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Argentina

Base-militar en Argentina: Entrevista /Diputado argentino Carlos Martínez (1)

Base-militar en Argentina: Entrevista /Diputado argentino Carlos Martínez (1)

Gobernador de El Chaco negocia el post-kirchnnerismo

Por Indira Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro (*)
En entrevista con el programa La Brújula del Sur (2), Carlos Martínez diputado del movimiento Libres del Sur en la provincia de El Chaco, en el noreste argentino, aseguró que si existe una instalación del Comando Sur en la zona, autorizada por el gobernador Jorge Capitanich.
El gobernador de la provincia de El Chaco se está preparando para lo que él llama el post-kirchnnerismo. Se está colocando, desde el punto de vista político, como un futuro aliado incondicional de Estados Unidos en la región”.
Pero, ¿Cómo es que éste gobernador se salta al gobierno nacional? ¿Se lo salta? ¿Qué pasa en El Chaco argentino?
En nuestro programa, le hemos hecho seguimiento a la instalación de Bases Militares estadounidenses en América del Sur. Lo hemos hablado con la mexicana Ana Esther Ceceña (3), directora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica.
También con ex vicecanciller de Ecuador, Kintto Lucas (4). Y en lo específico, hemos abordado la instalación de un emplazamiento de Estados Unidos en El Chaco argentino. con los periodistas bonaerenses Walter Goobar (5) y Stella Calloni y más recientemente, el Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel (6).
La historia nosotros la seguimos así
El 20 de marzo de 2012, el sitio web www.matrizur.org publica una nota en la que se asegura que el gobernador de la provincia de El Chaco, Jorge Capitanich otorga permiso para instalar una base militar del Comando Sur, en ese territorio argentino (7).
Dicha base tendría como epicentro el aeropuerto internacional de la zona que gobierna Capitanich, muy cerca de la denominada triple frontera donde se encuentra el majestuoso acuífero guaraní.
Tras una presión mediática y social, el gobernador se vio obligado a negar que se tratara de una base militar, sino de un centro de ayuda para emergencias donado por EE.UU. Una cascada de publicaciones de prensa habrían conseguido la intervención del gobierno de Cristina Fernández y con ello abortar la “iniciativa” del gobernador, según nos contó para La Brújula del Sur, el periodista Walter Goobar (8).
El gobernador, informaron los medios, habría enviado una iniciativa de ley que, para muchos, rectificaba el acuerdo hecho con Estados Unidos…
Las alarmas sonaron nuevamente cuando Diputado provincial Carlos Martínez, cuestionó la iniciativa ya que el texto sólo “ratifica los acuerdos del gobernador Capitanich con el gobierno de Estados Unidos”.
Como si fuese presidente
Este lunes 11, periódicos de El Chaco publicaron que el Gobernador Capitanich se encontraba en Estados Unidos mostrando a grupos inversores (como JP Morgan, Goldman Sachs) dando a conocer a los empresarios la ubicación geográfica estratégica del Chaco, con una conexión ideal entre Este y Oeste a través del corredor bioceánico, así como de Norte a Sur por medio de la Hidrovía Paraná Paraguay (9).
De estás reuniones siempre es más importante lo que no se dice ¿Qué hace en EE.UU el gobernador? Preguntamos al diputado Martínez.
Su viaje a Estados Unidos, sus reuniones con inversores que provocaron la gran crisis y que su agenda incluye visitas al Departamento de Estado, prácticamente tomando las riendas de las relaciones, como si fuera un presidente de la nación, Eso evidencia su visión estratégica. Lo que sorprende es el llamativo silencio del gobierno nacional”.
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Si desea escuchar la entrevista completa al diputado chaqueño Carlos Martínez, el AUDIO aquí:
http://soundcloud.com/labrujuladelsur1/entrevista-carlos-mart-nez
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(*) Periodistas intragables
indiracarpio.blogspot.com @icarpio / ernestojnavarro.blogspot.com@ernestojnavarro
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Para ampliar las informaciones:
(1) Carlos Martínez es diputado provincial en El Chaco por el movimiento Libres del Sur.
(2) La Brújula del Sur es un programa que se transmite en la emisora del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Alba Ciudad (albaciudad.org, @albaciudad, 96.3 FM) y Radio Rebelde (radiorebelde.info, @radiorebelde915, 91,5 FM), conducido por Ernesto J. Navarro y producido por Indira Carpio Olivo.
(3) Ana Esther Ceceña: Presidenciales en Venezuela, foco de agresión de EEUU: http://www.aporrea.org/actualidad/n206387.html 
(4) Kintto Lucas: TLC son las nuevas formas de colonizar:http://www.aporrea.org/internacionales/n203758.html 
(5) Walter Goobar: En Argentina SI fue instalada una base militar estadounidense http://www.aporrea.org/tiburon/a143132.html 
(6) Adolfo Pérez Esquivel: Venezuela debe decidir entre transformación o volver a ser colonia de EE.UU: -http://ernestojnavarro.blogspot.com/2012/06/venezuela-debe-decidir-entre.html  
http://indiracarpio.blogspot.com/2012/06/venezuela-debe-decidir-entre.html 
(7) Argentina: gobernador del Chaco da permiso al Comando Sur para instalar una base militar de “Ayuda Humanitaria”http://www.aporrea.org/tiburon/n201515.html
(8) Walter Goobar: Gobierno argentino abortó base del Comando Sur:http://ernestojnavarro.blogspot.com/2012/06/gobierno-argentino-aborto-base-del.html 
http://indiracarpio.blogspot.com/2012/06/gobierno-argentino-aborto-base-del.html
(9) Ante empresarios en Estados Unidos, Capitanich expuso las oportunidades de inversiones en el Chaco:http://www.diarionorte.com/noticia.php?numero=85057


http://indiracarpio.blogspot.com
Las libertades no se dan, SE TOMAN.
KROPOTKIN / Palabras de un rebelde / 1883.

 

Exxon arma la “nueva” YPF

Exxon arma la “nueva” YPF

Por Marcelo Ramal 

 

Luego de la aparición de un video que muestra a Miguel Galuccio, el nuevo presidente de YPF, publicitando a Repsol en 1998, una fuente de la compañía informó que Repsol no pudo recontratarlo en 2009 por la falta de acuerdo sobre el salario que reclamaba el funcionario ‘recuperado’ por el kirchnerismo. Galuccio está dedicado, ahora, a incorporar en YPF a los gerentes de la gestión menemista.

Mientras tanto, otros operadores del oficialismo están ocupados en negociar el ingreso de Exxon Mobil al mercado petrolero nacional. Según se informa, el pulpo yanqui exige “un conjunto de garantías políticas similares a las que tienen las cuestionadas firmas mineras” (Clarín, 11/5). O sea que piden un compromiso de estabilidad tributaria por cincuenta años, la autorización para girar utilidades al exterior, así como también “un precio del crudo y del gas acorde a la evolución internacional del petróleo” (ídem). Los contratos quedarían sometidos a la jurisdicción de los tribunales de Nueva York. Este esquema se repetiría con Chevron y Total, entre otras.
Clarín asegura que la expropiación de YPF tuvo “el aval de Washington para bloquear la venta de la compañía a la china Sinopec”, lo que Prensa Obrera adelantó en el momento de la “estatización”. La nueva YPF conserva el carácter de sociedad anónima con cotización en la Bolsa. Por lo tanto, no estará sometida a los auditores del Estado nacional, pero sí a la Bolsa. Una delegación de la Comisión de Valores de los Estados Unidos (SEC) acaba de llegar a la Argentina: quieren impedir , dice La Nación (14/5), “que se lleven a cabo planes que han sido sugeridos por profesionales cercanos o miembros del oficialismo, tales como obligar a YPF a producir al costo para subsidiar a los consumidores domiciliarios o a sectores industriales” (ídem). La ilusión de un precio interno inferior al internacional se disipa y la amenaza del tarifazo se acentúa.
La reprivatización petrolera expone el desbarranque político del centroizquierda y la izquierda democrática, que votaron por la “ley de expropiación” en nombre de una soberanía energética.

De la “patria socialista” a la patria financiera-petrolera: Reprivatización de YPF y Poder Financiero Internacional

De la “patria socialista” a la patria financiera-petrolera: Reprivatización de YPF y Poder Financiero Internacional

Por José Arturo Quarracino

 

 

En líneas generales, el kirchnerismo-cristinismo que gobierna nuestro país desde el año 2003 pretende ser “el mejor gobierno de la historia argentina”, “un gobierno que ha desarrollado económicamente la Argentina como ningún otro gobierno de la historia”, y algunos de sus seguidores pretende verlo como un proceso de profundos cambios revolucionarios, como un proceso progresista de “liberación” aggiornado al siglo XXI. Algún payasesco dirigente con propiedades en una de las zonas más caras de España pretende ver en el kirchnerismo la superación del peronismo.

Pero a pesar de toda su prepotencia, soberbia y verborragia, el kirchnerismo-cristinismo no es otra cosa que un formidable proceso de recolonización de nuestra Patria a favor del poder financiero anglo-americano que domina el mundo. Dice ser nacional y popular, pero en realidad ha puesto nuestra economía y nuestra riqueza en manos del imperialismo internacional del dinero; dice ser progresista, pero gobierna con las leyes básicas del Proceso de Reorganización Nacional; hace gala de nacionalismo, pero ha puesto la administración financiera y jurídica de la deuda pública en manos del Barclays Bank y de un bufet jurídico neoyorkino asociado a la familia Rockefeller; se llena la boca con el pueblo, pero vive en Puerto Madero.
El proceso de “nacionalización de YPF” muestra a las claras la verdadera esencia neocolonialista de este kirchnerismo decadente.
A) ¿Quién es Schlumberger Limited?
En una nota anterior hemos mostrado que a pesar del tono de gesta épica que se ha pretendido imprimirle, la “estatización” o “nacionalización” de YPF no ha sido otra cosa que la recuperación de la YPF creada por Carlos Saúl Menem (sociedad anónima) para ser entregada a las multinacionales petroleras angloamericanas (controladas o poseídas por la familia Rockefeller).
Que no estábamos errados en ese análisis lo prueba el nombramiento de quien ha sido designado como Gerente General de la “YPF neo-menemista” ahora en manos del kirchnerismo, Miguel Galluccio, un ingeniero de origen argentino, pero “rescatado” del staff de una empresa multinacional estadounidense-franco-holandesa, Schlumberger Limited, dedicada a la provisión de servicios tecnológicos para las grandes compañías petroleras del mundo.
Hay que tener bien presente que la compañía de la que proviene el nuevo Gerente General de YPF S.A. no es una empresa petrolera, tampoco hace estudios sobre la factibilidad de una posible explotación, sino que simplemente suministra servicios tecnológicos a las empresas petroleras. En este rubro, es la compañía más grande del mundo, emplea más de 113.000 personas en todo el mundo, trabaja aproximadamente en 85 países. Sus principales oficinas están en Houston (Texas, Estados Unidos, su sede central), París (Francia) y la Haya (Holanda).
Esta empresa multinacional se define a sí misma como “es la compañía líder en servicios para yacimientos petrolíferos proporcionando tecnología, información para soluciones y administración integrada de proyectos que optimizan el desempeño en reservas petroleras para clientes que trabajan en las industrias del petróleo y del gas”(1). Es decir, es una empresa de servicios para la industria petrolera, no es una empresa petrolera.
B) Los dueños de Schlumberg Limited ¿y del futuro de la YPF S. A. de Menem-Kirchner?
Al estudiar quiénes son los verdaderos propietarios de esta empresa, nos encontramos que los principales dueños de la misma son Vanguard Group Inc., State Street Corporation, Price (T.Rowe) Associates Inc, Capital Research Global Investors, BlackRock Institutional Trust Company, Fidelity Management and Research LCC, Bank of New York Mellon Corporation y la J. P. Morgan Chase & Company(2).
1. Casi todos estos bancos y fondos de inversión -Vanguard Group Inc., State Street Corporation, Price (T.Rowe) Associates Inc., BlackRock Institutional Trust Company, Fidelity Management and Research LCC, Bank of New York Mellon Corporation y J. P. Morgan Chase & Company son también los dueños de Chevron Corporation(3).
2. A su vez, estas mismas empresas -Vanguard Group Inc., State Street Corporation, BlackRock Institutional Trust Company, Bank of New York Mellon Corporation, junto con Capital Research Global Investors-, son los dueños de ConocoPhillips Company(4), una de las primeras petroleras consultadas luego de la reprivatización y recuperación de la YPF menemista.
3. Como si esto fuera poco, Vanguard Group Inc., State Street Corporation, BlackRock Institutional Trust Company, Fidelity Management and Research LCC, Bank of New York Mellon Corporation y J. P. Morgan Chase & Company son también dueños de Exxon Mobil Corporation(5), junto con Bank of America Corporation, Wellington Management Company LLP y Northern Trust Corporation.
4. No es ocioso destacar que estas grandes empresas petroleras –Chevron Corporation, ConocoPhillips Company y Exxon Mobil Corporation- forman parte del “Imperio Rockefeller”(6), en tanto son miembros del Council of the Americas, creado en 1965 y controlado ininterrumpidamente desde sus orígenes por David Rockefeller en persona.
C) Los “dueños del mundo”: los dueños de Schlumberg Limited, Exxon Mobil, Chevron, etc.
Como se puede apreciar, los verdaderos dueños de las grandes empresas petroleras de origen estadounidense y que se cuentan entre las más poderosas del planeta son los grandes bancos y fondos de inversión angloamericanos.
Estos mismos fondos son a su vez propietarios-dueños de la empresa de la que ha surgido el nuevo Gerente General de la menemista YPF S. A.
Esto es lo que pone en evidencia un análisis efectuado por investigadores del Instituto Federal Suizo de Tecnología, de Zurich (Suiza), dado a conocer en setiembre del año ppdo.: “un grupo relativamente pequeño de compañías, principalmente bancos”, poseen un desproporcionado poder y control sobre la economía global: 1317 compañías transnacionales son dueñas de la “economía real” –empresas de primer nivel y manufactureras- y poseen el 60% de los ingresos globales. Pero en realidad 147 de esas empresas controlan el 40% de toda esa riqueza. De estas 147 empresas, las primeras 25 son en mayoría bancos y fondos de inversión: Capital Group Companies (2º), Fidelity Management and Research Corporation (3º), J. P. Morgan Chase Corporation (5º), State Street Corporation (6º), Vanguard Group Inc (8º), Wellington Management Company (11º), Bank of New York Mellon Corporation (16º), T. Rowe Price Group Inc (19º), Northern Trust Corporation (23º) y Bank of America Corporation (25º). En este listado, el Barclays Bank ocupa el puesto 1º.
Para decirlo en pocas palabras: “algunas corporaciones transnacionales forman una gigantesca estructura intrincada”, en la que “gran parte de su control fluye a un pequeño núcleo estrechamente unido de instituciones financieras”, de tal modo que “ese núcleo puede ser visto como una ‘súper entidad’ económica” (7).
Queda a la vista entonces que el poder financiero transnacional (fundamentalmente estadounidense y británico) es el dueño de las grandes empresas mineras y petroleras que operan en el mundo y en nuestro país. En este sentido, si bien, el gobierno kirchnerista-cristinista ha pretendido presentar la expropiación del 51% de las acciones de Repsol-YPF como una gesta histórica de “recuperación de la soberanía”, en realidad lo que ha hecho es poner en marcha el proceso a través del cual el poder financiero transnacional tomará el control operativo de la menemista YPF S. A. y será el verdadero dueño del petróleo argentino y de la riqueza que genere.
Notas:
1) En http://www.slb.com/about/who.aspx, página oficial. Se puede ver también http://en.wikipedia.org/wiki/Schlumberger
2) En http://finance.yahoo.com/q/mh?s=SLB+Major+Holders, al 3 de mayo de 2012.
3) En http://finance.yahoo.com/q/mh?s=CVX%2C+&ql=1), al 3 de mayo de 2012.
4) En http://finance.yahoo.com/q/mh?s=COP+Major+Holders, a la misma fecha.
5) En http://finance.yahoo.com/q/mh?s=XOM%2C+&q1, al 15 de mayo de 2012.
6) En Council of the Americas, Our members, al 9 de abril de 2012. No hay que olvidar que este Council de la familia Rockefeller no sólo aglutina las grandes corporaciones estadounidenses, multinacionales de origen europeo y bancos centrales latinoamericanos, sino que además todos los años “toma examen”, mediante agasajos, a los presidentes de los países hispanoamericanos, tanto liberales como progresistas, con la excepción de Hugo Chávez, de Venezuela.

7) En Stefania Vitali, James B. Glattfelder, Stefano Battiston, The Network of Global Corporate Control, ETH Zurich, 19 de setiembre de 2011.

Foto: Rockefeller y Cristina, saludos y algo mas.

El relato de YPF Argentina

El relato de YPF Argentina

Por Fabiana Arencibia (RED ECO)

 

 

Mucho se ha dicho y escrito en estos días acerca del proyecto de ley –ya con media sanción del Senado- para expropiar las acciones a Repsol y declarar de interés público el autoabastecimiento y la producción de hidrocarburos. Con esta nota intentaré aportar algunos elementos relacionados no solo con el contenido del proyecto en sí sino también sobre la articulación de los relatos para construir consenso sin mucha reflexión.

Sobre decisiones a las que nadie puede reprochar u oponerse, las medidas parciales que el actual gobierno fue tomando - basadas en la idea de la recuperación del rol del Estado en aspectos fundamentales de la economía y la política - convierten a “lo posible” o “es el primer paso” en el argumento fundamental de aceptación.
En muchas de nuestras notas durante estos años de gestión kirchnerista hemos dicho que había que ir a fondo aprovechando la bonanza económica de crecimiento del sector del capital y de consenso social hacia el actual gobierno.
El ciclo de recuperación del capitalismo, donde el empresariado fundamentalmente transnacional obtuvo altas rentabilidades, era el momento preciso para cambiar la estructura económica, y avanzar en profundidad en la tan nombrada distribución de la riqueza. Sin embargo esa estructura, pensada por la dictadura y desarrollada en los 90, sigue intacta: concentrada y extranjerizada.
Nuestra economía se asienta sobre la producción de soja, minería contaminante, industria automotriz, negocio financiero, todo ello desarrollado por empresas extranjeras o por empresarios con DNI de argentinos, pero sus intereses están vinculados y/o entrelazados a capitales foráneos. Los hidrocarburos también entran en esta lógica. (1)
La construcción del mensaje
Sin perder tiempo se trabaja desde la publicidad oficial el logo de YPF ARGENTINA como forma de instalar en el sentido común la idea de la “recuperación nacional” de la empresa petrolera (a pesar de que la presidenta dijo claramente que se trata de una expropiación y no de una nacionalización).
La parcialidad de este mensaje es parte de la misma estrategia comunicacional que acompaña a cada una de las medidas tomadas por el kirchnerismo desde hace nueve años.
Solo como ejemplos: Se habla de Ley de “Movilidad” Jubilatoria, cuando en realidad se ajustan los haberes de los jubilados dos veces al año y con la inflación dibujada del Indec (mucho menor a la real) provocando que hoy el 75 % cobre 1.681 pesos, cuando el Salario Mínimo Vital y Móvil es de 2.300 pesos.
Se habla de la Asignación “Universal” por Hijo, cuando un informe basado en cifras oficiales, realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp), detalla que un 30% de los chicos (mas de 5 millones) queda fuera del derecho a la asignación del Gobierno nacional y un 25% (mas de 3 millones) queda fuera de toda cobertura.
La estatización de las AFJP, medida que suponía el recupero de los fondos que son de los jubilados, son utilizados por la Anses para pagar deuda, financiar obra pública, subsidiar a las multinacionales y cubrir gastos presupuestarios como si fueran parte de la recaudación de impuestos.
Se habla de la “democratización” de las comunicaciones a través de la sanción de la nueva ley de medios por que vino a terminar con las “corpos” mediáticas (en especial el grupo Clarín). Sin embargo, paso a paso, se está constituyendo un nuevo “mapa de medios” con grupos empresarios alineados al gobierno que cierran filas tras el discurso que sostiene su política. Pero además, luego de dos años de su sanción, se habilita el uso de frecuencias de radio y televisión en forma discrecional. Lo mismo sucede con la distribución de la pauta publicitaria oficial.
Se obligan a mineras y petroleras a liquidar los dólares de las exportaciones en nuestro país, pero según lo que ellas declaran que exportan, sin que el Estado controle que así realmente sea. (2)
La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, además de dejar anclado el debate de fondo sobre una nueva Ley de Entidades Financieras, libera reservas que, tal como dice la norma, “podrán aplicarse al pago de obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales o de deuda externa oficial bilateral”. (3)
Sobre la expropiación a Repsol
Es necesario decir que esta medida se ha tomado en el preciso momento en que la rentabilidad de Repsol comenzaba a disminuir. Así sucedió también con la estatización de las AFJP que habían invertido el dinero de los jubilados en el mercado bursátil y las alcanzó la crisis financiera internacional con el derrumbe en las Bolsas. La estatización les sacó un peso de encima. Hubiese sido difícil hacer frente a las jubilaciones.
Pero además hay que agregar que Respsol no solo alcanzó desde 1999 a la fecha a recuperar su inversión inicial sino que distribuyó el 80 % de sus ganancias en formas de dividendos. No los invirtió. No era este su negocio ni el de sus accionistas.
Por otra parte el gobierno nacional era plenamente consiente de lo que sucedía en la empresa. Su participación accionaria, su representación en el Directorio a través de Roberto Barrata (y la posesión de la “acción de oro”, que le da derecho al Estado para controlar algunas decisiones estratégicas), lo habilitaban para suscribir y avalar todas las decisiones que ahora critica (desinversión, política de reparto de dividendos, vaciamiento).
“No es lo mismo recuperar soberanía que restituir un paquete accionario al estado. La soberanía es una concepción de la totalidad. No hay soberanía por pedazos, cachitos, fetas, trozos. La soberanía no es una picadita con ingredientes varios, incluyendo salamines menemistas convertidos”, escribió el psicoanalista Alfredo Grande.
Y en este tema de “recuperar soberanía” lo cito porque su idea me parece una síntesis que resume con claridad el alcance de la medida tomada por el gobierno y explicamos por qué.
1- Repsol YPF tiene apenas un tercio de la producción petrolera. Debemos considerar que la expropiada Repsol, en conjunto con el Grupo Petersen (familia Eskenazi) y los accionistas particulares, producen solamente un 30 por ciento del petróleo y un 23 por ciento del gas. El resto está en manos de otras empresas extranjeras. Por caso, el Golfo San Jorge, que es el área productora de petróleo más importante del país, está en manos de Pan American Energy. Sus dueños son: la British Petroleum, de capitales ingleses (60%) y el grupo Bridas de los hermanos Bulgheroni (40%).
2- Se mantienen las mismas normas legales que favorecen la desregulación y la libre disponibilidad. El gobierno no ha dicho aun nada acerca de la modificar el marco regulatorio que rige la actividad hidrocarburífera.
Siguen vigentes los decretos menemistas (1055/89, 1212/89, 1225/89) que permiten la libre importación y exportación, la libre capacidad de refinación, de instalación y de titularidad de las bocas de expendio, la libre fijación de los precios, en síntesis, la libre disponibilidad del hidrocarburo extraído y la anulación de los art. 25 y 34 de la ley de Hidrocarburos (L.17319) que prohibían que un mismo operador pudiese tener mas de 5 concesiones de explotación o 5 permisos de exploración.
Medidas que fueron profundizadas con la sanción de las llamadas Ley Larga y Ley Corta (durante la presidencia de Néstor Kirchner). La primera otorgó exención de impuestos a las ganancias, a la importación de capitales y otros, para la actividad de exploración y explotación en el Mar Argentino y en las zonas no exploradas -y aun en las exploradas- del territorio continental. La segunda, convirtió el dominio originario que la Constitución de 1994 entregó a las provincias hidrocarburíferas (propiedad del recurso pero no del uso), en dominio jurisdiccional o útil. Con esto, el Estado Nacional le cedió a las provincias la potestad de otorgar todas las concesiones, traspasándoles su poder para efectuarlas y controlarlas. Así, las provincias son las que cobran los cánones, fiscalizan los trabajos y de la renegociación de las concesiones.
3- Se legaliza la permanencia del negocio privado nacional y extranjero como política en materia de producción de hidrocarburos. El texto del proyecto con media sanción dice claramente en su artículo 2, que para garantizar el autoabastecimiento y la obtención de saldos exportables que mejoren la balanza de pagos, se recurrirán a la integración de capital público y privado, tanto nacional como internacional, en alianzas estratégicas dirigidas a la exploración y explotación. Además refiere, en el artículo 13, al incremento del flujo inversor para el adecuado abastecimiento de combustibles. Se mantiene así el criterio de los acuerdos con capitales privados nacionales y extranjeros que, obviamente, intentarán sacar la mayor tajada posible de los mismos. El rol que juegan los empresarios locales, en muchos casos en alianza con o como representantes de la transnacionales, es el de mantener e incrementar las ganancias de sus empresas (Eskenazi es la muestra palpable de esto)
4- El Estado nacional se queda con casi lo mismo que los Eskenazi y con la deuda de Repsol. El cambio del paquete accionario a favor del Estado Nacional que es del 26,03 % (ya que el 24,97 % restante es de las provincias petroleras), se equipara prácticamente con el que quedará en manos del Grupo Petersen (25,46%), conglomerado de empresas dirigidas por la familia Eskenazi. Si tal como dice el proyecto de ley en su primer artículo, son de “interés público nacional” el logro del autoabastecimiento, la exploración, explotación, industrialización, transporte y comercialización de hidrocarburos, no se comprende la razón de expropiar solo a Repsol.
Por otra parte el Estado asume así la proporción de la deuda que tiene la empresa y que según el viceministro de Economía, se acerca a los 9.000 millones de dólares. Este importe es casi el mismo que debía cuando se privatizó en 1992 (deuda que también entonces recayó sobre el Estado Nacional porque se entregó YPF al capital privado libre de pasivos). El Estado asume esta carga financiera y se desliga a Respol de este peso que, por otra parte, le era difícil de cumplir.
El pasado que regresa converso
¿Quiénes estaban durante el discurso presidencial donde se dio a conocer el proyecto?
La ministra de Industria Debora Giorgi quien, siendo secretaria de Energía durante la presidencia de De la Rúa en el año 2000, le otorgó a Repsol una prórroga anticipada (el contrato vencía en el 2017) por 30 años de la concesión del yacimiento de Loma de la Lata.
También estaba el actual secretario de la presidencia Oscar Parrilli quien, siendo diputado por Neuquén, presentó ante la Cámara Baja el proyecto de ley de privatización de Gas del Estado e YPF. Durante el debate, sostuvo: “No pedimos perdón por lo que estamos haciendo (…) Esta ley servirá para darle oxígeno a nuestro gobierno y será un apoyo explícito a nuestro compañero Presidente [Menem]”.
No estaba presente, pero vale nombrarlo por su función actual, Roberto Dromi, que de ser el mentor de la ley de privatizaciones como funcionario menemista, parece haber devenido en estatista. Dromi es actualmente asesor del actual Ministro de Planificación Federal, Inversión pública y Servicios, Julio de Vido, en el área de petróleo y de energía.
Respeto al ministro, dice Alfredo Grande: “La sola presencia de De Vido, responsable impune de la masacre de Once, me pone en alerta naranja”. Y recuerda un reportaje publicado en diciembre 2010 por el diario Página 12. Allí se le preguntó a De Vido sobre la entrada del Grupo Petersen a la empresa: “Creo que es muy importante; hay un conocimiento mucho más acabado de la economía del país y se articuló la sinergia entre capital argentino y capital español; así se logró la excelencia de la empresa, como dijo la Presidenta. (Nota: “Tendremos gas para 90 años” )
El Estado en la empresa
“Esto se hace porque la realidad mató al relato”, afirmó con agudeza Félix Herrero, abogado, economista y uno de los fundadores del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (MO.RE.NO).
Es que la realidad ha sido la caída permanente de las reservas, la falta de inversión, el giro permanente de ganancias al exterior y la necesidad de importar provocando una balanza energética altamente deficitaria. Más allá de loas a la “argentinización” que vinieron desde el propio gobierno ante la entrada de Eskenazi como accionista. Más allá de que el origen de la debacle haya comenzado durante el menemismo (con apoyo de los que hoy se convierten en estatistas nac & pop) pero que se profundizó durante la gestión actual.
El proyecto mantiene la forma societaria para la empresa. La decisión de que permanezca como Sociedad Anónima y no como, al menos, Sociedad Anónima con Participación Estatal Mayoritaria (posible por el 51 % que se le expropia a Repsol) evita que intervengan en el control de la misma los organismos públicos como la Auditoria General de la Nación y la Sindicatura General de la Nación para auditar el papel del Estado en las decisiones que se tomen.
Las provincias que se llevan el 49% del 51 que se expropia, son las que integran la OPEPHI (Organización Federal de los Estados Productores de Hidrocarburos). Allí están Formosa, Jujuy, Salta, Mendoza, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
A gran parte de sus gobernadores actuales, es difícil encontrarles un pasado en la gestión pública de defensa de la soberanía económica.
Solo como ejemplos: el gobernador de Neuquén sigue con la política privatista, el gobernador de Chubut le quitó este año concesiones a Repsol pero dio a conocer su decisión de volver a licitarlas a capitales privados. En el caso del gobernador de Jujuy, durante su pasada gestión al frente de la provincia en 1998 se llevaron a cabo las privatizaciones de empresas públicas como Altos Hornos Zapla.
Que el gobierno realce como “modelo de gestión” para YPF el de petroleras “mixtas” como Petrobras, significa adoptar la decisión de que el Estado siga por el camino de aceptar que el petróleo se venda a las refinerías a “precio internacional”. Nuestro propio crudo nos cuesta a los argentinos como si fuera importado.
Algo sobre los Eskenazi
La familia Eskenazi, propietaria del Grupo Petersen, compró sus acciones en dos tandas para hacer posible la “argentinización” que necesitaba el gobierno. Una en 2008 y otra en 2011, que le otorgaron el 24,4 por ciento de l capital.
No pagó nada por ellas, sino que fueron financiadas con préstamos que le otorgaron la propia Repsol y los bancos Credit Suisse, Goldman Sachas, BNP Paribas, Itáu, Santander, Standard Bank, Credit Suisse y City Banck. Hoy los Eslenazi deben por estos préstamos cerca de 3.000 millones de dólares.
El acuerdo fue que serían pagados con los dividendos futuros a recibir por sus acciones.
Por eso acusar solo a Repsol del vaciamiento es mirar con un solo ojo. Todos los accionistas se beneficiaron con la decisión de distribuir utilidades mientras no se cumplían los planes de inversión. Y los Eskenazi fueron uno de los más favorecidos
Indemnizar: ¿Quién debe a quien?
Como en la época de la dominación española, la sangría de plata y oro al viejo continente hoy vuelve con las ganancias que se fueron junto con el petróleo. El daño ambiental y la violación a los derechos territoriales son denunciados por la Confederación Mapuche de Neuquén. Afirman que “El Estado Provincial y el Federal no consideraron, en estas últimas décadas, estos derechos y no surge desde ninguno de los enunciados del proyecto de ley esta preocupación central en nuestras vidas”.
El proyecto de ley dice que el “precio” se determinará según lo que define el artículo 10 de Ley de Expropiación (21499): “La indemnización sólo comprenderá el valor objetivo del bien y los daños que sean una consecuencia directa e inmediata de la expropiación. No se tomarán en cuenta circunstancias de carácter personal, valores afectivos (...)”
Y aunque se decida no pagar ni un peso a Repsol, debe quedar claro que el Estado (nosotros) se queda como socio mayoritario con la carga de resolver no solo la deuda que deja la empresa sino también la del necesario financiamiento del Plan de Inversiones que Repsol no cumplió (se habla de 30.000 millones de dólares en los primeros cinco años)
Vaca muerta, muerte de la tierra
Cuando el proyecto habla de garantizar el autoabastecimiento y aumentar a la vez los saldos exportables, desconoce una realidad: la declinación de las reservas hidrocarburíferas producto no solo del saqueo y vaciamiento de las petroleras transnacionales sino también, tal como lo afirma el Observatorio Petrolero Sur (OPS), porque “las cuencas traiciónales del país han llegado al llamado ‘peak oik’ o punto máximo de extracción (de hidrocarburos baratos y de fácil acceso)”.
Las alternativas que surgen desde los sectores empresariales y también públicos es la extracción de hidrocarburos no convencionales. Por eso el revuelo por la confirmación a mediados de 2011 de la existencia de un enorme reserva de crudo en la zona Vaca Muerta, una extensa formación geológica de 30.000 km2 que recorre el sur de la provincia de Mendoza, el este de Río Negro pero cuyo 70 por ciento está asentada en la provincia de Neuquén. Dicen que es el tercer reservorio mundial de este tipo (no convencional) y que para su explotación se necesitaría una inversión de 40.000 millones de dólares.
Sin embargo, sobre lo que no se habla es acerca de los impactos ambientales y sociales que este tipo de explotación ha traído en otras partes del mundo. Está prohibida, como técnica de producción, en Francia y Bulgaria. Y países como EEUU, Sudáfrica, Australia y Gran Bretaña han declarado moratorias para este tipo de explotación.
A diferencia del gas y el petróleo convencional, que conforman capas horizontales de fácil acceso, este tipo de reservas están encapsuladas entre las vetas de la roca madre. Para explorar esas cápsulas y luego extraer su contenido se utiliza la técnica del 'fraking' que consiste en perforar la roca en diagonal, con equipamiento de alta tecnología.
Al respecto la Confederación Mapuche de Neuquén dice: “Observamos con preocupación y alerta que ante la necesidad de generar el autoabastecimiento se plantee como camino la explotación del petróleo y gas no convencional, a través de la hidrofractura. Siendo esta una forma de extracción que ha dejado grandes desastres ambientales, en otros países, agotando y contaminando reservas de agua, además de la tierra y el aire. Motivo por el cual ha sido suspendida y hasta prohibida su explotación.
Algunas preguntas
Por qué si el gobierno le imputa a Repsol la responsabilidad del “vaciamiento”, además de la intervención, no llevó la denuncia a la justicia en lugar de expropiar sus acciones, liberándola de sus obligaciones como si fuera una especie de salvataje.
Por qué si el incumplimiento contractual era harto evidente, no se le rescindieron todos los contratos a la totalidad de la empresa (Eskenazi incluído) para transitar un camino de tener una petrolera 100% estatal.
Nos preguntábamos en una nota que publicamos en Red Eco cuando comenzaron las quitas de áreas de concesión a Repsol YPF (4) ¿Quién va a pagar lo que Repsol no invirtió en todos estos años en los que ganó muchísimo dinero y giró la mayor parte a su casa matriz? ¿Y quién se hará cargo de los daños ambientales que ocasionó y de la invasión de tierras a los pueblos originarios? ¿Quiénes se harán cargo de esas áreas que se le quitaron? ¿Será el estado nacional, los estados provinciales u otros capitales privados “nacionales” como Eskenazi?
La respuesta puede deducirse hoy con más claridad. Lamentamos que no sea lo que a modo de consigna dijo Alfredo Grande. “La nafta de ayer que se la saquen a Repsol. La de mañana, será del pueblo o no será”.

Sobre Repsol y el autoabastecimiento energético

Sobre Repsol y el autoabastecimiento energético

En este artículo, Guillermo Almeyra afirma que “YPF debe ser un instrumento para el desarrollo nacional, nunca debió ser privatizada y mucho menos aún cedida a Repsol, como lo fue con los gobiernos peronistas de Menem y de Néstor y Cristina Kirchner. Si ahora ésta expropia las acciones de Repsol y construye una empresa privada paraestatal con control del Estado es porque la factura de la importación energética llegó a ser casi igual al excedente argentino en la balanza comercial y continuaba creciendo, ya que Repsol no exploraba ni explotaba nuevos yacimientos ni reinvertía sus enormes ganancias”.

 

Primero, los hechos. Repsol no es España sino una multinacional petrolera con capitales españoles minoritarios, pues la mayoría está en manos de capitalistas de otros países que -con la participación de la mexicana PEMEX- abarcan más del 51 por ciento de las acciones. Además, es tan poco española que evade impuestos en España y está registrada en paraísos fiscales. Pero los aullidos del gobierno de Madrid (y de la Unión Europea) así como la reacción de todos los capitalistas demuestran que los gobiernos se identifican con los monopolios y el capital financiero y no toleran medidas legales que consideran chavistas.

Ese griterío es un reflejo preventivo. En efecto, todas las empresas (de servicios o bancarias) con mayoría de capitales españoles en Argentina no sólo aportan muchas más ganancias que sus casas matrices ibéricas sino que logran estas superganancias porque depredan y no invierten en el país ni renuevan el material desde hace décadas, cuando el peronismo menemista privatizó todas las empresas de interés nacional vendiéndolas por casi nada. Argentina ya estatizó a Aerolíneas Argentinas, que había sido destruida por Iberia y por el grupo Marsans y exige ahora de las empresas telefónica y de electricidad un servicio eficiente que éstas se niegan a dar pues prefieren mandar sus ganancias a España en vez de reinvertirlas. De ahí que, viendo lo de YPF, pongan sus barbas en remojo.

El gobierno de Cristina Fernández no fue picado por ningún tábano nacionalista. La misma presidenta, cuando era senadora en los 90, presentó un proyecto de ley para privatizar el petróleo. Ella y su marido, gobernador de la provincia petrolera de Santa Cruz, aprobaron la política privatizadora de Menem, el ingreso de Repsol en YPF y la peligrosa fragmentación del control nacional del petróleo que pasó a manos de las provincias extractoras. Además, durante muchos años el kirchnerismo no dijo nada sobre el carácter depredador de la empresa petrolera privada; es más, lo reforzó permitiendo que un grupo de sus amigos capitalistas -el grupo Petersen (de la familia Eskenazi)- sin poner un peso propio comprase un importante paquete de acciones con crédito público y, hasta el año pasado, la Cristina Fernández de Kirchner anduvo del brazo con Repsol.

La presidenta que regala a la depredadora gran minería estadounidense-canadiense los recursos andinos y permite a cuatro monopolios sojeros transnacionales poner en riesgo suelos y agua y amenazar los cultivos alimenticios y que concede una base en el Chaco a Estados Unidos no es, precisamente, un modelo de nacionalismo. Si ahora empieza vestirse de blanco y celeste y se pone el bonete frigio, tanto en el caso de las Malvinas como en el de YPF, es por motivos bien concretos. O sea, por el agravamiento de los efectos de la crisis económica mundial sobre la frágil economía dependiente argentina y por la necesidad de responder a la creciente agitación social (el año pasado hubo más movilizaciones y paros que en el 2001).

Entendámonos: las Malvinas son argentinas y el reclamo es legítimo. Lo ilegítimo es que una causa justa sea utilizada para tapar y poner en segundo plano la imposibilidad de mantener los subsidios a los servicios y la canasta básica, de resolver el desastre del sistema ferroviario o de hacer aceptar el intento de congelar virtualmente los salarios al proponer un tope por debajo de la inflación real en las discusiones paritarias.

YPF, por supuesto, debe ser un instrumento para el desarrollo nacional, nunca debió ser privatizada y mucho menos aún cedida a Repsol, como lo fue con los gobiernos peronistas de Menem y de Néstor y Cristina Kirchner. Si ahora ésta expropia las acciones de Repsol y construye una empresa privada paraestatal con control del Estado es porque la factura de la importación energética llegó a ser casi igual al excedente argentino en la balanza comercial y continuaba creciendo, ya que Repsol no exploraba ni explotaba nuevos yacimientos ni reinvertía sus enormes ganancias.

Repsol sigue siendo una empresa mixta, ahora con mayoría de capital estatal y todavía con participación importante de capitalistas privados. No ha sido convertida en empresa estatal ni desprivatizada, como sugiere tanto la prensa española como la argentina. La acción, aunque tardía, parcial e insuficiente, es necesaria y debe ser apoyada. Sin embargo, para que YPF funcione bien hay que tener los capitales necesarios para explorar y explotar nuevos yacimientos de gas y de petróleo, hay que tener los técnicos y las técnicas que potencien la producción y la refinación porque la relativa mejoría económica en los últimos años hizo crecer el consumo domiciliario y las necesidades energéticas. El autoabastecimiento energético no se logrará en un día. Además, la Argentina tiene reservas pero no es un país petrolero y sus necesidades serán cada vez mayores.

Otras son pues, las soluciones. En primer lugar, Repsol causó daños por acción u omisión. No hay que pagarle nada, ni los 10 mil millones de dólares que pretende ni los cerca de seis mil que podría pagar el gobierno. Ese dinero debería volcarse a la exploración y explotación petrolera recurriendo a los conocimientos y capacidades de todos los petroleros argentinos expulsados por la privatización de YPF. Al mismo tiempo Argentina debería buscar una integración energética con el resto de los países latinoamericanos, compensando con la cooperación industrial las diferencias que puedan existir en las cuentas de importación-exportación de combustibles y establecer el control de cambios y el monopolio del comercio exterior para no dejarlo en manos de las grandes empresas extranjeras y para evitar la fuga de capitales, El patrioterismo es el argumento de los canallas para engañar imbéciles. Que los siervos en España del gran capital lo esgriman para ocultar su crisis y la desocupación. En Argentina, por el contrario, el consenso necesario para anular las contra medidas capitalistas se debe lograr diciendo la verdad y con acciones audaces.

Fuente:ANRED

YPF-Repsol y la guerra de los tahúres

YPF-Repsol y la guerra de los tahúres

 

Por Carlos Abel Suárez - María Julia Bertomeu - G. Buster - Antoni Domènech (SINPERMISO)

 

 

 

El fracaso y las contradicciones de la estrategia empresarial de "argentinización" de YPF, que hacen que Repsol no sea capaz de asumir financieramente la puesta en explotación de las reservas de hidrocarburos de la zona de Vaca Muerta, plantean en toda su crudeza las exigencias del autoabastecimiento energético sostenible de Argentina.

 

En un ambiente determinado por la creciente competencia en el mercado global de gas y petróleo, por los límites empresariales de Repsol y por la política de nacionalización parcial emprendida por el gobierno argentino de Cristina Fernández, el gobierno español de Mariano Rajoy amaga con un rumbo diplomático de choque. Testimonium paupertatis donde los haya de la "marca España", el choque no puede menos que afectar al conjunto de las inversiones españolas en América Latina y retroalimentar el hundimiento de la confianza de los "mercados" en un Reino de España intervenido de facto por la UE, en plena crisis de su deuda soberana.
Un poco de historia: YPF y el sueño de un desarrollismo endógeno argentino
YPF fue para los argentinos algo más que la principal empresa nacional y un símbolo de soberanía en materia de explotación de hidrocarburos. Como bien señaló Gustavo Callejas (ex secretario de Combustibles y animador junto a Fernando "Pino" Solanas y Félix Herrero del Grupo Moreno que dio una batalla consecuente contra las privatizaciones), la renta petrolera permitió en Argentina crear, desde 1934 hasta 1989, toda la infraestructura vial nacional y provincial, construir la red troncal y expandir las redes domiciliarias de gas. Esos fondos fueron también determinantes para la construcción de todas las represas hidroeléctricas, aportaron a las cajas de previsión y financiaron a otras empresas del Estado. YPF creó pueblos, escuelas técnicas, redes de comunicación. Hasta su privatización, se contabilizaban reservas de gas para 36 años y de petróleo, para 23 años. Pero desde 1989 no se construyó un solo gasoducto o poliducto destinado al mercado interno. Ahora nadie sabe con certeza cuáles son las reservas argentinas de petróleo y de gas. Durante el gobierno de Menem, se construyeron gasoductos para exportar gas a Chile, un gran negocio para las transnacionales, mientras el 40 por ciento de los hogares argentinos carecían de él.
En esa historia tan intensa de YPF, y todo lo que ha significado para la política energética del país, no estuvieron ausentes los intentos de vaciamiento o liquidación, que finalmente tuvieron éxito en los años ´90.
El mismísimo general Perón, en su segundo mandato y frente a las dificultades que se advertían en la economía mundial tras el fin de la guerra de Corea, apuntó a un acuerdo con una de las Siete Hermanas, a la que ofreció un contrato de explotación de los yacimientos de la Patagonia, considerada ya entonces la región más prometedora en cuanto a reservas estimadas. Pese disponer de una mayoría absoluta en el Congreso, una parte de los diputados peronistas enfrentó a su jefe, una confrontación que fue finalmente interrumpida por el golpe de 1955 que derrocó a Perón.
Luego vino Arturo Frondizi, que había transitado toda su vida política agitando la defensa del petróleo como una herramienta estratégica para el desarrollo nacional, pero que al llegar al gobierno en 1958 dio un giro de 180 grados, haciendo todo lo contrario de lo prometido en campaña. Para imponer su plan de concesiones, tuvo que derrotar una huelga general de los trabajadores petroleros, movilizándolos con el Ejército, y aplicando el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado). La Federación de los petroleros, dirigida entonces por combativos dirigentes como Marcelo Alvarado y Ricardo Frigerio (nada que ver con Rogelio Frigerio, ideólogo y uno de los hombres más cercanos a Frondizi), pudo sostener la huelga en algunas zonas, aun desde la clandestinidad o movilizados militarmente. Entre los trabajadores petroleros se recordaba por décadas la hazaña de la destilería de Luján de Cuyo, que estuvo paralizada más de un mes después de que el movimiento a escala nacional hubiera sido derrotado. Ni los técnicos italianos, que la habían construido y puesto en marcha -y a los que trajeron para quebrar la huelga-, pudieron vencer la resistencia y sabotaje de los trabajadores y poner en funcionamiento la planta.
Finalmente, los contratos de Frondizi fueron anulados por Arturo Illia, en un nuevo intento de restablecer el carácter estratégico de YPF en el sector energético, lo que duró hasta el golpe militar de Juan Carlos Onganía (1966). En el breve período de Cámpora-Perón de 1973-1974, con José Gelbard al frente de la Economía, otra vez se intentó corregir el rumbo. Durante la Dictadura Militar de 1976-1983, YPF fue un botín de guerra codiciado por los mandos castrenses y sus socios empresarios y tecnócratas, como plataforma de grandes operaciones financieras y negociados. La patria contratista, que había nacido con Onganía en 1966, vivía con la dictadura de Videla su momento de gloria. Entre las operaciones financieras se computaron el apalancamiento de préstamos para la compra de armamentos y otros mercadeos conexos, que dejaban grandes comisiones, de las que participaban eufóricos los nuevos ricos de la "patria contratista".
Vaciamiento y privatización irregular de YPF
Como una muestra de las grandes paradojas de la historia política argentina, fue un abogado peronista riojano, un personaje distinguido en ese tiempo por su facha Siglo XIX -cara chiquita entre el paréntesis de la melena y unas enormes patillas- quien denunció en 1982, ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional Nº 3, de la Capital Federal (Expediente 41.545), el endeudamiento fraudulento y vaciamiento de YPF cometido por el régimen militar ya agonizante.
Pero esa no sería la última de las paradojas, casi una comedia de enredos, si no fuese por la tragedia que siempre acompañó a esas prácticas políticas. Precisamente es el mismo Menem quien, al asumir el gobierno en 1989, renuncia al discurso de campaña, en una versión aumentada y corregida de la voltereta de Frondizi, para asumir plenamente la política económica neoliberal. Esta vez, la hiperinflación, el contexto internacional y el pasado todavía latente del terrorismo de Estado, contribuyeron a que se lograra destruir todo plan energético nacional. Sin embargo, esos vientos, con toda su fuerza, no eran suficientemente destructivos por sí solos. Había que quebrar a los trabajadores de las empresas públicas de energía y de servicios públicos.
Se concibió para ello una estrategia muy eficaz, tejida de complicidades y maniobras. Uno de los instrumentos fue el programa de propiedad participada (PPP), por el que los trabajadores supuestamente se quedaban con el 10 por ciento de las acciones: unas acciones que, en realidad, iban a manejar los dirigentes sindicales corruptos en cumplida connivencia con los empresarios, los bancos y el ministerio de Economía dirigido por Domingo Cavallo. Otro de los medios fue el reparto de las satrapías entre los gobernadores de las provincias petroleras, virtuales señores feudales con una participación decisiva en el negocio petrolero. El "chamullo" técnico, por usar lenguaje tanguero, fue que el petróleo y el gas ya no eran más recursos naturales estratégicos, sino que, a causa de la "globalización", del "fin de los Estados-nación (sic)", etc., etc., eran bienes transables, commodities, con un comportamiento en el mercado igual que el maíz, el café, la soja, el azúcar, etc. Un concepto que no resistió la menor prueba, ya que apenas se dio vuelta la página, continuaron por doquiera las guerras geopolíticas por el dominio de las regiones ricas en hidrocarburos.
Consumada la privatización, la nómina de personal de YPF pasó de 37.000 a 5.500 trabajadores. Numerosas actividades fueron o tercerizadas o desguazadas. Entre ellas, la poderosa flota petrolera de la empresa estatal. Varias de esas naves fueron vendidas, entre los amigos, sin registros contables; y a muchas, se las puede hoy ver abandonadas en cementerios flotantes sobre el río Paraná. Con todo descaro, algunas de las empresas contratistas que manejan resortes fundamentales de la operatoria de YPF figuran con domicilio legal en la sede de la Federación del SUPE, el mismo edificio que en 1958 ocupaban aquellos luchadores infatigables –tan penetrados de consciencia de clase— elegidos por el voto libre de sus afiliados y que murieron casi en la pobreza.
Todo este proceso de privatización de YPF estuvo viciado de ilegalidad desde su origen. Entre las numerosas denuncias formuladas en los tribunales, con el patrocinio del ex juez Salvador María Lozada, Pino Solanas presentó en su momento un recurso de inconstitucionalidad muy bien fundamentado. La respuesta fue un atentado: nueve balazos en una playa de estacionamiento; varios tiros que, afortunadamente, sólo encontraron sus piernas, ya fuese por milagro o porque en realidad quienes dispararon eran sicarios profesionales que sólo tenían ordenes de intimidar.
Dada la muchedumbre de antecedentes irregulares de la privatización de YPF y del gas (hasta el punto de que se llamó a la bancada parlamentaria a un diputado "trucho", a fin de  alcanzar el número necesario de votos), resulta ahora cuando menos jocoso escuchar las apelaciones a la "seguridad jurídica". Entre otras aberraciones legales o procedimentales, YPF fue vendida sin tasación previa, según prescribía la Ley de Reforma del Estado diseñada a propósito por el "genio" jurídico de las privatizaciones, Roberto Dromi, ahora rehabilitado como asesor del ministro de Planificación, Julio de Vido, y –¡oh ironía de las ironías!— posible director técnico de la ahora pretendida renacionalización.
La gestión de REPSOL
Al asumir la presidencia Néstor Kirchner, en 2003, la relación con Repsol pasaba por buenos momentos. Como gobernador de una provincia petrolera, Kirchner había tenido un protagonismo relevante en el proceso de privatización del petróleo y del gas y luego en la negociación y la venta del paquete a Repsol. Así pues, las relaciones con los directivos de la empresa española iban por buen camino.
Sin embargo, tras el colapso del régimen de convertibilidad, la pesificación y el default (suspensión de pagos), el campo de las negociaciones con las empresas privatizadas o de servicios públicos concesionados estaba minado. En noviembre de 2003, nuestro amigo Rubén Lo Vuolo, advertía:
"Es indispensable realizar una estricta auditoría sobre las reservas comprobadas, tanto en el campo del petróleo como del gas, y establecer restricciones a la relación entre las exportaciones y las reservas. La prioridad es el normal abastecimiento del mercado interno a precios que sustenten las necesidades de la matriz insumo-producto local. Esto obliga a revisar criterios de libre exportación de petróleo, gas natural y derivados, como así también las exigencias en materia de explotación. Antes de exportar, las empresas deberían mostrar evidencias ciertas con respecto a un horizonte de duración de las reservas comprobadas que no sea inferior a los 10-15 años, como así también sería necesario establecer que las empresas productoras de gas y petróleo destinen un porcentaje de sus inversiones a actividades de exploración, con independencia de la duración de las reservas comprobadas de sus yacimientos". (1)
Nada de eso se hizo. Las petroleras siguieron funcionando como en los años 90. Y cuando se impusieron restricciones a la liquidación en el país de las divisas por exportaciones, las petroleras y las mineras fueron exceptuadas. Los gobernadores, a su vez, otorgaron escandalosas prórrogas para la explotación de importantes yacimientos, anticipándose 20 años algunas a la fecha de su vencimiento, cuando la ley establece que, para renovar una concesión, se tiene que evaluar la conducta y desempeño de la empresa en las últimas décadas. Un verdadero grotesco. Quien sabe algo de los negocios financieros, puede imaginar fácilmente las consecuencias que trae en los mercados de valores el hecho de que a una petrolera se le renueve la concesión de un área productiva por 20 años.
Desinversión o vaciamiento de YPF
Las compañías mineras y petroleras han gozado de privilegios especiales, no sólo por el
diseño y estructura de las privatizaciones, acordes con el modelo "neocon" de los años 90, sino porque el marco regulatorio es absolutamente permisivo. Por ejemplo, aun en los casos comprobados de daño al medio ambiente, las concesionarias no han tenido siquiera que pagar el valor de la reparación del daño ocasionado. Tampoco se ha planteado la obligación legal de reformular la operatoria para evitar futuros accidentes. Simplemente, cuando han sido sancionadas, las compañías extractoras se han limitado al pago de una multa, que es siempre infinitamente más barato que un procedimiento ambientalmente sustentable.
Tanto Alfonso Cortina como Antonio Brufau, principales directivos de Repsol desde la compra de YPF, han estado al corriente de estas historias. No podían ignorar que más temprano que tarde, por la forma de conducir el negocio, iban a un choque de trenes con el gobierno argentino, más allá de las voluntades individuales.
El crecimiento sostenido de la economía argentina de los últimos años, con el correspondiente incremento del parque automotor, disparó la demanda de combustibles y gas (fuel, gas y gasoil para la industria y el agro), factor al que han de agregarse los coletazos de la crisis mundial, que han tenido gran impacto en la cuenta de los hidrocarburos. En un curioso negocio publicitado como el "proceso de argentinización" de YPF, Repsol había aceptado la venta del 25,4% de las acciones, por un valor de 1.304 millones de dólares, al Grupo Petersen del banquero argentino Eskenazi, un antiguo conocido de Néstor Kirchner totalmente extraño al negocio petrolero. Repsol sacó a sus principales hombres de Buenos Aires, y cedió de inmediato la dirección de la empresa a los nuevos socios. Unos socios que, conforme a la ingeniería financiera aprobada por Repsol y el gobierno argentino, ponían un dólar al contado y cancelarían su deuda con los mismos beneficios o utilidades generados por la compañía en el futuro.
O sea –y es crucial entender bien este punto—, que para recuperar el crédito lo antes posible, era fundamental aumentar los beneficios y disminuir la inversión, pero en un contexto totalmente diferente y adverso. Lo cierto es que, dada la moratoria hasta 2013 acordada a los créditos a Eskenazi, Repsol no ha recibido aún ni intereses ni principal, estando, en cambio, obligada a recomprar ese paquete de acciones de YPF (25,46%) a 34 dólares la acción, si pierde el control mayoritario de la compañía argentina –en el mercado bursátil cotizaban el 13 de abril a 21,95 dólares— o disminuyen los beneficios o utilidades repartidos.
Este proceso esta muy bien descrito en un reciente trabajo del colectivo argentino Economistas de Izquierda (EDI):
"Repsol se apoderó de YPF cuando el barril que actualmente ronda los 100 dólares sólo costaba 20 y dedicó su gestión a vaciar los pozos ya descubiertos. Giró sistemáticamente utilidades al exterior e invirtió en otras regiones (EEUU, Brasil, México, Caribe, África). Argentina figuró siempre como la principal fuente de ingresos de la compañía y la renta del subsuelo nacional fue destinada a abrir negocios en otras latitudes.
En sus propios balances se informa que esos lucros surgieron del vaciamiento de los pozos ya existentes. Esa extracción aseguró un altísimo nivel de rentabilidad. Sólo en el período 2008-2010 la empresa obtuvo beneficios netos por 13.380 millones de pesos y distribuyó el 90 % de esas ganancias.
"Un fraude complementario fue perpetrado por los capitalistas argentinos aliados del gobierno (familia Eskenazi). Ingresaron a la compañía adquiriendo el 25 % de las acciones, con fondos surgidos de la distribución de las utilidades. No pusieron un solo peso y financiaron su compra con créditos solventados en el vaciamiento de la empresa.
"El gobierno participó directamente de esta operación. Destrabó obstáculos legales y sancionó ajustes de precios en los surtidores. Supuso que esta "argentinización" permitiría recuperar el control sobre un sector devastado por las privatizaciones. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, puesto que los empresarios nacionales acentuaron el parasitismo de los ibéricos.
En los últimos meses este desastre comenzó a repercutir sobre la economía y obligó al gobierno a presionar por un incremento del abastecimiento. El oficialismo se enojó con sus viejos socios, quitó subsidios a las empresas (programas petróleo, refino y gas plus), denunció sobreprecios en el gasoil, cuestionó prácticas monopólicas (vender más caro a los transportistas que en los surtidores) y obligó a liquidar las divisas de exportación. Además, votó en el directorio de YPF contra el reparto de dividendos, amenazó con introducir fuertes regulaciones y desplegó una retórica muy beligerante ("no podemos volver a la época del Virreinato")". (2)
El desencadenante de la crisis y el juego del gallina
En diciembre de 2010, la compañía Ryder Scott certificó la existencia de reservas de gas y petróleo no convencionales equivalentes a 22.807 millones de barriles en la zona de Vaca Muerta, entre las provincias de Neuquén y Mendoza. Su explotación convertiría a la Argentina en autosuficiente y triplicaría las reservas conocidas del país. YPF, que produce el 39% del petróleo y el 28% del gas argentinos, ve con esta certificación de su concesión de Vaca Muerta aumentar su valor bursátil y su importancia estratégica.
Al mismo tiempo, huelga decirlo, pone directamente en cuestión las fórmulas y expectativas que estaban detrás de la "argentinizacion de YPF" en un mercado global de fuerte competencia por las reservas de hidrocarburos, exacerbada por la irrupción de las compañías petroleras chinas. La puesta en explotación de Vacas Muertas exige una inversión en los próximos años de 25.000 millones de dólares, mientras que el plan inversor comprometido por Brufau en carta a la Presidenta Cristina Fernandez es de 3.416 millones de dólares en 2012, después de 3.029 millones en 2011. La reinversión de beneficios de YPF esta limitada por el acuerdo con el Grupo Petersen, que establece que se repartirá en un 90% para asegurar el pago de los créditos otorgados por Repsol para la compra de su paquete de acciones de YPF. Las cifras, simplemente, no cuadran, si la prioridad del gobierno argentino es el aumento de la producción y la autosuficiencia energética, independientemente de las comisiones implícitas en el proceso de nacionalización para controlar el 51% de las acciones de YPF (3).
Es evidente que a partir de enero de 2012 las autoridades argentinas han puesto en marcha su estrategia. La propiedad de las reservas es legalmente de los gobiernos provinciales, seis de los cuales han comenzado a retirar las licencias de explotación en zonas bajo su jurisdicción, acompañando este acto administrativo con las oportunas movilizaciones populares. El efecto inmediato ha sido una caída del valor bursátil de las acciones de YPF en más de un 30%, y sigue cayendo… Según el borrador del proyecto de nacionalización filtrado por el periódico Clarín, el gobierno argentino se haría con el 50,01% de las acciones de YPF con la compra del 25,46% de la familia Eskenazi y el 24,55% de Repsol, de un paquete mayoritario actual del 57,43% de la empresa española. A pesar de que cualquier adquisición por encima del 15% obliga a una OPA global sobre el conjunto de YPF, la estrategia del gobierno argentino es dejar de lado el 17% en manos de inversores institucionales, en una buena parte de EE UU, que sin duda encontrarían compradores interesados en el mercado, tal vez chinos.
Las idas y venidas de los negociadores españoles durante estas semanas, incluyendo los infructuosos viajes a Buenos Aires del ministro de industria Soria y del presidente de Repsol, Brufau –recibidos por los ministros argentinos de economía, Hérnan Lorenzino, y de planificación, Julio de Vido, pero no por la Presidenta Cristina Fernandez—, operan en un cronograma que se asemeja a lo que en teoría matemática de juegos se llama el "juego del gallina": un juego en el que ambos jugadores pueden destruirse, y gana, si alguno finalmente lo hace, el más temerario y con menor aversión al riesgo. En efecto: en 90 días, los gobiernos provinciales argentinos deberán asumir los sueldos de las plantillas y las perdidas de las regalías de YPF en sus magros presupuestos; mientras, el precio de las acciones de Repsol -no ya las de YPF- han cedido un 26% de su valor (de 23,73% a 17,47% euros) ante la perspectiva de la nacionalización de YPF, frente a una caída media de la bolsa de Madrid del 15%.
La convocatoria, la semana pasada, de una reunión de la Presidenta Cristina Fernández con los presidentes de los gobiernos provinciales petroleros despertó todas las alarmas en el Reino de España, mientras circulaban por los bufetes de abogados especializados hasta cuatro borradores distintos del proyecto de nacionalización de YPF. Desde Varsovia, adonde acompañaba a Mariano Rajoy, el ministro de industria Soria, hizo una advertencia, más sombría aún que puerilmente solemne, "ante los gestos de hostilidad", amenazando al gobierno argentino con "serias consecuencias". El secretario de Estado para Europa, Méndez de Vigo, auguró que Argentina se convertiría en un "apestado internacional". Al día siguiente, tras recibir al embajador argentino en Madrid, el ministro de exteriores García Margallo elevó ante las cámaras el tono de la amenaza, dedo en ristre, tronando todo tipo de represalias (4).
El juego del gallina continúa: la diplomacia de la "marca España", en acción
La crisis de YPF-Repsol pilla a la diplomacia española con el pie cambiado y sumida en sus contradicciones, tras la formación del conservador gobierno Rajoy en diciembre de 2011.
Las empresas españolas son el primer inversor extranjero en la República Argentina (23.000 millones de dólares) y suponen cerca de un 15% del PIB argentino. Al mismo tiempo, empero –y con mayor motivo, en la situación de crisis en España—, una parte importante de sus beneficios, del valor de sus acciones en bolsa y su misma naturaleza de empresas transnacionales depende de sus inversiones en América Latina, que a comienzos de este siglo superaban ya los 90.000 millones de dólares. Actualmente, las suyas suponen dos tercios de toda la inversión directa española en el exterior (5).
La reacción del gobierno Rajoy –en mitad de una semana entre negra y esperpéntica, en la que el diferencial de la deuda española superaba los 410 puntos y la bolsa se hundía por debajo de los 7.300 puntos, con los "mercados" rechazando los presupuestos y recortes del plan de ajuste, una delegación de la Comisión europea inspeccionando sus cuentas en Madrid y el Rey de España borboneando furtivamente en Bostuana— ha seguido en el tono de "enviar una señal de confianza a los mercados". Probablemente, con el mismo éxito para la "marca España" que el cosechado en lo tocante a la economía nacional.
La "señal" lanzada con la imperita cadena de destempladas amenazas de bajísima credibilidad, buscando más o menos erráticamente la alianza con México (que participa a través de Pemex como socio minoritario en Repsol) como presidente de turno del G-20, con la Comisión europea, con Colombia (como anfitriona estos días de la Cumbre de las Américas de Cartagena), o con los EE UU, muestra hasta qué punto la diplomacia española, tras el giro expresamente neoconservador de su política exterior, ha quedado aislada en América Latina. Una América Latina que se recupera de las "décadas perdidas" neoliberales, en las que las empresas transnacionales españolas hicieron su agosto en procesos de privatización más que dudosos, por decir lo menos. En ese proceso privatizador terminaron precisamente por constituirse como empresas transnacionales, y hoy tienen que competir no sólo con otras transnacionales de EE UU y Europa, sino de Brasil y China. Y tienen, además, que lidiar con los legítimos procesos de renacionalización y recuperación de soberanía iniciados por los gobiernos de los países del ALBA y, ahora, por el kichnerismo argentino. Y lo cierto es que, en esta situación de creciente competencia en un mercado globalizado, las empresas españolas, ni por su capacidad económica ni por el apoyo político con que cuentan, se hallan en las mejores condiciones competitivas.
Pero todo es susceptible de empeorar, y los elementales errores de estrategia diplomática son desde luego un factor de empeoramiento. El conflicto por el 24,55% de las acciones en juego de Repsol en YPF puede acabar afectando no solo al conjunto de la inversión española en Argentina, sino también en toda America Latina. El síndrome de la "seguridad jurídica" de la derecha española surge directamente de su experiencia traumática de la crisis argentina de 2001, cuando frente a la intervención de la banca española en Argentina, Aznar solo pudo recurrir a la presión de EE UU, ante la incapacidad de reacción de la UE: eso, y no otra cosa, es lo que propició el giro "atlantista" que desembocó en la foto de las Azores, la participación en la Guerra de Irak y la manifiesta displicencia hacia el núcleo de la "vieja Europa". Pues bien; esa interpretación aznariana de la defensa de los intereses de la "marca España" y de las empresas trasnacionales españolas en America Latina constituye ahora el núcleo de la nueva política exterior conservadora española, siempre bajo presión del propio Aznar y de su ideológicamente venenosa fundación FAES. De lo que se trataría, en substancia, es de una confrontación ideológica "sin complejos" con el "populismo", y a favor de la "libertad de mercado" y de la "democracia liberal" (6).
Más consciente de la tensión estructural subyacente en las inversiones españolas en América Latina, la diplomacia del anterior gobierno del PSOE buscó una estrategia de "acompañamiento" y adaptación a la nueva situación política surgida en la última década, multiplicando alianzas asimétricas con los países de la zona, apalancando políticamente las inversiones en una estrategia multilateral iberoamericana y gestionando los conflictos inevitables con una mayor presión hacia las empresas españolas para que cumpliesen con su "responsabilidad social corporativa", reinvirtiendo en la zona. Una estrategia que, al menos, y justo es decirlo, evitó en su día choques abiertos de Repsol con Ecuador, Bolivia y Venezuela.
Lo que, por el momento, parece primar ahora es la botaratada, y una escalada de amenazas que no puede sino alimentar la consabida espiral de endurecimiento de posiciones, en la República Argentina no menos que en el Reino de España. Ni que decir tiene que, en un marco de creciente debilidad del peso político español en la UE, la contaminación por "inseguridad jurídica" de las inversiones españolas en América Latina a causa de una mala gestión diplomática de la crisis de YPF-Repsol agravaría la crisis de confianza de la UE en el gobierno Rajoy, para no hablar de los dichosos "mercados".
NOTAS: (1) Lo Vuolo, R. (2003): Estrategia económica para la Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI-Ciepp. (2) Claudio Katz, Eduardo Lucita, Jorge Marchini et al.(marzo 2012): Afloran los límites del modelo, Buenos Aires. Economistas de Izquierda (EDI) (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=147522). (3) Por supuesto, no faltan teorías conspirativas de todo tipo en la prensa española para explicar la posición argentina. Valga señalar una, que recoge el nuevo espíritu de "lucha de clases" de la derecha española, aparecida en el periódico digital El Confidencial: (http://www.elconfidencial.com/opinion/mientras-tanto/2012/04/15/la-pasionaria-argentina-y-su-cachorro-marxista-9047/). (4) http://www.cincodias.com/economia/videos/margallo-confia-dialogo-solucionar-conflicto-argentina/20120413cdscdseco_1/ (5) Ver Alfredo Arahuetes, "Las inversiones directas españolas en America Latina en el periodo 2001-2010", Anuario Iberoamericano 2011, (http://www.anuarioiberoamericano.es/pdf/2011/analisis/6_alfredo_arahuetes.pdf). 6) FAES, America Latina: una agenda de Libertad 2012, (http://www.fundacionfaes.org/record_file/filename/3304/AMERICA_LATINA_WEB.pdf) presentada recientemente, con un publico de opositores cubanos y venezolanos, en el mismo escenario en el que se quiere celebrar en octubre de este año la Cumbre Iberoamericana, dedicada a las Cortes de Cadiz de 1812.

María Julia Bertomeu (Buenos Aires), Carlos Abel Suárez (Buenos Aires) y Gustavo Búster (Madrid) son miembros del Comité de Redacción de SinPermiso. Antoni Domènech (Barcelona) es el editor general.

 

Argentina: Encuentro con una delegación de mujeres saharauis

Argentina: Encuentro con una delegación de mujeres saharauis

 INVITACION

Tenemos el agrado de invitarle al Encuentro con una delegación de mujeres saharauis, encabezada por la Señora Fatma Mehdi, Secretaria General de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), que estará de visita en la República Argentina del 16 al 20 del corriente mes de abril.

El encuentro se realizará el jueves 19 de abril a las 19 horas en la Federación de Entidades Gallegas, Chacabuco 955.

El objetivo del encuentro será informarle sobre la situación del Sahara Occidental, (Ex Sahara Español) última colonia en Africa  ocupada parcialmente por el Reino de Marruecos y particularmente sobre el papel de las Mujeres en la sociedad saharaui y la labor que desempeñan en las Zonas Liberadas, los Campamentos de Refugiados saharauis y las Zonas ocupadas del Territorio.

Esperamos contar con su presencia.

Nora Podestá

Comité de Amistad con el Pueblo Saharaui

Argentina: Afloran los límites del modelo

Argentina: Afloran los límites del modelo

EDI

Transcurrida una década del reemplazo de la convertibilidad se generalizan los interrogantes sobre el rumbo de la economía. Las etapas de expansión sin obstáculos (2003-2008) y desajustes controlados (2009-2011) han quedado atrás y ganan visibilidad las grietas del modelo. Hidrocarburos, minería y ferrocarriles son áreas críticas, la sojización se afianza, la recuperación del empleo productivo pierde dinamismo y son numerosas las obstrucciones que enfrenta la reindustrialización.

La creciente extranjerización y concentración de la economía, el fracaso del intento de recreación de un sujeto burgués nacional, el dominio de las formadoras de precios, son rasgos cada vez más acentuados, mientras que la disputa por el excedente y la fuga de capitales, alimentan el proceso inflacionario y la perdida de competitividad deteriora las exportaciones industriales y amenaza el nivel de empleo.
Hay sin duda problemas de coyuntura. Cualquiera sea la evaluación del impacto que pueda depararnos la crisis capitalista mundial, ya nadie habla del “blindaje argentino”. El balance de divisas ve reducir su superávit y la situación fiscal se deteriora. Sin incrementar los recursos de la Tesorería habrá dificultades para repetir la receta del 2009 y sortear la caída de la actividad que se avecina, con gasto público o expansión del consumo.
¿Se agotó el modelo económico actual? ¿Hay margen para el desarrollo en un esquema que preserva el extractivismo? ¿Alcanzaron un techo las mejoras sociales y las importantes conquistas populares de los últimos años? En lo que sigue planteamos un balance poniendo énfasis en los problemas más acuciantes que enfrenta la economía argentina.
Parte I: Los desequilibrios estructurales
La depredación de los hidrocarburos
La situación energética del país no está colapsada, pero ha llegado a un límite que marca un estado de crisis aguda. Este se expresa en la debilidad de la producción hidrocarburífera; en la insuficiencia tanto de la capacidad de refinación instalada como de las redes de transmisión y distribución de los fluidos. También en lo embrionario de las energías alternativas. Pero en un país cuya matriz energética es fuertemente dependiente de los hidrocarburos (90%), sobre todo del gas, es allí donde se concentra el núcleo duro de la crisis latente.
Argentina es un país que tiene petróleo, lo sabemos desde hace ya más de 100 años, pero no puede decirse sea un país petrolero, puesto que el nivel de sus reservas comprobadas no permite esa caracterización. Sin embargo a fines de los ochenta logró el autoabastecimiento y pocos años después se transformó en un país exportador. En rigor se exportaban reservas (se calcula se exportaron algo así como el 50% de las comprobadas en petróleo y el 15% de las de gas) y el resultado ha sido inequívoco: pérdida del auto-abastecimiento y conversión de Argentina en importador neto de gas natural, fuel y gas oil.
Así la balanza energética ya no exhibe excedentes de 2041 millones de dólares como en el 2010, en 2011 el balance fue negativo en 2931 millones (fuente INDEC). Lo que se preanuncia son fuertes desbalances crecientes. Las importaciones de gas boliviano se duplicaron y los subsidios del Estado al sector energético aumentaron en forma exponencial. El problema no se limita a amenazas de cortes en verano o falta de gas en invierno. Ha emergido un gran obstáculo para toda la economía, derivado de la escasez estructural de combustible.
Así las reservas bajaron de 20 años, en los ’90, a 10 en 2009 y de 17,2 años, en el 2000, a 7,8 años, en 2009, respectivamente. Este desmoronamiento fue un resultado directo de la ausencia de exploraciones. En la década de los ‘80 se incorporaron 1026 pozos, en el decenio posterior 989 y en el siguiente 484.
REPSOL es el principal responsable de este desplome. Se apoderó de YPF cuando el barril que actualmente ronda los 100 dólares sólo costaba 20 y dedicó su gestión a vaciar los pozos ya descubiertos. Giró sistemáticamente utilidades al exterior e invirtió en otras regiones (Estados Unidos, Brasil, México, Caribe, África). Argentina figuró siempre como la principal fuente de ingresos de la compañía y la renta del subsuelo nacional fue destinada a abrir negocios en otras latitudes.
En sus propios balances se informa que esos lucros surgieron del vaciamiento de los pozos ya existentes. Esa extracción aseguró un altísimo nivel de rentabilidad. Sólo en el período 2008-2010 la empresa obtuvo beneficios netos por 13.380 millones de pesos y distribuyó el 90 % de esas ganancias.
Un fraude complementario fue perpetrado por los capitalistas argentinos aliados del gobierno (familia Eskenazi). Ingresaron a la compañía adquiriendo el 25 % de las acciones, con fondos surgidos de la distribución de las utilidades. No pusieron un solo peso y financiaron su compra con créditos solventados en el vaciamiento de la empresa. (1)
El gobierno participó directamente de esta operación. Destrabó obstáculos legales y sancionó ajustes de precios en los surtidores. Supuso que esta “argentinización” permitiría recuperar el control sobre un sector devastado por las privatizaciones. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, puesto que los empresarios nacionales acentuaron el parasitismo de los ibéricos.
En los últimos meses este desastre comenzó a repercutir sobre la economía y obligó al gobierno a presionar por un incremento del abastecimiento. El oficialismo se enojó con sus viejos socios, quitó subsidios a las empresas (programas petróleo, refino y gas plus), denunció sobreprecios en el gasoil, cuestionó prácticas monopólicas (vender más caro a los transportistas que en los surtidores) y obligó a liquidar las divisas de exportación. Además, votó en el directorio de YPF contra el reparto de dividendos, amenazó con introducir fuertes regulaciones y desplegó una retórica muy beligerante (“no podemos volver a la época del Virreinato”).
Están por verse los resultados de esta confrontación. Las empresas siempre recurrieron al desabastecimiento para lograr mayores precios, creando reyertas con todos los gobiernos. El problema actual tiene otro alcance, puesto que se agotaron los pozos existentes. Se requieren inversiones de gran porte para buscar nuevos yacimientos o para explotar afluentes de elevado costo de extracción. La nueva cuenca de Neuquén podría aumentar significativamente las reservas comprobadas. Pero contiene combustible no convencional, cuya extracción entraña enormes riesgos ambientales y exige gastos dos o tres veces superiores al promedio actual.
Lo ocurrido con ENARSA demuestra la total inconsistencia de iniciativas oficiales sin recursos ni financiación. Esa empresa está constituida por un grupo de oficinas sin actividad real. Es titular de áreas off shore, pero no realizó operaciones significativas.
REPSOL no parece orientada a modificar sus políticas empresariales por las presiones del gobierno. Tampoco se muestra dispuesta a contraer deuda para subsanar el incumplimiento de sus viejos compromisos. Ni siquiera concretaría inversiones significativas si se alinean los precios locales del combustible con los niveles internacionales. (2)
Algunos funcionarios gubernamentales comienzan a buscar asociaciones privilegiadas con otras empresas (como Pan American), otros grupos (Bridas) y otros financistas (chinos). Pero un cambio de favoritismo no resolvería el problema de las inversiones faltantes.
La necesidad de la anulación de las concesiones y de la nacionalización surgen del simple incumplimiento de contratos, que estipulan la obligación de realizar las inversiones, que al no realizarse han llevado al vaciamiento de los recursos y a la emergencia energética actual. No sólo el país tiene argumentos jurídicos de sobra para adoptar esta decisión, sino que también puede litigar en tribunales internacionales por el fraude que ha cometido REPSOL. Obviamente esta controversia no podría procesarse en el ámbito del CIADI, que ya tiene preparados dictámenes a favor de las transnacionales antes del comienzo de cualquier juicio. (3)
La re-nacionalización de YPF es una alternativa considerada por todos los actores del sector. Incluso ha trascendido que los principales artífices de la privatización menemista habrían propuesto alguna modalidad de estatización que favorezca a REPSOL. Los Economistas de Izquierda sostenemos que hay que prestar mucha atención a la eventualidad de otra estafa, a través de alguna recompra de la compañía con fondos públicos, que terminaría siendo funcional a otros negocios privados.
Algunos proyectos en danza señalan la desventaja padecida por haber perdido la compañía estatal que mantuvieron Brasil, Uruguay o México. También se remarca el giro estatista que prevalece a escala internacional, desde el momento que 16 de las 20 mayores empresas del mundo pertenecen al sector público (4). Asimismo es posible concebir distintos modelos de gestión futura, otorgando suma relevancia a una asociación petrolera sudamericana.
Pensamos que es necesario estar atentos a los movimientos del gobierno y a las acciones que tome, que por el momento no parecen demasiado definidas, pero para nosotros resulta indispensable precisar si la renacionalización incluirá o no indemnizaciones. En el primer caso se aceptaría la estafa realizada y el país quedaría sin fondos para realizar las inversiones postergadas para explotar y extraer lo recursos. No basta acuñar una nueva denominación (YPF Federal) o hacer ondear la bandera de la recuperación energética. Hay que detallar cómo se instrumentará ese objetivo. La compra de la empresa (al contado, en cuotas o con deuda), abonando parcial o totalmente su precio bursátil (11.000 millones de dólares según la actual cotización accionaria en New York (Clarín 14.3.12), introduciría un quebranto de las finanzas públicas.
Para quiénes integramos EDI la única respuesta progresiva y transformadora a esta situación es la anulación inmediata de las concesiones, la re-nacionalización sin indemnización de YPF y la devolución constitucional de la propiedad del subsuelo que la Nación, Pacto de Olivos mediante, delegó a las provincias con la Reforma Constitucional del ‘94. Esta reforma fue perfeccionada por la llamada Ley Corta de fines del 2006, iniciativa del gobierno de entonces que el Congreso Nacional sancionó junto con exenciones impositivas inéditas a la actividad.
La transferencia del dominio que el Estado nacional históricamente tenía sobre los yacimientos y los permisos de exploración y concesiones a los estados provinciales, otorgó a los gobernadores la capacidad de negociar con las compañías abriendo así todo tipo de connivencias a espaldas del país. Para nosotros el destino de los hidrocarburos debe estar en manos del conjunto de la población y la gestión de este sector estratégico debe desenvolverse con transparencia y plena información pública.
Claro que la re-nacionalización y la recuperación para el Estado nacional de la propiedad del subsuelo debieran ser acompañada de un replanteo de todo el sistema fiscal, caso contrario se corre el riesgo de desfinanciar a las provincias, particularmente en sus programas de educación y salud.
Consideramos estas medidas como indispensables para reconstruir el abastecimiento.
Por otra parte remarcamos la estrecha vinculación entre la crisis energética y los actuales problemas de Cuenta Corriente. El problema energético obliga a gastar en combustibles los dólares que se necesitan para importar insumos y bienes de capital. Para nosotros es una contradicción que está inscripta al interior del propio modelo neodesarrollista y que expone una vez más las dificultades estructurales del sector externo.
El colapso ferroviario
La decadencia del sistema ferroviario viene de larga data, puede situarse un punto de inflexión en el inicio de la década del ’60 con el Plan Larkin, primer intento de redimensionar la empresa a favor del transporte carretero, luego se suceden años de marchas y contramarchas, de sucesión de políticas contradictorias que acentuaron su deterioro. La destrucción lenta pero continuada en el tiempo fue funcional a los intereses del transporte carretero, especialmente a las multinacionales de la industria automotriz. Esta opción llevó a la dilapidación de recursos escasos y muestra la irracionalidad capitalista y sus dramáticas consecuencias sobre la pérdida de vidas humanas, la polución y la degradación ambiental.
Pero en esta historia de décadas puede recortarse un período claramente diferenciado, el que se inicia a mediados de los’90 con las privatizaciones y que llega hasta nuestros días.
En poco menos de tres años bajo la figura de la concesión, la empresa estatal -monopólica y con déficit de servicios- se transformó en numerosas empresas de derecho privado. De 39.000 km en operación quedaron 22.000, de los que solo se explotan unos 7.500. De 95.000 trabajadores ferroviarios quedan en actividad unos 14.000. Pero hoy se transportan más pasajeros/km. y más toneladas/km que en aquellos años. La productividad y el beneficio empresario han crecido exponencialmente y ha sido la renegociación de los contratos a principios de la administración kirchnerista la que ha perpetuado estas condiciones.
Los servicios rentables - los de carga- quedaron concesionados a grupos económicos que solo incorporan mejoras tecnológicas y operativas hasta donde les resulta funcional a sus propios intereses. Los de pasajeros de mediana y larga distancia son casi inexistentes, los que tibiamente se repusieron lo hacen en pésimas condiciones de confort y seguridad. Pero son los servicios suburbanos de pasajeros los que están en el límite de sus posibilidades.
No obstante el carácter prebendario de la privatización, la gestión privada de las empresas no ha cumplido con los pliegos licitatorios. No han invertido, no pagan los cánones establecidos ni los inventarios que se les transfirieron a precio vil y el Estado asigna año a año mayores partidas presupuestarias para subsidiarlas.
El colapso de las líneas San Martín, Roca y Belgrano Sur, así como los accidentes que se sucedían en la línea Sarmiento anticipaban lo que podía suceder. A pesar de esto el gobierno nacional al tener que hacerse cargo de las líneas colapsadas no encontró mejor solución que darlas en gerenciamiento a los mismos grupos empresarios que se beneficiaron de la privatización ferroviaria y que continúan explotando otros servicios. Una suerte de asociación ilícita (Cirigliano, Roggio, Techint), con la activa participación de la mafia sindical que perpetró el asesinato de Mariano Ferreira.
No hubo inocencia en esta selección. Los Cirigliano recolectaron aportes para las campañas electorales del oficialismo, se hicieron cargo del manejo de empresas fantasmas por petición gubernamental (Safe, Fly) y pusieron su flota privada de jets para el transporte de funcionarios.
La reciente tragedia de Once demostró que lo que se anticipaba no era en vano. La muerte de 51pasajeros estuvo precedida por centenares de fallecidos en las líneas que gestionan los responsables del crimen. Ya es sabido que los frenos y los para-golpes no funcionan y que los vagones o vías están completamente obsoletos. Las formaciones circulan bajo amenaza de sanción a los trabajadores que denuncien los riesgos operativos. Todas las compañías incumplen normas de seguridad para abaratar costos y aumentar los ingresos con el número de pasajeros transportados.
Pero el caso Cirigliano es particularmente escandaloso. Utilizó los subsidios para solventar un emporio de colectivos, carrocerías, inmuebles y aseguradoras, dentro y fuera del país. En pocos años convirtió su pequeño emprendimiento en un poderoso grupo, destruyendo los ferrocarriles que compiten con sus intereses en el transporte automotor. Realizó incluso maniobras financieras (depósitos en dólares, compra de títulos) con el dinero público que debía utilizar para la gestión ferroviaria.
Estos desfalcos contaron con la complicidad directa de los funcionarios. Nadie puede alegar desconocimiento. Inspectores, trabajadores, delegados y agrupaciones opositoras se cansaron de presentar denuncias, así como la Asociación del Personal de Dirección (APDFA) que describieron reiteradamente la violación de las normas de seguridad. Jaime cajoneó estas advertencias y Schiavi mantuvo el ocultamiento. Frente a estos antecedentes es inadmisible la presentación del Estado como querellante ante jueces dóciles al poder. No hay que olvidar el armado de causas judiciales por parte de Aníbal Fernández contra los delegados combativos, que anticiparon lo que finalmente sucedió. Para encubrir los desfalcos de las empresas culpaba a los trabajadores de “sabotaje”.
Muchos opositores de la derecha y partidos tradicionales que desempolvan estas denuncias suelen silenciar su propia participación en el desguace que inició el menemismo en los ‘90, continúo la Alianza y perfeccionó la administración provisional de Duhalde, con un decreto que exoneró a las compañías por el incumplimiento de las inversiones.
La conmoción social creada por la tragedia de Once y la reacción de los afectados abre una oportunidad de revertir el desastre ferroviario. En la historia argentina reciente esa movilización de los familiares ha sido determinante para imponer justicia, especialmente cuando el gobierno culpa a las víctimas, atribuye el desastre a la irresponsabilidad de pasajeros colgados, que se agolpan en las salidas o llenan los vagones en los días laborales. Además, designa a un ex menemista para gestionar la intervención de TBA y despide con elogios a Schiavi.
Impedir la impunidad es un punto de partida para reconstruir el ferrocarril. En lugar de otro parche en los contratos vigentes se necesita un cambio de raíz, que erradique por completo el modelo de privatización que el gobierno quiere conservar y la derecha pretende reforzar con demagogia y aumentos de tarifas. (5)
Los objetivos explícitos de la privatización proponían la eliminación del déficit y la modernización de los servicios por medio de inversiones privadas, luego de casi dos décadas de privatización los resultados muestran su inocultable fracaso con el agravante que se ha perdido el carácter público de estos servicios y el interés social general implícito en ellos no es tenidos en cuenta. La lógica del capital, como era de prever prioriza la ganancia por sobre todas las cosas.
A la luz de esta comprobación la propuesta alternativa de re-estatizar el ferrocarril bajo control de profesionales, trabajadores y usuarios suscita crecientes adhesiones. Esta administración permitiría eliminar el despilfarro y la corrupción. Actualmente se ha duplicado el gasto en subvenciones para manejar sólo el 15% de los servicios ferroviarios tradicionales.
Para los Economistas de Izquierda la re-estatización sin fondos perpetuará los problemas. Es necesario definir como se financiarán las inversiones que necesita el sistema. El patrimonio de Cirigliano y de todos los grupos que se enriquecieron demoliendo el ferrocarril debería aportar a esta reconversión. Lo que robaron debe ser devuelto en obras. Pero la principal fuente de recursos se encuentra en las seis líneas de alta rentabilidad que transportan mercancías. El transporte de carga debe financiar al de pasajeros, mediante la estatización de esos corredores privados. Para nosotros sólo aplicando este criterio comenzaría a erradicarse el manejo de un estado bobo, que gestiona actividades a perdida para asegurarle a los privados los segmentos de gran lucro.
Sostenemos que otra fuente de financiación debería provenir de medidas impositivas tendientes a asignar a cada modo de transporte terrestre su rol en el marco de un Plan Nacional de Transporte (reivindicación histórica de los gremios ferroviarios) que articule y complemente, en función de sus costos de operación, las distancias y el beneficio público, los distintos modos alternativos.
Resistencias a la megaminería
Un tercer campo de tensiones ha salido a flote en las movilizaciones contra la mega-minería. Este rechazo se verifica en varias provincias, despierta simpatía popular y suscita el acompañamiento de muchos intelectuales y artistas. La conciencia ambiental que irrumpió en los cortes contra las pasteras de Gualeguaychú, ha resurgido. Argentina comienza así a alinearse con las batallas ambientalistas que se desarrollan en Latinoamérica.
La demolición del ambiente que produce la mega-minería es aterradora. El viejo socavón para buscar metales en el subsuelo ha sido reemplazado por dinamita a cielo abierto. La contaminación del agua potable se generaliza con el uso de cianuro, ácido sulfúrico, mercurio u otras sustancias para procesar para procesar el mineral. El encarecimiento de los precios internacionales incentiva este sistema de explotación que habría consumado ya una reducción del 30% del agua generado en los glaciares. (6)
Como el agua no alcanza para compatibilizar la minería con la agricultura, el gobernador de La Rioja optó por la demolición del subsuelo a costa de los alimentos. Frente a semejante elección, la demanda “Famatina no se toca” constituye una genuina exhortación a la vida.
El pretexto oficial para sostener el negocio minero (“desarrolla el interior”) debe ser impugnado. Basta observar el saqueo consumado durante los últimos doce años en Catamarca por la empresa Bajo La Alumbrera. En un sólo ejercicio la compañía facturó más que en toda su inversión inicial. Pagó impuestos irrisorios, multiplicó por diez sus ganancias y forjó una “economía de enclave” para extraer un concentrado de la roca, que deshidrata en Tucumán y exporta desde Santa Fe. (7)
El modelo vigente en este sector representa una modalidad extrema del neoliberalismo. Las compañías están exentas del pago del impuesto al cheque y a los combustibles, gozan de estabilidad fiscal por 30 años, adquieren importaciones sin aranceles y pagan ínfimas regalías (2,5 a 4%). (8)
Algunos voceros de las empresas afirman que la actividad generó 250.000 empleos, cuando las cifras oficiales sólo indican 23.374 trabajadores. En Bajo La Alumbrera se crearon por ejemplo sólo 480 puestos de trabajo y el gasto en sueldos representa el 2,5% del monto exportado. La adquisición de insumos locales ha sido también insignificante y no se erigió en la región una sola escuela o centro de salud.
El emprendimiento de la Barrick es más escandaloso. Utilizando el tratado firmado con Chile en 1997 forjó en Pascua Lama un país virtual a ambos lados de la Cordillera. La empresa opera con un acuerdo tributario secreto y abona los sueldos de los gendarmes en un territorio sin aduanas. La empresa se dispone a depredar durante un cuarto de siglo un dique de agua de 340 hectáreas y 400 metros de profundidad. ¿Los discursos sobre Malvinas no deberían ser acompañados por la recuperación de la soberanía sobre ese territorio? Las Malvinas son argentinas, pero la región cordillerana también forma parte de nuestro territorio. (9)
El negocio de las compañías extranjeras se asienta en un sistema de complicidades entre universidades (Tucumán), sindicatos y elites provinciales. El centro de esta red se ubica en el entorno presidencial (Mercado, Mayoral) y sus agentes incluyen por igual a gobernadores K y anti-K. Algunos son voceros directos de las mineras (Gioja) y otros olvidaron la demagogia contra las empresas al asumir la gestión provincial (Beder Herrera). Este sometimiento a las compañías se ha consumado, además, al frente de administraciones de distinto signo político (Corpacci).
El legado menemista en esta actividad es evidente, pero fue Néstor Kirchner quién permitió a las compañías liquidar divisas en el exterior (2004) e incentivó la ampliación de los proyectos que aumentaron un 90% entre 2003 y 2009. La publicitada foto con los hombres de Barrikc Gold no fue ajena al veto que dispuso Cristina Fernandez de Kirchner de la ley de protección a los Glaciares. El amparo presidencial a los gobernadores tiene precedentes en la empresa estatal de Santa Cruz, que comparte ganancias con las mineras del lugar.
Pero la actitud más patética en los debates sobre minería se verificó entre los intelectuales progresistas que justificaron la represión, la acción de las patotas y la aplicación de la ley anti-terrorista contra los manifestantes. Algunos repiten el relato infantil de las empresas (“la minería contribuye al desarrollo regional”) y otros sueñan con subsanar las “anomalías” actuales con la participación de los estados provinciales en nuevas compañías mixtas. En los hechos esa oficialización del negocio sólo convalidaría el saqueo en curso.
Algunos pensadores han cruzado todos los límites, al recurrir a una denigración cínica del ambientalismo. Justifican la mega-minería argumentando que todas las actividades productivas contaminan y cuestionan la autoridad de “los narcisistas porteños” para opinar sobre un emprendimiento del Noroeste. (10)
Este curioso federalismo supone que algunos argentinos pueden opinar y otros no sobre acontecimientos que involucran a todo el país. Si uno vive en Buenos Aires no puede hablar mal de la mega-minería de San Juan, pero está habilitado a emitir elogios del modelo depredador que rige en Chile o Perú. Como “todos contaminan”, parecería que el reciclado individual de un plástico, tiene la misma envergadura que la aniquilación de las reservas de agua potable. Como “el ecologismo es berreta” tampoco hay que prestar atención a los ejemplos internacionales de prohibición de la minería a cielo abierto que impusieron los pobladores de Montana, Wisconsin o Colorado. O que el parlamento europeo prohibió en todo su territorio este tipo de explotación y conminó al Consejo de Ministros ha hacer efectiva esta disposición.
Otros intelectuales oficialistas consideran que llegó el momento de “abrir el debate” sobre minería. Pero este descubrimiento olvida que hace muchos años se discute el tema en el interior. Con grandes campañas de denuncia lograron nueve leyes provinciales restringiendo la mega-minería, un plebiscito de rechazó en Esquel (2006) y varios repudios de universidades (Córdoba, Rio Cuarto) a la fondos de Bajo la Alumbrera. Esta acción se desarrollo confrontando con todos los intentos de estigmatizar y criminalizar a los asambleístas y esta resistencia y permitió, además, la sanción de una nueva ley de protección de los glaciares apoyada por 300 asambleas ambientalistas y bloqueada por la justicia de varias provincias. (11)
Ninguno de estos movimientos rechaza la actividad minera. Sólo objetan su variante demoledora. Esta resistencia converge con protestas similares en otros países sudamericanos, pero con una diferencia esencial: Argentina no necesita de este tipo de minería para sostener su economía. Implementa a pura pérdida el modelo extractivista que rige en toda la región, desde que la innovación tecnológica, la especulación con materias primas y el crecimiento de China revalorizaron la extracción de metales.
El ingreso de divisas que genera ese sector no es vital para nuestra balanza comercial, tampoco aporta demasiado al PBI. Para EDI es imprescindible exigir la elaboración local de las materias primas. Argentina no necesita una minería de exportación, sino procesos de extracción asociados a la reindustrialización de la economía.
Para nosotros derogar la ley vigente es el punto de partida para cualquier replanteo de la minería. Hay 12 proyectos en operaciones, tres en construcción y 340 iniciativas a futuro. El país está a tiempo de garantizar la protección ambiental prohibiendo el cianuro, la voladura de cerros y todas las maniobras de las empresas, para poder desarrollar la actividad con licencia y control social y de acuerdo a los intereses nacionales. Al igual que en los hidrocarburos este problema involucra a toda la nación y no puede quedar sujeto a decisiones locales. La contaminación nunca se limita al radio geográfico original de las explotaciones. Si hay consultas o plebiscitos para definir cursos de acción deben participar todos los ciudadanos. El derecho a la vida, al ambiente saludable y a las culturas pre- existentes forman parte de nuestra noción de desarrollo.
El fin del conflicto con el agro
La fragilidad estructural de la economía argentina radica en su enorme dependencia del cultivo de la soja que ha expandido su preeminencia. Ya ocupa el 56% de la tierra cultivable y avanza con deforestación (un millón de hectáreas entre 2002 y 2006) y agro-tóxicos (300 millones de litros por año). Este predominio no se extiende sobre áreas vacías. Hay desalojo de campesinos y pobladores originarios, concentración de la tierra en la región extra-pampeana y abrupta reducción del número de explotaciones (24% menos desde 1988).
La reconciliación en curso entre el gobierno y los agro-sojeros tiende a dejar atrás un fuerte conflicto. Este reencuentro quedó sellado durante el lanzamiento del nuevo plan agro-alimentario, que reafirma el esquema sojero. Se promueve un aumento general de la producción (157 millones de toneladas en 2020), para consolidar el avance registrado entre el 2002 y el 2010 (de 70 a 100 millones de toneladas) con más superficie sembrada e incrementos de productividad. Pero el programa sólo habla del volumen proyectado. No dice cuántos productores sobrevivirán, en un modelo que incrementa la preeminencia de las grandes compañías y los pools de siembra. (12)
La Mesa de Enlace cajoneó la demanda de bajar las retenciones para elogiar este plan. Este viraje obedece a la continuidad de un negocio floreciente. La tonelada de soja que se cotizaba a 160 dólares en 2001 alcanzó en estos días nuevamente los 500; el precio de la tierra subió 120% en la última década y se registran ganancias sin precedentes por hectárea sembrada. Quiénes ganan fortunas no están motivados para la protesta.
El gobierno distendió, además, las relaciones con el sector satisfaciendo parte de sus pedidos. Se reiniciaron las compensaciones la actividad láctea y ganadera, se autorizaron aumentos de precios (carne, leche, pollo, pan) y se asignaron reintegros por adversidades climáticas. Así los conflictos se desplazaron hacia el interior del sector (tensiones por la distribución del trigo entre productores, molineros y exportadores). (13)
Este clima pos-electoral explica la aceptación general de una ley de tierras que había suscitado divergencias. Los beneficiarios de un modelo de exclusión, desigualdad y desarraigo coincidieron en proteger su principal recurso de la competencia foránea. Prefieren asegurar la presencia de muchos Grobocopatel y pocos Benetton en el agro-negocio.
Los sojeros continúan presionando por asegurar su liderazgo de la economía. Proponen actualizar la inserción internacional de Argentina como “granero del mundo”, ampliando las actividades alimentarias para erigir el “país-góndola del siglo XXI”. Demandan prioridad para el sector, precio pleno de los productos y liberación de mercados. (14)
Claro que subsisten áreas de fricción con el gobierno (ley de arriendos, manejo de la ONCCA, subsidios por sequía, tipo de cambio efectivo), pero ha desaparecido la confrontación del 2008. Los puentes con el gobierno han quedado reabiertos, desde el momento en que, tomando nota de la fuerte movilización del agro, se renunció a sostener el financiamiento de las arcas públicas incrementando el flujo de renta agraria con mayores retenciones. El oficialismo ha cajoneado también las propuestas de restaurar la Junta Nacional de Granos para recrear una agricultura diversificada. Sólo insisten en atenuar el impacto interno de los altos precios de exportación con un programa de perpetuación del status quo, que genera cuestionamientos dentro del propio espectro gubernamental. (15) Mientras tanto continúa el negocio clave de las grandes exportadoras que controlan el comercio de granos y oleaginosas.
Los agricultores empobrecidos son las víctimas de un cultivo transgénico con efectos ambientales impredecibles. Ningún gobernador protege a campesinos expropiados. Estos sectores rara vez son catalogados como “pequeños productores”. Esta denominación se utiliza en cambio para describir a los capitalistas medianos de la Pampa, que manejan significativas inversiones, como contratistas y/o propietarios de actividades sojeras. Para nosotros es importante clarificar el uso de ese concepto, frente a tantos proyectos de segmentación de las retenciones para productores de 600, 1500 o 2500 toneladas. Estos sectores participan de la actividad más rentable del país y no necesitan ningún auxilio del Estado. Un cambio en los porcentajes del impuesto debería en todo caso legislarse al interior del propio sector, sin ningún costo para el resto de la sociedad. Si baja lo aportado por un productor medio, que aumente la contribución del más poderoso.
Para los Economistas de Izquierda un escenario agrario favorable a las mayorías populares exige discutir otro temario: cómo se regularán los precios y mercados, de qué forma se reconstituirá una Junta Nacional de Granos y cómo debería operar en la actualidad un comercio exterior nacionalizado.
La reindustrialización frenada
La recomposición del tejido industrial -que el gobierno presenta como su prioridad estratégica- se ha estancado. Es cierto que el sector manufacturero creció significativamente en la última década (más del 80%), por una combinación de los vaivenes cíclicos y políticas estatales activas. La intención neo-desarrollista de restaurar la gravitación de este segmento no logra anclaje en la realidad económica. La industria ocupa incluso un lugar menor que en los años ‘90 y ‘80
Tampoco se ha modificado la escasa diversificación del sector. Tres ramas concentran el 75% de la actividad (automotriz, metalurgia y minerales no metálicos) y la fuerte recuperación de los puestos de trabajo, no alcanzaron aún a superar el nivel de empleo predominante en 1997. Las ramas más dinámicas operan con tecnologías intensivas que exigen poca mano de obra y las cinco actividades que en los ‘90 reunían el 60% de la producción, hoy concentran el 67% del total. (16)
Estos resultados obedecen en gran medida al elevado grado de concentración que impera en la industria y también a la ausencia de un plan estratégico para el sector. El valor bruto de producción de las 200 firmas líderes trepó del 20% en los ’90 al 28% actual. Ese núcleo de compañías maneja, además, el 73% de las exportaciones totales (2003-09), en un marco de gran consolidación de la extranjerización consumada bajo el menemismo. Esta primacía ha registrado cambios muy leves en la última década. De las 500 principales empresas que explican el 68% de las utilidades totales, 338 son foráneas. (17)
El efecto de esta preeminencia es una fuerte transferencia de utilidades al exterior bajo el amparo de la actual legislación de inversiones extranjeras y los casi 50 convenios bilaterales de inversión que dan total libertad a las multinacionales. Esa remisión determina periódicas tensiones cambiarias, que el gobierno responde con exhortaciones (ahora también con controles). Pero no hay ninguna medida de fondo para revertir el nocivo sistema de protección de inversiones que impuso el Banco Mundial. (18)
Todos los balances empresarios indican elevadas ganancias de los industriales bajo el modelo actual. Pero estos informes también destacan que la tasa de reinversión local ha sido efímera. Algunas evaluaciones señalan que entre las 500 mayores firmas ese porcentual bajó del 24,7% (1993-2001) al 14,7% (2002-2009), mientras el déficit comercial de la industria crecía hasta generar el agujero actual (20.000 mil millones de dólares en 2010). Las importaciones se expanden a un ritmo muy superior a las ventas externas, junto a una decreciente integración de componentes nacionales. (19)
Los viejos problemas de una industria dependiente, fracturada y deficitaria se han acentuado con la creciente internacionalización del sector. Estos desequilibrios son muy visibles en la rama automotriz, que ha reducido la incorporación local de partes (45% en promedio), al cabo de un prologando desguace de los abastecedores nacionales. Las pautas de inversión en esta actividad son particularmente irracionales, puesto que se establecen en función del mercado externo sin considerar, por ejemplo, la prioridad del transporte público nacional.
Algunos economistas K consideran que estas limitaciones no desmienten la vigencia de un “modelo productivo con inclusión social (20). Pero evitan registrar que el gobierno se limita a convalidar una lógica capitalista de pura rentabilidad, que avala la fabricación de autos (en lugar de trenes) o la construcción de torres en Puerto Madero (en desmedro de viviendas en los barrios populares).
La expectativa neo-desarrollista de “profundizar el modelo” en una dirección industrialista se está disipando en favor de la “sintonía fina”. Muchos simpatizantes del modelo reconocen, que para contrarrestar la presión hacia la especialización agro-exportadora se requerirían drásticas medidas estatales, que por ahora son solo potenciales. (21)
Salarios en dos velocidades
Los economistas del gobierno afirman que el “modelo devolvió dignidad a los trabajadores, creó millones de puestos de trabajo y aumentó el salario real”. Esta caracterización atribuye ese resultado exclusivamente a la política económica. Obvian señalar que es el efecto combinado de políticas estatales (reimplantación de paritarias) con múltiples condicionantes (coyuntura internacional favorable, recuperación cíclica de la ocupación y los ingresos, conquistas de la movilización social).
En el sector formal el salario aumentó 285% en promedio entre diciembre del 2001 y julio 2010. Según el índice de inflación que se tome para realizar la comparación (INDEC, cálculos provinciales, estimaciones privadas), ese incremento se ubica por encima o por debajo de la carestía. Entre los economistas existe cierto consenso en evaluar que ha predominado cierta paridad entre las dos variables. Pero en el mismo período se registró un aumento de la productividad muy superior al incremento de los salarios reales y por esta razón los costos salariales decayeron. El contraste es más significativo si la evaluación se realiza comparando con los beneficios. Las ganancias de las empresas se duplicaron en la última década y su patrimonio es 200% mayor que en el 2003. La “tracción del modelo por los salarios” -que ponderan algunos simpatizantes del curso actual- es discutible o debe relativizarse ante semejante expansión de la tasa de ganancia. (22)
Durante la última década ha sido significativa la consolidación de la fractura del mercado laboral iniciada en los ’90, no sólo entre los trabajadores formales e informales, sino también al interior de la estructura formal. Siendo que la precarización se extiende por el conjunto. Mientras que el 20% de los trabajadores mejor remunerados del sector privado capta el 52% de la masa salarial, el 20% ubicado en la base percibe el 5,2% de ese total. (23)
Esta subdivisión explica la centralidad que han alcanzado ciertas demandas de la CGT sobre el mínimo no imponible y las asignaciones familiares, así como el frustrado proyecto sindical de distribuir las elevadas utilidades entre el personal de cada empresa. Para los Economistas de Izquierda la constatación de la continuidad de esta fractura obliga a considerar esas demandas cegetistas, y darle prioridad a la exigencia de salarios mínimos iguales a la canasta familiar, para comenzar a cerrar la brecha al interior de los trabajadores.
En la actualidad se computan 11.800.000 asalariados, de los cuales 7.8 millones registra en el sector formal y 4.0 millones en el informal. El salario promedio sobre el que se realizan los aportes jubilatorios llega a los 5,500 pesos, pero el 55% de esos trabajadores percibe hasta 4000, muy alejado de la canasta familiar estimada entre 5.000 y 6.000 pesos. En el otro extremo 1.4 millones gana entre $7.000 y 30.000 o más pesos al mes. Los trabajadores no registrados ganan como mínimo un 30% menos que los registrados. Esta fragmentación se percibe también al interior de los trabajadores del sector público, entre los del Estado nacional y los que laboran en los Estados provinciales y municipales. (Fuente: INDEC y Dirección Nacional de Programación Económica)
Así el modelo ha consolidado la categoría del “trabajador pobre” (que no cubre la canasta familiar), frente a la figura del “desocupado pobre” que prevalecía en la crisis del 2001. La reducción de la informalidad, de 44% a 34.2% (2003-11) es significativa, pero se relativiza cuando se la compara con la tasa de crecimiento de la economía en el mismo período.
En este contexto se verifican situaciones extremas de explotación no sólo entre trabajadores rurales (jornadas de trabajo de 16 horas que ahora podrán revertirse con la sanción de la ley que reglamenta los horarios), carpas en lugar de viviendas, escasa alimentación. Los padecimientos de los tercerizados o de los costureros que trabajan en los galpones son igualmente dramáticos. El Gran Buenos Aires vuelve a concentrar una enorme masa de desposeídos del interior y países vecinos, que sobreviven con trabajos miserables. El gobierno afirma que atenúa estas desventuras con un gasto social mayúsculo. Pero este reconocimiento no hace más que confirmar el asistencialismo que contiene al modelo y contradice su identificación con la inclusión social o el trabajo genuino. La asignación por hijo representa efectivamente una innegable conquista popular, que ha otorgado cobertura a millones de desamparados, sin embargo no alcanza a todos los carenciados y su monto queda periódicamente erosionado por la inflación.
No hay que sobredimensionar el costo real de ese auxilio, que en líneas generales se asemeja al vigente en la mayoría de los países latinoamericanos. Estas semejanzas permiten comprobar que el capitalismo como sistema resigna, en esta fase, un determinado porcentaje del PBI para atenuar los efectos de la acumulación y reproducción en este período histórico.
No obstante esta conquista social ha recibido igualmente críticas gorilas (“los pobres se lo gastan en droga”) y objeciones malintencionadas a su implementación (“el sistema es desorganizado”). Para nosotros lo central radica por un lado en la carencia de un financiamiento genuino -que se reemplaza con, entre otros, fondos de la ANSES- por lo tanto en la dependencia de recursos presupuestarios muy variables. La reiterada propuesta de sostener el programa asistencial con transformaciones impositivas, que suscribimos, jamás fue escuchada por el oficialismo, mientras persiste la falta de una real universalidad.
También la cuestión de los jubilados suscita confusiones. El gobierno suele concentrar todos sus dardos polémicos contra los derechistas que hacen demagogia, demandando los aumentos que negaron bajos sus administraciones. Estos opositores nunca explicitan cómo financiarían las mejoras. El oficialismo destaca que expandió la cobertura hasta el 95% de la población y estableció un sistema de movilidad periódica de los haberes. Ambos son avances significativos, pero esto no quita que el mínimo se sitúa en la mitad de la canasta básica de un retirado y que el promedio de ese ingreso apenas alcanza al 40% del promedio de los activos. Tampoco aclara qué sucederá con la enorme masa de trabajadores informarles que no aportan a la seguridad social.
Los economistas K suelen reciclar viejos fantasmas neoliberales (“aumentará el trabajo en negro por aumento del costo laboral”) cuando se les propone reimplantar las contribuciones patronales eliminadas por Cavallo. Por el contrario los Economistas de Izquierda sostenemos que esta reposición de fondos permitiría como mínimo elevar las jubilaciones mínimas al 82% del salario mínimo, avanzando así hacia el 82% móvil rompiendo con la continuada violación de un derecho popular.
Notas:
1) La Nación 27-2-2012.
2) Como siempre reclamaron sus voceros. Ver por ejemplo: Montamat Daniel “El ajuste del relato llegó a YPF” La Nación 23-2-2012.
3) Ver informe de Cash-Página 12, 4-3-2012.
4) Varios autores en Página 12, 29-1-2012 y Clarín 20-2-2012
5) Un ejemplo en Diego Cabot, “El galimatías de los subsidios millonarios”, La Nación 25-2-2012.
6) Clarín, 17-1-2012
7) “Los números detrás de la furia contra la minería de Andalgalá”, La Nación, 19-2-2012
8) Página 12, 19-2-2012.
9) Ver la documentación expuesta por Bonasso, Miguel: Economía argentina: nuevo colonialismo La Nación, 19-10-2011.
10) Brienza Hernán, “Famatina hay que pensarla”, Tiempo Argentino, 11-2-2012.
11) Clarín, 27-9-10, Clarín 10-8-10).
12) Ver: Arancibia Fabiana, “Extranjerización y modelo agropecuario” Rebelión, 24-9-2011.
13) Clarín, 22-1-10
14) Ver Guadagni, Aldo: “Para avanzar hay que mirar lejos”, La Nación, 21-6-10, Grobocopatel, Gustavo: “Proteínas como arma de negociación con el mundo”, La Nación, 5-8-10
15) Martínez, Enrique: “La macro y la micro”, Página 12, 1-9-10.
16) Clarín, 28-12-2010, Página 12, 15-1-11
17) Schorr Martin, aesta.blogspot.com/201,23-3-2011, Página 12, 4-12-11
18) Ver informe de este régimen en Página 12, 11-10.
19) Clarín, 28-12-2010.
20) Seijo Rubén, “La economía kirchnerista”, Página 12, 13-2-2011
21) Sztulwark Sebastián y Juncal Santiago, “Como profundizar el modelo”, Página 12 , 2-5-2011
22) Ver Pagina 12,11-10-10.
23) Clarín, 18-5-10.

Fuente: Argenpress