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T r i b u n a c h i l e n a

Leopoldo Osorio, inspirador de Bear Story: “Mi circo fue la Cárcel Pública”

Leopoldo Osorio, inspirador de Bear Story: “Mi circo fue la Cárcel Pública”

Leopoldo Osorio: el secretario de Allende que inspiró “Historia de un Oso”

“Yo fui secretario de Allende mucho antes de que fuera presidente, desde el año 64. En ese tiempo también era Regidor Municipal de Maipú, con aspiraciones de ser alcalde. Pero mi trabajo con Allende me complicaba un poco”, señaló el abuelo del director del cortometraje, Gabriel Osorio.

oso

El inédito Oscar a mejor cortometraje de animación que ganó “Historia de un oso”, de Gabriel Osorio, ha remecido al país.

En su discurso tras obtener la estatuilla Osorio dijo: “Quiero dedicarlo a todos los que nos han apoyado desde Chile y, especialmente, quiero dedicarlo a mi abuelo, quien inspiró esta historia, y a todos los que sufrieron en el exilio como él”. Corto dedicado al administrador público Leopoldo Osorio, quien durante dos años y tres meses estuvo preso en la Cárcel Pública y luego fue exiliado a Europa, lugar donde estuvo 7 años.

“Yo fui secretario de Allende mucho antes de que fuera presidente, desde el año 64. En ese tiempo también era Regidor Municipal de Maipú, con aspiraciones de ser alcalde. Pero mi trabajo con Allende me complicaba un poco”, señaló el abuelo de Gabriel Osorio.

Leopoldo Osorio explica que durante se periodo en la cárcel tuvo suerte “me encontré con gente bastante humana. Con el tiempo, uno piensa que a lo mejor con la sola salida de los militares a la calle para poner orden hubiera bastado. Pero la violencia, la tortura y los asesinatos fueron innecesarios”.

Además asegura que “yo tenía convicciones políticas, pero no había matado a nadie”.

*Fuente: El Mostrador

Historia de un oso
Leopoldo Osorio, inspirador de Bear Story: “Mi circo fue la Cárcel Pública”

El abuelo del director que este domingo obtuvo el Oscar al mejor cortometraje animado, superando a gigantes de la animación como Pixar, estuvo exiliado en Londres, donde vivió por 7 años. Al regresar a Chile, su hijo había fallecido.

Este lunes, horas después de que su nieto, Gabriel Osorio, ganara el Oscar junto al su equipo de producción de su estudio Punkrobot, su abuelo Leopoldo Osorio vio por primera vez “Bear Story”.

El aclamado cortometraje venció en horas de la madrugada en Chile a verdaderos titanes de la animación a nivel mundial, como la firmaPixar.

En entrevista con La Segunda, Osorio se manifiesta totalmente emocionado. La historia que emocionó a Hollywood, de un oso que fue secuestrado para trabajar en un circo, está inspirada en él, quien sufrió los embates de la Dictadura tras ser secuestrado tan sólo un día después del Golpe de Estado en nuestro país.

Y si bien en el corto se puede ver una animación de cómo un grupo de sujetos golpea a un oso para luego llevárselo, la memoria de Osorio sorprende al relatar cómo efectivamente fue su historia: “Yo fui apresado el 12 de septiembre del 73. Entraron a mi casa y empezaron a golpearme la espalda. Finalmente, un golpe en el estómago me hizo caer y me dejó inconsciente. Mi circo fue la Cárcel Pública de Santiago, en la que estuve preso dos años y tres meses”.

Osorio había sido secretario de Allende antes de que llegara a la Presidencia de Chile, “desde el año 64. En ese tiempo también era Regidor Municipal de Maipú, con aspiraciones de ser alcalde. Pero mi trabajo con Allende me complicaba un poco”.

En Inglaterra, donde estuvo exiliado durante 7 años, aprovechó de estudiar inglés, y luego formarse como administrador público en la Universidad de Glasgow. Su nieto, ahora galardonado por el reconocimiento más alto de la industria del cine, no le preguntó nada para armar la historia del cortometraje. “No te preocupes abuelo, yo sé exactamente lo que pasó en ese tiempo”, le habría dicho. Sus hijos viven en Europa, Carlos Leopoldo y Nelly Irene Margarita viven en Londres. Violeta Matilda en Valencia. El padre de Gabriel murió hace años en Chile, mientras Leopoldo aún estaba exiliado en Europa.

Y este premio viene también a paliar parte de la tristeza que actualmente vive Osorio, ya que su esposa, Nelly Fernández, falleció hace cerca de un mes. “Mi nieto me llamó y me dijo: Abuelo ¿Qué le parece (el premio)? La verdad, me emocioné mucho. Mi mujer murió hace muy poco y todas esas emociones me vinieron juntas”, asegura, en tanto también espera que su nieto lo vaya a ver. Convencido dice “¡Y ahí sí que el festejo va a estar bueno!”.

*Fuente: El Dínamo

Entrevista con Ruy Braga, sociólogo del trabajo, profesor en la Universidad de Sao Paulo "Expoliación brutal y salida de capitales llevan a un bloqueo histórico"

 

Correio da Cidadania



Ruy Barga, sociólogo del trabajo, es profesor en la USP (Universidad de Sao Paulo). Está afiliado a la organización Central Sindical y Popular-Conlutas. Ha sido redactor de la revista Octubro del Instituto de Estudios Socialistas. Ha presentado su tesis sobre el tema La política del precariado: del populismo y la hegemonía lulista. Ha publicado numerosas obras, entre los cuales, en 2015, en las ediciones Alameida, Sao Paulo: La pulsión plebeya: trabajo, precariedad y rebeliones sociales. Esta entrevista publicada el 6 de enero de 2016 en Correo da Cidadania se inscribe en el marco de un debate generalizado, entre otros en la izquierda “clasista”, sobre la situación social, económica y política de Brasil. Y ello en un contexto de pérdida enorme de credibilidad del neo-PT de Dilma Rousseff y de un Lula que se declara, de forma desacomplejada, “un liberal”.

-Valéria Nader y Gabriel Brito: Después de un año que parece no haber existido en la vida “útil” del país, 2016 comienza en el mismo clima de pesimismo que 2015, especialmente en lo que concierne a la depresión económica. ¿Qué espera de este año que comienza?

-Ruy Braga: A pesar de las acciones de cambio llevadas en la política económica desde el nombramiento de Nelson Barbosa en el Ministerio de Hacienda [en sustitución de Joaquim Lévy de la Bradesco, dimisionario; Barbosa ha sido miembro del Consejo del Banco Regional de Brasil y ha ejercicio numerosas funciones en el ministerio de Hacienda], se puede esperar la continuación de la orientación general del segundo gobierno de Dilma Roussef [en funciones desde enero de 2011]. Esta orientación consiste en garantizar la transición desde un régimen de acumulación basado fundamentalmente en la sobreexplotación del trabajo asalariado hacia lo que se puede llamar un régimen de acumulación apoyado centralmente en las estrategias de expoliación social.

En resumen, ello significa un retroceso del derecho del trabajo y los derechos sociales. Se habla de nueva “ronda” de reformas de la previsión social, de elevación de la edad de jubilación, de disminución de algunos derechos constitucionales, especialmente de los ligados a la obligación de realizar inversiones públicas en terrenos sociales y de profundización de la orientación rentista [sacando beneficio de la deuda interna, la externa, los tipos de cambio, las exportaciones de materias primas o el petróleo y sus recaídas], estructurada sobre todo en el mundo de las finanzas y de sus cambios, etc.

Desde el punto de vista de la estructura social no veo diseñarse hasta ahora una alternativa progresista en el interior del gobierno, que privilegie los intereses de los trabajadores. Lo más probable es la profundización de esta estrategia de expoliación social a fin de garantizar los intereses de los capitalistas.

De otro lado, la crisis política entra en un momento de stand by, pero con una evidente distensión, teniendo en cuenta el hecho de que el gran chantaje que ha marcado el año 2015, es decir la amenaza del impeachment [destitución], ha caído con el comienzo del proceso puesto en marcha en la Cámara de Diputados. A mi entender ello coloca al gobierno en una posición un poco mejor puesto que va a poder reorganizarse alrededor de una causa políticamente legítima, la reacción a una tentativa de golpe de estado parlamentario “a la paraguaya” iniciado por un presidente de Cámara [Eduardo Cunha del PMDB] que es de notoriedad pública que es un político corrupto.

Yo creo que tendrá lugar una reorganización de fuerzas “gobernistas” alrededor de la presidencia de la República en defensa de su mandato. Ello tiende a atraer sectores que estaban desenganchándose del gobierno o que estaban en crisis abierta con él. Muchos militantes de izquierda serán atraídos por el polo de la legalidad. Así, la posición “gobernista” saldrá reforzada del proceso de impeachment.

Sin embargo, diría que 2016 será un año diferente de 2015. El gobierno federal deberá reencontrar una cierta capacidad de iniciativa en la escena política, la tendencia es a la consolidación de un régimen de acumulación (a través de una expoliación) que es completamente mortífera desde el punto de vista de los trabajadores.

-En lo concerniente al proceso de impeachment de Dilma, vemos que continúa el vaivén, que hay una alternancia entre fuertes tensiones y apaciguamientos aparentes. Más allá de ello, la posible caída de Eduardo Cunha ha sido atrasada a febrero, lo que puede crear una dinámica semejante de alianzas y de rupturas entre los grupos políticos dominantes. ¿Qué espera de todo este escenario lleno de piezas en movimiento? ¿Creéis en un gran acuerdo nacional a favor de la estabilidad, en la forma propuesta por el científico y político André Singer en un artículo publicado recientemente?

-Yo diría lo mismo que Florestan Fernandez: el pacto conservador brasileño es implacable. En una coyuntura política marcada políticamente por la polaridad Dilma-Cunha, tenemos una comparación grotesca: Eduardo Cunha no corresponde absolutamente a ninguna alternativa posible y es muy probable que veamos a la presidencia salir reforzada de todo eso.

Incluso yo, que he sostenido siempre una posición de oposición de izquierda a Dilma y he votado nulo en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales, debo admitir que no hay la más pequeña comparación entre las dos figuras. Un gobierno PSDR-PMDB [Partido de socialdemocracia brasileña-Partido del Movimiento Democrático Brasileño] sería un inmenso desastre para los trabajadores, peor todavía que el gobierno de Dilma. Y como tampoco sería un gobierno capaz de volver al clima de pacificación social de la era de Lula, no sería tampoco útil para los numerosos sectores burgueses que dependen de los mercados internos. Seamos claros, con Cunha no hay solución. Por ello me parece que el proceso de impeachment está condenado al fracaso y que este fracaso fortifica al polo vencedor, que es el del gobierno federal.

En este sentido, 2016 será probablemente un año marcado por la recuperación de una cierta capacidad de acción política del gobierno. Este es mi principal pronóstico. Será un año marcado por la tentativa del gobierno de reencontrar un cierto margen de acción política. Y es muy probable que Cunha caiga en los próximos meses, teniendo en cuenta la situación absolutamente grotesca que a la cabeza de la Cámara federal esté un notorio corrupto.

-Después de un fuerte ajuste presupuestario, el ministro Joaquim Ley acaba de abandonar el gobierno, reemplazado por Nelson Barbosa. Sin embargo, después de lo que habéis dicho al comienzo, ¿no se puede esperar una orientación macroeconómica claramente distinta para 2016?

-No, fundamentalmente porque ningún proyecto alternativo ha sido construido. Lo que tenemos hoy es el agotamiento completo del modelo de desarrollo basado en un cierto ritmo de acumulación de los motores tradicionales de la economía brasileña, como la producción de materias primas, las inversiones de construcción pesada, la expansión del agronegocio, las inversiones en energía y petróleo y, principalmente, el consumo popular, con el acceso al crédito de una parte creciente de la población, lo que ha provocado un aumento exponencial del endeudamiento de las familias, que alcanza ahora records en el país.

Esta fórmula no va a repetirse en los próximos diez años. En la escena internacional no existe perspectiva de recuperación en China, en India, ni tampoco en los países de Europa. Al contrario, la desaceleración china es peor todavía que lo que se imaginaba el año pasado. La recuperación norteamericana es notable, pero todavía muy modesta. Más ella de ello la evolución económica de los Estados Unidos está fuertemente ligada con el crecimiento chino… Todo ello hace que muy probablemente, en el próximo período, el mercado mundial va a crecer a tasas muy moderadas, diferentemente de los catorce últimos años.

La economía brasileña, que se ha especializado en la exportación de materias primas, sigue naturalmente en una situación delicada. De otro lado, la estructura social brasileña está marcada por una enorme sobrecapacidad productiva. Los principales sectores de la economía tienen muchos stocks y demasiados stocks “durmientes”. Los empresarios miran pues hacia sus empresas y se preguntan: “¿Por qué invertiría si en mi propia empresa tengo una enorme capacidad “durmiente” que no está efectivamente absorbida por la demanda?”. Ésta es una cuestión clásica del marxismo: el problema de la contracción cíclica.

Las familias están endeudas, deben pues preocuparse en primer lugar de la realidad muy insegura del mercado de trabajo y del aumento del paro y del subempleo, lo que significa fundamentalmente la compresión de su renta. Cuando están muy endeudadas, las familias adoptan otras estrategias. No consumen, pagan sus deudas como pueden. Es decir que al día y los únicos sectores que han sido los menos tocados por la caída del consumo son los de los bienes de subsistencia más elementales. Todo ello hace que se ha agotado el modelo lulista –el régimen de acumulación del último período–.Y no hay nada en lugar del mismo, nada esbozado, no hay alternativa creíble al colapso del actual modelo.

Es importante comprender que el capitalismo funciona así: cuando hay momentos en que la economía está marcada por la expansión hay un cierto margen de maniobra en términos de concesiones, especialmente sobre los derechos ligados al trabajo y los derechos sociales. Normalmente, tales períodos de expansión están apoyados, no exclusiva pero si principalmente, sobre los sectores asalariados de la clase obrera, es decir, sobre la explotación del trabajo asalariado. Agregaría que en el caso de una estructura social semi-periférica y tardía como es la brasileña, sobre la explotación del trabajo asalariado a precio barato.

Los momentos de contracción cíclica, como el que vivimos hoy, imponen una serie de desafíos que tienden a hacer que las empresas dependan cada día más de lo que yo llamaría, siguiendo a Rosa Luxemburgo, una “acumulación política de capital”. Es decir que las empresas dependen de la violencia política de los gobiernos. Ellas dependen incluso de que tal o cual gobierno desplace sus estrategias de acumulación hacia lo que constituye muy exactamente la expoliación de las concesiones hechas en el momento anterior, es decir durante la expansión del ciclo económico. Si ha habido en el ciclo anterior un aumento de la masa salarial, entonces tendremos ahora un ataque contra la masa salarial. Si en el período anterior se ha podido observar un cierto avance, incluso moderado, en términos de derechos, entonces se va a atacar a esos derechos en el período siguiente, etc.

En estos momentos de contracción cíclica, la política y sus decisiones tienden a ensanchar los espacios para la expoliación social: expoliación de los derechos sociales, de los salarios, del tiempo de trabajo de la gente, de los recursos naturales, es una expoliación de todo lo que es público y que se encontraba hasta entonces al margen, o relativamente al exterior del modelo de explotación anterior.

Mi previsión es que vamos a asistir a una profundización de la mercantilización del trabajo, del dinero y del medio ambiente a una escala todavía mayor que en el curso de los últimos catorce años. En suma, tendremos enfrente, bajo disfraces muy diversos, una intensificación de los ataques contra los intereses de los trabajadores. Y ello también tanto desde el punto de vista de los derechos como del salario o del empleo. La tendencia es a la profundización de la degradación de las condiciones de trabajo, con el aumento del subempleo, la disminución de los salarios…

No podemos olvidar que a pesar de todas las dificultades, el último período ha estado marcado por un aumento real de la masa salarial. Ésta ha crecido, lo que significa que hay más dinero a disposición de las familias obreras. Eso ya está ya siendo atacado. El aumento del desempleo es el medio más típico para disciplinar a la clase obrera y profundizar sus condiciones de explotación. No hay ninguna duda en ello.

Y no hay planes B. No existe tendencia generalizada que vaya en dirección de una alternativa económica diferente, con una inversión masiva en sectores de alta intensidad de capitales, etc. En el mejor de los casos, vamos a exportar más coches debido al nuevo nivel del dólar. Pero no hay nada innovador en el horizonte en términos de alternativas. La única cosa que se ve en el horizonte es el ataque contra las ganancias, pequeñas o moderadas, obtenidas por la clase obrera durante el período anterior, con el objetivo de intentar un proceso más acentuado de acumulación.

La izquierda socialista debe comprender que, en el capitalismo, el desarrollo significa acumulación, es decir la profundización de la explotación. De nuevo: desarrollo=acumulación. Y la acumulación implica bases sociales, implica bases económicas e implica bases de intervención en la vida política. Para garantizar la acumulación creciente será necesario atacar a los trabajadores. No hay alternativa, no hay conciliación posible en la situación actual. Si los sectores “gobernistas” esperan una reedición del arbitraje lulista entre las clases, ¡deberán esperar mucho tiempo!

-En una entrevista acordada al Correio en marzo de 2015, decíais que la “gangrena” del modelo económico podría arrastrar también al “lulismo”. ¿Qué piensa de este proceso histórico en relación con este comienzo de año?

-A mi entender, el lulismo está acabado porque el consenso ha acabado. El lulismo ha sido fundamentalmente una estrategia política de pacificación social, apoyada sobre dos tipos de consentimientos, distintos pero complementarios. Uno, más pasivo, es el de las masas que adhieren al gobierno porque están seducidas por la relativa difusión de la riqueza entre sectores del mundo del trabajo, el aumento de la formalización en el mercado de trabajo, el crédito popular y las políticas públicas de asistencia que han sacado a millones de trabajadores de la miseria (entre otros en el Nordeste). Hay en efecto un pequeño margen de concesión a los trabajadores y ahora ese margen está siendo atacado.

El otro consentimiento es un consentimiento activo por parte de las direcciones de los movimientos sociales del país que han nacido después de la redemocratización, una época que ha visto nacer a dos grandes movimientos, uno sindical, hegemonizado por la CUT (Central sindical) y otro el MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores). Las direcciones de los años 1980 y 1990 han sido seducidas por los miles de cargos existentes en el aparato de Estado y por las posibilidades de enriquecimiento ofrecidas por las posiciones ocupadas en los consejos de gestión de los fondos de pensiones.

En resumen, los dos, como por otra parte la mayor parte de los movimientos, han sido seducidos por el gobierno federal, lo que significa una pacificación a lo largo de los últimos doce años del polo de resistencia a ciertas políticas, incluso a ciertas políticas muy antipopulares. El momento actual significa que el lulismo en tanto que estrategia de pacificación está en su final, ya que no hay consenso capaz de garantizar la reproducción de las bases sociales de esta estrategia de pacificación. Desde el punto de vista de las masas populares, se asiste a un distanciamiento progresivo de la orientación general del gobierno y, desde el punto de vista de la orientación general de los movimientos, tiene lugar una profundización de esta crisis, puesto que las direcciones no se sienten cómodas con los ataques del gobierno contra los trabajadores.

Hay una crisis de representación basada en el aumento de las tensiones entre las direcciones de los movimientos y el gobierno. Ello ha sido visible durante el último período, con las críticas de la CUT contra el Ministerio de Economía y las políticas adoptadas por Joaquim Levy. Eso es normal y confirma las características del poder sindical, que a un cierto nivel debe ofrecer contrapartidas a sus bases, puesto que trabaja sin la estabilidad de la forma de dominación apoyada en la propiedad, algo típicamente capitalista. Así, el poder sindical es más permeable a la presión de los de abajo.

Sin embargo, por decirlo de alguna manera, como no hay consenso no hay lulismo. El lulismo, como modelo de regulación entre el capital y el trabajo, ha muerto. Y ninguna alternativa políticamente estable ha aparecido en su lugar. Hay una gran confusión, no se sabe efectivamente cual será el nuevo modo de regulación y si de hecho existirá un modo de regulación capaz de estabilizar el conflicto capital/trabajo en el país. Pienso que no. Creo que este modo de regulación va a alimentarse de la destrucción del modo anterior.

Yo pienso que de un lado las clases populares continuarán estando bastante distancias del gobierno y, del otro, las bases “gobernistas”, principalmente el movimiento sindical, continuarán gravitando alrededor del gobierno, haciendo todo tipo de presiones. Sin duda que una parte de las bases será atraída por toda migaja que ofrecerá el gobierno, por cualquier concesión. Y que otra, principalmente en los sectores del movimiento social y sindical más próximos de sus bases, se sentirá progresivamente más “presionada” por el activismo esporádico de las clases subalternas.

Me parece que en el día de hoy no es posible hablar de regulación en el país, ya que no hay bases sociales capaces de garantizar la estabilidad del modelo de desarrollo que, fundamentalmente, pasa por concesiones a las masas. Vivimos en una inmensa confusión con un horizonte que muy probablemente seguirá estando marcado por los ataques directos contra los trabajadores, que por su parte tratarán de defender sus derechos.

-¿Qué piensa de los movimientos aparecidos en 2015 a la izquierda del espectro político y qué se podría, o se debería, esperar de estos grupos, movimientos y partidos que todavía pretenden asumir otro proyecto de país?

-Desde el punto de vista de tales movilizaciones, el año 2015 ha estado marcado por dos polos. De un lado ha habido un aumento de la escala y la intensidad de la movilización de los sectores medios tradicionales, lo que ha hecho que los sectores populares han vivido de alguna forma a la defensiva a lo largo del año. Y una tal actitud ha sido marcada por una desorientación de las direcciones tradicionales de los movimientos populares de Brasil, debido a la inflexión reaccionaria y conservadora del gobierno Dilma, en primer lugar con el exministro de economía Joaquim Levy. Y en el último trimestre del año 2015 hemos vivido una relativa reorganización de las fuerzas de “izquierda” alrededor de la defensa de la legalidad, debido al proceso de impeachment lanzado por el presidente de la Cámara de los Diputados, lo que ha permitido al gobierno respirar un poco.

Así han coexistido en las calles los que defendían el gobierno (teniendo en cuenta la ausencia de alternativas creíbles capaces de resolver la crisis) y los sectores populares, movimientos sociales y sindicatos a la defensiva, que se posicionaban de forma crítica contra las medidas de austeridad del gobierno federal y contra el impeachment. A fin de año, hemos visto una “reaglutinación” de los sectores “gobernistas” en defensa de la legalidad, que evidentemente ha atraído a una parte importante del movimiento crítico, incluido de la oposición de izquierda, frente a la situación grotesca de un proceso de impeachment lanzado de esa forma.

Por lo que concierne a los movimientos sociales, las cosas han pasado de forma más pendular. Hasta el mes de septiembre se ha asistido a una actitud relativamente a la defensiva, con una intensificación de la crítica al gobierno y, hacia el fin de año, ha habido un aumento de la movilización que ha desembocado en la manifestación del 16 de diciembre, estructurada alrededor de la legalidad y que ha conocido un relativo éxito.

Sin embargo, yo subrayo que las condiciones socioeconómicas más profundas, es decir una reestructuración de los pilares del último período y el aumento del paro, han minado la fuerza que había acumulado la clase obrera hasta 2014. El sistema de acompañamiento de las huelgas del DIEESE [Departamento intersindical de estadísticas y estudios socioeconómicos] acaba de publicar los datos de 2013. Éstos son impresionantes: ha habido más de dos mil huelgas, con una flagrante recuperación de la actividad huelguista en todo el país, principalmente en los sectores privados y empresariales, igualmente con una participación de los funcionarios públicos y una fuerte presencia de los sectores clave de la economía brasileña, como la metalurgia y el petróleo. Ello ha hecho que se han acumulado fuerzas en términos de masa salarial y de poder político.

Pero a partir de 2014, con el deterioro del mercado de trabajo y el aumento del paro en 2015, la tendencia de una parte de esta fuerza acumulada es la erosión y el debilitamiento de la capacidad de movilización. Me parece sin embargo que esta fuerza que ha estallado a izquierda de los movimientos, en particular del movimiento sindical, está relativamente disociada del proceso de erosión de la fuerza social de la clase obrera.

El escenario es bastante contradictorio. Pienso que tendremos un período marcado por una actitud más bien defensiva adoptada por las clases obreras debida al aumento del paro, pero que habrá una recuperación de la capacidad de organización de los sectores “gobernistas” alrededor de la presidencia de la República. De otro lado comprendo que, teniendo en cuenta el deterioro económico, los sectores más explotados y más dominados deberán jugar un papel central en la lucha política futura, lucha que será superior al momento anterior. En suma, pienso que los sectores de la clase obrera sindicalmente organizados retrocederán, si se consideran las cosas de forma comparativa, y que los movimientos sociales tales como el MTST (Movimiento de los Trabajadores sin Techo) avanzarán.

-¿Es posible concebir otro modelo que cohabite con los sectores “gobernistas” o solo la ruptura total con el lulismo y el petismo puede crear una credibilidad suficiente en el interior de la población para esta finalidad?

-No hay duda que tenemos necesidad de una alternativa radicalmente diferente de lo que existe en la actualidad, porque el lulismo en tanto que forma de regulación ha terminado y en tanto que régimen de acumulación ha colapsado. No hay espacio en el horizonte para aumentar las concesiones a favor de los trabajadores, pero hay espacio para lanzar ataques siempre más profundos contra los trabajadores. Las fuerzas “gobernistas” son incapaces de imaginar una alternativa ya que están incrustadas en el Estado y harán cualquier cosa para garantizar esta posición privilegiada, incluso si deben actuar contra los intereses de los trabajadores.

En cuanto a los sectores de oposición, parece que son todavía demasiado frágiles para presentar una propuesta creíble, incluso si se ha asistido a un relativo reforzamiento de estos sectores durante el último período. En cualquier caso la única alternativa a medio plazo es apostar por los sectores de izquierda intransigentes respecto al gobierno federal y por la formación de un polo alternativo al bipartidismo PT-PSDB que se ha establecido en los últimos veinticinco años. Es la apuesta que hago.

No hay alternativa posible en el interior del “gobernismo”. Será preciso que se construya fuera del “gobernismo”, en lo que llamo un tercer campo, capaz de organizar la lucha de clases en el país de forma progresista para los trabajadores. Creo que el próximo período está marcada por agudas luchas de clases: políticamente, económicamente, culturalmente e ideológicamente.

No hay pues más espacio para las mediaciones construidas por el lulismo en sus campos políticos intermedios y sus hibridismos políticos. Ya no hay un tal espacio. Lo que existe en realidad es la necesidad de una actitud más radical. En este sentido, los sectores de la izquierda llamada “extrema” tienen un amplio campo para trabajar. Queda por saber si serán capaces de organizar la indignación que crece en el interior de las clases trabajadoras y subalternas en el país.

-Escándalo del Lava Jato, crisis en Petrobrás, tragedia de la Samarco (dos presas que ceden e inundaciones masivas por lodos contaminados de metales diversos), desempleo al nivel más alto, crisis hídricas y energéticas en aumento, ataques contra la educación pública, militarización bárbara de lo cotidiano… ¿Hacia dónde parece caminar Brasil?

-Apuesto todos mis acervos y todas mis esperanzas sobre los sectores jóvenes, sobre los hijos de la clase obrera que están hoy en las escuelas, en la enseñanza media, estos estudiantes que han inundado el mercado de trabajo durante el último período, sobre los jóvenes que están a la búsqueda de un primer empleo y sobre los sectores más alcanzados por el subempleo. Sobre todo lo que tiene que ver con los sectores de la clase obrera que viven entre estos dos polos: de un lado la profundización de la explotación económica y de otro la posibilidad real de exclusión social. Y tales sectores coinciden con los sectores jóvenes, negros y femeninos de la clase obrera brasileña, que han mostrado una enorme capacidad de movilización. Hemos visto claramente esto en junio de 2013 y estamos viéndolo hoy con el aumento de la movilización de los estudiantes de la enseñanza media pública y la ola de ocupaciones de escuelas en el Estado de Sao Paulo, de Goiás, etc.

El gran desafío para una salida progresista de la crisis brasileña pasa necesariamente por la construcción de puentes entre estos sectores jóvenes y movilizados, que tienen mucha vitalidad combativa y que han sido igualmente los mejor formados, puesto que se han beneficiado de más escolaridad que la generación anterior. Y al mismo tiempo ellos se encuentran sumergidos en condiciones muy malas de contratación, de ingreso y de trabajo, haciendo la experiencia en su propia carne de las contradicciones del modelo de desarrollo brasileño, cuya capacidad expansiva se ha agotado. Una salida progresista para la crisis brasileña pasa necesariamente por una movilización de este joven precariado urbano.

El desafío es el siguiente: articular los sectores combativos que encarnan un programa de defensa de los derechos sociales, de la salud, de la educación, del transporte público de calidad, de los ingresos, del mercado de trabajo formal y de los derechos a la protección social. Esta generación es la que encarna tales condiciones, al lado de los sectores más desorganizados de la clase obrera. El gran desafío consiste en llegar a politizar el conjunto de la lucha (que evidentemente es política, como lo es toda lucha social), pero igualmente en lograr construir proyectos alternativos a lo visto hasta la fecha. Es decir, un proyecto alternativo al lulismo.

En este sentido, a pesar del hecho de que 2015 ha sido un muy mal año en términos de economía, de desempleo y de crisis hídrica (con esta enorme tragedia de la Mariana que muestra la significación de la acumulación por expoliación del medio ambiente) y que ha terminado simbólicamente por un incendio en el Museo de la lengua portuguesa, en resumen, que ha sido un año horrible para las clases populares brasileñas, hemos asistido igualmente a la emergencia política de una generación de la que se va a hablar. Y es exactamente sobre esta nueva generación sobre la que yo apuesto.

 

Fuente original: http://www.correiocidadania.com.br/

A l´encontre

Traducción del portugués Charles-André Udry, http://alencontre.org/

Traducción del francés Viento Sur: http://www.vientosur.info/

El pueblo y la casta: ¿Por qué este divorcio?

 



El clivaje entre la casta política y el pueblo ciudadano se transformó en foso y el foso devino un abismo. Es lo que atestiguan las últimas encuestas. De lo que resulta una constatación evidente: el pueblo y las elites políticas y empresariales no tienen los mismos valores ni las mismas prioridades. La casta política que timoneó la transición se hunde y, por el momento, el pueblo que asiste a la historia de verano no está dispuesto a lanzarles un salvavidas.

 

El divorcio es completo. Mientras que la elite se pregunta cómo van a sortear los escollos de las investigaciones acerca de los casos de corrupción con cohecho, financiamiento ilegal de la política, boletas truchas, defraudación recurrente al fisco y tráfico de influencias, el pueblo ciudadano ya no se hace ilusiones con tener algún día gobiernos competentes y políticos probos. Ni Lagos, ni Piñera, ni Allende ni el MEO. Tampoco los segundones como Osandón o Tarud. Pero los políticos de las coaliciones, que ganan las elecciones y copan el gobierno y el parlamento con platas empresariales, están interesados en ocupar cargos, hacerse reelegir, usufructuar de las dietas y mantener las riendas de los poderes del Estado. A costa de corromperse, vender y agenciar sus consciencias al poder económico del capital empresarial.

 

Todo lo anterior sin importarles respetar las promesas de campaña ni satisfacer las expectativas de igualdad social y de justicia. Los parlamentarios y políticos en el parlamento de las dos coaliciones que controlan la vida política del país desde la dictadura, y los tecnócratas y políticos de turno en los ministerios practican groseras movidas en las que aparecen confundidos el interés privado con el interés empresarial. La ciudadanía constata que el interés general y el bien público son meros artificios de retórica. Es cosa de ver el funcionamiento de las puertas giratorias en todos los organismos fiscalizadores.

 

El descrédito de la democracia representativa se traduce en un desdén por la forma en que ésta se escenifica.

 

¿QUÉ NOMBRA EL CASO RIQUELME?

 

El caso Riquelme, el del administrador de La Moneda G-90, fiel a Peñailillo y a Bachelet, cuya falta de tacto para operar con sus contactos de la UDI y su aprovechamiento para obtener contratos con el Estado infringió toda actitud de probidad y prudencia, no sólo ante los ojos y oídos del personal político de la Nueva Mayoría —que nada hicieron—, sino que ante toda la ciudadanía informada —que nada podía hacer, salvo comunicar su agravio en las redes sociales, no tiene parangón. En términos de la política maquiavélica se la dejaron picando a Burgos y a la DC para que la patearan en el arco de Bachelet.

 

Riquelme, el ex administrador de las platas de campaña de Bachelet y más tarde de La Moneda será un caso de antología de mal gobierno e insensatez. La política de estirar el elástico para no exonerar de su cargo a Riquelme mostró hasta qué punto la Presidenta es incapaz de gobernar, es decir, de tomar buenas decisiones en situaciones evidentes de sospecha de corrupción. Su última declaración, para un documental de la BBC, deja ver una personalidad errática consigo misma e incapaz de asumir los desafíos de una estadista. Hecho que debe llevarnos a considerar la negligencia y desidia de su partido y entorno inmediato: el Partido Socialista de Chile para contenerla y de Nicolás Eyzaguirre y de otros/otras para aconsejarla.

 

De nada le sirvió a la Presidenta el año que pasó. La primera experiencia de Caval no la analizó para acumular sensatez. Allí donde estaban directamente implicados su hijo y su nuera con Luksic y sus bancos. En otros términos, Bachelet persistió en el error, no hizo prueba de capacidad de enmienda y aprendizaje; no separó el interés privado del bien público y común y defraudó en toda la línea; hasta dejar las peores sospechas instaladas. Un muy mal ejemplo para la historia que estudiarán las jóvenes generaciones.

 

EL CONCUBINATO LONGUEIRA-INSULZA

 

Paralelamente, los gestos de Longueira y los dichos de sus apologistas del día como Insulza no han hecho más que hundir aún más la función política practicada por la casta en un profundo descrédito. El de “Hombre de Estado” (el calificativo dado a Longueira) de pacotilla parece ser el estilo preconizado por el “agente” Insulza. La vieja casta no le tiene miedo al ridículo.

 

Si el 27 de octubre del año pasado 84 % de los ciudadanos consideraba que las personas involucradas en actos de corrupción no son castigadas por tales delitos, hoy, tal porcentaje se elevaría a más del 90 %. El descrédito alcanza a todo el personal político en los ministerios, los partidos, las cámaras parlamentarias y también a la justicia y al ministerio público puesto que son éstos quienes se encargan de perseguir criminales y delincuentes e impartirla en un país donde el manto de la corrupción se extiende a todo el cuerpo político institucional.

 

EL FISCAL GÓMEZ Y EL CASO LONGUEIRA-PLATAS DE CONTESSE-PONCE LEROU-SQM

 

Veamos. Siempre se repite como una cantilena (lo acaba de hacer Insulza) “ hay que dejar que la justicia haga su trabajo” y que la ciudadanía presuma la inocencia de los malandrines de cuello y corbata, pero si le preguntamos al ciudadano común, en una encuesta callejera, acerca de si el fiscal que lleva la causa Longueira-Contesse-platas sucias-para Longueira/UDI, junto con darle la información de que su conyugue fue ministra de Justicia de Piñera, por lo tanto, compañera de gabinete del mismo Longueira, para saber si Gómez es idóneo para llevar adelante la investigación sobre el ex candidato UDI y ministro de Piñera, es seguro que más del 90% de los encuestados respondería a partir del sentido común fundado en una apreciación racional del contexto político que el fiscal Gómez no lo es por razones de parcialidad evidente y, debería, como d’Artagnan, por el bien de la justicia y del Estado de Derecho, que éste mismo dice defender, renunciar a la causa para la que lo designó el fiscal nacional Abbot en pleno conocimiento de causa.

 

El fiscal en cuestión, quien en su entrevista en El Mercurio fue claro en decir que las causas no van a ir a juicio oral, que las van a llevar a juicio abreviado (negociación con Longueira y sus abogados), que le van a reconocer a todos (Ominami, MEO, Golborne, Rossi, etc,) una “irreprochable conducta anterior” (¿qué “Hombre de Estado” puede ser un incondicional servidor de Pinochet que tiene visiones donde le habla Jaime Guzmán como a Sor Juana de la Cruz le hablaba el mismo Jesús?) y colaboración sustancial (¿quién sabe cómo lo hizo Novoa?) y que ninguno va a tener pena de cárcel como los “Penta boys”.

 

¿Si esto no es una maniobra jurídica para tender un manto de impunidad sobre los corruptos y los corruptores, maniobra en la cual las declaraciones para preparar el camino y ablandar fiscales como las del político de la NM Insulza cobran sentido, qué es entonces?

 

HACER POLÍTICA DE IZQUIERDAS

 

Pero no todo es caos, naufragio y podredumbre política alrededor nuestro. Ellos, los detentores actuales del poder se hunden y generan desorden. Pero desde las izquierdas han emergido nuevas voces ordenando el paisaje y separando aguas con la Nueva Mayoría y con las fuerzas que en su interior, y reclamándose aún de izquierda (PC, IC, RD, la Izquierda Socialista del PS), se supeditan voluntariamente a la hegemonía neoliberal conservadora y corrupta. Una real alternativa unitaria de las izquierdas y de los demócratas implica construir un referente capaz de enfrentar a las dos derechas neoliberales en el plano electoral con un programa de transformación social, desde los conflictos sociales y en la lucha autónoma de masas por construir formas ciudadanas, de trabajadores y populares de poder.

Por Chile, contra el Acuerdo Transpacífico (TPP)

Por Chile, contra el Acuerdo Transpacífico (TPP)

 



El tratado “Trans Pacific Partnership Agreement”, conocido como TPP, fue firmado por el gobierno de Michelle Bachelet el pasado 4 de febrero, tal como había propuesto el Presidente Barack Obama de los Estados Unidos, tras siete años de negociaciones secretas.

CONVERGENCIA DE IZQUIERDAS rechaza tajantemente esta conducta pues afecta gravemente los intereses de nuestro país y de su población, por las causas que exponemos a continuación.

1. Rechazamos el TPP por la falta de procedimientos democráticos y transparencia en su negociación.

Este tratado incide de manera significativa sobre una variada gama de materias de las actividades económica, financiera, productiva, ambiental, laboral, sanitaria, entre otras. Pese a ello, no existió debate público durante su negociación y se negó acceso a la información a la ciudadanía, a organizaciones sociales o representantes de las instituciones democráticas, contraviniendo de manera flagrante derechos políticos fundamentales de un sistema democrático asentados en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, suscrito por el Estado de Chile, que otorga a los ciudadanos y ciudadanas, en su artículo 25, el derecho a “participar en la dirección de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos”.

En rigor, los únicos que tuvieron oportunidad de opinar fueron los grandes empresarios a través de la figura del Cuarto Adjunto, que en teoría es un espacio abierto de información, diálogo y debate con la sociedad civil y el sector privado que ayuda a definir las posiciones de Chile en sus negociaciones comerciales, pero que en los hechos ha significado una legitimación del lobby empresarial. No se consultó a organizaciones civiles relacionadas con la salud, pese a las trascendentales definiciones del tratado sobre los medicamentos. Pese a que el TPP afectará severamente a los pueblos originarios, tampoco ellos fueron consultados como dispone el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales, también suscrito por Chile; ni las organizaciones de defensa del medioambiente ni las organizaciones sindicales, aunque la firma del tratado impondrá importantes efectos sobre la políticas públicas en estos ámbitos. Las organizaciones de la sociedad civil sólo han sido informadas ex post, lo cual es una burla. Es más, la información se negó cuando fue solicitada, lo cual constituye una trasgresión a la normativa nacional sobre acceso a la información pública, ya que nunca existió un acto administrativo presidencial que es el único medio legal que podía declarar secreta la negociación del tratado. Todas estas irregularidades deberían ser motivo suficiente para invalidar el proceso de negociación y considerar ilegítimo este tratado.

2. Rechazamos el TPP porque es absolutamente innecesario, incluso en la estrategia de desarrollo exportadora vigente en Chile.

Este acuerdo es innecesario desde el punto de vista comercial puesto que con todos los países que lo integran están vigentes tratados de libre comercio que contemplan programas de liberación arancelaria, existiendo arancel cero en la mayoría de los casos, con la excepción de algunos pocos productos en un reducido número de países. La Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería (DIRECON) ha insistido en que hay ganancias comerciales, derivadas de la denominada acumulación de origen. Sin embargo, sobre esta materia no se conocen estudios que evalúen sus potenciales beneficios sobre el comercio, el empleo o la producción. En este sentido, la DIRECON, bajo la dirección del socialista Andrés Rebolledo, ha actuado con una falta de seriedad absoluta, pues si este es el gran argumento debiese estar sólidamente respaldado por estudios que permitan medir la magnitud del impacto sobre dichas variables.

En los últimos días la DIRECON ha sacado de la manga dos nuevos argumentos: por una parte afirma que Chile obtendrá acceso para exportar, en esos países, 1.600 nuevos productos nacionales, principalmente carnes de bovinos, cerdos y cítricos, y, por otra parte, señala que en los países signatarios de este acuerdo Chile llegará a tener el 95% de sus productos exentos de arancel.

Entendemos que, respecto del primero de estos nuevos argumentos, la gran mayoría de esos nuevos 1.600 productos desgravados, no son ni nuevos ni productos diferenciados. Esa argumentación se basa en que, muy probablemente, DIRECON contabiliza un producto desagregado por distintos ítems arancelarios, los que además se multiplican por el número de mercados. En efecto, en este tipo de tratados se consideran productos distintos a distintas variedades, por ejemplo, uvas de distintas cepas son consideradas cada una como un bien distinto. A mayor abundamiento, la uva de mesa, que para el sentido común es un solo producto (o a lo más tres: blanca, negra y rosada) en realidad para estos tratados son diez, que corresponden a las 10 variedades que Chile exporta, Perlette, Flame Seedless, Sugraone, Thompson Seedless, Black Seedless, Red Globe, Ribier, Ruby Seedless, Crimson Seedless y Red Seedless. Del mismo modo, las manzanas que son 11 variedades (10 rojas y 1 verde), para estos efectos, se consideran como 11 productos distintos. Así resulta fácil y malicioso decir que 21 productos se incorporan gracias a la nueva situación y se comete un engaño a la buena fe de las personas. Si ellos se multiplicaran por los 11 mercados se amplía el engaño.

Respecto del último argumento, que afirma que el 95% de los productos estará exento de arancel, en primer lugar es necesario que se aclare cuál es ese porcentaje en la actualidad según la DIRECON y, en segundo lugar, conocer qué porción del hipotético aumento del porcentaje desgravado sólo corresponde a la aceleración de desgravaciones ya acordadas.

La teoría económica que ha sustentado la apertura comercial chilena indica la existencia de beneficios atribuibles al comercio, empero, todo muestra que en este tratado la desviación de comercio superará largamente a la creación de éste, lo que constituye, para la misma teoría, una pérdida de bienestar social.

3. Rechazamos el TPP porque limita la soberanía nacional y coarta la capacidad del Estado para adaptarse a los cambios.

Este tratado utiliza, en su capítulo de inversiones, tres componentes fundamentales para limitar la acción pública. Primero, considera que los inversionistas tienen una “expectativa razonable de ganancia”, la que no está sujeta a información, declaración, control ni evaluación por ninguna agencia pública nacional o multilateral; segundo, que cualquier actividad o decisión de un Estado signatario que pudiera afectar esta expectativa constituye una “interferencia pública” que será causa de sanción, y, tercero, un sistema de solución de controversias entre inversionistas extranjeros y el Estado receptor de la inversión a través de tribunales arbitrales al que pueden recurrir los inversionistas cada vez que consideren que alguna política estatal afecta sus expectativas. Si producto de ello un Estado es sancionado por estos tribunales, no sólo deberá pagar la indemnización que se le aplique, sino que deberá remover la causa que dio origen a esa sanción.

Este tipo de mecanismos se viene imponiendo desde hace tiempo en los tratados internacionales de inversión y tratados de comercio que incorporan capítulos de inversión. Permite a las empresas transnacionales situarse en un nivel de igualdad frente a los estados, eludir las leyes del Estado cuestionado y otras normas del Derecho Público Internacional y demandar a los gobiernos para exigir indemnizaciones y la reversión de políticas de interés público. Al aceptar este mecanismo, el Estado signatario del TPP renuncia a su derecho soberano a la jurisdicción dentro de su territorio y deja su potestad legislativa y de regulación social, económica y ambiental sometida al arbitrio de una instancia extrajudicial, cuyas decisiones se sitúan por encima de cualquier otra institución. En efecto, los jueces designados para estos tribunales no rinden cuentas ante ninguna instancia, no están obligados a respetar la jurisprudencia ni sus fallos son susceptibles de apelación, pese a dirimir sobre temas trascendentales para la vida de una nación.

El mecanismo que el tratado estable tiende a favorecer las reclamaciones de las empresas pues se presentan en instancias de arbitraje, en el marco del CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), que hoy se encuentran fuertemente cuestionadas por su sesgo en favor de las grandes transnacionales al considerar como base jurídica de sus decisiones solamente los tratados de protección de inversiones, dejando al margen las leyes del Estado acusado y la normativa internacional en materia ambiental, laborales o los derechos económicos, sociales y culturales contenidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Además, la composición de los tribunales arbitrales favorece a la empresa querellante, la que designa uno de los tres jueces e interviene en la designación del presidente, de entre un listado de abogados cuya objetividad ha sido seriamente cuestionada por estudios que han logrado establecer que existe una verdadera industria del arbitraje que se nutre de los elevados honorarios de estos jueces, que se elevan hasta mil dólares la hora, a lo que se añade el hecho de que mucho de ellos se han desempeñado en grandes multinacionales, lo que constituye un grave conflicto de intereses (1). Razón tiene Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, al señalar que “Estos arbitrajes, en su forma actual están realmente controlados por las grandes corporaciones (...) no se trata de una corte justa, es una que está totalmente sesgada a favor de países como EE.UU. y las grandes corporaciones” (2).

Para agravar las cosas, las decisiones de los arbitrajes son inapelables y obligatorias para los Estados, es decir, sus resoluciones no pueden ser revisadas, aun cuando el proceso pueda presentar vicios de legitimidad y legalidad evidentes.

Por otra parte, el mecanismo de solución de controversias acordado es asimétrico pues los Estados no pueden recurrir a esos tribunales contra las empresas. Tampoco pueden las personas, comunidades u organizaciones que vean vulnerados sus derechos por las actividades de una transnacional hacerse parte de un proceso de este tipo.

Una reciente demanda de la empresa Monsanto al estado de California por reclasificar el glifosato como cancerígeno después de que la Agencia Internacional de la Organización Mundial de la Salud para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) anunció su probable vínculo con esta grave dolencia en marzo de 2015, muestra la conducta de estas empresas y su ética y expone los riesgos de quedar sometidos como Estado a tribunales privados que vean este tipo de reclamaciones.

La situación llega a ser caricaturesca ya que estas empresas pueden declarar, a modo de ejemplo, que su expectativa de ganancia se puede ver afectada con un aumento del sueldo mínimo. Esto que parece una pesadilla para los trabajadores no lo es y ya ocurrió con Egipto producto de un tratado con disposiciones similares.

También se establece la extensión de los beneficios que otorga el TPP a inversiones previamente existentes, lo que significa una suerte de retroactividad de la ley para favorecer a estas empresas transnacionales.

Por otra parte, este tratado limita al Estado de Chile para la creación y funcionamiento de empresas públicas en cualquier materia que puede ser considerada comercial —por ejemplo, para la creación de una empresa destinada a la extracción y producción de litio o una hipotética empresa estatal de producción de energías limpias—, así como para capitalizar con recursos del Estado empresas públicas, como Ferrocarriles. La única excepción que los “negociadores” chilenos resguardaron fue para la actividad de CODELCO, siendo Chile el país que menos excepciones interpuso. En el extremo, las “farmacias populares” pudiesen ser afectadas por el cuestionamiento a su operación a través CENABAST.

Se subordinan así las políticas públicas al criterio de empresas extranjeras, disminuyendo la capacidad de adaptación de los Estados a los cambios de la realidad económica y social.

Este tratado, protege las inversiones de cualquiera naturaleza, aunque afecten un derecho tal como la privacidad de las personas, así por ejemplo el artículo 14.11.2 supone una severa vulneración de la privacidad de las personas al establecer que “Una Parte permitirá las transferencias transfronterizas de información por medios electrónicos, incluyendo la información personal, cuando esta actividad sea para la conducción de un negocio de una persona cubierta”, lo que limita la protección de la información privada de las personas en beneficio de las empresas.

Como se observa, el TPP no sólo es un tratado comercial como ha pretendido la dirección de la DIRECON, sino que es también un tratado de inversiones que favorece a las grandes empresas transnacionales, como si no fuera suficiente el DL 600 de la dictadura pinochetista.

En un contexto donde, como señala la Confederación de Trabajadores del Cobre, al menos en ese rubro, la producción privada en más de un 80% se transforma en retornos del capital, no se justifica semejante sobreprotección a la inversión externa.

4. Rechazamos el TPP porque sus disposiciones sobre propiedad intelectual afectan el interés de Chile y su desarrollo futuro.

Aun cuando el canciller Heraldo Muñoz aseguró, en mayo pasado en la Cámara de Diputados, que Chile no aceptaría extender la protección de datos que restringe la comercialización de fármacos genéricos que contengan o sean productos biológicos a más de 5 años, y Andrés Rebolledo, director general de la DIRECON, ha afirmado que Chile logró defender su posición, el artículo 18.52.1 establece que esa protección será de 8 años o de 5 años más otras medidas que brinden un “resultado comparable” a los 8 años. Así, se está asegurando de forma encubierta, por tres años adicionales, las ganancias monopólicas de las empresas farmacéuticas transnacionales en detrimento de la salud de la población de Chile. De acuerdo a una minuta elaborada por la Subsecretaría de Salud Pública (3) cada año adicional de protección de datos de estos medicamentos significa una pérdida anual de US$ 770 millones para Chile. El tratado recién firmado es tan inhumano con la población que este artículo explícitamente se aplica a productos que sean o contengan “una proteína producida utilizando procesos biotecnológicos para uso en seres humanos para la prevención, tratamiento, o cura de una enfermedad o condición.”

Por otra parte, el acuerdo amplía los criterios de patentabilidad conocidos (que la invención sea nueva, que tenga nivel inventivo y que tenga aplicación industrial), al garantizar la patentabilidad de “nuevos usos de un producto conocido, nuevos métodos de usar un producto conocido, o nuevos procesos de uso de un producto conocido”, lo que probablemente tendrá como resultado la renovación constante de patentes sobre los mismos productos, funcionando en contra de la innovación que se “pretende” fomentar, puesto que las empresas tendrán incentivos para declarar nuevos usos, nuevos métodos y nuevos procesos, en vez de introducir nuevas invenciones que les implican un costo mayor en investigación y desarrollo. (Cap18.37.1).

Este tratado, al extender el ámbito y los plazos de protección de la propiedad intelectual, confirma la tendencia a sobredimensionar el costo de productos farmacéuticos y de otras industrias, impuesta en los Estados Unidos por las grandes corporaciones y sus lobbystas, sobreestimando el costo del tiempo y de la inversión de investigación y, por lo tanto, asegurando ganancias extraordinarias a los detentores de patentes.

Por otra parte, el TPP exige aprobar el convenio UPOV 91. Ya el 17 de marzo de 2014 el gobierno debió retirar del Congreso el proyecto de ley que regulaba derechos sobre los obtentores vegetales, conocido como ley Monsanto, y que materializaba dicho convenio, el cual amplía el sistema de derechos a propiedad intelectual sobre semillas y sus derivados, e implicaba una serie de limitantes en cuanto a que los pequeños agricultores pudieran guardar semillas e intercambiarlas. Sin embargo, este tratado establece en el artículo 18.7.2 que “Cada parte deberá ratificar o adherirse a cada uno de los siguientes acuerdos, en caso de no haberlo hecho todavía, a la fecha de entrada en vigor de este Acuerdo para dicha Parte: (a)…, (b)…, (c)…, (d) UPOV 91.” Es decir la vigencia de este Tratado supone la plena adscripción a este convenio, lo que implica aprobar, como de contrabando, la denominada ley Monsanto. Cabe señalar que a diferencia de Nueva Zelanda que en el artículo 2 del Anexo 18-A establece que nada la “limitará para establecer medidas que considere necesarias para proteger especies vegetales autóctonas…”, ninguna protección de ese tipo fue establecida para las semillas autóctonas chilenas por los negociadores de la DIRECON.

Adicionalmente, la normativa creada por el TPP sobre marcas no contempla el aseguramiento de nombres autóctonos o de personajes históricos, lo cual puede dar origen a la desnaturalización de ellos o al empobrecimiento cultural de los pueblos. Ya conocemos del caso de una bebida Cola que, por similitud fonética pretendió apoderarse del nombre Colo Colo, lo cual fue desestimado por un tribunal civil, empero no puede asegurarse que, con la constitución de estos tribunales arbitrales ad-hoc que contempla este tratado, ocurra lo mismo para casos similares.

El TPP también impone una limitación en el acceso a la cultura y el conocimiento al establecer la protección de los derechos de autor hasta 70 años después de su muerte (artículo 18.63). Si bien este es el plazo en Chile, el tratado hará imposible cualquier reducción en el futuro. Como señala la ONG Derechos Digitales “Esto se traduce en un beneficio económico directo para Estados Unidos, principal exportador neto de productos y contenidos protegidos por derechos de autor en el mundo, con una fuerte industria de licenciamiento también protegida hasta el exceso.”

Otra consecuencia del TPP es que se recargará el sistema judicial para satisfacer el interés comercial de grandes empresas. Así sucede, al menos, por las disposiciones referidas a la TV privada (cable o señal con pago), al establecer en el capítulo 18.79.1(a) que cada Parte deberá considerar como un delito penal: “(…) la manufactura, ensamblaje, modificación, importación, exportación, venta, arrendamiento o cualquier otro modo de distribución de un dispositivo tangible o intangible o de un sistema si es para realizar o ayudar a descifrar una señal pagada”. O en el punto 2 del mismo artículo, si solo se recibe una señal una señal de satélite codificada portadora de programas.

En el artículo 18.82., en el contexto de la protección de los derechos de autor, cada parte deberá asegurar que existan recursos legales disponibles o limitaciones en relación con los servicios en línea correspondientes a los proveedores de internet, y para sancionar a personas que realicen actividades de almacenamiento de material que se aloje en un sistema o red controlado u operado por o para un Proveedor de Servicios de internet; también para sancionar usuarios que desarrollen la actividad de referir o vincular a usuarios a un sitio en línea mediante el uso de herramientas de búsqueda de información, incluyendo hipervínculos y directorios. Se establece que las leyes deberán disculpar de compensaciones a los proveedores de internet que actúen para proteger los derechos de autor vulnerados. En el punto (3.b) del citado artículo se señala que “Un Proveedor de Servicios de Internet que elimine o inhabilite de buena fe el acceso al material conforme al inciso (a) estará exento de cualquier responsabilidad proveniente de ello” si es que cumple ciertas formalidades.

Lo anterior significa que el proveedor de internet debe actuar “espiando” o a simple denuncia, reemplazando así la función judicial, y cuando se establece que el proveedor debe actuar frente a simple denuncia se hace prevalecer la presunción de culpabilidad, lo que es violatorio de todo tipo de procedimiento civilizado.

Por tanto, este tratado no solo es un tratado comercial y de inversiones, sino también de propiedad intelectual, elaborado de manera de proteger el interés de las poderosas empresas transnacionales.

5. Estamos contra el TPP porque encadena a Chile a una inserción global de servilismo a los EEUU.

Este tratado comercial, de inversiones y de predominio transnacional sobre los elementos de propiedad intelectual, a grandes rasgos supone una alineación geopolítica que perjudica nuestra inserción en nuestros espacios geopolíticos naturales que es en primer lugar el MERCOSUR, así como también con el resto de América Latina.

En segundo lugar, y en un sentido más amplio, produce un alejamiento con los referentes del espacio BRICS (4) acentuando peligrosamente nuestra alineación con la política norteamericana y haciéndonos más dependiente de ella.

Este tipo de geopolítica dificultará futuros acuerdos regionales de Chile en materia de políticas sociales, económicas y culturales, imposibilitando el desarrollo político común de Latinoamérica, y la conformación de un potencial bloque frente a transnacionales y las grandes potencias mundiales.

Por otro lado, tras la crisis global que se detona en 2008, conocida como la crisis subprime, y las crisis recesivas que afectan a varios países europeos, como España, Grecia, Portugal, Irlanda y también Italia, así como la desaceleración del crecimiento chino, se vive un proceso de reestructuración del sistema que pretende salvar la hegemonía de los más poderosos y potentes responsables del orden neoliberal mundial.

En este proceso de salvataje, este tratado cumple un doble rol. De una parte, junto con su homólogo entre EE.UU y la UE, el TT-IP (que ya ha sido rechazado por más de 250.000 berlineses que marcharon en su contra), intenta conformar una nueva élite hegemónica a nivel planetario, que fundada en la propiedad intelectual, comparta con los principales grupos financieros del planeta la hegemonía global. El segundo rol es asegurar la hegemonía norteamericana frente a Rusia y China, buscando además la subordinación estratégica de India y Brasil.

Las condiciones de entrada en vigor del TPP señalan que se deben cumplir todos los trámites de ratificación que exija cada legislación interna de los signatarios, en al menos 6 países, con la condición que representen entre ellos el 85% del PIB de los 12 suscriptores. Si el congreso norteamericano no lo ratifica, aunque los otros 11 países lo hagan, el tratado no entrará en vigencia pues EE.UU por sí sólo representa el 63,4% del PIB de los 12. ¿Es este es el “sentido patriótico” con que negoció la DIRECON? Esto permite darse cuenta de los intereses a los que sirve este tratado.

Más aún, Estados Unidos aprobó el “fast track” para la negociación del TPP, es decir que el Congreso Norteamericano votará sí o no al TPP. Sin embargo, en la legislación que aprobó el fast track se establece que el Presidente de los EE.UU., antes de enviar la carta donde notifica al resto de los miembros que su país ha completado los requisitos legales para la implementación del TPP, deberá certificar que las otras partes han modificado sus legislaciones y/o políticas de manera tal que cumplen con la interpretación que EE.UU. hace de las normas acordadas en el TPP. Es decir, el TPP no entrará en vigencia a menos que EE.UU. apruebe las leyes de los otros países, lo que puede significar el gobierno de EE.UU. mantenga un rol de injerencia en la legislación interna de los estados signatarios mientras se cumplen las condiciones de ratificación, incluyendo demandas que no fueron acordadas durante las rondas de negociación.

Entre otros cuestionamientos, es sabido que Chile está incluido en la “Priority Watch Lists” de EE.UU. por no respetar su interpretación sobre los acuerdos en propiedad intelectual emanados del TLC bilateral, particularmente respecto de la protección a los productos farmacéuticos, resguardo a las medidas de protección tecnológica, de la responsabilidad de los proveedores de internet en relación con la violación de derechos de autor, la implementación de medidas que protejan señales satelitales encriptadas, y la implementación del Convenio UPOV 91. Así, el proceso de certificación estadounidense será la oportunidad en que se obligue a Chile a adoptar su interpretación del TLC, así como la del TPP.

Se configura así un cuadro de consolidación de la subordinación de los intereses nacionales a los del 1% más rico y de agravamiento de las condiciones de vida del 99% más pobre de la población mundial.

6. Rechazamos el TPP porque compromete el desarrollo económico, social y político de Chile.

Cuando el país se debate entre la desconfianza y el rechazo a las formas anquilosadas de la política; cuando en nuestro pueblo crece la sensación de desamparo e indignación frente a la subordinación de la política a los grandes negocios; cuando es fundamental cambiar las cosas para dar un salto democrático y contra las desigualdades, para reconstruir una sociedad tan dañada en sus confianzas como la chilena, con este tratado se privilegian, una vez más, los intereses privados por sobre los de las personas y se debilitan los medios democráticos para decidir sobre su vida.

Ante la precariedad a la que se enfrentan cotidianamente los chilenos en este orden neoliberal, las medidas previstas por este tratado significarán el encarecimiento de los medicamentos, violación de la privacidad de datos personales, obstáculos para la producción alimentaria tradicional, a la vez que restricciones para que el Estado pueda implementar políticas públicas para la protección ambiental, mejorar la salud pública, el régimen laboral o en cualquier otra materia si estas pudieran ser interpretadas como afectación de las ganancias esperadas de las empresas extranjeras. Gravísima resulta la desprotección de derechos fundamentales ya previstos en nuestra legislación y en los convenios internacionales suscritos por Chile.

Este es un tratado que está hecho, en primer término, a la medida de los intereses de las grandes empresas transnacionales, cuyos lobbystas han conseguido que el gobierno de los Estados Unidos obtenga para ellos toda clase de garantías y libertades El responde claramente al diseño estratégico de los EEUU, que intenta sobreponerse a la competencia de las economías emergentes, China en el Pacífico, Brasil en América Latina, Rusia en Europa. Las ventajas para Chile en este alineamiento son más que discutibles siendo China nuestra principal contraparte comercial y Brasil un aliado estratégico en la perspectiva de constituir una alianza latinoamericana de largo plazo.

En segundo lugar responde al interés de las grandes empresas y conglomerados empresariales locales, mientras la sociedad civil permanece ausente de todos sus mecanismos.

En este diseño, queda reforzada la inserción comercial basada en ventajas comparativas estáticas, agroextractivas, tornando estéril un debate nacional acerca del patrón productivo del país y sus efectos distributivos.

El TPP más que desarrollar una economía de mercado, contribuye poderosamente a una corriente de conservadurismo que consolida más una sociedad de mercado pues los diversos ámbitos de la vida, como salud, educación, etcétera se consideran un espacio mercantil. Éste tratado es parte de una estrategia de poner candados al orden existente frente al creciente repudio mundial al status quo.

Resulta evidente que las marginales ganancias comerciales, si existieren, no justifican la vulneración de derechos, la pérdida de soberanía y el compromiso para nuestro desarrollo democrático que el tratado afecta de manera irremediable. No entrar hoy en el TPP carece de costos; en cambio tomar en el futuro la imprescindible decisión de salir no evitará los daños causados. Estas son cadenas que el país no necesita.

Resulta vergonzoso que un acuerdo tan lesivo haya sido firmado por un gobierno que se decía un gobierno de reformas. Ratificarlo significaría subordinar los intereses del 99% de los chilenos a los más poderosos del planeta, un puñado de grandes corporaciones transnacionales.

Por ello CONVERGENCIA DE IZQUIERDAS llama a la ciudadanía y a las fuerzas sociales a defender el interés mayoritario de habitantes de Chile, a movilizarse para evitar la ratificación de este indigno tratado, en particular participar de las convocatorias que realice la agrupación de organizaciones e instituciones CHILE MEJOR SIN TPP. Llamamos a todos los movimientos, organizaciones y partidos políticos preocupados de la soberanía nacional y del bienestar de las grandes mayorías nacionales y populares a rechazar el tratado y a hacer conciencia en la ciudadanía de su real significado y consecuencias. Les pedimos a los parlamentarios votar rechazando este convenio. La historia y las generaciones futuras de habitantes de Chile nos juzgarán.

Por nuestra parte nos comprometemos a insistir en esta patriótica lucha manteniendo la dignidad que nos enseñara el Presidente Salvador Allende frente a esas empresas transnacionales, tan notablemente diferente de la conducta genuflexiva exhibida por este gobierno, cuando en la ONU en 1972, visionariamente entrego un mensaje que hoy adquiere más vigencia que nunca:

“Estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones transnacionales y los Estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales -políticas, económicas y militares- por organizaciones globales que no dependen de ningún estado y que no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada. Las grandes empresas transnacionales no solo atentan contra los intereses genuinos de los países en desarrollo sino que su acción avasalladora e incontrolada se da también en los países industrializados donde se asientan”.

CONVERGENCIA DE IZQUIERDAS / Febrero de 2016

(1) "Cuando la injusticia es negocio". Pia Eberhardt y Cecilia Olivet. Corporate Europe Observatory y Transnational Institute. Bruselas / Amsterdam, noviembre de 2012

(2) El Mercurio, 26.11.2015 http://www.elmercurio.com//Inversiones/Noticias/Fondos-Mutuos/2015/11/26/Stiglitz-instaa-Chile-a-rechazar-TPP-corporaciones-tendran-un-poder-incontrolable.aspx?platform=hootsuite

(3) “Impacto económico y sanitario de la extensión de la protección de datos de productos farmacéuticos biológicos, contenida en el TPP”. Subsecretaría de Salud Pública. Ministerio de Salud.

(4) Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica

El Estado y su guerra en contra de la juventud en lucha Ley corta de Seguridad Ciudadana: La nueva letra del fascismo

 



"El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen confiables y el asesinato, respetable”

George Orwell

El chileno Luis García-Huidobro, ex sacerdote jesuita quien fuera miembro de la congregación que comanda la Iglesia Católica a través del Papa Francisco, resumió la llamada ‘Ley corta de seguridad ciudadana’ o ‘control preventivo de identidad’, con claridad de mediodía: “Para los que no saben lo que es el control preventivo de identidad, les cuento que por acuerdo entre la Derecha, la DC y el PPD, usted podrá ir caminando por un lugar público y un carabinero podrá pedirle su carnet y llevarlo amablemente a una comisaría, y retenerlo por un máximo de cuatro horas (o una hora, si es menor de edad), para verificar sus antecedentes. ¿El criterio? El ‘instinto’, la ‘intuición’, el olfato, o el mero aburrimiento de un paco (carabinero), ya que no se requiere indicio alguno de que usted ande en algo delictivo, como lo exigía la norma anterior”.

Antes del fin del primer mes de 2016, los congresistas de la Comisión de Constitución del Senado, sin preguntarle a nadie, aprobaron el texto legal antisocial, y que vulnera las libertades individuales y colectivas fundamentales. A favor: Alberto Espina (RN), Felipe Harboe (PPD), Hernán Larraín (UDI) y Pedro Araya (‘independiente’ pro DC), con el voto contrario de Alfonso de Urresti (PS).

¿Pero cuál es el proyecto que en marzo del año en curso se votará en el parlamento?

“En cumplimiento de las funciones de resguardo del orden y la seguridad pública, y sin perjuicio de lo señalado en el artículo 85 y 86 (última revisión) del Código Procesal Penal, los funcionarios policiales señalados en el artículo 83 del mismo Código Procesal Penal podrán controlar la identidad de cualquier persona mayor de 14 años en vías y otros lugares públicos y en lugares privados de acceso al público en que se encontrare, por cualquier medio de identificación expedido por la autoridad pública, tales como cédula de identidad, licencia de conducir, pasaporte o la tarjeta nacional estudiantil. El funcionario policial deberá otorgar a la persona las facilidades para identificarse pudiendo utilizar todos los medios tecnológicos idóneos para tal efecto. En caso de duda de si la persona es mayor o menor de 14 años, deberá siempre entenderse que es menor”.

Como en la tiranía cívico-militar, las y los más jóvenes, los más empobrecidos, los más morenos, los migrantes, los más excluidos, los ‘potenciales desobedientes’ respecto del actual orden de cosas, quedan a merced de las súper facultades represivas de carabineros.

La región alienada de la sociedad chilena reproduce en su seno el racismo, las relaciones de clase, de poder, y la jerarquización estamental de las Fuerzas Armadas que puertas adentro operan de manera condensada. Históricamente, el brazo armado monopólico y legal del Estado de Chile, como en todo el mundo periférico donde existen naciones-Estado (en especial en América Latina, África y Asia), hace “sus glorias” en contra de sus propios pueblos. Las matanzas en Chile de comunidades indígenas y mestizas en resistencia se suceden en todo su devenir, bajo el recetario eurocéntrico y norteamericano del “progreso”, la “modernidad” y la propiedad privada. El golpe de Estado de 1973 fue solamente uno de sus episodios más cruentos.

(El racismo también es la ideología necesaria del colonialismo para hacerse del trabajo esclavo y de las materias primas provenientes de los pueblos y territorios sometidos. En el mismo sentido funciona la concepción autoproclamada de “pueblo elegido”, credo justificatorio para la fase imperialista del proceso de expansión y anexionismo capitalista, que en la actualidad presenta la forma de disputa por los mercados del mundo. Tal disputa adquiere, por ejemplo, las maneras de la “integración conflictiva” entre el Estado chino y el estadounidense.)

¿Tienen que ver estos versos con la eventual reposición de la “detención por sospecha” a menores de edad en Chile? Por supuesto. Pero es preciso hacerse de los elementos básicos que caracterizan la época.

Aspectos básicos que ilustran la época

Hoy en el mundo sólo existe el sistema capitalista, los combates interimperialistas e intercapitalistas, y el fetichismo de la mercancía, del dinero (mercancía de las mercancías) y de las marcas. La lucha de clases se expresa multidimensionalmente, pero aún no cobra la densidad y fuerza suficientes para enfrentar con posibilidades de éxito en el corto plazo a un modo de producción basado en la apropiación privada del excedente socialmente producido.

Desde mediados de los 70 del siglo XX, bajo la tutela del imperialismo norteamericano y británico, y para sortear una de las más grandes crisis capitalistas de su historia, arrancó la financiarización mundial. Ello significa que el capital, con el objetivo de contrarrestar la probada tendencia de la caída de la tasa media de ganancia (causa de sus crisis de sobreproducción o ‘subconsumo’), se refugia en la hegemonía del momento financiero, especulativo y ficticio, sobre la totalidad de la reproducción capitalista. Al mismo tiempo, el capital financiero funciona como mando de controles de los momentos de la producción, el intercambio, la distribución y el consumo. En consecuencia, no sólo se mundializa y concentra el capital financiero, sino que también el comercio, se deslocaliza la producción, se estandariza el consumo y se incrementan las desigualdades en el plano de la distribución de los ingresos. Complementaria y estratégicamente, se revela e intensifica el carácter incesante de la acumulación originaria mediante la expoliación de las materias primas y la apropiación privada de los ahorros jubilatorios del pueblo trabajador. En el mismo sentido, el armamentismo, los paraísos fiscales, el narcotráfico, la trata de personas y la prostitución infantil, comportan industrias clave. Así, se provoca una reorganización de la división internacional del trabajo que, con el tiempo, supera la estereotipada contradicción Norte dominante / Sur dominado, sin por ello dejar de acentuarse las relaciones de subordinación entre los polos centrales de la concentración capitalista, por un costado, y la inmensa mayoría de las economías periféricas, por otro.

Las formas del imperialismo, del colonialismo, del semi-colonialismo y del desarrollo desigual y combinado (superposiciones sincrónicas de distintos modos de producción, con hegemonía capitalista) no sólo siguen operando en el control territorial de los pueblos (tanto mestizos, como indígenas), sino que se manifiestan en la guerra intercapitalista de la disputa de los mercados. Al respecto, no existen mejores ejemplos que las batallas entre las multinacionales asentadas sobre el Estado norteamericano, chino, alemán, y sus respectivos aliados, como el norteamericano Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, TPP, y el Tratado de Comercio e Inversión con la Unión Europea, TTPI, por un lado, y su versión china, el Acuerdo de Integración Económica de todos los miembros del Foro de Cooperación Asia- Pacífico, APEC, por otro.

Como la política es la economía concentrada, y la guerra es la prosecución de la política por otros medios, desde Ucrania, pasando por regiones africanas, hasta y sobre todo en Medio Oriente, se advierten con mayor claridad las maneras de una guerra por mercados y materias primas entre los capitales dominantes. Por el momento, semejantes territorios en disputa y de alta concentración conflictiva y fábricas de muerte y migraciones feroces, no han escalado a una nueva conflagración mundial debido a las consecuencias definitivas que comportaría.

En la presente fase capitalista, el carácter de la destrucción de la biodiversidad devenida del extractivismo, descubre los límites del productivismo desarrollista. Esto es, el movimiento interno del capital jaquea su propio porvenir, al menos, de la manera en que se ha desenvuelto hasta ahora. Pero sólo lo jaquea. Su caída nunca será posible sin las fuerzas sociales oprimidas y necesariamente organizadas que se resuelvan en poder alternativo a la minoría condensada que provisoriamente domina.

Asimismo, junto a su deslocalización, el capital recurre a la sobreexplotación del trabajo asalariado. Sus formas predominantes corresponden a la flexibilidad y polifuncionalidad laboral, precaviéndose mediante las leyes y los bancos centrales de la hiperinflación (de hecho, en los capitalismos mandarines, viene provocándose un fenómeno de deflación). Así también se vive la ampliación de la cantidad de las y los propios asalariados, independientemente de la informalidad laboral creciente y de su evidente desplazamiento de la zona económica productiva a la de servicios. Dos razones fuertes explican esas políticas: la extracción de superior plusvalía para intentar recuperar la rentabilidad del capital, y evitar tasas de desempleo mayores, gatillantes históricos de los levantamientos populares y de la inestabilidad sistémica.

Como condición de lo anterior, la producción del sentido común hegemónico, del consenso, del miedo, de la resignación, de la alienación y de la mansedumbre, jamás antes en la historia habían cobrado tanta eficiencia, desde las escuelas hasta las multimedia, pasando por el empleo de clase de la producción de conocimientos ligados a la industria armamentista, la neurociencia, la genética, la nanotecnología, la inteligencia artificial y la robótica, la lingüística y la informática. Por eso la guerra de ideas -que para quienes buscan cambiar la vida es una práctica pedagógica, agitación y propaganda ampliada y necesariamente acorde (y no extraña, críptica y distante) a las maneras y subjetividades del siglo XXI- resulta imprescindible a la hora de imponerse el desafío de socavar el consenso y la aprobación de la población respecto del actual orden de cosas. Ello es condición obligada para colaborar con las crisis internas del propio capitalismo, únicas posibilidades históricas de éxito para los proyectos post-capitalistas liberadores y las vanguardias populares. Y Pueblo es quien conoce y lucha por sus intereses históricos, el resto es población.

En la actualidad habitamos una recesión y crisis política mundial. La baja en las inversiones productivas y en la propia productividad, el permanente apalancamiento de los Estados al capital financiero, la caída vertiginosa del precio de las materias primas debido a la contracción de la demanda china y la nueva crisis de los precios del petróleo; el aumento sideral del endeudamiento público y privado, grande y doméstico; las alianzas y fusiones estratégicas entre mega holding multinacionales; las colusiones empresariales y deslegitimación estructural de los sistemas de partidos políticos tradicionales; la supremacía de las transnacionales sobre las democracias burguesas; el despeñadero de los ‘progresismos’ (desde Grecia hasta Venezuela); la guerra en contra de pueblos originarios (desde Palestina, el Kurdistán, el Sahara Occidental, hasta el pueblo Mapuche); son algunas de sus expresiones más notables.

La burguesía precavida

Sin atender los contenidos del apartado anterior, resulta imposible comprender el contexto dentro del cual el bloque dominante específicamente chileno adopta sus precauciones, hijas de su aprendizaje histórico.

Siempre desde dentro del orden de la institucionalidad burguesa y su interna tensión liberal-conservadora, por donde se le mire, la iniciativa legal sobre “Seguridad Ciudadana” viola la presunción de inocencia, transgrede la Declaración de los Derechos del Niño aprobada el 20 de noviembre de 1959 de manera unánime por la Organización de Naciones Unidas, y reinstala violentamente la ‘represión precautoria’ o la ‘criminalización por sospecha’ en contra de los menores de edad y la juventud. De este modo, en Chile se consagra la máxima de la barbarie dictada por arriba, por hombres blancos y muchos de ellos enriquecidos ilícitamente. A saber, ‘mátenlos antes de que se reproduzcan’.

¿Cómo se revela la vena fascista que hay tras el proyecto de ley, según datos objetivos conocidos en todo el planeta, pero bien silenciados por los contados dueños de los medios de comunicación masivos locales? Publicado por la propia CNN, la conocida cadena mediática norteamericana, el Índice de Paz Global (http://www.datosmacro.com/demografia/indice-paz-global) informa que “Chile ocupa el primer lugar en la región con el puesto 29 entre los países más pacíficos, el segundo mejor del hemisferio occidental después de Canadá (que tiene el séptimo puesto global) (…) y Estados Unidos está en el puesto 94” de un total de 194 naciones. ¡Chile es el país más pacífico de América Latina y uno de los más seguros del planeta!

¿Por qué entonces en Chile se invoca la ‘inseguridad ciudadana’, ‘la delincuencia desbocada’, y otras bravuconadas semejantes a la hora de legislar por arriba, cuando las cifras imparciales dicen todo lo contrario? ¿A quién le conviene que se destaquen mayores poderes, presupuesto y recursos a carabineros y a las áreas de seguridad pública en vez que a la sociedad civil y a los derechos sociales?

Una vez más el Estado subsidiario, aval, dador de sangre y herramienta del gran capital transnacional, combinado y nativo, distrae ingentes medios en políticas que anticipan aquello que la gente de a pie desconoce, pero que los intelectuales orgánicos de los pocos que mandan saben de sobra. La crisis mundial efectivamente se ha instalado en Chile, como no podía ser de otro modo, y presenta sus manifestaciones más claras en el aumento real de la cesantía y el empleo informal y a cuenta propia. Pero el poder logra anticipar que incluso el trabajo-basura tiene sus límites. Ello provoca automáticamente una batería de medidas que, al igual que en la forma de régimen militar que adoptó la dictadura del capital entre 1973 y 1990, legitiman la represión de acuerdo va cobrando mayor densidad la lucha de clases. Hoy Chile está en el lugar 29 de la ‘paz social’ requerida por la inversión. Pero proyectando mejor que muchas izquierdas del país, la inteligencia capitalista aplica la dialéctica para blindarse ante un panorama próximo cuyos efectos sociales y políticos atentarán en contra de sus intereses objetivos. La Ley de Seguridad Ciudadana cobra su sentido estratégico en ese marco.

La costilla liberal del sistema contra el proyecto legal conservador

Por otra parte, ya muchas personas, personalidades e instituciones del mismo orden que lo sostiene, sin embargo, se han manifestado contrarias a la reposición de la dictatorial ‘detención por sospecha’.

Los jueces de la Corte Suprema (que no son precisamente miembros de una agrupación revolucionaria) indican que resulta problemática la reforma al artículo 127 del Código Procesal Penal, sobre la detención judicial. Postulan que "el proyecto, luego de establecer como facultad policial el registro de vestimentas en toda detención judicial, autoriza al juez como razón suficiente para decretar una detención el hecho de que el Ministerio Público considere que una determinada persona cometió un delito al que la ley tiene asignada una pena de crimen" (…) "Es decir, autoriza una medida cautelar, sin ninguna consideración a algún peligro real y calificado de alguna clase, sino sólo sobre la base de la gravedad de una determinada imputación", añaden. Dicen que la medida "contraría toda la lógica de la concesión de las medidas cautelares y constituye un retroceso mayúsculo desde la perspectiva del principio de inocencia: nadie debería poder ser detenido sin antecedentes especiales y, exclusivamente, sobre la base de una denuncia o imputación". Los jueces acentúan que "la detención, así como la prisión preventiva, no constituyen antejuicios. Ellas son medidas extraordinarias, cautelares de los fines internos del procedimiento" (…) "En este sentido, la afirmación de la probabilidad de autoría o participación en un imputado es un antecedente necesario, pero en ninguna medida suficiente para decretarlas, y esto es una consideración esencial de nuestro sistema, que no puede pasarse por alto".

La misma Corte Suprema declaró en septiembre del 2015, que las cifras en que se funda el proyecto son cuestionables. Aclaró que se incrementará la persecución contra delitos no violentos –y no contra los violentos, como explicita el proyecto–, criticando que delitos contra la propiedad sean más gravemente sancionados que “incluso, algunos delitos contra la vida, la probidad funcionaria, la integridad física o la libertad sexual”, y acomete contra la ampliación del control de identidad, señalando que “otorga mayores espacios de discrecionalidad a Carabineros, disminuyendo las facultades de control que poseen los tribunales”.

O sea, que la ‘justicia instintiva’ de carabineros podría estar sobre el propio Poder Judicial, uno de los pilares del Estado burgués en su actual forma democrático-representativa. He aquí una reyerta interinstitucional propia de las contradicciones de las autoridades sistémicas.

En el mismo sentido, abogados penalistas y el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, indicaron sus reparos al proyecto por su “afectación a los derechos fundamentales de las personas”. Y, ojo, que el ala liberal del capital también toma posiciones cuando cuestionan la pertinencia de una agenda corta para enfrentar un problema tan complejo como la delincuencia, además de poner el acento en que “dicha tendencia sólo profundiza el problema de fondo, cual es la desigualdad. (…) estas nuevas facultades no sólo son inconvenientes y riesgosas, sino que son también innecesarias. Con los mecanismos actualmente disponibles, Carabineros realizó más de dos millones de controles de similar naturaleza durante el año pasado. Ello conduce necesariamente a la conclusión de que lo que debiera discutirse con urgencia no son nuevas atribuciones policiales, sino la eficiencia y eficacia con que se utilizan las que actualmente disponen”.

El ala conservadora reprime precautoriamente, mientras que el ala liberal apuesta a ceder modificaciones no estructurales con el fin de no precipitar antes de tiempo la intensificación de la conflictividad social (¿contradicciones secundarias como los republicanos y demócratas del sistema político norteamericano?)

Asimismo, Lorena Fries, directora del INDH-Instituto Nacional de Derechos Humanos-, escribió en una columna del diario La Tercera que “La seguridad de los ciudadanos es un derecho fundamental y es exigible que el Estado nos proteja de la delincuencia, pero ello no puede hacerse afectando gravemente otros derechos y libertades. Tampoco es sostenible que siga sin atenderse la causa de fondo que en Chile y otros países está en la base del problema, cual es el evidente agravamiento de nuestra desigualdad”.

Por su lado, Amerigo Incalcaterra, representante de La Oficina para América del Sur del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), apuntó que “La disposición vulnera conceptos ampliamente adoptados por la comunidad internacional, tales como la presunción de inocencia y el principio de legalidad, al otorgar facultades desproporcionadas y arbitrarias a la policía”, agregando que “Nos preocupa que las autoridades chilenas no estén tomando en cuenta la normativa y los estándares internacionales en la materia durante la discusión del proyecto”. Incalcaterra recordó que tras una visita a Chile, en septiembre de 2015, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos a la Libertad de Reunión Pacífica y de Asociación, Maina Kiai, advirtió en un documento de análisis que tales disposiciones en materia de control de identidad limitan derechos garantizados en tratados internacionales ratificados por el país. “También, es paradójico que la discusión legislativa no esté considerando las advertencias de actores nacionales claves, entre ellos la propia Corte Suprema de Chile, que en un informe de septiembre de 2015 criticó los aspectos discrecionales de la medida, refiriéndose al control de identidad preventivo como ‘difícilmente aceptable’ en un Estado de Derecho”, terminó.

¿Qué viene después? ¿Qué las y los muchachos se acuartelen en sus casas, el miedo se vuelva peste, se les obligue a cortarse el pelo ‘a lo mero macho’, las chicas usen pantalones y los chicos anden uniformados? ¿Qué se multipliquen los asesinatos de menores mapuche por carabineros, como Edmundo Alex Lemun Saavedra (17 años) o José Huenante Huenante (16 años)?

¿Quién ganará, al menos en el papel, este nuevo episodio de fascistización de la sociedad chilena? ¿Liberales o conservadores?

Mientras tanto, la conciencia práctica y concentrada de los intereses históricos del pueblo trabajador y de las y los oprimidos no termina de reunir los brotes de movimiento popular aún descoyuntado, cuando, a vuelo de pájaro y junto al combate en contra de la alienación, es la misión inmediata de la emancipación anticapitalista y antifascista (dos momentos de un mismo movimiento).

Malestar en Argentina: Obama visita el país para el aniversario del golpe de estado de 1976

por Dr. Martín Almada (Paraguay)

Asunción,   22 de febrero de 2016 

A  la atención del señor Barak Obama.

Presidente de los Estados Unidos de Norte América.

Premio Nobel de  la Paz.

La Casa Blanca.
Washington.

Señor Presidente,

A través de los medios de comunicación ha llegado a nuestro conocimiento el anuncio de su próxima visita oficial a la Argentina, los días 23 y 24 de marzo. La coincidencia de la visita con el aniversario del golpe de Estado que instauró, el 24 de marzo de 1976, una terrible dictadura militar apoyada por los EEUU dentro del marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, ha producido un profundo malestar, en especial entre las asociaciones de Derechos Humanos que vienen desarrollando acciones públicas orientadas a que NUNCA MÁS los militares argentinos apunten sus armas contra el pueblo. Armas financiadas, hay que recordar, con el presupuesto nacional.

También a propósito de esta visita, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, pidió públicamente que no coincidiera con el aniversario del inicio de la dictadura militar, pues dicha coincidencia produce en el pueblo argentino una sensación de rechazo basada, entre otras cosas, en la colaboración que hubo  entre  los militares golpistas y el gobierno de los EEUU. La visita, en esta fecha, tampoco será grata a las familias de los sobrevivientes argentinos de la OPERACIÓN CÓNDOR, operativo que planificó y ejecutó la detención ilegal, tortura y desaparición física del pensamiento ilustrado de nuestra región. La OPERACIÓN CÓNDOR significó una auténtica “bomba atómica” sobre el Cono Sur de América Latina. El entonces Secretario de Estado, Henry Kissinger, también sorprendentemente Premio Nobel de la Paz, ordenó su lanzamiento con el terrible resultado de más de 100.000 víctimas mortales, en su gran mayoría líderes sociales, sindicalistas, periodistas, estudiantes, artistas, escritores, médicos, abogados, defensores de los derechos humanos, militares constitucionalistas, sacerdotes de la Teología de la Liberación, etc. Todos ellos fueron  eliminados con gran crueldad.

También hemos tenido conocimiento de la visita al Paraguay, el 23 de febrero, del Tte. General Joseph P. Disalvo, subcomandante del Comando Sur, a Asunción, el 23 de febrero para tratar del crimen organizado trasnacional, asistencia humanitaria, Derechos Humanos, etc. Una visita con una extensa agenda curiosamente sin ninguna participación popular, especialmente de las organizaciones que luchan por la justicia social, el respeto de los Derechos Humanos, la memoria de la dictadura, etc.

A propósito de esta sorpresiva visita, desearíamos compartir con el Tte. General Disalvo, en el marco de su misión de “ASISTENCIA HUMANITARIA”, dos temas pendientes para nosotros muy importantes.

El primero esclarecer lo que pasó en Curuguaty, donde se produjo una masacre de campesinos y de oficiales de policía, que sospechamos fueron víctimas del crimen organizado internacional, y que costó la caída del gobierno constitucional del presidente Fernando Lugo, el 22 de junio de 2012.

El segundo tema que quisiéramos abordar es la cuestión de los Derechos Humanos, de su alcance y aplicación ante situaciones extraordinarias como las que han sucedido en nuestro país como consecuencia de las inundaciones. Desde el año 2015 se produjo, como consecuencia del cambio climático, un acelerado avance de las aguas de los ríos Paraguay y Paraná que obligaron a las poblaciones costeñas a abandonar sus miserables viviendas creando unas situaciones dramáticas a las que hay que poner remedio. Con este propósito solicitamos al subcomandante del Comando Sur interponer sus buenos oficios ante el gobierno paraguayo para que los bienes mal habidos del dictador Alfredo Stroessner, familia, cómplices y encubridores, sean destinados como refugio forzoso de los pobres afectados por las inundaciones. La lista de esos bienes mal habidos se encuentra en el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia, presidida por Monseñor Melanio Medina (2004/2008) y creada por la Ley 2225/03, tomo IV, páginas 131-204.

Por todo ello, señor Presidente, le proponemos que por estas mismas fechas visite también  Paraguay, siendo el primer presidente norteamericano que lo hace, y donde además de la agenda oficial podrá visitar el ”ARCHIVO DEL TERROR” de la OPERACIÓN CÓNDOR, en la planta baja del Palacio de Justicia. En este archivo se encuentran más de 700.000 folios escritos por los propios represores y más de un millón de imágenes, todo ello fruto de 15 años de investigaciones y declarado por la UNESCO, “MEMÓRIA DEL MUNDO”. Tuve el honor de descubrir estos archivos, con intervención judicial, el 22 de diciembre de 1992 , después de investigar con muchas dificultades:

a) Como murió realmente mi esposa, pues estando yo en las cárceles de Stroessner se me comunicó que se había suicidado.

b) Porqué militares extranjeros (argentinos, brasileños, bolivianos, chilenos, uruguayos y paraguayos) me torturaron, en mi país, el 26 de noviembre de 1974, acusándome de “terrorista intelectual”.

Podrá usted visitar también el MUSEO DE LAS MEMÓRIAS, ubicado en lo que durante la dictadura fue la famosa TÉCNICA, un centro de tortura creado y equipado en 1956 por el coronel norteamericano Robert K. Thierry, y que funcionó hasta diciembre de 1992. Allí podrá usted contemplar un centro móvil de tortura instalado en un vehículo marca Chevrolet de la GM, conocida como la “Caperucita Roja” y donde sufrí mi primer tormento.

Sus conocidas proclamas en defensa de los Derechos Humanos alimentan nuestra esperanza de que tendrá en cuenta nuestras consideraciones, y, en la medida de lo posible, aceptará nuestra cordial invitación a visitar Paraguay.

Reciba, Señor Presidente, el testimonio de nuestra más alta y distinguida consideración.

MARTIN ALMADA

PREMIO NOBEL ALTERNATIVO y MIEMBRO DEL COMITÉ EJECUTIVO DE LA ASOCIACION AMERICANA DE JURISTAS (AAJ)

Despidos de mas de la mitad del personal de la Unidad de Información Financiera Otra buena noticia para los bancos

 

Página 12



Las funciones de la UIF fueron reducidas por el Gobierno y dejó de ser el organismo principal en las políticas de prevención y persecución de delitos financieros, como el lavado de dinero. Despidos con acoso sobre los trabajadores.

El gobierno de Mauricio Macri despidió ayer a 60 trabajadores de distintos departamentos de la Unidad de Información Financiera (UIF), organismo encargado de controlar el lavado de activos, y se adelantó que llegarán a ser 100 para esa dependencia, la mitad de su personal. Los despidos completan el círculo de desmantelamiento de áreas y dependencias estratégicas en la supervisión y control del sistema financiero. El primer desguace había sido en el Banco Central, donde se desintegraron y se descabezaron los sectores de supervisión y seguimiento de la banca. Junto a los cambios realizados en las últimas semanas en sus funciones y la reducción de la planta de técnicos, el Gobierno le quitó a la UIF el lugar de órgano central en las políticas de prevención y persecución de delitos financieros.

La metodología para comunicar a los trabajadores de los despidos fue la misma que la utilizada con otras dependencias: se impidió el acceso al organismo, se publicaron listas con nombre y foto de los cesanteados en la puerta y se argumentó la necesidad de prescindir de sus servicios sin mayores explicaciones. Algunos ex empleados fueron seguidos y filmados o fotografiados durante varias cuadras después de que abandonaban la sede de la entidad. Página/12 se comunicó con Alexia Sagemuller, coordinadora de la UIF, quien luego de agradecer el llamado de este medio para conocer la posición oficial de la entidad, sólo se limitó a decir que por la naturaleza de la información, el organismo no hará comentarios.

Desmantelamiento

La devastación de la UIF se inició luego de que el ex titular de la entidad, José Sbattella, fuera obligado a renunciar al cargo. Desde entonces se inició el desguace que culminó ayer con más de medio centenar de despedidos. En su reemplazo, el gobierno de Macri postuló y luego designó por decreto a Mariano Federico y a María Eugenia Talerico como presidente y vicepresidenta del organismo. Federico proviene de la Fundación de Félix Marteau. Este último tiene también un estudio que patrocina varias defensas por causas de lavado iniciadas por la UIF, entre las que se encuentran las de HSBC y Masventas. Por su parte, Talerico era abogada del HSBC en al menos tres causas ante la Corte Suprema iniciadas por la UIF.

El segundo paso fue el traspaso, mediante un decreto del 12 de enero último, de la coordinación del organismo ante los distintos organismos internacionales, como el GAFI, Gafilat y Lavex-Cicad-OEA al Ministerio de Justicia. Esto implica que el ministerio tiene representación frente a estos organismos internacionales. En el traspaso volvieron a dividirse las facultades. El esquema de representación dividida va a en detrimento de la coordinación internacional, según las disposiciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). La centralidad le daba a la UIF facultades esenciales para la generación de información valiosa para las investigaciones. La última modificación antes de los despidos, fue hace quince días cuando la UIF dejó de ser la autoridad coordinadora a nivel nacional, provincial y municipal de operativos de supervisión y control financiero.

El resultado de estos cambios es una UIF debilitada cuyo único propósito quedó reducido a informar al Ministerio de Justicia denuncias vinculadas con el terrorismo y el narcotráfico, mientras que queda en una zona gris el control de los delitos financieros. Las nuevas autoridades habían manifestado su intención de enfocarse en la investigación del financiamiento del terrorismo y del lavado del dinero proveniente del narcotráfico. La anterior gestión había logrado que se trataran los casos de lavado de manera autónoma respecto a delitos precedentes, lo que permitía luchar contra el accionar ilícito de los propios bancos. Con estos cambios, sumados a los efectuados en el Central y la Comisión Nacional de Valores, el Gobierno deja al sistema financiero con escasa supervisión.

Despidos

Los trabajadores fueron anoticiados en la puerta. Al llegar el primer turno de técnicos –los ingresos son en tres franjas horarias: a las 8, 10 y 12– se encontraron que en la puerta habían publicado un listado con los nombres y la foto de quienes habían sido desvinculados de la UIF. Una metodología técnicamente reprochable si lo que se busca, según palabras de la coordinadora consultada, es mantener a resguardo la información sobre los movimientos del personal. Estos técnicos en muchos casos fueron blanco de amenazas en su tarea diaria de supervisión del sistema financiero. Pero en el listado aparecieron 60 nombres que se sumaban a los 5 que habían sido echados el viernes último y a los 40 que seguirían en esa lista, según se adelantó verbalmente en la sede de Cerrito al 200. Personal de Seguridad impedía el acceso y uno por uno fueron pasando para una reunión con el director de Administración o de Jurídicos, dependiendo quién tocara en suerte, ya que se habían dividido el trabajo para poder dar celeridad a este “trámite”.

La argumentación fue la prescindencia de sus servicios. Entre los despidos se destaca el de María Celeste Schiaffino, directora de Asuntos Jurídicos de la UIF, quien se desempeñaba hace más de doce años en el organismo creado en 2001. La abogada no tenía padrinos políticos, pero igual fue desplazada de la Unidad. En su entorno apuntan a que es parte del objetivo de desandar todo lo avanzado en materia de prevención. La firma de Schiaffino se encontraba en dictámenes de causas vinculadas contra el banco HSBC y Clarín.

Otro caso fue el de Nicolás Gómez, técnico del área de sistema y logística de la UIF desde hace cinco años y medio. Luego de ser confirmado su desplazamiento, se lo obligó a retirarse de las instalaciones sin permitirle recoger sus pertenencias privadas de su escritorio, como se hizo con cada uno de los despedidos. Al retirarse del lugar, Gómez fue seguido por un hombre de traje sin corbata durante varias cuadras. Consultada por este diario, Sagemuller contestó: “Por razones de seguridad y por la naturaleza de la información que aquí se maneja, en general, no podemos hablar ni comentar nada sobre éste ni sobre otros temas”.

Sobre el paro de ATE y una breve historia de la “Pato Bullrich Luro Pueyrredón”

 



Se estipula que el segundo semestre del año comenzará con un 18% de aumento en los índices inflacionarios. Lo reconoce el propio diario Clarín. Por otra parte, según un estudio realizado de manera conjunta entre el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra), perteneciente a la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), y el área de Economía y Tecnología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso, sede Argentina), los aumentos de precios implican un retroceso del salario real a partir de septiembre de 2015 de entre el 9,7 y el 12,2 por ciento, con el consiguiente incremento de pobreza e indigencia. De allí que en una columna dominical, publicada en el diario Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-292460-2016-02-14.html), el periodista Horacio Verbitsky –citando dicho informe- haya sostenido que el piso del incremento salarial para recuperar ese poder adquisitivo perdido tendría que estar “en torno del 35 por ciento y no del 20-25 por ciento que pretende Macri”.

Lo cierto es que las cúpulas sindicales (las de la CGT, al menos) se reunieron con el presidente y no solo no plantearon la principal demanda del movimiento obrero argentino hoy (frenar los despidos que se vienen sucediendo) sino que hasta concedieron que podía ser una “buena idea” cerrar las paritarias ahora, con un porcentaje no mayor del 23% y volver a discutir en el segundo semestre, donde –se supone, según la versión oficial del PRO- la situación inflacionaria sería controlada. Lo cierto es que con las últimas paritarias (2015), llegar a fin de año sin perder poder adquisitivo fue prácticamente imposible. Queda para ejercicio imaginativo del lector elucubrar cómo sería este año, si las cosas siguen el curso tal como lo delinearon Don Mauricio junto a “los muchachos de la CGT”.

La Digna Resistencia

Desde el momento mismo en que Mauricio Macri asumió la presidencia, un dilema se abrió al interior del campo popular argentino: ¿resistencia u oposición? Tema que abordaremos en una próxima columna, pero que –de todos modos– no quisiéramos dejar mencionar, al menos en una línea: ante la ofensiva conservadora en marcha (la “Revolución Libertadora con votos”, según la denominó Jorge Falcone), las organizaciones populares comenzaron a esbozar dos líneas de acción, claramente diferenciadas: prepararse para resistir, y volcarse a desarrollar una oposición que pudiera combinar lucha social con disputa parlamentaria, pero “sin sacar los pies del plato”. Es decir, que diera pelea siempre en los límites del sistema, y jerarquizando lo “político-institucional” por sobre otras dinámicas, siempre abiertas al desborde.

De allí que, en jornadas como las de hoy, se ponga de manifiesto un doble desafío: priorizar la unidad en la lucha, la coordinación de acciones o al menos golpear de conjunto, a la vez que dejar en claro las diferencias respecto de los modos de posicionarse frente a la actual coyuntura. Parece un ejercicio esquizo, pero no lo es, ya que la unidad en las calles no tiene por qué evitar la disputa ideológica y política.

Por eso hoy es un día importante para mostrar unidad en las calles (del sindicalismo de base, la izquierda en sus distintas variantes, los movimientos sociales, el movimiento estudiantil, los sectores kirchneristas consecuentes con el ideario “nacional-popular”, los intelectuales críticos) y enfrentar uno de los objetivos centrales de la actual gestión nacional del Estado: instalar el ajuste como algo inevitable, naturalizarlo a nivel de sentido común entre las masas. Esto, por supuesto (como las paritarias), no solo afecta a quienes trabajan en blanco, sino al conjunto de la clase, porque el avance sobre el empleo registrado disciplina a los ocupados y se monta sobre la desocupación para tirar atrás los salarios, dejarlos por detrás de la inflación, flexibilizar las condiciones laborales (aún más) y golear el ingreso de todos quienes de un modo u otro vivimos de nuestros trabajos. Por eso esta lucha por sostener el empleo y subir el piso de las paritarias, es una pelea estratégica del conjunto de la clase laburante.

Ahora, ¿es nuestra la ciudad?

En el medio, entre que la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) convocó a este primer paro nacional contra el macrismo, y hoy, el ministerio de Seguridad de la Nación aprobó el nuevo “Protocolo de Actuación en Manifestaciones Públicas”. Y no solo eso, sino que la ministra Patricia Bullrich largó por Radio La Red las “declaraciones de la semana”: les daremos 5 o 10 minutos, se les pedirá por favor que se retiren por las buenas y que hagan la manifestación en otro lado, dijo. “Si no se van, los sacamos”, sentenció “La Pato Luro Pueyrredón”.

La misma que siendo ministra de Trabajo de la Nación de la Alianza UCR–FREPASO se había puesto al frente de la ofensiva contra los movimientos sociales, de fuerte base territorial, que entonces protagonizaban las luchas populares más intensas. Por aquel ahora lejano 2001, la ex-militante de la tendencia revolucionaria del peronismo, devenida ferviente servidora del modelo neoliberal, denunció a dirigentes piqueteros, argumentando que “se le estaba sacando plata a la gente a cambio de un Plan Trabajar”, aludiendo a los $4 que cada integrante aportaba voluntariamente para sostener los movimientos. Para la ministra, eso era ilegal. Comenzaba, de esta forma, una campaña para limitar el derecho a la organización.

La misma que calificó una de las puebladas en la localidad de General Mosconi, Salta, como un “problema de seguridad” y no una “cuestión social”.

La misma que arremetía con sus bravuconadas desde las páginas del diario La Nación, donde recomendaba “desgastar a los manifestantes”. Esto es, dejarlos con el corte de ruta hasta que la falta de respuestas, ya que tras el paso de los días bajaría la tensión social. “Frente a eso la experiencia indica que los verdaderos afectados por la crisis económica se retiran del piquete y quedan expuestos los activistas. Si éstos no se repliegan, por lo general lo hacen en esas condiciones, entonces sí se actuaría con la fuerza pública” (La Nación, 11 de mayo de 2001).

La misma que responsabilizaba a los movimientos por cualquier “violación a la intimación, bajo advertencia de las sanciones previstas por la ley”, sin desmedro “de las acciones penales por daños y perjuicios que pudieran corresponder por afectar la vida, la seguridad, la salud y la propiedad de la población” (Clarín, 27 de agosto de 2001).

Macri no es De la Rúa, y el PRO no es la Alianza, aunque ya hay quienes denominan la coalición gobernante (donde, vaya sorpresa: ¡otra vez están los radicales!) como La Segunda Alianza. Moyano ya no es el dirigente del Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), esa fracción “rebelde” –aunque burocrática- de la CGT, dispuesta a coordinar acciones de lucha junto a la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA), ahora ya no es la central sino las centrales (La “Autónoma” y la “De los trabajadores”), más allá de los rumores de unificación que circulan como un secreto a voces. Por supuesto, los movimientos sociales ya no tienen la radicalidad de entonces, tras una década larga de recomposición institucional. Pero, como el propio rock nacional canta, “la paciencia de la araña no es eterna”, así que no habría que apresurarse en sacar conclusiones pesimistas.

Como siempre, los clásicos pueden ser inspiración. Así que, a no olvidar el viejo lema lema marxista: “la historia suele tener más imaginación que nosotros”.

Para cerrar, solo afirmar que hoy no solo se juega una pelea sectorial, importante, de los estatales. Ni siquiera un primer paso respecto de la lucha sindical en torno a las paritarias y las posibilidades de poner freno a los despidos: hoy se juega una primera batalla contra el Nuevo Modelo Neoliberal, donde se medirán fuerzas y se sacarán conclusiones para las peleas que se avecinan.