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GOLPE A GOLPE

por tribunachilena el 25/04/2007 19:30, en Opinion

Si tuviéramos que retitular el artículo publicado por el diario La Nación, el día 22 de abril del presente, referido al ex agente de los servicios de seguridad, hoy ex preso político -según el Informe Valech- tal vez el más adecuado sería: “ Se hizo la luz para poder mirar con mayor estupor”.

Un reconocido torturador, agente del Centro de Inteligencia Regional (CIRE) de Talcahuano, procesado por la desaparición de Rudy Cárcamo, se presenta a declarar a la Comisión sobre Prisión Política y Tortura, posa como víctima de la dictadura, es calificado como víctima de la dictadura y recibe los mismos beneficios que las víctimas de verdad, las mismas que fueron torturadas por el mismo sujeto, que posó de víctima y le creyeron.

La historia se asemeja a un cuento de horror, donde el victimario se transforma en victima para prontamente reaparecer en su condición más perversa: Torturador.

Todos sabemos que miles de testimonios de ex presos políticos, relatados ante  la Comisión Valech fueron desechados por falta de antecedentes. La rigurosidad con que se trabajó dejó en el camino del “no reconocimiento” a tantos y tantas chilenos y chilenas que, por no contar con “todos los antecedentes exigidos” oficialmente, no fueron sometidas a prisión ni tortura.

Las interrogantes que surgen son sencillas, pero aclaratorias ¿Cómo un agente de los servicios de seguridad puedo calificar? ¿Qué antecedentes presentó para ser creíble? ¿Cómo logró engañar a quienes exigían demostrar los hechos?

Claramente aquí algo no funcionó y claramente quienes son responsables de este error inaceptable, agraviante y siniestro, deben dar explicaciones claras, asumir su responsabilidad y reparar la dignidad de las 28 mil víctimas de agentes, que como este individuo, torturaron a mansalva a sus enemigos políticos.

No basta decir “se nos pasó”, al contrario, esa respuesta se suma al agravio. Se debe investigar, desarchivar los antecedentes que nunca debieron ser calificados como secretos y devolverle a Arturo Eugenio Garay González, la única condición de que puede gozar por siempre: Torturador.

Con esta historia, los 50 años de secreto dejaron de ser válidos y las autoridades tienen la obligación de transparentar toda la documentación recopilada por la Comisión sobre Prisión Política y Tortura.

Con esta historia, se reafirma la necesidad de reabrir los mecanismos de recepción de testimonios y calificación de las “verdaderas” víctimas de prisión y tortura. 

Mireya García

Santiago, 24 de abril de 2007.



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