Blogia
T r i b u n a c h i l e n a
Chollo del día - Ventilador de techo 39,98 € 104,98 € -62%

Chile

La visión internacional del presidente Allende

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein 

El 27 de junio de 2008 con motivo del centenario del nacimiento de Salvador Allende, fui invitado a presentar una ponencia en el evento organizado en el Centro Cultural Gabriela Mistral de Santiago de Chile como homenaje a uno de los grandes de la historia de América Latina. A continuación expongo una versión muy resumida del contenido de dicha exposición que da una idea de la visión internacional del Compañero Presidente Allende.

El año 1970 marcó en Chile el ascenso del movimiento popular y obrero al gobierno, luego de caminar por un arduo y sacrificado sendero signado por la lucha contra las estructuras del Estado burgués. La victoria electoral de Salvador Allende, permitió que por primera vez un movimiento que pujaba por la consolidación de un proyecto socialista, consiguiera llegar a la Moneda en los marcos de la democracia representativa.

En este contexto, el Gobierno de la Unidad Popular dirigido por el Presidente Salvador Allende, ejerció una política internacional asentada en la necesidad histórica del pueblo chileno de conquistar nuevos y reales niveles de independencia ante las pretensiones monopólicas de grupos económicos hegemónicos y arremetidas imperiales que procuraban impedir la consagración del proyecto socialista en el continente americano.

Es así como el principal objetivo de la política internacional del Gobierno de Allende fue el “fortalecimiento de la plena autonomía política y económica… sobre la base del respeto a la autodeterminación y a los intereses del pueblo de Chile”. Así lo reveló en su primer mensaje a la nación, en mayo de 1971: “La política internacional del Gobierno de la Unidad Popular no es sino la proyección en el plano externo de la forma cómo se ha concebido y definido nuestro quehacer histórico: iniciar en nuestra Patria la construcción del socialismo como único camino eficaz para que las grandes masas, encabezadas por el proletariado, alcancen el pleno ejercicio del poder y el justo uso de la riqueza común”

En cada uno de los escenarios en que se desarrolló la política internacional del Gobierno (multilateral o bilateral), tuvo como basamentos fundamentales los preceptos de resguardo a los principios de convivencia inscritos en la Carta de Naciones Unidas, no intervención en los asuntos internos de cada Estado y libre determinación soberana de los pueblos.

El discurso ofrecido por el Presidente Allende el 4 de diciembre de 1972 ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas muy bien podría definir la posición de Chile frente a las distintas dinámicas a las que tuvo que hacer frente su Gobierno en el escenario multilateral entre 1971 y 1973. A través de aquellas palabras, Allende no vaciló en denunciar las variadas agresiones y maniobras de las cuales fue víctima su país por los distintos agentes internacionales que no perdonaron la voluntad soberana del pueblo chileno de nacionalizar el cobre y otras importantes industrias extractivas. En aquella ocasión Allende manifestó: "Desde el momento en que triunfamos electoralmente el 4 de septiembre de 1970, estamos afectados por el desarrollo de presiones externas de gran envergadura, que pretendieron impedir la instalación de un gobierno libremente elegido por el pueblo y derrocarlo desde entonces. Que ha querido aislarnos del mundo, estrangular la economía, paralizar el comercio del principal producto de exportación que es el cobre y privarnos del acceso a las fuentes de financiamiento internacional” señalando más adelante que “… nos encontramos, frente a fuerzas que operan en la penumbra, sin bandera, con armas poderosas, apostadas en los más variados lugares de influencia".

De igual manera, expresó que los problemas y enemigos a que se enfrentaba Chile eran los mismos que combatían la mayoría de los países del tercer mundo, a saber “la actual estructura hegemónica político-económica de dominación”. Al respecto expresó "Hoy vengo aquí porque mi país está enfrentando problemas que en su trascendencia universal son objeto de la permanente atención de esta Asamblea de las Naciones Unidas: la lucha por la liberación social, el esfuerzo por el bienestar y el progreso intelectual, la defensa de la personalidad y dignidad nacionales” agregando que “…el chileno es un pueblo que ha alcanzado la madurez política para decidir, mayoritariamente, el reemplazo del sistema económico capitalista por el socialista.".

Allende señaló en diversas oportunidades durante sus alocuciones públicas la imposibilidad de cimentar una relación de trabajo eficiente, transparente y constructiva mientras se mantuvieran posiciones de subordinación de la OEA a Estados Unidos. Según él, era tan evidente la oposición de intereses que se planteaba en diversos aspectos de la vida económica y el acontecer político en la región, que resultaba insostenible la edificación de nada sólido y duradero.

Este lenguaje franco y directo encontraba acogida en numerosos gobiernos de la región, que brindaron permanente respaldo a Chile ante las agresiones de que era objeto por parte de Estados Unidos, sin que la OEA, supuesta garante de la democracia, la soberanía, el desarrollo social y la asistencia reciproca en materia militar en el continente americano, sin que tuviera ni tan solo atisbos de mostrar entusiasmo por las propuestas de trasformación realizadas desde el Gobierno de la Unidad Popular.

En el marco de la superación de las desigualdades, la promoción de un espíritu de solidaridad por las luchas de liberación de otros pueblos en el mundo, la cooperación entre los gobiernos del sur y en ejercicio del principio de pluralidad ideológica, el Presidente Allende tomó la decisión de incorporar a Chile al Movimiento de Países No Alineados, muchos de cuyos postulados coincidían con los enunciados de su política internacional. Con la incorporación de Chile al MPNA, Allende buscaba fortalecer en un mismo bloque a todos los países subdesarrollados, sobreponiéndose a las diferencias que separaban a unos de otros, animado por la firme convicción de que sólo en la unidad y conformación de un conglomerado amplio, se podría enfrentar eficazmente los desafíos y agresiones de los países más industrializados. Desde su tribuna, llamó al derrocamiento de las desfasadas bases del institucionalismo multilateral cuyo origen se encontraba en la conservación del status quo del término de la segunda guerra mundial. El Sistema de Naciones Unidas así como los organismos surgidos de Bretton Woods fueron el centro de sus críticas.

La defensa del patrimonio y el derecho soberano a controlar la explotación de los recursos naturales, en especial el cobre, fue uno de los ejes transversales por los cuales se evaluaba cada una de las acciones emprendidas por el gobierno de la Unidad Popular en el ámbito internacional. En conjunto, los miembros del Consejo Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre (CIPEC) representaban en aquel momento el 41% de la producción total mundial y el 75% del cobre de exportación en el mercado internacional. Cabe recordar que en 1973, Chile era el cuarto país productor de cobre después de Estados Unidos, Unión Soviética y Zambia

En el escenario latinoamericano, la política desarrollada por el Presidente Salvador Allende emprendió el reforzamiento de lo que se llamó “la personalidad latinoamericana”, aludiendo a la potencialidad existente entre los pueblos de la región para conformar un bloque político-económico, que consolidara la independencia, la soberanía y el incremento del bienestar social. De igual manera, el principio de “pluralidad ideológica” marcó cada una de las acciones y propuestas, que en el escenario latinoamericano, emprendió el Gobierno de la Unidad Popular.

El espíritu latinoamericanista de Allende era favorable al desarrollo de esquemas de integración en la región, pero dicho fenómeno debía estar purgado de intereses imperiales y dirigidos al incremento en los niveles de bienestar social. En su discurso al visitar la sede del Acuerdo de Cartagena manifestó: "Si fracasamos o nos detenemos estaremos abiertos y sin defensa frente a las formas modernas de colonialismo. Solos, divididos, incluso derrotados sicológicamente, nos enfrentaríamos ante las grandes potencias económicas mundiales, sin capacidad de negociación y, evidentemente éste es un objetivo que sectores nacionales y extranjeros están persiguiendo”

Compañero Presidente Allende, su gobierno y sus propuestas en materia internacional están presentes en cada acción de nuestros pueblos, son un grito que reclama igualdad y equidad en los pasillos de la ONU y en las organizaciones internacionales, Usted conduce los acuerdos en aquellas instancias donde se construye unidad en la diversidad, orienta e ilumina cuando se trabaja por la integración de Nuestra América, ¿quién puede dudar que Usted esté detrás de cada tratado de cooperación sustentado en los principios de solidaridad y complementariedad?.

Hoy, cuando se abren las grandes alamedas, cuando los trabajadores de esta patria latinoamericana comienzan a transitar en libertad por Cochabamba y por Managua, por Caracas y por Quito, como caminan hace mucho más tiempo por La Habana, para construir esa sociedad mejor que usted soñó y por la que entregó cada minuto de su maravillosa vida, le decimos gracias, gracias por ser padre, padre de esta América Nuestra “que ha dicho basta y ha echado a andar”.

Chile. Nunca más, cómo no: Pero nunca más una sociedad de clases

Por Andrés Figueroa Cornejo 

A 40 años de la dictadura del capital en Chile, en la forma de una tiranía militar contrarrevolucionaria, resulta notable, como nunca antes, la cantidad de testimonios de ex militantes del pueblo que participaron en la lucha antidictatorial (sólo de soslayo quiero hacer referencia a los indecorosos llamados a perdonarnos en patota, como si el golpe hubiera sido producto de una travesura irresponsable tanto del pueblo, como de la burguesía titiriteada por el Imperialismo).

¿Por qué tantos relatos vivenciales? Al menos por dos motivos, aparentemente contrapuestos. Los hombres y las mujeres le damos una autoridad especial a las fechas redondas. Se trata de 40 años desde el fin anunciado de la experiencia de la Unidad Popular.

(Ya existían dictaduras militares en Brasil (1964) y Uruguay (mediados de 1973), ni siquiera impuestas por el Imperialismo con su argumento de gobiernos que se dedicaron a 'atacar sus propiedades e intereses geopolíticos'. Lo que sí existía en toda América Latina eran guerrillas que, con el fresco ejemplo de la Revolución Cubana, buscaban la derrota del capital y la independencia del Imperialismo. Había, a vista del Pentágono, en consecuencia, que destruir cualquier germen que en potencia pudiera reproducir la gesta histórica de la Mayor de las Antillas. Sin embargo, en el caso chileno, jamás se había tenido un gobierno tan progresivo que, en la práctica y sin cálculos preconcebidos, liberara la organización y autoconciencia de las fuerzas sociales de los trabajadores y el pueblo. Nunca la lucha fue más explícita en mi país de origen ni más real el poder popular -que no como relación abstracta o como puro significante. Los cordones industriales bajo control de los trabajadores incluso contra las direcciones de los partidos de la UP y del propio gobierno; las corridas de cerco más allá de los límites de la Reforma Agraria por campesinos y mapuche, y los comandos comunales para resolver el desabastecimiento urdido por el sabotaje de los enemigos del pueblo, fueron momentos objetivos que manifiestan la estatura que había cobrado la lucha de clases-. Y, naturalmente, la llegada de Allende al Ejecutivo en 1970 no fue el resultado de una buena campaña presidencial. Fue fruto de la acumulación dinámica de los combates históricos de casi un siglo del pueblo trabajador, de sus derrotas, matanzas militares y enconada energía, voluntad y conquistas parciales.)

Estos 40 años, premeditadamente, por un lado, han justificado un sinnúmero de programas televisivos, el medio de masas más barato y de más alto impacto en cualquier parte del mundo. En Chile, hoy todos sus canales están en poder de la oligarquía, justamente porque los que todavía mandan conocen su capacidad de formación de opinión, sentido común y promoción del consenso social. El objetivo claro de esos programas está subordinado a los intereses de la clase en el poder: torcer la historia con el apoyo impúdico y bien pagado del abierto perdón o de disculpas relativas de políticos que participaron rabiosamente de la Unidad Popular y hoy se golpean el pecho bien editados y a todo color. De este modo, se fortalece 'la clausura histórica' de las riquísimas experiencias del poder del pueblo que, por sí solas, y de conocerse profusamente, logran hacer añicos el fatalismo, la resignación, la ignorancia, el olvido y el acomodo actuales.

La burguesía transnacionalizada chilena -vanguardia y laboratorio fundacional de la presente fase del planeta capitalista, financiarizado, belicista, explotador y de saqueo extractivista-, ha podido invertir mucho tiempo y recursos para elaborar un relato con el fin de intentar lavarse la cara de la sangre amorosa de mi pueblo. Y semejante plan mediático está dirigido en particular a las nuevas generaciones en lucha. Es decir, a los estudiantes secundarios, a los jóvenes trabajadores empobrecidos, al Pueblo Mapuche, al antipatriarcalismo, al ambientalismo consecuente, a la multiplicación del pensamiento crítico, entre otras batallas en plena recomposición.

La exhibición televisada que persigue vaciar de contenido y forma las luchas de mi pueblo, ha provocado también un debate público y pendiente entre los propios protagonistas de la UP y la Resistencia Popular, como no había ocurrido antes.

Lejos de los perdonazos públicos de los oportunistas de hace mucho y que engordan las filas de la Concertación y de sus cuentas bancarias, por otra parte, el sinceramiento y la verdad revolucionarias son indispensables para los intereses de las grandes mayorías. Toda vez que no se establezcan como pura negación entre sí (‘arreglos de cuentas’ que no le interesan a nadie), sino más bien como recuperación, abrigo y proyección de la memoria histórica de los desheredados. La continuidad de las luchas pasadas con las actuales y las por venir, si se presentan como lecciones y superación de los errores, entonces se convierten en armas críticas y vigentes para las nuevas generaciones destacadas a cambiar la vida en Chile y sus alrededores.

De lo contrario, los testimonios, discursos culpógenos, cínicos y de conveniencia, sólo son funcionales a la mantención del actual estado de cosas, enemigo de la humanidad, y perjudican la moral de combate de la juventud que hoy mismo enfrenta al capital en la calle, en la ciudad y el campo.

No sólo no hay perdón ni olvido. El manido ‘Para que nunca más’ -usado desde la derecha hasta la izquierda tradicional-, desde abajo, no significa históricamente un ‘nunca más enfrentamientos sociales que provoquen la ingobernabilidad en el país (que en rigor, es la ingobernabilidad para el capital, el peligro de la pérdida de privilegios para la minoría en el poder, como una oportunidad política para las fuerzas populares)’.

Es y será un genuino, auténtico y objetivo ‘nunca más’, cuando devenga, mediante la lucha creativa y permanente de los pueblos, en una sociedad libre e igualitaria, radicalmente democrática y colectivamente organizada. Nunca más, por supuesto. Pero nunca más una sociedad de clases.

Chile y la hora de la solidaridad: Carta del Compañero Guillermo Rodríguez (Ronco), revolucionario histórico

 Por Andres Figueroa Cornejo


  • El querido revolucionario chileno, miembro de la Resistencia político-militar contra la dictadura, torturado, ex prisionero político y escritor, enfrenta un cáncer que demanda la atención sanitaria urgente que el Estado chileno le niega.

  

 Estimados compañeros, amigos, camaradas:

  

Como algunos de ustedes saben, atravieso por serios problemas de salud. Esta semana estaba a la espera de una fecha para operarme de la vesícula, pero se me informó que debo esperar de promedio 5 años, así como que tampoco hay horas de atención de Proctología para la atención post operatoria del cáncer que sufrí el año pasado. Frente a ello, comparto con ustedes la carta que envié al Instituto Nacional de Derechos Humanos. Es un paso más en una lucha de carácter legal y en defensa de mis derechos. De no existir respuesta positiva, asumiré otro tipo de acciones en las que desde ya alerto, necesitaré de todo vuestro apoyo. 

Adjunto la carta para que la conozcan:


Señora

Lorena Fríes M.

Instituto Nacional Derechos Humanos

Presente

Les escribo para poner en vuestro conocimiento una serie de problemas que afectan gravemente mi situación de salud, problemas administrativos que han surgido al hacer uso de los beneficios que me otorga la ley Valech de reparación como ex preso político y que reflejan nada más ni nada menos que a pesar de todos las declaraciones al respecto, quienes fuimos víctimas de violaciones a los derechos humanos, seguimos siendo ciudadanos de segunda o tercera clase y en la práctica se siguen pisoteando nuestros derechos.


Mi nombre es Guillermo Aurelio Rodríguez Morales, cedula de identidad 6.692.892-6,chileno.

Detenido, torturado y condenado por Consejo de Guerra de la FACH año 1974 por haber resistido el golpe militar, expulsado del país por Decreto 504. Detenido nuevamente en 1981, mi casa asaltada y asesinada mi pareja Arcadia Flores Pérez (proceso que ustedes llevan adelante ante la justicia), torturado, condenado por un nuevo Consejo de Guerra, envenenado posteriormente en prisión mediante toxina botulínica (proceso que actualmente lleva el Ministro Madrid por estar relacionado con el asesinato del ex Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva), con secuelas de parálisis de cuerdas vocales y estenosis sub. glótica que generan una insuficiencia respiratoria crónica. Hijo de Elvira Morales, ex presidenta de la Agrupación de Familiares de Presos Políticos, innumerables veces detenida, torturada y reconocida también por la Ley Valech, hermano de Carlos Rodríguez Morales, ex interventor de la Empresa Coloso, detenido por el General Contreras, torturado, evadido de un recinto militar y exiliado desde 1973 sin reconocimiento de su situación como víctima de la represión, hermano de Rosa Rodríguez, detenida en 1992, torturada y encarcelada durante seis meses sin comprobar delito alguno, sin reconocimiento de su condición de víctima de la represión.

Ex pareja de Ethel Sobarzo Lizana, detenida por funcionarios de la Comisaría de la Población Dávila, torturada, violada en el recinto señalado con resultado de pérdida de un embarazo de dos meses, madre de nuestro hijo en común Manuel Sebastián quien creció entre barrotes y allanamientos constante, ambos actualmente en Canadá, también sin reconocimiento como victimas de la represión sufrida.


Durante el año 2010, como usuario del programa PRAIS y habitando ese entonces en la comuna de Maipú fui atendido varias veces en la Posta de dicha comuna por reiteradas crisis al aparato digestivo, con fuertes y agudos dolores, vómitos y malestar generalizado. Luego de estudios iniciales en dicho recinto en que fui muy bien atendido, me derivaron al Hospital San Borjas- Arriarán donde se me realizaron exámenes específicos determinándose que padecía un cáncer al colon sigmoideo y diversas lesiones a la vesícula y al riñón que requerían ser atendidas. Habiéndose definido que había urgencia de operar el cáncer, pasaron seis meses de espera antes de que esto ocurriera, simplemente porque al ser beneficiario PRAIS no estaba reconocido como usuario de FONASA, trámite que competía gestionarla al servicio de salud correspondiente a mi inscripción. Después de muchas e innumerables gestiones realizadas principalmente por la funcionaria de PRAIS, señorita Paula Godoy, se logró primero realizar la operación del cáncer, en la que se me realizó una colostomía y seis meses después se me realizó la normalización del tracto digestivo cerrando la colostomía. Asistí regularmente a los primeros controles durante el 2011 a la consulta de Proctología del Hospital donde en noviembre del 2011 se me señaló que debía ser sometido a una cirugía de la vesícula, oportunidad en que el doctor tratante emitió tal orden. La cirugía prescrita nunca se realizó y frente a las numerosas consultas que realicé en el hospital, nunca se dio paso a tal procedimiento.


El año 2013 me trasladé de domicilio a Ñuñoa, por lo que debí concurrir a atenderme en el PRAIS Oriente (SSMO), siendo allí atendido por la doctora Salas, quien ordenó diversos exámenes, confirmando la necesidad y los riesgos – en mi condición de salud de dicha cirugía-.

Realicé nuevamente todos los exámenes solicitados:

Exámenes de sangre, scanner tórax, scanner cabeza, rayos, acudí a todas la citas con la médico tratante, etc. Al momento, ya han transcurrido más de un par de meses y la posibilidad de ser operado y obtener la prestación de salud requerida está absolutamente entrampada. Se señala que mi operación no es urgencia, desconociendo todo el contexto altamente significante no sólo por haber padecido cáncer sino por ser víctima de represión y estar constantemente sujeto a humillaciones en la atención medica, pues siendo muy sincero, la atención PRAIS nos ubica al mismo nivel, al nivel más bajo de usuarios que no tienen poder adquisitivo y por tanto somos parias, mal tratados en los servicios, salvo honrosas excepciones. Debo evidenciar que los cálculos, según me informó la tratante de PRAIS, llevan al menos tres años y que debiendo en este último tiempo acudir varias veces a urgencia por crisis de vesícula, también la misma Dra. indicó que una cirugía de urgencia (confirmado igual que en mi hospitalización de urgencia en el Hosp. Salvador en mayo recién pasado) no es viable, debido a las severas secuelas respiratorias que dejó la toxina botulínica en mi organismo. Es decir se requiere una cirugía programada y en condiciones de contar con los medios hospitalarios para cualquier y eventual descompensación (como la tuve en la cirugía del cáncer).

 

Estoy al tanto de que me asista una Ley especial de reparación Valech, (art. 10 de beneficios médicos) que se ocupa de la reparación física por secuelas de la prisión política y tortura. Apelo sólo a que esto me sea reconocido, en virtud de mis dos prisiones, la última cumplida de 12 años. Estimo que no es un favor del sistema sino un derecho que el Estado y la Ley de Reparación me confiere. Agrego, aunque pueda ser redundante o muy evidente, que esta condición de malestar frecuente y dolor en una espera incierta me coloca en un estado de salud mental y emocional muy adverso.

 

Entiendo además que la recidiva del cáncer que estoy superando, es una posibilidad, ante la cual, el estado de salud actual me hace más vulnerable como paciente oncológico.


De verdad, no tengo muchas expectativas al escribirles esta carta. No sé siquiera si ustedes pueden hacer algo al respecto. Pero quiero dejar testimonio de esto: nosotros, quienes fuimos víctimas de la represión, a quienes nos reprimieron y violaron sistemáticamente nuestros derechos, seguimos siendo mal tratados, seguimos sintiendo el peso de un sistema inhumano que atiende con celeridad y prontitud a quienes tienen recursos financieros y posterga a quienes no. Y Chile entero está rechinando por los cuatro costado frente a la educación de mercado….con toda seguridad la ola de movilizaciones por la salud de mercado se vendrá tarde o temprano también.


Gracias, siquiera por haber leído esta carta. Atentamente, Guillermo Rodríguez Morales.

 

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=70406

 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64759

 

http://www.youtube.com/watch?v=hUrMypWgprE

La crisis ¿terminal? de la Concertación

Por Ivan Vitta

 

 

La Concertación se encuentra en medio de una de sus cada vez más recurrentes crisis políticas. En este nuevo episodio, el detonante ha sido la lista conjunta PPD-PRSD-PC para la elección de concejales, pacto que amenaza el espacio protegido que el “progresismo” ha construido para la sobrevivencia política de la Democracia Cristiana. La incorporación de hecho del PC a la Concertación ha alterado los equilibrios de la coalición de la oposición burguesa.

Una de las características más destacadas de esta crisis es que no hay en ella propuestas ni ideas programáticas que apunten a un cambio de fondo en el modelo capitalista neoliberal que impera en Chile. Los partidos de la oposición burguesa pelean por lo único que pueden pelear: por la repartición de los cargos de poder, encubiertos con los slogans y frases vacías de siempre. No hay en esas cuchilladas nada que interese a los trabajadores y al pueblo de Chile.

Agotamiento histórico de la burguesía

La esterilidad política de la Concertación se debe al agotamiento histórico de la burguesía como fuerza de cambio social.

Tras la reforma agraria de fines de los años 60, en la que fue liquidado el latifundio, desaparecieron todas las condiciones sociales que impulsaron a ciertos sectores “democráticos” de la burguesía chilena a realizar algunas reformas progresivas, siempre acotadas y a medias tintas, y que tuvieron siempre su contraparte reaccionaria, como la Ley Maldita o el apoyo de la DC al golpe de 1973.

Esta situación quedó velada durante la dictadura tanto por la violencia y brutalidad de la represión como por la radicalidad de la contrarrevolución capitalista, que tuvo el carácter de verdadero schock, expresado en dos profundas recesiones económicas en 1975 y 1982 y en una suerte de reconstrucción institucional desde cero del Estado chileno.

Pero ya en 1985, bajo la cobertura política del “realismo”, la Democracia Cristiana empezó a considerar con otros ojos los profundos cambios llevados adelante por la dictadura. Se dio cuenta de que, tras la violencia institucionalizada contra los trabajadores y el pueblo, en Chile se habían llevado a cabo las transformaciones económicas que la DC buscó siempre como proyecto histórico: la erradicación de los rasgos precapitalistas heredados por el capitalismo chileno y el desmantelamiento del movimiento obrero como fuerza social y política independiente.

El Partido Socialista se encontraba dividido entonces entre un sector que ya había dado un giro significativo a la derecha, abandonando las posturas más radicales de los años 60 y otro que mantenía dichas posturas. La fracción derechista también nucleaba a sectores afines que habían surgido en el MAPU y la Izquierda Cristiana. Este grupo se sumó a la DC en 1985 en el llamado Acuerdo Nacional y en la Alianza Democrática, antecesora de la Concertación.

El plan de la burguesía opositora a la dictadura consistía en desplazar a Pinochet para permitir que su modelo económico, político y social pudiera legitimarse, y lograr el aislamiento del PC, que entonces sostenía, empujado por la creciente rebeldía popular contra la dictadura y el aislamiento de sus dirigentes reformistas en el exilio,  posiciones políticas radicales. Tras la derrota de la estrategia insurreccional de la izquierda revolucionaria, quedó el camino pavimentado para que la estrategia de la burguesía opositora -ya agrupada en la Concertación de Partidos por la Democracia- avanzara con el apoyo de EEUU.

Por eso la “transición a la democracia” tuvo el carácter que tuvo, de consolidación, legitimación y profundización del capitalismo neoliberal edificado por la dictadura. No fue nunca un acto de cobardía ni de pusilanimidad, sino un proyecto político llevado a cabo concientemente en la dirección que tomó, fundado en los intereses de clase burgueses que estaban detrás de la Concertación.

Para el “progresismo”, el ala izquierda Concertacionista, la participación en el aparato estatal se convirtió en el trampolín que le permitió legitimarse como alternativa política para el gran empresariado. Dicha legitimación fue paralela con la creciente incorporación de cuadros “progresistas” en puestos de confianza del mundo empresarial (directorios, asesorías, consultorías, etc.).

La Concertación contó con un alto respaldo electoral en los inicios de sus gobiernos, respaldo que comenzó a declinar tras la elección de Eduardo Frei en 1993, debido a que poco a poco fue aumentando la frustración popular por las promesas incumplidas. Las ilusiones populares se mantuvieron todavía con la elección de Ricardo Lagos y de Michelle Bachelet. Pero los gobiernos “progresistas” resultaron ser tan proempresariales como los gobiernos DC.

Las sucesivas crisis y la derrota electoral del año 2010

La derrota electoral de 2010 detonó una seria crisis política al interior de la Concertación, pero ésta no fue la primera.

Ya desde fines de los años 90, con la polémica entre “autocomplacientes” y “autoflagelantes”, la coalición empezó a experimentar un agotamiento político, en la medida que iba quedando de manifiesto cada vez con mayor fuerza la distancia entre las promesas y los resultados. El agotamiento fue también electoral, produciéndose una sostenida merma de votos que ya en las elecciones de Lagos y Bachelet obligaron a una segunda vuelta. 

A fines del gobierno de Bachelet, las discrepancias se tradujeron en abiertos quiebres, el más significativo el de Marco Enríquez-Ominami, que iba a arrebatarle una buena cantida de votos, sobre el 20%, al candidato oficialista Eduardo Frei. Pero no fue el único: ya habían abandonado la coalición, al menos formalmente, los dirigentes DC que formarían el PRI y dirigentes y militantes socialistas como Jorge Arrate y Alejandro Navarro.

La Concertación también sufrió una progresiva fuga de fuerzas políticas desde sus inicios (como el Partido Humanista, que se marginó en 1993), que la redujeron finalmente a los cuatro partidos actuales. Ya a fines del gobierno de Bachelet, ele eje DC-PS se había transformado en hegemónico y había desplazado al PPD y al PRSD a la “mesa del pellejo”.

El carácter de la actual crisis concertacionista y la izquierda

La crisis concertacionista es, antes que todo, una disputa por la repartición del poder que ha sobrepasado los canales institucionales destinados para ello. La Concertación se sabe rechazada por la ciudadanía, pero ese dato recibe lecturas distintas según la fuerza relativa de cada bloque en el conglomerado.

Para el eje DC-PS, se trata, ante todo, de conservar su fortaleza al interior de la coalición, de cara a las próximas elecciones parlamentarias y a un eventual retorno a La Moneda de la mano de Michelle Bachelet. Para el eje PPD-PRSD, se trata de buscar la oportunidad de sumar a otras fuerzas para participar en una forma menos desmedrada de dicha repartición.

Por ello no ha habido en esta crisis ni en los ya largos dos años de “procesión” tras la derrota presidencial ni una sóla propuesta política que vaya en un sentido de transformación de fondo del capitalismo neoliberal. La oposición burguesa está estructuralmente imposibilitada para adoptar ningún cambio en dicha dirección.

La incorporación oficiosa y no reconocida del PC a la Concertación, junto a fuerzas que no podemos decir con plena certeza de que hayan nunca abandonado la coalición, como el MAS o el MAIZ, ha rebarajado el naipe político y provocado una redistribución de fuerzas que amenaza la hegemonía DC-PS, pero nada más.

No cabe hacerse ninguna ilusión sobre un eventual “giro a la izquierda” dentro de la Concertación. El PC ve en el pacto con el PPD y el PRSD un giro a la izquierda de éstos por la misma razón que un pasajero en un vehículo que avanza hacia adelante ve los postes desplazarse hacia atrás: porque el PC se mueve en sentido contrario, hacia la derecha.

La declaraciones de Teillier no pueden, por más que intente cabriolas retóricas, dotar de ningún espesor político a ese supuesto “giro a la izquierda”. Los acuerdos programáticos que Teillier aduce no pasan de ser las promesas y frases grandilocuentes de siempre y los solemnes compromisos que terminan arrojados por la borda una vez que la Concertación ha conseguido los votos (y los que, los sabemos por la experiencia de los “Cinco puntos” comprometidos con Bachelet, el PC tampoco tendrá demasiado interés en exigir).

Se trata sólo, por parte del PC, de su estrategia de seguir ganando espacios al interior del Estado capitalista neoliberal, con la ilusión -enteramente infundada- de lograr hacer trabajar el Estado contra el Estado. Es el mismo género de ilusiones que llevaron a la derrota de 1973. No importa si manda a sus caras bonitas a sacarse fotos junto a Fidel: la suya es una estrategia reformista que subordina los intereses de los trabajadores a los de la gobernabilidad capitalista.

En el futuro inmediato, mientras exista el sistema binominal, la Concertación se mantendrá unida –incluyendo a su nuevo miembro, el PC–   pese a sus desaveniencias. Los intereses electorales y las perspectivas de una nueva repartición del aparato estatal son más fuertes. Las próximas elecciones municipales serán la medición de fuerzas que finalmente rebarajará el naipe. La DC, con toda su molestia, no tiene espacio político en este momento fuera de la Concertación y sus socios saben que deberán darle compensaciones políticas.

El giro hacia la izquierda –puramente discursivo–  puede tener el efecto de embaucar a parte del electorado. Las recientes elecciones presidenciales francesas y la primera mayoría relativa del candidato social liberal Francois Hollande son una muestra en ese sentido. Pero nadie puede llamarse a engaño: la Concertación fue y será, por su carácter de clase, por la red infinita de capilares que unen sus intereses a los del gran empresariado, una coalición política burguesa cuyo propósito es dar gobernabilidad al capitalismo neoliberal.

La única forma de ser consecuentemente antineoliberal es siendo consecuentemente anticapitalista. Para la izquierda revolucionaria, la crisis concertacionista no representa ninguna buena señal, sino, por el contrario, es una nueva amenaza de un renovado travestismo político por parte de la oposición burguesa. No puede bajarse la guardia en la lucha ideológica total contra las mentiras y engaños de todas las fracciones de la burguesía, tanto de la Alianza como de la Concertación, y contra el reformismo del PC, que desarma políticamente al pueblo y los trabajadores con sus ilusiones socialdemócratas y frentepopulistas.

Es necesario que la izquierda revolucionaria dispute y desplace tanto a las fuerzas burguesas como a sus lugartenientes reformistas de la dirección de los movimientos sociales. Se hace imprescindible también el no dejarles el espacio libre en el terreno electoral, que inevitablemente van a utilizar como parte de sus operaciones de camaleonismo.

Por ello debemos continuar con la acumulación independiente de fuerzas también en el terreno electoral. Ello significa hoy empujar con fuerza la inscripción legal del Partido Igualdad, instrumento electoral que un importante sector de los movimientos sociales ha puesto a disposición del conjunto de los trabajadores y el pueblo, para disputar cada concejalía y cada alcaldía a la burguesía y usar esos espacios como palancas que apoyen el desarrollo de la organización popular autónoma, la construcción de un camino popular a la Asamblea Constituyente y la construcción de poder desde la base social, en disputa con el poder del Estado.

La posición derrotista de algunos sectores y personalidades de izquierda –por ejemplo la posición de Manuel Cabieses en la última editorial de Punto Final, donde llama a la abstención– no da cuenta ni de las necesidades políticas del momento ni de las potencialidades que la nueva situación política abren para la izquierda revolucionaria y los movimientos sociales. El llamado de Cabieses es, en estos momentos, querer refugiarse en la noche en que todos los gatos son negros y apostar en forma oportunista a apropiarse de la abstención electoral, como si ella fuera homogénea y constituyera implíctamente una posición de rechazo al capitalismo neoliberal.

Por el contrario, es momento de pasar a la ofensiva. La irrupción impetuosa de la lucha popular, incluyendo también hitos electorales como el triunfo de los movimientos sociales en el plebiscito de Peñalolén , muestran que hay condiciones políticas para este salto. Nada está asegurado a priori, salvo la derrota si se renuncia a la lucha.

“No votaría por Bachelet, ni en segunda ni en tercera vuelta”

Por Juanita ojas


El economista asegura que su candidatura surgió de la ciudadanía y de movimientos políticos que rechazan el sistema neoliberal y no están comprometidos con el duopolio de la Concertación y la Alianza. 

Fue durante los agitados días de las movilizaciones estudiantiles del año 2011 cuando al economista y profesor universitario Marcel Claude le plantearon por primera vez la posibilidad de levantar una candidatura presidencial. 

“Fueron múltiples charlas y encuentros a lo largo del país, especialmente con estudiantes, y de ahí surgieron las primeras propuestas. Durante 2012 las propuestas llegaron desde organizaciones sociales, de trabajadores bancarios, del cobre y otras, y a fines del año hicimos una reunión para levantar una candidatura desde la ciudadanía”, recuerda Claude. 

En un contexto donde las candidaturas ya suman más de media docena, el candidato destaca que la suya tiene una diferencia sustancial: “Esto no es una autoproclamación, yo no estaría pensando en ser candidato si no me lo hubieran solicitado las bases de los movimientos sociales que hoy forman nuestra base de apoyo”, dice el economista. Claro que eso no implica rechazar el apoyo de movimientos y colectividades políticas, porque ya existen conversaciones avanzadas con varias. 

“Lo que nosotros esperamos es construir una plataforma que agrupe a organizaciones sociales y partidos que no apoyan el sistema neoliberal ni estén comprometidos con el duopolio. Hemos conversado con el MAIZ, Igualdad, Partido Humanista y parte del MAS. Lo que no vamos a hacer es negociar con los conglomerados, porque no queremos incorporarnos al sistema político actual”, afirma Marcel Claude. 

El lanzamiento de la candidatura presidencial fue con un Encuentro Ciudadano Programático, que se replicará en los próximos meses. “Iniciaremos un trabajo de discusión programático que avance en la consolidación de nuestras propuestas, que son muy consistentes con la molestia de la gente. Ese mismo proceso servirá para definir candidatos al Congreso que sean voceros de nuestros planteamientos”, señala el candidato presidencial. La principales diferencias con otras candidaturas radican en aspectos como poner fin a los sistemas de Isapre y AFPs, nacionalizar el cobre, realizar una Asamblea Constituyente de representación directa, tener educación pública gratuita, laica y de calidad; fortalecer la salud pública y terminar con la salud privada que lucra. “Apostamos a crear una tercera fuerza y en caso de segunda vuelta, no vamos a traspasar nuestro votos a nadie. Yo no votaría por Bachelet ni en segunda ni en tercera vuelta, porque la Concertación y la Alianza son dos caras de un mismo sistema” enfatiza Marcel Claude. 

Fuente:cRadio Universidad de Chile

Chile: “No nos creemos representantes del pueblo: somos el pueblo mismo que levanta su voz”

Chile: “No nos creemos representantes del pueblo: somos el pueblo mismo que levanta su voz”

 

“…al medio de la Alameda de las Delicias, Chile limita al centro de la injusticia” 

Violeta Parra 

 

Por Andrés Figueroa Cornejo

 

Las poblaciones son los barrios donde viven los trabajadores más empobrecidos de Chile. Desde hace 10 años los pobladores deudores habitacionales luchan por una vivienda a precio justo y organizadamente, combinando formas de acción directa, legales e ilegales. Si bien este no es un combate nuevo en la crónica del país, sí es su manera reciente de enfrentar un derecho incumplido por las administraciones del Estado.

De ahí viene Roxana Miranda, la candidata de la herramienta de los Pueblos, Igualdad (http://partidoigualdad.cl/), para enfrentar las elecciones presidenciales que tendrán curso en octubre de 2013. También fue dirigenta estudiantil del liceo comercial  A-130 y es presidenta de juntas de vecinos en la populosa comuna de San Bernardo en Santiago. Es separada y  madre de cuatro hijos donde el mayor cuenta 18 años. Es decir, forma parte de más de la mitad de familias chilenas donde la cabeza del hogar es mujer, trabajadora, y en este caso, además metida hasta el cuello en cosas de este mundo, peleadora, de profesión modista (como su madre y su abuela), voz delantera que conoce sus derechos, líder de asalariados y pueblo. Detenida casi un centenar de veces por luchar, judicializada con penas de cárcel otras tantas, y si se acerca a La Moneda inmediatamente es sometida a un control de identidad por la policía.

“En la lucha por una casa hemos logrado que a nivel nacional más de 286 mil familias ya no paguen dividendos imposibles, y casi 160 mil familias tengan rebajas significativas en sus cuotas hipotecarias”, explica Roxana mientras en la habitación conjunta se reúne uno de los equipos de trabajo de su campaña.

 

-No hay precedentes de una candidata presidencial cuyo origen sea el Chile empobrecido, de la clase a la que pertenece la mayoría de la gente. Normalmente se postulan los mismos apellidos de la burguesía o la pequeña burguesía…

“En medio de la lucha social y de sus propias contradicciones y limitaciones en períodos electorales, en cualquiera de sus niveles, nos percatamos que era preciso dotar al movimiento social de política. Antes no lo hicimos, pero es un paso imprescindible. De ese modo, nos entregamos a la legalización de un instrumento político de los propios movimientos sociales reales, con absoluta autonomía política del sistema de partidos políticos hegemónicos. Eso nos permite actuar con independencia respecto del duopolio Concertación-Alianza por Chile. Así fuimos construyendo Igualdad, un medio que busca reunir a todas las agrupaciones que no nos sentimos representadas por la clase política tradicional. Ya somos muchos conjuntos sociales que estamos unificados, pero todavía falta. Como en toda América Latina, la unidad no es una obra de un solo acto, sino que un proceso.”

 

-¿Cuáles son los ejes programáticos de Igualdad y, por extensión, de tu candidatura?

“Es importante aclarar que yo no fui autoproclamada. En el primer encuentro del instrumento político, los comunales de las distintas regiones del país resolvieron democráticamente honrarme con mi candidatura. Nuestro programa no está sacado de un sombrero de mago. Hace mucho que estamos luchando por una nueva Constitución.”

 

-…Pero en Chile las constituciones las hacen los de arriba. De hecho la que rige es la diseñada por el ultraliberal Jaime Guzmán e impuesta bajo la tiranía en 1980 a través de un plebiscito arreglado…

“En efecto. Como es una necesidad histórica que se vuelve cada vez más popular para dar un paso en la democratización genuina del país, ya la están tomando algunos parlamentarios del sistema. Allí estamos poniendo mucho ojo, porque no queremos una Constitución fabricada a puerta cerrada, como la que ellos plantean. Nosotros estamos por una Vía hacia la Constituyente. Es decir, un proceso amplio que garantice la participación de todos los chilenos y que, como totalidad social, nos contestemos qué educación queremos, qué política de vivienda, qué ingreso mínimo, cuánto de las platas públicas deben destacarse a las mismas FFAA que nos criminalizan; de qué manera deben retornarse sus tierras a los hermanos mapuche, que ya está bueno y urge entregar una salida al mar al pueblo boliviano, etc. Se trata de muchísimos temas que nuestra gente, las mayorías, deben debatir y decidir. Por eso no podemos permitir que una ‘nueva’ Constitución sea elaborada por un puñado de zánganos que hacen uso y abuso de su transitoria situación en el poder. De ser así, sólo saldría un legajo favorable a los pocos y grandes empresarios.”

 

-¿Qué quieres en torno a los ámbitos más acuciantes para la población, como trabajo, salud, educación, previsión social, vivienda, transporte, recreación, etc.?

“Nuestro principio fundamental es detener el tremendo negocio que han hecho con nuestros derechos. No es posible que la familia chilena tenga que elegir al hijo que considera con mejor cabeza para destinar sólo a ese los recursos y oportunidades de estudiar, porque no alcanza para los demás. Mucha gente cree que por pagar va a recibir una mejor educación, pero tampoco es así. Otro ejemplo es la manera espantosa en que la autoridad bancarizó la vivienda social. Las mismas familias amenazadas con el remate de sus casas sencillas son las que tienen que estar sacando número en los consultorios sanitarios desde las cinco de la mañana. Chile está a años luz de poseer un sistema de salud garantizado, óptimo y tecnológicamente de punta para todos. Esa atención es prohibitiva para las personas comunes y corrientes. Por mi parte y en el terreno de la seguridad social, las privadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP`s) deben terminar. Asimismo, queremos que los chilenos en el extranjero puedan votar, y que los temas de libertades civiles en el campo de la diversidad sexual, el aborto, etc., sean plebiscitados.”

 

“LA DISPUTA ELECTORAL ES APENAS UNO DE NUESTROS FRENTES DE LUCHA”

 

-¿Cómo crees que te tratarán los medios de comunicación de masas controlados por intereses absolutamente contradictorios a los que representas?

“Te aseguro que, de partida, sólo por mi condición de pobladora y luchadora social, se encargarán de descalificarme. Si es que me invitan a algún medio. Los poderosos emplearán todo lo que esté a su alcance para impedir siquiera que mi voz se escuche. Pero en general, nosotros no necesitamos andar con un delantal blanco encima o haber pasado por la universidad para disputar un cargo tan importante. Mi universidad es la vida real de nuestro pueblo. Porque nosotros, a diferencia de todos los candidatos y presidentes de los gobiernos posdictadura, no nos creemos representantes del pueblo: somos el pueblo mismo que levanta su voz.”

 

-¿Entonces, si ganarás?

“Facilitaríamos a la gente a tomar las instituciones para que las llenen de contenido popular, con sus formas y conocimientos. Nuestra disputa electoral con los poderes establecidos es apenas uno de los frentes de lucha. Tomar un puñado más de poder tiene la importancia de ponerlo al servicio de nuestro pueblo. Incluso podemos usar la facultad de llamar a un plebiscito nacional para transformar la Constitución.”

 

“NOS DEFINIMOS ANTIIMPERIALISTAS, ANTICAPITALISTAS, POPULARES, PLEBEYOS Y REVOLUCIONARIOS. NUESTRO HORIZONTE ESTRATÉGICO ES LA CREACIÓN DE UNA SOCIEDAD SIN EXPLOTADOS NI EXPLOTADORES”

 

-¿Qué ejemplos de América Latina valoras?

“Evo Morales era un dirigente cocalero que llegó a la presidencia. Ahora, mientras me devuelvo a mi casa en el transantiago, aprovecho de leer ‘El Jefazo’, una biografía de Evo donde me siento tremendamente representada. Por su lado, Chávez ha dignificado a su pueblo, junto a su pueblo, más allá de las dificultades internas y externas, y ha dado cátedra en materia de defensa de ese proceso. Nosotros estamos dispuestos a romper los patrones dominantes. Somos atrevidos. Nadie puede negar el derecho de establecer la educación pública por la que luchan los chiquillos, o las tierras por las que luchan los mapuche, o terminar con el actual sistema penitenciario  convertido en un basurero humano. Por eso nuestra lucha es revolucionaria. Somos los de abajo que vamos por lo de arriba. Nuestro programa está permeado por las necesidades concretas y dinámicas del pueblo, y su objetivo es mejorar la calidad de vida de la mayoría. No necesito ser economista para saber que el cobre debe ser nuevamente chileno.”

 

-…Pero hacen faltan equipos de personas que estén de tu lado y cuenten con conocimientos específicos…

“Hay excelentes profesionales que militan en Igualdad. Les hablo a los otros. Hago un llamado a los intelectuales que están por el bien común a que no se opongan a las candidaturas populares. Al contrario, necesitamos que nos acompañen. Eso lo consideramos un gesto de grandeza, ética y generosidad.”

 

-Está clarísima tu posición en relación a la democracia radical y participativa. Obligado por las propias izquierdas necesito que caracterices tu candidatura en términos de definiciones fuertes en el país de la vanguardia capitalista…

“Nosotros no vendemos pomadas. Nos definimos antiimperialistas, anticapitalistas, populares, plebeyos y revolucionarios y nuestro horizonte estratégico es la creación de una sociedad sin explotados ni explotadores, igualitaria, donde los derechos elementales estén garantizados. Con esos principios bien visibles reunimos las firmas para la legalización de Igualdad. La gente de manera creciente sabe que la Concertación y la Alianza por Chile, esencialmente, no tienen diferencias. Por ello también nosotros necesitamos definiciones sin medias tintas de los propios grupos políticos y sociales distintos a Igualdad. Los administradores políticos del capitalismo en Chile no se van a quedar de brazos cruzados si emprendemos la batalla por el cobre para el país. Las clases dominantes no se suicidan cuando sus intereses están en juego. Y ya no queremos pelear por los distintos síntomas parcelados de la enfermedad capitalista. Nuestro proyecto involucra a millones.”

 

“LO QUEREMOS TODO”

 

-Si las elecciones fueran mañana, tus más posibles contrincantes serían Laurence Golborne por la derecha de siempre, Michelle Bachelet por la Concertación -que se viene candidateando desde el mismo día en que ganó Sebastián Piñera y que es la carta del imperialismo por la supuesta superior gobernabilidad que reclama el capital-, y gente como Marco Enríquez Ominami, que es parte del problema y un publicista extraordinario…

“Bachelet es el ‘comodín’. Y con el Partido Comunista en sus filas. Un PC que, lamentablemente, anda con los pantalones a media cintura. Es una agrupación que le ha hecho muy mal a la política en Chile, y no sólo en el plano electoral. Únicamente se ha dedicado a acomodarse y dotarse de cupos y cargos. Ahora bien, esto tiene que quedar muy claro: nosotros no haremos alianzas con la Concertación ni con quienes establezcan pactos con ella. Es la única manera de recomponer una verdadera izquierda que en la actualidad aún no termina de constituirse.”

 

-Tu campaña carece del financiamiento sin límites de los demás candidatos. Ellos, como piezas del poder y de los medios, basta que hablen por TV y de golpe llegan a millones de personas…

“Nosotros persistimos en nuestras asambleas abiertas, cara a cara, boca a boca, ante la desesperación de los candidatos del capitalismo durante la contingencia electoral. Nosotros, en cambio, asumimos esta campaña como una lucha más. Si somos capaces de llegar a la población que tiene nuestros problemas concretos, el color de nuestra piel, el hambre de justicia auténtica, ya lo consideramos un logro enorme. Por mí parte, mañana viajo a Aysén (extremo sur de Chile), donde hay precedentes de luchas sociales frescas, por ejemplo. El único que podría detenernos sería el propio pueblo y su falta de confianza en nosotros. Nos falta mucho, es cierto. El proyecto de Igualdad debe todavía ser conocido hasta el último rincón del país. Para eso también sirven las elecciones. Después vendrán otros, hijos de un proceso complejo, pero con una rica experiencia y crecimiento acumulado en el cuerpo. Usaremos la legalidad, sin embargo no como un fin en sí mismo. Antes que todo somos revolucionarios. Y lo queremos todo.  Las batallas parciales de hoy verán su victoria mañana.”

 

-¿Y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT)?

“A la presidenta de la CUT hasta monedas le tiraron en la reciente Cumbre de los Pueblos. La Central desde hace tiempo está muy desprestigiada y no representa a los trabajadores.”  

 

“SABEMOS LO QUE TENEMOS QUÉ HACER EN HORAS DURAS Y NO TENEMOS MIEDO”

 

-Eres la candidata de Igualdad, pero existen otras agrupaciones críticas…

“Nosotros estamos llamando a una convocatoria amplia de la verdadera izquierda, entendiendo, claro, que la Concertación no es izquierda. Desearíamos que todos aquellos que no se sienten representados por el duopolio Concertación-Alianza por Chile, se acercaran a esta iniciativa. Nos necesitamos todos y levantando un candidato único. De hecho, puede ser mi candidatura o la de otro, pero organicémonos mediante un proceso democrático, a través de una primaria para que la propia gente decida. Es lamentable que algunos no compartan esta idea y que corran por cuenta propia, como para ‘darse un gusto’, más que pensando en el porvenir de nuestro pueblo, de los trabajadores, de los plebeyos y los ofendidos.”

 

-Fuera de Chile, las figuras que más se conocen son las de Salvador Allende y la de Pinochet. El final brutal de la experiencia de la Unidad Popular es parte de la historia mundial…

“No conocemos lo que ocurrirá en el futuro. Pero sabemos lo que tenemos qué hacer en horas duras y no tenemos miedo. No tenemos ese temor que usa la Concertación para que votemos eternamente por el mal menor y no cambiemos nada nunca. La valentía de un pueblo se obtiene con triunfos, con atrevimiento, con audacia, con la película clara y sin dobleces. Ya se acabó la siesta obligada en Chile.”

 

-Cuando te nombro a Allende, ¿qué aparece en tu cabeza?

“Emoción, admiración, respeto, una enseñanza que puesta a la hora actual y sometida a la crítica necesaria y sus correcciones, sí tiene porvenir.”  

El mapuche invisible

Por Ricardo Candia Cares

 

No es cosa nueva la militarización del territorio mapuche. La primera edición de las “gestas pacificadoras”, en la década de 1860, estuvo a cargo del ejército cuando el Estado decidió que esas tierras merecían otros dueños y que los indios eran una molestia que había que extirpar. El ministro de Guerra de la época, Federico Errázuriz, instruyó al general Pinto, el héroe que dirigió las operaciones: “…haga uso de las armas i hostilizarlos de manera que juzgue más prudente para castigar su rebelión, arrebatarles sus recursos i debilitarles hasta dejarles en la impotencia…”. Y en el caso de rendirse, y como prueba de buena fe, los caciques debían entregar al ejército a uno o dos de sus hijos como rehenes, los cuales al cabo de cierto tiempo deberían ser cambiados por otros, para impedir que la separación de sus padres debilitara el cariño recíproco. La derrota mapuche de noviembre de 1881 define el modo en que el Estado se vinculará en lo sucesivo con los sobrevivientes: sin verlos. La idea de los poderosos de entonces era no sólo ocupar sus territorios, sino que acabar con lo que llamaban “la raza mapuche”. Y a partir de entonces, se intentó su inexistencia, creyéndolos evaporados después de los últimos fusilamientos. Reducidos, los sobrevivientes pasaron de ser un pueblo libre, a vivir como campesinos apretujados, pobres, vencidos, y por sobre todo, invisibles. Los esfuerzos integradores del Estado convirtieron al mapuche en mano de obra para servir en las ciudades y en los nuevos latifundios. La sociedad chilena asumió su labor rectora enseñando a los chilenos a relacionarse con los sobrantes de su guerra civilizadora, como si fueran personas que no son y casi sin ningún derecho. Para los codiciosos de entonces esas extensiones, ahora sin dueños, fueron un botín jugoso. Una sociedad acababa de ser desarticulada por los cañones y los fusiles de repetición y grandes fortunas del centro del país se financiaban con esas tierras arrebatadas a sangre y fuego por el ejército. Y entonces se descubrió que esos indios desarrapados que afeaban la vista, esparcidos sin saber dónde ir y qué hacer, no se parecían al indio audaz y valiente de la literatura, de las leyendas, de las historias de valor y resistencia al invasor de que hablaban las escuelas y discursos. Un famoso homenaje al mapuche es una estatua de bronce que, a mediados del siglo XIX, concibió el artista chileno Nicanor Plaza. Nacida con el anglosajón nombre de “The last of Mohicans”, para un concurso que los homenajeaba, ese indio con tocado de plumas, arco y flecha, no figuró. Pero el artista, para no perderlas todas, le cambió el nombre y se la ubicó en una de las terrazas del cerro Santa Lucía. Desde entonces se llama “Caupolicán”. Otro homenaje quedó estampado el año 1904. Con letra de Eusebio Lillo, nuestra Canción Nacional advierte que “ con su sangre el altivo araucano, nos legó por herencia el valor… ”. Esas descripciones propias de Alonso de Ercilla o de Pedro de Oña, fueron objeto de merecimientos, honores y referencias épicas. Mas no el bárbaro trashumante y hambriento que quedó en el limbo del no ser. Esta dicotomía ha definido la relación que la cultura dominante ha tenido con “lo mapuche” desde esas no tan lejanas y heroicas jornadas que el general Pinto describe en su memoria del año 1869, y que tuvo su punto máximo de emoción en noviembre de 1881, cerca del actual Temuco. Por una parte, los sobrevivientes de la guerra pasan a ser tratados como miserables perdedores sin merecimiento alguno, y, por otra, el mapuche idealizado por la literatura y las leyendas, fundadores de una raza por cuyas venas corre sangre de guerreros sin par, son exaltados como dignos descendientes de Caupolicán, Galvarino, Colocolo y otros héroes que tal vez ni siquiera existieron, pero que son mucho más presentables que esos que andan por ahí. Lo que reverbera hoy en esas tierras, con su lúgubre reguero de muerte y sufrimiento, son los ecos y reflejos de una guerra en la que el mapuche fue vencido pero que desde esas ruinas sobrevivió por esa misteriosa fuerza vernácula que tienen todos los pueblos del mundo para negarse a la derrota eterna y para luchar por su derecho a ser. Por eso, a duras penas, el mapuche sigue siendo. Aunque la sociedad ganadora, prepotente y codiciosa, determine su invisibilidad por medio del desprecio con forma de leyes que las fuerzas armadas y de orden aplican con fruición y buena puntería, a la espera de refuerzos. El mapuche sigue invisible para el que no quiere verlo. Y las muertes y sufrimientos que de tarde en tarde se toman el territorio, se explican por esa dualidad interesada de la sociedad chilena, por esa óptica perfeccionada en 130 años de desprecio y ceguera.

Fuente:Punto Final

La CELAC y las luchas contra el neoliberalismo (I)

La CELAC y las luchas contra el neoliberalismo (I)

Por Angel Guerra Cabrera

 

Los países de América Latina y el Caribe hicieron historia al acordar en la Rivera Maya, México (2010), la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Significaba que los 33 Estados de la región se reunieran por primera vez en una organización sin Estados Unidos ni Canadá y que en su gran diversidad hablaran a una sola y soberana voz en el concierto mundial de naciones. Su trayectoria hasta hoy, los pronunciamientos de su I Cumbre en Santiago de Chile (28/1) y la elección unánime de Cuba para encabezarla hasta la II cumbre de La Habana (2014), así lo demuestran. Esta decisión, indicando a Washington el apoyo latinocaribeño a Cuba y los clamorosos reclamos que debió escuchar Obama sobre la argentinidad de las Malvinas y contra el bloqueo y la ausencia de la isla en la llamada Cumbre de las Américas de Cartagena (2012) señalan el crucial giro político de América Latina y el Caribe.

“La CELAC es el proyecto de unión política, económica, cultural y social más importante de nuestra historia contemporánea” señaló en memorable carta a la reunión de Santiago el presidente Hugo Chávez. Nadie más indicado para hacer esta valoración que quien ha entregado todo su talento y dotes de líder para conseguirlo. En la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, Brasil(2008), con la capacidad de convocatoria del presidente Lula da Silva se dio el “primer paso”, dijo entonces su homólogo Raúl Castro, y la reunión constitutiva, preparada exquisitamente por la diplomacia chavista, se realizó en la capital venezolana (2011). Allí se adoptaron la Declaración y el Plan de Acción de Caracas, así como otros documentos previamente sometidos al consenso de todos los gobiernos participantes. En ellos, como en los adoptados en Santiago esta semana se advierte una manera de pensar y un lenguaje propio humanistas y solidarios, alejados del cosmopolitismo y la tecnocracia neoliberales.

Y es que la Celac no es fruto de una decisión burocrática o cupular. Sólo fue posible como resultado de un nuevo y superior capítulo de la lucha de emancipación de los pueblos de América Latina. Cuando se anunciaba el fin de la historia y las políticas neoliberales parecían eternas, nuestros pueblos cambiaron la geografía política y el sentido común que parecía prevalecer entonces en la región. Lo hicieron a partir del estremecedorcaracazo (1989) y la rebelión cívico-militar encabezado por Chávez (1992), pasando por el levantamiento indio de Chiapas (1994) y otros potentes combates populares que condujeron al advenimiento de gobiernos defensores del interés nacional y popular en Venezuela, Brasil, Argentina Bolivia, Uruguay, Ecuador y Nicaragua. La Celac es resultado de la aparición de estos gobiernos, de la rebelión antineoliberal que los entronizó y de un acumulado cultural a favor de la unidad como única vía de independencia. Alargando la perspectiva histórica, es también consecuencia de cinco siglos de luchas populares y se asienta en la solidez de las dos grandes civilizaciones de los pueblos originarios de América Latina y el Caribe y en el fecundo mestizaje indo-latino-africano. Encarna el postergado e indispensable objetivo unitario de Bolívar, de Martí y de muchos de nuestros próceres.

La cumbre de Santiago muestra una Celac en trance de consolidarse que inspira justificado optimismo aunque sería ingenuo suponer que estará exenta de escollos. Los sectores burgueses más entreguistas en cada país harán todo lo posible por poner palos en la rueda. Estados Unidos intentará aprovechar las evidentes diferencias de criterio en su interior para dividirla. En la organización están los países de la Alba así como Argentina, Brasil Y Uruguay, -que se oponen al libre comercio- y están México, Colombia, Perú y Chile, agrupados en la Alianza Pacífico, que persisten por ahora en esa fórmula fracasada y socialmente ruinosa. Sin embargo, ambos grupos están demostrando la capacidad de trabajar juntos enfatizando en lo que los une y no en lo que los separa.

Raúl lo definió así en Santiago: “Entre nosotros hay pensamientos distintos e, incluso, diferencias, pero la CELAC ha surgido sobre el acervo de doscientos años de lucha por la independencia y se basa en una profunda comunidad de objetivos. No es la CELAC, por tanto, una sucesión de meras reuniones ni coincidencias pragmáticas, sino una visión común de la Patria Grande latinoamericana y caribeña que solo se debe a sus pueblos”.

Twitter: aguerraguerra