Blogia
T r i b u n a c h i l e n a

Venezuela

Nuevo conflicto mediatico en venezuela

Ernesto Carmona

1) Comunicado de Conatel (Venezuela) sobre los canales de cable que no cumplieron con la disposición legal de informar a la autoridad reguladora la naturaleza de su producción, nacional o internacional (entre otras, TVN).


2) Entrevista al director de Conatel y ministro de OOPP Dios Cabello, en el Correo del Orinoco de hoy lunes 25 de enero


La señal de TVN-Chile fue suspendida en Venezuela, junto a la de otros canales, porque sus responsables no cumplieron con el mandato legal de declarar si su producción es o no nacional, según informó Conatel en Caracas. Aunque su producción evidentemente no es nacional, es probable que sus representantes se abstuvieran de oír la ley para desencadenar el conflicto. Las cable-operadoras que transmiten localmente la señal no pueden sacar al aire la señal de TVN hasta que sus representantes no cumplan las disposiciones legales. Esta nueva situación, al parecer fríamente calculada, desató otra campaña mediática internacional en favor de "la libertad de expresión bajo la dictadura de Chávez".


Un comunicado de Conatel difundido el jueves 21 de enero, publicó la lista de canales catalogados como producción nacional y no nacional. Los canales que no entregaron información y, por tanto, no aparecen en ninguno de los dos listados fueron considerados como producción nacional hasta que demuestren lo contrario presentando la respectiva documentación. Es el caso de TVN. (Ver las listas de canales más abajo)


Las cable-operadoras cumplen con la ley, pero no algunas estaciones que se difunden en Venezuela bajo las normas legales que vigila Conatel, como ocurre en todos los países del orbe.


1) Comunicado de Conatel


La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) hace del conocimiento de los prestadores del servicio de difusión por suscripción debidamente habilitados, de los servicios de producción audiovisual y del público en general, el listado contentivo de los servicios de producción audiovisual que actualmente difunden su señal a través de las redes de los servicios de difusión por suscripción que consignaron la documentación e información requerida, en la forma y plazos previstos en la Disposición Transitoria Primera de las Normas Técnicas sobre los Servicios de Producción Nacional Audiovisual, publicada en la Gaceta Oficial de la Republica Bolivariana de Venezuela Nº 39.333 de fecha 22 de diciembre de 2009; que se detalla a continuación:


1. Servicios de Producción Audiovisual calificados de Nacionales de conformidad con lo previsto en la Norma Técnica sobre los Servicios de Producción Nacional Audiovisual:
2. Servicios de Producción Audiovisual NO calificados de Nacionales:
De conformidad con lo previsto en la Disposición Transitoria Primera de la referida Norma Técnica, los servicios de producción audiovisual no señalados en el presente listado que actualmente difunden su señal a través de las redes de los servicios de difusión por suscripción quedan calificados como Servicios de Producción Nacional Audiovisual hasta tanto se demuestre lo contrario.


En consecuencia, dichos servicios deberán dar cumplimiento inmediato a las disposiciones contenidas en la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión y las normas técnicas que la desarrollan.


En este sentido, los prestadores del servicio de difusión por suscripción deberán implementar las medidas o acciones necesarias para velar por el efectivo cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión y demás normas y disposiciones derivadas del referido texto legal, por parte de todos los servicios de producción nacional audiovisual.


Conatel (Jueves 21/01/2010)
(Ver además http://www.conatel.gob.ve/noticia_comp.asp?numn=2722)
2) Conatel presentó alegatos
RCTV violó la ley al negarse a transmitir el Himno Nacional
(Correo del Orinoco, Caracas, lunes 25 de enero, 2010)


El director de esta institución, Diosdado Cabello, enumeró las irregularidades en las cuales incurrió la productora audiovisual nacional que obligaron a su desincorporación de las parrillas de las cableras. El presidente Chávez Exhortó al respecto a las leyes venezolanas.


“No difundieron el Himno Nacional, no anunciaron el tipo de producción ni elementos de lenguaje, salud, sexo y violencia; pasaron dos horas de telenovelas en horario todo usuario, dos horas de telenovela en horario supervisado y no emitieron mensajes oficiales”, enumeró el presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), Diosdado Cabello, al anunciar las razones que obligaron a los cableoperadores a reportar las irregularidades del canal RCTV, que la noche del sábado fue desincorporado por las cableras de sus parrillas, precisamente en el alegato de que el canal es un productor audiovisual nacional.


Cabello señaló que existe una norma técnica en el marco de la Constitución Nacional de Venezuela y la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, que dieron vida a la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión (Resorte), que en su artículo 13 expone la necesidad de determinar a los productores nacionales audiovisuales.


Cabello citó que esta clasificación se intentó establecer el 28 de octubre de 2005 con la promulgación de la Ley Resorte, pero que debió postergarse porque los cableoperadores recurrieron al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para que esclareciera quiénes eran productores nacionales y quiénes internacionales.


Consultada ampliamente


El TSJ concluyó, después de varios años, que debía elaborarse una norma técnica para resolver la duda, y entonces desde el 9 de julio de 2009 se inició la discusión para consensuar el instrumento que había sido ordenado por los jueces.


El jefe de Conatel sostiene que la consulta fue amplia, y que recaló hasta la Asamblea Nacional. Añadió que a la sede de Conatel acudieron los interesados a presentar propuestas para que finalmente el 22 de septiembre de 2009 se hiciera la audiencia pública con todos los aportes; la Ley de Norma Técnica fue promulgada el 22 de diciembre.


Quedó establecido un plazo para que, según el artículo 7, los interesados acudieran a Conatel a manifestar su voluntad de operar como productores nacionales o internacionales, según fuera el caso.


Cumplido ese periodo, Conatel disponía de 15 días para decidir las clasificaciones, para lo cual evaluó la programación de cada canal los últimos cuatro meses para comprobar si los contenidos de cada productor, para el que alegara clasificación internacional, eran extranjeros al menos en el 70 por ciento.


“Vino un importante grupo y 24 fueron calificados y el resto, al no venir, la norma dice que Conatel los calificaba. En cualquier lugar del mundo tienen que cumplir con las leyes del país de donde quieren salir”, apuntó Cabello.


Diosdado Cabello dijo que una vez que se informó de las clasificaciones de cada canal, fueron las mismas cableoperadores las que se dirigieron a Conatel para reportar que algunos operadores estaban incumpliendo la norma técnica.


“El primer día tres no estaban cumpliendo. Los llamamos y dos cumplieron, pero uno se negó”, dijo, en referencia RCTV.


“Conatel no está tomando ninguna decisión, las cableras están cumpliendo la ley y no pueden tener en su parrilla de ningún canal que esté violando la ley venezolana. Si un canal la viola, se abre procedimiento administrativo a la cablera si no lo saca de la parrilla”, reiteró.


Ayer en el programa Aló, Presidente, el jefe del Estado, Hugo Chávez, aludió a la situación y se dirigió a las cableoperadores:


“Señores cableros, la ley es la ley. Hay unos que se dan el lujo de retar al Gobierno”.





¿Es cierto que la Revolución Bolivariana tiene sus días contados?

¿Es cierto que la Revolución Bolivariana tiene sus días contados? Marcelo Colussi

En un diario tradicionalmente de derecha como “Ámbito Financiero”, de Buenos Aires, acaba de aparecer una entrevista (1) -al politólogo alemán-mexicano Heinz Dieterich, realizada por la periodista Carolina Barros- donde se vaticina la posible caída de la Revolución Bolivariana en Venezuela. Entre otras cosas, según argumenta el entrevistado, “si el partido de Hugo Chávez (PSUV) [Partido Socialista Unido de Venezuela] pierde las elecciones legislativas de 2010, el proceso bolivariano llega a su fin”.


La alegría del medio que publica la nota no se oculta, así como no la esconden tampoco los numerosos medios de derecha que rápidamente la reprodujeron en internet. La idea que, evidentemente, les resultó simpática a todos ellos, y que sin dudas querrán explotar al máximo, es lo que dice la entrevistadora en la introducción a modo de síntesis de las posteriores declaraciones: “Varias voces en Venezuela empiezan a advertir sobre las grietas de la revolución chavista. Que, de tan profundas, se están haciendo sistémicas”. La expectativa en juego -nada disfrazada, visceral, de corazón- es que pronto termine esta experiencia “anómala” del chavismo, esta “afrenta” a la democracia para volver a la “normalidad”, de la que es un ejemplar modelo la maniobra de Micheletti/Casa Blanca en Honduras.


Sin dudas la Revolución Bolivariana no está en su mejor momento, y por supuesto que hay numerosos indicios preocupantes. De hecho, recientemente un alto funcionario como es Roy Chaderton, embajador de Venezuela ante la OEA y personaje para nada ligado a la corrupción de la que tanto se habla en el país, manifestó su honda inquietud con relación a que podrían llegar a perderse las elecciones del 2010 (legislativas), y si eso sucediera, casi con seguridad podrían perderse también las presidenciales del 2012, “si no revisamos, rectificamos y reimpulsamos radicalmente” la marcha del proceso ya ahora, con toda la urgencia y energía del caso, según manifestó. De no darse esa reorientación, dijo Chaderton, “entonces perderíamos la patria y el socialismo: solo nos quedaría la muerte”.


En realidad no sólo el diplomático ha hecho estos llamados a la rectificación; por el contrario, dentro de Venezuela son numerosas las voces que, con un acompañamiento crítico de la revolución, hace tiempo vienen denunciando los límites del proceso y su necesaria profundización para comenzar a construir una verdadera propuesta socialista, única manera de asegurar la vigencia de una alternativa popular, su fortalecimiento y, por tanto, el camino hacia su real imposibilidad de reversión.


Según declaraba Dieterich en la entrevista con este medio conservador, “para ganar, el presidente tiene que resolver los problemas de seguridad, ineficiencia, crisis económica -caída del PBI del 4,5% en el tercer trimestre, inflación del 35%, un mercado negro y dólar incontrolable- y la pérdida de credibilidad del discurso oficial, entre otros. Resolver estos problemas presupone la refundación del actual modelo de gobierno. Sólo el estrato conductor del PSUV puede imponer tal refundación. (…) Hay que rediseñar un nuevo modelo de gobierno, eficientizar su ejecución y convencer a la población de su viabilidad, y eso requiere tiempo”.


Todo esto “descalabro” en el escenario venezolano no es nuevo. La crítica constructiva al proceso bolivariano hace mucho que está abierta por parte de distintos sectores desde dentro mismo de la revolución. Lo que ahora expresa el politólogo alemán, influyente personaje ante Hugo Chávez, autor intelectual de las propuestas de socialismo del siglo XXI -pero socialista sui generis que para algunas posiciones de izquierda abre dudas en cuanto a su posición revolucionaria, es necesario aclarar-, lo que produce esta “simpatía” en el discurso de derecha que se hace eco de esas declaraciones, es absolutamente real: la Revolución Bolivariana, en vez de consolidarse, está más cerca de hacer agua.


Los puntos débiles son muchos, tal como los apunta el referido analista político: es cierto que la economía muestra signos de estancamiento, que la inflación carcome, que la inseguridad preocupa a la población; e igualmente cierto es que la corrupción está instalada y que la nueva clase de burocracia de Estado enriquecida a la sombra de la revolución -la “boliburguesía”- es un cáncer que desacredita al proceso bolivariano en su conjunto. De todo esto la derecha hace fiesta -la venezolana o la de cualquier país (“Ámbito Financiero” es argentino, muy lejos del Caribe, pero su agenda está muy cerca de cualquier contrarrevolución, en tanto derecha)-. El asunto de la corrupción es una “caballito de batalla” funcional a cualquier propuesta conservadora con la que se puede atacar a cualquier gobierno, siendo ello siempre políticamente correcto.


Ahora bien: todo esto de lo que la derecha puede regodearse, es verídico, no son “desestabilizadoras maniobras de la CIA”, más allá de que también las haya (incluso: guerras por venir en su sangrienta agenda). Por eso esa alegría, al conocer esta crítica de boca de un socialista como Dieterich, socialista discutible quizá, pero sin dudas emparentado al proceso de Venezuela. Por eso esa alegría, porque el ocaso del proceso bolivariano podría no estar realmente tan lejos. De todos modos, desde posiciones de izquierda revolucionaria, nada de esto sorprende sino que, por el contrario, son esas grietas las que hacen que desde mucho tiempo se venga tratando de incidir para cambiar ese curso que, por supuesto, puede ser tan peligroso para la revolución como los ataques frontales de la derecha -o quizá más-.


Si bien son tremendamente destructivos, los ataques contrarrevolucionarios que sufre cualquier revolución socialista -la historia lo demuestra en innumerables casos- pueden tener el efecto de ayudar a cohesionar el proceso, a obligarlo a cerrar filas y consolidarlo más aún. No siempre es así (en Nicaragua se logró revertirla por ejemplo), pero es bastante común que se cumpla ese escenario. En Venezuela también se da el caso de una contrarrevolución que actúa ininterrumpidamente, usando las más variadas opciones para tumbar el proceso en curso (sin haber llegado a la opción militar de momento, pero quizá no tan imposible en la coyuntura actual). Y sin ningún lugar a dudas, como también ha pasado en otros procesos revolucionarios, ese continuo ataque dificulta mucho la construcción del nuevo proyecto de sociedad. Pero no hay que perder de vista algo muy importante: las causas del retraso, o la posible reversión incluso, en la edificación de ese nuevo modelo social están en buena medida en cómo se está llevando a cabo el proyecto transformador.


La derecha se alegra porque pareciera que el proceso involuciona. Es casi natural que eso suceda: ¿cómo no habría de alegrarse, si para eso es derecha? Por eso, sin dudas, le da voz a una crítica contra la revolución en un medio como “Ámbito Financiero”, lo que puede abonar el clima antichavista anunciando su posible próxima caída. Aunque difícilmente el mismo medio neoliberal le daría la voz a críticas que apuntaran a una profundización de la revolución. Según Dieterich, la corrección de estos problemas pasa por “la refundación del actual modelo de gobierno”. Una propuesta más radical vería en todo caso como salvación del proceso la necesidad de la refundación de un nuevo modelo de sociedad, no sólo un nuevo gobierno “rediseñado” y más “eficiente”. La única manera en que el proceso revolucionario puede salvarse, es profundizándose, estableciendo nuevas relaciones de poder, caminando más hacia la izquierda. No tanto “convenciendo” a la población -eso suena más a estrategia mercadológica- sino confiriéndole poder. Una revolución socialista se puede enderezar con más socialismo; si no, si se “salva” y no cae, no se va más allá de eso en definitiva: un salvamento, una sobrevivencia, pero de socialismo, quizá muy poco. O nada.


¿Y qué pasa con la revolución en lo interno de Venezuela? ¿Dónde está el proceso de revisión, rectificación y reimpulso que se había propuesto el gobierno luego de la derrota de la reforma constitucional en diciembre del 2007? En ese proceso de autocrítica que siempre queda pendiente -en un sentido más aún que los ataques de la derecha- estriba la verdadera “grieta” que puede hacer naufragar el proceso. Se ha dicho insistentemente que Chávez está al tanto de lo que pasa con estos cuadros que retrasan los cambios desde dentro pero poco puede hacer al respecto, con lo que la figura del comandante queda libre de crítica. ¿No será hora de profundizar la crítica a todo el proceso en su conjunto? Crítica no para anunciar la próxima caída sino crítica eminentemente constructiva, para hacer crecer el proceso, para potenciarlo.


La Revolución Bolivariana no nació como revolución socialista; comenzó con unas elecciones presidenciales en el marco de la legitimidad capitalista ganadas por amplia mayoría por un candidato popular, pero sin la movilización revolucionaria que signó otros procesos socialistas en el siglo XX. Aquí no hubo toma del palacio de Invierno del Zar, ni Larga Marcha, ni “barbudos” que bajaron de la Sierra con un pueblo en armas que acompañaba como sujeto del cambio. Aquí llegó el caudillo Chávez con un discurso nacionalista, y su carisma hizo que rápidamente pasara a ser personaje fundamental en la vida política del país. De esa cuenta, y desde un primer momento, la sociedad venezolana quedó dividida en chavistas (60%) y antichavistas (40%), porcentaje que se viene manteniendo desde ya más de una década. Para decirlo sintéticamente: esta es, ante todo, una revolución “chavista”.


Ahí estriba una de las grandes debilidades del proceso: todo se concentra en la figura del líder. ¿Qué pasaría con esta revolución si ahora desapareciera Hugo Chávez? ¿Se mantendría, quedaría muy poco, o quizá no quedaría nada? ¿Por qué esa imperiosa necesidad de mantener la posibilidad de su candidatura presidencial para las próximas elecciones del 2012? ¿No hay allí una debilidad estructural de todo el proceso?


De faltar Chávez, no sería improbable que se repitiera la misma situación del peronismo en Argentina: el “justicialismo” ha dado para todo, para opciones de izquierda y para la más reaccionaria derecha, para presidentes ultraliberales y para propuestas neonazis. La pretensión de un cambio en los marcos de la legalidad del capitalismo y basándose en la figura de una sola persona es un límite peligroso (¿límite absoluto quizá?) para un proceso que se pretende transformador de la realidad social. Es difícil, cuando no imposible, lograr que los cambios en juego puedan asegurarse y profundizarse cuando dependen sólo de la habilidad política de un conductor. En más de una década de desarrollo la Revolución Bolivariana no ha tenido un partido revolucionario que la conduzca. Lo que existió fue, en un primer momento, una maquinaria electoral desideologizada, llena de oportunistas políticos, ecléctica, pero funcional siempre al liderazgo de Hugo Chávez. Y con el actual PSUV, vemos una formación que no llega a ser el partido de masas con visión francamente revolucionaria que la ocasión impone.


Si la permanencia de un proceso genuino de cambios depende sólo de personas concretas con características de algún modo mesiánicas, o depende de juegos políticos en la arena legislativa (que se da absolutamente en el marco del libre mercado sin cuestionar la esencia misma de la estructura capitalista), eso no garantiza la construcción de una verdadera opción de transformación para las grandes masas. Si la política sigue siendo aún el reino de los profesionales de la política -de saco y corbata o de tacón con lujosas joyas-, aunque su práctica se “eficientice”, eso no construye socialismo.


Por supuesto que la Revolución Bolivariana corre serio riesgo. Cada valija irregular cargada de dólares que se descubre en un aeropuerto o cada maniobra no muy santa que termina en un escándalo bancario dan pasto a la crítica de la derecha, por supuesto. Y eso no se soluciona con una lavada de cara a través del alejamiento de un ministro. Todo eso contribuye a la posible caída de la revolución; pero también contribuye una economía mixta donde las grandes empresas se siguen beneficiando de la explotación del trabajo de venezolanos y venezolanas. ¿Cuál de estas cosas es lo que más aleja del socialismo?


La revolución corre peligro, por supuesto. Lo dijo Chaderton y lo han dicho también numerosos dirigentes de base, sindicalistas, líderes comunitarios, revolucionarios de trayectoria. Al respecto son aleccionadoras palabras de Rosa Luxemburgo de 1918 cuando analizaba la Revolución Rusa: “No se puede mantener el “justo medio” en ninguna revolución. La ley de su naturaleza exige una decisión rápida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaña de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollará en su caída a aquellos que quieren, con sus débiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojándolos al abismo”. Dicho en otros términos: o se avanza de verdad hacia el socialismo o, si no, las mismas lacras de una sociedad que no deja de ser capitalista y para la que ningún político, por más “eficiente” que sea, podrá arreglar jamás -crisis económica, inseguridad ciudadana, jerarquías sociales, corrupción y nepotismo, privilegios irritantes- terminarán conduciendo la locomotora hacia el abismo. La historia del peronismo en Argentina es por demás de aleccionadora al respecto.

Fuente foto: KAOS EN LA RED

Venazuela necesita una revolución de verdad (Parte III)

MOVIMIENTO GUEVARISTA REVOLUCIONARIO (especial para ARGENPRESS.info)


¿Es el PSUV el partido de la revolución socialista?


Desde el punto de vista político, se presionó de todas formas a algunos partidos y movimientos para que ingresaran al nuevo partido de gobierno (psuv), y de esta forma, reeditar un virtual nuevo pacto de punto fijo, con la existencia de solo dos grandes tendencias: la derecha tradicional capitalista, y la nueva izquierda capitalista y reformista.


En este esquema diseñado por el bloque en el poder, no cabía ninguna posibilidad para los sectores revolucionarios, y así lo hicimos saber en su momento. Pese a todo lo anterior, no fueron pocos los movimientos que decidieron ingresar al nuevo partido. Algunos lo hicieron siguiendo la táctica del entrismo, otros alegaron que no había que dejar solas a las masas en la nueva aventura y tampoco faltaron los que pretendían cambiar todo desde dentro con un llamado “apoyo crítico”.


Cada uno de estos sectores deberá hacer su propio balance después de transcurrido bastante tiempo desde aquella decisión, pero lo que ya esta bastante claro, es que el PSUV es un partido pluriclasista en su base social, pero su dirección es una dirección burguesa y que representa a este sector social. No dudamos ni por un momento de la honestidad y compromiso revolucionario de la mayoría de la base social “bolivariana”, sino hablamos de las direcciones y la burocracia partidaria que allí se desarrolla.


La lucha de tendencias al interior de dicho partido, es casi nula, ya que el sector dominante se ha asegurado el control burocrático de prácticamente todas las estructuras. Se podrá argumentar que en distintos sectores existen realidades particulares distintas, pero eso nos puede hacer confundir tratando de explicar el todo por la parte, y explicar el fenómeno global a partir de pequeñas experiencias lo que no conduce a un diagnóstico acertado de la realidad.


Hoy el PSUV, pretende darle algo de sustancia al descolorido eslogan del socialismo del siglo XXI, que no es otra cosa que el viejo y gastado capitalismo con un rostro algo más social. Esta sustancia vendría de la mano de impulsar la formación política de sus cuadros dirigentes bajo la dirección del partido comunista chino, el mismo que dirige un estado de corte burgués, donde a sus trabajadores, se les paga salarios miserables y el mismo que hoy por hoy, mantiene a flote la economía de Estados Unidos a costa del robo de la plusvalía a su clase trabajadora y en el mantenimiento de una virtual esclavitud para los sectores más explotados. Todo el supuesto “milagro chino” con su acumulación gigantesca de capital, proviene de la súper explotación de su mano de obra y de las condiciones infrahumanas en que sobreviven sectores de su población.


Hablando de justicia...


La puesta en práctica de la policía nacional, la aprobación de la ley de control de armas y explosivos, y la virtual aplicación de la ley antiterrorista que no fue promulgada, implican un endurecimiento de la represión por parte del Estado. La pregunta que se formula sola es quien será el objeto de dicha represión.


Venezuela y no es un misterio para nadie que viva en este país, tiene uno de los índices de criminalidad más altos del continente y la seguridad no solo se ha transformado en un tema que entrega dividendos políticos, sino que además se ha convertido en un excelente negocio para la burguesía. Millones y millones de dólares se invierten cada año en las empresas que brindan seguridad a un segmento de la población que esta en condiciones de pagar por dicha seguridad.


De tal forma que el mantenimiento del actual clima de inseguridad pública, favorece en primer término a la burguesía ligada al lucrativo negocio de la seguridad. Es este sector empresarial el que absorbe la mayor parte de funcionarios activos y en retiro de las policías y de la fuerza armada, y es precisamente de donde provienen la mayoría de las bandas organizadas fundamentalmente en torno al delito de secuestros y de tráfico de armas.


El sicariato en todas sus variantes, actúa de manera permanente y organizada en Venezuela desde hace varios años. No es un misterio de donde provienen principalmente los sicarios.


Todos saben que es la policía y la guardia nacional, quien maneja el tráfico de armas en los barrios y en las cárceles del país en alianza estrecha con el narcotráfico, paramilitares y sectores de la burguesía ligada a este lucrativo negocio de la seguridad.


La policía y la guardia nacional, muchas veces cumplen funciones de custodia y escolta a la burguesía tanto dentro como fuera de su horario de trabajo, y esto los pone en condición de un pequeño ejercito privado a disposición de quien pueda pagar. De allí al sicariato, hay un solo paso y eso es lo que ha sucedido en estos años.


La inseguridad y el miedo de la población, sirven como un verdadero bloque de contención social a las demandas de la población, ya que la gente observa quien pone siempre las víctimas y quienes son los victimarios. En estos años de avance de las luchas sociales, el sector campesino ha pagado caro su movilización y lucha por la tierra. Ya son más de 300 dirigentes y campesinos asesinados por mandato de los terratenientes y eso no parece tener fin. En los sectores suburbanos y urbanos industriales, han sido los trabajadores los golpeados en forma salvaje por este flagelo.


En los barrios de las grandes ciudades, las bandas de delincuentes son quienes realmente tienen el control del sector atemorizando con su accionar y paralizando en los hechos, toda vida social comunitaria.


Estas bandas son armadas fundamentalmente por la policía, y muy especialmente en Caracas, donde la PM se destaca en el tráfico de armas y venta de municiones. No existe prácticamente ningún vecino que no conozca esta situación y los grados de impunidad alcanzados por estos parásitos policiales, llenan de indignación a toda la población que sin embargo, se siente impotente para actuar al observar el poder alcanzado por estos delincuentes. La lucha contra la inseguridad, es parte integrante de la lucha de clases y uno de los terrenos donde se expresa con toda su crudeza el papel que cumplen los aparatos represivos del estado capitalista.


La alianza de la delincuencia con muchos policías, empieza a expresar el quiebre profundo que sufren las instituciones del estado capitalista y esa creciente descomposición, es señal más que evidente de la crisis general del sistema que sin embargo, aún impone sus condiciones.


Esta situación se ve avalada al comprobar que en Venezuela la impunidad es total. Aún nadie esta preso en forma efectiva por las masacres cometidas durante la cuarta república, la violencia organizada y desatada por la derecha durante el golpe de Abril, aún no se castiga y ni hablar del asesinato de líderes sindicales y campesinos.


En el terreno económico, no ocurre algo diferente. Cientos de miles de fraudes, estafas, comisiones ilegales, enriquecimiento súbito, tráfico de influencias, sobreprecios, usurpaciones y robos descarados, quedan impunes y nada se puede hacer al respecto. Se produce un ilícito, se descubre, queda el escándalo, se promete una investigación y luego ya sea por acción directa de la policía o de los tribunales, el imputado logra salir del país y burlar la necesidad de justicia de todo un pueblo.


No ocurre los mismo con más de dos mil obreros, dirigentes, estudiantes, mujeres, campesinos y pueblos originarios que se encuentran ya sea encarcelados, o con régimen de presentación en tribunales. La policía, la ley y los tribunales, al servicio de la burguesía.


En tribunales, a pesar de la llamada depuración, siguen existiendo las mafias y las bandas organizadas de delincuentes del derecho burgués, que amparados en su investidura, siguen sirviendo los intereses de una clase putrefacta y parasitaria que no tiene nada que ofrecer que no sea su pestilencia burguesa.


Así las cosas, no es ningún alivio para la población la creación de la policía nacional ni el fortalecimiento de algunos órganos de inteligencia. Creemos que a medida se agudice más la crisis del sistema, más dura será la represión especialmente para las y los trabajadores. No hace mucho el presidente amenazó con la DISIP a los trabajadores de Guayana y con militarizar el Metro de Caracas si las y los trabajadores seguían exigiendo sus derechos.


La protesta social pretende ser transformada en un ilícito y se criminaliza la movilización por distintas vías. Al decir esto, no estamos defendiendo las provocaciones de la derecha fascista. Creemos que lo que busca la derecha con ellas, es justamente servir de cortina de humo para que luego se reprima a los trabajadores con el consentimiento de una parte de la población que puede asimilar la legitima protesta de los explotados por sus derechos, con un intento desestabilizador de la derecha fascista.


¿Vamos rumbo al socialismo?


Definitivamente no. A la existencia objetiva de una base social que aspira a un cambio de sistema político-económico que se oriente al socialismo, existe una dirección claramente burguesa que buscará por todos los medios defender sus intereses de clase a costa de lo que sea y que en este momento, hace usufructo de un lenguaje seudo revolucionario para asegurar granjerías y privilegios. Esta dirección acompañada por la burocracia y en alianza abierta con los sectores empresariales de los que ya forma parte, no duda ni un minuto que tiene que impedir el socialismo y se empleará a fondo en esa empresa.


No se trata como creen algunos compañeros de cambiar a un ministro o a un equipo económico. Si fuera así, estaríamos validando con nuestra opinión que el problema es la administración del sistema y no el sistema mismo. La apuesta que se hace desde la administración del estado, no es económica, sino es una apuesta de clase que responde en un último término a una decisión política largamente madurada.


La apuesta que ya se hizo por este sector gobernante, tiene que ver con el fortalecimiento de la burguesía en contra de la fuerza de trabajo y con la proyección de ese sector burgués a nivel latinoamericano. Eso no quiere decir que esta burguesía entre en abierta contradicción con el imperialismo, solo quiere negociar desde otra posición de poder y obtener así una tajada mas grande del pastel.


La reorganización del estado y hasta cierto punto su involucramiento en el sector productivo, no nos puede segar la vista en relación que este es un estado burgués y capitalista, que tiene por misión servir las necesidades del capital y cuando el estado entra directamente a la fabrica, tiene por misión regular en favor de la burguesía el mercado de la fuerza de trabajo y enfrentar directamente a la clase trabajadora. El capitalismo de estado no tiene otra misión que gestionar la acumulación de capital para luego ser entregado al sector privado. Esa es la lamentable historia no solo de América Latina, sino de muchos países europeos entre los que se pueden señalar los que formaron parte del bloque oriental.


La independencia de clase. Una necesidad revolucionaria.


Frente a todo este panorama descrito, a la clase obrera y a los sectores explotados de la ciudad y el campo, solo les cabe mantener su independencia de clase frente al gobierno y al estado, mediante la elaboración de sus pliegos reivindicativos y sus planes de lucha por mejorar sus condiciones de vida y avanzar en la elaboración de un programa de gobierno propio que efectivamente se proponga terminar con el sistema capitalista.


Esta necesidad política de la clase trabajadora, es también la esperanza de muchos otros sectores explotados, que ven como su calidad de vida desciende mientras la burguesía se fortalece. La activación de esos sectores sociales, no se producirá si primero no observan como la clase obrera conquista su propia independencia de clase y avanza resueltamente detrás de un programa revolucionario socialista.


La revolución socialista no ha fracasado, porque esta no se ha producido aún en Venezuela y para que se produzca, hay que organizarla desde ya en todos los lugares donde se encuentre un revolucionario.


Cuando hablamos de organizar la revolución socialista, hablamos de plantearnos el problema del poder y el ejercicio del mismo por la clase trabajadora. Eso necesariamente nos lleva a desarrollar un proyecto como clase que se asiente en un programa y en un tipo de organización que no solo realice el acto revolucionario y destruya el poder de la burguesía y su estado, sino que sea capaz de iniciar la construcción práctica del socialismo y desarrollarlo. Ese poder no puede ser un partido o movimiento, tienen que ser las masas de trabajadoras y trabajadores, explotados de la ciudad y el campo, organizados en un nuevo tipo de organización social revolucionaria. Esa es la genuina expresión del poder popular y de clase que se debe de organizar desde ya.


Esa perspectiva no nos hace perder de vista los objetivos del momento y su posterior desarrollo. No basta con llamar a la organización del poder popular en forma genérica. Este poder de clase debe tener expresiones concretas en cada lugar de trabajo, en cada universidad, liceo, campo o barrio, y esa organización no cae del cielo ni será regalo del estado. Son los revolucionarios organizados quienes deben impulsar esa construcción social desde lo más simple hasta lo más complejo.


Por esa razón es que las consignas “control obrero” o “consejos de trabajadores”, nos parecen justas, pero extemporáneas. ¿Cuales obreros controlan? ¿los de A.D? ¿los del psuv? ¿A cuales consejos nos referimos? ¿cuantos de esos consejos existen? ¿esos trabajadores tienen conciencia de clase? ¿quieren el socialismo? ¿donde están esos consejos organizados y cuantos hay?


Creemos que la revolución es algo serio y planificado y no solo consignas que expresan deseos que no tienen estos que ver con la realidad. La realidad actual para los revolucionarios, es de una desventaja de carácter estratégico que tiene expresiones en lo teórico, político, organizativo, social, cultural, económico-material, militar y numérico.


Esta realidad debe ser reconocida para poder ser cambiada y nuestro trabajo en la actualidad debe expresar las necesidades objetivas que nos separan de la revolución. Creemos que los revolucionarios debemos emprender una acumulación de fuerzas de carácter histórico en todos los terrenos antes planteados y dar respuestas reales a esas necesidades.


De allí que hemos formulado desde hace ya mucho, dotar a la clase obrera de una herramienta política de gran potencia, que sea capaz de llevar el problema del poder a las grandes masas y ayudar a su organización detrás de este objetivo. Esa es para nosotros la tarea de las tareas en este momento y como tal trabajamos en esa dirección. Las tareas agitativas son parte de este trabajo, pero no son el trabajo, a pesar que a veces todos nos confundimos en esta labor.


La construcción y el desarrollo de la herramienta política, sin duda que nos coloca en la senda que creemos correcta, pues nos fortalece para plantearnos el gran objetivo. Sin organización revolucionaria no habrá revolución socialista, ya que esta no se realiza por ósmosis ni por intuición de las masas y ni siquiera porque existan sectores adelantados dentro de la clase obrera. La revolución socialista es un acto científico revolucionario que requiere de una ingeniería social y de una construcción práctica que no admite improvisaciones. Esto no quiere decir que hayan recetas preestablecidas, pero sabemos que se necesita un colectivo con herramientas teóricas, con la convicción más firme, con una gran dosis de disciplina, con un plan estratégico y con una fuerza material que permita la construcción de un nuevo imaginario social y su puesta en movimiento para llevarlo a cabo.


Es por eso que hemos planteado la unidad de los revolucionarios a partir de una serie de definiciones iniciales que nos vayan acercando hacia el objetivo. Hemos planteado la elaboración de un programa que basado en la realidad social que vive nuestro pueblo, permita dar grandes pasos hacia el desarrollo de una conciencia de clase de las trabajadoras y trabajadores.


También hemos llamado a desarrollar en todo su potencial, la lucha de ideas y de masas por el socialismo como una corriente que empiece a expresar los deseos de cambio real que existen en el país.


Hemos invitado a las demás fuerzas revolucionarias, a examinar en forma detenida la situación de Venezuela y a romper en base a esa lectura, con el reformismo capitalista que ahoga y asfixia todo progreso de las masas y hemos dirigido nuestras fuerzas a empezar a construir el poder popular como expresión concreta de lo que tiene que ser el nuevo poder de las trabajadoras, trabajadores, pobres y explotados de la ciudad y el campo, en contraposición al poder burgués expresado en el estado y sus instituciones.


Estas son a nuestro juicio, las grandes tareas de los revolucionarios que además deben abordarlas en medio de una creciente lucha de clases, que se expresará en los próximos tiempos en forma aguda sobre todo en los sectores obreros. Debemos participar de esas luchas y potenciar nuestra propuesta en el seno de las masas. Nuestro gran desafío será construir en medio de la lucha y de una creciente necesidad de pasar rápidamente a otro momento histórico en cuanto al alcance de nuestro proyecto.


Nuestros objetivos están claros y hemos sido siempre muy precisos en cuanto a ellos. Debemos seguir por la senda trazada llevando a todo el pueblo, el optimismo de que viene otro tiempo y ese tiempo que viene, es el tiempo de la revolución socialista verdadera.


Vamos con alegría y llenos de orgullo por este hermoso camino revolucionario. Nadie nos regalará nada, porque todo tiene que ser conquistado. Hoy estamos mirando aún la historia y nuestra invitación es para que empecemos a realizar nuestros sueños y seamos constructores de una nueva arquitectura social.


En esta nueva arquitectura social, el papel más importante sin duda lo cumplirá la juventud y es hacia ella que debemos orientar nuestro esfuerzo. Vamos hacia la juventud desatando todas sus energías retenidas durante este tiempo. Allí esta la cantera de donde saldrán las mujeres y hombres que cambiarán para siempre esta historia de miseria y explotación. Vamos hacia la juventud con la verdad como arma política, con claridad, sin argucias ni medias tintas que a nada conducen. Vamos a organizar la rebeldía y a transformarla en ideas y acciones revolucionarias por todo el país. Tenemos que sembrar al Che por toda Venezuela y rescatarlo de la vitrina del mercado donde lo han colocado durante estos años. Vamos a sembrar Venezuela de revolucionarios.


Vamos todas y todos, trabajadoras, trabajadores, explotados, mujeres, jóvenes, pueblos originarios, campesinos, estudiantes, pobladores, comunidades, profesionales y soldados. La revolución que queremos ya viene, y con ella la alegría de construir para nosotros y no para la burguesía.


¡¡¡Construyendo la idea y el instrumento revolucionario!!!


¡¡¡Adelante con todas las fuerzas de la historia!!!


¡¡¡O revolución socialista, o caricatura de revolución!!!


Ver también:
- Venezuela necesita una revolución de verdad (Parte I)
- Venezuela necesita una revolución de verdad (Parte II)

Venezuela necesita una revolución de verdad (Parte II)

Venezuela necesita una revolución de verdad (Parte II) MOVIMIENTO GUEVARISTA REVOLUCIONARIO (especial para ARGENPRESS.info)


Venezuela: Reformismo o Revolución.


Aclarado estos puntos, podemos comprender mucho mejor el panorama político latinoamericano y muy especialmente lo que acontece en Venezuela.


La emergencia en Venezuela del fenómeno bolivariano, se fundamenta en la existencia objetiva de condiciones revolucionarias para avanzar hacia el socialismo. La incapacidad manifiesta de las clases dominantes de mantener contenido el avance del movimiento de masas y muy especialmente de la clase obrera, y el creciente hastío de los sectores explotados por su pobreza paupérrima, condujeron la situación hacia una creciente ingobernabilidad que hacia objetivo el estallido social en cualquier momento. Pero esta situación contrastaba con la extrema debilidad de las organizaciones que se reclamaban revolucionarias y que sin embargo, marchaban a la cola del movimiento de masas y no contaban con un programa coherente desde el punto de vista revolucionario.


No fue difícil por tanto la emergencia de proyectos lúcidos en cuanto al diagnóstico de la situación, pero que no expresaban los intereses de la clase trabajadora. Los explotados sin una conducción revolucionaria consecuente y desarrollada, fueron presa fácil para quienes habían madurado un proyecto, que si bien contemplaba un conjunto de reformas al capitalismo rentístico y a su sistema político, no ponía en riesgo la existencia del mismo mediante una revolución socialista.


De allí se desprende en forma clara, que nunca se buscó en forma efectiva terminar con el capitalismo y con el estado que lo sostenía, sino reformarlo para hacerlo más eficaz en su misión de favorecer al capital en detrimento de la fuerza trabajo. Es allí donde se encuentra


la importancia teórica estratégica de hacer ver la revolución como proceso y no como acto revolucionario. Para arraigarse en los sectores populares, al nuevo proyecto le fue preciso desatar en algunos casos los nudos de las contradicciones sociales y asumir en el discurso, gran parte de las reivindicaciones históricas de la izquierda reformista. El discurso antiimperialista, calzaba a la perfección con la idea del desarrollo de una burguesía “patriótica y nacional” (o sea el capitalismo bueno en contraposición al imperialismo, el capitalismo malo). Este había sido parte del discurso histórico de una izquierda reformista ya asimilada por el sistema al impulsar en sus programas y discursos, la tan mentada “liberación nacional”.


El ataque al sistema político bipartidista, reemplazó el ataque que debía recibir el capital y las energías sociales desatadas se orientaron en esa dirección con bastante éxito. Las masas cansadas de más de cuatro décadas de bipartidismo, corrupción generalizada, miseria a pesar del ingreso petrolero, y falta de expectativas, vieron una posibilidad de resolver su situación cambiando a los administradores de un sistema que les negaba no solo la dignidad, sino esencialmente su derecho a la vida.


El cambio constitucional promovido y aprobado en gran medida, hacia posible la incorporación al Gobierno y a la administración del Estado, de vastos sectores marginados de la toma de decisiones que se encontraban fundamentalmente dentro de la pequeña burguesía y que ahora se transformarían en clase dirigente. Este cambio constitucional, aseguraba la continuidad del capitalismo y de su régimen de propiedad privada sobre los medios de producción fundamentales, y adecuaba al Estado para la nueva correlación de fuerzas interburguesas.


¿Nueva burguesía o pequeña burguesía que se transforma en burguesa?


La puesta en práctica del nuevo proyecto, significó la consolidación de un grupo heterogéneo en cuanto a su extracción social inicial, pero que con el tiempo, se depuraría mediante la propia dinámica de acumulación que se iba produciendo en el seno de este grupo. Quienes en un momento no eran más que burocracia administrativa, de pronto se vieron en la posibilidad de acumular riqueza en muy corto tiempo, y por lo tanto entrar a formar parte formal de la burguesía dominante.


La consolidación de esta fracción pequeño-burguesa, significaba y significó, el desplazamiento de sectores burgueses de algunos campos de poder y su reemplazo por el nuevo grupo en esas posiciones. Todo esto implicaba una lucha sin cuartel interburguesa que en último momento, tendrían que resolver las masas explotadas con su inclinación por cualquiera de los dos bandos. De allí que era vital para el nuevo grupo, desatar las máximas energías en las masas populares que le asegurarán la inclinación de la balanza a su favor reclamando una revolución que nunca llegaría. Las energías de las masas fueron tensionadas y fueron conducidas hacia propinar sucesivas derrotas a la vieja clase gobernante venezolana, primero en el campo electoral y también en la movilización y la lucha de calle después.


Toda esta movilización no estuvo orientada por una dirección revolucionaria, y solo se empleó para negociar de una forma ventajosa con la oposición de la derecha, y finalmente para asegurar la permanencia en el poder del nuevo grupo emergente que se reclamaba revolucionario.


El Estado capitalista fue empleado una vez más para traspasar la renta obtenida con la venta de petróleo hacia la burguesía, pero ahora los actores habían cambiado. En los últimos días los sectores populares se han enterado quizás por primera vez, de quien efectivamente hace los grandes negocios con el Estado capitalista. Mientras se mantiene un discurso que reivindica el socialismo, el gobierno usando al Estado, entrega grandes recursos a capitalistas, que hasta hace pocos años, solo eran en el mejor de los casos, oficiales de rango menor o simples empleados oscuros dentro de la burocracia estatal.


Casi todas las grandes construcciones de puentes, carreteras, módulos de salud, edificios, transporte, compra de vehículos, insumos médicos, carteras de crédito, dólares preferenciales, importaciones masivas, y muchos otros ítems que el Estado necesita, fueron entregados bajo la figura de licitaciones o compras directas a los nuevos burgueses bolivarianos. El medio de acumulación inicial preferido en este caso, fueron las fuertes comisiones recibidas por contratar con el Estado bajo la figura del “diezmo”, toda una institución en Venezuela que se ha visto fortalecida en estos años.


El desarrollo de iniciativas tan importantes como Barrio Adentro Mercal, Pdval y otras misiones, sirvieron como vehículo de traspaso de la renta petrolera obtenida por el estado hacia estos sectores que forman parte del bloque en el poder. El descaro con que se enfrenta esta situación, casi no tiene límites, y hoy nos encontramos que un oficial de rango menor dentro de la fuerza armada, es hoy un flamante dueño de banco, mientras su hermano es ministro y miembro del directorio de variadas empresas e instituciones. Esta situación tarde o temprano tenía que estallar, ya que se hace del todo imposible seguirla ocultando.


La oscilación inicial dentro del bloque gobernante sobre que tipo de proyecto desarrollar, fue rápidamente solucionada en favor de la burguesía, ya que de esta manera, se trabajaba para si mismo. No es casual que el gobierno en todos estos años favoreciera tanto a la banca y que se esforzara hasta lo indecible para elevar su tasa de ganancia.


La opción preferencial por la burguesía, se empezó a expresar en forma más evidente a partir del año 2006, año que coincide con una baja en la lucha de masas después de propinar sucesivas derrotas a la derecha fascista. Es también el año para tratar de consolidar al grupo en el poder por medio de un nuevo partido político que trascendiera lo meramente electoral. Era el año del nacimiento del PSUV.


En lo económico, se trabó lo que en boca del presidente se llamó “la alianza estratégica con la burguesía”, por medio de acuerdos sobre tierras que pertenecían al estado y fueron pagadas a los capitalistas, la compra de empresas quebradas, el otorgamiento de créditos blandos, dólares preferenciales y facilidades de todo tipo a la banca privada.


Al hacerse publica la crisis sistémica del capital, se opto por el reimpulso productivo, que no es otra cosa que una serie de medidas que favorecieron a la burguesía en detrimento de los trabajadores. Las medidas que le siguieron fueron en la misma dirección con un aumento del IVA del 33%, una rebaja real del salario, aumento del endeudamiento interno en favor de la banca privada y otra serie de medidas como la liberación de precios de algunos productos básicos que vinieron nuevamente a golpear a la fuerza de trabajo.


La apertura de la franja del Orinoco hacia la inversión y propiedad de capitales extranjeros, como en el caso de la empresa rusa mediante la figura de empresa mixta, que en realidad es propiedad de Chevron, la compra de chatarra industrial en desuso a Irán, y los convenios de inversión con China, no solo buscan favorecerlos capitales internacionales lo que ya es contrario al discurso público, sino que han representado excelente negocios y ganancias para este bloque burgués en el poder y han consolidado sus posiciones como grandes empresarios. Por lo tanto su defensa más cerrada del régimen de propiedad privada capitalista y de castigo hacia la clase trabajadora, era solo cuestión de tiempo.


La capacidad de maniobra del gobierno en relación a los temas sociales y de inversión en esta área, esta en directa relación con su ingreso de renta petrolera, a pesar que el mismo banco central reconoce que la repartición de esta renta, favorece ampliamente a la burguesía en detrimento de la clase trabajadora. Al agudizarse la crisis del capital, esta capacidad de maniobra disminuye y los efectos de la crisis del capital se empiezan a sentir en forma clara en amplios sectores, principalmente de trabajadores. La mal llamada crisis financiera, de reciente data con la intervención de siete bancos, no es otra cosa que la expresión pública de una crisis política de magnitudes enormes que se busca mantener debajo de la mesa. Las contradicciones de intereses al interior de los grupos en el poder, viene tomando cada vez un carácter más público, y a medida que pase el tiempo, se expresará en toda su dimensión con consecuencias más o menos previsibles.


Ver también:
- Venezuela necesita una revolución de verdad (Parte I)

Venezuela necesita una revolución de verdad (parte I)

Venezuela necesita una revolución de verdad (parte I) MOVIMIENTO GUEVARISTA REVOLUCIONARIO (especial para ARGENPRESS.info)


Cuando han pasado largos diez años del gobierno de Hugo Chávez, el MGR cree necesario entregar una opinión que ayude a las trabajadoras, trabajadores y explotados de la ciudad y el campo, a clarificar el escenario con el que se enfrentan y se enfrentarán en el futuro.


Mucha tinta se ha gastado en Venezuela como en el resto del mundo, sobre el famoso “proceso revolucionario bolivariano”. Por razones diversas, pero por sobre todo basados en el oportunismo político, muchos sectores de la izquierda capitalista han entregado certificados revolucionarios al gobierno de Venezuela. Los más osados, han creado toda una suerte de categorías que les permita dar un sustento teórico al experimento que se realiza en nuestro país. Es así que surge el ya gastado argumento del socialismo del siglo XXI y todos los derivados que de allí se desprenden.


Pero si uno quiere adentrarse en forma real en el proceso social y político venezolano, se encontrará con muchas sorpresas que provocarán algo más que un desencanto para un desprevenido admirador del “proceso”.


Proponemos una revisión somera de algunos de los conceptos que le dan sustento teórico al actual proceso empezando a conocer más allá de nuestros deseos, cual es la realidad del “socialismo bolivariano”.


La Revolución Bolivariana


Bajo este nombre se inicio el actual periodo de gobierno de Venezuela, que auspiciaba verdaderos cambios en relación con la cuarta república. El concepto revolución hasta entonces implicaba una ruptura estructural, económica y social con el sistema anterior, o sea el capitalismo, pero a partir de entonces, este mismo concepto es vaciado de contenido y empieza a expresar una cosa muy distinta.


La revolución bolivariana se plantea hacerla en forma pacífica, pero además con el concurso y participación de quienes mantenían el sistema en funcionamiento, o sea la burguesía.


La elección de la votación como medio de superación de contradicciones y diferencias, es la apuesta de quienes dirigen el proceso, y para esto es menester aceptar y participar de las reglas del juego burgués. Esta aceptación implicó no solo el reconocimiento del Estado y de sus instituciones y leyes, sino presentarse como alternativa de administración de ese mismo Estado, instituciones y leyes.


De tal forma que se renuncia desde el inicio a realizar una revolución de verdad en el país que cambie el tipo de Estado, sus instituciones, su sistema económico, la propiedad sobre los medios de producción y por lo tanto, todo el sistema social.


Lo que se propone en cambio es una modificación del ordenamiento jurídico, por medio de una asamblea constituyente que en lo medular, buscaba reordenar la nueva correlación de fuerzas entre las clases dirigentes y no acabar con el sistema burgués de explotación. La nueva constitución en su articulado central, consagra el sistema de propiedad que se aplica desde la fundación misma de la república, y por lo tanto determina la sobre vivencia del capitalismo bajo un nuevo ordenamiento de clases dominantes.


La revolución pasó de un plumazo a representar solo el ordenamiento y repartición del poder de una nueva alianza de clases que desde ese momento, esta dirigida a preservar el sistema y el Estado capitalista de explotación. Ya no es un problema el capitalismo, sino su administración y solo es necesario tener buenos y capacitados gerentes. Ese es precisamente el discurso inaugural de la nueva etapa del presidente Chávez.


La Revolución como proceso y no como acto revolucionario


Desde ese momento la revolución como concepto, deja de ser un acto revolucionario ejecutado por los explotados para poner fin al sistema que los somete. Ya no se trata de ejercer su poder de clase expresado en un nuevo sistema político, social y económico y en la construcción de un nuevo Estado, sino que pasa a ser un proceso indeterminado en el tiempo y en el espacio, que va lentamente cambiando algunas reglas del juego, pero manteniendo lo sustancial del sistema capitalista. Esa es la esencia de los nuevos conceptos que animan la “revolución bolivariana”, que no es otra cosa que cambios graduales que son permitidos dentro del capitalismo porque no hacen otra cosa que fortalecerlo y brindarle una base social que nunca tuvo. La consigna “ahora Venezuela es de todos”, expresa muy bien la conciliación de clases que se pretende imponer en el país.


Es sintomático que este experimento político, coincida en el tiempo con el empuje definitivo para el derrumbe del bloque de países que bajo la influencia de la URSS, decían representar el socialismo real. Este es un dato muy importante, porque representa un cambio de tiempo histórico y también un cambio de paradigma para gran parte de la izquierda a nivel internacional que encuentra en el reformismo capitalista, su nueva cuna teórica y un nuevo modelo para justificar su bancarrota teórico política. La izquierda capitalista.


A partir de entonces, podemos hablar con propiedad del fortalecimiento de la izquierda capitalista, o lo que es lo mismo, de la izquierda del capitalismo. Este viraje conceptual es también el entierro definitivo y consustancial abandono, de formas de organización y ejercicio de formas de lucha que pongan en entredicho en forma real al sistema capitalista de explotación.


Para que todo esto haya ocurrido, debieron pasar otros hechos que marcan todo el tiempo histórico que estamos viviendo. Para conocer estos hechos, debemos desterrar la mirada fragmentada que existe sobre el desarrollo histórico latinoamericano, tanto en lo social, político, económico y militar.


Los antecedentes históricos


Si nos situamos en los años sesenta en adelante, podemos ver que aparejado con la crisis capitalista de aquel entonces, se desarrolla un auge no solo en la movilización del movimiento de masas a nivel puramente reivindicativo, sino que en varios países se desarrolla la movilización y el combate en torno a la existencia del sistema mismo.


La radicalidad de la protesta, el contenido de la misma y las nuevas formas organizativas que se desarrollan, se dan en un marco de crisis generalizada del capitalismo, el cual se ve en la obligación de pasar a otra etapa de explotación y dominación por la declinación constante de la tasa media de ganancia que se produce en ese momento.


La respuesta económica a esa crisis, llegará de la mano de una variante capitalista; el liberalismo más agresivo, sobre el que ya se ha escrito bastante, pero poco se ha profundizado sobre el plan político de esta etapa y de la misma forma, del plan operativo. Estas tres fases del plan general del capitalismo, se ven habitualmente separadas y no se entienden como un todo, desdibujando el análisis y las conclusiones del mismo.


La respuesta a la crisis desde el punto de vista económico, debe venir acompañada de un modelo político que la haga posible y de un plan operativo que la desarrolle y que elimine los obstáculos para su implementación. Las crisis sistémicas del capital, no son económicas ni financieras exclusivamente, son la expresión más generalizada y que abarca todos los ámbitos, de las contradicciones fundamentales que encierra el capitalismo al desarrollar una producción social y una apropiación privada de la misma.


Por lo tanto la crisis sistémica del capital, es eminentemente política, cultural, formativa, militar, estructural, ecológica, productiva, económica, científica, teórica, étnica, generacional y también de género. Ningún ámbito de la vida social escapa a este fenómeno periódico del capitalismo.


Si entendemos esta dinámica del capital, estaremos en mejores condiciones de entender los planes del capital en un sentido global y no fragmentado como nos tienen acostumbrados los “analistas”.


Volviendo sobre el tema, debemos entender que la única salida política posible para la implementación de la variante más extrema del capitalismo en nuestro continente, lo constituía la inauguración de la era de las dictaduras militares en forma casi simultanea en casi todo los países latinoamericanos.


Aquí no hablamos de neoliberalismo por varias razones que pasamos a explicar. Cuando se habla de neoliberalismo, se trata de divorciar este concepto del capitalismo, como si existiera un capitalismo bueno (keynesiano), y uno malo (neoliberalismo), cuando en realidad son dos variantes de una misma moneda. Pero además existe otro detalle de mucha importancia.


Nunca el capitalismo aplica modelos “puros”, y nunca son exclusivamente una sola cosa. Habitualmente se dan combinaciones de medidas con énfasis en una o en otra, pero las dos recetas representan la continuidad del capital y la aplicación de una de ellas en un momento determinado, solo prepara la siguiente etapa donde se expresará en forma principal su contra parte. Aclarado lo anterior, sigamos revisando los hechos históricos.


Con una clase política representante de la burguesía, agotada, aislada y desprestigiada, con un reformismo radical en muchos casos, que ya no podía contener el avance de las masas, y con una propuesta de salida a la crisis de carácter revolucionario que empezaba a crecer en vastos sectores del movimiento de masas, la única alternativa que le quedaba al sistema, era echar mano a su reserva de carácter estratégico que lo constituyen los cuerpos armados de los Estados capitalistas.


El plan político, económico, ideológico y militar


Solo ese sector era confiable y necesario para las burguesías y para el imperialismo de resolver a su favor y de forma estratégica, el conflicto de clases planteado. No se trataba solo de salvar al sistema. Se trataba de inaugurar una forma de explotación mucho más extrema, y para eso tenía necesariamente que domesticar al movimiento de masas en ascenso y movilización cada vez más radicalizada. La misión fundamental de las dictaduras militares era reformar y reforzar el Estado, cambiar el paradigma económico, y aplicar en forma estratégica, la nueva política económica que le reportara al capital, revertir su crisis sistémica.


Si hemos señalado su plan político de largo aliento, es necesario señalar sin duda su plan operativo. El primer objetivo de este plan era dar cuenta por la vía del exterminio, de las organizaciones revolucionarias y de sus cuadros más adelantados y radicalizados. Luego vendría el desarme de las organizaciones de masas y de vaciarlas de contenido teórico político, para después avanzar en su domesticación. Objetivo estratégico fueron los sindicatos.


Como podemos ver, estamos en presencia de una estrategia global que no deja elementos al azar y que incluye el desarrollo de un escenario de guerra donde no se deja ningún elemento sin emplear. Si esto es así, sería iluso pensar que esta estrategia terminaba una vez logrado solo los objetivos parciales. Hacia falta pensar en la adecuación táctica del futuro escenario y el diseño fue, el concepto de las democracias fuertes o protegidas.


La estabilidad relativa del nuevo diseño, descansaba no solo en la fortaleza orgánica- jurídica y de fuerza de los estados intervenidos, sino fundamentalmente en la participación y aceptación de las masas del nuevo sistema implementado.


En algunas partes bastaría con una camisa de fuerza desde el punto de vista político-jurídico, que mantuviera a raya a los sectores populares (como en el caso de chile), y en otros lugares la estabilidad del capitalismo, descansaría en la fortaleza de masas que conquistara el sistema. De esta forma, a la democracia formal burguesa, se le dio rango de conquista popular en contraposición a las dictaduras, y se conquistó a parte importante de la izquierda para que legitimara con su presencia, el nuevo modelo de dominación política, que hacia posible un clima de tranquilidad relativa propicio para hacer nuevos y buenos negocios.


La caída del bloque socialista, acción largamente preparada tanto interna, como externamente, logra el quiebre de paradigma para amplios sectores, sobre todo intelectuales y teóricos que provenían de las capas medias ilustradas y que son los primeros en desmarcarse y asumir en la práctica, el fin de la historia de la lucha de clases y asumir sin complejos las orientaciones enemigas. Estos sectores son los primeros que asumen la producción libresca y justificativa de la derrota y en tratar de despedazar la teoría revolucionaria.


La adecuación táctica de las democracias fuertes o protegidas, una vez acentuada la nueva fase de la crisis del capital, requería de un fuerte recambio en la administración del sistema, que le incorporara dinamismo y estabilidad al mismo en las nuevas condiciones en que se desarrollaba la explotación. Esta es otra variante contrainsurgente y forma parte de la estrategia global capitalista.


El éxito evidente del capitalismo, en tanto cumplir con su función de súper explotación, internacionalización del capital, propiedad de las empresas estratégicas, materias primas vitales y flexibilidad del mercado del trabajo, contrastaba con su desastroso balance social, que sin embargo, estaba contemplado a la hora del diseño de la estrategia de explotación y dominación en la nueva etapa de desarrollo del capital.


Queremos aclarar algo vital en cuanto a lo anterior. Los economistas hablan del fracaso del neoliberalismo para resolver los problemas sociales. Pues se equivocan. El capitalismo, no tiene por misión resolver estos problemas. Su única misión es obtener, asegurar y reproducir a mayor escala, el robo permanente de plusvalía al proletariado y demás sectores explotados. En esto el capitalismo, ya sea en su cara keynesiana, liberal, neoliberal, fascista, reformista, populista o nacional, cumple en forma exitosa sus objetivos durante un tiempo relativo, empleando cualquiera de sus variantes, o una combinación de varias de ellas, tanto en lo táctico como estratégico. De tal forma que si queremos medir al capitalismo por su eficacia en términos sociales, estamos trabajando sobre un supuesto negado, ya que es en forma y esencia, un sistema antisocial, anti humano y anti desarrollo.


Aclarado lo anterior, proponemos revisar en forma simple, cual es balance de la implementación de la nueva etapa capitalista en cualquiera de sus variantes en Latinoamérica.


Altos niveles de deuda externa. Totalmente funcional a la internacionalización del capital en alianza con sectores burgueses locales y con la facilitación de los estados.


Enormes cantidades de desempleados. Fundamental para lograr la rebaja sustancial en el precio de la fuerza de trabajo.


Flexibilidad laboral. Igualmente necesaria para cumplir con lo anterior.


Privatización de las empresas estratégicas. Fundamental para la inversión del capital internacional en asociación con los capitales más pequeños de las burguesías locales y así lograr la centralización y concentración del capital.


Desarrollo del endeudamiento interno. La huida del capital desde la producción a la especulación para protegerse frente a la invasión creciente de mercancías internacionales.


Desarrollo de la agroindustria. Fundamental es la eliminación casi completa del campesinado.


Masacre y exterminio de las organizaciones revolucionarios y de sus cuadros más adelantados. Ninguna medida de las anteriores hubiera sido posible de implementar sin realizar las tareas tareas criminales propias del capitalismo.


Con el exterminio se buscó (y se logró en gran medida), la desorganización de los sectores explotados y un claro retroceso teórico político, al eliminar casi todo lo acumulado en décadas de acumulación estratégica por la clase obrera y los sectores explotados de la ciudad y el campo.


Estabilización del sistema político burgués con nuevas reglas y elecciones periódicas. Una vez eliminado el peligro subversivo, la legitimación del sistema democrático burgués, es una pieza fundamental de la dominación, y para eso era necesario consolidar una oposición sistémica o lo que es lo mismo, una carta de recambio administrativo para contener el avance de las masas cuando este se produjera, mediante pequeñas reformas económicas y sociales, pero que sin embargo, conservara lo esencial del sistema de explotación y dominación capitalista.


La invención de la llamada “izquierda inteligente”, (sectores ligados abiertamente con la socialdemocracia intelectual europea) no era suficiente, ya que esta se asentaba fundamentalmente dentro de la intelectualidad y sin un discurso ni vinculo real con el movimiento de masas.


La carta de recambio en caso necesario, debía venir del mismo mundo social y político que había sido el nicho de la izquierda histórica, y tenía que asumir parte de su discurso, emblemas, reivindicaciones y aprovechar inclusive, la elaboración de pensadores revolucionarios fuera de contexto y desnaturalizada, que justificara el viraje de posiciones.


Si observamos con atención, nos daremos cuenta que la actual etapa política económica, forma parte de un plan global y extendido en el tiempo, que contempló distintas variantes y en función de ellas, desarrolló distintos instrumentos y planes específicos que le permitieran una flexibilidad táctica en medio del desarrollo de una estrategia rígida que no ofrece ninguna alternativa revolucionaria.


Este plan global supone por tanto, la puesta en práctica de determinadas variantes, que van desde las dictaduras militares, el plan cóndor, la vuelta a la democracia burguesa, la aparición de la izquierda capitalista, y hasta la emergencia de gobiernos “progresistas” en la región.


El hilo conductor de todo este proceso, lo podemos encontrar en la dinámica misma del capital como un fenómeno anárquico y convulso, que atraviesa etapas de relativa estabilidad dentro de sus convulsiones y que luego vuelve a entrar en crisis. Lo central para el capital, sigue siendo su ataque despiadado a la clase obrera en su empeño por elevar su tasa media de ganancia por medio de la extracción de mayor plusvalía. En esta lógica del capital, las diferentes variantes a emplear, estarán siempre determinadas por su capacidad para asegurar una elevación de su tasa de ganancia media que se logra fundamentalmente disminuyendo el valor de la fuerza de trabajo.


La capacidad del sistema para permitir una mayor distribución del excedente, estará condicionada a su vez por la fortaleza previa del mismo, o dicho de otro modo, por las ganancias extraordinarias obtenidas. Pero esta mayor distribución, siempre será dirigida para asegurar la continuidad del sistema, y nunca para efectivamente favorecer la fuerza de trabajo que es de donde obtiene realmente su ganancia o plusvalía el capital.

¿Atacará EEUU a Venezuela?

¿Atacará EEUU a Venezuela?

Marco A. Gandásegui, hijo
ALAI AMLATINA, 12/11/2009.

Los medios de comunicación destacan un supuesto peligro de guerra entre dos países hermanos como Colombia y Venezuela. Sin embargo, detrás de los tambores y trompetas se sitúa el verdadero peligro: la escalada militar de EEUU en Colombia. El gobierno norteamericano tiene en su lista de enemigos al gobierno bolivariano de Venezuela. Washington participó activamente en el golpe militar-empresarial de 2002 que separó al presidente Hugo Chávez de la presidencia por dos días.

Los funcionarios de los presidentes Bush (2001-2009) y Obama (2009 - ) han conspirado para debilitar al gobierno de Caracas mediante tácticas diplomáticas y militares. En este último caso, Washington le negó repuestos de armas bélicas a Venezuela por encontrarse en su lista de países enemigos. También le prohibió a Brasil y a Francia que le vendiera armamento. Venezuela le compró las armas a Rusia.

El presupuesto militar anual de Venezuela es de 2 mil millones de dólares. Está cerca del 0.3 por ciento del presupuesto de EEUU. Representa como la tercera parte de los presupuestos militares de Colombia y Chile, respectivamente. En la actual coyuntura, Venezuela teme que el gobierno colombiano sea empujado por EEUU para actuar de manera irresponsable.

Afortunadamente, Bogotá ha dicho que no tiene intenciones de atacar a Venezuela. Sin embargo, hace pocos días firmó con Washington un tratado mediante el cual este país ocupará siete bases militares en las proximidades de la frontera con el país vecino. EEUU comenzará a reconstruir la base militar de Palanquera –cerca de Bogotᖠcon un presupuesto de 48 millones de dólares aprobados por el Congreso.

La justificación que le dio la Fuerza Aérea al Congreso de EEUU para solicitar los 48 millones de dólares para Palanquera es una declaración de guerra. Se puede resumir en seis puntos:

1. Según la Fuerza Aérea de EEUU, “Palanquera garantiza las operaciones del espectro completo por toda América del Sur”. Por espectro completo se entiende la utilización de todas las ramas de las fuerzas armadas en forma simultánea.

2. El presupuesto aprobado dice que “la seguridad y estabilidad de EEUU están bajo amenaza constante por gobiernos anti-norteamericanos, las insurgencias terroristas financiadas con el narcotráfico, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”. Una declaración de este tipo supone que EEUU está en estado de guerra permanente no sólo contra todos los pueblos del mundo, también con su propia gente.

3. Agrega que “la fuerte relación de cooperación en seguridad (con Colombia) ofrece una oportunidad para conducir operaciones de espectro completo por toda Sudamérica”. En este párrafo se puede entender la preocupación que tiene Venezuela de que Colombia se convierta en el “porta-aviones” de EEUU.

4. “La ubicación aislada (de la base) ayudará las capacidades de Seguridad Operativa y la Protección de Fuerza, minimizando el perfil de la presencia militar de EEUU”.

5. La solicitud de la Fuerza Aérea confiesa que su “intención es utilizar la infraestructura existente el máximo posible, mejorar la capacidad de EEUU para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia de EEUU a un costo mínimo”.

6. El documento de la Fuerza Aérea , dice también que “aumentará nuestras capacidades de ‘guerra expedita’, es decir, organizar a las fuerzas armadas de una nación para luchar en el exterior, especialmente cuando están ya ubicadas en bases militares extranjeras”.

- Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena. http://marcoagandasegui.blogspot.com

http://alainet.org/

SIN FECHA DE VENCIMIENTO

SIN FECHA DE VENCIMIENTO

LOS VENEZOLANOS VOTARON A FAVOR DE LA ENMIENDA CONSTITUCIONAL QUE PERMITE LA REELECCION INDEFINIDA

El Sí ganó con el 54,3 por ciento contra el 45,6 de los sufragios. El mandatario festejó ante una multitud. “Fue una gran victoria de la revolución.” A partir de ahora no habrá límites para que un presidente se presente a elecciones.

El pueblo venezolano dijo Sí al proyecto de enmienda constitucional propuesto por su presidente, Hugo Chávez. Con un 94 por ciento de las mesas electorales escrutadas y una abstención que llegó al 32 por ciento, al cierre de esta edición Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), anunció que el SI se impuso con un 54,36 por ciento de los votos frente a un 45,63 de sufragios obtenidos por el NO. A partir de ahora ya no habrá límites para la cantidad de veces en que se puede elegir un cargo que sea consagrado mediante el voto popular. “Viva el pueblo venezolano. Viva la Constitución bolivariana. Ha sido una gran victoria de la revolución”, proclamó Chávez exultante, desde el balcón del Palacio de Miraflores, ante una marea roja de venezolanos después de cantar el himno nacional. “Febrero, siempre febrero. Febrero rebelde”, lanzó el líder sosteniendo una Constitución en la mano.

La apuesta fue fuerte, y el líder bolivariano así lo anunció apenas iniciada la jornada de ayer, cuando expresó que buena parte de su destino político se ponía en juego con la consulta popular. “Vengo con mis hijas y nietos, muy consciente ante el pueblo venezolano de que hoy –por ayer– en las mesas electorales se está decidiendo mi destino político. Para mí, como ser humano y soldado de esta lucha, es importante. Pido a Dios que el proceso termine bien y se imponga la voluntad del pueblo”, dijo el mandatario venezolano. Las urnas lo respaldaron.

Pero en realidad, según Chávez, la apuesta fue aún más grande. Lo que se decidió ayer fue, según él, no la posibilidad de su permanencia en el cargo, sino el carácter del futuro de Venezuela. De acuerdo con su metáfora dramática, el ser o el no ser. “Los bolivarianos, los patriotas, tenemos un proyecto que le está dando el ser a Venezuela. Nos estamos jugando el ser o no ser una nación libre, soberana y socialista, mediante la reafirmación de los principios de nuestra Revolución Bolivariana”, declaró el presidente en las primeras horas de la mañana.

Y esos principios, de acuerdo con los números, fueron reafirmados en una jornada que comenzó bien de madrugada y que se desarrolló en total normalidad. Con 140.000 efectivos militares custodiando los centros de votación, no hubo incidente alguno. Las 33.000 mesas electorales desplegadas a lo largo y ancho del país caribeño estuvieron abiertas desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, pero los militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no pudieron esperar. Desde las cuatro de la mañana (6.30 de Argentina), recorrieron las calles de Caracas con fuegos artificiales y el sonido de una diana militar, sacando a más de uno de la cama, llamando a todo el mundo a votar. No era cuestión de llegar tarde.

En la calle y haciendo fila, muchos vecinos de la barriada popular de Catia, al oeste de Caracas, dejaron saber sus opiniones. “Hugo Chávez es el único, no hay otra alternativa”, afirmó Conchita Reques, una mujer de 68 años y entusiasta bolivariana. “Me quedé viuda, tenía que matarme a trabajar para sacar adelante a mis dos hijos. Llegó Chávez, mi pensión aumentó y mi vida cambió. Nadie antes se había ocupado de nosotros. Este pueblo recuperó su dignidad”, aseguró. Otros se sumaron. “Antes, este pueblo estaba a la deriva. Aquí entraba el dinero, pero no se veía ningún resultado y ahora sirve para ayudar a la agente. ¿En qué líder de la oposición se podría confiar como confiamos en Chávez?”, se preguntó Ana Llamuca, aguardando su turno para votar.

No obstante, otros se manifestaron en sentido contrario. “Tenemos que buscar una renovación. El gobierno hizo cosas buenas pero ¿qué me dicen de la inseguridad, de la corrupción?”, remarcó Javier Solórzano, vecino del mismo barrio.

En otros primó una clase de análisis intermedio. Jesús Madrid, economista de 52 años, consideró que nadie se queda en el poder si no hace las cosas bien. “Creo en este proceso revolucionario. Pero votar hoy por esta enmienda no significa que Chávez vaya a quedarse toda la vida. Dependerá de si lo hace bien o mal”, dijo el economista. Y agregó: “Si las elecciones se celebraran mañana, yo votaría por Chávez. Su balance de gobierno es muy bueno y además, la oposición no puede regresar al poder para cometer las mismas tonterías del pasado”.

Ya para el mediodía el 40 por ciento de los 17 millones de venezolanos convocados a votar habían cumplido con su deber cívico. Al salir del cuarto oscuro, Chávez aseguró que la propuesta de enmienda formaba parte de una nueva forma de gobernar. “Esto se encuadra dentro de una nueva doctrina constitucional que tiene como vanguardia a Venezuela y en la cual el pueblo es el que decide”, sentenció, mencionando a Ecuador y a Bolivia dentro de la misma senda.

Por su parte, los líderes de la oposición también aprovecharon el momento de sufragar para hacer declaraciones. “Hay que votar y hay que ganar. Esto va por los mejores caminos, vamos encaminados a lo que Venezuela sueña y lo que Venezuela quiere”, destacó un todavía optimista Manuel Rosales, alcalde opositor de Maracaibo, segunda ciudad de Venezuela.

La mayor parte de las mesas cerró a la hora señalada, puesto que pasadas tres horas del horario estipulado, todavía quedaban filas de votantes a la espera de tocar la pantalla electrónica. Aún sin números en mano, los oficialistas comenzaron a cantar victoria. “Podemos esperar los resultados con una sonrisa en la cara”, deslizó Jorge Rodríguez, jefe de campaña del SI. Grupos de estudiantes opositores se reunieron y llamaron a preservar cada voto, pidiéndoles a los ciudadanos a acercarse a las mesas a presenciar el recuento.

Los votos se cuidaron, las boletas se contaron, el pueblo votó y el SI ganó. “Uh, ah, Chávez no se va”, gritó la multitud.