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Opinion

¿Qué es ser de izquierda?

¿Qué es ser de izquierda?
Por Abel Samir
 
Este es un término muy usado en todo el mundo para definir a aquellos individuos (Mujeres y hombres) que defienden los derechos de los pueblos a vivir una vida en donde exista la libertad, la justicia social, se les respete como personas, aunque difieran de la ideología que tenga la mayoría del país o el gobierno de turno.

Si este es el concepto de lo que son los izquierdistas, hoy vemos que la realidad en que vivimos este concepto expresa algo muy diferente. A nombre de una lucha antiimperialista, los izquierdistas, en su gran mayoría, apoyan a regímenes que son todo lo contrario de lo que hemos expresado defender. Y se sigue confundiendo a regímenes con un capitalismo salvaje de ser lo que antes aparentaban ser: regímenes socialistas. Como el de la Federación Rusa en el cual no se respeta de vida de las personas que disienten del régimen. En cambio los militares rusos que han cometido toda clase de atrocidades en Chechenia están gozando de buena salud libres de polvo y paja. Allí se asesina impunemente a abogados y periodistas que defienden los derechos humanos y nuestra izquierda, en general, no argumenta nada a favor de las víctimas, como si nada ocurriese bajo los rayos del Sol. Este régimen pasa por ser más progresista que el norteamericano, cuando es mucho peor. Y eso se puede ver en cualquier campo que se analice.

 

El apoyo a Assad en Siria y a Gadafi en Libia nos ubica fuera de este concepto de lo que es ser izquierdista y con gran pesar veo que lo que va quedando del izquierdismo, son sólo declaraciones veladas o muy tímidas de apoyo a pueblos que están con las armas en la mano o en simples demostraciones pacíficas para terminar con su situación de esclavos. Y estos izquierdistas se han constituido en una pléyade de individuos, partidos, organizaciones, periódicos, páginas de internet, que se quedaron atascados en eslóganes, clichés y declaraciones ampulosas contra el Imperio norteamericano y sus aliados, no importando que este imperio actúe en algunos casos en defensa de derechos humanos, aunque no lo haga por doctrina, sino por otros intereses encubiertos, como el dominio geopolítico de una zona del mundo o la defensa de su posición predominante en una región en la que han dominado por muchas décadas.

 

Pero, me pregunto, ¿si lo importante de hoy para un pueblo que lucha con todos los medios a su alcance para lograr los objetivos normales de cualquier pueblo: libertad, respeto a los derechos humanos, democracia y justicia social, es lo primordial o lo es el “antiimperialismo”, que implique seguir siendo los esclavos del momento sometiéndose a regímenes criminales y oprobiosos que se “declaran antiimperialistas”, pero que en la práctica buscan la alianza y el sometimiento con este imperialismo de turno? Aquí entonces se presenta una contradicción difícil de resolver por la vía de análisis apegados a los clichés o a dogmas de hace decenas de años. Para el pueblo sirio, lo importante es sacudirse de encima a esa oprobiosa satrapía que constituye Al Assad y su familia, que para tranquilizar a los “izquierdistas” de hoy, se presenta como “antiimperialista” y enemigo del sionismo. No importa lo que sufre el pueblo sirio, con más de 1.300 civiles fríamente asesinados por las fuerzas de seguridad y por el ejército del sátrapa Al Assad que se camufla con el título de “presidente”, no importa los miles y miles de mujeres, niños, viejos y hombres de edad madura que han tenido que salir de Siria cruzando la frontera turca para evitar la masacre que se cierne sobre ellos. No importa para nada los asesinatos y tortura de niños ―como el caso del chico de 13 años, Hamza Al-Jatib, torturado y mutilado por estas fuerzas de seguridad― que se muestran hoy en la prensa mundial y que ni siquiera el régimen se atreve a desmentir. Seguramente se trataba de individuos partidarios del imperialismo, dirán, o son poca cosa, comparados con los grandes intereses del futuro de la humanidad.

 

¡Qué penoso me resulta ver la ceguera o tal vez, el deseo de no querer ver, porque ver podría ser peligroso, de estos “izquierdistas” que hacen oídos sordos a los clamores de las masas en estos países árabes? ¿Me pregunto hoy en que principios nos sustentamos para seguir llamándonos progresistas o de izquierda como nos titulábamos hasta aquí? Para mí existe sólo un gran principio: defender a los pueblos y apoyarlos a liberarse de la opresión, lo contrario es ser reaccionario. Punto. Y los principios son siempre sólidos, de otra forma no son principios. Cualquier edificio social que se erija debe tener una base sólida, sino se derrumba, como lo hizo el mal llamado “socialismo real”, que no alcanzó a ser socialismo y que de real no tenía más que el deseo de sus dirigentes de acaparar una política mundial y una ideología basada en eslóganes y clichés que todavía pesan como plomo en los zapatos.

 

Los hechos de hoy en Siria son alarmantes y la prensa de Izquierda no dice una sola palabra de lo que allí acontece. Es un silencio cómplice. Y lo peor de todo es que algunas páginas de internet que hasta aquí se han caracterizado por ser progresistas, se niegan a publicar artículos que denuncias estos hechos como el mío. Me estoy convirtiendo en un paria de la prensa, porque me atrevo a ir contra la corriente. No soy ni nunca seré partidario del capitalismo, soy partidario de una sociedad sin clases y con gran justicia social, pero sin opresión de ninguna forma, sea esta política, social o religiosa.

 

Es necesario condenar al gobierno sirio y de alguna forma apoyar a la gran mayoría de su pueblo que ha estado sufriendo de una oprobiosa dictadura, disfrazada de democrática, por varios decenios. Hay que terminar con la política del avestruz. Salgamos a la luz del día y digamos la verdad aunque duela. No podemos callar para mantener felices a los analistas del pasado. Tampoco a ciertos izquierdistas que se quedaron detenidos en los últimos decenios del siglo pasado. Después hemos de quejarnos que los pueblos no quieren saber nada de nosotros y nos dan la espalda por la razón que se quiera esgrimir y no por estas simples razones.

Fuente: Argenpress

Chile: La hora de la oportunidad histórica

Chile: La hora de la oportunidad histórica

Por Andrés Figueroa Cornejo
 
 
1. Así como se nos Ollanta la esperanza, y arde Vallejo y Mariátegui en la noche capitalista, del mismo modo en Chile, son una vez más los jóvenes, los estudiantes pobres, los lúcidos, los “faltos de respeto”, los iconoclastas, los sin porvenir, los vacunados contra los terrores y la miseria de la política tradicional que representa los tradicionales intereses de los que aún tienen por el mango el sartén, quienes ponen el cuerpo vibrante a la hora de alumbrar lo que todavía no es, pero que será por voluntad y necesidad histórica.
 
Como en el paisito no existen los plebiscitos, mejor que nada es atender los resultados de la encuesta Adimark de mayo de 2011 que efectuó su estudio sobre la gestión de los administradores de turno del Ejecutivo en los centros urbanos de las 15 regiones del país. En la consulta, Sebastián Piñera   cae a un 36 % de aprobación ciudadana, y aumenta a un 56 % su desaprobación, en tanto, un 57 % de la población simplemente no le cree. En el ámbito económico Piñera es aprobado por un 48 %; en educación por un 44 %; en empleo por un 39 %; en delincuencia por un 33 % (¡Y es uno de sus promesas electorales sustantivas y en las que ha invertido buena fortuna de todos los chilenos!); en corrupción estatal es aprobado por un 32 %; en salud por un 30 %; y en transporte público por un 29 %. Asimismo, todos los miembros de su gabinete se despeñan, incluso su pre candidato presidencial, el bi ministro Laurence Golborne que hizo buena fama en las pantallas en el rescate de los 33 mineros enterrados en agosto de 2010. Claro que nadie abre la boca sobre los trabajadores, también mineros, que desde esa fecha y hasta hoy han muerto en accidentes laborales, y cuyas cifras se mantienen convenientemente opacadas.
 
Pobrecitos los partidos políticos convencionales, tan grupos de interés, tan bolsas de trabajo, tan elite vulgar y antidemocrática, tan corporativos, desintegrados e indiferenciados en la forma y en el fondo. Apenas un 32 % aprueba a la componenda en el gobierno, la Coalición por el Cambio; mientras un 23 % aprueba lo que queda de la Concertación. Y eso que son dueños de todo, sostienen la misma doctrina política en términos estratégicos y aparecen en los medios de comunicación hasta el hartazgo diciendo cosas que no se pueden ver.
 
Dos ideas evidentes a estas alturas. Si la Coalición por el Cambio le rompe la credibilidad a Michelle Bachelet, la Concertación sí que entra por la ancha puerta del museo de las cosas muertas. Por lo menos es paradójico que mientras Bachelet se mantiene más distante mediáticamente de la Concertación, menos daño y con más blindaje electoral se arropa. Ni los ex presidentes Ricardo Lagos Escobar y Eduardo Frei Ruiz Tagle le brindan popularidad –por el contrario, la gente los ve como parte del problema, que no de la solución-, ni menos la orquesta malograda de operadores políticos que mencionan su nombre a hurtadillas. Por otro lado, si Piñera fuera de izquierda, con  la insignificante aprobación popular que arrojan las encuestas, ya sería hora de ir a arrojar migas de pan a los cuarteles militares. Es cuestión de no creer que con esos números no huyan los inversionistas, los ricos se refugien en Miami y la Bolsa de Santiago no se hunda inexorablemente. ¿Será que la democracia formal es sólo un adjetivo dispensable para el capital y  el gran empresariado? ¿No es más correcto que la democracia participativa sea lo propio de los trabajadores y el pueblo y no de la minoría que se apropia del trabajo de la inmensa mayoría? Es verdad, existe gobernabilidad porque por abajo el movimiento popular recién ofrece sus primeras expresiones de tonelaje distinto y superior al activismo de las agrupaciones progresivas o de izquierda o discursivamente archi revolucionarias y su marcha inagotable y reducida a pura propaganda y testimonio; siempre valiosa, como insuficiente y hasta ahora, ineficiente. Por eso Piñera y la Concertación deben ponerse de acuerdo para corregirse el maquillaje ante la opinión pública en conjunto. Aunque ello no baje el precio de los combustibles, los alimentos esenciales, la vivienda, la escolaridad, la salud, los créditos usureros y sin regulación alguna; y los salarios no lleguen a fin de mes, aumenten las enfermedades laborales, el actual tipo de sindicalismo no se corresponda a la nueva organización del trabajo impuesta por el capital y las centrales sindicales no actualicen sus modos, contenidos y se independicen de los partidos políticos tradicionales, de los intereses del Estado y hasta del propio empresariado en algunos casos. Ciertamente que para una enorme cantidad de dirigentes sindicales llegó el momento del retiro obligatorio y la jubilación.  Y ya muchos de ellos se han pagado las indemnizaciones por adelantado durante los últimos 20 años. 
 
Lo nuevo al respecto, es que la gente o la ciudadanía o el pueblo ya están más arriba de la coronilla, y van indignándose ante las evidencias del crimen. Nunca se puede engañar para siempre a todo un país. Ello es un mito publicitario, una trampa de utilería.
 
Son decenas de miles quienes han saltado las vallas de la contención policial para expresar su sensibilidad ambiental contra el despojo del capital en HidroAysén y en otros territorios. Cada vez más, las preguntas comportan las respuestas adecuadas. ¿El problema es HidroAysén solamente o para qué, para quiénes y de qué modo se resuelve el problema energético en Chile? ¿Para las grandes empresas mineras cuyas ganancias se convierten en activos financieros e instrumentos bursátiles, o para el bienestar de la gente? Si es mucho más barato ponerse de acuerdo con Argentina o Bolivia, y solucionar el déficit de energía en Chile, ¿Por qué ahora, justo ahora, se volvieron nacionalistas de golpe los dueños del paisito y la cuestión tiene necesariamente que ceñirse a los intereses de una transnacional española (Endesa) y el grupo Matte? ¿No estará ocurriendo que de las decenas de miles que protestan, un buen segmento ya descubrió que tras el tema energético no sólo hay pérdida de naturaleza, sino también y sobre todo, intereses corporativos, negocio, lucro puro y duro, engaño, colusión entre el Estado, sus administradores, los de antes y el gran empresariado, valga la redundancia? ¿Y el reloj no estará indicando que también la lucha contra la privatización y el monopolio  escandalosa de la venta de semillas de verduras y frutas por la norteamericana Monsanto –donde también conviven capitales nativos, muy familiarizados con La Moneda- debe ser materia de demanda masiva, aliada al campesinado que resultará más empobrecido de lo que ya está, y a la comunidad toda y los trabajadores, tratándose de un asunto alimentario trascendental? ¿O es que esa lucha está prohibida por arriba porque fue aprobada por ambas formaciones políticas en el Legislativo?
 
 
2. Mientras se mueren los comuneros mapuche en huelga de hambre y medio mundo clama por su libertad; mientras los estudiantes, escolares y universitarios, derrumban al que fuera pre candicadato para la sucesión de Piñera, el angustiado Joaquín Lavín, y luchan con movimiento e ideas claras para recuperar la Educación Pública, pese a las amenazas del gobierno y las palizas uniformadas; mientras los mineros subcontratistas del yacimiento estatal El Teniente obstruyen carreteras; ha ocurrido una tragedia más.  El joven libertario Luciano Pitronello de 22 años, en la madrugada del miércoles 1 de junio en Santiago resultó mutilado y ciego luego de que le estallara un artefacto explosivo artesanal cuyo objetivo original era una sucursal bancaria vacía, un símbolo más de la sobreexplotación y la usura. ¿Qué haremos con este dolor? Es cierto que si hay desesperación sólo resta la justiciera voluntad. Pero la voluntad sin pueblo es sólo testimonio incomprensible, impotencia errática, acto aplaudido en secreto o sin enfado por los enemigos de los intereses profundos de las grandes mayorías explotadas y expoliadas, usadas y abusadas. ¿Hasta cuándo tendremos que pedir piedad para los justos? ¿Cuántos jóvenes rebeldes y preciosos más se inmolarán con razones morales implacables y ningún sentido de las formas de lucha de acuerdo a las relaciones de fuerzas realmente existentes? Luciano, en tu corazón cabe el mundo. ¿Pero qué ruina ideológica o perversa y franca  instrumentalización  por enemigos encubiertos causaron un nuevo y terrible episodio? Existe un video casero que captó a Luciano Pitronello envuelto en llamas. Resulta insoportable verlo. Podemos acusar de este crimen al capitalismo. Sin embargo, no hay justificación política que pague el riesgo y la improvisación de un gesto registrado apenas en las páginas rojas de los periódicos. Y además, utilizado por el poder para emprenderla con más palo y duro sobre la disidencia política que cada día aumenta en Chile. Se puede amar la concepción existencial de la libertad del anarquismo. Se puede pensar con sinceridad en una sociedad de iguales y libres donde el Estado sea parte de la prehistoria humana. Se puede luchar hasta la muerte por ello. Pero no es admisible ética y políticamente que la pura acción individual y sin contexto sea la manera más eficaz para estar un paso más cerca de una sociedad nueva. La historia del movimiento real de los pueblos que alcanzan la victoria es concluyente al respecto.  ¿Hasta cuándo tendremos que pedir piedad para los justos?
 
 
3. Las formas de lucha que asumen los intereses hondos de los trabajadores y el pueblo están atadas al estadio de la lucha de clases, a la estatura real de la hegemonía o no de las grandes mayorías respecto de los grandes capitales y el imperialismo, a las correlaciones de fuerzas nacionales, regionales e internacionales. Para el pueblo trabajador y sus alrededores, para la humanidad y su sobrevivencia, la doctrina es el socialismo –no el de manuales dañinos, rígidos, antidialécticos e idealistas en su peor sentido-. El proyecto estratégico es la confección colectiva de su trayecto complejo; y el programa es progresivo y  está condicionado a la correlación de fuerzas reales. Es decir, siempre es táctico en un largo principio. Como en Chile no existe guerrilla ni ejército popular beligerante, con territorios liberados y tropas a granel, la lucha y su proyecto determinado históricamente deben sustentarse sobre la organización y expresiones políticas y sociales de la mayoría activa. Allí se encuentra la retaguardia y los materiales nodales de su potencial vanguardia. Asimismo, la lucha y el proyecto deben ofrecerse por abajo y por arriba. En la actualidad, ante el desprestigio creciente de los grupos de interés y administradores funcionales al capitalismo denominados partidos políticos tradicionales, se abre una posibilidad política para los más que también debe jugarse en el terreno electoral. Siempre subordinada la forma de lucha electoral a la liberación de las fuerzas sociales que determinarán el curso de la historia. Y el socialismo no es un modo de producción. Es un período transicional.  Es decir, ante la contradicción esencial del capitalismo sintetizada en la apropiación privada del excedente socialmente producido; se trata de que todo el proceso de producción y distribución  de ese excedente socialmente producido –tanto de mercancías, como de servicios (o forma de mercancía inmaterial)- esté bajo control, administración y subordinación política de los trabajadores y el pueblo. Naturalmente, sobre estas nuevas relaciones sociales de producción se formarán las propias condiciones de una sociedad fundada en la libertad y la igualdad, el desarrollo creativo en todos los ámbitos de la humanidad y la construcción de una nueva civilización. Pero lo anterior es un punto de llegada, no de partida. Y no hay atajos.
 
De nuevo la unidad política de todos quienes buscan la edificación de una sociedad cuya dirección irreductible sea la socialización de la riqueza, la gobernabilidad y seguridad genuinas que ofrece la destrucción de las desigualdades, está a la orden del día. Es verdad que Cristina Fernández de Argentina, Evo Morales de Bolivia y ahora Ollanta Humala de Perú no son Salvador Allende de 1970. El pueblo chileno, Latinoamérica y el mundo tampoco son los mismos. Pero lo cierto es que si las candidaturas electorales en todos sus niveles, sometidas a la evaluación e intereses del propio pueblo, logran su expresión en el mediano plazo, existe la oportunidad de terciar frente al duopolio político sin crédito popular en el país. Y ya no sólo para aprovechar la vitrina mediática. La emancipación social es un  camino pedregoso, amargo y también feliz. Y hoy es de carácter regional y mundial. Las condiciones de la lucha, las posibilidades de ser gobierno y  hegemonía basada en el movimiento popular organizado, tiene de voluntad política, convicción de poder y de condicionamientos históricos que no guardan relación alguna con el maximalismo ideológico, sino más bien y sobre todo con el más riguroso análisis concreto de la realidad concreta. El enemigo principal es el imperialismo y el límite de un nuevo bloque unitario, popular, transformador, combinado, audaz e inteligente, es sólo la clase gran propietaria o la burguesía. No de otra manera puede entenderse hoy la independencia política de la clase trabajadora y la construcción de mayorías.
 
Si existe otra alternativa, favor dar aviso al pueblo trabajador.
 
 
9 de junio de 2011  

 

Joaquín Pérez y Julián Conrado dejan desnudo al rey: Hugo Chávez y el punto de inflexión boliburgués

Por Lucía Ruiz
La política de Estado, implementada por el presidente Hugo Chávez, de secuestro y entrega express contra periodistas, luchadores populares y revolucionarios ha puesto de manifiesto abiertamente cuál es el verdadero derrotero del proceso bolivariano democrático-nacionalista que él lidera en Venezuela.

Ya no hay espacio al error, ni muchos menos, llamarse al engaño con argumentos pueriles de que Chávez fue asaltado en su buena voluntad por una sarta de funcionarios corruptos e incompetentes. El punto de inflexión hasta dónde estaba dispuesto a llegar el proyecto chavista lo marcó el asunto Joaquín Pérez Becerra, lo demás son especulaciones boliburgueses

 

No nos llamemos a engaños, ni fundemos vanas esperanzas en que los intereses de Hugo Chávez y su bolivarianismo burocrático pasa por meridiano de la lucha socialista del pueblo venezolano y latinoamericano. Todo está claro, el mismo Hugo Chávez ha asumido la responsabilidad de este adefesio jurídico, antipopular, antidemocrático y anti-ético de entregas express como su política de Estado. Es decir, ya no se trata de “papas calientes”, de “trampas”, ni de “puñaladas en la espalda” como trató de argumentar en el caso de la vil entrega del periodista de ANNCOL, Joaquín Pérez, al régimen fascista de Colombia. Ahora Chávez está en “cumplimiento de los acuerdos internacionales”, ¿cuáles? ¿La agenda gringa de lucha contra el terrorismo o, la del gobierno narco-paramilitar de Juan Manuel Santos, o ambas?

 

Todos los hechos indican que Chávez está cumpliendo ambas agendas de maravilla hasta el punto que ha rebasado con creces la política del imperio. Entregas express, censura a los medios oficiales y alternativos, despido de periodistas honestos y críticos, operativos conjuntos con los criminales servicios de inteligencia colombianos, y amenazas de captura conjunta a cuanto luchador popular asome por las tierras de Simón Bolívar.

 

Tras un operativo conjunto entre los servicios de inteligencia del Estado venezolano y del estado fascista de Colombia, para capturar a Julián Conrado -el cantor de la esperanza, la alegría, la libertad y del verdadero proyecto bolivariano- en territorio venezolano, Hugo Chávez llega incluso desafiantemente a afirmar "No podemos permitir la presencia en Venezuela de ningún cuerpo digamos armado o no pero que esté fuera de la ley''. Esta amenaza no es otra cosa que una caza de brujas y no puede llevar a equívocos. Hay que interpretarla como es, pues de lo contrario, puede conducirnos a graves y lamentables consecuencias que atenten contra la seguridad y la vida de luchadores y rebeldes, y por ende contra procesos revolucionarios en Venezuela y en América Latina en especial contra la lucha que desarrollan heroicamente las fuerzas populares y revolucionarias de Colombia.

 

Que quede bien claro, no es que el suelo de Venezuela, ni su pueblo luchador y solidario se haya convertido en un peligro para los revolucionarios del mundo. El que se ha convertido un peligro para los luchadores y revolucionarios del mundo es el gobierno de Hugo Chávez y su alianza con las fuerzas narco-fascistas de Colombia.

 

Esta alianza DAS-CIA-MOSSAD-SEBIN puesta en funcionamiento por la dupla Santos/Chávez ha demostrado, además del peligro que encierra para los pueblos bolivarianos, que el imperio gringo, por intermedio del siniestro Juan Manuel Santos, no solamente encantó a Hugo Chávez, sino que Washington se decantó porque éste y el chavismo boliburgues continúe al frente del gobierno de Venezuela.

 

Esto puede sonar a herejía pero no es así. Estamos en la época de la Guerra de Cuarta Generación (G4G) y ésta fue concebida como guerra de conquista y diseñada, además, para aniquilar las guerras revolucionarias y las luchas de liberación de los pueblos. En la G4G la guerra sicológica conforma su columna vertebral, y al igual que en la guerra militar, un plan de guerra sicológica está destinado a aniquilar, controlar o asimilar al enemigo. Todo parece sugerir que los análisis del Pentágono con relación a la situación venezolana le han conducido a decantarse por una Venezuela gobernada por la boliburguesia burocrática chavista.

 

En el caso de Hugo Chávez el Pentágono ha optado por el momento controlarlo, pues existen asuntos y conflictos más importantes que atender en el caótico y convulsionado mundo para evitar una caída estruendosa del imperio. Un conflicto armado más y en el patio trasero, con una insurgencia armada en Colombia puede conducir no sólo al entierro del Estado narco-terrorista de Bogotá, sino a que no fluya diligentemente el petróleo venezolano a la sedienta Usamerica de hidrocarburos. Sin petróleo el colapso de imperial es inevitable. ¡Que viva la revolución bolivariana chavista!, pero que fluya el petróleo sin pausa a la metrópoli. Esta elección a favor del boliburguesismo de ninguna manera quiere decir que Usamerica no tenga todas las opciones sobre la mesa en caso de un incomodo Chávez.

 

El control y suministro de los hidrocarburos de Venezuela es de tal importancia estratégica y de seguridad nacional para Usamerica, que fuerza a que Washington esté dispuesto a llevar a cabo cualquier tipo de política y de agresión con tal de garantizar el petróleo venezolano. Suministro de petróleo que en 12 años de chavismo no se ha visto amenazado. Por eso mismo, es preferible un locuaz presidente que garantice el petróleo que necesita el imperio, que una Venezuela envuelta en un profundo conflicto con imprevisibles desenlaces. Y qué mejor que un presidente Hugo Chávez y su boliburguesía burocrática para esa tarea.

 

Según como se vayan desarrollando los acontecimientos el imperio gringo puede pasar del control del proyecto boliburgués a asimilarlo, pero esto aún no lo podemos saber, aunque ya se intuyan hechos concretos. Claros ejemplos de ello los podemos ver, en cómo el siniestro presidente del narco-terrorista Estado de Colombia, Juan Manuel Santos, maneja e impone su agenda su agenda “anti-terrorista” al presidente Chávez. Es en Bogotá en donde se dan los “partes de victoria” de las acciones ejecutadas por Caracas.

 

Ante el alud de críticas nacionales e internacionales que han arreciado contra Chávez por las vergonzosas y canallas entregas express y la pérdida de apoyo por tal vil política, el imperio le tiró una ayudita al imponerle sanciones a PDVSA. Esto le permite de recuperar en cierto grado la pérdida apoyo, ocultar las vergüenzas anti-éticas y la corrupción y, aglutinar a las masas venezolanas a su favor bajo el discurso “anti-imperialista”. Sanciones que hasta la misma Eva Golinger, intelectual acrítica de las entregas express, se apuró a describirlas como una acción imperial “simplemente mediática”.

 

Si en un momento dado la política de Estado anti-revolucionaria y anti-ética implementada por el gobierno de Hugo Chávez causó dudas e incertidumbres entre defensores de un proceso revolucionario en Venezuela y América Latina, hoy todas estas dudas están despejadas. Creo que eso está bien, aunque ello pueda producir desasosiego en personas y sectores revolucionarios. Y digo que está bien que ahora se haya hecho claridad hasta dónde estaba dispuesto a llegar Chávez y su proyecto boliburgues, pues muchos habían llegado a confundir y más grave aún, a fusionar el válido y necesario proceso democrático-nacionalista e independentista liderado por Chávez, con el proceso revolucionario bolivariano y socialista impulsado por amplios sectores y masas populares y revolucionarias que luchan y sueñan con una Venezuela libre, soberna, solidaria, internacionalista, democrática y socialista.

 

Por esto mismo, no importa que hoy esté tan cómodo y contento el presidente Hugo Chávez deslizándose éticamente y solidariamente cuesta abajo en el tobogán burgués que le tendió la metrópoli capitalista. Que los abyectos aplaudan hasta reventar. Que algunos no quieran ver la realidad. Que los intelectuales acomodados callen. Que Chávez vaya cogido felizmente de la mano asesina y traicionera de Juan Manuel Santos. Esto no importa, aunque cause dolor, rabia y tristeza ver como los valores éticos sean pisoteados en el fango de las apetencias personales.

 

Y esto de verdad no importa, hoy existe espacio para la duda Si que queremos una Venezuela y una América Latina libre, soberana, unidad y socialista debemos continuar con nuestro trabaja y lucha cotidiana e infatigable por hacer realidad este sueño y no permitir que cantos de sirenas con discursos light socialistas nos encierren, nos secuestren, y nos maten la esperanza de un mundo mejor para todos.
Fuente: Argenpress

 

Chávez, el chavismo y el caso Joaquín. Recordando a Allende y a Fidel y su dignidad con los guerrilleros argentinos

Chávez, el chavismo y el caso Joaquín. Recordando a Allende y a Fidel y su dignidad con los guerrilleros argentinos
Por Alberto Rondón

"El avión secuestrado con 6 dirigentes guerrilleros argentinos cruza la los Andes y llega a Chile (...) Allende no vaciló en darles asilo y gestionar su viaje a Cuba donde tampoco Fidel vaciló".

Chávez, el chavismo y el caso Joaquín
15 de agosto de 1972 se fugaron del penal de Trelew, ubicado en el sur de la Patagonia argentina, veinticinco guerrilleros encarcelados por la dictadura de Lanusse. Todos ellos llegan al aeropuerto de esa ciudad austral pero seis solamente, altos dirigentes de tres organizaciones guerrilleras (ERP, FAR y Montoneros), logran subir a un avión previamente secuestrado por un comando guerrillero de apoyo. Los otros diecinueve son recapturados y unos días después, el 22 de agosto, son alevosamente asesinados por la dictadura en lo que se conoce como la "masacre de Trelew".
El avión con los seis dirigentes guerrilleros cruza la Cordillera de los Andes y llega a Chile donde gobernaba Salvador Allende.
Demás está decir el tremendo problema político que significó para el gobierno de Allende -acosado ferozmente por el imperialismo yanqui y la derecha golpista- la situación generada por los fugados. Esa sí era una verdadera "papa caliente": nada menos que media docena de jefes guerrilleros -no meros periodistas o refugiados- habían entrado ilegalmente al país y eran reclamados por la dictadura argentina. Sin embargo, fiel como siempre a su ética revolucionaria y rechazando de plano las "razones de estado" y las recomendaciones de "prudencia" que le hacían algunos de sus principales asesores, el camarada Allende no vaciló en darles asilo y gestionar su posterior viaje a la Cuba revolucionaria donde tampoco Fidel vaciló en recibirlos. Anteriormente Salvador Allende, antes de ser presidente, ya había demostrado su consecuencia ayudando a tres sobrevivientes de la guerrilla del Che.
¡Qué distinta la actitud que viene teniendo Chávez con la seguidilla de entrega de compañeros del ELN y de las FARC al genocida Santos, su "nuevo mejor amigo"!!! La entereza mostrada por Allende cuando la fuga de los guerrilleros argentinos muestra tal contraste con la conducta de Chávez que deja al descubierto la existencia de una brecha terrible, irreparable, entre el chavismo y el propio Chávez.
El chavismo es ese sentimiento poderoso y bello, esa visión de mundo radical, subversiva y popular que las grandes mayorías oprimidas y olvidadas venían construyendo incluso antes que Chávez apareciera en la escena pública, es esa potencia que se expresó en el caracazo y que Chávez, paradójicamente, logró representar y liderar a partir de febrero de 1992. La gravedad de la entrega de Joaquín Pérez Becerra proviene de que constituye una TRAICIÓN alevosa a ese sentimiento y es bueno tener claro -y no olvidarlo nunca- que esa traición fue cometida por el oficialismo boliburgués del cual Chávez hoy por hoy es cabeza y pieza fundamental.
Es obligado entonces preguntarse: ¿qué está pasando?
Veamos:
La llegada de Chávez al gobierno se inscribe en un proceso abierto en toda latinoamérica por el fracaso y crisis del neoliberalismo. Las luchas populares, indígenas y también de las capas medias, permiten la asunción de varios gobiernos llamados "progresistas" entre los que se cuenta el de Chávez en nuestra Venezuela. Sin embargo, más allá de las esperanzas e ilusiones de la izquierda, el capitalismo en todos esos países siguió su curso a paso de vencedor. En otras palabras, el rol histórico que vienen cumpliendo los gobiernos progresistas es permitir que el capitalismo supere su fracaso neoliberal y se recomponga asumiendo nuevas formas políticas e institucionales, más inclusivas y participativas. Ello, por supuesto, redundó en mejoras sustanciales en la calidad de vida de amplias mayorías como resultado directo de la tremenda potencialidad de lucha desarrollada por los pueblos. Sin embargo, a menos que los pueblos digan algo distinto (radicalizando sus luchas desde una perspectiva autónoma), estos gobiernos progresistas seguirán trabajando para el capitalismo. Esa es su contradicción: por un lado amplían la participación popular (aunque siempre intentando controlarla, cooptarla...), por otro rescatan y profundizan el capitalismo.
A nivel internacional estos gobiernos progresistas (aunque no sólo ellos) ven la necesidad estratégica de oponerse al imperialismo norteamericano en algunos aspectos, no tanto desde una perspectiva popular e indígena, que sería radical y hasta las últimas consecuencias, si no más bien desde los intereses de esas burguesías dizque nacionales y de las visiones corporativas de sus fuerzas armadas. Esto explica, entre otras cosas, la serie de alianzas estratégicas emprendidas con China y Rusia que son la base para nuevos negocios capitalistas y la insistencia con que aparece en el discurso de Chávez el concepto de "pluri-polaridad", útil para justificar en el plano ideológico estas alianzas. Por otro lado, se construyen espacios como UNASUR que, tras la bandera de integración latinoamericana levantada históricamente por la izquierda, incluye a gobiernos tan pro-yanquis y capitalistas como el colombiano y desarrolla un modelo de "defensa continental" basado en esquemas similares a los de la OTAN... ¿Quien entiende eso...?
Ahora bien, uno de los hechos claves que explican estas contradicciones es la capacidad que tuvieron todos estos gobiernos progresistas para utilizar los sentimientos nacionalistas y sobre todo de apropiarse DISCURSIVAMENTE de las banderas históricas de la izquierda y los pueblos. Tan grande fue la capacidad de esa narrativa, que aún hoy, a pesar de todas las evidencias que muestran el verdadero carácter capitalista de este gobierno boliburgués, el chavismo todavía cree en Chávez y lo justifica en sus errores, autoritarismos y traiciones. Pero los hechos son duros. En el caso de Venezuela, detrás del discurso del "socialismo del siglo XXI", el capitalismo más corrupto y rentista continúa su marcha impasible e incluso nace y se fortalece una nueva fracción burguesa que controla las principales instituciones estatales y estructuras políticas (incluido el PSUV, con el paradigmático boliburgués Diosdado Cabello como uno de sus principales dirigentes). Entonces, dentro de este contexto: ¿puede sorprendernos la alianza de Chávez con Santos, tan necesaria y útil para los intereses empresariales pero fatal para los pueblos de ambos lados de la frontera?
¿Puede sorprendernos la saña con que el gobierno de Chávez trató al dirigente yukpa Sabino Romero a quien intentó dejarlo preso poniéndole nada menos que SIETE abogados en contra? Los intereses del gobierno están, qué duda cabe, de lado de la extracción del carbón tan necesario para sus negocios capitalistas y no con los pueblos indígenas.
¿Puede sorprendernos que el gobierno de Chávez cuando actuó de mediador entre la Mitsubishi y los trabajadores haya favorecido a esta multinacional, la misma que mandó a matar a dos dirigentes sindicales que peleaban por sus derechos? ¿Puede sorprendernos que le haya entregado tremenda riqueza de la franja petrolífera del Orinoco precisamente a una de las transnacionales más feroces y dañinas con el medioambiente como es la Chevron...? ¿Son estas medidas anticapitalistas...?
Abramos los ojos: El gobierno de Chávez es capitalista, el chavismo en cambio es pueblo luchando por una sociedad que niega y supera al capitalismo. Ha llegado quizá un momento histórico de maduración y crecimiento donde el pueblo chavista debe comenzar a caminar solo, sostenido en sus propias organizaciones y sus propios liderazgos (colectivos en lo posible) y superar con decisión la alienación que siempre conlleva una representación o un liderazgo, más aún si éste claramente tiene objetivos y amistades que no son los nuestros. Hecho esto, dejará de llamarse "chavismo" pues será simplemente poder popular (autónomo, como debe ser). Y para los que aún creen que esta revolución no sería nada sin Chávez les conviene mejor preguntarse lo contrario: ¿qué habría sido de Chávez sin el chavismo...?
Y para terminar, ahora que arrecia la ofensiva norteamericana con las sanciones contra PDVSA, imaginemos quiénes, en el escenario de una posible invasión, estarán de nuestro lado: si el "mejor nuevo amigo" de Chávez o las guerillas de las FARC y el ELN que, más allá de las válidas críticas que se le puedan hacer a sus visiones políticas o estratégicas, vienen enfrentando a los yanquis y a los paramilitares con las armas en la mano desde ya varias décadas.

Estados “fallidos”: ¿verdad científica o manipulación politiquera?

Por Marcelo Colussi

Según algunas de las instancia creadoras de opinión pública que operan desde el corazón mismo del imperio –como el tanque de pensamiento Fund for Peace o la Revista Foreing Policy por ejemplo– el concepto de “Estado fallido” hoy día se ha vuelto una clave de importancia primordial en su geostrategia global. Al respecto, según sus antojadizos criterios, serían notas distintivas de los países donde tienen lugar estos procesos: la inequidad social estructural, crisis económica recurrente en el seno de sus sociedades, deslegitimación de su institucionalidad y su poca credibilidad dados los altos niveles de corrupción, falta de cobertura estatal en grandes zonas del territorio que debería atender, generalizado descontento colectivo ante esa ineficiencia, masivos movimientos de refugiados y desplazados internos, explosión demográfica sin contención.

Sin ser todo esto un tema realmente académico, de seriedad y profundidad conceptual, estando más en el ámbito de lo periodístico barato y de la creación de opinión pública, la idea ha surgido recientemente con mucha fuerza y se ha expandido. Según esos think tanks, entonces, caerían bajo este parámetro buena parte de los países del llamado Tercer Mundo.

Sin ningún lugar a dudas los Estados y sociedades a quienes se les puede aplicar esa descripción por supuesto que adolecen de todas esas lacras: pobreza, represión, muy débil o inexistente institucionalidad estatal. Ahora bien: ¿todo eso es nuevo? ¿Cuándo comenzaron esos Estados a “fallar”? Lo que hoy día, por ejemplo –según la vara con que estos centros imperiales miden el mundo– se puede decir de, digamos, Haití, o Uganda, o Nicaragua, no se decía hace algunas décadas atrás, cuando eran gobernados por déspotas funcionales a la geoestrategia imperial de Washington. Y sin lugar a dudas la pobreza, la represión o la debilidad de la institucionalidad estatal eran moneda corriente. ¿No eran “fallidos” algunos años atrás?

Esta idea de “Estado fallido” es una noción que implica mucho riesgo en términos ideológicos, dado que conlleva una carga peyorativa. Es, en todo caso, antojadiza, discutible, poco seria en cuanto “formulación” de ciencias sociales, asimilable, en todo caso, a los listados de “transparencia y corrupción” con que las potencias (Washington ante todo) evalúan al resto del mundo. O las igualmente discutibles mediciones de cumplimiento de derechos humanos, o la certificación o descertificación en el combate al narcotráfico. ¿Alguien se puede tomar en serio, con criterio académico real, esas elucubraciones? ¿O se hace demasiado evidente que lo que está en juego es una manipulación tendenciosa, absolutamente ideológica?

Esto de los “Estados fallidos” es una caracterización muy reciente creada por tanques de pensamiento neoconservadores de los Estados Unidos y de la cual se empezó a hacer mayor uso a partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001. Si hacemos un recorrido a lo largo de la historia política moderna vemos que se han acuñado diferentes acepciones para calificar a algunos Estados contrarios a las políticas de la Casa Blanca, y así justificar el uso de la fuerza –léase invasión, sin darle vueltas–. Durante la década de los años 70 del pasado siglo el término de moda era “Estados comunistas”; con este pretexto Washington justificaba el mantenimiento de la Guerra Fría, y por ende el de los conflictos armados internos que se desarrollaban en buena parte de los países del por ese entonces llamado Tercer Mundo (especialmente en África, Medio Oriente y América Latina), donde realmente medían fuerzas las dos grandes potencias de aquel período.

Más adelante, y siempre en el marco de la Guerra Fría, la administración del presidente Ronald Reagan desarrolla un nuevo término: “Estados terroristas”, bajo la consigna de defenderse del terrorismo, “plaga de la era moderna”, y principalmente del terrorismo de esos Estados –nunca se ha logrado demostrar la existencia de Estados terroristas como tal–. Luego, con el presidente Bush hijo, el término cobra especial relevancia nuevamente. Durante la administración del presidente Bill Clinton se creó el calificativo de “Estados villanos o Estados forajidos”. Es así como a lo largo de la historia Washington decidió concebir diferentes términos de acuerdo a la ocasión; recuérdese, por ejemplo, aquello de “Eje del mal” (casualmente conformado por los países que decidieron no seguir negociando en dólares con la gran potencia sino pasarse al euro como divisa de cambio: Irán, Irak, Corea del Norte). Hoy día el término “de moda” es: “Estados fallidos”, los que, según la Casa Blanca, representan una amenaza para la democracia internacional, el Irak de Saddam Hussein por ejemplo, o que quizá podrían necesitar de la intervención de Estados Unidos para ¿salvarse? –léase Haití, para el caso, que fuera totalmente devastado en ese intento de “salvación”–. Es más que obvio que ninguno de todos estos conceptos ha logrado ser sustentado con fundamentos teóricos sólidos, por lo que, más que formulaciones teóricas serias de las ciencias sociales son construcciones ideológicas para uso político.

Lo anterior impone definir con precisión algo previo: ¿qué es el “Estado”, ¿qué representa?, ¿por qué existe? Siguiendo la definición leninista clásica, podría decirse que es “el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”. La experiencia de cualquier país capitalista lo muestra con evidencia; y más aún: aquellos designados ahora como “fallidos” lo dejan ver de un modo patético. Sin dudas “fallan” en su cometido de asegurar servicios básicos a la gran mayoría de la población, pero cuando se trata de defender los intereses de la minoría en el poder, sin lugar a dudas no fallan. La falta de salud, educación, agua potable, vivienda, caminos, etc., etc., es lo común en las sociedades pobres –la mayoría en el planeta–; pero los órganos de seguridad ¡no fallan! La ilusión que nos muestra al Estado como gran administrador, como garante de la armonía social entre todos los sectores, quizá se puede ver en mayor medida en las economías más desarrolladas: si bien ahí el Estado también es el mecanismo de control que utilizan las clases dirigentes para perpetuar su dominación, su desarrollo económico permite llevar más holgadamente los satisfactores sociales a toda la población, mientras que en los países capitalistas pobres (la gran mayoría del mundo), esos Estados cumplen muy a medias su cometido de brindar servicios en forma masiva. Pero cuando se prenden las señales de alarma para el sistema, aún en esas sociedades opulentas el Estado nunca sale en defensa de las mayorías. El capitalismo salvaje de estos últimos años lo muestra descarnadamente: ¿a quién rescata el Estado en una crisis financiera, a las masas de desempleados o a los bancos quebrados?

El Estado como control de clase no falla, ni en los países pobres ni en los ricos. Y eso es lo que cuenta para el sistema. Si en la periferia del Sur no se prestan servicios públicos decorosos, al sistema no le importa: mientras estén aseguradas las ganancias del gran capital, las cosas marchan. ¿Por qué, entonces, esta nueva preocupación de los poderes imperiales por las “fallas” que se ven los países pobres? ¿Qué se persigue con esta novedosa designación de “Estados fallidos”?, ¿qué intereses ocultos hay detrás de este término? Más aún, si son Estados débiles, con cargas fiscales bajísimas comparados con los del Norte ¿qué los ha llevado a ser Estados débiles? ¿Recién ahora el imperio se da cuenta de las injusticias estructurales en juego, del malestar de sus poblaciones?

Desde la época de la “Doctrina Monroe” (1823) “América para los americanos” (a través de la cual Estados Unidos dejaba claro a Europa que no permitiría ni una colonia más del Viejo Mundo en América, ni tampoco intromisión o interferencia alguna de Europa en estas tierras), pasando por la “Doctrina del Destino Manifiesto” y el “Corolario Roosevelt” (*) (ambos de principios del siglo XX, los cuales le daban a Estados Unidos luz verde para poder intervenir en el territorio de América Latina y el Caribe), y luego la Segunda Guerra Mundial, (donde las potencias de aquel momento se repartieron el mundo de acuerdo a su capacidad y conveniencia con Washington proyectándose como la nueva potencia político-militar y económica en confrontación con la Unión Soviética), puede verse cómo Estados Unidos, de una u otra forma, siempre ha tratado de delimitar lo que considera su área natural de influencia: América Latina.

El término “Estado fallido”, sin negar que los Estados a los que se le aplica presentan insufribles carencias, no es una conceptualización de carácter científico con argumentos y fundamentos bien elaborados que pretende incidir positivamente para cambiarles ese curso; el concepto de “Estado fallido” no es más que una nueva “doctrina” del gobierno estadounidense para seguir apropiándose de los recursos (naturales y humanos) de América Latina, África y Medio Oriente.

Con esta prédica constante que el neoliberalismo ya transformó en ley en relación a que el Estado no funciona (el Estado es intrínsecamente corrupto, ineficiente, inservible, etc., etc.), se persiguen varios objetivos: la privatización de los servicios de estos Estados a favor de capitales privados, en muchos casos transnacionales, y que en buena medida son de origen estadounidense; invasiones militares a supuestos “Estados fallidos” que, según esa lógica en juego, atentan contra la seguridad o la democracia en el mundo, tras lo cual se oculta el negocio de las armas (uno de los principales ingresos del país norteamericano); y luego de la destrucción, la reconstrucción de estos Estados por compañías de capitales norteamericanos principalmente.

Más que hablar de “Estados fallidos” podríamos hablar de “Estados débiles”. ¿Según quién estos Estados han “fallado”? Para los grupos oligárquicos, estos Estados han sido siempre perfectamente funcionales. Veamos cualquier caso de los países designados por el dedo imperial como “fallidos”: allí, es vox populi, las fuerzas de seguridad son corruptas, sanguinarias, y los mecanismos estatales son igualmente corruptos e ineficientes; la institucionalidad dominante no es capaz de brindar seguridad ni calidad de vida a la población. De todo ello no caben dudas. La vida en las sociedades del capitalismo periférico es durísima…., al menos para las grandes mayorías populares. Pero esos mismos aparatos sí son muy certeros en su función de represión y protección de los intereses oligárquicos. No hay que olvidar que el funcionamiento del Estado es el reflejo de las relaciones que se dan en la sociedad. Entonces podríamos decir que estos Estados funcionan muy poco en relación a los intereses de la gran mayoría, “fallan” en esa tarea, pero sí funcionan si los entendemos en la lógica leninista: mecanismo de control a favor de la clase dominante.

Ahora bien: ¿por qué no arreglar esas injusticias estructurales entonces? Ahí surge el engaño: hay una distancia entre esas ineficiencias estructurales –para lo que, en todo caso, se deberían buscar enmiendas– y su conceptualización de “fallidos”, que abre la oportunidad para otra cosa: ¿privatizarlos, invadirlos y apropiárselos por parte de una potencia externa?

Ello nos lleva a otra pregunta: ¿por qué estos Estados funcionan deficientemente, tan a medias? (a medias si los comparamos con los funcionamientos de los Estados capitalistas centrales, donde la calidad de vida definitivamente es superior). La historia política de los países hoy considerados tercermundistas ha sido muy desafortunada desde sus inicios en la modernidad globalizada que fue imponiendo el capitalismo europeo estos últimos siglos. En las centurias pasadas, siendo aún colonias de unas pocas metrópolis y luego con la independencia formal y el nacimiento de los Estado-Nación según el modelo eurocéntrico, los Estados latinoamericanos, africanos o asiáticos han sido y siguen siendo manejados como “feudos” al servicio de los intereses de un pequeño grupo. Estados capitalinos de espalda al interior de los países, racistas en muchos casos, siempre mirando a los centros imperiales (Estados Unidos o Europa) como sus referentes, sin proyecto nacional propio de desarrollo autónomo más allá de la venta de sus productos de agro-exportación, sólo proveedores de materia prima para los mercados internacionales.

En el plano político presentan modelos de desarrollo estatal en cierta forma más cercanos a una colonia que a un Estado moderno e industrializado; en general tienen un desarrollo macrocefálico en las capitales, son muy corruptos, con grandes ineficientes en la prestación de sus servicios en tanto se nutren de un recurso humano poco capacitado –según los criterios del desarrollo global dominante–, y manteniéndose con cargas fiscales muy bajas. Solo para ejemplificar esto último, mientras en algunos países del Norte se tributa al Estado hasta un 60% del Producto Interno Bruto, en los “Estados fallidos” esa carga tributaria en general ronda el 10%. Con ese raquitismo estructural es obvio que un Estado no puede proveer buenos servicios a la totalidad de la población; pero es evidente que estos Estados, surgidos de modelos coloniales, nunca se han modernizado/robustecido y por tanto siguen siendo estructuralmente débiles. Pero ello no obstante, “sirven” a los intereses de las clases dirigentes en tanto Estados-finca: escuelas y hospitales no, pero fuerzas armadas como ejércitos de ocupación sí. Y en esa lógica, también sirven a los intereses estratégicos de la Casa Blanca (“Sin dudas Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, pudo decir el presidente estadounidense Roosevelt).

Designar a un Estado como supuestamente “fallido” implicaría que “alguien” acuda a su salvación –obviamente una fuerza externa, bien preparada y dispuesta a “ayudar”–, tal y como ocurre en Afganistán, Haití, Irak y Somalia, entre otros. Esto nos llevaría a preguntar: si un Estado es “fallido” ¿cómo salvarlo? ¿Privatizándolo? ¿Por medio de la intervención militar de una fuerza extranjera que sea “capaz” de hacerse cargo de él?

 

No hay “Estados fallidos”, así como no los hay “forajidos”, ni “terroristas” ni “narcotraficantes”; en todo caso son Estados débiles y mal equipados que reflejan las relaciones de la sociedad de acuerdo al sistema socio-económico y político imperante.

*) Corolario Roosevelt. Emitido en 1904 por el presidente estadounidense Theodore Roosevelt, mediante el cual establecía que cualquier país de América bajo influencia de los Estados Unidos ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, Washington se veía en la obligación de intervenir en los asuntos internos del país “desquiciado” para reordenarlo.

Fuente: Argenpress

 

La revolución de las pancartas

La revolución de las pancartas

Por Gustavo Duch

Las verdades más ciertas, las razones más contundentes y los argumentos con mejores evidencias no se encuentran en las hemerotecas ni en los quioscos. El mercado capitalista, se tragó y digirió -casi por completo- a la prensa y sus libertades. Lo que eran páginas con disparidad de opiniones,  hoy son monografías, monocultivos del pensamiento.

Tampoco se escuchan en las televisiones, las retinas modernas que miran por nosotras y nosotros. Las pantallas son planas y sus latidos cardíacos, también. Sólo dan voz a los que ya la tienen; y sólo dan paso a tertulianas y tertulianos groseros, campeones de la intolerancia.

Ni tan siquiera aparecen en el recuento de las urnas. Las leyes de la democracia favorecen la dictadura de los partidos dominantes, igual que el arbitraje discrimina a los clubs pequeños. Se ensalza la profesionalidad (o tecnocracia) devaluando la afición y la vocación. Si votas, pero no votas a los partidos clásicos y hermanos gemelos, tu voto no se computa. Para los ganadores de los comicios de las recientes elecciones en España, el premio del Estado asciende a 26 millones de euros públicos, por los escaños obtenidos. Se incluyen aquí a las paletadas de regidoras y regidores que repiten legislatura, a pesar de estar imputados por corrupción, delitos urbanísticos, delitos ambientales, prevaricación y otras [presuntas] fechorías.

Las verdades más ciertas, las razones más contundentes y los argumentos con mejores evidencias se encuentran  contra la corriente. Sobre los muros, tabiques y cercas, grafitis de llamativos colores destacan entre tanto gris monocromo. «La barricada cierra la calle, pero abre el camino» son letras de spray en una pared madrileña, donde el Sol brilla como nunca.

Se leen en las pancartas acampadas por cientos de plazas de todo el territorio español, porque en tiempo de batallas -dice la inscripción sobre una tela blanca- «las ideas también son armas». Otras hablan cantando, como los poetas recitan sus penas: «me gustas democracia, pero estás como ausente».

Sus mensajes de lucha colectiva apelan al individuo. «La revolución empieza por uno mismo». «Escucha…si te compras una vida…nunca terminarás de pagarla». «¿Qué le vas a decir a tus hijos cuando te pregunten: dónde estabas? ¿Viendo la tele?»

No son antisistema, «el sistema es anti nosotros». Son «rebeldes sin casa». Son anti machistas porque la «revolución será feminista, o no será». Son miles de náufragos escribiendo testamento en botellas que arrojan al mar. «Quiero vivir, no sobrevivir». «No somos mendigos, practicamos para el futuro».

Identifican las causas: «no hay pan para tanto chorizo». Y a los causantes los señalan con el dedo: «fíate de un banco, y dormirás en él». Proponen nuevas recetas contra tanta patología; y ya crecen lechugas y zanahorias en los jardines de las acampadas. Para matar el hambre y porque «la huerta abuena a la gente».

Por las plazas de las pancartas se ha visto tomar notas a los empresarios del marketing. Hacen carreras para patentar tanta creatividad. Con camisetas, chapitas y gorras -piensan- explotaremos al máximo el negocio de la rebeldía. O tal vez la rebeldía haga que todo explote, porque -lo dice una pancarta: «llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones». Una explosión que puede parir un mundo nuevo.

La comunicación tiene múltiples emisores desde tantas plazas españolas, pero a las y los receptores les entró una sordera aguda. Aunque se les grita con fuerza, a la oreja, en la misma Audiencia, no escuchan nada. Así que entonces lo mejor es ponerlo por escrito, en la pancarta, con letras grandes para que las vea su vista cansada: «Un gobierno que no escucha a su pueblo, no merece gobernar», «tu corrupción es mi perdición» y «esto no es una crisis, es una estafa».

Pero al sistema capitalista -por falta de costumbre- tantas verdades, tantas razones y tantos argumentos, le sienta mal y le provoca ataques de violencia. El ejemplo ha sido Barcelona, donde el hierro de las porras… no ha podido doblegar el cartón de las pancartas.

* Gustavo Duch Guillot es autor de ‘Lo que hay que tragar’ y coordinador de la revista ‘Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas’.

España: “ME GUSTA CUANDO VOTAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE”

España: “ME GUSTA CUANDO VOTAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE”

Por Pedro Cazes Camarero

La paráfrasis del bello poema de Neruda fue recopilada el 15 de mayo, primer día de la toma de la plaza de la Puerta del Sol, en Madrid. Nada más apropiado para describir la obnubilada conciencia de la mayoría que el domingo 22 le dio la victoria electoral al fascistoide Partido Popular.

Durante un par de días los medios masivos de todo pelaje concedieron, en la Argentina, poca atención a los sucesos que estaban ocurriendo en la península. El primer reflejo ante un acontecimiento inexplicable y potencialmente peligroso fue el silencio. Blindaje sin embargo perforado por Internet, que nos trajo antes que nadie el perfume de la primavera asamblearia que se difundía por las ciudades de la Madre Patria.

El trueno y el fuego de la ira del pueblo habían ardido, es cierto, durante semanas a lo largo de la costa sur del mediterráneo, achicharrando regímenes vetustos en los países musulmanes, ofreciéndonos el desconcertante espectáculo del reciente premio Nóbel de la Paz  y los siete enanitos de la OTAN intentando sofocar las llamas a sopapos de ciego. Para Occidente, la revolución árabe era cosa de gente hirsuta y enojada, que vociferaba consignas extrañamente similares a las de la Revolución Francesa de 1789. Nada hacía prever que la combustión estallara a su vez, de manera endógena, en la otrora próspera ribera norte  del antiguo mar.

Todos los relatos coinciden en describir una España que dista de ofrecer el aspecto desgreñado de la Argentina pre 2001, pero también que bajo ese exterior todavía pulido y próspero anida la desesperación por el desempleo, las hipotecas impagables y la parálisis económica. Trotsky decía que tras de cada fascista hay un pequeño burgués asustado, lo cual explica muy bien la victoria del Partido Popular. Hay sin embargo otra alternativa, que es la que irrumpe en las plazas.

No, en España no hay las muchedumbres comiendo de la basura, las ollas populares, los andrajos por vestidos, que le daban al Buenos Aires del año 2001 la pinta de la postguerra de una conflagración que nunca se libró; pero el descrédito de los líderes políticos y del propio Estado es sumamente parecido. Ya las asambleas, hermosas e ¿inútiles?, buscan síntesis tal vez prematuras, mientras la organización impecable de la solución de las necesidades de la multitud que colma los espacios públicos, desde el alimento a la limpieza y el cuidado de los niños, prefigura el comunismo en acto y es absolutamente ajena a la voluntad de un Estado que sólo colabora absteniéndose de reprimir.

El fenómeno es imponente por su magnitud y por su complejidad intrincada, es el emergente no planificado, sólo entresoñado por los más audaces, de un encuentro virtual y físico; es un acto de amor. La multitud afirma: “no estamos en Facebook, estamos aquí”, al mismo tiempo que abruma la red virtual con reflexiones, fotos, películas y bromas. ¿Cuántos llamados, cuántas convocatorias, cuántos encuentros fueron convocados hasta que brusca, misteriosamente, fragua el cemento colectivo?

Todas las crónicas que llegan hablan de la predominante juventud y belleza de los allí reunidos; todas hablan también de la alegría, de la felicidad del encuentro. Empero, a no engañarse: detrás del sarcasmo ingenioso y de la risa, se agazapa la ira. La furia se contiene y se sublima en las consignas, pero el encuentro hermoso y fraternal está motivado por el horroroso abismo abierto a los pies de cada cual. Nunca se percibió más claramente que el capitalismo te invita a un festín que te será vedado, te ofrece una felicidad que jamás habrás de gozar. Más aún, hasta la módica complacencia de los días corrientes, del modesto ir y venir al trabajo donde el patrón te explota, te es arrancada o está en grave peligro.

En la Argentina, el 19 y 20 desembocó en el kirchnerismo. El apasionado ejercicio asambleario y anti estatal, que movilizó a centenares de miles de activistas, no liquidó al sistema, sino que implantó un régimen desarrollista. Éste, aunque claramente capitalista, explícitamente alejado de cualquier forma de socialismo, lo mismo viene teniendo severos encontronazos con los grupos hegemónicos. Esto se debe a importantes diferencias simbólicas y político-económicas.

En lo simbólico, respecto a la recuperación de la memoria histórica de la represión, la experiencia de la resistencia que viene encontrando el tema en países como Uruguay, Brasil y la propia España, permite medir el alcance de los avances del examen retrospectivo acometido por el oficialismo en la Argentina, que no debe ser subestimado.  

No obstante, resulta sobre todo necesario comprender el significado y alcance del programa político y económico que se puso en práctica, con muchas ambiguedades, a partir de 2003, para percibir la naturaleza de la ruptura con el inmediato pasado. Destinado a la expansión de la economía real, generó riqueza suficiente para un dramático crecimiento del PBI, una fuerte caída de la pobreza y la indigencia, y a la vez una triplicación de las ganancias empresarias. Aunque favorecido por una sostenida mejora de los términos internacionales de intercambio, este crecimiento se produjo ante todo gracias a decisiones explícitas de los sucesivos gobiernos kirchneristas.

A pesar de haber sido los principales beneficiarios de esta estrategia, así como fueron los principales responsables de la catástrofe neoliberal que naufragó en el 2001, los grandes grupos económico-financieros están decididos a recuperar la hegemonía en la Argentina y reimplantar las reglas de los noventa. Esta pugna entre dos políticas de acumulación, entre dos proyectos de Estado, entre dos modos antagónicos de inserción internacional, es lo que se estará dilucidando en las cercanas elecciones argentinas, por lo cual las mismas distan de carecer de opciones, como ha ocurrido en España, donde el PSOE se ha encargado de hacerle el trabajo sucio a la derecha.

La diferencia en la productividad de las economías de Grecia, Irlanda, Portugal y España (entre otras) respecto de las de Alemania y Francia, explica la sistemática transferencia de riquezas hacia el centro capitalista y la imposibilidad de mantener el euro como moneda común sin transferencias equivalentes y simétricas desde el  centro a la periferia mediterránea. Estas transferencias previstas y pactadas en el momento de la implantación de la moneda única, comenzaron a efectuarse pero fueron interrumpiéndose mucho antes de que las respectivas productividades de los conglomerados nacionales lograran equipararse. Por ello fueron reemplazadas por préstamos bancarios, hasta que el riesgo de seguirlos ofreciendo equiparó y superó los beneficios. Fue el momento del crack.

Actualmente, incluso en Francia y Alemania están surgiendo entre el funcionariado y las cúpulas académicas cada vez más voces que  alegan la imposibilidad de mantener un modelo capitalista que restringe la creación real de riqueza, redistribuye la masa total de ganancias a favor de los grupos financieros y genera tensiones sociales insostenibles al intentar frenar (y sólo momentáneamente) la caída tendencial de la tasa de ganancia del sistema, con el expediente de emplear al Estado para forzar la reducción salarial.

Esta polémica reproduce a  escala global la que viene efectuándose en la República Argentina, con la diferencia de que en Europa, Japón y los Estados Unidos son (todavía) los neoliberales los que tienen en sus manos la batuta política. Lejos de tomar nota de su responsabilidad en la recesión mundial desencadenada en 2008 y que no hace más que agravarse, y atrincherados en el Banco Central Europeo con sede en Alemania, intentan imponer a su mini periferia del área del Euro (Atenas, Lisboa, Dublin y Madrid) dramáticas medidas contractivas, incluida la venta a precio vil del patrimonio público, decisiones que en la Argentina sabemos por amarga experiencia que sólo agravarán la situación.

El linchamiento mediático del presidente del Fondo Monetario Internacional Strauss Kahn es un capítulo significativo de este forcejeo programático. El personaje era una de las principales figuras mundiales por medio de una designación escasamente democrática. Casi al mismo tiempo que se preparaba su promulgación como candidato socialdemócrata a la presidencia de Francia, en una entrevista con el mandatario estadounidense Obama efectuada poco antes, le adelantó la iniciativa de su corriente en la institución que encabezaba: dar por difunto el Consenso de Washington y desencadenar una ofensiva muy keynesiana destinada a agrandar la torta (léase la masa absoluta de plusvalía a repartir). Dos días más tarde fue bajado con malos modales por el FBI del vuelo de Air France que lo devolvía a Europa, y encarcelado bajo la acusación de ataque sexual. El tipo tenía al parecer algunos antecedentes en ese sentido, y es posible que efectivamente cometiera el delito, pero su escarnio público fue una decisión política destinada claramente a disuadir a futuros disidentes neoliberales respecto a convertirse a la nueva religión desarrollista.

La Plaza del Sol, como bautizaron la movida madrileña sus protagonistas, está sometida a múltiples forcejeos. De acuerdo a las declaraciones de sus heterogéneos voceros, da la impresión de que el rico acontecimiento hubiera nacido de un repollo, que no tuviera inserción en pasado alguno. Nadie parece reivindicar un origen histórico a la lucha, y las banderas partidarias de la izquierda, de los anarquistas y de la República Española están proscritas (aunque algunas proclamas se manifiestan antimonárquicas). El ambiente utópico corre el riesgo de volverse utópico de verdad. Sin embargo, recordando el papel bastante nefasto de la participación de los partidos de izquierda en el movimiento asambleístico argentino (2001-2002), la desconfianza hacia las organizaciones radicalizadas con presencia histórica por parte del movimiento peninsular no resulta completamente subjetiva.

Una de las maneras posibles para que no ocurra el desmenuzamiento y evaporación del Movimiento, sería su prolongación geográfica hacia otros países damnificados, como parece estar ocurriendo en Grecia y quizás en Italia. En ese caso, no les será tan fácil a los partidos del sistema de toda Europa apostar al desgaste y la extinción del nuevo enemigo. También parece que el sectarismo antipolítico de algunos encuentros comienza a ceder y en las asambleas comienza a hablarse seriamente de estrategias y poder político. También llegan informes (25/5/11) acerca de que algunas de las asambleas están emigrando a los barrios de las grandes ciudades, como Sevilla, con el objetivo de masificarse y enriquecerse. Nada mal.

Atrincherados tras la barricada del Euro, organizados en la asociación ilícita del bipartidismo, los políticos españoles (y los europeos en general) rehúsan ni siquiera oír hablar de cambiar de planes. El desarrollismo de Cristina Kirchner, que viene mostrando cierta eficacia para salvarle la ropa al capitalismo generando cierta riqueza real y una adhesión bastante masiva, es descrito como un populismo inaceptable. Ni hablar de las controversiales experiencias de Ecuador, Bolivia y Venezuela. Lo único que se les ocurre a los banqueros de Europa es financiar la crisis desmantelando el Estado de Bienestar y expropiando las remuneraciones no salariales de las mayorías para frenar la caída de la tasa de ganancia.

La estrategia de aumentar la extracción de plusvalía relativa en los países centrales a través de un aumento de la productividad laboral, funcionó durante unos años como un estabilizador político después de la segunda guerra mundial. Desde hace veinte años, este paradigma fue reemplazado paulatinamente por el endeudamiento creciente de los asalariados y la especulación con el capital virtual así generado. Nadie se dio mucha cuenta, hasta que ese modelo mostró sus límites: por ejemplo en Japón, desde hace varios años, la tasa de interés bancaria es prácticamente nula.

Los Estados Unidos han decidido salir de este laberinto por arriba, a través de la industria bélica y de la expropiación de los excedentes acumulados por la capa más próspera de los asalariados. Esto se traduce en guerras coloniales, un estado de guerra civil permanente contra las fracciones más débiles de su propia población (con el 1 por ciento de su población masculina adulta en la cárcel), y financiando su inflación exportándola al resto del mundo, incluyendo a Europa y Japón.

Esta estrategia no puede ser aplicada masivamente por Europa, y existe una fuerte voluntad política de los grupos hegemónicos respecto a no recurrir al keynesianimo, que en el siglo XX dio respuesta (en el marco del capitalismo) a algunos de estos problemas históricamente recurrentes, impulsando el gasto estatal. La victoria electoral de partidos como el PP español permite alucinar con que esta decisión sea aplicable, hasta que los nuevos gobiernos de derecha y ultraderecha muestren la hilacha frente a sus bases y al resto de la sociedad. Por cierto no falta demasiado tiempo.

Se jugarán al desgaste, el desgajamiento y la disgregación de los movimientos como el 15-M que proliferarán durante los próximos meses, basándose en las graves debilidades que exhiben: heterogeneidad, espontaneísmo, inorganicidad, pacifismo, ingenuidad. Sin embargo, esas mismas debilidades constituyen fuerzas titánicas que los fascistas deberían vacilar antes de invocar. Porque la heterogeneidad es riqueza, el espontaneísmo es creatividad, la inorganicidad es libertad, el pacifismo es legitimidad, y la ingenuidad es una actitud mental, no una muestra de imbecilidad.

Sin embargo, Bifo Berardi, en las “Lecciones sobre la Insurrección” que se publica al mismo tiempo que este texto, tiene razón: las plazas españolas se hallan tomadas por los “Indignados”, y el enemigo sospecha nuestra debilidad secreta: el tiempo de la indignación ya pasó y que quien se indigna ya comienza a aburrirse. Nosotros no podemos indignarnos más: tenemos que rebelarnos.

 

Pero la insurreccion es peligrosa.

¿La insurrección es peligrosa?

Bifo dice: sabemos cómo se hace, sabemos cómo se entra en vuestros circuitos, sabemos cómo hacer enloquecer vuestros circuitos, y también que estos circuitos que son tan vuestros como nuestros, pueden servir para nuestra riqueza, nuestro placer, nuestro bienestar y nuestra cultura. Es para esto que pueden servir los circuitos que la inteligencia colectiva produjo y que el capitalismo nos ha expropiado y usa ahora contra nosotros. Éste el significado de la insurrección: apropiarse de lo que de verdad es nuestro.

Bifo propone ir a sentarnos en el suelo de los bancos de las grandes ciudades y “comeremos una banana, un capucino y un sandwich, como hace la gente civilizada, y hablaremos de biología molecular, de Goehte, leeremos el Fausto, las poesías de Rainer Maria Rilke, alguno hablará de la poética de Kandinsky y otros de física nuclear.

Mentira. Es decir, también haremos eso. Pero lo que verdaderamente haremos para recuperar lo nuestro, a esos hijos de puta no se los vamos a decir.

Foto:Los dirigentes de la izquierda abertzale, Joseba Permach, y Rufi Etxeberria, saludan al público durante el acto que la coalición Bildu celebra esta noche en el frontón Atano de San Sebastián.

Buenos Aires, 25 de mayo de 2011

Las noches calientes de los pueblos de España

Las noches calientes de los pueblos de España

Por Jorge Altamira

Las interpretaciones de los procesos políticos parecen desfallecer cuando encaran la situación de España. Decenas de miles de personas ocupan los centros de las principales ciudades -desafiando las órdenes de desalojo de la policía- para reclamar el fin del sistema político cuando culmina una campaña electoral que dará el triunfo a la derecha, la cual encarna más que nadie a ese sistema, pues representa la herencia del franquismo y la antidiluviana institución clerical, y que -como valor agregado- es una punta de lanza del capital financiero español, que exige un rescate de la bancarrota capitalista a costa del sufrimiento de las grandes masas.

 

En la movilización sin precedentes de todos los pueblos del Estado español, están notoriamente ausentes la UGT y Comisiones Obreras, dos de las organizaciones históricas de la clase obrera, cuya burocracia se ha asociado a la política de liquidación de los derechos laborales, incluidas las jubilaciones. Los sindicatos fueron incapaces de enviar mensajes de solidaridad política a los manifestantes y ocupantes, y se inmolaron hasta el final en el apoyo al gobierno del Estado. Estamos ante una manifestación del desarrollo de las características subjetivas de la crisis mundial en todas sus contradicciones. España anticipa un verano caliente con sus deliberaciones y manifestaciones nocturnas -un ‘invento’ del Argentinazo.
Lo que viene ocurriendo, sin embargo, no es una novedad, sino una reposición. En 2004, también una movilización popular excepcional violentó toda la reglamentación que rige las vísperas de las elecciones como respuesta a una provocación del gobierno de Aznar, del PP, ante un atentado terrorista y dio vuelta un resultado electoral en 48 horas, otorgando la victoria al PSOE. Recientemente, cuando comenzó la política del ajuste, las bases del subterráneo paralizaron los servicios en forma fulminante -para pavor de Rodríguez Zapatero, la burguesía y la burocracia sindical. El conformismo que se adjudica a las masas de España desde el ingreso del país a la entonces Comunidad Europea es interrumpido en forma brusca y sucesiva por estallidos populares, que obligan al poder a componendas y virajes hasta el estallido siguiente. La curva general crece, sin embargo, en amplitud y repercusión. Las manifestaciones que están en curso incorporan una novedad de peso: son la primera respuesta masiva a la bancarrota capitalista y adelantan el escenario de luchas que diseñan la inminente cesación de pagos de Grecia y la ruptura en la cúpula dividida de la Unión Europea. El Banco Central de Europa acaba de amenazar con un boicot a la deuda pública de los países que reestructuren o refinancien sus deudas. Es otra forma de decir que aboga por la expulsión de los Estados quebrados de la zona monetaria del euro -y, por carácter transitivo, de la Unión Europea.
La victoria del franquista PP (que es franquista lo prueba su violenta oposición a investigar los crímenes cometidos en la guerra civil y su asalto al juez Baltazar Garzón) impresiona bastante menos que el derrumbe del PSOE: ganó 400 mil votos contra una pérdida de dos millones de su rival. O sea que, a cuenta gotas, la hemorragia ‘socialista’ se desparramó hacia partidos regionales y otros, donde se destaca la perfomance espectacular de la coalición independentista Bildu, en el País Vasco, que se llevó el 25% de los votos y la totalidad de los municipios. De todos modos, si existe una ruptura de la tendencia a apoyar a los partidos tradicionales, ella se manifestó en forma incipiente. Los movilizados en ningún momento llamaron a la abstención o al voto en blanco, una expresión de la ausencia de homogeneidad política. Pero la ocupación extraordinaria de plazas públicas le quita relevancia anticipada a los resultados electorales, como ocurrió en Argentina con posterioridad a las elecciones de octubre de 2001 -donde también se manifestó una ruptura incipiente con el régimen político. A fuerza de poner un signo igual entre las elecciones y la tendencia subjetiva de las masas, los observadores y los políticos confunden la representación formal con la realidad -ni sospechan que esta última ya amenaza con llevarse puesta a la primera. A quienes se apuran en adjudicar a las asambleas populares el consabido mote de la ‘espontaneidad’, respondemos que los programas que han hecho circular plantean la nacionalización de la banca y la reestatización de las empresas que han sido privatizadas. El solo cumplimiento de este punto llevaría a la confiscación de la burguesía española. Las asambleas han votado, asimismo, la organización de asambleas barriales que, si fructifican, establecerán lazos con los comités o comisiones de fábricas y empresas.
El entramado de las contradicciones en España se manifiesta ahora en una dicotomía elemental: el gobierno del PSOE no puede continuar, pero España no tiene condiciones de atravesar una campaña electoral y menos de consagrar un gobierno del PP. El comando mayor de la UE y del BCE exige que siga Rodríguez Zapatero, incluso porque no confía en los ‘populares’, ya que en su seno operan tendencias al distanciamiento y hasta la separación de la UE, así como tendencias pro-norteamericanas, que esperan el rescate de Estados Unidos y de ningún modo de Alemania. El fiel de la balanza en esta crisis lo tiene la catalana Convergencia e Unió, el partido de la gran burguesía de Cataluña, firme aliado del capital alemán, que cuenta con los votos parlamentarios para decidir la continuidad o no de Rodríguez Zapatero. Pero como dicen los asambleístas, España no está gobernada, en última instancia, por el parlamento, sino por los ‘mercados’ -y los ‘mercados’ están a punto de irse de nuevo al diablo de donde nunca salieron. Los acontecimientos extraordinarios vividos por una parte de los pueblos de España en las últimas semanas constituyen una anticipación del derrumbe inminente de los planes de rescate y una preparación para hacerle frente. La iniciativa histórica ha pasado a los explotados.

Autor foto: Manuel Martín Vicente - FLICKR

Fuente: Argenpress