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AÑO NUEVO, tetas nuevas

AÑO NUEVO, tetas nuevas

Por Rafael Luis Gumucio Rivas


La interpretación del Tarot no es muy difícil si sabemos un poco de política. Centrada en este rubro, podemos sostener, por ejemplo, que el problema central de este año va a ser la salud, es decir algoevidente, pues los gobiernos del duopolio no pueden haber sido más desastrosos en este campo; otro tanto ocurre al anunciar que, en junio, explotarán los movimientos sociales, producto de la lentitud para resolver los problemas durante el gobierno de Bachelet; que en el Mundial de Futbol, a realizarse en Brasil, no pasaremos más allá de octavos de final, es una obviedad; en cuanto a profecías auto cumplidas, nunca faltará un terremoto, una sequía o una inundación – seguramente no habrá una ministra como Michelle Bachelet, que sepa montar en un tanque, en una inundación, y ser catapultada al poder -. No hay que ser mago para asegurar que el Presidente Piñera seguirá instalando “primeras piedras” en cada segundo que le queda de poder.

 

El tema central de este mes de enero es conocer quiénes serán llamados a succionar tetas del Estado. En Chile, el monarca tiene la posibilidad de hacer felices a unos cuantos miles de sus seguidoras durante la campaña presidencial, amén de los amigos personales – aun cuando muchos son los llamados y pocos los elegidos -. El poder que tiene la reina Michelle Bachelet es comparable con el de Eduardo Frei Montalva, en 1964: una derecha destruida, una contundente mayoría parlamentaria y un programa de cambios aprobado por la ciudadanía – que ojalá se cumpla – con un pequeño matiz relacionado con el hecho de que en los años 60 la gente creía en la política y hoy, la mayoría la rechaza como una actividad espuria.

 

En el decisivo período de reparto de cargossobre todo los ministeriales, la actitud del Presidente o Presidenta es fundamental: por ejemplo, en el caso de Frei Montalva, se retiró a un fundo de un amigo rico – en el Chile de esa época, las casas de veraneo eran bastante precarias, razón por la cual había que acudir a contadas personas, poseedoras de grandes fundos – donde tenía que repartir los cargos entre los directivos y militantes del Partido Demócrata Cristiano, los amigos personales y los freistas independientes; el conflicto radicaba entre los independientes de derecha y el Partido. En el caso de Salvador Allendeocurrió todo lo contrario: no se aisló y respetó las cuotas de cada partido político que lo apoyaba – socialista, comunista, radical, Mapu, el API, de Rafael Tarud -.

 

Una vez recobrada la democracia, la Concertación distribuía los cargos en un casi perfecto cuoteo: cuando los ministros eran democratacristianos, a los subsecretarios les correspondía representar el PPD o el PS u otros, pero a veces había un espacio que era ocupado por los amigos personales – por ejemplo, la “troika” de Eduardo Frei Ruiz-Tagle <Arriagada, Pérez Yoma y Figueroa> -; todos los ministros de Hacienda eran visados y visitados por el gobierno de Estados Unidos, que trabajaban en el “fideicomiso” llamado Chile – Foxley, Aninat, Eyzaguirre y Velasco -. En el caso de los Seremi, empresas del Estado, intendencias y gobernaciones, las tesis de los “feudos” de Partidos o personales se respetaban plenamente y, quizás el gran aporte de la Concertación a la política chilena fue llegar al cénit del cuoteo.

 

Ahora, Michelle Bachelet se aisló en casa de veraneo de Tunquén, lugar inexpugnable para cualquiera de los mortales, pues en sus playas no se ve nunca el cocaví de fin de semana, ni ahogados a consecuencia de la embriaguez de sandía y vino tinto.

 

Bachelet es muy inteligente: capta muy bien que las neuronas humanas tienen poca capacidad de recordar y, gracias a esta realidad, todos los ingenuos olvidaron que su último gabinete ministerial estuvo compuesto por los políticos más oportunistas que se han dado en nuestra historia – a Bachelet le pasó, como a muchas mujeres bonitas, que se “casaron” con personajes monstruosos, una especie de “jorobados de Notre Dame” que, en política, suelen ser más indeseables -.

 

Está claro que Bachelet, con el poder que ostenta, puede pasar por alto a los presidentes de partido de su conglomerado, pero ignoramos si tendrá buen gusto y tino para elegir a sus colaboradores inmediatos. Hasta ahora, ha jugado muy hábilmente con el misterio, pero puede llegar un momento en que gente se va a agotar con tanto secretismo y viene el adagio de que “es bueno el cilantro, pero no para tanto”. No esperamos las predicciones del Tarot para saber que su gabinete será una mixtura entre neoliberales nuevos y antiguos.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas

 

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