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Rebelión en Wisconsin

Rebelión en Wisconsin
Por Eduardo Ibarra Aguirre

Con 250 mil habitantes, Madison, la capital de Wisconsin, Estados Unidos, escenificó el día 12 una marcha y mitin de más de 100 mil docentes, trabajadores de la salud, empleados de agencias estatales, granjeros, estudiantes, inmigrantes y artistas para repudiar la promulgación, el 11 de marzo, de una ley que anula los derechos sindicales de los trabajadores públicos y para reafirmar que su “lucha apenas comienza”, con todo y que sufrieron una derrota legislativa después de un mes de movilizaciones.

Pese a ser considerada una de las ciudades estadunidenses con mayor calidad de vida y con tasas de desempleo entre las más bajas, el Capitolio permanece rodeado de trabajadores y estudiantes de Madison, incluso lo tomaron durante más de tres semanas y miles de profesores se declararon “enfermos” y sus alumnos los acompañaron, en una tenaz y meticulosa construcción de su propia plaza Tahir (El Cairo, Egipto). Ello con el silencio de Televisa y Tv Azteca, en contraste con la atención de las grandes televisoras estadunidenses que no están en manos de un duopolio, pero debido a las implicaciones tanto para el sindicalismo --con apenas una tasa de 12 por ciento de la fuerza laboral sindicalizada y sólo 7 por ciento del sector privado--, como para la llamada clase política, que detectaron los alcances de un gran conflicto obrero-patronal que ya tiene versiones particulares en Indiana, Ohio, Iowa y otros estados de la Unión Americana.
Todo comenzó cuando el novel gobernador Scott Walker y la mayoría legislativa republicana armaron iniciativas de ley que afectan severamente los derechos de 175 mil trabajadores estatales, por ejemplo: reduce los contratos colectivos sólo a asuntos salariales, impone un techo a la tasa de inflación –en la que ya no se incluyen las pensiones y otros beneficios--, eleva el pago por seguro de salud, obliga a una votación sindical anual para verificar la afiliación y anula la recolección de cuotas por el gobierno.
Justamente en la cuna que hace medio siglo aportó al país los contratos colectivos de trabajo en el sector público. Por lo anterior, el líder de los legisladores demócratas sintetizó: “En 30 minutos, 18 senadores estatales lograron deshacer 50 años de derechos civiles en Wisconsin”.
Y ésa es justamente la lectura que hacen dirigentes y actores del movimiento y sus aliados nacionales que no deben ser pocos, sobre todo en la víspera de una disputa por la Casa Blanca, el Capitolio y varias gubernaturas, porque ubican la rebelión de Wisconsin como epicentro de una batalla por los derechos democráticos frente a lo que leen como “una ofensiva conservadora sobre los trabajadores” de Estados Unidos.
Los argumentos de Walker son familiares para los mexicanos. Los altos salarios de los trabajadores y las prestaciones muy superiores a los del sector privado causan déficit presupuestal, mismo que padecen gran número de gobiernos estatales. Y aliados los gobernadores republicanos se lanzaron sobre los derechos laborales en una arremetida sin precedente en décadas, pero también con una resistencia social y política del mismo corte.
Mas la interpretación de los que protagonizan incesantes y creativas movilizaciones, ahora para destituir a legisladores y, acaso, también al mismo gobernador, es diametralmente opuesta y en la voz de Michael Moore se escuchó así: “Hoy día sólo 400 estadunidenses controlan más riqueza que la mitad de todos los estadunidenses”.
El país, continuó el extraordinario cineasta, está inundado de riqueza “sólo que no está en nuestras manos. Ha sido trasladada, en el mayor hurto de la historia, de los trabajadores y consumidores a los bancos y portafolios de los súper ricos”.

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