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T r i b u n a c h i l e n a

Maldito socialismo, ¡cómo te echamos de menos!

Maldito socialismo, ¡cómo te echamos de menos!

Higinio Polo
El Viejo Topo

Hace unas semanas, en Berlín, mientras los beneficiarios del cambio político en la Europa del Este celebraban la desaparición del muro (y, sobre todo, del “socialismo real”) hace veinte años, como prueba manifiesta de la superioridad social del capitalismo, la prensa internacional conservadora lanzó una de sus habituales campañas propagandísticas para vender de nuevo la mentira del supuesto éxito conseguido por el cambio político y económico en los antiguos países socialistas europeos. La escenificación de una alegría impostada en ceremonias de auto alabanza (con evidentes concesiones al nacionalismo alemán) y la presencia, y, después, las imágenes difundidas por el mundo de Gorbachov, George Bush, Kohl, Merkel, Wałesa y otros (incluso Medveded) celebrando la “victoria sobre el comunismo”, escondían el sufrimiento social causado por el retroceso hacia el capitalismo en toda la Europa oriental, y se revelaban como la gran mentira de los festejos de Berlín.
Hace un año, en enero de 2009, haciéndose eco de un estudio de la Universidad de Oxford, el diario italiano Il Manifesto publicaba un artículo sobre las consecuencias de las privatizaciones y de las reformas de la llamada terapia de choque de Yeltsin y Gaidar en Rusia. El trabajo que citaba el diario italiano había sido publicado en la revista médica Lancet y llevado a cabo por David Stuckler, de la Universidad de Oxford, Lawrence King, de la Universidad de Cambridge, y Martin McKee, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, utilizando datos de organismos de la ONU, como la UNICEF, después de una investigación de cuatro años. Un millón de muertos. Ese era el resultado de la investigación que concretaba el aumento de la mortalidad (casi un trece por ciento, durante los años noventa) a consecuencia del desempleo, las privatizaciones y la aplicación de las recetas liberales que extendieron el hambre, la miseria y causaron la destrucción de la economía rusa. Debe hacerse la precisión de que el estudio abarcó la mayor y más poblada república soviética, pero que, de hecho, Rusia representa sólo la mitad de la población que componían las quince repúblicas soviéticas, y tampoco abordaba lo sucedido en el resto de países socialistas, que, juntos, sumaban otros cien millones de habitantes. Ese estudio publicado en Lancet , por tanto, sólo habla de la mortandad causada entre ciento cincuenta millones de habitantes, mientras que el conjunto de la población de la Europa socialista alcanzaba los cuatrocientos millones. No debe olvidarse, además, que esas cifras son estimaciones, puesto que otros estudios elevan mucho más el número de víctimas: piénsese en el aumento de la mortalidad infantil, en el retroceso de la natalidad, en el descenso de la población (a veces, por la emigración; en otras, por causas distintas, que no siempre es fácil clasificar). Ucrania, por ejemplo, ha descendido desde los 52 millones de habitantes que tenía en el socialismo, en 1991, a los actuales 46 millones, dieciocho años después.

Por supuesto, nada de eso se vio reflejado en los festejos de Berlín, ni el gobierno pronorteamericano de Yushenko y Timoshenko, ni los países capitalistas occidentales se han preguntado hasta ahora por la causa de un desastre demográfico de tal magnitud. Y es sólo un ejemplo, aunque sea de los más dramáticos. La antigua RDA, que contaba con dieciséis millones de habitantes, ha perdido dos, sobre todo por la emigración, y muchas ciudades se están despoblando. Incluso el International Herald Tribune (en su edición del 15 de enero de 2009) se hacía eco de la muerte prematura de unos tres millones de personas en el conjunto de los antiguos países socialistas europeos, según datos de los organismos de la ONU, y de la pérdida de unos diez millones de personas en esos territorios. Ante el horror y la contundencia de las cifras, Jeffrey Sachs (uno de los principales asesores de la terapia de choque capitalista en Rusia y otros países) intentó descalificar esas estimaciones y, en una carta a The Financial Times, consideró un éxito la reforma en Polonia, Chequia y Eslovenia, al tiempo que achacaba la mortandad en la antigua URSS a una evolución que se inició en la década de los sesenta del siglo XX, y a “la pobre dieta alimenticia soviética” (afirmaciones que la excelente investigación de Serguei Anatolevich Batchikov, Serguei Iurevich Glasev y Serguei Georguevich Kara-Murza, en El libro blanco de Rusia. Las reformas neoliberales (1991-2004), deja por completo en evidencia). Refutando a Sachs en esas mismas fechas, en una entrevista en The Times, el premio Nobel Joseph Stiglitz afirmó que la terapia de choque fue “una política económica desastrosa”. El capitalismo ha llevado a la muerte a millones de personas, y no sólo en anteriores etapas históricas, sino en estos últimos años. La desaparición del socialismo europeo no fue un éxito, sino una catástrofe, y centenares de miles de personas vivirían aún de no haber mediado ese desastre que celebraban en Berlín.

* * *

Bajo el socialismo, con el trabajo, asegurado para toda la vida para cualquier ciudadano, se disponía de casa, de asistencia médica, vacaciones y jubilación. Nadie pensaba en el desempleo, ni en los desahucios y la falta de techo, ni en las abusivas hipotecas de por vida, ni esperaba con temor una vejez desamparada y pobre. La privatización trajo consigo la pérdida de millones de puestos de trabajo, el desmantelamiento de buena parte de la industria, creó una espantosa corrupción, y. además, desató la miseria, la desesperación, el aumento del alcoholismo, de los suicidios, el abandono de niños, las pensiones de miseria, la introducción de ciegos criterios de mercado por encima del interés social, mientras se enriquecía una minoría.

El desastre en las instituciones científicas, el retroceso en la investigación, la ruina de la cultura, la introducción desde el Occidente capitalista de los más banales y zafios recursos de entretenimiento y alienamiento popular, la planificada destrucción de las costumbres sociales de ayuda mutua y solidaridad, fue acompañada por la exaltación del egoísmo personal y la búsqueda del bien privado, porque lo común pasó a ser considerado sospechoso por el nuevo poder capitalista. El desmantelamiento de la sanidad pública, el aumento de los precios de las medicinas, la reducción de la esperanza de vida, afectaron de manera determinante a la población. Todavía desconocemos las cifras de suicidios, las muertes causadas por el alcoholismo de quienes habían caído en la desesperación; la mortalidad debida a la proliferación de enfermedades como la tuberculosis, que afectan ahora a millones de personas, el destino de muchos de los centenares de miles de vagabundos y de niños abandonados que llenaron toda la geografía de la Europa oriental, y que siguen viéndose hoy, que fueron consecuencia directa de la salvaje implantación del capitalismo. Si hace dos décadas el hambre era desconocido en toda la Europa oriental, hoy afecta a millones de personas. Se dispone de algunas estadísticas parciales: en Ucrania, hoy, por ejemplo, un millón y medio de personas pasa hambre.

Esa política, impulsada en Rusia por el sanguinario Yeltsin, y por personajes como Gaidar y Chubais, tenía detrás a académicos norteamericanos neoliberales como el citado Jeffrey Sachs, y suecos como Anders Åslund (ayer, asesor económico en Rusia y Ucrania, y hoy responsable del programa ruso y euroasiático de Carnegie Endowment for International Peace de Washington), y sus ideas recibieron el apoyo entusiasta de Estados Unidos, con Clinton al frente (el presidente a quien tanta risa daban las ocurrencias del alcoholizado Yeltsin); tenían el sostén de Alemania, con Helmut Kohl; de Gran Bretaña, bajo John Major; y de Francia, con Mitterrand, y, después, Chirac.

Con apoyo occidental se produjo el mayor robo de la historia de la humanidad, en la Unión Soviética y en el resto de países socialistas europeos. No hubo frenos al latrocinio. Incluso, como ocurrió en Bulgaria, llegaron a devolver al rey Simeón ¡más tierras de las que poseía antes de la nacionalización decretada al finalizar la Segunda Guerra Mundial! Solamente en la RDA, aunque suele alegarse el gran volumen de las “ayudas” desde la RFA a las nuevas regiones del Este, se oculta que Bonn se apoderó de todo el patrimonio nacional de la RDA, que tenía un valor calculado en el doble de los desembolsos realizados por Bonn: la deliberada destrucción de la industria del Este alemán, exigida por los empresarios y aplicada por el gobierno occidental, forzó a la emigración de centenares de miles de ciudadanos y aceleró el envejecimiento de todo el territorio oriental. También las mujeres perdieron: en la RDA, trabajaban el 92 % de ellas; hoy, apenas el 69 %. Libertad… para emigrar, y para morir.

Esa realidad es conocida por los investigadores y por los gobiernos, pero no por ello se sienten aludidos los liberales: algunos, aunque no pueden dejar de reconocer el desastre, insisten en las ventajas a largo plazo de la implantación del capitalismo en la Europa del Este. Veinte años después de la desaparición de los sistemas socialistas que gobernaban la Europa del Este, la bien engrasada maquinaria propagandística de los medios de comunicación sigue remachando el clavo de la interpretación sobre aquellos hechos: manejando ideas simples para asuntos complejos, liquidan el expediente evocando la supuesta “rebelión popular contra el socialismo”, para terminar felicitándose, interesadamente, por la “muerte del comunismo” y el “triunfo de la libertad”. Además del recurso a la deshonesta y falsa equivalencia entre nazismo y comunismo, los defensores del capitalismo utilizan otros argumentos. La equiparación entre democracia y capitalismo fue sólo una de las muchas astucias de tramposos que los laboratorios ideológicos del liberalismo desarrollaron con éxito en la Europa del Este, pese a la evidencia de que el capitalismo no trae consigo la democracia: de hecho, ha convivido y convive con regímenes dictatoriales, monarquías autoritarias, estados expansionistas y belicistas, democracias tuteladas, y, también, con el nazismo y el fascismo. Porque la actual democracia liberal (corrompida por el poder del dinero) es sólo una de las formas políticas que ha adoptado el capitalismo. Otra de las trampas que utilizan los liberales es la condena universal del socialismo por los excesos y crímenes del pasado, mientras que el capitalismo es presentado como carente de historia: parecería que ni el colonialismo, el imperialismo, las matanzas y la represión en todos los países, existieron nunca, y, si se recuerdan, son para considerarlos fenómenos históricos que no tienen nada que ver con el capitalismo actual, pese a las guerras que mantiene. Para la propaganda liberal, ese capitalismo está representado apenas por los países más desarrollados, no por los más pobres: es Francia, no Egipto; es Alemania, pero no Indonesia; es Estados Unidos, pero no Haití. El entusiasmo liberal por la revisión de la historia llega al extremo de querer equiparar comunismo y nazismo por el procedimiento de negar la evidente filiación del fascismo con el capitalismo, y con la abusiva utilización del término “totalitario” que permite crear el espejismo de un capitalismo “democrático” que se habría opuesto al totalitarismo de nazis y comunistas, idea que no resiste la menor comprobación empírica, porque el nazismo y el fascismo no fueron derrotados por las potencias capitalistas sino por el socialismo soviético.

Nikolái Rizhkov, que fue, desde 1985 hasta 1990, presidente del gobierno soviético con Gorbachov, y que hoy, como senador, defiende la política de Putin, considera que “la desaparición de la URSS fue una tragedia”, y todos los indicadores sociales y económicos lo confirman. No sólo en lo económico: Rizkhov cree que Gorbachov negoció mal el “asunto alemán” y que nunca debió aceptar que la Alemania unificada permaneciese en la OTAN. Esa imposición estimuló la voracidad y la ampliación posterior de esa alianza, que ha llegado a engullir incluso a tres antiguas repúblicas soviéticas, y a establecer cuarteles norteamericanos en las puertas de Rusia. El Pacto de Varsovia fue desmantelado; la OTAN sigue planificando guerras. Se seguirá discutiendo durante mucho tiempo sobre esa catástrofe. Hoy, las diversas explicaciones llegan desde la indigencia intelectual y la deshonestidad política de los medios liberales, pasando por la severidad de un sector de la izquierda (socialdemócrata, trotskista, anarquista) que condena, a veces sin matices, la experiencia del socialismo real , y terminando con la hagiografía de otro sector de la izquierda (comunista) que rechaza cualquier análisis crítico de la realidad de los antiguos países socialistas europeos. También, figuran las de quienes intentan ser equilibrados y honestos a la hora de juzgar lo que fue el “socialismo real” y, sobre todo, lo que ha supuesto para la población el retorno al capitalismo.

Desde la Polonia que acaba de prohibir la bandera roja y los símbolos comunistas (igual que hicieron Hitler, o Franco, o Mussolini), desde la Chequia que intenta prohibir ahora el partido comunista; desde los países bálticos, que con su feroz falsificación histórica relegan a los comunistas a la clandestinidad y absuelven a los nazis locales de su complicidad con el Reich hitleriano; desde la Alemania unida que persigue el recuerdo de la RDA, o desde la Rusia que quiere destruir al partido comunista, todos esos países, unidos al gran altavoz de la propaganda liberal que tiene su centro en Estados Unidos, se agrupan tras Washington en una poderosa coalición que sigue saludando como una gran victoria de la libertad el vendaval que se inició en 1989 y culminó, primero, en 1991, con la desaparición de la URSS, y finalmente, en 1993, con el golpe de Estado de Yeltsin en Rusia, que consolidó la vía golpista al capitalismo.

La política de Gorbachov segó la hierba bajo los pies de los dirigentes comunistas europeos, porque estimuló las protestas y anunció tácitamente que Moscú no movería un dedo para sostener a la Europa oriental. Incluso se estimularon las protestas: los gobiernos se vieron abocados a iniciar improvisadamente reformas, a entablar procesos de negociación con la oposición y, en última instancia, a ceder el poder. No obstante, pese al análisis predominante que hoy se hace en Occidente (sostenido con entusiasmo por los beneficiarios del cambio de régimen: una mezcla, según los países, de antiguos disidentes, viejos “comunistas” reconvertidos al capitalismo y nuevos burgueses surgidos de la rapiña y el caos), que puede resumirse en la falsa foto fija de una “rebelión contra el socialismo”, lo cierto es que las manifestaciones de 1989 en la Europa del Este no reclamaban nunca el capitalismo: querían reformar el socialismo, acabar con el autoritarismo y los abusos del poder comunista, conquistar la libertad y acabar con el temor reverencial al poder, conservando las estructuras económicas del socialismo. Sin embargo, las explicaciones no son sencillas, y aunque desconocemos todavía buena parte de las complicidades y de la acción que desarrollaron las grandes potencias, no se sostiene la interpretación liberal de un hartazgo popular, porque buena parte de la población permaneció a la expectativa. La supuesta rebelión popular en Rumania contra Ceaucescu, por ejemplo, nunca existió: hubo importantes y nutridas manifestaciones, sí, pero el general Stanculescu ha revelado recientemente que el golpe de 1989 que terminó con la sentencia a muerte del presidente del país contó con la complicidad soviética y norteamericana. Al margen del turbio carácter del personaje, y de su afán por justificar su papel, lo cierto es que seguimos desconociendo muchos aspectos de los acontecimientos de ese año, y no sólo en Rumania, aunque no todos obedecen a causas conspiratorias. Es cierto que las maniobras y operaciones planificadas operaron sobre un descontento popular que se manifestaba en la población católica polaca, en la insatisfacción por la limitación de movimientos en la RDA, Hungría o Checoslovaquia, en la escasez de abastecimientos en Rumania, Bulgaria o la URSS, y en la aspiración a la libertad, pero la clave está en la pasividad del Moscú de Gorbachov y en la incapacidad de los gobiernos comunistas para afrontar y canalizar unas protestas pacíficas que, en su origen, no iban masivamente contra el socialismo: ni siquiera tras el hundimiento de la Europa socialista en 1989, en la URSS que veía crecer la demagogia de Yeltsin y que le llevó a ganar las elecciones rusas y a disolver la Unión Soviética en 1991, nunca su gobierno se atrevió a explicar a la población que su propósito era implantar el capitalismo.

Uno de los mecanismos de robo impuestos a la población fueron las altas tasas de inflación en toda la zona (¡que llegaron a superar los tres dígitos!) a causa de la decretada liberalización de precios, lo que supuso una brutal devaluación de los ahorros de la población. Junto a ello, la masiva desindustrialización, que llevó a caídas de la producción superiores al 50 % en muchos países, y la consiguiente introducción de capital, tecnología y empresas occidentales que se apoderaron de la estructura productiva en Checoslovaquia, Hungría, Polonia y otros países. El aumento de los precios no fue equilibrado con un aumento de los salarios, y esa fue una de las vías para favorecer la acumulación de los nuevos capitalistas y para desarmar cualquier conato de protesta, porque la población debía emplear toda su energía en asegurarse el sustento diario, siempre por debajo de la dieta alimenticia habitual que tenía en el socialismo. Los salarios continúan siendo hoy mucho más bajos que en el occidente europeo, y eso explica la instalación de empresas occidentales para explotar una mano de obra barata, pero educada y con gran capacidad técnica. La privatización de los bienes del Estado (a través de ventas amañadas, subastas falseadas o “reparto” de participaciones que, inevitablemente, acabaron en manos de los nuevos capitalistas) trajo consigo un cambio total de propiedad, de la que se aprovechó la gran empresa occidental. Los nuevos bancos que operan en la Europa oriental, por ejemplo, son controlados casi en su totalidad por capital extranjero, y la introducción de las empresas capitalistas europeas buscó desde el principio apoderarse de buena parte de los sectores económicos de cada país, junto a la explotación de mano de obra y la especulación financiera y urbanística, y, en ocasiones, a la creación de “industrias” tan repulsivas como la que se dedica a la pornografía en Budapest, convertida en el mayor centro europeo de ese negocio.

La deuda externa combinada de los países europeos orientales en 2008, excluida Rusia, superaba con mucho (en casi 200.000 millones de euros) el monto total de las inversiones extranjeras (que han sido de unos 450.000 millones) acumuladas en los casi veinte años anteriores: un mal negocio, desde cualquier punto de vista. La emigración ha supuesto un golpe demoledor para la mayoría de los países, y, al tiempo, un recurso inevitable para la subsistencia de muchas familias. Aunque las estadísticas son precarias e incompletas, sabemos que más de un millón de polacos han emigrado a Gran Bretaña, y contingentes numerosos a otros países, y el gobierno de Bucarest considera que tres millones de rumanos han abandonado el país. También, sabemos que casi cuatrocientos mil moldavos han emigrado, casi el diez por ciento de la población. Centenares de miles de niños han sido abandonados por sus padres, o han quedado al cuidado de otros familiares. En Polonia, unos quince mil niños han terminado en orfanatos. El fenómeno es particularmente grave en Ucrania, Moldavia, Rumania y Bulgaria. Solamente en Rumania, según la Fundación Soros (que no es sospechosa, precisamente, de tener simpatías por el viejo socialismo real), hay trescientos cincuenta mil niños abandonados. El corolario de todo ello es el aumento de la delincuencia, de la explotación sexual de muchos de esos niños, del tráfico de personas. La caída de la esperanza de vida ha sido también constante y documentada por entidades locales e internacionales. Agrupando a todos los antiguos países socialistas europeos y las dos mayores repúblicas soviéticas, Rusia y Ucrania, en 1993 hubo casi 700.000 muertes más que en 1989. En un solo año. El fenómeno, aunque con altibajos, fue constante durante toda la década final del siglo XX. Esa terrible mortandad debe tenerse en cuenta al hablar del supuesto “éxito” de la transición del socialismo al capitalismo.

Ahora, tras veinte años de capitalismo, las recetas que gobiernos, e instituciones como el FMI, aplican contra la crisis en que se encuentran los países del Este europeo son las tradicionales del más feroz liberalismo: nuevas reducciones salariales, aumento de impuestos a la población, recortes sociales, reducción de pensiones, desmantelamiento de servicios, con el aumento consiguiente de la pobreza. La omnipresente corrupción, con raíces propias pero también instigada por la actuación de los empresarios occidentales; la degradación cultural, con dramáticas caídas de los índices de lectura y la desaparición o emigración de buena parte de los científicos y de las instituciones dedicadas a la investigación y la cultura; la destrucción de los valores de solidaridad, que ha sido constante y sistemática, sustituyéndolos por la noción del éxito y del enriquecimiento rápido, definen un amenazador futuro inmediato.

Junto a ello, los rasgos populistas, nacionalistas e incluso racistas (cuando no directamente fascistas, como se ha visto en la rehabilitación de los nazis locales en los países bálticos) han impregnado el discurso político de las nuevas élites, que, además, juzgan razonable acompañar en aventuras militares exteriores a Washington, como ha ocurrido en Iraq y Afganistán. La sumisión de las nuevas élites gobernantes de los países de la Europa del Este a los Estados Unidos se constata en la humillante carta suscrita, con ocasión de la agresión de Georgia a Osetia del Sur en el verano de 2008, por antiguos presidentes de algunos países, como el polaco Lech Wałesa, el checo Vaclav Havel, la letona Vaira Vike-Freiberga, el lituano Valdas Adamkus, entre otros (todos, anteriores cómplices de las sanguinarias aventuras bélicas de Bush), donde se alarmaban por el descenso del atractivo de Estados Unidos entre la población de sus países, se declaraban decididos “atlantistas”, y llamaban a “defender a Georgia” y a incluir a este país y a Ucrania en la OTAN, además de a evitar la influencia de Rusia en la Europa oriental y a limitar la capacidad de exportación de hidrocarburos rusos hacia el resto del continente: sin percatarse, esos aplicados discípulos de Washington, definían un completo programa de expansión para Washington en la zona… firmado por quienes ayer se proclamaban celosos defensores de la libertad y la independencia de sus países.

La agencia Reuters informaba recientemente de la nostalgia del socialismo entre la población de la Europa del Este: apenas el treinta por ciento de los ucranianos es partidario del cambio producido (en 1991, un 72 % llegó a creer que la conversión sería positiva), en Lituania y Bulgaria ya son mayoría quienes rechazan el cambio; y en Hungría, el 70 % de quienes eran adultos en 1989, confiesa su decepción por el capitalismo y por el abandono del socialismo. Algo similar ocurre en los países que formaron la antigua Yugoslavia. En Alemania del Este apenas una cuarta parte de la población se siente ciudadana plena de la nueva Alemania. Y en Rusia todas las encuestas siguen recogiendo que la mayoría de la población considera una tragedia la desaparición de la URSS. Lo mismo ocurre en las otras repúblicas soviéticas.

Es cierto que muchos aspectos negativos del socialismo real han sido olvidados por la población, sin duda porque el hecho incontestable es que la libertad no existe con la precariedad, el desempleo, la incertidumbre, la corrupción, el miedo al futuro. No obstante, aunque no sea el objeto de estas líneas, la aspiración a la libertad y a formas de participación reales en la antigua Europa socialista eran cuestiones de máxima relevancia que fueron ignoradas en los países del socialismo real, como los serios desajustes de su economía que se pusieron de manifiesto a lo largo de la década de los años ochenta. La constatación del desastre social de la restauración capitalista hace aumentar la nostalgia en toda la antigua Europa socialista, pero no resuelve los problemas actuales de la población, porque la reconstrucción de los instrumentos de oposición capaces de proponer opciones socialistas viables no será sencilla: la mayoría de los partidos comunistas fueron destruidos, sus miembros, perseguidos, la ideología comunista sistemáticamente difamada, y los gobiernos y partidos liberales mantienen un control absoluto de los medios de comunicación. Los comunistas rusos hablan de la naturaleza criminal del actual régimen ruso, pero la clase obrera soviética ha sido en gran parte destruida por el proceso de desmantelamiento industrial, y eso limita su capacidad de lucha. Pese a ello, subsisten importantes partidos comunistas en Rusia, República Checa y Ucrania, y se ha creado un nuevo referente en Alemania.

A la vista del sufrimiento social causado en estas dos décadas, debemos concluir que no había nada que celebrar en Berlín, aunque los muros nunca sean una apuesta por el futuro. La terapia de choque fue un experimento social, del cual el capitalismo no se hace ahora responsable, que se convirtió en una verdadera matanza de dimensiones aterradoras. En toda la Europa oriental, la muerte cabalgó sobre la privatización y el capitalismo. Veinte años después, los ciudadanos de esos países recuerdan las insuficiencias del socialismo real, el autoritarismo, la represión de toda disidencia, el obsesivo control, pero cultivan también la nostalgia de un pasado cercano donde, a pesar de todo, la vida era más humana que ahora, y, por eso, parecen decirnos: Maldito socialismo, cómo te echamos de menos.

Referencia:
http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2809%2960005-2/abstract

Fuente: Publicado en el nº 265 de El Viejo Topo, febrero de 2010.

La izquierda latino-americana en el poder: ¿Cuál izquierda?

La izquierda latino-americana en el poder: ¿Cuál izquierda?

Mauricio R. Alfaro

(especial para ARGENPRESS.info)


Introducción


En América Latina, la izquierda en el poder refleja ser algo móvil. Algo que se vuelve difícil de evaluar, de pensar. Ya que, de acuerdo a las circunstancias, cambia. Cambios producidos por actores políticos de izquierda que, en un momento, eran y decían una cosa y luego en otro, sin inmutarse, dicen y hacen otra. Lo que produce confusiones, frustraciones, cansancios que tienden a provocar giros en cuanto a la sensibilidad política del electorado. Giros que, como es ya el caso en algunos países de la región, podrían significar el comienzo del fin de un ciclo de izquierda y el inicio de otro, marcado, esta vez, con el retorno al poder de la derecha regional.


Ese hipotético regreso de la derecha al poder (tomando en cuenta que fue la que propició el casi vaciamiento de la región con su programa neoliberal), nos hace pensar en algo así como sí la América Latina hubiese sido alcanzada por la maldición de Sísifo. El cual, según cuenta la mitología griega, había sido condenado por los dioses a llevar, cuesta arriba, a la cima de una colina, una enorme piedra. Pero siempre, cuando estaba a punto de llegar, después de grandes sacrificios, la piedra caía de nuevo y con ello, Sísifo tenía que recomenzar todo el ciclo. A nosotros, la maldición de Sísifo, nos hace pensar en algo que se parece a un péndulo político. El cual, en referencia a los pueblos latino-americanos, simbolizaría el eterno retorno, después de grandes luchas populares, a lo mismo. Lo que, por hoy, como expuesto más arriba, sería esa amenaza de un posible regreso, a lo largo de la región, de la derecha al poder.


Derecha que, como es de esperarse, inmediatamente después de su triunfo, con su instinto malinchista profundamente interiorizado, comenzaría todo un proceso para reinstalar, con bríos revanchistas, su implacable política de despojo. Hasta que el cansancio popular se reinstale y con el recomience, una vez más, el famoso ciclo del que ”se vayan todos”. ¿En la América Latina de hoy, cómo pueden entenderse estas idas y vueltas del péndulo político?


Tesis, antítesis y síntesis


La izquierda latino-americana (I. L.) en el poder suscita diversas reacciones que van desde el más amplio optimismo como es el caso de Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Eduardo Galeano -que recientemente celebró con comentarios muy optimistas la llegado al poder del izquierdista José Mujica en Uruguay –, hasta ciertas miradas críticas (la de James Petras, por ejemplo,) que se cuestionan sobre el papel transformador de la I. L. en el poder. Para captar en sus tendencias más generales estos puntos de vista divergentes de una misma dinámica política, hemos ideado utilizar la trilogía tesis, antítesis y síntesis. En donde el momento optimista ocupa el lugar de la tesis y que siguiendo a Chomsky (en Rebelión), puede plantearse así:


“América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo. Por primera vez en 500 años hay movimientos hacia una verdadera independencia y separación del mundo imperial; se están integrando países que históricamente han estado separados. Esta integración es un prerrequisito para la independencia. Históricamente, Estados Unidos ha derrocado un gobierno tras otro; ahora ya no puede hacerlo. Hay un movimiento hacia la unificación regional: se empiezan a formar instituciones que, aunque no funcionan del todo, comienzan a existir. Es el caso de Mercosur y Unasur. Otro caso notable en la región es el de Bolivia. Después del referendo hubo una gran victoria, y también una sublevación bastante violenta en las provincias de la Media Luna, donde están los gobernadores tradicionales, blancos. Un par de docenas de personas murieron. Hubo una reunión regional en Santiago de Chile donde se expresó un gran apoyo a Morales y una firme condena a la violencia, y Morales respondió con una declaración importante. Dijo que era la primera vez en la historia de América Latina, desde la conquista europea, en que los pueblos habían tomado el destino de sus países en sus propias manos sin el control de un poder extranjero, o sea Washington. Esa declaración no fue publicada en Estados Unidos”.


En contraposición a la tesis optimista, existe una antítesis la cual es de contenido crítico. En esta corriente se sitúa James Petras (en Aporrea) el cual resume en una entrevista el contenido de un análisis que él viene repitiendo desde hace ya algún tiempo. En esa entrevista, Petras plantea lo siguiente:


“…sobre la política en América Latina, argumenta James Petras, podríamos anotar dos cosas. Una, es el debilitamiento de la derecha tradicional, un repudio en las elecciones, aparte de Chile. Y segundo, el surgimiento del liberalismo social; es decir, [haciendo avanzar] el capitalismo a partir de los agro minerales, exportadores y algunos sectores manufactureros. Con altos precios en gran parte de las industrias mineras, de gas, petróleo, metales, los agro-negocios de granos, azúcar, soya, han conseguido ingresos y apoyo de sectores de la burguesía para una victoria para el centro-izquierda en Uruguay, en Bolivia, que son gobiernos realmente capitalistas que tienen enorme presencia de capital extranjero… En el sur de La Paz que era bastión de la derecha Evo Morales consiguió la mayoría por primera vez y también contribuyentes importantes para su campaña de sectores de Santa Cruz y otros lugares.


¿Qué significa el liberalismo social? Indica simplemente una política asistencialista, programas contra lo que llaman la pobreza extrema, dentro de los parámetros estructurales del capitalismo. Y eso indica que las estructuras de clase, las desigualdades y la concentración de riqueza van a seguir igual. Y la izquierda ignorante sigue hablando de cómo estos son grandes avances de izquierda, que no lo son. Son lo que son: capitalismo con programas asistencialistas. Todo eso significa que los movimientos sociales se han enganchado al tren del liberalismo social, han dejado de ser protagonistas con su propia agenda. Lo mismo pasa en Brasil y podríamos decir que en Argentina no hay gran diferencia”.


Lo vemos, la I. L. en el poder nos sitúa frente a un movimiento contradictorio en donde para unos, ella es fuente generadora de optimismo mientras que, para otros, el mismo movimiento, es fuente de fuertes críticas y de un cierto escepticismo. En la perspectiva de Chomsky, la izquierda en el poder es presentada como aquella fuerza que, en su movimiento, está en proceso de preparar las condiciones necesarias para realizar lo que Evo Morales llama: la segunda independencia de la América Latina. En función de este objetivo, la izquierda estaría fomentando, desde ya, importantes iniciativas autónomas -tales como el Mercosur y la Unasur- que, en su momento, podrían ser las bases institucionales desde las cuales, la región podría renacer a su vida independiente.


Para Chomsky, estas iniciativas de autonomía regional ya no son simples formulas declarativas sino que ya demostraron sus primeros actos soberanos. Y esta ocasión se presentó cuando Evo, con la alianza regional, fue capaz de revertir y tomar la iniciativa frente la amenaza de golpe de Estado orquestado por la Media Luna boliviana. El todo demostraría entonces que, para Chomsky, la América del Sur, progresivamente, con sus iniciativas, ha dejado de ser el patio trasero de los EE UU. Dado que los nuevos gobiernos de izquierda, han dejado de ser simples marionetas bajo control de la potencia americana.


En contraposición, lo vemos en su discurso, Petras se sitúa frente a la I. L. en el poder en otra perspectiva y desde aquí, no ve en ella otra cosa que una continuación de lo mismo, por otros medios. Es decir que los antiimperialismos, los nacionalismos, el indigenismo y todas las formas discursivas de la izquierda regional en el poder, en los hechos, no van más allá que producir y concretizar un simple asistencialismo, detrás del cual se produce y reproduce el mismo capitalismo dependiente de siempre. El cual ha aceptado, como un destino inevitable, el carácter agro-exportador y extractivo de la región. Esto significaría, al contrario de lo que sostiene Chomsky, que la América Latina con la I. L. en el poder, no se orienta hacia su independencia, sino al fortalecimiento de un modelo económico viejo de cinco siglos. Lo que implica, sostiene Petras, que en esencia: “las estructuras de clase, las desigualdades, y la concentración de la riqueza va a seguir igual”.


Lo nuevo que encontramos en el discurso de Petras es cuando él observa que las derechas regionales, como sería el caso en Bolivia y en Uruguay, han evolucionado políticamente, ya que ellas, gracias a las nuevas posibilidades de enriquecimiento que la I. L. en el poder les ofrece, se ha movido al centro-izquierda. El caso a anotar es que en su movimiento, la I. L. y su programa político de liberalismo social, sostiene Petras, ha enganchado a los movimientos sociales en su dinámica. Lo que significa, según él, que estos han dejado de ser protagonistas en la dinámica política regional.


Nuestras observaciones de los procesos políticos de la I. L. en el poder, nos hacen decir que, en efecto, durante algún tiempo, ella creo grandes expectativas en la región e hizo de ésta, como Chomsky lo plantea, “el lugar más estimulante del mundo”. Pero constatamos que el optimismo va, progresivamente, cediendo y con él, abriendo paso a un período de incertidumbre en cuanto a su propio avenir. Llegamos entonces, luego que comparamos las dos corrientes de izquierda dominantes en la región, tal como expuestas más arriba, al momento de la síntesis. La cual, desafortunadamente, como ya puede deducirse de nuestra exposición, no se concretiza en una unidad superior si no en una unidad regresiva. Esta síntesis regresiva, nosotros la detectamos en una entrevista hecha al general Alberto Müller Rojas (en Aporrea), vicepresidente del Partido Socialista de la Unidad de Venezuela (PSUV). En ella un periodista hizo el planteamiento siguiente:


“Fidel Castro dijo que veía la posibilidad de que en América Latina vuelvan gobiernos de derecha, y uno piensa en Venezuela. [A esto último, el vicepresidente del PSUV responde] Esa es una posibilidad…”


Lo vemos, la síntesis regresiva a que ha llegado la I. L. en el poder se concretiza en una incertidumbre, en donde las posibilidades existen, según Fidel, de un regreso de la derecha regional al poder. Es decir, a lo mismo, según lo expresábamos con nuestra imagen del péndulo político latino-americano. El caso sorprendente de todo esto es que uno de los países amenazados con el regreso de la derecha, es la Venezuela de Hugo Chávez. Referencia de la izquierda mundial y uno de los más grandes promotores de los cambios regionales. ¿Ese progresivo desencanto del electorado latino-americano con la izquierda en el poder, cómo podría explicarse?


De la ruptura a la institucionalización


Creemos que con lo expuesto anteriormente, ya hemos avanzado un buen tramo para tratar de responder a esa pregunta y que siguiendo a Petras se podría resumir así: la I. L. en el poder no ha ido más allá que ser un cambio en la continuidad. Es decir que todas las luchas populares que impulsaron la llegada de la I. L. al poder con el fin de que está aportara cambios substanciales, en los hechos, se redujo a gobiernos asistencialistas (o socio-liberales) que se cuidan muy bien de no tocar los fundamentos del poder elitista regional. La I. L. renunciaría, de esta forma, a promover el cambio social y en su lugar, adoptaría, como lo veremos más lejos, un pragmatismo remarcable. De ahí, nuestra pregunta: la Izquierda latino-americana en el poder: ¿Cuál izquierda? Para tratar de responder a esta interrogante, sigamos ese proceso que va: de la ruptura a la institucionalización.


El momento de ruptura es, para nosotros, aquella etapa inicial en que los movimientos políticos de izquierda enfrentaban con métodos extra parlamentarios de lucha a las élites regionales en el poder. Generalmente, en esta fase, la izquierda se descubría como la portadora de una causa noble, a través de la cual, ella podía imaginar una América Latina distinta. En donde los ideales de justicia social, fraternidad y libertad de los pueblos comandarían las decisiones políticas. Y con ellas, ir creando, progresivamente, las condiciones históricas para alcanzar un fin único: terminar con el oprobioso neo-colonialismo regional. Fuente inagotable de pobreza y de exclusión social de las mayorías latino-americanas. La América Latina sería así, al fin, fuerte, soberana y, por lo tanto, responsable de su propio destino.


Eran estos aquellos tiempos, en que la izquierda regional propagaba su “Buena Nueva.” Y para ello, ella adoptaba una mística de lucha ejemplar; con la cual, por su impacto sugestivo, lograba atraer a pequeños grupos (o individuos) aislados que, progresivamente, ella cohesionaba. Y luego que esto sucedía, estos se ligaban a su vez a otros grupos (o individuos) y los consolidaban. Y así, paulatinamente, con una buena dosis de paciencia de largo alcance, los grupos iniciales se convertían en células orgánicas que, en un momento de su desarrollo, lograrían forjar la militancia revolucionaria regional. La etapa de ruptura, por su fe inquebrantable en el futuro y su generosidad, la podemos entonces también llamar la etapa idealista, utópica de la izquierda regional. La cual blindada con la pasión revolucionaria decidía ir al “asalto del cielo”.


Eran estos los tiempos de la lucha de clases; de la definición de las tácticas y las estrategias; de la definición de quienes son los amigos y quienes son los enemigos del pueblo, etc. Pero sobre todo, eran los tiempos en que se creaba al Hombre y la Mujer del futuro. Los que forjados al calor de la lucha, serían los artífices de la Nueva América Latina. Lula y Mujica, el Presidente electo del Uruguay, clarifican, por su entrega militante, el sentido de nuestras palabras:


“El mayor símbolo en toda América Latina de esa nueva izquierda es el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, pero Mujica significa todavía algo más, porque Lula fue un sindicalista, que peleó con huelgas y manifestaciones, y el uruguayo, un guerrillero tupamaro, que defendió la lucha armada y que, con un fusil en la mano, secuestró y combatió a la Policía y al Ejército no sólo durante la dictadura, sino también, al principio, durante la democracia. Mujica pagó muy caro. Estuvo once años en la cárcel. Dos, directamente enterrado en una especie de pozo, con muy poca movilidad. Siete años sin leer nada. Fue uno del llamado "grupo de los rehenes", nueve dirigentes tupamaros que el Ejército uruguayo amenazaba con fusilar en cuanto se produjera algún acto que amenazara la seguridad de la dictadura… Durante aquellos dos años en el pozo, descubrí que las hormigas gritan: basta con acercarlas al oído para comprobarlo", relató Mujica en una famosa entrevista que concedió al poco de salir de la cárcel, en 1985”.


Veamos bien, esto último es algo sumamente impactante. Diríamos algo profundamente humano y poético. Un militante de izquierda que, en la soledad, en el terror de su cautiverio, no se deja abandonar a la locura, a su propia autodestrucción, si no que decide, como salvación última: escuchar el lenguaje de las hormigas. En ese momento de ruptura, lo vemos claramente, el estilo de vida por el que opta la izquierda montante es de entrega total (diríamos casi mística) a la causa popular. Testimonio vivencial de sacrificio que termina estimulando la decisión de lucha de los sectores populares; que, en su momento, serían utilizados para quebrar, utilizando para ello todas las formas de lucha, la resistencia de las élites en el poder. Siendo de esta forma, como la izquierda adquiere reconocimiento y con el, luego que todas las barreras han sido superadas una a una gracias al esfuerzo de las masas, abre su camino hacia su institucionalización. Simultáneamente, observamos, es aquí que se produce la mutación que señalábamos arriba: ella se vuelve pragmática. ¿De qué pragmatismo hablamos? Lo que sigue lo explica:


En un artículo de Eduardo Abeleira publicado en Argenpress, titulado Uruguay: Queríamos cambiar el mundo y ahora queremos arreglar la vereda (José Mujica dixit 1 Dic. 2009) el autor sostiene, refiriéndose a la vereda de Mujica: “Es una opción, seguramente con más probabilidad de ser concretada. El “arreglo de veredas”… lo superficial, el cambiar algo para que nada cambie… No hay nada novedoso en esas palabras… lo novedoso es que lo diga Mujica. Que lo viene repitiendo pero no se escucha o no se quiere escuchar”.


Frente a esta mutación pragmática del discurso de izquierda que va de querer cambiar el mundo (o sea refundar a la América Latina), al arreglo de veredas (que podríamos generalizar siguiendo a Petras, con lo que él llama: el asistencialismo de la I. L. en el poder) preguntamos: ¿Y que pasó con el pasado de la izquierda? (Es decir, con aquel momento de ruptura. En donde a lo largo y ancho del continente, miles y miles de latino-americanos -que siguiendo los ideales de una América Latina más justa- se lanzaron a la lucha y en ella encontraron la persecución, la tortura, las desapariciones y la muerte) A lo que Mujica (en El País), el futuro Sr. Presidente del Uruguay, responde:


“…de los años sesenta y setenta "no quedó ni la ceniza"… Nosotros tuvimos una experiencia que no buscamos ni planeamos. No podemos vivir esclavizados por las cuentas pendientes de la vida. Yo tengo memoria y recuerdos, pero una cosa está bien clara: es importante mirar el pasado, pero también es necesario perderle el respeto" [el subrayado es nuestro], explicó en una entrevista con el periodista brasileño Marco Aurelio Weissheimer. "La vida es porvenir", insistió”. [Es de observar, que con este comentario de querer suprimir el pasado, o sea, la etapa de ruptura de la I. L., estamos ya, lejos pero muy lejos, de aquel militante tupamaro que escuchaba estoico: el lenguaje de las hormigas]”.


Conclusión


Pero detrás de ese discurso pragmático de la izquierda en el poder, algo aflora. Algo que se esconde muchas veces en poses y discursos de apariencia progresista pero que lo que sigue, revelaría en su naturaleza íntima.


“Efraín Chury: Bien Petras, estamos en el final [de la entrevista] (en Aporrea) y yo quería decirte en un análisis muy breve que se reduce en una frase, que en 50 años de periodismo he venido a aprender que aquí en Uruguay, los grandes dirigentes de izquierda no eran otra cosa que gentes que querían estar un día gozando de los privilegios que tenían los integrantes de los partidos tradicionales que habían gobernado hasta entonces. Esa sería la síntesis que podría hacer de mi país en este momento…”


Pensamos que cada pueblo de los países en donde la izquierda está en el poder debería de discutir, de analizar lo anterior para saber si el comentario del periodista es una excepción o la regla.


¿O no será, nos cuestionamos, que el electorado latino-americano ya descubrió paulatinamente (y a su gran sorpresa) que aquella izquierda soñadora, idealista, utópica que estaba dispuesta de ir al asalto del cielo, en realidad, se convirtió en una izquierda electorera, pragmática que ha adquirido (después de un largo tiempo en la dirección de partidos y movimientos de izquierda) el gusto burocrático del poder. Y que siendo así, entre izquierda y derecha no hay diferencias substanciales sino sólo de formas? Es por ello, es decir, a causa de esa similitud de hecho entre la izquierda y la derecha, que ese mismo electorado, en futuras elecciones, podría optar con su voto, según las palabras utilizadas por el sociólogo argentino Atilio Borón (en Aporrea) para comprender la derrota de la izquierda chilena en las últimas elecciones, por el original (la derecha) y no por la copia (la izquierda). Ya que para maquillar el sistema neo-colonial dominante en la región, qué más da que una opción o la otra, esté en el poder.


Referencias:
- Atilio Boron: Elecciones en Chile: el original y la copia. http://www.aporrea.org/tiburon/a93767.html
- Eduardo Abeleira: Uruguay: Queríamos cambiar el mundo y ahora queremos arreglar la vereda (José Mujica dixit 1 Dic. 2009) http://www.argenpress.info/2009/12/uruguay-queriamos-cambiar-el-mundo-y.html
- Entrevista a Alberto Müller Rojas: "Fue un error convertir a burócratas en líderes del PSUV". - www.aporrea.org/ideologia/n146379.html
- James Petras: La postura militarista de EEUU es un peligro para todo el continente. www.aporrea.org/internacionales/n148164.html
- Noam Chomsky: América Latina es el lugar más estimulante del mundo. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=91901&titular=chomsky:-am
- Soledad Gallego-Díaz: El presidente guerrillero. http://www.el país. com/articulo/reportajes

Chile: Las cifras, el miedo, la esperanza

Chile: Las cifras, el miedo, la esperanza

Andrés Figueroa Cornejo

1. A 74 mil millones de dólares asciende la deuda externa privada y pública en Chile (11 mil millones más que el 2008). 50 mil millones corresponden a deuda privada y más de 24 mil millones a deuda pública. A la última deben agregarse alrededor de 460 millones de dólares que actualmente gestiona el gobierno de Piñera con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Por otra parte, los daños asociados al terremoto-maremoto, rayan los 30 mil millones de dólares.

2. El capitalismo chileno se sustenta sobre la exportación de recursos primarios, pobremente elaborados. Las exportaciones representan el 40% del PIB, y los productos básicos constituyen las tres cuartas partes de las exportaciones totales. El cobre por sí solo, ofrece un tercio de los ingresos del gobierno. La venta de recursos se distribuye entre China 14,2%, EE.UU. 11,3%, Japón 10,4%, Brasil 5,9%, Corea del Sur 5,7%, Holanda 5,2% e Italia 4,4%.

En general el PIB está compuesto por un 50,5% de industria; 44,7% de servicios; y un 4,8% de agricultura. Dentro de los productos industriales están la exportación de celulosa, metanol, productos químicos y agroalimentarios; y la industria forestal, del salmón y el vino. Por el lado del trabajo, en Chile hay casi 7,5 millones de personas asalariadas, de las cuales en la agricultura labora un 13,2%; un 23% en la industria; y un 63,9% en el sector servicios. Un 10 % de la fuerza de trabajo está cesante, según moderadas cifras oficiales.

3. Los dineros provenientes de la privatización del sistema nacional de pensiones (AFP) representaron casi el 26% del PIB en 2007. Sin embargo, la AFP , que se basa en la especulación y se erige sobre las ruinas del antiguo sistema de seguridad social, sólo cubre al 55 % de la población activa (mucho menos de 4 millones de personas). Y la enorme mayoría de los cotizantes recibirá una pensión mínima estatal porque sus ahorros simplemente no alcanzarán para otra cosa. La pensión mínima se trata de un monto que cubrirá los rigores de la subsistencia a la edad de las enfermedades y el desamparo. Sólo significa una cifra helada, mucho menor que el sueldo mínimo.

4. Por otro lado, las inversiones en el país, principalmente aterrizan en el sector de la minería y en el sector servicios (especialmente en electricidad, telecomunicaciones y banca). Las barreras arancelarias en el país prácticamente no existen (su arancel máximo es de un 6% y mantiene un IVA parejo de un 19%, dos puntos bajo el griego).

Los principios jurídicos rectores del Estatuto de la inversión extranjera son la no discriminación entre inversores nacionales y extranjeros (lo que en los hechos privilegia el capital transnacional debido a su tonelaje objetivo); ningún sector económico o región geográfica está reservada a los inversores nacionales (los cuales, por lo demás, están entramados sanguíneamente con las megacorporaciones imperialistas); no hay ningún límite de porcentaje o duración de la propiedad extranjera de empresas conjuntas, empresas nacionales, edificios o tierras (soberanía nacional 0 %); existe invariabilidad tributaria hasta por 10 años (lo único que sube mensualmente en Chile es el costo de la vida para la gente corriente); cuenta con repatriación ilimitada de beneficios y del capital (deslocalización 100 %); y libre acceso al mercado cambiario formal, al tipo de cambio más favorable. En términos de legislación laboral, en el país reina el subcontratismo, la flexibilidad, y la creciente extinción de las relaciones contractuales indefinidas, y, con fortuna, la sobrevivencia de un sindicalismo domesticado y sin capacidad de negociación con el capital. Las formas descritas no son más que la expresión jurídica de la supremacía del capital sobre el trabajo y reflejo de las relaciones de fuerza entre la hegemonía de la minoría propietaria sobre la gran mayoría condenada a vender su fuerza de trabajo a un precio que apenas alcanza para endeudarse.

5. Hoy las noticias de Chile están ligadas invariablemente a los efectos del terremoto-maremoto del pasado 27 de febrero. Aún se desconoce el número de personas fallecidas, desaparecidas y heridas. Sin embargo, es preciso no olvidar que antes y después del 27 de febrero, Chile ya sufría las consecuencias sistémicas de la crisis económica mundial (las cifras de desempleo, la reducción del PIB y las inversiones, la destrucción y concentración de fuerzas productivas, son fenómenos anteriores al sismo).

Al respecto, la exportación frutícola ha disminuido un 9,3 % en relación a la temporada anterior. Sólo las manzanas cayeron un 42 %, las peras un 35 %, y la uva de mesa un 23 %.

La industria salmonera proyectó que el 2010 sus exportaciones disminuirán en casi 70 mil toneladas “debido al virus ISA”. Sobre la producción salmonera vale señalar la gravedad que comportó la votación en el Congreso de la denominada Ley de Privatización del Mar Austral –justo antes de la llegada de Piñera al Ejecutivo-, que en concreto entrega a las empresas salmoneras quebradas miles de hectáreas de mar y borde costero contra hipotecas en beneficio de la banca a la que adeudan multimillonariamente los dueños del salmón. Naturalmente, tanto la industria del salmón, como la banca involucrada corresponden mayoritariamente a capitales transnacionales.

Ya venía cayendo verticalmente la producción y exportación de celulosa como consecuencia de la baja demanda internacional, cuando el terremoto, en la actualidad, es el argumento que emplea el capital para detener el 100 % de las faenas. Las mayores empresas de celulosa en Chile –Arauco y Constitución (grupo Angelini) y Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (grupo Matte), por lo menos, desactivaron las máquinas durante marzo, lo que equivaldría a 400 mil toneladas del producto bajo lo habitual en el 2010. El desempleo en el sector se multiplica tan vertiginosamente, que es difícil ofrecer cifras que duren la lectura del presente artículo.

En la Octava Región , uno de las zonas más dañadas por el terremoto-maremoto, según las autoridades, la industria pesquera quedó en un 5 % de lo que era. Se perdieron 300 millones de dólares y 13 mil puestos de trabajo.

La banca no podía quedarse atrás. Los dividendos de los créditos hipotecarios aumentarán el 2010 como efecto del alza de alrededor de un 30 % de las pólizas de seguros y reaseguradoras asociadas a la compra de una vivienda. Si aumenta el riesgo, aumenta el precio. Esa es la ley.

6. Mientras se termina de escribir esta modesta panorámica, el servicio de electricidad recién comienza a funcionar otra vez, luego de un apagón que afectó al 90 % del país. Las explicaciones de la autoridad son crípticas. Lo cierto es que producto del desastre y el tratamiento mediático del desastre en un Chile donde la TV, la prensa escrita y casi el dial completo es propiedad de los mismos dueños de todo, existe una suerte de estado de excepción y toque de queda en la cabeza de un gran porcentaje de chilenos, independientemente del impuesto efectivamente en la zona del Bío Bío. De la incertidumbre al temor, las maneras conductuales hablan de un terremoto anímico en gran parte de la población. En Santiago -a varios kilómetros del centro de los sismos- la hipersensibilidad ambiental y social son las páginas donde se inscribe el miedo, la superstición, la angustia. Sin duda, no hay mejor control social que el terror amplificado de algún descalabro potencial de la naturaleza, anunciado explícitamente a través de los medios de comunicación, y la práctica del rumor sin origen, ni ciencia. Una cosa es el discurso de la "unidad y reconstrucción nacional" para beneficio de Piñera, postergación de las demandas sociales, militarización y disciplinamiento cuartelario de la vida civil, y vulneración de los derechos cívicos elementales. Pero otro fenómeno es el miedo diseminado y la sensación ampliada de inseguridad.

Afortunadamente, la sobreactuación estatal (¿un ensayo?) es contrastada por un conjunto de iniciativas solidarias que arrancan de la base social y hasta familiar. Estudiantes, trabajadores organizados y familias populares se las arreglan para solidarizarse por gestión propia, sobre todo en aquellos lugares donde no llega jamás la limitada ayuda del Estado corporativo de Chile.

En efecto, aquí están algunas cifras y modos de la dominación y el miedo premeditado. Pero también vibra la esperanza y la cooperación popular, ese arsenal inabarcable de los pueblos.
Marzo 15 de 2010

Chile: El libre mercado ha profundizado los impactos del terremoto y maremoto

Chile: El libre mercado ha profundizado los impactos del terremoto y maremoto

Gabriel Ríos - Bárbara Sepúlveda (especial para ARGENPRESS.info)

El terremoto recién pasado que azotó al centro sur de nuestro país develó, entre otras cosas, que el Estado chileno ha estado principalmente avocado al servicio del capital y no de las personas. Dentro de los sectores más afectados se encuentra la infraestructura del área educacional, de hospitales, de autopistas concesionadas, inmobiliaria habitacional, etc.


El Estado se ha desvinculado de estos sectores, promoviendo la externalización de los servicios básicos y/o públicos, que han sido históricamente –y lo son aún en países considerados desarrollados- su responsabilidad principal. Lo que ha venido primando hasta hoy es la obtención de grandes ganancias de sectores privados por sobre el bienestar y seguridad de la población.


La desvinculación brutal del Estado de sus deberes sociales, tiene su origen en la implementación del libre mercado como sistema económico en la década de los 80 y profundizada durante los cuatro periodos de la Concertación. Los postulados del libre mercado fueron adoptados en Chile, incluso con mayor intensidad que en otros países. Su desdén por todo tipo de regulación y planificación de largo plazo no tiene comparación con casi ninguna otra economía que haya adoptado este sistema.


El terremoto recién pasado, hizo colapsar a la mayoría de los establecimientos educacionales de carácter público en el sector centro sur de nuestro país, así como en la Región Metropolitana, abandonados al inicio de la dictadura y consagrado su abandono con la promulgación de la ley LOCE (Ley orgánica constitucional) en 1989, actualmente LGE. (Ley general de educación)


La construcción de autopistas entregadas en concesión a los privados colapsaron estrepitosamente, dejando al descubierto la lógica del abaratamiento de costos en beneficio de la obtención de ganancias. En la misma lógica, las construcciones habitacionales-particularmente grandes edificio-departamentos- quedaron al término del terremoto, peligrosamente inclinados y otros sencillamente en el suelo. Un caso ejemplar es el de la inmobiliaria “Paz Corp. S.A.”. Otro asunto es la construcción de grandes edificios de departamentos en sectores costeros inestables, desafiando a la naturaleza, no importando nada más que la plusvalía excepcional que en ellos se obtiene. Hoy existe duda respecto a la destrucción o no de muchos de estos edificios.


Se hace necesario señalar que la Ley general de Urbanismo y Construcción fue modificada el año 2005, cuya vigencia comenzó a correr desde agosto del mismo año. En ella se limitaron las facultades de control de la Direcciones de obras Municipales circunscribiéndolas a la mera vigilancia de los aspectos estrictamente urbanísticos y no a las cuestiones de uso de material adecuado y calidad en general. Esto fue entregado a terceros independientes privados de remuneración particular, cuestión que ha hecho posible que las inmobiliarias y constructoras sean juez y parte.


Un caso emblemático de los resultados dispares que se obtienen de infraestructuras levantadas con miras al bienestar y desarrollo de un pueblo en contraposición al mero interés del capital, es la situación del Aeropuerto de Santiago Arturo Merino Benitez. Mientras el aeropuerto internacional entregado en concesión terminó totalmente devastado, el aeropuerto nacional levantado por el Estado hoy se encuentra casi intacto.


El gobierno, el presidente electo y su gabinete, en conjunto con los rostros televisivos y los medios de comunicación promueven el desarrollo de una obra caritativa-Teletón-para sacar adelante a nuestro país. Piden solidaridad a la población del norte de Chile, a los empresarios y organizaciones caritativas en general. Tales espectáculos si bien contribuyen a los sectores más afectados en nuestro país también ocultan un sistema fundado en la injusticia. Las cifras que se estiman para reconstruir a nuestro país son del orden de los 20.000 y 30.000 millones de dólares, en tanto las multinacionales extractoras de los grandes yacimientos cupríferos de nuestro país remesan al exterior tan sólo en un año una cifra superior a los 20.000 millones de dólares. La desnacionalización del cobre que nacionalizara Salvador Allende, ha sido posible gracias a la ley orgánica sobre concesiones mineras diseñada por el ministro de minería de la dictadura militar, José Piñera Echeñique y a las políticas de profundización de la Concertación.


La desnacionalización del cobre y las desregulaciones han significado un debilitamiento del Estado. En las crisis económicas y en las catástrofes naturales, -profundizadas por el libre mercado-, quienes pedían menos Estado, ahora corren pidiendo ayuda al Estado y que el Estado asuma los costos de las crisis económicas y de las catástrofes naturales.


El llamado de la Presidenta de la República, los medios de comunicación representativos de sectores empresariales, rostros televisivos, etc., sigue siendo a la “Solidaridad”. Sin embargo, nadie hace un llamado a la ¡“Justicia!


- Gabriel Ríos es estudiante de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile e Investigador adjunto del Centro de estudios sobre Transnacionalización, Economía y Sociedad.
- Bárbara Sepúlveda es memorista de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.


Foto: Chile, Terremoto - Intomable. El agua que los bomberos repartían a la gente, intomable y de color marrón. / Autor: Gerardo Gómez - MDZOL

PRIVATIZACIÓN del MAR AUSTRAL de CHILE, la última perla de Bachelet, a horas de dejar el cargo

PRIVATIZACIÓN del MAR AUSTRAL de CHILE, la última perla de Bachelet, a horas de dejar el cargo

Luis Casado

A los que todavía piensan que la concerta no trabajó ni se asoció a los intereses de los empresarios y las transnacionales , ahí les va la últma gran perla de la Bachelet a horas de irse de su cargo de presidenta la:

PRIVATIZACIÓN DEL MAR AUSTRAL DE CHILE

Al igual que Augusto Pinochet que en su último día de dictador firmó la ley que favorecía el avance de la empresa privada en la educación chilena, Michelle Bachelet quien deja su cargo con un 84% de aprobación popular, logró el apoyo buscado en ambas cámaras del congreso para concretar lo que fuera el último saqueo de la Concertación a los recursos naturales de nuestro país.

Por una votación de 51 votos a favor y 21 en contra en la cámara de Diputados, más una votación de 23 votos a favor y 6 en contra, en la cámara del Senado, se aprobo lo que ya es conocido en el mundo como la Ley de Privatización del mar, que consiste en entregar a las quebradas empresas salmoneras miles de hectáreas de mar y tierra firme para que estos espacios sean entregados en “prenda” a la banca extranjera con quienes la empresa del salmon mantienen deudas multimillonarias.

Esta ley contó con el apoyo incondicional de parlamentarios ligados a la ya conocida banca salmonera, estos son Antonio Horvath Kiss, Senador por la Región de Aysén, Pablo Galilea Carrillo, Ex Diputado por Aysén y actual sub secretario de pesca de la nueva administracion Piñerista, Camilo Escalona , Senador por la X Región y Eduardo Frei, Senador por la Región de los Rios.

Aprovechandose del estado de shock del pueblo chileno debido a los últimos acontecimientos, Michelle Bachelet pasó a la historia como la mandataria “socialista” que PRIVATIZÓ EL MAR AUSTRAL DE CHILE, a diferencia de quien dice que es su mentor Salvador Allende quien hace 30 años nacionalizó el cobre.

Revise Votación del Senado AQUÍ

Revise Votación de la Cámara de Diputados AQUÍ

¡PATAGONIA SIN REPRESAS – SIN SALMONERAS!


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PROHIBIDO OLVIDAR

Declaración Pública de la Asociación

Gremial de Organizaciones de Pescadores Artesanales de Aysén (AGO)

frente a la Privatización del Mar Austral.


Aysén, Patagonia Chilena, 12 de Marzo, 2010.


1.- En su último día de Gobierno, la Presidenta Michelle Bachelet ha logrado que el Congreso Nacional apruebe su también último capricho: la Privatización del Mar Austral.

2.- Desde el 10 de Marzo del 2010, la Cámara de Diputados (por 51 votos a favor y 21 en contra) y el Senado (por 20 votos a favor y 6 en contra) han consagrado un país que está en la OCDE sin mar y sin teléfonos satelitales para una emergencia, sin una sola cámara hiperbárica útil para atender a los buzos en toda la Isla de Chiloé. Un país “exitoso” y “democrático” que sólo existe en la prensa oficial.


3.- Mientras todo Chile se encontraba conmovido por el dolor de las vidas humanas perdidas por un desastre natural, especialmente en las costas del centro sur del país, la Presidenta y sus funcionarios arrebataban parte del futuro de los chilenos: su Mar Austral, el que sustenta a miles de pescadores artesanales y sus familias, el que alimenta a millones de chilenos de manera sana y sin el peligro de ingerir compuestos químicos tóxicos.


4.- La Presidenta Bachelet y sus funcionarios, encabezados por Felipe Sandoval y Hugo Lavados, impiadosamente se aprovecharon del estado de shock nacional para conseguir que parlamentarios con igual sensibilidad que los nombrados, le regalaran el Mar Austral a un puñado de fracasadas empresas salmoneras extranjeras y chilenas, que despilfarraron durante 20 años miles de millones de dólares que nos fueron extraídos desde nuestros bolsillos. Lo dijimos más de una vez: todo el dinero que no existía para hospitales, para escuelas, para medicamentos o especialistas en los servicios de salud, siempre estuvo, sin embargo, disponible para la Industria Salmonera. Ahora les han regalado el Mar.


5.- Durante 14 meses luchamos por impedirlo, desde que iniciáramos la Campaña SALVEMOS EL MAR CHILENO en el Parque Cultural Ex Cárcel de Valparaíso. Logramos sumar a miles de chilenos y cientos de organizaciones en esta batalla por defender nuestro mar de esta solución para la crisis salmonera que se les ocurrió a los “genios” de la Concertación.


Debimos enfrentar a todos los servicios públicos que ocultaron o negaron información; a la prensa servil al capital extranjero y salmonero; a un Ministerio Público empeñado en involucrar a uno de nuestros asesores en un sospechoso atentado incendiario a la agencia publicitaria de los salmoneros; a las Bancadas Salmoneras en la Cámara de Diputados y en el Senado; a los Alcaldes, Intendentes y Gobernadores que por un par de pelotas de fútbol dejaban. a merced de los salmoneros y su tóxica producción, los territorios marítimos ancestrales de la pesca artesanal austral.


6.- A pesar de eso, debió ocurrir otro desastre natural para que el camino les quedara expedito a los que asaltan a diario a nuestro patrimonio natural. Mientras nosotros estábamos preocupados de los chilenos afectados por el terremoto del 27 de Febrero, muchos de ellos pescadores como nosotros, el Gobierno de la Presidenta Bachelet estaba preocupado de asegurarle el mar a la Industria Salmonera para que pagara sus deudas con la banca privada, dominada también por capitales extranjeros.

PROHIBIDO OLVIDAR que el Gobierno “Socialista” de la Presidenta Bachelet deja un Chile en el suelo… y sin Mar Austral.


7.- Queremos agradecer a los que nos acompañaron en esta larga lucha que dimos en las peores condiciones posibles, a los movimientos sociales y políticos que pusieron su gente a recolectar parte de las 15 mil firmas que logramos recaudar en medio del silencio oficial; a los activistas de Patagonia Sin Represas, con los que nos hemos fundido en la defensa de la Región de Aysén; a los defensores del medio ambiente, estudiantes universitarios y chilenos respetuosos de la Naturaleza; a los agentes culturales y defensores de los derechos humanos que solidarizaron con una causa que hicieron propia; a todos los que firmaron, entre San Pedro de Atacama y Puerto Natales (Magallanes) las planillas donde manifestaban su oposición al asalto y a los jóvenes que caminaron con lienzos o pintaron murales denunciando el despojo que sólo pudo materializarse cuando llorábamos a nuestros muertos y buscábamos a nuestros desaparecidos.


8.- La Pesca Artesanal es más que una inversión fracasada, como lo es la Industria Salmonera. Somos una Cultura, surgida de una relación respetuosa con el Mar, que navega por los canales de la Patagonia desde hace 30 siglos y allí seguirá navegando. Nada impedirá que recuperemos un Mar que pertenece a todos los chilenos y que nosotros explotamos para el bien común. Corregiremos los errores que hemos cometido, nos reorganizaremos con perspectivas de futuro y sin actitudes serviles para los que detentan el Poder Político y nos insertaremos de nuevo en la sociedad chilena para demandar, junto a ella, que se restituya lo que nos ha sido esquilmado en medio de un Duelo Nacional.

Lo haremos antes de que empiecen las celebraciones de los Horvath, los Sandoval y los Escalona por el golpe dado al Patrimonio Natural de todos los chilenos, para favorecer a una industria que sólo ha causado la ruina de nuestras comunidades y la erosión de la dignidad del Parlamento.


ASOCIACIÓN GREMIAL DE ORGANIZACIONES

DE PESCADORES ARTESANALES DE AYSÉN (AGO)

Puerto Aysén, Región de Aysén,

Patagonia Chilena… SIN REPRESAS… SIN SALMONERAS !!!

Marzo del 2010.

Los peligros que nos amenazan

Los peligros que nos amenazan

(Tomado de CubaDebate

No se trata de una cuestión ideológica relacionada con la esperanza irremediable de que un mundo mejor es y debe ser posible.

Es conocido que el homo sapiens existe desde hace aproximadamente 200 mil años, lo que equivale a un minúsculo espacio del tiempo transcurrido desde que surgieron las primeras formas de vida elementales en nuestro planeta hace alrededor de tres mil millones de años.

Las respuestas ante los insondables misterios de la vida y la naturaleza han sido fundamentalmente de carácter religioso. Carecería de sentido pretender que fuese de otra forma, y tengo la convicción de que nunca dejará de ser así. Mientras más profundiza la ciencia en la explicación del universo, el espacio, el tiempo, la materia y la energía, las infinitas galaxias y las teorías sobre el origen de las constelaciones y estrellas, los átomos y fracciones de los mismos que dieron origen a la vida y la brevedad de la misma, y los millones y millones de combinaciones por segundo que rigen su existencia, más preguntas se hará el hombre en busca de explicaciones que serán cada vez más complejas y difíciles.

Mientras más se enfrascan los seres humanos en buscar respuestas a tan profundas y complejas tareas que se relacionan con la inteligencia, más valdrán la pena los esfuerzos por sacarlos de su colosal ignorancia sobre las posibilidades reales de lo que nuestra especie inteligente ha creado y es capaz de crear. Vivir e ignorarlo es la negación total de nuestra condición humana.

Algo, sin embargo, es absolutamente cierto, muy pocos se imaginan cuán cerca puede estar la desaparición de nuestra especie. Hace casi 20 años, en una Cumbre Mundial sobre el Medio Ambiente en Río de Janeiro, abordé ese peligro ante un público selecto de Jefes de Estado y de Gobierno que escuchó con respeto e interés, aunque nada preocupado por el riesgo que veía a distancia de siglos, tal vez milenios. Para ellos, con seguridad, la tecnología y la ciencia, más un sentido elemental de responsabilidad política, serían capaces de enfrentarlo. Con una gran foto de personajes importantes, los más poderosos e influyentes entre ellos, concluyó feliz aquella importante Cumbre. No había peligro alguno.

Del cambio climático apenas se hablaba. George Bush, padre, y otros relumbrantes líderes de la Alianza Atlántica, disfrutaban la victoria sobre el campo socialista europeo. La Unión Soviética fue desintegrada y arruinada. Un inmenso caudal del dinero ruso pasó a los bancos occidentales, su economía se desintegró, y su escudo defensivo frente a las bases militares de la OTAN, había sido desmantelado.

A la antigua superpotencia que aportó la vida de más de 25 millones de sus hijos en la segunda guerra mundial, le quedó solo la capacidad de respuesta estratégica del poder nuclear, que se había visto obligada a crear después que Estados Unidos desarrolló en secreto el arma atómica lanzada sobre dos ciudades japonesas, cuando el adversario vencido por el avance incontenible de las fuerzas aliadas no estaba ya en condiciones de combatir.

Se inició así la Guerra Fría y la fabricación de miles de armas termonucleares, cada vez más destructivas y precisas, capaces de aniquilar varias veces la población del planeta. El enfrentamiento nuclear sin embargo continuó, las armas se hicieron cada vez más precisas y destructivas. Rusia no se resigna al mundo unipolar que pretende imponer Washington. Otras naciones como China, India y Brasil emergen con inusitada fuerza económica.

Por primera vez, la especie humana, en un mundo globalizado y repleto de contradicciones, ha creado la capacidad de destruirse a sí misma. A ello se añaden armas de crueldad sin precedentes, como las bacteriológicas y químicas, las de napalm y fósforo vivo, que son usadas contra la población civil y disfrutan de total impunidad, las electromagnéticas y otras formas de exterminio. Ningún rincón en las profundidades de la tierra o de los mares quedaría fuera del alcance de los actuales medios de guerra.

Se conoce que por estas vías han sido creados decenas de miles de artefactos nucleares, incluso de carácter portátil.

El mayor peligro deriva de la decisión de líderes con tales facultades en la toma de decisión, que el error y la locura, tan frecuentes en la naturaleza humana, pueden conducir a increíbles catástrofes.

Han transcurrido casi 65 años desde que estallaron los dos primeros artefactos nucleares, por la decisión de un sujeto mediocre que tras la muerte de Roosevelt quedó al mando de la poderosa y rica potencia norteamericana. Hoy son ocho los países que, en su mayoría por el apoyo de Estados Unidos, disponen de esas armas, y varios más disfrutan de la tecnología y los recursos para fabricarlas en un mínimo de tiempo. Grupos terroristas, enajenados por el odio, podrían ser capaces de acudir a ellas, del mismo modo que gobiernos terroristas e irresponsables no vacilarían en usarlas dada su conducta genocida e incontrolable.

La industria militar es la más próspera de todas y Estados Unidos el mayor exportador de armas.

Si de todos los riesgos mencionados se libera nuestra especie, existe uno todavía mayor, o al menos más ineludible: el cambio climático.

La humanidad cuenta hoy con siete mil millones de habitantes, y pronto, en un plazo de 40 años, alcanzará nueve mil millones, una cifra nueve veces mayor que hace apenas 200 años. En tiempos de la antigua Grecia, me atrevo a suponer que éramos alrededor de 40 veces menos en todo el planeta.

Lo asombroso de nuestra época es la contradicción entre la ideología burguesa imperialista y la supervivencia de la especie. No se trata ya de que exista la justicia entre los seres humanos, hoy más que posible e irrenunciable; sino del derecho y las posibilidades de supervivencia de los mismos.

Cuando el horizonte de los conocimientos se amplía hasta límites jamás concebidos, más se acerca el abismo adonde la humanidad es conducida. Todos los sufrimientos conocidos hasta hoy son apenas sombra de lo que la humanidad pueda tener por delante.

Tres hechos ocurrieron en solo 71 días, que la humanidad no puede pasar por alto.

El 18 de diciembre de 2009, la comunidad internacional sufrió el mayor descalabro de la historia, en su intento de buscar solución al más grave problema que amenaza el mundo en este instante: la necesidad de poner fin con toda urgencia a los gases de efecto invernadero que están provocando el más grave problema enfrentado hasta hoy por la humanidad. Todas las esperanzas habían sido puestas en la Cumbre de Copenhague después de años de preparación con posterioridad al Protocolo de Kyoto, que el Gobierno de Estados Unidos —el más grande contaminador del mundo— se había dado el lujo de ignorar. El resto de la comunidad mundial, 192 países, esta vez incluyendo a Estados Unidos, se habían comprometido a promover un nuevo acuerdo. Fue tan vergonzoso el intento norteamericano de imponer sus intereses hegemónicos que, violando elementales principios democráticos, intentó establecer condiciones inaceptables para el resto del mundo de forma antidemocrática, en virtud de compromisos bilaterales con un grupo de los países más influyentes de las Naciones Unidas.

A los Estados que integran la organización internacional se les invitó a firmar un documento que constituye una burla, en el que se habla de aportes futuros meramente teóricos para frenar el cambio climático.

No habían transcurrido todavía tres semanas cuando, al atardecer del 12 de enero, Haití, el país más pobre del hemisferio y el primero en poner fin al odioso sistema de la esclavitud, sufrió la mayor catástrofe natural en la historia conocida de esta parte del mundo: un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter, a solo 10 kilómetros de profundidad y a muy corta distancia de la orilla de sus costas, golpeó la capital del país, en cuyas débiles casas de barro vivían la inmensa mayoría de las personas que resultaron muertas o desaparecidas. Un país montañoso y erosionado de 27 mil kilómetros cuadrados, donde la leña constituye prácticamente la única fuente de combustible doméstica para nueve millones de personas.

Si en algún lugar del planeta una catástrofe natural ha constituido una inmensa tragedia es Haití, símbolo de pobreza y subdesarrollo, donde viven los descendientes trasladados de África por los colonialistas para trabajar como esclavos de los amos blancos.

El hecho conmocionó al mundo en todos los rincones del planeta, estremecido por las imágenes fílmicas divulgadas que rayaban en lo increíble. Los heridos, sangrantes y graves, se movían entre los cadáveres clamando por auxilio. Bajo los escombros yacían los cuerpos de sus seres queridos sin vida. El número de víctimas mortales, según cálculos oficiales, superó las 200 mil personas.

El país ya estaba intervenido por fuerzas de la MINUSTAH, que las Naciones Unidas enviaron para restablecer el orden subvertido por fuerzas mercenarias haitianas que, instigadas por el Gobierno de Bush, se lanzaron contra el Gobierno elegido por el pueblo haitiano. Algunos edificios donde moraban soldados y jefes de las fuerzas de paz también se desplomaron, causando dolorosas víctimas.

Los partes oficiales estiman que, aparte de los muertos, alrededor de 400 mil haitianos fueron heridos y varios millones, casi la mitad de la población total, sufrieron afectaciones. Era una verdadera prueba para la comunidad mundial, que después de la bochornosa Cumbre de Dinamarca estaba en el deber de mostrar que los países desarrollados y ricos serían capaces de enfrentar las amenazas del cambio climático a la vida en nuestro planeta. Haití debe constituir un ejemplo de lo que los países ricos deben hacer por las naciones del Tercer Mundo ante el cambio climático.

Se puede creer o no, desafiando los datos, a mi juicio irrebatibles, de los más serios científicos del planeta y la inmensa mayoría de las personas más instruidas y serias del mundo, quienes piensan que al ritmo actual de calentamiento, los gases de efecto invernadero elevarán la temperatura no solo 1,5 grados, sino hasta 5 grados, y que ya la temperatura media es la más alta en los últimos 600 mil años, mucho antes de que los seres humanos existieran como especie en el planeta.

Es absolutamente impensable que nueve mil millones de seres humanos que habitarán el mundo en el 2050 puedan sobrevivir a semejante catástrofe. Queda la esperanza de que la propia ciencia encuentre solución al problema de la energía que hoy obliga a consumir en 100 años más el resto del combustible gaseoso, líquido y sólido que la naturaleza tardó 400 millones de años en crear. La ciencia tal vez puede encontrar solución a la energía necesaria. La cuestión sería saber cuánto tiempo y a qué costo los seres humanos podrán enfrentar el problema, que no es el único, ya que otros muchos minerales no renovables y graves problemas requieren solución. De una cosa podemos estar seguros, a partir de todos los conceptos hoy conocidos: la estrella más próxima está a cuatro años luz de nuestro Sol, a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Una nave espacial tal vez recorra esa distancia en miles de años. El ser humano no tiene otra alternativa que vivir en este planeta.

Parecería innecesario abordar el tema si a solo 54 días del terremoto de Haití, otro increíble sismo de 8,8 grados de la escala Richter, cuyo epicentro estaba a 150 kilómetros de distancia y 47,4 de profundidad al noroeste de la ciudad de Concepción, no ocasionara otra catástrofe humana en Chile. No fue el mayor de la historia en ese hermano país, se dice que otro alcanzó 9 grados, pero esta vez no fue solo un fenómeno de efecto sísmico; mientras en Haití durante horas se esperó un maremoto que no se produjo, en Chile el terremoto fue seguido por un enorme tsunami, que apareció en sus costas entre casi 30 minutos y una hora después, según la distancia y datos que todavía no se conocen con toda precisión y cuyas olas llegaron hasta Japón. De no ser por la experiencia chilena frente a los terremotos, sus construcciones más sólidas y sus mayores recursos, el fenómeno natural habría costado la vida a decenas de miles o tal vez cientos de miles de personas. No por ello dejó de ocasionar alrededor de mil víctimas mortales, según datos oficiales divulgados, miles de heridos y tal vez más de dos millones de personas sufrieron daños materiales. Casi la totalidad de su población de 17 millones 94 mil 275 habitantes, sufrió terriblemente y aún padece las consecuencias del sismo que duró más de dos minutos, sus reiteradas réplicas, y las terribles escenas y sufrimientos que dejó el tsunami a lo largo de sus miles de kilómetros de costa. Nuestra Patria se solidariza plenamente y apoya moralmente el esfuerzo material que la comunidad internacional está en el deber de ofrecerle a Chile. Si algo estuviera en nuestras manos, desde el punto de vista humano, por el hermano pueblo chileno, el pueblo de Cuba no vacilaría en hacerlo.

Pienso que la comunidad internacional está en el deber de informar con objetividad la tragedia sufrida por ambos pueblos. Sería cruel, injusto e irresponsable dejar de educar a los pueblos del mundo sobre los peligros que nos amenazan.

¡Que la verdad prevalezca por encima de la mezquindad y las mentiras con que el imperialismo engaña y confunde a los pueblos!



Fidel Castro Ruz
Marzo 7 de 2010
9 y 27 p.m.

China acusa: EE.UU. monopoliza Internet mundial y manipula a su prensa

China acusa: EE.UU. monopoliza Internet mundial y manipula a su prensa

escrito por Agencias

China publicó hoy un informe sobre la situación de los derechos humanos en Estados Unidos, en el cual afirma que el mundo sufre un serio desastre por la crisis financiera inducida por grandes firmas bancarias y de bienes raíces, señala que la libertad de prensa está subordinada a lo que llaman intereses nacionales y es manipulada por el gobierno, y destaca que Washington monopoliza 10 de los 12 servidores centrales de Internet en el mundo y pretende impulsar su hegemonía con el argumento de la libertad en la red.


El documento, titulado Registro de los derechos humanos de Estados Unidos en 2009, aborda temas como la seguridad personal y de la propiedad, los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, las garantías de las mujeres y los niños, así como las violaciones a los derechos básicos por Washington en otros países.

El texto, difundido este viernes por la Oficina de Información del Consejo de Estado chino, fue en respuesta al reporte elaborado por el Departamento de Estado estadunidense, que la víspera dio a conocer su evaluación anual sobre derechos humanos en el mundo durante 2009.

El reporte fue elaborado con base en artículos de la prensa estadunidense e informes de organizaciones no gubernamentales. De manera similar al documento anual estadunidense, el texto chino separa por capítulos los temas, con títulos como Pisoteando la soberanía de otros países y sus derechos humanos, y Espiando a los ciudadanos.

El documento acusa que el informe anual estadunidense es un instrumento político que interfiere en los asuntos internos de otros países, difama la imagen de otras naciones y persigue los intereses estratégicos de Washington.

Como en años anteriores, el informe está lleno de acusaciones sobre la situación de los derechos humanos en más de 190 países y regiones, incluida China, pero no dice nada sobre los abusos contra garantías básicas en su territorio ni sobre los excesos que comete con su poder militar, indica el texto chino.

Al tiempo que el mundo sufre un serio desastre en derechos humanos causado por la crisis financiera global inducida por Estados Unidos, el gobierno sigue haciendo caso omiso a sus problemas de derechos humanos y sólo apunta a los de otros países. Es realmente una pena, subraya.

Destaca que Estados Unidos no permite la libertad de prensa y expresión, y remite a los casos de escuchas telefónicas, control y monitoreo de Internet después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, así como a la iniciativa del Congreso de imponer sanciones a cadenas árabes de televisión por satélite.

Durante la jornada, ningún medio informativo en Estados Unidos había dado a conocer el informe chino. Ni los canales de CNN en inglés o español ni la National Public Radio, o los sitios en Internet de diarios como el New York Times o The Washington Post, habían difundido nada.

Al referirse a la situación de los crímenes con violencia en Estados Unidos, el documento asevera que esa situación significa una amenaza para las vidas, propiedades y seguridad de las personas o sus familias.


Recuerda que en 2008 los estadunidenses enfrentaron 4.9 millones de crímenes violentos, 16.3 millones de robos en sus propiedades y 137 mil asaltos. Al citar a la Oficina Federal de Investigaciones, el informe indica que hubo 14 mil 180 asesinatos en 2008.

Asimismo, destaca que las escuelas se han convertido en la peor área de violencia, por las frecuentes agresiones armadas en universidades y centros de educación básica y media.

También da cuenta del abuso de poder de los mandos oficiales al asegurar que en los últimos dos años la cantidad de policías de Nueva York que han sido acusados de excesos por el uso de la fuerza creció 50 por ciento.

El documento sostiene que en la mayoría de las ciudades estadunidenses la policía detiene, interroga y amedrenta anualmente a más de un millón de personas. Las prisiones estadunidenses, continúa, están sobrepobladas y en 2008 el número de reos se elevó.

Menciona que el gobierno de California inclusive sugirió que se enviara de regreso a miles de indocumentados que se encuentran cautivos en las prisiones de ese estado, con el propósito de reducir la sobrepoblación.

De igual forma, cita los casos de abusos reportados por los medios estadunidenses y Naciones Unidas en Afganistán, Irak y la base naval de Guantánamo, en Cuba.

El extenso reporte explica que, en su calidad de mayor vendedor de armas en el mundo, los acuerdos de ese país han generado inestabilidad por todo el planeta, mientras incrementa su presupuesto militar y encabeza la lista global sobre la materia.

Recuerda que a principios de 2010 el gobierno estadunidense anunció la venta de armas a Taiwán por 6 mil 400 millones de dólares, a pesar de la enérgica protesta de Pekín, lo que daña seriamente los intereses de seguridad de China y provoca la indignación de su pueblo.

Enfatiza que el Pentágono ha construido sus bases militares en todo el mundo, lo cual se asocia con casos de violaciones a los derechos humanos de los habitantes locales.

Subraya que Estados Unidos cuenta con 900 de esas instalaciones, que acogen a más de 190 mil soldados y otros 115 mil empleados. Esas bases, dice, dañan y contaminan el medio ambiente.

Al referirse a las tecnologías de las comunicaciones, resalta que Estados Unidos ha negado todas las peticiones de otras naciones, así como las de organizaciones internacionales, incluida Naciones Unidas, de romper su monopolio sobre los servidores y descentralizar su poder de gerencia sobre Internet, pues monopoliza 10 de los 12 servidores centrales de la red.

También ha estado interviniendo en los asuntos internos de otros países haciendo uso del control que tiene sobre los recursos de la red y tiene a su servicio un equipo especial de hackers, agrega.

TSUNAMI (2/4): SEGURIDAD NACIONAL Y CRISIS EN EL CENTRO DEL PODER POLÍTICO.

Por Héctor Vega*

La magnitud del sismo remece una vez más la conciencia frente al largo historial de desastres de los cuales hemos aprendido tan poco. Sucesos que nos enfrentan a la realidad de un país en permanente inseguridad interna, con instituciones que no funcionan, como por ejemplo el SHOA, (Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada ), incapaz de leer la información que le proporciona el NOAA (Administració n Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) acerca de la inminencia de un tsunami en las costas de Chile y específicamente en la zona de BíoBío y menos aún de transmitirla adecuadamente a la ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior); con una Fuerza armada que nunca consideró vías alternativas de comunicación, lo cual se refleja dramáticamente en la incapacidad de actuar en momento real en el teatro de la catástrofe, etc.

Las comunicaciones en el centro de la crisis

Una revisión de los hechos demuestra que nunca la Fuerza armada estuvo en capacidad de enfrentar la amenaza que representaba el tsunami. Esto plantea serias dudas acerca de su capacidad para enfrentar un escenario futuro mediante el potencial actual de las tecnologías de la información. Con lo cual resulta imposible abordar la prevención y disuasión de agresiones en un amplio espectro de amenazas que involucra la seguridad interna. En una situación de emergencia, sin adoptar los adelantos en tres sistemas tecnológicos producto de la revolución de asuntos militares en el mundo (RMA), el Comando Conjunto de la Fuerza armada, queda absolutamente paralizado por incapacidad de utilizar tres sistemas tecnológicos emergentes a saber, el sistema IVR (es decir, información, vigilancia y reconocimiento) ; C4 (es decir comando, control, comunicaciones, computadores) y C4I avanzada, cuando se agrega tecnología de inteligencia (de pointe) en situaciones alejadas de la línea de operaciones. Bastó esta emergencia para comprobar el grado de vulnerabilidad del Estado Mayor Conjunto y por tanto de nuestra Fuerza armada. Aún en posesión de esos medios, pero sin autoridades y población civil, trabajadores y organizaciones sociales, la tecnología y el apoyo logístico de la Fuerza armada son insuficientes, pues la tarea primordial de la población civil es el restablecimiento de la infraestructura productiva, transformar medios momentáneamente paralizados en fuerza restauradora de un entorno destruido o invadido, en otras palabras, conferir viabilidad a la intervención de la Fuerza armada. Sin códigos de comunicación, con los diferentes actores reducidos a planos de acción aislados, las operaciones en el terreno habrán fracasado.

De cómo un sistema de gobierno compromete la seguridad nacional

El modelo de libre mercado impuso privatizaciones en áreas vitales para su seguridad –, comunicaciones, energía y estructura vial entre otras. Sin la visión prospectiva de la planificación el Estado se despojó de gran parte de su capacidad de gestión en la economía –el Nº 21 del Art. 19 de la CPE le impide desarrollar “actividades empresariales o participar en ellas”– y de los actores de primera línea en la respuesta ante una emergencia a saber, organizaciones de trabajadores, sociales, Fuerza armada.

En las décadas que siguen el enemigo externo son los terremotos, tsunamis, inundaciones, cambios climáticos, emergencia para la cual ya lo sabemos no estamos preparados. En lo inmediato, la Sociedad Geológica de Chile advierte que habrá réplicas incluso de magnitud superior a 7 grados en la escala Richter. De nada sirve disponer de F-16 que la Aviación ostenta como material disuasivo frente a eventuales enemigos externos (¿Cuáles?), si carecemos de móviles satelitales (con 1 millón de dólares tenemos 500 ¡?), helicópteros de transporte para llevar agua y alimentos a lugares de difícil acceso en el borde costero con población aislada; aviones capaces de aterrizar en las ciudades siniestradas con transporte de agua, alimentos, medicina, carpas, etc. En un contexto de fallas humanas e institucionales, de fuerzas que se suponen vigilantes los 365 días del año, 24 horas del día –y que no lo estaban en el momento del tsunami– un ataque externo tendría efectos letales, con fuerzas locales incapaces de asumir la tarea de seguridad externa. Este recuento señala que en el estado actual de cosas la seguridad nacional está gravemente comprometida.

Crisis en el centro del poder político

Errores y carencias revelan un modelo de gobierno que en estado actual llega a su fin por sus propias incapacidades. Organizaciones sociales, de trabajadores, Fuerza armada, en fin el pueblo, no tienen cabida en un Estado que dimite de sus funciones. Al inaugurar la república, fundada en el mito de una fuerza militar alejada de la política y que según esas característica debía reemplazar la dictadura, la Concertación puso en duda su propia legitimidad al debilitar un Estado incapaz de definir el rol de la Fuerza armada en tareas propias de la seguridad nacional.

En su dimensión política el modelo de gestión del Estado se coloca al margen y deja las iniciativas mayores en manos de privados, del libre mercado, de transnacionales que han saqueado las riquezas naturales de Chile, de sus alianzas comerciales internacionales, en fin, de privatizaciones y concesiones a costos excesivos (si no especulativos) que ha debido absorber el Estado, es decir la ciudadanía. Prácticas que han paralizado gravemente la iniciativa del Estado, que no tiene respuestas cuando la sociedad se ve enfrentada a situaciones de crisis.

Hoy, los logros del gobierno se miden bajo el prisma de un fracaso político que pone en duda el modelo y el papel de sus gobernantes. Esos son los datos de fondo con los cuales la Alianza llega al poder el 11 de marzo. Donde se destacan los mitos sobre la prescindencia política de las FFAA aún cuando en verdad no los comparte pues a lo largo de la historia de Chile ha instrumentado las mayores intervenciones de la Fuerza armada en su propio beneficio. Para la cual le ha bastado involucrarlas en la intriga política y limitarlas a funciones de aparato y prestas a liquidar la parte de la civilidad que molesta a la derecha. Con ello se ha llegado a la incomunicació n fundamental que ambos conglomerados, Alianza y Concertación, bajo formas diferentes, tienen con la Fuerza armada. La Concertación busca sin más, el sometimiento de la Fuerza armada. En el caso de la Alianza , la Fuerza armada es guardián insospechable de sus intereses.

Desde luego, la realidad no se reconoce ni en lo uno ni en lo otro. Para ambos conglomerados, resulta imposible traducir códigos de comunicación entre ciudadanía civil y ciudadanía armada, o centro político crítico desde donde surge el potencial de restauración institucional, es decir republicano y democrático.

Conclusión

A 37 años de vigencia del modelo autoritario la tragedia del sismo devela su crisis terminal pues el centro político de donde depende el poder aparece difuminado en planos incompatibles, donde se confunden, clase política local, poderes empresariales y financieros (nacionales y transnacionales) , con los intereses del Estado. Bajo esa realidad, de mercado y de proyectos de poder de grupos sociales privilegiados, se esconde el nudo crítico desde donde depende la realidad del poder.

Por consiguiente, la tarea futura es la reconstrucció n del centro del poder político; reencontrar la vocación fundacional de una nueva República. Recordemos que en el siglo XIX esa experiencia política tuvo su punto máximo en las luchas independentistas de Suramérica. Situación tanto o más crítica que la crisis actual con miles de muertos y países arrasados por la metralla de la guerra. Por eso la seguridad nacional es preocupación de la ciudadanía civil y armada, bajo formas institucionales de integración de ambos estamentos. Esa es la gran tarea fundacional de la República , la reconstrucció n de un proyecto y de una base social que carece actualmente de representació n, de expresión y de voz.