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Negociación colectiva por rama: ¿un riesgo?

Negociación colectiva por rama: ¿un riesgo? La idea de fondo en la creación de los llamados megasindicatos es recuperar el derecho a la negociación colectiva interempresas o por ramas. En Chile, menos de un 9% de los empleados tienen derecho a negociar con sus empleadores.



La Nación

S.R.

La economía moderna ha permitido e impulsado la contratación de servicios y faenas que las empresas originales no consideran propias de su negocio.

Así las cosas, de los casi 6,5 millones de trabajadores que existen en Chile, se estima que dos tercios pertenecen a estas empresas “secundarias” y cuentan con menor capacidad de organización a la hora de plantear sus demandas.

De hecho, sólo un 8,6 por ciento del total de trabajadores negocia colectivamente. En el sector eso es una preocupación, no sólo de las autoridades del Ministerio del Trabajo o de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), sino también de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), cuya autoridad máxima, Alfredo Ovalle, participa hace un tiempo junto a Arturo Martínez -el presidente de la CUT- en un diálogo tendiente a mejorar las condiciones para el desarrollo del país.

En cifras

Según las cifras de la oficina regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Chile el punto de sindicalización más bajo fue en 1999, cuando apenas alcanzó un 10 por ciento. El problema es que desde entonces, apenas ha subido un punto.

La preocupación por la baja sindicalización se centra en que, de acuerdo con los expertos laboralistas, un diálogo social franco y constructivo que ayude a superar armónicamente las diferencias se logra con organizaciones fuertes.

En tal escenario, la negociación colectiva tuvo su nivel más bajo el 2004, con sólo un 7,8 por ciento (según cifras de la OIT). Y según el INE, el 2006, de los 6,5 millones de trabajadores, sólo negociaron colectivamente 194.872, considerando que existen 19.883 sindicatos vigentes y 1.839 asociaciones de funcionarios.

En el segundo semestre

En tal marco, el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, anunció hace un par de meses, en una entrevista en La Nación, que una de las reformas laborales que evalúan en su cartera es la modificación de la actual ley sobre negociación colectiva.

“La negociación interempresas en Chile está establecida en la ley, no estamos inventando nada. Lo que pasa es que la ley establece que tiene que haber voluntad de los actores, y hasta donde entiendo, en las negociaciones que se han producido, ha habido voluntad de los interlocutores”, dijo el ministro al ser consultado por las conversaciones en el sector minero.

Acotó que “es tan extraño este debate. De pronto, que la gente se reúna y se organice se transformó en un problema o en un peligro. Tal vez es un peligro en tanto hay miedo a lo desconocido, porque los empresarios que tienen costumbre de negociar no tienen ningún problema”.

No obstante, fue claro al afirmar que “nos interesa que los trabajadores negocien con sus empleadores verdaderos”.

El presidente de la CUT, en tanto, dijo que tras la atomización del sindicalismo, donde se crearon muchas confederaciones chicas, “hoy el proceso es inverso”.

“Queremos que haya una negociación sectorial que fije las condiciones mínimas de trabajo y remuneración y que ésas las respeten, y si después en esa empresa hay condiciones, se eleve ese piso”, sostuvo, añadiendo que “vamos a mostrar el camino para las multitiendas”.

Para Jorge González, presidente de la Confederación de Trabajadores Forestales, “la negociación por holding es el camino a seguir”, y similar opinión tiene Javier Ugarte, de la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón: “a nivel industria, sería mucho mejor negociar la confederación con Salmón Chile”.

En tanto, Raúl Morales, de la Coordinadora de Sindicatos Cencosud, relató que “tenemos contratos colectivos negociados y vigentes, se puede hacer pero con venia de la empresa”, y reconoció que “es complejo para nosotros levantar una movilización amplia, como lo han hecho Celco o los mineros del cobre”.

Sin embargo, la práctica no es ajena, así lo hacen por ejemplo la Confederación de Trabajadores Bancarios, que preside Jorge Martínez, y, desde el 2001, el Sindicato Interempresas Nacional de Telecomunicación que dirige René Tabilo. LN



Ley obliga a las partes a estar de acuerdo para una negociación interempresas

Tomás Flores, director de Estudios de L&D

“Sólo se puede negociar colectivamente a nivel interempresas si las partes están de acuerdo. No se puede imponer”, dijo y añadió que actualmente existen coordinaciones para ver demandas de grupos y que para concretarse eso en una negociación colectiva “tendría que cambiar la ley”.

Es más, sostuvo que con la actual legislación, “de hecho, la CUT debiera hacer eso (negociar colectivamente), pero la mayoría de los afiliados a esa Central son empleados fiscales”, e insistió en que por ahora “los trabajadores pueden agruparse, pero no negociar ni obligar a diferentes empresas a aceptar esa negociación”.

Patricio Melero, diputado UDI, Comisión de Trabajo

“Los megasindicatos tienen de positivo que la negociación es más representativa, pero si se proyectan a negociaciones por áreas, tienen el inconveniente de que no ponderan la realidad de cada empresa en particular. En el mundo sindical los megaproblemas no se hacen cargo de las realidades individuales”, sostuvo, pero acotó que “la minería merece un análisis distinto”.

Alberto Armstrong, Facultad de Administración UC

“En la legislación actual no hay problema para que presenten un proyecto de contrato de trabajadores de empresas distintas, pero las empresas tienen que estar de acuerdo si quieren negociar en conjunto”.

Añadió que en cuanto al poder de negociación, lo clave son los objetivos comunes. “Un grupo desunido no sirve de nada, y mientras más grande, más posibilidad de diferencias; en cambio, un grupo compacto en un lugar estratégico, consigue más”, recalcó.

Luis Schmidt, Sociedad Nacional de agricultura

Estimó que la formación de megasindicatos que negocien a nivel interempresas es “muy negativa, porque la legislación, no lo permite”.

En su opinión, lo anterior sólo traería más problemas “a los propios trabajadores, porque se nivelaría hacia abajo, dada la realidad distinta de las empresas”.

“Si pones negociaciones por área, y las empresas son diversas, eso es muy dañino”, afirmó destacando como ejemplo el caso de la fijación del salario mínimo: “Tienes pisos como el salario mínimo establecido por la ley y, por ejemplo, si se sube al doble hay empresas que no están en condiciones de asumir ese gasto”.

Unidos para negociar

La semana pasada más de 200 dirigentes de empresas contratistas de Codelco crearon una megaorganización y exigen un trato similar a los trabajadores de planta.

Los expertos laborales aseguran que la ley contempla la megafigura, pero que ambas partes deben estar de acuerdo para realizar la negociación colectiva.

Actualmente más de cuatro de los 6,5 millones de trabajadores son contratistas. Y menos de un 10 por ciento de ellos (650 mil) tienen derecho a negociación colectiva. El nuevo megasindicato de Coldelco convocó para una huelga -sin fecha- luego de que la respuesta de la cuprera no satisfaciera sus demandas.

Ordenan detención de general (r) Raúl Iturriaga Neumann

La resolución fue adoptada por el ministro Solís, luego que el procesado no se presentará ante la justicia para cumplir su pena de cincos años de presidio.



El ministro Alejandro Solís dictó orden de detención en contra de Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, denido a que el ex general no se presentó cumplir la condena de cinco años de presidio que le impuso la Corte Suprema.

El ex uniformado fue condenado por el secuestro de Luis Dagoberto San Martín Vergara, en un dictamen que fue ratificado hace dos semanas.

El ministro Solís encargó a la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos de Investigaciones que detenga al ex jefe del Departamento Exterior de la DINA.

Escandaloso nombramiento de torturador como Consejero de Estado: Fue Fiscal de la Marina entre 1973 y 1974

Por: http://opinionesnoticiasgeneve.blogspot.com/

Luis Winter Igual, denunciado en Ginebra y en Chile como profundamente implicado en los crímenes de la dictadura es nombrado nada menos que “Consejero del Consejo de Defensa del Estado, organismo que se ha ocupado de rechazar exigencias de indemnización de expresos políticos y de “proteger” al Estado de acusaciones por violaciones a los Derechos Humanos.

¿Qué pasa con los gobiernos de la Concertacion ?

La Nación, 9-mayo-2007 : El Gobierno de la Presidenta Michelle
Bachelet designó como abogado consejero titular del Consejo de Defensa del Estado (CDE), al jurista Luis Winter Igualt. Winter se desempeña como director de Política Especial del Ministerio de Relaciones Exteriores.

¿Quien es Luis Winter Igualt?

FISCAL NAVAL desde octubre de 1973 y abril 1974

GINEBRA 1977 : DELEGADO de la DICTADURA en la COMISIÓN DD.HH.

DELEGADO de la DICTADURA en la ONU en 1978

MAS ENCLAVES DE LA DICTADURA EN LA DIPLOMACIA CHILENA

Aquí en Ginebra tuvimos el caso de Luis Winter, que « trabajaba» en
DD.HH. en la Misión de Chile ante la ONU, ex-fiscal naval en Valparaíso, que fue reconocido como torturador por un testigo en plena comisión de DD.HH.

Winter se querelló contra la periodista suiza (Marie Bonnard-
Tecklenburg) que hizo la denuncia pública. El tribunal falló haciéndole pagar las costas a Winter Ahora (2004) es uno de los grandes directores en el Ministerio de RR.EE. de Chile.
Winter se había conseguido que lo nombraran para venir a Suiza como Embajador de Chile hace varios años atrás pero a consecuencia de las protestas públicas de los chilenos residentes en Ginebra el gobierno de la Concertación desestimó dejarlo en Suiza.
Vemos ahora que nuevamente un gobierno de la Concertación da su respaldo a antiguos pinochetistas.

¿Está Michelle Bachelet atada de manos y nada puede hacer para que no
suceda esto?

¿Quién manda realmente en los gobiernos concertacionistas?

Un tercio de los jóvenes chilenos está endeudado

escrito por Redacción   
martes, 05 de junio de 2007
Santiago.- El Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), en conjunto con el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) detectaron que un 33.18 por ciento de los jóvenes chilenos entre 15 y 29 años está endeudado.   Lo anterior implica que 1.237.191 de jóvenes chilenos tiene deudas.El promedio de deudas alcanzado es de 884.657 pesos, de los cuales 398.104 pesos se encuentran en mora. La mayoría de los jóvenes endeudados corresponden a mujeres (54 por ciento), y tienen mayoritariamente entre 25 y 29 años. Además, en general pertenecen a los estratos medios y bajos de la población.

Otros resultados muestran que la mayoría (51 por ciento) sólo alcanzó la educación secundaria, mientras que el 29.79 por ciento estudió en la universidad. En tanto, el 26,72 por ciento se encuentra estudiando y el 56,22 por ciento se encuentra desarrollando algún tipo de actividad laboral.

El estudio muestra que los jóvenes a medida que crecen muestran un mayor nivel de endeudamiento. Por lo tanto, a mayor edad, mayor es el endeudamiento.

Las regiones donde se concentra mayoritariamente los niveles de endeudamiento son la Región Metropolitana, la VIII y la V respectivamente.

La mayoría de los jóvenes endeudados posee algún instrumento financiero (72.22 por ciento), por lo que su obtención pasa a ser determinante a la hora de adquirir una deuda, según el estudio.

Los mayores gastos de los jóvenes endeudados son: vivienda (arriendo, dividendo), educación (matrícula, arancel, créditos y materiales de estudio) y en pagar deudas (considerar tarjetas de crédito, créditos de consumo, entre otros).

El director nacional del Sernac, José Roa, señaló que "los consumidores, de cualquier edad, deben ser responsables y saber determinar el alcance de sus obligaciones y sus posibilidades de pago. Para ello, deben recordar que no es recomendable destinar más de un 25 por ciento de los ingresos a créditos, sin considerar dividendo. En el caso de los estudiantes, es importante revisar si el monto del ingreso familiar puede soportar una nueva carga crediticia".

El año que EEUU quiso eliminar a Pinochet

El año que EEUU quiso eliminar a Pinochet

 

 (Por Claudio Mardones (desde Buenos Aires))Un alto funcionario de la Inteligencia argentina durante el gobierno de Raúl Alfonsín, revela los planes norteamericanos para deshaacerse del general chileno en los 80.

Aunque cueste creerlo, Estados Unidos, el mismo país que apoyó e incentivó abiertamente el derrocamiento de Salvador Allende en 1973 y urdió una de las redes de terrorismo de Estado más feroces de la historia, conocida como Plan Cóndor, implementó a partir de 1983 el debilitamiento de la dictadura de Augusto Pinochet y de su par paraguayo Alfredo Stroessner.

La fecha del giro de las operaciones posiblemente haya sido el 10 de diciembre de 1983, cuando el argentino Raúl Alfonsín asumió la presidencia de su país luego de una dictadura de 7 años que había dejado cerca de 30 mil desaparecidos. Pero lo cierto es que mientras Buenos Aires comenzaba a transformarse en una de las pocas sedes de un gobierno democrático en el Cono Sur, los hombres enviados por Washington hicieron saber la decisión del gobierno republicano de Ronald Reagan.

A continuación la trama secreta de una discreta ofensiva diplomática, donde la CIA no ahorró agentes para cerrar el cerco. Luego de las primeras señales el nuevo presidente argentino comunicó la decisión a su equipo: "ustedes díganles que si, vayan más allá y hagan todo lo que puedan".

Sin embargo, este nuevo capítulo de una historia bilateral cargada de crímenes políticos aun impunes, posiblemente no haya llegado a su fin. Los historiadores registran que en las relaciones argentinas con Chile, entre 1983 y 1989, "existieron tres temas generadores de fricciones: la violación a los derechos humanos, la continuidad de la posición pro-británica adoptada por el régimen de Pinochet respecto de la cuestión de las islas Malvinas y, finalmente, la persistencia del diferendo limítrofe en torno al canal de Beagle". A las letras de bronce, se ha sumado un nuevo descubrimiento que posiblemente haya sido el potenciador de la discreta virulencia entre La Moneda, aún manchada de sangre, y el recién nacido gobierno democrático en Buenos Aires.

La punta del ovillo se conoció gracias al periodista argentino Gerardo Young, autor de la primera investigación íntegra que cuenta la historia de la Secretaría de Inteligencia del Estado, más conocida como SIDE y célebre por configurar una verdadera catacumba del Estado argentino que, según este periodista del diario Clarín de Buenos Aires, funciona "para lo que guste servir" a cada presidente. Con un pasado inocultablemente criminal antes, durante y después de la última dictadura argentina, este organismo depende de la Presidencia de la Nación y encierra buena parte de la historia no contada del país trasandino. Quizás por eso, el libro se llame "SIDE, la Argentina Secreta".

Más allá de demostrar la subordinación de este organismo a la CIA y al Mossad y aportar datos muy importantes sobre la historia reciente, la obra de Young ha revelado en sus páginas, desde el segundo semestre de 2006, un dato que pasó inadvertido para la prensa chilena y que El Periodista ha procurado desarrollar e indagar entrecruzando datos, contrastando versiones con fuentes diplomáticas que han elegido el anonimato y procurando reconstruir los hechos gracias al testimonio de uno de los testigos directos de aquellos hechos que ya llevan 20 años guardados en la historia.

En uno de sus capítulos la investigación recorre 1986 y dispara: "En Chile seguía gobernando Augusto Pinochet y la SIDE se ocupaba de abrirle los pasos fronterizos a los opositores, en especial a los miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y de darles cobijo de este lado de la cordillera a cambio de información sobre el régimen vecino. La CIA buscaba por aquellos años a un general que pudiera suceder a Pinochet para encarar la transición con las botas puestas. A Alfonsín, que seguía estas operaciones con mucha atención, le alcanzaba con saber que Estados Unidos estaba dispuesto a prescindir de Pinochet".

Según relata el libro, inconseguible ya en cualquier librería, las operaciones estaban a cargo del embajador Oscar Eduardo Torres Ávalos, que apenas asumió Alfonsín en 1983, fue subsecretario en la Cancillería Argentina hasta 1986, cuando pasó a ser Subsecretario de Medios en la oscura SIDE.

Tras los rastros de semejante revelación, El Periodista pudo analizar estos datos con este diplomático de carrera, que en la actualidad preside el Consejo Superior de Embajadores del ministerio de Relaciones Exteriores argentino y que hasta el 4 de mayo de 2001 fue el primer y último embajador en La Habana del gobierno de Fernando de la Rúa. Su misión concluyó luego de que el presidente cubano Fidel Castro, acusara al gobierno de de la Rúa de "lamer la bota yanqui" en vísperas de un nuevo voto de condena contra Cuba en la extinta Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra.

En diálogo exclusivo con El Periodista, Torres Ávalos consideró que: "En la parte primera, no es cierto que el gobierno le abrió las puertas al Frente Manuel Rodríguez, al contrario, a nosotros nos preocupaba su presencia y la influencia que pudieran llegar a tener en nuestro país. Lo cierto es que fue al contrario, a nosotros nos preocupaba la presencia por los contactos que pudieran tener acá. Pero en cuanto a que el gobierno de los Estados Unidos se había interesado en la suerte de Pinochet, es cierto, y estamos hablando de la presidencia de Ronald Reagan. Yo diría que hasta les fastidiaba la presencia de Pinochet. También es cierto que Estados Unidos estaba interesado en dar una salida democrática y buscar un general, dos o tres o un conjunto de oficiales que pudieran facilitar esa salida, prescindiendo de la presencia del por entonces presidente de facto Pinochet. Pero en esos momentos, yo creo, y por lo que pudimos advertir en conversaciones reservadísimas que hubo, que ni ese grupo ni ningún militar eran la vía o el acceso posible para salir de Pinochet. La dictadura en Chile era un régimen monolítico en donde había algún general disidente, pero que no alcanzaba a tener suficiente poderío como para poder derrocarlo. Así es que el régimen, en cuanto a la consolidación respecto a su columna vertebral, que eran las fuerzas armadas, para mi eran, casi inexpugnables".

La delicadeza del lenguaje diplomático de este hombre, muy cercano al ex presidente Raúl Alfonsín, no ocultan que los contactos comenzaron a partir de 1984 y se fueron extendiendo en el tiempo. "Los intercambios fueron informales, salvo un caso en especial que prefiero no nombrar y que no fue una visita a la cancillería, sino una visita al gobierno argentino, que sí venía con proyectos en mano. Esos contactos se intensificaron a partir del 87, en el segundo semestre de 1987".

EL HOMBRE DE LANGLEY

Dos fuentes diplomáticas que reclamaron el anonimato, corroboraron los dichos de Torres Ávalos y confirmaron que el contacto oficioso de la CIA ocurrió en ese año. El Departamento de Estado y la Central de Inteligencia norteamericana habían resuelto intensificar las presiones y nadie duda que hubo anteriores, pero todos los consultados coinciden en señalar que luego del fallido atentado al dictador y la Operación Carrizal Bajo, consistente en la internación ilegal de armas más grande en la historia de Chile, Washington había resuelto intensificar las presiones sobre Buenos Aires.

En septiembre de 1987, aterrizó en la capital argentina el agente de la CIA Néstor Pérez, posiblemente el nombre de fantasía de un ciudadano que las fuentes consideraron puertorriqueño o cubano residente en Miami. El hombre, según revelan dos distintos ex funcionarios alfonsinistas, llegó a la Casa Rosada para pedirle al gobierno argentino que contuviera al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que controlara la frontera con Chile y les informara si había contactos concretos con militares chilenos disidentes.

Según supo esta revista, la respuesta oficial fue: "Si ustedes no pueden controlar la frontera con México que es mucho más chica, ¿cómo hacemos para controlar nosotros los más de 4 mil kilómetros que tenemos con Chile?". A lo que el hombre de Langley reconoció que intensificaban los contactos porque "ya habían chequeado generales sin éxito y aunque hubieran tenido las fuentes y los recursos desde Argentina no habrían logrado cambiar el panorama, ya que también habían concluido que el grueso de las fuerzas frentistas estaban en Chile".

Es que luego de la operación Siglo XX, los funcionarios norteamericanos mostraban una mayor preocupación sobre la suerte de Pinochet y el futuro de Chile. "Lo ideal para Estados Unidos era que ganara la derecha, pero democráticamente, lo que pasa –acota Torres Ávalos– es que algunos se preocupaban de que esa derecha no tuviera vestigios de Pinochet. A lo que recuerdo una conversación con un funcionario norteamericano donde le dije "eso es muy difícil, por no ser imposible, porque la derecha es Pinochet. No puede haber derecha sin Pinochet, es inescindible la derecha de Pinochet. No se puede esperar, así es que si ustedes piensan que puede haber una salida democrática sin las huellas digitales de Pinochet están equivocados, esto no es así".

LAS MISIONES

Lo cierto es que Estados Unidos dedicó a "unos 30 o 40" funcionarios y agentes secretos que desde 1983 hasta 1989 "mostraban un particular interés, sobre qué hacer con Chile, qué va a pasar con Pinochet, si está fuerte, si está débil, si hay puntos vulnerables. "Sin duda –acota Torres Ávalos– creo que tiene que haber habido una fortísima presión de Estados Unidos para la salida electoral e incluso me da la sensación que el propio Pinochet no se lo imaginó y pensó que ganaba el candidato del gobierno."

¿Cual era la visión del gobierno de Alfonsín respecto a la dictadura de Pinochet?

La peor. En el análisis concreto teníamos vigente que por más que tuviéramos la peor impresión ideológica lo teníamos que aceptar, teníamos que convivir y convivimos bien. Una democracia como la nuestra recién nacida tenía que convivir con una dictadura fuerte que llevaba años en el poder. Pero debo decir que el mérito fue específicamente de Alfonsín.

Después de los contactos informales, ¿qué análisis hacía el gobierno de Alfonsín sobre el gobierno de Reagan que mientras estaba desatando una ofensiva contra el sandinismo y soportaba un escándalo como el caso Irán-Contras, resolvía deshacerse de una dictadura como la de Pinochet?

En ese momento Estados Unidos tenía una política de Estado. Si bien es cierto que no tuvo la misma intensidad con Jimmy Carter que con Reagan, era la política de Estado y estaba basada en los derechos humanos. Quizás con Reagan estaba más alivianada, menos enérgica, pero la estrategia fundamental sobre el fin de la guerra fría era que sabía perfectamente que el mundo socialista era un régimen inadmisible. La nueva arma para ir socavándolos era la política de derechos humanos, pero para que esa política fuera eficaz tenía que desprenderse de los lastres. Es decir que Estados Unidos no tendría autoridad si condenaba las violaciones a los derechos humanos en otras partes del mundo sin tomar medidas con Pinochet y Stroessner. Es una hipocresía total. Pero para evitarlo, Estados Unidos comenzó a decir que estaban contra las violaciones a los derechos humanos en todas partes del mundo. Así abrieron el abanico para tener autoridad e ir contra la Unión Soviética. Tenían que sacarse el lastre de tener regímenes bancados como el de Pinochet para poder tener autoridad en América Latina.

¿Y cual fue la lectura cuando estalla el caso Irán- Contras?

Se trata de un caso de la torpeza de los manejos de la CIA y del manejo de la inteligencia de los Estados Unidos que ya es un clásico. Pero bueno, así como les salió mal, les podría haber salido bien.

Bush padre, juicio y DDHH

Ninguno de los consultados duda que el gobierno de Alfonsín fuera más allá de los mandatos de Washington contra Pinochet. La relación que se había desarrollado con Buenos Aires era buena e incluso, según reconoció el entrevistado, "sectores del partido republicano comandado por George Bush padre, aplaudieron el juicio a las juntas (que encarceló en Argentina a la Junta Militar por delitos de lesa humanidad) e incluso fueron de inmediato a prestar su apoyo con el levantamiento carapintada del 20 de abril de 1987 que intentó derrocar al gobierno de Raúl Alfonsín. De hecho, Bush padre, por entonces vicepresidente, fue espontáneamente solidario. Es cierto el propio vicepresidente Bush, estaba abiertamente en contra de los carapintadas y abiertamente a favor del juicio a las juntas. Me consta en vivo y en directo porque conversé con ellos", admite el embajador.

¿Pero cuál era la visión argentina sobre la salida de la dictadura chilena?

Alfonsín sostenía que era necesario salir a la democracia como las condiciones lo permitieran. En función de las condiciones políticas que tenga cada sistema, saldrá como pueda, pero hay que salir de esta. Si era por izquierda o por derecha, por arriba o por abajo, había que salir de las dictaduras. En la medida que pudiéramos incidir lo íbamos a hacer ya que las condiciones no se daban para nosotros. El Frente Patriótico no era amigo nuestro, el proyecto no era un proyecto democrático.

¿Y en qué se diferenciaba el régimen de Pinochet del de Stroessner?

Eran dos dictaduras distintas. La dictadura de Pinochet era de última generación, la otra era de una generación primitiva, torpe, con una corrupción tosca y burda. De modo que era más fácil trabajar contra Stroessner porque era tal el primitivismo que todo se hacía más fácil. Estados Unidos jugó un papel total: dijo este señor se cae y lo vamos a hacer caer nosotros, y la Argentina colaboró hasta económicamente incluso con el exilio que estaba acá. Se les daba trabajo, se les conseguía un nivel de vida para que tuvieran una vida digna y pudieran hacer sus cosas. Acá (por Buenos Aires) se les dio una actitud permisiva: la Argentina no corrió a los exiliados paraguayos. Incluso acomodó a algunos en reparticiones públicas. Pero además lo estábamos haciendo a pedido de Estados Unidos, no era una cuestión descolgada. Washington nos dijo "este tipo tiene que desaparecer".

¿Y con el exilio chileno que hicieron?

El exilio chileno no es lo mismo que el exilio paraguayo. Lo cierto es que hubo varios casos de exiliados chilenos en Buenos Aires, pero no eran del Frente.

SANTIAGO-BUENOS AIRES

Lo cierto es que además de las posibles presiones, el gobierno de Alfonsín recibía "muy buena información" procedente de la Estación Chile de la SIDE que le remitía a la Casa Rosada detalles sobre las violaciones a los derechos humanos. Cuenta el diplomático, que "sabíamos cómo Pinochet apretaba, ablandaba, volvía a apretar y volvía a ablandar. Más apretaba que ablandaba y alguna información se suministraba sobre el ex comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh. Sabíamos qué capacidad podía tener para derrocar a Pinochet y luego de algunos contactos constatamos que ninguna. Los norteamericanos estaban interesados en Leigh y se dieron cuenta que no alcanzaba. A lo mejor tenía la voluntad, pero no podía. Recibíamos información todos los días sobre las violaciones a los derechos humanos y teníamos en cuenta la información sobre posibles ataques a la dictadura, pero sabíamos que las Fuerzas Armadas de Chile eran fuerzas muy eficientes, con armamento muy sofisticado".

¿Y cuál era el trabajo de la inteligencia chilena?

Era muy activo. Sabíamos que tenían contactos con personajes de la derecha argentina y contactos que querían tener con nosotros, además de informaciones que pedían y no se la dábamos, o se la dábamos a regañadientes o se la demorábamos. Ellos pedían mucha información sobre el Frente Manuel Rodríguez, que era lo más urticante para ellos. No se la ocultamos, pero tampoco fuimos muy fluidos en lo que les informábamos. Hacíamos los deberes, nada más.

¿Que significa hacer los deberes?

Y bueno, imagínese. Le doy un ejemplo: acá hay un matrimonio de fulano y fulana que están por acá hace dos años. Nosotros sabemos que es gente de extrema izquierda. Y nosotros respondíamos: sí, los tenemos, están bien en Mendoza, los tenemos perfectamente controlados, así es que ustedes no se preocupen, sabemos qué hacen qué no hacen, con quien se ven y con quien no, de qué trabajan, de qué se ganan la vida, así es que no se preocupen. Ellos querían información: qué es lo que hace, donde está, con quién se ve, de dónde le llega la plata, o ¿es cierto que tal senador es amigo de tal chileno y colabora con tal comité de solidaridad? Pero la decisión política era administrar la información. O no les dábamos nada, o la poca que le dábamos se la entregábamos un poco cambiada.

El hecho que inclinó la balanza

¿Cuáles fueron las razones que llevaron a Washington a desarrollar en Buenos Aires conspiraciones para eliminar a dos de sus mejores aliados?

Es posible que la presunta y poco creíble razón de Estado sobre los derechos humanos haya servido para justificar giros diplomáticos tan contradictorios, pero varios consultados coinciden la balanza en contra de Pinochet comienza a inclinarse lentamente a partir del 21 de septiembre de 1976, cuando una bomba mató al ex embajador de Chile en los Estados Unidos y su secretaria Ronni Moffitt, de 25 años, en un atentado planificado y ejecutado por Michael Townley, un agente estadounidense al servicio de la DINA Exterior que ahora goza de protección en territorio norteamericano.

"Yo no se si la inclina o la empieza a inclinar, acota Torres Ávalos, pero siempre analizamos que ahí empezó la curva descendente de la imagen de Pinochet respecto a Estados Unidos. Quizá hubiera venido otro hecho o el tiempo hubiera producido su desgaste, pero este hecho aceleró para que los americanos dijeran basta.

¿No le pareció que los funcionarios que venían a Buenos Aires tenían un alto nivel de cinismo? Se trataba de una operación sobre los principales aliados del Plan Condor, aparte de Buenos Aires.

Algunos si, otros no, otros eran muy honestos. Pero del Plan Cóndor de 10 años atrás a esos momentos, Estados Unidos había cambiado. Porque debemos situarnos, Allende fue derrocado en 1973, donde Estados Unidos intervino en forma directa. En 1983/84 Estados Unidos, dijo "esto que hicimos acá hay que borrarlo, esto no nos sirve más". Todo en función de sus intereses que ahora era recuperar la democracia y tenerla del lado de ellos. No importa si era de derecha, lo importante era que Estados Unidos demostrara que no era cinismo decir que eran los adalides de la democracia, porque no se bancaban ni al comunismo, ni a Stroessner, ni a Somoza ni a Pinochet. Éste era el objetivo final.

Pinochet, Argentina, Alfonsín, El hombre de Langley, las misiones,El año que EE UU quiso eliminar a Pinochet

Procesado en calle Conferencia se ahorcó en penal

Procesado en calle Conferencia se ahorcó en penal El empleado civil del Ejército y miembro de la DINA Carlos Marcos Muñoz, se quitó la vida en su celda en el Comando de Telecomunicaciones de la institución. Trascendió que dejó cartas en que explica su decisión.



En el Comando de Telecomunicaciones del Ejército se quitó la vida el empleado civil de la institución castrense y miembro de la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) Carlos Marcos Muñoz, procesado en el caso Calle Conferencia.

El detenido cumplía prisión preventiva ordenada por el ministro Víctor Montiglio, quien lo encauso por su responsabilidad en el secuestro y posterior muerte de seis dirigentes comunistas.

El individuo se ahorcó esta madrugada tras haber sido sometido a nuevas diligencias.

Trascendió que habría dejado cuatro cartas en que explicaba los motivos que lo llevaron a adoptar la drástica determinación.

Muñoz enfrentaba cargos por la muerte del ingeniero Jorge Muñoz -esposo de Gladys Marín- Mario Zamorano, Uldaricio Donaire, Elisa Escobar y Jaime Donatto. También fueron detenidos con anterioridad el secretario general del PC, Víctor Díaz López, y el ex diputado Bernardo Araya y su esposa, Olga Flores.

Otro caso similar que ha afectado a procesados en causas de derechos humanos sucedió el 2005 cuando el coronel (r) Germán Barriga terminó con su vida al lanzarse desde el piso 18 de un edificio.

El joven obrero y el brazo armado de los empresarios

Sandra Trafilaf
Alai-amlatina

“Fueron asesinados otros hombres, otros que como tú se llamaban Rodrigo” Pablo Neruda

Rodrigo Cisternas Fernández, un joven obrero forestal, de 26 años, era uno más de los cinco mil trabajadores de Bosques Arauco, que el 30 de abril, después de más de un mes de negociaciones, decidieron votar la huelga y movilizarse para conseguir mejores salarios y condiciones laborales dignas.

Rodrigo Cisternas Fernández, despachador de grúas desde hace dos meses trabajaba para el gran imperio de los Angelini, él pedía un sueldo que le alcanzara para tener una vivienda digna junto a su esposa y a su hijo de cinco años. El pedía que se eliminara el falso concepto de subcontratación y que Angelini, amparado en sus empresas fantasmas, diera la cara.

El joven Rodrigo Cisternas, se enfrentó a una de las familias más poderosas de Chile, el grupo Angelini, a través de la Empresa Bosques de Arauco, uno de los mayores productores de harina de pescado, que por añadidura controla el rubro de combustibles y que también es propietaria del negocio forestal a través de su filial Celulosa Arauco, no sólo a nivel nacional, sino también mundial, que supera un valor bursátil de US$ 19.000.-millones, (según cifras oficiales que entregan ellos en sus informes) todo esto sin mencionar que además poseen activos en los sectores pesqueros, minero y de generación eléctrica.

Este obrero, de tan solo 26 años junto a otros miles de trabajadores se manifestaron, tomándose la ruta 160 de la provincia de Arauco, después de intentar ante sus patrones, una negociación que no dio ningún resultado positivo frente a sus demandas.

La respuesta, ha sido la misma que han recibido todos aquellos que se han organizado y se han movilizados por sus demandas justas. Cientos de policías, con refuerzos de tres ciudades, acudieron al llamado de estos poderosos empresarios, que vieron peligrar sus intereses.

Rodrigo Cisternas Fernández, uno de los tantos trabajadores humildes de este país, quiso cambiar el rumbo de una historia sembrada de denigración y represión, se subió a uno de los vehículos cargadores de la empresa y sin más ánimo que frenar la locura de balazos y bombas lacrimógenas en las que estaban envueltos, las emprendió contra quienes aún, actúan con plena impunidad.

La respuesta de las fuerzas policiales, quienes se han convertido hoy en el brazo armado del gran empresariado, no se dejó esperar, y tres balas certeras, una de ellas directa a la cabeza, lo dejó arriba de su herramienta de trabajo, cegando sus sueños, sus demandas y su alegría de pensar que una petición justa, tendría como recompensa, un futuro distinto para su familia que esperaba tranquila en casa, el final del conflicto.

La Presidenta Michelle Bachelet ha declarado hoy que “la muerte de Rodrigo es la derrota de todos”, una frase extraña, pues nada podría justificar la muerte de este obrero. La Presidenta de Chile debió haber precisado que este tipo de “hechos”, de asesinatos, es producto de una cultura de la impunidad de la que los gobiernos de la concertación se han hecho cómplices.

Más de 15 mil personas, despidieron a Rodrigo en el cementerio de Curanilahue, una localidad del sur de Chile, las casas sencillas del sur lluvioso, despidieron a Rodrigo con banderas enlutadas a media asta, mientras Pascual Sagredo, presidente del Sindicato de Trabajadores Forestales manifestaba “uno de nosotros ha caído, pero se levantaran miles de trabajadores humildes y sencillos de la provincia de Arauco”.

Los trabajadores movilizados no son parte de su derrota señora Presidenta, ellos, los más sencillos, los más humildes, exigen justicia, exigen un trabajo digno, demandan la inmediata retirada de las fuerzas policiales. Un joven trabajador, ha caído en esta larga lucha contra las desigualdades sociales. Otro obrero más ha sido asesinado y las plazas de todo Chile hoy tendrán su nombre escrito, Rodrigo Cisternas Fernández, estará en las pancartas, en las voces de hombres y mujeres que seguirán esta marcha que no termina con su muerte, que continuará con su ejemplo de valentía y de vida.


¿Dónde están hoy los pingüinos?

¿Dónde están hoy los pingüinos? Tuvieron el poder de cambiar las prioridades del Gobierno, pero hoy están en la cuerda floja, con el choclo desgranado. Los estudiantes de regiones y los liceos emblemáticos abandonaron el movimiento por falta de democracia y decisiones arbitrarias.



La Nación

Katerinne Pavez Marchant

Hace un año se inauguraba en las calles el movimiento secundario. Un imberbe César Valenzuela declaraba a quien quisiera oír que el Gobierno no había dado respuestas a sus peticiones. La mecha fue encendida por la decisión de la Universidad de Chile de subir el arancel de la PSU. Esta fue la excusa perfecta para sacar sus propuestas a la luz: los –hasta ese momento– desconocidos dirigentes exigían pase escolar gratuito, más y mejor alimentación y revisión de las bases sobre las que se construyó el modelo educativo chileno.

Una bomba que obligó a la clase política a replantear su agenda y a los ciudadanos que miraban desde fuera a preguntarse qué diablos era la LOCE.

“La asamblea partió con 15 colegios. Pero en nuestro momento más alto llegamos a tener más de mil”, recuerda César Valenzuela.

¿Qué queda hoy de esa poderosa Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios (ANES)? A la luz de lo que sucedió el sábado 28 de abril, día de su último encuentro nacional, la respuesta es muy poco.

Ese día, los estudiantes del Instituto Nacional, Liceo 7 de Providencia, Internado Nacional Barros Arana y Liceo Experimental Artístico, anunciaron que no querían seguir perteneciendo a este movimiento. Sus razones eran también críticas directas a la gestión de María Jesús Sanhueza, la más reconocida de las voceras y la única que permanece luego de que Valenzuela, Karina Delfino y Juan Carlos Herrera egresaran de cuarto medio.

Los representantes de regiones también señalaron su intención de retirarse.

Zarko Sepúlveda, vocero de la Región de Atacama, resume lo ocurrido: “Llegamos con la intención de plantear una nueva orgánica para la ANES. Sabemos que por cantidad de alumnos, los santiaguinos tienen derecho a más votos. Pero no nos parece que sólo en la capital existan grupos o colectivos que tengan derecho a votar, mientras que en regiones los únicos que deciden son los centros de alumnos”. Como la propuesta de sacar a los colectivos y plantear una votación para cambiar a los dirigentes no fue aceptada por Santiago, las regiones decidieron marginar a los capitalinos y crear una asamblea nacional sin ellos. “La Metropolitana puede volver, pero siempre y cuando se reestructure”, advierte Sepúlveda.

DESORDEN Y SELECCIÓN

Los colectivos a los que se refieren los disidentes son agrupaciones pequeñas “que a veces pueden estar a favor y otras en contra de los centros de alumnos”, señala Claudia Arce, presidenta del Liceo 7. Estos grupos, con diversas motivaciones políticas, fueron aceptados dentro de la asamblea en medio de la efervescencia del año pasado. Y ahora provocan la crítica de quienes se supone son los más indicados para decidir dentro de la organización: los presidentes de centros de alumnos.

A juicio de Arce, el desorden es tal dentro de las reuniones, que no se respetan las reglas mínimas para votar. “A veces se hace sin el quórum que fijamos, o se vota y luego se toma otra decisión. En otras ocasiones, los representantes de los colegios ni siquiera consultan a sus Codecus [consejos de curso]”.

Lo que colmó a los pingüinos de regiones fue que los estudiantes de la capital salieran a protestar contra el Transantiago. La vocera nacional, María Jesús Sanhueza, apareció en los medios hablando en representación de todos los estudiantes sin consultarles. Fue entonces cuando cristalizaron todas las demandas que guardaban desde el año pasado y las expusieron en el encuentro de fines de abril.

No sólo en regiones se quebró el movimiento. Una parte de los llamados “colegios emblemáticos” renunció a su participación de manera indeclinable. Hace un par de semanas que sus dirigentes discutían la idea de crear un nuevo referente, más dedicado a opinar sobre los temas actuales, como el proyecto de Ley General de Educación (LGE) y a defender su postura individual. Uno de los temas en esta ley que divide a los emblemáticos del resto de los colegios es el referido a la prohibición a los colegios de seleccionar a sus alumnos hasta octavo básico. Mientras los primeros la rechazan, argumentando que sus establecimientos van a perder su estatus, los segundos quieren el fin de la selección para todos los niveles.

LA RESPUESTA DE JECHU

Muchas de las críticas de los pingüinos tienen nombre y apellido: María Jesús Sanhueza. Ella se defiende de las acusaciones al asegurar que la asamblea no está desunida, y que nadie le ha planteado en las reuniones que esté realizando una mala gestión. “Ni siquiera hemos tocado el tema de las vocerías en las últimas asambleas”. Dice que los estudiantes secundarios pueden cambiar cuantas veces quieran la orgánica del movimiento y le baja el perfil a los quiebres. “Lo que nos une son nuestras demandas, no la asamblea”, señala. En cuanto a la salida de los liceos emblemáticos, cree que se debe más a problemas internos que a conflictos con el movimiento. Es más, asegura que todos los estudiantes critican la selección, aunque no con el mismo argumento: “Creemos que no se debe prohibir la selección sin antes certificar la calidad de todos los colegios”.

Más allá de las discusiones internas, lo cierto es que este año ha faltado la presencia secundaria en el debate sobre educación. Un tema que ellos mismos impusieron en la agenda y que ahora está en manos del Congreso.

César Valenzuela resume el momento actual del movimiento: “La verdad es que no veo a los estudiantes, y eso es lo que me extraña. No han opinado sobre cosas que fueron parte de nuestra lucha, como el fin del lucro. Ojalá que sea porque lo están discutiendo”. LND