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T r i b u n a c h i l e n a

Del peronismo al chavismo

Del peronismo al chavismo

 

Por Marcelo Colussi 

Dar a conocer estas reflexiones puede traerme más problemas que otra cosa. Más aún en un contexto pre-electoral como el que ahora vive Venezuela. De todos modos las considero imprescindibles. En definitiva, debatir críticamente con altura y honestidad buscando alternativas y soluciones a lo que se entrevé como problema es lo mejor que podemos hacer quienes aportamos desde este siempre mal definido e incómodo papel de la “intelectualidad”. Siendo quizá ampuloso, podría decir que la pretensión aquí presente no es sino la de Martín Fierro: “Y si canto de este modo / por encontrarlo oportuno / no es para mal de ninguno / sino para bien de todos”.

I
La derecha podrá encontrar esto como “muy pro Chávez, muy de izquierda”. Alguien de izquierda lo podrá ver quizá como “reaccionario, haciéndole el juego al imperialismo”. Y un consumado chavista (en Venezuela) o peronista (en Argentina) lo podrá juzgar como “antipopular”. Pero, insisto: esto no pretende ser más que una visión crítica de un fenómeno que, además de despertar esperanzas en todo el campo popular, al mismo tiempo también puede ser peligroso para quienes aún conservan ideales de transformación social. Una vez más, pecando de ampulosos y tomando el título de un trabajo del Ricardo Galíndez, de la organización venezolana Corriente Socialista Revolucionaria - El Topo Obrero, la idea es que “Alguien tiene que decírselo al presidente Chávez”.
Pero, ¿qué tiene que decirle? Que la historia pasa facturas. Expresado de otro modo: hacer la invitación a ver el proceso venezolano en el espejo del peronismo argentino, salvando las distancias del caso, por supuesto, pero conservando las notas definitorias.
Cuenta la historia que alguna vez venía por un camino el vehículo de Lenin, cuando de pronto llega a una bifurcación. El chofer, entonces, le pregunta al camarada presidente para dónde seguir; la respuesta fue inequívoca: “ponga la luz de giro a la izquierda y doble a la izquierda, camarada”. Instantes después llega a la misma bifurcación Ronald Reagan; preguntado por su chofer qué camino tomar, la respuesta fue igualmente contundente: “ponga la luz de giro a la derecha y, por supuesto, doble a la derecha”. Llegado a ese punto Juan Domingo Perón, ante la pregunta del chofer la salida fue “ponga la luz de giro a la izquierda y doble a la derecha”. El chavismo está haciendo eso mismo.
II
El peronismo representó una enorme transformación político-social en la Argentina de mediados del siglo XX. Sin lugar a dudas cambió la fisonomía del país, llevándolo de nación agroexportadora a potencia industrial regional, desarrollando una enorme clase obrera urbana con políticas de beneficio social inobjetables. De hecho, para la visión conservadora de la oligarquía argentina y para Washington, que para ese entonces ya manejaba los hilos de toda Latinoamérica, el peronismo resultaba una piedra en el zapato. Por eso terminaron cortando de cuajo la experiencia con un cruento golpe de Estado que intentó descabezar al movimiento popular y sindical. El exilio de Juan Domingo Perón por décadas no hizo más que engrandecer su figura de líder indiscutido y referente para las grandes masas argentinas, que siguieron siendo “peronistas”, y lo continúan siendo al día de hoy, más de medio siglo después de terminado el proyecto popular de los 40/50, momento de mayor participación de los sectores populares en la apropiación de la riqueza nacional. Hoy, siendo peronistas también, participan cada vez menos del producto nacional; en otros términos: están cada vez más pobres.
Sin ningún lugar a dudas ese movimiento (“Justicialista” en términos oficiales, pero “peronista” en los hechos, asumiendo así que la figura clave en todo ello era la presencia omnímoda del general Perón) dejó huellas indelebles en la historia argentina. Con el peronismo creció la organización popular, la participación sindical, los beneficios a las grandes masas de trabajadores. Pero había límites: el peronismo no fue una propuesta de transformación social de raíz. No tocó nunca -no pretendió hacerlo, por supuesto- la estructura económica de base: no había un proyecto de expropiación de los medios de producción, control obrero de la producción, reforma agraria, construcción de una sociedad socialista. El ideario peronista bien puede resumirse en el ejemplo del vehículo ante la bifurcación: un discurso medianamente popular (o populista), elementos de antiimperialismo, pero jamás una crítica real de la estructura económica de base con propuestas de cambio revolucionario. Utilizando un lenguaje actual podría llamársele una socialdemocracia.
Salido de escena Juan Domingo Perón, sus “herederos” entraron en una disputa interminable. ¿Quién es el verdadero heredero de ese legado peronista? “El pueblo”, como un tanto ampulosamente dijo el mismo Perón en alguna oportunidad, no. Eso no pasa de un discurso efectista, mediático. La capitalización política del enorme potencial que creó el movimiento peronista en varias décadas de dominio de la escena argentina dio lugar a controversias, duras luchas internas -muchas veces dirimidas a balazos- y ninguna participación de las grandes mayorías, a no ser con la emisión de un voto cada cuatro años en el famélico esquema de las democracias representativas. Hay peronismo de izquierda, incluso de vía armada, como fue la organización Montoneros en los años 70 del pasado siglo. También son peronistas grupos abiertamente fascistas, neonazis, profundamente anti-judíos y con un lenguaje anticomunista visceral. Son peronistas las burocracias sindicales de corte mafioso, ligadas a negocios cuestionables, así como también un empresariado nacional modernizante. En nombre del peronismo un personaje como Carlos Menem (“¡Síganme. No los voy a defraudar!” decía en su campaña) introdujo las reformas neoliberales más profundas de la historia Argentina, ahondando de manera monstruosa la destrucción del Estado nacional y llevando al paroxismo el capitalismo salvaje iniciado por la dictadura militar instaurada en 1976. ¿Qué dejó el peronismo entonces? Las últimas administraciones de los esposos Kirchner han sido peronistas, y sin la virulencia explícita de las medidas neoliberales de años atrás, continúan con un proceso de polarización social empobreciendo más a los pobres, enriqueciendo más a los ricos y aceptando sin críticas el papel de monoproductor sojero que los grandes poderes mundiales asignaron al país para los próximos años en su inserción en un mundo global, más allá de mantener un discurso con tinte social. De hecho, la actual presidente peronista Cristina Fernández habla explícitamente de un “capitalismo serio” (¿cuál será el contrario?), mientras el descenso de vida de las grandes mayorías continúa sin parar.
En definitiva, el peronismo fue un muy intenso proceso político-social que abrió expectativas de cambio, pero que por sus límites ideológicos no pudo pasar de ser un huracán que, considerado históricamente, no cambió nada en la estructura de base. Sin dudas que la historia reciente de Argentina no puede entenderse por fuera del peronismo, pero eso en sí mismo no dice mucho en relación a los ideales de transformación. El capitalismo salvaje está ahí, más allá del discurso reformista que pueda alentar.
III
Terminada la experiencia de socialismo soviético y derrumbado el muro de Berlín, para la década de los 90 del pasado siglo se produjo un enorme retroceso en el campo popular a nivel global. Se perdieron conquistas sociales conseguidas con esfuerzo en décadas de lucha, el capital avanzó triunfante sobre los trabajadores, las condiciones de vida de las grandes masas del planeta empeoraron y la globalización financiera fue abriendo un nuevo escenario donde parecía que ya no quedaba lugar para la esperanza de transformación, de un mundo no-capitalista. El descenso en las luchas populares fue enorme. En medio de ese mar de desconcierto y desesperanza apareció un movimiento renovador: la Revolución Bolivariana de Venezuela.
En realidad surgió más como sorpresa para propios y extraños, como rebelión palaciega proviniendo de la casa de gobierno, desde arriba hacia el pueblo, que como genuino proceso popular desde abajo. Pero ello no impidió que rápidamente fuera tomando aceptación masiva, y cuando la derecha -local e internacional- intentó sacarla de en medio, fue justamente la espontánea y masiva movilización de las masas populares la que la defendió a capa y espada. En pocos años el proceso abierto por el presidente Hugo Chávez fue consolidándose como una nueva opción de izquierda. Con un programa de gobierno amplio, difuso, contradictorio en cierta forma, apoyándose en el Che Guevara así como en la Biblia, se comenzó a hablar de socialismo del siglo XXI como una forma de superar los errores del socialismo real, burocrático y autoritario conocido hasta la fecha. Las esperanzas estaban de regreso. El campo popular y la mayor parte de la izquierda del mundo saludaron este movimiento como una buena noticia.
Sin dudas, igual que el peronismo en su momento, las mejoras sociales se dejaron sentir rápidamente. Sin plantearse como un proyecto de transformación revolucionaria -el socialismo del siglo XXI sabe lo que no quiere ser, pero no tiene un programa concreto que lo defina- fueron apareciendo beneficios para la población que llevaron el proceso bolivariano a una aceptación muy grande, con alrededor de un 60% de la población venezolana siguiéndolo con pasión. Esos beneficios eran, en realidad, el resultado de una más justa repartición de la histórica renta petrolera del país. Todo el proceso comenzó a girar en torno a la figura cada vez más omnipresente de Chávez.
14 años después de iniciada la Revolución Bolivariana, el proceso en curso abre muchos interrogantes. En realidad no hay un ideario socialista genuino, ni del siglo XXI ni de ningún tipo. Es cierto que se han dado importantes mejoras en las condiciones de vida de la gran masa de venezolanos, pero siempre desde una óptica socialdemocrática y reformista. La propiedad privada de los grandes grupos de poder, nacionales y multinacionales, no se ha tocado, ni nada indica que se vaya a tocar. No ha habido proceso de reforma agraria. El capital financiero hace sus negocios tranquilamente, y luego de unos años de relativa bonanza para las mayorías populares, las condiciones generales de vida no siguen mejorando porque la acumulación capitalista las frena. En forma creciente la participación de los sectores más desposeídos en la renta nacional baja, en tanto los sectores económicamente más poderosos, en cuenta el sector financiero, se tornan más beneficiados. La producción nacional no se ha diversificado, siendo excesivamente grande la dependencia de las importaciones (70% de los alimentos, por ejemplo). Se llegó a hablar, incluso, de “socialismo petrolero”. Sabiendo que los procesos de transformación del Estado en una revolución socialista nunca son fáciles (el siglo XX dio varios y ricos ejemplos), en Venezuela, después de 14 años, no hay una clara ideología socialista que vaya barriendo con los vicios y prácticas culturales del capitalismo. Por el contrario, la corrupción y el autoritarismo siguen estando a la orden del día. En muy buena medida el Estado petrolero sigue siendo un botín para sectores que, amparados en un discurso chavista vacío, no se dedican sino a hacer negocio.
Todo el proceso depende exclusivamente de la figura del comandante, lo cual es una debilidad tremenda. No hay opciones de recambio; no se ha construido un verdadero y genuino poder popular de base. Si faltara Chávez todo indica -aunque nadie lo reconozca en voz alta- que el proceso muy probablemente se vendría abajo (¿castillo de naipes?). Distinto a lo que sucedió en Cuba, donde salió de escena la figura carismática de Fidel Castro y pese a ello la revolución socialista siguió incólume, en el actual proceso venezolano todo indica que ello no sería así. Quizá en las próximas elecciones vuelva a triunfar Chávez con todo su aparato electoral; pero eso debe abrir importantes cuestionamientos. Siempre “se está yendo hacia el socialismo”, pero parece que nunca se llega. ¿Cuánto faltará? ¿Se llegará alguna vez? Los marcos de la democracia representativa son una camisa de fuerza para transformaciones profundas en la estructura de poder. Más allá que la derecha presente la Revolución Bolivariana como un “demonio comunista”, la realidad indica que, igual que el peronismo en sus mejores momentos, no se va más allá de un planteamiento reformista.
IV
Si bien los momentos históricos del peronismo y del chavismo son distintos, hay muchos factores comunes que pueden permitir vincularlos. En ambos casos todo el proceso político-social-cultural en juego se vertebra en torno a la figura exclusiva del conductor. Sin caer en la simplificada y maniquea visión de la derecha que ve en ellos “autócratas peligrosos”, lo cierto es que esa estructura denota, básicamente, una debilidad estructural. Un proceso político de transformación profunda no puede asentarse sólo en las espaldas de un líder. Eso no es revolución popular. Un líder puede ser importante, imprescindible incluso; en muchos casos la posibilidad de un proceso masivo asienta en la presencia de un conductor que puede llevar la dirección correcta. Ese es un proceso que hay que entender, inclusive, en clave de Psicología Social. Pero la edificación política de una nueva sociedad derrumbando viejos esquemas muestra sus límites cuando todo depende de una única cabeza. Eso es lo más contrario a la idea de revolución socialista. Un genuino pensamiento revolucionario no puede aceptar la idolatría de un mito, el culto a la personalidad. Y, aunque no lo vayan a aceptar nunca sus seguidores, eso es lo que ha sucedido tanto en Argentina como en Venezuela. Es más: en la Venezuela actual con una elección presidencial a la vuelta de la esquina, podría parecer inadecuado decir esto justo en este momento. Pero ¿y la autocrítica? ¿Debemos seguir dejando las cosas importantes en nombre de las urgencias?
La izquierda argentina no estuvo con el peronismo en el momento de su explosión popular en la década del 40-50 del siglo pasado. Por eso mismo fue considerada -al menos desde las filas peronistas- como “antipopular, reaccionaria, gorila”. Esto no quita, por supuesto, el análisis crítico del papel que jugó esa izquierda, que no fue el de promover el avance popular precisamente; en Argentina la izquierda no apoyó nunca al peronismo. Algo distinto sucede en la Venezuela actual: la izquierda, en términos generales, apoyó el surgimiento del movimiento bolivariano y se ha sumado al proceso. Pero, al igual que lo sucedido en la historia del peronismo, al surgir voces críticas al chavismo provenientes de genuinos planteamientos de izquierda, se corre el riesgo de ser consideradas -desde el chavismo, claro está- como reaccionarias y haciendo el juego a la derecha. Y ahí radica un problema mayúsculo. La fuerza pasional de estos movimientos es tan grande que divide las aguas irremediablemente en “seguidores” y “enemigos”. La construcción de alternativas a los modelos sociales vigentes es algo infinitamente más compleja que “amor” u “odio” por el líder. Pero en esas dicotomías sin salida cayeron ambos movimientos: “o están conmigo o están con el imperio”, llegó a decir Chávez. Eso puede ser tan cuestionable (¿peligroso?) como aquel “¡Viva el cáncer!” pintado con odio visceral en alguna pared de Buenos Aires cuando la enfermedad mortal de Eva Duarte.
Sin dudas la movilización masiva de tantas voluntades es algo que inquieta a la derecha, a las posiciones conservadoras, a todo aquel que teme a los pueblos en movimiento. Por eso ambos procesos despertaron inmediatamente grandes temores en las clases dirigentes. Si bien ninguno de ambos -más allá de declaraciones más pirotécnicas que reales: “socialismo nacional” pudo llegar a decir el peronismo, “socialismo del siglo XXI” el chavismo- se planteó como verdadero proceso de transformación radical del modelo social vigente, los dos fueron vistos como potenciales enemigos de clase para los sectores dominantes. Lo curioso es que en los dos se dieron procesos ambiguos, confusos, “perversos” si se lo quiere ver de otro modo (luz de giro para un lado doblando en realidad hacia el otro): con discursos que llaman a la movilización popular, permitieron al mismo tiempo la continuidad del sistema capitalista, y más aún, el surgimiento de empresariados afines: burguesía nacional industrial en Argentina, empresas bolivarianas en Venezuela. Pero más allá de retruécanos y crípticos juegos de palabra, el capitalismo es capitalismo, no importa de qué siglo, y es siempre capitalismo, no importa si “serio” o poco serio. La explotación del trabajo de los verdaderos productores de riqueza, los trabajadores, siguió inalterable.
Buenos, regulares o malos programas de asistencia social pueden ser útiles en algún momento, pero no cambian la situación de base. Y si bien para posiciones conservadoras ver las plazas llena de “cabecitas negras” o “tierrúos” felices y contentos por ser tenidos en cuenta puede producir escozor, lo que cuenta en términos políticos finalmente es el lugar real de esas masas en la estructura socioeconómica. Una cosa es la plaza llena de gente vitoreando al líder (que es lo que pasó en ambos movimientos); otra es el control obrero y campesino de la producción, las asambleas de base, las milicias populares armadas.
V
Ambos procesos, en su momento, significaron grandes posibilidades para iniciar procesos profundos de cambio social. El peronismo, sin dudas, transformó la historia de Argentina. Pero al día de hoy, muchas décadas después de esa explosión popular que barrió la sociedad argentina a mediados del siglo XX, su influencia como fermento transformador es absolutamente inexistente. Se podría preguntar si se perdió una gran oportunidad histórica para cambiar el país y caminar hacia una sociedad más justa. La respuesta no es fácil; en realidad, el movimiento justicialista daba para todo: para desarrollar un empresariado nacional con aspiraciones de potencia regional (Argentina, por décadas, jugó el papel de potencia en Latinoamérica, con una considerable producción industrial), para cobijar grupos pro nazis visceralmente anticomunistas, para alzar planteos de tinte socializante y antiimperialista, para desplegar negocios mafiosos a la sombra de la estructura estatal. Qué habrá tenido en su cabeza Juan Domingo Perón es difícil de decir. Y el solo hecho de plantearlo así ya marca un límite insalvable: ¿acaso todo el proceso político-social en Argentina dependía de lo que pensaba el líder? Los procesos políticos de cambio tienen que incluir a las mayorías como actor efectivo, no sólo para llenar plazas. Confiar ciegamente en un líder no es, precisamente, el fomento de la mejor ética posible.
La Argentina, años después de haberse visto dividida tajantemente entre peronistas y antiperonistas, retrocedió en términos socioeconómicos. De ser la primera economía regional con una producción que representaba el 50% del producto interno bruto de Latinoamérica para la década de los 60 del pasado siglo, hoy es la cuarta economía, viviendo un proceso de pauperización que no para, habiendo perdido la gran mayoría de los logros sociales obtenidos en años de lucha. Y lo más dramático: mucho de ese retroceso se hizo también en el marco de administraciones peronistas. Decir que “eso no era peronismo” es, también, un juego de palabras. ¿Qué fue (o es) el peronismo entonces? El paso a la revolución socialista, al poder popular, a la sustantiva mejora de las condiciones de vida de la población, parece que no. ¿Un partido más que entra en el juego de la democracia representativa? Quizá eso, y no más. Hoy, en el contexto actual de descenso de las luchas populares, de pavorosa presencia neoliberal y achicamiento de los Estados nacionales, podría llegar a decirse que es… “¿lo menos malo?”.
Difícil precisar qué es lo “menos malo”, pero si así fuera (cosa que no aseguramos, por supuesto, y que nos llevaría por otros derroteros igualmente complejos, o quizá más complejos aún), eso no hace más que marcar el retroceso fenomenal que ha tenido el campo popular. ¿Apoyar lo menos malo? Triste, patético, bochornoso. ¿Ese podría ser acaso el programa de acción de un auténtico planteamiento socialista de transformación social? Por supuesto que no.
¿Qué es -y qué podrá terminar siendo- el chavismo? ¿También lo “menos malo” dentro del panorama político de Venezuela? Una vez más: ¡terrible, patético! ¿Cultura de la resignación entonces?
Definitivamente las ideas de cambio social por vía revolucionaria, con el pueblo en la calle movilizado -caso Rusia, China, Cuba o Nicaragua en sus respectivos momentos- hoy parecieran haber salido de escena. A nadie se le ocurre plantearlas. Es más: parecen rémoras de un pasado remoto, lejano, ido para no volver. En todo caso, las izquierdas -en muy buena medida al menos- están dedicadas hoy a las prácticas electorales. Sin quitarles a esa instancia su relativa importancia como un posible frente más de lucha, todo indica que la vía electoral dentro de los estrechos marcos de las democracias formales no lleva muy lejos. Experiencias al respecto sobran. ¿Pretenderá la Revolución Bolivariana cambiar las estructuras de base de esa manera? Si la apuesta es sí, parece que las cosas no van muy viento en popa, pues se pueden ganar elecciones, pero dentro de esos marcos hay límites insalvables para construir alternativas novedosas. “Es una locura hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”, nos enseñó Einstein. Por cierto: no se equivocaba.
En el momento político actual, a muy pocos meses de las elecciones, levantar críticas en relación al proceso venezolano podría entenderse como peligroso, no pertinente. Más aún, no faltará quien diga que eso es “antirrevolucionario, hacerle el juego a la derecha y al imperialismo”. ¡Una traición a la causa! en definitiva. Sería, según cierto criterio al menos, “darle servida a la derecha una posible derrota”. Sin embargo, valen aquí más que nunca las palabras de una genuina revolucionaria como Rosa Luxemburgo cuando decía que una revolución es como una locomotora cuesta arriba: mientras el motor siga funcionando, aunque sea con esfuerzo, avanza. Pero en el momento en que el motor se detiene, irremediablemente comienza a descender. Y la única posibilidad real de seguir construyendo alternativas en un proceso revolucionario es siendo autocrítico, avanzando hacia adelante. El “¡Ordene mi comandante!” no puede servir para esto.
Es probable que el chavismo (que no es lo mismo que la revolución socialista) vuelva a triunfar en octubre. Todo indica que, de hacerlo, se seguirá manteniendo el histórico 60% de adeptos contra el 40% de antichavistas. Saludamos ese posible triunfo, y eso sin dudas mantiene la posibilidad de seguir haciendo avanzar la locomotora. Pero viendo que ese avance es demasiado lento, que no llega nunca, que llega muy mediatizado, con tremendos problemas -no sólo por los ataques reales de una derecha conservadora y profundamente antipopular-, que a 14 años de iniciado el proceso hacia el socialismo no se pasa de declamaciones, en tanto el gran capital sigue haciendo felizmente sus negocios, se hace necesaria una genuina visión autocrítica. ¿Todo depende sólo del ataque del imperialismo?
La Revolución Bolivariana aún puede ser una esperanza para el campo popular, para los venezolanos por supuesto, y para todos los que se quieran/puedan mirar ahí un ejemplo a seguir. Por eso mismo, para rescatar ese espíritu revolucionario que por allí aún puede andar, es necesario no dejar de mirarse en el espejo del peronismo argentino. ¿Para dónde va la revolución en Venezuela: para el poder popular o para las maletas cargadas de dólares pasadas de contrabando? ¿Para dónde camina el proceso: hacia la profundización de ideales socialistas -que no tienen calificativo de siglo: XIX, XX o XXI, no importa- o hacia un “capitalismo serio”? (empresas bolivarianas, boliburguesía). ¿Es realmente esperanzador aceptar la postura de “lo menos malo”? Pensar que los líderes (Perón o Chávez) son los super héroes infalibles y los atrasos en la construcción del paraíso se deben a sus entornos obstaculizantes, corruptos y malignos es, cuanto menos, ingenuo.

 

Si es cierto que la historia debe servir para aprender de ella y no repetir errores, sería muy pertinente mirarse en el espejo del peronismo argentino: mirar la movilización popular que rescató a Juan Domingo Perón en aquel heroico octubre de 1945, similar al ferviente abril de 2002 en Caracas y la movilización que evitó el golpe de Estado, pero no en los políticos “profesionales” que hicieron una acto de fe aquello de “de la casa al trabajo y del trabajo a su casa”. Si el peronismo tuvo algo de revolucionario, fue por el llamado a la movilización de los “descamisados”, por los “cabecitas negras” tomándose las plazas, así como en Venezuela el chavismo significa que el país “ahora es de todos”, por lo que las fuerzas conservadoras tiemblan, porque con eso huelen revolución. Pero cuidado: el peronismo pudo terminar avalando el “capitalismo serio”. ¿En eso terminarán las “empresas bolivarianas”? No dejemos nunca de tener presente el relato con el que empezó este escrito: ¿para dónde ponemos la luz de giro y para dónde giramos realmente?.

Fuente: Argenpress

Cárcel a Pedraza, la patota y todos los responsables

Cárcel a Pedraza, la patota y todos los responsables

 

Por José Rigane (ACTA)

El inicio del juicio oral por el asesinato de Mariano Ferreyra, donde diez civiles y siete policías serán juzgados en Comodoro Py en tanto responsables materiales, intelectuales y logísticos de este crimen político, es una oportunidad importante para que el movimiento obrero y la sociedad en su conjunto discuta, repudie y se movilice para poner fin a las aún vigentes prácticas empresariales de tercerización y precarización laboral.

La tercerización es una estrategia patronal vil y grosera que ha adquirido un carácter estructural con la profundización del ideario neoliberal de los ’90 y que hoy sigue vigente con preocupante presencia en el ámbito privado como así también en el empleo público.

No sólo “baja los costos salariales”, sino que aumenta esas extraordinarias y apabullantes ganancias empresariales que la Presidenta se jacta en propiciar.

También, deteriora los derechos y conquistas históricas de los trabajadores, coloca nuevos “pisos” gremiales y fragmenta al propio movimiento obrero.

Creemos que hay que acabar ya con estas prácticas laborales. Es el propio Estado, el poder político, legislativo y judicial los que deben implementar las medidas necesarias para cambiar esta situación.

Pero bien sabemos que de nosotros depende para que esto suceda. Es en este sentido que resulta necesario que las organizaciones de los trabajadores sean autónomas, que contengan todo nuestro empuje como movimiento obrero y aporten a la movilización popular.

Creemos que se hace necesario retomar la discusión sobre la democracia sindical y quebrar el modelo gremial-empresario-estatal, que junto con las patotas como mano de obra ejecutora, causaron el asesinato del compañero Mariano Ferreyra.

Pedimos prisión perpetua para Pedraza y todos los responsables directos e indirectos, para que no quede impune el asesinato de Mariano Ferreyra.

Basta de trabajo en negro, pase a planta de todos los trabajadores sobreexplotados, flexibilizados y tercerizados.

Justicia por Mariano Ferreyra.

José Rigane es Secretario Adjunto de la CTA; Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA-CTA).

 

El país de la desigualdad invisible

El país de la desigualdad invisible

Por Marianela Jarroud
Es viernes por la mañana y Carlos, ejecutivo de una empresa inmobiliaria de la capital chilena, se levanta sabiendo que, como en toda víspera de fin de semana, trabajará hasta más temprano y luego partirá a la costa del océano Pacífico junto a su esposa y sus tres hijas.

A la misma hora y al otro lado de Santiago, Pablo, tercero de cuatro hijos de una familia campesina ahora afincada en esta ciudad, está desde el amanecer en faenas de carga y descarga de reses en un frigorífico en el que debe cumplir nueve e inamovibles horas diarias. 

Carlos gana en promedio el equivalente a 6.000 dólares por mes, casi 17 veces más que el salario mínimo que percibe Pablo, igual a 364 dólares. 

Ambos son ciudadanos de Chile, un país sudamericano que lleva décadas declarado como el "milagro latinoamericano" por la pujanza de su economía y la reducción de la pobreza, pero donde la brecha entre ricos y pobres sigue siendo una de las más amplias de América Latina, que, a su vez, es la región más desigual del mundo. 

Eso explica por qué el gobierno de Sebastián Piñera celebró las cifras de ingresos de ricos y pobres, publicadas el 24 de julio en la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen)

Los datos sostienen que la diferencia entre lo que perciben los sectores más ricos y más pobres cayó de 46 veces en 2009 a 35 veces en 2011. Si a eso se agregan las ayudas estatales, como bonos y subsidios para los más vulnerables, "esta desigualdad se achica: en 2009 era 25 veces la diferencia, y en 2011 se redujo a 22 veces", dijo el mandatario. 

Así como el dinero está lejos de ser la respuesta única al bienestar humano, la diferencia de salarios no alcanza para explicar la desigualdad. 

Carlos vive en una casa amplia de cinco dormitorios y tres baños en la acomodada comuna de Las Condes, al oriente de Santiago. 

Pablo habita una pequeña vivienda en la comuna de Lo Prado, al poniente de la capital. En dos ambientes construidos y otros dos prefabricados con madera y algunos materiales aislantes se apiñan él, su madre, una hermana menor, su pareja y sus dos hijos, de uno y cuatro años de edad. 

En estos días del invierno austral, la familia se calienta con braseros improvisados, la manera más económica de evitar el frío, pero también peligrosa por los frecuentes incendios que causa. 

El producto interno bruto de Chile creció más de 20 por ciento entre 2006 y 2011; la pobreza afecta a 14,4 por ciento de sus 17 millones de habitantes y la indigencia a 2,8 por ciento, según la Casen, principal instrumento de medición para el diseño y evaluación de la política social del país. 

Pero, a la alegría oficial, se oponen voces calificadas. 

"La Casen ha perdido toda credibilidad respecto de la medición de la pobreza y la desigualdad. Es una encuesta que se maneja con parámetros que no se condicen con el Chile de hoy, por lo que es un ejercicio estadístico en base a ciertos supuestos que en realidad poco dicen de los niveles reales de pobreza y desigualdad que existen", dice a IPS la economista Gloria Maira. 

La línea de indigencia y de pobreza de la Casen se determina por el valor de la Canasta Básica de Alimentos, equivalente a unos 146 dólares, que determina una medición unidimensional, pues no contempla otras necesidades como salud, vivienda, educación o transporte. Además, el sistema de evaluación utiliza patrones de consumo de 1987, desfasados de la realidad actual. 

Si se adoptaran los parámetros de hoy, la pobreza aumentaría considerablemente, un costo político que ningún gobierno quiere asumir. Un "sinceramiento" de esos parámetros dispararía las cifras de pobreza y desigualdad, agrega Maira. 

"Estamos atrapados en los números y tenemos poca mirada en cuanto a calidad de vida", señala a IPS el antropólogo Mauricio Rojas. Hay que considerar las posibilidades de la gente de vivir con dignidad, apunta. 

Antes de llegar a su oficina, Carlos tiene tiempo de llevar a sus hijas al colegio privado, que cobra mensualidades de unos 500 dólares. 

Como trabaja desde tan temprano, Pablo no puede darse el lujo de acompañar a sus hijos a la guardería, controlada por la gubernamental Junta Nacional de Jardines Infantiles, donde los niños y niñas permanecen desde las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde y reciben leche, almuerzo y merienda gratuitos. 

Semejante cobertura de enseñanza suena encomiable. Pero en la educación fragmentada en tres sistemas –uno público descentralizado, uno particular subsidiado y otro privado y pago– está enterrada una de las raíces de la desigualdad chilena

La Constitución no consagra el derecho a la educación, y el sistema de enseñanza se rige por el principio de lucro. Además, ni siquiera las universidades públicas son gratuitas en este país. 

"Donde se refleja la pobreza es en el acceso a la educación, la salud, la previsión, que deberían ser los roles esenciales del Estado", explica Rojas. 

Carlos es usuario de una institución de salud previsional, sistema privado creado en 1981 por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Por el pago de una importante suma, él y su familia pueden acceder a las mejores clínicas y médicos. 

Pablo, gracias a su trabajo, es usuario del estatal Fondo Nacional de Salud, que opera principalmente con hospitales y consultorios públicos, donde la atención es lenta y precaria. 

Cuando toca ir al hospital, "es triste y humillante. Hay que esperar horas por la atención, incluso cuando se trata de uno de mis hijos, que son pequeños. Cuando por fin te atienden, apenas te explican qué le pasa a tu hijo, te tratan mal y te mandan para la casa. A los pocos días hay que volver porque tu hijo está peor. Es así todos los inviernos", describe. 

Su familia soporta la crisis sanitaria que, sobre todo en invierno, ataca a los más pobres. La gran contaminación atmosférica de Santiago, una urbe rodeada de montañas, se combina con el frío y genera una explosión de enfermedades respiratorias: 4.200 personas mueren por año a causa de la polución del aire santiaguino. 

La sociedad de consumo no es capaz de satisfacer esas necesidades de las personas. Sin embargo, hay una tolerancia ciudadana hacia la desigualdad, describe Rojas. 

En su opinión, "hay una sociedad de consumo que es exitosa, que da un cierto espejismo de integración social a través de los objetos, y que esconde los verdaderos derechos sociales que están restringidos", afirmó. 

A horas distintas, Carlos y Pablo terminan sus jornadas laborales. Al ponerse el sol, Pablo retorna a casa en el atestado transporte público Transantiago. Carlos ya disfruta de un vino tinto templado en la terraza de su apartamento con vista al mar.

- Fuente: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=101354

Quién mató a Mariano, señora Presidenta

Quién mató a Mariano, señora Presidenta

 

Por Néstor Pitrola 

En los videos exhibidos en la segunda jornada del juicio hemos visto, a la cabeza de la patota que encaraba la estocada final en Barracas, al “testigo reservado” de Néstor y Cristina. Lo había ‘presentado’ el intendente Barba Gutiérrez de Quilmes de manera pomposa, pocos días después del crimen, a través de la Casa Rosada, de modo que Néstor Kirchner pudiera adjudicarse el ‘aporte’ del testigo “clave”. La Presidenta ha vuelto a mencionar el hecho, nada menos que para adjudicarse el esclarecimiento del crimen y la detención de la patota y de Pedraza.

 

Sin embargo, todo lo que hizo el ‘testigo’ fue señalar a Cristian Favale como el asesino de Mariano, al cual le adjudica la frase “al de la gomera le agujereé la panza”, que el expediente judicial sólo recoge de parte de este ‘testigo’. Negro sobre blanco, un integrante activo de la patota entrega a Favale y solamente a Favale, en un hecho protagonizado por más de un centenar de personas organizadas por la cúpula de la Unión Ferroviaria. ¿Esto es una operación de esclarecimiento o una tentativa burda de encubrimiento de la patota de Pedraza?

Acá hubo 120 personas organizadas para atacar a los tercerizados, hubo una concentración y traslado de armas; Favale mismo llamó a otros (llamadas probadas en la causa) que llegaron con él para integrarse a la patota con las armas. Se probó que al menos cuatro armas fueron disparadas, dos 38, una 22 y una escopeta; se probó que Sánchez disparó con la suya propia desde una posición determinada. El martes 7 de agosto, vimos en el tribunal los videos donde le dicen a Favale y los otros, “che llegaron tarde” -cosa que ocurrió porque venían nueve en un auto, los detuvo la policía y tuvieron que buscar otro coche. Hubo más que un territorio liberado, hubo una policía que acompañó y cubrió a la patota en su ofensiva y en su retirada, que encubrió y ocultó pruebas. La policía descartó el pedido de un cabo -Maldonado-, quien pidió refuerzos a Central porque advirtió lo que ocurriría.

En el escenario de los hechos, no fue una sola persona la que mató a Mariano, que según el testigo reservado (de la propia patota) sería Favale. En ese escenario hubo una lluvia de balas, de las cuales cinco impactaron en los compañeros: una en Mariano, una en la cabeza de Elsa, tres en el cuerpo de Nelson y otra en el de Pintos. Una patota de la Unión Ferroviaria, al mando de Pablo Díaz en el terreno, centralizada desde la cúpula de la Unión Ferroviaria por Fernández y Pedraza, pretendió ahogar en sangre un vasto proceso de lucha de miles de tercerizados, sometidos a un sistema de superexplotación en el ferrocarril y en el país, del cual la burocracia sindical es socia.

El ministro Tomada, funcionario del gobierno que se adjudica el ‘aporte’ del testigo, orienta a Pedraza acerca de cómo frenar a los tercerizados y cómo “lavarles la cabeza”, en un negocio que beneficia a la ‘burguesía nacional’ K de Cirigliano, Romero y Roggio, quienes explotan los FF.CC. con los subsidios que sigue manejando Guillermo Antonio Luna (colocado en la Secretaría de Transporte de Cristina Kirchner, por Pedraza y Maturano, de La Fraternidad).

Esta línea de entregar a Favale es acompañada a pie juntillas por la burocracia de la Unión Ferroviaria: ¡los reos se valen del ‘testigo’ del gobierno! En una tenebrosa solicitada en La Nación del domingo pasado, la UF declara, institucionalmente, la inocencia de nueve reos de los diez sentados en el banquillo: todos menos Favale.

Señora presidenta: a Mariano no lo mató un barrabrava. A Mariano lo mató la patota de la Unión Ferroviaria que encabeza José Pedraza, uno de los principales jefes de la burocracia sindical con la cual usted está “construyendo” -como usted se lo dijo al propio Pedraza, en noviembre de 2009- la CGT oficial.

Los muertos pudieron ser varios, por eso todos están acusados por ‘homicidio calificado y coacción, así como también por ‘tentativa de homicidio calificado y coacción’. Todos, no sólo Favale. Un fusilamiento es responsabilidad del pelotón que lo ejecutó, no la de aquel cuya bala remató a la víctima. Mariano fue muerto en el marco de un plan criminal de una de las tantas patotas del sindicalismo argentino. Deben pagar sus responsables materiales y políticos por igual, señora Presidenta.

Foto: Argentina, Burocracia sindical - Una cámara de C5N registra el momento en que la patota de la Unión Ferroviaria inicia el ataque que culminaría con la muerte del militante del Partido Obrero Mariano Ferreira.


Fuente: Prensa Obrera

 

 

Contrasentidos del neodesarrollismo (Parte I)

Contrasentidos del neodesarrollismo (Parte I)

 

Por Claudio Katz 

La desaceleración de la economía argentina es ya visible en muchos terrenos. La tasa del crecimiento sufre una abrupta caída y en los próximos meses se sabrá si el estancamiento desemboca en recesión. Hay un repliegue de la industria y la construcción que acentúa la escasa creación de empleo de los últimos años y posibilita la destrucción de puesto de trabajo.

Coyuntura y pronósticos
Existen opiniones contrapuestas sobre la duración e intensidad del freno económico. Algunos analistas estiman que la paralización productiva será corta, si en el semestre en curso repunta el nivel de actividad del principal socio del país. Consideran que las medidas de estimulo fiscal adoptadas por el gobierno brasileño repercutirán positivamente sobre Argentina. También pronostican que el ciclo ascendente se reabrirá en el 2013, si se confirman las previsiones de cosecha récord con precios elevados. El aluvión de dólares resultante de esas ventas aliviaría las necesidades fiscales, en un ejercicio con menores vencimientos de la deuda pública.
Otros economistas describen un horizonte más sombrío, tanto por el agotamiento del ciclo precedente como por la ausencia de inversión privada. Pero nadie avizora la reaparición de una situación de colapso semejante al 2001-02. Se debate el alcance que tendría una recesión, tomando la caída del 2009 como referencia comparativa.
Resulta muy difícil explicar la coyuntura actual partiendo de un diagnóstico oficial, que retrata como “se nos cayó el mundo encima”. En los hechos ese impacto externo es limitado. Es cierto que el estancamiento de Brasil afecta seriamente a la exportación industrial. Pero la debacle europea tiene consecuencias reducidas y el relativo aislamiento del sistema financiero local, neutraliza los efectos del temblor bancario internacional.
Por otra parte, los precios por tonelada de la principal exportación argentina se ubican en un impensado récord de los 600 dólares por causas climáticas (sequía en Estados Unidos) y financieras (especulación con las materias primas). La duración de esa sorprendente apreciación es impredecible, pero contribuye a sostener la mejora del 24% que han registrado los términos de intercambio comercial desde el 2007.
Los economistas del oficialismo relativizan estos datos y estiman que Argentina capea la tormenta global por su acertado manejo de las variables macro-económicas. Contrastan este comando con la desastrosa gestión que prevalece en la periferia europea. Comparan ambas situaciones y remarcan la capacidad que ha exhibido el país para enfrentar el mismo temporal, “sin recurrir al ajuste”. (1)
Esta caracterización no aclara por qué razón los gobiernos neoliberales de América Latina (Chile, Colombia, México, Perú), tampoco atraviesan por un período de ajuste. Afrontan una coyuntura parecida a la Argentina, aplicando estrategias económicas de apertura, privatización y flexibilidad laboral semejantes a sus pares europeos.
Es evidente que la crisis global tiene impactos distintos en cada región, en función del ciclo o la inserción financiero-comercial de cada país en la economía mundial. Por las mismas razones que la crisis capitalista incide en forma divergente en Estados Unidos y en China o en la India y Francia, la situación de América Latina difiere de Europa. Para comprender este contraste hay que evitar las analogías superficiales, que sólo buscan ponderar los méritos de una política económica en desmedro de otra. (2)
El contrapunto entre Grecia o España con Argentina no es válido. Se equiparan economías que afrontan contextos objetivos muy disímiles. Lo pertinente sería contrastar la situación actual de esos países con nuestro colapso del 2001-02. Sólo en ese momento Argentina soportaba un desmoronamiento equivalente y conviene recordar que durante ese desplome, todos los oficialistas de turno (del PJ o la Alianza) eran ejecutores del ajuste. Sólo adoptaron la bandera del crecimiento cuando la crisis amainó.
El uso de la tormenta financiera global como argumento político de ocasión, induce a manipular las evaluaciones, en función de las conveniencias del momento. La misma coyuntura es utilizada para magnificar el torbellino (y justificar por ejemplo el adelantamiento de las elecciones) o para resaltar lo opuesto: la fortaleza de un modelo “blindado” frente a cualquier avatar internacional.
El análisis serio de lo que está ocurriendo exige, en cambio, constatar el efecto contradictorio de la crisis mundial sobre la economía argentina y las grietas internas del modelo actual. Este esquema ya dejó atrás el primer periodo de expansión sin obstáculos (2003-2008) y la segunda etapa de acotados desajustes (2009-2011).
Tres focos de tensión
La inflación es el primer problema específico de la economía nacional. El absurdo encubrimiento de la carestía que realiza el INDEC impide transparentar la gravedad de este flagelo. Los índices provinciales ubican el ascenso de los precios en torno al 23% anual y otras mediciones (encuestadoras privadas, índices barriales, cálculos del Congreso, consultoras oficialistas) estiman porcentajes semejantes.
La inflación está recreando un alarmante nivel de pobreza e indigencia y tiende a licuar la asignación universal. Podría incluso impactar sobre los salarios del sector formal, al des-actualizar los montos recientemente negociados en las convenciones colectivas. Lo que se acordó en las paritarias perderá vigencia si persiste la escalada de los precios. Este efecto puede ser muy significativo para la mitad de los asalariados en blanco que gana menos de 4000 pesos.
Muchos determinantes se conjugan para producir el resultado inflacionario, pero los precios principalmente aumentan para mantener la rentabilidad de las grandes empresas. Los grupos capitalistas concentrados aseguran sus beneficios con remarcaciones.
Desde el 2008 la inflación ha reflejado fuertes restricciones de la oferta, que a su vez derivan del reducido nivel de inversión. Los precios han ascendido por una baja provisión de productos frente a una demanda recompuesta. Con la misma capacidad instalada ya no se pueden satisfacer mayores pedidos de compra.
También la creciente emisión monetaria comienza a emerger como un acelerador potencial de inflación. El ritmo de creación de dinero se ha multiplicado y la cantidad de pesos en circulación puede motorizar, como en el pasado, una inercia ascendente de los precios.
El segundo problema importante de la coyuntura es la continuada salida de capitales. Por pagos de la deuda y remisiones de utilidades, el año pasado emigraron 13.500 millones de dólares, es decir el equivalente a todo el excedente comercial. Entre fines del 2007 y octubre 2011, el monto total de esos retiros alcanzó 80.000 millones de dólares. Esta sangría sólo quedó neutralizada por los 100.000 millones de dólares que generó la exportación.
La magnitud de esa salida de capitales obedece a múltiples razones. Las filiales locales de las empresas extranjeras transfirieron enormes sumas de dinero a sus casas matrices, para compensar el deterioro imperante en las economías centrales. Además, muchas empresas locales continuaron diversificando inversiones en el exterior, mientras resguardan parte de su capital fuera del país.
La industria volvió a enfrentar, por otra parte, el típico cuello de botella externo que irrumpe al cabo de un ciclo de prosperidad. En esos períodos se acentúa el déficit comercial de un sector que consume muchas divisas con la importación de componentes. Finalmente, la inédita avalancha de compras externas de combustible que produjo la decreciente provisión interna de petróleo, determinó otro caudal de dólares perdidos.
La continuada expectativa de devaluación que genera la brecha cambiaria acentúa la emigración de capitales. El denominado “retraso del dólar” obedece en realidad a un “adelanto de la inflación”, que ha desarticulado la relación entre ambas variables. Desde el 2007 la cotización de la divisa se apreció un 43%, frente a una escala de 189% de los precios internos.
El tercer problema severo del contexto actual es el desequilibrio fiscal. El superávit fiscal primario se ha esfumado, cualquiera sea la interpretación técnica del cómputo del desbalance (por el financiamiento que realizan el Banco Central y el ANSES). El excedente que rodeó al debut del modelo ha desaparecido y el gobierno recurre a múltiples instrumentos para compensar esa pérdida.
La ausencia de reformas impositivas progresivas es la principal causa del bache fiscal. Este cambio en la recaudación resulta indispensable para equilibrar con nuevos ingresos, la significativa ampliación del gasto público. La perdurabilidad del viejo sistema regresivo ha dado lugar en los últimos años un desfasaje insostenible, por la magnitud de los desembolsos oficiales en dos rubros muy deficitarios (energía y transporte).
El deterioro fiscal afecta duramente a las provincias, que incrementaron sustancialmente el empleo público (de 764.000 a 1,2 millones de empleados entre 2003 y 2012) y ahora no pueden financiar esa expansión. La plantilla salarial absorbe más de la mitad de esos presupuestos. El des-financiamiento provincial se acentuó, además, por la pérdida de los porcentuales recibidos en concepto de coparticipación federal. Este ingreso se redujo primero del 50,6% del total (1993), al 34 % (2009) y últimamente al 32,7% (2011)). Frente al enorme rojo que afecta a las cuentas públicas de todo el interior resulta poco creíble la explicación presidencial, que atribuye el desbalance a la ineficiencia de los gobernadores.
Esa interpretación omite que las mismas limitaciones fiscales golpean al gobierno nacional. Estas dificultades ejemplo han determinado, por ejemplo, el retraso en la adaptación del mínimo no imponible al aumento de los salarios. Por esta razón la incidencia del impuesto a las ganancias sobre los sueldos se ha transformado en un problema de envergadura. Más de 3 millones de trabajadores tributan un gravamen formalmente destinado a los beneficios empresarios. En muchos casos ese pago absorbe un aguinaldo entero.
Las consecuencias de preservar un sistema tributario tan regresivo saltan a la vista. Las exenciones a la renta financiera y a las industrias promocionadas le restan anualmente al fisco 8900 millones de pesos. Esta suma supera con creces el costo fiscal de 3000 millones de pesos, que implicaría eliminar un gravamen a salarios tipificados como beneficios.
Pero lo peor es la justificación oficialista de este impuesto como una penalidad a la “aristocracia obrera”. Afirman que este sector mejoró su nivel de ingresos y debe ampliar su contribución impositiva. Con ese criterio se supone que la equidad avanzará con tributos a los trabajadores calificados y eximiciones a los financistas.
Hace algunos años se utilizaba el mismo razonamiento para avalar el arancelamiento de las universidades estatales. Se afirmaba que la clase media debe pagar más que los pobres por el uso de un servicio público. De esta forma se iguala para abajo y elude eliminar los privilegios impositivos que amparan a los grupos enriquecidos.
El disfraz del ajuste
La inflación, la salida de capitales y el déficit fiscal han complicado el escenario económico. El establishment presiona al gobierno para que implemente un fuerte atropello contra los trabajadores. Desde noviembre pasado hacen valer esa exigencia en el mercado cambiario, a través de grandes compras de dólares.
Los hombres de negocios plantean tres reclamos -corte de la emisión, devaluación y re-endeudamiento- a través de viejos voceros, que han vuelto a la pantalla (desde Jorge Broda hasta Domingo Cavallo). Despliegan sus recomendaciones apostando a la amnesia colectiva de lo ocurrido en los 90.
Los antiguos expertos de la Convertibilidad despotrican contra restricciones a las libertades económicas individuales, como si la economía capitalista funcionara sin estrictas regulaciones. Repiten la trillada comparación de la economía doméstica con su equivalente nacional, para recordar que “no se puede gastar más de lo que ingresa”. Pero no sólo olvidan sus récords de endeudamiento. Omiten la diferencia cualitativa que separa a una familia -con recursos acotados- de un estado, con capacidad para incidir sobre el nivel general de actividad mediante políticas macro-económicas.
Los derechistas pronostican el “rodrigazo” y lo impulsan en la práctica. Buscan la auto-destrucción del gobierno actual, fantaseando con el retorno del neoliberalismo ortodoxo. Ante el desmoronamiento de las economías que elogiaban en la década pasada (como España o Irlanda), ahora convocan a imitar el modelo chileno, peruano o colombiano.
Pero lo más chocante es su despliegue de hipocresía. Los apologistas del libre-comercio cuestionan la “soja-dependencia” (Carlos Melconian). Los antiguos voceros de las AFJP alertan contra el “derroche del dinero de los jubilados”. Los emporios periodísticos que lucraban con la privatización del sistema previsional titulan con las desgracias de la clase pasiva (Clarín). Los ex gerentes de bancos norteamericanos denuncian el aumento del endeudamiento público (Alfonso Prat Gay).
Algunos ajustadores reclaman directamente la devaluación (Ricardo López Murhpy). Otros proponen lo mismo con fórmulas más elegantes. Hablan de “corrección cambiaria” (Roberto Frenkel), “ordenamiento de las variables desajustadas” (Roberto Lavagna) o eliminación del “cepo cambiario” (Juan José Llach). Todos ocultan que esa medida provocaría un deterioro inmediato de los ingresos populares. (3)
Ninguno propone reducir la inflación acotando la rentabilidad de los capitalistas. Recetan un enfriamiento de la economía que denominan “política antiinflacionaria eficaz” (Rapaport Luis), o “sinceramiento de los precios” (Rogelio Frigerio). Tampoco se les ocurre corregir el déficit fiscal cortando las subvenciones a los grandes grupos. Sólo convocan a terminar con “la fiesta del gasto público” (Andrés Oppenheimer). Su verdadero objetivo es anular las mejoras sociales logradas en los últimos años. (4)
Los derechistas consideran pecaminoso reducir el desbalance de las cuentas públicos con algún impuesto a los acaudalados. Por esta razón pusieron el grito en el cielo, ante el tibio revalúo rural realizado en la provincia de Buenos Aires, para actualizar valores de terrenos que tributaban siete veces menos que en 1984.
Los economistas del establishment han hecho también un escándalo por el control de las importaciones (Federico Sturzenegger), omitiendo que estas restricciones son la norma en sus ponderadas economías centrales. Algunos diarios (La Nación) llegan al extremo de advertir contra represalias norteamericanas o europeas, ignorando las barreras arancelarias que traban el ingreso de exportaciones argentinas a esos países. (5)
Para enmascarar el programa de ajuste los medios de comunicación utilizan un concepto mágico: “recuperar la confianza”. No aclaran que esa ansiada seguridad está exclusivamente dirigida a los grandes capitalistas. Su obsesión es “mejorar el clima de los negocios” con mayores protecciones a las ganancias.
Los derechistas hacen campaña para reemplazar “la mala praxis” de la gestión actual por el manejo experimentado de los viejos gerentes del poder económico. Suponen que la satisfacción de los banqueros y los industriales asegura el funcionamiento óptimo del sistema. Todavía no han percibido que la crisis global estalló con la aplicación de esas recomendaciones, durante dos décadas de irrestricta práctica neoliberal.
Claudio Katz es Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
Notas:
1) Feletti Roberto, “Argentina redobla la apuesta”, Página 12, 23-7-2012.
2) Hemos explicado los impactos diferenciados de la crisis en dos textos recientes. Katz Claudio, “El ajedrez global de la crisis”, Batalla de ideas, n 3, año 3, Buenos Aires, 2012. Katz Claudio, “Los atolladeros de la economía latinoamericana”, en El neoliberalismo y su crisis. Causas, Escenarios y Posibles Desenvolvimientos, Santiago de Chile, 2012, ARCIS, REDEM.
3) Melconian Carlos, “Otra vez la revolución conservadora”, La Nación, 29-7-2012. Lavagna Roberto, “Estamos frente a una economía en falsa escuadra”, Clarín, 6-6-2012. Llach Juan José, “Para no tentar a una nueva crisis”, La Nación, 24-5-2012. López Murphy Ricardo, “Qué esconde la reforma al Banco Central”, Clarín, 19-3-2012.
4) Oppenheimer Andrés, “Argentina economic fiesta is over”, Miami Herald, 18-6-2012. Rapaport Luis, “Cristina: con quién pesificará sus dólares”, Clarín, 8-6-2012. Frigerio Rogelio, “Comparar a veces es engañoso”, Clarín 11-5-2012.

 

5) Sturzenegger Federico, “Los seis errores de la economía K”, La Nación, 10-6-2012.

Fuente:Argenpress

El invierno amargo de los jubilados argentinos

El invierno amargo de los jubilados argentinos


“Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y
cuatro días que no cogía un pez.”

Ernest Hemingway

Entrevista con dirigente de la Mesa Coordinadora Nacional de Jubilados de Argentina, Marcos Wolman.

Por Andrés Figueroa Cornejo

La Ciudad sin subterráneo metropolitano ante la pugna político electoral entre la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, y el Jefe de Gobierno de la Capital y candidato a inquilino titular de la Casa Rosada para el 2015, el ultraliberal Mauricio Macri. Los trabajadores en lucha y los usuarios de rehenes. El alza de todas las mercancías, la multiplicación de las protestas sociales, la urgencia de edificar una alternativa política que provenga volcánicamente desde abajo y cristalice en un instrumento político que entre a tallar en las ligas mayores. Un Buenos Aires con fondo de relámpago, truenos y empeoramiento general de la vida.

Mientras Argentina corre hacia un franco deterioro económico y estanflación que rumorea la incertidumbre colectiva en los hogares, como en mitad de cualquier territorio público, quien suscribe el texto se entrevista con Marcos Wolman, dirigente de la Mesa Coordinadora Nacional de Jubilados argentinos y ex diputado de izquierda de la Ciudad de Buenos Aires.

-¿Cuánto ganan los trabajadores inactivos en Argentina?

“El 76 % obtiene hasta agosto, $1636 pesos mensuales (USD 358) y desde septiembre y hasta marzo de 2013, con el aumento anunciado desde el gobierno de turno, recibirá $ 1823 pesos al mes (casi USD 400). El incremento de 186 pesos (USD 29) es igual a 6 pesos por día o medio kilo de pan diario. Y se trata de 4 millones y medio de jubilados que ganarán esa cifra. Fuera del 76 %, hay un 15 % que recibirá menos de $ 3000 pesos (USD 656).”

-¿Cuál es el valor de la canasta básica?

“Existe una canasta básica que determinó la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires. Actualizada para un adulto mayor, considerando los requerimientos alimenticios, transporte, medicamentos –que absorbe buena parte del ingreso a nuestros años-, recreación mínima (una salida al mes), un alquiler que no guarda ninguna relación con la economía real; se habla de $ 3.800 pesos (USD 831). Esto significa que con el aumento que anunció Cristina Fernández con bombos y platillos y por cadena nacional de televisión y radio, no llegamos ni al 47 % de las necesidades elementales que precisamos para vivir, cuyos precios se van modificando en nuestra contra por la creciente inflación, que ya va en un 30 a un 35 % anual.”

LAS CULPAS DE MENEM Y SUS CONTINUADORES

-¿Cómo funciona el derecho a seguridad social?

“El sistema previsional argentino está determinado por una Constitución Nacional que cuenta con un artículo donde señala que los fondos de la previsión social deben tener autonomía y ser dirigidos por sus interesados. Hoy en cambio tenemos un sistema de previsión manejado por el Estado a través de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses). Durante 30 a 40 años hasta la jubilación, según el modelo de seguridad social del país, primero hay un aporte de los trabajadores que corresponde al 11 % de su salario”.

-¿Para qué es el 11 %?

“Ese 11 % es una suerte de ingreso diferido que tiene dos sentidos: el asalariado contribuye con un claro objetivo solidario intergeneracional para los jubilados. Pero a la vez, quien está aportando de su sueldo como trabajador activo lo hace también para posteriormente tener un retiro acorde con su contribución a este fondo para subsistir en las mismas condiciones que en su vida activa. Esto es lo que no ocurre.”

-¿Por qué?

“Las leyes vigentes provienen de la época en que gobernó Carlos Menem en los 90’ (ultraliberalismo). Aquí, por arriba, se transmite mucho sobre el espantoso período menemista que sufrió el país, que ya se ha superado el capitalismo salvaje, que estamos en medio de un proyecto ‘nacional y popular’; y sin embargo, la realidad se sostiene mediante la legislación inaugurada en ese entonces. De acuerdo a las leyes mencionadas, cuando ahora un trabajador se jubila, lo hace con menos de la mitad de su salario debido a la forma en que se calcula el porcentaje de su remuneración como activo. Por eso, por más anuncios que hayan respecto de los ‘reajustes’ a las pensiones, mientras se mantengan los haberes jubilatorios actuales los adultos mayores siempre estaremos bajo los índices de pobreza.”

-¿Han tomado medidas?

“Estamos presentando un proyecto de ley. Una vez más, el miércoles 15 de agosto nos apostaremos en las puertas del Congreso Nacional, ahora con 200 mil firmas y un grupo de diputados que avalan nuestra iniciativa legal para que se establezca lo que corresponde: un 82 % móvil del salario de cuando éramos activos.”



-Pero el ingreso de un jubilado no sólo sale de su salario (aunque cualquier otro ‘aporte’, es puro excedente social apropiado por privados o por el Estado que contiene sus intereses)…

“Primeramente, acá los que se han enriquecido a costa de los trabajadores y el pueblo son las grandes corporaciones transnacionales. La concentración de la riqueza producida por las mayorías ha conducido a una creciente desigualdad social. El mismo oficialismo ha dicho que el empresariado ‘ha ganado como nunca’ en Argentina. Ahora bien, junto a la contribución de los trabajadores, existe un aporte patronal para el fondo de pensiones, que en verdad pagan la mitad de los que les correspondería. De hecho, nosotros calculamos que si retornáramos al sistema anterior al de la época de las leyes de Carlos Menem que siguen vigentes, se podría generalizar el 82 % móvil.”

-¿Y qué pensión tienen los que laboraron sin contrato o a medio contrato?

“Argentina tiene un oficial 38 % de empleo ‘en negro’ o ‘informalizado –que en rigor es más de un 50 % de toda la fuerza de trabajo-; es decir, millones de personas que no van a tener una jubilación mínima siquiera. Y esto es posible, porque los dueños pueden evadir todas las leyes previsionales e impositivas, porque esos trabajadores ‘en negro’ no figuran legalmente, no aportan a la seguridad social, pero tampoco los patrones se hacen cargo de eso ni de las obligaciones tributarias. Además, la inequidad es tan grande que una parte del ingreso que percibimos como jubilados ya lo estamos devolviendo mediante el IVA a todos los productos, que asciende a un 21 % y que es igual para un adulto mayor, un trabajador precarizado o un empresario millonario.”

-El gobierno dice que ya queda menos deuda externa, mientras aumenta la interna sobre préstamos a la Anses, el Banco Central y el Nación…

“El origen de los fondos de la Anses, tiene de cotización de los trabajadores, los empresarios y el Estado, que consideran un número de impuestos establecidos por ley. El aporte de los trabajadores es el pilar del sistema, claro está. Por ello esos recursos van dirigidos a los seguros y pensiones. Sin embargo, cuando se nacionalizaron las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (Afjp’s) en el país –que fue fruto de una larga lucha-, los dineros recaudados pasaron a un Fondo de Garantía de Sustentabilidad a través de un decreto de 2007 firmado por Néstor Kirchner. Su idea era que parte de ese fondo se pudiera invertir en actividades productivas que pudieran rendir y ser seguras, y que correspondiera al equivalente al total de un año de las necesidades de la Anses. Ello fue modificado cuando se nacionalizaron las Afjp’s con otro decreto, ya firmado por Cristina Fernández de Kirchner, donde se eliminó el tope para sacar dinero del fondo. O sea que hoy todos los recursos de la Anses se convirtieron en una caja de reservas del Estado. ¿Qué pasó entonces? Que de nuestros fondos se desgajó un préstamo al monopolio transnacional General Motors. Por otro lado, por ejemplo, el gobierno lanzó un programa de viviendas populares –que nosotros aplaudimos, teniendo a bien que se planteó con bajo interés y a cuotas accesibles-, pero se hizo con pesos de la Anses. Cuando la provincia de Buenos Aires no tenía cómo pagar el aguinaldo a los trabajadores estatales, también se usó plata de la Anses y otra fracción se canceló con títulos públicos. Estamos hablando de un problema país, de un problema que daña los intereses del conjunto de los asalariados y el pueblo argentino.”


12 de agosto de 2012

Caso Bombas. La explosión en la Fiscalía Sur

Caso Bombas. La explosión en la Fiscalía Sur

Por Ignacio Vadaurrázaga


“En la medida que avanzaba en la investigación, me preguntaba cuán peligroso podía ser cuando el ministerio del Interior tenía la necesidad de culpar a alguien…” dirá la periodista Tania Tamayo autora de “Caso Bombas. La explosión en la Fiscalía Sur”, que fue publicado hace menos de dos meses con el sello editorial de Lom Ediciones y que esta vez volverá a ser lanzado en Villa Grimaldi el próximo fin de semana, con la participación del abogado Sergio Daza y el historiador Sergio Grez.

 

Muchas de las actuaciones investigativas del entonces fiscal de la zona sur Alejandro Peña, tenían gran cobertura de prensa particularmente en los medios televisivos nacionales. Ingresando a domicilios o viendo especies requisadas, incluido libros y revistas pertenecientes al pensamiento ácrata, avanzara este intrépido y sagaz persecutor. El fiscal Peña logrará resultados donde habían fracasado sus colegas, con el detalle de siempre nutrir a los medios de comunicación de impactantes noticias.

 

Todo parecerá ser ejemplar, la lucha contra el crimen tendrá en este fiscal un Superman judicial, luego de vencer carteles de narcotráfico en poblaciones estigmatizadas de la zona sur santiaguina. Muy pronto y sobre esa trayectoria asumirá la investigación de la autoría de numerosas detonaciones de bombas ocurridas en la capital, particularmente frente a entidades bancarias. En agosto del 2010 y tras años de investigación catorce jóvenes chilenos serán acusados de conformar una asociación ilícita terrorista. Sus detenciones en casas okupas y domicilios particulares estarán rodeados de una planificada cobertura mediática, que en muchos aspectos tendrá un tufillo a los montajes ocurridos en dictadura, donde la complicidad de ciertos periodistas con los agentes de la DINA y CNI ni siquiera se disfrazaba.

 

Entonces, será el propio ministro del interior Rodrigo Hinzpeter quien felicitara al exitoso fiscal. Hasta allí, todo continuaba como en un perfecto rompecabezas.

 

¿Qué seguiría sucediendo con la investigación sobre bombas, anarquistas y casas okupas tan felizmente lograda por el fiscal Peña?

Como diría la canción: todo se derrumbó…diversos jueces poco a poco irían desechando el cumulo de pruebas y poco a poco los inculpados recuperarían su libertad.

 

UNA RIGUROSA INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA

 

La periodista y docente Tania Tamayo fue reuniendo diversos antecedentes y se dará maña para entrevistar a múltiples fuentes, investigando en caliente mientras el caso seguirá avanzando por diversos y variadas rutas hasta completar un dossier probatorio de vicios, anomalías y actuaciones situadas cuando no al borde de las leyes , en los límites de esta.

 

Tania Tamayo Grez, se tituló en la Universidad de Chile y en la actualidad cursa un Magíster en Comunicación Política. Ha trabajó en The Clinic y colaborado en distintos medios de comunicación, entre otros las revistas Paula , Rocinante , CIPER y TVN.cl. Se desempeña como docente en la Escuela de Guiones de UNIACC y en las asignaturas de "Taller de Reporteo" y "Crónica y Entrevista" de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile.

 

A propósito del próximo lanzamiento de su libro y de las repercusiones de su investigación conversamos con Tania y estas son las preguntas y respuestas de ese encuentro.

Fiscalía Sur

¿Consideras que desde el ministerio del interior y de parte de algunos fiscales y otros organismos auxiliares del estado se vulneraron derechos constitucionales fundamentales sin que los y las ciudadanas lo supiesen? 

TT: “Por supuesto que se vulneran si se considera que hubo medidas intrusivas desde el comienzo que no habían sido aprobadas por los tribunales. De hecho, las mismas policías reivindican o invocan la ley de creación de la Agencia Nacional de Inteligencia ANI, que dice que se podría trabajar con un "informante secreto" -una persona cercana al entorno de los sospechosos que pudiera dar información sin la necesidad de tener que pedir permiso a un tribunal. Ese informante secreto, por ejemplo, como lo decimos en el libro, nunca existió, fue sólo la figura que ocuparon para justificar las intercepciones telefónicas y de correos de facto, realizadas por los mismos funcionarios y sin ningún permiso. Bueno, hay elementos como los testigos protegidos, dos de ellos, (un cubano detenido por falsificación de instrumento público y un vecino de la casa Sacco y Vanzetti), que tenían causas pendientes por delitos graves y a mi modo de ver es curioso que el Estado completo y todos sus organismos basarán sus investigaciones en personas que tienen intereses tan evidentes, como el beneficio carcelario en el caso del cubano, por ejemplo.

 

Por otro lado, está la declaración de Gustavo Fuentes Aliaga, un joven que delata a otras personas, pero en una declaración tomada, en parte, en un furgón de carabineros, sin ningún abogado y guiado por el fiscal Francisco Jacir. O la experiencia de Juan Linares, una persona que había pertenecido al Mapu Lautaro hace más de veinte años y que lo fue a buscar a su casa la PDI, para ofrecerle dinero a cambio de que delatase gente.


Los ejemplos son infinitos y me parece que en esas instancias, como en varias más, efectivamente hubo una vulneración de las garantías constitucionales”.

 

¿Qué significación atribuyes a investigar un tema en "movimiento" como ha sido este tema? 

-TT: “Sí, claro, en el periodismo a eso le llamamos noticia en desarrollo y efectivamente fue así, lo bueno es que ni los pasos que iba dando personalmente en la investigación -con una cantidad importante de antecedentes que iban saliendo a la luz en ella- ni la situaciones nuevas que iban apareciendo en la prensa, como la citación al ministro Hinzpeter o el reconocimiento por parte de carabineros de que habían existido peritajes firmados por personas distintas a las que los habían hecho, nunca consiguieron cambiar lo que podría ser una hipótesis referente a que los organismos del Estado habían actuado -desde siempre- de una manera poco prolija. Por lo tanto, más que quedar minada mi hipótesis con las noticias que surgían permanentemente, lo que pasó fue precisamente lo contrario: que se continuó reafirmando lo que planteamos en un comienzo”. 

¿Crees que fue la opción anarquista y anti-sistémica de los acusados lo que ayuda a explicarse este montaje? 

-TT: “No sé si hablar de montaje, probablemente porque si lo fue, pero fue un montaje muy mal hecho. En los años de la dictadura tenemos ejemplos de sobra, de qué manera había situaciones orquestadas de principio a fin, desde la Dinacos (organismo centralizador de las comunicaciones durante la dictadura), hasta los medios de comunicación. En este caso estamos ante una seguidilla de situaciones irregulares, ilegales y errores comunicacionales determinantes.

Ahora, con respecto a los imputados y no sólo lo digo yo, también lo dijo la jueza Marcela Sandoval en nombre del Tercer Tribunal Oral, acá se pecó de establecer solo una línea investigativa, que se planteó de manera completamente sesgada a partir del prejuicio que tiene parte de la sociedad y obviamente las policías con respecto a las casas okupa. Ahora si a eso se le suma el poco conocimiento que el poder y los medios de comunicación tienen del mundo anarquista, con mayor razón, era evidente, en esa lógica, que el anarquismo fuera el enemigo a seguir”.

-¿Te proyectas en el campo de la investigación y particularmente en lo relativo a abusos del estado o de los procedimientos judiciales y policiales?

TT:-“Siempre he trabajado en el campo de la investigación periodística. Creo que este era un caso tremendamente simbólico, donde operaron varios elementos en una especie de conjunción, me refiero al ministerio del Interior, al ministerio Público, a las policías, a la prensa y creo que no siempre sucede de manera tan evidente como aquí fueron las cosas. Eso lo hizo único.

 

Me gustaría poder trabajar nuevamente alguna investigación con esos ribetes, pero no es fácil y es un trabajo bien duro, en este caso yo no quise solamente hablar de la realidad de los imputados, creía que era muy importante poder dar cuenta de la dinámica, muchas veces insana y poco independiente que se da entre organismos como el gobierno y las fiscalías, por lo tanto, tuve que trabajar con muchas fuentes del mismo ministerio público, contar la historia desde adentro y eso no es fácil, por lo tanto, aunque uno quisiera no siempre se da la oportunidad de investigar este tipo de temas, tan simbólico, tan representativo la actual realidad nacional. En la medida que avanzaba en la investigación, me preguntaba cuán peligroso podía ser cuando el ministerio del Interior tenía la necesidad de culpar a alguien…”

¿Cómo tus estudiantes han reaccionado ante el lanzamiento de esta investigación?

-TT: “Tengo una relación muy estrecha con ellos, pero nunca les hablé mucho del libro mientras investigaba, sólo me dedicaba a realizar lo correspondiente a las clases, con suerte les debo haber contado algo. Después del lanzamiento recién lo comentamos, pero creo que no les llamó mucho la atención, porque mi mirada de lo que es noticia y lo que no, o de cómo es la rutina de los medios de comunicación tradicionales, siempre ha sido la misma y ellos la conocen.

Les digo que el rol de la prensa es el de vigilar y de supervisar a los organismos públicos y privados, no ser parte más ellos, no relacionarse con "amiguismo"; no generar relaciones estrechas al punto de no poder reaccionar cuando vemos que no se comportan bajo su rol o función para lo que han sido creado. Creo que en este caso pasó todo lo contrario…”

 

El próximo sábado 11 de agosto, a las 11:30 la periodista Tania Tamayo y otros invitados estarán conversando con el público asistente en la Velaría de Villa Grimadi sobre los entretelones de este caso policial y jurídico que nuevamente estará demostrando las limitaciones de nuestra imperfecta democracia. El público asistente tendrá la oportunidad de contar con el libro de la joven periodista con una significativa diferencia: los ejemplares estarán autografiados por su autora, que ciertamente y muy seguramente en una nueva fecha volverá a sorprendernos con otra candente investigación periodística.

 

 

Ex primer ministro de Rusia no descarta que Israel ataque a Irán a corto plazo

Ex primer ministro de Rusia no descarta que Israel ataque a Irán a corto plazo

 

RIA NOVOSTI 

El ex primer ministro de Rusia, y experto en Oriente Medio Evgueni Primakov, no descarta que Israel pueda bombardear próximamente objetos nucleares en Irán, aunque restó importancia a las consecuencias de ese ataque, informó hoy la prensa rusa.

“Estados Unidos no quiere que esto (el ataque a Irán) se produzca ahora, en vísperas de las elecciones presidenciales. Contienen a Israel. Pero tenemos que entender que tanto en la dirección de Israel, como en la administración de Estados Unidos, hay varias fuerzas, con sus respectivas posiciones y es muy difícil de pronosticar ahora quien ganará”, dijo Primakov en una entrevista al periódico “Rossiyskaya gazeta”.

Según el ex jefe del Gobierno ruso, conocido experto en la región del Oriente Próximo, las consecuencias del ataque no serán significativas para la República Islámica.

“Después de dos años Irán se recuperará plenamente y públicamente abandonará el Tratado sobre No Proliferación Nuclear, y entonces sin falta fabricará armas atómicas”, advirtió Primakov.

En la entrevista a “Rossiyskaya gazeta” Primakov también habló de la situación en Egipto tras la victoria en las elecciones presidenciales del candidato de los hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi.

“Sus recientes declaraciones sobre la política exterior e interior permiten esperar que Egipto continuará siendo un Estado laico”, dijo el experto al tiempo de expresar su preocupación sobre una posible alianza entre los Hermanos Musulmanes y los salafitas egipcios, siendo estos últimos defensores de una forma de gobierno basada en la ley de Sharia.