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España en llamas ( I )

España en llamas ( I )
Por Jorge Gómez barata

Las manifestaciones en la Puerta del Sol de Madrid me han recordado una historia que solía contar mi abuelo sobre un curro majo y algo asaúra que vivía en Andalucía y pidió que de morir en La Habana lo enterraran en Madrid y si moría en Madrid, que lo enterraran en La Habana.

— ¿Pa’ qué quiere eso padre?
— Pa’ joder hijo…
Esta vez los manifestantes no quieren nada excepto todo. De lo que se trata es de un movimiento que hace visible a un sector de la sociedad española no integrado al sistema y al cual los mecanismos económicos tratan como material descartable con la particularidad de que los protagonistas, en este caso los jóvenes, no confían en la clase ni en los partidos políticos para que los representen y han decidido hacerlo ellos mismos, actitud desconcertante para el sistema.
Cuando las demandas son económicas o sociales, los mecanismos creados para la supervivencia del sistema no tienen dificultades para absolverlas: políticos carismáticos, algunas migajas, un poco de demagogia y respaldo mediático; unidos a dosis de corrupción son suficientes para anestesiar las protestas.
Los partidos políticos y los sindicatos, las organizaciones estudiantiles y muchas entidades de la sociedad civil que 150 años atrás debutaron como alternativas al sistema capitalista y como entidades representativas de intereses clasistas y populares, dejaron de ser eficaces en ese cometido y, aunque conservan algunos perfiles y muchas máscaras, hace tiempo fueron incorporadas al sistema y ahora forman parte de la caja de herramientas disponibles para lidiar con los conflictos sociales.
El problema comienza cuando, como ocurrió en Mayo de 1968, en este caso los jóvenes y los estudiantes, con una capacidad de convocatoria que puede arrastrar a otros sectores, incluida la clase obrera, la intelectualidad avanzada e incluso las fuerzas del orden, se salen del libreto y sin estructuras, jerarquías, doctrinas ni liderazgos definidos, se lanzan a la lucha política descolocando a la clase política y a las estructuras de opresión vigentes que no cuentan con recursos ni experiencias para tratar estos fenómenos.
Las manifestaciones en Madrid y otras ciudades españolas siguen el desconcertante patrón que en el 68 estrenaron los estudiantes franceses: “Prohibir lo prohibido, el curso seguido por los hippies norteamericanos: “Hagamos el amor no la guerra”, o la reacción de la sociedad argentina ante la debacle neoliberal: “Váyanse todos”; enfoques que en otros escenarios, con otros contenidos y formas pero con idéntica originalidad emergieron en el Medio Oriente, donde las masas tienen en jaque a varios gobiernos y donde, ante la incapacidad de las estructuras políticas, la OTAN ha tomado el mando. Con exquisita factura, Fidel Castro ironizó: “Bombardeará la OTAN a Madrid”.
Se trata en realidad de una quiebra del sistema que ha agotado sus posibilidades para dar respuestas, generar expectativas y encontrar soluciones a los problemas que el mismo ha creado al impulsar modelos de desarrollo insostenibles y aplicar unas formulas de emergencia sobre otras y avanzado mientras deja demasiados cabos sueltos.
La Comunidad del carbón, el Benelux, el Mercado Común Europeo y más recientemente la Unión Europea, fueron alternativas válidas aunque probablemente fracasadas en la búsqueda de soluciones de emergencia al desafío que representó el predominio económico y militar norteamericano en la postguerra y que amenazó con convertir a Europa en apéndice o en una especie de sucursal del imperio americano.
En la búsqueda de una estructura parecida a un mega Estado o de un espacio económico común capaz de alternar con Estados Unidos, la entonces Unión Soviética y Japón, cosa que no podía hacer ninguna economía europea por sí sola; Europa adelantó esfuerzos integracionistas que hicieron a varios países quemar etapas; creándose la ilusión de que España, Grecia y Portugal podían igualar sus opciones económicas con Alemania, Inglaterra y Francia.
La errónea perspectiva neoliberal, la crisis económica global sistémica y en alguna medida la integración de los espacios ex socialistas a las corrientes europeas, traen a esos países y al sistema en conjunto de regreso de las ilusiones. Alemania, Inglaterra, Francia, los países nórdicos y otros han logrado paliar la crisis pero lamentablemente los patitos feos de la Unión Europea no han podido hacerlo y los grandes se niegan a cargar con un fardo que puede arrastrarlos al desastre.
La Unión Europea hace respecto a Grecia, Portugal y España lo único que puede hacer: prestar dinero. Prestamos que naturalmente incrementan su gasto público, creando la paradoja de sanear la economía de otros a costa de enfermar la suya. Europa hace hoy lo que ella aconsejó y fracasó en América Latina: conceder préstamos condicionados a la aplicación de planes de ajustes que la sociedad no puede soportar.
Es probable que en Grecia, Portugal y España las masas no sepan exactamente lo que quieren, aunque es obvio que no quieren vivir como antes ni reconciliarse con una realidad que acá en el Tercer Mundo conocemos muy bien: son pobres y están mal administrados, gastan demasiado, mucho más de lo que ganan.
Hay todavía otra mala noticia. Las realidades que hoy se visibilizan en Grecia, España y en el Medio Oriente están latentes en otros lugares donde las elites políticas deberían atender al consejo del presidente cubano Raúl Castro cuando pidió a su gabinete: “Gobernar con los pies y los oídos pegados a la tierra”. Allá nos vemos.

Fuente: Argenpress

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