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T r i b u n a c h i l e n a

Argentina: “Milagro Sala es la primera presa política”

Argentina: “Milagro Sala es la primera presa política”

por Julián Bruschtein (Argentina)

Agrupaciones kirchneristas y de izquierda, las dos CTA y organismos de derechos humanos se movilizaron en repudio a la detención de la líder de la Tupac Amaru en Jujuy. “No nos está respetando, nos está insultando”, dijo Estela de Carlotto sobre el gobierno de Macri.

“No tenemos miedo, ellos lo tienen. Saben que no nos van a doblegar”, señaló la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, arengando a los miles de militantes y autoconvocados que respondieron al llamado para solidarizarse y pedir la libertad de la militante social jujeña Milagro Sala. La manifestación se desplegó en la Plaza de Mayo, donde además de casi todas las organizaciones kirchneristas se movilizaron las dos CTA y el Frente de Izquierda (FIT). “Hace 35 días que nos vienen provocando, están buscando que reaccionemos pero no lo van a lograr”, aseguró Marcos, un integrante de la Tupac Amaru que apuntó contra las políticas del gobierno macrista.

“Quieren con esto que ha pasado demostrar que tienen un poder que no tienen. El pueblo votó y vamos a respetar la voluntad popular siempre y cuando el que preside nos respete, y no nos está respetando, nos está insultando”, aseguró Carlotto, al cerrar el acto que comenzó pasadas las 18 con una multitud delante. El pedido de liberación de Sala era una constante en las consignas que se escucharon en la movilización. “Para Milagro, liberación”, cantaba un grupo de jóvenes mientras saltaban y se arengaban entre ellos. La plaza estalló en aplausos cuando Carlotto se refirió a la dirigente jujeña como “la primera presa política” y apuntó contra el gobierno nacional porque “hace un mes que estamos viviendo en el infierno”.

“En un mes nos mostraron algunas de las armas que van a usar en sus cuatro años de gobierno. La judicialización de la protesta social creíamos que ya la habíamos dejado atrás”, dijo a Página/12 Roberto, un joven enfundado en una remera de la Tupac que llevaba la batuta de un grupito de muchachos que no paraba de lanzar consignas. Las columnas no cesaban de ingresar a la Plaza de Mayo con las banderas de sus agrupaciones anticipando la identidad de cada una. A la cabeza, la Tupac Amaru con sus militantes y sus banderolas blancas, mientras en la plaza se iba regando de los colores de las agrupaciones: celeste y blanco de La Cámpora, negro azul y blanco de Descamisados, verde de Nuevo Encuentro y el rojo del PTS. “Ooooh, vamos a volver, a volver, a volver, vamos a volver”, cantaba la plaza entera casi al unísono, una consigna que se convirtió –a fuerza de repetición en las “plazas del pueblo”– en el canto representativo del kirchnerismo.

El escenario fue montado en el centro de la plaza, delante de la Pirámide, con la gente mirando hacia la Casa Rosada. Los carteles contra la política del presidente Mauricio Macri se veían todo a lo largo de las columnas. “Todos somos Tupac Amaru”, se repetía sin importar quién la llevara: chicos con sus padres de la mano, militantes, dirigentes y señoras mayores mostraban la leyenda, mientras escuchaban a los oradores. “Hace 35 días que nos vienen provocando, están buscando que reaccionemos, pero no lo van a lograr. Y no nos vamos a mover de la plaza porque en la Argentina la protesta social no es un delito”, exclamó Marcos, militante de la Tupac, que habló en representación de la agrupación.

En el palco lo acompañaban los dirigentes y legisladores que participaron del impulso a la convocatoria. Como lo habían anticipado en una conferencia de prensa al mediodía en el Congreso, los diputados del bloque del Frente para la Victoria (FpV) y de La Cámpora Andrés “Cuervo” Larroque y Eduardo “Wado” de Pedro se mezclaban junto al ex secretario de Comercio Guillermo Moreno, el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, el removido titular de la Afsca, Martín Sabbatella, y el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico. También se pudo ver al secretario general de ATE Capital, Daniel Catalano, al dirigente social Luis D’Elía, los compañeros de bancada de Sala en el Parlasur Daniel Filmus y Agustín Rossi, y el legislador y ex ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que también compartieron palco con los integrantes de la agrupación que conduce Sala, la Tupac Amaru.

“No nos están respetando, todos los días hacen nos hacen algo. Hace un mes que estamos viviendo en el infierno”, dijo Carlotto y llamó a “ponerse de pie”, al comenzar a darle cierre al acto y la movilización ante el respetuoso silencio de la multitud. Luego apareció el “vamos a volver” que se apagó rápidamente para escuchar las palabras finales. La presidenta de Abuelas indicó: “No tenemos miedo, ellos tienen miedo de nosotros porque saben que no nos van a doblegar. Por eso tenemos bastón, porque nunca nos arrodillamos y no nos vamos a arrodillar”, siguió, despertando al público que ahora sí empezó nuevamente a cantar “vamos a volver”, mientras las columnas de gente comenzaban a desconcentrarse.

*Fuente: Página 12

62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial

62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial

por Oxfam
18 enero 2016
El informe de Oxfam, llamado Una economía al servicio del 1%, pone de relieve que, desde 2010, la riqueza de la mitad más pobre de la población se ha reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 41%. Esto ha ocurrido a pesar de que la población mundial ha crecido en cerca de 400 millones de personas durante el mismo período. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares, hasta alcanzar la cifra de 1,76 billones de dólares. El informe también muestra cómo la desigualdad afecta de manera desproporcionada a las mujeres; de las 62 personas más ricas del mundo, 53 son hombres y tan solo 9 son mujeres.

A pesar de que los líderes mundiales hablan cada vez más de la necesidad de abordar la desigualdad y en septiembre fijaron un objetivo mundial para reducirla, la realidad es que la brecha entre los más ricos y el resto de la población ha aumentado de manera drástica a lo largo de los últimos doce meses. La predicción que Oxfam realizó antes de la reunión de Davos del año pasado, de que en poco tiempo el 1% poseería más riqueza que el resto de la población mundial, se ha cumplido en 2015, un año antes de lo esperado.

Oxfam hace un llamamiento para que se tomen medidas urgentes contra la crisis de la desigualdad extrema, que pone en peligro todo el progreso realizado a lo largo de los últimos 25 años en la lucha contra la pobreza. Como prioridad, la organización pide que se acabe con la era de los paraísos fiscales, cada vez más utilizados por las personas ricas y las grandes empresas para evitar pagar los impuestos que les corresponden de manera justa. Como resultado, los Gobiernos se han visto desprovistos de unos recursos esenciales para abordar la pobreza y la desigualdad.

Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, y que acude de nuevo a la reunión de Davos tras haberla copresidido el año pasado, afirma: “Simplemente no podemos aceptar que la mitad más pobre de la población mundial posea la misma riqueza que un puñado de personas ricas que cabrían sin problemas en un autobús”.

“La preocupación de los líderes mundiales sobre la creciente desigualdad todavía no se ha materializado en medidas concretas para contrarrestarla. El mundo es mucho más desigual, y la tendencia ascendente de la desigualdad se está acelerando. No podemos seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre mientras que las élites económicas absorben los recursos que podrían ayudar a estas personas a salir de esa situación.”

“Reto a los Gobiernos, empresas y élites presentes en la reunión de Davos a que hagan lo que deben para acabar con la era de los paraísos fiscales, que está exacerbando la desigualdad económica e impidiendo que cientos de millones de personas puedan salir por su propio pie de la pobreza. Las empresas multinacionales y las élites económicas juegan con unas normas distintas al resto, y rehúsan pagar los impuestos necesarios para que la sociedad funcione adecuadamente. El hecho de que 188 de las 201 mayores empresas estén presentes en al menos un paraíso fiscal es un indicador de que es hora de actuar.”

En 2015, los Gobiernos del G20 decidieron tomar medidas, a partir del acuerdo del proyecto BEPS, para reducir la evasión y elusión fiscal de las multinacionales. No obstante, estas medidas apenas ayudarán a los países más pobres e ignoran en gran medida el problema de los paraísos fiscales.

Se estima que, en todo el mundo, hay un total de 7,6 billones de dólares de patrimonio financiero individual ocultos en paraísos fiscales. Si se tributaran los beneficios que esta riqueza genera, los Gobiernos recaudarían 190.000 millones de dólares más al año.

Se calcula que hasta el 30% del patrimonio financiero de África se encuentra en paraísos fiscales, lo que supone una pérdida fiscal estimada de 14.000 millones de dólares al año para los países africanos. Esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria a madres y niños, lo cual podría salvar la vida de cuatro millones de niños al año, y permitiría contratar a profesores suficientes para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.

Nueve de cada diez socios estratégicos del Foro Económico Mundial están presentes en al menos un paraíso fiscal, y se estima que los países en desarrollo pierden cada año al menos 100.000 millones de dólares como consecuencia de la evasión y elusión fiscal por parte de las grandes empresas. La inversión empresarial en paraísos fiscales se ha multiplicado casi por cuatro entre 2000 y 2014.

Para que los líderes mundiales alcancen el objetivo que asumieron en septiembre de erradicar la pobreza extrema para 2030, es fundamental que los Gobiernos puedan recaudar los impuestos que las grandes empresas y las personas ricas deben pagar.

Si bien entre 1990 y 2010 se redujo a la mitad el número de personas que viven en situación de extrema pobreza, los ingresos medios anuales del 10% más pobre de la población mundial han aumentado en menos de tres dólares en el último cuarto de siglo; es decir, sus ingresos diarios han aumentado menos de un centavo al año.

Si la desigualdad dentro de los países no hubiese aumentado entre 1990 y 2010, otros 200 millones de personas habrían salido de la pobreza.

Una de las principales tendencias que subyacen a esta creciente desigualdad que pone de relieve el informe de Oxfam es la reducción de la participación de los trabajadores en la renta nacional en prácticamente todos los países más avanzados y en la mayoría de los países en desarrollo, y el hecho de que la brecha salarial entre las personas con mayor y menor remuneración es cada vez mayor. A su vez, la mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo son mujeres.

Por el contrario, las personas que ya eran ricas han visto cómo su capital ha ido creciendo de forma constante (a través del pago de intereses, dividendos, etc.) a un ritmo significativamente más rápido que el crecimiento de la economía. Esta ventaja se ha visto todavía más acentuada debido al uso de paraísos fiscales, los cuales son uno de los mayores ejemplos expuestos en el informe de cómo se han manipulado las reglas que rigen la economía global para reforzar la capacidad de los más ricos y poderosos de concentrar más riqueza.

Oxfam hace un llamamiento para actuar contra los paraísos fiscales como parte de una triple estrategia para abordar la desigualdad. Las medidas para recuperar los miles de millones ocultos en paraísos fiscales deben verse acompañadas de un compromiso de los Gobiernos para invertir en atención sanitaria, educación y otros servicios públicos esenciales que determinan la suerte de las personas más pobres del mundo.

Los Gobiernos también deben tomar medidas para garantizar que el trabajo funcione tanto para quienes menos ganan como para las personas con mayor remuneración, incluyendo elevar los salarios mínimos hasta que se conviertan en salarios dignos y acabar con la brecha salarial entre hombres y mujeres.

“Los ricos no pueden seguir defendiendo la idea de que su riqueza beneficia a todo el mundo. Al contrario, su extrema riqueza es un síntoma de una economía global enferma. La mayoría de la población mundial, y sobre todo las personas más pobres, han pagado el precio de la reciente explosión de riqueza de las personas más ricas”, añade Byanyima.

Oxfam asistirá a la reunión en Davos no solo como parte de su campaña contra la desigualdad, sino para presionar también a los líderes mundiales y las grandes empresas para que aborden el cambio climático y tomen medidas para resolver las crisis humanitarias, incluida la que está ocurriendo en Siria.

Notas a los editores

Número de personas que poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial desde 2010:

2010


388

2011


177

2012


159

2013


92

2014


80
2015

62

Los datos sobre la riqueza del 1%, el 50%, y el 99% provienen del Credit Suisse Global Wealth Datebook (2013 y 2014) https://www.credit-suisse.com/uk/en/news-and-expertise/research/credit-suisse-research-institute/publications.html

Se ha calculado la fortuna de las 62 personas más ricas del mundo a partir de la lista de milmillonarios de Forbes: http://www.forbes.com/ los datos anuales provienen de la lista publicada en marzo.

Los cálculos incluyen riqueza negativa (es decir, deuda). Para comprobar la veracidad de los datos, Oxfam ha recalculado la participación del 1% más rico en la riqueza mundial una vez deducida la riqueza negativa. No hubo un cambio significativo (pasó del 50,1% al 49,8%). La participación de la riqueza negativa en la riqueza total ha permanecido constante a lo largo del tiempo, por lo que las tendencias de distribución de la riqueza no se han visto afectadas.

Descargar el informe completo – Una economía al servicio del 1%

https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2016-01-18/62-personas-poseen-la-misma-riqueza-que-la-mitad-de-la

Macri, otro globo inflado del neoliberalismo

Macri, otro globo inflado del neoliberalismo

 



Macri, la nueva estrella de la derecha regional. Hombre de pelo en pecho y mentiroso, los modos republicanos que prometió en campaña los han traducido en burla sistemática de la Constitución y las leyes. Vulnera obsesivamente el Estado de derecho, supuestamente tan caro a sus patronos de Estados Unidos e Israel, del corporativo de medios Clarín, del libelo La Nación, así como del capital financiero, incluidos los democráticos fondos buitre a los que ya rinde pleitesía.

El ex gobernador de la ciudad de Buenos Aires ha firmado más Decretos de Necesidad y Urgencia (NDU) en poco más de un mes que todos los emitidos por Cristina Fernández en dos mandatos presidenciales. Ninguno de ellos atiende circunstancias excepcionales como las que exige el texto constitucional, puesto que los temas abordados podían esperar a que el Congreso reinicie sesiones.

Los DNU macristas son típicos de una dictadura militar, como el nombramiento de los jueces de la Corte Suprema sin la aprobación del Senado por primera vez en la historia argentina, o la derogación de la Ley de Medios, intervención ilegal del órgano que la tutela y desmantelamiento del sistema de medios públicos. El nombramiento de los jueces provocó tal escándalo que debió retirarlo, presionado también por el fallo en contra de un juez federal. Sin embargo, en el caso de la Ley de Medios, Macri ha hecho caso omiso de otro fallo semejante que tumba sus ukases.

Su ofensiva contra los trabajadores no tiene nada que envidiar a gobiernos neoliberales ortodoxos como el de Ménem y los mexicanos. No me refiero solo a los 18 mil empleados del Estado que ha enviado a la calle alegando mendazmente que cobran sin trabajar, a los muchos en lista de espera y a la represión iniciada contra la protesta social. También a los cientos de millones de dólares que en tan poco tiempo ha despojado al pueblo para transferirlos al gran capital financiero y al agronegocio, a través de medidas como la devaluación, la liberalización de los precios y la exención de impuestos a los exportadores del campo.

Típicamente dictatorial ha sido la salida del aire del prestigioso conductor y periodista Víctor Hugo Morales, arropado a las 48 horas por una multitud en Plaza de Mayo a la que llamó a rebelarse contra los atropellos macristas. El de Víctor Hugo era uno de los pocos espacios críticos que quedaba después del cierre de los públicos.

El nuevo hombre fuerte de Argentina, claro, cuenta con el silencio cómplice ante sus desmanes de los medios corporativos argentinos, latinoamericanos o internacionales como CNN en español. También del tal Almagro, nuevo secretario general de la pestilente OEA y reptil de alquiler de Washington.

Eso sí, esos mismos medios enfilan a toda hora sus baterías contra la Venezuela bolivariana de la manera más burda y grosera, al igual que lo hace Almagro en un vulgar acto de injerencia y doble rasero, convertido en vocero regional de la contrarrevolución venezolana.

En Venezuela ya el liderazgo contrarrevolucionario en la Asamblea Nacional tuvo que retroceder en su intento de desacato al Tribunal Supremo ante la firme y serena actitud de la minoritaria bancada chavista y el repudio popular, incentivado por su trato como a basura de las imágenes de Bolívar y Chávez que presidían la Asamblea Nacional, también condenado enérgicamente por el alto mando militar encabezado por el general en jefe Vladimir Padrino, y criticada hasta por sectores de oposición.

Hay mayoría opositora en la Asamblea Nacional pero ello no expresa la correlación de fuerzas en la sociedad venezolana pues gran parte del pueblo es bolivariano y chavista, aún los que votaron equivocados o los muchos chavistas que se abstuvieron de votar agobiados por la escases y el burocratismo, e indignados por los casos de corrupción sin castigo; la Fuerza Armada Nacional Bolivariana es leal a la Constitución y de vocación antiimperialista y socialista.

Ello no significa que el liderazgo chavista no enfrente el momento de mayor peligro para la Revolución justo en ausencia del genio político de Chávez. Ha sido inteligente su contraofensiva que, es de suponer, incluya profunda autocrítica, paciencia, fortalecimiento de la dirección colectiva, continuar la transferencia de poder al pueblo y ante el embate opositor convocarlo a la calle, donde el chavismo es invencible.

En cuanto a Macri, no tardará en desinflarse y hasta podría ser derribado por una pueblada, como sugirió Atilio Boron, si continúa como va.

Lo económico y lo simbólico

 



El alcalde lo agarró por la muñeca.

–Anestesia –dijo.

Sus miradas se encontraron por primera vez.

–Ustedes matan sin anestesia –dijo suavemente el dentista.

La Mala Hora

Gabriel García Márquez

 

En estas semanas, de desasosiego popular y de flamante gobierno ceocrático y de corte cínico-fascistoide, se impone una disputa de gran movilidad subjetiva: el lenguaje como instrumento de imposición de “sentido común”. Es sabido, hasta el hartazgo, que el lenguaje no es la realidad, pero es un instrumento básico para descifrarla, relatarla y transformarla.

No hay nada casual en que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), el Centro Cultural Kirchner, el Instituto Dorrego, el Archivo Nacional de la Memoria o un programa de televisión –de disputa simbólica-, entre otros espacios, hayan sido objeto de las primeras trapisondas gubernamentales de quienes, en nombre de institucionalidad y republicanismo, llegaron por medio del sufragio universal secreto a la conducción del gobierno nacional –no hay olvidar el escaso margen porcentual, ni desdeñarlo-.

Es obvio, por otra parte, que no deben desmerecerse todos los intereses operantes para que se derogue por Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), por ejemplo, la LSCA.

Cuando digo gobierno ceocrático sustento la categorización en, al menos, dos fuentes periodísticas: El país atendido por sus propios dueños y sus dos subnotas, y Filantropía empresaria. Allí existenten datos suficientes. Es, por lo tanto, una caracterización proveniente de evidencias directas.

Más compleja es la categorización “gobierno de corte cínico-fascistoide”.

Parafraseando a S. Zizeck, cínicos son aquellos que saben lo que hacen pero aun así lo hacen. Aquellos que saben muy bien la distancia que hay entre la máscara y la realidad pero prefieren mostrar (o mantener) la máscara. Aquellos que confrontan con el enriquecimiento ilegal argumentando que el enriquecimiento legal es mucho más efectivo y además está protegido por ley, mientras hacen la ley. Aquellos que, de forma notable, vestidos con el ropaje de la verdad mienten para lograr un efecto de franqueza cautivadora.

Para G. Deleuze y F. Guattari “esta edad del cinismo es la de la acumulación del capital, es ella la que implica tiempo, precisamente para la conjunción de todos los flujos descodificados y desterritorializados” y propiamente “el cinismo es el capital como medio para arrebatar el excedente de trabajo” apareciendo la piedad que “es ese mismo capital como capital-Dios del que parece que emanan todas las fuerzas de trabajo”.

Siguiendo a P. Sloterdijk, el cinismo es “la maniobra de un yo político que piensa en primer y último término en sí mismo”, presentando “una relación modificada al acto de decir la verdad”, así “el funcionalmente agente del capital, intencionalmente es demócrata; el que con relación al sistema es funcionario de la cosificación, con referencia al mundo de la vida es autorrealizador; el que objetivamente porta la destrucción, subjetivamente es un pacifista; el que de por sí desencadena catástrofes, para sí mismo es la inocuidad misma”.

Más compleja puede parecer la denominación “fascistoide”. Un ejemplo sirve, a la vez que reúne todas las condiciones del discurso cínico, para que se comprenda el término (aunque no lo abarque en su totalidad): Gabriela Michetti sostuvo que “cuando uno paga impuestos, lo que está pagando son servicios de educación, de salud, de seguridad y de Justicia”, y “no un Estado al cual yo tengo que pagarle una cantidad enorme de militantes de algún partido político” (Página 12). Conviene remarcar, aunque no me desviaré en ese tema, el cinismo en la subversión terminológica de Michetti donde reemplaza derechos por servicios.

Tanto la vicepresidenta como Hernán Lombardi, por estos días, han emprendido una cruzada mediático-lingüística para imponer “sentido común”. Trabajador del Estado comienza a leerse de manera equivalente a “ñoqui” y a “ñoqui militante” (estigmatización del trabajador del Estado), y que en el Estado no deben trabajar militantes de partidos políticos. Esto último es, lisa y llanamente, persecución política. Y son los fascismos de toda laya los que se han encargado de perseguir y proscribir a la militancia política. Sumado a que cuando se le consultó acerca del motivo de los despidos en el Senado de la Nación, la vicepresidanta contestó que lo que “uno puede intuir es que la gran mayoría no son personas que tengan una función asignada” (los despidió por intuición).

Por otro lado, debemos preguntarnos sobre el violento ejercicio de imposición de miedo –a “estar desempleado”, en este caso- que se ejerce al hacer averiguaciones de antecedentes militantes (en el ámbito de cultura de la provincia de Buenos Aires, informó el periodista Alejandro Bercovich, se pide el chequeo de Facebook de las/os trabajadoras/es). Para trabajar en el Estado, según estos hechos, se debe ser a-político, un ong-eísta, un ceo-ísta, por ejemplo –una vuelta de tuerca más en aquello de la desideologización: o sea, el discurso eminentemente ideológico que dice de sí no ser ideológico-. Todo esto no es nada casual, en épocas –que creíamos pretéritas- donde el Tribunal Superior de Justicia de Ciudad de Buenos Aires avaló que “la policía pida documentos sin motivos de sospecha”, y en la que el Ministro de Hacienda les pregunta a los sindicalistas hasta qué punto se puede arriesgar salario a cambio de empleo, proscribiendo -en el ejercicio de la intimidación- las negociaciones paritarias.

La destrucción del salario no se puede dar sin la destrucción de la subjetividad del asalariado (en lenguaje clasista: sin la destrucción de la conciencia de clase) y sobre una difamación enjundiosa acerca de la “calidad” del asalariado (en este aspecto, parecería ser que un/a no-militante político/a es mejor trabajador que un/a militante político/a). Por ello lo simbólico y lo económico va estrechamente concatenado, sino bajo qué lógica se explica que en un programa televisivo –cuyo nombre es una jactancia del destrato- se asegure, por boca de su conductor falacia mediante, que es imposible el aumento salarial a docentes porque los ñoquis se llevan la plata que les corresponde. Imposición de una “lógica-verdad mediática” que no resiste lo fáctico, la evidencia empírica, pero que opera permeando subjetividades e imponiendo “sentido común”.

“La enorme difusión publicitaria que se da hoy a los problemas económicos, y la terminología semitécnica que los periodistas usan cada vez con mayor entusiasmo, han logrado que el público intelectual esté aceptando poco a poco cierta manera de hablar que lo separa cada vez más de la realidad, mientras lo consuela con una ilusión de sabiduría profunda” comienza diciendo O. Varsavsky en Las Falacias del Lenguaje Económico.

Para contar con “enorme difusión publicitaria” se necesita tener unicidad de lenguaje, unicidad de discurso, unicidad de pensamiento, concentración unitaria de contenidos (y medios). La abolición de la LSCA cumple ese rol. Y neologismos como “fin del cepo” (devaluación), “sinceramiento de precios” (inflación alta), “emergencia estadística” (no se darán a conocer índices estadísticos oficiales) se imponen como matriz rectora del discurso cotidiano.

Varsavsky sostiene que “el lenguaje contable, monetario, está adaptado a las necesidades de la empresa privada y el mercado, en una economía de lucro”, sustentado en indicadores cuantitativos globales (de crecimiento, inversión, inflación, déficit, etc., según criterios y costumbres que convienen a los organismos internacionales de financiación), y advierte que “los economistas experimentados saben muy bien lo que se esconde detrás de cada indicador global, y pocos textos de economía ponen algún párrafo de advertencia al lector en el primer capítulo. Pero estos temas –a diferencia de la Mecánica Cuántica- no son de manejo exclusivo de los especialistas; son de interés popular directo, y expresarlos en lenguaje falaz no ayuda a la gente a defender sus verdaderos intereses”.

¡Ahora Davos! La búsqueda de “capitales”, de “inversiones”. Allí la piedad deleuziana: capital-Dios del que parece que emanan todas las fuerzas de trabajo. Mientras tanto, cuatro mil quinientos cesanteos laborales en municipalidad de La Plata, tres mil en la de Mar del Plata, dos mil en el Senado Nacional, mil en la de Lanús, mil en la de Quilmes, seiscientos en el Centro Cultural Kirchner...

Bajo la estigmatización de ñoqui, que permite despedir trabajadores sin más, subyace la ideología del “achicamiento del Estado”, y es reabsorbida la del “Estado contratista”, donde lo privado tiene prevalencia exclusiva y dominante (privado que es financiado con los impuestos que cada uno de los habitantes del país paga; y no nos confundamos: las tarifas de gas y luz aumentarán, lo que no quiere decir bajo ninguna circunstancia que esas empresas no sigan percibiendo subsidios del Estado).

¿Qué tiene que ver la “intervención” totalitaria al Archivo Nacional de la Memoria (ANM) con lo económico? Primero digamos que totalitaria es una categoría apropiada para describir a este gobierno que no necesita ni del congreso para modificar leyes ni respeta las decisiones judiciales que lo desfavorecen a la vez que intimida a la procuradora de la Nación (gobierno ceocrático y de corte cínico-fascistoide y totalitario).

En el ANM se salvaguardan, fragmentariamente, historias de las persecuciones político-ideológicas sufridas por quienes que se enfrentaron decididamente a un régimen político-económico –en gran mayoría la clase trabajadora-. Desde el actual gobierno indicaron que le pondrán su impronta al ANM, y a todo lo que es el predio de la Ex–ESMA, relevando al actual director del ANM con mandato hasta el 2019 por pertenecer a una corriente política –nuevamente, persecución política- sin mediar consulta alguna a los organismos de Derechos Humanos quienes siempre entendieron e intervinieron al respecto.

Administrar la historia es una tarea pedagógica esencial, que puede ser o bien disciplinadora (coloniaje pedagógico, a decir de A. Jauretche) o bien emancipadora, por ponerlo en un binarismo simplificador (no por ello menos realista). No hay dudas que a un sistema económico de opresión no le resultan simpáticos los modelos que dan cuenta de otras posibilidades de construcción político-social.

El ministro de Cultura de la Nación, cuya “ineficacia para gestionar es proverbial en el ambiente cultural” y que dentro de las dictaduras su preferida es la Libertadora, sin más argumento que el canyengue “la pifiaron en promover una visión única sobre el pasado”, en nombre de la pluralidad, cerró el Instituto Dorrego (podría haber creado, en contraposición, el Instituto Juan Lavalle, en vez de cerrar al Dorrego). ¿Qué tiene de particular este instituto con la economía? Lo mismo que sostuve antes respecto del ANM.

Los historiadores de profesión podrán, bajo tecnicismos disciplinares (y político-ideológicos también), debatir acerca de cuestiones de métodos y formas del relato histórico –y es en este debate donde emerge lo plural, no hacia adentro del Dorrego-, pero la nueva muerte de Dorrego promueve el unitarismo a ultranza y borra (al menos en pretensión) círculos que puedan establecer miradas y formas de contar los sucesos desde una perspectiva (de las múltiples existentes) de las luchas populares latinoamericanas frente a la imposición de medidas que no representaban los intereses populares (sin descuidar, por cierto, que el federalismo de Dorrego es sofisticado o de vanguardia –conviene guardarlo, a los efectos de seguir equiparando federalismo con “barbarie”, sobre la base de una dicotonomía que ha ocasionado abundante perjuicio y prejuicio al momento de comprender nuestro pasado argentino-latinoamericano-).

Una clase popular, sin perspectiva histórica, es propensa a contribuir a un derrotero que sea su propio calvario. Vale decir que las clases populares no escriben –necesariamente- su historia en o desde el Estado (el legado de los federales del interior, en el siglo XIX, es un ejemplo de ello, por citar sólo uno y a cuento de Dorrego). Hay que tener suficiente cuidado e identificar exhaustivamente cuándo y cómo los poderosos aparados ideológicos de Estado son puestos al servicio de la aniquilación de la historia de las clases populares, y de la manipulación extrema de la subjetividad social, consecuentemente estarán operando sobre la economía y, entonces, diezmando y pauperizando al pueblo en su conjunto.

 

–Deme cualquier cosa extranjera –dijo [el alcalde].

–Esto es mejor que cualquier cosa extranjera –dijo don Lalo Moscote–. Está garantizado por tres mil años de sabiduría popular.

La Mala Hora

Gabriel García Márquez

Algo que puede cambiar el mundo Tiembla el negocio del petróleo

Algo que puede cambiar el mundo Tiembla el negocio del petróleo

 

TomDispatch

 

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García.


El aspecto de un planeta completamente bañado en petróleo

Introducción de Tom Engelhardt.

Cuando se trata de las noticias sobre Arabia Saudí, la ejecución de Nimr al-Nimr –clérigo chiíta opositor– ha encabezado recientemente los titulares de la prensa; poco asombro ha habido. Está claro que el avejentado rey Salman bin Abdulaziz al-Saud y su hijo favorito –de 30 años–, Mohammed bin Salman, el nuevo ministro de Defensa que ya ha involucrado a su país en una clásica guerra-atolladero en Yemen, han hecho todo lo posible para que la muerte del clérigo se convierta en una provocación regional. El nuevo liderazgo saudí incluso rechazó entregar el cuerpo del ejecutado a sus familiares para que lo sepultaran y en cambio lo enterró junto con los más de 40 sospechosos de ser terroristas de al-Qaeda ajusticiados al mismo tiempo. En otras palabras, después de muerto, al-Nimr fue dejado en incómoda compañía. Esto puede ser interpretado como un insulto que va más allá de su sepultura. El provocativo mensaje escondido en el anuncio de su ejecución es tan obvio que Irán, donde predomina el chiísmo, muchedumbres de seguidores de la línea dura religiosa en ese país (con sus propias políticas de horrendas ejecuciones) se apresuraron a incendiar la embajada Saudí en Teherán. En los días que siguieron, mientras los saudíes rompían relaciones diplomáticas con Irán, acabó una fracasada tregua en Yemen (rápidamente, durante el bombardeo a ciegas de una casa fue alcanzada también la embajada iraní en Saná) y Arabia Saudí llamó a los países vecinos de profesión sunní para que también rompieran sus vínculos con Irán o al menos los redujeran; toda la exasperada región fue noticia a medida que crecían los temores de una guerra.

El 10 de septiembre de 2001, ¿presagiaría alguien que el corazón petrolero del planeta se convertiría en una década y media en una airada mezcolanza de países fallidos, feroces luchas sectarias y étnicas, diseminación de grupos terroristas y el primer “califato” de la historia? Si en una reunión de entendidos y expertos usted hubiese sugerido que Arabia Saudí, uno de los países más estables del mundo, un día podía empezar a perder cohesión, Libia colapsaría, Siria dejaría de existir e Iraq se transformaría en una tierra partida en tres, habría hecho reír a todos. Por eso, la reciente intensificación de tal estado de situación, que involucra a dos países con enormes reservas de energías fósiles es sin duda una noticia importante, aunque no quizá la más importante de la región.

Mi propio pronóstico podría ser una historia que pasó mayormente desapercibida en Estados Unidos. Sentada encima de una de las reservas de crudo más grandes del planeta y obteniendo el 73 por ciento de sus ingresos de la venta de petróleo (estos ingresos han bajado un 23 por ciento este año), la familia real saudí acaba de aumentar un 40 por ciento el precio de la gasolina en el surtidor. A pesar de que para los estándares internacionales continúa siendo baratísima, este hechoque es como cobrar por el agua salada en medio del océano es un indicador de que está pasando algo sorprendente. Tenga en cuenta que los gobernantes de esa monarquía están pensando en recortar en los próximos años otros subsidios similares: “electricidad, agua, gasóleo y kerosene”. Para decirlo de otro modo, el mayor productor de petróleo, un país de una riqueza asombrosa (y reservas de divisas extranjeras,) ya no se siente cómodo regalando la gasolina a su población, a pesar incluso de que esto forma parte de un arreglo al que se llegó hace muchos años para asegurar la paz en el reino.

El porqué de esto poco tiene que ver con Irán, Siria, Yemen, Iraq o el Estado Islámico. El problema es más fundamental, tal como nos lo explica Michael T. Klare, experto en energía e integrante regular de TomDispatch. El problema es el precio del crudo, que en los últimos 18 meses ha caído en picado. En cierto sentido, el negocio del petróleo –con su constelación de gigantescas empresas de la energía, hasta hace poco tiempo entre las más rentables de la historia, y sus países productores, que hasta muy recientemente marchaban muy bien– puede acabar siendo, en relación con los recursos naturales, el equivalente a un estado fallido; como Klare lo expone palmariamente, la cambiante economía del petróleo transformará el rostro político de nuestro planeta. Por lo tanto, no quite el ojo de Arabia Saudí. Ciertamente, las cosas podrían ponerse muy feas allí.

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Agitación política en un tiempo de bajos precios de la energía

Mientras acababa 2015, muchas empresas de la energía en el mundo estaban rezando para que el precio de crudo rebotara en el fondo del abismo, restaurando así la normalidad de los últimos 50 años: un mundo centrado en el petróleo. Sin embargo, todo indica que en 2016 continuará la depreciación del “oro negro”; de hecho, esta tendencia podría mantenerse en la segunda década del siglo y aún más allá. Dada la centralidad del petróleo (y de los beneficios económicos que el crudo produce) en la ecuación de poder mundial, esta situación se traducirá en una profunda reorganización del orden político, una reorganización en la que países productores de petróleo –desde Arabia Saudí hasta Rusia– perderán importancia y peso geopolítico.

Pongamos las cosas en perspectiva: no hace tanto tiempo –en junio de 2014, para ser más exactos– el petróleo Brent, referencia mundial para el crudo, se vendía a 115 dólares el barril. En ese entonces, los analistas del ramo de la energía supusieron que en el largo plazo el precio se mantendría bien por encima de los 100 dólares y que podía subir poco a poco a niveles todavía más impensables. Estos presagios animaron a las empresas petroleras más grandes para invertir miles de millones de dólares en lo que dio en llamarse reservas “no convencionales”: el petróleo en el Ártico, las arenas bituminosas de Canadá, las reservas marinas a gran profundidad y el petróleo en formaciones de roca de esquisto (shale). En ese momento, parecía obvio que cualesquiera que fuesen los problemas técnicos y los costos de extracción, más temprano que tarde esas reservas de crudo proporcionarían excelentes beneficios. Importaba poco que el costo de explotación de esas reservas pudiera llegar a los 50 dólares por barril, o más.

Sin embargo, ahora el crudo Brent se está vendiendo a 33 dólares el barril, es decir, a la tercera parte del precio que tenía hace 18 meses, el umbral de rentabilidad de cualquier emprendimiento con “petróleo difícil”. Incluso peor, en un escenario facilitado recientemente por la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), los precios podrían no alcanzar el nivel 50 a 60 dólares hasta los años veinte de este siglo ni regresar a los 85 dólares el barril hasta 2040. En el mundo de la energía, esto es equivalente a un monstruoso terremoto –un preciomoto– que no solo condena muchos proyectos de “petróleo difícil” que ya están en marcha sino también algunos otros de empresas (y gobiernos) que se han arriesgado más allá de sus posibilidades.

La evolución actual del precio del crudo tiene implicaciones obvias para las mayores empresas del sector y todos los negocios secundarios –fabricación y provisión de equipo, operadores de torres de perforación, transporte marítimo, empresas de catering, etcétera– que dependen de ellas para su existencia. También amenaza con un profundo giro en las vicisitudes geopolíticas de los principales países productores de energía. Como resultado de ello, muchos de ellos, entre ellos Nigeria, Arabia Saudí, Rusia y Venezuela ya están viviendo problemas económicos y políticos (por ejemplo, las sacudidas por las que está pasando Nigeria por la caída del precio del petróleo son una ayuda para el grupo terrorista Boko Haram).

Una tormenta perfecta

Generalmente, el precio del petróleo se va para arriba cuando la economía mundial es robusta, la demanda aumenta, los abastecedores bombean crudo al más alto nivel y la capacidad de almacenar excedentes es escasa. Por el contrario, tienden a bajar –como ahora– cuando la economía mundial se estanca o decae, la demanda de energía se debilita, los abastecedores clave no son capaces de frenar la producción en consonancia con la caída de la demanda, los excedentes de crudo se acumulan y el abastecimiento futuro parece garantizado.

En los alegres años del boom del ladrillo, los primeros de este siglo XXI, la economía mundial era próspera, la demanda aumentaba sin cesar y muchos analistas presagiaron un inminente “pico” en la producción mundial [de petróleo] al que seguiría una significativa escasez. Lógicamente, el precio del Brent se puso por las nubes; en julio de 2008 llegó al record de 143 dólares por barril. Con la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre del mismo año y el consiguiente derrumbe de la economía global, la demanda del petróleo se evaporó y ese diciembre el precio bajó hasta los 34 dólares.

Con fábricas cerradas y millones de trabajadores en el paro, la mayor parte de los analistas asumieron que los precios permanecerían bajos durante cierto tiempo en el futuro. Por lo tanto, imagine el lector la sorpresa del mundo del petrolero cuando, en octubre de 2009, el crudo Brent subió hasta los 77 dólares el barril. Apenas dos años más tarde –febrero de 2011–, otra vez superó el listón de los 100 dólares, donde prácticamente se mantuvo hasta junio de 2014.

Eran varios los factores que explicaban esta recuperación del precio del crudo, ninguno más importante que lo que pasó en China, donde las autoridades decidieron estimular la economía y para ello invirtieron con fuerza en infraestructura, sobre todo carreteras, puentes y autopistas. Añádase la incitación a la posesión personal del coche en la clase media urbana del país; el resultado fue un vigoroso aumento de la demanda de combustibles. Según el gigante del petróleo BP, entre 2008 y 2013, el consumo de petróleo en China dio un salto del 35 por ciento, de ocho millones de barriles por día a los 10,8 millones. Y China no hizo más que mostrar el camino: rápidamente, países en desarrollo como Brasil e India le siguieron justamente en un momento en el que la extracción en muchos yacimientos de petróleo convencional en el mundo había empezado a decaer. De ahí la carrera hacia las reservas “no convencionales”.

Este era más o menos el panorama a comienzos de 2014 cuando de pronto el péndulo del precio del crudo empezó a oscilar en la dirección contraria, cuando la producción en los yacimientos no convencionales de Estados Unidos y Canadá empezaba a hacer sentir su presencia por todo lo alto. Súbitamente, la producción de crudo en EEUU, que había caído de los 7,5 millones de barriles por día en enero de 1990 a apenas 5,5 millones en enero de 2010, empezó a aumentar hasta llegar a unos sorprendentes 9,6 millones en julio de 2015. Casi todo el petróleo extra había sido extraído en las formaciones “shale” de North Dakota y Texas. Canadá experimentó un salto similar en la producción, debido a que la fuerte inversión en la explotación de la arena bituminosa empezó a surtir efecto. Según BP la producción canadiense de petróleo trepó desde los 3,2 millones de barriles por día en 2008 hasta los 4,3 millones en 2014. No olvidemos que la producción también se elevó en, entre otros lugares, en las explotaciones profundas en el océano Atlántico, tanto en Brasil como en el oeste de África, que justamente entonces entraban en liza. En ese mismísimo momento, sorprendiendo a muchos, un Iraq destrozados por la guerra consiguió levantar su producción en cerca de un millón de barriles diarios.

La suma de todo esto fueron unos guarismos asombrosos, pero la demanda ya se había quedado atrás. En buena medida, el paquete de estímulos de China estaba agotado y la demanda de bienes manufacturados chinos se estaba ralentizando, debido al débil o inexistente crecimiento económico en Estados Unidos, Europa y Japón. De una impresionante tasa de crecimiento anual del 10 por ciento en los 30 años anteriores, China pasó a una tasa anual de un dígito. Pese a que se espera que la demanda de petróleo de este país se mantenga en aumento, ya no será nada parecido al ritmo de los últimos años.

Al mismo tiempo, el incremento de la eficiencia en el uso de los combustibles en Estados Unidos –el principal consumidor del mundo–, empezó a notarse en el panorama global de la energía. En lo más álgido de la crisis económica de este país, cuando la administración Obama rescató a General Motors y Chrysler, el presidente forzó un acuerdo con las principales automotrices para establecer un conjunto de normas de eficiencia que ha reducido notablemente la demanda de petróleo en EEUU. En el marco de un plan anunciado por la Casa Blanca en 2012, la eficiencia media en el uso de combustibles de los coches y vehículos ligeros fabricados en Estados Unidos llegará en 2025 a 4,34 litros por cada 100 kilómetros recorridos [54,5 millas por galón], lo que redundará en una reducción de la expectativa de consumo de petróleo del orden de los 12.000 millones de barriles de aquí a entonces.

A mediados de 2014 estos factores, y otros, han confluido para producir una “tormenta perfecta” en la contención del precio [del crudo]. En ese momento, muchos analistas creían que, como había pasado antes, los saudíes y sus aliados de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) responderían disminuyendo la producción para sostener los precios. Sin embargo, el 27 de noviembre de 2014 –Día de Acción de Gracias, en EEUU– la OPEP frustró esas expectativas, aprobando el mantenimiento de los cupos de producción de los países de la organización. Un día después, el precio del crudo cayó otros cuatro dólares; el resto es historia.

Una perspectiva deprimente

A principios de 2015, muchos ejecutivos de las empresas petroleras tenían la esperanza de que esos datos cambiaran pronto y que los precios volverían a subir. Pero acontecimientos recientes han derrumbado esas expectativas.

Además de la continuación de la desaceleración económica de China y el repentino aumento de la extracción en América del Norte, el factor más significativo del poco prometedor panorama del petróleo –que ahora se extiende sombríamente a todo el 2016 y más allá– es la categórica resistencia saudí a cualquier propuesta de reducir su producción o la de la OPEP. El pasado 4 de diciembre, por ejemplo, los integrantes de la OPEP votaron una vez más a favor de mantener los cupos de producción en el nivel actual y, al mismo tiempo, bajar el precio del crudo en otro 5 por ciento. Como si esto no fuera suficiente, en estos momentos Arabia Saudí ha aumentado su producción.

Se han dado varias razones para explicar la resistencia de los saudíes a la reducción de la producción de crudo, entre ellas el deseo de castigar a Irán y Rusia por su apoyo al régimen de al Assad en Siria. Según el punto de vista de unos cuantos analistas de la industria del petróleo, los saudíes se ven a sí mismos mejor posicionados que sus rivales para aguantar un precio bajo en el largo plazo debido a su menor costo de producción y a la protección dada por las enormes reservas de la OPEP. Aunque la explicación más probable, que ya fue adelantada por los propios saudíes, es que están tratando de mantener un contexto de precios en el que los productores estadounidenses y otros operadores de crudo no convencional sean expulsados del mercado. “No hay dudas sobre esto; la caída de los precios de los últimos meses ha hecho que los inversores dejen de pensar en los combustibles de alto costo de extracción, entre ellos el petróleo no convencional de Estados Unidos, el de aguas profundas y los crudos pesados”, le dijo un funcionario saudí a Financial Times la última primavera.

A pesar de los esfuerzos de los saudíes, la mayor parte de los principales productores estadounidenses, se han adaptado a un entorno de precios bajos, reduciendo costos de explotación y abandonando las operaciones no redituables, aunque también muchas empresas más pequeñas se han declarado en quiebra. Como resultado de todo esto, la producción estadounidense de crudo, unos 9,2 millones de barriles por día, es ligeramente mayor que la de hace un año.

En otras palabras, aun a 33 dólares el barril, la producción continúa superando a la demanda global y parece muy poco probable que los precios aumenten en un futuro cercano. Especialmente desde que, entre otras cosas, tanto Iraq como Irán continúan incrementando su producción. Con el Estado Islámico perdiendo terreno poco a poco en Iraq y la mayor parte de los yacimientos petrolíferos más importantes todavía en manos del gobierno de Bagdad, se espera que la producción del país continúe su espectacular crecimiento. De hecho, algunos analistas pronostican que la producción iraquí podría triplicarse en los próximos 10 años desde los actuales tres millones de barriles por día hasta los nueve millones.

Durante años la producción iraní de petróleo ha estado maniatada por las sanciones impuestas por Washington y la Unión Europea, que le impedían tanto exportar crudo como importar del mundo occidental la más avanzada tecnología de perforación. Ahora, gracias al acuerdo nuclear con Washington, esas sanciones se están levantando. Según la Administración de información sobre la Energía de Estados Unidos (USEIA, por sus siglas en inglés), la producción iraní podría alcanzar los 600.000 barriles diarios en 2016 y aún más en los años siguientes.

Solo tres acontecimientos posibles podrían alterar el actual contexto de precios para el petróleo: una guerra en Oriente Medio que eliminara a uno o más de los principales abastecedores de combustibles; que Arabia Saudí decidiera reducir su producción para aumentar los precios; que se produjera un repentino aumento de la demanda mundial.

La perspectiva de otra guerra entre, digamos, Irán y Arabia Saudí –dos potencias que se odian en este mismo momento– nunca se puede descartar; aunque no se cree que ninguno de ellos tenga la capacidad ni el deseo de arriesgarse a acometer semejante empresa. Dada la caída en picado de los ingresos del gobierno de Teherán, que los saudíes decidan reducir la producción para incrementar los precios es algo más probable antes que después; sin embargo, los saudíes han expresado más de una vez su determinación respecto de no dar un paso en ese sentido, ya que eso beneficiaría a los mismos productores que ellos quieren eliminar, es decir, quienes explotan el crudo no convencional en Estados Unidos.

La eventualidad de un súbito aumento de la demanda parece ciertamente improbable. No solo que la actividad económica continúa ralentizándose en China y en muchas otras partes del planeta; además hay un inconveniente que debería preocupar a los saudíes al menos tanto como todo ese crudo no convencional que se está extrayendo en América del Norte: el petróleo está empezando a perder parte de su atractivo.

Mientras los nuevos ricos de China e India continúan comprando coches movidos por derivados del petróleo –si bien es cierto no al ritmo vertiginoso que se predijo alguna vez– un cada vez mayor número de consumidores de los países industriales tradicionales está mostrando su preferencia por los coches híbridos o eléctricos, y por los medios de transporte alternativos. Por otra parte, a medida que crece en todo el mundo la preocupación por el cambio climático, cada vez más jóvenes urbanitas están optando por una vida sin coches y se mueven en bicicleta o con el transporte público. Además, el empleo de energías renovables –solar, eólica e hidráulica– está en aumento y lo hará aún más rápidamente en este siglo.

Estas tendencias han propiciado que algunos analistas presagien que la demanda global de petróleo pronto llegará a un pico al que le seguirá un periodo de descenso del consumo. Amy Miers Jaffe, director del programa de energía y sustentabilidad de la Universidad de California, en Davis, ha sugerido que la combinación del crecimiento de la urbanización y el avance tecnológico en materia de renovables reducirá espectacularmente la demanda futura de crudo. “Cada vez más, las ciudades de todo el mundo están tratando de conseguir el sistema más inteligente de transporte público y al mismo tiempo penalizar y restringir el uso del coche particular. Las nuevas generaciones de Occidente ya han optado por la urbanización, la eliminación del viaje de cada día y el interés por la propiedad del coche personal”, escribió ella el año pasado en el Wall Street Journal.

Cambio de la ecuación mundial del poder

Muchos países cuya obtención de fondos depende en buena parte de la exportación de petróleo y gas natural y han conseguido una gran influencia como exportadores de petróleo ya estás experimentando una significativa erosión en su importancia relativa. Sus gobernantes, reforzados en otros tiempos por los altos ingresos proporcionados por el petróleo –lo que significaba dinero para gastar y comprar popularidad–, ahora están cayendo en desgracia.

Es el caso de Nigeria, por ejemplo, donde el 75 por ciento de sus ingresos provienen de la exportación de crudo; de Rusia, el 50 por ciento; y de Venezuela, el 40 por ciento. Con el petróleo a un tercio del precio que tenía hace 18 meses, los ingresos del Tesoro en los tres países se han desplomado y, con ello, la posibilidad de acometer iniciativas ambiciosas.

En Nigeria, la disminución del gasto del Estado más la rampante corrupción han desprestigiado al gobierno del presidente Goodluck Jonathan y dado lugar a la feroz insurgencia de Boko Haram, haciendo que el electorado nigeriano lo abandonara en las últimas elecciones e instalara en su lugar a un ex jefe militar, Muhammadu Buhari. Desde que asumió su cargo, Buhari ha prometido acabar con la corrupción, aplastar a Boko Haram y –en un claro signo de los tiempos– diversificar la economía para reducir la dependencia del petróleo.

Venezuela ha pasado por un shock político similar como consecuencia de la caída del precio del crudo. Cuando los precios eran altos, el presidente Hugo Chávez utilizó dinero proveniente de Petróleos de Venezuela S.A., la petrolera estatal, para construir viviendas y distribuir otros beneficios entre los pobres y los trabajadores venezolanos, consiguiendo así un gran apoyo popular para su Partido Socialista Unido de Venezuela. También buscó el apoyo regional ofreciendo combustibles subsidiados a países amigos como Cuba, Nicaragua y Bolivia. Después de la muerte de Chávez, en marzo de 2013, su elegido sucesor, Nicolás Maduro, trató de prolongar esta política, pero el petróleo no colaboró y, lógicamente, el apoyo público para él mismo y el PSUV empezó a flaquear. El pasado 6 de diciembre, la oposición de centro-derecha consiguió una victoria electoral y la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional; ahora intenta desmantelar la “Revolución Bolivariana” de Chávez, aunque los seguidores de Maduro han prometido una firme resistencia a cualquier acción en ese sentido.

La situación de Rusia sigue siendo algo más fluida. El presidente Vladimir Putin continúa gozando de un amplio apoyo y popularidad y, desde Ucrania a Siria, ha estado moviéndose con ambición en el frente internacional. Aun así, la caída del precio del petróleo y las sanciones económicas impuestas por la UE y EEUU han empezado a avivar algunas expresiones de descontento, entre ellas una manifestación de camioneros de larga distancia por el aumento del peaje en las autopistas. Se espera que la economía rusa sufra una importante contracción en 2016, y que esto afecte a la calidad de vida de la clase media rusa y dispare un aumento de las manifestaciones contra el gobierno. De hecho, algunos analistas creen que Putin se ha arriesgado a intervenir en el enfrentamiento sirio en parte para desviar la atención del deterioro de la economía nacional. También puede haberlo hecho para crear una situación en la que la ayuda rusa para llegar a una solución negociada de la cada día más enconada e internacionalizada guerra civil siria pueda ser intercambiada por el levantamiento de las sanciones a Ucrania. De ser así, es una jugada muy peligrosa; nadie –menos aún Putin– puede tener una certidumbre sobre el resultado.

Arabia Saudí, el mayor exportador mundial de petróleo, también ha sido sacudida, pero parece estar –de momento, al menos– algo mejor posicionada para aguantar el impacto. Cuando el precio del petróleo estaba alto, los saudíes mantuvieron escondidas sus reservas, estimadas en 7,5 billones de dólares. Ahora, cuando el precio ha caído, han echado mano a esas reservas para costear generosos gastos sociales destinados a conjurar el malestar en el reino y para financiar su ambiciosa intervención en la guerra civil en Yemen, que ya está empezando a parecerse al Vietnam de Arabia Saudí. Sin embargo, durante el año pasado esas reservas han disminuido en unos 90.000 millones de dólares y el gobierno ya está anunciando recortes en el gasto público, lo que ha hecho que algunos observadores se pregunten durante cuanto tiempo podrá la familia real contener el creciente descontento popular en el país. Incluso si los saudíes fuesen a dar marcha atrás y limitar la producción de petróleo del reino para que vuelvan a subir los precios, es poco probable que esa producción fuese a aumentar lo suficiente como para sufragar las actuales y generosas prioridades de gastos.

Otros importantes países productores de crudo también se enfrentan con la perspectiva de agitación política, entre ellos Argelia y Angola. Los líderes de ambos países han conseguido el acostumbrado y engañoso nivel de estabilidad de los países de producción de combustibles mediante la típica largueza gubernamental. Esta situación se está agotando; eso significa que ambos países pueden verse ante importantes retos internos.

Es necesario tener en cuenta que sin duda los remezones producidos por el seísmo de los precios del petróleo todavía no han alcanzado toda su magnitud. Por supuesto, algún día los precios volverán a subir. Considerando la forma en que los inversores están cancelando en todo el mundo proyectos en el rubro de la energía, eso es inevitable. Aun así, en un planeta que está en camino de una revolución verde en relación con la energía no hay ninguna seguridad de que alguna vez se recuperen los niveles superiores a los 100 dólares que en otros tiempos se daban por sentado. Pase lo que pase con el petróleo y los países que lo producen, el orden político del planeta –que una vez descansaba sobre un precio elevado del crudo– está condenado. Mientras esto puede significar penurias para algunos, especialmente los ciudadanos de los países dependientes de la exportación de petróleo como Rusia y Venezuela, es posible que ayude a allanar el camino de la transición a un mundo movido por las energías renovables.

 

Michael T. Klare , integrante regular de   TomDispatch , es profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en el Instituto Hampshire y autor del muy reciente libro   The Race for What’s Left . Una versión documental en vídeo de este libro,  Blood and Oil, está disponible en la Fundación Media Education.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176089/tomgram%3A_michael_klare%2C_the_look_of_a_badly_oiled_planet/#more

La izquierda del futuro: una sociología de las emergencias

La izquierda del futuro: una sociología de las emergencias

Por Boaventura de Sousa Santos *

El futuro de la izquierda no es más difícil de predecir que cualquier otro acontecimiento social. La mejor manera de abordarlo es haciendo lo que llamo sociología de las emergencias. Consiste en prestar especial atención a algunas señales del presente para ver en ellas tendencias, embriones de lo que puede ser decisivo en el futuro. En este texto dedico especial atención a un hecho que, por inusual, puede señalar algo nuevo e importante. Me refiero a los pactos entre diferentes partidos de izquierda.

- Los pactos. La familia de las izquierdas no tiene una fuerte tradición de pactos. Algunas ramas de esta familia tienen incluso más tradición de pactos con la derecha. Diríase que las divergencias internas en la familia de las izquierdas son parte de su código genético, tan constantes han sido a lo largo de los últimos doscientos años. Por razones obvias, las divergencias han sido más amplias o notorias en democracia. La polarización llega a veces al punto de que una rama de la familia ni siquiera reconoce que la otra pertenece a la misma familia. Por el contrario, en períodos de dictadura los acuerdos han sido frecuentes, aunque terminen una vez acabado el período dictatorial.

A la luz de esta historia, merece una reflexión el hecho de que en los últimos tiempos estamos asistiendo a un movimiento pactista entre diferentes ramas de las izquierdas en países democráticos. El sur de Europa es un buen ejemplo: la unidad en torno a Syriza en Grecia a pesar de todas las vicisitudes y dificultades; el gobierno dirigido por el Partido Socialista en Portugal (Antonio Costa, foto) con el apoyo del Partido Comunista y del Bloco de Esquerda a raíz de las elecciones del 4 de octubre de 2015; algunos gobiernos autonómicos en España surgidos de las elecciones regionales de 2015 y, en el momento en que escribo, la discusión sobre un posible pacto nacional entre el PSOE, Podemos y otros partidos de izquierda como resultado de las elecciones de diciembre. Hay indicios de que en otros lugares de Europa y en América latina pueden surgir en un futuro próximo pactos similares.

Dos cuestiones se imponen. ¿Por qué este impulso pactista en democracia? ¿Cuál es su sostenibilidad?

La primera pregunta tiene una respuesta plausible. En el caso del sur de Europa, en los últimos cinco años la agresividad de la derecha en el poder (tanto la derecha nacional como la que se viste con la piel de las “instituciones europeas”) ha sido tan devastadora para los derechos de la ciudadanía y para la credibilidad del régimen democrático que las fuerzas de izquierda comienzan a convencerse de que las nuevas dictaduras del siglo XXI van a surgir bajo la forma de democracias de bajísima intensidad. Serán dictaduras presentadas como “dictablandas” o “democraduras”: la gobernabilidad posible ante la inminencia del supuesto caos en los difíciles tiempos que vivimos, el resultado técnico de los imperativos del mercado y de la crisis que lo explica todo sin necesidad de que ella misma sea explicada. El pacto resulta de una lectura política de que lo que está en juego es la supervivencia de una democracia digna de ese nombre y de que las divergencias sobre lo que eso significa tienen ahora menos urgencia que salvar lo que la derecha aún no ha conseguido destruir.

La segunda pregunta es más difícil de responder. Como decía Spinoza, las personas (y, diría yo, también las sociedades) se rigen por dos emociones fundamentales: el miedo y la esperanza. El equilibrio entre ellas es complejo, pero necesitamos a las dos para sobrevivir. El miedo domina cuando las expectativas de futuro son negativas (“esto está mal, pero el futuro puede ser peor”); a su vez, la esperanza domina cuando las expectativas de futuro son positivas o cuando, por lo menos, el inconformismo con la supuesta inevitabilidad de las expectativas negativas es ampliamente compartido. Treinta años después del asalto global a los derechos de los trabajadores; de la promoción de la desigualdad social y del egoísmo como máximas virtudes sociales; del saqueo sin precedentes de los recursos naturales, la expulsión de poblaciones enteras de sus territorios y la destrucción ambiental que esto significa; de fomentar la guerra y el terrorismo para crear Estados fallidos y dejar a las sociedades indefensas ante la expoliación; de la imposición más o menos negociada de tratados de libre comercio totalmente controlados por los intereses de empresas multinacionales; de la supremacía total del capital financiero sobre el capital productivo y sobre la vida de las personas y las comunidades... después de todo esto, combinado con una defensa hipócrita de la democracia liberal, es razonable concluir que el neoliberalismo es una inmensa máquina de producir expectativas negativas para que las clases populares no conozcan las verdaderas razones de su sufrimiento, se conformen con lo poco que aún tienen y se mantengan paralizadas por el pavor a perderlo.

El movimiento pactista al interior de las izquierdas es producto de un tiempo, el nuestro, de predominio absoluto del miedo sobre la esperanza. ¿Significará esto que los gobiernos surgidos de los pactos serán víctimas de su éxito? El éxito de los gobiernos acordados por las izquierdas se traducirá en la atenuación del miedo y en la devolución de alguna esperanza a las clases populares, al mostrar, mediante una gestión de gobierno pragmática e inteligente, que el derecho a tener derechos es una conquista civilizatoria irreversible. Cuando regrese la luz de la esperanza, ¿las divergencias volverán a la superficie y los pactos irán a parar a la basura? Si ello ocurriese, sería fatal para las clases populares, que pronto regresarían al silencio y el desaliento ante un cruel fatalismo, tan violento para las grandes mayorías como benévolo para las pequeñísimas minorías. Pero también sería fatal para las izquierdas en su conjunto, pues quedará demostrado durante décadas que las izquierdas son buenas para corregir el pasado, pero no para construir el futuro.

Para que eso no suceda, son necesarias dos clases de medidas durante la vigencia de los pactos. Dos medidas que no se imponen por la urgencia corriente del gobierno y que, por eso mismo, tienen que resultar de una voluntad política bien determinada. Llamo a estas dos medidas Constitución y hegemonía.

- Constitución y hegemonía. Con la Constitución me refiero al conjunto de reformas constitucionales o infraconstitucionales que reestructuran el sistema político y las instituciones para prepararlos ante los posibles embates de la “dictablanda” y el proyecto de democracia de bajísima intensidad. Dependiendo de los países, las reformas serán diferentes, como diferentes serán los mecanismos usados. Si en algunos casos es posible reformar la Constitución desde los parlamentos, en otros será necesario convocar asambleas constituyentes originarias, dado que los parlamentos serían el mayor obstáculo para cualquier reforma.

También puede suceder que, en un determinado contexto, la “reforma” más importante sea la defensa activa de la Constitución vigente mediante una renovada pedagogía constitucional en todas las áreas de gobierno. Pero habrá algo común a todas las reformas: volver el sistema electoral más representativo y transparente; fortalecer la democracia representativa con la democracia participativa. Los teóricos liberales más influyentes de la democracia representativa han reconocido (y recomendado) la coexistencia ambigua entre dos ideas (contradictorias) que aseguran la estabilidad democrática: por un lado, la creencia de los ciudadanos en su capacidad y competencia para intervenir y participar activamente en la política; por otro, un ejercicio pasivo de esa competencia y de esa capacidad mediante la confianza en las élites gobernantes. En los últimos tiempos, y como lo demuestran las protestas que han sacudido muchos países desde 2011, la confianza en las élites ha venido deteriorándose sin que, sin embargo, el sistema político (por su diseño o por su práctica) permita a los ciudadanos recuperar su capacidad y competencia para intervenir activamente en la vida política. Sistemas electorales asimétricos, partidocracia, corrupción, crisis financieras manipuladas, son algunas de las razones de la doble crisis de representación (“no nos representan”) y de participación (“no vale la pena votar, todos son iguales y ninguno cumple lo que promete”). Las reformas constitucionales perseguirán un doble objetivo: hacer la democracia representativa más representativa; complementar la democracia representativa con la democracia participativa. Estas reformas darán como resultado que la formación de la agenda política y el control del desempeño de las políticas públicas dejen de ser un monopolio de los partidos y pasen a ser compartidas por partidos y ciudadanos independientes organizados democráticamente.

El segundo conjunto de reformas es lo que llamo hegemonía. La hegemonía es el conjunto de ideas sobre la sociedad e interpretaciones del mundo y de la vida que, por ser altamente compartidas, incluso por los grupos sociales perjudicados por ellas, permiten que las élites políticas, al apelar a tales ideas e interpretaciones, gobiernen más por consenso que por coerción, aun cuando gobiernan en contra de los intereses objetivos de grupos sociales mayoritarios. La idea de que los pobres son pobres por su propia culpa es hegemónica cuando es defendida no sólo por los ricos, sino también por los pobres y las clases populares. En este caso son, por ejemplo, menores los costos políticos de las medidas para eliminar o restringir drásticamente las asignaciones sociales. La lucha por la hegemonía de las ideas sobre la sociedad que sostienen el pacto entre las izquierdas es fundamental para la supervivencia y consistencia de ese pacto. Esta lucha tiene lugar en la educación formal y en la promoción de la educación popular, en los medios de comunicación, en el apoyo a los medios alternativos, en la investigación científica, en la transformación curricular de las universidades, en las redes sociales, en la actividad cultural, en las organizaciones y movimientos sociales, en la opinión pública y en la opinión publicada. A través de ella, se construyen nuevos sentidos y criterios de evaluación de la vida social y de la acción política (la inmoralidad del privilegio, de la concentración de la riqueza y de la discriminación racial y sexual; la promoción de la solidaridad, de los bienes comunes y de la diversidad cultural, social y económica; la defensa de la soberanía y de la coherencia de las alianzas políticas; la protección de la naturaleza) que hacen más difícil la contrarreforma de las ramas reaccionarias de la derecha, las primeras en irrumpir en un momento de fragilidad del pacto. Para esta lucha tenga éxito es necesario impulsar políticas que, a simple vista, son menos urgentes y compensadoras. Si esto no ocurre, la esperanza no sobrevivirá al miedo.

* Doctor en Sociología del Derecho.

Fuente: Pagina12

 

Ingeniero de la corrupción Los mil tentáculos de Enrique Correa

Ingeniero de la corrupción Los mil tentáculos de Enrique Correa

 

Punto Final



Enrique Correa Ríos -que sostiene que el financiamiento irregular de la política no es corrupción- cumplió en noviembre 70 años. En este 2016 celebrará, además, dos décadas al frente de la principal empresa de lobby del país, fundada como Correa y Correa Consultores y devenida hoy en Imaginaccion, un holding que le permite incursionar en múltiples negocios y ejercer poderosa influencia en ámbitos políticos, empresariales, legislativos, judiciales e informativos.

Correa -lo dijo Enrique Krauss, el ex ministro del Interior de Patricio Aylwin- es como el grupo cero de la sangre: a todos les sirve. Nació en 1945 en Ovalle, en una familia ilustrada de clase media. Su padre, un masón que votaba por los liberales, le inculcó el gusto por la música y la lectura. La madre, a su tiempo, lo acercó a la Iglesia Católica y a la fe.

Desde muy joven Correa ha estado vinculado a hechos políticos y sociales relevantes del país. Hace algunos meses, por ejemplo, contribuyó al triunfo de Isabel Allende a la presidencia del Partido Socialista. En junio, dos discípulos suyos -Marcelo Díaz y Jorge Insunza- llegaron a La Moneda como ministros de Michelle Bachelet. Y, en los últimos meses de 2015, se le vio muy expectante ante la posibilidad de que dos cercanos- Ricardo Lagos Escobar y José Miguel Insulza- se consoliden como candidatos presidenciales.

Estudió en una escuela pública y luego en el liceo de Ovalle. Trabajó en la parroquia local y formó parte de las Juventudes Estudiantiles Católicas (JEC). A los 12 años se inscribió en la Juventud Demócrata Cristiana. Luego viajó a Santiago para ingresar al Seminario Diocesano, dirigido por el sacerdote Carlos González Cruchaga. Allí fue compañero de Jaime Estévez, Luis Eugenio Silva, Cristián Precht y Miguel Ortega, quienes años más tarde tendrían notoria figuración pública.

Una enfermedad de su padre le obligó a volver a Ovalle, donde ejerció la locución radial apoyando la candidatura presidencial de Eduardo Frei Montalva. En 1965 ingresó en Santiago a la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica. Allí empezó a distanciarse de lo sagrado y a sumergirse en la lectura de Marx y de otros pensadores socialistas. (Más antecedentes en La ruta de un camaleón ; PF 572).

Jaime Castillo Velasco, ideólogo del PDC, y Rodrigo Ambrosio, líder de la JDC, fueron sus más cercanos referentes intelectuales. Ambrosio, formado por los jesuitas en Talca, había entrado en 1958, junto a Tomás Moulian y Manuel Antonio Garretón, a la primera promoción de la Escuela de Sociología de la UC, fundada por el jesuita Roger Vekemans. A los 22 años viajó a Europa con Tomás Moulian y Marta Harnecker, entre otros. Allá se juntaron con Claudio Orrego Vicuña, Carmen Frei y Eugenio Ortega. Más tarde, Ambrosio entró al Instituto de Desarrollo Agropecuario, donde junto a Jacques Chochol, Jaime Gazmuri y Juan Enrique Vega formaron un núcleo ideológico para acelerar los cambios sociales y aglutinar a los “rebeldes” de la JDC, liderados por Enrique Correa.

En 1967 esos jóvenes ocuparon la Casa Central de la UC exigiendo reformas. A la cabeza del movimiento estaba Miguel Angel Solar, hoy médico en Temuco; el jefe de la toma era Carlos Montes, actual senador socialista; a cargo del casino estaba Adriana Delpiano, ahora ministra de Educación. Ese año la línea rebelde se impuso en la Junta Nacional de la JDC y lograron elegir presidente a Rodrigo Ambrosio. Aprobaron un voto político que señalaba: “No estamos dispuestos a envejecer en la ambigüedad”. Ambrosio afirmó entonces que “para la campaña presidencial del 70 deben desaparecer del mapa las alternativas centristas o terceristas, que encubren, distorsionan y amortiguan la vida social real del país”. Correa poco después llegó a la presidencia de la JDC.

 

NACE EL MAPU

En 1969 aquellos muchachos fundaron el Movimiento de Acción Popular Unitaria (Mapu) y denunciaron “el fracaso de la experiencia reformista” de Frei. En su declaración de principios se definieron como “fuerza de vida y escuela para el poder” y afirmaron que “nos construimos desde ahora para dirigir la Patria”. Tres meses después, el Mapu se integró a la Unidad Popular.

El 30 de octubre de 1970 el Mapu celebró su primer congreso. Ambrosio asumió como secretario general y Enrique Correa como subsecretario. Este, para ganarse la vida, compartía su labor política con la enseñanza del marxismo en la Universidad Técnica del Estado. De allí pasó a ser asesor político de Clodomiro Almeyda, en la Cancillería, donde fue reemplazado en 1972 por José Miguel Insulza. (Ver también: Los compañeros de ruta de Enrique Correa ; PF 573).

 

EN EL “APARATO MILITAR”

Durante la UP el Mapu colocó numerosos militantes en el gobierno: Jacques Chonchol, ministro de Agricultura; Juan Carlos Concha (hoy PC), ministro de Salud; José Antonio Viera-Gallo, subsecretario de Justicia; Oscar Guillermo Garretón, subsecretario de Economía; Carmen Gloria Aguayo, secretaria de Desarrollo Regional; y Fernando Flores, ministro de Hacienda, entre otros.

Ambrosio murió en mayo de 1972 en un accidente automovilístico. La conducción del Mapu fue asumida por Jaime Gazmuri. Enrique Correa renunció durante dos meses, por considerar que el movimiento debía integrarse al Partido Comunista.

El 7 de marzo de 1973, debido a crecientes disputas internas, el Mapu se dividió en dos fracciones: una marxista-leninista, encabezada por Oscar Guillermo Garretón (hoy próspero empresario socialista) y Eduardo Aquevedo; la otra, por Gazmuri, Correa y Fernando Flores, llamada Mapu Obrero Campesino, MOC.

En diciembre Correa se asiló en la embajada de Perú. Viajó a la Unión Soviética, donde se vinculó con el PCUS, colaboró con el programa “Escucha Chile”, de Radio Moscú, y recolectó dinero para organizar la resistencia armada del MOC en la clandestinida. En 1975 ingresó al país como jefe del “aparato militar” de su partido. Hizo dieta para perder 45 kilos, le sacaron parte del pelo, le afeitaron la barba y le cambiaron los lentes ópticos. Vivió en Providencia como un sociólogo que trabajaba en un estudio de arquitectos. Regresó a Europa en 1977 y se instaló en Berlín oriental por petición de Clodomiro Almeyda. Informó a los exiliados que la dictadura tenía un férreo control del poder y que no había modo de removerla por la fuerza. Asumió como encargado en el exterior del MOC e inició un periodo de renovación ideológica, distanciándose de Almeyda y acercándose a las tesis de Carlos Altamirano. Viajó frecuentemente a Italia y se reunió con Insulza, Viera-Gallo, Estévez y otros miembros de su partido que también estaban en proceso de renovación, influidos por el eurocomunismo de Enrico Berlinguer y el PC italiano.

 

CLANDESTINO EN CHILE

Correa entró y salió de Chile por esos años, bajo diferentes chapas. Volvió para quedarse en 1981 y se dedicó a trabajar con comunidades cristianas de base y sindicatos, estableciendo nuevas redes de contactos que serían relevantes al irrumpir las protestas sociales en 1983. Se vinculó a la Pastoral Obrera del Arzobispado de Santiago, donde trabajó con el obispo Camilo Vial y el abogado Jorge Donoso. Más tarde, su capacidad organizativa lo llevó a transformarse en el coordinador general del Comando por el No, en 1988, a cargo de un vasto equipo que, entre otros, integraban Angel Flisflich, Carlos Huneeus, Hugo Rivas, Carlos Vergara, Alejandro Foxley, Juan Gabriel Valdés, Eugenio Tironi, Ricardo Solari, Patricio Silva, Manuel Antonio Garretón, Isidro Solís, Carlos Montes, Carlos Figueroa, Gonzalo Martner y Germán Quintana, varios de los cuadros más capaces de la naciente Concertación de Partidos por la Democracia.

Conseguido el triunfo en el plebiscito, Correa inició una nueva operación política: lograr que Patricio Aylwin fuera el abanderado presidencial de la Concertación en las elecciones de diciembre de 1989. Correa, asesorado por Ricardo Solari, consiguió que Clodomiro Almeyda entregara su apoyo a Aylwin.

Electo presidente, Aylwin nombró a Correa como ministro Secretario General de Gobierno. A su lado, en la Secretaría de Comunicación y Cultura, designó a Eugenio Tironi. Desde el segundo piso de La Moneda, otra vez gordo, con barba y lentes, Correa junto a Edgardo Boeninger, ministro Secretario General de la Presidencia, metieron al refrigerador las demandas sociales, desactivaron los comandos juveniles, las organizaciones poblacionales y los sindicatos. Consiguieron en corto tiempo devolver a sus casas a decenas de miles de chilenos que, desde mediados de los 80, habían salido a las calles a reconquistar la democracia. Ambos ministros consideraban que había llegado la hora de que los políticos profesionales retomasen las riendas.

Correa se encargó de negociar con Augusto Pinochet y el general Jorge Ballerino; se ocupó de la desactivación de los grupos armados, de limar aspereza con El Mercurio , de convencer a Fidel Castro para que llamara al orden al FPMR, de formalizar acuerdos con la derecha y los empresarios; en fin, de los mil y un detalles de la transición a la democracia. Concluida su labor, abandonó La Moneda y se instaló en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) para dedicarse a pensar la política. No obstante, algunas exitosas asesorías en el extranjero lo indujeron a incursionar en la recién aparecida “comunicación estratégica”, antecedente inmediato del lobby en Chile.

 

VARIADA CLIENTELA

En 1996, Enrique Correa era asesor del Banco Interamericano de Desarrollo; asociado con Fernando Flores convencía a empresarios mexicanos para invertir en América Central; y, en el rubro de las comunicaciones, trabajaba con Eugenio Tironi asesorando diversas empresas.

Primero fue Correa & Correa Consultores. Luego separó aguas con Tironi y creó Imaginaccion, que mantiene hasta ahora. Entre sus clientes se han contado CTC y otras empresas de telecomunicaciones, Colbún, Corpora Tres Montes, Soprole, el proyecto Trillium, Almacenes París, American Monarch, CMS, Colmena, las pisqueras, las tabacaleras, el grupo Luksic, el grupo Urenda, el grupo Said, el grupo Penta, el grupo Saieh, Julio Ponce Lerou y SQM, Madeco, Consalud, AFP Habitat, Citibank, Banco del Desarrollo, Banco Santander, CAP, Agunsa, TVN, Nextel, Puerto de Antofagasta, Cemento Melón, Cruz Verde, Cruz Blanca, Blanco y Negro, SMU, Corp-Group, ADT, Universidad Santo Tomás, las asociaciones de Isapres, de Notarios y Conservadores, de Municipalidades, de Avisadores A.G. (ANDA), de Mutuales de Seguridad, la Asociación de Desarrolladores de Video Juegos de EE.UU. (ESA), la Asociación Chilena de Seguridad y Clínicas de Chile, entre otras muchas compañías.

También asesora a gobiernos y a entidades internacionales de diversos calibres. Trabajó para la OEA, en América Central, Ecuador, Colombia, Paraguay y Bolivia. Además, opera con otras sociedades de responsabilidad limitada a través de la cuales factura sus charlas, participa en seminarios y asesorías puntuales como la que hace al Banco Central. Mediante la corporación Pro Bono, su holding presta ayuda a instituciones como Educación 2020, el Museo de Arte Contemporáneo y la Fundación Salvador Allende.

En 2009, Correa creó junto a José Antonio Viera-Gallo una plataforma para promocionar nuevas figuras en el ámbito político: la Fundación ProyectAmérica, organismo al que confluyeron jóvenes líderes de otros partidos como el hoy intendente Claudio Orrego (DC) y el senador Felipe Harboe (PPD). Así va aumentando sus redes e influencias.

Su paso por La Moneda y las tareas posteriores le han permitido reclutar a jóvenes políticos que trabajaron con él como Marcelo Díaz (PS), Jorge Insunza (PPD) y Marco Antonio Núñez (PPD); o bien a algunos que conoció por su actividad partidaria como Carolina Tohá (PPD), Freddy Ponce (PS), Alvaro Elizalde (PS), la esposa de éste, Patricia Roa (PS), y Harold Correa (PPD), entre otros. También se ha esmerado en alistar para sus empresas a periodistas bien relacionados. Así lo hizo, por ejemplo, con Luis Alvarez Vallejos, actual gerente de Comunicaciones del Banco Central; Alberto Luengo Danon, hoy director de Prensa de TVN; y Juan Carvajal, ex director de la Secom en el primer gobierno de Bachelet.

 

SU ESTADO MAYOR

La cabeza de su holding , donde trabajan unas setenta personas, es un directorio presidido por el propio Correa, donde participan su hijo Nelson, Marcela Noé Echeverría -su jefa de gabinete cuando fue ministro-, y el abogado Eduardo Báez -ex alcalde de Lo Espejo por el PPD-. En las cuatro áreas de Imaginaccion -Asuntos Públicos, Comunicación Estratégica, Diseño de Negocios y Estudios- tiene como socios a Carmen Celedón Cariola, sobrina del octogenario publicista DC Jaime Celedón y ex subdirectora de Cieplan; Sergio García Opazo, ex director del Instituto Nacional de la Juventud; Leonardo Cortés, ex gerente de asuntos corporativos de Nextel; Rodrigo Quintana ex consejero del Consejo de Defensa del Estado; Carlos Cruz, ex ministro de Obras Públicas de Ricardo Lagos; Eduardo D’Hainnaut y Luis Eduardo Escobar. Entre los consultores destacan el abogado Natalio Dorfman, ex asesor en la Segpres cuando José Antonio Viera-Gallo era ministro; y Carlos Vergara Dexrud, amigo personal de Correa y ex asesor principal de Análisis Estratégico del ex presidente Lagos. El actual gerente de Asuntos Públicos del holding es Moisés Valenzuela, ex asesor de Lagos en la Segpres y en la Cancillería, y ex consejero de Cegades, la ONG cercana a Gutenberg Martínez y a la ODCA, la internacional democratacristiana en el continente.

Desde 2007 en adelante el área de Comunicación Estratégica de Imaginaccion ha materializado numerosos contratos con organismos públicos. Según registros de Mercado Público, se efectuaron asesorías comunicacionales, talleres variados, seminarios para gobiernos regionales, diseños estratégicos, manejo de conflictos, eventos y asistencias de todo tipo.

En 2005 Correa estuvo a un paso de crear una nueva sociedad con los ex ministros Andrés Chadwick, Pablo Longueira y el abogado Luis Hermosilla. La iniciativa se truncó de manera abrupta.

 

 

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 844, 8 de enero 2016.

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Entrevista al exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis "La mayor amenaza al capitalismo es el capitalismo mismo"

Entrevista al exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis "La mayor amenaza al capitalismo es el capitalismo mismo"

 

Le Temps



Se presenta como economista marxista y se distinguió por ser el principal contradictor de Alemania y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, durante la crisis griega. El exministro griego de Economía, Yanis Varoufakis –que dimitió del gobierno de Alexis Tsipras en julio tras el referéndum sobre el tercer plan de rescate–, estaba invitado el martes [8 de diciembre] por la tarde a un TEDGlobal celebrado en Ginebra. FK

El capitalismo está en crisis, dice usted. Pero, ¿de qué capitalismo estamos hablando, del anglosajón, el alemán, el chino?

Desde luego, hay muchas formas de capitalismo. Por mi parte, hablo del capitalismo como sistema global, que está en crisis desde 2008. Es la crisis más larga y más seria que hemos vivido desde hace 200 años. Hay similitudes con algunos aspectos de la crisis de los años 1920–1930. Pero los responsables de los bancos centrales son hoy más hábiles a la hora de responder a ella.

¿Qué es lo que resulta disfuncional?

Un ejemplo: en los Estados Unidos y en Europa, estos tres últimos meses el montante total de las inversiones se ha elevado a cerca de 34.000 millones. Al mismo tiempo, más de 50.000 millones siguen ociosos sin nada que hacer en el sistema financiero. Por un lado, tenemos una deuda extremadamente elevada ; por el otro, tenemos una enorme cantidad de dinero inutilizado, que no se invierte, que queda en el circuito de las instituciones financieras. Es un derroche extremo, y eso explica en gran medida la situación de Europa. Los bancos centrales han fracasado y están cada vez más lejos de sus objetivos. En Occidente, Japón incluido, hasta un 30% de quienes tienen entre 18 y 50 años está en situación de desempleo. Se trata de una crisis de envergadura para el capitalismo. Se podría seguir con el catálogo. Todo lo que tenía sentido hasta 2008 ya no lo tiene. Tenemos una crisis de inversión, una crisis de deuda, una crisis de ese dinero que está ocioso. Nunca hemos tenido un volumen de ahorro tan elevado en Europa y un volumen tan débil de inversiones. Este es el problema.

¿Cuál es su remedio? ¿Hay que salir del capitalismo, es reformable? 

La izquierda ha tenido siempre el proyecto de substituir el capitalismo por el socialismo. Ese proyecto murió en 1991. Sencillamente, no estaba en situación de levarlo a buen término. La mayor amenaza al capitalismo es el capitalismo mismo. Puede usted observarlo en Europa. Europa no está amenazada por la izquierda. Hasta un pequeño país dirigido por la izquierda, en el que yo era ministro de Economía, ha acabado por tomar medidas muy conservadoras, simplemente para tratar de estabilizarlo para los bancos. Este diálogo debería haberse producido hace un siglo cuando la izquierda tenía un proyecto para substituir al capitalismo. Pero el socialismo ha muerto. Dicho esto, si esperamos que el mercado obre un milagro y coordine una salida para esta crisis, vamos sin más a fracasar.

¿Qué hacer?

La solución no puede venir sólo del mercado, hay que tener a la gente en cuenta. Los mercados están prisioneros de profecías autocumplidas que agravan los problemas. ¿Por qué no hay inversiones? ¿Por qué los inversores, los industrialas, los que controlan esos billones durmientes, temen que si invierten el dinero, no acudirá la demanda que lo haga rentable. Dado que no invierten, no hay demanda, y eso confirma sus expectativas negativas de que no habrá demanda. El mercado no hace más que repetir este esquema. Al mismo tiempo, los estados están paralizados, son incapaces de actuar. Los estados miembros de la zona euro están ya fiscalmente al límite, no pueden pedir pedir más prestado para gastar más. Los Estados Unidos son casi ingobernables con un Congreso que bloquea a la Casa Blanca. China ya está bastante intervenida y no puede hacer ya más. Nos hace falta una coordinación política racional en el plano del G20, sin la cual va a acabar sucediendo algo terrible. En la década de 1930, fue la guerra finalmente la que tuvo como resultado una coordinación de la política de intervención. La innovación tecnológica interviene en el plano de la microeconomía. Esos progresos son a la vez muy prometedores y muy inquietantes. Los nuevos cambios de la productividad y los aparatos que facilitan el trabajo son la clave del futuro. Este puede revelarse sombrío o agradable. La diferencia vendrá de la forma en que nuestros gobiernos, sobre todo en el plano del G20, respondan a los retos.

El marxista que es usted preconiza una solución política…

Todo es política. La cuestión estriba en saber si se trata de una acción política racional o no, si está coordinada. Comprar un «ipod», un «smartphone» o un automóvil son actos políticos. El problema con el mercado es que todos estos actos políticos no están bien coordinados. El capitalismo no es duradero, pero la izquierda ha desperdiciado todas las ocasiones que ha tenido, y todos los modelos teóricos, para substituir al capitalismo. Pero el capitalismo – ese es mi lado marxista – es un sistema contradictorio que produce su propia Némesis deconstruyendo el orden social.

Volvamos a la innovación: ¿cómo hacerla «agradable» a sus ojos?

Tomemos el ejemplo de las impresoras 3D, una tecnología descentralizada basada en Internet, que va a hacer cada vez más improbable la supervivencia de las empresas que hoy existen. ¿Por qué tenemos necesidad de empresas ? Por razones de constancia y de escala de producción, pero ese se vuelve cada vez más redundante. El modelo de capitalismo de empresas se ve cada vez más minado por los productos de esas empresas. Sabiendo que vamos a asistir a una descomposición del poder de las empresas, la cuestión consiste actualmente en saber qué es lo que va a reemplazarlas. ¿Vamos hacia un escenario de segunda era del maquinismo, con un fracaso masivo en producir suficiente demanda para los productos de estas máquinas o encontraremos una vía en la que reestructuremos la forma en la que mantenemos relaciones entre nosotros y relaciones con las máquinas para producir y compartir la prosperidad que estas tecnologías hacen posible? Es una cuestión política. No se puede resolver por medio de abogados ni por medio de compradores ni de vendedores. Hace falta un esfuerzo por parte de los gobiernos, de los actores del mercado financiero, así como del mundo empresarial. Hay que crerar algo nuevo, y acaso se le llame postcapitalismo. En todos los casos, el tipo de acuerdo que resulte de ello será enormemente inestable.

¿Cómo explica usted que los Estados Unidos, parangón del capitalismo, sea el país que mejor se ha recuperado desde 2008 siendo a la vez el principal crítico de la austeridad en Europa?

Los norteamericanos son pragmáticos. No son de los que tiran el dinero. Cuando Richard Nixon se dio cuenta, a finales de las años 60, de que el sistema de Bretton Woods estaba muerto (un sistema inventado por los norteamericanos en los años 40), acabó con él. Los Estados Unidos creen que hay que eliminar lo que ha fracasado. Comprenden que hay que acabar con una deuda insostenible. Entienden que hay que substituir una arquitectura financiera que se ha desfondado. A la inversa, el capitalismo europeo, dado que es bastante más oligárquico, es bastante menos capaz de autocríticas. En el caso griego, los norteamericanos, sean representantes del gobierno o de Wall Street, están completamente de acuerdo conmigo cuando digo que los problemas de Grecia desde 2010 son imputables a los banqueros. No es más que simple sentido común.

¿Se siente decepcionado por que Alexis Tsipras prosiga la misma política que sus predecesores con un tercer plan de ayuda europea?

Evidentemente, esa es la razón por la que dimití. Está claro que estoy en contra, pero no quiero personalizar, la política debe seguir siendo civilizada. Este tercer plan es el mismo que el primero o el segundo. Se prolonga la crisis, se ahonda, pretendiendo que se va a resolver pidiendo prestado a los estados banqueros todavía más dinero de acuerdo con condiciones que nos arruinan. Todavía tendrán que pasar diez años para que nos demos cuenta de que esto no puede funcionar.

Ha declarado usted que la política de austeridad de la que es adalid Alemania se dirigía en realidad a Francia. ¿Qué quiere usted decir exactamente?

Lo que he dicho es que la implosión de las finanzas mundiales en 2008 ha actualizado las fragilidades de la arquitectura del euro. Las reglas sobre las cuales había acuerdo eran imposibles de respetar, pues estaban mal concebidas. Antes que plantearse la cuestión de qué nuevas reglas necesitamos para que funcione, Europa se ha quedado en la negación. Fue el primer periodo durante el cual Bruselas, Frankfurt y Berlín trataban sólo de apagar un incendio. Fue una simple gestión de crisis. Más recientemente, el Banco Central Europeo, gracias a Mario Draghi, que es el operador más hábil de Europa, ha logrado contener los incendios con un cierto éxito. Eso permite ganar tiempo. Los políticos empiezan a reflexionar. París y Berlín están de acuerdo en mejorar la arquitectura, hay una necesidad de unidad política a causa de la unión monetaria. Pero hay una diferencia de importancia en lo que se refiere a saber qué tipo de unión política es necesaria: los franceses quieren bastante más reciclaje de los superávits de la zona euro hace aquellas partes que son deficitarias, los alemanes quieren más disciplina. Hay un conflicto directo. En esta lucha a Grecia se le ha reservado el papel de laboratorio. ¿Por qué este desorden? Puesto que su relación es problemática, su diálogo no progresará.

¿Va a terminar por imponerse la salida de grecia del euro [Grexit]?

No. Jamás he apoyado el «Grexit» ni he utilizado este argumento como mercadeo. Hace años que digo que no debíamos haber entrado en el euro. Pero desde el momento en que estamos dentro, hay que resolver el problema. Creo por contra que deberíamos proceder a una suspensión de pagos de nuestra deuda. Cuando se tiene una deuda insostenible, lo que no se puede pretender es que se puede gestionar. Habría que volver a poner en solfa un acuerdo que no funciona, según todas las evidencias.

Hoy saluda usted el valor de la señora Merkel en su gestión de la crisis de los refugiados…

Nada me regocija más en principio que ver a un oponente político que hace algo bueno. Creo que es mi deber transmitir mis felicitaciones a la señora Merkel. Ha estado absolutamente brillante al dar pruebas de humanismo en un universo sombrío.

Berlín dice que puede mostrarse generoso porque el presupuesto del estado está controlado. ¿No le da eso la razón a su gestión económica?

Eso no tiene nada que ver con el presupuesto. ¿Por qué habría que tener un presupuesto equilibrado? Las familias deben tener un presupuesto equilibrado, pero eso no sirve de nada en el caso de un país. Los Estados Unidos no han tenido jamás un presupuesto equilibrado desde su revolución. Lo que hace falta es un presupuesto duradero. Los estados no tienen que reembolsar su deuda, todo lo que tienen que hacer es refinanciarla. Mientras dirijas una política fiscal responsable y crezca tu PIB, se puede mantener un poco de déficit. Si Merkel tuviera un déficit superior al 3%, ¿habría hecho regresar a los refugiados, les habría cerrado las fronteras al acercarse? No lo creo.

Suiza ha puesto fin al secreto bancario. ¿Qué piensa usted de la cooperación entre Berna y Atenas en materia de intercambio de información fiscal? ¿Está usted satisfecho de cómo se desarrolla?

No. Queda mucho por hacer. Yo tenía muy buena relación de trabajo con mi homóloga suiza [Eveline Widmer-Schlumpf] y estaba dispuesto a cooperar con aquellos griegos que hicieran una declaración voluntaria de sus cuentas en Suiza. Pero hubiera querido que la transparencia anunciada para 2018 se aplicara desde ahora. A todo el mundo se le dice que la transparencia se la ha impuesto a Suiza la Unión Europea. ¿Por qué no aplicarla inmediatamente ? Habría sido estupendo que mi ministerio –mientras era yo ministro – hubiera tenido acceso a los datos de los ciudadanos griegos, al montante de sus haberes en los bancos suizos. Eso habría facilitado la persecución de los defraudadores y ayudado a nuestro presupuesto. Esto nunca llegó a suceder, nunca. Suiza podía haberlo hecho mucho mejor.

Según sus informaciones, ¿cuánto dinero griego hay en las arcas suizas?

No lo sabemos.

Yanis Varoufakis exministro de Finanzas del gobierno griego de Syriza, es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Fue recientemente profesor invitado en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada.

Le Temps, 9 de diciembre de 2015

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/la-mayor-amenaza-al-capitalismo-es-el-capitalismo-mismo-entrevista

Traducción: Lucas Antón