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T r i b u n a c h i l e n a

Ecuador reafirma el domingo Correa en la presidencia. Entrevista con Alexis Ponce

Ecuador reafirma el domingo Correa en la presidencia. Entrevista con Alexis Ponce

Por Dick Emanuelsson 
 

 

Éste domingo 17 de febrero, los ecuatorianos van a las urnas para elegir su presidente. No cabe duda que Rafael Correa seguirá en el cargo. La pregunta es si ganará en la primera vuelta o si será una segunda.


Presentamos una entrevista en audio con Alexis Ponce, con una trayectoria en la lucha por los derechos humanos en Ecuador, pero también fue asesor en la Asamblea Constituyente y muchos otros cargos. Actualmente es funcionario del Gobierno de la Revolución Ciudadana que preside el presidente Correa.


Foto: El gobierno de Rafael Corre en el país andino ha logrado bajar la pobreza y aumentar las inversiones sociales considerablemente.

Anexamos abajo, para profundizar el tema sobre Ecuador, un extenso trabajo realizado por Alexis Ponce que fue publicado en Revista COYUNTURA, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Cuenca (Ejemplar No. 13; en circulación desde: 6-02-2013).


Foto: El pueblo trabajador ha dado su voto a un gobierno popular.

Audio: https://www.box.com/s/964mfg7uwudqs3sv18nl

¿Por qué Rafael Correa ganará de largo?

Ecuador en la hora de los hornos
Alexis Ponce

“Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que luz” José Martí

Resumen:
El proceso electoral ad portas no puede analizarse correctamente si no se parte de dos escenarios: la actual realidad geopolítica latinoamericana, de la que Ecuador hace parte, y las nuevas formas de injerencia de ‘la alianza transatlántica’ contra estos procesos. Por ello es indudable advertir que el próximo vencedor de la contienda será Rafael Correa, pero que las formas de “deshacerse” de la Revolución Ciudadana que él lidera, no serán, en lo absoluto, ni democráticas ni pacíficas.

Las tres “fallas de fábrica”.

Los análisis hasta hoy publicados en el país o fuera de él, sobre el proceso electoral que se avecina, llevan tres errores de entrada, y esas ‘fallas de fábrica’ impiden a sus autores y públicos sostener una lectura adecuada de los nuevos tiempos, a la par que efectuar una interpretación concreta del momento concreto que vivimos en el Ecuador.

1. Por un lado, insisten en separar/aislar nuestra realidad, de la macro-realidad sudamericana, la que viene evidenciando no solamente la configuración de un ‘bloque de poder regional’ ya previsto desde el año 2004 hacia adelante; sino la consolidación orgánica de nuevos Estados en ciernes, que ya no son ni serán los estados nacionales neoliberales del ayer, trazando, entonces, más que enfoques de escenarios probables, secretos deseos de que el proyecto político iniciado en el 2006, y que representa Rafael Correa, sea derrotado a mediano plazo, e, inclusive, a corto plazo. Una vez más, los deseos no sirven como instrumento de análisis, y eso vale tanto para los articulistas de los medios privados de comunicación de la región, como para los analistas de los partidos políticos y movimientos sociales de oposición.

2. Pero, además de aquella reducción localista que ancla exclusivamente en “lo nacional” un fenómeno que hacía rato es regional, la mayoría de los análisis descuida, o descalifica, con diferentes sesgos según el signo ideológico de cada autor, el proceso histórico previo que vivió el país entre los años clave para entender el auge de la actual ola que lidera Rafael Correa: es decir, el período político, social y cultural que, entre 1997 a 2005, modificó al Ecuador tradicional, y que es el factor inexplicado que, para nosotros, explica el por qué del éxito avasallador de la Revolución Ciudadana y la no adhesión electoral de la mayoría de la población a los partidos políticos y movimientos sociales de oposición.

Si las elites políticas, financieras y mediáticas y las izquierdas ortodoxas no comprendieron qué pasaba bajo la epidermis popular cuando asistíamos a los procesos que condujeron a la caída de Bucaram, y luego a la de Mahuad; pero, sobre todo, si no entendieron qué sucedía con nuestra cambiante sociedad cuando emergió la rebelión forajida y se echaba del puesto a Lucio Gutiérrez, es obvio comprender que tampoco entiendan, y se partan la cabeza preguntándose por qué desde el 2006 no hay cambio de Presidente, y por qué el apoyo a Correa se mantiene incólume, a pesar del tiempo transcurrido. Ese no entender, a mi manera de ver, es lo que lleva de tumbo en tumbo a las elites, a las izquierdas y movimientos sociales ortodoxos, y a los académicos e intelectuales que no aciertan en el análisis local-nacional, porque tampoco han logrado acertar, desde hace una década, en el análisis regional-global.

Ambos elementos, el contexto regional y el antecedente histórico previo, son el telón de fondo que explica, aún siete años después, por qué ahora nos avecinamos a una nueva victoria electoral y política de Rafael Correa y de PAIS.

3. Finalmente, todos los análisis hasta hoy publicados, pecan de un tercer vacío: no dan cuenta de las nuevas formas de injerencia imperial de ‘la Alianza Transatlántica’ (EEUU y Unión Europea): minimizan o caricaturizan tales injerencias, las niegan bajo el efecto ideologizado de la errónea interpretación de lo ocurrido entre 1997 al 2005, que les llevó al craso error de apostar al golpe policial del 30 de Septiembre; o, finalmente, apuestan al éxito de esa injerencia, debido a que, casa adentro, se sienten no competentes para derrotar el proyecto político-social-cultural levantado a finales de la administración del Dr. Alfredo Palacio.

Si esos análisis se desentienden del escenario de injerencia transatlántica, empobreciendo incluso sus propias interpretaciones políticas con la muletilla, nada leninista por cierto, de que el actual proceso ecuatoriano de cambios “es servil a los intereses del imperialismo chino, del neo-imperialismo brasileño, o de las empresas transnacionales de EEUU y Europa”; es obvio advertir que también exoneran de existencia y culpa, a las nuevas formas que el poder transatlántico aplica para “deshacerse” de la Revolución Ciudadana que Rafael Correa lidera, y que, en este momento, no serán -en lo absoluto- ni democráticas, ni pacíficas, ni legales; y, por supuesto, ni éticas.

Por ello, para profundizar en los significados de ‘los tres errores de fábrica’ en los que, a la hora de interpretar insuficiente y erráticamente la coyuntura presente, parecen competir sectores tan disímiles entre sí, como Carlos Alberto Montaner y Francois Houtart, o ‘El País’ de España y ‘Prensa Obrera’ de Ecuador, empecemos por el principio: el escenario global y el contexto regional.

El impensable escenario global: favorable al Ecuador

Ciertas fracciones de las elites aún consideran que el mundo puede retornar a su cauce (nada) original y nostálgico del neoliberalismo a ultranza. Por ello, hace algunos días escribe uno de sus voceros en “El Comercio” que a la ‘desaparición’ de Chávez debería privatizarse PDVSA. Es que para las elites lo que sucede en el Ecuador y una buena parte del continente, es una pesadilla. Por eso, sin disimulo alguno, celebraron que los golpes de Estado en Honduras y Paraguay ‘despertaran por fin’ una grieta en la pesadilla ‘populista’.

Empero, la realidad global se detecta con otros sismógrafos. En diciembre del 2008, previne que había concluido la borrachera celebrada por el Pensamiento Único que -contra el Sur y su propio Sur- el Norte decretara, junto al fin de la historia y la muerte de las ideologías un 31 de diciembre de 1990.

La fase neoliberal del capitalismo, empezó a crujir hace una década atrás, y esa ruptura se inició en Latinoamérica que no solo cuestionó sino que empezó a superar la fase neoliberal extrema. Los selectos invitados al ágape del Capitalismo del siglo XXI ni se imaginaban siquiera que el neoliberalismo procrearía su propia destrucción y le nacerían vigorosos monstruos que se desarrollarían en la propia nariz de la Globalización: los procesos de nuevo signo que América Latina aportase al mundo entero, como contravía concreta a la fase de barbarie en que entró el Capitalismo.

La Globalización apenas hace diez años no permitía la duda ni el disenso: la herejía estaba prohibida. Por eso, precisamente, la obligó a nacer y multiplicarse en su propia cara. Parió no solo su propia crisis interna, sino la resistencia planetaria al neoliberalismo y su actual caída en picada.

La diversidad, antigua como el planeta y contraria a la Globalización, fue su negación. Por eso el dogma neoliberal estuvo condenado a fracasar, porque fue condenado a gestar, en los márgenes del Bienestar, hijos desobedientes que le nacieron tanto en las metrópolis cuanto en los suburbios del mundo. La hora de los túneles pasó y muchos de los disidentes ahora gobiernan, por lo menos en el Sur del Sur: en América Latina.

Los escenarios críticos a la Globalización, pudimos mirarlos en apenas pocos años y a través de 7 derrotas en América: la del ALCA; de la arquitectura imperial o ‘Seguridad Hemisférica’; del Consenso de Washington; del neoliberalismo salvaje; del Plan Colombia; de las privatizaciones; y de las democracias piramidales.

Es más, América Latina fue no solo la porción del mundo donde primero se superó al neoliberalismo, sino la primera en germinar alternativas que se han dado en llamar socialismo del buen vivir, socialismo del siglo 21, sociedad post-neoliberal, etc.

Esbozado, a grandes rasgos, el macro panorama-marco de la ubicación del Ecuador en el planeta azul, seguramente surgirá una pregunta: ¿Y qué tiene que ver todo eso con el proceso electoral en ciernes? No hay realidad de la aldea que no empate con la realidad de la aldea global.

El contexto continental: Ecuador no es una isla, sino parte de la nueva Latinoamérica

En noviembre de 2004, dos años antes de que Ecuador se incorporara al entonces incipiente ‘Bloque de Poder Regional’, en un trabajo titulado “La simultaneidad y regionalidad, rasgos del proceso de cambios que vive América Latina”, deduje que los nuevos y sonados triunfos de las nuevas izquierdas y de los nacionalismos progresistas del continente, que no eran ‘bien vistos’ por las elites mundiales y nativas, jalonaban tanto voto popular de apoyo al unísono en América Latina, que se abonaba una perspectiva regional de triunfos inusitados, ex-profesamente minimizados, o no asumidos como tales, por las viejas izquierdas y los monopolios privados de comunicación. Y apuntaba: “Quizás se deba a que, todavía, ni siquiera caen en cuenta de lo que pasa en la nueva realidad del continente”.

Y es que en aquel entonces, apenas habían triunfado el Uruguay de Tabaré Vásquez; la Venezuela Bolivariana que arrasó en 20 de los 22 estados; el Brasil del PT que mantuvo la mayoría del apoyo popular en elecciones regionales; y Nicaragua donde el FSLN barrió a los viejos partidos de la era pos-sandinista en las elecciones departamentales.

Así fue que, desde entonces, teníamos por vez primera en América Latina un poderoso ‘bloque regional de poder’que, para esa época, aún era emergente y pugnaba por nacer, y que -sin duda alguna-, fue -y es- de nuevo tipo.

Para esa época, ni los análisis de la derrotada elite neoliberal en el continente, ni los rituales estudios de la izquierda ortodoxa, ni los díscolos enfoques de la socialdemocracia europea, admitían que se configuraba un bloque regional de poder. Hoy todos ellos: el partido mediático del siglo XX, el partido obrero del siglo XIX y el partido europeo del siglo XVIII, con una que otra diferencia, admiten que, en efecto, existe en América Latina un bloque geopolítico de poder que disputa a los EEUU la identidad hemisférica.

Gobiernos progresistas simultáneos, disímiles pero concordantes entre sí, se ejercían desde hace una década en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay y Cuba. Cuatro años después, ya se habían sumado a ese núcleo geoestratégico de independencia y soberanía, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo, el Perú de Ollanta, El Salvador del FMLN, la Nicaragua del FSLN, el Paraguay de Lugo y la Honduras de Zelaya (éstas últimas dos experiencias de cambio geopolítico, abortadas salvajemente gracias a la injerencia transatlántica).

Experiencias así, en solitario, eran impensables en la década del 60 (la era de las invasiones y tiranías tropicales), en los años 70 (el inicio de las dictaduras sangrientas), los 80 (la era Reagan) y los 90 (el fin de la historia a escala planetaria).

Tal incipiente bloque regional emergía en medio de dos crisis: la apabullante crisis del modelo neoliberal que no conseguía estabilizarse en casi ningún país de la región, y que ya no tuvo retorno posible, con la excepción de Colombia y México desde entonces; y la ruptura estratégica de su expresión política tradicional: la democracia formal.

Esa nueva simultaneidad regional apareció en escena y ya dura una década, pero no es un tema de tiempo, sino de contenido. En la primera década del siglo XXI en América Latina se empezó a alterar el mapa político y social del neoliberalismo y sus democracias de baja intensidad.

Es esa simultaneidad regional, y no otra experiencia concreta aislada, el mayor problema para la alianza transatlántica en el hemisferio. El análisis del Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, fue válido: “Latinoamérica es el continente a la vanguardia de la reflexión y movilización planetaria, y es el que hoy hace las grandes preguntas:‘¿Cómo salimos del neoliberalismo? y ¿Qué viene después del neoliberalismo?’.

El Escenario nacional: El pasado fue el prólogo, el futuro está en el presente

En abril del 2005, las elites se entramparon en cambios cosméticos, medias tintas, cortes de justicia, tribunales o cuarteles. Por eso no tenían porvenir. De cambiar todo se trataba. De sepultar la vieja república que habíamos padecido. Y como no entendieron en el ayer las claves del poderoso mensaje popular lanzado en subterránea advertencia en los años 1997, 1999, 2000 y 2005; el 2006 les tomó, si no desprevenidos, sin alternativa concreta alguna de poder. Habían perdido diez años estratégicos ganando en la inmediatez. Y ya no tenían, para cuando apareció PAIS en el escenario, un proyecto holístico que vertebrara la nación que despedazaron.

En cuanto a las izquierdas ortodoxas, si ya en 1997 inculpaban al imperio y la burguesía de la caída del PRE (para siempre), cuando gritamos ¡Bucaram fuera!, en el 2005 redujeron la profunda rebelión forajida de Quito a “una conspiración de la CIA” y una “revuelta de la racista clase media quiteña”. Si no entendieron la etapa preparatoria vivida entre 1997 al 2005, jamás entenderían el surgimiento de Rafael Correa y PAIS en ese mismo período, y todo el profundo proceso de mutaciones idiosincráticas de nuestro pueblo transcurrido desde el 2006 hasta el 2013. Pero a la elite le fue peor: apaleada conceptualmente por una rebelión cuya dimensión no entendieron, optó por darle pronta sepultura (“Se acabaron los forajidos” dijeron en el 2006), sin saber que dicha rebelión tomaba otra forma: el fin de la partidocracia, la recuperación de la Patria, tierra sagrada.

Tratándose de un Cambio de Época más que de una época de cambios, como sintetizara el Presidente al actual momento latinoamericano y nacional, el viejo axioma izquierda-derecha no basta, o tiene otras connotaciones. La complejidad de los nuevos procesos latinoamericanos llamados a superar el neoliberalismo de décadas, sintetiza el ‘ser nacional’, donde caben todos y todas, pues en el Ecuador insurrecto de una década (luchas contra Bucaram, Mahuad, Gutiérrez, TLC, derrota electoral de Álvaro Noboa, triunfo de la Constituyente, etc.), confluyeron por el cambio sectores de izquierda, centro y derecha recta, medianos empresarios y sindicatos, indígenas, afros y urbanos, profesionales y jóvenes, clases medias, militares, etc.

Las banderas eje de este proceso: Recuperación del Estado nacional, dinamitado por el neoliberalismo; Rescate de la Soberanía y los recursos naturales; Democracia participativa; Unidad latinoamericana, no son patrimonio de ciertas izquierdas o movimientos sociales. Pertenecen a toda la nación. Eso es lo que se niegan a admitirlo quienes en Ecuador decidieron seguir el camino de Bandera Roja en Venezuela, del Malku Felipe Quishpe en Bolivia, de lostrotskistas en el Brasil.

El innegable liderazgo político de Rafael Correa y la fuerza protagónica de PAIS, han dado continuidad a las grandes tareas nacionales en lo político, ya predispuestas desde que derrotamos en el 2005 a Lucio Gutiérrez, a Álvaro Noboa en el 2006 y a la partidocracia en los siguientes años y procesos electorales.

Esas grandes tareas nacionales, impostergables para lograr la derrota estratégica de la vieja república neoliberal y, simultáneamente, la construcción de la nueva fueron asumidas por el gobierno, las fuerzas del cambio y el liderazgo del Presidente, cuyo ‘pecado’, según la ortodoxia de izquierda, es ‘no ser marxista’, mientras la ortodoxia ONG sostiene que su pecado no es ese, sino el “no entender de ecologismo y equidad de género”.

Siendo uno de los presidentes más jóvenes que ha tenido Ecuador, de hecho el más joven después de Jaime Roldós Aguilera, los diversos ojos de la oposición no quieren ver lo evidente: se trata de un líder nacional con fuerte impacto inter-generacional y un cada vez mayor, e innegable, protagonismo continental e internacional.

Por lo tanto, en febrero de 2013 asistimos, a la continuidad del cambio de época. Sobre las ruinas de la vieja república, se erigió un nuevo régimen. Y ese nuevo régimen ya no puede ser gobernado por el ayer.

El actual proceso no puede ser el socialismo clásico que se intentó imponer como verdad sagrada en un continente y un país bizarro como los nuestros. Pero la izquierda tradicional no quiere aprender y sólo se pasa tipificando-denigrando todo proceso: reformista, derecha vestido de izquierda, no declara la dictadura del proletariado, etc.

Partimos de factores distintos al capitalismo salvaje y al socialismo real. Y eso es lo esencial. Cierto es que la izquierda política ha contribuido en momentos históricos, pero no siempre ha sido la izquierda sola. En los cambios, principalmente en el siglo XX han participado movimientos sociales, partidos de centro-izquierda, militares nacionalistas, etc. Pero la izquierda formal de hoy, del período 2005-2013, sufre una crisis que se niega a reconocer y que la endosa a PAIS. El Ecuador del siglo 21 demanda una izquierda del siglo 21, no del pasado. Debiera construirse izquierdas del siglo 21 y admitir que han padecido sectarismo, etnocentrismo y todos los ismos imaginables.

Hay varias izquierdas, una de ellas de carácter emergente y su origen se halla, esencialmente, en el período post-gutierrista: esa es la que hoy se apresta a dar la batalla por la continuidad de un proceso de cambios continental.

Recuerdo que a poco de triunfar Rafael Correa en el 2006, durante un evento de “Evaluación de la coyuntura”, dirigentes indígenas y ONGs dijeron: la izquierda fue derrotada en las elecciones. Cuando me tocó el turno de hablar y dije que estaba feliz por el triunfo de Correa y que sumados los votos de la tendencia, las izquierdas eran la primera fuerza política del país, casi me linchan. Y es que desde entonces, esos movimientos sociales no han admitido su fracaso ni su desplazamiento como sujetos del cambio.

Por eso es necesario desentrañar: ¿De qué “izquierda” habla el establismenth mediático? ¿De cierta izquierda extremista que descalifica a Correa llamándolo traidor y agente del imperialismo? Esa tendencia no entiende que hay un país que generacionalmente cambió en la última década. Somos del siglo 21 pero llevamos lastres del siglo anterior. Tenemos que aprender a convivir en un proceso que sostendrá en nosotros mismos ambos siglos por un buen tiempo.

Por este proceso hemos luchado millones de ecuatorianos desde 1997 hasta hoy: por eso es impostergable, para esos mismos millones, apoyarlo y ahondarlo hacia la meta estratégica que PAIS definiera con las 35 propuestas del programa de gobierno, y con el socialismo del buen vivir como paraguas estratégico de hacia dónde encaminar el proceso.

Por eso es que los principales equívocos de las izquierdas ortodoxas, que hoy se denominan “la única izquierda”, se resumen ahora en una política en mi criterio suicida: terminarán por marginar la tendencia y “cuyabenizar” a Alberto (Acosta), su candidato. Es decir, lo atraparán las limitaciones objetivas de un discurso presuntamente positivo para las comunidades, el ambiente y los indígenas, pero que es un discurso local, no nacional, excluyente, no incluyente, y sectorizado, no abierto a esos millones de electores que votarán por la institucionalización y profundización de la Revolución Ciudadana, de los cuales un millón somos militantes y simpatizantes.

La amenaza al actual proceso

En el 2005 Donald Rumsfeld sostuvo: “Este proceso (las victorias del bloque regional) es circunstancial y lo que hoy sube mañana puede caer. Veremos si en 5 años estos gobiernos siguen”.

Cuando el golpe en Honduras, el 7 de febrero del 2009 advertí: “En América Latina asistiremos a otro tipo de golpismo: el golpismo mediático, que impondrá una valla de distorsión informativa que se evidenció en los sucesos de Tegucigalpa. Ya se puede intuir lo que nos espera a varios países, si dan el mismo tratamiento mediático de un golpe, pues el caso de Honduras puede ser, apenas, la impresentable pieza prologal del Dominó de la reacción en América Latina: La culpa de intentonas en Ecuador, Bolivia o Paraguay, no será de los golpistas, sino de los propios presidentes derrocados, desestabilizados o atentados”.

Ese análisis fue refrendado por el comportamiento de los mass media en el intento de golpe del 30 de septiembre. Y, a un tiempo, en los sucesos de Paraguay.

Hay una matriz transatlántica de embate colectivo contra los procesos gubernamentales progresistas del continente, que usa un poderoso ‘lobby’ político-mediático-académico que converge en estrategias mancomunadas entre sus pares de la región para desestabilizar a los gobiernos ‘populistas de izquierda’, bajo formatos de las revoluciones naranja y con una coordinación orgánica regional cuya punta de lanza es el partido mediático-destituyente.

Hoy vemos una impresionante maquinaria editorial de los medios de la región, la SIP y el Grupo de Diarios de las Américas, que han regionalizado un mismo discurso destituyente. En toda la región repiten igual matriz contra Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales, Cristina de Kirchner, Daniel Ortega y Dilma Rousseff.

El Grupo de Diarios de las Américas, GDA, en red, ha publicado reportajes ‘especiales’ que circulan al unísono en el continente para posicionar esas matrices. Simultáneamente publicaron el editorial difamatorio de Emilio Palacio, por ejemplo. El Grupo Prisa, oligopolio mediático español, igualmente ha enfilado sus ataques a Correa y otros gobernantes latinoamericanos que lideran los cambios. En extraña identidad de agenda, difunden y promueven editoriales, titulares y noticias similares, con el fin de influir desde esos medios en la opinión pública de la región.

El ataque mediático internacional contra Correa obedece a una razón imperdonable: haber cuestionado con frontalidad y llevado al banquillo de los acusados al mayor poder en la historia moderna: los grandes medios privados de comunicación. Esa oligarquía global, que no tiene fronteras, está dispuesta a guerrear con uñas y dientes en esta coyuntura.

Breve Perfil del autor:
Alexis Ponce es activista de los derechos humanos. Fue dirigente de la APDH del Ecuador, Director de DDHH de la Defensoría del Pueblo y del TGC; Asesor en la Asamblea Constituyente; Subsecretario Social del Agua; Asesor de DDHH del Canciller, Asesor social del Ministro de Electricidad y actual Asesor del Secretario Nacional del Agua. Militante de PAIS y funcionario del Gobierno de la Revolución Ciudadana.

Fuente:Argenpress

La nefasta división entre lo social y lo político

Por Juan Luis Berterretche 
 

 

En un primer momento pudo pensarse que las crisis de las centrales obreras que se arrastraban desde fines del siglo anterior, tenían que ver con la “acumulación flexible” al decir de Harvey /1. Es decir con la aplicación de la “globalización” y el “neoliberalismo” y la producción en masa de trabajadores superfluos e informales a partir de los 70, que debilitaban la sindicalización Pero hay razones más profundas. Nos referimos a la aceptación, desde hace más de un siglo de un paradigma que la historia de los fracasos del siglo XX ha demostrado funesto. Se trata de la división entre “brazo político” y “brazo sindical” que inició la socialdemocracia a fines del siglo XIX y que continuó en los partidos obreros reformistas o no, sean socialdemócratas, comunistas, del trabajo, etc.

El precio pagado por esa división sindicato-partido fue el debilitamiento de la potencialidad de lucha de los trabajadores, causado por la aceptación del parlamento como el único ámbito donde enfrentar la dominación del capital. En términos prácticos, significó la división catastrófica del movimiento de los trabajadores en los denominados “brazo político” y “brazo sindical” con la ilusión de que el “brazo político” podría representar, en su acción legislativa, los intereses de la clase trabajadora organizada en las empresas industriales capitalistas en sindicatos de cada rama del “brazo sindical”. Pero, con el pasar del tiempo, todo resultó de forma opuesta. El “brazo político”, en vez de usar su mandato político en defensa de los intereses de los trabajadores representando al “brazo sindical”, subordinó los sindicatos al parlamento, lo que en los hechos significó someterlo a la mecánica de las instituciones burguesas y a través de éstas a la política estratégica del Capital /2.

Ese nefasto paradigma en ningún momento proyectó al “brazo político” como impulsor de la lucha de los trabajadores como clase. Los mantuvo dentro de los límites de las demandas sociales que no ponían en riesgo la acumulación del Capital. Al tiempo que amputó los intereses políticos de los trabajadores y confinó a los sindicatos a las luchas estrictamente reivindicativas económicas del trabajo. De esta manera los supuestos “representantes parlamentarios del trabajo” lograron imponer a sus representados una imposición vital para el Capital: que fuera inadmisible en las “sociedades democráticas” cualquier actividad sindical -y por extensión social- que tuviera objetivos políticos.

Las organizaciones de “intención revolucionaria” del siglo XX aceptaron este modelo. Se limitaron a criticar el reformismo sindical y el cretinismo parlamentario sin comprender que ambas formas de actuación estaban implícitas en la división sindicatos/partidos como parte de un triángulo que se cerraba con el parlamento para resultar funcional al capital.

Esa separación educó a los trabajadores organizados en los sindicatos a no ir más allá de las reivindicaciones que no ponían en cuestión la dominación del capital y circunscribió la actividad de los partidos obreros reformistas en el parlamento a una aceptación explícita o implícita del comando del Capital.

Los dos pilares de la acción de clase de los trabajadores en occidente –partidos y sindicatos- están en realidad inseparablemente unidos a ese tercer miembro del conjunto institucional global: el Parlamento, que forma el tándem de Sociedad civil/Estado político y se torna aquel “círculo mágico” paralizante del cual parece no haber salida. Tratar los sindicatos junto con otras (mucho menos importantes) organizaciones sectoriales, como si perteneciesen, de alguna manera, apenas a la “sociedad civil” y que, por tanto, podrían ser usados contra el Estado político para una profunda transformación socialista, es un sueño romántico e irreal. Esto es así porque el círculo institucional del Capital, en realidad, es hecho de totalizaciones recíprocas de la sociedad civil y del Estado político, que se inter-penetran profundamente y se apoyan poderosamente una en otro /3.

La crisis de las centrales sindicales y el fracaso de los partidos obreros con influencia de masas en las últimas décadas, es el hundimiento de esa división. Es el resultado de persistir en el sostén de ese anacronismo histórico negativo. Como contracara, los nuevos movimientos sociales que rechazan ceder su representación política a los partidos de izquierda, expresan la negación a más de un siglo de derrotas de la división entre “brazo sindical” y “brazo político” que culmina en el Parlamento aceptando la jefatura del Capital.

Y esto es así porque: el Capital es la fuerza extra-parlamentaria por excelencia que no puede ser políticamente limitada en su poder de control socio-metabólico del sistema capitalista. Esa es la razón por la cual la única forma de representación política compatible con el modo de funcionamiento del Capital es aquella que niega la posibilidad de contestar su poder material. Y, justamente por ser la fuerza extraparlamentaria por excelencia, el Capital nada tiene que temer de las reformas decretadas en el interior de su estructura política parlamentaria /4.

La acumulación de frustraciones del siglo XX demuestra que el parlamento es el más inocuo escenario para batallar contra el Capital. Esta situación se agrava en la actual etapa de crisis crónica del Capital, cuando éste no tiene condiciones de ceder ni mínimos beneficios, derechos o libertades a la clase que se le opone. Con el consiguiente acomodamiento de los representantes parlamentarios del trabajo, sobre los que cada vez más, prima el oportunismo.

El poder extra-parlamentario del Capital sólo puede ser enfrentado por la fuerza y por el modo de acción extra-parlamentario del trabajo en todas sus formas. Sólo un vasto movimiento de masas radical y extraparlamentario puede ser capaz de destruir el sistema de dominio social del Capital /5.

Daniel Bensaid y sus “Teoremas”

Daniel Bensaid en Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren, a mediados de la década pasada, nos decía que estábamos “frente a una doble responsabilidad: la transmisión de una tradición amenazada por el conformismo y la exploración de los contornos inciertos del futuro”. ... “Más allá de las diferencias de orientación y de las opciones a menudo intensas, el movimiento obrero de esa época (refiriéndose al siglo pasado) presentaba una unidad relativa y compartía una cultura común. Se trata, hoy en día, de saber qué queda de esta herencia, sin dueños ni manual de uso”....“Hemos iniciado entonces el peligroso tránsito de una época a la otra y nos encontramos en el medio del río, con el doble imperativo de no permitir la pérdida de la herencia y de estar dispuestos a recibir lo nuevo a inventar”/6.

De todos los temas de la tradición obrera que enumera Bensaid, nos centraremos en las relaciones partidos-sindicatos-parlamento porque es allí que encara al sujeto social y su relación con la política.

Para Bensaid: “La lucha política no se disuelve en la lógica del movimiento social. Entre la lucha social y la lucha política, no hay ni muralla China ni compartimentos estancos. La política surge y se inventa dentro de lo social, en las resistencias a la opresión, en el enunciado de nuevos derechos que transforman a las víctimas en sujetos activos”/7. Lo primero que debemos preguntarnos es ¿existe una “lógica del movimiento social” que nos impone la división entre “brazo sindical” y “brazo político” del movimiento del trabajo?

Cuando Hegel definió a la libertad como conciencia de la necesidad nos estaba diciendo lo mismo que con total acierto afirma Bensaid: que la “política surge y se inventa dentro de lo social” pues es en la experiencia de la opresión, en las luchas contra la explotación que se formula la “conciencia de la necesidad”, se enuncian nuevas libertades y los sujetos se ponen en movimiento para conquistarlas. Comencemos por tener claro entonces, que la política del trabajo no nace en las cúpulas de las organizaciones políticas de la izquierda, ni en la cabeza de los líderes carismáticos sino en el propio seno de la praxis social. La política no es entonces un producto de la elucubración separada de la realidad sino un fruto de la acción de masas.

Sigamos el razonamiento de Bensaid: “Sin embargo, la existencia de un Estado como institución separada, a la vez encarnación ilusoria del interés general y garante de un espacio público irreductible al apetito privado, estructura un campo político específico, una relación de fuerzas particular, un lenguaje propio del conflicto, donde los antagonismos sociales se manifiestan en un juego de desplazamientos y de condensaciones, de oposiciones y de alianzas. En consecuencia, la lucha de clases se expresa allí de manera mediada bajo la forma de la lucha política entre partidos”/8. Es esa “manera mediada bajo la forma de lucha política entre partidos” la que está en cuestionamiento hoy por innumerables movimientos sociales. ¿Debemos aceptar el escenario del Estado como “encarnación ilusoria del interés general”, que por otra parte con las privatizaciones y la diseminada corrupción ha dejado de ser “espacio público irreductible al apetito privado”, como el único campo político posible? ¿Debemos aceptar las reglas del juego de la democracia burguesa como la escena privilegiada del accionar político del trabajo?

En el caso de Latinoamérica: con Estados que criminalizan los reclamos sociales o que directamente asesinan campesinos, indígenas y militantes sociales poniéndoles el rótulo de terroristas; o que permiten que esos crímenes se realicen con impunidad; o que reprimen a los estudiantes que luchan por una educación pública gratuita y a los trabajadores rurales sin tierra que exigen la aplicación de la reforma agraria en toda América Latina y el Caribe. Con un sistema político envilecido por la impunidad de la corrupción y el nepotismo a todos los niveles y en todos los países, incluidos los antiguos partidos de izquierda luego de la instauración de gobiernos “progresistas”; un sistema de partidos que en todo su espectro claudica al neoliberalismo y a las multinacionales. Y todo esto en un panorama continental de cuestionamiento de la mayoría de la población a las instituciones de dominación burguesas-imperialistas -que en varios casos han llegado al colapso frente al empuje popular-; ¿debemos seguir atados a la “manera mediada bajo la forma de lucha política entre partidos”? ¿Entre cuáles partidos? Ya que son casi inexistentes o testimoniales los que intentan defender los intereses de los sectores populares.

Continúa diciendo Bensaid: “Ya que la dialéctica de la emancipación no es un río largo y tranquilo: las aspiraciones y las expectativas populares son diversas y contradictorias, a menudo divididas entre la exigencia de libertad y la demanda de seguridad. La función específica de la política consiste precisamente en articularlas y conjugarlas”/9.

Los movimientos sociales continentales empiezan a demostrar en algunos casos, su capacidad de articular y conjugar las “aspiraciones y expectativas populares” y estructurarlas en un programa común. Los organizadores y movilizadores sociales obtendrían mucho mejor resultado y se sentirían más realizados si se integraran en estos movimientos y se dedicaran a la tarea de ayudar a formular sus necesidades y a impulsarlos y aglutinarlos bajo sus demandas. Abandonando la desgastante tarea de autoconstrucción de pequeñas organizaciones políticas, repitiendo fórmulas obsoletas.

Estamos hablando de un nuevo sujeto social-político que toma conciencia de sus necesidades y las articula en el plano social y las conjuga en el plano político. De lo que hablamos es que adquiere relevancia y urgencia la necesidad de contraponer a la fuerza destructiva extra parlamentaria del capital la correcta acción extra parlamentaria de un movimiento socialista radicalmente re-articulado.

Como lo atribuye a Laclau, Bensaid no renuncia al horizonte de unificación de lo social y lo político. Por el momento nos describe un panorama contradictorio: “¿Movimientos acéfalos, reticulares, rizomáticos, obligados por las derrotas a quedar acorralados en una interiorización subalterna del discurso dominante? Pero también redespliegue del movimiento social en los diferentes ámbitos de la reproducción social, multiplicación de espacios de resistencia, afirmación de su autonomía relativa y de su temporalidad propia. Todo esto no es negativo si se va más allá de la simple fragmentación y se piensa en la articulación” /10.

El paisaje continental nos da algunas pautas alentadoras. En las revueltas populares de los últimos años se pudieron detectar organizadores y movilizadores social-políticos junto a sus propios movimientos, trascendiendo los límites que les adjudica la democracia burguesa y lanzándose con éxito a “articular” y “conjugar” las demandas en el plano político. Quizá el horizonte de unificación no esté tan lejano sí -en las palabras y en los hechos- caminamos decididos hacia él.

Algunos ejemplos del nuevo sujeto social-político continental

Los campesinos de Chiapas –organizados en el EZLN- eligieron un camino diferente. En silencio defienden sus territorios del gobierno y las corporaciones y salvaguardan sus producciones de los intentos destructivos del mercado. Y por ese camino han crecido y se han fortalecido. Y antes, en medio de un proceso electoral se propusieron- “escuchar abajo” a los sujetos socio-políticos explotados, discriminados, segregados, para que, a partir de su autonomía, establezcan las bases de un programa anticapitalista, como “proyecto de nación”. Y evitaron el derroche de esfuerzos de participar en elecciones digitadas y manipuladas por el imperio. Que es de lo que se compone hace décadas la política mexicana.

Esto no quiere decir que se descarte en absoluto ni la participación electoral ni la intervención parlamentaria. Pero debemos aprender de las últimas experiencias continentales en ese sentido. Los cocaleros del Chapare, los indígenas de Omasuyo, los pobladores de El Alto y otras innumerables organizaciones sociales y étnicas de Bolivia, optaron por el escenario electoral para disputar el gobierno con todos los partidos del sistema. Pero esto, sin delegar la formulación de su programa ni su representación en los políticos profesionales que estafaron sistemáticamente sus esperanzas. La intervención electoral en Bolivia se realizó sobre la base de un enorme movimiento social que representaba a los pueblos originarios que, a su vez, son mayoría en el país. Y con el antecedente inmediato de un enfrentamiento al Capital violento y extenso en términos de territorio y de tiempo. Cortes de carreteras, invasión de haciendas y/o bloqueo de ciudades, asedio a los parlamentos oligárquicos, derrocamiento de dos presidentes lacayos del imperio, huelgas y piquetes, choques violentos entre la población y el aparato represivo. Y en esos choques, tanto ejército como policía tuvieron síntomas de disgregación. Fue esta decisiva batalla del movimiento popular la que terminó imponiendo por primera vez en 500 años un presidente aymara –Evo Morales- en un país de población mayoritariamente indígena. En un proceso electoral en el marco de una clase capitalista vapuleada. No en unas elecciones bajo el pleno control de una burguesía estable o a la ofensiva. Por eso fue una gran conquista democrática que se extendió en luchas por el reparto o recuperación de tierras, en defensa de la soberanía sobre los recursos naturales y contra el imperialismo hegemónico.

Como explica el vicepresidente García Linera: “El primer componente central del “evismo” es una estrategia de lucha por el poder fundada en los movimientos sociales. Esto marca una ruptura con las estrategias previas que ha conocido nuestra historia política y buena parte de la historia política continental y mundial. Anteriormente, las estrategias de los sectores subalternos estaban construidas a la manera de una vanguardia política cohesionada que lograba aglutinar en su base social a estos movimientos.”...“En otros se trató de una vanguardia política democrática-legal o armada que lograba arrastrar o empalmarse con movimientos sociales que la catapultaban”...”El “evismo” modificó ese debate, al plantearse la posibilidad de que el acceso al poder sea obra de los propios movimientos sociales”/11.

Es que en Bolivia, desde la guerra del agua en Cochabamba se venía conformando un movimiento social-político que no separaba las demandas sociales de las políticas, porque no era parte de la tradición europea del brazo sindical/brazo político. La participación de los pueblos originarios en luchas nacionales no divide su programa en mínimo y máximo. Esta división es una tradición que las corrientes socialistas urbanas del continente heredaron de la socialdemocracia europea y los partidos comunistas, que al dividir en sindicatos y partidos la acción del trabajo, consiguió fraccionar el programa en uno mínimo que abarcara las reivindicaciones posibles de obtener bajo el Capital, que se adjudicaba como tarea a los sindicatos, y se gestionaban en las instituciones burguesas y un programa máximo que conduciría al Socialismo, que se mencionaba en los aniversarios y podía postergarse para un futuro lejano e incierto.

No nos vamos a extender en todos los ejemplos, pero recordemos que en Ecuador el proceso electoral que llevó a Correa a la presidencia fue posterior al derrocamiento de tres presidentes por un movimiento popular movilizado que tenía contra las cuerdas a una burguesía en descomposición. Y en Venezuela la consolidación del proceso de cambios iniciado por Chávez se concreta luego que el movimiento de los pobladores de las barriadas pobres suburbanas de Caracas invadió las calles y derrotó un golpe imperialista, rodeando con multitudes enfurecidas el Palacio de Miraflores y exigiendo el retorno del presidente depuesto.

El Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en el 2005, se desplazó a pie doscientos kilómetros de Goiania a Brasilia en una Marcha Nacional por la Reforma Agraria, para presentar al gobierno Lula un programa económico contrario a la orientación neoliberal que aplica el gobierno del PT. Y el mismo año realizó en varios estados, una coordinación de movimientos sociales contra el modelo económico, “demostrando la capacidad de los movimientos de pensar más allá de las pautas específicas de reivindicación”, como remarcaron en su mensaje del 06 de enero del 2006. El MST es independiente de la central de trabajadores (CUT) y del PT. Y se opone a la orientación de favorecer la expansión de las agro-industrias que en la actualidad impulsa el gobierno del PT /12.

Organizaciones sociales y militantes políticos de Uruguay, sumaron sus esfuerzos en un frente por la defensa del agua. Plebiscitaron y aprobaron una reforma de la constitución (octubre del 2004) –por primera vez en el mundo- que impide por ley la privatización de ese elemento vital. Su conquista fue luego en parte burlada porque el movimiento que impulsó el plebiscito del agua no tuvo continuidad en otras luchas y otras demandas y se disolvió en medio de las expectativas ilusorias creadas por las posibilidades electorales del Frente Amplio. Esta experiencia nos subraya la necesidad de que los movimientos sociales no deleguen en dirigentes o partidos de “izquierda” sus expectativas políticas y asuman directamente sus intereses, sin mediadores que luego resultan agentes del enemigo. Debieron pasar ocho años para que recién en 2012 un nuevo importante movimiento contra la mega-minería a cielo abierto y en defensa de la tierra y los bienes naturales esté en un proceso alentador de acumulación social-política /13.
Sin embargo, parte de la izquierda que rechaza al Frente Amplio, se distrae preocupándose sobre como participar en el próximo proceso electoral, debatiendo y evaluando nuevas fórmulas políticas, hasta ahora ausentes de bases populares reales. Es momento de apoyar la acción creativa programática de los movimientos que tienden a conformarse como social-políticos y que aceptan como punto de partida la reforma agraria, hoy la principal consigna revolucionaria continental.

En la República Argentina, provincia de la Rioja, los pobladores del valle de Famatina /14 -un paraíso de producción de aceitunas y vides-, desde el 2006, se enfrentan a la mega-minera Barrick Gold y su proyecto minero en el cerro Famatina que intenta destruir glaciares y envenenar sus deshielos. Se lanzaron contra este proyecto minero, junto a los pobladores de Chilecito, Pituil y Campana con acciones de bloqueo de caminos para impedir que las multinacionales se instalaran en la cordillera de los Andes. Los pobladores de Andalgalá en Catamarca bloquearon también los accesos a los nevados de Aconquija en los Andes contra el proyecto minero de Agua Rica. Tenían la experiencia destructiva de la minera Alumbrera desde 1997 -emprendimiento de mayor producción de oro en Argentina- que venían denunciando desde años anteriores. En Chubut a mediados de diciembre 2012 la lucha de los ambientalistas logró suspender los planes mineros del gobierno provincial. Así como estos, innumerables enfrentamientos se desarrollaron y se siguen desarrollando en nuestra cordillera y lograron la imposición de una Ley de defensa de los glaciares y peri-glaciares, desvirtuada en parte por los parlamentarios del gobierno. Este fue un triunfo de movimientos, organizaciones ambientalistas y asambleas ciudadanas que tomaron un carácter nacional y asumieron las demandas políticas sin intervención de partidos.

Éstos son sólo algunos ejemplos de los movimientos que batallan en todo el continente. En Latino América y el Caribe hay 173 proyectos empresariales de minería a cielo abierto en donde intervienen 244 empresas diferentes. En su totalidad estas explotaciones están en conflicto con 212 comunidades indígenas afectadas. Los seis países con mayor cantidad de poblaciones originarias agredidas por la minería a cielo abierto son Argentina con 39 comunidades; Brasil y Chile con 34 cada uno; Perú con 32, Bolivia con 22 y Colombia con 20. Las principales causas de conflicto son: la expulsión o desplazamiento forzado de pobladores indígenas; la violación de derechos y leyes medioambientales; la contaminación de aguas y suelos por desechos mineros; la inundación de tierras; la contaminación por humos y las amenazas y engaños a la población local /15. Y a esto hay que sumar los conflictos por la expansión de las agroindustrias en el continente.

Como vemos, las variantes de trascender el espacio específico de lo social, de no aceptar el carácter de espacios estancos de lo social y lo político comienza a hacerse frecuente. ¿Por qué mantener como sacrosanto el ámbito político y aceptar como imprescindibles e ineludibles a los Parlamentos que no son más que teatros de sombras chinas de los antagonismos sociales? ¿A quién favorece sino al capital, ese inviolable acuerdo tácito?

Las agro-industrias y las mineras a cielo abierto, propiedad en su mayoría de transnacionales, están contaminando y destruyendo la biodiversidad del continente. Pretenden continuar en conflicto con las comunidades indígenas, los campesinos y trabajadores rurales sudamericanos y del Caribe y seguir provocando el desplazamiento forzoso de la población rural continental. De los diez países con mayor biodiversidad mundial, cinco están en Latino América y el Caribe: Brasil, Colombia, Ecuador, México, y Perú. Estos países también son hogares de los Andes, la zona con mayor biodiversidad del mundo.

Alrededor del 27% de los mamíferos del mundo viven en América Latina y el Caribe, así como también el 34% de su vegetación, 37% de sus reptiles, 47% de sus aves y el 47% de sus anfibios. El 40% de la vegetación del Caribe es única de esta zona /16. Todo este hábitat está amenazado con la extinción. Sólo una reforma agraria radical que termine con la privatización de la tierra y el agua y defienda el aire que respiramos, puede detener este ultimátum que nos da el Capital en su profunda crisis.

Hacia grandes movimientos social-políticos para enfrentar al Capital

Ese intento de volver a unir el movimiento popular en un solo brazo extra parlamentario de un movimiento socialista articulado alrededor de un programa radical, no se corporiza en los sindicatos clásicos continentales y sus centrales sino en un nuevo sujeto histórico que ha comenzado a estructurarse y generalizarse desde hace más de dos décadas. Y esa dinámica de volver a reunir lo que nunca debió ser separado es un precioso componente embrionario del nuevo sujeto social que ahora pretende conformarse como un sujeto social-político.

La negación de la división sindicatos/partidos pone en cuestión tanto la identidad sindical que se arrastra desde finales del siglo XIX, que tiene por límite los escenarios reivindicativos que no amenacen al Capital y que considera un hecho incontrovertible su complementariedad y subordinación a los partidos políticos, como la concepción de partido revolucionario con base social que heredamos del siglo pasado. La realidad nos indica que está descartada la estrategia de acumulación propia de un pequeño grupo político que durante décadas va ir ampliando su base social y aumentando su representación parlamentaria hasta llegar un momento en que pueda disputar el poder.

Tanto los partidos socialistas y comunistas como la gran mayoría de partidos de “intención revolucionaria” -de alguna forma hay que llamarlos- eran y son instrumentalizadores de los sindicatos y demás movimientos sociales. Militaban en ellos para coparlos. Y cuando en algunas excepciones los partidos autodenominados “revolucionarios” eligieron parlamentarios no pudieron escapar del “círculo mágico” paralizante sindicato/partido/parlamento. Cuando no se han pasado con armas y bagajes a la institucionalidad burguesa, se han transformado en “grupos testimoniales” que continúan repitiendo “mantras” del siglo pasado e intentando obtener mayoría en sindicatos y centrales que favorezcan sus estrategias de auto-construcción.

Esto no significa renegar totalmente de partidos y sindicatos en general, sino negar la concepción sindicato/partido/parlamento que heredamos del siglo pasado. Lo importante es que en esta nueva época histórica abramos una reflexión sobre esos organismos, sus limitaciones y el rol negativo que jugaron en su interrelación, respecto a los intereses de clase del trabajo. Somos conscientes que la última palabra al respecto la tienen los innumerables movimientos que están batallando hoy en nuestra América por mejorar el presente y defender el futuro de nuestras sociedades.

Lo importante es reconocer que en nuestro continente hay nuevas formas organizativas construidas por los trabajadores y el pueblo que nos permiten zafar de la nefasta división entre lo social y lo político.

En términos de demandas, desenvolver una fuerza suficientemente grande para desafiar con suceso a las huestes del Capital, implica unir movimientos diversos, en los enfrentamientos inevitables para la realización de finalidades y objetivos limitados, buscando siempre la forma de preservar la integridad de las perspectivas estratégicas sin perder contacto con las demandas, determinaciones y potencialidades inmediatas, que nos imponen las condiciones históricamente determinadas.

Este nuevo sujeto social-político continental también exige, así como la soberanía de sus decisiones en sus movimientos, la más absoluta democracia horizontal. Muchos veteranos activistas ya hicieron la experiencia con el supuesto centralismo democrático: una contradicción semántica que en la realidad siempre se resolvía en el sentido burocrático. Los integrantes de ese nuevo sujeto social-político están tomando consciencia de su forma colectiva de definir sus demandas y necesidades y por tanto también quieren resolver colectivamente sus pasos a dar. Se ha abierto un proceso en que se empieza a rechazar el sistema de las órdenes inapelables de los “jefes políticos” o la delegación de las decisiones en “dirigentes esclarecidos”.

Fidelidad a los principios socialistas y programas de acción viable y flexible para la diversidad de fuerzas de un amplio movimiento social-político que comparta los variados objetivos comunes de lucha y decida en democracia horizontal sus orientaciones y acciones. Esto es lo que están imponiendo los sectores populares en innumerables movimientos para luchar contra el sistema de acumulación del Capital en su etapa de crisis estructural crónica.

Notas:
1) Harvey, David The Condition of Postmodernity - Basil Blackwell Ltd. 1989.
2) Mészáros, István, Para Além do Capital, p. 833-834.
3) Ibíd. p. 834.
4) Ibíd. p. 856.
5) Antunes, Ricardo. Presentación de “Para Além do Capital” de István Mészáros, pág. 18.
6) Daniel Bensaid “Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren” setiembre 2004. http://www.rebelion.org/docs/4578.pdf
7) Ibíd.
8) Ibíd.
9) Ibíd.
10) Ibíd.
11) García Linera, Álvaro (vicepresidente boliviano). Los fundamentos del “evismo”, Revista DEF n 9, p. 32, Argentina, mayo del 2006.
12) João Pedro Stedile, Conflicto Permanente , 16 de enero de 2013. http://www.advivo.com.br/blog/gunter-zibell-sp/conflito-permanente Publicado originalmente en la revista Carta Capital, Edición 730.
13) Este movimiento ya realizo tres grandes marchas nacionales y la última, el 11 de octubre de 2012, con diez mil personas y gran participación de pobladores del interior del país.
14) Ver Mapa de conflictos Mineros en http://www.mapaconflictominero.org.ar/provincias/la-rioja/famatina.html del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
15) Impacto de la minería en las comunidades indígenas latinoamericanas
https://www.google.com.br/searchhl=es&biw=982&bih=659&q=impacto+de+la+miner%C3%ADa+en+las+comunidades+ind%C3%ADgenas+latinoamericanas
16) De la Torre, Fajnzylber y Nash, , Desarrollo con Menos Carbono: Respuestas Latinoamericanas AL Desafío Del Cambio Climático. Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF)/Banco Mundial, Washington DC. 2009.

El Presidente Chávez en estrecha comunicación con su equipo de gobierno

El Presidente Chávez en estrecha comunicación con su equipo de gobierno

Caracas, 15 feb (PL)

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se mantiene en estrecha comunicación con su equipo de gobierno y al frente de las tareas fundamentales inherentes a su cargo, afirmó hoy el ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas.

En un comunicado difundido por instrucciones del Vicepresidente Ejecutivo, Nicolás Maduro, Villegas dio a conocer el estado de salud del mandatario, junto a dos fotos actuales del presidente venezolano con sus hijas, mostradas de manera paralela.





A continuación, PRENSA LATINA reproduce el texto íntegro del comunicado:

"El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela informa sobre la evolución de salud del Presidente Hugo Chávez, tras la intervención quirúrgica practicada en La Habana, Cuba, el pasado 11 de diciembre.

Después de dos meses de un complicado proceso post-operatorio, el paciente se mantiene consciente, con integridad de las funciones intelectuales, en estrecha comunicación con su equipo de gobierno y al frente de las tareas fundamentales inherentes a su cargo.

Como se informó oportunamente, la infección respiratoria surgida en el curso del postoperatorio fue controlada, aunque persiste un cierto grado de insuficiencia.

Dada esta circunstancia, que está siendo debidamente tratada, en la actualidad el Comandante Chávez presenta respiración a través de cánula traqueal, que le dificulta temporalmente el habla.

El equipo médico aplica tratamiento enérgico para la enfermedad de base, que no está exento de complicaciones.

El paciente coopera con el tratamiento y rehabilitación en estrecha coordinación con el equipo médico de trabajo.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela agradece al pueblo venezolano el amor, la serenidad, madurez y entereza con que ha acompañado al Comandante Chávez en esta batalla y lo invita a mantenerse en oración por su salud.

En este año, cuando se celebra el Bicentenario de la Campaña Admirable, esta actitud ejemplar del pueblo venezolano confirma que se trata, en efecto, del mismo pueblo admirable que luchó con nuestro Libertador Simón Bolívar por la causa de la Independencia.

El Gobierno Bolivariano ratifica, asimismo, su gratitud hacia el Comandante Fidel Castro y al Presidente Raúl Castro, al equipo médico y a todo el pueblo cubano, por el amor y los cuidados brindados a nuestro Presidente.

Confiamos, junto al pueblo venezolano y demás pueblos del mundo, que el Comandante Chávez superará más temprano que tarde estas delicadas circunstancias para acompañar a su pueblo en el camino de nuevas victorias en la construcción de la Patria Buena.

¡Que viva Chávez!

¿Bachelet 2014?

Por Alejandro Lavquén

 

Si Michelle Bachelet fuera la solución a todos los males que aquejan a la sociedad chilena sin duda que, en las próximas elecciones presidenciales, yo también votaría por ella, pero la realidad es muy distinta, pues dadas las circunstancias ideológicas de la ex presidente, más cercanas a la centroderecha en lo político y económico, ella no es garantía de ser la solución a las injusticias sociales y económicas que sufre la población, y menos es solución a la corrupción política y empresarial. Con toda seguridad Michelle Bachelet será la próxima presidenta de Chile, y la dirigencia de la Concertación pasará de su actual discurso crítico al sistema, por lo menos públicamente, a apoltronarse nuevamente en los cargos públicos, exhibiendo la arrogancia e inconsecuencia que demostró durante los veinte años que gobernó bajo la férula de la Constitución de 1980 y fortaleciendo, además, el modelo neoliberal.

Quienes diciéndose de Izquierda (en cualquiera de sus manifestaciones), pero que aún dudan del camino propio, ya sea por pusilanimidad política, candidez u otros motivos guardados bajo siete llaves, sin duda que darán su voto a Bachelet, argumentando que ésta opción es mejor que cualquier gobierno de derecha. Y claro, es su opción, absolutamente válida, de votar por quien estimen conveniente hacerlo, pero, por favor, no le mientan a la gente planteando que las cosas cambiaran por el solo hecho de ser electa presidenta Michelle Bachelet. 

La única manera de que ese discurso pudiera ser creíble es que la ex presidenta firmara un documento público donde se compromete, con urgencia, a: 1) Recuperar todas las empresas privatizadas desde la dictadura a la fecha. 2) Acabar con las AFP e ISAPRES. 3) Enviar a todos los militares condenados por atropellos a los derechos humanos a cárceles comunes y corrientes. 4) Modificar el sistema educacional de las escuelas militares. 5) Cambiar la Constitución de 1980 mediante una Asamblea Constituyente e instaurar el plebiscito como herramienta fundamental de la democracia para zanjar diferencias. 6) Implantar la educación pública gratuita y de calidad, lo mismo para la salud. 7) Dar curso a todas las peticiones del pueblo Mapuche y los demás pueblos originarios. 8) Volver a las antiguas leyes laborales y de previsión vigentes antes del golpe militar. 9) Acabar con el sistema binominal y además con la partidocracia, iniciando un proceso que permita que las organizaciones sociales, sindicales, culturales, vecinales, profesionales, etcétera, tengan los mismos derechos de los partidos políticos para presentar candidatos a elecciones de todo tipo, sin mayor traba que los candidatos sean mayores de edad. 

Para empezar, esto sería suficiente para creerles a la señora Bachelet y a sus partidarios. Sólo para empezar. 

 

 

Chile: “No nos creemos representantes del pueblo: somos el pueblo mismo que levanta su voz”

Chile: “No nos creemos representantes del pueblo: somos el pueblo mismo que levanta su voz”

 

“…al medio de la Alameda de las Delicias, Chile limita al centro de la injusticia” 

Violeta Parra 

 

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

Las poblaciones son los barrios donde viven los trabajadores más empobrecidos de Chile. Desde hace 10 años los pobladores deudores habitacionales luchan por una vivienda a precio justo y organizadamente, combinando formas de acción directa, legales e ilegales. Si bien este no es un combate nuevo en la crónica del país, sí es su manera reciente de enfrentar un derecho incumplido por las administraciones del Estado.

De ahí viene Roxana Miranda, la candidata de la herramienta de los Pueblos, Igualdad (http://partidoigualdad.cl/), para enfrentar las elecciones presidenciales que tendrán curso en octubre de 2013. También fue dirigenta estudiantil del liceo comercial  A-130 y es presidenta de juntas de vecinos en la populosa comuna de San Bernardo en Santiago. Es separada y  madre de cuatro hijos donde el mayor cuenta 18 años. Es decir, forma parte de más de la mitad de familias chilenas donde la cabeza del hogar es mujer, trabajadora, y en este caso, además metida hasta el cuello en cosas de este mundo, peleadora, de profesión modista (como su madre y su abuela), voz delantera que conoce sus derechos, líder de asalariados y pueblo. Detenida casi un centenar de veces por luchar, judicializada con penas de cárcel otras tantas, y si se acerca a La Moneda inmediatamente es sometida a un control de identidad por la policía.

“En la lucha por una casa hemos logrado que a nivel nacional más de 286 mil familias ya no paguen dividendos imposibles, y casi 160 mil familias tengan rebajas significativas en sus cuotas hipotecarias”, explica Roxana mientras en la habitación conjunta se reúne uno de los equipos de trabajo de su campaña.

 

-No hay precedentes de una candidata presidencial cuyo origen sea el Chile empobrecido, de la clase a la que pertenece la mayoría de la gente. Normalmente se postulan los mismos apellidos de la burguesía o la pequeña burguesía…

“En medio de la lucha social y de sus propias contradicciones y limitaciones en períodos electorales, en cualquiera de sus niveles, nos percatamos que era preciso dotar al movimiento social de política. Antes no lo hicimos, pero es un paso imprescindible. De ese modo, nos entregamos a la legalización de un instrumento político de los propios movimientos sociales reales, con absoluta autonomía política del sistema de partidos políticos hegemónicos. Eso nos permite actuar con independencia respecto del duopolio Concertación-Alianza por Chile. Así fuimos construyendo Igualdad, un medio que busca reunir a todas las agrupaciones que no nos sentimos representadas por la clase política tradicional. Ya somos muchos conjuntos sociales que estamos unificados, pero todavía falta. Como en toda América Latina, la unidad no es una obra de un solo acto, sino que un proceso.”

 

-¿Cuáles son los ejes programáticos de Igualdad y, por extensión, de tu candidatura?

“Es importante aclarar que yo no fui autoproclamada. En el primer encuentro del instrumento político, los comunales de las distintas regiones del país resolvieron democráticamente honrarme con mi candidatura. Nuestro programa no está sacado de un sombrero de mago. Hace mucho que estamos luchando por una nueva Constitución.”

 

-…Pero en Chile las constituciones las hacen los de arriba. De hecho la que rige es la diseñada por el ultraliberal Jaime Guzmán e impuesta bajo la tiranía en 1980 a través de un plebiscito arreglado…

“En efecto. Como es una necesidad histórica que se vuelve cada vez más popular para dar un paso en la democratización genuina del país, ya la están tomando algunos parlamentarios del sistema. Allí estamos poniendo mucho ojo, porque no queremos una Constitución fabricada a puerta cerrada, como la que ellos plantean. Nosotros estamos por una Vía hacia la Constituyente. Es decir, un proceso amplio que garantice la participación de todos los chilenos y que, como totalidad social, nos contestemos qué educación queremos, qué política de vivienda, qué ingreso mínimo, cuánto de las platas públicas deben destacarse a las mismas FFAA que nos criminalizan; de qué manera deben retornarse sus tierras a los hermanos mapuche, que ya está bueno y urge entregar una salida al mar al pueblo boliviano, etc. Se trata de muchísimos temas que nuestra gente, las mayorías, deben debatir y decidir. Por eso no podemos permitir que una ‘nueva’ Constitución sea elaborada por un puñado de zánganos que hacen uso y abuso de su transitoria situación en el poder. De ser así, sólo saldría un legajo favorable a los pocos y grandes empresarios.”

 

-¿Qué quieres en torno a los ámbitos más acuciantes para la población, como trabajo, salud, educación, previsión social, vivienda, transporte, recreación, etc.?

“Nuestro principio fundamental es detener el tremendo negocio que han hecho con nuestros derechos. No es posible que la familia chilena tenga que elegir al hijo que considera con mejor cabeza para destinar sólo a ese los recursos y oportunidades de estudiar, porque no alcanza para los demás. Mucha gente cree que por pagar va a recibir una mejor educación, pero tampoco es así. Otro ejemplo es la manera espantosa en que la autoridad bancarizó la vivienda social. Las mismas familias amenazadas con el remate de sus casas sencillas son las que tienen que estar sacando número en los consultorios sanitarios desde las cinco de la mañana. Chile está a años luz de poseer un sistema de salud garantizado, óptimo y tecnológicamente de punta para todos. Esa atención es prohibitiva para las personas comunes y corrientes. Por mi parte y en el terreno de la seguridad social, las privadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP`s) deben terminar. Asimismo, queremos que los chilenos en el extranjero puedan votar, y que los temas de libertades civiles en el campo de la diversidad sexual, el aborto, etc., sean plebiscitados.”

 

“LA DISPUTA ELECTORAL ES APENAS UNO DE NUESTROS FRENTES DE LUCHA”

 

-¿Cómo crees que te tratarán los medios de comunicación de masas controlados por intereses absolutamente contradictorios a los que representas?

“Te aseguro que, de partida, sólo por mi condición de pobladora y luchadora social, se encargarán de descalificarme. Si es que me invitan a algún medio. Los poderosos emplearán todo lo que esté a su alcance para impedir siquiera que mi voz se escuche. Pero en general, nosotros no necesitamos andar con un delantal blanco encima o haber pasado por la universidad para disputar un cargo tan importante. Mi universidad es la vida real de nuestro pueblo. Porque nosotros, a diferencia de todos los candidatos y presidentes de los gobiernos posdictadura, no nos creemos representantes del pueblo: somos el pueblo mismo que levanta su voz.”

 

-¿Entonces, si ganarás?

“Facilitaríamos a la gente a tomar las instituciones para que las llenen de contenido popular, con sus formas y conocimientos. Nuestra disputa electoral con los poderes establecidos es apenas uno de los frentes de lucha. Tomar un puñado más de poder tiene la importancia de ponerlo al servicio de nuestro pueblo. Incluso podemos usar la facultad de llamar a un plebiscito nacional para transformar la Constitución.”

 

“NOS DEFINIMOS ANTIIMPERIALISTAS, ANTICAPITALISTAS, POPULARES, PLEBEYOS Y REVOLUCIONARIOS. NUESTRO HORIZONTE ESTRATÉGICO ES LA CREACIÓN DE UNA SOCIEDAD SIN EXPLOTADOS NI EXPLOTADORES”

 

-¿Qué ejemplos de América Latina valoras?

“Evo Morales era un dirigente cocalero que llegó a la presidencia. Ahora, mientras me devuelvo a mi casa en el transantiago, aprovecho de leer ‘El Jefazo’, una biografía de Evo donde me siento tremendamente representada. Por su lado, Chávez ha dignificado a su pueblo, junto a su pueblo, más allá de las dificultades internas y externas, y ha dado cátedra en materia de defensa de ese proceso. Nosotros estamos dispuestos a romper los patrones dominantes. Somos atrevidos. Nadie puede negar el derecho de establecer la educación pública por la que luchan los chiquillos, o las tierras por las que luchan los mapuche, o terminar con el actual sistema penitenciario  convertido en un basurero humano. Por eso nuestra lucha es revolucionaria. Somos los de abajo que vamos por lo de arriba. Nuestro programa está permeado por las necesidades concretas y dinámicas del pueblo, y su objetivo es mejorar la calidad de vida de la mayoría. No necesito ser economista para saber que el cobre debe ser nuevamente chileno.”

 

-…Pero hacen faltan equipos de personas que estén de tu lado y cuenten con conocimientos específicos…

“Hay excelentes profesionales que militan en Igualdad. Les hablo a los otros. Hago un llamado a los intelectuales que están por el bien común a que no se opongan a las candidaturas populares. Al contrario, necesitamos que nos acompañen. Eso lo consideramos un gesto de grandeza, ética y generosidad.”

 

-Está clarísima tu posición en relación a la democracia radical y participativa. Obligado por las propias izquierdas necesito que caracterices tu candidatura en términos de definiciones fuertes en el país de la vanguardia capitalista…

“Nosotros no vendemos pomadas. Nos definimos antiimperialistas, anticapitalistas, populares, plebeyos y revolucionarios y nuestro horizonte estratégico es la creación de una sociedad sin explotados ni explotadores, igualitaria, donde los derechos elementales estén garantizados. Con esos principios bien visibles reunimos las firmas para la legalización de Igualdad. La gente de manera creciente sabe que la Concertación y la Alianza por Chile, esencialmente, no tienen diferencias. Por ello también nosotros necesitamos definiciones sin medias tintas de los propios grupos políticos y sociales distintos a Igualdad. Los administradores políticos del capitalismo en Chile no se van a quedar de brazos cruzados si emprendemos la batalla por el cobre para el país. Las clases dominantes no se suicidan cuando sus intereses están en juego. Y ya no queremos pelear por los distintos síntomas parcelados de la enfermedad capitalista. Nuestro proyecto involucra a millones.”

 

“LO QUEREMOS TODO”

 

-Si las elecciones fueran mañana, tus más posibles contrincantes serían Laurence Golborne por la derecha de siempre, Michelle Bachelet por la Concertación -que se viene candidateando desde el mismo día en que ganó Sebastián Piñera y que es la carta del imperialismo por la supuesta superior gobernabilidad que reclama el capital-, y gente como Marco Enríquez Ominami, que es parte del problema y un publicista extraordinario…

“Bachelet es el ‘comodín’. Y con el Partido Comunista en sus filas. Un PC que, lamentablemente, anda con los pantalones a media cintura. Es una agrupación que le ha hecho muy mal a la política en Chile, y no sólo en el plano electoral. Únicamente se ha dedicado a acomodarse y dotarse de cupos y cargos. Ahora bien, esto tiene que quedar muy claro: nosotros no haremos alianzas con la Concertación ni con quienes establezcan pactos con ella. Es la única manera de recomponer una verdadera izquierda que en la actualidad aún no termina de constituirse.”

 

-Tu campaña carece del financiamiento sin límites de los demás candidatos. Ellos, como piezas del poder y de los medios, basta que hablen por TV y de golpe llegan a millones de personas…

“Nosotros persistimos en nuestras asambleas abiertas, cara a cara, boca a boca, ante la desesperación de los candidatos del capitalismo durante la contingencia electoral. Nosotros, en cambio, asumimos esta campaña como una lucha más. Si somos capaces de llegar a la población que tiene nuestros problemas concretos, el color de nuestra piel, el hambre de justicia auténtica, ya lo consideramos un logro enorme. Por mí parte, mañana viajo a Aysén (extremo sur de Chile), donde hay precedentes de luchas sociales frescas, por ejemplo. El único que podría detenernos sería el propio pueblo y su falta de confianza en nosotros. Nos falta mucho, es cierto. El proyecto de Igualdad debe todavía ser conocido hasta el último rincón del país. Para eso también sirven las elecciones. Después vendrán otros, hijos de un proceso complejo, pero con una rica experiencia y crecimiento acumulado en el cuerpo. Usaremos la legalidad, sin embargo no como un fin en sí mismo. Antes que todo somos revolucionarios. Y lo queremos todo.  Las batallas parciales de hoy verán su victoria mañana.”

 

-¿Y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT)?

“A la presidenta de la CUT hasta monedas le tiraron en la reciente Cumbre de los Pueblos. La Central desde hace tiempo está muy desprestigiada y no representa a los trabajadores.”  

 

“SABEMOS LO QUE TENEMOS QUÉ HACER EN HORAS DURAS Y NO TENEMOS MIEDO”

 

-Eres la candidata de Igualdad, pero existen otras agrupaciones críticas…

“Nosotros estamos llamando a una convocatoria amplia de la verdadera izquierda, entendiendo, claro, que la Concertación no es izquierda. Desearíamos que todos aquellos que no se sienten representados por el duopolio Concertación-Alianza por Chile, se acercaran a esta iniciativa. Nos necesitamos todos y levantando un candidato único. De hecho, puede ser mi candidatura o la de otro, pero organicémonos mediante un proceso democrático, a través de una primaria para que la propia gente decida. Es lamentable que algunos no compartan esta idea y que corran por cuenta propia, como para ‘darse un gusto’, más que pensando en el porvenir de nuestro pueblo, de los trabajadores, de los plebeyos y los ofendidos.”

 

-Fuera de Chile, las figuras que más se conocen son las de Salvador Allende y la de Pinochet. El final brutal de la experiencia de la Unidad Popular es parte de la historia mundial…

“No conocemos lo que ocurrirá en el futuro. Pero sabemos lo que tenemos qué hacer en horas duras y no tenemos miedo. No tenemos ese temor que usa la Concertación para que votemos eternamente por el mal menor y no cambiemos nada nunca. La valentía de un pueblo se obtiene con triunfos, con atrevimiento, con audacia, con la película clara y sin dobleces. Ya se acabó la siesta obligada en Chile.”

 

-Cuando te nombro a Allende, ¿qué aparece en tu cabeza?

“Emoción, admiración, respeto, una enseñanza que puesta a la hora actual y sometida a la crítica necesaria y sus correcciones, sí tiene porvenir.”  

Héctor Llaitul y Ramón Llanquileo deponen su huelga de hambre luego de 76 días

Héctor Llaitul y Ramón Llanquileo deponen su huelga de hambre luego de 76 días

La vocera de los familiares de los presos políticos mapuche, Guacolda Chicahual, confirmó que el líder de la Coordinadora Arauco Malleco, Héctor Llaitul, depuso su huelga de hambre luego de 76 días de ayuno. Lo anterior, luego de la visita de un grupo conformado por observadores de Derechos Humanos y académicos que llegó este lunes hasta la cárcel El Manzano para solicitarle a Llaitul que rehusara de la acción.

Asimismo, fue informado que Ramón Llanquileo, preso en la cárcel de Angol, también abandonó la medida de presión, que mantenía por la misma cantidad de días, luego de la respectiva visita de parte de la comisión compuesta por integrantes de la Comisión Ética contra la tortura tanto el representante de Chile como de la representante de bélgica, el vocero de dicha organización a nivel internacional y miembro activo en representación del presidente del colegio médico de Chile.

Según comentó la vocera, se conformará una comisión internacional de observadores de Derechos Humanos del pueblo nación mapuche que tendrá tareas a largo plazo en dicha materia.

Mediante esta visita de emergencia se generó un compromiso por parte de las personalidades que asistieron, la cual tiene por primera tarea velar por las exigencias de los comuneros que abandonaron la huelga de hambre.

Entre sus solicitudes destaca

1.- Restitución de las salidas de fin de semana de Ramón Llanquileo

2.- Traslado de Héctor Llaitul a la cárcel de Angol

3.- Atención médica urgente en ambos casos

4.- Reconocimiento de los abono pendientes a la actual condena que cumple Hector Llaitul

5.- Acompañamiento de la denuncia ante la Corte Interamericana de DDHH que interpusieron, los PPM CAM, por la aplicación de la Ley Antiterrorista entre otras aberraciones jurídicas en el juicio en Cañete.

El mapuche invisible

Por Ricardo Candia Cares

 

No es cosa nueva la militarización del territorio mapuche. La primera edición de las “gestas pacificadoras”, en la década de 1860, estuvo a cargo del ejército cuando el Estado decidió que esas tierras merecían otros dueños y que los indios eran una molestia que había que extirpar. El ministro de Guerra de la época, Federico Errázuriz, instruyó al general Pinto, el héroe que dirigió las operaciones: “…haga uso de las armas i hostilizarlos de manera que juzgue más prudente para castigar su rebelión, arrebatarles sus recursos i debilitarles hasta dejarles en la impotencia…”. Y en el caso de rendirse, y como prueba de buena fe, los caciques debían entregar al ejército a uno o dos de sus hijos como rehenes, los cuales al cabo de cierto tiempo deberían ser cambiados por otros, para impedir que la separación de sus padres debilitara el cariño recíproco. La derrota mapuche de noviembre de 1881 define el modo en que el Estado se vinculará en lo sucesivo con los sobrevivientes: sin verlos. La idea de los poderosos de entonces era no sólo ocupar sus territorios, sino que acabar con lo que llamaban “la raza mapuche”. Y a partir de entonces, se intentó su inexistencia, creyéndolos evaporados después de los últimos fusilamientos. Reducidos, los sobrevivientes pasaron de ser un pueblo libre, a vivir como campesinos apretujados, pobres, vencidos, y por sobre todo, invisibles. Los esfuerzos integradores del Estado convirtieron al mapuche en mano de obra para servir en las ciudades y en los nuevos latifundios. La sociedad chilena asumió su labor rectora enseñando a los chilenos a relacionarse con los sobrantes de su guerra civilizadora, como si fueran personas que no son y casi sin ningún derecho. Para los codiciosos de entonces esas extensiones, ahora sin dueños, fueron un botín jugoso. Una sociedad acababa de ser desarticulada por los cañones y los fusiles de repetición y grandes fortunas del centro del país se financiaban con esas tierras arrebatadas a sangre y fuego por el ejército. Y entonces se descubrió que esos indios desarrapados que afeaban la vista, esparcidos sin saber dónde ir y qué hacer, no se parecían al indio audaz y valiente de la literatura, de las leyendas, de las historias de valor y resistencia al invasor de que hablaban las escuelas y discursos. Un famoso homenaje al mapuche es una estatua de bronce que, a mediados del siglo XIX, concibió el artista chileno Nicanor Plaza. Nacida con el anglosajón nombre de “The last of Mohicans”, para un concurso que los homenajeaba, ese indio con tocado de plumas, arco y flecha, no figuró. Pero el artista, para no perderlas todas, le cambió el nombre y se la ubicó en una de las terrazas del cerro Santa Lucía. Desde entonces se llama “Caupolicán”. Otro homenaje quedó estampado el año 1904. Con letra de Eusebio Lillo, nuestra Canción Nacional advierte que “ con su sangre el altivo araucano, nos legó por herencia el valor… ”. Esas descripciones propias de Alonso de Ercilla o de Pedro de Oña, fueron objeto de merecimientos, honores y referencias épicas. Mas no el bárbaro trashumante y hambriento que quedó en el limbo del no ser. Esta dicotomía ha definido la relación que la cultura dominante ha tenido con “lo mapuche” desde esas no tan lejanas y heroicas jornadas que el general Pinto describe en su memoria del año 1869, y que tuvo su punto máximo de emoción en noviembre de 1881, cerca del actual Temuco. Por una parte, los sobrevivientes de la guerra pasan a ser tratados como miserables perdedores sin merecimiento alguno, y, por otra, el mapuche idealizado por la literatura y las leyendas, fundadores de una raza por cuyas venas corre sangre de guerreros sin par, son exaltados como dignos descendientes de Caupolicán, Galvarino, Colocolo y otros héroes que tal vez ni siquiera existieron, pero que son mucho más presentables que esos que andan por ahí. Lo que reverbera hoy en esas tierras, con su lúgubre reguero de muerte y sufrimiento, son los ecos y reflejos de una guerra en la que el mapuche fue vencido pero que desde esas ruinas sobrevivió por esa misteriosa fuerza vernácula que tienen todos los pueblos del mundo para negarse a la derrota eterna y para luchar por su derecho a ser. Por eso, a duras penas, el mapuche sigue siendo. Aunque la sociedad ganadora, prepotente y codiciosa, determine su invisibilidad por medio del desprecio con forma de leyes que las fuerzas armadas y de orden aplican con fruición y buena puntería, a la espera de refuerzos. El mapuche sigue invisible para el que no quiere verlo. Y las muertes y sufrimientos que de tarde en tarde se toman el territorio, se explican por esa dualidad interesada de la sociedad chilena, por esa óptica perfeccionada en 130 años de desprecio y ceguera.

Fuente:Punto Final

La CELAC y las luchas contra el neoliberalismo (I)

La CELAC y las luchas contra el neoliberalismo (I)

Por Angel Guerra Cabrera

 

Los países de América Latina y el Caribe hicieron historia al acordar en la Rivera Maya, México (2010), la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Significaba que los 33 Estados de la región se reunieran por primera vez en una organización sin Estados Unidos ni Canadá y que en su gran diversidad hablaran a una sola y soberana voz en el concierto mundial de naciones. Su trayectoria hasta hoy, los pronunciamientos de su I Cumbre en Santiago de Chile (28/1) y la elección unánime de Cuba para encabezarla hasta la II cumbre de La Habana (2014), así lo demuestran. Esta decisión, indicando a Washington el apoyo latinocaribeño a Cuba y los clamorosos reclamos que debió escuchar Obama sobre la argentinidad de las Malvinas y contra el bloqueo y la ausencia de la isla en la llamada Cumbre de las Américas de Cartagena (2012) señalan el crucial giro político de América Latina y el Caribe.

“La CELAC es el proyecto de unión política, económica, cultural y social más importante de nuestra historia contemporánea” señaló en memorable carta a la reunión de Santiago el presidente Hugo Chávez. Nadie más indicado para hacer esta valoración que quien ha entregado todo su talento y dotes de líder para conseguirlo. En la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, Brasil(2008), con la capacidad de convocatoria del presidente Lula da Silva se dio el “primer paso”, dijo entonces su homólogo Raúl Castro, y la reunión constitutiva, preparada exquisitamente por la diplomacia chavista, se realizó en la capital venezolana (2011). Allí se adoptaron la Declaración y el Plan de Acción de Caracas, así como otros documentos previamente sometidos al consenso de todos los gobiernos participantes. En ellos, como en los adoptados en Santiago esta semana se advierte una manera de pensar y un lenguaje propio humanistas y solidarios, alejados del cosmopolitismo y la tecnocracia neoliberales.

Y es que la Celac no es fruto de una decisión burocrática o cupular. Sólo fue posible como resultado de un nuevo y superior capítulo de la lucha de emancipación de los pueblos de América Latina. Cuando se anunciaba el fin de la historia y las políticas neoliberales parecían eternas, nuestros pueblos cambiaron la geografía política y el sentido común que parecía prevalecer entonces en la región. Lo hicieron a partir del estremecedorcaracazo (1989) y la rebelión cívico-militar encabezado por Chávez (1992), pasando por el levantamiento indio de Chiapas (1994) y otros potentes combates populares que condujeron al advenimiento de gobiernos defensores del interés nacional y popular en Venezuela, Brasil, Argentina Bolivia, Uruguay, Ecuador y Nicaragua. La Celac es resultado de la aparición de estos gobiernos, de la rebelión antineoliberal que los entronizó y de un acumulado cultural a favor de la unidad como única vía de independencia. Alargando la perspectiva histórica, es también consecuencia de cinco siglos de luchas populares y se asienta en la solidez de las dos grandes civilizaciones de los pueblos originarios de América Latina y el Caribe y en el fecundo mestizaje indo-latino-africano. Encarna el postergado e indispensable objetivo unitario de Bolívar, de Martí y de muchos de nuestros próceres.

La cumbre de Santiago muestra una Celac en trance de consolidarse que inspira justificado optimismo aunque sería ingenuo suponer que estará exenta de escollos. Los sectores burgueses más entreguistas en cada país harán todo lo posible por poner palos en la rueda. Estados Unidos intentará aprovechar las evidentes diferencias de criterio en su interior para dividirla. En la organización están los países de la Alba así como Argentina, Brasil Y Uruguay, -que se oponen al libre comercio- y están México, Colombia, Perú y Chile, agrupados en la Alianza Pacífico, que persisten por ahora en esa fórmula fracasada y socialmente ruinosa. Sin embargo, ambos grupos están demostrando la capacidad de trabajar juntos enfatizando en lo que los une y no en lo que los separa.

Raúl lo definió así en Santiago: “Entre nosotros hay pensamientos distintos e, incluso, diferencias, pero la CELAC ha surgido sobre el acervo de doscientos años de lucha por la independencia y se basa en una profunda comunidad de objetivos. No es la CELAC, por tanto, una sucesión de meras reuniones ni coincidencias pragmáticas, sino una visión común de la Patria Grande latinoamericana y caribeña que solo se debe a sus pueblos”.

Twitter: aguerraguerra