno tanto a nivel
comunal, nacional como de los Estados federados; la organización del
Poder Legislativo en base a “cámaras funcionales”, compuestas por
representantes (revocables en todo momento) de los gremios organizados;
la separación de la Iglesia del Estado; la enseñanza gratuita desde la
escuela hasta la Universidad, colocando su dirección en manos de los
maestros, padres y estudiantes; la igualdad de derechos políticos y
civiles de ambos sexos y la supresión del ejército permanente29.


La proposición de las “cámaras funcionales a base gremial” (cercana
en algunos aspectos a las ideas corporatistas que estaban en boga por
aquellos años en Europa) constituía una  innovación mayor, resistida
por algunos integrantes de la “Constituyente chica” y apoyada
fervorosamente por los comunistas. Uno de sus impulsores la explicaba
como el instrumento que permitiría abolir las “cámaras políticas”,
fuente de la opresión política del pueblo:


“La Cámara Funcional, que como su nombre lo indica reúne en su seno
todas las funciones de las diversas actividades de la vida económica,
intelectual y moral de la sociedad, es el sistema necesario y eficiente
capaz de destruir, desde sus raíces, todos los intereses creados y
privilegios de castas que hoy producen el estado caótico de la
administración del país, injusticias irritantes y el desconcierto
social.


Será  la única forma de nivelar todos los derechos que disminuirán,
grandemente, las desigualdades odiosas porque siendo la finalidad de la
Cámara Funcional esencialmente de armonía y de progreso donde convergen
y se complementan todos los pensamientos de las fuerzas creadoras del
trabajo, la resultante de su labor será lógicamente, de perfección y
armonía social.


Y recién, entonces, desapareciendo la causa de todas las desgracias
del pueblo, con la extinción del aparato político opresor de la
oligarquía y burguesía en general, empezará la era de justicia y
armonía social.


La técnica de la producción y el consumo controlados por los
productores mismos, y peritos profesionales, se perfeccionará
gradualmente y desaparecerá la miseria, la ignorancia y la maldad que
el actual egoísmo de los privilegiados reinantes, produce a la sociedad.


La Cámara Funcional a base gremial, es pues, el antídoto de las
Cámaras políticas mantenedoras de la esclavitud y los sufrimientos del
proletariado”30.


Los acuerdos tan laboriosamente concluidos en la “Constituyente
chica” no tuvieron mayor eco político. Gabriel Salazar, autor de la
visión historiográfica más optimista acerca del significado y alcance
de la Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales de 1925
(interpretada en sus escritos como un ejercicio de soberanía de “las
bases sociales”, con menciones poco relevantes a las fuerzas políticas
que la promocionaron y se enfrentaron en su seno), ha señalado que a su
retorno al gobierno, Arturo Alessandri Palma “restauró el régimen
estrictamente civil (marginando a los militares) y las decisiones
estrictamente políticas (marginando a los movimientos sociales de
base)”31.


Así  ocurrió, efectivamente. Haciendo caso omiso del ejercicio
deliberativo de los trabajadores manuales e intelectuales sobre las
normas constitucionales que deberían refundar la organización social y
política de la nación, Alessandri, por sí y ante sí, designó a los
miembros de las dos comisiones que debían preparar la Asamblea
Constituyente, escogiendo a una mayoría de viejos políticos como Luis
Barros Borgoño (su rival en la elección de 1920), Guillermo Edwards
Matte, Eleodoro Yáñez, Juan Enrique Concha, Ernesto Barros Jarpa,
Guillermo Subercaseaux y Domingo Amunátegui, entre otros. Solo unos
cuantos dirigentes de organizaciones sociales y de partidos y grupos de
izquierda que habían formado la “Constituyente chica”, como Carlos
Contreras Labarca, Víctor L. Cruz, Manuel Hidalgo, Carlos Alberto
Martínez, Onofre Avendaño y Fernando García Oldini, fueron invitados a
participar en las discusiones32. El propio Alessandri presidió la
comisión que debía estudiar las reformas constitucionales y Arturo Lyon
quedó a la cabeza de la comisión encargada de preparar la convocación a
la Asamblea Constituyente. Este grupo –lo dejó consignado el “León de
Tarapacᔠen sus Recuerdos de gobierno-  nunca se reunió33. Como bien
observaría el historiador Gonzalo Vial, “esto solo indica hacia donde
se dirigía Arturo Alessandri”34.


Es necesario recalcar que inicialmente Alessandri había expresado su
deseo de convocar a una Asamblea Constituyente en el menor plazo
posible, nombrándose dos tercios de sus integrantes mediante elección
popular y el tercio restante con representantes de “las fuerzas vivas
de la Nación”, en su concepto: “la Universidad, el Ejército, la Marina,
la Iglesia, representados por sus jefes, las actividades obreras y
algunos gremios que tienen importancia en la vida de la República”35.
El 26 de marzo el Presidente de la República firmó un decreto fijando
el 15 de abril como fecha de inicio de las inscripciones
extraordinarias para la elección de una Constituyente36. Pero muy
pronto abandonó esta idea aduciendo “falta material de tiempo para
verificar las inscripciones del electorado, para instalar enseguida la
Constituyente y para que dispusiera del tiempo necesario para terminar
su misión y alcanzar a fijar las reglas de la elección del Congreso y
del Presidente” que debía sucederlo el 23 de diciembre de ese mismo
año37.


El único grupo de trabajo que funcionó (conocido como la “comisión
chica”) se dividió en tres corrientes al discutirse las fórmulas
propuestas para aprobar la nueva Constitución: elección de una Asamblea
Constituyente mediante sufragio universal; organización de una
Constituyente sobre una base gremial, o ratificación del proyecto
preparado por la comisión mediante un plebiscito38. La exigencia de la
Constituyente sobre base gremial era inaceptable para la clase política
y Alessandri puesto que, como sostiene Salazar, significaba su propio
colapso39. Por otra parte, intuyendo que su proyecto de Constitución
presidencialista no sería aprobado en una Asamblea Constituyente (en la
que los partidos tradicionales, muy reticentes a abandonar el sistema
parlamentario, tendrían la mayoría), Alessandri apostó a la vía más
expedita convirtiendo a la comisión en la Constituyente misma y utilizó
toda su influencia y poder para vencer las múltiples resistencias que
suscitaba su proyecto constitucional, tanto entre muchos representantes
de la vieja clase política adictos al régimen parlamentario como en el
movimiento obrero y popular partidario de la Constituyente de base
gremial. Aunque invocó la falta de tiempo, su comportamiento estuvo
motivado principalmente por la intuición de que en una Asamblea
Constituyente su plan de reforma no prosperaría, como lo confesaría
posteriormente:


“Yo más que nadie me había resignado a abandonar la idea de la
Constituyente por la falta material de tiempo apuntada y,
principalmente, porque tenía la resolución firme e inquebrantable de
implantar en nuestro país la fórmula salvadora. Tenía el convencimiento
profundo, como lo he dicho reiteradas veces que, si llevábamos el
asunto a una asamblea, no saldría jamás de allí el necesario régimen
presidencial. Un grupo de hombres en asamblea, carece de la
superioridad moral necesaria para despojarse de atribuciones y
facultades”40.


Entre el 18 de abril y el 23 de agosto de 1925, en 33 sesiones a las
que asistieron un promedio de doce personas, la “comisión chica”
preparó el proyecto de Constitución presidencialista que reemplazaría a
la Constitución de 1833 (reinterpretada en un sentido claramente
parlamentarista desde 1891). Los debates de este pequeño grupo
transformado en “comisión constituyente” se centraron preferentemente
en cómo equilibrar los poderes Ejecutivo y Legislativo, conforme a la
perspectiva liberal. El único “convidado de piedra” de la
“Constituyente chica”, el comunista Manuel Hidalgo, quedó completamente
aislado41. Finalmente, el elemento decisivo que inclinó la balanza,
fue, una vez más, el Ejército. A partir del 23 de julio el general
Navarrete apoyó abiertamente las proposiciones de Alessandri de
Constitución presidencialista y plebiscito como fórmula de
aprobación42. De esta manera, el jefe de Estado logró imponer la vía
plebiscitaria en vez de la convocatoria a una Asamblea Constituyente
que implicaba un verdadero debate constitucional nacional. La presión
militar en apoyo de esta alternativa, fue –como señala acertadamente el
historiador conservador Gonzalo Vial- el tercer golpe de Estado
(después de los de septiembre de 1924 y enero de 1925):


“Así se consumó el tercer golpe de Estado: la imposición militar de
que se llamase a plebiscito inmediato, sin Asamblea Constituyente, la
nueva Carta conteniendo las reformas de Alessandri. Un silencio casi
generalizado recibió el úkase: partidos y prensa (salvo, respecto de la
última El Diario Ilustrado) doblaron la cerviz…, con mayores o menores
y más o menos audibles rezongos, pero la doblaron. Ni siquiera, esta
vez, hubo necesidad de complotar en las sombras, sublevar regimientos y
entrar a La Moneda empuñando pistolas. Indudablemente, el establishment
político había aprendido las “múltiples lecciones objetivas” del 5 de
septiembre y el 23 de enero, de las que hablara Navarrete, la
‘enseñanza práctica’ señalado por Grove”43.


El plebiscito fue convocado el 31 de julio para el 30 de agosto. Los
ciudadanos deberían elegir entre tres cédulas de voto: una roja, de
aprobación del proyecto de la mayoría de la “comisión constituyente”
armada por el gobierno; una azul, obra de los disidentes (especialmente
radicales, conservadores y comunistas), que conllevaba la aprobación de
una serie de proposiciones destinadas a recortar el poder del Ejecutivo
(como la posibilidad de que el Congreso acusara y destituyera al
Presidente); y una blanca, que importaría “buscar otros procedimientos
para restablecer la normalidad institucional del país”44. Los
opositores subrayaron la amenaza implícita de esta última fórmula que
insinuaba, casi sin disimulo, una nueva intervención militar.
Igualmente criticaron el reducido plazo –apenas un mes- para hacer
campaña y el hostigamiento y represión policiales a sus mítines. El
proyecto de Constitución impulsado por Alessandri fue aprobado el 30 de
agosto del mismo año por una minoría de electores. Sobre 302.304
inscritos solo votaron 135.783, de los cuales 127.509, o sea, 42,18% de
los inscritos y 93,9% de los sufragantes aprobaron el proyecto de
Constitución. La alternativa de los partidos opositores (cédula azul)
obtuvo 6.825 votos (2,26% de los inscritos y 5,03 de los sufragios); la
cédula blanca (la incierta búsqueda de “otros procedimientos”) reunió
solo 1.449 preferencias (0,48% de los inscritos y 1,07% de los
votos)45. La Constitución de 1925 –calificada generalmente como “la más
democrática de la historia de Chile”- fue, pues, aprobada por menos del
50% de los votantes potenciales, pero con el apoyo decisivo de los
militares, que expresaron con sutileza la amenaza de una nueva
intervención.


Con algunas reformas, dicho texto constitucional sobrevivió hasta
septiembre de 197346, cuando una nueva irrupción de las Fuerzas Armadas
–la más violenta y de mayores consecuencias- la echó por tierra,
arrastrando junto con ella al frágil “Estado de compromiso” que tanto
enorgullecía a la clase política y buena parte de la ciudadanía.


NUEVAMENTE EL PODER CONSTITUYENTE DE LAS ARMAS: LA CONSTITUCIÓN DICTATORIAL Y NEOLIBERAL DE 1980


Las condiciones y la forma como fue elaborada y aprobada la
Constitución de Pinochet en 1980 son ampliamente conocidas. Chile vivía
los años más duros de la más dura dictadura militar. Un régimen de
terror mantenía al país sometido a la cúpula militar y empresarial que
se encontraba implementando un proyecto de sociedad y economía
neoliberal extremo. La ciudadanía carecía de las condiciones mínimas
para debatir y manifestar libremente sus ideas y preferencias. Miles de
opositores habían sido asesinados, encarcelados, torturados o
exiliados. No existía libertad de prensa, derecho de reunión ni de
asociación para los opositores; los registros electorales habían sido
quemados por los militares golpistas; el estado de emergencia regía en
todo el territorio nacional y el “receso político” o prohibición de
funcionamiento de los partidos políticos se prolongaba desde el mismo
día del sangriento derrocamiento del Presidente Salvador Allende.


Desde 1973 la dictadura militar, había venido preparando su proyecto
constitucional. Pocos días después del golpe de Estado, la Junta
Militar de Gobierno había creado una Comisión de Estudio o Comisión
Constituyente encabezada por el ex ministro Enrique Ortúzar del
derechista ex Presidente Jorge Alessandri Rodríguez. Durante cinco años
este grupo trabajó en un anteproyecto constitucional, siguiendo las
orientaciones del gobierno de facto47. En noviembre de 1977 el dictador
Pinochet entregó a Ortúzar instrucciones escritas por su Ministra de
Justicia Mónica Madariaga y por Jaime Guzmán, principal ideólogo del
régimen, para que elaborara un proyecto de Constitución de acuerdo con
los planes del gobierno militar. Al cabo de casi un año de trabajo, la
Comisión Constituyente produjo el texto que la Presidencia esperaba, de
modo que el 31 de octubre de 1978 Pinochet pidió formalmente al Consejo
de Estado que comenzara a analizarlo. Al término de ese estudio, el 26
de junio de 1980, doce días antes de la fecha fijada para que el
Consejo de Estado presidido por el ex Presidente Jorge Alessandri
entregara oficialmente el proyecto de nueva Constitución, el gobierno
formó un grupo de trabajo encargado de revisarlo a cuya cabeza quedó la
ministra Mónica Madariaga. La ministra y cuatro auditores militares más
algunos invitados ocasionales, realizaron un trabajo sigiloso e intenso
dando lugar a 175 cambios que reflejaron las contradicciones y debates
en el seno del bloque dominante48.


El texto corregido fue remitido oficialmente el 8 de julio por el
Consejo de Estado a la Junta de Gobierno, luego fue analizado durante
algunas semanas por juristas y algunos miembros del cenáculo en el
poder, y el 10 de agosto de 1980 se aprobó la versión final. Todas las
deliberaciones fueron secretas. El 11 de agosto, el gobierno de la
dictadura anunció por cadena nacional de radio y televisión que en un
plazo de treinta días se realizaría un plebiscito para aprobar o
rechazar la nueva Constitución49.


El debate ciudadano se realizó en las condiciones que imperaban
desde 1973 y que pueden sintetizarse en la vigencia en todo el país del
estado de emergencia, el receso político, el control gubernamental de
las publicaciones, un clima de terror generalizado y, como ha sido
señalado por un cientista político norteamericano, “sin alternativas
para los votantes, sin el claro establecimiento de las consecuencias
jurídicas de una derrota y, lo más significativo para la oposición, sin
registros electorales y sin supervisión ni recuento electoral
independiente”50. Aunque el gobierno autorizó la realización de un
meeting opositor encabezado por el ex Presidente democratacristiano
Eduardo Frei Montalva (que luego de apoyar el golpe de Estado se había
pasado a las filas de la oposición), otras manifestaciones contrarias
al régimen fueron prohibidas y las fuerzas oficialistas pusieron todos
los recursos que les daba su dominio total del aparato de Estado y un
amplio control de los medios de comunicación al servicio de la campaña
por la aprobación (el voto “Sí”) de la nueva Constitución51.


Los resultados oficiales del plebiscito organizado por la dictadura
según el principio de gobierno interior, esto es, a través de los
intendentes, gobernadores y alcaldes nombrados por el gobierno, fueron
los siguientes: votos por el “Sí” a la nueva Constitución, 4.204.879
(67,04%); por el “No” (rechazo), 1.893.420 (30,19%); nulos, 173.569
(2,77%)52.


La oposición denunció todo tipo de fraudes e irregularidades. En el
39,7% de las mesas controladas por sus voluntarios se detectaron
irregularidades, llegando a precisarse posteriormente que, en al menos
nueve provincias (Tocopilla, Chañaral, Linares, Cauquenes, Huasco,
Choapa, Valparaíso, San Antonio y Malleco) había “votado” más del 100%
de la población53. Cinco años más tarde, el sociólogo Eduardo Hamuy
(“padre” de las encuestas de opinión en Chile) informó que un equipo de
660 voluntarios había observado los votos y los recuentos del
plebiscito de 1980 en 981 mesas electorales escogidas al azar en el
Gran Santiago (alrededor de 10% de las 10.522 mesas en 170 locales de
votación), registrando cinco tipos de fraudes o irregularidades:
recuento erróneo de votos (contabilización de votos “No” y nulos como
blancos o “Sí”, o anulación de votos “No”); inconsistencias entre el
número de votos contados y el número de firmas de votantes registrados
(votantes excesivos o faltantes); recuentos no públicos; personas que
votaron más de una vez; y una categoría de diversas irregularidades.
Aunque Hamuy no pudo cuantificar la magnitud exacta del fraude, estimó
que, a partir del 39,7% de las mesas donde se cometieron
irregularidades, era legítimo suponer que sin fraudes electorales el
resultado del plebiscito habría sido contrario al gobierno en el Gran
Santiago, concluyendo que estaba “probabilísticamente justificado dudar
de la legitimidad Constitución de 1980 e incluso negarla”54.


En un penetrante estudio sobre la génesis, contenidos y efectos de
esta Carta constitucional, el cientista político norteamericano Robert
Barros emite un certero juicio que nos permite concluir este punto:


“Tanto en sus orígenes como en su forma de ratificación, la
Constitución de 1980 aparece nada más que como una imposición a la
fuerza, un acto coercitivo, que, de acuerdo a los principios del
derecho público, era jurídicamente nulo y vacío. Desde esta
perspectiva, su validez no era diferente que la de cualquier otro
decreto ley; la Constitución era de facto; y su eficacia práctica, una
función exclusiva de las relaciones de fuerza que la sostenían. Al
momento de su promulgación, aparecía como un mero mecanismo de
prolongación del régimen militar –y, dada la propensión del régimen a
organizar plebiscitos bajo sus propios términos, esta carta fundamental
parecía presagiar dieciséis años más de régimen militar. El texto
permanente, por ende, era meramente nominal, dado que era ineficaz;
mientras que las disposiciones transitorias, la constitución efectiva,
hacían que la Constitución en sí misma fuera semántica porque solo
codificaba el monopolio del poder existente”55.


CONCLUSIÓN


Este rápido recorrido histórico prueba que nunca se ha desarrollado
en Chile un proceso constituyente democrático. Todos los textos
constitucionales han sido elaborados y aprobados por pequeñas minorías,
en contextos de ciudadanía restringida (como ocurrió con algunas
variantes en el siglo XIX) o como resultado de imposiciones de la
fuerza armada (como sucedió durante ese mismo siglo e invariablemente
en el siglo XX). Las tres cartas principales (1833, 1925 y 1980)
tuvieron como parteras a las Fuerzas Armadas que, actuando como
“garantes” del Estado y del orden social, pusieron sus fusiles y
cañones para inclinar la balanza a favor de determinadas soluciones
constitucionales propiciadas por facciones social y políticamente
minoritarias. Los momentos de refundación del Estado y de la sociedad
política en Chile han tenido siempre ese mismo rasgo. Incluso ciertas
coyunturas históricas en las que no se desarrolló un proceso
constituyente sino una mera reinterpretación constitucional –como la
lectura parlamentarista de la Constitución presidencialista de 1833 a
partir de 1891- también fueron el fruto de la “crítica de las armas”.
Las evidencias históricas demuestran que las Constituciones chilenas
han surgido de la imposición militar y de maniobras, generalmente
combinadas con el uso de la fuerza armada, de los grupos hegemónicos de
las clases dominantes y de la clase política (civil y militar).
Exceptuando algunas tentativas abortadas, como la “Constituyente chica”
de 1925, la ciudadanía ha sido casi siempre un espectador o un actor
secundario que, a lo sumo, ha sido convocado a última hora por los
grupos en el poder para respaldar o plebiscitar proyectos
constitucionales preparados sigilosamente, pero nunca para participar
activamente en su generación.


No obstante, en los últimos años se han manifestado síntomas de un
progresivo malestar popular que se relaciona, en una de sus expresiones
más propositivas, con la idea de generar democráticamente una nueva
carta constitucional. Las reformas constitucionales acordadas hacia
fines del gobierno de Ricardo Lagos entre las cúpulas partidarias, sin
participación de la ciudadanía, dejaron intactas las bases
fundamentales de la Constitución de 198056. El descontento ha ido in
crescendo. Personas de variada condición comenzaron a organizarse y
movilizarse para proponer un proceso constituyente verdaderamente
democrático. El 21 de julio de 2007 se presentó públicamente en
Santiago el movimiento “Ciudadanos por una Asamblea Constituyente”,
encabezado por el abogado de Derechos Humanos Roberto Garretón y el
sociólogo Gustavo Ruz. En su Comité de Iniciativa, figuran
personalidades como ex juez Juan Guzmán Tapia, el ex canciller Enrique
Silva Cimma y el ex ministro Jacques Chonchol. Su convocatoria ha ido
creciendo sistemáticamente: numerosas organizaciones sociales, grupos
de izquierda extra parlamentaria, personalidades de distintos ámbitos y
un núcleo no despreciable de parlamentarios de la Concertación de
Partidos por la Democracia (o disidentes de dicha coalición), que han
apoyado la idea de una Asamblea Constituyente. En varias ciudades se
han organizado conferencias, debates y otras iniciativas destinadas a
expandir el movimiento57. Si se lograra concretar la aspiración a la
convocatoria de una Asamblea Constituyente como resultado de un amplio
e informado debate democrático ciudadano, significaría que por primera
vez en Chile se empezaría a hacer y escribir otra historia, una
historia de ciudadanía activa y efectiva.




Sergio Grez Toso

Historiador


NOTAS:


* Artículo basado en la intervención del autor en el panel
“Importancia e implicancias de una Asamblea Constituyente en Chile”,
realizado el en el marco del Seminario “Asamblea Constituyente. Un
proceso posible en Chile”, Santiago, Universidad Central, 28 de mayo de
2009. Publicado en la revista Tiempo histórico, Nº1, Universidad
Academia de Humanismo Cristiano, Santiago, junio de 2009.


1 Un desarrollo de estos temas en Sergio Grez Toso, De la
“regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución
histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890) Santiago, RIL
Editores, 2007, 2ª ed., págs. 233-248.

2 Jaime Eyzaguirre, Historia de las instituciones políticas y sociales
de Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 1992, pág. 63.

3 Op. cit., pág. 64.

4 Los textos de los Reglamentos Constitucionales de 1811, 1812 y 1814
están disponibles en Internet en la página web de la Biblioteca del
Congreso Nacional: http://www.bcn.cl/ecivica/histcons

5 Op. cit., págs. 71 y 72.

6 Op. cit., pág. 72.

7 Op. cit., pág. 73.

8 Gabriel Salazar, Construcción de Estado en Chile (1760-1860).
Democracia de los “pueblos”. Militarismo ciudadano. Golpismo
oligárquico, Santiago, Editorial Sudamericana, 2005, págs. 192 y 193.

9 Op. cit., pág. 193. Cursivas en el original.

10  Op. cit., págs. 209-222.

11 Véase: http://www.bcn.cl/ecivica/histcons;
http://www.educarchile.cl/integracion/nuestrosmomentos/NuestrosMomentos_Hitos.asp?periodo=41752&ano=1826

12 Op. cit., págs. 322-327.

13 Eyzaguirre, op. cit., pág. 77.

14 Esta última fórmula fue acuñada por el historiador conservador
Alberto Edwards en La fronda aristocrática en Chile, Santiago, Imprenta
Nacional, 1928.

15 Eyzaguirre, op. cit., págs. 97-100; Fernando Campos Harriet,
Historia Constitucional de Chile, Santiago, Editorial Jurídica de
Chile, págs. 356-358.

16 Salazar, op. cit., pág. 378.

17 Constitución de la República de Chile jurada y promulgada el 25 de
mayo de 1833, Santiago, Imprenta de la Opinión, 1833. Posteriormente,
mediante una ley complementaria se estableció que para gozar de derecho
a voto, los ciudadanos debían poseer “una propiedad inmueble de diez
mil pesos, o un capital en giro de dos mil”, prohibiendo expresamente
que fueran calificados como electores los soldados, cabos y sargentos
del ejército permanente y los jornaleros y peones gañanes. Rafael
Sotomayor Valdés, Historia de Chile bajo el gobierno del general D.
Joaquín Prieto, Santiago, Imprenta y Litografía Esmeralda, 1900, 2ª
ed., vol. I, págs. 270 y 271.

18 Campos Harriet, op. cit., págs. 363 y 364. Entre los análisis
críticos de la Constitución de 1833 conviene destacar: Julio César
Jobet, Ensayo crítico del desarrollo económico-social de Chile,
Santiago, Editorial Universitaria, 1955, págs. 33-35; Sergio Villalobos
R., Portales, una falsificación histórica, Santiago, Editorial
Universitaria, 1982, págs. 107-112.

19 Hacia fines de 1858 los liberales intentaron crear opinión pública a
favor de la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Para ello
fundaron clubs políticos y periódicos en Santiago, Valparaíso, San
Felipe, Talca, Concepción, Los Ángeles, La Serena, Caldera y Copiapó.
Pero sus esfuerzos fueron anulados por las medidas autoritarias
adoptadas por el gobierno de Manuel Montt, que decretó el estado de
sitio el 12 de diciembre, cerró los centros opositores y encarceló a
las principales figuras del liberalismo. El Club de la Unión de
Santiago y el periódico La Asamblea Constituyente fueron los
principales blancos de la represión gubernamental. Benjamín Vicuña
Mackenna, Isidoro Errázuriz, Ángel Custodio Gallo y los hermanos Manuel
Antonio y Guillermo Matta, entre otros, fueron encarcelados y sometidos
a proceso por sedición. Poco después los opositores se alzaron en
armas, pero al cabo de unos meses de combates su “Revolución
Constituyente” fue aplastada por el gobierno. Pedro Pablo Figueroa, La
Revolución Constituyente (1858-1859), Santiago, Imprenta Victoria,
1889; Luis Vitale, Interpretación marxista de la historia de Chile,
Santiago, Prensa Latinoamericana, 1973, 2ª ed., tomo III, págs.
249-287; Grez, op. cit., págs. 401-438.

20 Sobre el proyecto populista alessandrista, véase, Julio Pinto y
Verónica Valdivia, ¿Revolución proletaria o querida chusma? Socialismo
y Alessandrismo en la pugna por la politización pampina (1911-1932),
Santiago, Lom Ediciones, 2001; Sergio Grez Toso, “El escarpado camino
hacia la legislación social: debates, contradicciones y encrucijadas en
el movimiento obrero y popular (Chile: 1901-1924)”, en Cuadernos de
Historia, Santiago, diciembre de 2001, págs. 160-178 y “¿Autonomía o
escudo protector? El movimiento obrero y popular y los mecanismos de
conciliación y arbitraje (Chile, 1900-1924)”, en Historia, vol. 35,
Santiago 2002, págs. 138-149.

“La formación del Comité Obrero Nacional”, Justicia, Santiago, 27 de enero de 1925.

21 Salvador Barra Woll, “Nuestros puntos de vista. La Constituyente y sus bases”, Justicia, Santiago, 29 de enero de 1925.

22 “Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales”, Justicia, Santiago, 8 de marzo de 1925.

23 “El nuevo gobierno del país. Las bases del próximo Congreso
Constituyente de Asalariados e Intelectuales”,  Justicia, Santiago, 1
de febrero de 1925.

24 Ibid. La pretensión del Partido Comunista de asegurar una cuota de
cuatro representantes de sus filas en la “Constituyente chica”, fue
rechazada por la mayoría de los integrantes del Comité Obrero Nacional
que adujeron que dicho partido ya estaba representado a través de los
delegados de la Federación Obrera de Chile. Esta decisión motivó el
retiro del representante comunista del Comité Obrero Nacional y la
acusación en contra de ese organismo de dar espacio a “elementos de
partidos burgueses”. “Las actividades obreras alrededor del movimiento
militar”, Justicia, Santiago, 5 de febrero de 1925; “Actividades del
Comité Ejecutivo Nacional”, Justicia, Santiago, 9 de febrero de 1925.


25 “La delegación del Comité Obrero Nacional”, Justicia, Santiago,
16 de febrero de 1925; “Lota. Ecos de la jira hecha por el Comité
Nacional Obrero”, Justicia, Santiago, 21 de febrero de 1925. En algunas
provincias como, por ejemplo, en Llanquihue, se efectuaron convenciones
regionales pro Asamblea Constituyente. “La Gran asamblea de anoche de
obreros e intelectuales. Se forma el Comité Obrero Rejional”, La
Jornada Comunista, Valdivia, 13 de febrero de 1925; “La Convención
regional de Llanquihue pro-Asamblea Constituyente”, La Jornada
Comunista, Valdivia, 19 de febrero de 1925.

26 Rossel había sido nombrado por la Junta de Gobierno militar como
miembro oficial de la comisión de festejos en honor al Presidente
Alessandri con motivo de su retorno al país. “Asamblea Constituyente de
obreros e intelectuales”, Justicia, Santiago, 10 de marzo de 1925.

27 Ibid.; “Asamblea Constituyente de obreros e intelectuales”,
Justicia, Santiago, 12 de marzo de 1925; “El grandioso triunfo del
Comunismo en la Asamblea Obrera e Intelectual” y “El Congreso
Constituyente de Obreros e Intelectuales pone fin a sus labores el
Miércoles en la noche”, Justicia, 13 de marzo de 1925; Carlos Contreras
Labarca, “Una polémica que debe terminar”, Justicia, Santiago, 17 de
marzo de 1925; “La opinión de ‘El Mercurio’ sobre la actuación que cupo
a los trabajadores”, Justicia, Santiago, 18 de marzo de 1925. “¡Alerta
comunista!”, Justicia, Santiago, 28 de marzo de 1925.


29 “Principios constitucionales de la República de Chile. Aprobados
por la Asamblea de obreros e Intelectuales”, Justicia, Santiago, 14 de
marzo de 1925; “Principios porque debe luchar el proletariado en las
elecciones para la Constituyente. Aprobados en el Congreso de
Asalariados e Intelectuales celebrado en Santiago el 8 de marzo de
1925”, La Jornada Comunista, Valdivia, 4 de junio de 1925.

30 Manuel A. Silva R., “El Congreso de asalariados y los debates
doctrinarios. La Cámara gremial a base gremial”, Justicia, Santiago, 22
de marzo de 1925.

31 Gabriel Salazar V., “Movimiento social y construcción de Estado: la
Asamblea Constituyente popular de 1925”, Documentos de Trabajo, Nº133,
Centro de Estudios Sociales y Educación SUR, Santiago, noviembre de
1992, pág. 15.

32 Arturo Alessandri Palma, Recuerdos de gobierno, Santiago, Editorial
Nascimento, 1967, tomo II, págs. 167-163; Gonzalo Vial, Historia de
Chile (1891-1973), Santiago, Empresa Editora Zig-Zag S.A., 2001, vol.
III, págs. 536 y 537. Es importante destacar que casi todos los
dirigentes sociales militaban en algún partido político: Carlos
Contreras Labarca, Víctor L. Cruz y Manuel Hidalgo eran destacados
líderes del Partido Comunista; Fernando García Oldini y Onofre Avendaño
eran dirigentes del Partido Democrático.

33 Alessandri, op. cit., pág. 173.

34 Vial, op. cit., vol. III, pág, 537.

35 El Presidente Alessandri y su gobierno,  Santiago, Imprenta Guttenberg, 1926, pág. 351.

36 “Sobre la Constituyente”,  Justicia, Santiago, 30 de marzo de 1925.

37 Alessandri, op. cit., tomo II, pág. 173. Sobre las razones que
motivaron el cambio de posición de Alessandri respecto de la forma cómo
debía gestarse la nueva Constitución, véase también, Vial, op. cit.,
vol. III, págs. 532-536.

38 Alessandri, op. cit., tomo II, págs. 177 y 178. En realidad, el
único miembro de la “Constituyente chica” que participó en la única
comisión gubernamental que funcionó, fue el comunista Manuel Hidalgo.
Ignoramos si el demócrata Nolasco Cárdenas, que también fue invitado a
formar parte de ella, había participado en la Asamblea de Asalariados e
Intelectuales.

39 Salazar, “Movimiento social…”, op. cit., pág. 15. Sobre la “Cámara
funcional” como alternativa a las “Cámaras políticas”, véase Manuel A.
Silva R., “El Congreso de los Asalariados y los debates doctrinarios.
La Cámara funcional a base gremial”, Justicia, Santiago, 22 de marzo de
1925.

40 Alessandri, op. cit., tomo II, pág. 229.

41 Op. cit., tomo II, págs. 189-242.

42 Vial, op. cit., vol. III, págs. 539-546; Alessandri, op. cit., tomo II, págs. 228 y 229.

43 Vial, op. cit., tomo III, pág. 546. Las cursivas corresponden a destacados o cursivas en el original.

44 Alessandri, op. cit., tomo II, págs. 235 y 236.

45 Vial, op. cit., tomo III, pág. 548.

46 El texto íntegro de la Constitución de 1925, con indicación de las
reformas que sufrió posteriormente se encuentra en:
http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=131386

47 Al cabo de algunos años, los únicos elementos que no eran totalmente
dóciles al gobierno dejaron de integrar esta comisión: Alejandro Silva
Bascuñán y Enrique Evans abandonaron la comisión, molestos por la
lentitud de su trabajo y por su oposición al decreto ley de disolución
de los partidos políticos; más tarde, Jorge Ovalle fue separado del
grupo al ser objetado por Pinochet por su cercanía con el general
Leigh, y en 1979 falleció el ex rector de la Universidad de Chile
Juvenal Hernández. Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda,
La historia oculta del régimen militar. Memoria de una época 1973-1988,
Santiago, Editorial Randomhouse-Mondadori, Mitos Bolsillo, 2004, 2ª
ed., págs. 425- 427.

48 Op. cit., págs. 426-441. Poco tiempo después, Jorge Alessandri,
profundamente irritado porque sus propuestas de relativa liberalización
del régimen no fueron tomadas en cuenta, renunció a su cargo de
Presidente del Consejo de Estado, pero no manifestó públicamente su
malestar y no se atrevió a “cruzar el Rubicón” que lo hubiera llevado a
formar parte de la oposición moderada, como se lo sugerían algunos
dirigentes democratacristianos. Cavallo, Salazar y Sepúlveda, op. cit.,
págs. 442, 443, 447 y 448.

49 Op. cit., págs. 440 y 441.

50 Robert Barros, La junta militar, Pinochet y la Constitución de 1980, Santiago, Editorial Sudamericana, 2005, págs. 411 y 412.

51 Cavallo, Salazar y Sepúlveda, op. cit., págs. 444- 456.

52 Op. cit., pág. 455.

53 Op. cit., págs. 456, 457 y 852.

54 Citado en Barros, op. cit., pág. 255. Las cursivas son nuestras.

55 Ramos, op. cit., pág. 212.

56 El “texto refundido, coordinado y sistematizado” de la Constitución
de 1980, que lleva la firma de Ricardo Lagos y sus ministros con fecha
17 de septiembre de 2005, se encuentra disponible en:
http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=242302

57 Informaciones sobre este movimiento en: http://chilenosconstituyente.blogspot.com

Disculpen la molestia: armados contra los pobres

Dos interesantes reflexiones sobre armamentismo, justicia y paz

Escrito por Eduardo Galeano    17/07/09

Si la
justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los
poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías.
¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?


¿Por qué
son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en
Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz
los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial
esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras
de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un
caso de “crimen organizado”?



Pero no
demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes
exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores
claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan
misiles.



Y uno se
pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar,
¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es
justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los
gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o Los
humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio
mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está
aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
enfermedad
curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad
internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?



¿Por qué
los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra
los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan
contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo
de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes
desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es
tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y
quien no tiene, no es?



¿Y por
qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está
organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria
militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte
de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia
cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en
un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable
para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia,
sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el
exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción
que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.



Esa
tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los
enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de
implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo?
¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores
profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad,
nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a
los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho
cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé
esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de
aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina. Δ



Eduardo Galeano. Escritor y periodista. Centro de Colaboraciones Solidarias.


2. El próspero negocio de matar


Por: Juan José Hoyos


 


Entre el 2001 y el 2007,
nuestro país gastó el 4,7% del PIB en armamento y seguridad, según un
estudio de la Contraloría General, publicado en la revista Economía
Colombiana. Eso ubica a Colombia por encima de la media del continente
americano y también por encima de lo que han gastado otros 27 países en
los que hay conflictos militares parecidos al nuestro.
www.elcolombiano.com  Publicado el 19 de julio de 2009



 







En medio
de una de las peores crisis de la economía mundial, es una de las pocas
industrias que no ha registrado pérdidas. Sus ventas han aumentado casi
el 50% en los últimos diez años. Según el informe anual difundido por
el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo
(Sipri), en 2008 llegaron a 1.464 billones de dólares, un monto nunca
antes visto. Es la industria del armamento. La Organización de Naciones
Unidas dice que, en términos reales, se trata de la cifra más alta
desde la Guerra Fría, y multiplica por 15 los gastos actuales en
asistencia humanitaria y en promoción del desarrollo en los países del
Tercer Mundo. La cifra equivale al 2,4% del Producto Interno Bruto
(PIB) mundial y a 217 dólares por cada habitante del planeta. Esto
quiere decir que el gasto en armas supera en 190 veces los fondos que
se destinaron este año para la lucha contra el hambre.



"La
crisis financiera global todavía no ha repercutido en los ingresos y
beneficios de las grandes empresas fabricantes de armamento" dice el
Sipri, luego de explicar que la industria armamentística, al contrario
de la del automóvil, depende del gasto de los gobiernos más que de los
consumidores. Por eso las fábricas de aviones de combate son hoy más
rentables que las de carros y aviones para el transporte de pasajeros.



Una
paradoja triste: los cinco miembros permanentes de la ONU (Francia,
Rusia, China, Estados Unidos y Reino Unido) son los dueños del 88% de
las exportaciones mundiales de armas convencionales. Con ellas mueren
cada año más de 500 mil personas.



Esto
demuestra que las guerras no solo cuestan muchas vidas humanas sino
mucho dinero. El país que más gastó en armamentos fue Estados Unidos.
Las ofensivas militares de sus tropas en Irak y Afganistán, ordenadas
por el presidente George W. Bush, generaron un gasto suplementario de
903 mil millones de dólares solo para Estados Unidos entre 1999 y 2008.
Por eso sus gastos militares representan casi el 42% del total del
mundo y son superiores a los de los 14 siguientes países de la lista de
la ONU, sumados uno con otro. Este es el presupuesto militar más alto
gastado por un solo presidente de E. U. desde la Segunda Guerra Mundial.



Israel
es el único país que lo aventaja en el promedio de gastos militares en
relación con el número de habitantes. Israel gasta en defensa 2.300
dólares por persona, 300 más que el gobierno norteamericano. Los
gobiernos de los países pequeños y ricos del Golfo Pérsico también han
incrementado sus gastos en proporciones desmesuradas. Arabia Saudita,
por ejemplo, ocupa el noveno lugar en gastos militares brutos y es el
sexto en los gastos de acuerdo con el número de sus habitantes.



China y
Rusia, por su parte, triplicaron sus gastos en armamento en los últimos
diez años. En 2008, China se convirtió por primera vez en el segundo
comprador de armamento del mundo. Sus compras alcanzaron la suma de 84
mil 900 millones de dólares, lo que representa un 6% de los gastos
militares en el mundo, por encima de Francia y Gran Bretaña.



Mientras
tanto, el gasto militar combinado de los doce países de América del Sur
creció en un 50% en la última década y alcanzó un récord de 50 mil
millones de dólares. En esta región, Colombia solo fue superada por
Estados Unidos y por Chile. Entre el 2001 y el 2007, nuestro país gastó
el 4,7% del PIB en armamento y seguridad, según un estudio de la
Contraloría General, publicado en la revista Economía Colombiana . Eso
ubica a Colombia por encima de la media del continente americano y
también por encima de lo que han gastado otros 27 países en los que hay
conflictos militares parecidos al nuestro.



Dicen que las cifras no mienten. Pero que asustan? ¡asustan!


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Asamblea Nacional por los Derechos Humanos


Carabineros de Chile 33 Of.3 Sede Agrupación Familiares Ejecutados Políticos (AFEP)


asambleanacionalporlosddhh@gmail.com

Nuestra renuncia (al Partido Comunista) no es a la lucha, ni a los principios e ideales

Señores
Partido Comunista de Chile
Presente

De nuestra consideración:
                                         Por la presente queremos comunicarles la renuncia indeclinable a nuestra militancia, al que fuera alguna vez el glorioso Partido Comunista de Chile, las razones para tomar tal decisión se deben a la sistemática descomposición moral de nuestra dirigencia, al abandono por parte del Partido de los principios revolucionarios que siempre nos rigieron, al dejar abandonada a su suerte a la clase obrera, al hacer vista gorda de la corrupción de miembros de nuestro Comité Central sin tomar ningún tipo de medidas, de desnaturalizar los principios del Centralismo Democrático, de impedir por todos los medios que la militancia se exprese, perpetuando de esta forma a una camarilla que actúa con métodos mafiosos para mantenerse al frente de la Dirección, pasando por encima incluso de las resoluciones adoptadas por nuestra máxima autoridad, que es el Congreso Nacional, para sacar o poner dirigentes a su antojo.

                                          Las mentiras sistemáticas, la desinformación permanente, parecen ser los instrumentos normales de funcionamiento para lograr pavimentar el camino que nos conduce inexorablemente a los brazos de la Concertación, cumpliendo con esto el  viejo sueño del imperialismo: destruir  al Partido desde dentro, expresado muy claramente en los Documentos de Santa Fe y que nuestros máximos dirigentes, como alumnos aventajados, se esmeran en realizar muy bien dicha tarea, deshonrando con esto a todos nuestros mártires y próceres, empezando con Luis Emilio Recabarren, Elías Lafferte, Ricardo Fonseca, Galo González y sus continuadores: los cientos y miles de muertos y torturados. También constituye una deshonra para aquellos que ofrendaron sus vidas y la seguridad de sus familias en pos del derrocamiento de la Dictadura, toda gente de las más diversas condiciones sociales, pero que los animaba la convicción de que éste, el Partido de Recabarren, Neruda y Víctor Jara, el Partido que se mantuvo más fiel al Gobierno de Salvador Allende, sí podía ser la organización que encabezara la Revolución Chilena, gracias a la cual por fin podría nuestro pueblo y en especial los trabajadores, ver la construcción del Socialismo en Chile.

                                          Nosotros nos mantuvimos dentro del Partido con la esperanza de que este estado de cosas podía cambiar, debido a que la militancia en general es esencialmente honesta y limpia, y de que a muchos de los cuadros que hoy día no están en los cargos de dirección los sigue animando la pureza de sus ideales; pero mediante los mecanismos de control y de coerción ejercidos sin freno ni contrapeso, y utilizando mañosamente una de las mejores características de nuestra militancia (y que en un tiempo fue nuestro orgullo), nos referimos a la disciplina militante, todo ello con el fin de  mantener al Partido, a pesar del descontento generalizado, anclado a una estructura  que ya hace mucho dejó de ser revolucionaria y que además, dejó de ser el Partido de la Clase Obrera, para convertirse en un partido socialdemócrata, funcional al sistema neoliberal, que para lo único que sirve hoy es para satisfacer los apetitos de poder de esta camarilla enquistada en nuestra orgánica, camarilla que no ha escatimado recursos (incluso la traición al pueblo de Chile y en especial  a su clase obrera) para lograr sus propósitos. 

                                          La decisión que hoy día tomamos no ha sido fácil, más bien nos resulta dolorosa, debido a que la mayoría de nosotros nos hicimos y nos formamos en el Partido, pero estamos convencidos de que no abandonamos a un partido revolucionario, sino a una cáscara vacía, sin principios ni moral revolucionaria.

                                           Nuestra renuncia no es a la lucha, ni a los principios e ideales: ser comunista es una forma de vida, y consecuentemente con esto nos quedaremos ocupando las trincheras que el Partido nunca debió haber abandonado, por lo tanto seguiremos haciendo el trabajo ideológico, político y de agitación inmersos en la clase obrera, seguiremos editando nuestro Boletín, seguiremos haciendo propaganda, seguiremos en los conflictos sociales. En resumidas cuentas queremos con nuestro compromiso honrar la memoria de nuestros héroes.

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!
 
                                                              CÉLULA MICHEL NASH
                                                    COMUNAL AMÉRICO ZORRILLA
                                                                     SAN MIGUEL
                                                    PARTIDO COMUNISTA DE CHILE

 

América Latina (1760-2010) / 1

América Latina (1760-2010) / 1

Escrito por José Steinsleger, on 15-07-2009 15:39

En Honduras y América Latina el enemigo es, cómo no, Hugo Chávez y la revolución bolivariana. Y antes de Hugo, Fidel y la revolución cubana. Y antes, los chicos de Moscú. Y antes, los nacionalistas populares. Y antes, los liberales desmelenados. Y antes, los caudillos de la independencia. Y siempre, ayer y hoy, los pueblos de color.

Identifiquemos las cuatro semillas de nuestra identidad política moderna: el impacto de las reformas borbónicas en América española (1760-1788); la independencia de Estados Unidos (1776); la revolución francesa (1789); la lucha antiesclavista y anticolonial de Haití (1791-1804). Y a riesgo de ser esquemáticos, fijemos los cinco periodos que zarandearon el proceso emancipador de nuestros pueblos:

1790-1830. Los hijos rebeldes de las elites criollas se adhieren a las ideas de la Ilustración y a los ideales de la Constitución estadunidense. Cuando Napoleón invade España (1808), los criollos forman juntas emancipadoras (1809-10). Hidalgo, Bolívar y Artigas serán sus líderes más esclarecidos. La guerra no tarda en llegar. Con excepción de Cuba y Puerto Rico, España pierde sus posesiones en América (batalla de Ayacucho, 1824). México y Buenos Aires se desentienden de la independencia. Las oligarquías más tenaces y racistas se hacen fuertes en Colombia, Venezuela y Perú.

1830-1870. Luchas entre liberales y conservadores. Washington piensa la doctrina Monroe (1823) contra la Santa Alianza europea, pero la dirige contra México, que pierde la mitad de sus territorios (1848). En el decenio de 1860 (sacando partido de la guerra civil de Estados Unidos), Francia interviene en México. En tanto, Inglaterra financia la guerra que reduce a cenizas el recio nacionalismo de Paraguay (guerra de la Triple Alianza: Argentina, Brasil, Uruguay, 1865-70).

1870-1910. Los liberales sueñan con ser progresistas. No obstante, su racismo científico los condena a ser meros gerentes del capital extranjero. En Chile, Londres estimula el expansionismo oligárquico-militar: Bolivia queda sin mar (Guerra del Pacífico 1879-84).

En Ecuador, el liberal Eloy Alfaro emprende una revolución laica y anticlerical (1895). Más al sur, las grandes migraciones europeas modifican el mapa demográfico subregional. Estados Unidos ocupa Puerto Rico, interviene en la guerra independentista de Cuba contra España, apoya la independencia de Panamá y ocupa la estratégica zona del canal interoceánico. A inicios del nuevo siglo, las cañoneras del imperio imponen su voluntad en las naciones de la cuenca caribeña.

1910-1950. En coincidencia con el primer centenario de la independencia, México estremece al mundo y a los pueblos de América con una revolución de amplios alcances políticos y sociales. Sus ideas llevan sello liberal, pero sus acciones son revolucionarias porque surgen del llano y responden a paradigmas desconocidos por la cultura universal.

Inquietos por el México bronco, los yanquis aprietan las tuercas de la dominación en América Central y el Caribe. No obstante, en Nicaragua muerden el polvo de la derrota a manos de Augusto C. Sandino. De filiación liberal, Sandino será la primera expresión concreta de lucha nacional, popular y antimperialista.


Simultáneamente, el impacto de la crisis capitalista mundial (1929) desconcierta a las oligarquías feudales y a las burguesías gerenciales del capital extranjero. Pero también a otros sectores que, inspirados en la revolución rusa (1917), creen en la universalidad de las burguesías y los proletariados. En México, Argentina y Brasil, otras corrientes se plantean si es posible defender la soberanía y la justicia social, sin desarrollar la industria nacional.

1950-1990. Con mayor y menor intensidad, América Latina ensaya distintas experiencias de industrialización. Los tecnócratas imponen nuevos eufemismos: desarrollo y crecimiento. Pero el crecimiento se hará a expensas del desarrollo social. Golpes militares proyanquis, luchas políticas interoligárquicas, centrifugaciones ideológicas burguesas. Cuba proclama el carácter socialista de su revolución (1959-61). Grandes movilizaciones obreras, insurgencias populares armadas. Triunfo de la Unidad Popular en Chile (1970).

Violento freno a la industrialización. Terrorismo de Estado. Estabilización macroeconómica, ajustes estructurales, crisis del petróleo y recomposición de la economía mundial, vía revolución tecnológica. La deuda se dispara. América Latina, exportadora de capitales. El Estado: obra de demolición del sector público. Economía mundial de mano de obra barata, aparición del sector informal, hiperinflación y aparición del narcotráfico. La pobreza como sistema: el neoliberalismo desmantela los avances relativos en salud, empleo, alimentación, educación y vivienda.

En el decenio de 1990 el llamado Consenso de Washington ordena: el mercado –y no la política– tomará las decisiones. Crecimiento hacia afuera, volatilización del dinero, privatizaciones, desagrarización, corrupción institucional. No pocos sectores de izquierda se tragan el cuento: fin de la historia y de las ideologías. Dictadura mediática, inseguridad y criminalización de la lucha social.

El aborto: una visión posmoderna

El aborto: una visión posmoderna

por Roberto Avila Toledo
Se ha venido desarrollando una polémica pública acerca de los llamados temas valóricos. El debate aún no alcanza el nivel necesario que le permita entrar en los aspectos sustanciales del tema. No podemos abrigar grandes esperanzas en que ello pueda en definitiva llegar a ocurrir pues vivimos  en un país con una opinión pública culturalmente devaluada y con sus liderazgos políticos conformados en general por mediocres que han visto en la cosa publica un medio de ganarse el sustento.


Hay presidentes de partidos, y lo digo en serio, que dificulto tengan su educación media completa. Pedirles a los que hacen rimbombantes discursos parlamentarios sobre los valores que hayan leído a  Max Scheler es hablarles en arameo antiguo.

Se discute el tema de una manera falsa y eufemística. El debate se plantea con propósitos electorales, es simplemente la táctica electoral concertacionista que busca poner en aprietos al candidato presidencial de sus cohabitantes en la administración del modelo neoliberal.

Situar el debate en el aborto terapéutico solo permite establecer nuestro provincianismo cultural. El tema real es simplemente el aborto.

Si hablamos de valores lo primero que deberíamos establecer si estos existen o no, o si la valoración de una conducta es simplemente una reacción psicológica como nos plantea con tantos fundamentos el realismo jurídico escandinavo. Suponer que en el aquí y ahora el mundo real existen conductas que llevan adheridas connotaciónes que están fuera de la realidad (metafísica) es volver al ser humano, en su conciencia de si, a los tiempos del misticismo mágico de las sociedades primitivas.

La posmodernidad es la puesta en tensión de las grandes verdades totalizantes de la modernidad, significa reconocer que, particularmente en el campo de lo ético, la verdad se nos muestras difusa y esquiva como una estrella danzante.

Pero aún la modernidad de la mano de Kant ya había avanzado mucho cuando este señaló  ”las estrellas sobre mi la moral en mi corazón”. Chile paisito que con un  arribismo ridículo pretende entrar a la OCDE legisla sobre la moral. Por favor.

Suponer la existencia de la verdad objetiva en el campo ético es una pretensión arrogante sin base alguna en la realidad. Quienes bajo las trompetas del humanismo cristiano predican verdades universales y entre líneas se autoatribuyen la posesión del bien no hacen sino anunciar la noche oscura de las imposiciones totalitarias. Todo dueño de la verdad querrá tarde o temprano imponerla.

Pero, el mundo, ya vive una condición posmoderna que no sólo se desenvuelve a nivel del pensamiento filosófico sino en la praxis concreta de millones y que en su contenido esencial desconfían de las verdades absolutas y prefieren las verdades parciales, fragmentarias y respetuosas del otro.

El humanismo cristiano es un metal de madera. Un autentico cristiano solo puede concebir al hombre como un cordero de dios, ¿qué queda allí del humanismo?. El humanismo es la reinstalacion del hombre y su razón en el centro del universo; el gran Erasmo de Rótterdam, aprendan los ignorantes, dejen de mentir los falsificadores de la historia.

Que en Chile la sexualidad pretenda ser pauteada por la Iglesia católica cuyos cuadros permanentes por definición se privan de la misma es una contradicción in adjecto. Los que no fornican les dicen a los que si lo hacen el como cuando y donde.

El humanismo puede tener muchas formas, pero su expresión más radical es el socialismo, que es la doctrina que busca liberar al hombre tanto de sus cadenas económicas como ideológicas.

Sin certezas en lo axiológico y con una voluntad libertaria el socialismo libertario sólo puede promover en éste ámbito el derecho de cada persona a disponer de su propio cuerpo. Esa es la única verdad, llena de tolerancia, aceptable para un mundo que ya vivió las barbaries de los totalitarismos.

La práctica del aborto aún se mantiene como una figura delictiva en el Código Penal chileno.

Esta situación ha venido siendo despenalizada progresivamente en un número creciente de países. Esto es perfectamente explicable si consideramos que la tendencia moderna del derecho penal es entenderse a sí mismo como una normativa de última fila; es decir, aplicable sólo a las conductas en que no sea posible sancionar o reprimir de otra manera.

En Chile se practica desde siempre un elevado número de abortos, que en sus condiciones sanitarias dependen de las capacidades económicas de la participante. Pero, a partir del control abrumador que sobre los medios de comunicación mantienen los sectores conservadores de nuestra sociedad, articulados con el repliegue cultural del progresismo que tan predispuesto se muestra a las libertades en lo económico, se ha instalado un discurso impositivo antiaborto que pretende ser también y simultáneamente una defensa del derecho a la vida. El cinismo de nuestra sociedad.

Quienes más propician esta supuesta defensa del derecho a la vida asintieron tácitamente con su silencio a las violaciones a los Derechos Humanos bajo la dictadura militar, cuando no participaron directamente en ellas.

Parlamentarios que dicen defender la vida de un grupo de células, simultáneamente decretan un sueldo mínimo de hambre, propio del Africa subsahariana,  a la vez que se fijan, por si y ante si, sueldos millonarios que los sitúan como la clase política mejor pagada de América Latina.

El derecho a practicarse un aborto dice directa relación con la capacidad de una mujer de disponer de su cuerpo. O la mujer dispone de su cuerpo o lo hacen por ella los predicadores oscurantistas del conservadurismo católico en nuestra sociedad. Quiero que mi hija disponga de su cuerpo y no un predicador del Opus Dei con votos de castidad o un demagogo hablando sobre lo políticamente correcto. No se observan razones para que quienes tenemos concepciones científicas de la vida debamos sujetarnos a las concepciones éticas de quienes -esto también es respetable- son presa de supersticiones de diversa índole.

Si el suicidio no está penado y el auto inferirse lesiones tampoco, ¿por qué podría estarlo el aborto?

La situación llega a límites intolerables. El chantaje conservador es de tal magnitud que se discute si una mujer violada puede practicarse o no un aborto. Me gustaría saber si alguno de los dirigentes de la UDI se opondría si una de sus hijas fuera la violada.

Según la encuesta Casen, tan atemperada como se sabe, 842 mil chilenos viven con menos de un dólar diario. Estos compatriotas que subsisten como pueden no reciben gesto alguno de las organizaciones conservadoras y reaccionarias que hacen auto de fe respecto del aborto.

Hay cosas de fondo que tienen relación con una verdadera concepción de la modernidad. Reducir la sexualidad a la procreación es volver al oscurantismo de Tomás de Aquino, San Agustín y Torquemada. La liberación del hombre/mujer de las supersticiones de la edad media, implicó necesariamente la reivindicación autónoma/nihilista/hedonista del placer de la sexualidad.

Si Chile no fuera el rebaño de corderos que es, la gente debería indignarse con los sueldos miserables, las largas jornadas de trabajo, los abusos de las AFP y que más encima no los quieran dejar siquiera fornicar.

No promuevo el aborto, respeto el derecho de las mujeres a disponer sobre su propio cuerpo.

ROBERTO AVILA TOLEDO

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roberticochile@yahoo.es

RESOLUCIONES DEL TERCER ENCUENTRO NACIONAL DE EX PRISIONEROS POLÍTICOS. SANTIAGO.

Enviado por   Derechos Ciudadanos

La doble jornada realizada por los ex Presos Políticos, los días 27 y 28 de junio, estuvo marcada por el análisis del temario propuesto desde la perspectiva amplia de los Derechos Humanos. Hubo consenso en que de otra forma no es posible entender, difundir, ampliar y sacar adelante la Plataforma Unitaria aprobada en Quillón el año 2006.

Las tres comisiones que sesionaron la tarde del sábado 27 coincidieron en ratificar, en lo medular, la vigencia de dicha Plataforma como punto de partida para diseñar la estrategia, el programa y la metodología que regirán las luchas de los ex PP en el futuro inmediato.

 LOS EX PP Y EL ESTADO

Ratificando lo expresado en el informe central, este Tercer Encuentro Nacional Unitario declara que los ex Presos Políticos y sus Familiares son un componente real, organizado y con opiniones propias del movimiento social chileno, independiente de todo tutelaje. Su tarea de largo plazo es la interpelación al Estado post dictadura para que cumpla los compromisos que le imponen el Derecho Humanitario Internacional y la deuda ética que tiene con la movilización popular que le abrió camino, con sangre y sufrimientos propios, al provocar la caída del dictador.

Sería un error mayúsculo entender que las luchas de los ex PP están dirigidas contra una coalición política en particular o contra un sector social de la nación. Este Tercer Encuentro Nacional señala que son las instituciones estatales, las autoridades que las componen y la propia sociedad, quienes deben responder a este emplazamiento que se da en cuatro ejes fundamentales:

La Verdad de lo ocurrido con los DD HH, las víctimas, los sobrevivientes, los familiares y el conjunto de la sociedad, bajo el rigor del Terrorismo de Estado del gobierno militar;

La Justicia que se debe expresar en la ruptura de los lazos de impunidad y la identificación, juzgamiento y castigo a los victimarios;

          La Reparación justa, adecuada, oportuna y proporcional al daño causado, entendida como un derecho de las víctimas y un compromiso del Estado.

El Respeto a los DD.HH. en el Chile de hoy y el del futuro, componente que está ausente en los planteamientos de algunos dirigentes de los ex PP y que está en el discurso del Estado, pero no en la práctica cotidiana.

La Verdad y la Justicia están hoy mediatizadas por el modelo imperante de cogobierno que limita a la Concertación a los acuerdos que la derecha le impone. De esta forma los pocos avances en DD HH, están contrarrestados por enclaves profundos de impunidad. Basta mencionar la vigencia del decreto de auto amnistía, el criterio judicial de media prescripción, la aplicación de la ley antiterrorista al pueblo Mapuche, la represión impune al movimiento social, la lentitud o nula voluntad por ratificar los tratados pendientes en DD HH, la calificación para la reparación a los victimarios (normas transitorias del INDH) o los 50 años de silencio sobre los nombres de los torturadores.

Los juicios de DD HH se eternizan por lo que se hace necesario un cambio en el Derecho Procesal Civil para reemplazar los juicios de hacienda por juicios sumarios y el nombramiento de jueces exclusivos que agilicen los procesos.

En cuanto a la Reparación , los ex PP reiteran que se trata de un derecho consagrado por la jurisprudencia internacional y no una dádiva originada en los gobiernos de turno o en las bancadas parlamentarias. La Resolución 60/147 de la ONU establece (Principio IX, Nº 20) que parte de la reparación es “la indemnización, que ha de concederse, de forma apropiada y proporcional a la gravedad de la violación y a las circunstancias de cada caso, por todos los perjuicios económicamente evaluables que sean consecuencia de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos o de violaciones graves del derecho internacional humanitario, tales como los siguientes:

                    a) El daño físico o mental;

                    b) La pérdida de oportunidades, en particular las de empleo, educación y

                    prestaciones sociales;

                    c) Los daños materiales y la pérdida de ingresos, incluido el lucro cesante;

                    d) Los perjuicios morales;

                    e) Los gastos de asistencia jurídica o de expertos, medicamentos y servicios médicos y

                             Servicios psicológicos y sociales.

Las víctimas no pueden renunciar a la Indemnización y el Estado no debe escamotearla, ni siquiera bajo la hipócrita consigna de “reparación austera y simbólica”.

Entendida en el marco de los cuatro ejes enunciados más arriba, la Reparación es sólo una de las tareas que asumen los ex PP y debe ser parte de la demanda social en la lucha contra la impunidad y por el respeto a los derechos esenciales del hombre. Es por esta razón que este Tercer Encuentro Nacional de ex PP considera que la Plataforma Unitaria no puede estar centrada exclusivamente en la reparación y que las demandas del sector no terminan en los doce puntos que se le plantearon al gobierno para mejorar los efectos de la Ley N º 19.992 (ley Valech).

La dedicación de esfuerzos importantes al tema del respeto irrestricto a los DD HH en el Chile de hoy y del futuro, es uno de los grandes vacíos que ha tenido la conducción de los ex PP. Este tema está en el centro de las diferencias que nos distancian del Comando Unitario. El ejemplo más claro, aunque no el único, es el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) que el gobierno negoció con la derecha en el Senado y en la Comisión Mixta. En ambos casos estuvo ausente el movimiento social, al menos el que se considera independiente, sin embargo después aparece conminado a apoyarlo a cambio de tres magras reivindicaciones que son, en sí, también cuestionables.

Este Tercer Encuentro declara rotundamente su rechazo al Proyecto de ley que crea el INDH en las condiciones actuales, por las razones mil veces expuestas por los ex PP y porque es inaceptable que el proyecto entienda que los derechos humanos se reducen sólo a aquellos reconocidos por los tratados internacionales ratificados por los órganos competentes de nuestro país,  en circunstancias que la propia Corte Suprema de Chile ha sostenido que son derechos humanos también aquellos contenidos en resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en los llamados principios generales del Derecho Internacional y en el Derecho Humanitario Internacional. En su lugar se pronuncia por un órgano que se ajuste a los Principios de Paris, sobre todo, en lo que se refiere a la autonomía política del Estado (siete representantes estatales en su Directorio, sobre once es un criterio inaceptable) y que sea discutido democráticamente con la sociedad civil más que con los partidos políticos del sistema binominal.

De igual forma se ratificó el rechazo al mal llamado traspaso del beneficio educacional, por ser un acuerdo entre el Comando Unitario y el Gobierno con el único objetivo de disminuir el costo de la reparación, torciendo así la voluntad expresada en la Ley Valech , por la simple vía administrativa. En consecuencia se rechaza también la adulteración a la plataforma de doce puntos acordada el año pasado y que en el Título III, art. 6 de la propuesta de ley de reparación vuelve a renunciar a la reivindicación educacional de la Plataforma Unitaria , conformándose con el Traspaso a un solo descendiente en lugar de la extensión del beneficio a toda la familia inmediata.

UNA SUBSECRETARÍA DE DD. HH.

En este Tercer Encuentro Nacional se planteó con fuerza la propuesta de que el  Estado proceda a crear una Subsecretaría de Derechos Humanos dependiente del Ministerio de Justicia o del Ministerio del Interior, o una institución equivalente.

Esta subsecretaría deberá recibir las denuncias y recabar los antecedentes de los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra ocurridos durante la dictadura militar o los que ocurran en el futuro. Será su obligación ponerlos a disposición de los tribunales competentes y de la opinión pública nacional e internacional a objeto de esclarecer los hechos.

Esta instancia será la encargada de dar curso a las QUERELLAS con la finalidad de identificar y castigar a los agentes del Estado y civiles involucrados en hechos de lesa humanidad. Estas querellas perseguirán la responsabilidad de los autores materiales, de quienes dieron las órdenes y de quienes crearon o facilitaron las condiciones políticas y sociales para instalar el Terrorismo de Estado.  De igual forma dará curso a las Demandas por indemnización que se deriven de los delitos investigados.

La Subsecretaría no puede  entenderse como una institución alternativa al Instituto Nacional de Derechos Humanos ya que su misión será servir de herramienta para que el Estado cumpla con las obligaciones que le impone el Derecho Humanitario Internacional.

Será frente a esta institución que el movimiento social interpelará al Estado, evitándose así la situación actual en que ninguna autoridad de gobierno o de los otros poderes se considera llamada a asumir las tareas de protección, promoción y respeto de los DD HH, como tampoco de resolver los temas de justicia y de reparación. 

En esta institución deberá radicar la responsabilidad de calificar, de modo permanente, a las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos y de Crímenes de Guerra ocurridos, o que ocurran, en el país.

 MOVILIZACIÓN

Han transcurrido 36 años desde que se inició la violación sistemática de los derechos fundamentales en Chile y la experiencia indica que no hay voluntad política para establecer la  verdad histórica, para juzgar a los culpables, para reparar adecuadamente a las víctimas y sus familiares y para garantizar el respeto a los DD HH.  La dilación, limítrofe con el engaño, ha sido la tónica de las respuestas del Estado frente a las demandas del movimiento social. Es lo que ha ocurrido, hasta el día de hoy, con la Nueva ley de Reparación para los sobrevivientes de Prisión Política y Tortura.

En consecuencia, el Tercer Encuentro Nacional ha resuelto impulsar su Plataforma Reivindicativa a través de movilizaciones de diverso tipo, apoyando y participando de la movilización social que busca profundizar la democracia.

El Secretariado Nacional de ex Presos Políticos, surgido de este evento Nacional, elaborará un calendario de movilización que comenzará la última semana de julio, sin perjuicio de las iniciativas que surjan desde las bases o que realice cada Comunal o Provincial.

 Una participación destacada tuvieron los representantes de otros sectores de víctimas del Terrorismo de Estado como son los Retornados del Exilio Político, las viudas y Familiares de ex PP  Fallecidos y los Marineros Constitucionalistas.

El Tercer Encuentro acordó incorporar las reivindicaciones de las Viudas y Familiares directamente en la Plataforma Unitaria , en la forma de criterios de heredabilidad y de reconocimiento a su condición de afectado directo por la represión que les reconoce el Derecho Internacional Humanitario.

En cuanto al Exilio, como a la Exoneración , las Organizaciones PRAIS y de Familiares de víctimas, se propone trabajar por construir un movimiento que ponga el acento en las reivindicaciones comunes vinculadas con los Derechos Humanos y potenciar en conjunto las demandas particulares.

 

PLATAFORMA UNITARIA DE LAS EX–PRISIONERAS Y EX–PRISIONEROS POLÍTICOS DE CHILE.

I.-       Reapertura permanente de la calificación por Prisión Política y Tortura.

1.  Mejorar difusión y emplear personal idóneo.

2.  Entregar un informe mensual de calificación para acceder de inmediato a los beneficios.

3.  Calificar la prisión política desde el primer instante de la detención. No es aceptable que se discrimine a quienes estuvieron menos de 5 días detenidos ya que en sólo unas pocas horas, muchos compañeros fueron ejecutados o quedaron con secuelas permanentes.

4. No calificar a agentes del Estado afectados por acciones de particulares, ya que eso corresponde desde siempre a la esfera del derecho penal.

 

II.-      Actualizar el ordenamiento jurídico chileno a los estándares del Derecho Internacional Humanitario.

  1. Anulación y sobreseimiento definitivo de las causas que todavía afectan a los sobrevivientes de Prisión Política y Tortura y restitución inmediata y automática de todos los derechos civiles y políticos conculcados a los ex-pp.
  2.   No aplicar el concepto de cosa juzgada a las causas de DD HH de acuerdo a la legislación internacional.
  3. El Estado apoyará jurídica, psicológica y socialmente a las víctimas de tortura, para Querellarse contra todos los que resulten responsables de delitos de lesa humanidad y, en particular, de violación al Convenio de Ginebra Relativo al Trato de Prisioneros de Guerra.
  4. Solicitar al Estado el nombramiento de jueces de dedicación exclusiva en los juicios de DD HH., en particular en las querellas y demandas de los ex PP, para los efectos de agilizar los procesos.
  5.  Cambiar al procedimiento de Juicios Sumario las demandas de Reparación en derechos humanos, en vez del lato juicio de hacienda. Permitir la conciliación e impedir que el Fisco alegue prescripción. De esta forma se daría rapidez y efectividad a los procesos judiciales por años estancados sin solución.
  6.   Ratificación y firma de todos los acuerdos, tratados y convenciones internacionales sobre DDHH.
  7.   Declarar inaplicable la auto amnistía en delitos de lesa humanidad.
  8.   Derogación de la Ley Antiterrorista.

 III.-    Eliminar enclaves de Impunidad.

 

1.  Derogar artículo Nº 15 de la Ley 19.992 que impone 50 años de silencio a  los testimonios de los Ex Prisioneros Políticos y que el Estado ponga los antecedentes en conocimiento de los Tribunales de Justicia.

2.  Eliminación de pensiones de reparación y por estrés de guerra, a autores de violaciones a los DDHH.

3. Tipificar los delitos de Tortura, Genocidio y crímenes de Guerra en la legislación chilena.

 

IV.-    Reparación adecuada, efectiva y rápida (resolución 60/147 ONU)

 

1.                 Eliminar la incompatibilidad de la pensión por prisión política y tortura con la pensión de exonerados y con cualquier otra pensión. Aplicable con efecto retroactivo.

2.                   Pensión reparatoria de un monto en concordancia con las recomendaciones hechas por la COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA.

3.                  Heredabilidad de la pensión vitalicia y por un 100%. La Pensión debe ser transmisible, en forma vitalicia y en un porcentaje igual al 100 %, al cónyuge, o a convivientes con quienes hubieran tenido hijos, sea que las víctimas directas hayan fallecido con anterioridad o con posterioridad a la entrega de su testimonio a la Comisión. En el caso de fallecimiento previo a esta ley, el pago se hará con efecto retroactivo.

4.                  Indemnización por prisión política.   La Convención Internacional Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos y Degradantes, fue ratificada por Chile en 1988 y se encuentra vigente.  Cabe destacar su artículo 14 que ordena:   “Todo Estado Parte velará por que su legislación garantice a la víctima de un acto de tortura la reparación y el derecho a una indemnización justa y adecuada, incluidos los medios para su rehabilitación lo más completa posible. En caso de muerte de la víctima como resultado de un acto de tortura, las personas a su cargo tendrán derecho a indemnización”.   Lamentablemente, las obligaciones contenidas en la Convención no han sido adecuadamente acogidas en nuestro ordenamiento legal interno, siendo necesario impulsar las medidas legislativas y administrativas que se ajusten a las obligaciones internacionales contraídas en tal Pacto. No se ha dictado la Ley que garantice a las víctimas de prisión política y tortura el derecho a una Indemnización justa y adecuada. Esto es un imperativo ético y jurídico. En cambio, el Consejo de Defensa del Estado opone la excepción de prescripción ante las demandas de las víctimas. La pensión reparatoria otorgada por la ley 19.992 constituye sólo una precaria rehabilitación en materia de previsión social. No es presentable que subsista impaga la deuda principal y que todavía nuestra legislación no garantice a las víctimas “el derecho a una indemnización justa y adecuada”. Tal obligación constituye un verdadero principio general del Derecho, preexistente en un rango constitucional y legal, de modo que su exigibilidad es indiscutible Siguiendo las consideraciones de la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos: "Es un principio de Derecho internacional, que la jurisprudencia ha considerado "incluso una concepción general de derecho", que toda violación a una obligación internacional que haya producido un daño comporta el deber de repararlo adecuadamente. La indemnización, por su parte, constituye la forma más usual de hacerlo"  Serán sujetos de tal beneficio también las víctimas de Extrañamiento, Relegación, Libertad controlada y Arresto domiciliario.

5.                 Atención de salud oportuna y eficiente. Ratificar, por ley, el universo actual de beneficiarios PRAIS. Completar la cuota de funcionarios del Servicio de Salud destinados al programa en Santiago y Regiones. Establecer mecanismos de prioridad en la atención.

6.                 El Beneficio Educacional debe extenderse a la pareja, a los hijos y nietos con gratuidad completa.

7.                 Vivienda gratuita para los sobrevivientes de Prisión Política y Tortura. Beneficio heredable por un descendiente. Condonar deuda habitacional de los ex PP.

 

 V.-    Desarrollar una doctrina militar democrática.

 

     1.   Los militares chilenos NO serán enviados a Escuelas de formación de torturadores.

     2.  El Estado tendrá control sobre la malla curricular, y su efectiva aplicación, en los Institutos Matrices y de formación de Personal. Especial acento se pondrá sobre la formación en el respeto más irrestricto a los DD HH.

     3.  Eliminar la discriminación social y política en el ingreso a las Escuelas Militares de las distintas ramas de las FFAA incluidas los Carabineros de Chile e Investigaciones de Chile.

     4.   Ningún civil podrá ser juzgado por Tribunales Militares. Los delitos cometidos por militares contra civiles serán vistos y resueltos por la Justicia Ordinaria.

     5.   Permitir la libertad de conciencia de los miembros de las FFAA. En la actualidad el imperio de la religión católica, como cuasi obligatoria, obliga a quienes profesan otros credos y a los no creyentes a participar en oficios religiosos católicos. Esto es muy marcado en la Marina.

 

VI.-    Garantizar el respeto a los Derechos Humanos.

 

1.  El Estado creará una Subsecretaría de DD HH dependiente del Ministerio de justicia o del Ministerio del Interior, o una institución equivalente, para: Recibir las denuncias y recabar los antecedentes de los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra ocurridos durante la dictadura militar o los que ocurran en el futuro; ponerlos a disposición de los tribunales competentes y de la opinión pública nacional; patrocinar y dar curso a las QUERELLAS y Demandas de las víctimas del Terrorismo de Estado. La Subsecretaría no es una institución alternativa al INDH ya que su misión será servir de herramienta para que el Estado cumpla con las obligaciones que le impone el derecho humanitario Internacional.

2.  Impulsar la creación de un Instituto Nacional de Derechos Humanos, para la promoción, ejercicio y defensa de los DD HH frente al Estado, con ajuste a las exigencias de los Principios de Paris en cuanto a autonomía, que no coopte al movimiento de DD HH, que permita la revocabilidad del mandato de los representantes sociales en el directorio y que tenga atribuciones efectivas en el ámbito de la justicia.

3. Nueva Constitución. Sólo en el marco de una Constitución democrática, diseñada en base a la voluntad e intereses populares, se pueden realizar a plenitud las demandas de los ex PP y avanzar de modo significativo en el respeto a los derechos individuales y colectivos.  La actual Constitución Política del País no resguarda los más elementales derechos de las personas y por consiguiente se convierte en un instrumento de violaciones a los DDHH de la población de nuestro País. Llamar a la creación de una “Asamblea Nacional Constituyente” que permita el cambio de la Constitución y democratizar el País.

4.  La memoria histórica. Crear una casa de la Cultura en DD HH y un Archivo de la memoria en cada comuna. Colocación de placas recordatorias en calles y plazas. Celebración del 10 de Diciembre en cada escuela con actos y concursos relativo al tema DD HH. Recuperación de los centros de tortura emblemáticos para la civilidad y crear lugares de memoria en ellos.

5. Educación de la Sociedad en Derechos Humanos. El MINEDUC asegurará la impartición de la asignatura de Derechos Humanos en toda la enseñanza básica, media, universitaria y en las Fuerzas Armadas y de Orden.

 

AGRUPACIÓN NACIONAL DE EX PRESOS POLÍTICOS. ANEXPPCHILE.

UNIÓN DE EX PRISIONEROS POLÍTICOS DE CHILE.     UNExPP de Chile.

 

AGRUPACIÓN NACIONAL DE FAMILIARES DE EX PRISIONEROS POLÍTICOS FALLECIDOS.

 

COMISIÓN NACIONAL DE ex PRESOS POLÍTICOS DEL PPD.

 

COMITÉ DE RETORNADOS DEL EXILIO.

 

COMACO. Comando de Marineros Constitucionalistas de 1973.

 

CAPÍTULO CHILENO DE MILITARES POR LA PAZ Y LA DEMOCRACIA.

 

 

<www.anexppchile.com>    <www.unexpp.cl>

 

Santiago, 13 de julio de 2009.

Chile compra armas a EE UU por 275 millones de dólares

Chile compra armas a EE UU por 275 millones de dólares

Desde Abajo
Las estadísticas de armamento en América del Sur confirman que, de concretarse la compra, el ejército chileno se transformará en la fuerza mejor dotada de medios de artillería pesada de la región.
A pocos meses de haber comprado 18 cazabombarderos de fabricación estadounidense, Chile se alista para adquirir 275 millones de dólares en cañones autopropulsados de largo alcance, radares, obuses y sus respectivas municiones. El vendedor de este armamento será nada más y nada menos que Estados Unidos, haciendo de la nación araucana la más poderosa de Sudamérica, incluso superando a Brasil.


Según la página web del periódico El Mercurio, fuentes del sector Defensa de Chile confirmaron que, a los aviones mencionados y a los cinco helicópteros rusos Mig 17 recientemente adquiridos, se sumarían cañones de largo alcance y vehículos de apoyo que comprará a la primera potencia mundial.

La operación incluye 24 cañones pesados de largo alcance, radares de localización de artillería, vehículos de apoyo, armas medianas y munición para equipar dos grupos de artillería, los que se activarán como parte de dos nuevas brigadas reforzadas del Ejército de Chile. El material solicitado por elpaís del sur consiste además en 12 obuses autopropulsados sobre orugas de 155 mm del tipo M109 A5 y otros 12 obuses del tipo M109 A3.

Congreso aprobaría ventaAntes de optarse por la adquisición de los cañones a Estados Unidos, se evaluó la compra de 24 ejemplares del tipo M109 A3G a Alemania, cuyo fabricante KMW también ofrecía el avanzado pero muchísimo más caro, PzH 2000.

Cabe indicar que el ejército chileno ya dispone de 24 cañones autopropulsados del tipo M109 A1B, adquiridos a Suiza a fines de 2004.

De acuerdo con El Mercurio, la venta de los cañones autopropulsados deberá contar con la aprobación del Congreso de los Estados Unidos. Hace unas semanas, la Agencia de Cooperación en Defensa y Seguridad (DSCA) hizo la solicitud formal, sólo unos días antes de que la presidenta chilena, Michelle Bachelet, y el mandatario Barack Obama, se reunieran en Washington.

Las estadísticas de armamento en América del Sur confirman que, de concretarse la compra, el ejército chileno se transformará en la fuerza mejor dotada de medios de artillería pesada de América del Sur, superando incluso a Brasil, pese a las diferencias geopolíticas entre ambas naciones.

La lista de adquisiciones también incluye seis puestos de mando blindados sobre orugas M577 A2, 18 transportes blindados de personal sobre orugas M113 A2, y 24 vehículos de transporte logístico sobre orugas M548 A1, así como una cantidad de armas medianas que incluyen 12 ametralladoras pesadas y 12 lanzadores automáticos de granadas y un volumen de munición no especificado para las mismas.


Armados hasta los dientes

Para apoyar las piezas de artillería pesada, Chile se propone adquirir también dos radares móviles de barrido electrónico, para la localización de artillería enemiga AN/TPQ-37 (V)3 Firefinder de Thales Raytheon.

http://www.desdeabajo.info/index.php/actualidad/internacional/4859-chile-compra-armas-a-ee-uu-por-275-millones-de-dolares.html

INFORME: ¿Quién es Avigdor Lieberman?

INFORME: ¿Quién es Avigdor Lieberman?

Avigdor Lieberman nació en 1958 en Moldavia, ex - República Soviética, emigró a Israel a los 20 años, y se lo recuerda como un joven pendenciero que ya asomaba con su pensamiento racista.

Militó por poco tiempo en el partido Kach – una organización extremista y racista judía encabezada por el rabino Meir Kahane- , Lieberman lo niega, pero la realidad confirma su paso por esa organización, lo que la alejó de ella es el laicismo o mejor dicho ateísmo de Lieberman, luego pasó por el Likud hasta que finalmente creó su propio partido Israel Beitenu (Israel es nuestra casa) conformada por inmigrantes de la ex -Rusia soviética.

Hoy es Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, lo que indica un paso más hacia el racismo extremo por parte del gobierno en manos de Biniamín Netaniahu.

Algunas de las frases “célebres” de Lieberman son las siguientes:

“Nuestros soldados están haciendo bien el trabajo en Gaza, pero la solución no es la invasión, la solución es la como la que EE.UU adoptó con Japón, en Hiroshima y Nagasaki”, en clarísima alusión a un bombardeo nuclear contra Gaza.

Lieberman propone como “solución final” transferir a todos los árabes-israelíes (a los que considera enemigos) a las zonas palestinas, e intercambiar territorios mayormente habitados por árabes en posesión de Israel hacia Palestina y territorios mayormente “habitado” por israelíes en Palestina hacia Israel, no hay duda que esto es una patraña más para seguir anexando territorio ya que se trata de lugares que se hallan en Cisjordania invadidos por colonos israelíes.

En otra de sus frases propone “ahogar a los palestinos en el Mar Muerto”.

“Si fuera por mí, llamaría a la Autoridad Palestina para decirle que todos sus centros de negocio en Ramala serán bombardeados mañana a las diez”.

“Cuando hay una contradicción entre valores democráticos y valores judíos, los valores judíos y sionistas son más importantes”.

En 1998, Lieberman pidió la inundación de Egipto a través de los bombardeos de la presa de Assuan, en represalia por el apoyo de Egipto, Yasser Arafat.

En 2001, como Ministro de Infraestructura Nacional, Lieberman propuso que la Ribera Occidental sea dividida en cuatro cantones, sin gobierno palestino central, y sin la posibilidad de que los palestinos transiten entre estos cantones.

En 2002, el diario israelí Yedioth Ahronoth publicó una cita de Lieberman en una reunión de Gabinete, en la que dijo que se debe dar un ultimátum a los palestinos: "A las 8 de la mañana vamos a bombardear todos los centros comerciales, a la media noche sus estaciones de gasolina y a las dos ... vamos a bombardear sus bancos ... "

En mayo de 2004, Lieberman propuso un plan para la transferencia de territorio israelí con la población palestina a la Autoridad Palestina. A su vez, Israel anexaría los bloques de asentamientos de colonos judíos en Cisjordania. De aplicarse, el plan tendría como resultado la revocación de la ciudadanía de un tercio de los habitantes árabes de Israel. Una "prueba de lealtad" se aplicaría a aquellos que deseen quedarse. El plan de intercambio de territorio con la Autoridad Palestina es la revisión de las anteriores propuestas de Lieberman al traslado forzoso de los ciudadanos palestinos de Israel. Lieberman dijo en abril de 2002 que "no hay nada anti-democrático en la transferencia".

También en mayo de 2004, dijo que el 90% de los 1,2 millones de ciudadanos palestinos de Israel "tenía que encontrar una nueva entidad árabe" en la que vivir fuera de las fronteras de Israel. "Este no es el lugar de ellos. Ellos pueden tomar sus cosas e irse a pié ", dijo.

En mayo de 2006, Lieberman pidió que el asesinato de los miembros árabes del Knesset que se habían reunido con los miembros de Hamas de la Autoridad Palestina.

Como final de este informe hay que agregar que este personaje siniestro vendrá a nuestro país para participar del recordatorio del atentado a la Amia. Es muy grave para la dirigencia sionista de nuestro país haber invitado a este funcionario que incluso en Europa es mal recibido.

También es de extrema gravedad que el Gobierno Argentino permita el ingreso de semejante espécimen que aboga por “soluciones finales” para la población palestina, al mejor estilo nazi, o de la dictadura militar en nuestro país.

Prensaislamica.com